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Antiguo Egipto: El cultivo de jardines y huertos durante todo el año

El cultivo de los jardines y los huertos durante todo el año

 

El método perfeccionado del Imperio Nuevo mediante el uso del shaduf.

En la escena de arriba aparece un shaduf sencillo que se está utilizando para regar un jardín al lado de un santuario. El hombre, (detrás tiene a su perro), está a orillas de un canal y tira hacia abajo del palo vertical para sumergir el cubo que cuelga del mismo en el agua. El largo travesaño oscilatorio del shaduf se apoya en un pilar alto de ladrillos y tiene un contrapeso redondo de barro al otro extremo. A la derecha del dibujo se está vaciando otro balde de agua. Tumba de Ipy, Tebas, cerca de 1250 a.C., tomado de N. de G. Davies, Two Ramesside Tombs at Thebes, Nueva York, 1927, lámina XXIX.

En la escena de abajo, se muestra el funcionamiento de un shaduf más complejo. Se encuentra junto a un pozo, (a la derecha del dibujo), por encima del cual proyecta una plataforma destinada al operario. Este hombre está vaciando el cubo en un canalón que atraviesa el pilar de ladrillos del shaduf y continúa hacia abajo para regar el huerto. Tumba de Neferhotep, Tebas, cerca de 1340 a.C., tomado de N. de G. Davies, The Tomb of Nefer-hotep at Thebes, Nueva York, 1933, lámina XLVI.


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Mitos de la Biblia: Dios plantó el árbol de la vida y de la ciencia

El Mito

Plantó luego el Señor Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo el Señor Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (Gn 2, 8-9).

La Realidad

Estos dos árboles especiales son representaciones simbólicas de las
divinidades egipcias Shu y Tefnut.

En el jardín del Edén Dios plantó dos árboles, el árbol de la ciencia del bien y del mal, y el árbol de la vida. Comiendo del primero se obtenía el conocimiento moral; al comer del segundo se obtenía la vida eterna. También colocó al hombre en ese jardín para que cuidara de las plantas, pero le dijo que no debía comer del árbol de la ciencia (y así convertirse en conocedor de la moral). En cuanto a comer del árbol de la vida, Dios no dijo nada:

«pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn 2, 17).

Más tarde, la supuestamente malvada serpiente le dijo a Eva que la amenaza de Dios era inútil. Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera el Señor Dios, dijo a la mujer:

«¿Conque os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso

Y respondió la mujer a la serpiente:

Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios:

«No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir».

Y dijo la serpiente a la mujer:

«No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal». (Gn 3, 1-5)

Adán y Eva no murieron al comer del árbol. Ciertamente, Dios temía que a continuación comieran del árbol de la vida y obtendrían la inmortalidad.


Dijo el Señor Dios:

«He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de el, viva para siempre» (Gn 3, 22).

¿Por qué temía Dios que Adán y Eva supieran de la inmortalidad y se convirtieran en divinidades? ¿Y por qué temía que se volvieran inmortales? Como una divinidad todopoderosa, él podría dar marcha atrás a la causa-efecto y devolver las cosas a su estado anterior.

¿Y quién es este «nosotros» al que se dirige? Las respuestas se pueden encontrar en los textos y tradiciones egipcias.

El «Texto de los Sarcófagos 80» contiene una extensa presentación filosófica del mito heliopolitano de la Creación, y contiene algunos pasajes interesantes que no se han tenido en cuenta acerca de la vida y la moralidad. Las partes más significativas para nuestros propósitos tienen que ver con los hijos de Atum, el Creador.

Los dos hijos de Atum son Shu y Tefnut, y en este texto Shu es identificado como el principio de la vida y Tefnut como el principio del orden moral, un concepto al que los egipcios se refieren como maat. Éstos son los dos principios asociados con los dos árboles especiales en el jardín del Edén, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

El texto egipcio no sólo identifica estos dos mismos principios como descendientes de la divinidad Creadora, sino que el texto continúa, diciendo que Atum (a quien los editores de la Biblia habían confundido con Adán), recibe instrucciones de comerse a su hija, la cual representa el principio del orden moral. De tu hija Orden comerás. («Texto de los Sarcófagos 80, línea 63»).

Aquí tenemos una extraña correlación. Tanto el mito egipcio como el Génesis nos dicen que la divinidad principal creó dos principios fundamentales, la vida y el orden moral. En el mito egipcio, Atum debe comer del orden moral, pero en el Génesis, a Adán se le prohíbe comer de este orden.

