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Alamut y los Castillos Persas

Ciudades y castillos en Persia conquistados o influenciados por asesinos (basados ​​en E. Burman)

El difícil terreno y la dureza del clima, junto con la costumbre de destruir los castillos una vez tomados, han contribuido a que los pocos de  ellos que sobrevivieron a los Asesinos no sean en la actualidad más que un montón de ruinas. Tal y como ha observado un historiador del Irán moderno:

«En su conjunto, las condiciones geográficas y climáticas de Irán producen un delicado equilibrio entre la subsistencia y su ausencia». 1

Cuando dejaban de existir las condiciones políticas y económicas que justificaban la existencia de una fortaleza o ciudad, también desaparecía la fortaleza o ciudad en cuestión, como si se tratara de artefactos surgidos en un momento de subsistencia. Esto puede aplicarse tanto a los lugares habitados por los Asesinos como a las ciudades que fundara Alejandro Magno, tales como Balkh, o Alejandría la Lejana, en el norte de Afganistán, o a las ruinas de las literalmente incontables ciudades que existieron en el desierto al sureste de Teherán, en la zona limítrofe entre Persia, Pakistán y Afganistán, donde las actuales condiciones áridas contradicen la gran fertilidad que existió en tiempos antiguos.



Además de la erosión natural producida por el viento, la arena, la lluvia, o la destrucción provocada por la actividad humana, debe tenerse en cuenta que los castillos de los Asesinos estuvieron situados en un terreno de gran sismicidad. Los estudios sobre la sismicidad histórica de la zona han demostrado la gran frecuencia con que los terremotos devastaban los asentamientos humanos, destruyendo características arquitectónicas de gran importancia.

No obstante, se dispone de menores pruebas al respecto en lo que se refiere a áreas remotas e inaccesibles, como es el caso de las montañas Alborz. Los restos existentes sugieren que la mayoría de los castillos experimentaron un considerable proceso de destrucción: en Samiran, por ejemplo, se observa con claridad el deslizamiento de partes importantes del castillo hacia el lecho del río, que corre al pie de una de sus laderas. Tales daños son típicos del desmoronamiento causado por los terremotos.

En un estudio sobre la sismicidad del centro y norte de Irán, N. N. Ambrasey ha proporcionado una información interesante sobre los posibles efectos de los daños causados por los terremotos, pertinente para el estudio de los castillos de los Asesinos. En la zona de Qazvin, que comprende aproximadamente Alamut (a unos cincuenta kilómetros en línea recta al noreste de Qazvin), y otros grandes castillos de los Asesinos, como Lammassar y Samiran, se registraron terremotos muy destructores en 1119 y 1176, épocas en que los Asesinos todavía residían allí. Pero de mucha mayor importancia fue el gran terremoto ocurrido el 14 de agosto de 1485, el cual:

…devastó los distritos de Eshkevar, Alamut, Talekan y el alto Shahsevar. Todas las casas y edificios públicos quedaron destruidos o gravemente dañados en una zona de 10.000 km2 y muchas personas resultaron muertas.» 2



Los informes contemporáneos aseguran que las sacudidas posteriores al terremoto principal duraron dos meses. En 1639 y 1808 hubo otros terremotos, además de los terremotos menores que muy probablemente no fueron registrados, los cuales contribuyeron a completar la destrucción, lo que explica que algunos castillos ya no existan más que en las crónicas. Incluso zonas tan importantes como Alamut sólo pudieron ser reconocidas gracias a lo que aún quedaba de ellas en el siglo XIX, y Lammassar sólo pudo ser reconocido convincentemente en 1962 por parte de Peter Willey. Se deben tener constantemente en cuenta estos problemas en cualquier discusión sobre los castillos de los Asesinos.

Por E. Burman


Notas:

  1. Avery, P., Modern Iran, Londres: Ernest Benn (1965), p. 6.
  2. Ambraseys, «Historical Seisrnicity», p. 56.

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Santuario de Saydet El Mantara (Ntra. Señora de la Espera) – Líbano

En el sur de Líbano, a la entrada de la aldea de Maghdouche, el santuario mariano greco-católico de Saydet El Mantara (Nuestra Señora de la Espera), es un sitio de peregrinación nacional establecido.

El sitio ha sido reconocido por el Ministerio de Turismo durante varios años, y muchas agencias de viajes ya lo han integrado en sus recorridos bíblicos.

El santuario de Saydet El Mantara es un lugar de peregrinación compartido por todas las comunidades religiosas y uno de los principales lugares turísticos del sur de Líbano. Muchos historiadores creen que la devoción a la Virgen María en Líbano reemplazó el culto a la diosa Astarte, el ícono del culto fenicio.

De hecho, muchos de los santuarios y templos cristianos de hoy en el país se convirtieron de lugares de culto a Astarte, incluido el Santuario de Saydet El Mantara.

