Archivo de la categoría: Cultura

Bachir Magdalani y la negación de sus raíces palestinas

Nazaret a finales del siglo XIX

Refería que Aziz debió huir acompañado de Afife, su joven esposa, y de Yvotyropea la Nativa Guaraní, su leal concubina, a través del Pilcomayo hasta San Francisco y desde ahí hasta Cochabamba, soportando la hostilidad de la selva.

Meses después de haber nacido Chafik, asomó a la vida Said, enseguida, Amín y las dos mujeres, Nadia y Jazmín, esta última causante de que Afife muriera en el parto, mientras sus pensamientos anidaban lejos, en la Palestina de sus padres.

Al morir Afife, Aziz le entregó el cuidado de la parvada a la Nativa Guaraní, dedicada desde hacía mucho tiempo a ser una segunda madre. Ella les enseñó a hablar el guaraní, a amar las cosas sencillas, la selva de horizontes lejanos, el Chaco, a jugar con lanzas y flechas a los varones, como si fuesen guerreros guaraníes de verdad. En las noches, ella o Aziz, alrededor del mate, les referían cuentos de Las Mil y Una Noches, historias de califas, de caballos encantados, de aves gigantes que cruzaban los cielos y mares en menos de un día.

Penélope del Pilar, desde la misma fecha en que su padre habló de su ascendencia italiana o francesa, empezó a cambiar de amistades y a desconocer a cuanto pariente no tuviese el apellido Magdalani, rehuyendo, además, a los que lo tenían. Una mañana despertó como si en la noche la hubiesen coronado reina; llamó a la mucama y le dijo que le ayudara a calzarse las pantuflas y a ponerse la bata de seda.

«Magdalani, Magdalani, Magdalani»: qué bello sonaba su apellido. Se sentó frente al tocador, rebosante de ideas destinadas a cambiar su existencia por una más acorde a los modelos de la sociedad a la cual soñaba incorporarse. Sabía que más de alguien iba a indagar a fondo sobre el origen de su familia. Habría que disipar dudas, responder a interrogantes legítimos. Entonces, creó su propia versión, que se iniciaba a partir de la información de su padre.



En la biblioteca, a la que entraba sólo raras veces para admirar el efecto decorativo de la empastadura de los libros, encontró un mapa de Italia editado por Rand McNally, y sus ojos se clavaron en el norte, en Lombardía, nombre que le recordaba un suceso, aunque ignoraba de que se trataba. Después se fijó en la ciudad de Mantua. Algo sabía sobre un duque de Mantua, personaje que le parecía protagonista de un lance amoroso en una novela. A partir de estos antecedentes, elaboró un árbol genealógico de estructura complicadísima, donde sus antepasados estaban emparentados con más de algún Papa, con escritores y pintores del Renacimiento.

Andrea, a su vez, urdió otra historia igual de portentosa. Cuando iba a comer donde amigos, en las fiestas a que asistía, en la peluquería o donde la modista, comentaba que un tatarabuelo suyo había sido consejero del rey de Italia, Víctor Manuel II. Y que Cavour se alojaba a menudo en casa de sus parientes, circunstancia que lo llevó a enamorarse de una Magdalani, cuya belleza casi trastorna al político. Al final, la Magdalani de la historia se casó con un príncipe húngaro, quien pudo llegar a ser rey de su país si no hubiese muerto en una epidemia de cólera en el norte de África, adonde llevaba de preferencia a pasear en velero a su joven y bella esposa.

Ni a Chucre ni a Marisol les complacía la conducta de Bachir, su afán antojadizo de buscar ascendientes italianos o franceses, como si fuese vergonzoso ser descendiente de árabes; pese a todo, se callaban y preferían mantenerse ajenos a los devaneos sociales de Bachir y sus hijas, acaso estas últimas las más decididas a cambiar sus relaciones sociales, a borrar de una plumada todo vestigio que las pudiese vincular a inmigrantes pobres, analfabetos, en su mayoría provenientes de los campos.

El bisabuelo de las jóvenes, Aziz Magdalani, no sabía leer ni escribir, aunque para él eso no constituía impedimento serio; tenía la capacidad maravillosa para hacer cálculos matemáticos, discernía por intuición las buenas y las malas noticias cuando le escribían desde Palestina y, a menudo, se valía de la triquiñuela de hacer leer a otros cuanto le interesaba, pretextando que se le habían extraviado las gafas. Afife, también analfabeta, sabía contar maravillosos cuentos e historias —que podían ser verdaderos o falsos—, como si los hubiese leído en libros traídos de ultramar.

Cuantas veces se reunieron las familias de Chucre y Bachir luego del anuncio pomposo de que los Magdalani eran descendientes de nobles italianos o franceses, sólo se hablaba de eso. El asunto, molestaba sobremanera a Jorge, el mayor de los hijos de Chucre, cuyas actividades en la universidad le habían proporcionado fama de revoltoso y agitador, al punto que sus primas Penélope del Pilar y Andrea, lo consideraban un redomado anarquista.

Por Walter Garib

©2019-paginasarabes®

Proverbio árabe – Nunca discutas

Proverbio árabe

Nunca discutas con un idiota.

La gente puede no diferenciar quién es quién.



