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Judíos Ashkenazíes:Del origen en Khazaria a la usurpación de Palestina

Khazaria

La raza judía moderna nació el 740 DC en un país situado entre el Mar Negro y el Mar Caspio, conocido como Khazaria, con un territorio que hoy en día ocuparía predominantemente Georgia, pero también llegaría hasta Rusia, Polonia, Lituania, Hungría y Rumanía. Una raza judía moderna, que por cierto no es judía.

Como puede ser eso, os preguntáis? Pues en aquellos momentos, el pueblo de Khazaria se sentía vulnerable, ya que a un lado había musulmanes y al otro cristianos, y por lo tanto constantemente temía ser atacado desde ambos lados. Por otra parte, la gente de Khazaria no profesaba ninguna fe, practicaban la idolatría, lo que propiciaba la invasión por parte de algún pueblo que quisiera convertirlos a una determinada fe.

Bulán, el Rey de Khazaria, a fin de protegerse de un ataque, decidió que su pueblo se convirtiera a una de estas religiones, pero ¿a cual? Si se convertían a la fe musulmana correrían el riesgo de ser atacados por los cristianos y si se convertían a la fe cristiana se arriesgaban a ser atacados por los musulmanes.



Tuvo una idea. Había otra raza que era capaz de tratar tanto con los musulmanes como con los cristianos que los rodeaban, sobre todo en materia de comercio. Una raza que también tenía tratos con la gente de Khazaria. Esta raza eran los judíos. El Rey Bulán decidió que si hacía que su pueblo se convirtiera al judaísmo podría contentar tanto a musulmanes como a cristianos, ya que ambos ya estaban dispuestos a negociar con los judíos, por lo tanto eso es lo que hizo.

El Rey Bulán tenía razón. Viviría para ver cómo su país no era conquistado, su pueblo se convirtió al judaísmo con entusiasmo y adoptó los principios del libro judío más sagrado, el Talmud. Pero hubo muchas cosas que el rey no vio.

No vivió lo suficiente como para ver que su raza asiática de conversos al judaísmo, un día representaría el 90% de todos los judíos del planeta, y se llamarían a sí mismos judíos asquenazíes, cuando en realidad no eran judíos, sino simplemente una raza asiática de un pueblo que se había convertido a la religión judía, mientras continuaban hablando el idioma de Khazaria, el yiddish, totalmente diferente a la lengua de los hebreos.

No viviría para ver a su pueblo convertirse en la descendencia de un hombre, mucho más poderoso que él, que nacería poco más de 1.000 años después, en Alemania, un hombre llamado Bauer, que engendraría la dinastía de los Rothschild.

No viviría lo suficiente como para ver a esta dinastía usurpar la riqueza del mundo a través del engaño y la intriga, financiándose a base de enormes riquezas que acumulaban a medida que usurpaban la riqueza del mundo para hacerse con el control de la oferta monetaria mundial.

No viviría para ver a su pueblo exigiendo una patria propia en Palestina como derecho de nacimiento, y asegurándose que todo primer ministro desde su creación en 1948 fuera un judío asquenazí, aunque la verdadera patria de los judíos asquenazíes, Khazaria, su reino, está a unos 800 kilómetros de distancia.



Y no viviría para ver a su pueblo cumpliendo la profecía bíblica, como la «sinagoga de Satanás».

«Conozco tu tribulación y tu pobreza, aunque de hecho eres rico; sé cómo te calumnian esos que se hacen llamar judíos sin serlo, ya que son una sinagoga de Satanás«.

Apocalipsis 2:9

Por A. C. Hitchcock

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Los Árabes, una irreemplazable civilización

Hemos empezado por los Árabes en razón a que su civilización es una de aquellas que nuestros viajes nos han dado mejor a conocer; una de aquellas cuyo ciclo es más completo, y en la que se manifiesta con mayor claridad la influencia de los factores, cuya acción hemos procurado discernir; en fin, una de aquellas cuya historia es a un tiempo la más interesante y la menos conocida.

