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Kazeh, Unyamwezy y el comercio con los omaníes

Damas fumando. Kazeh 1860

Hablando con propiedad, Kazeh, punto importante del África central, no es una ciudad; a decir verdad, en el interior no hay ciudades. Kazeh no es mas que un conjunto de seis vastas excavaciones, repleto de barracas y chozas con patios y huertecillos cuidadosamente cultivados; allí crecen cebollas, patatas, berenjenas, calabazas y setas de un sabor delicioso.

El Unyamwezy es la tierra de la Luna por excelencia, el fértil y espléndido jardín de África. En el centro se encuentra el distrito de Unyanembé, deliciosa comarca donde viven perezosamente algunas familias de omaníes, que son árabes de origen muy puro.

Durante mucho tiempo se dedicaron al comercio en el interior de África y en Arabia; traficaban en gomas, marfil, telas de algodón y esclavos; sus caravanas surcaban aquellas regiones ecuatoriales, y aún van a buscar a la costa objetos de lujo y de placer para mercaderes ricos, los cuales, rodeados de mujeres y criados, llevan en aquella encantadora comarca la existencia menos agitada y más horizontal posible, siempre tumbados, riendo, fumando o durmiendo.

Alrededor de esas excavaciones, numerosas barracas de indígenas, grandes extensiones para los mercados, campos de cannabis y de datura, hermosos árboles y frescas sombras: eso es Kazeh.

Es el punto de cita general de las caravanas: las del sur, con sus esclavos y cargamentos de marfil, y las del oeste, que exportan algodón y abalorios a las tribus de los Grandes Lagos.


Así es que en los mercados reina una agitación perpetua, una algarabía indescriptible donde se mezclan gritos de vendedores ambulantes mestizos, ruido de tambores y cornetas, relinchos de mulos, rebuznos de asnos, cantos de mujeres, chillidos de chiquillos y golpes de vara del imadar *, que en aquella sinfonía pastoral es quien marca el compás.

Allí se exhiben desordenadamente, o, por mejor decir, con un desorden encantador, telas vistosas, sartas de abalorios, objetos de marfil, dientes de rinoceronte y de tiburón, algodón, miel, tabaco; allí se llevan a cabo las más extravagantes transacciones mercantiles, en las que cada objeto sólo tiene valor en función de los deseos que excita.

Por Julio Verne


*Jefe de la caravana


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Día internacional de la mujer – Las mujeres del Islam

Cuando el llanto de un recién nacido sonaba en un casa de Meca, el padre sentía una poderosa sensación de desconcierto, especialmente cuando se le anunciaba que era una niña. No podía imaginar un destino peor.

“Se esconde de la gente a causa del mal de lo que se le anunció, pensando si se quedará con ello a pesar de la vergüenza o lo enterrará. ¿Acaso no es malo lo que juzgan?” (La Abeja, 16:59)


Por ello, se escurría en la oscuridad para enterrar a su hija en una tumba, con el fin de no volver a verla ni escucharla nunca más. Esto sucedía en la sociedad de Arabia antes del 621 d.C, en que se pensaba que a una niña recién nacida no merecía la pena mantenerla con vida. E incluso si vivía, llevaría una vida sin oportunidades. Entonces, en el año del elefante, llegó Muhammad, que la paz sea con él, como una misericordia para todos los mundos y una luz para la humanidad. Hizo que los hombres se dieran cuenta de que tenían que temer un día “Cuando la niña enterrada viva sea preguntada por qué crimen la mataron” *.

* [Alude a la práctica de la ignorancia anterior al Islam por la que algunos árabes enterraban vivas a sus hijas al nacer.] “…y en este día, todo aquel que perpetró este mal, tendrá que rendir cuentas por ello” (El Arrollamiento, 81:8-9)

El Islam llegó como una guía para toda la humanidad y como un catalizador en la vida de las mujeres, transformando su situación de la noche a la mañana. Los derechos de la mujer, un concepto que nunca antes se había escuchado, ni siquiera pensado, se estaba imponiendo y protegiendo. De ser una simple mercancía y un objeto de uso, las mujeres pasaron a tener dignidad y voz.

El Profeta, que la paz sea con él, enseñó que no hay diferencia en la valía de los creyentes en función de su sexo. Ambos tienen los mismos derechos y obligaciones de aprender y de enseñar. Las mujeres tienen la misma responsabilidad que los hombres a la hora de condenar el mal y ordenar hacer el bien. El Islam ha puesto el paraíso bajo sus pies como madres, [de ahí el hadith “El Paraíso está bajo los pies de la madre”]. Son la razón por la que sus padres entrarán en el Jardín, y una parte fundamental de la creencia de sus maridos, quienes, si no las honran, no habrán completado su fe. Fue a través de esta recién adquirida posición que las mujeres se elevaron y dejaron su impronta en la Historia.

