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La Meloukhia – Un sabroso plato de paladar tunecino

¿Qué es Meloukhia? Es una planta como la menta que se seca y se muele para obtener este polvo verde y que se llama en francés el corette.

Es un plato que se hace en el este de Argelia y en Túnez, por supuesto, e incluso en Oriente Medio, como en Palestina, Egipto y otros. Su textura es como una sopa espesa o harira pero tiene un sabor muy particular.



¡Parece que la Meloukhia desempeña el papel de calmante, fortalece el corazón, la vista y el sexo, combate la anemia y preserva las células cerebrales!

Según el Dr. Fawzi Al Chobki, Prof. en nutrición, la Meloukhia es una comida completa en sí misma.

Para aquellos que odian los analgésicos y tranquilizantes y para aliviar el dolor, ¡un plato de Meloukhia es ideal! Tiene muchos beneficios médicos, fortalece el corazón, la vista e incluso el sexo sin causar efectos secundarios.

La Meloukhia es rica en todo tipo de vitaminas, A y B, minerales, fibras y carbohidratos. Combate la anemia, preserva las células cerebrales, retrasa la osteoporosis y reduce la esterilidad.

Las hojas verdes de Meloukhia previenen la presión arterial porque contienen vitamina A, clorofila y caroteno, más que las zanahorias, lechugas y espinacas. En cuanto a la vitamina B, juega un papel importante en la reducción del colesterol y la arteriosclerosis que bloquean las arterias y las venas.

Finalmente, según el Dr. Chobki, Meloukhia contiene un material viscoso que es bueno para el sistema digestivo (el colon), etc.

Al final, Meloukhia también contiene caroteno y betacaroteno que aumentan la serotonina, lo que mejora el estado de ánimo y la depresión.  Esta planta está llena de calcio (2 gramos por 100 gramos de polvo), pero también fósforo, potasio, magnesio, etc. Por lo tanto, es un superalimento, pero muy poco conocido en Occidente.

Meloukhia es un plato muy común en Túnez. Todas las regiones lo preparan de la misma manera. Es un plato hecho de hojas de corete molidas, que tiene un color verde muy hermoso.

Se encuentra principalmente en Túnez y Egipto, pero está presente en toda la cuenca mediterránea con diferentes nombres y con algunas variantes. Es esencialmente un plato de vacaciones debido a su tiempo de cocción (o más bien a fuego lento, un poco como un guiso).

Se consume de varias maneras, untado en en pan como en el Magreb, donde este plato se llama «el plato que nunca termina«, con cuscús, arroz, puré, polenta,etc.

Este plato se calienta porque, como el guiso, solo mejorará.




Ingredientes

Aceite
Cebolla cortada en cuadrados pequeños.
Tomate con muesca
Pimiento picante limpiado de su cola y semillas
Pedazos de carne
Sal
Alcaravea 
4 dientes de ajo machacados
Cilantro machacado con alcaravea y ajo
Agua
Molokhia en polvo (corette)

Preparación

Deje que los cuadrados de cebolla se pongan rosados ​​en el aceite, agregue el polvo de meloukhia, la carne, cubra con agua y agregue el tomate, el chile y la sal.

Cocine lentamente a fuego lento. Sazone al final con alcaravea de ajo y cilantro. La sal se puede agregar con tomate y chile o en cualquier etapa. La meloukhia está lista cuando la carne es comestible. Agregue agua según sea necesario.

Meloukhia es un plato muy fragante. Es el primer plato que preparamos cuando nos mudamos a una casa nueva. El color verde según las creencias, es sinónimo de paraíso y abundancia. Por esta razón, lo cocinamos al comienzo del nuevo año de Hégira para que el año sea verde y fértil. Es un plato sabroso, que se come con pan que se sumerge en el plato.


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La Mezzé Árabe de Año Nuevo

Finaliza este año y un nuevo año comienza. Paginas Árabes quiere agradecerles por habernos acompañado un año más en esta tarea de difundir y promulgar la cultura árabe en todas sus formas.

Estamos convencidos que lo que más nos acerca a nuestras raíces son nuestras costumbres y tradiciones. Entre ellas la cocina tradicional. Las extensas mesas compartidas con la familia donde no han de faltar las anécdotas, las risas, el canto y el baile.

Quisimos cerrar este nuevo año y recibir el año que comienza compartiendo con ustedes esta propuesta de la mesa de Año Nuevo repleta de sabores y recuerdos a infancia.

Esperamos que sea de su agrado y que disfruten como nosotros estos platos exquisitos que son parte de nuestra historia.



La región del Medio Oriente está llena de los mejores platos, de aperitivos, platos principales y postres, ya que el desayuno oriental se distingue por su pan, yogur y derivados de la leche, además de manakish con tomillo o labneh con huevos fritos y garbanzos, mientras que el almuerzo consiste principalmente en arroz y parrilladas acompañados por exquisitas y frescas ensaladas.. Por la noche, el café y el té se preparan y se unen a deliciosos dulces orientales, como baklava, boussa namura o knafe.


ENTRADAS

MUTABAL O BABAGANUSH

Mutabal es uno de las entradas más populares en muchas regiones orientales, y los sabores varían de un país a otro, pero la berenjena es el ingrediente principal de este plato, y a la mayoría le encanta servirla con parrilladas, platos fritos y encurtidos, y se prepara tomando los trozos de berenjena y asándolos al horno o poniéndolos en la estufa y revolviéndolos. Ocasionalmente, luego, pélalo y aplástalo bien en un tazón, luego agrega ajo, tahini y aceite de oliva, y hay quienes les gusta agregar algunas semillas de granada, hojas de menta u otros sabores.

