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Juan «El Bautista» – Unión entre Cristianos y Musulmanes

Mezquita Omeya – (Gran Mezquita de Damasco) – Cúpula del Tesoro

“El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”    (Juan 5: 35)

 Juan el Bautista nació en el seno de unos padres justos y devotos de linaje sacerdotal en un pequeño pueblo de Judea, tradicionalmente identificada como Ein Karem, un moderno suburbio de Jerusalén. Desempeñó un papel singular a principios del ministerio de Jesús. Cada evangelio proporciona información detallada sobre el ministerio de Juan como un Profeta, predicador, persona que bautizaba, y testigo en el desierto de Judea al este de Jerusalén, que culminó con el bautismo de Jesús en el río Jordán. Además, cada autor de evangelio destacó algunos aspectos de la vida de Juan, proporcionando un contexto para cada uno de los autores testigos de Jesús.

Basílica de San Juan Bautista

Cuando los musulmanes llegaron a la espectacular ciudad de Damasco hacia mediados del siglo VII, se encontraron con la basílica de San Juan Bautista, mandada construir por Teodosio, el último emperador romano que tuvo unido bajo su poder el Imperio Romano de Oriente y el de Occidente. No obstante, los cimientos del templo pueden retrotraerse hasta las culturas arameas y romanas, que eligieron este lugar para levantar su lugar sagrado.

Tras la muerte de Teodosio, sus hijos Honorio y Arcadio se repartieron el territorio, quedando Siria en la parte oriental del Imperio. Más tarde el país fue conquistado por el Imperio Bizantino y convirtiéndose después en la capital del Imperio Omeya, entre el año 661 y el 750, pasando así a formar parte, de manera definitiva, del Imperio Islámico.

Todos estos cambios históricos hicieron que la basílica conservara elementos de todas estas civilizaciones en el momento de ser conquistada por los árabes. Los materiales y vestigios fueron aprovechados por los nuevos moradores: lejos de destruir los muros, columnas y demás elementos constructivos, los arquitectos se encargaron de guardarlos para introducirlos de una manera u otra en la nueva construcción que Al Walid I mandó construir entre los años 705 – 706 y 715. Desgraciadamente no se conservan planos de la construcción original, la morfología que hoy en día podemos observar es de 1894, año de la mayor de las restauraciones tras el grave incendio que sufrió el edificio.

Al- Walid mandó asimismo conservar los muros originales del recinto, lo que hizo que la actual mezquita mida 100 por 157 metros, convirtiéndose, tras las halladas en La Meca y la Medina, en una de las mayores mezquitas del mundo islámico.


Arquitectura de la Mezquita de Omeya

El edificio fue diseñado reproduciendo la casa de Muhammad: el centro de la vida gira en torno al patio, de planta cuadrada, desde donde parten las distintas estancias. Alrededor del patio se distribuyen pilares y columnas mientras que en el segundo piso se disponen el doble de arcos que en el inferior. El patio resulta para la religión islámica más que un mero sitio de paso. Así, es un lugar de reunión, de rezo, de meditación e incluso de descanso. Los fieles pueden permanecer horas dentro del recinto, especialmente bajo la zona porticada.

Dentro del patio se encuentran tres pequeñas construcciones llamadas la Cúpula del Tesoro, dado que desde su origen eran el lugar donde se guardaba el dinero y demás posesiones con las que contaba la mezquita. Está levantada sobre ocho columnas corintias y está decorada, en sus ocho lados, por excepcionales mosaicos que hacen brillar su figura. La segunda levantada sobre planta cuadrada y rematada por una pequeña techumbre de madera, es la Cúpula de Las Abluciones donde los fieles acuden antes del rezo para lavarse la cara, las manos y los pies con el fin de acudir limpios a la oración. En último lugar nos referimos a la Cúpula del reloj, construida en el siglo XVIII para atesorar los relojes. Es la de menor tamaño.

En torno al patio, y con el fin de llamar a la oración, se disponen tres minaretes construidos en épocas diferentes pero igual de curiosos y es que, a diferencia de otros, son de planta cuadrada o hexagonal, y no circular como es común en el arte islámico. El más antiguo de ellos es el llamado de La novia: situado en el centro de la pared norte su base data del siglo XI, mientras que su remate es del XII. En el ángulo suroeste se encuentra el minarete que adoptó el nombre del sultán que lo mandó construir en 1488: Qayt Bey. El último de ellos llamado Blanco o de Jesús, fue reconstruido en el periodo otomano, alrededor del siglo XIII. Es el minarete más alto de la mezquita. Según la tradición musulmana, Jesús, considerado un Profeta en el Islam, volverá el día del juicio final, se subirá a ese minarete y dirá «Allâh es el único Dios, y Muhammad es su Profeta«.

El edificio techado, con planta rectangular muy alargada, está distribuido en tres naves divididas por dos hileras de columnas dobles con capiteles corintios, que se desarrollan paralelas al muro de la Qibla. Es muy probable que las arquerías fuesen las encontradas por los musulmanes en el antiguo templo. Como ocurre en el patio exterior, las columnas superiores con ostensiblemente menores que las situadas en la parte inferior.

Ya dentro de la mezquita, el transepto de la sala de oración, decorado con motivos geométricos, conduce al nicho de la oración, llamado en árabe mihrab, datado de la primera construcción. En el centro y cortando el transepto se encuentra la cúpula del Águila, alzada sobre un octógono.

Dentro de esta gran sala de oración también se encuentra el cenotafio de San Juan Bautista donde se supone que reposa la cabeza del santo. Cerrado prácticamente a la vista de los turistas y los fieles por medio de anchos cristales verdes, el pequeño panteón, que imita un edificio de dos alturas, está coronado por una cúpula de pequeñas dimensiones. Es muy común ver alrededor del santuario a decenas de fieles rezando al Profeta, que es venerado no sólo por los cristianos, sino también por los musulmanes.

La decoración de mosaicos, herencia del arte bizantino, es un ejemplo único y muy diferente a los gustos presentes en el arte islámico. Sobre las paredes de las galerías distribuidas a lo largo del amplio patio central y alrededor de la Cúpula del Tesoro, se dibuja en una franja ancha la representación de un paisaje que tal vez reproduzca el Edén. En él puede verse un camino de agua en movimiento en cuyas orillas se alzan enormes árboles entre los que se advierten edificios de distintas alturas.

Otro de los enclaves más importantes de la mezquita es la tumba de Hussein bin Ali, el nieto del Profeta Muhammad, y uno de las figuras claves de la ramificación chií del Islam. Se trata de una sala que se diferencia del resto de la mezquita a primera vista. Mientras que toda la construcción se basa en los parámetros sunís, la habitación rebosa de colores y espejos, propios de los chiitas

A las afueras del templo y coincidiendo con los muros del Templo romano de Júpiter, se alza un pequeño cuarto que alberga la tumba de Saladino, lugar visitado por decenas de sirios y turistas que buscan conocer el lugar yacen los restos de uno de los sultanes más conocidos a lo largo del mundo.

