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Los orígenes de Al-Qaeda

Mohamed Ayman al Zawahiri y Osama bin Laden, los dos máximos dirigentes de al-Qaeda hasta la muerte del segundo en Pakistán en 2011

 Al-Qaeda

La aparición de Al Qaeda como una fuerza política sólo puede ser entendida dentro del contexto del origen histórico del Islam y el desarrollo de la sociedad islámica. La prensa occidental tiene la tendencia de retratar al Islam como una religión violenta y represiva. Sin embargo, el principal mensaje de Muhammad, por el contrario, era la importancia de conseguir una sociedad unificada e igualitaria.

El término yihad fue acuñado para significar el esfuerzo de los seres humanos para vivir como Dios quería que lo hicieran. Después de la muerte de Muhammad, la sociedad islámica se dividió en dos grandes grupos. Uno, el Shia-i-Ali, estaba dirigido por el yerno de Muhammad, el imam Ali, y sus miembros creían que esta relación directa con el Profeta los convertía en los verdaderos musulmanes.

El otro grupo, cuyos miembros fueron conocidos más tarde como sunitas, creían que, a pesar de su falta de lazos de sangre con Muhammad, superaban con creces a los shi’itas en cuanto a la calidad de su fe. Estas hostilidades históricas y teológicas continúan en nuestros días.


Los Hermanos Musulmanes

Hacia 1928, las potencias europeas habían colonizado un país islámico tras otro. En El Cairo, un maestro sunita llamado Hasan al-Banna vio el lujo en el que vivían los británicos y se sintió consternado. Fundó entonces un grupo llamado los Hermanos Musulmanes que aceptaba que, si bien los musulmanes necesitaban la tecnología europea occidental, ello debía ir de la mano de la reforma espiritual.  Él sostenía que el Islam no era tanto una religión como un modo de vida y, por lo tanto, debían luchar para liberar a los países musulmanes de la dominación extranjera.

Occidente vio esta lucha como una amenaza directa contra su modo de vida secular y económicamente dominante. Como consecuencia de ello se comenzó a informar acerca de «la conspiración del Islam para destruir Occidente».

Hacia 1948, los Hermanos Musulmanes contaban con millones de miembros, y la fundación del Estado de Israel aquel mismo año fue considerada por ellos como un nuevo y poderoso símbolo de la humillación del Islam por parte de Occidente, haciendo que se incorporasen nuevos miembros al movimiento. Fue en medio de esta arrolladora marea histórica que otro sunita, Osama bin Laden, nacía en Arabia Saudí el 10 de marzo de 1957.

En 1979, la revolución islámica tuvo como escenario Irán y un líder islámico seglar fue depuesto por su pueblo. Los millones de miembros de los Hermanos Musulmanes vieron que los movimientos de masas podían resultar extremadamente eficaces. Muchos regímenes existentes, incluyendo la URSS, que para entonces había invadido el Afganistán islámico, y las potencias occidentales con enormes intereses económicos y militares que proteger en la región, se mostraban sumamente inquietos tanto ante la tendencia hacia el poder para el pueblo como ante la toma de conciencia radicalizada de los islamistas acerca de que eso podía funcionar como un arma muy poderosa.


Los orígenes de Al Qaeda

El nombre Al Qaeda deriva de una raíz que significa «la base» o «el fundamento» y apareció por primera vez hacia mediados de la década de 1980, cuando comenzó a ser empleado por un grupo de líderes islámicos radicales a lo largo y ancho del mundo musulmán. Fue empleado de un modo más generalizado en Afganistán, país donde los militantes árabes estaban luchando junto con los muyaidines rebeldes locales para expulsar a los invasores soviéticos.

Abdullah Azzam, el principal ideólogo de estos militantes árabes, escribió: «Nosotros somos la vanguardia… que constituye el sólido fundamento [al-qaeda al-sulbah] para la sociedad que ha de venir». Como queda claro en este texto, en esta etapa la palabra «al qaeda» se refería simplemente a una idea más que a cualquier organización en particular.

Osama bin Laden había establecido su propio grupo militante en la ciudad paquistaní de Peshawar, en la frontera con Afganistán, alrededor de agosto de 1988. Durante la guerra, los radicales musulmanes de todo el mundo se habían congregado en esa región para apoyar la lucha contra el comunismo. Después de la derrota de los soviéticos, estos hombres comenzaron a repartirse entre grupos étnicos perfectamente definidos.

Bin Laden estaba firmemente convencido de que esta dispersión era la antítesis de la filosofía que animaba a los Hermanos Musulmanes, quienes querían crear un alzamiento islámico unificado. Bin Laden abandonó la región en 1989 y regresó a Arabia Saudí, decidido a
continuar la batalla global y a crear un ejército realmente «internacional».

En 1990, cuando Saddam Hussein invadió Kuwait, se ofreció a formar un ejército de militantes islámicos para proteger a Arabia Saudí del infiel profano. Los saudíes rechazaron su ofrecimiento. Bin Laden, humillado, huyó a Sudán en 1991.

En esta etapa, algunos militantes en Pakistán comenzaron a recopilar una obra de referencia básica en once volúmenes destinada a los militantes y titulada Enciclopedia de la Yihad, donde no se menciona en ningún momento a Al Qaeda. A Bin Laden se le agradece personalmente su labor en Afganistán pero no como líder de ninguna organización independiente. En 1993, sin embargo, un militante llamado Ahmed Ajaj fue arrestado en el aeropuerto JFK, en Nueva York. En su equipaje llevaba un manual de entrenamiento terrorista llamado Al-Qaeda. La CÍA llegó a la conclusión de que este título hacía referencia al nombre de una organización más que a los «principios básicos» del entrenamiento terrorista.

Con información de Conspiracy encyclopedia

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Diario de Lahcen Ikasrrien, yihadista marroquí

Lahcen Ikassrien, en el momento de su detención en 2014 en Madrid ©Álvaro García
Lahcen Ikassrien, en el momento de su detención en 2014 en Madrid ©Álvaro García

Un marroquí que reclutaba voluntarios para Al Qaeda relata sus andanzas en Afganistán.

