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Terrorismo made in USA

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Según Noam Chomsky, la guerra contra el terrorismo, de acuerdo a lo que se define en altas esferas del Gobierno de Estados Unidos es la “lucha contra una plaga, un cáncer esparcido por bárbaros, por depravados enemigos de la mismísima civilización”.

El terrorismo se constituye así tanto en el ámbito interno como en el mundial, como una vía abierta a todo acto violento e intimidatorio, aplicado sin reserva o preocupación moral alguna. Los fines buscados por esta forma de “guerra” no convencional pueden ser políticos, religiosos, culturales y la toma del poder por un medio totalmente ilícito.

En su sentido más amplio, el terrorismo es la táctica de utilizar un acto o una amenaza de violencia contra individuos o grupos para cambiar el resultado de algún proceso político. Ahora bien, puede ser definido de manera más específica como el uso coercitivo de la violencia. Sin embargo, hay que decir que no se ha hecho una definición única de terrorismo, incluso en el período de la Guerra Fría se comenzó a hablar de “terrorismo de Estado” como aquella acción violenta organizada por estos y ejecutada desde sus aparatos de inteligencia.

Esta definición dio origen, durante el Gobierno de Ronald Reagan, a la idea que transformó la guerra contra el terrorismo en el eje ordenador de la política exterior de Estados Unidos. Sin embargo, la respuesta fue en sentido contrario, se creó una “extraordinaria red terrorista internacional, de una dimensión totalmente novedosa”, lo cual ha generado crueldades generalizadas en toda la superficie del planeta como afirma Chomsky.

Al finalizar la Guerra Fría, la política de la única potencia mundial se vio forzada a abandonar los métodos clásicos que aplicó en el marco del mundo bipolar y los sustituyó por otros que, sin embargo, perseguían el mismo objetivo: preservar mercados y fuentes de materias primas, incrementar las ganancias monopolistas, impulsar y reforzar el capitalismo y garantizar su posición económica, política, ideológica y estratégico-militar.

En este marco la acción ejecutada el 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos por presuntos terroristas árabes, se hizo aparecer como la respuesta en el nuevo siglo, a las acciones de Estados Unidos a lo largo de años en que era habitual el uso continuo de la fuerza en todo el planeta.

Esta política originó la formación de movimientos que se manifestaban contra la actuación de Estados Unidos, algunos de ellos, ante el cierre de las posibilidades democráticas de participación política, principalmente en países periféricos, comenzaron a utilizar acciones armadas como forma de expresión de sus ideas con el deseo de provocar un cambio en sus países y en el mundo. En estas condiciones, después del 11 de septiembre el presidente Bush, creó las condiciones para que cualquier acción contra los intereses de Estados Unidos fuera considerada como terrorista “O están con nosotros o están con el terrorismo”. Eso hizo que la definición de terrorismo se hiciera difusa, lo que permitió un uso interesado de la misma por las potencias occidentales para quienes el solo hecho de disentir de ellas catalogaba a un movimiento o ciudadano en esta condición, mientras que quienes se pusieran a su lado adquirían patente de corso para todas sus tropelías al margen del Derecho Internacional.

Así por ejemplo, Estados Unidos calificó a Al Qaeda como organización de liberación cuando luchaba contra la Unión Soviética en Afganistán en los años 80 y 90 del siglo XX. Pasó a ser terrorista después del 11 de septiembre de 2001 y nuevamente “luchadora por la libertad y la democracia” en Libia en 2011 y más recientemente en Siria, justificando de esa manera su armamento y financiamiento

Esto nos lleva a analizar en perspectiva histórica la acción terrorista realizada recientemente en la ciudad de Boston, Massachusetts, en contra de un evento deportivo en el que participaban atletas de todo el mundo. En este sentido, el investigador mexicano John Saxe-Fernández expone la gran vulnerabilidad interna de Estados Unidos, considerando que hay más de 400 grupos paramilitares estadounidenses identificados como terroristas por el FBI. Otro analista mexicano, José Vilchis Guerrero, señaló en un artículo publicado en septiembre de 2001 con el título de “Con el enemigo en casa” que “No cabe duda que existen varios implantes en los centros de inteligencia y seguridad nacional de Estados Unidos que colaboran con terroristas y que los que asistieron para decodificar señales son clasificadas como top secret”.