Muchos años antes del nacimiento de Cristo, la ubicación del santuario fue elegida como una torre de vigilancia para los sacerdotes de la diosa. La historia tradicional detrás de la historia de Saydet El Mantara afirma que la Virgen María, como mujer judía, tenía prohibido el acceso a algunas ciudades en ese momento.

Las huellas de una carretera romana cerca del santuario sugieren que la cueva probablemente estaba en la carretera que une Jerusalén con Saida, a través de la antigua ciudad romana Cesárea de Filipo y el sitio Panias, ambos ubicados al pie del monte Hermón. En 324 d.C, Santa Elena, la madre del emperador Constantino I el Grande, construyó una capilla dedicada a la Virgen María en el lugar donde actualmente se encuentra la torre y la capilla estaba decorada con un icono de San Lucas.

Debido a las persecuciones religiosas que tuvieron lugar durante el siglo VIII, la entrada a la cueva se ocultó, solo para ser redescubierta accidentalmente en 1726 por un pastor que encontró un altar y un icono de madera.



Desde entonces, se ha convertido en un lugar de peregrinación, y en 1860, la comunidad greco-católica tomó posesión de la tierra y la desarrolló. A principios de la década de 1960, el obispo Basil Khoury hizo construir la capilla hexagonal junto con una torre de 28 m de altura coronada con la estatua llamada «Madonna y niño», del artista italiano Pierrotti.

El santuario está ubicado en la cima de una colina, a la entrada de Maghdouche, con vistas a la costa y a la ciudad de Saida. La cueva y la basílica son accesibles para discapacitados y están abiertas durante todo el año.

Un largo paseo marítimo de aproximadamente 4.000 metros cuadrados separa la capilla y la torre. La cueva ha sido restaurada como una capilla de roca y en su entrada hay una estatua de una virgen esperando frente a un pozo. Un sendero en el santuario ilustra los eventos bíblicos, que según la tradición oral se han llevado a cabo en Líbano.

A lo largo de un camino bordeado de romeros y olivos, se conmemoran a través de estelas talladas en piedra. Debajo de la gran basílica, se han construido una sala de usos múltiples y un albergue. En la entrada del sitio, hay espacio para estacionamiento y una tienda con recuerdos y artículos religiosos.

Con información de Lebanon traveler

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Importancia de las obras plásticas en la civilización de los Árabes

Alhambra en Granada

Los restos que nos quedan de la civilización de los Árabes nos permiten reconstituir fácilmente sus partes esenciales, por ser bastante numerosos; y nosotros hemos utilizado la mayor parte de ellos, como obras científicas, literarias, artísticas e industriales, instituciones y creencias.

Entre los elementos de que con más frecuencia nos hemos servido procede designar particularmente las obras plásticas, las cuales bajo su forma tangible hablan claramente al alma, y son la expresión fiel de las necesidades, de los sentimientos y tiempos que las han producido. En ellas se refleja del modo más claro la influencia de la raza y del centro que la ha rodeado. En las obras de una época se puede leer toda esta época, sean cuales fueren aquellas obras. Una caverna de la Edad de piedra, un templo egipcio, una mezquita, una catedral, una estación de camino de hierro, el retrete de una mujer a la moda, un hacha de sílex, una espada de dos manos o un cañón de cincuenta toneladas nos revelan muchas más cosas que una pirámide de disertaciones.

No hay otro medio de describir las obras plásticas de un pueblo que presentarlas; y las fotografías del Partenón, de la Alhambra y de la Venus de Milo nos parecen preferibles a la colección completa de los libros que todos los autores del mundo han llegado a escribir sobre esas cosas.

Penetrados de la importancia que tales documentos tienen para evocar en la inteligencia la fiel imagen de los tiempos que uno quiere resucitar, hemos procurado aumentar considerablemente sus reproducciones.

Cuando se trata de definir formas ninguna lengua tiene palabras capaces de hacerlo; y sobre todo cuando se habla de Oriente, las figuras son necesarias, pues sólo por los ojos puede conocerse esos paisajes, esos monumentos, esas obras de arte y razas diversas que lo animan. El estilo más brillante no dará jamás una impresión comparable a la que produce la vista de las cosas,’y en defecto de éstas, una imagen de ellas.



Pero esos monumentos, esas obras de arte, esos paisajes, esos tipos de raza, esas escenas de la vida íntima buscarse deben en regiones muy lejanas; y si se quiere verlos fielmente reproducidos, sólo puede obtenerse por medio de la fotografía. De ella nos hemos servido con tal objeto. El artista más hábil, trabajando un día tras otro, y añadiendo días a días, no llegaría a producir las perfecciones que aquélla realiza en algunos segundos.

Sólo la fotografía instantánea es capaz de reproducir fielmente los objetos en acción, como una calle animada, un mercado, un caballo galopando, un acompañamiento nupcial y los demás asuntos análogos.

