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El Mensajero de Dios (B y P) ordenó siete cosas y prohibió siete cosas

Al-Barâ’ bin ‘Âzib dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) nos ordenó hacer siete cosas y nos prohibió siete cosas.

Nos ordenó:

1. Seguir las procesiones fúnebres,
2. visitar a los enfermos,
3. aceptar las invitaciones,
4. ayudar a los oprimidos,
5. cumplir nuestros juramentos,
6. responder a los saludos y
7. decir: ‘Yarhamuk Allah’ (Dios te bendiga) a quien estornuda.



Y nos prohibió:

  1. Los cubiertos de plata,
  2. beber o comer en recipientes de oro y plata,
  3. los anillos de oro,
  4. las ropas con seda,
  5. Al-diybáÿ (seda pura),
  6. el qusay (tejido con seda)
  7. el istabraq (tejido con seda).

Por Sahîh Al-Bujârî

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Hassan llega a Fez luego de abandonar Granada

Henri Pontoy – Vue de Bahlil, près de Fès

Antes de llegar a Fez, jamás había puesto los pies en una ciudad, jamás había observado ese hormiguero ajetreado de las callejuelas, jamás había sentido en el rostro ese poderoso soplo, como el viento en alta mar, pero cargado de gritos y de olores. Es cierto que nací en Granada, majestuosa capital del reino de Andalucía, pero ya estaba muy avanzado el siglo y sólo la he conocido agonizante, vacía de sus hombres y de su alma, humillada, extinguida y, cuando salí de nuestro arrabal del Albaicín, éste ya no era para los míos más que un vasto campamento de barracas, hostil y desmantelado.



Fez era otra cosa y tuve toda mi juventud para enterarme. De nuestro primer encuentro, aquel año, no me quedan más que recuerdos borrosos. Me había acercado a la ciudad montado en una mula, lastimoso conquistador medio dormido, sujeto con mano firme por mi padre, pues todos los caminos estaban en cuesta, tan empinados a veces que la montura no avanzaba sino con paso vacilante y poco seguro. A cada sacudida, me ponía derecho antes de volverme a amodorrar. De pronto, sonó la voz paterna:

Hassan, despiértate si quieres ver tu ciudad!

Emergiendo del sopor, me di cuenta de que nuestro pequeño convoy estaba ya al pie de unas murallas de color arena, altas y macizas, erizadas de innumerables merlones puntiagudos y amenazadores. Deslizando una moneda en la mano de un portazguero, pudimos cruzar una puerta. Estábamos dentro de los muros.

-Mira -insistía Mohamed.

Alrededor de Fez se alineaban, hasta donde se perdían de vista, colinas en que se incrustaban incontables casas de ladrillo y piedra, adornadas, en muchos casos, como en Granada, con azulejos.

-Allí, en aquella llanura que cruza el wadi, está el corazón de la ciudad. A la izquierda, la orilla de los andaluces, fundada hace siglos por emigrados de Córdoba; a la derecha, la orilla de los de Kairuán, en cuyo centro están la mezquita y la escuela de los kairuaníes, ese gran edificio de tejas verdes donde, si Dios quiere, recibirás enseñanzas de los ulemas.



Escuché distraído esas doctas explicaciones pues lo que más me entró entonces por los ojos fue el espectáculo de los tejados: aquella tarde de otoño, gruesos nubarrones suavizaban la luz del sol y, por doquier, sentados como en azoteas, había miles de ciudadanos, platicando, gritando, bebiendo, riendo, fundiéndose todas sus en una inmensa algarabía. A su alrededor, tendida o puesta a secar en el suelo, de ricos y pobres se estremecía con cada soplo de la brisa, como el velamen de un navío.

Por Amin Maalouf

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Friedrich Holderlin y su visión sobre Jesucristo, «El Dios sirio»

Friedrich Holderlin  es uno de los más importantes poetas alemanes. Poéticamente parece encontrarse en el fiel de la balanza entre clasicismo y romanticismo; su nostalgia de los dioses antiguos y el entusiasmo que le inspiraban Grecia y su mitología, por una parte, y la revolución francesa por la otra, parecen situarlo en la modernidad de la época, pero al mismo tiempo en una antigüedad religiosa, precisamente por religiosa no recuperable ni comprensible para la mentalidad cientista, positivista y progresista de la burguesía moderna para la cual la modernidad suponía en el fondo la liquidación de los valores espirituales vinculados con la religión, aunque fuera la de los dioses antiguos, si un poeta los sentía como dioses y no como simples alegorías.