“El hermano checheno fue alcanzado por una bala que le atravesó el estómago y alcanzó la columna vertebral». Yo le había traslado sobre mis espaldas hasta el centro donde se encontraban los hermanos y durante el trayecto los francotiradores nos disparaban. Él me decía que le dejara y escapara para salvarme. Yo le contesté: ¿cómo voy a dejarte y salvarme cuando tú estabas luchando y arriesgando tu vida por tus hermanos? Y me contestó: «ojalá lo supieran”.

Así describe Lahcen Ikasrrien, de 49 años, alguna de sus peripecias en Afganistán en un diario que niega haber escrito, pero que entre otras pruebas ha servido a los jueces para condenarle a 11 años y seis meses de prisión por dirigir como emir (jefe) desde Madrid un grupo salafista que envió a varias personas a luchar a las filas del Frente Al Nusra, filial de Al Qaeda, y del Estado Islámico (ISIS) en Siria. Dos de ellas murieron.

Ikasrrien, un marroquí residente en España desde hace dos décadas, es un tipo tímido que habla un perfecto español. Los jueces le acaban de condenar por integración en organización terrorista y, según la sentencia, descubierto un rosario de mentiras sostenidas durante años. Cuando regresó a España tras un calvario de cinco años de cárcel y torturas en la prisión de Guantánamo logró ser absuelto en la Audiencia Nacional. En los numerosos encuentros que mantuvo con este periódico juró que nunca había luchado como muyahidin junto a los talibanes ni participado en acciones terroristas cuando en el año 2000 fue detenido en Afganistán. “Allí compré un taxi y una carnicería que me regentaban unos afganos”, afirmaba sentado con una taza de té en un bar del barrio madrileño de Lavapiés. El diario que reproduce hoy EL PAÍS ha sido una de las pruebas en las que se han apoyado tres magistrados para condenarle.

“Nací y me críe en un hogar religioso y conservador donde aprendí de memoria el Corán con solo 11 años. Vivíamos sometidos porque el Gobierno se había apropiado de todas nuestras tierras con el pretexto de que eran para un bien general. Tras el acoso, toda mi familia tuvo que trasladarse a otras ciudades y nos convertimos en extraños cuando somos los autóctonos y la historia es testigo de que fueron nuestros padres quienes expulsaron de nuestras tierras al colonizador español”, arranca el diario.

Lahcen afirma que siguiendo el consejo de su padre se trasladó a Madrid en busca de trabajo donde terminó en una cárcel por tráfico de drogas. “Mi vida sufrió una transformación por las diferencias culturales… Entré en el campo de la venta de hachís y eso me llevó a la cárcel tras una condena de 4 años, pero gracias a Dios ha sido un motivo para cambiar el cauce de mi vida, me arrepentí y decidí encaminar mi vida hacia Allâh gracias a la amistad con unos hermanos. La cárcel fue mi escuela donde aprendí mucho…” “Cuando salí decidí no volver a la situación anterior a la prisión, la desviación y los pecados que me llevaron a la cárcel. Decidí cambiar de ambiente y de lugar y busqué un país donde vivir en el Islam y en una sociedad islámica. Y solo encontré Afganistán como refugio y me encomendé a Allâh”.

El salafista marroquí, natural de Alhucemas, describe su viaje a Turquía en el 2000 rumbo a Afganistán donde le detuvieron y dieron 48 horas para abandonar el país. No cuenta que junto a él fueron también detenidos tres de sus amigos: Amer el Azizi, Said Berraj y Salahedin Benyach. Años después todos acabaron mal: Azizi muerto bajo las bombas de un avión Predator de EE. UU. en Pakistán, Benyach preso en Marruecos y Berraj huido tras participar presuntamente en la matanza del 11-M. Desde Estambul “viajé a Siria y de ese país llegué a Afganistán. Allí encontré todo aquello que buscaba: el Islam, un país islámico, Gobierno y un pueblo que me recibió y me acogió como hermano…” “Me acogieron con generosidad…. que Allâh les devuelva la bandera de su Califato”.

Ikasrrien describe su paso por Kabul donde convivió con “numerosos hermanos muyahidines árabes” y como se trasladó hasta hasta Jouj donde su misión consistió en controlar las fronteras del Califato y se enfrentó a las fuerzas de Al Mesaud (Ahmed Shah Massud , dirigente de la Alianza del Norte que combatió a los talibanes). “Conseguimos matar a 10 de los suyos y la destrucción de un tanque y un blindado. Por nuestra parte cayó herido uno de los hermanos de origen uzbeko y tres heridos de origen árabe… Los enfrentamientos esporádicos entre nuestras fuerzas y las suyas no cesaban porque se llevaban a cabo cada 24 horas. Las armas con las que nos atacaban eran tanques de última generación y armamento sofisticado. Entre las armas utilizadas contra nosotros había de fabricación iraní, especialmente misiles y tanques rusos….”. “ Tras la participación en estas batallas aprendimos como se trata con los enemigos en el campo de batalla…”

Lahcen Ikasrrien en su ficha policial al regresar de Guantánamo
Lahcen Ikasrrien en su ficha policial al regresar de Guantánamo

El ex preso de Guantánamo que siempre había negado su participación en actividades armadas en Afganistán dedica parte de su diario para glosar con admiración presuntas hazañas bélicas de alguno de sus hermanos árabes. “He presenciado como uno de los hermanos que procedía del Golfo Arábigo salía de su posición para disparar con sus Kalashnikov al enemigo a cuerpo descubierto para matar a dos de ellos y arrebatarles sus armas y volver sano y salvo, hecho que sorprendió al resto de los hermanos por su valentía…. En esta operación también se encontraba uno de los hermanos yemenitas famosos que había participado en numerosas operaciones militares en Bosnia, Chechenia, Yemen y Afganistán y con la bendición de Allâh consiguió alcanzar y destruir un tanque enemigo y provocó su retirada por las numerosas bajas sufridas y el número de heridas en sus filas. A esta operación le puse el nombre de Nescafé porque estábamos preparando el café para desayunar..”