Las mujeres musulmanas contribuyeron al legado del Islam como eruditas, juristas, gobernadoras, benefactoras, guerreras, mujeres de negocios, expertas legales y demás. El hogar del Profeta era lo que todos los compañeros tomaban como ejemplo y guía, y en él las esposas tenían personalidad y voz propia. Jadiya, quien era su compañera y confidente, fue una exitosa mujer de negocios que le apoyó moral y financieramente cuando recibió la Revelación; Aisha bint Abu Bakr transmitió grandes cantidades de conocimiento procedente de él y se convirtió en una gran jurista y erudita. El consejo de Umm Salama fue aceptado por el mismo Profeta en el momento del tratado de Hudaibiyah; Hafsa, la hija de Umar ibn Al-Jattab, fue la primera persona en quien se confió el Corán escrito cuando murió su padre.

Eruditas del ‘hadith’

La contribución de las mujeres a la preservación del hadith, o dicho y hecho atribuido al Profeta, ha sido de gran importancia. Un estudio de los textos de hadith nos indica que la mayoría de los primeros recopiladores recibieron muchos de ellos de mujeres que hicieron las veces de transmisoras directas. Ibn Hajar estudió bajo 53 mujeres diferentes, As-Sajawi recibió iyazas (licencias de enseñanza), de 68 mujeres, y As-Suyuti tuvo más de 33 maestras, un cuarto de la totalidad de sus maestros.

En el siglo X destacan Fatima bint Abdur-Rahman, comocida como as-sufiyyah, por su devoción; Fatima, la nieta de Abu Dawud, recopilador del Sunan; Amat al-Wahid, la nieta del distinguido jurista al-Muhamili; Umm al-Fath Amat as-Salam, la hija del juez Abu Bakr Ahmad; Jumuah bin Ahmad, cuyas clases eran atendidas por reverenciales audiencias. Todas ellas jugaron un rol importante en su tiempo.

Fathima bint al-Hasan ibn Ali Ad-Daqqaq al-Qushayri fue una gran erudita de los siglos XI-XII, conocida no solamente por su devoción y su maestría con la caligrafía, sino también por su conocimiento de los hadices y por la calidad de sus isnads (cadenas de transmisión). Karimah al-Marwaziyyah fue considerada una de las mayores autoridades de Sahih al-Bujari [la principal recopilación de hadices autentificados] su tiempo; Abu Dharr de Herat, uno de los eruditos más prominentes de ese tiempo, le daba tanta importancia a su autoridad en el Sahih al-Bujari, que recomendaba a sus estudiantes estudiarlo solamente a través de ella por la calidad de su erudición. Entre sus estudiantes se encontraron Al-Jatib al-Baghdadi y Al-Humaydi.

Fatima-bint-Muhammad, conocida como as-Shahdah, la escritora, recibió el honrado título de Musnida Asfahan (la gran autoridad en hadith de Isfahan). Fundó un centro de espiritualidad que su marido dotó generosamente. Sus clases de Sahih al-Bujari eran atendidas por multitudinarias audiencias y muchos incluso clamaban falsamente haber sido sus discípulos.

Sitt al-Wuzra fue otra conocida autoridad del Sahih al-Bujari, quien, además de ser una gran erudita en jurisprudencia islámica, daba clases sobre al-Bujari en Damasco y Egipto. De igual forma, Umm al-Khayr Amat al-Khaliq, fue considerada la última gran erudita del hadith en el Hiyaz.

En el siglo XIII, en Damasco, encontramos a Umm al-Darda, una importante jurista entre cuyos estudiantes se encontraba Abdul Malik ibn Marwan, el Califa en aquel momento; solía enseñar hadith y fiqh en la mezquita. Ilyas-ibn-Mu’awiyah, un importante erudito de aquel tiempo y juez de mérito indiscutible, la consideraba superior a todos los demás eruditos del hadith de su tiempo.

Aisha bint Sa’ad bin Abi Waqqas fue una jurista y erudita, maestra del conocido erudito Imam Malik, el fundador de la escuela de jurisprudencia maliki. Sayyida Nafisa, la nieta del Profeta e hija de Hassan bin Ali bin Abu Talib, fue una conocida maestra de jurisprudencia cuyos estudiantes provenían de sitios lejanos, siendo uno de ellos el Imam Shafi’, famoso erudito y fundador de la escuela de jurisprudencia Shafi’. Fue ella quien cubrió sus gastos de educación.


