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Muqdad al-Khouri: Siria apoya a Palestina en la lucha por sus derechos

El Viceministro de Asuntos Exteriores y Emigrantes, Dr. Faisal Mekdad, se reunió hoy con el Dr. Ramzi Khoury, Presidente del Consejo Supremo de Iglesias en Palestina y su delegación acompañante.

    • El Dr. Miqdad destacó que Siria apoya al pueblo fraternal palestino en su lucha por la restauración de sus derechos históricos legítimos e inalienables, incluido su derecho al retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un estado independiente en sus tierras con Jerusalén como su capital.

El viceministro de Relaciones Exteriores también señaló que el pueblo palestino necesita la unidad ahora más que nunca para enfrentar los desafíos que amenazan su existencia y sus derechos.


    • A su vez, el jefe de la delegación destacó que el pueblo palestino luchará por todos los medios disponibles para enfrentar el llamado «acuerdo del siglo» y restaurar los derechos del pueblo palestino.
    • Señaló que el objetivo de la visita de la delegación a Siria es unir los esfuerzos sirios y palestinos frente al «acuerdo del siglo» y resistir las decisiones estadounidenses, que son legal, moral y políticamente rechazadas como una «capital» de la entidad sionista y considerando al Golán árabe sirio como parte de la entidad israelí.

Asistieron a la reunión Osama Ali, Director de la Oficina del Viceministro, el Dr. Nabil Suleiman, Director de la Oficina del Ministro de Awqaf y Alia Mahfouz Ali, Oficina del Viceministro.

En el lado palestino estuvieron Anwar Abdel Hadi, Director General del Departamento Político de la Organización de Liberación de Palestina, Hina Amira, ex Presidenta del Consejo, Musa Farah Hadid, Miembro del Comité Superior de Iglesias en Palestina, Amira Hannaina, Directora General del Comité Superior de Iglesias en Palestina.

Con información de Tishreen

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Ser árabe – Cuando se conjugan el corazón y la razón

Sin lugar a dudas, la cultura árabe contiene una gran riqueza de tradiciones y costumbres muy arraigadas. Estando presente en todo el mundo a través de sus expresiones culturales como la danza, música, literatura y gastronomía.

Igualmente se ha destacado por tener personalidades como Jaber íbn Hayyan, Amr Diab, Yasser Arafat, Ibn Sina, Al-Mamún, y el Profeta Muhammad.

Rasgos de esta cultura se muestran en ciudades como El Cairo, Abu Dhabi, Jiddah, Dubái, Marrakech, Luxor y Medina.

Cultura árabe

La cultura árabe se originó en la Península Arábiga, extendiéndose geográficamente por el norte de África y Medio Oriente.

Se conoce como mundo árabe al conjunto de países que hablan la lengua arábiga y que conforman la Liga Árabe. En este sentido, las naciones que conforman el mundo árabe son: Egipto, Irak, Jordania, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Yemen, Libia, Sudán, Marruecos, Túnez, Kuwait, Argelia, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Omán, Mauritania, Somalia, Palestina, Yibuti y Comoras.

Por ello es importante señalar, que la valoración de la cultura árabe, aunque tenga vínculos históricos con el Islam, es exclusivamente lingüística, tanto que muchos musulmanes no hablan árabe y un grupo de árabes profesan otras religiones.

Nacionalismo árabe

El nacionalismo árabe procura la alianza de prácticamente todo el mundo árabe como una sola nación. De tal forma, existen tres factores que determinan si una persona puede ser considerada árabe o no.

Políticos: si vive en un país miembro de la Liga Árabe, definición que cubre a más de 300 millones de personas.
Lingüísticos: si el idioma materno es el árabe, un concepto que abarca más de 200 millones de personas.
Genealógicos: si tiene ascendencia de originarios de la Península Arábiga.

Cuando fue fundada la Liga Árabe se estableció que: “árabe es una persona que hable árabe, viva en un país de lengua árabe, y simpatice con las aspiraciones de los pueblos árabes”.

En la organización geopolítica del mundo árabe, adicional a la Liga Árabe, el territorio se divide de la siguiente forma:

Magreb: son los países que se encuentran al occidente de Egipto, como Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Estas naciones conforman la Unión del Magreb Árabe o UMA.
Mashrek: está conformado por el resto de las naciones que se ubican al oriente del mundo árabe, incluyendo Egipto. La única organización existente en esta área es el Consejo de Cooperación para Estados Árabes del Golfo, integrado por Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Entre otros organismos políticos dedicados a incentivar el desarrollo económico, político y hermandad entre los árabes, para la organización de la economía ,el Fondo Monetario Árabe, Consejo de Cooperación Árabe, Consejo Económico de Unidad Árabe, Organización de los Países Árabes exportadores de Petróleo.


Períodos históricos

Se pueden distinguir dos grandes períodos históricos de la cultura árabe, que sirvieron la culturizar a Europa.

Preislámico

Esta etapa estuvo formada por los pueblos semitas que emigraron de la Península Arábiga, caracterizados por tener un idioma parecido. Así, los babilonios, caldeos, asirios, egipcios, arameos, fenicios, nabateos, sabaneses, himaritas fueron la base de la cultura árabe. De estos pueblos que actualmente conforman el mundo árabe, sobre todo Egipto, los griegos adquirieron muchos de sus conocimientos.