FATTOUSH

Fattoush es una de las entradas más populares en la región de Levante en general y en Líbano en particular. Se dice que su origen es palestino, donde se llamaba Abu Melih y se prepara con pan seco o tostadas. Hoy en día, se prepara agregando tomates, pepinos y perejil y decorándolo con aceitunas negras y trozos triangulares de pan.

FALAFEL

El falafel es uno de Las entradas calientes más importantes en la región de Al Sharq, donde se llama Taameya en Egipto, Sudán y Al-Bajia en Yemen, que son garbanzos fritos en aceite. El falafel se sirve en pan o con verduras en escabeche, salsa picante o tahini. El falafel se prepara tomando garbanzos secos y remojándolos en agua durante toda una noche, luego moliéndolos y amasándolos con especias, y luego haciendo la masa en forma de bolitas y freírlas en aceite caliente.

KEBBE FRITO

El nombre de este plato se remonta al verbo árabe «kebkab», lo que significa girar el uno hacia el otro, donde el kebbe se prepara en Siria, Líbano, Jordania, Palestina e Irak agregando carne y burgol que se unen hasta que se convierten en masa y luego la masa se rellena con cordero picado y frito. Previamente mezclado con almendras y nueces. Se fríe en aceite caliente.



PLATOS PRINCIPALES

AL MAHASHI

La cocina oriental es famosa por muchos platos principales deliciosos, el más importante de los cuales es el relleno, donde se rellenan calabacín, berenjena o repollo a diferencia de los países del Magreb, que se rellenan con pimiento verde o tomate. Al Mahashi es uno de los viejos platos tradicionales de Oriente Medio, y su preparación lleva mucho tiempo, pero sin duda merece todo ese esfuerzo y fatiga por su maravilloso sabor. Hay dos formas principales de preparar rellenos con salsa de tomate o yogur, donde las verduras se toman y se lavan bien, luego se cavan desde el interior un hoyo sin romperlas, luego se rellenan con carne previamente asada con cebolla y especias y se le agrega arroz.

MAKLUBE

El maklube es un plato tradicional popular en el Medio Oriente, fue famoso primero en Palestina antes de extenderse al resto de los países vecinos. El maklube se prepara con diferentes tipos de verduras, como papas, coliflor y berenjenas, y se les agrega pollo. La mayoría prefiere prepararlos en días festivos y ocasiones familiares, ya que les gusta comer juntos, y este plato generalmente se sirve con ensalada de verduras o con arroz.

KABSA

Kabsa es conocida en los países del Golfo Árabe, como los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Kuwait. También se llama majbous, Se trata de un arroz de grano largo cocido con cordero, cabra o pollo. Y agregue nueces y pasas encima, y el color y el sabor del plato varían según la región donde el Kabsa varía entre rojo, amarillo, blanco y marrón.

MANSAF

Mansaf es el plato más popular en Jordania y Palestina, donde se sirve en bodas, eventos y banquetes, y su popularidad se extiende a otros países vecinos como el sur de Siria y el norte de Arabia Saudita. Mansaf se prepara cocinando la carne con leche agria, y se agrega a la cuajada. Después de que la carne esté tierna, se mezcla con manteca y arroz. El Mansaf se sirve en un plato grande y se decora con almendras, piñones y perejil.

SHAWARMA

Shawarma es una de las comidas más famosas, no solo en el Medio Oriente, sino en todas partes del mundo, y este plato se remonta al período otomano cuando la carne se colocaba en un palo largo y se cocinaba a la parrilla y se envolvía en pan.

SHISH TAWOOK

Shish Tawook son pequeñas porciones de pollo preparada de una manera muy especial. Se agrega sal, pimienta negra, mostaza, yogur y, a veces, pasta de tomate y tomillo y se coloca en el refrigerador hasta que los trozos de pollo absorben todo el adobo y luego se tuestan a fuego lento. Este alimento se sirve en el este con pasta de ajo y aceite de oliva, además de papas crujientes. También puede mezclar shish tawook con vegetales, como pimiento verde u otros encurtidos, ponerlos en brochetas y asarlos a fuego moderado.

BARBACOAS-PLATOS A LA PARRILLA

En las vacaciones, las familias en el Medio Oriente se reúnen alrededor de barbacoas, donde los platos se preparan a la parrilla con carbón o, a veces, se colocan en una bandeja del horno. Y los métodos para sazonar la carne, el pollo o el pescado se encuentran entre las etapas más importantes para preparar deliciosos platos, y difieren de una casa a otra y de una región a otra según los diferentes gustos. Entre los métodos más destacados se encuentran el condimento de cebollas, vinagre, aceite, jugo de limón y condimento de tomate, al que se le agrega ajo y les da un sabor especial. Uno de los platos más destacados es el kebab o Kafta a la parrilla.



POSTRES

UMM ALI

El postre de Umm Ali fue famoso primero en Egipto antes de que su popularidad se extendiera al resto de los países vecinos. Umm Ali se prepara con hojuelas de masa y se acompaña con leche y algunas nueces Se sirve caliente en ocasiones especiales y bodas. La historia de este postre se remonta a la esposa de Izz al-Din Aibek, el primero de los sultanes mamelucos, que mató a su hijo Ali bin Izz al-Din Aibek . Fue nombrado Sultán después de la muerte de su padre. Su esposa preparaba este exquisito postre al sultán. En Iraq, estos dulces se llaman Khumai’a, mientras que en Sudán se les conoce como fattah al-Laban y se han convertido en uno de los principales dulces en bodas y fiestas.

baklawa

BAKLAVA

Baklawa se prepara con capas muy delgadas de masa philo rellena de nueces, como pistachos y nueces, y luego se mete en el horno hasta que la masa esté dorada y endulzada con miel y almíbar para darle un sabor dulce. Baklawa es uno de los postres más famosos del mundo. Es probable que sus orígenes se remonten al el Imperio Otomano, al siglo II aC, cuando los asirios lo prepararon por primera vez en Mesopotamia.