Por G. Le Bon

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Juan «El Bautista» – Unión entre Cristianos y Musulmanes

Mezquita Omeya – (Gran Mezquita de Damasco) – Cúpula del Tesoro

“El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”    (Juan 5: 35)

 Juan el Bautista nació en el seno de unos padres justos y devotos de linaje sacerdotal en un pequeño pueblo de Judea, tradicionalmente identificada como Ein Karem, un moderno suburbio de Jerusalén. Desempeñó un papel singular a principios del ministerio de Jesús. Cada evangelio proporciona información detallada sobre el ministerio de Juan como un Profeta, predicador, persona que bautizaba, y testigo en el desierto de Judea al este de Jerusalén, que culminó con el bautismo de Jesús en el río Jordán. Además, cada autor de evangelio destacó algunos aspectos de la vida de Juan, proporcionando un contexto para cada uno de los autores testigos de Jesús.

Basílica de San Juan Bautista

Cuando los musulmanes llegaron a la espectacular ciudad de Damasco hacia mediados del siglo VII, se encontraron con la basílica de San Juan Bautista, mandada construir por Teodosio, el último emperador romano que tuvo unido bajo su poder el Imperio Romano de Oriente y el de Occidente. No obstante, los cimientos del templo pueden retrotraerse hasta las culturas arameas y romanas, que eligieron este lugar para levantar su lugar sagrado.

Tras la muerte de Teodosio, sus hijos Honorio y Arcadio se repartieron el territorio, quedando Siria en la parte oriental del Imperio. Más tarde el país fue conquistado por el Imperio Bizantino y convirtiéndose después en la capital del Imperio Omeya, entre el año 661 y el 750, pasando así a formar parte, de manera definitiva, del Imperio Islámico.

Todos estos cambios históricos hicieron que la basílica conservara elementos de todas estas civilizaciones en el momento de ser conquistada por los árabes. Los materiales y vestigios fueron aprovechados por los nuevos moradores: lejos de destruir los muros, columnas y demás elementos constructivos, los arquitectos se encargaron de guardarlos para introducirlos de una manera u otra en la nueva construcción que Al Walid I mandó construir entre los años 705 – 706 y 715. Desgraciadamente no se conservan planos de la construcción original, la morfología que hoy en día podemos observar es de 1894, año de la mayor de las restauraciones tras el grave incendio que sufrió el edificio.

Al- Walid mandó asimismo conservar los muros originales del recinto, lo que hizo que la actual mezquita mida 100 por 157 metros, convirtiéndose, tras las halladas en La Meca y la Medina, en una de las mayores mezquitas del mundo islámico.


Arquitectura de la Mezquita de Omeya

El edificio fue diseñado reproduciendo la casa de Muhammad: el centro de la vida gira en torno al patio, de planta cuadrada, desde donde parten las distintas estancias. Alrededor del patio se distribuyen pilares y columnas mientras que en el segundo piso se disponen el doble de arcos que en el inferior. El patio resulta para la religión islámica más que un mero sitio de paso. Así, es un lugar de reunión, de rezo, de meditación e incluso de descanso. Los fieles pueden permanecer horas dentro del recinto, especialmente bajo la zona porticada.

Dentro del patio se encuentran tres pequeñas construcciones llamadas la Cúpula del Tesoro, dado que desde su origen eran el lugar donde se guardaba el dinero y demás posesiones con las que contaba la mezquita. Está levantada sobre ocho columnas corintias y está decorada, en sus ocho lados, por excepcionales mosaicos que hacen brillar su figura. La segunda levantada sobre planta cuadrada y rematada por una pequeña techumbre de madera, es la Cúpula de Las Abluciones donde los fieles acuden antes del rezo para lavarse la cara, las manos y los pies con el fin de acudir limpios a la oración. En último lugar nos referimos a la Cúpula del reloj, construida en el siglo XVIII para atesorar los relojes. Es la de menor tamaño.

En torno al patio, y con el fin de llamar a la oración, se disponen tres minaretes construidos en épocas diferentes pero igual de curiosos y es que, a diferencia de otros, son de planta cuadrada o hexagonal, y no circular como es común en el arte islámico. El más antiguo de ellos es el llamado de La novia: situado en el centro de la pared norte su base data del siglo XI, mientras que su remate es del XII. En el ángulo suroeste se encuentra el minarete que adoptó el nombre del sultán que lo mandó construir en 1488: Qayt Bey. El último de ellos llamado Blanco o de Jesús, fue reconstruido en el periodo otomano, alrededor del siglo XIII. Es el minarete más alto de la mezquita. Según la tradición musulmana, Jesús, considerado un Profeta en el Islam, volverá el día del juicio final, se subirá a ese minarete y dirá «Allâh es el único Dios, y Muhammad es su Profeta«.

El edificio techado, con planta rectangular muy alargada, está distribuido en tres naves divididas por dos hileras de columnas dobles con capiteles corintios, que se desarrollan paralelas al muro de la Qibla. Es muy probable que las arquerías fuesen las encontradas por los musulmanes en el antiguo templo. Como ocurre en el patio exterior, las columnas superiores con ostensiblemente menores que las situadas en la parte inferior.

