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El nombre “Allâh”

ALLÂH

Allâh” es “al-ism”; “al-a’zam”, el Más Grande Nombre, el que contiene todos los divinos y bellos atributos, es el signo de la Esencia y la causa de toda existencia.

Allâh, la causa de toda existencia, no tiene semejanza de manera alguna con nada de Su creación. “Allâh” es solamente el nombre de Allâh. No hay nada más que pueda en absoluto asumir este nombre ni compartirlo. Como está dicho en el Corán, “Hal ta’lamu lahu samiyan –

«¿Conoces tú alguien que sea su homónimo?» (19:65)

El nombre “Allâh” contiene cinco significados, cualidades que indican la desemejanza de Allâh con cualquier otro ser o cosa. Ellos son:

«Qidám» El es lo anterior a lo anterior. El no se hizo. El siempre fué.

«Baqá'» El es el después del después, Eterno; El siempre será.

«Wahdániyyah» El es único, sin asociado, sin semejanza, la causa de todo. Todo está en necesidad de El, todo ha sido hecho por la orden: «¡Sé!» y ha fenecido por Su orden.

«Mukhalafatun lil-hawádith» El es el Creador, sin contraer semejanza con lo creado.

«Qiyám bi-nafsihi» El es auto-existente, carente de necesidades. Allâh es perfección. La extensión de su perfección es infinita. El más grande nombre, “Allâh”, contiene ocho elementos indispensables, indicativos de la perfección de Allâh:

«Hayyáh» Allâh es siempre-viviente

«‘Ilm « Allâh es todo-sapiente

«Sam’ « Allâh es todo-oyente

«Basar « Allâh es todo-vidente

         «Irádah»      Toda voluntad es Suya

         «Qudrah «            Todo poder es Suyo

         «Takwín«   Toda existencia y acciones dependen de El

«Kalám « La palabra, todo lo que es dicho y enseñado, es de El.

El servidor de Allâh puede relacionar su ser con el divino nombre “Allâh” que comprende todos los nombres, está exento de todo atributo imperfecto, y contiene todos los atributos de perfección, mediante el deseo en sí mismo de convertirse en un hombre perfecto. En este propósito, el podrá intentar eliminar de sí mismo aquello que sea reprensible, y procurar incrementar en sí mismo aquello que sea bueno.

» ‘Abdulláh» es un servidor que ha recibido el más alto nivel y honor que es posible obtener dentro de la creación, porque el Creador con los secretos de todos Sus atributos está manifestado en él. Por lo tanto, Allâh el Más Alto ha llamado a Su amado Profeta por este nombre. En la Surah Jinn (versículo19) Allâh identifica a Su amado, diciendo:

«… el servidor de Allâh sepuso de pie‚ orando a El, …»

En realidad, este nombre pertenece únicamente a Hazrati Muhammed (que la Paz y las Bendiciones de Allâh sean con él), y a los “Qutubs” en cualesquier época dada, quienes son los verdaderos herederos de Su divina sabiduría, ya que el nombre de Allâh es el nombre de la Esencia de Allâh, el nombre más grande. Este nombre está unido a las cualidades de Unidad y Unicidad de Allâh. Consecuentemente, aún si el servidor ha perdido su apropiada identidad al unísono con Allâh, el hecho de ser llamado Abd’ullah es únicamente metafórico.

Por el Sheikh Tosun Bayrak al-Jerrahi al-Halveti

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Como eran los primeros ejércitos musulmanes de Al-Andalus

Los Primeros ejércitos musulmanes en Al-Andalus

Los primeros efectivos del ejército musulmán en Al-Andalus fueron los 13.000 bereberes (la mayoría peones con escasos jinetes), que Tariq trajo consigo en 712, al año siguiente Muza trajo consigo 18.000 árabes y sirios en el que predominaba la infantería,  es probable que trajesen consigo algunos caballos de raza árabe a la península. No se puede determinar con seguridad el número de bereberes que se asentaron en la Península, se sabe que unos regresaron y otros nuevos acudieron atraídos por el botín, había elementos de las tribus masmuda, nafza, wazdadya, malzuza, zanata, miknasa, madyuna, awraba, y zuwara. Los árabes y sirios se establecieron en las mejores plazas, enviando a los bereberes a la frontera o marcas.

Pronto hubo el enfrentamiento entre árabes y bereberes, en los que éstos abandonaron las marcas, permitiendo la expansión de la Reconquista. Más tarde las revueltas bereberes fueron seguidas por la de los muladíes o cristianos conversos.

