Abu Ya’Far ibn Sa’id: un poeta granadino del siglo XII

A la Granada Almohade de la segunda mitad del siglo XII, recién conquistada a los Almorávides y último bastión importante de éstos en la Península, envía el califa ‘Abd al-Mu’min como gobernador a uno de sus hijos: el sayyid Abü Sa’Id ‘Ulman ibn ‘Abd alMu’min’. 1

Este joven príncipe, veterano ya, pese a su temprana edad, de algunas arduas campañas militares, encuentra en Granada, lejos de la férrea tutela paterna, el Paraíso soñado por los Creyentes, allá en los polvorientos caminos del Atlas o en los áridos desiertos al Sur de Marrakech: una naturaleza pródiga en jardines y fuentes y un grato ambiente cultural creado por los últimos gobernadores almorávides, en el cual ya habían brillado, años atrás, poetas de la talla de al MajzümI, Nazhüo al-Qala’iyya o el cordobés lbn Quzman.



Con el trascurso de los años, el joven sayyid prefirió rodearse de hombres de letras, en especial de los poetas más famosos de su época, a muchos de los cuales supo retener a su lado de una u otra forma: ofreciéndoles cargos políticos o administrativos, otorgándoles privilegios, favores, o brindándoles una vida grata de placeres y diversiones, para lo cual procuró que el ambiente de su Corte fuese lo más atractivo posible a un poeta: torneos literarios, recitales poéticos, fiestas, cacerías, etc … donde, naturalmente, no solía faltar el vino.

De esta forma, fue creando en torno suyo una Corte literaria que en nada tuvo que envidiar a las de los Reinos de Taifas, en la que se dieron cita poetas y literatos tan conocidos como al-Rusafi, al-Kutandi, Ibn Nizar, Ibn Yubayr o al-Mawa’ini y, destacando en el centro de todos, por su categoría social, su cultura y sus dotes literarias, Abü Ya ‘far ibn Sa’id, uno de los más notables poetas hispanoárabes, que ha pasado a la historia de la literatura árabe sobre todo por sus relaciones amorosas con la poetisa granadina Hafsa bint al-Hayy al-Rakuniyya así como por el trágico final que tuvieron dichas relaciones. Estos amores desgraciados convirtieron a ambos en una de las parejas más famosas de la literatura andalusí, como Yamil y Butayna en Oriente o como Ibn Zaydun y Wallada en Occidente.

Pero los mismos acontecimientos que le llevaron a la fama como «amante inmortal», unido para siempre su nombre al de Hafsa, han hecho permanecer en la oscuridad el resto de la producción poética de Abu Ya’far.

Además de los versos que éste dedicó a su amante -muy pocos, por cierto, si se comparan con el resto de su obra-, Abu Ya’far es autor de un buen número de poemas, dispersos en las fuentes árabes y de los que no tengo noticias de que fuesen recogidos en un diwan 2. La razón de ello es probablemente que Abu Ya’far no era un poeta de oficio; fundamentalmente, y al menos en teoría, era un hombre de estado, un político destinado por su padre a ocupar cargos importantes en la administración: su destino había sido trazado desde su niñez y para él la poesía fue uno de los muchos placeres a los que se inclinaba su espíritu; más fuerte, por lo que veremos, que todos sus compromisos familiares y políticos.

Ésta es una de las causas por las que no cuidó de reunir sus poemas en un diwan. La otra razón sería, probablemente, su temprana muerte. Quizás si la vida de Abu Ya’far no hubiera sido truncada tan pronto y de una forma tan precipitada y violenta … , si hubiera alcanzado la edad madura a que llegaron la mayoría de los miembros de su familia, él mismo se habría encargado de reunir su producción poética, incrementada por los años, y, si no recogida en un diwan, habría sido al menos insertada en el Mugrib, la gran obra de la familia comenzada en su niñez, y en la que sin duda él habría colaborado activamente.