Ya dentro de la mezquita, el transepto de la sala de oración, decorado con motivos geométricos, conduce al nicho de la oración, llamado en árabe mihrab, datado de la primera construcción. En el centro y cortando el transepto se encuentra la cúpula del Águila, alzada sobre un octógono.

Dentro de esta gran sala de oración también se encuentra el cenotafio de San Juan Bautista donde se supone que reposa la cabeza del santo. Cerrado prácticamente a la vista de los turistas y los fieles por medio de anchos cristales verdes, el pequeño panteón, que imita un edificio de dos alturas, está coronado por una cúpula de pequeñas dimensiones. Es muy común ver alrededor del santuario a decenas de fieles rezando al Profeta, que es venerado no sólo por los cristianos, sino también por los musulmanes.

La decoración de mosaicos, herencia del arte bizantino, es un ejemplo único y muy diferente a los gustos presentes en el arte islámico. Sobre las paredes de las galerías distribuidas a lo largo del amplio patio central y alrededor de la Cúpula del Tesoro, se dibuja en una franja ancha la representación de un paisaje que tal vez reproduzca el Edén. En él puede verse un camino de agua en movimiento en cuyas orillas se alzan enormes árboles entre los que se advierten edificios de distintas alturas.

Otro de los enclaves más importantes de la mezquita es la tumba de Hussein bin Ali, el nieto del Profeta Muhammad, y uno de las figuras claves de la ramificación chií del Islam. Se trata de una sala que se diferencia del resto de la mezquita a primera vista. Mientras que toda la construcción se basa en los parámetros sunís, la habitación rebosa de colores y espejos, propios de los chiitas

A las afueras del templo y coincidiendo con los muros del Templo romano de Júpiter, se alza un pequeño cuarto que alberga la tumba de Saladino, lugar visitado por decenas de sirios y turistas que buscan conocer el lugar yacen los restos de uno de los sultanes más conocidos a lo largo del mundo.

Reliquias de Juan El Bautista

La gran mezquita de Damasco, Siria también pretende tener la cabeza de Juan el Bautista. Esta cabeza se mantiene en una pequeña capilla dentro de la cúpula Islámica.

Protegido dentro de la mezquita es la pequeña capilla y santuario de Juan el Bautista, (Profeta Yahia para los musulmanes), donde la tradición sostiene que está enterrada la cabeza de Juan. Una leyenda dice que cuando la iglesia fue demolida, su cabeza fue encontrada debajo, con piel y cabello. Esta cabeza se cree que posee poderes mágicos y sigue siendo el foco de la peregrinación anual de los mandeos, cuando ponen sus frentes contra la reja metálica del Santuario de la prensa y al parecer experimentan visiones proféticas.


Un lugar de culto para el pueblo cristiano

El 6 de mayo de 2001 visitó el papa san Juan Pablo II la Mezquita de los Omeyas en Damasco, (Siria). No era una visita accidental. La actual mezquita sustituye un templo bizantino, en el que era venerado el sepulcro de san Juan Bautista y se trata del cuarto lugar más sagrado del Islam.

Sobre la catedral bizantina, dedicada a Juan el Bautista desde la época del emperador romano Constantino I. Tiene una capilla donde se venera la cabeza de san Juan Bautista, considerado como Profeta también por el Islam. Este edificio, habría ocupado un anterior templo romano dedicado a Júpiter Damascenus, originalmente el dios sirio Hadad, y modelo del templo del Sol, (Palmira).

Los musulmanes, al igual que los cristianos, consideran sus lugares de oración como oasis donde encuentran al Dios misericordioso a lo largo de su camino hacia la vida eterna, y a sus hermanos y hermanas mediante el vínculo de la religión. Cuando, con ocasión de matrimonios, funerales u otras celebraciones, los cristianos y los musulmanes guardan silencio por respeto a la oración del otro, dan testimonio de lo que los une, sin ocultar o negar lo que los separa.

En las mezquitas y en las iglesias las comunidades musulmanas y cristianas forjan su identidad religiosa, y los jóvenes reciben en ellas una parte significativa de su educación religiosa. ¿Qué sentido de identidad se inculca en los jóvenes cristianos y en los jóvenes musulmanes que frecuentan nuestras iglesias y mezquitas? Espero ardientemente que los líderes religiosos y los maestros musulmanes y cristianos presenten nuestras dos grandes comunidades religiosas como comunidades en diálogo respetuoso, y nunca más como comunidades en conflicto. Es fundamental enseñar a los jóvenes los caminos del respeto y la comprensión, a fin de que no abusen de la religión para promover o justificar el odio y la violencia. La violencia destruye la imagen del Creador en sus criaturas, y nunca debería considerarse como fruto de convicciones religiosas.

Espero de verdad que este encuentro en la mezquita de los Omeyas sea un signo de nuestra decisión de proseguir el diálogo interreligioso entre la Iglesia católica y el islam. Este diálogo ha cobrado mayor impulso en las últimas décadas; y hoy podemos estar satisfechos por el camino recorrido hasta ahora, referìa el Papa en ocasiòn de su viaje al lugar.