KNAFE

Knafe se prepara con harina y mantequilla, y se le agrega queso Akkawi, luego se endulza con azúcar, agua de azahar y jugo de limón, y se decora con nueces para agregarle un gran valor nutricional. Knafe es popular en el Levante en general, es decir, en Palestina, Egipto, Siria y Líbano, y su popularidad se ha extendido a Turquía, el Cáucaso y Grecia, donde se ofrece a los huéspedes con té o café. Knafe es uno de los postres indispensables en las mesas de Ramadán. Después de un largo día de ayuno, muchas personas prefieren comerlo para proporcionarles energía.

NAMURA O BASBOUSA

Los métodos de preparación de namura difieren de un país a otro, ya que se prepara en Egipto agregando agua de rosas y se sirve frío a diferencia de algunos países árabes, donde prefieren servir caliente una vez que se sacan del horno. En cuanto a Bahrein y Yemen, se rellena con dátiles, pero los ingredientes principales son sémola, agua y azúcar, y hay quienes le agregan Yogur, coco o chocolate al gusto.

MOHALABIA

La mohalabia o mousse dulce es uno de los postres más famosos del Levante. Se considera que proviene de la pulpa del árbol de mahlab y se le agrega arroz, crema o sémola, ya que hay aquellos preparados con almidón y leche y agrega crema de leche para que se vuelva más espesa y con una consistencia firme para verter en un tazón y decorar con nueces y canela. En cuanto a la razón para nombrarlo, se dice que este postre pertenece al estado omeya, donde Yazid entre Al-Muhallab bin Abi Safra ordenó a sus sirvientes que le prepararan un postre especial, así que lo prepararon para él y lo nombraron en su nombre.



BEBIDAS SIN ALCOHOL

JALLAB

La bebida jalllab proviene de la melaza de pasas o melaza sin dátiles, lo que la convierte en una bebida rica en vitaminas y minerales que ayudan a aliviar el dolor de estómago y el dolor de estómago.

QAMMAR EL DINN

La región del Medio Oriente es famosa por preparar la bebida Qammar el Dinn, especialmente en el bendito mes del Ramadán, porque ayuda a renovar la energía en el cuerpo humano, especialmente después de un largo día de ayuno. Esta bebida está hecha con jugo de albaricoque fresco, agregue azúcar y hierva sobre la estufa.



BEBIDAS CON ALCOHOL

Arak

ARAK

El arak es una bebida alcohólica anisada. Se bebe en proporciones iguales de arak y agua helada. Esta bebida acompaña a todas las comidas y es tradicional de Medio Oriente por excelencia.

INFUSIONES CALIENTES

TÉ ÁRABE

El se suele beber tanto caliente como frío siempre acompañado con hojas de menta.

CAFÉ ÁRABE

El café árabe se prepara agregando una cucharada de café por taza en agua caliente. Se suele utilizar un recipiente de cobre. Una vez que hierve se baja el fuego y se deja hervir un tiempo más. Cuanto más tiempo hierva, más sabroso resultará. En algunas regiones se agregan semillas de cardamomo. Se sirve muy caliente y se deja reposar en la taza ya que no se cuela por lo que hay que dejar decantar el café en la taza.


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Los primeros orígenes de las celebraciones de Navidad y Año Nuevo

El Milâd Isa y el Nayrûz

Al igual que lo hacemos hoy en día, en Al-Andalus, se celebró también la Navidad, especialmente en aquellas zonas donde había abundante población mozárabe (Toledo, Tortosa, Granada, Sevilla, Córdoba), siendo unas festividades muy diferentes a las actuales donde no había árbol de Navidad ni Papá Noel.

Los mozárabes, era la población cristiana que vivía bajo el régimen jurisdiccional  Islámico en Al-Andalus y podían celebrar sus tradiciones religiosas y mantener sus creencias pagando una capitación o «Yizya».

Las tres principales fiestas religiosas que se celebraban eran, en verano, «Ansara» o Fiesta de San Juan y en invierno, Id al-milâd (Navidad) Y Yannayr o Nayrûz (Año Nuevo).



Se sabe que seguían un ritual propio llamado «el rito mozárabe» de origen visigodo y con fuerte componente e influencia Bizantina.

Los feligreses celebraban la tradicional «Misa de gallo» la noche de nochebuena cuya parte de la liturgia se seguía en latín.

Ibn Yubayr de Valencia relata en su viaje a través de oriente, iglesias adornadas con velas por doquier en su interior. Las puertas abiertas de par en par.

Los musulmanes Andalusíes asimilaron estas festividades como propias y participaron en ellas.

Las adaptaron al calendario Islámico ya que los musulmanes en su mayoría eran «Muladíes» conversos o hispanos autóctonos de origen romano o visigodo.La figura de Jesús «Isâ», en árabe, formaba parte de la mentalidad Islámica, parte de la cadena de profetas enviado por Dios a la humanidad, siendo el segundo en importancia después del profeta Muhammad (la paz sea con Él). Además la virgen María (Sayyidatunâ Maryam en árabe), tenía también una veneración especial dentro de la comunidad mozárabe y el propio Islam.

«MILÂD o Navidad en árabe, se sigue celebrando con este nombre entre las comunidades cristianas de Medio Oriente.

