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Cuarenta y Ocho horas en Dubai

Burj Khalifa, Dubai

Arquitectura impactante, coloridos mercados y excursiones al desierto, en una guía para descubrir este rincón de Medio Oriente.

Descomunal, intrigante, intensa, atrapante, seductora, lujosa, arquitectónicamente apabullante. Un oasis de modernidad en medio del desierto. A orillas del golfo Pérsico o Arábigo, Dubai –uno de los siete emiratos que, desde 1971, conforman Emiratos Arabes Unidos– supo colocarse en el horizonte de los viajeros como destino deseable a fuerza de construcciones y emprendimientos llamativamente desmesurados, una línea aérea de servicio impecable y varios galardones en su haber –Emirates Airline– y muchas inversiones de lujo, grandes marcas y exquisitas cadenas hoteleras que atrajeron a ricos & famosos de todo el mundo.

Si hay algo que define a este pequeño territorio que sólo se reconoce en la grandilocuencia, es que aquí, en Dubai, “nada es imposible”. Pasó de pequeña villa de pescadores a vibrante ciudad en crecimiento constante.

La visión y la determinación de los últimos jeques de la dinastía Al Maktoum –Rashid, luego su hijo Maktum y, el actual jeque de Dubai, su otro hijo Mohammed, quien también es vicepresidente y primer ministro de los Emiratos– ha sido decisiva. Sabiendo que el petróleo traería mucho dinero, pero que en algún momento se acabará, decidieron apostar al turismo y las finanzas como fuentes de ingresos.

El puntapié inicial estuvo dado, en gran parte, con la inauguración del Burj Al Arab, ese hotel que parece una vela en donde todos quieren pasar, aunque sea, una noche (tenga en cuenta que la habitación más económica cuesta US$ 2.700).

El resto se impuso como por arte de magia: la torre más alta del mundo –el Burj Khalifa–, uno de los shoppings más grandes, el Dubai Mall –hay 75 centros comerciales–, el mercado de oro más importante, el desembarco de reconocidos chefs –Gordon Ramsay, Marco Pierre White y Heinz Beck que acaba de abrir Social by Heinz Beck en el Waldorf Astoria de Palm Jumeirah– y hasta excentricidades como un centro de esquí dentro de un centro comercial –Mall of the Emirates– y emprendimientos inmobiliarios como Palm Jumeirah –un barrio con forma de palmera que ganó terreno al mar– y The World, similar, pero con islas que imitan formas de diversos países (aunque tuvo varias idas y vueltas).

The Palm, un gran barrio de casas privadas y resorts que, como indica su nombre, tiene forma de palmera (Emirates)

Es curiosa la multiplicidad de orígenes de su población: de los dos millones y medio de habitantes, el 80 por ciento proviene de otros países (India, Pakistán, Sri Lanka, Filipinas, Egipto, Inglaterra, Irán, Jordania, entre muchos otros). Son los “expatriados”. Aprecian la posibilidad de ingresos que les ofrece Dubai, aunque saben que nunca serán ciudadanos. Sus hijos, aunque nazcan en los Emiratos, tampoco. Muchos de ellos, incluso, trabajan aquí pero tienen a su familia en su país de origen.

Dubai ofrece cada vez más atractivos que lo convierten en un destino en sí mismo –playas, compras, un paisaje desértico para explorar, acuarios gigantes, parques acuáticos, discotecas, excelente infraestructura hotelera, muy buenos restaurantes–, pero es también la escala perfecta para quienes viajan desde Buenos Aires rumbo a otros destinos asiáticos. Desde el Creek, el famoso canal o cala natural que divide a la ciudad en dos, hasta los vertiginosos paisajes que regala el Burj Khalifa, la cultura emiratí y la soledad abismal del desierto, sugerimos aquí algunas propuestas para disfrutar este lugar en dos días. Y dejarse asombrar.



PRIMER DÍA

En Dubai la actividad comienza temprano. Es que al mediodía, el sol y el calor arrecian. Aunque la modernidad se impone y hay un estado de construcción constante, Dubai también tiene un pasado de pequeñas casas, pequeñas comunidades de pescadores, de torres de viento –algo así como los antepasados del aire acondicionado–, de buscadores de perlas y comerciantes marítimos.

En Al Bastakiya, zona restaurada, se pueden ver y recorrer calles estrechas y casas antiguas con patios en donde hoy funcionan galerías, museos, cafés y restaurantes. Hay unas 50 casas originales. También está la mezquita de Bastakiya –no está abierta a las visitas– y hasta se puede ver una parte de la antigua muralla de Dubai, que data de 1822.

Más cerca de la boca del canal, Shindagha también propone un recorrido por la historia ya que es el punto de inicio y posterior crecimiento de Dubai. Allí puede visitarse la casa del Sheikh Saeed Al Maktoum, de 1896 y con una interesante colección de fotos.

9.30 Museo de Dubai

​Construido en 1787, el fuerte Al Fahidi alberga el Dubai Museum (Museo de Dubai) desde 1971. Es una interesante muestra de la vida cotidiana en estas tierras antes del descubrimiento del petróleo. Hay antiguas barcas, objetos en exhibición con explicaciones en árabe e inglés y se destacan la recreaciones de escenas del Creek, casas árabes tradicionales, mezquitas, mercados, la vida en el desierto y la vida de los buscadores de perlas.

