Archivo de la categoría: Cristianismo

Ben Hecht y la crucifixión de Jesucristo

«Uno de los hechos más exquisitos que la plebe haya podido realizar, fue la crucifixión de Jesucristo. Desde el punto de vista espiritual fue una gesta brillante. Pero hay que reconocer que la masa actúa sin capacidad suficiente. Si yo hubiera sido el encargado de la crucifixión de Cristo, habría actuado de otra manera. Le habría enviado a Roma y le hubiese echado como despojos a los leones. Del cuerpo en carne picada nunca se hubiera podido hacer un redentor.»

Ben Hecht * en A Jew in Love.



*Era hijo de inmigrantes ruso judíos, nacido en Nueva York en febrero de 1894 y que solo terminó la secundaria.

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Yahia – (Juan «El Bautista»),su verdadero mensaje según el Islam

Juan «El Bautista»

Yahia fue ordenado por Allâh con el Tauhid, toda la adoración exclusivamente y únicamente para Allâh, sin adscribir copartícipes con ÉL.

Imam Ahmad narró que Al-Hariz Al-Ash’ari dijo que el Profeta de Allâh dijo:

Allâh mandó a Yahia bin (hijo de) Zakaría que implementara cinco mandatos y ordenar  a los Hijos de Israel que los pusieran en práctica, pero Yahia fue lento en llevar a cabo estas órdenes. ‘Isa (Jesús, hijo de María) dijo a Yahia:

«Tú fuiste mandado a implementar cinco mandatos y ordenar a los Hijos de Israel que los cumplieran. De modo que, o se los ordenas o lo haré yo».

Yahia dijo:

«¡Hermano mío! Temo que si tú lo haces antes que yo, seré castigado o la tierra será sacudida (temblará) bajo mis pies».

Así pues, Yahia bin Zakaría llamó a los Hijos de Israel a Bayt Al-Maqdis (Jerusalem), hasta que ellos llenaron el Masjid. Se sentó en el púlpito, dio gracias a Allâh y Le alabó, y luego dijo:

«Allâh me ha ordenado implementar cinco mandatos y que debo ordenaros que los sigáis. El primero de ellos es que adoréis a Allâh únicamente, y no asociéis a nadie junto con ÉL. El ejemplo de este mandato es el ejemplo de un hombre que compró un siervo de su dinero con papel u oro. El siervo empezó a trabajar para su amo, pero él (siervo) fue pagando los beneficios a otra persona. ¿Quién de entre vosotros le gustaría que su siervo hiciera eso? Allâh os creó y os sustenta. Por lo tanto, adoradle solo a ÉL, y no le asocies nada/nadie con ÉL.

También os encomiendo que recéis, ya que Allâh dirige SU Rostro hacia el rostro de su siervo, siempre que el siervo no se aleje. Luego, cuando recéis, no volváis vuestras cabezas aquí y allá. También os encomiendo que ayunéis. El ejemplo de esto es el ejemplo de un hombre en un grupo de hombres y él tiene un poco del almizcle envuelto en un trozo de tela, y consecuentemente, todo el grupo huele al aroma del almizcle envuelto. Verdaderamente, el olor de la boca de una persona ayunando es mejor ante Allâh que el aroma del almizcle.

También os encomiendo que deis en caridad. El ejemplo de esto es el de un hombre que fue capturado por el enemigo. Ellos le ataron sus manos a su nuca y lo trajeron para cortarle el cuello. Él les dijo, ‘¿Puedo pagar un rescate para mí mismo?’ Él se mantuvo rescatándose a sí mismo con grandes y pequeñas cantidades hasta que se liberó a sí mismo. También os encomiendo que siempre recordéis a Allâh. El ejemplo de esta acción es el de un hombre cuyo enemigo le persigue sin descanso. Él toma refugio en una fortaleza fortificada. Cuando el siervo recuerda a Allâh, él estará recurriendo al mejor de los refugios contra Satán».



l-Hariz entonces narró que el Mensajero de Allâh (salallaho aleihi wa sallam) dijo:

«Y os encomiendo cinco mandatos que Allâh me ha ordenado. Aferráos a la Yama’ah (comunidad de los creyentes), escuchad y obedeced (a vuestros líderes) y realizad la Hijrah (migración) y el Jihad por la causa de Allâh. Quien abandona la Yama’ah, incluso solo la distancia de un palmo (de la mano), habrá quitado el lazo de Islam de su cuello, a menos que vuelva. Quien use los eslóganes del Jahiliya (el período de ignorancia pre-Islámica), será de entre los que se arrodillan en Jahannam (Infierno)». Ellos dijeron, «¡Oh, Mensajero de Allâh! ¿Incluso si reza y ayuna?». Él dijo, «Incluso si reza, ayuna y clama ser musulmán. Luego, llamad a los musulmanes con sus nombres que Allâh les ha llamado: ‘Los musulmanes, los siervos creyentes de Allâh’».