Mawlid es la misma raíz trilítera árabe que Milâd (Natividad de Jesús), procedente de W-L-D (todo lo relativo a nacer), y significaría también «cumpleaños«.

Las celebraciones de Mawlid del Profeta Muhammad no eran nuevas ya que eran una tradición Chiita celebrada en Oriente y que se popularizó primero en La Meca y luego en Egipto con los Fatimíes. Desde allí se extendió al resto de Oriente Islámico y llegó a occidente gracias a los viajes de peregrinaje a La Meca de andalusíes.



NAYRÛZ, EL AÑO NUEVO

No es otra cosa que la adaptación andalusí de una festividad persa de origen Zoroastriano que aún hoy se celebra en Irán y los países de habla persa como Afganistán o Uzbekistán y entre los parsis o zoroastianos actuales. NAYRÛZ o NOWRÛZ es el Año Nuevo Persa que se celebra aún en la actualidad.

YANNAYR etimo mozárabe latino procedente del latin «jannuarius» «Enero» y en un contexto pre cristiano se lo indentifica con el dios Jano, el dios de las dos caras. El pasado y el futuro, que abría el nuevo año.

Lo cierto es que a pesar de la decadencia del Al-Andalus, estas tradiciones perduraron hasta una fecha tardía del período almorávide, casi a mitad del siglo XIII.

Abû Amrân Musâ de Triana, escribe un poema donde refleja las tradiciones de aquella época. Traducido por Simonet en «Historia de los Mozárabes».

-Y dijo Abu Amran Musa el Triani con motivo de haber entrado un día de Nairm, en casa de uno de los magnates, los cuales tenían por costumbre el hacer en tal día ciudades de pasta con preciosas figuras; y como mirando a la ciudad le hubiese agradado, le dijo al dueño de la casa: «Descríbela y tómala», y él dijo:

Una ciudad amurallada: asombrase de ella los mágicos.

No la construyeron sino las manos de una Virgen casta.

Parece una esposa que sale a vistas hecha de pan de flor y dulces.

Y no tiene más llaves que  los diez dedos.-




Bibliografía:

Boloix, Barbara, «Las primeras celebraciones del Mawlid en Al-Andalus y Ceuta»

Simonet,Francisco Javier «Historia de los Mozárabes en España»


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La tumba de Amenhotep III y el ritual de la fórmula de la vida.

Amenhotep III y reina Tiye – Winifred Brunton

Aquellos ojillos pequeños y luminosos le detuvieron. Jean-Baptiste —el primero que se decidió a entrar en la tumba de Amenhotep— supo en seguida a qué se estaba enfrentando. Y un terror seco se apoderó de él, paralizándolo de pies a cabeza. No era para menos: a pocos palmos, la silueta delgada de una cobra erguida, tensa, con los anillos del cuello hinchados, sus escamas romboidales relucientes como espejos y la lengua bífida silbante, le miraba con fiereza.

El barón no había entrado aún, por lo que la luz que se colaba en el interior de la tumba iluminaba bastante bien al reptil. Éste, tenso como la cuerda de un arco, se balanceaba casi imperceptiblemente sobre su panza, estudiando a su nueva víctima. De no ser por el brillo de su mirada, Jean-Baptiste Prosper Jollois podría haber creído que se trataba de una estatua. Pero no. Era como si aquel ofidio llevara horas aguardándole, planeando la forma más eficaz de darle muerte.

El ingeniero lo leyó claramente en su gesto: en breve, cuando terminara de examinar al intruso, atacaría su flanco más desprotegido, inoculándole una muerte rápida en sus venas. Jean-Baptiste no se atrevió siquiera a gritar. Si lo hacía, el áspid se lanzaría sobre su cuello y todo habría terminado demasiado deprisa. Así, en cuclillas, con las manos apoyadas sobre el suelo calcáreo del mausoleo, no tenía escapatoria posible. El desenlace —de eso estaba seguro— era sólo cuestión de tiempo. Y muy poco.



La mente del ingeniero calculó lo peor: en los siguientes diez o doce segundos la cobra, cada vez más rígida e hipnótica, le vería parpadear o tragar saliva y aprovecharía la menor contracción muscular del ingeniero para saltar sobre él. Ahí sí gritaría; para entonces entraría corriendo el barón De Villiers, hasta ese momento distraído en la boca de la tumba buscando huellas de saqueadores, y contemplaría la aterradora escena dejada tras el ataque. Mientras, él, retorcido de dolor, apretándose el estómago con los puños, cerraría los ojos para siempre sin tiempo apenas para pensar en su madre, sus hermanas, su casa de veraneo en Aix-en-Pro-vence o su perro Lucas.

Su vida se esfumaría en brazos del barón, y con ella todos sus sueños de grandeza y prosperidad.

El reptil bufó.

Su mirada se volvió más rígida si cabe, mientras su pequeña cabeza cuadrangular se inclinaba inesperadamente hacia atrás, como si tomara impulso para lo peor. Jean-Baptiste, impotente, creyó que su hora había llegado.

Sin embargo, la cobra se detuvo en seco.

—¡No se mueva, Prosper Jollois!

La voz familiar de Édouard de Villiers sonó nítida detrás de él. El reptil, confuso, no supo decidir a cuál de los dos blancos atacar.

—¡Sobre todo, no le quite la vista de encima! —insistió el barón.

Jean-Baptiste obedeció. No había acatado ninguna orden suya con tanto agrado en todo el tiempo que llevaban en Egipto. De pronto, con la eficacia de un cirujano, algo cortó el aire a la altura de su oído derecho. El sable de Édouard, brillante como un relámpago, segó de cuajo el cuello del reptil, que en silencio rodó sobre la piedra de la tumba, retorciéndose entre espasmos irregulares.

