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Cristo el Galileo no era judío

En interés de análisis futuros se impone a la Imagen de Cristo no solamente en su pureza inmaculada de todo lo circundante, sino también en su relación con ese medio ambiente. Muchos fenómenos importantes del pasado y del presente son, de lo contrario incomprensibles. No es de ninguna manera indiferente si mediante un agudo análisis adquirimos conceptos precisos acerca de lo que en esta figura es judío, y lo que no lo es.

En cuanto a esto impera desde los comienzos de la era cristiana y hasta el día de hoy, y desde los bajos niveles del mundo intelectual hasta sus cimas más altas, una desesperante confusión. No solamente una figura tan excelsa era fácil de captar y apreciar en su tiempo, sino que todo convergió para borrar y adulterar sus verdaderos rasgos: idiosincrasia religiosa judía, misticismo sirio, ascetismo egipcio, metafísica helénica, pronto también tradiciones estatales y pontificias romanas, agregado a ello la superstición de los bárbaros; no hubo malentendido ni incomprendida que no participasen en la obra.

En el siglo diecinueve, por cierto, muchos se han dedicado al desenredo de esta situación, pero sin que yo sepa, alguno haya logrado extraer de la masa de hechos los pocos puntos principales y ponerlos ante los ojos de todos. Es que contra el prejuicio y la prevención no protege ni siquiera la honesta erudición.

Queremos intentar aquí, si bien lamentablemente sin conocimientos especializados, pero también sin prejuicio, investigar en qué medida Cristo pertenecía a su entorno y se valía de sus conceptos, en qué se diferenciaba y se elevaba inconmensurablemente sobre él; sólo de esta manera puede lograrse extraer la personalidad en su plena dignidad autónoma más allá de todas las contingencias.

Preguntémonos, pues, por lo pronto:

¿Era Cristo un judío en cuanto a la pertenencia a la rama étnica (Stammesangehörzgkeit)?

Esta pregunta tiene a primera vista algo de mezquino. Ante semejante imagen las peculiaridades de las razas desaparecen. ¡Un Isaías sí! Por mucho que descuelle frente a sus contemporáneos, sigue siendo judío totalmente, ni una palabra que no brote de la historia del espíritu de su pueblo; también allí donde despiadadamente pone al desnudo y condena lo característicamente judío, se acredita –precisamente en esto- como judío: en Cristo no hay ni vestigio de esto.

¡Oh, nuevamente un Homero! Este despierta, el primero, al pueblo helénico a la conciencia de sí mismo; para poder hacerlo, debió albergar en el propio pecho la quintaesencia de todo helenismo. ¿Dónde, empero, está el pueblo que despertado por Cristo a la vida se hubiera ganado por ello el precioso derecho –y aunque viviese en las Antípodas- de calificar a Cristo como suyo? ¡De cualquier modo no en Judea!



Para el creyente Jesús es el Hijo de Dios, no de un ser humano; para el no creyente será difícil encontrar una fórmula que designe el hecho a la vista de esta personalidad incomparable en su inexplicabilidad, de una manera tan breve y expresiva. Es que existen manifestaciones que no pueden ser incorporadas al complejo de representaciones del intelecto sin un símbolo. Esto en cuanto a la cuestión principal y para alejar de mí toda sospecha de que pudiera navegar sujeto al cabo de remolque de aquella escuela ‘’histórica’’ chata que emprende la tarea de explicar lo inexplicable. Es cosa distinta instruirnos sobre el medio histórico de personalidad solamente para ver ésta con una mayor claridad. Si hacemos esto, entonces la respuesta a la pregunta:

¿Fue Cristo un judío? De ninguna manera es sencilla. Según la religión y la educación lo fue sin ninguna duda; según la raza –en el sentido más limitado y propio de la palabra ‘’judío’’– con la mayor probabilidad no.

El nombre Galilea (de Gelil haggoyim) significa Comarca de los Paganos. Parece que esta parte del territorio, tan alejada del centro espiritual, nunca se había mantenido tan pura, ni siquiera en los viejos tiempos en que Israel aún era fuerte y unido y en que servía a las tribus Naftalí y Sebulon como patria. De la tribu Naftalí se refiere que originariamente era ‘’de procedencia muy mezclada’’ y si bien la población primitiva no-israelita se mantuvo en todo el ámbito de Palestina, esto ‘’no sucedió en ninguna parte en tan grandes masas como en las masas del norte’’. (1)

A ello se agregaba otra circunstancia. Mientras que la restante Palestina por su situación geográfica está en cierto modo separada del mundo, ya cuando los israelitas ocuparon el país existía una vía de comunicación del lago Genesaret a Damasco. Y Tiro y Sidón podían ser alcanzadas más rápidamente desde allí que Jerusalén. Y así vemos a Salomón ceder una considerable parte de esta Comarca de los Paganos (como ya entonces se llamaba. /Reyes IX. 11) con veinte ciudades al rey Tiro en pago de sus suministros de cedros y abetos y de los 120 quintales de oro que éste había entregado para la construcción del templo; tan poco caro era al rey de Judea este país a medias poblado por extranjeros.

El rey Tirio Hiram debió encontrarlo en general poco poblado, ya que aprovechó la ocasión para radicar en Galilea a distintos pueblos extranjeros. (2) Después vino, como es sabido, la separación en dos reinos y desde esa época, es decir, desde mil años antes de Cristo se produjo sólo transitoriamente, de vez en cuando, una conexión más estrecha, política, entre Galilea y Judea, y sólo ésta, no una comunidad de la fe religiosa, promueve una fusión de los pueblos.

También en tiempos de Cristo galilea estaba separada totalmente de Judea desde el punto de vista político, de tal modo que estaba con respecto a ésta ‘’en la situación de un país extranjero’’. (3) Pero entretanto había ocurrido algo que debió eliminar el carácter israelita de esta región norteña casi por completo: 720 años A.C (o sea alrededor de un siglo y medio antes del cautiverio babilónico de los judíos), el reino norteño de Israel fue devastado por los asirios y su población –presuntamente en su totalidad, de todos modos en gran parte- deportada: y ello a distintas y alejadas comarcas del reino, en las que en poco tiempo se fusionó con los habitantes y, en consecuencia, desapareció completamente. (4)

Al mismo tiempo fueron trasladadas tribus extranjeras, de zonas apartadas, para su afincamiento en Palestina. Los eruditos sospechaban, empero, (sin poder dar seguridades al respecto) que una considerable fracción de la anterior población mestizada con sangre israelí, había quedado en el país, pero de todos modos ella no se mantuvo separada de los extranjeros, sino que se diluyó en ellos. (5)

El destino de estos países fue por consiguiente, muy diferente al de Judea. Porque cuando más tarde también fueron llevados los judíos, su país quedó por así decirlo vacío, poblado sólo por pocos campesinos autóctonos, de tal modo que al regreso del cautiverio de Babilonia, en el cual además habían conservado la pureza de su raza, los judíos pudieron sin dificultad seguir manteniendo esta pureza.

Galilea, por el contrario, y los países adyacentes habían sido, como queda dicho, colonizados sistemáticamente por los asirios, y, como se desprende de los informes bíblicos aparentemente de sectores muy distintos de este enorme reino, entre otras del norte montañoso de Siria. En los siglos previos al nacimiento de Cristo inmigraron, asimismo, muchos fenicios y también numerosos griegos. (6)

Conforme a estos últimos hechos hay que presumir que también sangre aria pura fue transplantada allí; pero es seguro que se produjo una gran mezcla de las más diversas razas, y que los extranjeros se habrían asentado en mayor número en la Galilea, más accesible y además más fértil. El Viejo Testamento mismo cuenta con subyugante ingenuidad como estos extranjeros originariamente llegaron a conocer el culto de Yahvé (II Reyes XVII, 24 y sig.) en el país despoblado se multiplicaron las fieras; se tomo esta plaga como una venganza del ‘’dios local’’ descuidado (versículo 26); pero no había nadie que hubiese sabido como éste quería ser venerado: así los colonos mandaron enviados al rey de Asiria y solicitaron un sacerdote israelita del cautiverio, y éste vino y ‘’les enseñó el culto del dios local’’.

