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El Algarrobo en la cultura árabe

La Ceratonia Siliqua, árbol leguminoso, siempre verde, de flores purúreas y cuyo fruto se denomina Algarroba, siendo una legumbre con semilla de color de café, azucarada y muy alimenticia.

La Biblia cuenta que el Hijo Pródigo sólo comía Algarrobas al regresar al hogar paterno, y así lo encontramos citado en otras leyendas parecidas de otros sistemas religiosos. Desde nuestro punto de vista, es árbol lunar; pero que recibe grandes y significadas impresiones solares.

Los árabes lo cultivaron en jardines sagrados, como remedio contra la epilepsia, pero para esta enfermedad sólo son útiles los frutos de una tercera generación de algarrobos cultivados bajo formas astrológicas.

Los árabes lo llaman Kahrub y los franceses Caroubier, de cuya palabra procede la medida Carate, Quilate, pues en tiempos remotos usaban las semillas de la Algarroba para pesar las piedras preciosas. De ahí tomó también su nombre la moneda árabe.



Ricardo I, en sus cruzadas estuvo expuesto a perecer de hambre con sus huestes de no haberse alimentado con Algarrobas, que dio aquella época en cosecha abundante y capaz de sostener a un ejército sitiado.

En casi todas partes, se llama al Algarrobo Pan de San Juan, ya que dice la leyenda que el Bautista no tomaba otro alimento que el fruto de este árbol. Al preguntársele el porqué, respondió que ese árbol, siendo lunar, marchaba en su evolución a convertirse en solar, de lo cual era símbolo el Bautismo y la Redención.

Cuando San Juan murió mártir, se perdió su cabeza después de la horrible exposición, y al encontrarla los cristianos se había convertido en Ortiga. La Ortiga es mercuriana, pero con influencias de Marte, y por eso el hierro que contiene es doblemente medicinal. Analizada la Ortiga, vemos que tiene las mismas sales que la sangre humana. Su extracto, por consecuencia, es de grandiosos resultados para mantener prolongadamente una vida sana.

Por el Dr. K-Heller

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La historia de Líbano contada a través de sus platos – Tabule

La historia del Líbano narrada en la mezcla de los vegetales

 

Ella fue concebida por un tomate, idealizada por la cebolla, configurada por la menta y diseñada por una salsa. Al nacer, ella fue envasada en el repollo y la lechuga por el limón, pimienta, sal, aceite de oliva y los condimentos, al sonido de un vals.

La cocina libanesa puede ofrecer más que sólo una deliciosa cocina: ella explora orígenes e historias, reflejando la extensión del intercambio cultural que ocurrió entre las diversas civilizaciones y pueblos que han pasado por los países árabes desde los albores de la historia.

Tal vez una de las más bellas historias de testigos sobre este intercambio es la historia de la ensalada de «tabule», que es hecha por el corte suave de los varios componentes: Tomate, menta, cebolla, lechuga, melaza de Granada,trigo (burghul) que, se cree, puede haber sido añadido a la receta original por los libaneses.



Historia de tabule

Reza la leyenda que el tabule fue inventado por los caldeos en Mesopotamia en el año 1800 AC, que llevaron la receta a través de la historia y la geografía hasta la tierra donde se encontraban los fenicios cerca de la costa del mar Mediterráneo

La palabra tabule es derivada de la raíz (tbl) y significa mezclar vegetales, oriunda del verbo imperativo de la lengua caldea, cuando el pueblo mezclaba todo tipo de vegetales en un plato y los ofrecía a los sabios. El desarrollo del plato se debe al Líbano, que inventó ese nombre «Tabule». Sin embargo, no se sabe exactamente cuando el «Burghul» (trigo) fue introducido en la mezcla del tabule y es probable que se haya hecho en la era mameluca en la región de Bekaa, debido a la propagación del cultivo de trigo en el valle

Parece que este plato «viajero» no se detuvo. Después de establecerse en Líbano y convertirse en parte de su cocina tradicional, fue llevado por los inmigrantes para instalarse en América Latina, en especial en Brasil, donde se popularizó.

Y Líbano terminó entrando en el guinnes book de los récords con «el mayor plato de tabule del mundo,» hecho hace 13 años por varios representantes del país de los cedros. Vale recordar que siempre el primer sábado del mes de julio de cada año, los libaneses celebran el «Día Nacional del tabule» como una iniciativa para «preservar esa herencia de la cocina de Líbano».