Las exposiciones dan cuenta de la evolución de Dubai en los últimos años: en 1912 se creó la primera escuela; en 1951, el primer hospital, en 1960, el aeropuerto, en 1966 se descubrió el petróleo, en 1997 se estableció el turismo como fuente de ingreso. También tienen su lugar los proyectos futuros. La entrada cuesta 3 dirhams (casi un dólar) y funciona de 8.30 a 20.30 (los viernes, a partir de las 14.30).

11.30 En los mercados

Busque una estación de cruce, súbase a un abra –barcazas con capacidad para hasta 20 personas– y atraviese el canal. También puede hacer un paseo a bordo, previo arreglo con el conductor, pero por ahora, cruce. Sólo hay que seguir el bullicio y los aromas para dar con al Mercado de las Especias, básicamente controlado por los iraníes (de allí provienen muchos productos).

Los grandes bolsones coloridos sobre la calle y los pasillos muestran canela, anís, pimienta negra, lima, sal, azufre, pimienta blanca, azafrán, chile, cúrcuma, ajo seco. En la tienda de Abdul Jalil me dejan probar unos pedacitos de chocolate de colores. Asegura que tiene el mejor puesto y que aquí se consiguen, además de las especias que están a la vista, otros productos como viagra natural, un aceite de Argán para el cuidado del pelo y de la piel y también un aceite de hormiga para depilarse. Y un montón de objetos ideales para turistas que no compran especias, pero sí souvenires. Como en todo mercado hay que regatear (podrá obtener hasta un 20 o 30 por ciento de descuento sobre la tarifa inicial).

Junto al puesto de Abdul hay un local que prepara jugos naturales. Si tiene sed, este es el momento (5 dirhams los pequeños, 10 los más grandes).

Mercado de Especias, Dubai

Tras detenerse a revisar pashminas, zapatitos en punta como los de los cuentos de Aladino, alfombras y promesas de “los mejores productos de Dubai”, desembocará en el gran Zoco del Oro, una suerte de galería semicubierta, con aire acondicionado, que concentra más de 300 tiendas –en todo Dubai hay cerca de 700 joyerías– que venden anillos, pulseras, colgantes y hasta lingotes de oro.

Mercado del Oro en Dubai ©AP Photo/Kamran Jebreili

Aunque no tenga pensado comprar joyas, tiene que conocer este lugar. Me detengo en una vidriera y un hombre, desde adentro, levanta un cartel que tienta con un 70 por ciento de descuento. En otro negocio, la gente se agolpa para tomar fotos del Najmat Taiba, el anillo de oro más pesado del mundo que tiene 5,71 kilos de piedras preciosas engarzadas. Un récord Guinness. En algunos pasillos laterales hay tiendas que ofrecen productos de plata.

Al salir, dése una vuelta por los negocios que venden perfumes. El fuerte son las fragancias árabes, bien potentes, pero también tienen las marcas famosas presentes en todo Duty Free Shop.

14.00 Almuerzo frente al mar

No es una buena hora para exponerse al sol, pero si se acerca a la playa Jumeirah Beach verá mucha gente disfrutando del mar. Claro, aquí es otoño y las temperaturas son más agradables como para permitirse estar en la playa. En verano, el calor es abrumador. La propuesta es darse una vuelta y almorzar en The Walk o The Beach, complejos de negocios, bares, heladerías y restaurantes a orillas del mar. Hay de todo, desde hamburgueserías y heladerías, hasta restaurantes especializados en comida étnica.​

16.00 Del té de lujo al esquí

Si almorzó recién y de manera abundante, quizá aún no esté listo para esta propuesta… pero es una de las posibilidades para conocer el hotel Burj Al Arab. El hotel 5 estrellas tiene el ingreso restringido: sólo pueden entrar los huéspedes o quienes tengan reserva para comer o tomar el té. Por US$ 170 (más US$ 30 si quiere una mesa junto a la ventana) se puede tomar el té en el Sky View Bar, en el piso 27. Las infusiones o el café se sirven acompañados de canapés de caviar, salmón, palta, tarteletas, frutos rojos con crema y tortas. Y se paga de manera anticipada para confirmar la reserva.​

Burj Al Arab Hotel en Dubai

El hotel es excéntrico y lujoso, pero si quiere ver con sus propios ojos algo más increíble aún, acérquese al Mall of the Emirates. Sí, es un centro comercial; no, no lo estoy mandando de compras. La sugerencia viene a cuento de que allí, dentro del shopping, hay un complejo de esquí: una ladera cubierta de nieve, aerosillas, gente envuelta en abrigadas camperas que calza esquís y tablas de snowboard y gomones para hacer culipatín. En el medio del desierto, esquiar sobre nieve ¡también es posible!



