Viaje a territorios usurpados por colonos sionistas en Palestina

Más de la mitad de los israelíes tiene automóvil. Un ochenta por ciento posee teléfono y todos ganan más de setecientos dólares al mes. En el caso de los árabes las diferencias resultan abismales: un diez por ciento tiene auto, y el salario -por el mismo trabajo- es de ciento setenta dólares en la franja de Gaza y de doscientos dólares si es en territorio de Israel.

-Esos son colonos -dice Celso señalando una camioneta, después se arrepiente- bah, colonos. Son conquistadores.



La mayoría de los partidos de derecha comenzaron a colonizar las tierras ocupadas a los palestinos en 1970, tres años después de la guerra. Las facilidades económicas y las líneas de crédito fueron tan estimulantes que muchos prefirieron dejar la ciudad y volver a empezar en los territorios.

Algunas de las villas de los colonos están cubiertas por alambre de púas. Y en general se ubican cerca del destacamento militar. Recién una semana más tarde veré esa escena patética: un grupo de jóvenes tomando sol en una pileta, a metros de un alambrado de seguridad, recostados con la boca abierta a la sed, como si nada existiera.

-Ahí se ve claro, mirá -señala Celso.
-¿Qué? -pregunto, mientras el sol se desmaya definitivamente
sobre la tierra.
-La línea verde. Mirá: hasta allá, donde se ven los árboles, la forestación, es israelí. Pasando, son territorios ocupados. Son aquellos color ceniza, ¿alcanzás a ver?

A los cuarenta y cinco minutos de viaje, un cartel afirma «Ramot Menashé 15». En el auto la radio insiste con una cortina musical.

-This is the voice of peace (esta es la Voz de la Paz). Es la única radio que transmite en inglés -el resto lo hace en hebreo- y está ubicada fuera del territorio continental.

La Voz de la Paz es un barco. Un locutor asegura que el día terminará nublado y que por la mañana bajará la temperatura. Otro agrega noticias: hubo disturbios en Ramallah, hay ocho árabes detenidos, entre ellos el presidente del Colegio de Abogados local. Ya han pasado tres meses de la guerra de las piedras. Los detenidos llegan a tres mil, y los muertos son más de ochenta.

El JeruSalem Post que compré en el aeropuerto asegura en su primera plana que poco puede esperarse de la visita de Shultz. El ministro israelí de Justicia -dice el diario en un recuadro- ha afirmado en Estados Unidos: «Los árabes son mentirosos de nacimiento».

En unos días será el primer ministro Itzhak Shamir quien viaje a Washington. Los norteamericanos regalan dos mil quinientos millones de dólares al año a Israel a modo de subsidio, y la colonia judía de Nueva York está preocupada por la imagen internacional del país. La preocupación se extiende a Henry Kissinger, pero por razones diversas: el New York Times acaba de publicar un memorándum confidencial en el que el ex secretario de Estado aconseja a Julius Berman, ex presidente de las Organizaciones Judías Norteamericanas. «Como primera medida -dice Kissinger- hay que sacar a la televisión, al estilo de Sudáfrica. Hay que terminar con los disturbios lo más rápido posible y en forma enérgica y brutal.»

Ayer, después de dos semanas de silencio, Kissinger habló para el Washington Post. No desmintió el contenido del memo, pero expresó su «indignación, esas noticias no tendrían que haber sido filtradas a la prensa».



No tengo una radio y, aunque la tuviera, no entendería una palabra. Leo Semana, un hebdomadario israelí que se edita en castellano: «El jefe del Comando Central ordenó la suspensión por dos meses del servicio activo de un soldado que mató a una joven palestina de 25 años en Al Ram, en las afueras de Jerusalén. La mujer murió cuando un grupo de soldados abrió fuego contra un grupo de jóvenes que apedreaba un vehículo del ejército(…)». El soldado habría perdido el control al verse separado de sus compañeros en las calles del pueblo, ya que había corrido en persecución de uno de los jóvenes que se metió en una casa vecina donde la víctima estaba tendiendo ropa. Algunas personas presentes afirmaron que logró atrapar al muchacho que había tirado las piedras y que fue durante el forcejeo con la mujer, que intervino para que lo dejara marchar, cuando la hirió mortalmente de un balazo en el pecho(…) Radio Israel anunció que «como gesto de buena voluntad las autoridades israelíes le permitirán a los familiares de la víctima, quedarse en el país, a pesar de que no tienen permiso oficial de residencia en la zona».