Reliquias de Juan El Bautista

La gran mezquita de Damasco, Siria también pretende tener la cabeza de Juan el Bautista. Esta cabeza se mantiene en una pequeña capilla dentro de la cúpula Islámica.

Protegido dentro de la mezquita es la pequeña capilla y santuario de Juan el Bautista, (Profeta Yahia para los musulmanes), donde la tradición sostiene que está enterrada la cabeza de Juan. Una leyenda dice que cuando la iglesia fue demolida, su cabeza fue encontrada debajo, con piel y cabello. Esta cabeza se cree que posee poderes mágicos y sigue siendo el foco de la peregrinación anual de los mandeos, cuando ponen sus frentes contra la reja metálica del Santuario de la prensa y al parecer experimentan visiones proféticas.


Un lugar de culto para el pueblo cristiano

El 6 de mayo de 2001 visitó el papa san Juan Pablo II la Mezquita de los Omeyas en Damasco, (Siria). No era una visita accidental. La actual mezquita sustituye un templo bizantino, en el que era venerado el sepulcro de san Juan Bautista y se trata del cuarto lugar más sagrado del Islam.

Sobre la catedral bizantina, dedicada a Juan el Bautista desde la época del emperador romano Constantino I. Tiene una capilla donde se venera la cabeza de san Juan Bautista, considerado como Profeta también por el Islam. Este edificio, habría ocupado un anterior templo romano dedicado a Júpiter Damascenus, originalmente el dios sirio Hadad, y modelo del templo del Sol, (Palmira).

Los musulmanes, al igual que los cristianos, consideran sus lugares de oración como oasis donde encuentran al Dios misericordioso a lo largo de su camino hacia la vida eterna, y a sus hermanos y hermanas mediante el vínculo de la religión. Cuando, con ocasión de matrimonios, funerales u otras celebraciones, los cristianos y los musulmanes guardan silencio por respeto a la oración del otro, dan testimonio de lo que los une, sin ocultar o negar lo que los separa.

En las mezquitas y en las iglesias las comunidades musulmanas y cristianas forjan su identidad religiosa, y los jóvenes reciben en ellas una parte significativa de su educación religiosa. ¿Qué sentido de identidad se inculca en los jóvenes cristianos y en los jóvenes musulmanes que frecuentan nuestras iglesias y mezquitas? Espero ardientemente que los líderes religiosos y los maestros musulmanes y cristianos presenten nuestras dos grandes comunidades religiosas como comunidades en diálogo respetuoso, y nunca más como comunidades en conflicto. Es fundamental enseñar a los jóvenes los caminos del respeto y la comprensión, a fin de que no abusen de la religión para promover o justificar el odio y la violencia. La violencia destruye la imagen del Creador en sus criaturas, y nunca debería considerarse como fruto de convicciones religiosas.

Espero de verdad que este encuentro en la mezquita de los Omeyas sea un signo de nuestra decisión de proseguir el diálogo interreligioso entre la Iglesia católica y el islam. Este diálogo ha cobrado mayor impulso en las últimas décadas; y hoy podemos estar satisfechos por el camino recorrido hasta ahora, referìa el Papa en ocasiòn de su viaje al lugar.

Por Ana Molina Reguilón
Con información de Arteguias 

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Norias de Hama (árabe, na’ura) – Maravillas de la hidráulica antigua

«Ruedas de ollas»

Las norias de la ciudad siria de Hama son una colección de ruedas hidráulicas históricas tan hermosas y elaboradas que hacen que las norias occidentales parezcan débiles en comparación.

Icono que finalmente se convirtió en el símbolo de la ciudad. Incluso después de que cayeron fuera de uso general con el advenimiento de los sistemas de riego modernos, las norias se dejaron intactas, envejeciendo en bellos monumentos  históricos del pasado agrario de la ciudad.

Las norias de Hama son 17 históricos molinos de agua situados a lo largo del río Orontes. Estas norias se remontan a la época bizantina, aunque los locales afirman que son aún más antiguas.

Estas ruedas de agua son parte del sistema de riego ya desaparecido de la ciudad y fueron diseñadas para elevar el agua desde el río y pasar a través de acueductos hasta llegar a los campos agrícolas y a los hogares. Las norias eran impulsadas ​​por las corrientes del río. A medida que las ruedas se movían, los cubos de madera colocados en los exteriores de las ruedas se llenaban para posteriormente vaciarse en los acueductos. Una vez en los acueductos, el agua fluía hasta distintos puntos de la ciudad.

Es difícil decir cuándo y dónde existieron las primeras norias. Antiguos escritos de Marco Vitruvio, un ingeniero militar romano, sugieren que podrían haber sido inventadas por los romanos, probablemente en el siglo primero antes de Cristo. Otras fuentes sugieren que las norias se desarrollaron en la India en el siglo quinto o cuarto antes de Cristo, después de lo cual, el mecanismo se extendió hacia el oeste y hacia China. Otra posibilidad es que sean de origen griego, en torno a finales del tercer siglo antes de Cristo, como sugieren algunos antiguos manuscritos. Las norias se hicieron cada vez más populares en todo el Oriente Medio.

En cualquier caso, las norias fueron finalmente adoptadas por los ingenieros musulmanes, quienes hicieron ciertas mejoras al dispositivo, como por ejemplo, añadiendo un mecanismo de volante para frenar o acelerar la noria de un modo manual. Como símbolo del ingenio de los inventores musulmanes del siglo VIII- la llamada al-Muhamidiyya era la más sorprendente tanto por su tamaño como por su estado de conservación del que se encargaba un carpintero durante todo el año. De 20 metros de diámetro, sus 120 colectores vaciaban agua a razón de cien litros por minuto; agua que, a través de la acequia aérea de un viaducto, ahora interrumpido, llegaba hasta la Gran Mezquita. El agua que rebosaba de los colectores en su ascenso hasta la cima, donde vaciaban, se deslizaba por los oscuros maderos de la noria.



Algunas de las norias utilizadas en el mundo islámico medieval llegaron a tener 20 metros de diámetro y podían levantar aproximadamente 2.500 litros de agua por minuto. Las norias de Hama son el ejemplo más grande que sobrevive de esta tecnología medieval.

En un momento dado, hubo más de 30 norias funcionando en Hama, pero solo 17 de las ruedas de agua originales han sobrevivido a nuestros días. Todavía están en buenas condiciones de trabajo, sin embargo, ya no se utilizan.

Con información de: Destino Infinito

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Madrasa al-Salahiyya-Iglesia de Santa Ana (Hannah)

Iglesia de Santa Ana (Iglesia de Santa Ana de Jerusalén) كنيسة سانت آن (بالفرنسية

Una iglesia católica ubicada en la Vía Dolorosa en el barrio islámico dentro de las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Construído por los cruzados en 1138, y entregado por los otomanos a Francia en 1856, donde la iglesia ahora pertenece al gobierno francés.