Éste es un hadiz Hasan, y contiene la declaración, «Allâh os ha creado y sustentado, luego, adoradle y no le asocies nada a ÉL en la adoración.» Esta declaración es relevante en el Ayat (2:21-22) que estamos discutiendo aquí y apoya la adoración única de Allâh, sin asociados.

Con información de Tafsir Ibn Kazir, Volumen 1

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Muqdad al-Khouri: Siria apoya a Palestina en la lucha por sus derechos

El Viceministro de Asuntos Exteriores y Emigrantes, Dr. Faisal Mekdad, se reunió hoy con el Dr. Ramzi Khoury, Presidente del Consejo Supremo de Iglesias en Palestina y su delegación acompañante.

    • El Dr. Miqdad destacó que Siria apoya al pueblo fraternal palestino en su lucha por la restauración de sus derechos históricos legítimos e inalienables, incluido su derecho al retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un estado independiente en sus tierras con Jerusalén como su capital.

El viceministro de Relaciones Exteriores también señaló que el pueblo palestino necesita la unidad ahora más que nunca para enfrentar los desafíos que amenazan su existencia y sus derechos.


    • A su vez, el jefe de la delegación destacó que el pueblo palestino luchará por todos los medios disponibles para enfrentar el llamado «acuerdo del siglo» y restaurar los derechos del pueblo palestino.
    • Señaló que el objetivo de la visita de la delegación a Siria es unir los esfuerzos sirios y palestinos frente al «acuerdo del siglo» y resistir las decisiones estadounidenses, que son legal, moral y políticamente rechazadas como una «capital» de la entidad sionista y considerando al Golán árabe sirio como parte de la entidad israelí.

Asistieron a la reunión Osama Ali, Director de la Oficina del Viceministro, el Dr. Nabil Suleiman, Director de la Oficina del Ministro de Awqaf y Alia Mahfouz Ali, Oficina del Viceministro.

En el lado palestino estuvieron Anwar Abdel Hadi, Director General del Departamento Político de la Organización de Liberación de Palestina, Hina Amira, ex Presidenta del Consejo, Musa Farah Hadid, Miembro del Comité Superior de Iglesias en Palestina, Amira Hannaina, Directora General del Comité Superior de Iglesias en Palestina.

Con información de Tishreen

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Ser árabe – Cuando se conjugan el corazón y la razón

Sin lugar a dudas, la cultura árabe contiene una gran riqueza de tradiciones y costumbres muy arraigadas. Estando presente en todo el mundo a través de sus expresiones culturales como la danza, música, literatura y gastronomía.

Igualmente se ha destacado por tener personalidades como Jaber íbn Hayyan, Amr Diab, Yasser Arafat, Ibn Sina, Al-Mamún, y el Profeta Muhammad.

Rasgos de esta cultura se muestran en ciudades como El Cairo, Abu Dhabi, Jiddah, Dubái, Marrakech, Luxor y Medina.

Cultura árabe

La cultura árabe se originó en la Península Arábiga, extendiéndose geográficamente por el norte de África y Medio Oriente.

Se conoce como mundo árabe al conjunto de países que hablan la lengua arábiga y que conforman la Liga Árabe. En este sentido, las naciones que conforman el mundo árabe son: Egipto, Irak, Jordania, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Yemen, Libia, Sudán, Marruecos, Túnez, Kuwait, Argelia, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Omán, Mauritania, Somalia, Palestina, Yibuti y Comoras.

Por ello es importante señalar, que la valoración de la cultura árabe, aunque tenga vínculos históricos con el Islam, es exclusivamente lingüística, tanto que muchos musulmanes no hablan árabe y un grupo de árabes profesan otras religiones.

Nacionalismo árabe

El nacionalismo árabe procura la alianza de prácticamente todo el mundo árabe como una sola nación. De tal forma, existen tres factores que determinan si una persona puede ser considerada árabe o no.