Por Jorge Lanata

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El género epistolar en la literatura árabe

El género epistolar en la literatura árabe aparece durante el Califato Omeya al mismo tiempo que surge la figura del katib (pl. kuttab), secretario privado, canciller, burócrata en definitiva, unido a la institución de los diferentes dawawin (ministerios,secretarías de estado), y encargado de redactar los documentos oficiales en nombre del emir, califa o rey de turno: órdenes, decretos, misivas diplomáticas… y naturalmente se busca para tal fin a personajes que dominen las artes de la escritura: redacción, caligrafía, conocimientos de retórica, gramática, literatura (poesía y prosa rimada), ciencias coránicas, etc. 1

¿Quién podía reunir todos estos conocimientos y destrezas en una época en la cual los árabes apenas habían tenido tiempo de abandonar la vida nómada del desierto y sus luchas tribales para instalarse en la corte y adaptarse al nuevo estilo de vida, a la vez que se lanzaban a la conquista del mundo, desconociendo en su inmensa mayoría las artes de la escritura?.



Por lo que sabemos, tanto los califas omeyas como más tarde los abbasíes tuvieron que echar mano en muchas ocasiones para este delicado menester de elementos no árabes, es decir, de origen mawlà: sirios, bizantinos, persas, de primera o segunda generación, expertos en la administración del estado y en la redacción de documentos oficiales, con excelentes conocimientos literarios, que se subieron al carro del poder convirtiéndose al Islam y aprendiendo la lengua árabe en sus fuentes más auténticas, entre las tribus beduinas.

No es de extrañar que, si se buscaba para tal fin a las personas que tenían un mejor conocimiento de las artes de la escritura, encontremos entre la emergente clase social de los kuttab a conocidos literatos, poetas famosos o autores de adab. Se va consolidando así lo que se ha llamado “prosa de los secretarios”, la literatura epistolar, ya que estos kuttab no sólo se dedicaban a la redacción de documentos oficiales, sino que en su tiempo libre y por su condición de literatos componían ingeniosas epístolas (risala, pl. rasa’il), en prosa rimada intercalada con frecuencia de versos, que enviaban a sus amigos y conocidos con diferentes motivos, es lo que en un principio se llamó ijwaniyyat, es decir, cartas, misivas dirigidas entre amigos, —de ahí el nombre: derivado de ijwan, plural de aj, hermano, amigo, en un sentido fraternal—.

Surge en la época abbasí toda una serie de tratados didácticos sobre la formación de los secretarios, recopilaciones de anécdotas relativas a ellos y directrices y consejos sobre cómo debe ser y comportarse el perfecto secretario 2.

Poco a poco, como es bien sabido, la risala va evolucionando dentro de la literatura árabe hacia temas más complejos que, por una parte, podríamos equiparar a lo que hoy conocemos como “ensayo”, donde el autor, fingiendo contestar a un amigo (a veces real, a veces imaginario), que le pregunta sobre un tema, escribe un pequeño tratado donde expresa sus opiniones o puntos de vista sobre temas candentes en su época (véanse como ejemplo representativo las Rasa’il de al-Yahiz. ).