Todo lo anterior genera dudas respecto de la actuación contradictoria del Gobierno de Estados Unidos frente al terrorismo. Mientras desata una cinematográfica cacería humana para atrapar a los autores del atentado en Boston, avala con su silencio cómplice las acciones terroristas que la derecha venezolana realizó en los días posteriores a las elecciones presidenciales del 14 de abril y que causaron la muerte de 8 ciudadanos, incluyendo un niño e importantes pérdidas a la infraestructura hospitalaria y de distribución de alimentos del país.

Como va siendo habitual, el payaso que desde la Casa Blanca de Washington se encarga de administrar el terror en el mundo, –con una hipocresía incorporada a su personalidad–, derrama lágrimas en los frecuentes funerales de niños masacrados en las escuelas de Estados Unidos por la violencia absurda incitada por los medios de comunicación que promueven la muerte como negocio de los grandes productores de armas. Sin embargo, no siente la menor angustia cuando da la orden para que aviones sin piloto ataquen inermes poblaciones en Pakistán y otros países en los que una y otra vez pierden la vida niños inocentes.

Así, al mismo tiempo que asistía a un servicio religioso en la catedral de Santa Cruz en Boston, permanecía impasible ante la barbarie que sus hordas asesinas desataban en Venezuela. No reconocer al presidente Maduro bastaba para que los salvajes se sintieran protegidos en sus andanzas.

Hoy, debemos tomar sus palabras ante los fallecidos de Boston y, –aunque parezca increíble hacerlas nuestras en Venezuela “Si ellos buscaron intimidarnos, aterrorizarnos, sacudir de nosotros los valores … ahora debe estar claro que se equivocaron de ciudad”. También podemos decir al igual que Obama que “Este es el mensaje que enviamos a quienes llevaron a cabo esto y quien quiera hacer daño a nuestra gente: Sí, vamos a encontrarlos y, sí, van a enfrentar la justicia. Los vamos a encontrar, vamos a llamarlos a rendir cuentas”.

No hay terroristas buenos y malos que se caractericen de esa manera de acuerdo al amo que sirvan. El terrorismo es una lacra que debe ser perseguida en todas sus manifestaciones y dimensiones. Las acciones militares y policiales en Boston ya han sembrado la duda respecto de quién pueda estar detrás de esas operaciones

El exfuncionario del FBI Sibel Edmonds comentó que “Después de la captura del segundo sospechoso –Dzhojar Tsarnáev– solo surgirán más preguntas sin respuesta, en una investigación plagada de incoherencias y falsedades”. Según Edmonds, esta historia se desenvolverá en un escenario similar al de la muerte del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, donde las versiones sobre su muerte cambiaban día tras día. “Van a cambiar la historia, van a lanzar tanta confusión, contradicciones y datos contradictorios que nadie va a entender qué es lo que realmente ocurrió, sobre todo si el segundo sospechoso muere”, señaló.

Ante los intentos de vincular a los hermanos chechenos con redes terroristas, el exmiembro del FBI dijo que, “desde mediados de los años 90, Washington directamente o a través de Turquía ha estado armando, formando, gestionando, orquestando no solo a los chechenos, sino también a otras facciones de la región de Asia Central y el Cáucaso”. Así que, “en realidad estamos en medio del negocio de embalaje de terroristas y provocando el terrorismo en esa región, tal como lo hemos hecho durante las últimas décadas en Oriente Medio”, consideró.

Por su parte, el líder de la República de Chechenia en Rusia, Ramzán Kadírov, dijo que los hermanos Tsarnáev, crecieron y se formaron en Estados Unidos, no en Chechenia. Afirmó que “Cualquier intento de trazar algún vínculo entre Chechenia y los Tsarnáev, si son encontrados culpables, será en vano. Ellos crecieron en América, sus opiniones y convicciones se formaron allí. La raíz del mal hay que buscarla en América”, dijo Kadírov en la red social Instagram.