De este modo los habitantes de Palestina norteña, a partir de Samaria, se convirtieron en judíos en cuanto a la fe, también aquellos de entre ellos que no tenían ni una gota de sangre israelita en sus venas. En épocas posteriores pueden muy bien haberse afincado allí algunos genuinos judíos; pero probablemente sólo como extranjeros en las ciudades mayores ya que una de las cualidades más dignas de admiración de los judíos –en especial a partir de su regreso del cautiverio, donde también se presenta por primera vez el concepto nítidamente circunscrito, de judío como designación para una religión (véase Zacarias VII, 23) –fue su preocupación de mantener pura la raza; un matrimonio entre judío y galileo era inconcebible. Sin embargo, también éstos núcleos judíos en medio de la población extranjera fueron completamente eliminados de Galilea no mucho tiempo antes del nacimiento de Cristo.

Simon Tharsi, uno de los macabeos fue el que, después de una campaña exitosa en Galilea contra los sirios: ‘’reunió a los judíos que vivían allí y los determinó a emigrar y a asentarse todos sin excepción en Judea (7). Y el prejuicio contra Galilea siguió siendo tan grande entre los judíos que, cuando Herodes Antipas hubo construido durante la juventud de Cristo la ciudad de Tiberias y quiso introducir a los judíos allí, no lo logró ni mediante promesas, ni por la fuerza (8).

No existe, pues, como se ve, ni el menor motivo para admitir que los padres de Jesucristo hayan sido, en cuanto raza, judíos.

En el ulterior transcurso de la evolución histórica tuvo lugar algo para lo cual se podía mostrar más de una analogía en la historia: entre los habitantes de la Samaria, situada más al Sur e inmediatamente adyacente a Judea, que sin duda por la sangre y el intercambio estaban mucho más próximos a los judíos propiamente dichos que los galileos, se conservó la tradición de la repugnancia y de la envidia norisraelita contra los judíos: los samaritanos no reconocieron la supremacía eclesiástica de Jerusalén y eran de ahí tan odiosos a los judíos como heréticos que no estaba permitido ningún trato con ellos: ni un pedazo de pan podía el ortodoxo tomar de sus manos, era considerado como si hubiera comido carne de cerdo. (9)

Los galileos, en cambio, que para los judíos eran directamente ’’extranjeros’’ y como tales despreciados y mantenidos excluidos de ciertas ceremonias religiosas, eran sin embargo ‘’judíos’’ estrictamente ortodoxos y frecuentemente hasta fanáticos. Querer ver en ello una prueba de su origen, es insensato.

Es exactamente lo mismo que si quisiera identificar a la población eslava genuina de Bosnia o los más puros indoarios de Afganistán etnológicamente con los turcos porque son musulmanes ortodoxos mucho más devotos y fanáticos que los auténticos otomanos. La expresión judío designa a una raza humana determinada, mantenida sorprendentemente pura, sólo en segundo término e impropiamente a los que profesan una religión. Tampoco puede ser de ninguna manera que se equipare el concepto ‘’judío’’ como últimamente sucede con frecuencia, con el concepto ‘’semita’’; el carácter nacional de los árabes por ejemplo, es absolutamente distinto al de los judíos.

Llamo la atención sobre el hecho de que también el carácter nacional de los galileos contrastaba esencialmente con el de los judíos. Consúltese la historia que se quiera de los judíos, la de Ewald, de Graetz o de Renán, en todas partes se encontrará que los galileos se diferenciaban por su carácter de otros habitantes de Palestina; se los califica de hombres coléricos, de idealistas enérgicos, de hombres de acción. En los largos disturbios con Roma, antes y después de la época de Cristo, los galileos son por lo general, el elemento propulsor y a los que únicamente la muerte vencía.



Mientras que las grandes colonias de judíos genuinos estaban en excelente relación, en Roma y Alejandría, con el imperio pagano, donde llevaban la buena vida como intérpretes de sueños (10), ropaviejeros, mercachifles, prestamistas, actores, consejeros legales, comerciantes, eruditos, etc., en la lejana Galilea, aun en época de César, Ezekia el Galileo osó levantar su bandera de la rebelión religiosa. A él siguió el famoso Judas el Galileo, con el lema: ‘’¡Dios sólo es Señor, la muerte es indiferente, la libertad uno y todo!’’ (11)

Luego se formó en Galilea el partido de los Sicarios (es decir, cuchilleros), no muy distintos de los actuales thugs indios; su jefe más importante, el galileo Menahem, aniquiló en tiempos de Nerón la guarnición romana de Jerusalén, y en agradecimiento, bajo el pretexto de que había querido hacerse pasar por el Mesías, fue ajusticiado por los mismos judíos; también los hijos de Judas fueron clavados en la cruz como agitadores peligrosos para el Estado (y ello por un procurador judío); Juan de Giachala, una ciudad en la extrema frontera norte de Galilea, dirigió la desesperada defensa de Jerusalén contra Tito, y la serie de héroes galileos fue cerrada por Eleaser, quien durante años después de la destrucción de Jerusalén se mantuvo atrincherado con una pequeña tropa en las montañas donde, cuando la última esperanza se había perdido, mataron primero a sus mujeres e hijos y luego se mataron a sí mismos. (12)

En estas cosas se manifiesta, evidentemente, un carácter nacional especial, diferente. Con frecuencia también se refiere que las mujeres de Galilea habrían poseído una belleza sólo peculiar a ellas; los cristianos de los primeros siglos hablan además, acerca de su gran bondad y su amabilidad en su trato con adherentes de otras religiones, en contraste con el soberbio desprecio de que eran objeto por parte de las judías genuinas. Este carácter nacional tuvo, empero, otra precisa particularidad: la lengua. En Judea y en los países limítrofes se hablaba en tiempos de Cristo el arameo; el hebreo ya era una lengua muerta, que únicamente seguía viviendo en las escrituras sagradas. Ahora bien: Se refiere que los galileos habrían hablado un dialecto del arameo tan peculiar y extraño, que se los reconocía a la primera palabra; ‘’tu lengua te traiciona’’ dicen los siervos del sumo sacerdote a Pedro. (13)

El hebreo se dice, no eran capaces de ninguna manera de aprenderlo, en especial sus sonidos guturales eran para ellos un obstáculo insalvable, de tal modo que a los galileos por ejemplo, no se los podía admitir para recitar las oraciones, porque su ‘’pronunciación descuidada causaba risa’’. (14)

Este hecho prueba una diferencia física en la construcción de la laringe y por sí sólo haría suponer que se había producido un fuerte agregado de sangre no semita; porque la riqueza en sonidos guturales y la virtuosidad en usarlos es un rasgo común a todos los semitas (15).