Por otro lado, hay una corriente evolutiva hacia temas filosóficos, teológicos o espirituales que constituyen auténticas joyas de la literatura árabe, entre las cuales encontramos la Risalat al-gufran de al-Ma‘arri, de tema escatológico, las Rasa’il de los Ijwan al-safa’, en el terreno de la mística, la Risalat Hayy b. Yaqzan, de Ibn Tufayl, de contenido filosófico —que algunos consideran como precedente de la novela árabe, pero que técnicamente es una risala—, o el célebre Tawq al-hamama (El Collar de la Paloma), de Ibn Hazm, sobre los síntomas del amor y las teorías de la doctrina zahirí. Estos ejemplos trascienden su formula epistolar para convertirse en obras maestras del pensamiento árabe.

Por Celia del Moral


Notas:

1. Sobre la figura del katib, su formación y evolución a través de las distintas épocas, véase R. Sellheim-D. Sourdel. “Katib”. EI, vol. IV, pp. 785-787.
2. Véase una relación de estas obras en el citado artc. “Katib” de Sellheim-Sourdel, p. 787.


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La historia – Ibn Jaldun: al-Muqaddimah

«Has de saber que realmente la historia es el conocimiento de la persona como ser social, que es la base de la civilización»

(Ibn Jaldun: al-Muqaddimah)



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Luqman, el autor legendario del género de la fábula árabe

Luqman es el autor legendario que, para unos, es al antecedente más directo del género de la fábula árabe y, para otros, es un mito formado en la Edad Media a través de una serie de personajes preislámicos, alusiones coránicas, personajes bíblicos y la historia de Esopo, trasladada a la cultura árabe por medio de traducciones siriacas. Sea lo que fuere, lo cierto es que Luqman ha quedado en la tradición árabe como un personaje mitológico, sinónimo de sabiduría, longevidad y fabulista por excelencia. 1

La figura legendaria de Luqman se remonta a la Yahiliyya, la época preislámica, donde se hablaba de un personaje de nombre Luqman b. ‘Ad, desaparecido en los albores de la protohistoria de los árabes, cuyos valores principales eran la sabiduría y la longevidad. Numerosos poetas preislámicos lo citan aludiendo a su sabiduría, de donde nació un antiguo proverbio árabe, «Más sabio que Luqman», utilizado con frecuencia en los panegíricos.



En la antigua leyenda árabe, Luqman era famoso también por su longevidad (al-Mu’ammar, ‘el Macrobita’), siendo la longevidad, según la tradición islámica posterior, una recompensa a su piedad. También forma parte de su leyenda, y de la recompensa que Allâh le otorgó, el que viviría tanto tiempo como siete buitres (animal que era símbolo de longevidad entre los árabes). Luqman cuidó y alimentó a los siete buitres y, cuando murió el último, llamado Lubad, Luqman murió con él. Algunos autores han visto coincidencias entre esta leyenda y la que da Sidón Apolinar sobre la observación de doce pájaros por Rómulo, que significaba que Roma duraría doce siglos.

Luqman aparece también citado en el Corán en una sura que lleva su nombre (Sura 31) 2, así como en otros versículos donde se hace alusión a su sabiduría, pero no a su longevidad. Este hecho supone su consagración definitiva en la tradición islámica como el sabio de los proverbios, siendo numerosas en la literatura árabe las colecciones de proverbios atribuidas a Luqman donde se resalta su sabiduría y su piedad, a pesar de que, si alguna vez existió, fue mucho tiempo antes del nacimiento del Islam. Es muy posible que la mayoría de estos proverbios pertenezcan a la literatura sapiencial del Medio Oriente, donde se entremezclan influencias judías, cristianas, griegas y mesopotámicas.

A lo largo de la Edad Media, a la fama de sabio y longevo de Luqman se va uniendo el de fabulista, probablemente porque, como ya hemos dicho, el término matal en árabe significa tanto ‘proverbio’ y ‘refrán’ como ‘fábula’. Se convierte así en el Esopo de los árabes, hasta el punto que muchas de las fábulas de éste son atribuidas a Luqman y numerosas anécdotas que se cuentan sobre su vida o su personalidad pertenecen igualmente a la Vida de Esopo.

