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El Mossad y su implicación en el intento de asesinato de Bill Clinton

1992
BILL CLINTON
Nacido en 1946, Hope, Arkansas
Presidente de Estados Unidos

La operación Monte Rushmore era el nombre en clave dado a una supuesta e increíble conspiración para asesinar al candidato presidencial William Jefferson Clinton. El plan preveía su ejecución durante una visita de Clinton a San Francisco, en el verano de 1992, como parte de su campaña electoral.

Estos argumentos son expuestos principalmente por su autor Rodney Stich, y aunque pudieran parecer extravagantes, se trata de alguien elogiado en internet como «un activista o cruzado contra la corrupción absoluta en el gobierno durante los últimos treinta años, comenzando como inspector de operaciones de transporte aéreo de la FAA, (Administración de Aviación Federal), y responsable de la seguridad aérea en varias de las principales compañías aéreas, especialmente United Airlines. Ha documentado la corrupción en UA y dentro de la FAA».


La teoría de la conspiración

Un golpe al estilo JFK fue encargado sobre el aún no electo Bill Clinton por una conspiración de diferentes intereses que querían un segundo mandato para George H. W. Bush y que temían de tal modo una presidencia de Clinton que estaban dispuestos a matarlo para evitar que ocupase la Casa Blanca. Esta conspiración incluía a agentes y oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Oficina de Inteligencia Naval (ONI), el Partido Republicano y el Mossad, el servicio de inteligencia israelí. La financiación de la operación estaba a cargo de un misterioso personaje llamado Chan Wang.

Las pruebas

La información contenida en el libro de Stich Defrauding America procede principalmente de dos fuentes, ambas de la comunidad de los servicios de inteligencia, que revelaron los mismos detalles de manera independiente. Al principio, a la fuente principal se la llamó simplemente «agente X», pero más tarde se reveló que se trataba del Capitán de Corbeta Robert Hunt, de la Oficina de Inteligencia Naval.

Según Hunt, el asesinato de Clinton debía ser una repetición virtual del asesinato de Kennedy, con francotiradores disparando al candidato presidencial fuera del hotel Ritz Carlton de San Francisco. En la base militar de Presidio, en San Francisco, debía formarse el equipo encargado de llevar a cabo el trabajo. Hunt relató la historia de la siguiente manera:

«El verano pasado (julio de 1992), Graham Fuller, de la CÍA, Dick Pealer, de la ONI, y John Kaplin, de la CÍA, me ordenaron que fuese a San Francisco. Estas personas eran mis entrenadores. Me dijeron que fuese al área de la bahía. Volé desde la ÑAS (Estación Aérea Naval), de Norfolk hasta la ÑAS, Alameda, donde debía reunirme con otro agente. Era el jefe de la CÍA en San Francisco. Su nombre es Robert Larson. Él se encargó de hacer los arreglos para mí en Presidio. Al día siguiente llegó el equipo y yo me pregunté por qué estaba ese equipo en la ciudad. Recibí la llamada de una mujer que me dijo que pertenecía al Mossad y que teníamos que vernos. Eso hicimos, y almorzamos juntos. Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Arma Colburn. Más tarde supe que su verdadero nombre era Yossi Jameir. Hablamos de por qué estaba yo en la ciudad y le pregunté la razón. Ella me dijo que para matar a Clinton».

En cuanto a la operación en sí, Hunt añadió:

«Al saber que Clinton llegaría a la ciudad en pocas semanas, pusimos manos a la obra. Armas, rutas de escape, citas, etc. Se esperaba que Clinton se alojara en el Ritz Carlton. Entonces daríamos el golpe. Mis hombres y yo ocupamos posiciones al otro lado de la calle del Ritz Carlton antes de que llegase Clinton. Tomamos fotografías de toda la zona para obtener los mejores resultados posibles. En cualquier caso, tres semanas antes de la fecha prevista para su llegada supimos que se había producido una filtración. Nadie sabía dónde. De modo que mi equipo y yo nos largamos por temor a que nos detuviesen. Aquella noche nos dijeron que debíamos eliminar a todas las facciones implicadas, incluyendo a los agentes del Mossad».

Enfrentado a la obligación de tener que matar a todos los implicados en la operación, Hunt se mostró impasible, pero justo a tiempo, la operación se canceló:

«Recibí una llamada en mi busca que ordenaba suspender las operaciones. Cuando pregunté los motivos, me dijeron que habían encontrado la filtración». La cuestión era que una de las agentes del Mossad estaba viéndose con un agente de seguridad y ambos habían hablado demasiado. «Nuestro trabajo, por supuesto, era encargarnos de ese asunto. De modo que, aquella misma noche, cuando el agente de seguridad acabó su trabajo y fue a coger el tren BART (Transporte Rápido del Área de la Bahía), en Market Street, para regresar a su casa, mi amigo y yo lo empujamos a las vías cuando llegaba el tren. Pensaron que se había suicidado.»


