Archivo de la categoría: Crónicas

Los primeros Árabes de la China

Así que quedó constituido el Imperio de los Árabes, los califas de Oriente y los soberanos de China se enviaron frecuentemente embajadores; y se establecieron con regularidad relaciones comerciales entre chinos y árabes por mar y tierra.

Lo mismo que en todos los países donde penetraron los Árabes, el Islam hizo luego muchos progresos en China, y hoy se cuentan allí veinte millones de musulmanes, según la reciente obra de Mr. Dabry de Thiersant sobre el Islam en China. Ya se habrá comprendido que estos musulmanes no son de origen puramente árabe, sino que están mezclados de sangre china; y siguiendo al autor que acabo de citar, vienen a componer una raza especial, resultado del cruzamiento de tres sangres, la árabe, la turca y la china.

Según su parecer, «el primer núcleo de musulmanes de Occidente implantado en China, se compuso de un contingente de cuatro mil soldados árabes que el califa Abu-Giafar envió en el año 775 en socorro del emperador Su-Tsong, amenazado por el rebelde An-Lo-Chan. En recompensa de sus servicios, el emperador les permitió establecerse en las principales ciudades del imperio; y esos soldados, que .se casaron con mujeres chinas, deben ser considerados como el origen de los musulmanes chinos.»



Después de citar la opinión de Anderson, que dice que su honradez es superior a todo encomio, de lo cual da curiosas pruebas, el autor añade lo siguiente, sugerido por sus propias observaciones:

«Generalmente están dotados de un gran sentimiento de rectitud y honradez; de modo que los que ocupan cargos públicos son queridos y estimados de las poblaciones, y los que se dedican a negociar disfrutan de excelente reputación. Todos son caritativos por principio religioso, y parecen no formar más que una sola familia, cuyos miembros se protegen y sostienen mutuamente.

Lo que sobre todo demuestra su superioridad es que a pesar de su defecto original, a favor de las bien meditadas concesiones que han sabido hacer a las exigencias de su país adoptivo, como también a favor del lazo de confraternidad religiosa que les une a todos entre sí, han llegado a crecer y desarrollarse, mientras que las demás religiones extranjeras que han tratado de establecerse en China, no han hecho más que pasar o vegetar.»

La gran tolerancia de los musulmanes chinos, su espíritu liberal, su cuidado en no faltar, como los misioneros de otros cultos, a los usos, leyes y creencias del país donde recibían la hospitalidad, han hecho que disfrutasen exactamente de los mismos privilegios que los demás chinos, pudiendo ser mandarines, ocupar empleos en el ejército, y hasta tenerlos en la corte del emperador.

Me he visto obligado a ahincar en este capítulo respecto a puntos bien descuidados hasta ahora por los historiadores, a pesar de ser dignos de meditación preferente; pues sólo su lectura puede esclarecer la sucesión de los acontecimientos históricos. Entre los diversos factores que contribuyen a determinar la evolución de un pueblo, la capacidad moral e intelectual figurará siempre entre los más poderosos.



Ese conjunto de sentimientos inconscientes que se llama carácter, y que son los verdaderos móviles de la conducta, el hombre los posee cuando viene al mundo; pues como están compuestos de la sucesión de los antepasados que lo han precedido, influyen en él con un peso del cual nada sería capaz de librarlo, y desde el seno de su polvo todo un pueblo de muertos le dicta imperiosamente su conducta.

En los tiempos pasados se han elaborado los motivos de nuestras acciones, y en los tiempos presentes se preparan las de las generaciones que nos sucederán: esclavo del pasado, el presente es señor del porvenir; por lo cual el estado del uno será siempre indispensable para el conocimiento del otro.

Por G. Le Bon

©019-paginasarabes®

Judíos Ashkenazíes:Del origen en Khazaria a la usurpación de Palestina

Khazaria

La raza judía moderna nació el 740 DC en un país situado entre el Mar Negro y el Mar Caspio, conocido como Khazaria, con un territorio que hoy en día ocuparía predominantemente Georgia, pero también llegaría hasta Rusia, Polonia, Lituania, Hungría y Rumanía. Una raza judía moderna, que por cierto no es judía.