Dicen que el secreto del verdadero tabule está en el uso del genuino aceite de oliva y el limón, además de la cantidad correcta de sal.

Con información del Consulado Geral do Líbano no Río de Janeiro

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Origen de la palabra Massari («dinero») (ماسساري)

Origen de la palabra Massari («dinero»)

La Palabra «Massari» (ماسساري), que la mayoría de los descendientes conoce y que significa dinero, en realidad fue un término oriundo de una corrupción lingüística que se introdujo en la lengua árabe y que es más usado en el llamado levante, especialmente en Líbano y Siria. Para explicar el origen de esa palabra, debemos volver a principios del siglo XX, a la época de la primera guerra mundial y del caos financiero experimentado por la región, justo después de la derrota del imperio otomano y su consecuente retirada.

Como resultado de la pesada carga financiera impuesto a los otomanos en 1915, estos fueron forzados a emitir papel-moneda y obligar a su uso a la población, que solía comercializar productos utilizando oro y plata. El valor de la moneda otomana – que era de 100 monedas de oro -, comenzó a deteriorarse dramáticamente, llegando a valer, en 1918, sólo nueve monedas de oro.

Cuando las tropas británicas de Egipto y dirigidas por el general Edmund Allenby entraron en la región, decretaron la vuelta y la comercialización de las monedas de oro a los demás países, y determinaron que el papel-moneda tendría que ser sólo el papel-moneda egipcio, emitido por el banco nacional de Egipto, ya que los soldados ingleses sólo poseían esa moneda. La decisión provocó un gran resentimiento entre los franceses, que vieron en ese acto un golpe en su influencia en la región. Mientras tanto, la libra egipcia sólo se comercializa entre la población local a lo largo de la franja costera donde estaban estacionadas las fuerzas extranjeras, no incluyendo, con ello, el interior de la región.

El nacimiento de la palabra «Massari»

De esta manera, la libra egipcia fue impuesta por los ingleses para ampliar su dominio económico y tratar de retirar las monedas de oro del ahorro popular. Ante estos hechos, el pueblo comenzó a llamar el dinero egipcio, que circulaba en la costa, de «Massari» («dinero») (ماسساري)(corrupción de masri, que es el gentilicio de egipcio en árabe). De ahí nació la palabra «Massari».

Después de la declaración del mandato francés, el general Gouraud, alto comisionado general, impidió la circulación de la libra egipcia, autorizando, con ello, la fundación del banco de Siria – que fue una institución comercial francesa concedida por las autoridades del mandato y que tenía el poder de emitir papel-moneda, con la condición que tuviera la cobertura del franco francés. Este hecho permitió a los franceses sacar de las casas de las personas grandes cantidades de monedas de oro y enviarlas a Francia.

Hasta hoy,  coleccionistas buscan el papel-moneda emitido por el banco nacional de Egipto en la primera guerra mundial, no sólo por su escasez y belleza de su diseño, sino también por su estrecha asociación con la historia de la moneda libanesa. Si no fuera por el dinero de Egipto (masr), no habríamos usado la palabra «Massari».

Con información del Consulado Geral do Líbano no Río de Janeiro

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El papiro del sacerdote escriba egipcio HAN ANA

Durante la época del Imperio Nuevo egipcio, y bajo el reinado del faraón SETI II en la dinastía XIX, vivió un sacerdote que fue escriba, cuyo nombre era HAN ANA, el cual hace 3300 años dejó escrito en un papiro que lleva su nombre, lo siguiente:

«Miren, en este papiro está escrito.
Lean esto hombres del futuro, si es que sus
dioses os dieron inteligencia.
Os pido que aprendáis los secretos de mi hoy
que es vuestro pasado y que para vosotros
se encuentra tan lejano, pero en verdad tan
próximo.

Los hombres no viven solo una vez y se van
para no volver. Viven muchas vidas en
diferentes lugares, incluso fuera de este
mundo. También hay un velo de oscuridad
entre una vida y otra. Nuestra ciencia nos
enseña que vivimos eternamente, y la
eternidad al ser sin principio y sin fin, es como
un círculo, por lo tanto si seguimos viviendo,
también es que hemos vivido siempre.

Nuestros Ka, que son nuestras secretas almas,
nos brindan de la fuente infinita de la sabiduría aquello que está oculto, olvidado en
el ser del hombre, así como dan a quienes
están formados en la Sagrada Ciencia poderes
para obrar milagros.