Islámico

Durante este período aparece el Islam, los pueblos de origen semita se unen en torno a las prédicas de Muhammad, constituyendo una civilización árabe musulmana. Con la muerte de Muhammad, empieza la expansión del Islam y una serie de disputas por el poder político-religioso. En este sentido, los sucesores de Muhammad fueron sus discípulos, llamados califas, que instauraron los siguientes califatos.

Ortodoxo (632 -660 D.C.).

Fue el único califato elegido y reconocido por los musulmanes suníes y shiíes. Estuvo distinguido por cuatro califas: Abu Beker, Omar, Otman y Alí, quienes implantaron la Guerra Santa contra los infieles. Conquistaron Palestina, Siria, Armenia, Bizancio, Mesopotamia, Persia y Egipto, y establecieron la capital en Medina.

Omeya (660 – 750 D.C.).

Constituye el primer califato hereditario de orientación musulmana sunnita. Instauraron la capital en Damasco, e iniciaron nuevas conquistas como Beluchistán, Afganistán, Turquestán, norte de África y España.

Abásida (750 – 1242 D.C.)

Fue un califato impuesto por Abu Abbas, luego de asesinar a la familia de los Omeyas, trasladando la capital a Bagdad y posteriormente a El Cairo.

El Islam se expandió hasta las fronteras con la India, pero una cantidad de vaivenes y diferencias generaron su división en tres califatos. De esta manera la civilización árabe musulmana quedó separada en: Califato de Bagdad, Califato de Córdoba, y Califato de El Cairo.

Escritura

Se puede afirmar que la escritura árabe es el principal arte islámico, ya que está basada en veintiocho letras del alfabeto árabe que se unen entre sí, formando las palabras mediante ligeros trazos de caligrafía cursiva llamados ductus, que poseen una gran flexibilidad y elegancia, a la vez que permiten alargar o compactar palabras.

Antes de la llegada del Islam, la mayoría de los árabes rendían culto a varios dioses como Hubal, Wadd, Al-Lat, Manat y Uzza. En ese entonces, algunos pueblos profesaban el cristianismo, otros el judaísmo y un grupo muy reducido, los hanif, rechazaban el politeísmo. Con la expansión del Islam, la mayoría de los árabes se convirtieron en musulmanes, desapareciendo las tradiciones politeístas.

Las principales corrientes de la religión islámica

Sunnitas: constituyen la rama más grande del Islam, y profesan los preceptos establecidos en las enseñanzas de Muhammad. Los sunitas dominan la mayoría del territorio del mundo árabe, especialmente al norte de África.

Shiitas: son los seguidores del yerno de Muhammad, llamado ‘Ali , al cual consideran su sucesor legítimo. Predominan en Bahréin, sur de Irak, adyacencias de Arabia Saudita, sur de Líbano, algunas partes de Siria, norte de Yemen, sur de Irán, y en las costas de Omán.

Otras corrientes son el sufismo, el jariyismo y yihadismo.

Dentro de la religión de la cultura árabe, los cristianos siguen a las iglesias maronitas, coptas, siriacas y griegas ortodoxas, en cambio los judíos no son considerados árabes.

También existe una pequeña comunidad drusa, una rama minoritaria del Islam, que se encuentra principalmente en Siria, Líbano y Jordania.

En la cultura árabe existen diferentes tipos de símbolos y costumbres de acuerdo a cada región, pero hay algunas que generalmente son una constante.

Vestimenta

Existe una tendencia a ser conservadores en la vestimenta, y en muchas ocasiones difieren de la forma de vestir occidental. Por ejemplo, las mujeres en Egipto usan un pañuelo para cubrir su cabeza llamado hijab, mientras que en Arabia Saudita se cubren la mitad inferior de la cara con un niqab, contrariamente, en Líbano el estilo es más occidental. Los hombres se visten con túnicas y camisas largas u otros usan trajes o jeans con una camiseta.

Para los árabes los valores como la lealtad y el honor son importantes en las relaciones para establecer la confianza. El sentido de la amistad, en esta cultura, es tomado muy en serio, por ello son muy selectivos. Ello incide en la interacción masculina, por ejemplo, cuando dos amigos se encuentran, se abrazan, se intercambian besos en la mejilla o se cogen de la mano si van caminando, no indicando esta conducta una preferencia sexual. Usualmente los hombres cuando conversan con una mujer no mantienen un contacto visual, y menos le estrechan la mano.

También, las leyes del matrimonio en el mundo árabe, le permiten al hombre tener hasta cuatro esposas al mismo tiempo.

Otra característica de la cultura árabe es la arguile, una pipa de agua que se suele fumar entre varias personas.

Una frase muy frecuente en la cultura árabe es In Shâ Allâh, que quiere decir si es lo que Dios quiere.

Legado árabe

El legado que le ha dado la cultura árabe a la humanidad aparte de inmenso, ha sido muy valioso.

Medicina.

En la antigua cultura árabe se descubrió la circulación de la sangre, se realizaban operaciones con anestesia y amplia tecnología.

Farmacia.

Los árabes fueron excelente alquimistas, descubriendo fórmulas químicas que se usan actualmente en muchas medicinas.

Química.

Lograron la extracción de minerales y metales, la mezcla de colores, el curtido del cuero y otras técnicas que surgieron de los procesos de investigación de sustancias químicas.

Fueron los pioneros en elaborar el papel de algodón, que sirvió posteriormente para que los europeos desarrollaran la imprenta.