En todo caso los dioses se han retirado a sus moradas y el hombre moderno está solo, pero volverán y en esa aspiración o esperanza estriba buena parte del sentido religioso de Holderlin que invoca con frecuencia al Padre, el Padre augusto, el Altísimo o Padre eterno pero este Dios Padre se figura a menudo como el Padre Éter de la Grecia antigua.

En realidad la visión de la divinidad en este poeta es ambigua: las representaciones de los dioses de la antigüedad se entretejen con representaciones cristianas, dándonos una visión sincrética de la revelación divina entre la eternidad y la historia que culmina en la poesía de Hólderlin con el advenimiento de Cristo :

«Tantos acontecimientos se producen/ Y todos sin efecto pues somos insensibles, somos sombras hasta que / Nuestro Padre el Éter reconozca a todos y a todos pertenezca. / Mientras tanto adviene, llevando una antorcha entre las sombras, / el Hijo del Altísimo, el Dios sirio. / Los sabios bienaventurados lo ven; de las almas prisioneras / Sube y brilla una sonrisa y sus ojos se abren a  la luz».

El Dios sirio es Jesucristo, llamado sirio porque la Siria de la antigüedad incluía parte del territorio de la actual Palestina, donde nació Jesús.

Así concluye esta larga elegía que lleva significativamente por título «El pan y el vino» : las dos especies de la Eucaristía. Pero donde más se revela el aspecto propiamente religioso-cristiano de Hólderlin es en el Himno a la Madona («Oh cuánto he sufrido /por ti y por tu hijo, / Oh María»), también en el himno titulado «El Único» (el único es Jesucristo), pero sobre todo en el himno «Patmos», la isla griega donde San Juan escribió el Apocalipsis y que, después de la evocación de aquella isla, es sobre todo un himno dedicado a la última cena, a la pasión de Cristo y a la fidelidad de los apóstoles.



En es te poema el Padre no es ya el Éter sino visiblemente el Dios de los cristianos con una referencia explícita a las Escrituras :

«Lo que prefiere el Padre que reina sobre todas las cosas / es que se respete la letra inmutable y que se interprete / con cuidado todo lo que permanece / Y a ello se amolda la poesía alemana» ; dice el poeta para concluir su himno. Hólderlin naufragó en la locura, no cumplidos aún los 40 años.

Por el Dr. Américo Ferrari (Poeta y critico literario Miembro de la Academia Peruana de la Lengua Universidad de Ginebra octubre de 1998).

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Hezbollah: la leal defensa a pueblos cristianos de Siria y Líbano

El padre Elías Zahlawi, pastor de la Iglesia de Nuestra Señora de Damasco, comentó que la presencia de Hezbollah allí se ha convertido en sinónimo de seguridad, especialmente desde que los combatientes de la resistencia respetan totalmente todas las santidades cristianas en el país.

Es por eso que Hezbollah intervino en Siria.

El padre Elías Zahlawi no trató de ocultar su placer cuando se le preguntó acerca de la presencia de combatientes de Hezbollah en pueblos y ciudades cristianas. Esos hombres eran sus más feroces defensores cuando las ciudades y pueblos fueron atacados por los Takfiris.

El padre Zahlawi comienza saludando a Siria, Líbano y todo el mundo árabe, especialmente Palestina.

«La pregunta sobre Hezbollah es un placer para mí, y podemos preguntarnos qué habría pasado con Líbano si no hubiera sido por Hezbollah. La resistencia actuó de manera humana en Líbano, evitando permanentemente que ‘Israel’ tome el control del país después de que la comunidad internacional haga la vista gorda porque [«Israel»] es su hijo mimado. Hezbollah representó la reacción natural a la barbarie que estaba siendo perpetrada por «Israel», y la resistencia en Líbano fue la inmunidad definitiva para prevenir al enemigo «israelí» de pensar en atacar Líbano. Cuando se atrevió a hacerlo en 2006, lamentablemente planeado con los principales países y algunos estados árabes, el enemigo descubrió que la resistencia era más fuerte de lo que pensaba «.



El padre Zahlawi asegura que «la resistencia es sólida en su filosofía, espíritu y práctica». Esta opinión se basa en las cosas que aprendió sobre la conducta de la resistencia en el sur de Líbano, su respeto por todas las comunidades cristianas en esa región después de la liberación como así como lo que escuchó de Su Eminencia, Sayyed Hassan Nasrallah, a quien describió como un ser humano excepcional.

“Cuando Hezbollah intervino en Siria para respaldar al ejército sirio, lo hizo porque sabía que la caída de Siria será el comienzo de la caída de otros países. Y que si no intervenía, Líbano será el próximo», explicó. Esto es lo que me dijeron las personas que cuidaban de al-Qusayr y Yabroud.