Kadírov, aseguró que “el terrorismo debe ser combatido en todo el mundo: eso lo sabemos mejor que nadie”. “Hoy, según los medios, durante un intento de detención fue abatido un tal Tsarnáev. Hubiera sido lógico que lo hubieran apresado y efectuado una investigación para esclarecer todas las circunstancias y determinar su grado de culpabilidad”, dijo. En cambio, añadió, “parece que los servicios secretos necesitaban lograr resultados por todos los medios para aplacar a la sociedad”.

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Con información de : Telesur

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Hay niños de 10 años que pueden usar un arma y éso es un instrumento perfecto

Hubert Haddad presenta en la Fundación Tres Culturas su nueva novela, «Opium Poppy»
Hubert Haddad presenta en la Fundación Tres Culturas su nueva novela, «Opium Poppy»

La terrible realidad de los niños de la guerra es una lacra social que acarrea la humanidad, ya que diariamente miles de jóvenes menores de 18 años son usados para combatir contra su prójimo en decenas de conflictos internacionales. Este tema es el que planea de fondo en la nueva novela del escritor Hubert Haddad, «Opium Poppy», que ha presentado recientemente en la Fundación Tres Culturas en un encuentro que mantuvo con sus lectores.

Haddad es un escritor de origen tunecino que a los tres años emigró con su familia a Francia. De ascendencia judía y árabe pacifista, este autor se ha ganado un gran prestigio internacional gracias a obras como «Palestina», con la que logró importantes galardones del calibre del Premio Renaudot (2009) y el de los Cinco Continentes de la Francofonía (2008).

Reconoce este autor que «desde los 30 años quería hablar de los niños soldados. En principio no me imaginé que podía hablar de los que están en Afganistán, pero luego entendí que son niños que están siendo manipulados y se utilizan sistemáticamente a cualquier nivel, explotándolos también en trabajos. Con la técnica, no es necesario tener en la guerra grandes medios. Hay armas que pueden ser usadas por niños de 10 años y eso se transforma en un instrumento perfecto».

De hecho, Hubert Haddad ha querido denunciar en esta novela la situación que viven muchos niños refugiados de Afganistán, a los que se les puede ver abandonados en estaciones de tren de París o Roma.«Sólo en Kabul hay 50.000 niños abandonados que están expuestos a la droga y al tráfico sexual». Una vez que estos refugiados llegan a occidente, «no se les acoge con los brazos abiertos», denuncia este autor.

La búsqueda de la identidad

Otra de las obsesiones permanentes en la obra de Haddad es la de la búsqueda de la identidad, algo que hará desesperadamente el protagonista de este libro y que también se podía advertir en otras novelas anteriores del autor, como «Palestina». «Ese es el drama cuando se está en un espacio tan difícil como la guerra, ya que la identidad es el escollo más difícil. Cuanto más nos atrapa la guerra, menos se conoce uno mismo». En todo caso, este escritor aclara que «si la identidad significa exclusión y rechazo, entonces no es identidad. Lo propio de la identidad es la alteridad, porque uno es fruto de los cruces de las distintas culturas que ha habido».

Por otra parte, Haddad es un autor de origen tunecino y ascendencia judía-bereber, «lo cual ha sido decisivo para mí», afirma, a lo que añade que «mi familia ha sido una minoría no sólo en Túnez, sino en el exilio de París». Este autor es defensor de un diálogo pacífico entre las culturas, «algo que se rompió con el colonialismo, que estableció separaciones administrativas y de identidad». Finalmente, aclara que «cuando hay una minoría, se debe integrar en el resto de la mayoría de aquel país».

Por  José Galiana
Fuente: ABC

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Crónicas: Obama, Guantánamo y el terror

Enero 2009

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Las órdenes ejecutivas firmadas por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para cerrar el campo de concentración de Guantánamo y acabar con la tortura, las cárceles secretas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y los traslados de prisioneros de guerra a regímenes autoritarios clientes, van en la dirección correcta. Pero quedan aún muchas dudas. La principal: si Obama dará luz verde para que Bush, Cheney, Rumsfeld, Powell, Rice, Negroponte y otros sean juzgados por crímenes de guerra.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el Camp Five (antes X-Ray y Campo Delta) de Guantánamo –esa daga estadunidense clavada en el centro de la cubanía donde todavía permanecen cerca de 250 prisioneros– se convirtió en el “no lugar” de la justicia mundial.