Lahcen describe, también, el asesinato de Massud, el dirigente de la Alianza del Norte que combatía a los talibanes. “Fue una sorpresa para nosotros porque vimos muchos disparos al aire y más tarde supimos que eran expresiones de júbilo y alegría por la muerte del enemigo de Allâh..” “En esos días recibimos la visita del dirigente de los hermanos uzbekos Taharjan y el emir militar Jamas Jay, emir de los hermanos de la zona norte que posteriormente murió durante la retirada. En esa época pudimos observar que había aviones americanos que sobrevolaban el espacio en sus ruedas de reconocimiento que tomaban imágenes de las zonas en las que nos encontrábamos. En esos días ocurrieron los atentados del 11 de septiembre. Nuestra alegría fue inmensa al recibir la noticia y todos deseamos haber estado con esos hermanos por todos los sufrimientos que injustamente padecemos por parte de América….” Antes de su última detención Ikasrrien había manifestado a este periódico estar en contra de la violencia.

En la parte final de su relato el muyahidín describe con detalle las bajas de dos de sus compañeros de filas y se convierte en protagonista. “Me encontraba en un frente que hizo una fuerte resistencia contra el enemigo y tuvimos a dos hermanos entre nuestras bajas, Abusalim el checheno, y el hermano Al Gahgah, el yemení que Allâh los tenga en su gloria».

Ikasrrien se describe a sí mismo como el emir (jefe) de un grupo de seis personas “sedientas y hambrientas” que “bajo el intenso bombardeo y hostigamiento del enemigo” caminó por el desierto durante 90 kilómetros en dirección a la ciudad de Kunduz. Según su relato le acompañaban dos pakistaníes, uno de ellos menor de edad, dos saudíes, uno de 16 y otro de 19 años, y Mohamed, un afgano que hacía de intérprete. Asegura que los jóvenes saudíes murieron como “mártires” y termina su diario describiendo en varios folios su llegada a la ciudad de Kunduz y la negociación de los talibanes con Dostum (el general uzbeco Abdul Rashid Dostum) para pasar a la zona de Herat Mazar-i- Sharif. “Se ordenó la salida de Kunduz, lo cual es un error militar enorme”, concluye. El diario inacabado termina así: “en nombre de Allâh clemente y misericordioso. Soy Lahcen Ikasrrien”.

En 2006 este hombre reveló a EL PAÍS las torturas sufridas durante varios años en Camp Five, el campo más duro de la prisión de Guantánamo adonde le condujeron los militares norteamericanos después de ser capturado en la fortaleza de Qila-i-Jhangi, a las afueras de Mazar-i-Sharif, donde la rebelión de los mercenarios extranjeros que ayudaban a los talibanes terminó en una masacre de 600 presos, denunciada por la ONU. Él era uno de ellos y sobrevivió, aunque el impacto de un misil norteamericano le reventó una mano y un brazo que mostraba con orgullo. Este fue uno de los episodios más trágicos de la invasión norteamericana en Afganistán. También describió por primera vez las visitas secretas de policías españoles que acudieron a Guantánamo para interrogarle.

Lahcen relató los malos tratos sufridos en Kandahar donde antes de ser traslado a Cuba un soldado le colocó en su mano derecha una pulsera en la que se leía :“Animal número 64”. Un avión militar lo devolvió a España en julio de 2005 junto al denominado talibán ceutí, Hamed Abderramán y tras obtener la libertad se casó y tuvo dos hijos. En junio de 2014 la Policía le detuvo en Madrid junto a otras ocho personas por captar voluntarios para el ISIS. “Sigo sin trabajo, sigo igual que siempre. Nadie me ayuda y ahora casado y con dos hijos todo es más difícil”, confesaba al otro lado de su teléfono móvil semanas antes de ser detenido.

Por José María Irujo
Con información de El País

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Al Qaeda en la Torre Eiffel – Por Alfredo Jalife

Miles de personas rindieron tributo ayer en Nantes a las víctimas del ataque a la publicación satírica Charlie HebdoFoto ©Reuters
Miles de personas rindieron tributo ayer en Nantes a las víctimas del ataque a la publicación satírica Charlie Hebdo ©Reuters

Siempre sí llegó Al Qaeda a la Torre Eiffel

Hace exactamente dos años alerté sobre la probabilidad de un operativo de Al Qaeda en la Torre Eiffel (http://goo.gl/zxYln6) con base en “una entrevista de Michael Maloof, experto del Pentágono en la fase del bushiano Ronald Rumsfeld, al cada vez más imprescindible Russia Today (http://goo.gl/iESPBm)”, quien esclarece el empantanamiento de Francia y hasta presagia un epílogo trágico (sic) al presidente Hollande. Maloof pronostica que Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM, por sus siglas en inglés), a partir de sus reductos en Libia/Malí/Argelia, emprenderá ataques a Europa (¡supersic!).

Fue cuando inquirí premonitoriamente: ¿Al Qaeda en la Torre Eiffel?

El mismo día de la aparición del libro Sumisión (http://goo.gl/fwujgu) –significado de Islam: sea por la palabra del Corán, sea por la espada–, que vaticina el ascenso de un presidente mahometano en Francia en 2022, del provocador autor islamófobo hoy escondido Michel Houellebecq, fueron perpetrados varios atentados triplemente repudiables en ese atribulado país: 1) por constituir cobardes asesinatos de inocentes, sean quienes fueren; 2) por cobrar la vida de 12 periodistas del semanario satírico de izquierda Charlie Hebdo, y 3) por desatar una ola de islamofobia en Europa.