Pero no ocurrió así, la muerte vino a interrumpir su brillante carrera literaria en 1163 y los poemas que de él nos han llegado están dispersos en unas y otras fuentes literarias, que, a veces, se repiten, y, otras, nos llegan incompletas: Mugrib, Ihata y, sobre todo, el Nafh al-Tib, que, al ser posterior al resto de las fuentes que hablan sobre él, hace su autor, al-Maqqari, una recopilación de ellas y da una visión más amplia de las noticias y los versos del poeta. Pero, como toda obra antológica, es incompleta, e incluye únicamente lo que a su autor le pareció más importante reseñar.

Es por ello que el resto, lo que pudo suceder entre la composición de los poemas que nos han llegado, hay que imaginárselo e intentar rellenar las lagunas que aparecen en su vida haciendo uso de la imaginación, que es lo único que nos queda cuando falla la Historia.

Por Celia del Moral Molina


Notas:

  1. Sayyid (señor) es el título que dieron los Almohades a los príncipes descendientes de ‘Abd al-Mu’min. De este título, que pasó a la España cristiana, deriva el de Cid. Sobre el sayyid Abu Sa’id ‘Utman, cf. A. HUlCI MIRANDA, Historia Política del Imperio Almohade, Tetuán, 1956; IBN ABI ZAR, Rawd al-Qirtas, trad. de A. Huici Miranda, Valencia, 1964, II, 386-388,414-415.
  2. Es cierto que en la Ihata, (I, 215) dice lbn al-Jatib tomándolo de al-Mallahi: «wa-Iahu … si’r mudawwan», frase que repite de nuevo más adelante (p. 219) Y que, según creo, no deja de ser equívoca, tanto puede significar «recopilada» como «digna de ser reunida en un Diwan». En ningún otro sitio -hasta ahora- he visto confirmado que su poesía se hubiese recogido en un Diwan, antes o después de su muerte.

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Sion y la vieja historia de atacar y huir tratando de engañar al mundo

El día 11 de julio de 1998 (menos de un mes antes de las explosiones africanas), todos los corresponsales occidentales en Oriente Medio difundieron una noticia que el gobierno libanés confirmó, luego, oficialmente: había sido descubierta en Líbano una red de espionaje israelí, integrada por 77 ciudadanos libaneses, que tenía por objetivo principal destruir – por medio de un «atentado terrorista»– la embajada de Estados Unidos en Beirut. Luego, al igual que había sucedido en Buenos Aires unos años antes, se acusaría a Hezbollah de haber realizado el atentado. Un desertor del Ejército del Sur de Líbano desbarata la operación. Nada nuevo: terrorismo encubierto. Todos los estudiosos de la política exterior israelí conocen esa estrategia.

«Es la misma historia de siempre: atacar y huir tratando de engañar al mundo» (Livia Rokach, El terrorismo de Estado israelí: un análisis de los Diarios de Moshe Sharett en Israel´s Sacred Terrorism, Arab News, 8 de marzo de 1980. Anexo 3).

En este caso, para engañar al mundo luego del fracaso libanés, había que generar a un «culpable» creíble.



La primera tentativa se orientó hacia Irak. Aunque no sea un Estado islámico es, al menos, un Estado árabe. La «venganza de Sadam« sigue siendo una imagen convincente y terrorífica. Pocos meses antes, estando Netanyahu de visita en los EUA, no se pudieron concretar los bombardeos sobre Irak, poseedor de «armas de destrucción masiva« con capacidad «para destruir tres veces al planeta tierra».

Hasta ese punto se habían deteriorado las relaciones entre los gobiernos de Washington y de Tel Aviv. Pero ahora, dos días antes de las explosiones del África oriental, los inspectores de las Naciones Unidas se retiraron intempestivamente de Bagdad, luego de adoptar una postura insultante – claramente provocadora – para la dignidad de Irak.