A Luqman se le atribuyen 41 fábulas, la mayor parte de animales, que no eran conocidas en la literatura árabe antigua. Fue conocido en Europa desde el siglo XVIII. El manuscrito de París, publicado por Derembourg en 1850, es del año 1299 y proviene de círculos cristianos. Numerosos autores han establecido paralelismos entre las fábulas a él atribuidas y las de Esopo y hay algunas teorías que afmnan que se trata de una adaptación árabe de los aforismos atribuidos al filósofo persa Syntipas, que, a su vez, era una versión de las fábulas de Esopo a través de otra siriaca procedente de los círculos cristianos de la Siria mameluca 3.



Luqman es, en definitiva, un personaje legendario, cuya figura se ha ido formando a lo largo de los siglos con influencias de otros numerosos personajes, como el bíblico Balaam, el griego Esopo, o el árabe Ajicar. No hay datos fiables que confirmen su existencia y sí razones más que suficientes para pensar que, aunque pudo existir un personaje preislámico con este nombre, famoso por su sabiduría, el Luqman fabulista constituye una leyenda forjada a través de la tradición persa y siriaca del Esopo griego.

Las fábulas atribuidas a Luqman son, como hemos dicho antes, 41 ; de ellas, 31 tienen como protagonistas a los animales, 7 a personas y 3 a seres inanimados. Su estructura es sencilla y breve: una narración corta en la que expone el hecho que da lugar al consejo final o moraleja, muy semejante a su modelo griego. El matal, o proverbio, tiene siempre la misma fórmula y va colocado al final, en línea aparte, comenzando siempre por la misma frase: Los animales que con más frecuencia aparecen son: el león, la zorra, el lobo, la gacela, el toro, la liebre, el perro, y, en menor grado, el mosquito, el cerdo, la tortuga, el escarabajo, la abeja, el alacrán, la paloma, el gato, la comadreja, las gallinas, el gallo, la oca, el vencejo, la serpiente y el gavilán. Además de los animales, aparecen algunos seres humanos, así como seres inanimados como el tragacanto, el estómago, los pies, el ídolo, y elementos de la naturaleza como el sol y el viento.

Por Celia Del Moral


Notas:

  1. Cf B. HELLER-[N.A. STILLMAN1. «Lukman», EI, v, 817-820; R. PINILLA MELGUIZO, «Fábulas en versión árabe atribuidas a Luqman». op.cit.
  2. Cf El Corán, trad. de JULIO CORTÉS, Madrid, Editora Nacional, 1984, pp. 476-479.
  3. Cf J. LANDSBERGER, Die Fabeln des Sophos, syrisches Original der griechischen Fabeln des Syntipas, Posen, 1859; R. PINILLA, op.cit., p. 152.

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Retorno a Granada: el gran sueño moro

La Alhambra desde el Albaicín de Granada –  David Roberts

Los escritores del siglo XIX, como Irving y Emerson, expresaron un gran interés en el militarismo árabe, pero su recuerdo de las conquistas árabes e islámicas y la invasión de los árabes de Andalucía, involucraba la idea de que las energías árabes latentes potenciales pueden ser detonadas si los árabes tuvieran un liderazgo heroico, como el liderazgo del Profeta Muhammad, en particular, tomado por algunos para servir como un guardián, de manera que sirva para propósitos políticos contemporáneos, incluyendo la distorsión del hombre árabe y el temor a la pérdida de sus capacidades militares, como sucedió en la historia.

En libro Alhambra (1832) Irving da una descripción precisa (pero intrigante de las preocupaciones y temores), de la invasión árabe de la península árabe de Iberia que, sin las batallas del sur de Francia, el hombre árabe invadió Europa: una ola del gran diluvio árabe había azotado las costas de Europa. ‹‹Los árabes avanzaron desde Gibraltar hasta las fronteras de Irene, donde los triunfos de los musulmanes tanto en Siria como en Egipto progresaron. Si no fuera por su contención de las llanuras de Torus, habrían sido barridos por el Este, y la Media Luna creciente hoy resplandecería sobre las iglesias de París y Londres›› (Irving.[n.d.]: 33).