La reina Melisande fue la principal benefactora de la construcción de esta iglesia. Era la esposa de Balduino II (gobernante cruzado de Jerusalén, r. 1118-1131 d. C.) y madre de Balduino III (r. 1143-1162). El sultán Salah al-Din Ayyubi (Saladino, r. 564-589 / 1169-1193) la transformó en escuela islámica.

En época bizantina, en este lugar se fundó una iglesia que continuó en uso hasta el periodo abbasí, momento en el que, por razones desconocidas, quedó abandonada. En la época fatimí se recuperó como escuela de ciencias y permaneció así hasta la llegada de los francos, que construyeron la iglesia actual. El edificio estuvo en manos de los cruzados durante casi un siglo, hasta que, Salah al-Din Ayyubi (Saladino) liberó Jerusalén. Se transformó entonces en una madrasa para enseñar fiqh (‘jurisprudencia’) shafií. No obstante, la transformación del edificio en escuela islámica no lo despojó de su importancia en la cultura cristiana. El emir de Hama, Fakir al-Din (pariente de Saladino), demostró su interés por el lugar dotándolo de una fuente para las abluciones y agua corriente gratuita canalizada desde un aljibe cercano. En consonancia con su popular política de tolerancia con el cristianismo, Saladino permitía a los padres franciscanos celebrar fiestas religiosas importantes en el edificio y también dejaba que los peregrinos visitasen la cueva que está debajo del edificio, donde se creía que había nacido la Virgen María.

El edificio quedó abandonado en la segunda mitad del XII / XVIII. Más adelante, tras la firma de la alianza entre Francia y el Imperio Otomano en la guerra de Crimea contra Rusia, el emperador Napoleón III (1268-1290 / 1852-1873) pidió al sultán Abdulmecid (r. 1255-1277 / 1839-1861) que permitirse transformar Salahiyya en iglesia, promesa que se cumplió debidamente.

En el lado norte del jardín hay una estatua del cardenal Lavigerie (1825-1892), fundador de los Padres Blancos. Para entrar en la iglesia hay que cruzar una puerta ubicada al sur de la entrada principal, que está en el centro de la fachada norte. Justo antes de la entrada se encuentra el único rastro que queda del uso de este edificio como madrasa: una lápida de 144 cm de largo y 55 cm de ancho con una inscripción fundacional de cinco renglones escrita en estilo nasji ayyubí, que dice así: “En nombre de Dios, el compasivo, el misericordioso, y de aquellos de entre vosotros que habéis sido bendecidos por el Dios único. Esta bendita madrasa ha sido donada por nuestro dueño, el gobernante, el victorioso, la salvación del mundo y la religión, sultán del Islam y los musulmanes, Abi Muzaffar Yusuf bin Ayyub ibn Shadi, restablecedor del estado del comandante de los fieles. Que Dios refuerce su victoria y la de aquellos que lo acompañan, entre el bien de este mundo y del próximo, entre aquellos legistas que siguen al imam Abi Abd Allah Muhammad ibn Idris al-Shafii, que a Dios complazca».

La iglesia presenta una planta gótica basilical que comprende un rectángulo con tres naves, la más ancha de las cuales es la central. El suelo es de mármol y el techo presenta bóvedas de crucería sobre arcos góticos que reposan sobre pilares rectangulares de piedra. El techo del ábside presenta una semicúpula poco pronunciada sobre grandes arcos. La influencia de san Benedicto (c. 480-547) se refleja en la escasez de decoración, concentrada en el altar. Las tallas en relieve del altar son obra de Phil Kiblan y datan de 1954; en ellas representó escenas del Nuevo Testamento, como la Anunciación, la Natividad y la Piedad. Algunos capiteles de columna están decorados con cabezas de toro, símbolo de san Lucas, y otras con una escultura de un torso masculino, símbolo de san Mateo; hay varios capiteles que están sin terminar.

Como puede apreciarse aún hoy en la madrasa al-Shalahiyya, la iglesia original se construyó sobre una cueva natural, cubierta con una cúpula moderna de piedra. Según la tradición cristiana oriental, fue en esta cueva, precedida por un pequeño altar, donde nació la Virgen María.

Fuentes históricas, como la obra del historiador Muyir al-Din al-Hanbali (m. 928 / 1521), y los restos de una inscripción situada encima de la entrada. La arquitectura de estilo basilical gótico también apunta a la época de las cruzadas.


Bibliografía:
  • Al-Asli, K., Maahid al-ilm fi bayt al-Maqdis [Instituciones de enseñanza de Jerusalén], Ammán, 1981.
  • Al-Hanbali, M. (m. 927/ 1520), Al-uns al-yalil fi tarij al-Quds wa al-Jalil [La importancia del ambiente en la historia de Jerusalén y Hebrón], Ammán, 1973.
  • Hazbun, L., Kanisat Qaddisa Hannah (Salahiyya) wa birkat Bayt Hasida [La iglesia de Santa Ana (Hannah/Salahiyya) y la alberca de Bayt Hasida], Jerusalén, sin fecha.
  • Martin, S., “Al Kulliya al-Salahiyya: A late Ottoman University in Jerusalem”, en S. Auld y R. Hillenbrand (ed.), Ottoman Jerusalem: The Living City 1517–1917 (parte I), Londres, 2000.
  • Al-Natsheh, Y., Kanisat al-Qaddisa Ann (al-Madrasa al-Salahiyya) [La iglesia de Santa Ana (madrasa al-Salahiyya)], Jerusalén, 2004.

Con información de: discoverislamicart

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Casablanca, Marrakech y Agadir: travesía ida y vuelta a Marruecos

Cada tarde, la plaza Jemma Al Fna vive su mágico y mítico atardecer con el encendido de las luces de todos sus chiringuitos entre los últimos rayos de sol

A solo cien kilómetros al oeste de Canarias, Marruecos nos abre las puertas de tres de sus ciudades más emblemáticas a través de la aerolínea Binter, que vuela regularmente a Casablanca, Marrakech y Agadir. Con este plan de vuelos, con billetes desde solo 90,33 euros por trayecto (comprando ida y vuelta), podemos convertir nuestro viaje en una excursión a tres bandas y disfrutar asimismo de los campos, ríos, llanuras y pueblos, y de esa gran cordillera del Atlas, con picos nevados la mayor parte del año, durante una gran parte del camino.

Supongamos que entramos por el norte, por Casablanca, y seguimos nuestro recorrido en tren o automóvil hacia Marrakech. Allí nos detendremos para adentrarnos en la ciudad imperial por excelencia del Reino y, cargados de regalos, proseguiremos nuestra ruta hacia uno de los territorios más espectaculares del país, la región de Sus Masa y su capital, Agadir.

Casablanca

La capital económica y financiera de Marruecos y su ciudad más poblada, Casablanca, nos ofrece al salir del aeropuerto internacional Mohamed V una curiosa mezcla de la cultura milenaria local y las influencias de la Europa mediterránea. Sus calles y amplias avenidas recuerdan a cualquier metrópoli occidental, surcada por un moderno tranvía morado que va y viene transportando un crisol de personajes, desde el joven ejecutivo de chaqueta y corbata al abuelo en chilaba y babuchas, desde la mujer vestida a la moda parisina a la que conserva el gusto por las sedas y ricas túnicas árabes; contrastes que se repiten cada día a lo largo de los bulevares y cafeterías de terrazas al estilo francés.