Se dice que ese gobierno pretendía impedir la continuidad de las inspecciones (que ya casi habían terminado: obviamente no había armas de «destrucción masiva» en Irak). Ante el extraño hecho consumado el gobierno de Sadam se queda atónito: faltaba muy poco para finalizar la inspección que levantaría el embargo. No podían impedir las inspecciones porque los inspectores, simplemente, ya se habían marchado (afortunadamente existe una película difundida por la televisión iraquí que es absolutamente clarificadora sobre este episodio).

El segundo intento consistió en relacionar los atentados africanos con anteriores operaciones contra tropas norteamericanas de guarnición en Arabia Saudí: en los sagrados lugares. Para ello se inventa una organización inexistente: Frente Internacional Islámico para la Lucha contra Israel y los Cruzados. Hasta el nombre es ridículo e ilógico. Ridículo: porque intenta implicar forzadamente a Europa occidental [los «Cruzados»]; ilógico: porque no se comparecen los conceptos «internacional» e «islámico» [pertenecen a dos épocas distintas dentro del siglo XX: la comunista «internacional» y la poscomunista]. Personalmente no tengo dudas de que fue inventado por el propio Instituto para los Estudios de Contraterrorismo de Tel Aviv. Es esa institución la que difunde en Occidente la imagen de ese Frente Internacional Islámico y Anticruzada (una forma burda de implicar al cristianismo contra el Islam): «una organización que extiende sus tentáculos desde el desierto de Nubia, en África, hasta Afganistán».

Algunos grupos en Israel están particularmente interesados en señalar la naturaleza anónima e internacional del «nuevo terrorismo», dado que no hubo ni habrá reivindicación del atentado; lo que en teoría va contra toda lógica política:

«Está claro que el terrorismo internacional e indiscriminado no está muerto, pero, como un virus maligno, parece que ha pasado por un proceso de mutación. A las organizaciones terroristas ya no les interesa identificarse reivindicando la responsabilidad de sus crímenes… porque han vuelto a la sombra. Y al igual que los terroristas que cometieron el atentado por bomba contra la embajada de Israel en Buenos Aires, los que atentaron contra las embajadas USA en Africa se han convertido en (terroristas) indiscriminadamente internacionales…» (Jerusalem Post, 9 de agosto de 1998).



La guerra mundial contra el «terrorismo islámico» está servida:

«El rastrear a terroristas es ahora una prioridad internacional y los americanos merecen pleno apoyo y colaboración internacional en la caza (de los terroristas). Ciudadanos de prácticamente todos los países han sido asesinados por terroristas y quedan pocos países que hacen todavía concesiones por una motivación «ideológica» de estos crímenes. Por lo tanto, si se comparte el sufrimiento, la responsabilidad de atrapar a terroristas de cualquier índole debe compartirse doblemente» (JP, ibídem.)

La «conexión saudí» es señalada explícitamente por un periódico inglés de clara tendencia pro-israelí, The Independent. En su edición del 12 de agosto Robert Fisk escribe:

«La clave de la identidad y los motivos que inspiraron a las personas que atentaron contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salaam se encuentra en las profundidades de la nación que los estadounidenses consideran su principal aliado en el Golfo Pérsico: Arabia Saudí. El ataque… reflejó la furia creciente de miles de saudíes – incluidos algunos miembros de la familia real – contra la continua presencia militar y política de EUA en la tierra que alberga dos de los más importantes santuarios del islam: La Meca y Medina… No fue una casualidad que las bombas explotasen… coincidiendo con el octavo aniversario de la llegada de las primeras tropas de EE.UU. a Arabia Saudí, en 1990…»

El Jerusalem Post (JP), a su vez, recuerda el anterior atentado contra tropas norteamericanas realizado en territorio saudí:

«Las susceptibles autoridades saudíes, ante el temor que las investigaciones podrían revelar alguna conexión políticamente embarazosa con un Estado de la región, obstruyeron constantemente las investigaciones y negaron el acceso de oficiales USA a los sospechosos clave. Este comportamiento fue particularmente irritante, ya que los saudíes son aliados de los americanos y dependen en mucho de la protección americana contra amenazas regionales como desde Irak o Irán…» (JP, Ibídem).

