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Inmigrantes sirios y libaneses en Argentina-Buscando nuestras raíces

En nuestra publicación “Como buscar datos sobre los ancestros sirios o libaneses”, hacemos referencia a la migración siria y libanesa en el siglo XIX hasta 1950. Quisimos ampliar la información y colaborar con todos los descendientes ávidos de conocer sus raíces y el origen de sus familias. No disponemos de datos específicos que los ayuden en esta búsqueda, no obstante queremos compartir con ustedes los datos emanados del Ministerio del Interior de la República Argentina y otros organismos nacionales que a través de la recopilación de dichos datos, simplifiquen la búsqueda de sus ancestros.

Desembarcar en Argentina

El acto de desembarco consistía en el abordaje de una junta de visita a cada barco que llegaba, a fin de constatar la documentación exigida a los inmigrantes, de acuerdo a las normas, y permitir o no su desembarco. El control sanitario también se realizaba a bordo, por un médico asignado a ese fin. La legislación prohibía el ingreso de inmigrantes afectados de enfermedades contagiosas, inválidos, dementes o sexagenarios.

La revisión de los equipajes se llevaba a cabo en uno de los galpones del desembarcadero destinado a ese fin. Para los emigrantes el viaje comenzaba en el momento en que partían de su pueblo natal para dirigirse a los puertos. La partida solía ser un acontecimiento colectivo, en el que eran protagonistas grupos de parientes y paisanos que se dirigían al exterior de acuerdo a un itinerario prefijado.


Hotel del inmigrante

EL Hotel de Inmigrantes fue construido para recibir, prestar servicios, alojar y distribuir a los miles de inmigrantes que, procedentes de todo el mundo, arribaban a nuestro país. El complejo estaba conformado por diversos pabellones destinados al desembarco, colocación, administración, atención médica, servicios, alojamiento y traslado de los inmigrantes. Un conjunto de edificios, como una ciudadela. Se comenzó a construir en el año 1906, por la empresa Udina y Mosca, según proyecto del Ministerio de Obras Públicas.

En 1990, durante la gestión del Presidente Carlos Saúl Menem, por Decreto n° 2402, fue declarado Monumento Histórico Nacional. Se trata de una construcción de cuatro pisos, de hormigón armado, con un sistema de losas, vigas y columnas de ritmo uniforme, que dio como resultado espacios amplios dispuestos a ambos lados de un corredor central. Íntegramente pintado de blanco, se acentuaba en todos los ámbitos la sensación de amplitud y luminosidad.

En la planta baja el comedor, con grandes ventanales hacia el jardín, la cocina y las dependencias auxiliares. En los pisos superiores los dormitorios. Había cuatro dormitorios por piso, con una capacidad para doscientas cincuenta personas cada uno, lo que significa que en el hotel podían dormir tres mil personas.

A los inmigrantes los despertaban las celadoras, muy temprano. El desayuno consistía en café con leche, mate cocido y pan horneado en la panadería del hotel. Durante la mañana, las mujeres se dedicaban a los quehaceres domésticos, como el lavado de la ropa en los lavaderos, o el cuidado de los niños, mientras los hombres gestionaban su colocación en la oficina de trabajo.

Se habían dispuesto turnos de almuerzo de hasta mil personas cada uno. Al toque de una campana, los inmigrantes se agrupaban en la entrada del comedor, donde un cocinero les repartía las vituallas. Luego ellos se instalaban a lo largo de las mesas a esperar su almuerzo. Este consistía, generalmente, en un plato de sopa abundante, y guiso con carne, puchero, pastas, arroz o estofado. A las tres de la tarde a los niños se les daba la merienda. A partir de las seis comenzaban los turnos para la cena, y desde las siete quedaban abiertos los dormitorios.