Pero no era el único símbolo del terrorismo de Estado a escala planetaria practicado por la administración de Bush. Incluso antes de Abu Ghraib, símbolo de la capucha y el sadismo sexual como herramientas de tortura, y de los campos de concentración de Whitehorse, Cropper, Qaim y Samarra, todos en Irak, ya habían sido asesinados, mediante tormentos, detenidos afganos en la base aérea de Bagram, cerca de Kabul.

Asimismo, decenas de “combatientes enemigos”, que durante años permanecieron en un limbo legal como rehenes de Washington al margen de las convenciones de Ginebra para los prisioneros de guerra, fueron trasladados en vuelos secretos de la CIA, a “sitios negros” o “prisiones fantasmas” que formaron un Gulag americano (Al Gore dixit) desparramado por 40 países, 14 de ellos de Europa (incluidos España, Alemania, Rumania, Polonia, Portugal) y a barcos-prisión fondeados cerca del territorio británico de Diego García, una isla en el océano Índico.

En nombre de la orwelliana “guerra al terrorismo” –un enemigo al que no se puede vencer porque es sólo una forma de violencia política, y que fue creado para generar miedo paranoico en función de la guerra permanente de Bush necesaria para la construcción del “imperio americano del siglo XXI”–, la Casa Blanca autorizó el uso de la tortura en esos apartheid de la legalidad y la justicia, por medio de documentos secretos emitidos por el Departamento de Justicia cuando el fiscal general era Alberto Gonzáles.

Ya antes, el fascista Donald Rumsfeld había dado la orden: “Atrapen a quien deban. Hagan con ellos lo que quieran”. Entonces, junto a nuevos métodos de experimentación humana para probar el aguante al sufrimiento y la “conversión” de la víctima, reaparecieron la picana eléctrica, el submarino (waterboarding o asfixia simulada), el pentotal sódico y los perros de ataque. La tortura como estrategia de gobierno, exhibida mediáticamente para amedrentar a la población dominada. Y también los secuestros, las desapariciones forzosas y los asesinatos selectivos. Al respecto, George W. Bush se ufanó en varias ocasiones de “haber sacado de circulación a unos 3 mil terroristas”.
Como dijo en septiembre de 2006 Gideon Levy a propósito de las matanzas en Gaza por los ocupantes israelíes, “que nadie diga yo no sabía”.Igual que en la Alemania nazi, los horrores de Guantánamo, Bagram, Abu Ghraib y el archipiélago de cárceles clandestinas de la CIA estuvieron siempre expuestos para quien quisiera ver y entender.

Los demócratas Barack Obama y Hillary Clinton sabían. Como recordó James D. Cockcroft, ambos aceptaron la guerra al terrorismo y votaron en el Congreso en favor de los presupuestos de guerra de Cheney/Bush, incluido el espionaje interno, la tortura y otras violaciones de derechos civiles.

Prisionero del clintonismo, rodeado de halcones guerreros como Zbigniew Brzezinski y el ex asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Anthony Lake, quien en 1993 proclamó el nuevo paradigma del enlargement (ampliación) que modificó el mapa geopolítico de Europa central, Obama prometió ahora renovar la guerra global contra el terror.

Parece obvio, pero no hay que olvidar que Obama llega a la jefatura de un país imperialista, que se encuentra en el cenit de su poderío militar y no va a cambiar su esencia ni su lógica expansionista depredadora por un cambio de hombres en la Oficina Oval. Como Bush padre y Clinton, quienes sostuvieron las políticas esenciales del reaganismo, de manera más astuta y sutil Obama/Clinton continuarán la diplomacia de guerra de Washington.

Cabe aclarar que en 1996, con el Acta Antiterrorista de Janet Reno, Bill Clinton se anticipó y allanó el camino a la Ley Patriótica de John Ashcroft y Alberto Gonzales. Es previsible, pues, que la nueva fase de militarización imperial adoptará un “rostro más humano”.