Los ejércitos musulmanes en la península siguieron el mismo modelo del califato de Damasco, e integraban  tres clases de tropas: los mercenarios o ghulams que  pasaron a llamarse hasham, las tropas reclutadas o gundis que eran ejércitos regionales  y finalmente los voluntarios de la guerra santa. Posteriormente se incorporarían efectivos tribales del otro lado del estrecho como almorávides, almóhades, benimerines, etc.

Los mercenarios o hasham continuaron representando el núcleo principal del ejército musulmán. Entre estos mercenarios, que percibían una soldada o mustaziga y estaban organizados en unidades de carácter regimental, en su reclutamiento sólo tenía en cuenta las cualidades militares, empezando por la lealtad; de aquí su múltiple procedencia: gallegos (todos los del noroeste de la Península), francos (del noreste de la Península y de las Galias), eslavos (germanos y eslavos) y norteafricanos (beréberes y negros). Se sabe que la guardia de Al Hakam I (796-822) contaba con 3.000 jinetes y 2.000 infantes gallegos, francos (cristianos) y quizás hasta eslavos.

Los reclutados o gundis eran el segundo elemento de las tropas califales por su importancia.  Los contingentes eran movilizados en los junds (curas o provincias después de Almanzor), en cumplimiento del deber de todo musulmán de participar en la lucha contra los infieles. Los gundis así reclutados por los gobernadores al recibir la orden del califa lo eran en un número determinado, comunicado anticipadamente.

De estos se seleccionaba a algunos para ser soldados profesionales desplegados permanentemente en la frontera que se llamaron ghazis.  Solían portar casco metálico y cota de malla completa.  Un hecho diferenciador de Al-Andalus con respecto al resto del Islam fue que llevaban la cota de malla a la vista, según  la moda europea, mientras que el resto de musulmanes la solía cubrir con el burud.

La movilización, denominada istinfar obligaba a los inscritos en el diwan, o registro. Sólo los sirios estaban inscritos en el diwan o registro de las tropas que recibían pagas; estaban exentos del diezmo, era su deber esencial ir a la guerra y no estaban obligados sino al pago del impuesto de feudatarios sobre las gabelas que percibían de los cristianos.

Los datos concretos del reclutamiento son bastante vagos. Comprendían a todos los habitantes del Al-Andalus también árabes, sirios, bereberes y muladíes inscritos en el diwan. Las exclusiones a esta obligación debieron ser importantes, implicaba una prestación en metálico, suponía unos ingresos que servirían para atender a los gastos que suponían los mercenarios.

La eficacia de los gundis ha sido puesta en duda en algunas fuentes árabes, achacándoles poca disciplina, ausencia de bravura y hasta escasa habilidad para montar a caballo.

Después de los reclutados o gundis, que se pueden considerar como regulares, el ejército musulmán estuvo siempre reforzado por los combatientes de la fe (al-muhahidim o (muya-hidīn), que acudían como voluntarios de la guerra santa o yihad. Procedían tanto del Al-Andalus como del otro lado del estrecho, se solían emplear como carne de cañón delante de la formación. Estaban mandados por el sayj al guzāt o “maestro de los voluntarios de la fe“, este cargo que sería suprimido por Muhamad IV (1.325-33).

Almanzor estimuló la venida a Al-Andalus de bereberes, hasta convertirla en un flujo continuo. En ocasiones fueron grupos tribales completos los que fueron invitados a pasar a Al-Andalus, entre ellos, como más conocidos, el de los Banu Ifran y el sinhachi de los príncipes zivíes, que luego fundarían un reino taifa en Granada.

Las reclutas africanas del fin del siglo X (dice Lévi-Provencal) parecen haber formado en la Península dos categorías bien distintas. Una se componía de contingentes berberiscos regularmente reclutados y alistados, que recibían su sueldo y llevaba el nombre de murtazika; y otra agrupaba a los voluntarios o mutawia que venían a tomar parte en las expediciones de verano. Los primeros, además del sueldo tenían derecho a participar en el botín. Los segundos, en cambio, no tenían más que riesgos y peligros; sólo en caso de victoria se les daba una parte de lo tomado y gratificaciones en especies.

La guardia personal estaba formada por soldados profesionales que deban protección a la máxima autoridad, solía estar formada por mercenarios extranjeros, así la Guardia Califal, comenzó con Al Heken que una guardia palatina de 3.000 jinetes y 2.000 infantes, todos ellos esclavos  o mercenarios eslavos. Almanzor incorporó los norteafricanos. Los almóhades incorporaron la Guardia Negra, formada por 10.000 esclavos o mercenarios negros fanáticos del Senegal. Los nazaríes incorporaron la Guardia Africana o Margrawas pertenecientes a los Banu Abdal-Wad y diversos grupos zanetas.

Con información de Arre caballo

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