Geografía.

No solamente en la cultura árabe se perfeccionó la brújula, debido al gran conocimiento astronómico, sino que también, elaboraron la cartografía que posteriormente utilizó Colón para «descubrir» América.

Arquitectura.

Sobresalieron en la construcción de muchas mezquitas con unos diseños propios y decorados en marfil, madera, yeso esculpido, mosaicos.


Otros aportes

En los números y la matemática fueron los precursores del cero, álgebra, trigonometría y geometría. De igual forma se le asigna al califa y poeta Al-Mamún la inspiración de la famosa obra Las mil y una noches.

La gastronomía árabe se ha internacionalizado con platos como el kebbe, cuscús, falafel, maqluba, hummus, shawarma, etc.

Vestimenta:

En la vestimenta árabe está prohibida la valoración de la mujer por su belleza física, el vestuario femenino es variado y se caracteriza por algunas indumentarias que no impiden el cumplimiento de su rol en la sociedad, siendo una de las más conocidas el hiyab. La forma en la que visten se basa en lo que reglamenta el Corán, de esta manera, se enfoca en aspectos tales como: no debe ser estrecha, transparente, imitar alguna moda y evitar los colores llamativos. Sin embargo, existen variaciones en la manera de vestir en los países que componen la cultura árabe.

Un requisito fundamental de la vestimenta árabe, es que el hombre debe cubrir el awrah, es decir, la parte del cuerpo entre el ombligo y las rodillas, igualmente, los atuendos deben ser sencillos, ligeros y no ceñidos al cuerpo. Generalmente, en los países del mundo árabe, los hombres utilizan como prenda diaria una túnica ancha de mangas largas que llega hasta los tobillos, llamada thawb o suriyah, que en verano es de algodón blanco y en invierno de lana oscura, además, lo acompañan con un turbante o kufiyya que usan en la cabeza, representando uno de los símbolos árabes.

Aunque en la cultura árabe está prohibida la valoración de la mujer por su belleza física, el vestuario femenino es variado y se caracteriza por algunas indumentarias que no impiden el cumplimiento de su rol en la sociedad, siendo una de las más conocidas el hiyab, que es una mantilla que cubre completamente la cabeza y el cuello, representando un símbolo tanto religioso como femenino con una gran variedad de estilos, como el niqab que oculta el rostro dejando al descubierto los ojos, también el al-amira, un manto de dos piezas ajustados a la cabeza, mientras que el shayla, por su largo envuelve la cabeza y se pliega en los hombros, o el khimar, que forma una capa que llega hasta la cintura arropando el cabello, el cuello y los hombros.

Entre otros tipos de vestimenta árabe femenina está la reconocida burka, un vestido que encubre absolutamente todo el cuerpo menos los ojos, igualmente, el chador que es una manta muy usada por las iraníes fuera del hogar, o la chilaba, que abriga desde el cuello hasta los tobillos, y es llevada encima de la ropa solo para salir a la calle, de un lugar a otro.

Ciertamente, cada uno de los países que configuran la maravillosa cultura árabe ha realizado sus adaptaciones a estos vestuarios, siempre respetando los cánones que rigen sus tradiciones, es por ello, que la vestimenta árabe se ha convertido en un elemento con mucha información sobre este particular estilo de vida.

Con información de  Cultura10

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El Tratado Hispano – Turco de 1782

El tratado hispano-turco de 1782, inicialmente publicado por A. del Castillo, en su capítulo 4º establece y garantiza tolerancia religiosa, seguridad personal y jurisdicción de los respectivos cónsules a los súbditos españoles y otomanos residentes en el otro país. En lo que a los españoles se refiere tales garantías se hicieron extensibles a los peregrinos a Tierra Santa, los cuales podrían beneficiarse de igual trato y concesiones que “los demás [viajeros] de las potencias amigas”.

La aplicación del tratado fue lenta, entre otros motivos porque los intereses mercantiles de España en el área, al menos en el punto de partida, resultaban ser escasos por no decir nulos. De otro lado el tráfico marítimo no resultó seguro hasta la normalización plena de relaciones con los estados magrebíes, que no fue completa, según ha quedado referido, hasta entrada la década de 1790, aparte de que la apertura y consolidación de mercados también llevaría su tiempo.

Se comprende que Bouligny tardase en diseñar una red consular capaz de garantizar la seguridad de personas e intereses en ese inmenso país comprendido entre los Balcanes, los confines de Persia y el Océano Índico de un lado, y que por el otro cubría todo el arco mediterráneo desde Albania a las fronteras orientales de Marruecos, dejando dentro la entonces muy dilatada Turquía europea, Grecia, Anatolia, Siria, Mesopotamia, Líbano, Palestina, Arabia, Egipto, Libia actual, Tunicia y Argelia. El diseño de referencia no quedaría ultimado hasta 1790.

Aparte de la legación en Constantinopla, fue previsto un consulado general en Esmirna y consulados ordinarios en Salónica, Alepo y un puerto de Chipre a determinar, principales escalas de la navegación en el área. Esa red consular sería servida por diplomáticos profesionales, y se preveía reforzarla con tres viceconsulados (Atenas, Artha y Alejandría), atendidos por agentes locales interesados en ello. El proyecto sólo pudo aplicarse en parte, y por el propio Bouligny, designado ministro plenipotenciario de España en el Imperio Otomano, cargo que desempeñó hasta su marcha en 1793.