Como puede ser eso, os preguntáis? Pues en aquellos momentos, el pueblo de Khazaria se sentía vulnerable, ya que a un lado había musulmanes y al otro cristianos, y por lo tanto constantemente temía ser atacado desde ambos lados. Por otra parte, la gente de Khazaria no profesaba ninguna fe, practicaban la idolatría, lo que propiciaba la invasión por parte de algún pueblo que quisiera convertirlos a una determinada fe.

Bulán, el Rey de Khazaria, a fin de protegerse de un ataque, decidió que su pueblo se convirtiera a una de estas religiones, pero ¿a cual? Si se convertían a la fe musulmana correrían el riesgo de ser atacados por los cristianos y si se convertían a la fe cristiana se arriesgaban a ser atacados por los musulmanes.



Tuvo una idea. Había otra raza que era capaz de tratar tanto con los musulmanes como con los cristianos que los rodeaban, sobre todo en materia de comercio. Una raza que también tenía tratos con la gente de Khazaria. Esta raza eran los judíos. El Rey Bulán decidió que si hacía que su pueblo se convirtiera al judaísmo podría contentar tanto a musulmanes como a cristianos, ya que ambos ya estaban dispuestos a negociar con los judíos, por lo tanto eso es lo que hizo.

El Rey Bulán tenía razón. Viviría para ver cómo su país no era conquistado, su pueblo se convirtió al judaísmo con entusiasmo y adoptó los principios del libro judío más sagrado, el Talmud. Pero hubo muchas cosas que el rey no vio.

No vivió lo suficiente como para ver que su raza asiática de conversos al judaísmo, un día representaría el 90% de todos los judíos del planeta, y se llamarían a sí mismos judíos asquenazíes, cuando en realidad no eran judíos, sino simplemente una raza asiática de un pueblo que se había convertido a la religión judía, mientras continuaban hablando el idioma de Khazaria, el yiddish, totalmente diferente a la lengua de los hebreos.

No viviría para ver a su pueblo convertirse en la descendencia de un hombre, mucho más poderoso que él, que nacería poco más de 1.000 años después, en Alemania, un hombre llamado Bauer, que engendraría la dinastía de los Rothschild.

No viviría lo suficiente como para ver a esta dinastía usurpar la riqueza del mundo a través del engaño y la intriga, financiándose a base de enormes riquezas que acumulaban a medida que usurpaban la riqueza del mundo para hacerse con el control de la oferta monetaria mundial.

No viviría para ver a su pueblo exigiendo una patria propia en Palestina como derecho de nacimiento, y asegurándose que todo primer ministro desde su creación en 1948 fuera un judío asquenazí, aunque la verdadera patria de los judíos asquenazíes, Khazaria, su reino, está a unos 800 kilómetros de distancia.



Y no viviría para ver a su pueblo cumpliendo la profecía bíblica, como la «sinagoga de Satanás».

«Conozco tu tribulación y tu pobreza, aunque de hecho eres rico; sé cómo te calumnian esos que se hacen llamar judíos sin serlo, ya que son una sinagoga de Satanás«.

Apocalipsis 2:9

Por A. C. Hitchcock

©2019-paginasarabes®

Los árabes no pueden destruir a Israel, pero los rabinos sí

Los árabes no pueden destruir a Israel, pero los rabinos si pueden. Los rabinos pueden hacer eso convirtiendo a Israel en la clase de entidad política en que los judíos vivieron por 2000 años, convirtiéndola en un lugar gobernado por la ley clerical y el pensamiento clerical que se ha vuelto tan atrasado y xenófobo que Israel no será capaz de funcionar como un estado.

Ze’ev Chafets, (editor colaborador del Jerusalem Post, Abril del 2001)

Entre 1985 y 2000 dos tendencias sociales provocaron cambios en la sociedad judía israelí. Estas tendencias y sus repercusiones polarizadas que se desarrollaron a partir de allí afectaron y fueron afectadas por el fundamentalismo judío. La primera tendencia fue el deseo de muchos judíos israelíes de una resolución del conflicto árabe-israelí y de una paz duradera. El deseo era hacer ciertas concesiones para alcanzar una situación sin guerra. Dentro del contexto del proceso de Oslo, Israel se retiró de parte de los territorios ocupados desde 1967 y permitió a los palestinos vivir allí con un gobierno más autónomo, pero no soberanamente.