El motivo enarbolado por la narrativa unánime de los multimedia occidentales sería una venganza seriada por la profanación y caricaturización del profeta Muhammad, cuya efigie no es dibujable en la religión islámica de corte iconoclasta, en similitud al protestantismo cristiano en referencia a la imagen de Jesús.

La franquicia de Al Qaeda en Yemen reivindicó la autoría de la carnicería que los yihadistas del Estado islámico Daesh/ISIS/ISIL festejaron como héroes (http://goo.gl/nPiwMP).

Más allá de las simplistas motivaciones fabricadas por la narrativa políticamente correcta para la catarsis del consumo furibundo, caben dos adicionales hipótesis operativas: 1) si el encuentro inopinado hace un mes entre los presidentes Hollande y Putin en el aeropuerto Sheremétyevo de Moscú indispuso a alguien (http://goo.gl/uYOyec) y 2) si el exhorto hace una semana por el presidente galo de levantar las sanciones a Rusia no derramó la gota irascible del vaso logístico anglosajón en Ucrania (http://goo.gl/driCGw).

La procedencia rocambolesca de los yihadistas desde Yemen, la otrora Arabia Felix de los romanos, no es menor desde el punto de vista geopolítico: donde se libra una guerra civil teológica entre sunnitas (cercanos a Arabia Saudita) –60 por ciento de la población– y 40 por ciento dehutis/chiítas (apuntalados por Irán) en las fronteras del reino wahabita, principal superpotencia petrolera global que ya inició su delicado proceso sucesorio.

En Yemen –llave metafórica del super estratégico estrecho de Bab Al Mandab: la Puerta de las Lágrimas en el mar Rojo, que conecta el mar Mediterráneo y el canal de Suez con el océano Índico– operan tanto Al Qaeda, que recluta a los desposeídos jóvenes sunnitas desempleados, como los drones y los instructores de guerra de Estados Unidos (EU).

Sin esquivar la parte emocional dolorosa, no se pueden soslayar los datos estructurales que marcan las tendencias del choque de civilizaciones en curso promovido por el nonagenario israelí-británico-estadunidense Bernard Lewis y su fallecido seguidor mexicanófobo Samuel P. Huntington.

¿Por qué existen 6 millones de musulmanes en Francia, en su mayoría norafricanos árabes sunnitas?

Pues por un similar fenómeno al de los migrantes mexicanos –genuinos refugiados económicos– que debido a la globalización financierista y suoutsourcing buscan empleo en los países del G-7 por carecer del mismo en sus propios países expoliados económicamente, cuando no bombardeados militarmente desde Afganistán pasando por Irak hasta Libia.

Los musulmanes representan 56 millones, 7.6 por ciento de Europa (¡sin Turquía!), donde prevalece el ocaso de la tercera edad que imita el declive demográfico y económico deflacionario de Japón.

Rusia, de lejos, ocupa el primer lugar con 27 millones de musulmanes, luego Francia (6 millones) y, en tercer lugar, Alemania (4 millones): una implosiva bomba demográfica que ya empezó a detonar y que alguien aprovecha.

¿Rusia es el verdadero objetivo en Europa del teledirigido estallido yihadista –en las versiones hollywoodenses de Al Qaeda y/o Daesh del Estado Islámico–, más que Francia y Alemania, o los tres, con el fin de impedir su interacción geoeconómica y geopolítica?

Hoy la verdadera revolución global es demográfica.

El perfil demográfico del mundo islámico, de 57 países de más de mil 800 millones de feligreses y, por reducción, del mundo árabe, de 22 países (sin contar a los saharauis) de 377 millones –que naufragan en su invierno seudorrevolucionario–, es similar al de México: 50 por ciento de la población eminentemente juvenil es menor de 24 años.

Para los estrategas chinos la primavera árabe –similar al levantamiento juvenil de Hong Kong estimulado por National Endowment for Democracy (NED) y la CIA– fue un artefacto de EU para propiciar cambios de regímenes que avancen su agenda geopolítica.

Yemen cuenta con 26 millones de habitantes (http://goo.gl/4bzpA1) cuyo 62 por ciento (¡supersic!) es menor de 24 años (de 0-14 años: 41 por ciento y de 15-24 años: 21 por ciento) y constituye un país disfuncional con uno de los peores PIB per cápita del planeta –mil 418 dólares: rankingnúmero 187 de 228 países–, cuyos adolescentes carecen de futuro: verdaderos muertos vivientes que no tienen ya nada más que perder y se refugian en una adulterada interpretación de su muy respetable religión y son fácilmente reclutados por Al Qaeda y/o sus afines servicios occidentales de espionaje (http://goo.gl/pIrXVJ).

El choque de las civilizaciones de la dupla Lewis/Huntington desemboca ineluctablemente en más tragedias y no se vislumbra cómo pueda aniquilar a mil 800 millones de musulmanes, en su mayoría juveniles, de la faz de la Tierra.

Tampoco se puede eludir que Occidente practica con cierta frecuencia los operativos de falsa bandera ( false flag), como el atentado de Bombay de 2008, que luego resultó imputable a los servicios secretos israelíes (http://goo.gl/iaTJWe), lo cual ridiculizó a los zelotes turiferarios del Mossad y avaló mi hipótesis primaria (http://goo.gl/67Z0JW).

En medio del dolor y del choque emocional que sufre la población francesa –lo cual favorece el ascenso de Marine Le Pen, del Frente Nacional, que ya se instaló en el año 732 de Poitiers con el legendario estadista franco Charles Martel– no es el momento elegante, políticamente incorrecto, para explotar los perturbadores agujeros negros desinformativos sobre los atentados de Al Qaeda en suelo galo.

Immanuel Kant, uno de los máximos filósofos de Occidente de todos los tiempos, catalogaba al Islam en el siglo XVIII –cuando no estaba en el horizonte el choque de civilizaciones– como la religión de la tolerancia.

¿Sufrió el Islam en el lapso de tres siglos una lamentable transmogrificación o fue el mismo Occidente que la padece por su insaciable expoliación geopolítica?