Enseñaban a hombres y mujeres

Es esta una tradición que nos viene de la época del Profeta, la paz sea con él, y de su esposa Aisha, que fue una de las grandes juristas y Sabias del Islam.

Ashifa bint Abdullah fue la primera mujer musulmana nombrada encargada e inspectora del mercado por el Califa Umar Ibn al-Jattab. Amra bint Abdurrahman fue una de las grandes eruditas del siglo XVIII, llegando a ser jurista, Mufti y erudita del hadith. El el tiempo del Califa Umar se la consideraba una gran autoridad en las tradiciones transmitidas por Aisha, la esposa del Profeta, que la paz sea con él. Entre sus estudiantes se encontraban Abu Bakr ibn Hazim, el conocido juez de Medina a quien el califa Umar ibn Abdul Aziz ordenó que recogiera todos los hadices transmitidos por ella.

Aisha bint Muhammad ibn Abdul Hadi fue una erudita de Damasco quien enseñó a muchos conocidos eruditos y que poseía la cadena de transmisión más corta hasta el Profeta Muhammad. Fue maestra de Ibn Hajr al Asqalani, el mayor erudito de su tiempo. Fatima al-Batayahiyyah fue una distinguida mujer de edad avanzada que enseñaba el Sahih al-Bujari en la misma mezquita del Profeta.

En el siglo IX encontramos a Fatima al-Fihriyya, en Fez, Marruecos, quien fundó la mezquita, y primera universidad del mundo, la Qarawiyyin. Esta fue establecida en el año 859 y a través de ella se extendió el uso de los números árabes en Europa. La universidad adjunta a la mezquita es la primera universidad y la más antigua que sigue en funcionamiento. Los estudiantes acudían de todas partes del mundo para estudiar ciencias, lenguas y estudios islámicos.

Fatima de Córdoba fue una bibliotecaria de siglo X que supervisaba setenta bibliotecas con más de 400.000 libros, mientras que las bibliotecas más avanzadas en Europa en ese momento tenían algunos centenares a lo sumo. En el siglo XI encontramos Banafshaa’ ar-Rumiyya, quien restauraba escuelas, puentes y casas para los pobres en Bagdad.

Después de ellas podemos mencionar a Abidah al-Madaniyya, Abdah bint Bishr, Umm Umar Ath-Thaqafiyyah, Zaynab, la nieta de Ali ibn Abdullah ibn Abbas, Nafisah bint al-Hassan ibn Ziyad, Khadijah Umm Muhammad, Abdah bint Abdar Rahman y muchas otras mujeres que sobresalieron dando clases públicas sobre hadith. Abidah comenzó siendo una esclava de Muhammad ibn Yazid. Aprendió un gran número de hadices y relató cerca de 10.000 provenientes de la autoridad de sus maestro, Madani. Cuando fue entregada por su señor a Habib Dahhun, el gran erudito de los hadices en Al-Andalus, durante una visita a Jerusalén, este quedó tan impresionado por su conocimiento que la liberó, se casó con ella y se fueron de vuelta a Andalucía.

Zaynab bint Sulaiman, al contrario que Abidah, fue una princesa. Su padre fue un primo de As-Saffah, el fundador de la dinastía Abasí, y fue gobernador de Basrah, Oman y Bahrain durante el califato de Al-Mansur. Zaynab recibió una cuidada educación y adquirió maestría en los hadices, ganándose una gran reputación, como una de las eruditas más importantes de su tiempo. Muchos hombres acudían a sus clases.

En el siglo XII tenemos a Shuhadah bint Ahmad al-Ibrii, quien estudió en Bagdad con conocidos eruditos del hadith y se convirtió en una gran erudita y jurista. Era conocida como el ‘orgullo de las mujeres’. Zainab bint Kamal enseñó más de 400 libros de hadith en algunas de las más prestigiosas instituciones académicas de Damasco, y mostraba tanta erudición y amabilidad que se ganaba el corazón de todos los estudiantes. También podemos ver a Fathima bint Muhammad al-Samarqandi, una jurista que aconsejaba a su famoso marido sobre las fatwas. Más recientemente, el el siglo XIX, encontramos a Nana Asma’u de Nigeria; una poeta, maestra, erudita y consejera de su padre, el famoso Usman Dan Fodio.