Por Ana Molina Reguilón
Con información de Arteguias 

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Norias de Hama (árabe, na’ura) – Maravillas de la hidráulica antigua

«Ruedas de ollas»

Las norias de la ciudad siria de Hama son una colección de ruedas hidráulicas históricas tan hermosas y elaboradas que hacen que las norias occidentales parezcan débiles en comparación.

Icono que finalmente se convirtió en el símbolo de la ciudad. Incluso después de que cayeron fuera de uso general con el advenimiento de los sistemas de riego modernos, las norias se dejaron intactas, envejeciendo en bellos monumentos  históricos del pasado agrario de la ciudad.

Las norias de Hama son 17 históricos molinos de agua situados a lo largo del río Orontes. Estas norias se remontan a la época bizantina, aunque los locales afirman que son aún más antiguas.

Estas ruedas de agua son parte del sistema de riego ya desaparecido de la ciudad y fueron diseñadas para elevar el agua desde el río y pasar a través de acueductos hasta llegar a los campos agrícolas y a los hogares. Las norias eran impulsadas ​​por las corrientes del río. A medida que las ruedas se movían, los cubos de madera colocados en los exteriores de las ruedas se llenaban para posteriormente vaciarse en los acueductos. Una vez en los acueductos, el agua fluía hasta distintos puntos de la ciudad.

Es difícil decir cuándo y dónde existieron las primeras norias. Antiguos escritos de Marco Vitruvio, un ingeniero militar romano, sugieren que podrían haber sido inventadas por los romanos, probablemente en el siglo primero antes de Cristo. Otras fuentes sugieren que las norias se desarrollaron en la India en el siglo quinto o cuarto antes de Cristo, después de lo cual, el mecanismo se extendió hacia el oeste y hacia China. Otra posibilidad es que sean de origen griego, en torno a finales del tercer siglo antes de Cristo, como sugieren algunos antiguos manuscritos. Las norias se hicieron cada vez más populares en todo el Oriente Medio.

En cualquier caso, las norias fueron finalmente adoptadas por los ingenieros musulmanes, quienes hicieron ciertas mejoras al dispositivo, como por ejemplo, añadiendo un mecanismo de volante para frenar o acelerar la noria de un modo manual. Como símbolo del ingenio de los inventores musulmanes del siglo VIII- la llamada al-Muhamidiyya era la más sorprendente tanto por su tamaño como por su estado de conservación del que se encargaba un carpintero durante todo el año. De 20 metros de diámetro, sus 120 colectores vaciaban agua a razón de cien litros por minuto; agua que, a través de la acequia aérea de un viaducto, ahora interrumpido, llegaba hasta la Gran Mezquita. El agua que rebosaba de los colectores en su ascenso hasta la cima, donde vaciaban, se deslizaba por los oscuros maderos de la noria.



Algunas de las norias utilizadas en el mundo islámico medieval llegaron a tener 20 metros de diámetro y podían levantar aproximadamente 2.500 litros de agua por minuto. Las norias de Hama son el ejemplo más grande que sobrevive de esta tecnología medieval.

En un momento dado, hubo más de 30 norias funcionando en Hama, pero solo 17 de las ruedas de agua originales han sobrevivido a nuestros días. Todavía están en buenas condiciones de trabajo, sin embargo, ya no se utilizan.

Con información de Destino Infinito

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Madrasa al-Salahiyya-Iglesia de Santa Ana (Hannah)

Iglesia de Santa Ana (Iglesia de Santa Ana de Jerusalén) كنيسة سانت آن (بالفرنسية

Una iglesia católica ubicada en la Vía Dolorosa en el barrio islámico dentro de las murallas de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Construído por los cruzados en 1138, y entregado por los otomanos a Francia en 1856, donde la iglesia ahora pertenece al gobierno francés.

La reina Melisande fue la principal benefactora de la construcción de esta iglesia. Era la esposa de Balduino II (gobernante cruzado de Jerusalén, r. 1118-1131 d. C.) y madre de Balduino III (r. 1143-1162). El sultán Salah al-Din Ayyubi (Saladino, r. 564-589 / 1169-1193) la transformó en escuela islámica.

En época bizantina, en este lugar se fundó una iglesia que continuó en uso hasta el periodo abbasí, momento en el que, por razones desconocidas, quedó abandonada. En la época fatimí se recuperó como escuela de ciencias y permaneció así hasta la llegada de los francos, que construyeron la iglesia actual. El edificio estuvo en manos de los cruzados durante casi un siglo, hasta que, Salah al-Din Ayyubi (Saladino) liberó Jerusalén. Se transformó entonces en una madrasa para enseñar fiqh (‘jurisprudencia’) shafií. No obstante, la transformación del edificio en escuela islámica no lo despojó de su importancia en la cultura cristiana. El emir de Hama, Fakir al-Din (pariente de Saladino), demostró su interés por el lugar dotándolo de una fuente para las abluciones y agua corriente gratuita canalizada desde un aljibe cercano. En consonancia con su popular política de tolerancia con el cristianismo, Saladino permitía a los padres franciscanos celebrar fiestas religiosas importantes en el edificio y también dejaba que los peregrinos visitasen la cueva que está debajo del edificio, donde se creía que había nacido la Virgen María.