A continuación de esa retirada más judíos israelíes reconocieron a la Autoridad Nacional Palestina y la necesidad de un estado palestino de algún tipo. Hubo una reacción, porque muchos judíos israelíes son chauvinistas que sienten orgullo en el despliegue de poder judío y consideraban que era una compensación por siglos de humillación judía. Estos chauvinistas percibían el cambio que ocurría como una humillación nacional. Los extremistas religiosos, o sea los fundamentalistas judíos, entre estos chauvinistas consideraban el cambio como un insulto a Dios.

Dirigieron su ira no solamente en contra de los enemigos árabes sino incluso más en contra de los traidores judíos, los cuales decían que habían debilitado la voluntad nacional Tales sentimientos estuvieron entre los que motivaron a Yigal Amir para asesinar al Primer Ministro Rabin y a Baruch Goldstein para masacrar a civiles palestinos en Hebrón.

Los resultados comparativos de las elecciones de 1992 y 1996 muestran que la proporción de judíos israelíes que se oponían a concesiones ulteriores se incrementó progresivamente. Por ejemplo, en la elección de 1992, 61 integrantes de la Knesset apoyaban el proceso de Oslo. En la elección de 1999 el número cayó a 46 a pesar de la victoria de Barak sobre Netanyahu en la elección para primer ministro. En orden a llevar adelante sus planes, Barak tuvo que considerar el forjar acuerdos con partidos de derecha; consideró a dos partidos fundamentalistas, el Shas con 17 escaños en la Knesset y el Yahadut Ha’Tora con 5 escaños. Estos dos partidos haredim usualmente han estado preocupados solamente por cuestiones religiosas y visto que sus deseos eran lograr estas cuestiones, han estado mayormente deseosos de aceptar casi cualquier política exterior y/o económica.



El Partido Religioso Nacional (PRN), que tenía 6 escaños en la Knesset luego de la elección de 1999, tradicionalmente ha puesto por encima de todo la política exterior, y especialmente el apoyo a los colonos religiosos en Cisjordania.

Por N. Mezvinski

©2019-paginasarabes®

Los Árabes, una raza inteligentísima

El vendedor de tapices es una acuarela realizada por Mariano Fortuny en 1870 en París y que se expone en el Museo del Monasterio de Montserrat.

Los Árabes fueron una raza inteligentísima, de aptitudes variadas, por no decir universales, como merece; y valiente, a la vez que amiga de todo progreso; la cual, impulsada por la mejor religión positiva que había existido, no sólo conquistó un gran número de pueblos, sino que hasta supo reconstituirlos de nuevo, borrando preocupaciones gravísimas de orden social, y fundando y estableciendo otra civilización, de la cual dimana gran parte de la nuestra, y que fue tan sólida en lo moral y lo intelectual, que sólo cabe compararla con la griega antigua; pues lo que ha dado en llamarse cultura romana, no fue otra cosa que un reflejo de aquélla; brillante en unas cosas, y apagado en otras.

Tres pueblos antiguos tuvieron una civilización verdaderamente original, que trascendió a la humanidad, y de la cual todos procedemos. Egipto, Grecia y los Árabes; sin que ninguno de ellos, ni en lo relativo a la época, ni en lo absoluto de las instituciones, sea inferior al otro: todos son iguales, todos son grandes, todos son inmortales en la historia y ante la posteridad.

El estudio de la civilización árabe tiene para España un interés particular, dimanado de nuestra misma historia; pero aunque nadie modernamente ya lo niegue, quizá todavía nadie ha comprendido hasta qué extremo llega. Los Anales españoles no se escriben bien; no se escriben con la proporción que deben escribirse, lo cual depende sin duda de que todavía no se ha comprendido que es imposible componer una buena historia de España, sin ser el autor arabizante eruditísimo; o siquiera teniendo por colaboradores a hombres doctos en el conocimiento de los Árabes y de sus libros.

Un corto número de musulmanes, casi todo compuesto de Berberiscos, se apodera de España, después de una sola batalla; la ocupa, la organiza, y se adelanta hasta lo que después se llamó Provenza, donde formó una marca, o sea una avanzada para cubrirse contra los Francos.



¿Qué había sido de los Godos? Algunos habían quedado en el país conquistado, aceptando el yugo de los invasores; y la mayor parte se habían replegado en la Provenza, dominada por compatriotas suyos. En cuanto a los Españoles, o sea a los habitantes naturales de España, permanecieron muy tranquilos en sus ciudades, villas y aldeas, donde los musulmanes les trataron, en todos conceptos, mejor que los Romanos y que los Godos.

