Archivo de la etiqueta: Oriente Medio

La importancia del carro de caballos en el Imperio Hitita

Los hititas, que crearon un imperio en parte de la actual Siria, lograron conformar un ejército altamente móvil cuyo fuerte eran los carros de guerra, introduciendo de esta manera esta formidable arma de combate.1




El carro estaba tirado por dos caballos y transportaba a un conductor y un arquero, aunque muchas veces también llevaba soldados equipados con jabalinas. La evolución del carro de guerra fue lenta pero inexorable y estuvo íntimamente relacionada con la cría de caballos capaces de tirar con fuerza y velocidad del mismo.

En principio se cree que los primeros carros eran lentos y pesados, con ruedas macizas y tirados por asnos, representando más una base de apoyo que un elemento de maniobra y fuego como era el carro hitita. Podemos decir que los carros hititas con ruedas de radio fueron una verdadera innovación militar para la época ya que los egipcios y todos los ejércitos posteriores también lo adoptarían.

El carro conjugaba dos acciones importantes para la táctica militar: la maniobra y la potencia de fuego. También habían logrado una variante en su utilización con lanceros equipados con largas picas para contener a una formación enemiga a la distancia, maniobrando y huyendo cuando era necesario. El carro desarrolló todo su potencial militar entre el 1600 y el 750 a.C., permitiendo a una aristocracia militar en varios estados pivotar entre su estrategia militar y política, y reinando de manera absoluta en las batallas por al menos 1000 años y llegando a extenderse tal práctica hasta China y los Estados del Egeo.

De esta forma el ejército hitita conformaba su fuerza de combate letal en base a los carros, en tanto la infantería pesada y la ligera operaban en apoyo de estos cuando se desarrollaban las acciones militares. Ambas infanterías eran aptas para maniobrar en terrenos donde los carros no podían hacerlo o en los asedios donde éste era inútil. Los hurritas desarrollaron formas de combate similares y fueron a la batalla con ejércitos con alto grado de tecnicismo y un mando y control eficiente basados en una aristocracia ciudadana llamada mariannu. Estos se alistaban para conformar la fuerza de choque de los carros de guerra en tanto que la infantería operaba también en apoyo a estos.

Por Mg. E.D. Barral





Notas:

  1. La introducción del carro de guerra por los hititas está en duda por varios historiadores que establecen que fueron los hurritas los primeros en introducir el carro de guerra y que los primeros sólo lo hicieron como contramedida después de haber sido derrotados en combate por los segundos.

©2020-paginasarabes®

La entrañable semejanza de las ciudades de Damasco y Granada

Los escritores musulmanes de la Edad Media afirman repetidamente la semejanza de Damasco y Granada. Tal vez el origen de este tópico literario resida en el hecho, referido por lbn Hayyan y otros cronistas árabes, de haberse establecido en la comarca o distrito de Elvira, hacia el año 7 43, los soldados del yund de Damasco, procedentes de Ceuta, que Abu-l-Jattar quería, como a los restantes sirios, alejar de Córdoba. 1

-Dice Razi (344 – 955), en la vieja e indirecta traducción castellana de su obra llegada a nosotros, que «Cazalla [es decir, Castilia, identificada por Gómez-Moreno con la ciudad cuyas ruinas se vienen llamando de Medina Elvira], que en el mundo non ha quien la semeje si non Damasco, que es tan buena como ella». 2




Más tarde, después de haber sido destruida Medina Elvira en los primeros años del siglo XI, se concreta exclusivamente a la ciudad de Granada la comparación con la capital siria. 3

Granada. Alhambra. – Puerta de Siete Suelos, desde el E., después del derribo del Hotel
Washington lrving. (Siglo XIV)

Al-Saqundi (629 1231-32) e Ibn al-Jatib (776 – 1374) escriben que los musulmanes llamaban a Granada la Damasco de Occidente. 4

Abu-l-Fida’ (1273-1331) insiste en la semejanza entre ambas; pero manifiesta que la andaluza, por su situación dominante sobre la vega, aventaja a la siria, asentada en una llanura. 5

El autor del Rawd al-mi’tar pondera la fecundidad de la verde vega granadina, sólo comparable – afirma – con la celebrada Guta damascena y la Sariha del Fayyum. 6

Finalmente, el egipcio al- ‘Umari ( 1349) extiende la semejanza a la ciudad de Fez. 7

Todos estos testimonios son probablemente un eco de las palabras de Razi o de otro autor más antiguo, aplicadas a Granada, después de la destrucción de Elvira, por quienes no conocían ambas ciudades.

Pero otro egipcio, para quien Damasco era, sin duda, familiar, ‘Abd al-Basit, después de visitar Granada en los días en que acaba el año 1465 y comienza el siguiente, insiste en dicho parecido.  8

Un excelente estudio de Sauvaget sobre la historia urbana de Damasco 9, permite analizar sus analogías, y también sus radicales diferencias con Granada, tan reiteradamente señaladas por los escritores musulmanes medievales. Pero el trabajo de Sauvaget es, además, fundamental para el estudio del escenario de la civilización hispanomusulmana, es decir, de sus ciudades, ya que los caracteres de las sirias debieron de transmitirse a las de España y del Magrib. Fué en Siria y no en Egipto o en el ‘lraq, países éstos esencialmente rurales, donde primeramente los árabes conocieron y habitaron las ciudades romanas, magníficamente urbanizadas.




Después de describir el emplazamiento de Damasco, Sauvaget analiza las sucesivas agrupaciones que se fueron superponiendo en su solar: ciudades primitiva, grecorromana, omeya, medieval y moderna.