El patrón de la Iglesia de la Señora de Damasco señaló que aún no se ha reunido con los funcionarios de la resistencia.

«Desearía haberlo hecho», dijo. «Estoy escuchando a Su Eminencia Sayyed Hassan Nasrallah con gran admiración. Lo digo con franqueza porque es un hombre excepcional e histórico. Vino a nosotros en el momento adecuado y no sólo a Líbano sino a todo Oriente. Sinceramente, lo que sé sobre Hezbollah y sus combatientes en Siria provino de los residentes de las ciudades de al-Qusayr y Yabroud en la región de Al Qalamoun. Me puse en contacto con muchos de ellos, y estas personas me dijeron que los combatientes de Hezbollah eran modelos a seguir y lo digo con toda honestidad y gran emoción. Hablaron de su disciplina y respeto por la ley, así como de sus honorables tratos con toda la gente. Muchos de ellos incluso querían estar cerca de la gente cuando las tribulaciones se intensificaron «.

El padre Elías Zahlawi afirma que no es posible que las personas que enfrentan la muerte todos los días peleen como lo hicieron los combatientes de la resistencia en Siria, con tanta nobleza y sacrificio, con personas que se sienten cómodas cerca de ellos.

«Es bien sabido que la mayoría de los residentes en la ciudad de al-Qusayr son cristianos. Una gran parte de la población de Yabroud también es cristiana. Escuché la sensación de tranquilidad que la residencia tiene a su alrededor. Desde aquí, aplaudo a Hezbollah por el hecho de que su posición hacia las santidades cristianas era similar a su posición hacia todas las personas en Siria. Hezbollah no puede tratar los lugares sagrados cristianos de manera diferente a como trata a las personas en Siria «.



El padre Elías Zahlawi expresó su gratitud a Su Eminencia Sayyed Hassan Nasrallah a través de Al-Ahed por su «pensamiento creativo que lo hizo producir e innovar este partido. Me gustaría tranquilizar a muchos en Líbano y fuera de Líbano, pero específicamente en Líbano, acerca de los objetivos de Hezbollah porque Hezbollah, según tengo entendido y concluyo, es leal a lo que dijo Sayyed Hassan Nasrallah. Es leal a Líbano, leal a su humanidad, leal a Siria, leal a su nacionalismo y leal a Palestina, que está defendiendo como lo están haciendo los sirios «.

Con información de Al Ahed (Cortesía del Sheij Móhsen Ali).

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Edwin Wilson, los explosivos para Muammar Khadafi y la CIA

En esta foto de archivo del 22 de enero de 1983, el ex agente de la CIA, Edwin Wilson, (centro), abandona la corte federal después de un día de selección del jurado acompañado por alguaciles estadounidenses en Houston. Edwin P. Wilson, un ex agente de la CIA que fue calificado de traidor y condenado por enviar armas a Libia, pero cuya condena fue revocada después de cumplir 22 años de prisión, falleció el 10 de septiembre de 2012. Tenía 84 años.


Edwin Wilson

Nacido en 1928, Nampa, Idaho. Ex disidente de la CÍA a quien sus antiguos jefes tendieron una trampa para enviarlo a prisión.

Edwin Wilson era un típico agente de la CÍA de la vieja escuela e íntimo amigo de Theodore Shackley, el jefe de las operaciones clandestinas de la agencia en la década de 1960.

Wilson abandonó la CÍA en 1971, pero continuó trabajando en la Task Force 157, la unidad secreta de la marina de Estados Unidos, hasta 1976. Para entonces había amasado una fortuna de millones de dólares traficando con armas. Pero en 1977 le vendió diecinueve mil kilos de explosivo C-4 al régimen de Muammar Khadafi.

Como Libia estaba incluida en la lista de «patrocinadores del terrorismo» confeccionada por Estados Unidos, Wilson era ahora un hombre buscado. Instalado en Libia de manera discreta, Wilson fue convencido en 1982 por un antiguo colega, Ernest Keiser —quien estaba en nómina del fiscal federal Larry Barcella—, de que, si se reunía con él en la República Dominicana para llevar a cabo una operación de espionaje, todos los cargos serían retirados.



El plan dio resultado. Wilson fue arrestado al pisar la República Dominicana y trasladado de inmediato a Nueva York, donde se le juzgó cuatro veces en dos años. Finalmente fue condenado por la declaración de Charles Briggs, el número tres de la CÍA, quien firmó una declaración jurada en la que afirmaba que Wilson no tenía ninguna relación con la CÍA desde 1971. Esa declaración jurada resultó crucial: Wilson fue enviado a prisión con una condena de cincuenta y dos años.