De esta cuestión -¿Fue Cristo un judío según la raza?- he creído haber tenido que ocuparme con cierta amplitud, porque en ninguna obra he encontrado reunidos claramente los hechos concernientes a ello. Hasta en una obra objetivamente científica, no influenciada por ninguna clase de intenciones teológicas, como la de Albert Réville (16) el conocido profesor de investigación religiosa comparada en el College de Francia, la palabra judío se emplea a veces par la raza judía, a veces para la religión judía. Leemos por ejemplo: ‘’Galilea estaba habitada en su mayor parte por judíos, pero había también paganos sirios, fenicios y griegos’’. Aquí por tanto, judío significa el que venera al dios local de Judea, indistintamente del origen racial. En la página siguiente, empero, se habla de una ‘’raza aria’’ en contraste con una ‘’nación judía’’ aquí por tanto, judío designa un tronco humano determinado, estrechamente limitado mantenido puro durante siglos. Y seguidamente hace la profunda observación: ‘’La cuestión si Cristo es de origen ario, es ociosa. Un hombre pertenece a la nación en cuyo medio se ha criado’’. ¡Esto se llamaba ciencia en el año del Señor de 1896!

En las postrimerías del siglo 19 un erudito aún no debía saber que la forma de la cabeza y la estructura del cerebro tienen una influencia del todo decisiva sobre la forma y la estructura de los pensamientos, de tal modo que la influencia del entorno, por grande que sea la importancia que se le asigne, está sin embargo limitada por ese hecho inicial de las disposiciones físicas a determinadas capacidades y posibilidades, con otras palabras, que están señalados caminos determinados; no debía saber que precisamente la figura del cráneo pertenece a aquellos caracteres que son transmitidos por herencia, de modo que mediante mediciones craneológicas se distinguen las razas y aún después de siglos de mestización los integrantes primitivos que se manifiestan atávicamente son revelados al investigador podía creer que la así llamada alma tiene su asiento fuera del cuerpo al que lleva de la nariz como un muñeco!

¡Oh Edad Media! ¿Cuándo se apartará tu noche de nosotros? ¿Cuándo comprenderán los hombres que la figura no es un accidente sin importancia sino una expresión del ser más íntimo? ¿Qué justamente aquí, en este punto, los dos mundos del interior y del exterior, de lo visible y de lo invisible, se tocan?

Denominé a la personalidad humana el mysterium magnum de la existencia; ahora bien: en su imagen visible este milagro insondable se presenta a la vista y al intelecto escudriñador. Y de la misma manera que las posibles figuras de un edificio están determinadas y limitadas por la naturaleza del material en construcción en aspectos esenciales, así también la posible figura de un ser humano, la interior y la exterior, está determinada en aspectos sustanciales por los elementos constructivos heredados, de los cuales se hace la composición de esta nueva personalidad.

Seguramente puede suceder que se dé una significación abusiva al concepto de raza: con ello se menoscaba la autonomía de la personalidad y se corre el peligro de subestimar el gran poder de las ideas; además, la cuestión racial es infinitamente más complicada que lo que cree el profano, pertenece eternamente al terreno de la antropología y no puede ser solucionada por sentencias de lingüistas e historiadores.

Pero, con todo, no puede ser que se deje simplemente de lado la raza como quantité négligeable; menos puede ser que se enuncie algo directamente acerca de la raza y permitir que semejante mentira histórica llegue a cristalizar si, en un dogma incontrovertible. El que sostiene la aserción de que Cristo fue un judío, es o bien ignorante o falta a la verdad: ignorante, si hace una mezcla confusa de religión y raza, falta a la verdad, si conoce la historia de Galilea y mitad calla mitad desfigura los hechos sumamente enredados a favor de sus prejuicios religiosos o aún para mostrarse complaciente al poderoso judaísmo. (17)

La probabilidad que Cristo no fue un judío, que no tenía una gota de sangre judía en las venas, es tan grande que casi equivale a una certeza. ¿A qué raza pertenecía? A esto no se puede dar ninguna respuesta. Como el país estaba situado entre Fenicia y Siria, impregnada en su porción sudoeste de sangre semita, además quizá no estaba del todo limpio de su anterior población mestizada con israelíes (pero nunca con judíos), la probabilidad de un árbol genealógico preponderantemente semita es grande. Pero el que ha echado aunque sea sólo un vistazo a la Babel de razas del reino asirio (18), y luego se entera de que de las partes más diversas de este reino se trasladaron colonos a aquel anterior hogar de Israel, no tendrá pronta la respuesta.

Es bien posible que en algunos de estos grupos de colonos existiese una tradición de casarse entre ellos, con lo que entonces una rama étnica se habría mantenido pura; pero que esto haya sido realizado durante más de medio milenio, es casi increíble pues precisamente por el traspaso al culto judío se iban borrando paulatinamente las diferencias étnicas, que al comienzo (II Reyes, XVII, 29), habían sido mantenidas por costumbres religiosas patrias. En épocas posteriores inmigraron además, como hemos oído, griegos; de todos modos pertenecía a las clases más pobres y por supuesto adoptaron de inmediato el ‘’dios local’’.

Sólo una afirmación podemos dejar sentada, por lo tanto, sobre sano fundamento histórico: en toda aquella parte del mundo había una única raza pura, una raza que mediante estrictas prescripciones se protegía de toda mezcla con otros pueblos, la judía; que Jesucristo no pertenecía a ella, puede ser considerado como seguro. Toda ulterior aseveración es hipotética.



Este resultado aunque puramente negativo es de gran valor; significa un importante aporte al exacto conocimiento de la imagen de Cristo, y con ello también para la comprensión de su influencia hasta el día de hoy y para el desenredo del ovillo terriblemente embrollado de conceptos, contradictorio e ideas erróneas, que se ha enlazado alrededor de la sencilla, transparente verdad. Pero ahora debemos calar mas hondo. La pertenencia exterior es menos importante que la interna; recién ahora llegamos a la cuestión decisiva: ¿hasta que punto Cristo pertenece como manifestación (Erscheinung) al judaísmo, hasta que punto no?

Por H. St. Chamberlain


Notas:

  1. Wellhausen Israelische und judische Geschichte (Historia israelita y judía) 3 ed.L8097, pág, 16 y 74. Como además Jueces /30 y 33 y aquí más abajo cap 5.
  2. Graetz: Volkstumbliche Geschichte der Juden, (Historia popular de los judíos/88.
  3. Graetz: Ic/ 567. Galilea y Perea tenían juntos un tetrarca propio que gobernaba independientemente, mientras que Judea, Samaria o Idumea estaban bajo un procurador romano. Graetz agrega en este lugar: ‘’Por la animosidad de los samaritanos, cuyo país formaba una cuña entre Judea y Galilea la comunicación entre las dos porciones de territorio separados estaba aún más trabada.’’ –Que además no se tiene el derecho de identificar a los genuinos ‘’israelitas’’ del norte con los ‘’judíos’’ propiamente dichos del sud, no lo he mencionado aquí por razones de simplicidad.
  4. Tan completamente desapareció que algunos teólogos que disponían de suficientes horas de ocio como para romperse la cabeza también en el siglo diecinueve sobre qué pudo haber sido de los israelitas ya que no podían admitir que cinco textos de un pueblo al que Yahvé había prometido toda la Tierra hubiesen simplemente desaparecido. Una cabeza ingeniosa hasta llegó a la conclusión de que las diez tribus que se creían perdidas eran los actuales ingleses! Tampoco se encontró en apuros en cuanto a la moraleja de este descubrimiento: por eso a los británicos les pertenecen por derecho cinco sextos de toda la superficie terrestre el restante sexto a los judíos. Compo. H.L.: Lost Israel where are they to be found? (Los israelitas perdidos, dónde se los encontrará? (Edinburg 6a,1877). En este folleto se menciona otra obra, Wilson Our Israelistisch Origin, nuestro origen Israelita. Hasta hay, según estas autoridades, honestos anglosajones que han remitido su genealogía hasta Moisés!
  5. Hasta qué considerablemente medida ‘’el carácter distintivo de la nación israelita estaba perdido’’, lo refiere Robertson Smith, The prophets of Israel (los profetas de Israel), (1895) pag. 1953
  6. Albert Reville Jesús de Nazareth 416. No se olvide tampoco que Alejandro el Grande había poblado después del alzamiento del año 331 a la próxima Samaria con macedonios.
  7. Graetz Lc. /.400. Véase también Macabeos V.23.
  8. Graetz Lc./ 544. (COMPO.Josefo, Libro XVIII, cap3.
  9. De la Mishna citado por Renan: Vie de Jesús, Vida de Jesus 23 ed. Pág 242.
  10. Juvenal cuenta: Aere minuto Quallacunque voles Judaei somnía verdunt
  11. Mommsen: Römische Geschichte, (Historia romana) V, 515
  12. También aún más tarde los habitantes de Galilea formaban una raza especial distinguida por su vigor y su valentía, como lo demuestra su participación en una campaña bajo el persa Sharbaza y en la toma de Jerusalén. En el año 614.
  13. Se podrían por cierto resumir de los Evangelios suficientes testimonios sobre la diferenciación entre los galileos y los judíos propiamente dichos. En particular, en Juan se habla reiteradamente de ‘’los judíos’’ como de algo extranjero y los judíos por su parte declaran: ‘’De Galilea no sale ningún profeta’’ (7,52).
  14. Compo. P. ej a Graetz lc/./, 575. Sobre la peculiaridad de la lengua de los galileos y la incapacidad de los mismos para pronunciar correctamente los sonidos guturales semitas: Comp. Especialmente a Renan: Langues sémitiques. Lenguas semitas 5ª. Ed. Pag 230.
  15. Véase p.Ej., el cuadro omparativo en Max Müller Science of Language, 9º ed,p. 169 y en cada uno de los tomos de los Sacred Books of the East (Libros Sagrados del Este). La lengua sanscrita conoce sólo seis auténticos guturales, la hebrea, diez; es principalmente llamativa la diferencia en el sonido alto gutural, la h, para el cual las lenguas indogermánicas desde siempre solo conocieron un solo sonido, las semitas en cambio cinco distintos. A su vez, se encuentran en el sanscrito siete distintos sonidos linguales y en hebreo sólo dos. Cuán inmediatamente difícil resulta borrar completamente tales signos raciales lingüísticos heredados; todos los conocemos perfectamente por el ejemplo de los judíos que viven entre nosotros; el dominio correcto de nuestros sonidos linguales les resulta tan imposible como a nosotros la maestría para emitir sonidos guturales.
  16. Jesus de Nazareth, etudes critiques sur le antécedents de l’historie evangelique et la vie de Jesús (Jesús de Nazareth estudios críticos sobre los antecedentes del a historia evangélica y la vida de Jesús) 2 vol 1897.
  17. ¿Cómo se puede explicar por ejemplo que Renan, en su Vie de Jesus aparecido en 1863 dice que es imposible aun hacer suposiciones en cuanto a la raza a la que perteneció Cristo por su sangre (véase cap. II), en el quinto tomo terminado en 1891 de su Historie du Peuple d’Israel, sostiene la categórica afirmación, Jesus etait un Juif, y ataca con inusitada violencia a la gente que osa poner esto en duda ¿No será que la Alliance Israélité con quien Renan en sus últimos años de vida se halló en tan vivas relaciones, tuvo también una palabra que decir en esto? En el siglo diecinueve escuchamos tantas cosas bellas sobre la libertad de la palabra, libertad de la ciencia, etc. Pero en verdad estuvimos mucho peor avasallados que en el siglo 18, porque a los anteriores detentadores del poder, se agregaron nuevos y peores. La coacción anterior podía, con toda su amarga injusticia, fortalecer el carácter. La nueva, que sólo parte del dinero y sólo tiene en vista el dinero, humilla la más baja esclavitud.
  18. Comp Hugo Wincker Die Volker Vorderasiens (Los Pueblos del Asia interior), 1900.

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Abu Ya’Far ibn Sa’id: un poeta granadino del siglo XII

A la Granada Almohade de la segunda mitad del siglo XII, recién conquistada a los Almorávides y último bastión importante de éstos en la Península, envía el califa ‘Abd al-Mu’min como gobernador a uno de sus hijos: el sayyid Abü Sa’Id ‘Ulman ibn ‘Abd alMu’min’. 1

Este joven príncipe, veterano ya, pese a su temprana edad, de algunas arduas campañas militares, encuentra en Granada, lejos de la férrea tutela paterna, el Paraíso soñado por los Creyentes, allá en los polvorientos caminos del Atlas o en los áridos desiertos al Sur de Marrakech: una naturaleza pródiga en jardines y fuentes y un grato ambiente cultural creado por los últimos gobernadores almorávides, en el cual ya habían brillado, años atrás, poetas de la talla de al MajzümI, Nazhüo al-Qala’iyya o el cordobés lbn Quzman.



Con el trascurso de los años, el joven sayyid prefirió rodearse de hombres de letras, en especial de los poetas más famosos de su época, a muchos de los cuales supo retener a su lado de una u otra forma: ofreciéndoles cargos políticos o administrativos, otorgándoles privilegios, favores, o brindándoles una vida grata de placeres y diversiones, para lo cual procuró que el ambiente de su Corte fuese lo más atractivo posible a un poeta: torneos literarios, recitales poéticos, fiestas, cacerías, etc … donde, naturalmente, no solía faltar el vino.

De esta forma, fue creando en torno suyo una Corte literaria que en nada tuvo que envidiar a las de los Reinos de Taifas, en la que se dieron cita poetas y literatos tan conocidos como al-Rusafi, al-Kutandi, Ibn Nizar, Ibn Yubayr o al-Mawa’ini y, destacando en el centro de todos, por su categoría social, su cultura y sus dotes literarias, Abü Ya ‘far ibn Sa’id, uno de los más notables poetas hispanoárabes, que ha pasado a la historia de la literatura árabe sobre todo por sus relaciones amorosas con la poetisa granadina Hafsa bint al-Hayy al-Rakuniyya así como por el trágico final que tuvieron dichas relaciones. Estos amores desgraciados convirtieron a ambos en una de las parejas más famosas de la literatura andalusí, como Yamil y Butayna en Oriente o como Ibn Zaydun y Wallada en Occidente.

Pero los mismos acontecimientos que le llevaron a la fama como «amante inmortal», unido para siempre su nombre al de Hafsa, han hecho permanecer en la oscuridad el resto de la producción poética de Abu Ya’far.

Además de los versos que éste dedicó a su amante -muy pocos, por cierto, si se comparan con el resto de su obra-, Abu Ya’far es autor de un buen número de poemas, dispersos en las fuentes árabes y de los que no tengo noticias de que fuesen recogidos en un diwan 2. La razón de ello es probablemente que Abu Ya’far no era un poeta de oficio; fundamentalmente, y al menos en teoría, era un hombre de estado, un político destinado por su padre a ocupar cargos importantes en la administración: su destino había sido trazado desde su niñez y para él la poesía fue uno de los muchos placeres a los que se inclinaba su espíritu; más fuerte, por lo que veremos, que todos sus compromisos familiares y políticos.

Ésta es una de las causas por las que no cuidó de reunir sus poemas en un diwan. La otra razón sería, probablemente, su temprana muerte. Quizás si la vida de Abu Ya’far no hubiera sido truncada tan pronto y de una forma tan precipitada y violenta … , si hubiera alcanzado la edad madura a que llegaron la mayoría de los miembros de su familia, él mismo se habría encargado de reunir su producción poética, incrementada por los años, y, si no recogida en un diwan, habría sido al menos insertada en el Mugrib, la gran obra de la familia comenzada en su niñez, y en la que sin duda él habría colaborado activamente.