También cabe destacar que el tema de la «serpiente en el árbol» asociado con el relato de Adán y Eva proviene directamente del arte egipcio. Los egipcios creían que Ra, el dios del Sol que rodeaba la tierra cada día, mantenía una pelea nocturna con la serpiente Apofis y la derrotaba cada noche.

Varias pinturas egipcias muestran una escena en la que Ra, que aparece con la forma de «Mau, el Gran Felino de Heliopolis», se sienta ante un árbol mientras la serpiente Apofis se enrosca alrededor del árbol, en una imagen paralela a la rivalidad entre Adán y la serpiente del árbol en el jardín del Edén.

Cuando Israel residía en Egipto, las imágenes de Ra y Atum estaban muy asociadas, y de hecho, los egipcios reconocían a una divinidad compuesta llamada Atum-Ra. Al reemplazar a Ra con Atum en el tema de la «serpiente en el árbol», la imagen se acerca todavía más al relato bíblico, que confundía a Atum con Adán.

Por Gary G.


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Blemios – La última tribu de Nubia

Mandulis

Origen de los Blemios

Los blemios, un pueblo nómada originario de la Baja Nubia, (entre la primera y la segunda catarata y las costas del Mar Rojo), cuya antigüedad se remontaba al II milenio a.C.

Fueron los últimos paganos fieles a la religión egipcia. Aún seguirían adorando a Isis y a Mandulis casi dos siglos más hasta que los dioses abandonaron Egipto, cuando el emperador Teodosio mandó cerrar definitivamente los templos en el año 392 d.C, encarcelando a los sacerdotes y trasladando las estatuas sagradas a Constantinopla.

La civilización Blemia fue un reino tribal que existió aproximadamente entre el año 600 a.C. y el tercer siglo d.C., y lucharon contra el Imperio Romano para defender sus tierras en las regiones de Nubia, Kush y Sudan.Las primera referencias indubitables datan del siglo VII a. C., en los registros del Napata, en el reinado de Anlamani (620 a. C. – 600), en el templo de Amón en Kawa, cerca del actual Kerma (Sudán), que los presenta asentados en la Baja Nubia.





La última referencia segura es del 537, relacionada con el cierre del templo de Isis en Philae, por orden de Justiniano I, y su derrota por el rey Silko de Axum, aunque existe una posible mención posterior en 758, en relación al incumplimiento abbasí del baqt nubio, que habría provocado incursiones de blemios en el Alto Egipto.

Durante el Imperio Nuevo Egipcio, los blemios son conocidos como Blehu, según las inscripciones jeroglíficas, en las fuentes egipcias de época de Ramsés I,aunque la referencia es discutida. Los registros del reino de Napata evidencian que en el siglo VII a. C. los blemios estaban asentados en la Baja Nubia, donde se reconocían como súbditos del hegemónico reino de Napata, lo que no evitaba ocasionales expediciones de castigo, como las llevadas a cabo por Anlamani (623 a. C. – 593 a. C.), en el Desierto Occidental. Entre los siglos V a. C. se extendieron por la Alta y la Baja Nubia.

Las incursiones de los blemios debieron ser considerables, dada la existencia de preces de protección en los rituales amónicos egipcios en el siglo VI a. C. en tiempos de Darío I el Grande de Persia. Existen menciones posteriores, a ésta. Además de ésta existen otras menciones posteriores a los blemios, Heródoto habla de su presencia en los confines del Alto Egipto en el siglo V a. C.. También es conocido que el rey Harsiyotef de Napata (404 a. C. – 369 a. C.), se vio obligado a batirlos en la Baja Nubia, para contener la amenaza que suponían. Aunque el enfrentamiento con los blemios continuó en tiempos del rey Nastasen de Napata (335 a. C. – 315 a. C.).

Mapa de Estados Nubios

Los blemios terminaron por desplazarse sucesivamente a las regiones montañosas del desierto oriental del Alto Egipto y la Alta NubiaDurante su período de apogeo, en la época del Imperio Blemio, parece haber evidencias de que al menos una parte de ellos,​ se sedentarizaron. En ese período su capital en Khalābsha durante los siglos III y IV, y en Shimalo (aunque este último nombre podría ser el de Kalābsha en lengua blemia) durante el siglo V. Son el origen del mito sobre un pueblo fantástico de hombres acéfalos conocidos como blemias.