Entre los de nuestro pueblo, el escarabajo
Kephri, no es dios, si no, un símbolo que lo
representa porque pone a incubar sus huevos
dentro de una bola de lodo.
Como Dios, que hace rodar al mundo, que
parece ser redondo y hace que produzca
vida.

Todos los dioses envían su amor al mundo, sin
el cual éste no sería. Mi fe me enseña que la
vida no acaba con la muerte y por lo tanto ese
amor, siendo el alimento del alma debe existir
mientras ella exista.

La fortaleza (Djedú) de ese amor, que aunque
no se vea es como un cordón, unirá a dos almas
mucho después de que el mundo mismo esté
muerto.

Si perdieras a tu gran amor, no sufras, la
muerte es solo la nodriza que lo ha puesto
a dormir y por la mañana se despertará
otra vez para recorrer otro día
con aquellos
que la han acompañado desde el principio.
Sabe que el hombre, vuelve a la existencia
muchas veces y llega un momento en el cual él
es consciente de todas sus vidas pasadas…. «



En todos los escritos egipcios que se refieren a la reencarnación, veremos que se representa siempre simbólicamente a la vida, o a la nueva vida, como la duración de un día que recorrerá renaciendo o despertando por la mañana.

No podemos dejar de sorprendernos al ver como en un texto de mas de tres mil años de antigüedad, ya se tenía el concepto de la redondez de la tierra, así como el de la relatividad del tiempo, unido al entendimiento de la eternidad y el amor como motor de toda la creación.

Sin embargo, podemos encontrar similar información documentada también en papiros o en textos inscriptos en distintas tumbas, con una antigüedad mucho mayor inclusive.

Por S. A. Merek

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Abulcasim Jalaf ben Abbás el Zahrani – Abulcasis – Médico andalucí

Abulcasis,padre de la cirugía moderna

Sana Helwâ tabiba Yasmín!

Toda la Medicina árabe se encuentra influida por el espíritu de la dialéctrica peripatética, que ajustaba perfectamente al carácter mental de pueblos orientales, y que Galeno había adaptado a la Medicina griega, haciendo retroceder la investigación directa de la Naturaleza ante las construcciones mentales apriorísticas y estancando de este modo el avance de la Medicina.

Del mismo modo que el progreso de la Medicina clásica, después de Galeno, sólo fue posible al aparecer un gran material científico, que trae consigo una modificación esencial en los métodos de estudio del mismo, la Medicina árabe, que se mueve por completo dentro de las normas galénicas, supone progreso en cuanto amplía considerablemente la base de observaciones y de conocimiento médicos.

Es indiscutible que somos deudores a los árabes del beneficio de haber enriquecido extraordinariamente el tesoro terapéutico con valiosos remedios, fundando la profesión farmacéutica, creando la farmacopea y desenvolviendo la creación de grandes hospitales, utilizables para la enseñanza, y en la que se cultiva brillantemente la Medicina, sobre todo en las especialidades oftálmica y de enfermedades mentales.

El número de médicos árabes autores de obras científicas es extraordinario. Wüstenfeld lo calcula en más de trescientos ; Leclerc lo eleva a cuatrocientos. De la mayor parte no se conoce más que el nombre del autor y el título de las obras, que existen sólo como manuscritos o que se han perdido y no se conserva más que la cita que de ellas hacen los restantes escritores.

Es tan extraordinario el valor de la ciencia árabe, que en el siglo XII, y sólo por ser el centro de traducción de esta ciencia, Toledo, reconquistado en 1085, se convierte en el centro cultural de la Europa de Occidente. La escuela, conocida con el nombre de «los traductores de Toledo», traslada de Oriente a Occidente la ciencia clásica de los árabes, vertiendo hasta noventa textos médicos; lo habían hecho en sentido inverso es decir, del griego y el latín al árabe, los enviados de Bagdad, Mesué, Johannitus y otros. Estas traducciones nutren el pensamiento europeo por espacio de tres siglos.

Las mejores obras de la escuela de Salerno y las de la ciencia francesa no son más que traslaciones y comentarios de estas traducciones toledanas. Por lo que a España hace referencia, basta decir que en la segunda mitad del siglo XVIII aún eran libros de texto los Cánones de Avicena y de Mesué, y se estudiaban en uno o dos años de la carrera médica.