El origen de su nombre, dicen, se debe a una pequeña casa blanca en una colina llamada Anfa que los marinos portugueses fijaron como referencia en sus travesías, pero realmente se hizo conocida cuando saltó a los titulares de todo el mundo por la histórica reunión de Churchill y Roosevelt para acordar el Día D, o por la película hollywoodense que protagonizaron Ingrid Bergman y Humphrey Bogart con Sam, el pianista que interpretaba la canción As time goes by.

Su núcleo urbano presenta una extensa planta arquitectónica contemporánea, conformada por sedes de grandes bancos, multinacionales e instituciones internacionales, muchas con fachadas acristaladas, junto a otros edificios clásicos y monumentos construidos en la segunda mitad del siglo pasado, con no pocas referencias de Art Decó, y hoteles de negocios de lujo, tiendas y restaurantes exclusivos en sus avenidas surcadas por los raíles del tranvía.

A medida que se sale del centro urbano, el wall street de la economía marroquí, comienza el sabor auténtico del país más desarrollado del Magreb. Se podría decir que Casablanca es el escaparate occidental de Marruecos, aunque trufado de todas las costumbres originales autóctonas que sus gentes llevan a las grandes plazas, parques y paseos, a sus abigarrados zocos, de múltiples artesanías, telas y joyas, o a sus vistosos mercados de frutas y verduras. Sus dos medinas, la antigua y la moderna, representan, junto a la Gran Mezquita de Hassan II, segundo edificio religioso más grande del mundo después de la Meca, el corazón musulmán de la ciudad.

Resulta casi obligatoria la recomendación de caminar al atardecer por el Paseo de la Corniche, al borde del mar, hasta el faro el Hank, porque representa la zona esencialmente turística de Casa, como la llaman muchos marroquíes. Se extiende a lo largo de un tramo de playas de unos ocho kilómetros, con restaurantes, hoteles, bares y discotecas.

Casablanca es posiblemente la mejor opción que un viajero puede elegir para adentrarse por primera vez en la mítica y eterna Marruecos, tierra de leyendas y amalgama de las tradiciones del lejano Oriente de Las mil y una noches.

Marrakech

La entrada a Marrakech por su aeropuerto, el modernísimo Menara, nos sumerge de lleno en la cultura árabe y en sus manifestaciones más antiguas, solo que acompañados de una multitud de turistas que transitan a todas horas por las calles de su Medina fortificada, escenario central del trasiego de vendedores y compradores. La más célebre ciudad imperial marroquí, la Ciudad Roja, como también se la conoce por el color de sus murallas, es un gran zoco que respira animación de día y de noche, y el primer destino turístico del país, con diferencia.

Todo Marrakech es un gran zoco en el que se puede encontrar magníficas artesanías de calidad y buen gusto

El viaje nos traslada de inmediato a su milenio cumplido y a su legado conformado por numerosos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad, que corona ese gran espacio inmaterial que es su no menos mítica plaza de Djema el Fna, activa las 24 horas del día, siempre intensa y a rebosar con todo tipo de actuaciones. Malabaristas, músicos, encantadores de serpientes, magos y un sinfín de personajes que parecen surgidos de un plató de cine nos salen al paso o nos invitan a sus puestos de frutas y jugos naturales, ordenadísimos y pulcros, o a sus chiringuitos de parrilladas de carne, pescado, caracoles y otros manjares propios de la tierra. Quien visita por primera vez Marrakech no debería perderse el crepúsculo y el encendido de las luces de los puestos desde una de las muchas terrazas que rodean la plaza-escenario, en medio de los ritmos entrecruzados de tambores, flautas y curiosos instrumentos de cuerda. Es precisamente cuando Djema el Fna se eleva definitivamente a su dimensión mágica, única en todo el planeta.

También el recorrido por las estrechas calles de la Medina nos llevará a múltiples sorpresas y recovecos, a veces a un ritmo trepidante, con oasis de hoteles y restaurantes en el interior de nobles edificios, los llamados riads, que ofrecen cuidadísimos jardines interiores, en ocasiones insólitos por su colorido y dimensiones, e ingeniosas fuentes, con creaciones de sonidos hechos con las cadencias del agua, para lograr esos rincones de paz, sosiego y buen gusto marca de la casa, todo ello ante una buena taza de té bien servida y la reconocida repostería local de frutos secos y almíbares.

En Marrakech es posible realizar las mejores compras de todo Marruecos, con precios de ganga si se está dispuesto a regatear, algo que no solo nos hará sentir satisfechos por la adquisición de esa pieza por unas pocas monedas, sino que nos permitirá comunicarnos a través de esa noble liturgia, también inmaterial, de los zocos árabes. Entre sus muchos artículos, son muy apreciadas sus ingrávidas lámparas preciosas, sus trabajos de cuero o hierro, las joyas, sus cajas y objetos de madera, sus telas, sus cuadros y un sinfín de productos artesanales, junto a ese sutil entramado de especias que inundará nuestros paseos con exóticos aromas.

Pero esta maravilla mundial, siempre con la cordillera del Atlas de fondo, guarda otras muchas sorpresas, tanto dentro de sus murallas como en las zonas modernas, con sus grandes centros comerciales, tiendas de ropa de franquicias de renombre, restaurantes y hoteles, junto a las más populares marcas de comida rápida o deportes.

Al anochecer, Marrakech se convierte en leyenda viva, con idas y venidas de vivencias que nos transportarán a aquellos relatos de Sherezade que consiguieron mantener despierto al sultán cada madrugada hasta el alba.

Agadir

La oferta turística del Marruecos costero, lo que llamamos de sol y playa, tiene un nombre: Agadir. A la capital de la rica región de Sus Masa se llega a través del aeropuerto Al Massira y su bella terminal de estética netamente árabe.

Agadir posee kilómetros de playas de arena blanca donde es posible realizar todo tipo de deportes

La apuesta de este enclave atlántico, con un clima y temperaturas muy parecidas a las de las Islas, pasa por aprovechar sus kilométricas bahías y su gran variedad de olas, de las que disfrutan cientos de surfistas procedentes de Europa, que se pasean a todas horas descalzos, embutidos en sus trajes de neopreno, y sus tablas bajo el brazo.

Los deportes náuticos son, además de sus campos de golf y clubes hípicos, el punto fuerte de este destino que se despereza en torno a su gran playa de seis kilómetros de arena blanca que remata su fachada marítima, con un amplio paseo, diseñado por un arquitecto canario, que recuerda al de Las Canteras. Su litoral está plagado de hoteles de cuatro y cinco estrellas, restaurantes y terrazas, muy frecuentados al caer la tarde por los turistas, que apuran sus aperitivos ante las siempre espectaculares puestas de sol, pero también por saltimbanquis, malabaristas y músicos que amenizan los últimos rayos del día.