Para entonces, a falta de cónsules, cuyos nombramientos no parecían justificados en Madrid, habida cuenta el elevado coste de su mantenimiento y los escasos intereses a proteger en sus respectivos distritos, Bouligny había provisto por propia decisión viceconsulados servidos por agentes del país en los puntos mencionados, aparte de Scuttari, Dardanelos, islas Scíes y Filípolis, nombramientos que sí ratificó la Secretaría de Estado en atención al bajo coste del sostenimiento de esas oficinas.

Como puede verse, en principio no fue previsto establecimiento consular alguno en Palestina, dado que la inseguridad de los tiempos hacía técnicamente casi imposible la llegada a los lugares santos del cristianismo de peregrinos españoles por tierra, y por mar no dejaba de ser empeño muy arriesgado. Pero los franciscanos españoles en Tierra Santa no podían quedar sin protección, tanto más por cuanto Bouligny, muy vinculado a ese instituto religioso, detentaba además la representación de la Obra Pía de los Santos Lugares ante el sultán otomano. Por ello, y aduciendo además la necesidad de ofrecer alguna cobertura consular al corto comercio existente en esa región con España, abrió sendos viceconsulados en San Juan de Acre y Haifa. Para este último puerto, que lo era de entrada a Palestina, designó vicecónsul de España al franciscano Gabriel de Lamadrid, procurador de la Obra Pía en Tierra Santa, lo que indica cuales eran, finalmente, los intereses prioritarios a defender e impulsar en la región.

Ambos viceconsulados fueron mantenidos por el hijo de Bouligny, José Heliodoro, encargado de negocios en Constantinopla entre 1793 y 1799, y luego por varios de sus sucesores, si bien rebajados de viceconsulados a simples agencias servidas por vicecónsules honorarios de escasa o nula retribución, y con frecuencia religiosos franciscanos con destino en alguno de los conventos de Palestina. Estos, a sus obligaciones ordinarias, sumaban la atención de los contados buques españoles que se acercaban de tarde en tarde a aquellos apartados puertos, o a los escasos peregrinos de igual nacionalidad que se aventuraban hasta allí.


Como puede verse negocios y religión se hallaban en Palestina estrechamente conectados, lo que por lo demás hasta cierto punto resulta lógico. Pero al final, por extraño azar del destino, los intereses espirituales fueron los que prevalecieron, dado que el comercio con el Imperio Turco nunca alcanzó verdadera relevancia por más que se esforzaran en incentivarlo gente tan experimentada como el menorquín Juan Soler, destacado como encargado de negocios en Constantinopla con esa finalidad expresa, y perteneciente a una conocida dinastía de intérpretes y hombres de negocios (los Soler, Camps Soler, Creux Soler…) resellados como diplomáticos, especializados en los asuntos del Mediterráneo islámico, y que entre 1790 y 1830 acapararon como titulares y subalternos no pocos de los destinos disponibles en la legación y consulados de España en Turquía y sus dependencias.

Con información de Revista AWRAQ

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Umar bin Abdallah y la caída de Gharnata, ocaso de Al-Ándalus

El bautismo forzoso de los musulmanes en 1502, tras la caída de Granada

Umar bin Abdallah meditaba, y las imágenes que acudían a su mente eran tan vívidas que hicieron temblar momentáneamente todo su cuerpo. Recordó el muro de fuego y los sentimientos de aquella noche fría volvieron a él. Lágrimas incontrolables mojaron su rostro y se quedaron atrapadas en su barba. La caída de Gharnata, ocho años antes, había completado la Reconquista. Todo se veía venir y ni Umar ni sus amigos se habían sorprendido, pero los acuerdos de la rendición habían prometido a los fieles, que formaban la mayor parte de la población, libertad cultural y religiosa, una vez reconocido el protectorado de los soberanos castellanos.

Se había acordado por escrito y en presencia de testigos que los musulmanes de Gharnata no serían perseguidos y que no se les prohibiría practicar su religión, hablar y enseñar árabe ni celebrar sus fiestas. «Sí -pensó Umar-, los prelados de Isabel se comprometieron a hacerlo para evitar una guerra civil, y nosotros les creímos. ¡Qué ciegos fuimos! Nuestras mentes debían de estar envenenadas por el alcohol. ¿Cómo pudimos creer sus palabras bonitas y sus promesas?»

Como noble de prestigio en el reino, Umar había estado presente en la firma del tratado. Nunca olvidaría la despedida del último sultán, Abu Abdullah, a quien los castellanos llamaban Boabdil, antes de partir hacia las Alpujarras, donde le aguardaba un palacio. El sultán se había vuelto a mirar la ciudad por última vez, había sonreído a la al-Hamra y suspirado. Eso había sido todo. Nadie dijo nada. ¿Es que acaso había algo que decir? Habían llegado al final de su historia en al-Andalus y se hablaban entre si con las miradas: Umar y sus compañeros nobles estaban dispuestos a aceptar la derrota. Después de todo, como Zubayda no se cansaba de recordarle, ¿no estaba la historia islámica repleta de nacimientos y caídas de reinos? ¿No había sucumbido la propia Baghdad a un ejército de analfabetos tártaros? Vidas nómadas, la maldición del desierto, la crueldad del destino condensada en las palabras del Profeta: el Islam será universal o no será nada.