No más tortura y nadie por encima de la ley, dijo Obama. Bien. Pero para ello su gobierno deberá derribar el andamiaje seudo-legal construido por Bush y compañía para amparar la tortura y el asesinato al margen de las normas del derecho internacional.

A su vez, la práctica de la tortura anula cualquier posibilidad posterior de enjuiciar a los detenidos, ya que las pruebas obtenidas de esa forma no resisten el filtro de legalidad de Estados Unidos y las convenciones de Ginebra que, según Obama, recobrarán ahora plena vigencia. Sin embargo, el cierre de campos de concentración en el plazo de un año representa un auténtico embrollo o quebradero de cabeza jurídico: ahora los únicos responsables son aquellos que permitieron o coadyuvaron a la existencia de esa red, aplicaron aberrantes métodos de coacción física y generaron la impunidad para dichas acciones.

Al final, la gran paradoja es que si el antiterrorismo tenía como objetivo acabar con el terrorismo yihadista –lo que no se logró–, existen ahora pruebas legalmente válidas que servirán para enjuiciar a quienes participaron directa e indirectamente en las más atroces prácticas del terrorismo de Estado bushista. Y como dijo el Nobel Paul Krugman en “¿Perdón y olvido?” (The New York Times, 20/1/09), si se encubre a quienes durante ocho años rompieron la ley sin remordimientos, se garantizará que vuelva a suceder.

Por Carlos Fazio
Fuente: Adital

Nota de la Bitácora: Obama ha sido electo para su segundo mandato y Estados Unidos aún mantiene ilegalmente una base naval en Cuba contra la voluntad de su pueblo.La Base Naval de Guantánamo es un rezago del colonialismo que debe ser desmantelado.

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La guerra online

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En el imaginario popular del último siglo, Edison y Tesla quedaron inmortalizados como los héroes de la tecnología, por lo menos en su versión más romántica. Al igual que esos “inventores” geniales que abundaban en las novelas de Julio Verne, parecía que ellos eran capaces de resolver cualquier problema que se les planteara, desde la transmisión de la energía hasta la comunicación con el más allá.

En esa epopeya, Edison era quien encarnaba la voluntad y el poder del capital. Por su parte Tesla, un hombre cuya leyenda crecería hasta perderse en las seudociencias, interpretaba el papel del genio incomprendido y a veces engañado por los poderosos.

Entre los vaticinios que cada tanto formulaban los dos ante la prensa, Edison solía prometer el Arma Final, que sería tan terrible como para impedir cualquier guerra futura; por supuesto, estaría en las mejores manos, las de los Estados Unidos.

A Tesla le gustaba presentarse como pacifista, pero no dejaba de tener sus armas secretas. Cuando lo entrevistó la revista Science & Invention para su número de febrero 1922, pronosticó que la guerra futura sería “una competencia entre máquinas”, una suerte de espectáculo donde no habría bajas humanas. Entre otras cosas, Tesla había incursionado en la robótica, diseñando máquinas y hasta submarinos telecomandados, y eso era lo que recomendaba desarrollar. Frank Paul, el gran dibujante de las revistas de Gernsback, se había encargado de ilustrar la nota con una escena de combate entre máquinas terrestres y aéreas, que por supuesto obtenían energía de una torre de Tesla.

El tiempo ha visto cómo se realizaban algunas de las fantasías de Edison y de Tesla. En cuanto a la automatización, hemos llegado a superar todo lo que ellos podían imaginar con los recursos de su tiempo. Pero si bien las máquinas de matar o espiar de hoy pueden ser tan inteligentes como implacables, no las hemos visto luchar entre sí, a la manera deportiva. Se las sigue usando contra los seres humanos, tan frágiles y baratos como siempre. Y, sin embargo, hasta esas máquinas pueden ser muy frágiles en este mundo informatizado donde el silicio puede más que el acero.