Esta es la pregunta que deben responder quienes anhelan el diálogo de las civilizaciones y su coexistencia universal.

Don Alfredo Jalife-Rahme
Por Don Alfredo Jalife-Rahme

Con información de La Jornada

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Al Qaeda,un negocio millonario

falsa_yihad

Experta en conflictos de África, visita Ceuta para presentar su libro ‘La falsa yihad. El negocio del narcotráfico en el Sahel’.

Escuchar al otro lado del hilo telefónico a Beatriz Mesa, periodista experta en cubrir conflictos desgarradores para el entendimiento y el alma humana, es recibir la voz de la valentía, la experiencia, la sabiduría: una crónica, un relato, una noticia a través de un mismo sonido y de infinitas imágenes.

–¿Cómo define usted Al Qaeda?

–Es una investigación que no está acabada. Al Qaeda en el mundo islámico ha utilizado la yihad como ideología para constituirse como una estructura del terror, no solamente en la zona de África en el Sahel sino también de cara a Occidente. La defino como un grupo que empezó siendo terrorista pero que se convierte en un grupo formado por criminales que forman parte de toda una estructura de economía criminal o crimen organizado, un grupo de pseudoterroristas que actúa para controlar toda una zona e imponer su propia hegemonía política y para ello necesitan controlar los tráficos ilícitos que viene a ser el corazón de mi tesis.

–¿De cuantas personas se compone la cúpula de Al Qaeda y qué número de seguidores tiene?

–Nadie puede conocer el número exacto. Pero a través de contactos y fuentes, más o menos considero que la cifra supera los tres mil islamistas. De hecho, ya en 2010 los primeros datos que yo tenía en mis manos decían que eran más de mil integrantes de Al Qaeda los que estaban trabajando en el norte de Mali. Desde entonces la cifra no ha hecho más que crecer con la particularidad de que se han diseminado en distintos grupos: Aqmi o Muyao son un ejemplo.

–¿Detrás de Al Qaeda qué hay: narcotráfico, dinero, interés sólo material…?

–Hay muchísimo dinero. Hay muchos tráficos, sobre todo de droga. Cuando hablamos de droga en Mali hablamos de que el estado está implicado y de que ha colaborado con Al Qaeda. Por tanto, se puede afirmar que si Al Qaeda se logra constituir como organización terrorista es porque ha habido unos poderes políticos que lo han permitido y se han beneficiado directamente de esta estructura. Entre todos han sacado provecho de ese crimen organizado que se llama cocaína, heroína, hachís, tráfico de armas y de personas. Mali es un país corrompido, es la gran mancha.

–¿Si Mali es la gran mancha podemos afirmar que la (mala) utilización de la religión es la gran mentira?

–Sin duda. La ideología es a la vez un instrumento político que sirve para reclutar a jóvenes miserables tanto de Marruecos como de Senegal, Nigeria, Burkina Faso o Argelia. A través de la religión han conseguido reclutar a miles de jóvenes sin horizonte y sin que sus países le puedan o le hayan garantizado una seguridad de futuro. Pongo un ejemplo: si a un joven de Tombuctú estas organizaciones terroristas le ofrecen agua, medicinas, dinero, un vehículo ‘4 por 4’ evidentemente que para ellos la yihad representa el lujo. Hay otro asunto interesante al respecto y es el hecho de que el yihadista que viene de Mauritania, de Marruecos, de Túnez piensa que hay una causa política por la que luchar y a la vista está, en nuestro propio país: en Melilla se acaba de desmantelar una organización de siete personas que utilizaban el componente religioso para reclutar a jóvenes y enviarlos a pelear contra los impíos.



–Y entremedio se encuentra el infinito daño que se le ha hecho a la religión, a los que verdaderamente se mueven por Allâh.

–Así es. Como analista del mundo árabe musulmán palpo el terrible y atroz daño que se le está haciendo a toda la comunidad musulmana en el mundo porque precisamente al atentar en el nombre de Allâh estás estigmatizando una religión de paz, de amor, de luz, que es mucho más allá que esa interpretación burda que se hace del texto religioso. Se machaca de esta manera a toda la comunidad musulmana que no tiene nada que ver con los extremismos y con lo que vemos en Mali, Afganistán o en países de Arabia Saudí, que es un aliado de Estados Unidos y a la vez un exportador de terrorismo porque está propagando una ideología perversa como el ‘wahabismo’. Quiero ser categórica para concluir mi respesta a su pregunta: nada tiene que ver el Islam con las maniobras y operaciones de estos pseudoyihadistas; el Islam, como cualquier religión monoteísta, sólo transmite valores.

–¿Corren peligro Ceuta y Melilla?

–Ceuta y Melilla tienen una amenaza real con las organizaciones formadas por españoles musulmanes a sueldo de estas estructuras. Internet hace un daño muy grave a muchos jóvenes que ven que hay una salida importante con la yihad y sobre todo porque advierten una causa por la que luchar: si no tengo nada que hacer en mi barrio, ¿por qué no me voy a sumar a esas filas donde se está trabajando a favor de la islamización del mundo? Ceuta y Melilla para estos yihadistas son tierras expoliadas por impíos. Ambas, y Al Andalus, están presente en el discurso yihadista.

–¿Qué papel han de jugar los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Occiente y los servicios de inteligencia ante el auge de este mal?

–Estamos ante un reto. Necesitamos unos servicios de inteligencia, que los tenemos, más preparados y que dominen el árabe para poder entender el discurso y la mentalidad yihadista. Para afrontar la amenaza hay que intensificar la inteligencia con gente preparada porque ellos están en las redes. Hay que saber dibujar la tipología, saber dónde está la amenaza, no mezclar conceptos.

–¿Siente miedo por su vida?