Pero no ocurrió así, la muerte vino a interrumpir su brillante carrera literaria en 1163 y los poemas que de él nos han llegado están dispersos en unas y otras fuentes literarias, que, a veces, se repiten, y, otras, nos llegan incompletas: Mugrib, Ihata y, sobre todo, el Nafh al-Tib, que, al ser posterior al resto de las fuentes que hablan sobre él, hace su autor, al-Maqqari, una recopilación de ellas y da una visión más amplia de las noticias y los versos del poeta. Pero, como toda obra antológica, es incompleta, e incluye únicamente lo que a su autor le pareció más importante reseñar.

Es por ello que el resto, lo que pudo suceder entre la composición de los poemas que nos han llegado, hay que imaginárselo e intentar rellenar las lagunas que aparecen en su vida haciendo uso de la imaginación, que es lo único que nos queda cuando falla la Historia.

Por Celia del Moral Molina


Notas:

  1. Sayyid (señor) es el título que dieron los Almohades a los príncipes descendientes de ‘Abd al-Mu’min. De este título, que pasó a la España cristiana, deriva el de Cid. Sobre el sayyid Abu Sa’id ‘Utman, cf. A. HUlCI MIRANDA, Historia Política del Imperio Almohade, Tetuán, 1956; IBN ABI ZAR, Rawd al-Qirtas, trad. de A. Huici Miranda, Valencia, 1964, II, 386-388,414-415.
  2. Es cierto que en la Ihata, (I, 215) dice lbn al-Jatib tomándolo de al-Mallahi: «wa-Iahu … si’r mudawwan», frase que repite de nuevo más adelante (p. 219) Y que, según creo, no deja de ser equívoca, tanto puede significar «recopilada» como «digna de ser reunida en un Diwan». En ningún otro sitio -hasta ahora- he visto confirmado que su poesía se hubiese recogido en un Diwan, antes o después de su muerte.

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Sion y la vieja historia de atacar y huir tratando de engañar al mundo

El día 11 de julio de 1998 (menos de un mes antes de las explosiones africanas), todos los corresponsales occidentales en Oriente Medio difundieron una noticia que el gobierno libanés confirmó, luego, oficialmente: había sido descubierta en Líbano una red de espionaje israelí, integrada por 77 ciudadanos libaneses, que tenía por objetivo principal destruir – por medio de un «atentado terrorista»– la embajada de Estados Unidos en Beirut. Luego, al igual que había sucedido en Buenos Aires unos años antes, se acusaría a Hezbollah de haber realizado el atentado. Un desertor del Ejército del Sur de Líbano desbarata la operación. Nada nuevo: terrorismo encubierto. Todos los estudiosos de la política exterior israelí conocen esa estrategia.

«Es la misma historia de siempre: atacar y huir tratando de engañar al mundo» (Livia Rokach, El terrorismo de Estado israelí: un análisis de los Diarios de Moshe Sharett en Israel´s Sacred Terrorism, Arab News, 8 de marzo de 1980. Anexo 3).

En este caso, para engañar al mundo luego del fracaso libanés, había que generar a un «culpable» creíble.



La primera tentativa se orientó hacia Irak. Aunque no sea un Estado islámico es, al menos, un Estado árabe. La «venganza de Sadam« sigue siendo una imagen convincente y terrorífica. Pocos meses antes, estando Netanyahu de visita en los EUA, no se pudieron concretar los bombardeos sobre Irak, poseedor de «armas de destrucción masiva« con capacidad «para destruir tres veces al planeta tierra».

Hasta ese punto se habían deteriorado las relaciones entre los gobiernos de Washington y de Tel Aviv. Pero ahora, dos días antes de las explosiones del África oriental, los inspectores de las Naciones Unidas se retiraron intempestivamente de Bagdad, luego de adoptar una postura insultante – claramente provocadora – para la dignidad de Irak.

Se dice que ese gobierno pretendía impedir la continuidad de las inspecciones (que ya casi habían terminado: obviamente no había armas de «destrucción masiva» en Irak). Ante el extraño hecho consumado el gobierno de Sadam se queda atónito: faltaba muy poco para finalizar la inspección que levantaría el embargo. No podían impedir las inspecciones porque los inspectores, simplemente, ya se habían marchado (afortunadamente existe una película difundida por la televisión iraquí que es absolutamente clarificadora sobre este episodio).

El segundo intento consistió en relacionar los atentados africanos con anteriores operaciones contra tropas norteamericanas de guarnición en Arabia Saudí: en los sagrados lugares. Para ello se inventa una organización inexistente: Frente Internacional Islámico para la Lucha contra Israel y los Cruzados. Hasta el nombre es ridículo e ilógico. Ridículo: porque intenta implicar forzadamente a Europa occidental [los «Cruzados»]; ilógico: porque no se comparecen los conceptos «internacional» e «islámico» [pertenecen a dos épocas distintas dentro del siglo XX: la comunista «internacional» y la poscomunista]. Personalmente no tengo dudas de que fue inventado por el propio Instituto para los Estudios de Contraterrorismo de Tel Aviv. Es esa institución la que difunde en Occidente la imagen de ese Frente Internacional Islámico y Anticruzada (una forma burda de implicar al cristianismo contra el Islam): «una organización que extiende sus tentáculos desde el desierto de Nubia, en África, hasta Afganistán».

Algunos grupos en Israel están particularmente interesados en señalar la naturaleza anónima e internacional del «nuevo terrorismo», dado que no hubo ni habrá reivindicación del atentado; lo que en teoría va contra toda lógica política:

«Está claro que el terrorismo internacional e indiscriminado no está muerto, pero, como un virus maligno, parece que ha pasado por un proceso de mutación. A las organizaciones terroristas ya no les interesa identificarse reivindicando la responsabilidad de sus crímenes… porque han vuelto a la sombra. Y al igual que los terroristas que cometieron el atentado por bomba contra la embajada de Israel en Buenos Aires, los que atentaron contra las embajadas USA en Africa se han convertido en (terroristas) indiscriminadamente internacionales…» (Jerusalem Post, 9 de agosto de 1998).



La guerra mundial contra el «terrorismo islámico» está servida:

«El rastrear a terroristas es ahora una prioridad internacional y los americanos merecen pleno apoyo y colaboración internacional en la caza (de los terroristas). Ciudadanos de prácticamente todos los países han sido asesinados por terroristas y quedan pocos países que hacen todavía concesiones por una motivación «ideológica» de estos crímenes. Por lo tanto, si se comparte el sufrimiento, la responsabilidad de atrapar a terroristas de cualquier índole debe compartirse doblemente» (JP, ibídem.)

La «conexión saudí» es señalada explícitamente por un periódico inglés de clara tendencia pro-israelí, The Independent. En su edición del 12 de agosto Robert Fisk escribe:

«La clave de la identidad y los motivos que inspiraron a las personas que atentaron contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salaam se encuentra en las profundidades de la nación que los estadounidenses consideran su principal aliado en el Golfo Pérsico: Arabia Saudí. El ataque… reflejó la furia creciente de miles de saudíes – incluidos algunos miembros de la familia real – contra la continua presencia militar y política de EUA en la tierra que alberga dos de los más importantes santuarios del islam: La Meca y Medina… No fue una casualidad que las bombas explotasen… coincidiendo con el octavo aniversario de la llegada de las primeras tropas de EE.UU. a Arabia Saudí, en 1990…»

El Jerusalem Post (JP), a su vez, recuerda el anterior atentado contra tropas norteamericanas realizado en territorio saudí:

«Las susceptibles autoridades saudíes, ante el temor que las investigaciones podrían revelar alguna conexión políticamente embarazosa con un Estado de la región, obstruyeron constantemente las investigaciones y negaron el acceso de oficiales USA a los sospechosos clave. Este comportamiento fue particularmente irritante, ya que los saudíes son aliados de los americanos y dependen en mucho de la protección americana contra amenazas regionales como desde Irak o Irán…» (JP, Ibídem).