AEROMODELISMO MILITAR

Las potencias de hoy cuentan con toda una gama de armas automatizadas y hasta autónomas que parece haber excedido todas las previsiones de los escritores de ciencia ficción, incluyendo las exageraciones de los que pretendían ser satíricos. Cuando los generales salen de compras, las armas que los seducen son las que todavía no estén al alcance de cualquiera. Las estrellas del mercado son esos aviones sin piloto que se conocen como drones (“zánganos”). Se distinguen de los misiles de crucero, que cuentan con los mismos recursos robóticos, porque éstos se destruyen cuando alcanzan el blanco, y los drones pueden ser recuperados para otras misiones.

Muchos de estos aviones son dirigidos por control remoto. Pero también los hay autónomos, que son capaces de despegar, ir a su objetivo, volver y aterrizar contando sólo con sus programas.

Históricamente, los primeros drones fueron modelos a escala con control remoto, similares a los que arman los aeromodelistas. Fueron usados durante la Segunda Guerra Mundial, para entrenar a los soldados que operaban las baterías antiaéreas.

Los drones renacieron para la Guerra del Golfo, contando ahora con una tecnología de otro orden. Se multiplicaron durante los conflictos balcánicos, y fueron ampliamente usados por Estados Unidos en todas sus guerras (declaradas o no) en Irak, Afganistán y Pakistán. Son aviones remotos para guerras remotas, que espían y matan por control remoto. En el Golfo Pérsico también se han empleado drones submarinos, como los que imaginó Tesla.

Considerados desde un punto de vista puramente técnico, los drones tienen gran utilidad para las tareas de observación y para aquellas otras sucias, tediosas o peligrosas, especialmente cuando se trata de sobrevolar ambientes contaminados, tóxicos o radiactivos. Nadie objetará que se los utilice para combatir al narcotráfico, pero las cosas comienzan a ponerse menos claras cuando se habla de contrainsurgencia o terrorismo. Mucho más cuando nos enteramos de que se los emplea para combatir a pobres desarmados en busca de trabajo, por ejemplo para esa vigilancia costera que intenta rechazar a los inmigrantes africanos de Europa. En Estados Unidos, las operaciones con drones Reaper permitieron detener unos doscientos narcos en los últimos años, pero también apresar a nada menos que cinco mil indocumentados.

PASEN Y VEAN

Si hay algo que aún frena la expansión de los drones es su elevado costo. Pero eso, como suele ocurrir con la tecnología, es algo que puede llegar a bajar. Un helicóptero artillado de los convencionales sale menos de dos millones de dólares, pero un drone Firescout alcanza los cincuenta. Ocurre que un solo piloto humano es más barato que ese combo que incluye el avión, la estación de control, el enlace satelital y el equipo de operadores.

Entre los más grandes y más caros se cuentan el Predator, con alas de ocho metros, y el Reaper, que tiene una envergadura de once y está equipado con misiles Hellfire. El mayor de todos es el Global Hawk. Sus alas miden 35 m., pero no tiene ninguna ventanilla, porque a bordo no viaja nadie. A todos ellos les han puesto nombres fanfarrones, como Depredador, Segador, Aguila Global, Fuego del Infierno, lo cual nos da una idea de sus intenciones.

En el otro extremo están las miniaturas, que parecen juguetes, pero están atiborradas de material electrónico. Son ideales para el espionaje, y por lo general tienen nombres más inocuos que sus hermanos mayores: el Butterfly (mariposa) que producen los israelíes tiene un peso de 20 gramos, el Hummingbird (colibrí) pesa 18 y el Wasp (avispa) sólo medio kilo. Quizás haya que combatirlos con aerosoles insecticidas o cazarlos con palmetas y papel matamoscas.

El setenta por ciento de la flota mundial de drones pertenece a los Estados Unidos. Como no necesitan bases muy conspicuas, los aviones robots son operados desde puestos de control muy discretos ubicados en lugares como Etiopía o las islas Seychelles.

Irán ya ha copiado algunos aparatos norteamericanos que logró capturar, Hezbolá ya cuenta con ellos y Chávez anunció la producción de un prototipo venezolano. Los Estados Unidos ya no son los únicos: Polonia se dispone a comprar doscientos drones, treinta de ellos armados, para reemplazar a los viejos cazas de fabricación soviética que desplegaba para su defensa.