El edificio quedó abandonado en la segunda mitad del XII / XVIII. Más adelante, tras la firma de la alianza entre Francia y el Imperio Otomano en la guerra de Crimea contra Rusia, el emperador Napoleón III (1268-1290 / 1852-1873) pidió al sultán Abdulmecid (r. 1255-1277 / 1839-1861) que permitirse transformar Salahiyya en iglesia, promesa que se cumplió debidamente.

En el lado norte del jardín hay una estatua del cardenal Lavigerie (1825-1892), fundador de los Padres Blancos. Para entrar en la iglesia hay que cruzar una puerta ubicada al sur de la entrada principal, que está en el centro de la fachada norte. Justo antes de la entrada se encuentra el único rastro que queda del uso de este edificio como madrasa: una lápida de 144 cm de largo y 55 cm de ancho con una inscripción fundacional de cinco renglones escrita en estilo nasji ayyubí, que dice así: “En nombre de Dios, el compasivo, el misericordioso, y de aquellos de entre vosotros que habéis sido bendecidos por el Dios único. Esta bendita madrasa ha sido donada por nuestro dueño, el gobernante, el victorioso, la salvación del mundo y la religión, sultán del Islam y los musulmanes, Abi Muzaffar Yusuf bin Ayyub ibn Shadi, restablecedor del estado del comandante de los fieles. Que Dios refuerce su victoria y la de aquellos que lo acompañan, entre el bien de este mundo y del próximo, entre aquellos legistas que siguen al imam Abi Abd Allah Muhammad ibn Idris al-Shafii, que a Dios complazca».

La iglesia presenta una planta gótica basilical que comprende un rectángulo con tres naves, la más ancha de las cuales es la central. El suelo es de mármol y el techo presenta bóvedas de crucería sobre arcos góticos que reposan sobre pilares rectangulares de piedra. El techo del ábside presenta una semicúpula poco pronunciada sobre grandes arcos. La influencia de san Benedicto (c. 480-547) se refleja en la escasez de decoración, concentrada en el altar. Las tallas en relieve del altar son obra de Phil Kiblan y datan de 1954; en ellas representó escenas del Nuevo Testamento, como la Anunciación, la Natividad y la Piedad. Algunos capiteles de columna están decorados con cabezas de toro, símbolo de san Lucas, y otras con una escultura de un torso masculino, símbolo de san Mateo; hay varios capiteles que están sin terminar.

Como puede apreciarse aún hoy en la madrasa al-Shalahiyya, la iglesia original se construyó sobre una cueva natural, cubierta con una cúpula moderna de piedra. Según la tradición cristiana oriental, fue en esta cueva, precedida por un pequeño altar, donde nació la Virgen María.

Fuentes históricas, como la obra del historiador Muyir al-Din al-Hanbali (m. 928 / 1521), y los restos de una inscripción situada encima de la entrada. La arquitectura de estilo basilical gótico también apunta a la época de las cruzadas.


Bibliografía:
  • Al-Asli, K., Maahid al-ilm fi bayt al-Maqdis [Instituciones de enseñanza de Jerusalén], Ammán, 1981.
  • Al-Hanbali, M. (m. 927/ 1520), Al-uns al-yalil fi tarij al-Quds wa al-Jalil [La importancia del ambiente en la historia de Jerusalén y Hebrón], Ammán, 1973.
  • Hazbun, L., Kanisat Qaddisa Hannah (Salahiyya) wa birkat Bayt Hasida [La iglesia de Santa Ana (Hannah/Salahiyya) y la alberca de Bayt Hasida], Jerusalén, sin fecha.
  • Martin, S., “Al Kulliya al-Salahiyya: A late Ottoman University in Jerusalem”, en S. Auld y R. Hillenbrand (ed.), Ottoman Jerusalem: The Living City 1517–1917 (parte I), Londres, 2000.
  • Al-Natsheh, Y., Kanisat al-Qaddisa Ann (al-Madrasa al-Salahiyya) [La iglesia de Santa Ana (madrasa al-Salahiyya)], Jerusalén, 2004.

Con información de: discoverislamicart

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Casablanca, Marrakech y Agadir: travesía ida y vuelta a Marruecos

Cada tarde, la plaza Jemma Al Fna vive su mágico y mítico atardecer con el encendido de las luces de todos sus chiringuitos entre los últimos rayos de sol

A solo cien kilómetros al oeste de Canarias, Marruecos nos abre las puertas de tres de sus ciudades más emblemáticas a través de la aerolínea Binter, que vuela regularmente a Casablanca, Marrakech y Agadir. Con este plan de vuelos, con billetes desde solo 90,33 euros por trayecto (comprando ida y vuelta), podemos convertir nuestro viaje en una excursión a tres bandas y disfrutar asimismo de los campos, ríos, llanuras y pueblos, y de esa gran cordillera del Atlas, con picos nevados la mayor parte del año, durante una gran parte del camino.