Agadir es la capital de una de las regiones más sorprendentes de Marruecos. A los atractivos turísticos costeros se suma su carácter nacional profundo, con sus zocos tradicionales y aquellos que se levantan a lo largo de su geografía urbana y periurbana con las especialidades locales. Aquí es posible degustar las mejores frutas y verduras de todo el país, pues por algo es una de las principales huertas de África Occidental, un espectáculo en sí mismas, como las especias y todo tipo de cultivos, que harán las delicias no solo de los veganos, sino de cualquier comensal que aprecie el buen sabor de los productos de la tierra. Y para los amantes del pescado y los frutos del mar, solo basta decir que estamos en el puerto pesquero por excelencia de la costa atlántica de Marruecos. Una gran variedad de restaurantes y chiringuitos nos ofrecen justo al lado de las olas sus cartas de especialidades marinas, del mar a la mesa, con el valor añadido de su precio, realmente asequible.

La orografía de esta región sorprenderá a senderistas y excursionistas, puesto que está bifurcada por lechos de lo que fueron grandes ríos, con orillas fértiles cultivadas bajo palmerales de ensueño. Los itinerarios de montaña conectan directamente con la ruralidad, muy arraigada en estas coordenadas, donde podremos contemplar estampas que solo hemos visto en postales, con pastores y labradores que parecen haber salido de un portal de Belén.

La ubicación de Agadir ofrece asimismo otras alternativas atractivas, como la visita a lugares que figuran en los mapas turísticos por sus originales señas de identidad, como la vecina Esauira o “la abuela de Marrakech”, que es como se conoce a Tarudant, una ciudad que vive dentro de unas murallas rojizas y donde el tiempo parece haberse detenido en la Edad Media; con el añadido de que ambas travesías están cuajadas de poblaciones y paisajes que nos harán pararnos a cada rato para disfrutarlos.

Con información de El Diario

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Cuarenta y Ocho horas en Dubai

Burj Khalifa, Dubai

Arquitectura impactante, coloridos mercados y excursiones al desierto, en una guía para descubrir este rincón de Medio Oriente.

Descomunal, intrigante, intensa, atrapante, seductora, lujosa, arquitectónicamente apabullante. Un oasis de modernidad en medio del desierto. A orillas del golfo Pérsico o Arábigo, Dubai –uno de los siete emiratos que, desde 1971, conforman Emiratos Arabes Unidos– supo colocarse en el horizonte de los viajeros como destino deseable a fuerza de construcciones y emprendimientos llamativamente desmesurados, una línea aérea de servicio impecable y varios galardones en su haber –Emirates Airline– y muchas inversiones de lujo, grandes marcas y exquisitas cadenas hoteleras que atrajeron a ricos & famosos de todo el mundo.

Si hay algo que define a este pequeño territorio que sólo se reconoce en la grandilocuencia, es que aquí, en Dubai, “nada es imposible”. Pasó de pequeña villa de pescadores a vibrante ciudad en crecimiento constante.

La visión y la determinación de los últimos jeques de la dinastía Al Maktoum –Rashid, luego su hijo Maktum y, el actual jeque de Dubai, su otro hijo Mohammed, quien también es vicepresidente y primer ministro de los Emiratos– ha sido decisiva. Sabiendo que el petróleo traería mucho dinero, pero que en algún momento se acabará, decidieron apostar al turismo y las finanzas como fuentes de ingresos.

El puntapié inicial estuvo dado, en gran parte, con la inauguración del Burj Al Arab, ese hotel que parece una vela en donde todos quieren pasar, aunque sea, una noche (tenga en cuenta que la habitación más económica cuesta US$ 2.700).

El resto se impuso como por arte de magia: la torre más alta del mundo –el Burj Khalifa–, uno de los shoppings más grandes, el Dubai Mall –hay 75 centros comerciales–, el mercado de oro más importante, el desembarco de reconocidos chefs –Gordon Ramsay, Marco Pierre White y Heinz Beck que acaba de abrir Social by Heinz Beck en el Waldorf Astoria de Palm Jumeirah– y hasta excentricidades como un centro de esquí dentro de un centro comercial –Mall of the Emirates– y emprendimientos inmobiliarios como Palm Jumeirah –un barrio con forma de palmera que ganó terreno al mar– y The World, similar, pero con islas que imitan formas de diversos países (aunque tuvo varias idas y vueltas).

The Palm, un gran barrio de casas privadas y resorts que, como indica su nombre, tiene forma de palmera (Emirates)

Es curiosa la multiplicidad de orígenes de su población: de los dos millones y medio de habitantes, el 80 por ciento proviene de otros países (India, Pakistán, Sri Lanka, Filipinas, Egipto, Inglaterra, Irán, Jordania, entre muchos otros). Son los “expatriados”. Aprecian la posibilidad de ingresos que les ofrece Dubai, aunque saben que nunca serán ciudadanos. Sus hijos, aunque nazcan en los Emiratos, tampoco. Muchos de ellos, incluso, trabajan aquí pero tienen a su familia en su país de origen.

Dubai ofrece cada vez más atractivos que lo convierten en un destino en sí mismo –playas, compras, un paisaje desértico para explorar, acuarios gigantes, parques acuáticos, discotecas, excelente infraestructura hotelera, muy buenos restaurantes–, pero es también la escala perfecta para quienes viajan desde Buenos Aires rumbo a otros destinos asiáticos. Desde el Creek, el famoso canal o cala natural que divide a la ciudad en dos, hasta los vertiginosos paisajes que regala el Burj Khalifa, la cultura emiratí y la soledad abismal del desierto, sugerimos aquí algunas propuestas para disfrutar este lugar en dos días. Y dejarse asombrar.



PRIMER DÍA

En Dubai la actividad comienza temprano. Es que al mediodía, el sol y el calor arrecian. Aunque la modernidad se impone y hay un estado de construcción constante, Dubai también tiene un pasado de pequeñas casas, pequeñas comunidades de pescadores, de torres de viento –algo así como los antepasados del aire acondicionado–, de buscadores de perlas y comerciantes marítimos.

En Al Bastakiya, zona restaurada, se pueden ver y recorrer calles estrechas y casas antiguas con patios en donde hoy funcionan galerías, museos, cafés y restaurantes. Hay unas 50 casas originales. También está la mezquita de Bastakiya –no está abierta a las visitas– y hasta se puede ver una parte de la antigua muralla de Dubai, que data de 1822.

Más cerca de la boca del canal, Shindagha también propone un recorrido por la historia ya que es el punto de inicio y posterior crecimiento de Dubai. Allí puede visitarse la casa del Sheikh Saeed Al Maktoum, de 1896 y con una interesante colección de fotos.

9.30 Museo de Dubai

​Construido en 1787, el fuerte Al Fahidi alberga el Dubai Museum (Museo de Dubai) desde 1971. Es una interesante muestra de la vida cotidiana en estas tierras antes del descubrimiento del petróleo. Hay antiguas barcas, objetos en exhibición con explicaciones en árabe e inglés y se destacan la recreaciones de escenas del Creek, casas árabes tradicionales, mezquitas, mercados, la vida en el desierto y la vida de los buscadores de perlas.