Reina la civilización árabe desde hace doce siglos en la inmensa región que se extiende desde las orillas del Atlántico hasta el mar de las Indias, desde las playas del Mediterráneo hasta los arenales del interior de África; y las poblaciones que habitan estas comarcas siguen la misma religión, hablan la misma lengua, poseen las mismas instituciones y artes, y formaron antiguamente parte del mismo imperio.

Encerrar en un conjunto las principales manifestaciones que esta civilización tuvo en los pueblos donde dominó, reproducir todas las maravillas que dejó en España, África, Egipto y Siria, Persia e India, trabajo es que todavía no se intentara. Las mismas artes, con ser el elemento más conocido de la civilización árabe, no habían sido aún sometidas a un cuadro de conjunto; pues los pocos autores que han emprendido la descripción de ellas reconocen a porfía que no existe nada de aquel cuadro, y que la falta de documentos les impedía probar de llevarlo a cabo.



Sin duda resultaba evidente que la identidad de creencias había establecido un gran parentesco entre las manifestaciones artísticas de cada país sometido a la ley del Islam; pero no resultaba menos evidente que la variedad de razas y de comarcas había producido profundas divergencias. ¿En qué consistían esas analogías, y esas divergencias?.

A medida que se adelanta en el estudio de esta civilización, se descubren nuevos datos y horizontes más extensos; quedando luego probado que la Edad Media no conoció a la antigüedad clásica sino por conducto de los Árabes; que durante 500 años las universidades de Occidente se alimentaron exclusivamente de sus libros, y que los Árabes son los que han civilizado a Europa en el triple concepto intelectual, moral y material. El que estudia sus trabajos científicos y descubrimientos ve que ningún pueblo los ha producido mayores en tan breve tiempo; y el que examina sus artes reconoce que poseyeron una originalidad que nadie ha sobrepujado.

La influencia de los Árabes, aunque muy grande ya en Occidente, fue todavía mucho mayor en Oriente; pues ninguna raza ha impreso su sello aquí de un modo igual. Los pueblos que antiguamente dominaron en el mundo, Asirios, Persas, Egipcios, Griegos y Romanos, han desaparecido entre el polvo de los siglos, sin dejar más que informes ruinas; y sus religiones, lenguas y artes no han quedado sino como recuerdos; pero aunque los Árabes, a su vez, hayan desaparecido también, los elementos más esenciales de su civilización, la religión, la lengua, las artes, todavía viven; y desde Marruecos hasta la India más de cien millones de hombres siguen las instituciones del Profeta.

Si varios conquistadores han derribado a los Árabes, ninguno ha pensado en reemplazar la civilización que éstos crearon, sino que por el contrario todos han abrazado su religión, han adoptado sus artes y la mayor parte hablan hoy su lengua. Dondequiera que se haya establecido la ley del Profeta, parece haberlo sido para siempre. Esa ley ha hecho retroceder en la India a ciertas religiones que databan de muchos siglos; esa ley ha convertido en árabe a aquel Antiguo Egipto de los Faraones, en el cual tan corta influencia lograron tener Persas, Griegos y Romanos; y aunque los pueblos de Persia, de Egipto y África han tenido otros señores que los discípulos de Muhammad, no han reconocido otra ley, desde que éstos les enseñaron la suya.

Maravillosa historia es la de ese alucinado ilustre, cuya voz sometió a aquel pueblo indócil, que ningún conquistador pudiera domar; en nombre del cual fueron derribados los más poderosos imperios, y que desde el fondo de la tumba retiene aún bajo su ley a millones de seres.

La ciencia moderna llama enajenados a esos grandes fundadores de religiones e imperios; y en el concepto de la verdad abstracta tiene razón. Sin embargo, hay que venerarlos; porque encarnan el alma de una época y el genio de una raza, y generaciones en masa de antepasados desaparecidos hablan por sus bocas. Sin duda esos creadores de ideales no engendran más que fantasmas; pero esos terribles fantasmas nos han hecho tales como somos, y sin ellos ninguna civilización habría llegado a nacer. La historia no es otra cosa que la relación de los acontecimientos que el hombre ha llevado a cabo para creer este o aquel ideal, para adorarlo, o para destruirlo.



