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Yomeddine: la historia de un leproso cristiano y un niño huérfano

Yomeddine es una obra de la cinematografía egipcia alejada del poder, protagonizada por seres humanos despreciados por su propia comunidad. Contiene un bellísimo instante en su desenlace, quizá el único donde los valores cinematográficos se imponen a los políticosociales, que sí que son obvios y amplios. Un maravilloso susurro de cine, un compendio de imagen y texto en off, el mejor augurio de un artista quizá por llegar.

Película de carretera protagonizada por un leproso cristiano y un niño huérfano, en busca de la familia del primero, que lo cree muerto, Yomeddine está narrada a través de un espíritu que siempre busca el confort a pesar de la dureza del camino. Entre su acumulación de situaciones dramáticas, siempre hay una serie de circunstancias felices, empáticas y casi cómicas, lo que provoca que en su relato no haya gama de grises y sí simples blancos y negros vitales poco plausibles.

Narra la historia de un leproso copto y su aprendiz huérfano dejan los confines de la colonia de leprosos por primera vez y se embarcan en un viaje a través de Egipto para buscar lo que queda de sus familias.

Beshay nunca ha salido de la colonia de leprosos en la que le abandonaron siendo un niño. Tras la muerte de su mujer decide coger sus escasas pertenencias e ir en busca de sus raíces junto a Obama, un joven huérfano que se une a él en el camino. Beshay cruza Egipto en busca de una familia y unos orígenes plantándole cara al mundo y superando todas las dificultades pero también disfrutando de los buenos momentos que le depara el viaje.

título internacional:Yomeddine
título original:Yomeddine
país:Egipto, Estados Unidos, Austria
ventas en el extranjero:Wild Bunch International
año:2018
género:ficción
dirección:A.B. Shawky
duración:93′
fecha de estreno:FR 21/11/2018, ES 15/03/2019, PL 5/04/2019, NL 18/04/2019
guión:A.B. Shawky
reparto:Rady Gamal, Ahmed Abdelhafiz, Shahira Fahmy, Mohamed Abdel Azim, Osama Abdallah, Shehab Ibrahim
fotografía:Federico Cesca
montaje:Erin Greenwell
escenografía:Laura Moss
música:Omar Fadel
productor:Dina Emam
coproductor:Mohamed Hefzy, Mohamed Saqr
productor ejecutivo:Gill Holland, Michel Merkt, A.B. Shawky
productor asociado:Daniel Ziskind
producción:Desert Highway Pictures (EG), Film-Clinic (EG)

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Árabes en América – Desde Bilad al-Sham (Siria, Líbano y Palestina)

Bilad al-Sham

A finales del siglo XIX y principios del XX, un número considerable de habitantes de Bilad al-Sham (Siria, Líbano y Palestina), al igual que otros europeos, emprendieron un largo viaje para hacer las Américas. La causa fundamental fue la razón socioeconómica, además de factores minoritarios de tipo político e intelectual. Esa migración dejó una primera huella creadora en lo que se ha denominado la literatura del mahyar, básicamente la escuela de São Paulo y la estadounidense de Gibrán Khalil Gibrán, pero sobre todo puso la semilla de varias generaciones árabes que se convirtieron sin lugar a dudas en americanas sin por ello perder su memoria histórica de origen. Sus apellidos son identidad y evocación permanentes para propios y extraños.

Pese a la denominación popular de turcos, reflejada en la literatura de Gabriel García Márquez, Jorge Amado, Ernesto Sabato y muchos otros grandes escritores, su procedencia es árabe y no turca. El origen del malentendido es que llegaban con pasaporte del Imperio turco otomano con capital en Estambul, a cuyo conjunto sociopolítico pertenecían las denominadas wilayas o provincias árabes de Oriente Medio y del norte de África hasta Argelia. La resistencia popular a corregir ese error ha llevado a que se mantenga para siempre.

La primera etapa no fue fácil, como para nadie en el proceso de migración, pero quizás particularmente para muchos de esos árabes que llegaban al Nuevo Continente. Las visiones colonialistas basadas en el valor civilizacional de la raza blanca y la superioridad cultural europea frente a los otros pueblos, que de manera brillante ha analizado y desmontado Sophie Bessis en su libro Occidente y los otros, se reflejaron también en las Américas a través de discursos y opciones políticas, cuando no incluso leyes, que preferían la inmigración europea sobre la de los otros, particularmente esos «turcos» procedentes de un Oriente Medio donde los intereses europeos elaboraban el discurso colonial de su superioridad cultural y civilizacional frente a los pueblos inferiores. La lucha contra los prejuicios y los estereotipos fue, pues, un ingrediente a afrontar por esos nuevos pobladores de las Américas. Sin embargo, no impidieron su arraigo e integración.

Se distinguieron por una enorme vitalidad que les llevó desde los centros urbanos principales a los puntos geográficos más lejanos y entonces casi inexpugnables (como el extremo sur austral). La venta ambulante y el oficio de buhoneros (lo vendían todo) caracterizó su modo de vida primigenio en el Nuevo Continente. De ese negocio nacieron grandes o pequeñas fortunas que permitieron medrar a sus hijos a través de la educación y las profesiones liberales y, hoy en día, forman parte de toda la geografía americana, particularmente en la sudamericana (no hay un solo país de este enorme continente que no tenga prominentes descendientes de árabes).

Su aportación, pues, a la construcción de las entidades nacionales iberoamericanas y su contribución a la consolidación de esos nuevos países americanos, desde el punto de vista político, económico y cultural, es tan incuestionable como lo fueron las de españoles, italianos y europeos varios. Sin embargo, no se ha dado un reconocimiento explícito y simbólico a esa aportación colectiva distinta de la europea, desdibujando así su existencia. La propia denominación global del sur del continente americano, entre Iberoamérica o Latinoamérica, expresa una falta de reconocimiento a las otras aportaciones no europeas, como la árabe o la africana, por no hablar de la indígena, que muestra la influencia de ese eurocentrismo cultural prevalente en el momento de la definición de las identidades nacionales y transnacionales.

Su diversidad es un pequeño caleidoscopio de la pluralidad de confesiones y orígenes de Oriente Medio (cristianos maronitas y ortodoxos —mayoritarios— musulmanes sunníes y chiíes, drusos, judíos) y, si bien los avatares convulsos de los conflictos en esa parte del mundo no les son ajenos, su arabidad común y su identidad nacional iberoamericana es un aglutinador que, pese a las discrepancias, frena que se pase a mayores. Normalmente el diálogo y la comunicación prevalecen.

¿Hay un mayor ejemplo de que las teorías sobre la incompatibilidad de valores entre Occidente y el mundo árabe es una construcción ideológica al servicio de oscuros intereses? La experiencia de la Arabia americana deja al desnudo las teorías apocalípticas sobre el choque de civilizaciones. Las generaciones americanas de origen árabe han mostrado la posibilidad del mestizaje y la perfecta integración entre lo árabe y lo occidental. En estos tiempos tan convulsos, destacar el ejemplo de la exitosa aportación de la emigración árabe a las identidades nacionales iberoamericanas es un ejercicio de divulgación y conocimiento de gran alcance social y político.

Por Gema Martín Muñoz (Arabista, directora general de Casa Árabe-IEAM)

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