Políticos: si vive en un país miembro de la Liga Árabe, definición que cubre a más de 300 millones de personas.
Lingüísticos: si el idioma materno es el árabe, un concepto que abarca más de 200 millones de personas.
Genealógicos: si tiene ascendencia de originarios de la Península Arábiga.

Cuando fue fundada la Liga Árabe se estableció que: “árabe es una persona que hable árabe, viva en un país de lengua árabe, y simpatice con las aspiraciones de los pueblos árabes”.

En la organización geopolítica del mundo árabe, adicional a la Liga Árabe, el territorio se divide de la siguiente forma:

Magreb: son los países que se encuentran al occidente de Egipto, como Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Estas naciones conforman la Unión del Magreb Árabe o UMA.
Mashrek: está conformado por el resto de las naciones que se ubican al oriente del mundo árabe, incluyendo Egipto. La única organización existente en esta área es el Consejo de Cooperación para Estados Árabes del Golfo, integrado por Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

Entre otros organismos políticos dedicados a incentivar el desarrollo económico, político y hermandad entre los árabes, para la organización de la economía ,el Fondo Monetario Árabe, Consejo de Cooperación Árabe, Consejo Económico de Unidad Árabe, Organización de los Países Árabes exportadores de Petróleo.


Períodos históricos

Se pueden distinguir dos grandes períodos históricos de la cultura árabe, que sirvieron la culturizar a Europa.

Preislámico

Esta etapa estuvo formada por los pueblos semitas que emigraron de la Península Arábiga, caracterizados por tener un idioma parecido. Así, los babilonios, caldeos, asirios, egipcios, arameos, fenicios, nabateos, sabaneses, himaritas fueron la base de la cultura árabe. De estos pueblos que actualmente conforman el mundo árabe, sobre todo Egipto, los griegos adquirieron muchos de sus conocimientos.

Islámico

Durante este período aparece el Islam, los pueblos de origen semita se unen en torno a las prédicas de Muhammad, constituyendo una civilización árabe musulmana. Con la muerte de Muhammad, empieza la expansión del Islam y una serie de disputas por el poder político-religioso. En este sentido, los sucesores de Muhammad fueron sus discípulos, llamados califas, que instauraron los siguientes califatos.

Ortodoxo (632 -660 D.C.).

Fue el único califato elegido y reconocido por los musulmanes suníes y shiíes. Estuvo distinguido por cuatro califas: Abu Beker, Omar, Otman y Alí, quienes implantaron la Guerra Santa contra los infieles. Conquistaron Palestina, Siria, Armenia, Bizancio, Mesopotamia, Persia y Egipto, y establecieron la capital en Medina.

Omeya (660 – 750 D.C.).

Constituye el primer califato hereditario de orientación musulmana sunnita. Instauraron la capital en Damasco, e iniciaron nuevas conquistas como Beluchistán, Afganistán, Turquestán, norte de África y España.

Abásida (750 – 1242 D.C.)

Fue un califato impuesto por Abu Abbas, luego de asesinar a la familia de los Omeyas, trasladando la capital a Bagdad y posteriormente a El Cairo.

El Islam se expandió hasta las fronteras con la India, pero una cantidad de vaivenes y diferencias generaron su división en tres califatos. De esta manera la civilización árabe musulmana quedó separada en: Califato de Bagdad, Califato de Córdoba, y Califato de El Cairo.

Escritura

Se puede afirmar que la escritura árabe es el principal arte islámico, ya que está basada en veintiocho letras del alfabeto árabe que se unen entre sí, formando las palabras mediante ligeros trazos de caligrafía cursiva llamados ductus, que poseen una gran flexibilidad y elegancia, a la vez que permiten alargar o compactar palabras.

Antes de la llegada del Islam, la mayoría de los árabes rendían culto a varios dioses como Hubal, Wadd, Al-Lat, Manat y Uzza. En ese entonces, algunos pueblos profesaban el cristianismo, otros el judaísmo y un grupo muy reducido, los hanif, rechazaban el politeísmo. Con la expansión del Islam, la mayoría de los árabes se convirtieron en musulmanes, desapareciendo las tradiciones politeístas.

Las principales corrientes de la religión islámica

Sunnitas: constituyen la rama más grande del Islam, y profesan los preceptos establecidos en las enseñanzas de Muhammad. Los sunitas dominan la mayoría del territorio del mundo árabe, especialmente al norte de África.