Mujeres gobernadoras

Algunas de las mujeres que sobresalieron como gobernadoras fueron Arwa al-Sulayhi, una mujer Yemení del siglo XI, quien gobernó durante 77 años y que era conocida como “La noble dama”. También destacó la Sultana Shajarat al-Durr, quien tomó control de Egipto tras la muerte de su marido en el siglo XIII.

Dhayfa Jatún, la sobrina y nuera de Salah Al-Din al-Ayyubi, tras la muerte de su hijo, el rey Abdul Aziz, se hizo reina de Alepo y gobernó durante cuatro años. Durante su reinado se enfrentó a las amenazas de los cruzados, Khuarzmain, los mogoles y los selyúcidas. Además de su función política y social, también apoyó la educación en Alepo, donde fundó dos escuelas.

Sitt al-Mulk fue una princesa Fatimí de Egipto, cuyas conocidas dotes administrativas estaban de acuerdo con las leyes islámicas.

La reina Zubayda, esposa del califa del siglo IX, Harun Ar-Rashid, era famosa por sus generosas contribuciones destinadas a construir recursos para obtener agua y casas para los peregrinos hacia Meca. Fue una intelectual que expresaba sus opiniones políticas en público y que patrocinaba a poetas y escritores -aunque no fuesen musulmanes-, a eruditos religiosos y a los necesitados. El famoso pozo de Zubayda, en las afueras de Meca, todavía lleva su nombre.

En India encontramos a Razia Sultana, la única mujer que ocupó el trono de Delhi durante cuatro años en el siglo XIII. Firishta, un historiador del siglo veinte escribió: “Razia era mejor que veinte hijos”.

Hurrem Sultán, también conocida como Roxelana, fue capturada como prisionera en el siglo XVI en las campañas de Crimea durante el reinado de Yazuz Sultan Salim, llevada al palacio otomano y presentada a Sultan Suleiman, quien más adelantes de casó con ella. Fue la fundadora de una gran número de instituciones, entre las que se incluyen el complejo de una mezquita que cuenta con una madrasa, una cocina pública, un hammam para hombres y mujeres, dos escuelas y un hospital para mujeres. También construyó cuatro escuelas en Meca y una mezquita en Jerusalén.

La educación de las niñas era una orden enfatizada por el Profeta Muhammad. Amina fue la reina de Zazzua, una provincia de Nigeria, en el siglo XVI. Cuando tenía dieciséis años se convirtió en la heredera aparente de su madre. Amina eligió aprender las artes militares y se convirtió en la líder de la caballería zazzua. Durante su reinado, que duró 34 años, expandió su territorio hasta los máximos límites que llegó a alcanzar. Se centró principalmente en que los gobernadores locales aceptasen el estatus de vasallos y permitiesen el paso seguro de los comerciantes Hausa. Se le atribuye el mérito de construir fortificaciones de tierra, características de los Hausa. Muchos de los pueblos y ciudades crecieron gracias a estas murallas, que aún hoy son conocidas como las murallas de Amina.

Hubo una familia de mujeres que gobernó Bophal entre 1819 y 1924, siendo la última gobernadora Begum Kaikhursau Jahan. Esta familia era conocida por haber mejorado la líneas de tren, los sistemas de agua, el sistema postal y la líneas de transporte con la vecindad.

Las mujeres musulmanas también se aseguraban de dejar una legado intelectual y académico. Sutayta al-Mahamili fue una matemática que vivió en la segunda mitad del siglo X y procedía de una familia educada en Baghdad. Sobresalió en muchos campos, como la literatura, la ciencia del hadith y la jurisprudencia. Inventó soluciones para muchas ecuaciones que han sido usadas por otros matemáticos y que muestran su aptitud para el álgebra. Fue alabada por historiadores como Ibn al-Jawzi, Ibn al-Jatib e Ibn Kazir.

Mujeres de Al-Andalus

Labana de Córdoba vivió en el siglo X en España y era una experta en matemática, pudiendo resolver los más complejos problemas geométricos y de álgebra conocidos en aquel tiempo. Trabajó como la secretaria personal del califa Omeya Al Hakam II.

Aisha, hija del príncipe Ahmed de Al-Andalus, quien vivió en el siglo XI, sobresalió en la rima y la oratoria. Sus versos causaban entusiasmo entre los graves poetas cordobeses, y su biblioteca era una de las mejores y más completas del reino.

Wallada, una princesa almohade del siglo XI, era conocida por su conocimiento de la poesía y la retórica, y por sus conversaciones, extraordinarias en cuanto profundidad y originalidad. En las competiciones académicas de Córdoba, la capital que atraía a los más sabios y elocuentes de la Península Ibérica, nunca fallaba en superar, en la prosa y la composición poética, a todos sus competidores.