El veredicto

Cuando investigadores independientes se pusieron en contacto con ellos, la oficina del servicio secreto en Los Ángeles declinó hacer comentarios sobre este asunto, y remitieron la investigación a la oficina de relaciones públicas en Washington DC. Allí, uno de los funcionarios negó tener ningún conocimiento de aquello y afirmó que si se ponían en contacto con la oficina de San Francisco ellos también los remitirían a la oficina de relaciones públicas. Como la operación de asesinato fue abortada, la historia sigue siendo imposible de probar.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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Donald Rumsfeld, Irak y el imperio estadounidense

El «Proyecto para un nuevo siglo estadounidense» es un plan para crear un imperio norteamericano.

El «Proyecto para un nuevo siglo estadounidense», (PNAC, en sus siglas en inglés), es una institución creada en 1997 por William Kristol, el editor de una revista llamada The Weekly Standard. Sus críticos sugieren que tiene una agenda secreta para que Estados Unidos ejerza el dominio militar del mundo en un «nuevo siglo estadounidense».


Kristol formaba parte del movimiento neoconservador, (neocon), en Estados Unidos, fundado en tiempos de la guerra fría por un grupo de intelectuales anticomunistas que incluía a su padre, Irving. En 1997, Kristol reunió a un grupo de estos neoconservadores, entre los que se encontraban Jeb Bush, Donald Rumsfeld, Dick Cheney y Paul Wolfowitz, para crear el PNAC. Su sitio en internet, (newamericancentury), afirma que «el liderazgo estadounidense es bueno para Estados Unidos y para el mundo». Ya en 1998, los miembros del PNAC, incluyendo a Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz, le escribieron una carta al presidente Clinton instándole a invadir Irak.

En enero de 2001, después de que George W. Bush fuese elegido presidente, Dick Cheney fue elegido vicepresidente y colocó de inmediato en el Departamento de Defensa a Rumsfeld y a Wolfowitz. En septiembre de 2000, el PNAC hizo público un informe titulado «Reconstruyendo las defensas de Estados Unidos». Este informe sugería que Estados Unidos, una vez acabada la guerra fría, tenía el deber de desplegar bases militares permanentes en todo el mundo y que existía una «justificación inmediata» para la presencia militar estadounidense en Irak.

Pocas semanas antes de que se produjesen los ataques del 11-S, siguiendo los consejos de Rumsfeld y otros miembros del PNAC, el presidente Bush declaró que cualquier nación hostil sería considerada enemiga de Estados Unidos. Ello suponía la aceptación implícita de la política promovida por el PNAC, y llevaría inevitablemente a una invasión de Irak, a pesar de que ese país no tuviese ninguna conexión con los ataques del 11-S. El PNAC finalmente se salió con la suya.

Con información de Conspiracy Encyclopedia


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La muerte de Diana de Gales y Dodi Al-Fayed, ¿fue un asesinato?

El círculo Pinay, alias Le Cercle

Le Cercle toma su nombre del primer ministro francés de la década de 1950 Antoine Pinay, y se cree que es una rama colateral del Grupo Bilderberg encargada de la acción directa. Pinay estuvo presente en la primera reunión celebrada por el Grupo Bilderberg en el hotel de Bilderberg, en Oosterbeek, Holanda, en 1954. Formó su círculo en 1969, supuestamente con la intención expresa de llevar a cabo acciones directas en nombre del Grupo Bilderberg. El círculo estaba apoyado por el servicio secreto francés y miembros de la realeza austríaca.

Se dice que Le Cercle está integrado por espías internacionales, miembros de las fuerzas armadas, políticos y otros personajes situados en la derecha. Sus críticos afirman que desestabilizó los gobiernos de Harold Wilson y Edward Heath en Gran Bretaña, Gough William en Australia y Francois Mitterrand en Francia. Su dependencia del llamado complejo militar-industrial, particularmente en Francia y Gran Bretaña, ha llevado al círculo a mantener lazos con organizaciones opacas como el Opus Dei, e incluso, según se afirma, la secta Moon.


Se le acusa de ser el responsable del asesinato del primer ministro pacifista sueco Olof Palme y, discutiblemente, de la muerte de la princesa Diana de Gales y su novio Dodi Al-Fayed. La causa habría sido la campaña iniciada por Diana contra las minas terrestres, lo que suponía una amenaza a los beneficios de la multimillonaria industria armamentística.

Diana de Gales murió en agosto de 1997 durante una alocada persecución de su coche por los paparazzi por las calles de París. El conductor del coche, según las autoridades, había consumido una cantidad excesiva de cocaína y alcohol, (un dato cuestionado desde entonces y que no hace más que aumentar el misterio que rodea la muerte de Diana). Estuviese o no «arreglado» el accidente, por quién es algo que permanece envuelto en un profundo misterio.