Un pueblo semi-bárbaro formó la civilización árabe, saliendo de los desiertos de Arabia, derribando el poder secular de los Persas, de los Griegos y de los Romanos, fundando un inmenso imperio que se extendió desde la India hasta España, y produciendo esas maravillosas obras cuyos restos nos sorprenden, admiran y asombran .

¿Qué factores dirigieron el nacimiento y desarrollo de esa civilización e imperio? ¿qué causas tuvieron su grandeza y decadencia? Demasiado baladíes son las razones alegadas por los historiadores para sujetarlas a un examen. Así que no cabe someter a mejor prueba un método analítico que aplicarlo a un pueblo tan especial.

El Occidente procede del Oriente, y por consiguiente en este mismo Oriente debe buscarse la clave de los acontecimientos pasados. En esta maravillosa tierra se han manifestado las artes, las lenguas y casi todas las grandes religiones. Y es que los hombres no son aquí lo que en otras partes: las ideas, los pensamientos y sentimientos son diferentes; y como hoy en día las transformaciones se verifican en esta tierra con mucha lentitud, al recorrerla, uno puede examinar toda la cadena de las edades. Por eso lo mismo los artistas, que los sabios y los poetas, se sentirán siempre movidos a contemplarla. ¡Cuántas , veces sentado al pie de una palmera o del pilón de algún templo me he enajenado en largas divagaciones, llenas de claras visiones de las edades que fueron!

Uno se queda ligeramente adormecido; y por entre un fondo luminoso se le aparecen luego ciudades extrañas, cuyas torres almenadas, cuyos palacios fantásticos, y cuyos templos y minaretes centellean bajo un sol dorado, recorridos por caravanas de nómadas, por multitud de asiáticos vestidos de colores brillantes, y por masas de esclavos de piel bronceada, y de mujeres veladas.

Muertas están ya hoy en día esas grandes ciudades del pasado; Nínive, Damasco, Jerusalén, Atenas, Granada, Memfis y Tebas la de las cien puertas; los palacios del Asia y los templos de Egipto convertidos están en ruinas; y los dioses de Babilonia, de Siria, de Caldea y de las orillas del Nilo no existen sino en nuestras memorias. Pero ¡qué elocuencia en esas ruinas! ¡qué mundo de ideas en esos recuerdos! ¡cuántos secretos no se pueden pedir a todas esas razas diversas que se suceden desde las columnas de Hércules hasta las fértiles mesetas de la vieja Asia, y desde las verdes playas del mar Egeo hasta los abrasados arenales de Etiopía!

Muchas enseñanzas saca el hombre de esas lejanas comarcas; y no pocas creencias deja en ellas. Su estudio nos demuestra cuán grande es el abismo que a los hombres separa, y hasta qué punto son quiméricas nuestras ideas de civilización, y de fraternidad universal; como también hasta qué punto los principios y verdades que parecían más absolutos cambian al pasar de uno a otro país.



La historia de los Árabes contiene, pues, muchos problemas sin resolver, y más de una lección que recordar. Es este pueblo uno de los que mejor personifican a esas razas de Oriente que tanto se diferencian de las de Occidente. Europa las conoce todavía muy poco; a pesar de que conviene que sepa lo que son, porque se acerca el día en que sus destinos dependerán mucho de los de ellas.

Por G. Le Bon

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Los Árabes, una raza inteligentísima

El vendedor de tapices es una acuarela realizada por Mariano Fortuny en 1870 en París y que se expone en el Museo del Monasterio de Montserrat.

Los Árabes fueron una raza inteligentísima, de aptitudes variadas, por no decir universales, como merece; y valiente, a la vez que amiga de todo progreso; la cual, impulsada por la mejor religión positiva que había existido, no sólo conquistó un gran número de pueblos, sino que hasta supo reconstituirlos de nuevo, borrando preocupaciones gravísimas de orden social, y fundando y estableciendo otra civilización, de la cual dimana gran parte de la nuestra, y que fue tan sólida en lo moral y lo intelectual, que sólo cabe compararla con la griega antigua; pues lo que ha dado en llamarse cultura romana, no fue otra cosa que un reflejo de aquélla; brillante en unas cosas, y apagado en otras.