La tercera hipótesis fue desarrollada por «analistas» argentinos al servicio del Estado judío, que quiere implicar a Irán a toda costa, en los atentados de Buenos Aires. Para estos cipayos los autores de los atentados africanos son miembros de

«… la internacional islamista, (que es el) ala dura del poder iraní que intenta por todos los medios ‘frenar’ el acercamiento a Occidente del nuevo presidente iraní (más) una combinación de varios actores en la que intervendrían algunos sectores disidentes del grupo chiita proiraní Hezbollah, teledirigido por Irán y Siria. El contexto interior iraní se hace obvio por la cruda batalla que libran en Teherán los renovadores de Jatamí y el ala conservadora fiel a los valores del Ayatolah Jomeini» (en Página 12, Buenos Aires, 10 de agosto de 1998).

Como de costumbre, se construye una gran imagen falsa a partir de algunos elementos ciertos. Como por ejemplo la disidencia de Hezbollah. Pero naturalmente no se aclara que el «grupo de Baalbek« no tiene ninguna capacidad de acción más allá del Valle de La Bekaa, en Líbano. De esa hipótesis, al parecer fecunda, se han derivado luego otras, como la que expone el Foreign Report de Londres, el 13 de agosto. Los «guardianes de la Revolución» iraníes habrían actuado en coordinación con las fuerzas del saudí Ussana Ben Laden, supuestamente exiliado nada menos que en el Afganistán talibán.



Conviene recordar que los talibanes, en su origen, fueron una creación de la CIA contra las tropas soviéticas que habían invadido Afganistán. Esto parece olvidarlo hoy en día la diplomacia rusa, que señala a Afganistán como el centro del «terrorismo islámico internacional». Pero ya sabemos cuál es la posición – hegemónica – que tienen los judíos en la Rusia pos-soviética. A través de los talibanes queda metido en la olla, donde se cocina este nauseabundo guiso de acusaciones, el Paquistán musulmán, flamante miembro del club atómico. Se hace difícil imaginar cómo los iraníes pueden negociar con elementos que mantienen secuestrados a 11 de sus diplomáticos en territorio afgano recientemente conquistado por las fuerzas talibanes.

Por otra parte los iraníes, al igual que antiguamente los soviéticos, siempre han denunciado la conexión norteamericana e israelí dentro de la alianza talibán-paquistaní.

Por N. Ceresole

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Edward Sa’id: No debemos demonizar al Islam ni al mundo árabe

«No debemos demonizar al Islam ni al mundo árabe… Se trata al Islam de una forma muy diferente que al cristianismo o al judaísmo. Años y años de prejuicios hacen que, por ejemplo, hablar de terrorismo judío nos deje indiferentes y que, sin embargo, sea habitual comparar a los musulmanes con el mal. Hay mucha pereza intelectual y mucha ignorancia en todo eso. Hemos aceptado como axioma las ideas de Samuel Huntington y el «choque entre las civilizaciones»… Huntington busca enemigos como sea porque se arrastra la necesidad ideológica de magnificar la superioridad de Occidente sobre el mundo».



Edward Said, al Corriere della Sera, de Milán, el 10 de agosto de 1998

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Alamut y los Castillos Persas

Ciudades y castillos en Persia conquistados o influenciados por asesinos (basados ​​en E. Burman)

El difícil terreno y la dureza del clima, junto con la costumbre de destruir los castillos una vez tomados, han contribuido a que los pocos de  ellos que sobrevivieron a los Asesinos no sean en la actualidad más que un montón de ruinas. Tal y como ha observado un historiador del Irán moderno:

«En su conjunto, las condiciones geográficas y climáticas de Irán producen un delicado equilibrio entre la subsistencia y su ausencia». 1

Cuando dejaban de existir las condiciones políticas y económicas que justificaban la existencia de una fortaleza o ciudad, también desaparecía la fortaleza o ciudad en cuestión, como si se tratara de artefactos surgidos en un momento de subsistencia. Esto puede aplicarse tanto a los lugares habitados por los Asesinos como a las ciudades que fundara Alejandro Magno, tales como Balkh, o Alejandría la Lejana, en el norte de Afganistán, o a las ruinas de las literalmente incontables ciudades que existieron en el desierto al sureste de Teherán, en la zona limítrofe entre Persia, Pakistán y Afganistán, donde las actuales condiciones áridas contradicen la gran fertilidad que existió en tiempos antiguos.



Además de la erosión natural producida por el viento, la arena, la lluvia, o la destrucción provocada por la actividad humana, debe tenerse en cuenta que los castillos de los Asesinos estuvieron situados en un terreno de gran sismicidad. Los estudios sobre la sismicidad histórica de la zona han demostrado la gran frecuencia con que los terremotos devastaban los asentamientos humanos, destruyendo características arquitectónicas de gran importancia.

No obstante, se dispone de menores pruebas al respecto en lo que se refiere a áreas remotas e inaccesibles, como es el caso de las montañas Alborz. Los restos existentes sugieren que la mayoría de los castillos experimentaron un considerable proceso de destrucción: en Samiran, por ejemplo, se observa con claridad el deslizamiento de partes importantes del castillo hacia el lecho del río, que corre al pie de una de sus laderas. Tales daños son típicos del desmoronamiento causado por los terremotos.

En un estudio sobre la sismicidad del centro y norte de Irán, N. N. Ambrasey ha proporcionado una información interesante sobre los posibles efectos de los daños causados por los terremotos, pertinente para el estudio de los castillos de los Asesinos. En la zona de Qazvin, que comprende aproximadamente Alamut (a unos cincuenta kilómetros en línea recta al noreste de Qazvin), y otros grandes castillos de los Asesinos, como Lammassar y Samiran, se registraron terremotos muy destructores en 1119 y 1176, épocas en que los Asesinos todavía residían allí. Pero de mucha mayor importancia fue el gran terremoto ocurrido el 14 de agosto de 1485, el cual:

…devastó los distritos de Eshkevar, Alamut, Talekan y el alto Shahsevar. Todas las casas y edificios públicos quedaron destruidos o gravemente dañados en una zona de 10.000 km2 y muchas personas resultaron muertas.» 2



Los informes contemporáneos aseguran que las sacudidas posteriores al terremoto principal duraron dos meses. En 1639 y 1808 hubo otros terremotos, además de los terremotos menores que muy probablemente no fueron registrados, los cuales contribuyeron a completar la destrucción, lo que explica que algunos castillos ya no existan más que en las crónicas. Incluso zonas tan importantes como Alamut sólo pudieron ser reconocidas gracias a lo que aún quedaba de ellas en el siglo XIX, y Lammassar sólo pudo ser reconocido convincentemente en 1962 por parte de Peter Willey. Se deben tener constantemente en cuenta estos problemas en cualquier discusión sobre los castillos de los Asesinos.

Por E. Burman


Notas:

  1. Avery, P., Modern Iran, Londres: Ernest Benn (1965), p. 6.
  2. Ambraseys, «Historical Seisrnicity», p. 56.

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La posición del Islam contra la usura – Parte II

El cambista y su mujer – Quentin Massys (1514)


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El mundo cristiano prohibió la usura, o al menos la mantuvo limitadamente mientras estuvo regido por la ley canónica. Los reformistas cristianos, tanto Lutero como Zuinglio, reafirmaron la condena de la usura, pero el reformista Jean Cauvin (Calvino), fue el primero en levantar la voz en favor de la usura; un siglo más tarde un discípulo suyo Claude Saumaire argumentará en su libro «Sobre la usura» (1638) que cargar interés es necesario para la salvación. El Renacimiento supondrá un cambio fundamental en la visión cristiana del mundo que pasará del teocentrismo cristiano a un paulatino humanismo que culmina en la Ilustración.