De repente evocó los rasgos macilentos de su tío. ¡Su tío! Meekal al-Malek. ¡Su tío! El obispo de Qurtuba. Miguel el Malek. Aquella cara macilenta en la cual el dolor estaba siempre presente, un dolor que no podían disimular ni la barba ni las sonrisas falsas. Las historias de Ama sobre la niñez de Meekal siempre incluían la frase: «tenía el demonio dentro» o «se comportaba como una espita abierta y cerrada por Satanás». Sin embargo, siempre lo decía con cariño para demostrar qué travieso había sido Meekal, el benjamín y favorito de la familia, un caso similar al de Yazid. Entonces, ¿qué había ido mal? ¿Qué le había sucedido a Meekal para que huyera a Qurtuba y se convirtiera en Miguel?

La voz burlona del viejo tío todavía resonaba en la mente de Umar: «¿Sabes cuál es el problema de tu religión, Umar? Que era demasiado fácil para todos nosotros. Los cristianos tuvieron que insertarse dentro de los poros del Imperio romano, que los forzaba a trabajar bajo tierra. Las catacumbas de Roma fueron su campo de entrenamiento. Cuando por fin vencieron, ya habían construido una gran solidaridad social con el pueblo. ¿Y nosotros? El Profeta, la paz sea con él, envió a Khalid bin Walid con una espada y él conquistó… Oh, sí, conquistó muchos territorios. Destruimos dos imperios, todo cayó sobre nuestros regazos. Conservamos las tierras árabes, Persia y parte de Bizancio, pero en el resto del mundo las cosas se complicaron, ¿verdad? Míranos a nosotros. Hemos estado en al-Andalus durante setecientos años y todavía no hemos podido construir algo que dure. No son sólo los cristianos, ¿verdad, Umar? El problema está en nosotros, en nuestra sangre».

Si, si, tío Meekal, quiero decir, Miguel. El problema también está en nosotros, ¿pero cómo puedo pensar en eso ahora? Lo único que veo es el muro de fuego y detrás de él la cara triunfal de ese buitre, celebrando su victoria. ¡Maldito Cisneros! Ese execrable fraile enviado a Gharnata por órdenes expresas de Isabel. La diablesa mandó aquí a su confesor a exorcizar sus propios demonios. Debía de conocerlo bien, pues él sabia exactamente lo que ella deseaba. ¿No puedes oír su voz? «Padre -susurra en tono de falsa piedad-, Padre, me preocupan los infieles de Gharnata. A veces siento la necesidad apremiante de crucificarlos para que tomen el sendero del bien.»

¿Por qué envió a Cisneros a Gharnata? Si estaban tan seguros de la superioridad de sus creencias, ¿por qué no confiaron en el juicio de sus creyentes? ¿Has olvidado por qué enviaron a Jiménez de Cisneros a Gharnata? Porque pensaban que el arzobispo Talavera no estaba haciendo bien las cosas. Talavera quería ganarnos con discusiones. Aprendió árabe para leer nuestros libros de erudición y ordenó a sus clérigos que hicieran lo mismo. Tradujo su Biblia y su catecismo al árabe y de ese modo se ganó a algunos de nuestros hermanos. Pero no muchos, por eso enviaron a Cisneros. Ya te lo conté el año pasado, mi querido tío obispo, pero tú lo has olvidado. ¿Qué habrías hecho si, en una acción realmente inteligente, te hubieran nombrado arzobispo de Gharnata? ¿Hasta dónde habrías llegado, Meekal? ¿Hasta dónde?

Yo estuve presente en la reunión donde Cisneros intentó vencer a nuestros qadis y eruditos en una discusión teológica. Deberías haber estado allí. Una parte de ti se habría sentido orgullosa de nuestros sabios. Cisneros es listo, es inteligente, pero aquel día no pudo vencemos.

Cuando Zegri bin Musa le respondió punto por punto y fue aplaudido incluso por algunos clérigos del propio Cisneros, el prelado perdió la compostura. Afirmó que Zegri había insultado a la Virgen María, cuando lo único que hizo nuestro amigo fue preguntar cómo era posible que ésta siguiera siendo Virgen después del nacimiento de Isa. Sin duda sabrás ver la lógica de la pregunta, ¿o acaso tu teología te impide reconocer los hechos probados?

Nuestro Zegri fue conducido a la cámara de tortura y castigado con tal brutalidad, que accedió a convertirse. En ese momento, nos retiramos, pero antes tuve oportunidad de ver un peculiar destello en los ojos de Cisneros, como si acabara de descubrir que ésa era la única forma de convertir a la población.

Al día siguiente, se ordenó que todos los ciudadanos salieran a la calle. Jiménez de Cisneros, que Allâh le castigue, declaró la guerra a nuestra cultura y a nuestro estilo de vida. Ese mismo día vaciaron nuestras bibliotecas y construyeron una enorme muralla de libros en Bab al-Ramía. Prendieron fuego a nuestra cultura, quemaron dos millones de manuscritos. La historia de ocho siglos se destruyó en un solo día. Sin embargo, no lo quemaron todo. Al fin y al cabo, no eran bárbaros, sino mensajeros de otra cultura que querían imponer en al-Andalus.  Sus propios sabios les rogaron que salvaran trescientos manuscritos, casi todos relacionados con temas médicos, y Cisneros accedió, porque hasta él tuvo que reconocer que nuestros conocimientos de medicina superan con creces a los de los cristianos.