La tercera hipótesis fue desarrollada por «analistas» argentinos al servicio del Estado judío, que quiere implicar a Irán a toda costa, en los atentados de Buenos Aires. Para estos cipayos los autores de los atentados africanos son miembros de

«… la internacional islamista, (que es el) ala dura del poder iraní que intenta por todos los medios ‘frenar’ el acercamiento a Occidente del nuevo presidente iraní (más) una combinación de varios actores en la que intervendrían algunos sectores disidentes del grupo chiita proiraní Hezbollah, teledirigido por Irán y Siria. El contexto interior iraní se hace obvio por la cruda batalla que libran en Teherán los renovadores de Jatamí y el ala conservadora fiel a los valores del Ayatolah Jomeini» (en Página 12, Buenos Aires, 10 de agosto de 1998).

Como de costumbre, se construye una gran imagen falsa a partir de algunos elementos ciertos. Como por ejemplo la disidencia de Hezbollah. Pero naturalmente no se aclara que el «grupo de Baalbek« no tiene ninguna capacidad de acción más allá del Valle de La Bekaa, en Líbano. De esa hipótesis, al parecer fecunda, se han derivado luego otras, como la que expone el Foreign Report de Londres, el 13 de agosto. Los «guardianes de la Revolución» iraníes habrían actuado en coordinación con las fuerzas del saudí Ussana Ben Laden, supuestamente exiliado nada menos que en el Afganistán talibán.



Conviene recordar que los talibanes, en su origen, fueron una creación de la CIA contra las tropas soviéticas que habían invadido Afganistán. Esto parece olvidarlo hoy en día la diplomacia rusa, que señala a Afganistán como el centro del «terrorismo islámico internacional». Pero ya sabemos cuál es la posición – hegemónica – que tienen los judíos en la Rusia pos-soviética. A través de los talibanes queda metido en la olla, donde se cocina este nauseabundo guiso de acusaciones, el Paquistán musulmán, flamante miembro del club atómico. Se hace difícil imaginar cómo los iraníes pueden negociar con elementos que mantienen secuestrados a 11 de sus diplomáticos en territorio afgano recientemente conquistado por las fuerzas talibanes.

Por otra parte los iraníes, al igual que antiguamente los soviéticos, siempre han denunciado la conexión norteamericana e israelí dentro de la alianza talibán-paquistaní.

Por N. Ceresole

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Edward Sa’id: No debemos demonizar al Islam ni al mundo árabe

«No debemos demonizar al Islam ni al mundo árabe… Se trata al Islam de una forma muy diferente que al cristianismo o al judaísmo. Años y años de prejuicios hacen que, por ejemplo, hablar de terrorismo judío nos deje indiferentes y que, sin embargo, sea habitual comparar a los musulmanes con el mal. Hay mucha pereza intelectual y mucha ignorancia en todo eso. Hemos aceptado como axioma las ideas de Samuel Huntington y el «choque entre las civilizaciones»… Huntington busca enemigos como sea porque se arrastra la necesidad ideológica de magnificar la superioridad de Occidente sobre el mundo».



Edward Said, al Corriere della Sera, de Milán, el 10 de agosto de 1998

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Alamut y los Castillos Persas

Ciudades y castillos en Persia conquistados o influenciados por asesinos (basados ​​en E. Burman)

El difícil terreno y la dureza del clima, junto con la costumbre de destruir los castillos una vez tomados, han contribuido a que los pocos de  ellos que sobrevivieron a los Asesinos no sean en la actualidad más que un montón de ruinas. Tal y como ha observado un historiador del Irán moderno:

«En su conjunto, las condiciones geográficas y climáticas de Irán producen un delicado equilibrio entre la subsistencia y su ausencia». 1