En este texto, Irving presenta un informe histórico sobre lo que los árabes han logrado a partir de las conquistas del pasado. Pero independientemente de lo que este texto pueda dejar en la mente del lector estadounidense (que no conoce la naturaleza de las conquistas islámicas con sus elevados objetivos espirituales), de impresiones y preocupaciones, el segundo texto del mismo escritor podría pasar por temores occidentales de las energías futuras de los árabes.

Este texto habla de la evacuación de árabes de España después de ocho siglos de prosperidad plagada de conflictos internos y externos, pero advirtió a Occidente de la posibilidad de un regreso árabe a España: habla del gobernador de Tetuán, a principios del siglo XIX, espera un momento en que los árabes preparen su propiedad en Andalucía, donde realizarán el culto islámico en la mezquita de Córdoba, e Irving señala una advertencia al mencionar dos puntos importantes: que, en contraste con los sueños de los musulmanes de regresar a España, en primer lugar, los andaluces restantes, por el momento en el norte de África, todavía mantienen una especie de entidad cerrada independiente, porque no se mezclan con sus homólogos musulmanes en el norte de África, y como resultado de una sensación de un pueblo exiliado, pero no muerto, y en segundo lugar, Irving considera el mantenimiento de los descendientes andaluces del norte de África en los llaves de sus propiedades y los documentos de sus bienes inmuebles en la ciudad de África del Norte son una muestra de sus esperanzas de devolver el paraíso perdido.



También se dice que estas familias aún lamentaban el paraíso terrenal que les pertenecía. Todavía levantan las oraciones en los viernes, pidiendo a Dios que acelere el regreso de Granada a los creyentes. Es un día esperado con certeza, y los libios ardían con anhelo de restaurar el Santuario. También se dice que algunos aún conservan los viejos mapas y documentos de sus abuelos en Granada, e incluso tienen las llaves de las casas, como evidencia que los respalda y como un legado, después del regreso de Andalucía (Irving, 1864: 33).

Por I. Ali Gaber (University of Baghdad / College of Languages- Department of Spanish language).

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La fábula de animales como género de la literatura árabe clásica

Intentar definir o situar la ‘fábula’, como género, dentro de la literatura árabe, utilizando los parámetros y conceptos de las literaturas occidentales, es algo complejo, ya que la clasificación de los géneros, según los críticos árabes medievales, de su literatura, así como su concepción, varía notablemente de la de la crítica occidental: hay géneros importantes de la literatura clásica y medieval europea que no se cultivan en la literatura árabe clásica (por ejemplo, el drama), y, a cambio, aparecen otros que no tienen precedente ni definición exacta en Occidente: la literatura de adab o la maqama.



Sin embargo, vamos a tratar de un género o subgénero que, aunque no haya sido inventado por los árabes, sino asimilado por ellos de las culturas orientales –India, China, Persia-, la árabe supo transformarlo y adaptarlo a sus peculiaridades hasta el punto de que se ha convertido en uno de los géneros más representativos de su literatura, habiendo actuado en este caso el mundo árabe-islámico de vehículo literario entre Oriente y Occidente: primero fueron traducidas al árabe muchas de estas obras procedentes del persa o del sánscrito, y, tras un período de adaptación o asimilación, fueron importadas a al-Andalus, por vía oral o escrita, difundidas, copiadas o integradas en la literatura del adab o en la literatura oral, y posterionnente traducidas del árabe al latín o a las lenguas romances a través de la ingente labor de traducción realizada en la Escuela de Traductores de Toledo.