19.30 Cena en el Creek

Para terminar un día apasionante, una buena alternativa es recorrer el Creek a bordo de uno de los tantos barcos (dhows) con cena a bordo (no todos tienen el mismo horario). Los precios varían, esencialmente, en función de la comida que ofrecen. Pero todos regalan bonitas vistas nocturnas de la ciudad. Incluso los mismos barcos tienen luminarias que recorren su perímetro. Así, el canal también atrae con estas embarcaciones que, suavemente, vienen y van, coloreando la noche.​

SEGUNDO DÍA​

10.00 En la mezquita​

Quienes están interesados en acercarse a la cultura emiratí e islámica, la mezquita Jumeirah ofrece una visita guiada todos los días a las 10 de la mañana, excepto los viernes. Hay que llegar unos minutos antes para registrarse y abonar la visita (US$ 5,50). Se trata de una charla de 75 minutos sobre los pilares de esta religión, los rezos, la indumentaria, las creencias… incluyendo un espacio en el que se contestan inquietudes. Para ingresar, se requiere que las mujeres cubran su cabeza (si no tiene un pañuelo a mano, le ofrecerán uno) y los hombres no pueden entrar con bermudas o shorts, así que también podrán utilizar kanduras (vestimenta tradicional) que tienen a disposición y cubren todo el cuerpo. El calzado debe quedar afuera. La charla es en inglés.​

Mezquita Jumeirah en Dubai

Si este no es plan para su mañana, un paseo en lancha (no por el Creek sino por mar abierto) para ver la ciudad desde el agua es una alternativa divertida. Parten desde Dubai Marina. Un paseo de 75 minutos cuesta US$ 56; de 90 minutos, US$ 79. Los precios y los recorridos varían según la empresa. Si contrata el paseo en una lancha descubierta, no olvide llevar gorro y abundante protector solar.

12.00 Desde las alturas

Como una aguja que busca alcanzar el cielo, el Burj Khalifa, con sus 828 metros, el edificio más alto del mundo, es una visita ineludible, a menos que sufra de vértigo. Parte del complejo del Dubai Mall, el Burj Khalifa ofrece vistas panorámicas de la ciudad y la experiencia de estar en una leyenda arquitectónica. Hay distintas opciones para la observación: el piso 124, por un lado, y la experiencia premium que combina observaciones desde el piso 125 (456 metros) y el 148 (555 metros), recientemente inaugurado. Los tickets suelen agotarse rápidamente. Se recomienda comprarlos con anticipación. La hora más solicitada es la del atardecer.​

Ya con los pies en la tierra, es tiempo de ver de cerca la Fuente de Dubai y de recorrer el Dubai Mall, interesante por su tamaño, por las tiendas, por el Aquarium y Underwater Zoo y por The Waterfall, caída de agua circular, que atraviesa varios pisos y tiene esculturas de hombres tirándose de cabeza.

El Burj Khalifa, Dubai

15.30 Rumbo al desierto

El desierto, las dunas, los orix, las gacelas. A fin de cuentas, el desierto es el paisaje natural de esta región y no conocerlo, no sentir la inmensidad del terreno, sería minimizarlo. Varias empresas ofrecen safaris en una zona cercana al centro de la ciudad. La compañía Arabian Adventures trabaja con zonas exclusivas, en este caso con la Dubai Desert Conservation Reserve, más alejada. Allí se llega en vehículos 4×4. La primera propuesta es disfrutar de un espectáculo en el que muestran cómo los halcones –ave de rol preponderante en la cultura de Medio Oriente– ayudaban a los beduinos con la caza.

Al Maha Resort & Spa de Dubai, un hotel de lujo en medio del desierto.

Luego, la diversión comienza: las camionetas, con menos presión en las gomas, surcan las dunas –siempre por rutas preestablecidas, se trata de una reserva– a modo de montaña rusa. La parada es para ver la puesta del sol, imperdible, en un horizonte de arena. Luego se puede cenar en una suerte de campamento beduino con todas las comodidades. Dátiles y café para la recepción, comida buffet que se disfruta en mesas bajas y almohadones, tatuajes de henna a disposición, breves paseos en camello, shisha (arguile) para fumar tabaco, un puesto de Al nassma, que vende chocolates hechos a base de leche de camello y, para el final, los seductores movimientos de una odalisca.

Paseos en camello por el desierto (Emiratos)

Con la noche, la oscuridad en el desierto es total. La 4×4 desanda la ruta. Allí, a lo lejos, nos esperan las luces de Dubai, ese oasis urbano, de vanguardia, que desafía al desierto y sorprende constantemente a los visitantes.​

Por Grisel Isaac
Con información de Clarín

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Potentes huracanes causados por un raro fenómeno

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Potentes huracanes causados por un raro fenómeno:El Cisne Gris

El término «cisne gris» proviene de la teoría del cisne negro, que se aplica para investigar eventos impredecibles que causan gran impacto…

«¿Qué es un cisne negro? Un hecho improbable, impredecible y de consecuencias imprevisibles. El Cisne Negro es una metáfora sobre la incertidumbre, desarrollada por el pensador de origen libanés Nassim Nicholas Taleb, residente en Estados Unidos y profesor de la Universidad de Massachussetts en Ambherst  . Tras la Guerra Civil de Líbano su familia se vio reducida, su prominencia política y su riqueza . Es hijo del Dr. Najib Taleb, oncólogo e investigador en el campo de la antropología y de Minerva Ghos».

Un raro fenómeno al que nombraron como «ciclones del cisne gris», ocasionará que áreas de la Península de Florida, en EU y los países del Golfo Pérsico, sufran la llegada de una serie de potentes huracanes.