Shiitas: son los seguidores del yerno de Muhammad, llamado ‘Ali , al cual consideran su sucesor legítimo. Predominan en Bahréin, sur de Irak, adyacencias de Arabia Saudita, sur de Líbano, algunas partes de Siria, norte de Yemen, sur de Irán, y en las costas de Omán.

Otras corrientes son el sufismo, el jariyismo y yihadismo.

Dentro de la religión de la cultura árabe, los cristianos siguen a las iglesias maronitas, coptas, siriacas y griegas ortodoxas, en cambio los judíos no son considerados árabes.

También existe una pequeña comunidad drusa, una rama minoritaria del Islam, que se encuentra principalmente en Siria, Líbano y Jordania.

En la cultura árabe existen diferentes tipos de símbolos y costumbres de acuerdo a cada región, pero hay algunas que generalmente son una constante.

Vestimenta

Existe una tendencia a ser conservadores en la vestimenta, y en muchas ocasiones difieren de la forma de vestir occidental. Por ejemplo, las mujeres en Egipto usan un pañuelo para cubrir su cabeza llamado hijab, mientras que en Arabia Saudita se cubren la mitad inferior de la cara con un niqab, contrariamente, en Líbano el estilo es más occidental. Los hombres se visten con túnicas y camisas largas u otros usan trajes o jeans con una camiseta.

Para los árabes los valores como la lealtad y el honor son importantes en las relaciones para establecer la confianza. El sentido de la amistad, en esta cultura, es tomado muy en serio, por ello son muy selectivos. Ello incide en la interacción masculina, por ejemplo, cuando dos amigos se encuentran, se abrazan, se intercambian besos en la mejilla o se cogen de la mano si van caminando, no indicando esta conducta una preferencia sexual. Usualmente los hombres cuando conversan con una mujer no mantienen un contacto visual, y menos le estrechan la mano.

También, las leyes del matrimonio en el mundo árabe, le permiten al hombre tener hasta cuatro esposas al mismo tiempo.

Otra característica de la cultura árabe es la arguile, una pipa de agua que se suele fumar entre varias personas.

Una frase muy frecuente en la cultura árabe es In Shâ Allâh, que quiere decir si es lo que Dios quiere.

Legado árabe

El legado que le ha dado la cultura árabe a la humanidad aparte de inmenso, ha sido muy valioso.

Medicina.

En la antigua cultura árabe se descubrió la circulación de la sangre, se realizaban operaciones con anestesia y amplia tecnología.

Farmacia.

Los árabes fueron excelente alquimistas, descubriendo fórmulas químicas que se usan actualmente en muchas medicinas.

Química.

Lograron la extracción de minerales y metales, la mezcla de colores, el curtido del cuero y otras técnicas que surgieron de los procesos de investigación de sustancias químicas.

Fueron los pioneros en elaborar el papel de algodón, que sirvió posteriormente para que los europeos desarrollaran la imprenta.

Geografía.

No solamente en la cultura árabe se perfeccionó la brújula, debido al gran conocimiento astronómico, sino que también, elaboraron la cartografía que posteriormente utilizó Colón para «descubrir» América.

Arquitectura.

Sobresalieron en la construcción de muchas mezquitas con unos diseños propios y decorados en marfil, madera, yeso esculpido, mosaicos.


Otros aportes

En los números y la matemática fueron los precursores del cero, álgebra, trigonometría y geometría. De igual forma se le asigna al califa y poeta Al-Mamún la inspiración de la famosa obra Las mil y una noches.

La gastronomía árabe se ha internacionalizado con platos como el kebbe, cuscús, falafel, maqluba, hummus, shawarma, etc.

Vestimenta:

En la vestimenta árabe está prohibida la valoración de la mujer por su belleza física, el vestuario femenino es variado y se caracteriza por algunas indumentarias que no impiden el cumplimiento de su rol en la sociedad, siendo una de las más conocidas el hiyab. La forma en la que visten se basa en lo que reglamenta el Corán, de esta manera, se enfoca en aspectos tales como: no debe ser estrecha, transparente, imitar alguna moda y evitar los colores llamativos. Sin embargo, existen variaciones en la manera de vestir en los países que componen la cultura árabe.