Abulcasim Jalaf ben Abbás el Zahrani-Abulcasis o Abulcasim (936-1013)

Pertenece al grupo de los grandes médicos bienhechores de la Humanidad y es indiscutiblemente la mayor autoridad quirúrgica de la Medicina árabe.

Nació en Zahara (Córdoba), la residencia del Califa Abderrahemen III, faltando datos seguros acerca de la fecha de su nacimiento y de su muerte, así como del sitio de su residencia habitual. Se admite en general que vivió en la corte de aquel Califa, y como Abderrahmen, murió en 961, la vida de Abulcasis debió deslizarse entre los dos últimos tercios del siglo X y el primero del XI, lo que coincide con los datos de algunos cronistas árabes, que afirman que vivía el año 460 de la Hegira  y que murió el 404 (es decir, el 1013 de la Era cristiana).

Si se admitiera, con León el Africano, que Albucasis vivió cien años, debió de nacer en el 912.

Conocedor de las obras de la antigüedad clásica, y especialmente de la literatura médica de griegos, romanos, judíos y árabes, tuvo Albucasis dos iniciativas que le han inmortalizado: una, la de rehabilitar la Cirugía, reuniendo metódicamente en un solo libro las nociones de este arte, disgregadas antes de él en diversas obras, y otra, el coleccionar alrededor de doscientas láminas que ilustran sus manuscritos, unas originales y otras recogidas de viejos pergaminos, sobre instrumentos, operaciones y representaciones de enfermos y de enfermedades, con lo cual su obra viene a ser el mejor, sino eI primer libro con atlas dedicado a la Cirugía.

La idea de ilustrar el texto con láminas se atribuye a Aristóteles, y varios libros de los comienzos de la Era cristiana las tienen ; pero ninguno en tanto número, ni tan bien expuestas, con sus nombres y descripciones, en cada uno de los capítulos donde tienen su aplicación adecuada.

El conjunto de su obra, dividido en treinta libros, lleva el título de Altasrif (en traducción latina, concessio ei data, qui componere hand valet). Es un compendio de Medicina práctica, traducido en el siglo XII al hebreo por Sem Tob y al latín por Gerardo de Cremona.

Se divide en dos partes : la primera , parte médica, tiene una traducción latina incompleta : Liber theorica nec non practicae Alsaharavii. Ang. Vid., 1519, y se basa principalmente en los escritos de autores árabes anteriores, principalmente de Rhazes. Merece ser citada la parte que trata de la preparación de los medicamentos ; los del reino mineral, principalmente, por sublimación. Para la destilación utilizaba una estufa especial cuyo combustible se iba renovando de un modo automático.

La segunda parte, quirúrgica, publicada primeramente en traducción latina, en Basilea, en 1541 ; después, en el texto original y traducción latina por Channing (Oxford, 1778), traducida posteriormente al francés por Leclerc (París, 1891)

A la Cirugía está consagrado el último de los treinta libros de Albucasis, en el que expone en primer término la Anatomía, aunque no sea ésta más que la primitiva y errónea de aquellos tiempos.

Según los eruditos modernos—Escribano—, la obra de Albucasis es, en lo quirúrgico y en gran parte, copia del sexto libro de Pablo de Egina, a quien, sin embargo, no cita el cordobés, siguiendo en esto la costumbre de los enciclopedistas árabes.

Roger de Parma y Guillermo de Salíceto (siglo XIII), pagaron a Albucasis en la misma moneda, silenciando su nombre a pesar de copiarle repetidas veces.

Por la traducción al francés que hizo Leclerc, en 1861, conocemos el texto y 150 láminas, a la vez que una crítica seria y apenas mejorada posteriormente del autor y de su obra.

Fué Albucasis, según se desprende del estudio de sus obras, un espíritu profundamente religioso, un partidario del método de la observación directa y un cirujano parco en operar y más inclinado al cauterio que al bisturí.

Como creyente convencido, repite varias veces la frase «Yo cuido a los enfermos ; pero realmente es Dios quien los cura», que cinco siglos más tarde adquirirá resonancia, pasando por original y simbólica, repetida en francés por Ambrosio Paré y esculpida en su estatua con las palabras : «Je le pensay et Dieu la guarist», cuya invención, como dice Escribano, es probable que tampoco pertenezca al cirujano de Córdoba, sino a literaturas mucho más antiguas, pero cuyo profundo y laudable sentido comparten gran número de sabios médicos de todos los tiempos.