©2019-paginasarabes®

Proverbio Árabe – El beneficio

Los notables planean, los grandes lideran, los héroes conquistan… y los cobardes se benefician.



©2019-paginasarabes®

El Masbaha de mi abuelo

De pequeño solía verlo sentado frente al gran granado del patio en la vieja casona de Damasco. Con la mirada perdida como queriendo adentrarse a un inmenso mundo interior.

Entre sus manos que delataban casi un siglo de trabajo duro, un masbaha con cuentas de madera y marfil parecía explicar cada día de su vida en esta tierra.

Recitando oraciones secretas en cada esfera, un eterno suspiro en cada cuenta, una plegaria y una respuesta a la pregunta que solo él podía conocer.



El masbaha de mi abuelo era el camino a la sabiduría, el perdón, la paciencia, la contemplación y la paz.

El atardecer no se hacía esperar y después de darle muchas vueltas levantaba su mirada en torno a mí, esbozaba una leve sonrisa y con sus ojos de muchos amaneceres y desiertos eternos, alineados a los míos decía con voz suave cual canción de cuna: Bismilahi Rahmani Rahim.

©2019-paginasarabes®

El Algarrobo en la cultura árabe

La Ceratonia Siliqua, árbol leguminoso, siempre verde, de flores purúreas y cuyo fruto se denomina Algarroba, siendo una legumbre con semilla de color de café, azucarada y muy alimenticia.

La Biblia cuenta que el Hijo Pródigo sólo comía Algarrobas al regresar al hogar paterno, y así lo encontramos citado en otras leyendas parecidas de otros sistemas religiosos. Desde nuestro punto de vista, es árbol lunar; pero que recibe grandes y significadas impresiones solares.

Los árabes lo cultivaron en jardines sagrados, como remedio contra la epilepsia, pero para esta enfermedad sólo son útiles los frutos de una tercera generación de algarrobos cultivados bajo formas astrológicas.

Los árabes lo llaman Kahrub y los franceses Caroubier, de cuya palabra procede la medida Carate, Quilate, pues en tiempos remotos usaban las semillas de la Algarroba para pesar las piedras preciosas. De ahí tomó también su nombre la moneda árabe.



Ricardo I, en sus cruzadas estuvo expuesto a perecer de hambre con sus huestes de no haberse alimentado con Algarrobas, que dio aquella época en cosecha abundante y capaz de sostener a un ejército sitiado.

En casi todas partes, se llama al Algarrobo Pan de San Juan, ya que dice la leyenda que el Bautista no tomaba otro alimento que el fruto de este árbol. Al preguntársele el porqué, respondió que ese árbol, siendo lunar, marchaba en su evolución a convertirse en solar, de lo cual era símbolo el Bautismo y la Redención.

Cuando San Juan murió mártir, se perdió su cabeza después de la horrible exposición, y al encontrarla los cristianos se había convertido en Ortiga. La Ortiga es mercuriana, pero con influencias de Marte, y por eso el hierro que contiene es doblemente medicinal. Analizada la Ortiga, vemos que tiene las mismas sales que la sangre humana. Su extracto, por consecuencia, es de grandiosos resultados para mantener prolongadamente una vida sana.

Por el Dr. K-Heller

©2019-paginasarabes®

Olvida que deberías haber sido recompensado ayer – Omar Khayyam

Olvida que deberías haber sido recompensado ayer y no lo fuiste. ¡Qué importa, sé feliz! No eches de menos ninguna cosa ni esperes nada tampoco. Lo que ha de suceder, escrito está en el libro que hojea, al azar, el viento de la eternidad.

Omar Khayyam



©2019-paginasarabes®

Sopa especiada de mejillones

Esta sopa de origen turco tiene una consistencia muy característica. La salsa harissa, un condimento muy habitual en la cocina norteafricana, le da un sabor especial.


Ingredientes

(Para 6 personas)

 

1 1/2 kg de mejillones frescos
150 ml de vino blanco
3 tomates
2 cucharadas de aceite de oliva
1 cebolla, picada chica
2 dientes de ajo machacados
2 tallos de apio, cortados en rodajas finas
1 manojo de cebolla de verdeo, cortadas en aros finos
1 papa en dados
1/2 cucharada de salsa harissa
3 cucharadas de perejil fresco picado
pimienta negra molida
yogur espeso para servir (opcional)



Preparación

 

Lave y raspe los mejillones, y deseche aquellos que no se cierren al darles un golpe suave con un cuchillo.

En una cazuela amplia, ponga a hervir el vino. Añada los mejillones y tape bien. Cueza durante 4-5 minutos, o hasta que se abran. Tire los que estén cerrados. Escúrralos y reserve el líquido de cocción. Sáquelos de las cáscaras y guarde unos cuantos enteros para adornar.

Pele los tomates y córtelos en dados. Caliente aceite en otra cazuela y fría la cebolla, el ajo, el apio y las cebollas de verdeo.

Añada los mejillones, la papa, la salsa harissa y los tomates. Cuando empiece a hervir, reduzca el fuego y deje hacer 25 minutos o hasta que las papas estén tiernas.

Agregue el perejil, la pimienta y los mejillones reservados. Cuézalo un minuto. Sirva caliente, añadiendo a cada plato una cucharada de yogur.


©2019-paginasarabes®