—¡Por Dios, barón! —se incorporó el ingeniero—. ¡Casi me corta usted la cabeza!
—¡Cállese!

Prosper Jollois hizo gesto de no comprender.

—¡Silencio! —repitió aquél en voz baja—. Sea quien fuere el que ha forzado la tumba de Amenhotep, debe estar aún dentro. Hay varios caballos ahí fuera, escondidos en un abrigo de roca. Y no son de nuestro ejército.

El joven ingeniero se estremeció. Aún palpitaban cerca de él las entrañas sanguinolentas del áspid, recordándole lo cerca que había estado de la muerte.

—¿Son… muchos?
—Seis o siete, por lo menos. ¿Trajo la carabina?
—No .

El barón hizo una mueca de desaprobación.

—¡Da igual! Hoy nos vamos a enterar de qué está ocurriendo aquí. Vamos a descender a la tumba, ¡y rápido!
—Pero, señor, ¿y si hay otras serpientes?
—Nos arriesgaremos.

Édouard de Villiers extrajo un par de velas de su casaca, que encendió de inmediato. Su luz, escasísima frente a las tinieblas que se abrían ante ellos, se agitó como si dudara de mantenerse encendida. Pero aguantó.

El barón estaba en lo cierto: más allá de los dos primeros tramos de escaleras, al fondo de un tétrico pasillo sembrado de escenas incomprensibles, se adivinaba un bisbiseo. En un principio fue poco más que un rumor. Un ruido profundo, que emergía de las entrañas de la tierra y que erizó los cabellos de Jean-Baptiste. Ninguno de los dos articuló palabra. Descendieron cautelosamente, tratando de no remover los escombros que salpicaban el lugar. Figuras humanas con rostro de perro, cortesanos vestidos con transparencias de una exquisitez indescriptible y aves con las alas desplegadas parecían no quitarles ojo de encima.

—Escuche —susurró el barón—. ¿Lo oye?

Prosper Jollois se adelantó hasta alcanzar la situación de su superior. Habían bajado otros dos tramos más de escaleras, y al fondo, de lo que parecía una sala mayor emergía un ruido sordo acompañado de un tenue resplandor. Los ingenieros soplaron las velas y avanzaron los seis pasos que les separaban del final del corredor.

Allá dentro la humedad casi se podía cortar con la espada. Al cabo, Jean-Baptiste tiró de las ropas del barón y se le acercó para cuchichearle algo:

—Esto no me gusta —masculló—. Si son seis y nos descubren, no saldremos vivos de aquí.

Édouard ignoró la advertencia y, despegándose del aliento de su compañero, estiró prudentemente la cabeza para asomarse al interior de la sala contigua.

Durante unos momentos, no reaccionó.

Al fondo de una estancia dividida en dos niveles, y flanqueada por seis columnas bellamente adornadas con nuevas figuras y jeroglíficos, se levantaba un sarcófago detrás del cual se adivinaba un trono de madera en el que se sentaba —Édouard dudó espantado— ¡una momia!

La luz era pobre; apenas una docena de lámparas de aceite alumbraban toda la estancia. Pero pese a todo, en medio del recinto, frente a la inmóvil silueta del entronizado, distinguió el rostro familiar y bien arreglado de Ornar ben Abiff. —¡Ornar...! —susurró satisfecho.

Ahora no tenía dudas: había sorprendido al mayor traficante de reliquias del sur de Egipto con las manos en la masa, en el interior de una propiedad francesa. En cuanto le denunciara al general Desaix, le detendrían y le enviarían a El Cairo para juzgarle. Pero algo en su actitud escamó al barón. Ornar no parecía interesado en rebuscar entre los cascotes y desperdicios de la tumba. Y tampoco su extravagante cuadrilla, un grupo de seres, mitad humanos mitad animales, que le rodeaban mientras Ornar recitaba una extraña salmodia:

—¡Oh, Osiris! —coreaban.
No cometí iniquidad contra los hombres. No maltraté a las gentes.
No cometí pecados en el Lugar de la Verdad.
No traté de conocer lo que no se debe conocer. No blasfemé contra Dios.
No obligué a nadie a pasar hambre. No hice llorar.
No maté.
No ordené matar…



El barón reculó. Dos de los fantasmas, con cabezas de chacal y halcón, se habían dado la vuelta en medio de la ceremonia para tomar una gran balanza de cobre que descansaba contra una de las paredes del recinto, muy cerca de donde estaban ellos. Mientras la instalaban, Ornar, extasiado, continuaba recitando, con el brazo izquierdo sobre el plexo solar, su monótona letanía.

—… No disminuí las ofrendas a los templos. No manché los panes de los dioses.
No fui pederasta.
No forniqué en los lugares santos del dios de mi ciudad.
No cacé en los cañaverales de los dioses. No pesqué en sus lagunas.
No opuse diques contra las aguas. No me opuse a ninguna procesión.
¡Soy puro! ¡Soy puro! ¡Soy puro!

Édouard, que comprendía bastante bien aquella especie de oración recitada en árabe, dejó pasar un tiempo prudencial antes de volver a asomarse. «Chacal» y «Halcón» deberían haber montado ya la balanza unos pasos por delante de él. Y así, mientras dos mujeres maquilladas como nunca había visto en Egipto hacían sonar sus sistros, una neblina de incienso ácido les envolvió en cuestión de segundos.

