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Kuwait y el trueque de sangre por petróleo

Saddam Hussein ordenó a las tropas iraquíes en retirada que incendiasen los campos de petróleo kuwaitíes, aunque para entonces las posibilidades de victoria eran nulas.

La complicidad de Occidente en los conflictos de Oriente Medio y su codicia por el petróleo.

La controversia de «sangre por petróleo» en Kuwait es un síntoma de la historia cada vez más sucia de la connivencia de Occidente en los acontecimientos geopolíticos que tienen lugar en Oriente Medio. Se ha afirmado que Estados Unidos juega con las vidas de cientos de miles de personas para asegurarse un suministro barato y abundante
de petróleo.


La teoría de la conspiración

Kuwait es un país enclavado en lo que antiguamente se denominaba la península Persa y que en 1899 fue declarado Estado independiente por el protectorado británico de esa región. En términos geográficos, esta decisión significó bloquear el acceso al golfo Pérsico del vecino Irak, con un «emirato» amigo de los británicos, un hecho que tendría consecuencias políticas desastrosas cuando la región comenzó a explotar sus campos de petróleo. Y fundamentalmente dio origen a una feroz enemistad entre Kuwait e Irak que, un siglo más tarde, culminaría en una guerra abierta.

Los teóricos de la conspiración sostienen que Estados Unidos hacía que ambos países se enfrentasen para así mantener su suministro de petróleo. Afirman, además, que la desastrosa lectura hecha por los estadounidenses, y no por primera vez, de las condiciones políticas imperantes en la región fue lo que permitió que se incrementase la tensión entre un empobrecido Irak y un Kuwait que nadaba en petróleo y que, en 1990, provocaría la invasión de Kuwait por parte de
las fuerzas de Saddam Hussein.

Peor fue, sin embargo, que la manipulación que de la situación hizo Estados Unidos inspiró directamente a Saddam, responsable de las horrendas masacres cometidas en las comunidades kurdas asentadas en el norte de Irak, para que invadiese territorio kuwaití. Un levantamiento popular de los iraquíes contra la tiranía de Saddam no recibió ninguna ayuda de Estados Unidos ni otro país occidental, con consecuencias desastrosas para el pueblo que había protagonizado la sublevación.

Las pruebas

El hecho que aparentemente inclinó la balanza en la disputa Kuwait- Irak fue un exceso en la producción de petróleo kuwaití, lo que provocó una reducción en el precio del barril en los mercados de todo el mundo. Esta situación contribuyó a empobrecer aún más la economía iraquí, que, como ya ha sido establecido, había sido esquilmada por la familia de Hussein y sus secuaces. Se ha afirmado que en 1990, diez días antes de que Hussein decidiera invadir Kuwait, el Departamento de Estado norteamericano seguía asegurando al dictador iraquí que Estados Unidos no tenía ningún interés militar en defender Kuwait, lo que suponía virtualmente una invitación a invadir el emirato.

Al mismo tiempo, los diplomáticos estadounidenses advertían a los saudíes que Irak estaba planeando invadir Arabia Saudí y congregaba cientos de miles de soldados en sus fronteras.

Algunos periodistas, sin embargo, se mostraban suspicaces ante esta afirmación; el gobierno de Estados Unidos se negó a transmitir o siquiera mostrar imágenes obtenidas por satélite que, supuestamente, revelaban la presencia de fuerzas iraquíes estacionadas en la frontera.

Unos periodistas del St. Petersburg Times adquirieron imágenes comerciales tomadas por satélite en las que no había prueba alguna de movimientos de tropas, e incluso la red nacional de noticias ABC comenzó a poner en cuestión las declaraciones del gobierno de Estados Unidos. No obstante, el gobierno saudí permitió que alrededor de medio millón de soldados estadounidenses entrasen en su territorio, estableciendo una primera y vital cabeza de puente en Oriente Medio. En 1991 se iniciaron los bombardeos sobre Bagdad. Se calcula que alrededor de doscientos mil civiles murieron como consecuencia de la invasión.


El veredicto

El petróleo es una de las mercancías de la trilogía profana —junto con las drogas y las armas— que aparece una y otra vez en muchas de las teorías de la conspiración que involucran a Estados Unidos y a países del Tercer Mundo con acceso a o interés en esas mercancías.