Cuando ellos llegaban al hotel, se les entregaba un número que les servía para entrar y salir libremente, y conocer de a poco la ciudad. El alojamiento, gratuito, era por cinco días, por “Reglamento”, pero generalmente se extendía por caso de enfermedad o de no haber conseguido un empleo.

Desde mediados del siglo XIX el medio de transporte hacia los puertos fue el ferrocarril, y los barcos a vela fueron siendo reemplazados por los vapores.

Las migraciones más significativas desde Oriente Medio se dieron hacia finales de 1800.

Muestra itinerante del Inmigrante

Provisión de información sobre la llegada de los antecesores extranjeros al puerto de Buenos Aires. Datos tomados de los viejos libros de arribos de barcos, digitalizados por el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA). Período comprendido entre 1882 y 1950. Se entrega un certificado tipo diploma como recuerdo donde figuran entre otros datos el puerto de origen, barco, edad, profesión, religión, estado civil, etc.

Esta base de datos resulta incompleta ya que no se cuenta con información anterior puesto que, en fechas anteriores a 1882 no se registraban los ingresos de inmigrantes a la Argentina. Además los datos asentados en los libros de los inmigrantes, solo eran registrados en el puerto de Buenos Aires, por lo que no existen datos de los desembarcos en otros puertos como los puertos de Bahía Blanca o los inmigrantes que llegaron desde Medio Oriente a Uruguay que por razones de salud o documentación no podían desembarcar en Buenos Aires, y se trasladaron hacia Argentina desde el paso de Concepción del Uruguay provincia de Entre Ríos.

Es de vital importancia contar con ciertos datos que permitan orientar la búsqueda de los ancestros sirios o libaneses aunque no es una regla exclusiva de estos. Pasos sencillos para todos los descendientes de cualquier país de la liga árabe como de Europa.

Si no cuenta con datos relevantes como nombre del barco con el que arribaron a nuestro país, fechas o documentación, puede ser de utilidad el país, ciudad o región de origen. Otro dato importante es la religión profesante. En los países árabes antiguamente los registros se llevaban a cabo en las iglesias. Nacimientos, bodas y fallecimientos eran asentados en los libros de las iglesias, por lo cual resulta importante saber si el origen de su familia desde el punto de vista religioso pertenecía a la religión Ortodoxa, Melkita, Maronita o al Islam (Chiita, Sunita, Druso, Alahuita), para poder ubicar dichos datos en sus respectivas iglesias o mezquitas.


En Siria

Si bien en la ciudad de Damasco existen datos digitalizados, no se cuenta con documentación antigua por lo que contactarse con la iglesia o mezquita del pueblo o región de procedencia podría ser de ayuda. Un dato para tener en cuenta es el de los apellidos. Si tiene conocimiento que su familia permaneció en un lugar determinado por mucho tiempo antes de emigrar a América, tal vez pueda contactarse con familia en el lugar de origen del emigrado. Es así como por ejemplo para el apellido Saleme y todas sus variantes, es probable encontrar familiares en Damasco y pueblos aledaños. Ésta no es una regla exacta ya que muchas personas con ese apellido migraron en forma interna hacia Líbano, entonces provincia de Siria.

En Líbano

Si el origen de su ancestro es libanés y además cristiano, seguramente haya sido Maronita por lo que recomendamos solicitar datos de la iglesia ya sea en Buenos Aires o en la ciudad o pueblo de origen. En América Latina, UCAL, una asociación civil de promoción de la cultura libanesa, puede ayudarlo con la búsqueda, quienes conjuntamente con la iglesia Maronita y mediante el pedido de datos específicos pueden informarle la región de origen de su apellido libanés y además la posibilidad de obtener ciudadanía libanesa.

Una regla importante a tener en cuenta tiene que ver con las costumbres. Recordemos que el apellido se hereda del padre y la religión también. Es así como un padre maronita tendrá hijos que serán educados bajo esa religión. Por lo tanto el origen de su descendencia será del país de origen de su padre.