De repente, el «Chacal» habló. Su voz, vagamente familiar, muy grave, atronó la sala:

—Tú, que has superado el implacable juicio de los cuarenta y dos asesores de los muertos, que has sido capaz de declararte inocente de los cuarenta y dos pecados fundamentales del verdadero creyente, ¿te someterás ahora al veredicto de la balanza?
—Sí. Me someteré —respondió Ornar, al que su piel negra y perfumada con aceite de sándalo le brilló como la plata.
—En ese caso, debes saber que si superas el juicio y tu corazón pesa menos que la sagrada pluma de la diosa Maat, reina de la Verdad, accederás a los misterios de la vida eterna. Si no, tu Ka y tu Ba serán engullidos por Ammit, el terrible monstruo de cabeza de cocodrilo que devorará tu existencia y te condenará a la desaparición absoluta.
—Acepto.

¿Ka? ¿Ba?

Édouard se frotó los ojos, irritados por el incienso, antes de explicar a Jean-Baptiste lo que estaba sucediendo allá adentro. Apenas podía creer que el temido Ornar no hubiera entrado en aquella tumba para destrozarla o desposeerla de sus escasos tesoros. Y mucho menos que participara en aquel ritual y jurara no haber matado ni pecado. En cuanto a aquella jerga exótica, a duras penas creía identificarla con la idea que los antiguos egipcios tenían del alma.

El «Halcón» se inclinó ceremoniosamente sobre uno de los platos de la balanza, colocando sobre él un frasco de alabastro de pequeño tamaño.

—Aquí está Ib. Tu corazón —dijo.
—Y aquí Shes maat. El espíritu de la justicia —remató el «Chacal», depositando un cuenco opaco en el otro plato.

Una tercera criatura, con cuerpo de hombre y cabeza de pájaro, provisto de un pico largo y afilado, se adelantó al grupo y, frente a la balanza, exclamó:

—Sea, pues, como quieres. Yo, Toth, Aquel que se creó a sí mismo, al que nadie dio a luz, Aquel que calcula desde el cielo y es capaz de contar las estrellas y llamarlas a todas por su nombre, inscribiré para la eternidad el resultado de este juicio severísimo. —Amén.

Mientras los sistros inundaban la estancia de un sonido silbante que a Jean-Baptiste le recordó los bufidos de la cobra, la balanza comenzó a hacer su trabajo. El joven ingeniero, sobrecogido por los ecos de aquel ritual, se acurrucó en la parte de atrás del corredor, mientras el barón, excitado, no perdía de vista la operación.

La báscula titubeó. Se inclinó alternativamente a favor de cada uno de los platos para, in extremis, flotar ecuánime entre ambos. Si los viejos ensalmos no mentían, Ornar era ya un Maat kheru, un justo y justificado ante Dios. El reo, al conocer el implacable veredicto de la balanza, respiró aliviado.

—Hemos cumplido con todo lo que ordena Reu Un Pert Em Hru (1) —dijo Toth—. Hemos seguido escrupulosamente los dictados de los antiguos conjuros. Ahora, Ornar, si Maat cumple con su justicia, deberá entregarte el mismo secreto que reveló al dueño de esta tumba, el gran Amenhotep III. —La fórmula de la vida.

Édouard se sobresaltó. La nueva frase del «Chacal» le recordó a alguien… Pero aguardó.

—¡Oh, Osiris! —exclamó éste mientras se tanteaba la base de su cabeza lobuna—, ahora que ya hemos concluido el ritual, guíanos hasta el hombre que ha de recibir tu secreto.

Y dicho esto, se arrancó la testa. Depositó la máscara en el suelo con cuidado y estrechó a Ornar ben Abiff con un abrazo intenso.

—¡Mohammed! —exclamó feliz el saqueador—. Gracias por indicarme el camino.

El barón, atónito, descubrió que su guía de Luxor era quien se escondía bajo la cabeza del «Chacal».Y lo que era peor: que trabajaba codo con codo con Ornar ben Abiff.

—No tienes por qué agradecérmelo —le dijo a éste—. Es mi sagrada misión guiarte hacia el éxito, y con ello a los verdaderos fieles del Sol que custodian el secreto.

Ornar sujetó a Mohammed por el antebrazo, mientras éste arqueaba su inconfundible ceja negra hacia el centro de la frente.

—Después de la fuga de Nadia, creí que habíamos perdido a la intermediaria para conseguir la fórmula.
—No. Aún nos queda Bonaparte. Si él es el imam que esperamos, si lo que anuncian los profetas shiíes es correcto, sólo cuando le encuentres y le obligues a pasar por este mismo ritual tendremos lo que buscamos.
—Que así sea, Mohammed ben Rashid. El guía clavó sus ojos en el saqueador.
—No me llames así —respondió con evidente disgusto—. Hace mucho que dejé el clan, cuando descubrí que nadie de mi familia me conduciría a la Luz. Que el culto que profesaban estaba basado en una vetusta religión estelar incapaz de mantener y proteger el secreto de la vida que un día poseyeron.
—¿Y lo hará Bonaparte cuando lo reciba?
—Ése es su destino.



Édouard y Jean-Baptiste abandonaron la tumba a toda velocidad, tanteando suelo y paredes para deshacer el camino. Estaban alterados. Habían escuchado lo suficiente para comprender, aún a medias, lo que estaba sucediendo bajo sus mismos bigotes. Alguien en el sur del país preparaba una emboscada al general en jefe de la expedición. Alguien —y eso lo sabían bien— capaz de todo por una absurda superstición egipcia.

Debían hacer algo. Quizá hacer llegar un mensaje a Bonaparte. Y pronto.