Un requisito fundamental de la vestimenta árabe, es que el hombre debe cubrir el awrah, es decir, la parte del cuerpo entre el ombligo y las rodillas, igualmente, los atuendos deben ser sencillos, ligeros y no ceñidos al cuerpo. Generalmente, en los países del mundo árabe, los hombres utilizan como prenda diaria una túnica ancha de mangas largas que llega hasta los tobillos, llamada thawb o suriyah, que en verano es de algodón blanco y en invierno de lana oscura, además, lo acompañan con un turbante o kufiyya que usan en la cabeza, representando uno de los símbolos árabes.

Aunque en la cultura árabe está prohibida la valoración de la mujer por su belleza física, el vestuario femenino es variado y se caracteriza por algunas indumentarias que no impiden el cumplimiento de su rol en la sociedad, siendo una de las más conocidas el hiyab, que es una mantilla que cubre completamente la cabeza y el cuello, representando un símbolo tanto religioso como femenino con una gran variedad de estilos, como el niqab que oculta el rostro dejando al descubierto los ojos, también el al-amira, un manto de dos piezas ajustados a la cabeza, mientras que el shayla, por su largo envuelve la cabeza y se pliega en los hombros, o el khimar, que forma una capa que llega hasta la cintura arropando el cabello, el cuello y los hombros.

Entre otros tipos de vestimenta árabe femenina está la reconocida burka, un vestido que encubre absolutamente todo el cuerpo menos los ojos, igualmente, el chador que es una manta muy usada por las iraníes fuera del hogar, o la chilaba, que abriga desde el cuello hasta los tobillos, y es llevada encima de la ropa solo para salir a la calle, de un lugar a otro.

Ciertamente, cada uno de los países que configuran la maravillosa cultura árabe ha realizado sus adaptaciones a estos vestuarios, siempre respetando los cánones que rigen sus tradiciones, es por ello, que la vestimenta árabe se ha convertido en un elemento con mucha información sobre este particular estilo de vida.

Con información de  Cultura10

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Boabdil, Yahya an-Nayyar, Fernando y la caída de Baza y Granada

El traidor Yahya an-Nayyar

Aquel año, por culpa de una sonrisa, mi tío materno tomó el camino del exilio. Por lo menos, así fue como me explicó su decisión muchos años después, cuando nuestra caravana iba por el vasto Sáhara, al sur de Segeimesse, una noche fresca y serena que más que turbar acunaban los lejanos lamentos de los chacales. El yenteculo obligaba a Jali a narrar muy alto su relato y tenía una voz tan tranquilizadora que me hacía respirar los olores de mi Granada natal y una prosa tan hechicera que mi camello no parecía caminar sino a su ritmo.

Hubiera querido repetir cada una de sus palabras pero mi memoria es limitada y mi elocuencia asmática y muchas de las ilustraciones de su historia no volverán a aparecer nunca más, por desgracia, en ningún libro.

«El primer día de aquel año había subido por ha mañana temprano a la Alhambra, no para ir, como de costumbre, al pequeño escritorio del diwan donde redactaba las cartas del príncipe, sino para presentar, junto con algunos notables de mi familia, mis felicitaciones del Ras-es-Sana. El maylis, la corte del sultán, que se hallaba con tal motivo en el Salón de Embajadores, rebosaba de cadíes con sus turbantes, de dignatarios con altos gorros de fieltro, verdes o rojos, de ricos negociantes con los cabellos teñidos de alheña y partidos, como los míos, por una raya hecha con primor.


»Tras haberse inclinado ante Boabdil, la mayoría de los visitantes se retiraban hacia eh patio de los Arrayanes, por donde deambulaban un rato alrededor de la piscina, deshaciéndose en zalemas. Los principales notables se sentaban en los divanes cubiertos de tapices adosados a has paredes de la inmensa estancia, contoneándose torpemente para acercarse, en la medida de lo posible, al sultán o a los visires, con intención de hablar con ellos de alguna petición o de mostrar, simplemente, que gozaban del favor del sultán.

»Como redactor y calígrafo de la secretaría de Estado, de lo que daban fe los rastros de tinta roja que tenía en los dedos, gozaba yo de algunos pequeños privilegios, como el de circular a mi antojo entre el maylis y la piscina y dar, así, unos cuantos pasos en compañía de los personajes que me parecían interesantes para volver a sentarme a continuación, al acecho de una nueva presa. Excelente sistema de recoger noticias y opiniones sobre los asuntos del momento, tanto más cuanto que ha gente hablaba con entera libertad durante el reinado de Boabdil, mientras que en tiempos de su padre miraba siete veces a su alrededor antes de formular ha menor crítica, se expresaba en términos ambiguos, a golpe de versículos y de refrajíes, para poder desdecirse en caso de denuncia. Al sentirse más libres, menos espiados, los granadinos se habían vuelto más duros que el sultán, aún cuando se encontraban bajo su techo, aun cuando habían venido a desearle larga vida, salud y victoria. Nuestro pueblo es despiadado con los soberanos que no lo son.

