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Muhammad As-Safra, médico de Sharq al-Andalus

Su pueblo le construyó un monumento que ha perdurado más que las murallas de sus castillos y así durante seis siglos se ha transmitido de padres a hijos en nuestra región el dicho «saps més que al-Safrá». Esta herencia cultural ha sido la que impulsó a un grupo de personas de Elche y Crevillente a constituirse en «Asociación Al-Safrá» para contribuir a reivindicar la vida y la obra de uno de los más importantes cirujanos de nuestra tierra.





«La Medicina es un arte indispensable para la ciudad. Ella conserva la fortaleza a los sanos y cura las enfermedades al someterlas al tratamiento adecuado».

Ibn Jaldûn (1332-1406): Al-Muqqadima, ed. francesa de V. MONTEIL, París, 1967-68, vol. 2, pág. 841.

«Sin embargo, en las poblaciones musulmanas actuales, el arte de la medicina parece declinar, al igual que la demografía y la civilización…»

Al-Muqqadima, vol. 3, pág. 1.081


Siempre he sentido fascinación por las horas del crepúsculo, por la incertidumbre de saber si en ese momento acaba el día o comienza la noche, si esas horas pertenecen todavía a un día que ya no tiene razón de ser porque el sol ha desaparecido, como creemos los occidentales –la noche del viernes es la que sigue a la puesta del sol–, o la noche es el vientre materno que alumbrará un nuevo sol, como piensan los semitas, para los que nuestra noche del viernes es la del sábado, la que precede a la aparición del sol sabatino.

También hay épocas crepusculares como la que inicia la historia de al-Andalus, de la Hispania musulmana en el siglo XIII con la pérdida de la Bétíca y del Sharq al-Andalus, para terminar en la noche profunda de la conquista de Granada a finales del XV: largo y espectacular crepúsculo con los colores rojizos de la Alhambra.

Desde el punto de vista político es la larga agonía de la dominación árabe de la Península Ibérica, pero culturalmente es también el comienzo de un nuevo tiempo, el de la cultura española tal y como es, europea, cristiana y occidental por tanto, pero también mudéjar, donde encontrará su diferencia.

Un hijo del crepúsculo, tal vez el primer mudéjar de la historia, no en el sentido jurídico sino en el cultural, es Muhammad As-Safrá, el último de los médicos árabes del Sharq al-Andalus y el primero de los mudéjares. Este personaje apasionante, nacido ya mudéjar en tierras del Bajo Vinalopó, en Crevillente, sumó a sus conocimientos de medicina tradicional sus estudios con un médico cristiano, fue el primer médico plenamente mudéjar.

Vivió primero en el Sharq al-Andalus ya cristiano, y dejó sus tierras levantinas, para servir también al último rey mudéjar, Nasr de Granada, hijo de cautiva, apasionado de la astronomía, que gustaba de vestir y hablar como cristiano, en su corte de Guadix, donde reinaba tras haber perdido Granada –¡cuántas veces han perdido Granada los granadinos!–, porque también la ciudad de la Alhambra vivió su momento crepuscular sin saber si era fin del día o comienzo de otro y finalmente decidió ser noche, la última de al-Andalus, aunque tachonada de estrellas, rechazando su mudejarismo y al rey Nasr.




Muhammad as-Safrá cruza el Estrecho y se instala en tierras marroquíes, donde permanecerá cerca de cuarenta años, al pie del Atlas, para volver a morir en al-Andalus, en Granada, ya viejo, tal vez camino de su tierra natal. A lo largo de su vida practicó la medicina –su sobrenombre hace referencia a la cirugía– y escribió mucho sobre su ciencia y oficio.

Muhammad as-Safrá merecía un estudio, y la ciudad de Elche y la de Crevillente, que se disputaban su cuna, promovieron esta investigación a través de un grupo formado por esos médicos humanistas a los que tanto debe la cultura española y que crearon una asociación dedicada al médico mudéjar y capitaneada por un nuevo cirujano humanista, casi mudéjar él también, casi ilicitano –lo es de corazón–, él también: el Dr. Justo Medrano. Se convocó un generoso premio para aquéllos que buscasen en los viejos documentos las huellas de As-Safrá.

No era fácil hacer el trabajo, porque evidentemente las fuentes de la vida de As-Safrá y su propia obra están en árabe medieval, pero varios investigadores acudieron a la convocatoria con excelentes trabajos. El mejor fue el de dos jóvenes investigadores de nuestro propio grupo de arabistas: Francisco Franco Sánchez, que se inclina por la investigación histórica de nuestra edad media musulmana, y Marisol Cabello García, dedicada a la literatura árabe.