Dentro de la Literatura árabe el concepto de ‘fábula‘ correspondería a dos géneros diferentes, pero que a veces se confunden: uno pertenece a la literatura didáctica, el matal, que también designa la paremiología, y el otro, la hikaya (narración, relato, cuento, historia), formaría parte de un conjunto de subgéneros que conforman un género más amplio, al fann al qisasi (el género narrativo o narrativa popular), íntimamente ligado al concepto de la fábula o apólogo de origen oriental.

El matal (pI. amtal), cuyo significado es el de proverbio o dicho popular, gozó de gran predicamento desde los orígenes más remotos de la cultura árabe, si bien no fue definido conceptualmente por los filólogos árabes hasta el siglo IX. Tiene su origen en la sabiduría popular y, si bien la primeras recopilaciones son de la época abbasí (siglos VIII-IX), los más antiguos proverbios proceden de la época preislámica y ya aparecen reflejados en la poesía de esta época 1.

Reflejan sobre todo las costumbres de la Arabia preislámica y de los primeros siglos del Islam: las virtudes y los valores beduinos, la lucha por la supervivencia en el desierto, y, sobre todo, la observación de las costumbres y reacciones de los animales que les rodeaban. Los seres humanos son comparados con mucha frecuencia con los animales, atribuyendoles las cualidades o los defectos de éstos. Muchos de estos amtal están en relación con alguna fábula árabe conocida en su época y las diferentes clases de animales adquieren un perfil bien definido: ‘la hiena es estúpida‘, ‘el león valeroso’, ‘el lagarto, inteligente‘ , etc.

La hikaya, cuyo sentido primitivo era el de ‘imitar‘, a través de una evolución semántica ha llegado a tener el significado de ‘contar‘ o ‘narrar‘ y. a partir de éste, incluye varios significados como el de ‘cuento’, ‘historia’, ‘leyenda’ y ‘mímica’, en recuerdo de su antiguo significado. Es decir, estamos ante el género narrativo por excelencia, que, más adelante, se fundirá con el matal para dar paso a la corriente fabulística que desde el lejano Oriente atravesará la cultura árabe y se proyectará a Europa.



En resumen, respecto al género o equivalente de la fábula árabe, en relación con el concepto de la fábula en Occidente, podemos decir que es muy impreciso, ya que, si bien el vocablo equivalente es, como hemos dicho, el de matal (pI. amtál), al ser usado también éste, en la mayoría de los casos, para referirse al proverbio o refrán, no hace distinción entre lo que es puramente el dicho proverbial o sentencia y todo el conjunto narrativo y simbólico que encierra la fábula para los occidentales. Los autores árabes consideran la sentencia o moraleja final de la fábula como el núcleo central de ésta, con una finalidad sapiencial o didáctica, no diferenciandola, por tanto, de aquellas otras que contienen una introducción narrativa y un diálogo entre animales o entre hombres y animales u objetos inanimados 3. La fábula, en el sentido en que nosotros la consideramos, sería en términos de género para los árabes una mezcla de hikaya y matal, es decir, una narración con un final moralizante.

En cuanto a la historia de este género a través de la literatura árabe clásica, hay que decir, en primer lugar, que la fábula entendida como tal (y no como refrán) no es un género de origen árabe, sino que fue introducido en su literatura, como otros muchos conocimientos, durante la época abbasí, gracias a las traducciones que se hicieron a partir del siglo IX a través de la Dar al-Hikma de Bagdad, antecedente de las futuras escuelas de traductores, como la de Toledo, donde se vertieron a la lengua árabe gran cantidad de obras procedentes de las culturas india, persa, griega o latina 4.

La gran ansia de saber y de adquirir los conocimientos de las culturas limítrofes integradas en el Islam, que se despertó en los primeros tiempos del califato abbasí, hizo que se introdujeran en la cultura árabe ciencias y conocimientos que anteriormente no existían y que se consideraban ‘ciencias extranjeras‘. De esta manera, la ciudad de Bagdad alcanzó un esplendor cultural y literario durante los siglos VIII y IX como seguramente no tuvo en esos momentos ninguna otra ciudad del mundo y como no ha vuelto a tener ningún estado árabe. Muchos de esos conocimientos y de esos libros retornaron a Europa a través de esas traducciones, al ser de nuevo traducidos al latín o a las lenguas romances en Toledo y en otras ciudades europeas al final de la Edad Media.