Damasco está situada a la misma altitud – 690 metros – que Granada; ambas al pie de una montaña: en la falda oriental de Líbano la primera, en la meridional de Sierra Nevada la andaluza. Cien kilómetros separan a Damasco del mar y poco menos es la distancia desde él a Granada; pero entre cada una de ellas y el Mediterráneo se interponen, dificultando sus comunicaciones marítimas, las cordilleras de Líbano y del Antilíbano, y de la Sierra Nevada y de la Contraviesa, respectivamente. La razón fundamental de existencia de las dos ciudades es la fertilidad de su suelo – oasis de 20 kilómetros de longitud en Damasco, vega granadina de algo más de 40 – , fecundizado en ambas por el agua abundante, derivada de sus ríos y distribuida en numerosas acequias por obra de la industria humana.

Aparte razones políticas, siempre transitorias, el acrecentamiento de ambas se debe generalmente al aumento de la superficie regable por la utilización de nuevos canales. Así ocurrió en Damasco con el construido por el hijo de Mu’awiya, y así debió de ocurrir en Granada cuando el primero de los nazaríes hizo la acequia que se sigue llamando Real, y que permitió se poblasen la Alhambra y varios barrios próximos que aún disfrutan de sus beneficios.

Esas aguas, diestramente encauzadas, sirvieron para el desarrollo de los mismos productos agrícolas, de cultivo mediterráneo, en Damasco y en Granada: el trigo, el olivo, la vid, el granado, y de árboles que, abundantes en climas más húmedos y septentrionales, crecen excepcionalmente en los de esas dos ciudades por la abundancia de sus aguas.

Debe destacarse también en este rápido paralelo la falta de piedra que obligó a emplear en la Edad Media en Granada y en Damasco idénticos materiales de construcción: la arcilla, en forma de tapia, de adobes o de ladrillos, y los troncos de álamos de los valles respectivos, dando lugar a construcciones frágiles y de pobre aspecto, oculto éste a veces por un revestido, con apariencia de riqueza, pero de no mayor permanencia. 


Notas:

  1. M. Gómez-Moreno M., De lliberi a Gránada (Boletín de la Real Academia de la Historia, t. XL VI, 1905, p. 50); Dozy, Histoire des musulmans d’ Espagne (ed. Lévi-Provern¡:al, Leyde 1932, I, pp. 168-169); Ibn clgari, Bayan (ed. Dozy, p. 33 del texto y II, 48 de la trad. Fagnan); Historia de la conquista de España de Albenalcotía el Cordobés (p. 20 del texto y 15 de la trad. de don Julián Ribera, Madrid 1926). – Aún en tiempos de al-Hakam II, el año 360 – 971, el soberano tiene en Córdoba una gran audiencia en la que recibe a los yund de las provincias y, entre ellos, al de Damasco instalado en Elvira ( Bayan, II, p. 260 del texto y 404 de la trad. Fagnan).
  2. Memoria sobre la autenticidad de la Crónica denominada del moro Rasis, por don Pascual de Gayangos (memorias de la Real Academia de la Historia, t. VIII, Madrid 1852, p. 37). Mármol Carvajal (Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada, segunda impresión, t. I, Madrid 1797, p. 12) reproduce las palabras de Razi en la siguiente forma: «Aben Raxid dice, Iliberia, ciudad grande y rica … Y en estos términos está el castillo de Gacela, que .ninguno semeja tanto a la ciudad de Damasco en riqueza como él. .. »
  3. Sin embargo, aún en el siglo XIII, Abu ‘Abd AIlah Muhammad el Damasquino (1256-1327) escribía, copiando sin duda un texto anterior, que «Elvira estaba situada en medio del Andalus, y se la llamaba Damasco por la semejanza con muchos de sus ríos y plantas» (Cosmographie, publicada por Mehren, San Petersburgo, según cita de J. F. Riano, La Alhambra, en la Revista de España t. XCVII, Madrid 1884, p. 13.)
  4. Al-Saqundi, Elogio del Islam español, traducción española por Emilio García Gómez (Madrid 1934), p. 108; Ibn al-Jatib, Resplandor de la luna llena, manuscrito de la Real Biblioteca de El Escorial, según cita del P. Melchor M. Antuna, El polígrafo granadino Abenaljatib en la Real Biblioteca de El Escorial (El Escorial 1926), p. 21.
  5. Géographie d’Aboulféda, texte arabe publié … par M. Reinaud et le Bon M. G. de Slane (París 1840), pp. 186-187.
  6. E. Lévi Provençal, La péninsule ibérique’ au Moyen-Age d’ apres le Kitab ar-Rawd al-mi’tar (Leiden 1938), p. 30. Se acabó esta obra en el año 1461, pero debió de existir una versión desde algún tiempo antes.
  7. Ibn Fadl Allah al ‘Umari, Masalik el absar fi mamalik el amsar, I, L’Afrique moins l’Égypte, trad. de Gaudefroy-Demombynes (París, 1927), p. 160.
  8. G. Levi Della Vida, Il regno di Granatá nel 1465-66 nei ricordi di un viaggiatore egiziano (AL-ANDALUS, I, 1933), p. 321.
  9. Esquisse d’une histoire de la ville de Damas, par Jean Sauvaget (Revue des Études lslamiques, 1934, París), pp. 421-480. El texto reproduce tres conferencias dadas por el autor en la Universidad de París en mayo de 1935, bajo el patronato de los Institutos de Estudios Islámicos y de Arte y Arqueología de esa Universidad.

©2020-paginasarabes®