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Si supieras cuán poco me interesan – Omar Khayyam

Vino y musica, miniatura de maqamat de Al Hariri, Cairo 1334


¡Si supieras cuán poco me interesan los cuatro elementos de la naturaleza y las cinco facultades del hombre! ¿Dices que algunos filósofos griegos podían proponer hasta cien enigmas a sus oyentes? Mi indiferencia a este respecto es absoluta. Trae vino, coge un laúd, y deja que sus modulaciones nos recuerden las de la brisa que pasa como nosotros.

Omar Khayyam


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Dionisos y la campaña de Egipto

Mosaico de Mougga, Dionisos perseguido por los piratas

El ejército de Dionisos llega frente a la costa de Egipto, y se instala en la corte de Proteo de Faros. Al rey le lleva el vino como obsequio y, aprovechando su situación, se pone a trabajar desde Faros en la preparación de su primera campaña. Reedita para su causa a las amazonas de Egipto, amazonas combativas por naturaleza, que van a servirle de espléndida fuerza de choque.

Con ellas y con la furia de la venganza, se lanza a la batalla contra los Titanes. La victoria le llega pronto, es la confirmación de su poder y categoría.

Emulando a Alejandro, el dios se pone en marcha hacia el corazón del este, cruza la Mesopotamia, derrotando a todos sus adversarios, y llega hasta la Indias sometiendo la península a su poder, pero no sin haber dejado antes el recuerdo de su presencia, con el cultivo de la vid y el secreto del vino. Terminado su camino en los confines del este, decide el triunfal Dionisos regresar a Grecia, al centro del mundo. Pero el retorno no iba a ser tan rápido y sencillo como se pensaba en un principio, pues su ejército va a tener que luchar ahora contra sus antiguas aliadas amazonas, que esperaban dispuestas para el combate en el Asia Menor, sin que se sepa bien por que las guerreras han querido hacerlo.


Se acepta el reto de las amazonas y se da comienzo a la sangrienta e insensata batalla. Dionisos da la orden de que sea ésta una guerra sin cuartel, en la que sus huestes van a terminar exhaustas de perseguir y matar a las amazonas, que pronto se ven vencidas y de las cuales sólo un puñado consigue huir y encontrar refugio seguro en Éfeso, pues el temible Dionisos enfurecido no sabe perdonar el insensato y orgulloso ataque inicial de que ha sido objeto, y se afana en lograr el total exterminio de sus ex aliadas, para que sirva su muerte de inolvidable escarmiento al osado que piense en enfrentarse a su voluntad.

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El Grupo 13, el SAS y Ronald Reagan, socios para bombardear a Khadafi

Ivonne Fletcher es asesinada frente a la Embajada de Libia

GRUPO 13
(1970)

Escuadrón de asesinos encubierto del Ministerio de Asuntos Exteriores británico.

Grupo 13: incluso el nombre está envuelto por el secreto. Su existencia, obviamente, nunca ha sido reconocida de manera oficial, pero aquellos que están lo bastante cerca como para saber, y lo bastante lejos como para hablar, han afirmado que el Grupo 13 opera como algo que está entre un brazo ejecutor y un escuadrón de protección para el personal del SAS que interviene en misiones altamente secretas. Es posible que sus métodos de trabajo sean más paramilitares que políticos, pero su agenda siempre ha sido establecida por los jefes de la inteligencia británica y en la consecución de los objetivos —a veces a la extrema derecha— de la comunidad de los servicios secretos británicos.

La teoría de la conspiración

Cuando la agente de policía británica Yvonne Fletcher fue abatida de un disparo durante una manifestación de protesta contra el coronel Khadafi ante la embajada de Libia en St. James Square, Londres, el 17 de abril de 1984, la reacción tanto del público como de los medios de comunicación británicos fue absolutamente comprensible. La conmoción y la ira se fundieron con la repugnancia para crear una atmósfera en la que prácticamente cualquier acción de represalia que se emprendiese contra Libia sería aprobada. De modo que, cuando dieciocho meses más tarde Gran Bretaña autorizó que ocho aviones de guerra estadounidenses estacionados en suelo británico participasen en una incursión sobre Trípoli, la capital libia —en respuesta, según declaró el gobierno de Ronald Reagan, a un atentado con explosivos apoyado por Libia contra la discoteca La Belle, en Berlín occidental, nueve días antes—, muy pocos británicos derramaron una lágrima. Pero se habrían formulado muchas más preguntas si se hubiese sugerido que la agente Fletcher no fue muerta por un experto tirador libio, sino por un agente especial británico. ¿Estaba la mano del Grupo 13 detrás de este incidente?

En marzo de 1990, Jonathan Moyle, el editor de la revista británica Defence Helicopter World, fue encontrado colgado en una habitación de un hotel de Santiago de Chile. Por la acumulación de bolsas de plástico y extrañas prendas de ropa interior, la conclusión de la policía fue que Moyle había muerto en el curso de un frenético intento de aumentar su placer sexual. La imagen creada por esa acusación era tan fuerte y desagradable que la reputación de Moyle como un periodista serio dedicado a temas de defensa quedó muy dañada. Más tarde, sin embargo, se supo que Moyle había estado muy cerca de penetrar en un círculo de venta de armas que implicaba a una compañía fabricante de municiones británica y de conocer en detalle los planes para equipar a helicópteros chilenos con un sistema de orientación electrónico para misiles antitanque. El intento póstumo de manchar el nombre de Moyle era típico de la clase de campaña de «juego sucio» a la que los servicios de inteligencia eran tan afectos. ¿El Grupo 13 otra vez?


Las pruebas

La bala que acabó con la vida de la agente Yvonne Fletcher era un «proyectil terminal» diseñado para «modular» el sonido de una descarga, con ánimo de sugerir a los especialistas forenses la idea de que el proyectil había sido disparado desde corta distancia. La prueba de esta afirmación apareció en 1966 en el respetado programa de investigación de la televisión británica «Dispatches», emitido a través de Channel 4. Un grupo de expertos en balística fue consultado en relación a este tema, aunque la culpa por la muerte de la agente Fletcher fue atribuida por igual a la inteligencia británica y estadounidense.

Uno de los pocos miembros de la industria armamentística que ha hablado en público acerca de sus experiencias es Gerald James, el ex presidente de la compañía Astra, dedicada a la fabricación de explosivos y fuegos artificiales. En su libro In the Public Interest, publicado en 1995, James revela evidencias anecdóticas de gente del gobierno y afirma: «Se dice que el Ministerio de Asuntos Exteriores ha formado el Grupo 13 con agentes reclutados del SAS y también de empresas de seguridad privadas. Su misión consiste en prestar una clase de “servicio a la nación” que sólo se encomienda a los oficiales del SAS más veteranos y despiadados».

El autor Gary Murray intentó sacar a la luz la historia del Grupo 13, pero su iniciativa estuvo a punto de costarle la vida. En 1991 fue persuadido, con una pistola en la cabeza, de que el libro que tenía intención de escribir acerca de las actividades del Grupo 13 tal vez no fuese comercialmente viable. Cuando bajó, tambaleante y aturdido, de la parte posterior de la furgoneta en la que lo habían metido por la fuerza, ya se había decidido por un tema menos conflictivo, y el escuadrón de asesinos del Grupo 13 —si efectivamente fueron ellos los responsables— consiguió un nuevo encubrimiento para sus acciones.

El veredicto

No hay ninguna prueba sólida de que las dos organizaciones sean sinónimos, pero tanto el programa «Dispatches», junto con el libro de Gerald James, constituyen la evidencia más seria de que disponemos en cuanto a la existencia del Grupo 13.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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