En 2003, un juez federal de Houston entendió que los fiscales habían «engañado deliberadamente a la corte». Además los acusó de «traicionar a un agente informal del gobierno a tiempo parcial». Edwin Wilson, Las condenas de Wilson fueron anuladas en 2003 y fue liberado al año siguiente . Es posible que Edwin Wilson no sea un santo, pero eso no justifica que lo hayan enviado a la cárcel con pruebas amañadas.

 Falleció el 10 de septiembre de 2012, a los 84 años.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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Lejos de Alhambra – Abü Ya’far

«Se fundieron sobre la Alhambra mis lágrimas de sangre, deshecho el corazón.
Largo tiempo hace que estoy lejos de ellos, pero quizás retorne el ausente, tras su largo alejamiento».



Abü Ya’far

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Oasis del Tuat y Ghurara, cabeza de línea de las caravanas saharianas

… Nuestra siguiente etapa nos condujo hacia los oasis del Tuat y del Ghurara, cabeza de línea de las caravanas saharianas. Es allí, en efecto, donde los mercaderes y los demás viajeros se esperan para partir juntos.

Muchos comerciantes judíos estaban establecidos en estos oasis pero habían sido víctimas de una curiosa persecución. El mismo año de la caída de Granada, que era también el año de la expulsión de los judíos españoles, había venido a Fez un predicador de Tremecén que incitaba a los musulmanes a exterminar a los judíos de la ciudad. En cuanto se enteró, el sultán mandó expulsar a aquel agitador que fue a refugiarse a los oasis del Tuat y del Ghurara y consiguió sublevar a la población contra los judíos; los asesinaron a casi todos y se incautaron de sus bienes.



En esa comarca hay muchas tierras cultivadas, pero son áridas, pues no se las puede regar más que con agua de los pozos; son también tierras pobres y para enriquecerlas los habitantes utilizan un método poco común. Cuando llega un visitante, lo invitan a alojarse en sus casas, sin pedirle nada a cambio, pero recogen el estiércol de las monturas y hacen comprender a las personas que los ofenderían si hicieran sus necesidades fuera de sus casas. Por eso se ven los viajeros obligados a taparse la nariz cuando pasan junto a un campo cultivado.

Esos oasis son la última estación en que hay la posibilidad de aprovisionarse como es debido antes de cruzar el Sáhara. Las aguadas se van espaciando cada vez más y se precisan más de dos semanas para llegar al primer lugar habitado. Hay que precisar también que en ese lugar, llamado Teghaza, no hay más que minas de las que se extrae sal. La guardan hasta que viene a comprarla una caravana para venderla en Tombuctú, donde siempre escasea. Cada camello puede llevar hasta cuatro barras de sal. Los mineros de Teghaza no tienen más víveres que los que les llegan de Tombuctú, situada a veinte días de camino, o de alguna ciudad igualmente alejada. A veces se ha dado el caso de que, al haberse retrasado alguna caravana, se haya encontrado a algunos de esos hombres muertos de hambre en sus cabañas.

Pero pasada esa localidad es cuando el desierto llega a ser un auténtico infierno. Ya sólo se encuentran osamentas blanqueadas de hombres y de camellos muertos de sed, los únicos animales vivos que se ven con profusión son las serpientes. En la zona más árida de ese desierto se hallan dos tumbas coronadas por una piedra que tiene grabadas unas inscripciones. En ellas puede leerse que en ese lugar se hallan sepultados dos hombres. Uno era un rico mercader que, de paso por allí y torturado por la sed, le había comprado al otro, un caravanero, una taza de agua por diez mil monedas de oro. Pero tras haber dado unos cuantos pasos, vendedor y comprador se habían desplomado juntos, muertos de sed. ¡Sólo Dios dispensa vida y bienes!



Aunque fuera yo más elocuente y mi pluma más dócil, hubiera sido incapaz de describir lo que se siente cuando, tras semanas de agotadora travesía, con los ojos lacerados por los vientos de arena, la boca tumefacta por agua salada y tibia, el cuerpo abrasado, sucio, dolorido de mil agujetas, se ven aparecer por fin los muros de Tombuctú. Es cierto que, al salir del desierto, todas las ciudades son bellas, todos los oasis se asemejan al jardín del Edén. Pero en ningún otro lugar me ha parecido la vida tan sonriente como en Tombuctú

Por Amin Maalouf

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