Pero la línea que forma España desde el cabo de Creus hasta el de Finisterre no había sido nunca positivamente dominada por Cartagineses, Romanos, ni Godos; y los Árabes tuvieron también la pretensión de sujetarla, buscando a los montañeses bárbaros e indómitos, que la ocupaban; y guerreando con ellos sistemática y anualmente, como lo ordenaba el Corán. Así comenzaron a adquirir aquellos montañeses una personalidad política que no tuvieran en los siglos anteriores. Mientras los gobernadores árabes de los Pirineos se entretenían de este modo, llegaban a España árabes distinguidos en comercio, industria, ciencia y letras; y aprovechando las huellas que habían quedado aquí de todo esto, al decaer la época romana, daban a los naturales del país un impulso vigoroso, que los entregaba a la vida intelectual, industrial y comercial.

La superioridad de aquella clase dirigente, el prestigio político que le daba la gobernación del país, la aristocracia militar que capitaneaba, la inmigración de Berberiscos que traía de África, y los continuos parentescos que todos contraían con las familias Españolas, casándose cada uno con varias mujeres de esta tierra; eso unido a las pocas raíces que todavía echara en los Españoles el cristianismo de aquellas épocas, que era muy diferente del de las nuestras, fue causa de que los Españoles abrazaran lentamente el Islam, quedando reducidos al cabo de algunos siglos los cristianos a un corto número de familias, que casi llegaron a desaparecer.

Por L. Carreras

©2019-paginasarabes®

Los mosquitos, vencedores de Babilonia y Alejandro Magno

El principal dios de los babilonios, el dios Nergal, señor del Inframundo, era representado como un mosquito. Encontraremos el porqué de la metáfora si nos situamos en los cañaverales contiguos a las ruinas de Babilonia, en el lugar donde Alejandro Magno, dueño del mundo entonces conocido, murió en el año 320 a. J.C., a los treinta y tres años de edad. En ese lugar se unen el Éufrates y el canal de Hillah, después de rodear con su curso la antigua ciudad.

Esto nos lleva a la historia del festín de Baltasar, el general babilonio del siglo VI a. J.C. que defendió la ciudad contra Ciro y los persas. Los soldados se burlaron cuando los hombres de Ciro empezaron a excavar una profunda zanja alrededor de la ciudad a fin de rendirles por el hambre. Eso pensaba la guarnición de Baltasar, al haber dentro de las murallas provisiones para subsistir treinta años. Ciro escogió la noche del festín, en que una mano misteriosa escribió en las paredes de la sala del banquete las palabras: «Mene, mene tekel, upharsin» («Los días de tu reinado han sido contados por Dios y ha señalado tu fin»), para encauzar las aguas del Éufrates por la zanja.



Los persas invadieron entonces la ciudad cruzando el lecho seco del río. Al ser desviado, el Éufrates redujo las inmediaciones de Babilonia a una extensión de terreno completamente anegada de agua. Allí se criaban por doquier los mosquitos propagadores del paludismo. Estos insectos produjeron la enfermedad y la muerte, y debilitaron a la población de modo que ésta era incapaz de conservar los sistemas de regadío y de cultivar la tierra. Y así se aceleró el colapso, por lo que podemos decir que fue el mosquito, y no los mongoles, el que destruyó Babilonia.

Mucho antes de que las hordas asiáticas se convirtieran en la pagana «escoba destructora» que barrió Babilonia en cumplimiento de la profecía de Isaías«Y será Babilonia, joya de los reinos, adorno soberbio de los caldeos, como la catástrofe de Dios sobre Sodoma y Gomorra y no será habitada jamás» (I, 13-19)—, los mosquitos se habían convertido en los comandos del Señor de los Ejércitos.

El invencible Alejandro conquistó Babilonia y a través de Persia llegó hasta la India para adueñarse de civilizaciones más antiguas que la suya propia. Al frente de sus ejércitos volvió por tierra a Babilonia, allí enfermó y murió de paludismo por la picadura de un mosquito.