“No existe ningún elemento de naturaleza alguna que dé crédito a la tesis” de que el accidente fue fruto de un “acto voluntario” de sabotaje, escribió el juez Stéphan. Pero Mohammed Al Fayed no aceptó sus conclusiones y continuó insistiendo en que la muerte de Lady Di y su hijo Dodi fue fruto de una conspiración de los servicios secretos británicos por orden del príncipe Felipe, esposo de Isabel II de Inglaterra. Según Al Fayed, la princesa de Gales estaba embarazada de Dodi y el anuncio de su compromiso matrimonial era inminente. La familia real británica, sostenía el empresario, dueño de los lujosos almacenes Harrod’s, “no podía aceptar que un musulmán egipcio pudiera convertirse en el padrastro del futuro rey de Inglaterra”, en referencia a Guillermo, el hijo mayor de Diana y Carlos de Inglaterra, número dos en la línea de sucesión.

Mohammed Al Fayed escribió acerca de un «complot» para eliminar a Diana y a su hijo, e intentó vincular todo tipo de sucesos disparatados con sus preguntas:

¿Por qué habían tardado una hora y cuarenta minutos en llevar a la princesa a un hospital? ¿Por qué algunos de los fotógrafos se habían abstenido de entregar algunas de las fotografías que habían tomado? ¿Por qué había habido un robo en la casa de Londres de un fotógrafo que trabajaba con tomas de los paparazzi ? ¿Por qué de ninguna de las cámaras de circuito cerrado de ese sector de París se ha sacado un solo plano de cinta de vídeo? ¿Por qué ninguna cámara de control de velocidad de todo el trayecto tenía película y los radares estaban apagados? ¿Por qué el lugar del accidente fue reabierto al tráfico al cabo de unas cuantas horas? ¿Quién era la persona que había en la puerta del Ritz equipada como un fotógrafo de prensa? ¿Quiénes eran los dos hombres no identificados entre la multitud que luego habían estado en el bar del Ritz?


El Mossad no tenía ningún interés en la relación entre Diana y Dodi. Su único interés era reclutar a Paul como informador en el Ritz. Respecto del fotógrafo misterioso: en el pasado, el Mossad había permitido que sus agentes se hicieran pasar por fotógrafos. Bien pudo ser Maurice el que vigilaba la entrada del hotel. Los dos hombres del bar tal vez tuvieran alguna relación con el Mossad. Sin duda reconfortaría a Mohammed al Fayed que esto fuese cierto.

Para confirmar que se había llevado a cabo el asesinato más alevoso, Al Fayed empleó a un ex detective de Scotland Yard, John MacNamara. A principios de 1999, el mesurado investigador recorría el mundo en busca de pruebas. Durante su estancia en Ginebra, Suiza, se encontró con un antiguo oficial del MI6, Richard Tomlinson, que decía haber visto documentos en el cuartel general del MI6, a orillas del Támesis.

Tomlinson insistía en que los papeles describían «un plan para asesinar al líder serbio Slobodan Milosevic que tiene inusuales similitudes con la forma en que Di y Dodi murieron. El documento establecía que el “accidente” debía ocurrir en un túnel, donde las probabilidades de muerte por choque son muy altas. Recomendaba el uso de un láser como arma para deslumbrar al conductor del vehículo señalado como blanco».

Diana y Dodi habían estado bajo vigilancia de ECHELON, uno de los sistemas de seguridad más sofisticados y ultrasecretos de la agencia norteamericana. La red electrónica global tiene proporciones asombrosas. Conecta los satélites con una serie de ordenadores paralelos de alta velocidad. El sistema permite a la agencia norteamericana y a quienes comparten esta información, entre ellos los británicos, interceptar y decodificar cualquier comunicación realizada en el mundo, en tiempo real. Buscando las contraseñas apropiadas ECHELON identifica y envía mensajes de interés a sus usuarios.

Después de su divorcio del príncipe Carlos, Diana había iniciado una campaña para acabar con las minas antipersonales. La princesa era franca, sincera, y no tardó en conseguir mucho apoyo, algo que no fue bien visto por la Administración Clinton ni por Londres y otras capitales europeas. La consideraban una entrometida, alguien que no tenía ni idea de sobre qué estaba hablando. «Lo cierto es que la fabricación de minas terrestres creaba miles de empleos. Nadie quería que se usaran las minas pero tampoco que la gente se quedara sin trabajo porque a Diana se le había metido aquello entre ceja y ceja», me comentó una fuente en Washington que insistió, como es lógico, en que no desvelara su identidad.