Ése es el muro de fuego que veo todo el tiempo, tío, y que llena mi corazón de temor por nuestro futuro. El mismo fuego que quemó nuestros libros un día destruirá todo lo que hemos creado en al-Andalus, incluyendo esta pequeña aldea construida por nuestros antepasados, donde tú y yo jugábamos en la infancia. ¿Qué tiene que ver ésto con las victorias fáciles de nuestro Profeta y la rápida propagación de nuestra religión? Todo eso sucedió hace ochocientos años, y el muro de libros ardió el año pasado.

Por Tariq Ali

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Antiguo Egipto – El Arte de la alquimia hermética

Entre los grandes maestros del antiguo Egipto moró una vez uno a quien los maestros aclamaban como «el maestro de maestros». Este hombre, si es que en verdad era «hombre», moró en Egipto en los primerísimos días. Era conocido como Hermes Trismegistus. Él fue el padre de la sabiduría oculta; el fundador de la astrología; el descubridor de la alquimia. Los detalles del relato de su vida están perdidos para la historia debido al lapso de los años, aunque varios de los países antiguos disputaron uno con el otro en sus alegatos por el honor de haber suministrado su lugar de nacimiento, y de esto hace miles de años. La fecha de su residencia en Egipto, en ésa, su última encarnación sobre este planeta, no es conocida ahora, pero ha sido fijada en los primeros días de las más viejas dinastías de Egipto -mucho antes de los tiempos de Moisés-. Las mejores autoridades le consideran como un contemporáneo de Abraham, y algunas de las tradiciones judías llegan a afirmar que Abraham adquirió una porción de su conocimiento místico a partir de Hermes mismo.

Conforme los años rodaron tras su partida de este plano de vida (registrando la tradición que vivió trescientos años en la carne), los egipcios deificaron a Hermes, y le hicieron uno de sus dioses, bajo el nombre de Thoth. Años después, la gente de la Grecia antigua también le hizo uno de sus muchos dioses -llamándole «Hermes, el dios de la Sabiduría»-. Los egipcios reverenciaron su memoria por muchos siglos -sí, decenas de siglos- llamándole «el escriba de los dioses», y confiriéndole, honoríficamente, su antiguo título, «Trismegistus», que significa «el tres veces grande», «el gran grande», «el grande más grande», etcétera. En todos los países antiguos el nombre de Hermes Trismegistus fue reverenciado, siendo sinónimo el nombre con la «fuente de la sabiduría».


Incluso en estos días, usamos el término «hermético» en el sentido de «secreto», «sellado de manera que nada puede escaparse», etc., y ésto en razón del hecho de que los seguidores de Hermes siempre observaron el principio del secreto en sus enseñanzas. Ellos no creían en «arrojar perlas ante los puercos», sino que más bien se atenían a la enseñanza «leche para los bebés; carne para hombres fuertes», ambas de cuyas máximas son familiares a los lectores de las escrituras cristianas, pero que también habían sido usadas por los egipcios durante siglos antes de la era cristiana.

Y esta política de diseminación cuidadosa de la verdad ha caracterizado siempre a las enseñanzas herméticas, incluso hasta el presente día. Las enseñanzas herméticas han de encontrarse en todas las tierras, entre todas las religiones, pero nunca identificadas con ningún país particular, ni con ninguna secta religiosa particular. Ésto en razón de la advertencia de los antiguos instructores contra el permitir a la doctrina secreta que se volviese cristalizada en un credo. La sabiduría de esta amonestación es evidente para todos los estudiantes de la historia. El antiguo ocultismo de India y Persia degeneró, y fue grandemente perdido, debido al hecho de que los instructores se volvieron sacerdotes, y mezclaron así la teología con la filosofía, siendo el resultado que el ocultismo de India y Persia ha sido perdido gradualmente entre la masa de superstición religiosa, cultos, credos y «dioses». Así fue con la Grecia y la Roma antiguas.

Así fue con las enseñanzas herméticas de los gnósticos y los cristianos primitivos, que se perdieron en el tiempo de Constantino, cuya mano de hierro asfixió la filosofía con la manta de la teología, perdiendo para la Iglesia cristiana lo que era su misma esencia y espíritu, y haciéndola buscar a ciegas a lo largo de varios siglos antes de que encontrase el camino de vuelta a su antigua fe, siendo las indicaciones evidentes para todos los observadores cuidadosos en este siglo xx el que la Iglesia esté ahora pugnando por volver a sus antiguas enseñanzas místicas.

Pero hubieron siempre unas pocas almas fieles que mantuvieron viva la llama, atendiéndola cuidadosamente, y no permitiendo que su luz se extinguiese. Y gracias a estos corazones leales y mentes valientes tenemos aún la verdad con nosotros.

Pero no se encuentra en los libros, en ninguna gran extensión. Ha sido transmitida de maestro a estudiante, de iniciado a hierofante, de labio a oído. Cuando fue escrita, su significado fue velado en términos de alquimia y astrología, de modo que sólo aquellos que poseyesen la clave pudieran leerla correctamente. Esto se hizo necesario a fin de impedir las persecuciones de los teólogos de la Edad Media, que combatieron la doctrina secreta con fuego y espada, estaca, horca y cruz. Incluso en este día no se encontrarán sino pocos libros dignos de confianza sobre la filosofía hermética, aunque haya innumerables referencias a ella en muchos libros escritos sobre diversas fases del ocultismo. ¡Y, sin embargo, la filosofía hermética es la única llave maestra que abrirá todas las puertas de las enseñanzas ocultas!.