Estos ciclones representan un fenómeno climático poco previsible, que a lo largo del siglo XXI, causará fuertes tormentas en las zonas costeras de EU, Emiratos Árabes Unidos y Australia, entre otros.

El estudio fue publicado en la revista científica «Nature Climate Change«, el cual se realizó mediante la moderación computarizada de múltiples tormentas pasadas y numerosos cálculos de datos sobre el cambio climático causado por la actividad humana.

Los resultados del estudio señalaron que la bahía de Tampa (Florida), en el golfo de México, sufrirá durante los próximos 85 años un huracán más fuerte que el Katrina.

El golfo Pérsico, que nunca ha experimentado la fuerza devastadora de las tormentas tropicales, podría generar por su parte un «cisne gris» que provocaría vientos de hasta 413 kilómetros por hora en ciudades tan pobladas como Dubái.

El tercer epicentro de estos huracanes tan poco previsibles, según el estudio, estará situado cerca de la ciudad australiana de Cairns, en el noreste del país.

Nos dice Orlando Arroyave:

El concepto de »cisne negro» fue empollado por Karl Popper. Era el corazón de su demarcacionismo científico; para discernir entre una teoría científica, siempre conjetural, de las no ciencias, tales como el psicoanálisis o el marxismo, tenemos que aplicar el »falsacionismo». Su propuesta se resumía así: lo que podemos hacer, con una teoría científica, no es verificar si »todos los cisnes son blancos», sino si hay al menos un cisne negro. Si encontramos un cisne negro, una hipótesis predominante quedará »falseada» o »refutada». O en el sentido de la sentencia de Taleb, »falsar es demostrar que se está equivocado». La hipótesis (»todos los cisnes son blancos») que resista un cisne negro, merece el adjetivo de »científica».

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La obscena dilapidación de un jeque…

Un jeque árabe construye un garaje de siete plantas en Londres para sus 114 coches. El Consejo de Wandsworth ha concedido la licencia de construcción al primer ministro y vicepresidente de Emiratos Arabes.

El proyecto cuenta con un presupuesto de unos 30 millones de euros ©abc.es
El proyecto cuenta con un presupuesto de unos 30 millones de euros ©abc.es

Mohamed bin Rashid Al Maktum, también conocido como «Jeque Mohamed», es el actual primer ministro y vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos y mandatario del emirato de Dubái.

Por si alguien tenía alguna duda acerca de su riqueza, obtuvo la licencia de obra para la construcción de un aparcamiento de seis plantas en Londres, donde podrá tener a buen recaudo su flota personal de coches de lujo, 114 en total, según el diario Daily Mail.

Sheikh Mohammed tiene previsto construir el aparcamiento junto al helipuerto de Battersea cerca del río Támesis, ya que de este modo tanto él como su familia pueden llegar a la capital británica en helicóptero y una vez allí escoger entre la larga lista de vehículos de que disponen.

La construcción del edificio tiene un presupuesto de unos 30 millones de euros, ya que además del subterráneo para la flota de coches tendrá un entresuelo y seis plantas en superficie, donde se instalarán oficinas, baños y alojamiento cinco estrellas para el personal.

Con información de ABC

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Sir Bani Yas,el moderno arca de Noé

Cetrería en E.A.U. ©afp
Cetrería en E.A.U. ©afp

Una isla de los Emiratos Árabes Unidos, concebida como un ‘arca de Noé’ para especies animales, propone un turismo respetuoso con la naturaleza, en contraste con las tiendas y los rascacielos de Dubái. Desde su inauguración hace seis años, Sir Bani Yas ofrece safaris entre mar y desierto, en medio de miles de animales en libertad.

Sus colinas rocosas, ríos y dunas forman 87 kilómetros cuadrados de vida salvaje para numerosas manadas de aves del desierto, jirafas, ciervos y leopardos, introducidos en la isla para enriquecer la biodiversidad.

También alberga un monasterio cristiano, el más antiguo de la era preislámica en la región del Golfo.

Por iniciativa del jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan, fundador de los Emiratos Árabes Unidos, “la isla fue transformada en 1971 en una reserva natural con la idea de convertirla en un ‘arca de Noé’ para especies amenazadas de extinción”, explica Marius Prinsloo, promotor del proyecto.

Con el tiempo, el número de animales fue aumentando hasta llegar a 13.500 ejemplares. Sir Bani Yas cuenta con 25 especies de mamíferos y 170 de pájaros. La isla posee una de las poblaciones más importantes en el mundo de órices de Arabia, un animal similar al ciervo que desapareció en estado salvaje en los años setenta debido a la caza, y solo sobrevivió en cautiverio. Las gacelas de montaña y del desierto conviven allí con jirafas y leopardos.

Sir Bani Yas se encuentra en el emirato de Abu Dabi, el más rico de la federación de los Emiratos Árabes Unidos, al disponer del 90 por ciento de las reservas petroleras. Dedica muchos fondos a la preservación de la naturaleza y a un programa de desarrollo cultural.

Dotada de tres unidades hoteleras de capacidad limitada y respetuosas con el medio ambiente, la isla de Sir Bani Yas supo preservar su carácter natural.