Otra característica de nuestro pueblo es la de las bodas realizadas entre miembros de la misma familia. No es poco común encontrar un ancestro con apellido materno y paterno iguales.

Por último, sea cual fuere su lugar de residencia, no dude en comunicarse con los consulados del país. Al pie de esta nota dejamos direcciones para su consulta y deseamos a todos y cada uno de nuestros “paisanos” éxitos en su búsqueda.


Notas
Muestra Itinerante

Para solicitar la presentación de la muestra itinerante dentro del territorio de la República Argentina, deberán dirigirse al Coordinador del Programa Complejo Museo de la Inmigración: Arq. Sergio Sampedro
• Horarios de Secretaría: Lunes a Viernes de 9: 00 a 16: 00 hs
• Teléfono: (011) 43 17 02 85 – Secretaría
• E-mail: museodelainmigracion@migraciones.gov.ar

Ministerio del interior de la República Argentina

Web: http://www.migraciones.gov.ar/

UCAL Argentina
Unión Cultural Argentina Libanesa

Web: https://www.facebook.com/UcalNacional/

Embajada y consulado de Líbano en Argentina

Web: http://www.ellibano.com.ar

Embajada de Siria en Argentina

Av. Callao 956
1023 Buenos Aires
Argentina teléfono: (011) 4813.2113
+54.11.4813.2113FAX local (011) 4814.3211
+54.11.4814.3211

E-mail: embajadasiriaba@gmail.com

Con información del Ministerio del Interior de la República Argentina



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El cañón del tabib Abu-Amr – Amin Maalouf

Era a finales del año 896. Todos los caminos que llevaban a la Vega estaban ya en manos de los castellanos y los víveres empezaban a escasear. El ritmo de los días de Granada ya sólo lo marcaban el silbido de las balas de los cañones y de los trozos de roca que caían sobre las casas y las lamentaciones de las plañideras; en los parques, cientos de menesterosos, harapientos, sin recursos frente a un invierno que se anunciaba largo y riguroso, se peleaban por las últimas ramas del último árbol convertido en leña; los hombres del jeque, tan desenfrenados como desamparados, andaban por las calles en busca de algún culpable que castigar.

Alrededor de la ciudad sitiada, los combates se habían espaciado y también habían perdido virulencia. Los soldados de caballería y de infantería de Granada, diezmados por la artillería castellana cada vez que salían, no se atrevían ya a aventurarse en masa lejos de las murallas, se conformaban con golpes de mano nocturnos de escasa envergadura para asaltar a una escuadra enemiga, robar armas o apoderarse de algún ganado, actos audaces pero sin horizonte pues no bastaban para aflojar el acero ni para aprovisionar a la ciudad, ni siquiera para devolverle los ánimos.

De pronto, un rumor. No de los que se extienden como la lluvia menuda de un nubarrón sino de los que caen como un chaparrón veraniego, cubriendo con su tumulto ensordecedor la miseria de los ruidos cotidianos. Un rumor que traía a nuestra ciudad ese toque de irrisión de que ningún drama está exento. «Se supo que Abu-Jamr acababa de adquirir un cañón tomado ah enemigo por un puñado de soldados temerarios que había accedido, a cambio de diez monedas de oro, a llevárselo a rastras hasta el jardín.»


Mi padre se llevó a los labios una copa de horchata y tragó despacio varios sorbitos sucesivos antes de proseguir, insensible a la incomprensión que me embargaba: «Los granadinos jamás habían tenido cañones y, como Astaghfirullah no dejaba de repetirles que esa invención diabólica hacía más ruido que daño, se habían resignado a la idea de que un artefacto tan nuevo y tan complicado no podía hallarse más que en las filas enemigas. La iniciativa del médico los sumió en la perplejidad.