–Trabajar en estos temas es poner en peligro tu seguridad. No quiero victimizar de todas maneras mi situación, soy periodista que cubre zonas de conflictos y esto lo tengo muy asumido. En 2009 salí de Mali de milagro pero…

Con información de Faro

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Adnan Al-Hamdi – Un yemení preso en Guantánamo

Preso en Guantánamo
Preso en Guantánamo

… En Guantánamo, el tema de su discusión aquella noche era un yemení de diecinueve años, Adnan Al-Hamdi, el proyecto preferido de Falk, aunque sólo fuese porque no hablaba con nadie más. Adnan había sido capturado en Afganistán hacía casi dos años en una escaramuza al oeste de Jalalabad. Él y otros sesenta yihadistas inadaptados de Pakistán, Chechenia y los Estados del Golfo habían sido capturados por los combatientes tayikos de la Alianza del Norte, tras la precipitada retirada de los talibanes hacia el sur. Pasaron seis semanas pudriéndose en una cárcel provincial hasta que los estadounidenses los descubrieron. Adnan atrajo especial interés, sobre todo porque un compañero de viaje, un viejo paquistaní excitable, juró que Adnan era un cabecilla. Y él, con sus respuestas monosilábicas habituales, no se esforzó en confirmarlo o negarlo, así que cayó en la red, uniéndose a una de las primeras hornadas de importaciones a Guantánamo. Llegó con los ojos vendados y vestido con un mono en el vientre de un avión de carga estruendoso, en la época en que el centro de detención era una instalación rudimentaria de jaulas para simios llamado Campo Rayos X.

Cuando llegó Falk más de un año después, los loqueros residentes de Gitmo (el equipo asesor de especialistas en comportamiento llamado Biscuit) habían dado a Adnan por una causa perdida. No hablaba y tiraba regularmente sus heces a los guardias, a veces después de mezclarla con pasta de dientes y puré de patatas.

Así que se lo endosaron a Falk, cuya especialidad lingüística era precisamente el dialecto de Sana, la ciudad natal de Adnan, sólo porque había visitado el lugar cuando el FBI investigó la explosión del buque estadounidense Cole en el año 2000.

Falk emprendió la tarea de someter al joven con rumores y mentiras, historias adornadas con pinceladas coloristas que recordaba de las polvorientas callejuelas de Sana. Al poco tiempo, Adnan empezó a escuchar en vez de gritar o taparse los oídos con las manos, como solía hacer antes. Incluso hablaba de vez en cuando, aunque sólo fuese para corregir pequeños errores de interpretación de Falk. El progreso fue lento, pero Falk sabía por experiencia que la dificultad en una etapa tan temprana no significaba que no quedaran puntos vulnerables. A diferencia de la mayoría de los detenidos, Adnan ni siquiera podía dejarse crecer una barba completa, y a Falk le parecía casi conmovedor la pelusa de su mentón, como la florescencia desnutrida de un jardín abandonado.

Tal vez Falk reconociese en Adnan a otro solitario. Porque de hecho también él estaba solo en el mundo a sus treinta y tres años. No tenía esposa ni hijos ni perro, ni ninguna novia que le esperara en Washington. Figuraba como huérfano en el registro del personal del FBI, una conclusión deducida de una mentira que le había dicho hacía quince años al oficial de reclutamiento de la infantería de Marina de Bangor, Maine, por resentimiento y por el deseo del fugitivo de una ruptura total.

Y, debido a su actitud independiente y a su progreso con Adnan, había adquirido fama de tener el tacto preciso para los detenidos desorientados en los niveles bajo y medio del Campo Delta. Esto suponía que casi nunca echaba un vistazo a las pocas docenas de detenidos considerados las posesiones más preciadas de Gitmo: lo «peor de lo peor».

En su lugar, se reunía con ancianos solitarios y canosos, o con individuos perturbados de veintitantos años (albañiles, taxistas, zapateros y campesinos) que se habían alistado como soldados de infantería de la yihad, sujetos de dudoso valor informativo, a quienes los escépticos aludían a veces como «campesinos».

En el curso de aquellas sesiones, Falk descubrió las virtudes apaciguadoras de los alimentos (los dulces, sobre todo), y los había empleado con Adnan últimamente. Todavía la semana anterior, una porción de baclava chorreante había propiciado una prolongada discusión sobre técnicas de explosivos, y una descripción bastante buena de su instructor en el uso de armas, que coincidía con la de otro detenido que recordaba el nombre. Era de suponer que otros empleaban el mismo método en algún otro lugar.

Un psicólogo militar del equipo Biscuit definió la técnica de cambiar alimentos por información como «carne para los leones». En el caso concreto de Adnan, se parecía más a dulces y leche tras un largo día de escuela, un convite para serenar el alma y ponerse a hacer los deberes. Falk le había llevado incluso una vez un Happy Meal del McDonald’s de la base.

—Hoy mereces un descanso —le dijo, entregándole una caja de color rojo chillón.

La ironía publicitaria pasó volando sobre la cabeza de Adnan, pero el joven devoró agradecido la pequeña hamburguesa; la mostaza le caía por la comisura de los labios, agrietados por el sol, mientras masticaba.

—Trabaje con él —le dijo un funcionario visitante del Servicio de Información de la Defensa—. Conviértalo en un proyecto personal. Que no intervenga nadie más, y ya veremos cómo va.

Traducción: volverá a casa sólo cuando nos diga lo que sabe, y le corresponde a usted conseguirlo. Lo cual dejaba a Falk dueño del destino del joven, como si dijéramos. Así que aquella misma semana había decidido probar un nuevo curso de acción: despertaría a Adnan de madrugada (una técnica que al Pentágono le gustaba llamar «ajuste del sueño»), con la esperanza de conectar con un flujo de conciencia distinto del diurno.