»En aquel día otoñal, las hojas amarillas estaban más fielmente unidas a su árbol que los notables de Granada a su monarca. La ciudad se encontraba dividida, como desde hacía años, entre el partido de la paz y el partido de la guerra, ninguno de los cuales era partidario del sultán.

»Los que querían la paz con Castilla decían: somos débiles y los rum son poderosos; nos han abandonado nuestros hermanos de Egipto y del Magreb, mientras que nuestros enemigos tienen el apoyo de Roma y de todos los cristianos; hemos perdido Gibraltar, Alhama, Ronda, Marbella, Málaga y otras muchas plazas y, mientras no se restablezca la paz, la lista no dejará de aumentar; las tropas devastan las huertas y los campesinos se lamentan, los caminos no son ya seguros, los negociantes no pueden ya abastecerse, la Alcaicería y los zocos se están quedando vacíos y los precios de los productos suben a excepción de la carne que se vende a un dirhem la libra porque ha habido que sacrificar miles de reses para sustraerlas a las razzias; Boabdil debería poner todos los medios para acallar a los belicistas y llegar a una tregua duradera con los castellanos, antes de que le pongan sitio a la propia Granada.

»Los que querían la guerra decían: el enemigo ha decidido aniquilarnos de una vez por todas y no será sometiéndonos como lo haremos retroceder. ¡Mirad cómo, tras su rendición, han reducido a la esclavitud a todos los habitantes de Málaga! ¡Mirad cómo levanta hogueras para los judíos la Inquisición en Sevilla, en Zaragoza, en Valencia, en Teruel, en Toledo! ¡Mañana, las hogueras se alzarán aquí mismo, en Granada, no sólo para la gente del sabbat sino también para los musulmanes! ¿Cómo impedirlo sino con la resistencia, con la movilización, con eh Yihad? Cada vez que hemos peleado con energía, hemos podido frenar el avance de los castellanos, pero después de cada una de nuestras victorias ha habido entre nosotros traidores que no pretendían más que conciliarse al enemigo de Dios, que le pagaban tributos, le abrían las puertas de nuestras ciudades. ¿No le ha prometido el propio Boabdil a Fernando entregarle un día Granada? Hace ya más de tres años que le firmó un papel en ese sentido en Loja. Este sultán es un traidor. Hay que sustituirlo por un verdadero musulmán, dispuesto a dirigir la guerra santa y que devuelva la confianza a nuestro ejército.

»Hubiera sido difícil hallar un soldado, un oficial, comandante de diez, de cien o de mil, y más todavía un religioso, cadí, notario, ulema o predicador de la mezquita, que no compartiera este último punto de vista, mientras que los comerciantes y los agricultores se pronunciaban más por la paz. La propia corte de Boabdil estaba dividida. De haber seguido sus inclinaciones, el sultán hubiera concertado una tregua cualquiera, a cualquier precio, pues había nacido vasallo y sólo aspiraba a morir tal; pero no podía ignorar la voluntad de su ejército que observaba con impaciencia mal reprimida los combates que otros príncipes de la familia real nazarita dirigían con heroísmo.

»En todas las conversaciones de los partidarios de la guerra se repetía un ejemplo elocuente: el de Baza, ciudad musulmana al este de Granada, cercada y cañoneada desde hacía más de cinco meses por los rum. Los reyes cristianos -¡que el Altísimo destruya lo que han construido y construya lo que han destruido!- habían levantado torres de madera situadas frente a las murallas y habían cavado un foso para impedir comunicarse con el exterior a los sitiados. Sin embargo, a pesar de su superioridad aplastante en hombres y en material y, a pesar de la presencia en el lugar del propio Fernando, los castellanos no conseguían vencer y la guarnición efectuaba cada noche salidas mortíferas. Así, la resistencia encarnizada de los defensores de Baza, al mando del emir nazarita Yahya an-Nayyar, excitaba el ardor de los granadinos e inflamaba su imaginación.