Por J. Sierra


Notas:

  1. Literalmente: Libro de lo que vendrá algún día.

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Cantos de Egipto para ahuyentar a los genios

Con fines preservadores se canta en Egipto lo siguiente, para ahuyentar a los genios (ifrit – عفريت) en las noches de Ramadán:

Ay, Ramadán; ay, tronco de cerilla…
Ay, el que prende a los duendes todos…
Ay, Ramadán; ay, cuenco de cobre…
A Abu l-’Abbás te eché encima…
y pasarás la noche con nosotros.
A Abu l-’Abbas te eché encima…
y te romperá la cabeza con el cerrojo. (1)

En otro país (Argelia, Mzab) y con la misma finalidad de aplacar a los
genios se canta (2):

Huéspedes vuestros, huéspedes de Dios
huéspedes vuestros y de mi Señor:
aquí estamos pidiendo perdón.
Vuestro dueño es nuestro señor Salomón.
Nada os haremos, no nos causéis dolor.
Ciegos, no podemos veros.
Sordos, no podemos oíros.
Somos musulmanes vuestros
Nada os haremos, no nos causéis dolor.

Por S. Fanjul


Notas:

  1. M.Qandil al-Baqlí, Suwar min adabi-na as-sa’bi p. 96-97.
  2. A. M. Goichon, La vie féminine au Mzab, II, París. 1927, p. 242.

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Las organizaciones de Masones Operativos en Egipto

No hay duda alguna que había, hace algunos siglos, no sólo en Egipto sino en otras partes del mundo musulmán, organizaciones de Masones Operativos o de otros obreros; estos Masones orientales utilizaban incluso marcas similares a los de sus colegas occidentales de la Edad Media, y que eran llamadas en árabe Khatt el–Bannâin (es decir, «escritura de los constructores»); pero todo esto pertenece a un pasado ya bastante lejano.

Por otra parte, en las turuq islámicas o cofradías esotéricas (que son, de hecho, igualmente «operativas», pero evidentemente en otro sentido más profundo que el puramente «profesional»), han sido conservados ciertos elementos que recuerdan extrañamente al Compañerazgo occidental, por ejemplo: el uso de la banda; el uso del bastón, que tiene exactamente la misma forma; por lo que concierne al simbolismo de estos bastones, habría mucho que decir en referencia con las ciencias secretas que son atribuidas especialmente a Seyidnâ Suleymân (pues cada uno de los grandes Profetas posee sus propias ciencias, caracterizadas por el cielo sobre el cual preside).



Hay también otros puntos de interés más especialmente masónico: por ejemplo, en algunas de las turuq, el dhikr no puede cumplirse ritualmente si no hay al menos la presencia de siete hermanos; en la investidura de un naqîb hay algo que recordaría al cable–tow, etc.

Por otra parte, hay una interpretación simbólica de las letras árabes que forman el nombre de Allâh y que es puramente masónica, proveniente probablemente de las Organizaciones en cuestión: el alif es la regla; las dos lâm el compás y la escuadra; el ha el triángulo (o el círculo según otra explicación, la diferencia entre las dos corresponde a aquella entre Square y Arch Masonry); el nombre entero era pues un símbolo del Espíritu de Construcción Universal.

Estos pocos hechos no son más que simples referencias a un asunto que nos es conocido por experiencia directa y por tradición oral.

Por el Barón Rudolf von Sebottendorf

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Los Árabes, una irreemplazable civilización

Hemos empezado por los Árabes en razón a que su civilización es una de aquellas que nuestros viajes nos han dado mejor a conocer; una de aquellas cuyo ciclo es más completo, y en la que se manifiesta con mayor claridad la influencia de los factores, cuya acción hemos procurado discernir; en fin, una de aquellas cuya historia es a un tiempo la más interesante y la menos conocida.

Reina la civilización árabe desde hace doce siglos en la inmensa región que se extiende desde las orillas del Atlántico hasta el mar de las Indias, desde las playas del Mediterráneo hasta los arenales del interior de África; y las poblaciones que habitan estas comarcas siguen la misma religión, hablan la misma lengua, poseen las mismas instituciones y artes, y formaron antiguamente parte del mismo imperio.

Encerrar en un conjunto las principales manifestaciones que esta civilización tuvo en los pueblos donde dominó, reproducir todas las maravillas que dejó en España, África, Egipto y Siria, Persia e India, trabajo es que todavía no se intentara. Las mismas artes, con ser el elemento más conocido de la civilización árabe, no habían sido aún sometidas a un cuadro de conjunto; pues los pocos autores que han emprendido la descripción de ellas reconocen a porfía que no existe nada de aquel cuadro, y que la falta de documentos les impedía probar de llevarlo a cabo.



Sin duda resultaba evidente que la identidad de creencias había establecido un gran parentesco entre las manifestaciones artísticas de cada país sometido a la ley del Islam; pero no resultaba menos evidente que la variedad de razas y de comarcas había producido profundas divergencias. ¿En qué consistían esas analogías, y esas divergencias?.

A medida que se adelanta en el estudio de esta civilización, se descubren nuevos datos y horizontes más extensos; quedando luego probado que la Edad Media no conoció a la antigüedad clásica sino por conducto de los Árabes; que durante 500 años las universidades de Occidente se alimentaron exclusivamente de sus libros, y que los Árabes son los que han civilizado a Europa en el triple concepto intelectual, moral y material. El que estudia sus trabajos científicos y descubrimientos ve que ningún pueblo los ha producido mayores en tan breve tiempo; y el que examina sus artes reconoce que poseyeron una originalidad que nadie ha sobrepujado.