No hay ninguna duda de que Saddam Hussein y sus hijos eran unos criminales y unos monstruos, y que su partido, el Baas, participó en el saqueo de la economía iraquí. Existen también pruebas filmadas de los espantosos ataques con gas mostaza contra la población kurda en el norte del país. En la otra cara de la moneda, sin embargo, se encuentra el hecho de que el alzamiento popular de 1991 fue fatalmente traicionado por los políticos y militares occidentales, que dejaron que los iraquíes se valiesen por sí mismos cuando Hussein inició sus terribles represalias. Peor aún, los países occidentales permitieron que Saddam aterrorizara, torturara y asesinara a su propio pueblo durante la década siguiente.

Este hecho alimenta las afirmaciones de los teóricos de la conspiración de que, durante este período, había otra agenda funcionando en Oriente Medio. Existe cierto cinismo en la renuencia de Estados Unidos a apoyar el alzamiento popular contra Hussein en 1991, cuando más tarde comprometió miles de millones de dólares en la segunda invasión de Irak después de los ataques del 11-S.

No existe ninguna prueba de una conexión entre Saddam Hussein y Osama bin Laden, aunque sí existen sobradas evidencias de un vínculo entre la familia Bush y la Casa de Saud. La mayoría de los terroristas que actuaron el 11-S en Estados Unidos eran saudíes, un hecho omitido por la administración Bush. El movimiento de tropas estadounidenses a territorio de Arabia Saudí habría beneficiado a ambas partes antes de la invasión de Irak. Considerando su insaciable sed de petróleo, Estados Unidos se beneficiaría inmensamente de sus estratagemas geopolíticas en Oriente Medio. El hecho de que fuese sorprendido mintiendo a los saudíes acerca de la «amenaza» iraquí apunta a cierta deshonestidad en esta aventura.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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Franklin Delano Roosevelt y el “matrimonio” con la casa de Saud

Franklin Delano Roosevelt y el rey Abdulaziz


El presidente Franklin D. Roosevelt hizo un trato secreto con Arabia Saudí en relación al petróleo.

En 1933, Estados Unidos estableció relaciones diplomáticas formales con Arabia Saudí, apenas un año después de que el reino fuese fundado por su gobernante, el rey Abdul Aziz. La conexión quizá no se hizo por razones totalmente inocentes, ya que en esa región se habían descubierto importantes reservas de petróleo.

El reino saudí firmó un acuerdo con la Standard Oil de California aquel mismo año, esperando que la compañía estadounidense descubriese la misma riqueza petrolífera que había sido encontrada en el vecino Irak unos años antes. En 1938, Estados Unidos envió varios equipos de científicos al reino saudí con el propósito manifiesto de ayudar a ese país desértico a encontrar un recurso básico: agua. Estos equipos, en cambio, descubrieron enormes yacimientos de petróleo.


Aunque el reino mostraba una gran reticencia a la presencia de extranjeros en su territorio, la familia real negociaba una serie de acuerdos con proveedores de petróleo estadounidense a través de su compañía nacional, Aramco.

Una vez concluida la segunda guerra mundial, Estados Unidos inició conversaciones con los países productores de petróleo de Oriente Medio en un intento de asegurar un suministro regular del llamado oro negro. Se dice que en 1945 Franklin Delano Roosevelt y el rey Abdul Aziz se reunieron en secreto en un barco amarrado en el canal de Suez para sellar un acuerdo por el cual, a cambio de un suministro regular de petróleo, Estados Unidos proveería al país árabe de seguridad militar, entrenamiento y armas.

La amistad continúa hasta hoy, y ello ayuda a explicar los estrechos lazos que mantuvo George W. Bush con la Casa de Saud, y también la curiosa reticencia de Estados Unidos a reconocer el hecho de que la mayoría de los terroristas que intervinieron en los ataques del 11-S eran, de hecho, saudíes.

Con información de Conspiracy Encyclopedia


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La llovizna – Huda al-Daghfag

Sana Helwâ Ummi

La llovizna

En la primera página
arrojo el vacío
para tenderme en sus entrañas.
En la página siguiente
me refugio con un temblor
que son mis letras.
Temo que me afecte su vacío tan sugerente
y me envuelva hasta erigirse en azotea que me abruma.
Lloro sobre sus confines.
Su fe se fortalece
y decide abrazar mi rebeldía.
A lo lejos se agranda
y yo me empequeñezco
en el umbral de su amor.
Amo su condición de madre,
amo la escritura
y me amo,
igual que
A
M
O
Todo lo que en mí tiene temblor.

Huda al-Daghfag


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