Tres pueblos antiguos tuvieron una civilización verdaderamente original, que trascendió a la humanidad, y de la cual todos procedemos. Egipto, Grecia y los Árabes; sin que ninguno de ellos, ni en lo relativo a la época, ni en lo absoluto de las instituciones, sea inferior al otro: todos son iguales, todos son grandes, todos son inmortales en la historia y ante la posteridad.

El estudio de la civilización árabe tiene para España un interés particular, dimanado de nuestra misma historia; pero aunque nadie modernamente ya lo niegue, quizá todavía nadie ha comprendido hasta qué extremo llega. Los Anales españoles no se escriben bien; no se escriben con la proporción que deben escribirse, lo cual depende sin duda de que todavía no se ha comprendido que es imposible componer una buena historia de España, sin ser el autor arabizante eruditísimo; o siquiera teniendo por colaboradores a hombres doctos en el conocimiento de los Árabes y de sus libros.

Un corto número de musulmanes, casi todo compuesto de Berberiscos, se apodera de España, después de una sola batalla; la ocupa, la organiza, y se adelanta hasta lo que después se llamó Provenza, donde formó una marca, o sea una avanzada para cubrirse contra los Francos.



¿Qué había sido de los Godos? Algunos habían quedado en el país conquistado, aceptando el yugo de los invasores; y la mayor parte se habían replegado en la Provenza, dominada por compatriotas suyos. En cuanto a los Españoles, o sea a los habitantes naturales de España, permanecieron muy tranquilos en sus ciudades, villas y aldeas, donde los musulmanes les trataron, en todos conceptos, mejor que los Romanos y que los Godos.

Pero la línea que forma España desde el cabo de Creus hasta el de Finisterre no había sido nunca positivamente dominada por Cartagineses, Romanos, ni Godos; y los Árabes tuvieron también la pretensión de sujetarla, buscando a los montañeses bárbaros e indómitos, que la ocupaban; y guerreando con ellos sistemática y anualmente, como lo ordenaba el Corán. Así comenzaron a adquirir aquellos montañeses una personalidad política que no tuvieran en los siglos anteriores. Mientras los gobernadores árabes de los Pirineos se entretenían de este modo, llegaban a España árabes distinguidos en comercio, industria, ciencia y letras; y aprovechando las huellas que habían quedado aquí de todo esto, al decaer la época romana, daban a los naturales del país un impulso vigoroso, que los entregaba a la vida intelectual, industrial y comercial.

La superioridad de aquella clase dirigente, el prestigio político que le daba la gobernación del país, la aristocracia militar que capitaneaba, la inmigración de Berberiscos que traía de África, y los continuos parentescos que todos contraían con las familias Españolas, casándose cada uno con varias mujeres de esta tierra; eso unido a las pocas raíces que todavía echara en los Españoles el cristianismo de aquellas épocas, que era muy diferente del de las nuestras, fue causa de que los Españoles abrazaran lentamente el Islam, quedando reducidos al cabo de algunos siglos los cristianos a un corto número de familias, que casi llegaron a desaparecer.

Por L. Carreras

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Creencias y Esoterismo en el Antiguo Egipto (Segunda Parte)

Tutankamón

Ir a Creencias y Esoterismo en el Antiguo Egipto (Primera Parte)