Supongamos que entramos por el norte, por Casablanca, y seguimos nuestro recorrido en tren o automóvil hacia Marrakech. Allí nos detendremos para adentrarnos en la ciudad imperial por excelencia del Reino y, cargados de regalos, proseguiremos nuestra ruta hacia uno de los territorios más espectaculares del país, la región de Sus Masa y su capital, Agadir.



Casablanca

La capital económica y financiera de Marruecos y su ciudad más poblada, Casablanca, nos ofrece al salir del aeropuerto internacional Mohamed V una curiosa mezcla de la cultura milenaria local y las influencias de la Europa mediterránea. Sus calles y amplias avenidas recuerdan a cualquier metrópoli occidental, surcada por un moderno tranvía morado que va y viene transportando un crisol de personajes, desde el joven ejecutivo de chaqueta y corbata al abuelo en chilaba y babuchas, desde la mujer vestida a la moda parisina a la que conserva el gusto por las sedas y ricas túnicas árabes; contrastes que se repiten cada día a lo largo de los bulevares y cafeterías de terrazas al estilo francés.

El origen de su nombre, dicen, se debe a una pequeña casa blanca en una colina llamada Anfa que los marinos portugueses fijaron como referencia en sus travesías, pero realmente se hizo conocida cuando saltó a los titulares de todo el mundo por la histórica reunión de Churchill y Roosevelt para acordar el Día D, o por la película hollywoodense que protagonizaron Ingrid Bergman y Humphrey Bogart con Sam, el pianista que interpretaba la canción As time goes by.

Su núcleo urbano presenta una extensa planta arquitectónica contemporánea, conformada por sedes de grandes bancos, multinacionales e instituciones internacionales, muchas con fachadas acristaladas, junto a otros edificios clásicos y monumentos construidos en la segunda mitad del siglo pasado, con no pocas referencias de Art Decó, y hoteles de negocios de lujo, tiendas y restaurantes exclusivos en sus avenidas surcadas por los raíles del tranvía.

A medida que se sale del centro urbano, el wall street de la economía marroquí, comienza el sabor auténtico del país más desarrollado del Magreb. Se podría decir que Casablanca es el escaparate occidental de Marruecos, aunque trufado de todas las costumbres originales autóctonas que sus gentes llevan a las grandes plazas, parques y paseos, a sus abigarrados zocos, de múltiples artesanías, telas y joyas, o a sus vistosos mercados de frutas y verduras. Sus dos medinas, la antigua y la moderna, representan, junto a la Gran Mezquita de Hassan II, segundo edificio religioso más grande del mundo después de la Meca, el corazón musulmán de la ciudad.

Resulta casi obligatoria la recomendación de caminar al atardecer por el Paseo de la Corniche, al borde del mar, hasta el faro el Hank, porque representa la zona esencialmente turística de Casa, como la llaman muchos marroquíes. Se extiende a lo largo de un tramo de playas de unos ocho kilómetros, con restaurantes, hoteles, bares y discotecas.

Casablanca es posiblemente la mejor opción que un viajero puede elegir para adentrarse por primera vez en la mítica y eterna Marruecos, tierra de leyendas y amalgama de las tradiciones del lejano Oriente de Las mil y una noches.



Marrakech

La entrada a Marrakech por su aeropuerto, el modernísimo Menara, nos sumerge de lleno en la cultura árabe y en sus manifestaciones más antiguas, solo que acompañados de una multitud de turistas que transitan a todas horas por las calles de su Medina fortificada, escenario central del trasiego de vendedores y compradores. La más célebre ciudad imperial marroquí, la Ciudad Roja, como también se la conoce por el color de sus murallas, es un gran zoco que respira animación de día y de noche, y el primer destino turístico del país, con diferencia.

Todo Marrakech es un gran zoco en el que se puede encontrar magníficas artesanías de calidad y buen gusto

El viaje nos traslada de inmediato a su milenio cumplido y a su legado conformado por numerosos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad, que corona ese gran espacio inmaterial que es su no menos mítica plaza de Djema el Fna, activa las 24 horas del día, siempre intensa y a rebosar con todo tipo de actuaciones. Malabaristas, músicos, encantadores de serpientes, magos y un sinfín de personajes que parecen surgidos de un plató de cine nos salen al paso o nos invitan a sus puestos de frutas y jugos naturales, ordenadísimos y pulcros, o a sus chiringuitos de parrilladas de carne, pescado, caracoles y otros manjares propios de la tierra. Quien visita por primera vez Marrakech no debería perderse el crepúsculo y el encendido de las luces de los puestos desde una de las muchas terrazas que rodean la plaza-escenario, en medio de los ritmos entrecruzados de tambores, flautas y curiosos instrumentos de cuerda. Es precisamente cuando Djema el Fna se eleva definitivamente a su dimensión mágica, única en todo el planeta.