En los primeros días hubo una compilación de ciertas doctrinas herméticas básicas, pasadas de instructor a estudiante, que fue conocida como El Kybalion, habiendo sido perdido por varios siglos el significado y la importancia exactos del término. Esta enseñanza, sin embargo, es conocida por muchos a quienes ha descendido, de boca a oído, continuamente a lo largo de los siglos. Sus preceptos nunca han sido escritos, o impresos, hasta donde sabemos nosotros. Era meramente una colección de máximas, axiomas y preceptos, que eran ininteligibles para los intrusos, pero que eran fácilmente entendidos por los estudiantes, después que los axiomas, las máximas y los preceptos hubiesen sido explicados y ejemplificados por los iniciados herméticos a sus neófitos.


Estas enseñanzas constituían realmente los principios básicos del «Arte de la alquimia hermética», el cual, contrariamente a la creencia general, trataba del dominio de las fuerzas mentales, antes que de los elementos materiales -la transmutación de una clase de vibraciones mentales en otras, en vez del cambio de una clase de metal en otro-. Las leyendas de la «piedra filosofal» que convertiría el metal bajo en oro, eran una alegoría relacionada con la filosofía hermética, rápidamente entendida por todos los estudiantes del verdadero hermetismo.

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Los Reyes de Oriente

Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.

10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

(Mateo 2 9,11)


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Dios antes de los tiempos

Las similitudes existentes en las distintas culturas antiguas y la Biblia son asombrosas. Diversas teorías ponen de manifiesto una apropiación hebrea de los más variados relatos de los pueblos antiguos y la consiguiente adaptación a la cultura hebrea a través de los libros sagrados hasta llegar a la Biblia tal cual hoy conocemos.

Para desglosar estas “similitudes” comenzaremos por “la creación”:

Según la Biblia, en el Génesis, Dios creó al mundo en 6 días y el séptimo descansó. Creó todas las cosas y al hombre (hecho a su imagen y semejanza), creado del polvo de la tierra, al que llamó Adán y a partir de una costilla de éste creó a la mujer a quién llamó Eva. (Génesis 1.2:3)

Zoroastrismo

El zoroastrismo, por el nombre de su fundador, es la denominación de la religión y filosofía que, derivada de una religión anterior denominada mazdeísmo, se funda en las enseñanzas del profeta y reformador iraní Zoroastro (Zarathustra), que reconocen como divinidad a Ahura Mazda, considerado por Zoroastro como el único creador increado de todo.

Las escrituras Zoroastristas diez siglos antes de la creación de La Biblia, hablaban de cómo Ormuz creó el mundo y los dos primeros seres humanos en seis días y descansó en el séptimo. Los nombres de estos dos seres humanos eran Adanma y Evah.

Según los relatos Bíblicos, Dios da al hombre de comer de todos los árboles del Edén, excepto de aquel de la ciencia, del bien y del mal (Génesis 2:17). Los datos Bíblicos manifiestan que al desobedecer, Adán y Eva, fueron expulsados de Edén.


La Epopeya de Gilgamesh

La Epopeya de Gilgamesh, es un relato sumerio antiguo que data de más de 6.000 años.   En él se relatan las historias Gilgamesh, monarca sumerio, señor de Urk (actual Irak), cuyas tablillas de arcilla reflejan la búsqueda de la inmortalidad.

La Epopeya de Gilgamesh habla de cómo se crea al hombre de la tierra, como habita un paraíso y como se le entrega una mujer que le dará de comer un alimento por el que será obligado a abandonar el paraíso, 1.600 años antes de la creación de la primera Biblia.

He aquí las similitudes de “la creación” entre la cultura Sumeria y la Biblia.

En Génesis capítulo 5 se narra la descendencia de Adán y Eva fuera de Edén, hasta llegar a Noé (padre de Sem ,Cam y Jafet, antecesores de las tribus de Medio Oriente).

En el capítulo 6 de La Biblia, se pone en evidencia el arrepentimiento de Dios ante la maldad del hombre (producto de su creación), por lo que decide arrasar con la tierra mediante un diluvio. Razón por la cual, encomienda a Noé, la creación de un Arca en la que Noé y su familia se salvarían llevando consigo una pareja de animales de cada especie (Génesis 6: 9,22).

Según el relato sumerio, se le advierte una inminente inundación, provocada por un Dios, y se lo instruye para la creación de un barco con el fin de sobrevivir. Las dimensiones del barco son de 120 codos, construido con maderas. Después de la inundación, el barco cae encima de una montaña donde el hombre envía una serie de aves a encontrar tierra firme. Con el tiempo se les permite a los tripulantes, personas y animales, ser libres y para ello se solicita un sacrificio al Dios que los salvó.

Esta es la historia de Utnapishtim, el hombre de quien se habla en la Epopeya de Gilgamesh, dieciséis siglos antes de la Biblia.

La Instrucción de Amenemope

El Libro de los Proverbios, adjudicados al rey Salomón, Hijo del rey David, rey de Israel, tienen una sorprendente similitud con los papiros que contienen “La instrucción de Amenemope”, en Egipto. Es el nombre de una obra literaria del Antiguo Egipto del género sebayt o instrucciones en la que el escriba Amenemope, hijo de Kanajt, da a su hijo consejos de integridad, honradez, autodominio y amabilidad, y le explica cómo lograr estas metas en vida alejándose de los aduladores y depositando toda la confianza en los dioses para conseguir una vida feliz.