Al Ghazaniya y Safiyya, las dos sevillanas, eran conocidas por sus genio poético y oratorio en el siglo XI. Safia además era única en la perfección y belleza de su caligrafía.

Miriam, la hija de Al-Faisuli, era conocida por sus logros literarios en todo Al-Andalus. Su agudo ingenio y la sátira de sus epigramas no tenía igual a finales del siglo XI.

En el arte de la caligrafía hay un nombre que surge una y otra vez, el de Thana, una sirviente en la casa de Ibn-Qayyuma. Ibn Qayyuma era el tutor de uno de los hijos del Califa Mansur. Una de las dos que mandó a aprender bajo el mejor calígrafo de su tiempo, Ishaq bint-Hamad, fue Thana, cuyos pupilos dicen que ‘escribió los manuscritos de medidas originales, que no han vuelto a ser igualados’.

Umm-al-Sa’d, en el siglo XI, era conocida por sus familiaridad con las tradiciones islámicas. Al Fihrist-ibn-al-Nadim, un historiador del siglo XVIII, nombra a muchas mujeres con múltiples habilidades. Dos de ellas eran expertas en la gramática, una muy respetada rama de conocimiento relacionada con el uso correcto y completo de la lengua árabe. Una de ellas, en el siglo XI, procedente de ‘las tribus’ era una experta en los dialectos del árabe. Otra conocía las leyendas tribales; una tercera escribió un libro titulado Formas raras y fuentes de los verbos. En un campo diferente, Arwa escribió un libro sobre sermones, moral y sabiduría.

Rasa, un mujer india, fue la autora de un libro sobre el trato médico y cuidado de las mujeres, el libro sigue estando disponible entre los libros de medicina en árabe. Mariyah-al-Qibtiyyah, que era egipcia, escribió sobre la alquimia en el siglo XIII.

Al Ijiliyyah bint al-Ijili al-Asturlabi, siguió el curso de su padre, de quien tomó el nombre el astrolabio, en Alepo, y trabajó en la corte de Sayf-ad-Dawla, uno de los poderosos gobernadores Hamdanin en el norte de Siria.


Mujeres médicos

La Sharia requiere que los musulmanes se preocupen por todas las esferas de la sociedad. Con la llegada del Islam la mujeres pudieron empezar a trabajar como médicos tratando a hombres y mujeres, especialmente en el campo de batalla. El honor de ser la primera enfermera lo tuvo Rufayda bint Sa’ad al-Aslamiyya, quien vivió en el mismo tiempo del Profeta. Ayudó a curar y tratar a los heridos en la batalla de Badr, el 13 de marzo del 625. Aprendió la mayoría de sus habilidades de ayudar a su padre, Sa’ad al-Aslami, quien también era médico.

Al Shifa bint Abdulla al-Quraishiyya al-Adawiyah fue una de las mujeres sabias de su tiempo. Estuvo involucrada en los asuntos de la administración pública y también era médico. Su nombre era Layla, pero recibió el apodo de ‘Al-Shifa’ que significa ‘la que cura’.

Nusayba bint Ka’ab al-Mazneya, puso en práctica sus conocimiento en la batalla de Uhud; Umm-e-Sinan Al-Islami pidió el permiso del Profeta para salir al campo de batalla a ayudar a los heridos y a llevarles agua; Umm Warqa bint Harith, quien participó en la recopilación del Corán, también ayudó en la batalla de Badr.

Nudaybah bint al-Harith, también conocida como Umm al-Athia, ayudaba con los heridos en las batallas y proveía a los soldados con agua, alimentos y primero auxilios; incluso hacía circuncisiones.

Líderes políticas

El relato más cercano de una erudita actual, que dedicó su vida al Islam, es el de Zainab al-Ghazali. Nació en 1917 en Egipto y estuvo relacionada al principio con los Hermanos Musulmanes. Su padre la animó a convertirse en una líder islámica citando el ejemplo de Nusayba bint Ka’ab al Muzaniyya, una mujer que luchó junto al Profeta en la batalla de Uhud. A la edad de diecinueve años fundó la Jama’at al-Sayyidat al-Muslimaat (Asociación de mujeres musulmanas), que contaba con tres millones de miembros cuando fue disuelta por el gobierno en 1964. Hasan al-Banna la invitó a unir su asociación con su movimiento de los Hermanos Musulmanes, oferta que rechazó para mantener su autonomía.

