Archivo de la categoría: Palestina

No venderé este amor – Fadwa Tuqán

Qué azar,
Dulce parecido a un sueño.
Nos reunió aquí en esta tierra distante,
Aquí dos almas extrañas,
Nosotros.

Fuimos unidos por la Musa
Que nos llevó de viaje
Nuestras almas convirtiéndose en una canción
Flotando en un aire de Mozart,
En su precioso mundo
Tú dijiste:
Qué profundos son tus ojos
Qué dulce eres.
Lo dijiste con un callado,
resonante deseo
Ya que no estábamos solos
Y en tus ojos una invitación,
Y en mis profundidades intoxicación
Qué intoxicación,
Soy una mujer, así que discúlpale a mi corazón

[su vanidad,

Cuando tu murmullo lo acaricia:
Qué profundos son tus ojos,
Qué dulce eres.

Oh Poeta, en mi país
Mi amado país
Tengo un enamorado esperando,
Él es mi compatriota,
no he de derrochar su corazón.
Él es mi compatriota,
no venderé su amor.

Por los tesoros del mundo,
Por las brillantes estrellas,
Por la Luna,
Sin embargo la intoxicación aferra mi corazón,
Mientras en tus ojos derivan sombras de amor,
Y la invitación centellea
Como una luz trémula.

Soy una mujer, de modo que perdónale a mi

[corazón su vanidad,

Cuando tu murmullo lo acaricia:
Qué profundos tus ojos
Qué dulce eres.

Fadwa Tuqán

©2018-paginasarabes®

José de Arimatea y el Grial

El cronista Elinando, que fue el primero en referir la historia del Grial haciendo aparecer en ella a José de Arimatea, escribe: Gradalis autem vel gradale dicitur Gallice scutella lata et aliquantulum profunda in quia preciosas dapes, cum suo jure divitibus solent apponi, et dicitur nomine Graal… Hanc historiam latine scriptam (entiéndase: en los escritos de la Iglesia), invenire non potui, sed tantum Gallice scripta habentur a quibusdam proceribus, nec facile, ut aiunt, tota inveniri potest. En 1260, Jakob van Maerlant desmentirá la historia del Grial, precisamente basándose en el hecho de que hasta entonces la Iglesia todavía no sabía nada o, mejor dicho, no quería saber nada de ella.

Si bien en algunos textos el cáliz de José de Arimatea se identifica con el de la última Cena, en ninguna tradición cristiana se encuentran rastros de tal asociación. Por otra parte, aunque en los textos más posteriores y de fuerte tendencia cristiana el Grial adoptará, en este sentido, una función análoga a la del cáliz eucarístico en el misterio de la Misa, la repugnancia de un Robert de Boron, por ejemplo, a hablar de la naturaleza del Grial y la alusión a palabras secretas que a él se refieren, que nadie debe repetir y que sólo habían sido transmitidas a José de Arimatea, hacen pensar que se trata de un misterio diferente al del rito católico, y que en cualquier caso aparece celebrado por otros, no por el clero ortodoxo, junto a un simbolismo y a un esoterismo totalmente ajenos al cristianismo .


Y cuando algunos textos identifican el Grial como copa con el cáliz de Jesús y la lanza con la lanza de la crucifixión, quien sigue la lógica interna y advierte el tono fundamental del conjunto no puede dejar de preguntarse si se trata de algo más que de imágenes de la conciencia religiosa predominante tomadas a modo de préstamo como medio para expresar un contenido distinto. Que ese contenido arranca de tradiciones ajenas al cristianismo y refleja un clima bastante poco reducible a la religiosidad cristiana resulta bastante claro para todo aquel que considere en su conjunto las leyendas del Grial.

Wolfram von Eschenbach hace remontar las fuentes de su narración a un «Kyot el Provenzal», que a su vez había encontrado la leyenda de Parsifal y del Grial en textos paganos, descifrados por él gracias a su conocimiento de los caracteres mágicos. Flegetanis, de la estirpe de Salomón, había escrito en tiempos antiquísimos la historia del Grial contenida en esos textos, basándose en su ciencia astrológica, al haber leído el nombre del Grial en las estrellas. «Examinando las estrellas, descubrió secretos profundos de los que no hablaba sin estremecerse».

Por J. Evola


©2018-paginasarabes®

El pastor beduino y las vasijas de los rollos de Qumran

Vasija de los rollos de Qumran

Mohammed Adib Issa, el pastor beduino que descubrió con quince años los manuscritos de Qumrán dentro de unas ánforas al tirar unas piedras a una cueva y sonar sospechosamente, pronunció como últimas palabras antes de morir: «Sólo le pido a Dios que me libere, por fin, de la maldición que me persiguió toda mi vida.»

Murió de un cáncer que lo destruyó poco a poco durante años, solo, pobre de solemnidad, tan pobre en un campo de refugiados de Jordania que ni siquiera pudo pagarse su estancia en un hospital, ni una inyección de morfina que paliara sus terribles dolores. Murió pensando que había sido víctima de la maldición de un genio que había salido del ánfora donde encontró los pergaminos.

Por S. Río


©2018-paginasarabes®