La influencia de los Árabes, aunque muy grande ya en Occidente, fue todavía mucho mayor en Oriente; pues ninguna raza ha impreso su sello aquí de un modo igual. Los pueblos que antiguamente dominaron en el mundo, Asirios, Persas, Egipcios, Griegos y Romanos, han desaparecido entre el polvo de los siglos, sin dejar más que informes ruinas; y sus religiones, lenguas y artes no han quedado sino como recuerdos; pero aunque los Árabes, a su vez, hayan desaparecido también, los elementos más esenciales de su civilización, la religión, la lengua, las artes, todavía viven; y desde Marruecos hasta la India más de cien millones de hombres siguen las instituciones del Profeta.

Si varios conquistadores han derribado a los Árabes, ninguno ha pensado en reemplazar la civilización que éstos crearon, sino que por el contrario todos han abrazado su religión, han adoptado sus artes y la mayor parte hablan hoy su lengua. Dondequiera que se haya establecido la ley del Profeta, parece haberlo sido para siempre. Esa ley ha hecho retroceder en la India a ciertas religiones que databan de muchos siglos; esa ley ha convertido en árabe a aquel Antiguo Egipto de los Faraones, en el cual tan corta influencia lograron tener Persas, Griegos y Romanos; y aunque los pueblos de Persia, de Egipto y África han tenido otros señores que los discípulos de Muhammad, no han reconocido otra ley, desde que éstos les enseñaron la suya.

Maravillosa historia es la de ese alucinado ilustre, cuya voz sometió a aquel pueblo indócil, que ningún conquistador pudiera domar; en nombre del cual fueron derribados los más poderosos imperios, y que desde el fondo de la tumba retiene aún bajo su ley a millones de seres.

La ciencia moderna llama enajenados a esos grandes fundadores de religiones e imperios; y en el concepto de la verdad abstracta tiene razón. Sin embargo, hay que venerarlos; porque encarnan el alma de una época y el genio de una raza, y generaciones en masa de antepasados desaparecidos hablan por sus bocas. Sin duda esos creadores de ideales no engendran más que fantasmas; pero esos terribles fantasmas nos han hecho tales como somos, y sin ellos ninguna civilización habría llegado a nacer. La historia no es otra cosa que la relación de los acontecimientos que el hombre ha llevado a cabo para creer este o aquel ideal, para adorarlo, o para destruirlo.



Un pueblo semi-bárbaro formó la civilización árabe, saliendo de los desiertos de Arabia, derribando el poder secular de los Persas, de los Griegos y de los Romanos, fundando un inmenso imperio que se extendió desde la India hasta España, y produciendo esas maravillosas obras cuyos restos nos sorprenden, admiran y asombran .

¿Qué factores dirigieron el nacimiento y desarrollo de esa civilización e imperio? ¿qué causas tuvieron su grandeza y decadencia? Demasiado baladíes son las razones alegadas por los historiadores para sujetarlas a un examen. Así que no cabe someter a mejor prueba un método analítico que aplicarlo a un pueblo tan especial.

El Occidente procede del Oriente, y por consiguiente en este mismo Oriente debe buscarse la clave de los acontecimientos pasados. En esta maravillosa tierra se han manifestado las artes, las lenguas y casi todas las grandes religiones. Y es que los hombres no son aquí lo que en otras partes: las ideas, los pensamientos y sentimientos son diferentes; y como hoy en día las transformaciones se verifican en esta tierra con mucha lentitud, al recorrerla, uno puede examinar toda la cadena de las edades. Por eso lo mismo los artistas, que los sabios y los poetas, se sentirán siempre movidos a contemplarla. ¡Cuántas , veces sentado al pie de una palmera o del pilón de algún templo me he enajenado en largas divagaciones, llenas de claras visiones de las edades que fueron!

Uno se queda ligeramente adormecido; y por entre un fondo luminoso se le aparecen luego ciudades extrañas, cuyas torres almenadas, cuyos palacios fantásticos, y cuyos templos y minaretes centellean bajo un sol dorado, recorridos por caravanas de nómadas, por multitud de asiáticos vestidos de colores brillantes, y por masas de esclavos de piel bronceada, y de mujeres veladas.

Muertas están ya hoy en día esas grandes ciudades del pasado; Nínive, Damasco, Jerusalén, Atenas, Granada, Memfis y Tebas la de las cien puertas; los palacios del Asia y los templos de Egipto convertidos están en ruinas; y los dioses de Babilonia, de Siria, de Caldea y de las orillas del Nilo no existen sino en nuestras memorias. Pero ¡qué elocuencia en esas ruinas! ¡qué mundo de ideas en esos recuerdos! ¡cuántos secretos no se pueden pedir a todas esas razas diversas que se suceden desde las columnas de Hércules hasta las fértiles mesetas de la vieja Asia, y desde las verdes playas del mar Egeo hasta los abrasados arenales de Etiopía!

Muchas enseñanzas saca el hombre de esas lejanas comarcas; y no pocas creencias deja en ellas. Su estudio nos demuestra cuán grande es el abismo que a los hombres separa, y hasta qué punto son quiméricas nuestras ideas de civilización, y de fraternidad universal; como también hasta qué punto los principios y verdades que parecían más absolutos cambian al pasar de uno a otro país.



La historia de los Árabes contiene, pues, muchos problemas sin resolver, y más de una lección que recordar. Es este pueblo uno de los que mejor personifican a esas razas de Oriente que tanto se diferencian de las de Occidente. Europa las conoce todavía muy poco; a pesar de que conviene que sepa lo que son, porque se acerca el día en que sus destinos dependerán mucho de los de ellas.

Por G. Le Bon

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