Como observador sagaz, concede Albucasis gran predominio al método de observación y de experiencia al estilo de Hipócrates, frente a las supercherías de los charlatanes y la astrología de los ilustrados, asegurando que todo lo escrito en sus libros lo había visto con sus propios ojos y practicado con sus manos.

El libro consagrado a la Cirugía aparece dividido en tres partes. En la primera estudia todo lo relativo a los cauterios : sus formas, materiales empleados en su construcción y trastornos patológicos, muy numerosos, en que deben ser aplicados. Encuentra igualmente aplicación el cauterio en la hemostasia, especialmente en la hemorragia arterial. Para combatir ésta recurre, sin embargo, a otros métodos, como, por ejemplo, la división completa de la arteria sangrante, la ligadura doble con doble hebra de la arteria sacada al exterior con un gancho, etc.

Aunque en la segunda parte sigue, en la exposición y en el orden de la misma, a Pablo de Egina, se encuentran también gran número de observaciones propias y de métodos originales, que, prescindiendo de las láminas explicativas, dan gran valor a la obra. No podemos detenernos en la exposición del contenido de la obra, que comprende el estudio de las suturas, la talla, la litotricia y la circuncisión.

Dice, respecto de la traqueotomía, no conocer a nadie que haya realizado esta operación. En las resecciones, además de algún caso muy interesante, describe diferentes clases de sierras y otros instrumentos. La indicación de la amputación es la gangrena, que puede depender de diversas causas. Es admisible la amputación hasta por encima del codo o de la rodilla ; si la gangrena avanza más arriba, la muerte es inevitable. Describe la técnica de la amputación ; la hemorragia se cohibe con el termo con los cáusticos ; no se citan las ligaduras. En el último capítulo se describe la flebotomía y las ventosas.



La tercera parte del libro 30 comprende el estudio de las fracturas y de las luxaciones, describiendo muy detalladamente el tratamiento de las mismas.

Termina la obra exponiendo los métodos más adecuados en aquella época para tratar los partos difíciles y complicados y las diferentes operaciones de Oftalmología, Odontología y Otología.

De que es injusta la censura lanzada contra Albucasis de ser cirujano tímido da buena prueba, entre otras, la sutura intestinal que improvisó en un soldado herido y la extirpación de un tumor del maxilar superior profundamente adherido, empleando, uno tras otro, el bisturí, el escoplo y el martillo y, finalmente, el hierro candente.

La fama de Albucasis trascendió a toda Europa en el siglo XII, gracias a la traducción hecha en Toledo, siendo la base de los libros de Lanfranc (1296) y de Chauliac (1330-1363), los grandes divulgadores de la Cirugía en Francia, Italia y España.

En España debió ser muy leído Albucasis, primero en la escuela de Córdoba y después, ya traducido al latín, en los reinos cristianos, juzgando por la gran notoriedad que alcanzó en la Edad Media y lo mucho que le citan nuestros clásicos, posteriormente ya, en el siglo XVI ; pero al castellano sólo se tradujo un fragmento, en Valladolid, por Alfonso Rodríguez de Tudela, en 1516, y no su libro 30, de Cirugía, sino el 28, que trata de minerales, plantas y animales.

Es dudoso que la obra que con el título de Liber servatoris,impreso en 1471 en Venecia y más tarde, unido a las obras de Mesué el Joven, estudia la preparación de los medicamentos, sea verdaderamente original de Albucasis. 1


Por el Dr. García del Real

(1) Véase edición española de la Historia de la Cirugía, de Harvey Graham, y Apéndice de la Cirugía en España, por García del Real. Barcelona, 1942.


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El Calendario Musulmán – Único calendario lunar

El calendario musulmán comienza en el 622 de la era cristiana, con la huida de Muhammad de La Meca; es el único calendario lunar que se usa en la actualidad, no sigue las estaciones y tiene un anticipo de entre 10 y 12 días por año con respecto al calendario gregoriano.

El calendario musulmán, es el único calendario lunar (354 o 355 días; con meses de 29 y 30 días), utilizado en la actualidad. El año 2019 de la era cristiana se corresponde con el año 1440 de la era musulmana, año que comenzó el día 12 de octubre del pasado año 2018.

La Hégira

Los musulmanes toman desde el año 622 d. C. el primer día del año lunar en el que se produjo  -16 de julio de 622- como referencia para su calendario.