Cuando dejaban de existir las condiciones políticas y económicas que justificaban la existencia de una fortaleza o ciudad, también desaparecía la fortaleza o ciudad en cuestión, como si se tratara de artefactos surgidos en un momento de subsistencia. Esto puede aplicarse tanto a los lugares habitados por los Asesinos como a las ciudades que fundara Alejandro Magno, tales como Balkh, o Alejandría la Lejana, en el norte de Afganistán, o a las ruinas de las literalmente incontables ciudades que existieron en el desierto al sureste de Teherán, en la zona limítrofe entre Persia, Pakistán y Afganistán, donde las actuales condiciones áridas contradicen la gran fertilidad que existió en tiempos antiguos.



Además de la erosión natural producida por el viento, la arena, la lluvia, o la destrucción provocada por la actividad humana, debe tenerse en cuenta que los castillos de los Asesinos estuvieron situados en un terreno de gran sismicidad. Los estudios sobre la sismicidad histórica de la zona han demostrado la gran frecuencia con que los terremotos devastaban los asentamientos humanos, destruyendo características arquitectónicas de gran importancia.

No obstante, se dispone de menores pruebas al respecto en lo que se refiere a áreas remotas e inaccesibles, como es el caso de las montañas Alborz. Los restos existentes sugieren que la mayoría de los castillos experimentaron un considerable proceso de destrucción: en Samiran, por ejemplo, se observa con claridad el deslizamiento de partes importantes del castillo hacia el lecho del río, que corre al pie de una de sus laderas. Tales daños son típicos del desmoronamiento causado por los terremotos.

En un estudio sobre la sismicidad del centro y norte de Irán, N. N. Ambrasey ha proporcionado una información interesante sobre los posibles efectos de los daños causados por los terremotos, pertinente para el estudio de los castillos de los Asesinos. En la zona de Qazvin, que comprende aproximadamente Alamut (a unos cincuenta kilómetros en línea recta al noreste de Qazvin), y otros grandes castillos de los Asesinos, como Lammassar y Samiran, se registraron terremotos muy destructores en 1119 y 1176, épocas en que los Asesinos todavía residían allí. Pero de mucha mayor importancia fue el gran terremoto ocurrido el 14 de agosto de 1485, el cual:

…devastó los distritos de Eshkevar, Alamut, Talekan y el alto Shahsevar. Todas las casas y edificios públicos quedaron destruidos o gravemente dañados en una zona de 10.000 km2 y muchas personas resultaron muertas.» 2



Los informes contemporáneos aseguran que las sacudidas posteriores al terremoto principal duraron dos meses. En 1639 y 1808 hubo otros terremotos, además de los terremotos menores que muy probablemente no fueron registrados, los cuales contribuyeron a completar la destrucción, lo que explica que algunos castillos ya no existan más que en las crónicas. Incluso zonas tan importantes como Alamut sólo pudieron ser reconocidas gracias a lo que aún quedaba de ellas en el siglo XIX, y Lammassar sólo pudo ser reconocido convincentemente en 1962 por parte de Peter Willey. Se deben tener constantemente en cuenta estos problemas en cualquier discusión sobre los castillos de los Asesinos.

Por E. Burman


Notas:

  1. Avery, P., Modern Iran, Londres: Ernest Benn (1965), p. 6.
  2. Ambraseys, «Historical Seisrnicity», p. 56.

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Kishik: Un ingrediente infaltable en la cocina de Oriente Medio

Kishik

Kishek, keshek, kishik, kishk o keshk , sin importar cómo se deletree, el plato es el mismo. Un ingrediente infaltable en las preparaciones de la cocina libanesa especialmente en los fríos inviernos de las montañas.

Este alimento es muy común en Líbano, Siria, Palestina y Turquía.

El nombre «Kishik» se origina de la palabra persa «kashk«, refiriéndose a una mezcla de trigo y cebada molida. Se hace a partir de leche agria y salvado de «Burgol» (trigo triturado, con sus diferentes tipos: suave o grueso, blanco, oscuro entre otros). Se conoce en algunos países árabes como «Jamed«.