Sus clases semanales atraían a cerca de cinco mil personas. Además de ofrecer clases a las mujeres, la asociación tenía un orfanato, asistía a familias pobres, mediaba en disputas familiares y tenía una publicación periódica. Pasó una larga temporada en la cárcel en la que fue sometida a numerosas dificultades y escribió un libro que fue traducido al inglés como ‘El retorno de la faraona’. Murió el 3 de agosto de 2005 con 88 años.

El Dr. Akram Nadwi, autor contemporáneo de una obra de 40 volúmenes sobre la mujeres eruditas en el Islam, Al-Muhaddizat, sacó a la luz en su investigación muchas eruditas y sus logros, que en la mayoría de los casos están hoy olvidados. Su idea era desmontar la visión acerca de la supuesta sumisión de la mujer en algunos países de mayoría musulmana:

“En un principio creí que habría unas 30 o 40 mujeres, pero a medida que la investigación continuaba, la cuenta seguía aumentando hasta que me di cuenta de que tenía no menos de 8.000 notas biográficas de mujeres que habían jugado un rol importante en la preservación y avance de las tradiciones y ciencias islámicas desde el tiempo del Profeta, que la paz sea con él. Estas mujeres no eran, ni mucho menos, mediocres en comparación con los hombres, y de hecho, muchas excedieron a sus contemporáneos masculinos. Estas eran mujeres excepcionales que no solo participaban en la sociedad, sino que ayudan a que esta se reformase. Una de las cosas más impactantes era su calibre intelectual y el reconocimiento que recibieron por ello”.

Por Zaynab Aliyah
Con información de Young Muslim Digest

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Ser árabe – Cuando se conjugan el corazón y la razón

Sin lugar a dudas, la cultura árabe contiene una gran riqueza de tradiciones y costumbres muy arraigadas. Estando presente en todo el mundo a través de sus expresiones culturales como la danza, música, literatura y gastronomía.

Igualmente se ha destacado por tener personalidades como Jaber íbn Hayyan, Amr Diab, Yasser Arafat, Ibn Sina, Al-Mamún, y el Profeta Muhammad.

Rasgos de esta cultura se muestran en ciudades como El Cairo, Abu Dhabi, Jiddah, Dubái, Marrakech, Luxor y Medina.

Cultura árabe

La cultura árabe se originó en la Península Arábiga, extendiéndose geográficamente por el norte de África y Medio Oriente.

Se conoce como mundo árabe al conjunto de países que hablan la lengua arábiga y que conforman la Liga Árabe. En este sentido, las naciones que conforman el mundo árabe son: Egipto, Irak, Jordania, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Yemen, Libia, Sudán, Marruecos, Túnez, Kuwait, Argelia, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Omán, Mauritania, Somalia, Palestina, Yibuti y Comoras.

Por ello es importante señalar, que la valoración de la cultura árabe, aunque tenga vínculos históricos con el Islam, es exclusivamente lingüística, tanto que muchos musulmanes no hablan árabe y un grupo de árabes profesan otras religiones.

Nacionalismo árabe

El nacionalismo árabe procura la alianza de prácticamente todo el mundo árabe como una sola nación. De tal forma, existen tres factores que determinan si una persona puede ser considerada árabe o no.

Políticos: si vive en un país miembro de la Liga Árabe, definición que cubre a más de 300 millones de personas.
Lingüísticos: si el idioma materno es el árabe, un concepto que abarca más de 200 millones de personas.
Genealógicos: si tiene ascendencia de originarios de la Península Arábiga.

Cuando fue fundada la Liga Árabe se estableció que: “árabe es una persona que hable árabe, viva en un país de lengua árabe, y simpatice con las aspiraciones de los pueblos árabes”.

En la organización geopolítica del mundo árabe, adicional a la Liga Árabe, el territorio se divide de la siguiente forma:

Magreb: son los países que se encuentran al occidente de Egipto, como Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Estas naciones conforman la Unión del Magreb Árabe o UMA.
Mashrek: está conformado por el resto de las naciones que se ubican al oriente del mundo árabe, incluyendo Egipto. La única organización existente en esta área es el Consejo de Cooperación para Estados Árabes del Golfo, integrado por Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Entre otros organismos políticos dedicados a incentivar el desarrollo económico, político y hermandad entre los árabes, para la organización de la economía ,el Fondo Monetario Árabe, Consejo de Cooperación Árabe, Consejo Económico de Unidad Árabe, Organización de los Países Árabes exportadores de Petróleo.


Períodos históricos

Se pueden distinguir dos grandes períodos históricos de la cultura árabe, que sirvieron la culturizar a Europa.