“Estos lugares son un testimonio de las distintas civilizaciones que prosperaron en la isla, habitada desde hace más de 7 mil 500 años”, asegura Fatima al Mutawa, responsable de relaciones públicas de este interesante destino natural.

Con información de El Tiempo

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Dubai: donde la palabra imposible no existe

Dubai: donde la palabra imposible no existe
Dubai: donde la palabra imposible no existe

Cuentan que cuando el hotel Burj al Arab de Dubai, aquel ícono cuyo inconfundible perfil se asemeja a una vela henchida al viento, estuvo terminado, en 1999, el Sheik Mohammed Bin Rashid Al Maktoum se llevó una enorme decepción. Más bien, lo que no aprobó fue la decoración minimalista y blanca de la estructura. «Esto no está terminado», parece que se quejó la máxima autoridad del emirato. Hubo que echar mano a toneladas de mármol de Carrara, terciopelo, alfombras tejidas a mano y oro. Sobre todo oro.

Porque así es Dubai. Una demostración permanente de lujo superlativo y grandeza, donde casi todo lo que brilla es, en efecto, oro. Será para contrarrestar un entorno exasperantemente monótono, dominado durante siglos por un desierto abrasador.

Lo cierto es que todos -es decir, el grupo de periodistas internacionales invitados hasta aquí por Dubai Tourism- queremos ver con nuestros propios ojos la ostentación de la que tanto se habla. Queremos palpar la esquizofrenia arquitectónica que ha hecho de esta ciudad la de mayor crecimiento del mundo, la de los proyectos faraónicos, la de los récords, la de los titulares constantes. El último de ellos: Dubai acaba de ser elegida como sede de la Expo Universal 2020, algo que ningún país de Medio Oriente había logrado en los más de 160 años de historia de la muestra.

Pero nuestro recorrido empieza por el sector más tradicional de la ciudad, Bastakiya. Es una suerte de aldea-museo que recrea los orígenes de la ciudad, un puñado de construcciones de barro y piedra de coral que solían pertenecer a los ricos mercaderes persas. Lo suficientemente ricos, al menos, como para poder refrescar sus casas con captores de viento, algo así como los antecesores del aire acondicionado. Cuesta imaginarse cualquier forma de vida bajo los 50°C que alcanza el termómetro en verano, sin una gota de sombra a la vista.

Tal vez por eso la mayoría de los antiguos habitantes de esta parte de la península Arábiga eran nómades y beduinos que vivían en tiendas de pelo de cabra, que se movían de oasis en oasis y que desarrollaron un negocio relativamente lucrativo con el comercio de perlas (hasta la década del 40, cuando se descubrió que era más fácil cultivarlas que bucearlas bajo el agua). Recién en 1966 se supo que debajo de ese inhóspito arenal yacía la tercera reserva de petróleo del mundo.

Además de sus casas perfectamente restauradas, de sus restaurantes y galerías de arte, Bastakiya cuenta con un centro cultural, el Sheikh Mohammed Centre for Cultural Understanding, que pretende acercar a los turistas hasta el mundo emiratí y, al mismo tiempo, derribar algunos prejuicios sobre el país y el Islam. Por eso nos acompaña Nassif, que en un inglés histriónico se esfuerza por explicarnos por qué los hombres se visten de blanco, por qué las mujeres de negro («Ellas nos torturan dentro de la casa, nosotros fuera», bromea). Por qué cubrirse de pies a cabeza ayuda a resistir el calor del desierto, a protegerse de las tormentas de arena, incluso a evitar las picaduras de mosquitos. Que las mujeres usan las abayas (las inconfundibles túnicas negras) esencialmente por elección y respeto a la tradición, que nadie las obliga a hacerlo.

Algunos escuchan con indisimulado descreimiento, aunque sí es cierto que Dubai es una de las sociedades más abiertas y tolerantes del mundo árabe. En las playas (sí, éste también es un destino playero) conviven las occidentales de tanga con las emiratíes de burkini (acrónimo de burka y bikini), un traje de baño que sólo deja al descubierto cara, pies y manos. Y si bien es sabido que debajo de sus vestidos las mujeres usan ropa de diseño de altísima gama, también las abayas empiezan a lucir bordados de oro, decoraciones con lentejuelas y hasta incrustaciones de cristales de Swarovsky.

Pero a no engañarse: Dubai sigue siendo una sociedad musulmana, con reglas musulmanas. En un shopping, por ejemplo, un cartel muestra a una pareja de la mano cruzada por un círculo rojo: No besarse ni dar muestras abiertas de afecto en el centro comercial, reza. Una revista local advierte que «publicaciones internacionales y diarios vendidos en Dubai están abiertos a censura», y se sabe que las escenas eróticas son cortadas en todas las películas exhibidas en la ciudad.

Hacia la conquista del cielo

Bastakiya y el resto de la ciudad vieja -o lo que queda de ella- está recostada sobre el Creek, un brazo angosto del Golfo Pérsico que separa Deira y Bur Dubai, las dos zonas principales de la ciudad. Unos viejos lanchones de madera hacen el trayecto entre una costa y la otra al irrisorio precio de 1 dirham (20 centavos de dólar). En ambos lados abundan las mezquitas, los mercados (de especies, del oro, de la seda), el ritual del regateo y los llamados a rezar. Pero son apenas resabios del villorio que alguna vez fue Dubai, y uno se queda con sabor a poco si lo que busca es auténtica cultura árabe. Mejor es admirar los prodigios arquitectónicos de una ciudad que cuenta con 600 rascacielos (imposible calcular con exactitud porque siempre hay alguno de estreno). Quien haya visitado ciudades como Shanghai o Hong Kong tal vez no se deslumbre con el dato, pero si se tiene en cuenta que antes de 2000 había en Dubai un solo rascacielo de más de 300 metros (el Burj al Arab), entonces cambia la cosa.