Falk había llegado a la verja de entrada al Campo Delta a las 2:20. Un policía militar hosco y aburrido verificó su documento de identidad en la lista de visitas programadas y abrió la verja de la primera entrada. Estas operaciones nunca requerían intercambio de nombres. Los interrogadores firmaban el registro con números. Los policías militares, por su parte, se cubrían los nombres con cinta adhesiva para impedir que sus nombres pasaran a una red oscura de Oriente Próximo que pudiera localizar a su familia algún día en Ypsilanti, Toledo o Skokie. Antes de abrir la siguiente puerta, el policía volvió a cerrar la anterior, y repitió la operación en otras dos. Con tanto ruido metálico, parecía que Falk estuviese entrando en un patio trasero suburbano, y daba la impresión de que el lugar fuese una perrera. Y olía como si lo fuera; apestaba a excrementos, a sudor y a desinfectante. Las duchas estaban estrictamente racionadas y no había aire acondicionado que contrarrestara el calor cubano, y cada bloque de celdas hedía como un vestuario que necesitara una buena limpieza.

El lugar podía ser ingobernable de día. Los prisioneros no siempre aceptaban el castigo por las buenas, sobre todo cuando los trasladaban de sitio. Había refriegas, huelgas de hambre y griteríos. Cuando alguien se pasaba de la raya, los guardias recurrían a su versión de ataque aéreo: una fuerza de reacción inicial o IRF. Era una especie de fila de la conga de combate de cinco guardias con cascos, gruesas protecciones, guantes de cuero negro, sprays paralizantes y escudos antidisturbios. Cuando entraban en acción, golpeando rítmicamente las botas en el suelo, los prisioneros contestaban gritando todos a una: Allahu Akbar! (¡Dios es grande!).

Pese a lo mucho que se habla de que Delta es una especie de torre de Babel con sus diecinueve idiomas, las lenguas mayoritarias eran el árabe y el pashto, y quienes llevaban la batuta eran los árabes, que adoptaban un aire despectivo con los adustos pashtunes de las montañas afganas y paquistaníes. Una actitud extrañamente acorde con la de los interrogadores y psicólogos, que consideraban campesinos a casi todos los pashtunes.

Algunos prisioneros árabes se habían convertido en predicadores carcelarios y podían silenciar todos los bloques de celdas con sus sermones, invocando la cólera divina con encendidos versículos coránicos. Eso desquiciaba a los policías militares, aunque Falk encontraba las exhibiciones curiosamente entretenidas, tal vez porque le recordaban a las emisiones radiofónicas de los domingos por la mañana de su infancia, fúnebres advertencias de muerte y condenación entre las interferencias y zumbidos del dial de amplitud modulada.Falk se inscribió para ver a Adnan y luego repasó las notas que había tomado mientras esperaba en una de las ocho cabinas de interrogación idénticas. Su lugar de trabajo no era gran cosa: poco más de 3,5 m2, suelo de linóleo blanco, paneles gris claro y luz fluorescente. Sin ventanas, sólo un espejo-ventana en una de las paredes, que daba a la sala de observación, casi siempre vacía. No había adornos, aunque el ejército había colocado hacía poco carteles de una madre árabe afligida con una leyenda que decía cuánto deseaba que su hijo volviera a casa. Los habían colocado en la pared frente al detenido, y el mensaje implícito era: «El deseo de la madre se cumplirá si hablas». Falk ya se había ganado una reprimenda por quitar uno antes de su última sesión con Adnan. Volvió a hacer lo mismo ahora, lo enrolló bien y lo dejó al lado de la puerta.

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Siria – Crímenes y horrores

Comandante rebelde,antropófago y suní Khalid al Hamad
Comandante rebelde,antropófago y suní Khalid al Hamad

 

Siria: Un vídeo colgado en Internet muestra a un comandante rebelde sirio comer el corazón y el hígado de su enemigo. Las imágenes son escalofriantes pero no por el único motivo de valorar la fría y brutal escena, sino por lo que implica para el descrédito de los rebeldes a nivel internacional. Ninguna guerra es parecida a otra pero todas contienen un mismo estribillo: el horror. En su nombre se puede perseguir una meta digna, necesaria y vital; defender un ideal o bien, al revés, ir en su contra y luchar por una causa egoísta y particular. Pero en el proceso, lo que sí se hace indistintamente es desatar la fiera que llevamos dentro. La piedad no gana guerras ni batallas. No descubrimos nada nuevo. Quien gana una contienda es aquel que cuenta con soldados dispuestos a llegar hasta el final y, por supuesto, cuenta con el material de guerra más moderno. El acto de matar comporta una acción descarnada que, en condiciones normales, nunca estamos del todo preparados para encarar, y sus secuelas psicológicas son, indudablemente, tremendas y duraderas (los traumas). Pero hay quienes se regodean en ello porque tienen un instinto asesino y encuentran en este marco su lugar. La guerra ha sido el más desgarrador escenario que ha hecho de la Historia lo que es.

Durante siglos siempre se ha pretendido establecer unas reglas en el campo de batalla, incluso, se acordaba dónde y cuándo se iba a desarrollar la encarnizada liza. Respetar al enemigo vencido que huye, luchar con honor, siguiendo una serie de protocolos y gestos caballerescos no escritos, hasta la Convención de Ginebra, que hacían de la guerra un arte singular, entre heroico y salvaje. Sin embargo, todo esto conforma parte de un mundo imaginado, el de la literatura épica y el cine, no real, la mayoría de las veces, ya que no plasma la suciedad, fiereza e inhumanidad de la misma, hasta que solo uno de los contendientes queda en pie. Aún, cuando hemos vivido tanto y la humanidad ha padecido crímenes inenarrables, el hecho de que nos conmocionemos por la violencia del siglo XXI es buena señal, en parte, porque eso permite indicarnos que no hemos perdido nuestra sensibilidad, pero, por otra, que todavía la guerra es un mal para dirimir nuestras diferencias del que, lamentablemente, no podemos sustraernos. Y es lo que es; tiene un fin concreto, no gana el bueno ni pierde el malo. Y, a veces, la delgada línea que separa a unos y otros es demasiado fina, casi invisible, aunque busquemos la coartada para apoyar a quienes consideramos que están combatiendo por una causa noble y justa. Aun con ello, eso no evita que se transgredan los derechos humanos como ocurrió en Irak por parte de tropas americanas y británicas.