La fatal interpretación cartesiana del hombre como subjectum o medida del mundo afectó entre otras muchas cosas a la concepción tradicional de valor. La visión cartesiana daba licencia para concebir el valor, no como una vivencia existencial, sino como una figura idealizada racionalista dentro del esquema de sujeto/objeto. En este clima de profundo cambio los usureros obtuvieron su más importante victoria. La gran victoria de la usura, con claros precedentes en Inglaterra y Estados Unidos, fue sin duda la revolución francesa.

Dos acontecimientos cruciales en el año mismo de la revolución, aunque raramente mencionados,coronaron la misma: La circulación oficial por primera vez en Europa de papel-moneda estatal, los assignats ; y la derogación de la prohibición del interés en el préstamo, por primera vez en la historia de Francia, en el Decreto del 2 y 3 de Octubre de 1789.



Acerca de la revolución francesa, el Abate Barruel escribió en su libro «Memorias»: “Tres grupos diseñaron la revolución: ateos, enciclopedistas y economistas”. Asimismo, Edmond Burke diría en su «On French Revolution»: «La edad de la caballerosidad se ha ido. Una de sofistas, economistas y calculadores ha triunfado; y la gloria de Europa se ha extinguido para siempre”. ¿Pero quiénes eran estos economistas?

Se atribuye al Abate Ferdinando Galiani el haber sido el primero en sostener que la única medida del valor es el hombre, para él el valor es una idea en la mente del individuo. Turgot en su «Valeurs et Monnais» (1768) fue el primer escritor en afirmar que: “… en un cambio cada parte valora lo que recibe en más de lo que da”; posición exactamente opuesta al realismo aristotélico. Su escuela alcanzaría su máximo exponente en Jeremy Bentham, a quien se considera padre del utilitarismo. Bentham llamó a este concepto subjetivista de valor «utilidad», como esa propiedad de un objeto, que tiende a producir beneficio, ventaja, placer, bien o felicidad. En 1787 escribió el libro explícitamente titulado «Defensa de la usura». El subjetivismo utilitarista permitía jugar con el valor.

Para los utilitaristas, valor es una idea en la mente del individuo, por tanto usura no es más que una idea en un mundo de ideas. Consecuentemente, las teorías utilitaristas, que derivaron hacia las modernas teorías de consumo, han aceptado el delito de la usura como principio, o bien han ignorado el tema hasta llevarlo al olvido.

El economista J. S. Mill podía proclamar en «Principios de Economía Política» (1848) que la teoría del sujeto está completa. Siguiendo esta línea, ya en pleno siglo XX, el judío y premio Nobel (1970) Paul Samuelsom presentó en su «Una nota sobre pura teoría del comportamiento de los consumidores» (1938) una significativa contribución a la tesis subjetivista con una teoría de la elección basada en los datos observables. Daba licencia así, a calcular «objetivamente» la valoración de la gente por medio de datos estadísticos, que se desentiende de la diferencia entre ambas formas de valoración: El tratamiento del acto de valorar como una cosa medible que hace del hombre algo cosificado y el “valorar, en cada caso mío” que caracteriza el modo de valorar del hombre libre.

Otra escuela fue la seguida por Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx. Aunque ellos admitían que en la transacción no hay incremento, su afirmación resulta contradictoria. Adam Smith considerado padre de la Economía, era calvinista, por tanto doctrinalmente usurero, y su contribución a la «teoría» del valor fue la de considerar que el trabajo es la fuente del valor. El judío Ricardo incluso llega a admitir que el individuo no produce el valor, ya que sería tanto como negar la realidad de que el precio lo establece el mercado, aunque consideraba que provenía del trabajo.

Con Marx, el más influyente economista moderno, también de origen judío, el valor de una mercancía se transforma en la forma objetiva del trabajo social gastado en su producción, y la cantidad de valor contenida en ella equivale a la cantidad de trabajo contenida en ella. No obstante, Marx mismo tuvo que reconocer que el trabajo (real o concreto, según su vocabulario), no puede ser utilizado como unidad elemental con la cual el valor de todas las mercancías pueda ser medida, ya que cada trabajo tiene distinto valor real. Por tanto, tuvo que formar la idea de dos tipos de naturalezas una “concreta” y otra “abstracta” del trabajo contenido en las mercancías(21), y apunta que la substancia del valor es el trabajo abstracto.

Pero he aquí la falacia: En primer lugar, hemos de admitir que el valor procede de un trabajo abstracto sin ninguna realidad, por tanto, «acientifico» e «idealista»; en segundo lugar, para que todos los trabajos tengan el mismo valor habremos de tener una total indiferencia en la elección de uno u otro, afirmación que también carece de realidad, pero que en la práctica resulta terriblemente peligrosa, ya que legitima la posibilidad de que esta indiferencia no-natural sea establecida impositivamente a la gente a través de un selecto grupo de políticos planificadores (el estado marxista).



Un examen detallado de las teorías de Marx revela que la teoría de la plusvalía no es nada más que una ocultación de la usura: Primero, desvía el problema del injusto infrasalario, que los obreros se ven forzados a aceptar bajo la coacción del desempleo -cuyo origen debe únicamente a la práctica de la usura y no a la introducción de nuevas máquinas como pretendía David Ricardo, a un aparente, pero no causal, conflicto entre empresarios y empleados; en segundo lugar, ignora toda crítica de la usura al considerar a los banqueros como otros empresarios más, que actúan en un negocio más. No es de extrañar pues el rumor de que el gran banquero Rothschild -también judío- financiara su obra «el Capital”, ya que en ella aparece la más abierta defensa del dinero fantástico (papel-moneda), con el que se habían enriquecido todas las casas bancarias de Europa:

“…en un proceso que lo hace cambiar constantemente de mano, basta con que el dinero exista simbólicamente. La existencia funcional absorbe, por así decirlo, su existencia material. No es más que un reflejo objetivo de los precios de las mercancías, reflejo llamado a desaparecer funcionando, sólo como función, como signo de sí mismo, es natural que pueda ser sustituido por otros signos”.

El famoso economista judío y premio Nobel (1976) Milton Friedman, considerado padre del monetarismo capitalista moderno, no tuvo más que continuar esta visión funcional que reemplaza la visión existencial de la moneda que Marx había trazado. Por esta razón podemos afirmar que el monetarismo no es más que una fórmula reformada de marxismo; otra prueba que revela la falsa oposición de la dialéctica izquierda / derecha.

La Economía es un típico producto de la metafísica subjetivista (metafísica cartesiana y kantiana). La Economía se fundamenta en una visión del hombre estrecha y funcional, independientemente de las escuelas. El lema “si funciona bien es bueno”, convertido en moral económica, ha servido como argumento para constreñir la libertad del individuo. Esta moral considera apropiado que los políticos estimen que es lo que la gente quiere y administren la riqueza de otras personas incluso sin su consentimiento. Para hacer posible esta justificación, el acto libre y vivido de valorar se ha «convertido» en cifras o algo medible al antojo de los economistas y políticos, y el derecho de propiedad ha sido también tergiversado. La Economía Moderna ha dado ya abundantes signos de haber perecido, de no ser capaz de entender ni al hombre, ni al mundo; al tiempo que conduce a ambos a una destrucción que nadie desea.