Durante días, hubo un desfile ininterrumpido de jóvenes y de viejos que se mantenían a respetuosa distancia de “la cosa” cuyas proporcionadas redondeces y cuya amenazadora mandíbula comentaban a media voz. En cuanto a Abu-Jamr, allí estaba, con sus propias redondeces, saboreando su revancha. “¡Id a decir al jeque que venga en vez de pasarse los días rezando! ¡Preguntadle si sabe encender una mecha con la misma facilidad con que quema un libro!” Los más piadosos se alejaban precipitadamente, mascullando alguna que otra imprecación, mientras que otros interrogaban al médico con insistencia acerca del modo de usar el cañón y sus efectos si se utilizaba contra Santa Fe. Él tampoco tenía ni idea, como es natural, lo que volvía sus explicaciones más impresionantes.»

Habrás adivinado, Hasan, hijo mío, que el cañón jamás se usó. Abu-Jamr no tenía ni balas, ni pólvora, ni artilleros y empezaron las risas burlonas entre los visitantes. Afortunadamente para él, el muhtasib, responsable de la policía, alertado por las aglomeraciones, mandó que unos cuantos hombres retiraran aquel objeto y lo remolcaran hasta la Alhambra para enseñárselo al sultán. Nunca más se lo volvió a ver. Pero se siguió oyendo hablar de él durante mucho tiempo, evidentemente por boca del médico que no se cansaba de repetir que únicamente por medio del cañón podrían los musulmanes vencer a sus enemigos, que mientras no se decidieran a adquirir o fabricar gran número de estos artefactos sus reinos estarían en peligro. Astaghfirullah predicaba algo muy distinto: mediante el martirio de los combatientes de la fe se aplastaría a los sitiadores. El sultán Boabdil iba a ponerlos de acuerdo, pues, en lo que a él se refería, no deseaba ni cañones ni mártires.

Mientras el jeque y el médico porfiaban sin tregua y, a través de ellos, Granada entera se preguntaba por su destino, el señor de la ciudad no pensaba si no evitar el combate. Enviaba al rey Femando mensaje tras mensaje en los que ya no se hablaba más que de la fecha de la rendición; el sitiador hablaba de semanas y el sitiado de meses, esperando quizá que la mano del Altísimo desbaratara los frágiles arreglos de los hombres con algún decreto súbito, un diluvio, un cataclismo o una peste que diezmara a los grandes de España. Pero el Cielo nos tenía reservados otros designios.

Amin Maalouf


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El Mossad y su implicación en el intento de asesinato de Bill Clinton

1992
BILL CLINTON
Nacido en 1946, Hope, Arkansas
Presidente de Estados Unidos

La operación Monte Rushmore era el nombre en clave dado a una supuesta e increíble conspiración para asesinar al candidato presidencial William Jefferson Clinton. El plan preveía su ejecución durante una visita de Clinton a San Francisco, en el verano de 1992, como parte de su campaña electoral.

Estos argumentos son expuestos principalmente por su autor Rodney Stich, y aunque pudieran parecer extravagantes, se trata de alguien elogiado en internet como «un activista o cruzado contra la corrupción absoluta en el gobierno durante los últimos treinta años, comenzando como inspector de operaciones de transporte aéreo de la FAA, (Administración de Aviación Federal), y responsable de la seguridad aérea en varias de las principales compañías aéreas, especialmente United Airlines. Ha documentado la corrupción en UA y dentro de la FAA».


La teoría de la conspiración

Un golpe al estilo JFK fue encargado sobre el aún no electo Bill Clinton por una conspiración de diferentes intereses que querían un segundo mandato para George H. W. Bush y que temían de tal modo una presidencia de Clinton que estaban dispuestos a matarlo para evitar que ocupase la Casa Blanca. Esta conspiración incluía a agentes y oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Oficina de Inteligencia Naval (ONI), el Partido Republicano y el Mossad, el servicio de inteligencia israelí. La financiación de la operación estaba a cargo de un misterioso personaje llamado Chan Wang.