Un género de obras que despertó gran interés entre los lectores árabes fue precisamente el de las colecciones de apólogos o fábulas de animales y personajes humanos que, procedentes de la India, Persia o la cultura griega, fueron traducidas al árabe, por primera vez por Ibn al-Muqqafa’; luego, por otros autores anónimos, y, tras ser adaptadas a la cultura árabe con adiciones de otros elementos propios, fueron difundidas por todo el ámbito cultural árabe-islámico hasta llegar a al-Andalus, de donde pasarían al resto de Europa.



G.A. Karimi ha analizado este tema 5, y llega a la conclusión de que hay un antes y un después de la traducción del Calila y Dimna para el estudio de la fábula de animales en la literatura árabe. Antes del siglo IV de la Hégira (VIII d.C.) existen numerosos ejemplos de cuentos y anécdotas cuyos protagonistas son animales, ya que, desde la época preislámica, ha existido siempre en la literatura árabe un gran interés y capacidad de observación hacia ellos; sin embargo, no puede hablarse de verdaderas fábulas -según el concepto occidental de este género sino de anécdotas o narraciones (ruwat).

Distingue este autor tres categorías: anécdotas relativas a la creación de los animales y a sus caracteres, las que contienen una lección moral, y, por último, las que no pertenecen a un grupo preciso. De estos tres grupos, el segundo, que llevaría implícito un proverbio o una máxima, serían las que se acercan más al concepto de fábula. Cita, como ejemplo, anécdotas extraídas del libro Mayma’ al-amtal, que es una recopilación de proverbios o refranes de al-Maydani (siglo XII).

En el tercer grupo recoge otra serie de anécdotas difíciles de clasificar, extraídas en algunos casos del Kitab al-Hayawan (Libro de los Animales) de al-Yahiz y de al-‘Iqd al-farid de Ibn ‘Abd al-Rabbihi. Estas obras pertenecen al género de la literatura de Adab.

Llega a la conclusión este autor de que, si bien estas historias están recogidas en el periodo islámico, por la sobriedad del texto y el fondo del mismo pertenecen a la época preislámica; de modo que habrían sido trasmitidas por tradición oral y recogidas luego por los autores de los siglos VIII y IX. Hay también otras muchas anécdotas que tienen su origen en la tradición judía, apareciendo con frecuencia personajes bíblicos, como Noé.

Por último, hay que resaltar que estas historias son muy simples (de ahí la conclusión de su origen preislámico, periodo durante el cual la prosa árabe no había alcanzado todavía la madurez); se limitan a la vida del desierto y están dispersas en numerosas obras, sin formar verdaderas colecciones, por lo que es muy difícil encontrarlas.

Por Celia Del Moral (Universidad de Granada)


Notas:

  1. Véase R. SELLHEIM, «MathaI», Encyclopédie de l’lslam(El), VI, 805-815.
  2. Véase CH. PELLAT, «Hikaya», El, III, 379-384.
  3. Véase R. PINILLA MELGUIZO, «Fábulas en versión árabe atribuidas a Luqman». La Fábula o Exemplario de cómo saberse bien conducir (Antología bilingüe). Ed. y coordinación de M. A. GARCÍA y J. P. MONFERRER, Córdoba, 2000, pp. 149-181..
  4. Un ejemplo de estos conocimientos que penetraron en esta época en la cultura árabe y fueron asimilados y retransmitidos por ella de nuevo al mundo occidental, es la obra de al-Mubassir ibn Fatik Mujtar al-Hikam, colección de pensamientos, sentencias y fábulas atribuidas a filósofos semitas, que en su mayor parte han sido identificados como pertenecientes a Homero, Platón, Aristóteles, Solón, Alejandro, Ptolomeo, Diógenes, etc. Esta obra fue traducida al español en la Corte de Alfonso X el Sabio y conocida en Europa con el nombre de Los Bocados de Oro. Cf CHARLES KUENTZ, «De la sagesse grecqüe a la sagesse orientale». RIEIM, 5 (1957) 255-269.
  5.  Cf G.-A. KARIMI, «Le conte animalier dans la littérature arabe avant la traduction de Kalila wa Dimna», BEO, 28 (1975) 51-56.