  • Para mejor adorar a su Dios, Iknatón resuelve abandonar Tebas y construir la Ciudad del Horizonte de Atón. Al quedar Tebas relegada a ciudad de provincia debilitaba al sacerdocio.
  • Es entonces que cambia su nombre de Amenofis -La Paz de Amón- en Iknaton.
  • La nueva ciudad se construyó sobre una isla en el Nilo a unos 250 kilómetros sud de la actual Cairo.
  • Poco después nace Meket-Atón, -Protegida de Atón-.
  • Durante el octavo año se instala en la nueva ciudad. Nace Ankhes-enpe-Atón-, -Ella vive para Atón-.
  • En el undécimo año nace Nefer-neferu-Atón. Empieza a desarrollarse la nueva religión. Hacia esa época se escribió el “Himno a Atón”.
  • Se nota la influencia de Nefertiti.
  • Al-Ra es nombrado Gran Sacerdote de Atón.
  • Durante los decimotercer y decimoquinto año nacen dos nuevas hijas.
  • La madre de Iknatón, Teye, visita el Templo en la Ciudad del Horizonte de Atón. Muere poco después. Fue enterrada en Tebas.
  • Con su muerte desaparece la moderación: el nombre de Amón es
    sistemáticamente borrado, aún de los más pequeños objetos. De millones de inscripciones conocidas, pocas se salvaron.



  • Hasta en la tumba de Amenofis III sustituyeron su nombre por el de Nis-Maat-Ra.
  • También se nota un detalle extraño: a su quinta hija la llamó Nefer-Ne-Feru-Ra y a la sexta Sotep-en-Ra; “Ra”, en vez de “Atón”, como a sus cuatro primeras hijas. Deseaba un hijo varón. Pero después de las seis “desilusiones” tuvo aún una séptima. No tuvo otra descendencia, al menos que haya sobrevivido la primera infancia. La primera hija casó con Smenk-ha-Ra, un noble egipcio.
  • El Rey de Babilonia pidió para cada uno de sus hijos: concedió la cuarta. La tercera casó con Tutank-Atón, quien fuera el Faraón Tutankamon.
  • La segunda era delicada de salud y murió joven, así como la hermana de Iknatón, Beket-Atón.
  • Como era delicado de salud, construyó muy pronto su tumba.
  • Al no tener sucesor, las perspectivas de su religión eran sombrías.
  • Asuntos exteriores agravaron su situación, tales como la querella con Babilonia y con las Hititas, las aventuras de Asiru, etc. Iknatón desarrolló una extraña pasividad; dejó sin ayuda a Rey Byblos, Risaddi, que le era fiel.
  • A los treinta años de su reinado, los faraones celebraban el jubileo. Iknatón lo hizo a los treinta años de edad, como si quisiera retroceder su reinado a la fecha de su nacimiento.
  • A esa edad ya era flaco y descarnado. Decide que todos los dioses, no sólo Amón, tengan su nombre borrado de cualquier inscripción. Sólo quedaba Atón. Esta medida no se aplicó muy estrictamente. Se borraban los nombres de Hathor, Etha, etc., y hasta el plural “Dioses”.
  • Mientras se limitó a borrar a Amón, no tuvo sino “un” clero en su contra; luego los tuvo a todos.
  • Parecía que el jefe del ejercito, Horenheb, en desacuerdo con la política pacifista de Iknatón, haya planeado en secreto las campañas que más tarde realizaría; tal vez en connivencia con el Gran Sacerdote de Atón, Meri-Ra.
  • Sin descendencia, con gran oposición, hasta dentro de sus funcionarios, otorgó su confianza a Smenkara, casado con gran pompa con su hija mayor, cuando ésta tenía doce años.
  • Asoció su yerno a la regencia, y cuando eventualmente lo sucedió,
    adoptó el epíteto de “Bien amado de Iknatón”.
  • El tener un asociado en el trono resultó una medida insuficiente. La Siria estaba casi perdida, y los grandes gastos para la construcción del Horizonte de Atón agotaron el inmenso tesoro egipcio.
  • Sin duda comprendió que la religión de Atón, no le sobreviviría, como en realidad aconteció.
  • Lo único que se sabe es que cuando se desplomaba su imperio murió. El examen de su momia sugiere un ataque. Se cree que era epiléptico. Tendría en ese entonces unos treinta años. Se creía que era el año dieciocho de su reinado, pero se ha encontrado una inscripción que hace mención del diecinueve.
  • De Nefertiti, nada más se sabe. Se cree que sólo sobrevivió un año a su marido. Su yerno y sucesor, Tutankhatón fue persuadido de volver a Tebas, y se abandonó definitivamente la Ciudad del Horizonte. A una época de contemporización entre los cultos de Atón y Amón, pero por influencia de Horenbeh, jefe del ejército, primó Amón.