Las pruebas

La información contenida en el libro de Stich Defrauding America procede principalmente de dos fuentes, ambas de la comunidad de los servicios de inteligencia, que revelaron los mismos detalles de manera independiente. Al principio, a la fuente principal se la llamó simplemente «agente X», pero más tarde se reveló que se trataba del Capitán de Corbeta Robert Hunt, de la Oficina de Inteligencia Naval.

Según Hunt, el asesinato de Clinton debía ser una repetición virtual del asesinato de Kennedy, con francotiradores disparando al candidato presidencial fuera del hotel Ritz Carlton de San Francisco. En la base militar de Presidio, en San Francisco, debía formarse el equipo encargado de llevar a cabo el trabajo. Hunt relató la historia de la siguiente manera:

«El verano pasado (julio de 1992), Graham Fuller, de la CÍA, Dick Pealer, de la ONI, y John Kaplin, de la CÍA, me ordenaron que fuese a San Francisco. Estas personas eran mis entrenadores. Me dijeron que fuese al área de la bahía. Volé desde la ÑAS (Estación Aérea Naval), de Norfolk hasta la ÑAS, Alameda, donde debía reunirme con otro agente. Era el jefe de la CÍA en San Francisco. Su nombre es Robert Larson. Él se encargó de hacer los arreglos para mí en Presidio. Al día siguiente llegó el equipo y yo me pregunté por qué estaba ese equipo en la ciudad. Recibí la llamada de una mujer que me dijo que pertenecía al Mossad y que teníamos que vernos. Eso hicimos, y almorzamos juntos. Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba Arma Colburn. Más tarde supe que su verdadero nombre era Yossi Jameir. Hablamos de por qué estaba yo en la ciudad y le pregunté la razón. Ella me dijo que para matar a Clinton».

En cuanto a la operación en sí, Hunt añadió:

«Al saber que Clinton llegaría a la ciudad en pocas semanas, pusimos manos a la obra. Armas, rutas de escape, citas, etc. Se esperaba que Clinton se alojara en el Ritz Carlton. Entonces daríamos el golpe. Mis hombres y yo ocupamos posiciones al otro lado de la calle del Ritz Carlton antes de que llegase Clinton. Tomamos fotografías de toda la zona para obtener los mejores resultados posibles. En cualquier caso, tres semanas antes de la fecha prevista para su llegada supimos que se había producido una filtración. Nadie sabía dónde. De modo que mi equipo y yo nos largamos por temor a que nos detuviesen. Aquella noche nos dijeron que debíamos eliminar a todas las facciones implicadas, incluyendo a los agentes del Mossad».

Enfrentado a la obligación de tener que matar a todos los implicados en la operación, Hunt se mostró impasible, pero justo a tiempo, la operación se canceló:

«Recibí una llamada en mi busca que ordenaba suspender las operaciones. Cuando pregunté los motivos, me dijeron que habían encontrado la filtración». La cuestión era que una de las agentes del Mossad estaba viéndose con un agente de seguridad y ambos habían hablado demasiado. «Nuestro trabajo, por supuesto, era encargarnos de ese asunto. De modo que, aquella misma noche, cuando el agente de seguridad acabó su trabajo y fue a coger el tren BART (Transporte Rápido del Área de la Bahía), en Market Street, para regresar a su casa, mi amigo y yo lo empujamos a las vías cuando llegaba el tren. Pensaron que se había suicidado.»


El veredicto

Cuando investigadores independientes se pusieron en contacto con ellos, la oficina del servicio secreto en Los Ángeles declinó hacer comentarios sobre este asunto, y remitieron la investigación a la oficina de relaciones públicas en Washington DC. Allí, uno de los funcionarios negó tener ningún conocimiento de aquello y afirmó que si se ponían en contacto con la oficina de San Francisco ellos también los remitirían a la oficina de relaciones públicas. Como la operación de asesinato fue abortada, la historia sigue siendo imposible de probar.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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