Muhámmad as-Safrá nació sin duda en Crevillente, pero en aquellas fechas, ser de esta ciudad era ser también de Elche, pues los ilicitanos se habían refugiado en la ciudad vecina, tras ser asolada por una riada; nunca hizo As-Safrá un jardín botánico en Cádiz –ya tenía bastante con la práctica de la medicina– , tampoco hubo peste en Guadix cuando As-Safrá vivía en ella, tras sanar de su penosa enfermedad al rey Nasr. Anuncio solamente que a As-Safrá se le sitúa además históricamente en sus coordenadas histórico-temporales; tiempo y espacio: historia y escenario. También se hace una lucida historia de la medicina árabe, en la que se analiza la presencia y enfrentamiento de dos corrientes médicas: la académica y la empírica, clave sin la cual no se comprendería la figura de As-Safrá.




Es para mí, por tanto, una inmensa satisfacción, como el primer catedrático de árabe que ha tenido en toda su historia la Comunidad Valenciana, haber pasado una antorcha que pueda lucir, valga la metáfora olímpica, más alta, más rápida, más fuerte, en las manos de los jóvenes, para iluminar la historia del Sharq al-Andalus.

Por M. J. Rubiera Mata

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La isla de Saltés, una escondida ciudad islámica al sur de España

Pese a que son muchas las investigaciones que se han iniciado, la isla de Saltés aún sigue siendo la gran desconocida. Se trata de una ciudad islámica escondida durante años y estratégicamente situada en la Ría de Huelva, al sur de España, en la desembocadura al Océano Atlántico de los ríos Tinto y Odiel.




Un equipo de arqueólogos de la provincia de Huelva, liderados por Jesús de Haro Ordónez, trabajó para sacar a la luz los resquicios de esta ciudad, clave en el patrimonio cultural e histórico andaluz. Parte de las conclusiones y materiales extraídos se expone en el Museo de la capital onubense, en una exposición dedicada a Saltés, yacimiento arqueológico reconocido con la máxima figura de protección, Bien de Interés Cultural, desde 2001.

Además es considerado Paraje Natural y Reserva de la Biosfera desde el año 1983 por sus valores naturales y su flora y fauna específicas, amén de su riqueza patrimonial, de la que ya han se hicieron eco en el siglo I algunos clásicos.

Los descubrimientos hallados aún no alcanzan sin embargo el 3% de todo lo que se esconde tras este espacio, un yacimiento islámico en el que además se han descubierto restos de otras épocas, tal como detalla De Haro. El arqueólogo explica que era en este lugar donde muchos investigadores quisieron encontrar el reino de Tartessos, “esa capital mítica cuando la arqueología aún tenía una visión romántica”. “Pero se encontraron con que lo que había allí eran restos de los árabes, como los llamaban entonces, y eso hizo que los estudios se dejaran abandonados hasta la década de los 80, cuando se retomaron las investigaciones coordinadas por el Museo de Huelva y el Instituto Arqueológico francés Velázquez”, apunta el arqueólogo.

Campañas que se terminaron en los años 90 con la resolución de un importante descubrimiento: aquella ciudad había crecido al amparo de la actividad de la metalurgia, siendo del siglo X las primeras dataciones. Dicha actividad desembocó en el comercio, a fin de vender esos productos de metal. En el siglo XI, el reino de Saltés se independizó del reino de los Taifas y fue gobernado por la dinastía de los Al-Bakri.

“Era una ciudad de una gran importancia. No era solo un centro productor de metalurgia, sino que tenía un trazado urbanístico definido, del cual aún se desconoce mucho”, apunta el arqueólogo. “La ciudad de Saltés tuvo un gran auge, tal como se está comprobando con las pocas excavaciones que hemos realizado”, añade. “Pero aún se desconocen muchos aspectos», matiza.




Uno de los más importantes descubrimientos ha sido el de encontrar un castillo prácticamente soterrado, al que han tenido que acceder desde arriba. Además, las investigaciones han sido muy prósperas en cuanto al perímetro y los accesos: «El acceso principal, cuya salida estaba hacia la ciudad, es de carácter monumental, con una torre de franqueo y un arco de herradura de 4,35 cm. de la época califal, que se conserva casi completamente y en un estado sorprendente».

Por Patricia Gardeu
Con información de Blastingnews

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