Por ‘Umar Ibrahim Vadillo


Notas:

21. Marx.»El capital», p.41


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La posición del Islam contra la usura – Parte I

La cuestión de la usura

La posición del Islam contra la usura es tajante. Allâh dice en el Corán:

«Allâh ha permitido el comercio pero ha prohibido la usura»(1).

Esta prohibición de la usura fue Ley ya en los tiempos del Profeta Moisés, que la paz sea con él, concerniendo a todos los seres humanos; también el Profeta Jesús, que la paz sea con él, confirmó esta misma prohibición; y el Ultimo Profeta, Muhammad, que la paz y las bendiciones sean con él, reiteró la condena de la usura para todos los tiempos venideros.

Aunque muy poca gente sepa hoy lo que es realmente la usura, el crimen de la usura ha sido siempre condenado por todos los grandes hombres de nuestra civilización:

En la antigua Grecia: Platón(2), quien la consideraba como enemiga del bienestar social por crear una clase, la de los ricos prestamistas usureros, a costa de la de los pobres prestatarios; Aristóteles(3), quien la consideraba antinatural; Aristófanes(4); o Plutarco(5), quienes la consideraban como un robo.

Entre los romanos hombres como Séneca(6), o Cicerón(7), quienes comparaban la usura con el asesinato.



Entre los primeros padres de la iglesia cristiana: Gregorio Nysseno(8); Juan Chrisostomo(9) ; Agustín(10); Tomás de Aquino(11), quienes comparaban al usurero con alguien que trata de vender el vino y su uso separadamente; o Duns Escoto(12) . La condena también incluye a la mayor parte de los concilios celebrados hasta 1830 -año en el que la oficina vaticana empieza a autorizar el cobro de pequeñas cantidades de beneficio fijo en el préstamo de dinero- y de papas, como Benedicto XIV(13) .

Entre los reyes cristianos españoles algunos como Alfonso X, el Sabio(14), o Alfonso XI(15). Y la práctica totalidad de los califas musulmanes.

Entre los autores modernos tenemos a Goethe(16), quien se burlaba del timo del recién nacido papel-moneda; Richard Wagner(17), quien combatió a riesgo de su vida contra el estado y la usura; J.P. Proudhon(18) quien considera la usura la primera causa de paralización comercial e industrial; o Ezra Pound(19) quien, por condenar la usura, se vio acusado de traidor por su propio país.

La gran y desgraciada excepción histórica (y presente) es la de los judíos, que se empeñaron una y otra vez en la tergiversada interpretación talmúdica de las leyes mosaicas que les daba y da licencia para prestar con usura a los no judíos como medio para alcanzar poder,como bien muestra Werner Sombart en su libro «Los judíos y la vida económica».

El paso de la prohibición de la usura a su permisividad no se produjo de la noche a la mañana sino que llegó paulatinamente, al tiempo que se transformaba la visión del mundo y la existencia. Una atención especial merece la evolución del concepto de valor a lo largo de la historia.

Si nos remontamos a Aristóteles, observamos como su condena de la
usura fue bien clara y contundente. Aristóteles consideraba que en toda transacción comercial los valores de los bienes intercambiados son iguales, y advirtió que la medida del valor no puede «estar» en el hombre, ya que cosas con mucha importancia tienen poco valor, como el agua, mientras que cosas con poca importancia, como los diamantes, tienen mucho valor. Es por tanto, en el marco de la interrelación del mercado donde el valor sucede. Reparó en que, dadas las condiciones de mercado de Libertad y Equidad, en todo intercambio de un bien por otro, establecemos una equivalencia entre ambos.

Por ejemplo, cuando intercambio mi trabajo de una semana por unas cuantas monedas, estoy estableciendo que esta cantidad de monedas equivale a mi trabajo, que de hecho ha merecido el esfuerzo de mi trabajo. Esta apreciación tan elemental resulta de una trascendental importancia. Así, para Aristóteles valorar es un acto vivido y, por tanto, el valor, no es una representación subjetiva, sino el resultado vivido de valorar.

Esta misma forma de entender el valor fue traída a Occidente por los
musulmanes entre quienes Qadi Abu Bakr ibn al-Arabi, uno de los más
famosos jurista de Al-Andalus, definiría la usura de la forma considerada tradicional, como: “la usura es todo incremento no justificado entre el valor de los bienes recibidos y el contravalor de los bienes entregados”.

Los incrementos no justificados son todos aquellos debidos a irregularidades en las condiciones generales del mercado o de la transacción misma. Por ejemplo, son incrementos no justificados los debidos a la existencia de monopolios o monopsonios, o la imposición de precios máximos o mínimos, o la compulsión de una mercancía como medio de cambio o moneda, etc; y también los debidos al alquiler de mercancías no alquilables (de consumo), o establecimiento de incertidumbre en el contrato, loterías o juegos de azar, etc.



El Escolasticismo europeo preservó para toda la cristiandad esta concepción clásica del valor que condenaba la usura. Así, Tomás de Aquino distingue entre mercancías alquilables y mercancías no alquilables (como la moneda), para poder preservar la condición de equidad de todo trato comercial, esto es, la igualdad de valores:

Al prohibirse la usura se prohibía la posibilidad de que en los intercambios alguien pudiera ganar algo a cambio de nada.

La historia de la usura es tan antigua como el comercio mismo y ha sido su mal crónico, aliviado o agudizado, en la medida de la habilidad de los usureros y la fortaleza de las gentes. La ley romana, a parte de algunos fracasados intentos por prohibirla, admitía una limitada tolerancia y finalmente una abierta práctica de la usura, que condujo a la destrucción de Roma (20).

Como la práctica de la usura estaba prohibida a los cristianos y a los musulmanes, muy pronto se convirtió ésta en dominio exclusivo de los judíos. Desde el siglo XI hasta el XV, Venecia, centro del comercio mediterráneo, con un desproporcionado número de judíos, se convirtió en la más importante ciudad usurera de Europa, donde se establecieron los primeros negocios de depósito y crédito bancarios, que sirvieron de escuela a los futuros banqueros europeos.

Por ‘Umar Ibrahim Vadillo


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Notas:
  1. «Corán» 2, 275
  2.  Platón, «Leyes», v. 742.
  3.  Aristóteles, «Política», 1258 b 1, 2-8.
  4.  Aristófanes, «Las Nubes», 1283 sqq.
  5.  Plutarco, «Moralia», Sobre el préstamo, 829.
  6.  Séneca, «De Beneficiis» VII x.
  7.  Cicerón, «De Oficiis», II, xxv, acerca de Cato.
  8.  Gregorio Nysseno, PG 46, 434.
  9. Juan Chrisostomo, PG 53, 376: 57, 61 s.
  10.  Agustín, PL 33, 664.
  11. Tomás de Aquino,»Summa» II-II q. lxxviii; «De malo» q. xiii, t. 2a 14)
  12.  Duns Escoto, «In lV Sentent», d. 15, q. 2, nn. 17-20 y 26.
  13.  Benedicto XIV, «Encíclica a los obispos italianos del año 1745».
  14.  Alfonso X, “Partidas», 1ª, Título XIII, Ley IX.
  15.  Alfonso XI, «Ordenamiento de Alcala», Titulo XXIII.
  16.  Goethe, «Fausto», Parte II, Acto 1, Escena 2.
  17.  Ver su discurso en la revolucionaria ciudad de Dresden el 14 de Junio de 1848 en el libro deHouston Stewart Charnberlaín «Richard Wagner».
  18.  Proudhon, «¿Qué es la Propiedad?,1983, Barcelona, pag. 163.
  19.  Ezra Pound, «Cantos», XLV, XLVI .
  20. Ver «La grandeza y decaimiento de Roma» de Ferrero.

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