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Ibn Jafaya e Ibn al- Zaqqaq, los poetas de la naturaleza y las flores

Una obra de interés por el material que reúne sobre descripciones de jardines, flores o frutos, es el Kitab al-Tašbihat de Ibn al-Kattaní 1, autor cordobés del siglo X que en su antología dedica algunos capítulos a la poesía descriptiva; entre otros temas, consagra un capítulo a la primavera y las flores, otro a las rosas, al canto de los pájaros en los jardines, al agua (ríos, canales, aguas corrientes y aguas turbias), a los alcázares, aljibes y árboles, a las norias y molinos, a las frutas, etc.



La poesía floral y de jardines llega a su máxima expresión en al-Andalus durante el siglo XII: en su primera mitad, durante el dominio de los almorávides, surge en Levante una generación de poetas conocida como “escuela levantina o valenciana”, en la que destacan sobre todo dos autores que son tío y sobrino: Ibn Jafaya e Ibn al- Zaqqaq, los cuales van a quedar en la literatura árabe como “los poetas de la naturaleza y de las flores” por excelencia.

Ibn Jafaya 2, apodado al-Yannan (el jardinero), a través de su extenso Diwan eleva la poesía descriptiva en al-Andalus a su más alto rango —no sólo en el tema de las flores y los jardines, sino también en otros muchos temas—, describiendo de todas las formas posibles la belleza del paisaje levantino, sus jardines, sus huertos, árboles, flores y frutos 3.

Su sobrino, Ibn al-Zaqqaq 4, sigue esta línea poética perfeccionando y puliendo la poesía descriptiva, hasta llegar a lo que García Gómez ha definido como “la dramatización de la metáfora5.

Por Celia del Moral




El jardín y la paloma


El jardín era un rostro de una blancura

resplandeciente,
la umbría, una cabellera negra, 
y el agua del arroyo una boca de hermosos dientes. 
Fue allí donde la paloma nos regocijó una tarde 
al dejarnos oír su dulce arrullo.

Ibn Jafaya


Notas:

  1. Traducida al alemán por W. Hoenerbach con el título Dichterische Vergleiche der Andalus-Araber. Bonn, 1973, ha sido objeto de una tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid por la Dra. Nafissa Moufok. Estudio y traducción del Kitab al-Tašbihat de Ibn al-Kattani. Madrid, 2001.
  2. Cf. Diwan Ibn Jafaya. Ed. por S. Gazi, Alejandría, 19792. Hamdan Hayyayi. Vida y obra de Ibn Jafaya, poeta andalusí. Trad. María Paz Lecea. Madrid, 1992; Ibn Jafaya de Alzira. Antología poética. Ed. trilingüe. Selección, fijación del texto árabe, prólogo y traducción castellana de Mahmud Sobh. Trad. al valenciano a partir de la trad. castellana de J. Piera. Valencia, 1986.
  3. Para un estudio más amplio del concepto paisajístico y la arquitectura del paisaje en la poesía andalusí, especialmente en Ibn Jafaya, véase el artículo de B. Foulon. “Les representations paysagères dans la poesie descriptive d’Ibn Hafaga. Analyse de la structure hypsométrique du paysage et de l’action des météores”.
    Arabica, 52-1 (2005), pp. 66-108.
  4. Ibn al-Zaqqaq, Poesías. Ed. y trad. en verso de E. García Gómez. Madrid, 1978.
  5. Ibíd. pp. 17-19.

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