Las exposiciones dan cuenta de la evolución de Dubai en los últimos años: en 1912 se creó la primera escuela; en 1951, el primer hospital, en 1960, el aeropuerto, en 1966 se descubrió el petróleo, en 1997 se estableció el turismo como fuente de ingreso. También tienen su lugar los proyectos futuros. La entrada cuesta 3 dirhams (casi un dólar) y funciona de 8.30 a 20.30 (los viernes, a partir de las 14.30).

11.30 En los mercados

Busque una estación de cruce, súbase a un abra –barcazas con capacidad para hasta 20 personas– y atraviese el canal. También puede hacer un paseo a bordo, previo arreglo con el conductor, pero por ahora, cruce. Sólo hay que seguir el bullicio y los aromas para dar con al Mercado de las Especias, básicamente controlado por los iraníes (de allí provienen muchos productos).

Los grandes bolsones coloridos sobre la calle y los pasillos muestran canela, anís, pimienta negra, lima, sal, azufre, pimienta blanca, azafrán, chile, cúrcuma, ajo seco. En la tienda de Abdul Jalil me dejan probar unos pedacitos de chocolate de colores. Asegura que tiene el mejor puesto y que aquí se consiguen, además de las especias que están a la vista, otros productos como viagra natural, un aceite de Argán para el cuidado del pelo y de la piel y también un aceite de hormiga para depilarse. Y un montón de objetos ideales para turistas que no compran especias, pero sí souvenires. Como en todo mercado hay que regatear (podrá obtener hasta un 20 o 30 por ciento de descuento sobre la tarifa inicial).

Junto al puesto de Abdul hay un local que prepara jugos naturales. Si tiene sed, este es el momento (5 dirhams los pequeños, 10 los más grandes).

Mercado de Especias, Dubai

Tras detenerse a revisar pashminas, zapatitos en punta como los de los cuentos de Aladino, alfombras y promesas de “los mejores productos de Dubai”, desembocará en el gran Zoco del Oro, una suerte de galería semicubierta, con aire acondicionado, que concentra más de 300 tiendas –en todo Dubai hay cerca de 700 joyerías– que venden anillos, pulseras, colgantes y hasta lingotes de oro.

Mercado del Oro en Dubai ©AP Photo/Kamran Jebreili

Aunque no tenga pensado comprar joyas, tiene que conocer este lugar. Me detengo en una vidriera y un hombre, desde adentro, levanta un cartel que tienta con un 70 por ciento de descuento. En otro negocio, la gente se agolpa para tomar fotos del Najmat Taiba, el anillo de oro más pesado del mundo que tiene 5,71 kilos de piedras preciosas engarzadas. Un récord Guinness. En algunos pasillos laterales hay tiendas que ofrecen productos de plata.

Al salir, dése una vuelta por los negocios que venden perfumes. El fuerte son las fragancias árabes, bien potentes, pero también tienen las marcas famosas presentes en todo Duty Free Shop.

14.00 Almuerzo frente al mar

No es una buena hora para exponerse al sol, pero si se acerca a la playa Jumeirah Beach verá mucha gente disfrutando del mar. Claro, aquí es otoño y las temperaturas son más agradables como para permitirse estar en la playa. En verano, el calor es abrumador. La propuesta es darse una vuelta y almorzar en The Walk o The Beach, complejos de negocios, bares, heladerías y restaurantes a orillas del mar. Hay de todo, desde hamburgueserías y heladerías, hasta restaurantes especializados en comida étnica.​

16.00 Del té de lujo al esquí

Si almorzó recién y de manera abundante, quizá aún no esté listo para esta propuesta… pero es una de las posibilidades para conocer el hotel Burj Al Arab. El hotel 5 estrellas tiene el ingreso restringido: sólo pueden entrar los huéspedes o quienes tengan reserva para comer o tomar el té. Por US$ 170 (más US$ 30 si quiere una mesa junto a la ventana) se puede tomar el té en el Sky View Bar, en el piso 27. Las infusiones o el café se sirven acompañados de canapés de caviar, salmón, palta, tarteletas, frutos rojos con crema y tortas. Y se paga de manera anticipada para confirmar la reserva.​

Burj Al Arab Hotel en Dubai

El hotel es excéntrico y lujoso, pero si quiere ver con sus propios ojos algo más increíble aún, acérquese al Mall of the Emirates. Sí, es un centro comercial; no, no lo estoy mandando de compras. La sugerencia viene a cuento de que allí, dentro del shopping, hay un complejo de esquí: una ladera cubierta de nieve, aerosillas, gente envuelta en abrigadas camperas que calza esquís y tablas de snowboard y gomones para hacer culipatín. En el medio del desierto, esquiar sobre nieve ¡también es posible!



19.30 Cena en el Creek

Para terminar un día apasionante, una buena alternativa es recorrer el Creek a bordo de uno de los tantos barcos (dhows) con cena a bordo (no todos tienen el mismo horario). Los precios varían, esencialmente, en función de la comida que ofrecen. Pero todos regalan bonitas vistas nocturnas de la ciudad. Incluso los mismos barcos tienen luminarias que recorren su perímetro. Así, el canal también atrae con estas embarcaciones que, suavemente, vienen y van, coloreando la noche.​

SEGUNDO DÍA​

10.00 En la mezquita​

Quienes están interesados en acercarse a la cultura emiratí e islámica, la mezquita Jumeirah ofrece una visita guiada todos los días a las 10 de la mañana, excepto los viernes. Hay que llegar unos minutos antes para registrarse y abonar la visita (US$ 5,50). Se trata de una charla de 75 minutos sobre los pilares de esta religión, los rezos, la indumentaria, las creencias… incluyendo un espacio en el que se contestan inquietudes. Para ingresar, se requiere que las mujeres cubran su cabeza (si no tiene un pañuelo a mano, le ofrecerán uno) y los hombres no pueden entrar con bermudas o shorts, así que también podrán utilizar kanduras (vestimenta tradicional) que tienen a disposición y cubren todo el cuerpo. El calzado debe quedar afuera. La charla es en inglés.​

Mezquita Jumeirah en Dubai

Si este no es plan para su mañana, un paseo en lancha (no por el Creek sino por mar abierto) para ver la ciudad desde el agua es una alternativa divertida. Parten desde Dubai Marina. Un paseo de 75 minutos cuesta US$ 56; de 90 minutos, US$ 79. Los precios y los recorridos varían según la empresa. Si contrata el paseo en una lancha descubierta, no olvide llevar gorro y abundante protector solar.