De todos los rascacielos, la torre Burj Khalifa le saca al menos medio cuerpo al resto. Hay que torcer mucho el cuello para poder ver el extremo de esta aguja que perfora el cielo y que ha dejado pequeños a todos los edificios del planeta. La torre más alta del mundo alcanza los 828 metros, aunque sólo se puede subir hasta el piso 124, a 442 metros del suelo. Más que eso, y estaríamos mirando nubes en lugar de edificios a medio terminar, el océano envuelto por una luz brumosa y, allí donde se levanta la última estructura de vidrio y acero, el desierto. Kilómetros y kilómetros de arena y calor.

Al igual que en el Empire State o la CN Tower de Toronto, los turistas se pegan al vidrio para sacarse la foto en la que aparecen casi suspendidos sobre la ciudad. Aunque también la pueden comprar, porque todos son retratados en la entrada del edificio que escaló Tom Cruise en Misión Imposible 4. O, si prefieren, en el infaltable gift shop pueden gastar sus dihrams en llaveros, chocolates o hasta legos con el diseño de Burj Khalifa.

Pocos prestan atención a los datos que ilustran las paredes: que la base de la torre está inspirada en las formas del hymenocallis, una flor del desierto, que los 52 ascensores suben 10 pisos por segundo, que en la construcción de la megaestructura participaron 12 mil trabajadores de 80 nacionalidades, que el cemento que se usó equivale al peso de 100 mil elefantes, que la fachada ocupa la superficie de 17 canchas de fútbol, y otros números tan impactantes como imposibles de comprobar.

Lo que vendrá

Probablemente no haya lugar en el mundo donde se construya tanto y tan rápido, ya sea en altura como hacia dentro del mar. Como en The Palm Jumeirah, hogar de expatriados y famosos como Diego Maradona. En realidad, existen dos islas con forma de palmera y está proyectada una tercera, pero la más conocida es Jumeirah Palm, que en su extremo luce el opulento hotel Atlantis The Palm, con habitaciones bajo el mar y paredes-peceras surcadas por tiburones.

También está en construcción The World, otro conjunto de islas artificiales que tienen la forma de países y representan el mundo entero. Aunque no existe, evidentemente, la isla de Israel. Y en el otro extremo de la ciudad está Dubai Marina, un distrito -otro más- de rascacielos y villas de lujo junto a un puerto deportivo, alrededor del cual hay montones de bares y restaurantes con terrazas (muchos de los cuales sirven alcohol a turistas).

Sería un desafío tratar de nombrar todos los complejos, parques de diversiones, malls, hoteles de superlujo y hasta microciudades que planean inaugurarse en el futuro inmediato en Dubai. Entre los más espectaculares seguramente estén Mohammed bin Rashid City, que tendrá el centro comercial más grande del mundo (desplazando del Guinness al Dubai Mall), el lago artificial más grande del mundo (no bastaba con un solo récord), canchas de golf y un parque público más grande que el londinense Hyde Park. Y está en construcción otro proyecto que, como muchos de los que surgen aquí, parece diseñado por un niño: Dubailand. De hecho será un complejo de entretenimiento dos veces mayor que Disneylandia. Que tendrá, entre otras cosas, una copia de Venecia, de la torre Eiffel y de las pirámides de Egipto…, incluso de mayor tamaño que los originales.

Y si faltaban inauguraciones, el ultramoderno aeropuerto de Dubai quedará como un segundón cuando termine de levantarse, en 2027, la terminal más grande -¡cómo no!- del mundo, en la que ahora mismo trabajan sin descanso más de 12.000 operarios para finalizarlo.

Vemos la maqueta del proyecto en el Air Show Dubai, una feria de la industria aérea comercial y militar en la que en un fin de semana se hicieron negocios por 200 mil millones de dólares, con récords de pedidos de aviones. Más allá de cazabombarderos, jets privados o el futurista Boeing 777X, una de las mayores atracciones fue la irrupción del sheikh y su séquito de jeques y guardaespaldas. Mohammaed Bin Rashid Al Maktoum tiene dos esposas, 21 hijos y dos pasiones: los caballos y la poesía (su libro, Poems fron the Desert, cuenta con una introducción de Paulo Coelho). También un lema que lo explica todo: La palabra imposible no está en el diccionario de los líderes.

Lejos de los récords, los aviones, las cordilleras de edificios y los proyectos más insólitos, nos despedimos de Dubai con un paseo bien turístico: una travesía en camioneta por las dunas anaranjadas del desierto, la vuelta en camello y una posterior cena -odalisca incluida- en un campamento con alfombras tendidas sobre la arena y menú autóctono. Las luces se apagan por unos segundos para apreciar la noche en el desierto.