Es un polvo fino, una mezcla de trigo burgol que ha sido remojado y fermentado con yogur (laban). Este es definitivamente un alimento probiótico y puede ser la razón por la que se ha consumido tradicionalmente en invierno como yogur para ayudar a digerir las comidas de invierno más pesadas. Es un alimento básico de invierno en las montañas de Líbano; Las áreas y regiones circundantes tienen platos similares, algunos hechos con yogur seco convertido en polvo. Se come como un sabroso desayuno, almuerzo o cena. Es ideal para espesar sopas y potajes.



Kishik casero

Hay dos formas de preparar kishik casero y esta preparación varía según la región.

Una de las más conocidas por las mujeres de las montañas libanesas se realiza con el yogur desecado al sol hasta que se transforma en polvo. Se muele en mortero y se agrega de a poco trigo burgol finamente molido. Conservar en frascos en lugar seco. Puede agregarse sal.

La otra forma de prepararlo es agregando el trigo burgol a el laban extendiendo la pasta en un lienzo limpio. Dejar secar al sol y luego molerlo en mortero.

Modo de hacer el «Kishik»

La temporada de «Kishik» comienza en verano, cuando la producción de leche está en la cima y el sol está a pleno. El trigo molido empapado en leche o yogur durante casi una semana, y la fermentación se mantiene bajo control, añadiendo pequeñas cantidades de lácteos cada período. Después de que el trigo triturado absorba los productos lácteos y la fermentación alcance su grado adecuado, surge el producto pre-final, que es una masa comestible llamada «kichik akhdar«, luego se forman bolas y conservados en el aceite de oliva. Para llegar al «kishik«, la masa se extiende en sábanas blancas limpias en los techos de las aldeas. Una vez totalmente seco, el «Kishik» se desmenuza con las manos para obtener un polvo fino y blanquecino, una conserva más nutritiva para el invierno.



El éxito de la preparación de un buen Kishik depende por un lado del clima (éste debe ser muy seco y cálido). Es por esto que se prepara en verano para almacenarlo para el invierno. El otro secreto está ligado a la molienda. Para ello se debe contar con un buen mortero (por lo general hecho de piedra), ya que cuanto más fina la molienda más consistencia dará a las preparaciones y se sentirá más suave al paladar.

Kishe

Suele agregarse a un sin número de preparaciones para acentuar su sabor.

Algunos platos con «Kishik»

«Omaysheh«: plato ampliamente conocido en el área de Shouf y en las regiones de Hasbaya y Rachaya , Líbano. Está hecho de «Kishik» y burgol (trigo) fino, mezclado con agua tibia y luego combinado con aceite de oliva para suavizar la masa, y consumido con cebollas asadas.

«Kishik o khodra«:  (kishik con verduras) , típico de la región de Arsal, distrito de Baalbek / Hermel, se hace con el polvo del «kichik«, mezclado con agua fría para formar una masa suave a la que se añaden tomate picado , pepino, rábano, cebolla, menta y ajo picado y aceite de oliva.

«Kishik akhdar ma jaouz»:  (kechek verde con nueces) – este plato de kherbet Qanafar, distrito de Bakaa Oueste, consiste en difundir el «Kishik» en el plato y florido con nueces picadas, cebolla, menta y tomate. Su sabor picante combina perfectamente con las nueces.

«Kibe bi kishik» :  el famoso plato de kebbe con «Kichik«.