  • A los cuarenta años de la muerte de Iknatón, el clero de Amón recobró íntegramente su influencia. El nombre de Iknatón fue borrado; se refería a él como “ese criminal”. Las inscripciones “Amenofis IV”, no fueron tocadas.
  • El Templo de Atón en Karnac fue demolido. Iknatón fue sepultado en la tumba de Teye. Esta fue abierta y retiraron el cuerpo de Iknatón. Su nombre fue retirado de todas las cintas recortándolas. Borraron las inscripciones. Luego fue repuesto en el féretro.
  • Esta lucha de Amón y Atón fue llamada la lucha de los dos Soles.
  • La semilla dejada por los partidarios de Atón, en forma curiosa, cristalizó en Osiris, encarnado y muerto entre los hombres por la salvación del mundo.

Por el Maestro S. Bovisio

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Creencias y Esoterismo en el Antiguo Egipto (Primera Parte)

Amón en el Antiguo Egipto

  • Es necesario repetir una vez más la antigua y siempre actual pregunta: ¿existe un Dios Creador, o no existe? Y se deberá, por la posesión de ideas claras, propias, responder a conciencia.
  • Hacia fines del siglo XIX, en la antesala de la cámara mortuoria de un biólogo ilustre se habían reunido sus amigos, de diversas tendencias como es de imaginar, tratándose de un hombre de fama. Un católico, conversando con un anciano caballero, expresó su pesar por el hecho de que el moribundo no se hubiera reconciliado con Dios. ¿Cree usted, pregunto el caballero, que esté lejos de Dios? Dijo el católico que sí, que era ateo, que había orientado a muchos en el sendero del descreimiento. El caballero insistió: ¿puede creerse que tan gran ser, tan profundo conocedor del hombre y de la naturaleza, puede estar alejado de Dios?
  • Pero, ¿hay ateos? No refiriéndose a seres que lo afirman, sin haber reflexionado, tal vez incapaces de ello; sino refiriéndose a seres en quienes preocupa hondamente la cuestión.
  • De los que creen en Dios, pueden distinguirse dos tipos.
  • Pertenecen al primero, los que creen en un Dios Creador, fuera de ellos distinto a ellos, que no pueden alcanzar, con el que podrán unirse.
  • Pertenecen al segundo tipo los que creen que el Yo forma parte de la Unidad, de Dios, y tiende por expansión a confundirse con Él.
  • Es necesario aquí reseñar la razón de ser de las corrientes monoteístas y politeístas.
  • No se explica nada afirmando que los primeros creen en un solo Dios, y los últimos en varios dioses.
  • La raza aria, heredera de los atlantes, al desarrollar su personalidad individual y racional, necesitó aferrarse al Yo y la proyección del Yo daba como resultado el monoteísmo. Un hombre perfecto necesitaba un molde primordial, perfectísimo: Dios.
  • El monoteísmo degeneró, desde luego -según como el Yo se vincula o se opone al mundo que lo rodea y a las potencias interiores desconocidas de sí mismo-, en un Dios personal. Pero la mente del hombre ario, al trazar un puente entre el instinto y la intuición con la potencia de la razón, podía construir una infinidad de imágenes semejantes a la suya, más o menos perfectas, podía crear representaciones más o menos exactas de su molde divino, llegando así las almas al politeísmo.