Los Emiratos Árabes Unidos

Dubai es uno de los siete emiratos que integran los Emiratos Árabes Unidos (EAU) desde 1971, luego de haber formado parte del imperio británico. Si bien Abu Dhabi fue proclamada capital de la nueva federación, los emires de cada estado mantienen el mando absoluto, sin elecciones ni partidos políticos a la vista. Como contrapartida, la extraordinaria renta petrolera moderniza el territorio sin que nadie tenga que pagar nada. Pero a diferencia de sus vecinos, Dubai tiene apenas el 4% de las reservas de petróleo. Que se agotarían dentro de unos 10 ó 20 años, según las fuentes. Preparándose para ese futuro no tan lejano, la ciudad más grande de los EAU diversificó sus negocios y apostó al comercio global: estableció un beneficioso régimen de impuestos (son casi inexistentes), se convirtió en la meca de las inversiones internacionales y multiplicó su población por diez. Hoy roza los 2 millones de habitantes, 80% de los cuales son extranjeros. De éstos, una mínima parte exhibe pasaportes de Primer Mundo. El resto son indios, paquistaníes, bengalíes, malayos o filipinos que trabajan por salarios mínimos (aunque mayores que en sus países de origen) y en condiciones laborales que han levantado quejas de varios grupos de derechos humanos.

Sin mano de obra importada, Dubai no podría seguir creciendo a ritmo de infarto (la crisis inmobiliaria de 2008 quedó definitvamente atrás), persiguiendo su otro gran objetivo: instalarse como uno de los destinos turísticos más importantes del mundo. Ello explica no sólo el despliegue de hoteles, torres, shoppings o centros de entretenimiento, sino también la creación de una aerolínea como Emirates, que trae y lleva gente de todos los rincones del planeta (y hoy es una las mejores). Los números acompañan lo que en principio parecía un sueño ambicioso. Ya en 2010 Dubai era el séptimo destino más visitado del mundo, y en 2012 alcanzó los 10 millones de visitantes (un 100% más que en 1993; en tanto, los turistas sudamericanos crecieron un 18% en 2013 respecto a 2012). Para 2015 espera llegar a los 15 millones de turistas y para 2020, a los 20 millones. Ya se sabe que, para el sheikh, la palabra imposible simplemente no existe.

Con información de La Nación

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El primer super auto árabe

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Lykan HyperSport, el primer super auto árabe

A pesar de que pasó mucho tiempo desde que escuchamos hablar sobre el primer super auto árabe, la compañía encargada de su desarrollo confirma la presentación del modelo de producción en el próximo Salón Internacional del Automóvil de Dubai los próximos 5 al 9 de noviembre.

El denominado Lykan HyperSport, es el primer auto deportivo de altas prestaciones de origen árabe. Su desarrollo y fabricación está a cargo del fabricante libanés W Motors, quienes  presentaron el modelo conceptual a principios del presente año en el Autoshow de Qatar.

Para muchos la compañía W Motors podrá ser una completa extraña dentro del ramo automotriz, sin embargo no podemos negar que con la futura presentación del Lykan han conseguido realizar el auto más avanzado y lujoso del mundo entero.

El automóvil integra la letra «V» en varias partes de su diseño, incluyendo los rines, ya que representa el número 7 en árabe, el cual, a su vez, significa un valor especial para la compañía. Adicionalmente, es el número de vehículos que serán producidos por diseño, ya que sólo se fabricarán siete unidades a nivel mundial, y cada una tendrá un precio que rondará los 3.4 millones de dólares. ¡Esto es casi dos veces el precio de un Bugatti Veyron, y nueve veces lo que cuesta un Lamborghini Aventador!.  De acuerdo a W Motors, ellos serán quienes escojan a los siete propietarios entre todos los solicitantes.

El auto estará propulsado por un bloque bóxter twin turbo de seis cilindros cuyo origen todavía se desconoce, (se rumora que será Porsche) que entregará 750 caballos de potencia con un par realmente sorprendente de 737 lb-pie. La transmisión será de doble embrague con siete relaciones que le permitirá acelerar de 0 a 100 km/h en solo 2.8 segundos con una velocidad tope de 395 km/h.

Por si la parte mecánica fuera poca cosa, la compañía afirma que el nuevo Lykan tendrá un nivel de equipamiento más que vasto incluyendo una especie de display holográfico interactivo con mandos táctiles, un tablero de avanzada ID4Motion, un sistema único y exclusivo de apertura de puertas, luces de leds de diamante, costuras interiores con hilo de oro, conserje 24/24 y un reloj Cyrus Klepcys exclusivo para cada dueño.

Con información de : Terra

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Turismo islámico busca oferta halal

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El árabe disfruta en general viajando en tren, pero no cuando viajan por periodos largos en los que prefieren alquilar un coche”.

El auge del turismo islámico es una de las grandes tendencias del sector turístico en el siglo XXI. Se estima que el gasto de los turistas musulmanes aumentará un 52% de aquí hasta el 2020. Ante el crecimiento de este mercado, cada vez más empresas turísticas, sobre todo cadenas hoteleras, apuestan por desarrollar establecimientos «halal» (admisible). La oferta turística española también quiere crecer en este segmento.