Sopa de Kishik

Sopa de Kishi

Ingredientes:

3 cucharadas mantequilla
6 dientes de ajo picados
½ lb. de carne molida, cordero o ternera
½ cucharadita sal o al gusto (algunos kishik pueden ser salados)
1 C de kishik seco
3 C de agua filtrada

Preparación :

  1. Derrita la mantequilla en una olla mediana.
  2. Agregue el ajo y saltee hasta que esté fragante, no lo deje dorar.
  3. Agregue la carne molida y rómpala con un tenedor mientras se cocina.
  4. Cuando la carne se dore, agregue el kishik seco y mezcle lo suficiente para que absorba todas las grasas (mantequilla y grasa de la carne), de la olla.
  5. A continuación, agregue lentamente agua mientras revuelve.
  6. Revuelva la sopa cada minuto más o menos para que no se pegue al sartén. Haga esto hasta que espese durante unos 10 minutos.
  7. Pruebe y añada más sal si la necesita.
  8. Esta mezcla se espesará a medida que se enfríe, se sirve mejor caliente con un lado del pan tradicional de algún tipo, o sobre arroz blanco,lentejas o garbanzos.

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Dabke Libanés – Una tradición que nace de la solidaridad

«En el ritmo, nuestras piernas siempre el compás marcan; en la unión, nuestras manos es que de hecho se unen; en el grupo, nuestros hombros es que después de todo se tocan; y en la voluntad, la realidad nunca se deforma; en la nostalgia, Que se forjan; en la vivencia, los opuestos es que se complementan; Tu y Yo, nosotros dos en un gesto; tú y yo, juntos con todo el resto; en la solidaridad es que los hombre se forman; y en nuestro baile es que la gente Transforma y se transforma».



Origen de una danza que nace de la solidaridad de un pueblo

Mucho se habló y se habla de la danza tradicional llamada «dabke«, que es un baile popular en Líbano, Siria, Jordania, Turquía, Palestina, Irak y norte de Arabia Saudí y que representa la herencia folclórica de estos países. Se practica a menudo en festivales y bodas, siendo que el grupo de dabke consiste en un equipo de más de diez personas.

El difunto músico libanés, Zaki Nassif, cuenta en una de sus entrevistas sobre la historia de la dabke libanés: «El Dabke tiene una historia interesante, probablemente debido al proceso de pavimentación de techos de tierra en las aldeas libanesas construidas con piedra. En esa época, la superficie estaba hecha de tierra y grava esparcida en un estrado de madera, donde estaba arriba el techo. Solían comprimir las superficies con las piernas, antes de la invención del rollo de piedra, que conocemos hace cuarenta o cincuenta años. Generalmente los hombres se daban las manos, hombros con hombros, y empezaban a girar, caminando en círculos. La tradición del dabke, según la creencia de los narradores, surgió de ese hábito”.



Solían decir palabras de orden para adquirir energía y fuerza en este trabajo: «al aouna, al aouna, al aouna», que en lenguaje siríaco significaba «ayuda»; y la letra D (dal) era la señal en siríaco que equivalía al artículo definido al (o, a, los, as). Así nació d + al aouana = ala dalouna, es decir, vamos todos en la ayuda, uno ayudando al otro, para que podamos concluir la superficie y hacer los techos de las casas.

Esta maraña de manos, hombros e impulsión formó una especie de sistema de ritmo y cuenta: uno, dos, tres, cuatro, cinco, (levanta la pierna) y golpean todos el pie en el suelo en el conteo del seis, cantando la música «ala dalouna». El resto es folclore, baile, grupos de hombres y mujeres. El dabke se ha convertido en la alegría del pueblo, la unión de todos, el encuentro de los opuestos. Y en Líbano todo comienza y termina en dabke.

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Los clanes de las montañas de Líbano

Pierre Gemayel con sus hijos Amin y Bashir

Líbano, el auténtico Líbano es, sobre todo, la montaña. Las ciudades del litoral, Beirut, Trípoli, Saida, Tiro, fueron añadidas al abrupto e histórico originario País de los Cedros. Es por esto que los poderosos clanes, las influyentes familias tradicionales cristianas drusas, siguen teniendo sus feudos en su cadena montañosa, ya sea en Metn, en Kesruan, en Bcharre, o en el Chuf.