  • Pasado el proceso de densificación del ser, del descenso del Yo, hay una tendencia de éste a unirse con otros entes separados: tiende a la expansión, y esto da como resultado el politeísmo. Individualiza aspectos del mundo externo del Yo a los cuales quiere unirse éste.
  • Pero siempre lo fundamental consiste en considerar que lo Inmanifestado se expresa por lo Manifestado, y que lo Manifestado sirve de asiento a lo Inmanifestado.
  • El hombre ario, al ir perfeccionando su propio yo, perfeccionó su creencia monoteísta y al ir perfeccionando sus posibilidades de similitud, desarrolló y perfeccionó su creencia politeísta.
  • El culto politeísta llego a su máxima expresión en Egipto, antes del culto personal de Osiris. Los sacerdotes desarrollaron la mente para conocer más y más; el amor no lo concebían como los monoteístas, sino como algo más elevado y divino. Muchos de estos sacerdotes eran de sangre real y el Faraón, siempre se desposaba con mujer de su sangre. Esto sucedió durante milenios. Si no lo hacían así creían que perderían el poder divino y real, como en efecto aconteció.
  • Simultáneamente con el politeísmo de los sacerdotes de Amón, en el … de los nómadas negros -tanto en Asia como en África- predomina el culto monoteísta.
  • En los Templos de los Sacerdotes de Amón como en los Templos de los Sacerdotes de Mitania, de Kush, de Punt y otros, se guardaban las enseñanzas esotéricas de ambas corrientes, y se practicaban estrictamente sus ritos.
  • Pero estas dos fuerzas tenían que trabarse en lucha para su predominio, y ésto aconteció en tiempos de Iknatón, primer personaje histórico de la era del Egipto, cuando se entabló la guerra religiosa llamada de los dos soles.
  • En tiempos de la Dinastía XVIII aparecieron en Egipto los primeros síntomas de crisis religiosa, que habrían de culminar con la lucha de los dos soles: Amón y Atón.
  • Tutmosis IV se casó con una princesa asiática de Mitania, y a esta influencia asiática hay que atribuir la importancia de los siguientes cambios religiosos ya que su nieto, Amenofis IV, cuando subió al trono -el año 1.375 A.C.-, empezó la lucha contra el Templo de Amón, y como ni él ni su esposa Nefertiti, también de origen asiático, no hicieron el juramento tradicional al Dios Amón, fue llamado más tarde el Faraón Hereje.
  • Tenía doce años al subir al trono y enseguida se mostró abiertamente adicto al Dios Único que llamó con el nombre del Sol Atón, y tomó luego el nombre de Iknatón (satisfecho está Atón).
  • La escuela esotérica monoteísta iba ganando terreno: el concepto de Dios Único -no se veneraban imágenes en la religión de Atón-, sino un disco solar que extiende sus rayos que terminan en forma de manos que sostienen el Ank, signo de la vida, y el concepto de la fraternidad universal los anima. La escuela de Amón con sus grandes jerarquías y su culto de muchos dioses fue suprimida y perseguida, y sus inmensas riquezas confiscadas. Sus sacerdotes se exilaron u ocultaron. Los sacerdotes rapados de la escuela de Amón, fueron substituidos por los de pelo largo de Atón.



  • El arte, en ese tiempo, tiene una gran evolución: las figuras simbólicas e hieráticas son suplantadas por las figuras reales y vivas; pero al Faraón se le empieza a representar de mayor tamaño en relación a las otras figuras. La madre Teye de Iknatón al parecer simpatizaba con las tendencias del hijo pero no abiertamente.
  • En el quinto año del reinado de Iknatón nace la primera hija: Merit-Aton. En ese tiempo, subsistían al lado de Atón, otros dioses. Pero este estado de cosas no debía durar, pues el Faraón entró en conflicto abierto con los sacerdotes de Amón-Ra. Esto se produjo poco después de la muerte de Tii, donde se deduce que la acción de ésta última era moderadora.

Por el Maestro S. Bovisio

Ir a Creencias y Esoterismo en el Antiguo Egipto (Segunda Parte)

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La eterna interacción de Osiris, Isis y Tifón

No es entonces descabellado que los egipcios sostengan en su mitología que el alma de Osiris es eterna e incorruptible, mientras su cuerpo es repetidamente desmembrado y ocultado por Tifón, e Isis lo busca por todas partes y logra recomponerlo nuevamente. El ser está por encima de toda corrupción, así como de todo cambio.

Plutarco, Iside et Osiride, LIV.