La llegada de Dodi a la vida de Diana implicó que automáticamente se volviera parte de las actividades de ECHELON. Sin saberlo, cada una de sus conversaciones íntimas era silenciosamente registrada por algún satélite. En 1997 el nombre de Mohammed al Fayed había sido agregado a la lista de investigaciones de la computadora global. ECHELON puede muy bien haber sido el primer ente ajeno a su círculo íntimo en enterarse de sus esperanzas sobre la boda de su hijo con una princesa real y luego, de su intención de anunciar públicamente el compromiso la noche de su muerte. Hay mucho en los documentos de la Agencia Nacional de los Estados Unidos que puede causar sorpresas en el futuro; las palabras de la propia Diana prueban que estaba decidida a casarse con su amante.

Mohammed al Fayed era un hombre agónico. Yo sólo podía escucharlo mientras se desahogaba. «¿Sabía usted que Diana, seguramente, estaba embarazada de ocho semanas y que Dodi, mi hijo, era el padre? ¿Sabía que en el hospital de París, después de su muerte, le extrajeron los órganos y volvió a Londres momificada? ¿Sabía que la última vez que nos vimos me confesó cuánto amaba a Dodi y qué felices eran?» Dije que no sabía nada. Mohammed al Fayed se quedó mudo un rato, al borde de las lágrimas, perdido en un mundo interior.

Luego continuó: «Dígame quién puede ayudarme a descubrir la verdad sobre el plan que causó la muerte de mi hijo y su amada Diana». Le dije que tenía dos personas en mente. Una era Victor Ostrovsky y la otra, Ari ben Menashe. «Encuéntrelos. Tráigalos», ordenó Mohammed al Fayed. Y en ese momento no era sólo la estampa de un faraón.

Me llevó una semana dar con ellos. Ostrovsky vivía en Arizona; sólo hablaría conmigo a través de un intermediario, un periodista que trabaja para una revista árabe. Al final Ostrovsky tuvo una conversación con Mac Namara que a nada condujo. Ari ben Menashe había regresado de África cuando lo llamé a Montreal. Le conté mi encuentro con Al Fayed y dijo: «No es del todo ilógico lo que cuenta. Hasta ahí ya lo sabíamos nosotros. Hubo una fuerte presencia de los servicios alrededor de Diana y Dodi el día de su muerte».

Acordó encontrarse con Al Fayed en Londres a principios de abril. El relato de su encuentro es similar al mío. Ben Menashe, un hombre de modales inmejorables, se sintió francamente horrorizado por el lenguaje agresivo que Al Fayed utilizaba para atacar a los miembros de la familia real. A pesar de todo, convino en seguir investigando en Tel Aviv para ver si se podía agregar algo a la información publicada en la primera edición de este libro.

Diez días después, se reencontró con Al Fayed en su oficina de Harrods y le dijo que un buen número de servicios de inteligencia podrían tener que responder por el caso. Ben Menashe agregó que pondría a su equipo a trabajar con mucho gusto; sugirió unos honorarios de 750.000 dólares anuales más gastos.


Algunos colegas de Maurice creían que el intento de reclutar a Henri Paul era una prueba añadida de que el Mossad estaba fuera de control: realizaba operaciones internacionales en forma irresponsable sin tener en cuenta las posibles consecuencias para sí mismo, para Israel, para la paz en Oriente Medio y, fundamentalmente, para la relación con su aliado más antiguo y cercano, Estados Unidos. Varios oficiales alegaban que desde que Benyamin Netanyahu se había convertido en primer ministro en 1996, las cosas habían empeorado.

Un miembro veterano de la comunidad de inteligencia israelí ha dicho: «La gente está viendo que con frecuencia quienes trabajan para el Mossad son matones disfrazados de patriotas. Eso es malo para nosotros y para la moral, y al final tendrá efectos perjudiciales sobre la relación del Mossad con otros servicios».

Otro oficial experimentado fue igualmente tajante: «Netanyahu se comporta como si el Mossad fuese su propia versión de la corte del rey Arturo; algo nuevo todos los días para no aburrir a sus caballeros. Por eso las cosas se han puesto tan mal en el Mossad. Es necesario hacer sonar una alarma antes de que sea demasiado tarde».


Emad El-Din Mohamed Abdel Moneim Fayed, más conocido como Dodi Al-Fayed, (nacido en AlejandríaEgipto, el 15 de abril de 1955 –muerto en París, Francia, el 31 de agosto de 1997). Era el heredero de su padre, el multimillonario egipcio Mohamed Al-Fayed , propietario de los grandes almacenes británicos Harrods, Fulham Football Club y el Hôtel Ritz (París). Su madre fue Samira Khashoggi, hermana del notorio vendedor de armas Adnan Khashoggi.


Con información de Conspiracy Encyclopedia, Gideon ‘s Spies y El País

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