Preislámico

Esta etapa estuvo formada por los pueblos semitas que emigraron de la Península Arábiga, caracterizados por tener un idioma parecido. Así, los babilonios, caldeos, asirios, egipcios, arameos, fenicios, nabateos, sabaneses, himaritas fueron la base de la cultura árabe. De estos pueblos que actualmente conforman el mundo árabe, sobre todo Egipto, los griegos adquirieron muchos de sus conocimientos.

Islámico

Durante este período aparece el Islam, los pueblos de origen semita se unen en torno a las prédicas de Muhammad, constituyendo una civilización árabe musulmana. Con la muerte de Muhammad, empieza la expansión del Islam y una serie de disputas por el poder político-religioso. En este sentido, los sucesores de Muhammad fueron sus discípulos, llamados califas, que instauraron los siguientes califatos.

Ortodoxo (632 -660 D.C.).

Fue el único califato elegido y reconocido por los musulmanes suníes y shiíes. Estuvo distinguido por cuatro califas: Abu Beker, Omar, Otman y Alí, quienes implantaron la Guerra Santa contra los infieles. Conquistaron Palestina, Siria, Armenia, Bizancio, Mesopotamia, Persia y Egipto, y establecieron la capital en Medina.

Omeya (660 – 750 D.C.).

Constituye el primer califato hereditario de orientación musulmana sunnita. Instauraron la capital en Damasco, e iniciaron nuevas conquistas como Beluchistán, Afganistán, Turquestán, norte de África y España.

Abásida (750 – 1242 D.C.)

Fue un califato impuesto por Abu Abbas, luego de asesinar a la familia de los Omeyas, trasladando la capital a Bagdad y posteriormente a El Cairo.

El Islam se expandió hasta las fronteras con la India, pero una cantidad de vaivenes y diferencias generaron su división en tres califatos. De esta manera la civilización árabe musulmana quedó separada en: Califato de Bagdad, Califato de Córdoba, y Califato de El Cairo.

Escritura

Se puede afirmar que la escritura árabe es el principal arte islámico, ya que está basada en veintiocho letras del alfabeto árabe que se unen entre sí, formando las palabras mediante ligeros trazos de caligrafía cursiva llamados ductus, que poseen una gran flexibilidad y elegancia, a la vez que permiten alargar o compactar palabras.

Antes de la llegada del Islam, la mayoría de los árabes rendían culto a varios dioses como Hubal, Wadd, Al-Lat, Manat y Uzza. En ese entonces, algunos pueblos profesaban el cristianismo, otros el judaísmo y un grupo muy reducido, los hanif, rechazaban el politeísmo. Con la expansión del Islam, la mayoría de los árabes se convirtieron en musulmanes, desapareciendo las tradiciones politeístas.

Las principales corrientes de la religión islámica

Sunnitas: constituyen la rama más grande del Islam, y profesan los preceptos establecidos en las enseñanzas de Muhammad. Los sunitas dominan la mayoría del territorio del mundo árabe, especialmente al norte de África.

Shiitas: son los seguidores del yerno de Muhammad, llamado ‘Ali , al cual consideran su sucesor legítimo. Predominan en Bahréin, sur de Irak, adyacencias de Arabia Saudita, sur de Líbano, algunas partes de Siria, norte de Yemen, sur de Irán, y en las costas de Omán.

Otras corrientes son el sufismo, el jariyismo y yihadismo.

Dentro de la religión de la cultura árabe, los cristianos siguen a las iglesias maronitas, coptas, siriacas y griegas ortodoxas, en cambio los judíos no son considerados árabes.

También existe una pequeña comunidad drusa, una rama minoritaria del Islam, que se encuentra principalmente en Siria, Líbano y Jordania.

En la cultura árabe existen diferentes tipos de símbolos y costumbres de acuerdo a cada región, pero hay algunas que generalmente son una constante.

Vestimenta

Existe una tendencia a ser conservadores en la vestimenta, y en muchas ocasiones difieren de la forma de vestir occidental. Por ejemplo, las mujeres en Egipto usan un pañuelo para cubrir su cabeza llamado hijab, mientras que en Arabia Saudita se cubren la mitad inferior de la cara con un niqab, contrariamente, en Líbano el estilo es más occidental. Los hombres se visten con túnicas y camisas largas u otros usan trajes o jeans con una camiseta.

Para los árabes los valores como la lealtad y el honor son importantes en las relaciones para establecer la confianza. El sentido de la amistad, en esta cultura, es tomado muy en serio, por ello son muy selectivos. Ello incide en la interacción masculina, por ejemplo, cuando dos amigos se encuentran, se abrazan, se intercambian besos en la mejilla o se cogen de la mano si van caminando, no indicando esta conducta una preferencia sexual. Usualmente los hombres cuando conversan con una mujer no mantienen un contacto visual, y menos le estrechan la mano.