Hacia el año 2020 el 14% de los viajes internacionales será realizado por turistas musulmanes, según un informe presentado por Dinar Standard en la feria ITB de Berlín el pasado mes de marzo.

Dicho informe se basó en los hábitos viajeros de musulmanes que residen en Asia, Oriente Medio, Norte de África y América y en una encuesta realizada a un millar de personas que realizan viajes internacionales habitualmente.

Preguntados sobre qué era lo más importante para ellos en el destino, el 67% indicó como respuesta la comida «halal», es decir, elaborada según los preceptos del Corán. Un 53% viaja con su familia, un 23% con amigos y un 19% con sus esposas.

Los autores del informe recomiendan a las empresas turísticas interesadas en estos turistas que no sólo ofrezcan menús halal, sino también habitaciones para el rezo u otros servicios especiales para el período de ayuno del Ramadán, como por ejemplo almuerzos antes de la salida del sol, como parte del paquete de viaje.

Por otra parte, Dinard Standard estima que los turistas musulmanes gastan casi 98.000 millones de euros en viajes al año y la previsión es llegar a los 149.000 millones de euros en el año 2020, un 52% más que ahora.

Ante el crecimiento de este mercado, cada vez más empresas turísticas, sobre todo cadenas hoteleras, apuestan por desarrollar hoteles «halal».

Casos prácticos

Los hoteles 100% «halal» no sirven bebidas alcohólicas, ofrecen menús con certificación «halal», instalaciones específicas para las mujeres, salas de oración y, en general, un ambiente acogedor para el turista musulmán.

Otros establecimientos optan por adaptar su oferta. Por ejemplo, durante el Ramadán, el famoso Hotel Sacher en Viena, Austria, dispone unas instalaciones específicas para la oración y las comidas especiales antes del amanecer («sahur») y a la puesta del sol («iftar»).

También otros locales como el lujoso Lord Milner en Londres o la cadena Holiday Villa hotel, se han adaptado instalando una señal de indicación «qibla» en sus habitaciones, que marca la dirección de La Meca.

El fundador y director ejecutivo de Crescentrating, Fazal Bhardeen, organización que hace clasificaciones de hoteles y aeropuertos de acuerdo a cómo se adecuan a las necesidades de los musulmanes, explica que este tipo de turismo es muy rentable ya que los turistas musulmanes viajan en grandes grupos familiares, permanecen en el lugar que eligen por períodos superiores a la media y tienen un gasto superior.

Destinos favoritos

Hasta ahora los destinos favoritos del turismo emisor musulmán han sido Egipto, Malasia, Turquía, Qatar o Emiratos Árabes Unidos.

Aunque otros destinos como Australia o Nueva Zelanda ya están adaptando su promoción turística a este tipo de viajeros.

En Dubai, Almulla Hospitality prevé abrir 150 hoteles Halal para el año 2015 en Medio Oriente, Europa y América del Norte.

Asimismo, la cadena hotelera Jawhara se propone implantar en el 25% de sus establecimientos en Dubai los servicios adecuados para que estos sean totalmente compatible con los preceptos contemplados en la Ley Islámica o Sharia.

Incluso estos hoteles dedican un 2,5% de sus beneficios netos como «zakat», la tasa de solidaridad o limosna islámica que se considera obligatoria para todo musulmán adulto con ingresos.

Por su parte, la cadena hotelera Kempinski pretende construir de aquí al 2015 cerca de 30 hoteles en colaboración con una consultora de asesoramiento islámico. Bajo la marca Shaza, se abrirán hoteles en el norte de África, la región del Golfo y Europa.

Best Western, ya ofrece hoteles Halal en Malasia, Bahrein y Omán, y se planea abrir más hoteles en los próximos años.

Por su parte, Rezidor Hotel Group, con sede en Bruselas, que opera marcas como Radisson SAS y Park Inn, ha estimado que el mercado hotelero compatible con la ‘Sharia islámica’ crecerá en torno a 20% por año durante la próxima década.

Turismo hacia España

Buena parte del turismo emisor islámico tiene su origen en los ricos países del Golfo Pérsico. El pasado mes de mayo, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo anunció sus planes para intensificar la promoción turística de España en dicha área.

El anuncio fue realizada durante la visita de la secretaria de Estado de Turismo, Isabel Borrego, a la feria turística Arabian Travel Market (ATM), que se celebró en Dubai.

De este modo, “la promoción pasará por poner en valor el patrimonio cultural y natural de España así como las diferentes posibilidades de nuestro país para el turismo de negocios, uno de los segmentos más buscados por estos turistas, además del de compras”, según informó el Ministerio.

El Gobierno también se ha comprometido a agilizar la emisión de visados turísticos en los países del Golfo.

Una muestra del poder adquisitivo de los turistas procedentes de estos mercados emisores la encontramos en el Índice de Precios Hoteleros de Hoteles.com. De acuerdo con esta web de reservas, los turistas de Oriente Medio son los visitantes que más gastaron en hoteles de España a lo largo de 2012, con una media de 145 euros.

Este gasto también conllevó el mayor incremento de la tabla con un 31% respecto a 2011. Cabe apuntar que en segundo lugar se situaron los turistas japoneses, con un gasto medio por habitación y noche de 121 euros, mientras que los viajeros australianos fueron terceros con 119 euros de media.

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