La violencia nos transforma (y nunca para bien). Esto es lo que está acaeciendo en Siria, como ya sucediera en Libia previamente, y otros lugares. Aunque la primavera árabe ha traído consigo el despertar de las sociedades en estos países frente a sus gobiernos autocráticos, eso no significa que tras ello aparezca una ola de democracia y libertades, y ya está. Aún, en los países árabes el lento proceso histórico no ha hecho que el debate entre Estado y religión se haya dado. El integrismo, por un lado, se ha convertido en una alargada sombra, un integrismo que cobra su fuerza en la miseria, el apego a una cultura tradicional y a las enormes desigualdades sociales existentes. Ahora bien, y volviendo al vídeo en el que el comandante suní Khalid al Hamad se regodea con su acción instando a sus simpatizantes a comerse las partes vitales de sus enemigos alauís, no deja la menor duda sobre los rasgos de algunos de los miembros que están combatiendo entre las filas rebeldes. La Cruz Roja recordaba que mutilar cuerpos está condenado como crimen de guerra. Llevan dos años de confrontación y teniendo en cuenta que no hay frentes, y se han ido incorporando más y más una masa crítica de sirios y de otros países, este conflicto se ha convertido en una confrontación sin reglas ni piedad. El problema es que este suceso incrementa la desconfianza de Occidente a la hora de ayudar a los rebeldes en sus propósitos. Nadie quiere un segundo Afganistán. Siria es hoy un campo de batalla en el que pugnan distintas fuerzas, no solo existen dos bandos, gobierno y rebeldes, sino muchos otros que buscan su dominio del país. El Asad ha hecho posible lo que hasta hace dos años nadie pensaba que ocurriría, la atomización de una sociedad hasta ese momento estable.

La Coalición Siria, rápidamente, ha condenado el hecho, defendiendo la dignidad del Ejército de Liberación Sirio, pero el daño está hecho, porque refleja que hay grupos, como los que lidera este comandante, que están fuera de control, y operan al margen de la dignidad humana. A esto se suma la penetración de Al-Qaeda entre las filas rebeldes con el Frente de Al Nusra, y eso condiciona mucho la posición de los países occidentales. Es su línea roja.

En Siria hay también un elemento más profundo que no podemos pasar de largo señalar. No solo está en juego la estabilidad de la región sino la importancia que está cobrando el Islam y las minorías religiosas. Se ha podido comprobar que estos países artificiales creados en la etapa del colonialismo siguen sosteniendo una estructura tribal y social muy rígida y diferenciada, el modelo del Estado-nación no se puede aplicar a ellos. Esto derivará en problemas graves, si acaso, en el que estos países vivirán inestabilidades internas o una desestructuración territorial que puede derivar en nuevas conflagraciones. Pensemos en los kurdos de Irak o en las minorías alauís (chiíes) y suníes de Siria. Por desgracia, esta guerra lo está arrasando todo a su paso, 94.000 muertos, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, entre ellos 4.700 niños, pero también están sus secuelas, la muestra de la incapacidad de las sociedades humanas de resolver sus diferencias sin el uso de la fuerza. Es como si el tiempo se hubiese detenido. Cambian las armas con las que se mata pero no la sed de sangre, como diría la historiadora Joanna Bourke.

Por Igor Barrenetxea
Con información de La Opinión

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Jabhat al-Nusra y Al-Qaeda combatirán contra el régimen sirio

Rama de al Qaeda en Irak  ©Vanguardia
Rama de al Qaeda en Irak ©Vanguardia

 

La rama de al Qaeda en Irak anunció su fusión con la organización extremista Jabhat al-Nusra de Siria, acción que muestra el aumento de la confianza de los radicales dentro del movimiento rebelde sirio y que posiblemente renovará los temores dentro de quienes lo respaldan internacionalmente.

Un portal de internet vinculado a Jabhat Al-Nusra confirmó la fusión con el grupo Estado Islámico de Irak, cuyo líder Abu Bakr al-Baghdadi hizo el anuncio inicialmente en un mensaje de audio de 21 minutos difundido en portales extremistas.

Jabhat Al-Nusra ha desempeñado en el último año un papel cada vez mayor en el conflicto de Siria; ha librado combates cruciales y efectuado varios atentados de consideración con atacantes suicidas. Estados Unidos considera a este grupo una organización terrorista.

El grupo sirio no ha ocultado sus vínculos ideológicos con el movimiento yihadista global y sus vínculos al otro lado de la frontera iraquí, aunque hasta el momento no se ha declarado oficialmente que forme parte de al Qaeda.

Al-Baghdadi dijo que su grupo -el Estado islámico de Irak- y Jabhat al-Nusra de Siria serán conocidos como el Estado Islámico de Irak y Sham. Sham es un nombre para referirse a Siria y la región circundante.

«Llegó la hora de anunciar al pueblo levantino (sirio) y a todo el mundo que Jabhat al-Nusra es meramente una extensión y parte del Estado Islámico de Irak», afirmó.

Añadió que el grupo iraquí ha aportado la mitad de su presupuesto al conflicto en Siria. Al-Baghdadi señaló que el grupo sirio no tendrá un dirigente separado sino que en su lugar lo encabezará el «pueblo mismo de Siria», referencia a que él podría estar al mando en ambos países.

Que un grupo rebelde sirio de importancia se una formalmente a al Qaeda quizá suscitará preocupaciones entre quienes respaldan a la oposición y que se encuentran en la mira de la red terrorista global, como países occidentales y estados árabes del golfo.

La fusión podría incrementar el resentimiento hacia Jabhat al-Nusra entre otros grupos rebeldes. La insurgencia hasta ahora ha respetado a los combatientes de Nusra por su eficacia en el campo de batalla pero una fusión con al Qaeda complicará los esfuerzos para enviarles armas desde el exterior.

Con información de Vanguardia y El Universal

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