También, las leyes del matrimonio en el mundo árabe, le permiten al hombre tener hasta cuatro esposas al mismo tiempo.

Otra característica de la cultura árabe es la arguile, una pipa de agua que se suele fumar entre varias personas.

Una frase muy frecuente en la cultura árabe es In Shâ Allâh, que quiere decir si es lo que Dios quiere.

Legado árabe

El legado que le ha dado la cultura árabe a la humanidad aparte de inmenso, ha sido muy valioso.

Medicina.

En la antigua cultura árabe se descubrió la circulación de la sangre, se realizaban operaciones con anestesia y amplia tecnología.

Farmacia.

Los árabes fueron excelente alquimistas, descubriendo fórmulas químicas que se usan actualmente en muchas medicinas.

Química.

Lograron la extracción de minerales y metales, la mezcla de colores, el curtido del cuero y otras técnicas que surgieron de los procesos de investigación de sustancias químicas.

Fueron los pioneros en elaborar el papel de algodón, que sirvió posteriormente para que los europeos desarrollaran la imprenta.

Geografía.

No solamente en la cultura árabe se perfeccionó la brújula, debido al gran conocimiento astronómico, sino que también, elaboraron la cartografía que posteriormente utilizó Colón para «descubrir» América.

Arquitectura.

Sobresalieron en la construcción de muchas mezquitas con unos diseños propios y decorados en marfil, madera, yeso esculpido, mosaicos.


Otros aportes

En los números y la matemática fueron los precursores del cero, álgebra, trigonometría y geometría. De igual forma se le asigna al califa y poeta Al-Mamún la inspiración de la famosa obra Las mil y una noches.

La gastronomía árabe se ha internacionalizado con platos como el kebbe, cuscús, falafel, maqluba, hummus, shawarma, etc.

Vestimenta:

En la vestimenta árabe está prohibida la valoración de la mujer por su belleza física, el vestuario femenino es variado y se caracteriza por algunas indumentarias que no impiden el cumplimiento de su rol en la sociedad, siendo una de las más conocidas el hiyab. La forma en la que visten se basa en lo que reglamenta el Corán, de esta manera, se enfoca en aspectos tales como: no debe ser estrecha, transparente, imitar alguna moda y evitar los colores llamativos. Sin embargo, existen variaciones en la manera de vestir en los países que componen la cultura árabe.

Un requisito fundamental de la vestimenta árabe, es que el hombre debe cubrir el awrah, es decir, la parte del cuerpo entre el ombligo y las rodillas, igualmente, los atuendos deben ser sencillos, ligeros y no ceñidos al cuerpo. Generalmente, en los países del mundo árabe, los hombres utilizan como prenda diaria una túnica ancha de mangas largas que llega hasta los tobillos, llamada thawb o suriyah, que en verano es de algodón blanco y en invierno de lana oscura, además, lo acompañan con un turbante o kufiyya que usan en la cabeza, representando uno de los símbolos árabes.

Aunque en la cultura árabe está prohibida la valoración de la mujer por su belleza física, el vestuario femenino es variado y se caracteriza por algunas indumentarias que no impiden el cumplimiento de su rol en la sociedad, siendo una de las más conocidas el hiyab, que es una mantilla que cubre completamente la cabeza y el cuello, representando un símbolo tanto religioso como femenino con una gran variedad de estilos, como el niqab que oculta el rostro dejando al descubierto los ojos, también el al-amira, un manto de dos piezas ajustados a la cabeza, mientras que el shayla, por su largo envuelve la cabeza y se pliega en los hombros, o el khimar, que forma una capa que llega hasta la cintura arropando el cabello, el cuello y los hombros.

Entre otros tipos de vestimenta árabe femenina está la reconocida burka, un vestido que encubre absolutamente todo el cuerpo menos los ojos, igualmente, el chador que es una manta muy usada por las iraníes fuera del hogar, o la chilaba, que abriga desde el cuello hasta los tobillos, y es llevada encima de la ropa solo para salir a la calle, de un lugar a otro.

Ciertamente, cada uno de los países que configuran la maravillosa cultura árabe ha realizado sus adaptaciones a estos vestuarios, siempre respetando los cánones que rigen sus tradiciones, es por ello, que la vestimenta árabe se ha convertido en un elemento con mucha información sobre este particular estilo de vida.

Con información de  Cultura10

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