12.00 Desde las alturas

Como una aguja que busca alcanzar el cielo, el Burj Khalifa, con sus 828 metros, el edificio más alto del mundo, es una visita ineludible, a menos que sufra de vértigo. Parte del complejo del Dubai Mall, el Burj Khalifa ofrece vistas panorámicas de la ciudad y la experiencia de estar en una leyenda arquitectónica. Hay distintas opciones para la observación: el piso 124, por un lado, y la experiencia premium que combina observaciones desde el piso 125 (456 metros) y el 148 (555 metros), recientemente inaugurado. Los tickets suelen agotarse rápidamente. Se recomienda comprarlos con anticipación. La hora más solicitada es la del atardecer.​

Ya con los pies en la tierra, es tiempo de ver de cerca la Fuente de Dubai y de recorrer el Dubai Mall, interesante por su tamaño, por las tiendas, por el Aquarium y Underwater Zoo y por The Waterfall, caída de agua circular, que atraviesa varios pisos y tiene esculturas de hombres tirándose de cabeza.

El Burj Khalifa, Dubai

15.30 Rumbo al desierto

El desierto, las dunas, los orix, las gacelas. A fin de cuentas, el desierto es el paisaje natural de esta región y no conocerlo, no sentir la inmensidad del terreno, sería minimizarlo. Varias empresas ofrecen safaris en una zona cercana al centro de la ciudad. La compañía Arabian Adventures trabaja con zonas exclusivas, en este caso con la Dubai Desert Conservation Reserve, más alejada. Allí se llega en vehículos 4×4. La primera propuesta es disfrutar de un espectáculo en el que muestran cómo los halcones –ave de rol preponderante en la cultura de Medio Oriente– ayudaban a los beduinos con la caza.

Al Maha Resort & Spa de Dubai, un hotel de lujo en medio del desierto.

Luego, la diversión comienza: las camionetas, con menos presión en las gomas, surcan las dunas –siempre por rutas preestablecidas, se trata de una reserva– a modo de montaña rusa. La parada es para ver la puesta del sol, imperdible, en un horizonte de arena. Luego se puede cenar en una suerte de campamento beduino con todas las comodidades. Dátiles y café para la recepción, comida buffet que se disfruta en mesas bajas y almohadones, tatuajes de henna a disposición, breves paseos en camello, shisha (arguile) para fumar tabaco, un puesto de Al nassma, que vende chocolates hechos a base de leche de camello y, para el final, los seductores movimientos de una odalisca.

Paseos en camello por el desierto (Emiratos)

Con la noche, la oscuridad en el desierto es total. La 4×4 desanda la ruta. Allí, a lo lejos, nos esperan las luces de Dubai, ese oasis urbano, de vanguardia, que desafía al desierto y sorprende constantemente a los visitantes.​

Por Grisel Isaac
Con información de Clarín

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Museo de Praga participará en salvamento de patrimonio cultural sirio

Palmira – Siria

El Museo Nacional de Praga participará en el salvamento del patrimonio histórico-cultural de Siria, dañado seriamente en los enfrentamientos bélicos en el país. La institución ayudará en la restauración de objetos y monumentos, al tiempo que expertos checos enseñarán a sus socios sirios los procedimientos más modernos de conservación de artículos de gran antigüedad.

El Gobierno checo aprobó el año pasado un programa de ayuda a Siria, afectada por la guerra, que entre otras cosas abarca envío de material sanitario, proyectos de restablecimiento de las infraestructuras, así como el salvamento de monumentos incluidos en el Patrimonio Cultural de la Humanidad, de la UNESCO.

A este último proyecto se adhirió el Museo Nacional de Praga, que suscribió hace poco una declaración de cooperación en la protección de monumentos con la institución siria Museos y Antigüedades. El director del museo checo, Michal Lukeš, destacó que la recuperación de objetos e inmuebles de valor histórico-arquitectónico es tarea de todo el mundo civilizado.

”En Siria hay guerra, y muchísimas cosas, incluidos monumentos antiguos, fueron destruidas durante las operaciones bélicas. Algunos incluso intencionadamente, por motivos ideológicos. Tuve la posibilidad de visitar la ciudad de Homs que resultó muy devastada. Pero también en la ciudadela de Palmira fueron destruidas muchas antigüedades, o sea que la tragedia en lo cultural es inmensa. Por otro lado, los trabajadores de Museos y Antigüedades lograron trasladar algunos valiosos artefactos a Damasco y muchas cosas se lograron salvar. Ahora necesitan de nuestra ayuda para restaurar, conservar y poder volver a exponer esos objetos”.

Como explicara Michal Lukeš, director del Museo Nacional, la ayuda a Siria será promovida en cooperación con el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Relaciones Exteriores checo, y abarcará varias disciplinas.

”En la primera fase averiguamos lo que nuestros socios sirios necesitarían en concreto para su trabajo, y acordamos cooperar en diversos sectores. Pronto se dirigirá a Siria el primer envío con sustancias para el tratamiento de objetos históricos y su restauración, así como máscaras respiratorias y otros artículos necesarios para la conservación, y que en Siria escasean actualmente. En la segunda mitad de este año queremos traer a Praga algunos objetos del país árabe para restaurarlos aquí, en nuestros talleres”.

La ayuda checa implica igualmente la capacitación de especialistas sirios en Chequia en las labores de restauración con utilización de técnicas modernas, así como en screening y digitalización en 3D del patrimonio cultural.

Muchos otros países del mundo ofrecieron asistencia a Siria en la recuperación de sus antigüedades, sin embargo, el apoyo checo es de los más preciados, como sostuvo durante su reciente visita a Praga Mamun Abdul Karim, director general de Museos y Antigüedades de la República Árabe de Siria.

“La República Checa fue el primer país en ofrecernos ayuda en este sector, y Michal Lukeš fue el primer director de un museo en visitar Damasco. Esto nos dio una agradable sensación y nos convenció de que a pesar de nuestro aislamiento y la guerra no estamos solos, y que tenemos una tarea y responsabilidad común de salvar este legado de la Humanidad”.

La cooperación checo-siria en el tema de las antigüedades abarca también la organización de conferencias sobre arqueología, museología y la conservación de monumentos, así como de exposiciones sobre el tema. La primera tendrá lugar en octubre en Praga, y sus visitantes se enterarán a través de fotografías de los monumentos histórico-culturales afectados o destruidos por la guerra en Siria.

Por Ivana Vonderková
Con información de Radio Praha

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Los tesoros que dejó atrás el «saqueador de tumbas» en Deir el Bahari

Veinte profesionales internacionales forman parte del equipo de Morales ©ABC

La expedición liderada por el español Antonio Morales trabaja, desde 2015, en una necrópolis de más de 4.000 años.

Entre los siglos XIX y XX, decenas de arqueólogos y aventureros envueltos en una pátina de romanticismo, desde Belzoni a Howard Carter, se acercaban como moscas a un Egipto que se dibujaba, en el imaginario colectivo europeo, preñado de tumbas, pirámides, momias y tesoros faraónicos, buscando el reconocimiento de un descubrimiento tras otro. Sin embargo, la egiptología como ciencia arqueológica, años después, es mucho más que llegar y besar el santo, como demuestra la expedición liderada por el español Antonio Morales, que desde 2015 investiga y cataloga los tesoros científicos menospreciados por los pioneros de la egiptología en dos tumbas de más de 4.000 años de antigüedad en la necrópolis de Deir el Bahari.