Por S. Río

©2019-paginasarabes®

Napoleón y sus movimientos en Egipto y Palestina

Batalla de las Pirámides (1798)

Al atardecer del primero de julio de 1798, treinta y seis mil soldados, algo más de dos mil oficiales y unas trescientas mujeres entre esposas de militares y prostitutas embarcadas ilegalmente en una de las flotas de guerra más grandes jamás armadas, pusieron pie en las playas egipcias de Alejandría, Rosetta y Damietta. Salvo una reducidísima élite militar, ninguno sabía a ciencia cierta qué esperaba Francia de ellos al otro extremo del Mediterráneo.

Superados los primeros inconvenientes, en sólo veinte días parte de esos efectivos se habían hecho ya con el control del Delta del Nilo y descendían rumbo a El Cairo. Allí vieron por primera vez las impresionantes pirámides de Giza, y bajo sus sombras picudas derrotaron a las poco organizadas hordas de combatientes mamelucos. De esta forma, se ponía fin a tres siglos de dominio otomano en Egipto.



Quien dirigió tan colosal como desconocida operación fue el prometedor y ambicioso general Napoleón Bonaparte. Con la complicidad del ministro de Asuntos Exteriores y del cónsul francés en la capital egipcia, éste planeaba cortar la próspera ruta comercial de los ingleses con Asia, para debilitar así al peor enemigo que tenía Francia por aquel entonces. Napoleón, no obstante, pronto cayó preso de su propia ambición. El almirante británico Horace Nelson localizó y hundió su flamante flota frente a las costas de Abukir el 1 de agosto de aquel mismo año, causando más de mil setecientas bajas y dejándole aislado, sin suministros y a merced de sus enemigos en un territorio hostil y extraño. Pero los franceses resistieron con tenacidad.

Durante los siguientes catorce meses que pasó en tierras egipcias, Bonaparte aprovechó bien el tiempo: fundó un instituto para estudiar el misterioso pasado de aquel pueblo, y puso a trabajar a más de ciento sesenta sabios expresamente reclutados en Francia para exprimir de sus estériles arenas el jugo de una ciencia olvidada y poderosa. Sólo esa acción demostraba que su propósito final en tierras faraónicas no era exclusivamente bélico.

Tal fue la obsesión del general por controlar aquella región del planeta que incluso se adentró en Tierra Santa con la intención de sojuzgarla. Era como si Bonaparte pretendiera emular las hazañas de los primeros cruzados. De hecho, al modo de un templario del siglo XIII, atravesó Palestina de sur a norte, hasta que el 14 de abril de 1799, contra la voluntad de todos los generales que le acompañaban, quiso pernoctar en un pequeño villorrio cercano al lago Tiberiades llamado Nazaret. Jamás —nunca, ni siquiera en su postrer exilio en Santa Elena— explicó el porqué de aquella decisión.

Su campaña militar en los Santos Lugares y Siria fue otro fracaso. Sabía que su carrera amenazaba con desplomarse si persistían las derrotas y los errores estratégicos. Quizá por ello Napoleón asedió Jaffa, la conquistó a sangre y fuego y acabó con las vidas de soldados, mujeres, ancianos y niños sin ningún miramiento. Pero San Juan de Acre —el último reducto de los turcos rebeldes— se le resistió, truncando sus planes de llegar hasta las puertas mismas de Constantinopla, y echando por la borda su secreto deseo de emular las conquistas de Alejandro Magno.

Desmoralizado, el general regresó a El Cairo para descubrir que, el 15 de julio de 1799, más de quince mil turcos apoyados por los ingleses habían desembarcado en Abukir dispuestos a expulsarle definitivamente de Egipto. El lugar elegido por sus enemigos trajo funestos recuerdos a Napoleón. Pero el 25 de julio sus tropas derrotaron a los mamelucos, vengando en parte el agravio de Nelson.

Bonaparte, embriagado por el éxito, puso de nuevo rumbo a El Cairo, adonde llegó el 11 de agosto, en medio de los calores más fuertes del año. Fue entonces cuando sucedió algo inesperado: mientras ultimaba discretamente su regreso triunfal a Francia, decidió pasar otra noche en un lugar poco recomendable. Esta vez, en el interior de la Gran Pirámide de Giza.