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A 50 años de la quema israelí de Al-Aqsa – Por Suhail Hani Daher Akel

El 21 de agosto de 1969, con el visto bueno de los soldados de la ocupación, el terrorista pirómano australiano Rohan, perteneciente a la secta cristiana-sionista, se filtró en el interior de Al-Aqsa y desató un brutal incendio.

A 50 años de la quema israelí de Al-Aqsa latente en la actualidad bajo la ocupación.

Mientras que el recientemente fundado Israel ocupó el sector Occidental de Jerusalem en 1948, durante la guerra de junio de 1967 el poder militar sionista derrotó a varios países árabes en apenas 6 días y ocuparon, además, del Golán sirio, parte de Jordania y Egipto, el resto de Palestina y su capital el sector Este de Jerusalem. Con ironía el general israelí Moshe Dayan, al entrar en la milenaria ciudad, aseguró: “Entramos a Jerusalem para no salir nunca más”.

Desde esa instancia, el régimen ocupante agresivamente emprendió diversas excavaciones debajo de la Mezquita Al-Aqsa con mentirosos pretextos frente a la real motivación de dañar sus cimientos para el derrumbe del edificio erigido en el siglo VII y establecer en su lugar el templo de Salomón. Si bien, esto fue reiteradamente denunciado, a nadie le interesó escuchar las desesperadas voces, proteger y arrancar de las manos israelíes la primera Quibla del Islam.

Por estas avanzadas políticas de judaización de Jerusalem, la explanada de las mezquitas Al-Aqsa y la cúpula de la Roca quedaron a merced de los extremistas fanáticos israelíes. El jueves 21 de agosto de 1969, en horas tempranas y con el visto bueno de los soldados de la ocupación, el terrorista pirómano australiano Dennis Michel Rohan, perteneciente a la secta cristiana-sionista, se filtró en el interior de Al-Aqsa y desató un brutal incendio.

Advertidos por las sirenas los guardias palestinos del complejo Al-Aqsa alertaron del voraz incendio dentro de la sala de oración. De inmediato centenares de palestinos entre musulmanes y cristianos luego de quebrar el impedimento de las tropas sionistas con fuertes enfrentamientos en el Noble Santuario, hicieron cadenas humanas para apagar el incendio con cubos de agua hasta que llegaran los bomberos palestinos de las ciudades de Ramallah, Hebrón y Tulkarem, tras superar las trabas sionistas en los cruces de las carreteras.



El fuego ardió durante horas y se extendió por las partes más antiguas destruyendo el púlpito de madera de olivo, sándalo y marfil de 900 años de antigüedad obsequiado por el iraquí sultán Salah al- Din al-Ayubbi (Saladino). El daño fue considerable y arrasó con los antiguos paneles de mosaico en las paredes y los techos, carbonizando las alfombras y una gran parte de literatura musulmana.

El terrorista austriaco Rohan, que fue traído en los fatídicos chats por la Agencia Judía para trabajar y colonizar Palestina, lo detuvieron el 23 de agosto y llevaron ante un tribunal israelí que irónicamente lo juzgó, lo encontró culpable y lo consideró como ‘persona con alteraciones mentales’ enviándolo de regreso Australia donde falleció de muerte natural y en libertad en 1995.

El gobierno israelí de la terrorista ucraniana, la premier Golda Meir, como fuerza ocupante no solo no se hizo cargo de lo ocurrido, sino que lo incitó a Rohan hacerlo como parte cómplice del crimen de lesa humanidad que nunca tuvo culpables que pagaran sus culpas.

Cincuenta años después con el apoyo del excéntrico presidente Donald Trump, Israel judaizó la ciudad y los peligros siguen acechando a la explanada de las mezquitas profanada diariamente por centenares de ilegales colonos judíos que la ensucian con sus cánticos talmúdicos.

Por Suhail Hani Daher Akel *
Con información de Palestinian Information Post-PIP

(*) – Fue el primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina.
– Fue el primer Representante de la OLP en la Argentina.
– Analista internacional sobre la situación de Palestina.

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