También el recorrido por las estrechas calles de la Medina nos llevará a múltiples sorpresas y recovecos, a veces a un ritmo trepidante, con oasis de hoteles y restaurantes en el interior de nobles edificios, los llamados riads, que ofrecen cuidadísimos jardines interiores, en ocasiones insólitos por su colorido y dimensiones, e ingeniosas fuentes, con creaciones de sonidos hechos con las cadencias del agua, para lograr esos rincones de paz, sosiego y buen gusto marca de la casa, todo ello ante una buena taza de té bien servida y la reconocida repostería local de frutos secos y almíbares.

En Marrakech es posible realizar las mejores compras de todo Marruecos, con precios de ganga si se está dispuesto a regatear, algo que no solo nos hará sentir satisfechos por la adquisición de esa pieza por unas pocas monedas, sino que nos permitirá comunicarnos a través de esa noble liturgia, también inmaterial, de los zocos árabes. Entre sus muchos artículos, son muy apreciadas sus ingrávidas lámparas preciosas, sus trabajos de cuero o hierro, las joyas, sus cajas y objetos de madera, sus telas, sus cuadros y un sinfín de productos artesanales, junto a ese sutil entramado de especias que inundará nuestros paseos con exóticos aromas.

Pero esta maravilla mundial, siempre con la cordillera del Atlas de fondo, guarda otras muchas sorpresas, tanto dentro de sus murallas como en las zonas modernas, con sus grandes centros comerciales, tiendas de ropa de franquicias de renombre, restaurantes y hoteles, junto a las más populares marcas de comida rápida o deportes.

Al anochecer, Marrakech se convierte en leyenda viva, con idas y venidas de vivencias que nos transportarán a aquellos relatos de Sherezade que consiguieron mantener despierto al sultán cada madrugada hasta el alba.



Agadir

La oferta turística del Marruecos costero, lo que llamamos de sol y playa, tiene un nombre: Agadir. A la capital de la rica región de Sus Masa se llega a través del aeropuerto Al Massira y su bella terminal de estética netamente árabe.

Agadir posee kilómetros de playas de arena blanca donde es posible realizar todo tipo de deportes

La apuesta de este enclave atlántico, con un clima y temperaturas muy parecidas a las de las Islas, pasa por aprovechar sus kilométricas bahías y su gran variedad de olas, de las que disfrutan cientos de surfistas procedentes de Europa, que se pasean a todas horas descalzos, embutidos en sus trajes de neopreno, y sus tablas bajo el brazo.

Los deportes náuticos son, además de sus campos de golf y clubes hípicos, el punto fuerte de este destino que se despereza en torno a su gran playa de seis kilómetros de arena blanca que remata su fachada marítima, con un amplio paseo, diseñado por un arquitecto canario, que recuerda al de Las Canteras. Su litoral está plagado de hoteles de cuatro y cinco estrellas, restaurantes y terrazas, muy frecuentados al caer la tarde por los turistas, que apuran sus aperitivos ante las siempre espectaculares puestas de sol, pero también por saltimbanquis, malabaristas y músicos que amenizan los últimos rayos del día.

Agadir es la capital de una de las regiones más sorprendentes de Marruecos. A los atractivos turísticos costeros se suma su carácter nacional profundo, con sus zocos tradicionales y aquellos que se levantan a lo largo de su geografía urbana y periurbana con las especialidades locales. Aquí es posible degustar las mejores frutas y verduras de todo el país, pues por algo es una de las principales huertas de África Occidental, un espectáculo en sí mismas, como las especias y todo tipo de cultivos, que harán las delicias no solo de los veganos, sino de cualquier comensal que aprecie el buen sabor de los productos de la tierra. Y para los amantes del pescado y los frutos del mar, solo basta decir que estamos en el puerto pesquero por excelencia de la costa atlántica de Marruecos. Una gran variedad de restaurantes y chiringuitos nos ofrecen justo al lado de las olas sus cartas de especialidades marinas, del mar a la mesa, con el valor añadido de su precio, realmente asequible.

La orografía de esta región sorprenderá a senderistas y excursionistas, puesto que está bifurcada por lechos de lo que fueron grandes ríos, con orillas fértiles cultivadas bajo palmerales de ensueño. Los itinerarios de montaña conectan directamente con la ruralidad, muy arraigada en estas coordenadas, donde podremos contemplar estampas que solo hemos visto en postales, con pastores y labradores que parecen haber salido de un portal de Belén.

La ubicación de Agadir ofrece asimismo otras alternativas atractivas, como la visita a lugares que figuran en los mapas turísticos por sus originales señas de identidad, como la vecina Esauira o “la abuela de Marrakech”, que es como se conoce a Tarudant, una ciudad que vive dentro de unas murallas rojizas y donde el tiempo parece haberse detenido en la Edad Media; con el añadido de que ambas travesías están cuajadas de poblaciones y paisajes que nos harán pararnos a cada rato para disfrutarlos.

Con información de El Diario

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