El egiptólogo Herbert Winlock (1884-1950) pasó como un torbellino por las tumbas de la colina de Deir el Bahari en la orilla occidental de Luxor, junto a la antigua Tebas, dirigiendo una expedición del Metropolitan de Nueva York en los años 20. Casi un siglo después, el trabajo que queda en la necrópolis es ingente: «Winlock excavó muchas tumbas, pero publicaba muy pocos datos. Tenía muy buen estilo escribiendo. A lo mejor publicaba un artículo de seis páginas, y dos eran sobre detalles mundanos como la visita de la señora tal o cual, y sólo dos se dedicaban a la información arqueológica extraída de las tumbas. Se dedicaba a la épica más que al trabajo científico», explica a ABC el egiptólogo sevillano.

El equipo de Morales, con 20 profesionales internacionales de diferentes disciplinas (desde geólogos a expertos en momificación) sigue los pasos de Winlock en las tumbas de Ipi (TT 315) y Henenu (TT 313), visir y tesorero real del reinado del faraón Mentuhotep II y su sucesor Amenemhat I. «Aquí queda mucha arqueología por hacer», asevera.

Pese a lo poco publicado por Winlock sobre estas dos tumbas, que datan del periodo conocido como Reino Medio (hacia el 2000 a.C.), su arquitectura y organización se utilizan como referentes de estudio de sepulcros de periodos posteriores (el Reino Nuevo). Sin embargo, las investigaciones del equipo de Morales, auspiciadas este año por primera vez por la Universidad de Alcalá de Henares, están cambiando esos paradigmas a cada piedra que extraen. «Como apenas se sabía nada, todo lo que sacamos está cambiando lo que creíamos conocido. Por ejemplo, se pensaba que la estructura estándar es una zona pública con un patio muy extenso, de unos 100 metros, seguido de la zona privada. Sin embargo, en el sepulcro del visir Ipi hemos visto que los arquitectos cortaron la roca madre para hacer una rampa central en el patio», sostiene Morales mientras pelea con la burocracia egipcia por obtener los permisos para que visitantes puedan acceder al yacimiento.

Decenas de tumbas

El invierno apenas ha acabado, pero el sol cae a plomo sobre Deir el Bahari. Un empinado sendero serpentea por la ladera de la colina que, como un queso gruyer, fue perforada durante siglos para construir decenas de tumbas. En las TT 315 y TT 313, separadas unos 150 metros, nadie comienza a trabajar hasta que el «mudir» (jefe, en árabe) da la orden. Un puñado de trabajadores locales, ataviados con su galabeya tradicional, hacen cadena para descender a la zona inferior de la colina los cascotes y rocas que van extrayendo de las tumbas y que disponen sobre una malla verde.

El equipo se divide en dos: los primeros investigan la tumba de Ipi, cuyo amplio patio -una zona pública- precede a un pasillo y a una cámara de culto, de planta cuadrada. Como muchas otras tumbas, la TT 315 fue saqueada y reutilizada como cantera. El expolio de las paredes de la cámara y las losas de piedra que recubrían la estancia descubrió bajo la solería un pasillo oculto que llevaba a la cámara funeraria donde descansaba el cuerpo del visir. Dentro, al equipo de Morales le esperaba un magnífico sarcófago de caliza con un peso estimado de ocho toneladas, tallado en una sola pieza y ricamente decorado. «Se trata de un sarcófago muy especial, pues es el único que tiene escrituras en la base», explica el egiptólogo doctorado de la Universidad de Pensilvania.

El sepulcro de Henenu

Unos metros más allá, el resto del equipo se afana en el sepulcro de Henenu, un importante personaje cargado de títulos «muy rimbombantes». El encargado de «la pezuña, el cuerno, la balanza y la pluma», de «toda ave que flote, vuele o se pose» y el «supervisor de lo que es y no es» fue enterrado en una tumba más larga, de cuarenta metros de profundidad y diversas galerías que se pierden en el interior de la montaña. Sin apenas ventilación y casi en la oscuridad, una arqueóloga del equipo se adentra en uno de los nueve pozos encontrados en el complejo funerario, de más de más de 5,5 metros de profundidad.

Allí, se han encontrado nuevas salas, decoraciones e incluso restos de cuerpos humanos. Fuera de la tumba y al pie de la colina, donde los sacerdotes prefirieron construir una pequeña capilla de adobe para el culto diario, seguramente intentando evitar la perspectiva de subir diariamente hasta la puerta del sepulcro, Morales se muestra confiado: «Henenu nos va a dar más información original», asevera. Este año, dos profesores de la UAH parte del equipo multidisciplinar -financiado por las fundaciones Gaselec de Melilla y Palarq de Barcelona– comenzarán además con la digitalización 3D de las tumbas, lo que facilitará nuevos estudios de forma remota sobre la arquitectura y geografía de los sepulcros construidos para ambos personajes.

Ambos fueron funcionarios clave en uno de los periodos más interesantes del Antiguo Egipto, cuando tras una guerra civil que enfrentó al norte y al sur una familia de nobles en Tebas se embarca en la reconquista del país del Nilo y se nombraron faraones. «Mentuhotep II -a quien Henenu servía- fue el primer monarca de la reunificación. Fue un antes y un después en la historia de Egipto», relata Morales, quien destaca la oportunidad de estudiar las tumbas de dos funcionarios «con impacto directo en la política del momento».

El descubrimiento más sorprendente

Pero el descubrimiento más sorprendente, que según adelanta Morales (a la espera de que el Ministerio de Antigüedades de luz verde a la publicación de la información más detallada) lo han encontrado junto a la entrada a la tumba del visir Ipi. Un pozo de metro y medio de profundidad lleno de bolsas y ánforas con material de momificación que se descubrió en 2016 y que está ofreciendo mucho más de lo que esperaban. « Como no son ‘puros’, no pueden ir en la cámara del sarcófago, pero al haber sido utilizadas para la momificación de alguien que irá al más allá, tampoco se pueden tirar sin más», explica el egiptólogo español.

Decenas de paños, todos utilizados en la momificación de Ipi y llenos de restos de sangre y otros materiales biológicos, incluso un órgano pendiente de identificación, conforman el descubrimiento que Winlock dejó a un lado. «Sólo se llevó 4 jarras. Buscaba más bien el valor estético, no lo científico», explica Morales, que destaca que el descubrimiento «permitirá estudiar el proceso técnico de momificación de un visir». Ataviados con mascarillas y guantes, los egiptólogos de Morales extraen los paquetes de paños impregnados en natrón, un tipo de sal empleada para desecar el cadáver, y que, más de 4.000 años después, «pica en los ojos, en las manos. Es un peñazo».

Pese a los más de 800 kilómetros que los separan, las noticias del atentado contra dos iglesias en el norte de Egipto llegan rápido, aunque no los amilanan: ellos no son turistas, que huyen en desbandada del país de los faraones. Para los próximos años, Morales ha solicitado ya al Ministerio la concesión de otras tres tumbas, que prolongarán los trabajos de esta misión española.

Por Alicia Alamillos
Con información de ABC

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