La decadencia del reino de Napata, progresivamente sustituido por el reino de Meroë, lleva a una inicial despoblación de la zona, que hace que en los siglos IV a. C. y III a. C., la Baja Nubia, esté poco poblada, pero en ese período, los blemios se reasentaron en la Baja Nubia, reconociéndose como súbditos del reino de Meroë, que, eran el poder dominante en Nubia y Sudán en ese período, aunque había algunos estado independientes  asociados o dependientes del reino de Meroë.

Cuando en 540 se cierra definitivamente el templo de Isis en Philae, los blemios, se refugian en el desierto. La pista documental de los blemios desaparece, aunque se tiene el nombre de un rey, Bachia y algunos restos arqueológicos datados hasta el siglo VII en torno a su “capital del desierto” Deraheib, ubicada entre Wadi Halfa y el Mar Rojo. Así es como la última mención a los blemios aparece en el 758 cuando los gobernantes abbásidas de Egipto incumplen el baqt nubio, lo que desencadena incursiones blemias.


Etnia de los Blemios

La caracterización étnicas de los blemios es compleja. Ya que al tratarse de un pueblo antiguo en una región donde existen pueblos de varias familias lingüísticas definir su etnia se vuelve muy complicado.​

Se consideran a los blemios como los sucesores de los buka o medjay (medju, en singular), que eran básicamente “nubios” emigrados a Egipto en el segundo milenio y que fueron utilizados como fuerzas policiales, bien como descendientes de los grupos no emigrados, bien como sustitutos en el territorio vaciado. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que algunos “nubios” eran de etnia nilo-sahariana, como atestiguan las inscripciones meroíticas, mientras que el área ocupada por los blemios está ocupada actualmente por pueblos de etnia cushítica. Así mismo, los blemios son considerados, a su vez, los ascendientes de los bejas.

Un punto de vista diferente, de las fuentes clásicas greco-romanas, los considera tribus etíopes, ya que Lybia en sentido amplio se refiere al África que circunda a Egipto. Así mismo existen referencias romanas que los identifican como árabes.

Las creencias religiosas y actividades culturales de los blemios debían ser similares a las de las culturas egipcia, napata y meroítica, dada su fuerte inculturación, pero solo se tienen pruebas de algunas de sus divinidades: Mandulis, que parece ser su dios principal, en Kalābsha.  Ariteñ, “hijo mayor y patrón de Amani”, en la inscripción de Kalābsha. Isis, en el templo de Philae.

Blemios

Blemios, las criaturas sin cabeza

En la actualidad son muy pocos los que creerían en la existencia de criaturas como los Blemios. Sin embargo, tampoco se ha podido explicar cuál fue la causa que llevó a tantos autores antiguos a escribir sobre tales seres. Incluso hay autores de ciencia ficción, por ejemplo, que en sus relatos han planteado la posibilidad de que los Blemios fueran extraterrestres.

Otra posible explicación es que los Blemios no fueran más que seres humanos cuyos hombros se alzaran a una altura desproporcionada debido a una alteración anatómica provocada durante su infancia. Otra de las hipótesis sugiere que, quizás, todo se deba a que la propia vestimenta tradicional de los habitantes de los desiertos, (beduinos y otros nómadas), junto a sus tocados podrían haber dado una impresión equivocada a los antiguos escritores haciéndoles ver, en realidad, a personas sin cabeza.

El término ‘Blemios’ también aparece en la “Geografía” de Estrabón. Este geógrafo griego del siglo I describe a los Blemios no como monstruos extraños, sino como una tribu que habitaba las tierras bajas de Nubia, a lo largo del río Nilo y en dirección al Mar Rojo.

Fue el escritor romano Plinio el Mayor quien relacionó a los Blemios de Estrabón con las criaturas sin cabeza de Heródoto. En su “Historia Natural”, Plinio escribe: “los llamados Blemios carecen de cabezas, encontrándose sus ojos y bocas sobre sus pechos”. Hay que aclarar que, tal y como también sucede con Heródoto, todo el conocimiento de Plinio acerca de los Blemios está basado en simples rumores. Además, la visión geográfica de Plinio es similar a la de Heródoto: para ambos los extremos del mundo conocido están habitados por extrañas criaturas. Así vemos que Plinio también escribió sobre los Himantópodos, “unas gentes con pies que parecen sandalias, mediante los cuales se desplazan según su naturaleza, con paso serpenteante”.

Con información de  Ancient


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