Consta de una introducción, treinta capítulos en forma de proverbios y un colofón. Se cree que data de finales de la dinastía XIX o principios de la XX, aunque las copias conservadas son posteriores. Está considerada como una de las obras maestras de la literatura egipcia.

El Libro de los Muertos egipcio

Los diez mandamientos relatados en La Biblia en el Éxodo, capítulo 20, señalan las tablillas de piedras escritas por el dedo de Dios en el monte Sinaí y entregadas a Moisés tras la huída de Egipto del pueblo de Israel hacia la “Tierra Prometida”. Hecho acontecido en 1490 a.C. Sin embargo, en el 2.600 a.C, ya existía “El Libro de los Muertos” egipcios donde en el capítulo 125 (El texto consistía en una serie de sortilegios mágicos destinados a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, asistirlos en su viaje a través de la Duat, el inframundo, y viajar al Aaru, en la otra vida).

Una declaración de inocencia ante el gran dios Osiris. Allí se pueden encontrar los diez mandamientos. Tal vez haya sido la inspiración, dadas las similitudes de la declaración con los diez mandamientos de la Biblia. El Libro de los Muertos egipcio data de 3.000 años antes que La Biblia.

Volviendo a Zaratustra y los textos sagrados, se pueden encontrar muchas similitudes con el Libro de Isaías Bíblico. Las preguntas formuladas en Gathas de Zaratustra Yasna son respondidas en Isaías.

Una teoría, sino la más importante, atribuye la influencia Mesopotámica a la cultura israelita, teniendo en cuenta que Abraham, Patriarca y primer profeta Bíblico, había nacido en Caldea (actual Irak). No menos menor es el dato de las culturas del pueblo de Dios, influenciados por las culturas Babilónicas y Egipcias, donde habitaron, convivieron y tuvieron acceso a las escrituras y conocimiento de las culturas antes mencionadas, en parte por mezclarse con los pueblos en donde ellos eran “forasteros” y resultaba de vital importancia pertenecer, ser parte de los mismos.


Ángeles y demonios

La teoría de ángeles y demonios, inicialmente creada por el Zoroastrismo. Las jerarquías angélicas. En los textos sagrados se pueden encontrar hechos como la idea de Satanás y la batalla entre las fuerzas del bien y del mal. Zaratustra es representado gráficamente con un halo de luz como a menudo son representadas las figuras cristianas.

Mitraísmo Persa

 Las mujeres estaban excluidas de los misterios de Mitra. En cuanto a los varones, parece que no se requería una edad mínima para ser admitido, e incluso fueron iniciados varios niños. La lengua utilizada en los rituales era el griego, con algunas fórmulas en persa (seguramente incomprensibles para la mayoría de los fieles), aunque progresivamente se fue introduciendo el latín.

La existencia de un paraíso para los buenos y un infierno para los malos es muy anterior a la edición de La Biblia.

El Nuevo Testamento, menciona en Mateo la existencia de una Trinidad conformada por : Padre-Hijo y Espíritu Santo, misma Trinidad de la que hablan los textos egipcios: Amón- Ra y Ptah, o los sumerios: Ishtar-Baal y Tammuz, miles de años antes.

La idea del mesías o Salvador, un ser semi-dios, mitad humano, mitad divino que ha venido  al mundo a salvar al hombre, está presente en las primeras religiones de la historia de la humanidad.

Es así como en las distintas religiones encontramos al Hombre, hijo de Dios. Horus, 3.000 años a.C (Egipto), Krishna, 900 años a.C (India), Heracles, 800 años a.C (Grecia), Mitra, 600 años a.C (Persia), Buda, 563 años a.C (Nepal), Dionisio, 500 años a.C (Grecia), Tammuz, 400 años a.C (Sumeria), Hermes (Grecia) y Adonis (Fenicia y Judea) 200 años a.C.

Un solo Dios, Todos los pueblos

Lejos está en nosotros propiciar el descreimiento de los relatos Bíblicos. Nuestra intención es corroborar la existencia un solo Dios único y verdadero, presente desde tiempos inmemoriales, en todas las culturas, en todos los procesos de la raza humana, en todos los tiempos. Esa existencia que afianzó los lazos con los hombres, con su creación. Esta nota pretende poner de manifiesto esa común unión entre Dios y los hombres independientemente de su nombre pero por sobre todas las cosas, la destrucción del mito del “pueblo elegido”. Dios se ha manifestado al hombre con mil rostros, con mil nombres, más nunca dejó de Ser, de estar, de existir. Es por esto que desmitificar la existencia de Dios sería como desentendernos de la humanidad misma. No ocurre lo mismo con las afirmaciones hebreas, esa idea que, en estos tiempos resulta casi absurda, de la elección de “un pueblo” en particular, es decir, el llamado “pueblo de Israel”.

En honor a la verdad el mismo Dios de la creación ha estado presente en todas las culturas, demostrando la preferencia por “El Hombre” y no por los deseos de un sector que plantea una predilección con el solo fin de justificar su existencia, como si el resto de la humanidad no fuera digna de un Dios.

Con información de The Hero with a Thousand Faces-Joseph Campbell

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