Bukfaya es un hermoso pueblo en el que hay todavía casas de piedra con tejados a cuatro vertientes de tejas rojas. En una de sus antiguas casonas vive la familia de los Gemayel, una de las más prominentes familias políticas libanesas a la que pertenecía el joven Pierre Gemayel, asesinado ministro de Industria. Su abuelo, que tenía el mismo nombre de pila, fue el fundador del partido del Kataeb o Falange que en 1975 con los guerrilleros palestinos desencadenaron la larga guerra civil de quince años. Esta familia que ha dado dos presidentes a la república, Bechir, también asesinado en 1982, y Amin, padre de la víctima, ha encarnado una cierta idea de Líbano radical maronita.

El otro clan rival, también maronita, el de los Frangie, algunos de cuyos miembros siempre se han decantado hacia Siria, tiene otra hermosa población de la montaña, Zghorta, como base de su autoridad.



La tercera gran familia maronita influyente que contó con un presidente de la república, la familia Chamun, está arraigada en la bella localidad de la montaña, en Deir el Kamar, el Convento de la Luna, en la misma región del Chuf en la que domina el jefe druso Walsd Jumblat, otro de los perennes señores de la guerra de Líbano.

La historia del Líbano es una historia de sangre, de sangre vertida en las intestinas luchas de clanes y familias originarias de la montaña. En 1977, en el feudo de los Frangie, un grupo de milicianos capitaneados por Sami Geagea, llamado el Doctor, actual jefe de las Fuerzas libanesas, irrumpió en la mansión de Tony Frangie, asesinándole con su mujer y sus dos hijos. La vendetta de los milicianos falangistas quiso castigar al clan Frangie que se oponía a su política y mantenía muy buenas relaciones con el Jefe del Estado de Siria. Dos años después, en un balneario de la costa, las piscinas de Saframarina quedaron manchadas de sangre cuando los hombres de Bechir Gemayel, tío del ministro asesinado el martes en Beirut, quisieron eliminar una pequeña milicia cristiana rival, la de los Tigres, salvándose de milagro Dany Chamun y los suyos.

En 1982 tras la invasión israelí fue asesinado Bechir Gemayel en su cuartel general de Achrafie. Y diez años más tarde, en la bella localidad de Deir el Kamar, antigua capital del principado de Líbano, unos hombres armados que nunca pudieron ser identificados mataron a Dany Chamun, a su esposa y a sus dos hijos. Las venganzas, los ajustes de cuentas, los asesinatos forman parte de esta política de una guerra incesante de mil caras. Todos estos crímenes, todos los demás magnicidios cometidos en treinta y cinco años, han quedado totalmente impunes. Una guerra secreta yace siempre por debajo de los conflictos armados que brotan en la población.

Sami Geagea cuenta también con su propio feudo montañés en Becharre, donde nació el poeta Gibran Khalil Gibran, la localidad vecina de los Cedros, de los últimos y milenarios cedros, que aún quedan en Líbano, y del valle de la Kadicha donde se encuentran antiguos monasterios y conventos excavados en las rocas.

Sami Geagea y el general Michel Aoun, también cristiano maronita que ya se enzarzaron entre 1988 y 1989 en una escandalosa guerra civil, se enfrentan de nuevo políticamente, en este nuevo tiempo de amenazas e incertidumbres de Líbano. Aún apoya al Hizbullah en contra de los demás jefes de los clanes maronitas que se han alineado con el gobierno antisirio del musulmán suní Fuad Siniora.



El asesinato de Pierre Gemayel ha embarazado a estos partidos de la oposición que habían planeado, antes del crimen, manifestaciones callejeras en favor de su plan de constituir un gobierno de unidad nacional. Porque quieren evitar ahora cualquier movimiento popular que exponga a Líbano a desbordantes oleadas emocionales. Todos los dirigentes han codeado el asesinato y han exhortado a sus simpatizantes que mantengan la calma. La jornada de la Fiesta de la Independencia de Líbano fue decretada día de luto nacional.

Por La Vanguardia

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