Este hecho llamado “la Hégira”, tuvo lugar cuando los seguidores del Profeta se hicieron numerosos en la Meca y las autoridades, empezaron a verle como una amenaza contra el orden establecido, pues proponían la eliminación de todos los dioses y su sustitución por el dios único Allâh, por lo que se le acusó  de impostor y comenzaron las persecuciones.

En el 637, fue el califa Omar quien hizo oficial la costumbre de fechar los acontecimientos a partir de la hégira.

Las amenazas a la seguridad de Muhammad llegaron a tal extremo que, después de la muerte de su esposa Jadiya, decidió huir a la ciudad de Medina considerándose el momento de esa huida o migración, como la fecha fundacional del Islam que marca así su año primero.

Una vez en Medina, Muhammad se convirtió no solo en un caudillo religioso, sino también político y militar.

Los enfrentamientos entre las ciudades de Medina y La Meca culminaron con la conquista de esta última por los seguidores del Profeta en el 630, fruto tanto de la presión militar como de la negociación política y los convenientes enlaces matrimoniales.

Un Muhammad triunfante, eliminó del santuario de la Kaaba – piedra negra procedente de un meteorito que se veneraba en La Meca – los ídolos que lo ocupaban, siendo inmediatamente consagrado a Allâh.

Poco antes de morir, el profeta realizó una peregrinación de Medina a La Meca, que ha servido de modelo para efectuar este rito, que todo musulmán debe realizar al menos una vez en su vida.

Su muerte el 8 de junio del 632 sin heredero varón, produjo una serie de luchas por la sucesión, recayendo el cargo en el suegro del profeta Abu Bakr, convertido así en su sucesor y el primer califa de los denominados “ortodoxos”.



El año lunar musulmán

El hecho de que se rija por ciclos lunares, hace que tanto los 12 meses del año como las fiestas sean móviles. Para alguien ajeno a ello, resulta extraño que no exista un sistema para mantener los meses fijos en la misma estación con respecto al sol. De este modo, retroceden todas las estaciones en ciclos de 32 años y medio. En estos ciclos, los años bisiestos son 13 y se corresponden con el 2º, 5º, 7º 10º, 13º, 16º, 18º, 21º, 24º, 26º y 29º de cada ciclo. El día extra se añade al último mes del año.

Las semanas son también de siete días. Festivo es el viernes, día en que se acude al rezo comunitario en las mezquitas. De ahí su nombre de día de “la asamblea”. El sábado seria día “del reposo”, en referencia al sabat judío. Por tanto, el primer día de la semana es el domingo.

En este sistema, las referencias más seguras del tiempo las ofrecen las festividades religiosas. Éstas quedan establecidas de modo fijo en un día del mes. Los nombres de los meses provienen de la arabia preislámica. De esta época, también el Islam preservó el carácter sagrado de 4 meses, que se correspondían con la paz obligatoria entre las tribus. Fechas propicias para realizar peregrinaciones o ayunos voluntarios (Qur. 9, 36). Los meses 2º (Safar), 4º (Rabi’ al-Thani), 5º (Yumada al-Wula) y 6º (Yumada al-Thaniya), no tendrían ninguna fecha festiva.

El calendario musulmán

Muharram (mes 1º). Día 1: primer día del año. Dia 10, día de difuntos.

Rabi’ al-Awwal (mes 3º). Día 12: nacimiento del Profeta.

Rayab (mes 7º). Día 27: viaje nocturno de Muhammad.

Sha’abán (mes 8º). Día 15: noche en que se perdonan los pecados.

Ramadán (mes 9º). Mes del ayuno. Día 27: noche en que el Corán descendió a la tierra.

Shawwal (mes 10º). Día 1 al 3: ruptura del mes de ayuno.

Du al-Hiyya (mes 12º). Días 8 al 10: peregrinación a la Meca. Día 10: fiesta del Sacrificio. Los shiíes incluirían en este mes el día 18, en el que Muhammad designó a ‘Ali como su sucesor.

La descompensación que produce este cómputo del tiempo, causa grandes complicaciones a la hora de establecer compatibilidades con el año solar. Tradicionalmente, se han elaborado tablas de concordancias. Hoy día, los programas informáticos facilitan esta labor.

Por José María Hidalgo López

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Trato de la locura en Babilonia

Nabucodonosor – William Blake

Para curar la locura, los médicos babilonios recetaban al enfermo la hoguera o el entierro vivo, sistemas que acababan con la enfermedad de raíz.



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