El paso más grande se está comenzando a dar con la difusión de estos vehículos en la actividad privada. Para el año próximo se estima que ya habrá quien los use para fines comerciales inocuos, como supervisar una plantación, y no tan inocuos, como hacer espionaje industrial. Aún falta saber qué ocurrirá cuando su uso se generalice y abarate. Los drones permitirán ofrecer servicios que van desde el seguimiento de parejas infieles hasta el espionaje de deudores morosos, filmaciones extorsivas y grabación de conversaciones secretas.

COLATERALES Y PERVERSOS

Uno de los principales temores que inspiran los drones es que la inteligencia artificial de la cual están dotados puede llegar a decidir cuáles son los mejores objetivos y ponerse a atacarlos por su propia cuenta. De hecho, los marines que están desplegados en zonas de combate de Afganistán temen que algún día los drones se descontrolen y empiecen a tirarles a ellos.

Sin llegar a pensar en algo tan al estilo Frankenstein, las situaciones que se dan pueden ser bastante extrañas. Ocurre que los drones transmiten información a un satélite militar, para lo cual se manejan mediante un enlace satelital, que puede ser hackeado. Quizá la Internet pueda ser el nuevo campo de batalla, como quedó probado cuando un grupo de insurgentes de Hezbolá logró apoderarse de la señal con la cual se manejaban los Predators y los puso fuera de combate, porque descubrió que por un rato se habían olvidado de encriptar los mensajes. Lo más ridículo fue que pudieron hacerlo gracias a un programa de origen ruso que se llama SkyGrabber. Sólo vale veintiséis dólares, puede bajarse de la red y hasta se lo piratea.

Más absurdo aún fue el ataque de virus que sufrió una base de la Fuerza Aérea en Nevada y llegó a inmovilizar a toda una flotilla de Predators en 2011. En este caso, no hubo ataque enemigo sino apenas contagio, algo bastante difícil, porque se supone que las armas secretas no están conectadas a la Internet pública. Casi seguramente el contagio fue provocado por el uso de discos y otros soportes que cargaba el personal por su cuenta.

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EL JOYSTICK Y EL GATILLO

Por lo general, el equipo que opera los drones se compone de un “piloto”, que dirige su vuelo, un operador de cámaras y sensores que también puede ser artillero, y un tercero que hace de enlace con la fuerza que requiere el servicio.

Uno de los represores argentinos que declararon en el Juicio a las Juntas dijo que se había limitado a disparar contra el blanco que le había asignado la superioridad: se había programado para no ver más que eso. Los operadores de drones están en una situación quizá peor, porque ni siquiera están cerca de sus víctimas. Están seguros, se encuentran a miles de kilómetros del blanco y para ellos todo es un videojuego. El distanciamiento es total; no hay peligro, sangre, miedo, ni dolor: todo consiste en acertarle a una manchita que se mueve y gritar ¡bingo! cuando cae un ser humano. Lo que todavía causa asombro, y nos da cuenta de que aún tienen alguna sensibilidad ética, es que sufren estrés postraumático, igual que los combatientes, según atestiguan los psicólogos, capellanes y médicos que los atienden.

Desde que a Obama le adelantaron el Premio Nobel por las hipotéticas contribuciones que iba a hacer a la paz mundial, docenas de vehículos aéreos no tripulados estuvieron realizando centenares de operaciones en Pakistán. Según un informe del Washington Post mataron a más de dos mil civiles “sospechosos”.

En Afganistán, donde el conflicto es más agudo, los sicarios voladores identificados vienen matando diez civiles por cada combatiente, la mayoría por el pecado de ser solidarios. El distanciamiento hace la guerra tan impersonal que un operador puede estar espiando desde el aire a la aldea donde sabe que se oculta un terrorista. Durante horas puede estar observándolo ir y venir, comer con su familia y jugar con sus hijos. Cuando le dispara y ve cómo acuden en su auxilio los rescatistas, los vecinos y familiares, suele tentarse de barrerlos con una ráfaga desde el aire, violando todas las reglas que penosamente se fueron estableciendo desde la creación de la Cruz Roja.