Tampoco explicó nunca el porqué de esta otra decisión. Ni dio demasiados detalles de lo que allá adentro le ocurrió. Sus biógrafos no resolvieron jamás el misterio. Pero después de permanecer la madrugada del 12 al 13 de agosto de 1799 en el vientre del mayor monumento levantado por el hombre en la antigüedad, Napoleón no volvería a ser ya el mismo…

Por J. Sierra

©2019-paginasarabes®

A 50 años de la quema israelí de Al-Aqsa – Por Suhail Hani Daher Akel

El 21 de agosto de 1969, con el visto bueno de los soldados de la ocupación, el terrorista pirómano australiano Rohan, perteneciente a la secta cristiana-sionista, se filtró en el interior de Al-Aqsa y desató un brutal incendio.

A 50 años de la quema israelí de Al-Aqsa latente en la actualidad bajo la ocupación.

Mientras que el recientemente fundado Israel ocupó el sector Occidental de Jerusalem en 1948, durante la guerra de junio de 1967 el poder militar sionista derrotó a varios países árabes en apenas 6 días y ocuparon, además, del Golán sirio, parte de Jordania y Egipto, el resto de Palestina y su capital el sector Este de Jerusalem. Con ironía el general israelí Moshe Dayan, al entrar en la milenaria ciudad, aseguró: “Entramos a Jerusalem para no salir nunca más”.

Desde esa instancia, el régimen ocupante agresivamente emprendió diversas excavaciones debajo de la Mezquita Al-Aqsa con mentirosos pretextos frente a la real motivación de dañar sus cimientos para el derrumbe del edificio erigido en el siglo VII y establecer en su lugar el templo de Salomón. Si bien, esto fue reiteradamente denunciado, a nadie le interesó escuchar las desesperadas voces, proteger y arrancar de las manos israelíes la primera Quibla del Islam.

Por estas avanzadas políticas de judaización de Jerusalem, la explanada de las mezquitas Al-Aqsa y la cúpula de la Roca quedaron a merced de los extremistas fanáticos israelíes. El jueves 21 de agosto de 1969, en horas tempranas y con el visto bueno de los soldados de la ocupación, el terrorista pirómano australiano Dennis Michel Rohan, perteneciente a la secta cristiana-sionista, se filtró en el interior de Al-Aqsa y desató un brutal incendio.

Advertidos por las sirenas los guardias palestinos del complejo Al-Aqsa alertaron del voraz incendio dentro de la sala de oración. De inmediato centenares de palestinos entre musulmanes y cristianos luego de quebrar el impedimento de las tropas sionistas con fuertes enfrentamientos en el Noble Santuario, hicieron cadenas humanas para apagar el incendio con cubos de agua hasta que llegaran los bomberos palestinos de las ciudades de Ramallah, Hebrón y Tulkarem, tras superar las trabas sionistas en los cruces de las carreteras.



El fuego ardió durante horas y se extendió por las partes más antiguas destruyendo el púlpito de madera de olivo, sándalo y marfil de 900 años de antigüedad obsequiado por el iraquí sultán Salah al- Din al-Ayubbi (Saladino). El daño fue considerable y arrasó con los antiguos paneles de mosaico en las paredes y los techos, carbonizando las alfombras y una gran parte de literatura musulmana.

El terrorista austriaco Rohan, que fue traído en los fatídicos chats por la Agencia Judía para trabajar y colonizar Palestina, lo detuvieron el 23 de agosto y llevaron ante un tribunal israelí que irónicamente lo juzgó, lo encontró culpable y lo consideró como ‘persona con alteraciones mentales’ enviándolo de regreso Australia donde falleció de muerte natural y en libertad en 1995.

El gobierno israelí de la terrorista ucraniana, la premier Golda Meir, como fuerza ocupante no solo no se hizo cargo de lo ocurrido, sino que lo incitó a Rohan hacerlo como parte cómplice del crimen de lesa humanidad que nunca tuvo culpables que pagaran sus culpas.

Cincuenta años después con el apoyo del excéntrico presidente Donald Trump, Israel judaizó la ciudad y los peligros siguen acechando a la explanada de las mezquitas profanada diariamente por centenares de ilegales colonos judíos que la ensucian con sus cánticos talmúdicos.

Por Suhail Hani Daher Akel *
Con información de Palestinian Information Post-PIP

(*) – Fue el primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina.
– Fue el primer Representante de la OLP en la Argentina.
– Analista internacional sobre la situación de Palestina.

©2019-paginasarabes®