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Sentimientos llegando a la Alhambra de Granada

Prosiguiendo nuestro viaje, salimos de las montañas y entramos en la deliciosa vega de Granada. Aquí hicimos la última merienda, a la sombra de unos olivos y a orillas de un riachuelo, con la vieja ciudad morisca en lontananza, coronada por los picos de Sierra Nevada, brillante como la plata. El día estaba sin nubes y el calor del sol atemperado por las frescas brisas de la montaña; después de la comida tendimos nuestras mantas y dormimos nuestra última siesta, acariciados por el zumbido de las abejas entre las flores y por los arrullos de las palomas torcaces en los cercanos olivares. Cuando pasaron las horas del calor emprendimos de nuevo la marcha; y, después de haber pasado por entre vallados de pitas y chumberas y por un laberinto de huertas, llegamos, al ponerse el sol, a las puertas de Granada.

Para el viajero inspirado en lo histórico y en lo poético, la Alhambra de Granada es un objeto de tanta veneración como la Ka’aba o Casa Sagrada de la Meca para los devotos peregrinos musulmanes. ¡Cuántas leyendas y tradiciones verídicas y fabulosas, cuántos cantares y romances amorosos, españoles y árabes, y qué de guerras y hechos caballerescos hay referentes a aquellos románticos torreones! El lector comprenderá fácilmente nuestra alegría cuando, poco después de llegar a Granada, el gobernador de la Alhambra nos dio permiso para residir en las habitaciones vacías del Palacio morisco. Mi compañero fue pronto llamado por los deberes de su cargo oficial; pero yo permanecí de intento algunos meses en el viejo Palacio encantado.

¡Si ellas pudiesen comunicar algo de los fascinadores encantos de este sitio a la imaginación del lector, éste no podría menos de apesadumbrarse de no haber pasado conmigo una temporada en los legendarios salones de la Alhambra!

Por W. Irving



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Proverbio Árabe: Es cierto que no se puede disfrutar de un viaje…

Proverbio Árabe

 

الرفيق قبْل الطريق والجار قبْل الدار

Es cierto que no se puede disfrutar de un viaje cuando se lleva un mal acompañante. Igualmente, un mal vecino puede amargarte la existencia por muy bonita que sea tu casa.


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De la ciudad de Baldach – Caldea

En aquella región, (Caldea), se encuentra la ciudad de Baldach que en las Escrituras se nombra Susis, donde habita el mayor prelado de los sarracenos, que dicen «califa». Se hacen allí paños muy bellos de oro de diversas maneras, e igualmente de seda, asimismo de diversas maneras, a saber, nassit, nac y carmesí.

Baldach es la ciudad más noble de aquella región. En el año de la Encarnación del Señor de MCCL el gran rey de los tártaros Alau la sitió y la tomó por la fuerza, aunque en el interior había más de cien mil jinetes; pero el ejército del Khan era también numeroso a maravilla.


El califa que señoreaba en ella tenía una torre repleta de oro, plata, piedras preciosas y otras maravillas de inmenso valor; pero como era un avaro y no supo aprestar un ejército suficiente ni dio galardones a los soldados que mandaba, por ello sufrió el desastre, ya que el rey Alau tomó la ciudad y prendió al califa, al que ordenó encerrar en la torre de aquel tesoro inestimable privado de bebida y alimento. Y le dijo: «De no haber guardado estas riquezas con avaricia y avidez, hubieses podido salvarte a ti mismo y librar la ciudad. ¡Que ahora te socorra ese tesoro tuyo que amaste con tanta codicia!».

Al cuarto día murió de hambre. A través de la ciudad de Baldach corre un río enorme, por el que se va hasta el Mar Indico, que dista de Baldach dieciocho jornadas; navegan por él mercaderes sin cuento; acaba en la ciudad de Chisi. En medio de Baldach y Chisi se halla la ciudad de Basera, que está rodeada de palmares, en los que hay grandísima abundancia de dátiles afamados.

Por Marco Polo

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