Para anestesiar la conciencia moral de los soldados, en la Gran Guerra los emborrachaban antes de mandarlos a una carga de bayoneta calada. En Vietnam los drogaban. Ahora se los ciega moralmente borrándoles los límites entre el mundo real y el virtual. Cualquiera puede tener el mouse o el joystick fácil si se trata de matar a alguien que sólo parece ser un personaje de un juego. Las torturas de la cárcel de Abu Ghraib, durante la invasión a Irán, tenían el mismo aire de irrealidad perversa. Quienes las infligían muy probablemente se habían formado viendo pornografía sadomasoquista, donde se finge el dolor para goce de mentes enfermas, pero no estaban en condiciones de darse cuenta. Jugaban con sus víctimas un siniestro juego de humillaciones con una amoralidad pocas veces vista, que quizá facilitaría una buena ración de drogas.

Por cierto, ninguna guerra es buena, pero quizás haya que lamentar que las guerras de robots hayan quedado relegadas a las películas o a las ferias de ciencias del colegio. Estos robots reales no son como los de ficción; no sólo son capaces de destruir vidas sin mancharse de sangre, sino también de anestesiar las conciencias.

Por Por Pablo Capanna
Fuente: Página 12

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Atentados en Líbano y Afganistán dejan decenas de muertos y heridos

Al menos 19 personas fallecieron en Afganistán cuando una bomba alcanzó una caravana de autos que se dirigían a una boda. En Líbano, hubo 8 muertos, entre los que se encuentra un jefe de inteligencia.

En el que resultó ser uno de los peores atentados contra civiles en el país, al menos 19 personas, en su mayoría mujeres y niños, murieron hoy cuando una caravana de autos que se dirigían a una boda en el norte de Afganistán fue alcanzada por una bomba, según informó la policía local.

La detonación fue tan brutal que el vehículo quedó hecho un amasijo de hierros, por lo que la policía prevé que el número de víctimas mortales puede aumentar.

Además, otras 14 personas resultaron heridas en la explosión que se registró en el distrito de Dawlat Abad, en la provincia de Balkh, según el portavoz de la Policía provincial, Shir Jan Durani, quien precisó que los talibanes «están detrás del atentado», según informó la agencia de noticias Europa Press.

«Querían asistir a una boda, la bomba fue colocada por los enemigos de Afganistán», denunció Durani. Según los medios locales, los fallecidos viajaban en un minibús que acompañaba a varios autos más.

Aún se desconoce cuál era el objetivo del ataque, pero todo parece indicar que el artefacto explosivo estaba destinado en realidad a atentar contra un vehículo militar blindado de las tropas internacionales, dada su gran potencia.

El atentado tomó por sorpresa a todo el mundo porque Balkh es una provincia que se había considerado relativamente segura hasta ahora. Sin embargo, con la retirada de los efectivos internacionales, territorios que se creían seguros en el país, ahora se están desestabilizando.

Un total de 1.145 civiles murieron en Afganistán desde principios de año a causa de la guerra, según datos de las Naciones Unidas, un 80% a causa de la acción de la insurgencia y la mitad de ellos debido a artefactos explosivos.

Por otra parte, en Líbano, al menos ocho personas murieron y decenas resultaron heridas al explotar un coche bomba en el centro de Beirut, en uno de los mayores atentados en la ciudad en años, informaron medios estatales y fuentes de la Cruz Roja.

Entre las víctimas fatales figuraba el blanco principal del ataque, el general Wissam Hasan, jefe de una importante unidad de Inteligencia de la policía del Líbano, informaron fuentes policiales citadas por la agencia de noticias EFE.

Hasan había dirigido investigaciones que llevaron al arresto de un ex ministro libanés cercano al gobierno sirio acusado de haber planificado asesinatos contra personalidades políticas y religiosas en el Líbano.

La agencia de noticias estatal libanesa ANN dijo que otras 78 personas resultaron heridas en el ataque, que no fue reivindicado pero que llega en medio de altas tensiones en el Líbano por la guerra civil en la vecina Siria.

Fuente : Télam

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Afganistán – Bombardeando el hambre – Por Jorge Alberto González

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