»No era por ello grande el regocijo de Boabdil, pues Yahya, el héroe de Baza, era uno de sus más encarnizados enemigos. Hasta reivindicaba el trono de la Al-hambra, en el que ya se había sentado su abuelo, y consideraba al sultán actual como un usurpador.

»La víspera misma del día de año nuevo llegó a oídos de los granadinos una nueva hazaña de los defensores de Baza. Los castellanos, decían, se habían enterado de que en Baza empezaban a escasear los víveres. Para convencerlos de lo contrario, a Yahya se le había ocurrido una estratagema: juntar todas las provisiones que quedaban, exponerlas de forma bien visible en los puestos del zoco e invitar, a continuación, a una delegación de cristianos a ir a negociar con él. Entrado que hubieron en la ciudad, los enviados de Femando se asombraron de ver tal profusión de productos de todas clases y no dejaron de contar el hecho a su rey, recomendándole que no siguiera intentando rendir a Baza por hambre sino que propusiera a sus defensores un arreglo honroso.


»Con unas cuantas horas de diferencia, por lo menos diez personas, en el hamman, en la mezquita y en los corredores de la Alhambra me contaron jubilosamente la misma historia; cada vez, fingí sorprenderme para no ofender a mi interlocutor, para permitirle el placer de añadir su propio grano de sal. Yo también sonreía, pero algo menos cada vez pues me reconcomía la inquietud. Me preguntaba por qué Yahya había dejado entrar en la ciudad sitiada a los representantes de Fernando y, sobre todo, cómo esperaba ocultar al enemigo la penuria que atenazaba a Baza si todo el mundo en Granada y, probablemente también en otros lugares, sabía la verdad y se guaseaba de la artimaña.

»Mis peores temores, proseguía mi tío, iban a confirmarse el día de año nuevo, en el transcurso de mis conversaciones con los visitantes de la Alhambra. Me enteré, en efecto, de que Yahya, «Combatiente de la Fe», «Espada del Islam», había decidido no sólo entregar Baza a los infieles sino también unirse a las tropas castellanas para abrirles el camino de las demás ciudades del reino, principalmente Guadix y Almería y, finalmente, Granada. La habilidad suprema de ese príncipe había consistido en distraer a los musulmanes por medio de una pretendida artimaña para ocultar el auténtico objeto de sus conversaciones con Fernando. Había tomado esa decisión, dijeron algunos, a cambio de una importante suma de dinero y de la promesa de que sus soldados y los habitantes de la ciudad salvarían la vida. Pero había conseguido algo más: al convertirse él mismo a la fe de Cristo, ese emir de la familia real, ese nieto de sultán iba a ser un alto personaje de Castilla. Te hablaré de él en alguna otra ocasión.

Por Amin Maalouf

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El Tratado Hispano – Turco de 1782

El tratado hispano-turco de 1782, inicialmente publicado por A. del Castillo, en su capítulo 4º establece y garantiza tolerancia religiosa, seguridad personal y jurisdicción de los respectivos cónsules a los súbditos españoles y otomanos residentes en el otro país. En lo que a los españoles se refiere tales garantías se hicieron extensibles a los peregrinos a Tierra Santa, los cuales podrían beneficiarse de igual trato y concesiones que “los demás [viajeros] de las potencias amigas”.

La aplicación del tratado fue lenta, entre otros motivos porque los intereses mercantiles de España en el área, al menos en el punto de partida, resultaban ser escasos por no decir nulos. De otro lado el tráfico marítimo no resultó seguro hasta la normalización plena de relaciones con los estados magrebíes, que no fue completa, según ha quedado referido, hasta entrada la década de 1790, aparte de que la apertura y consolidación de mercados también llevaría su tiempo.

Se comprende que Bouligny tardase en diseñar una red consular capaz de garantizar la seguridad de personas e intereses en ese inmenso país comprendido entre los Balcanes, los confines de Persia y el Océano Índico de un lado, y que por el otro cubría todo el arco mediterráneo desde Albania a las fronteras orientales de Marruecos, dejando dentro la entonces muy dilatada Turquía europea, Grecia, Anatolia, Siria, Mesopotamia, Líbano, Palestina, Arabia, Egipto, Libia actual, Tunicia y Argelia. El diseño de referencia no quedaría ultimado hasta 1790.

Aparte de la legación en Constantinopla, fue previsto un consulado general en Esmirna y consulados ordinarios en Salónica, Alepo y un puerto de Chipre a determinar, principales escalas de la navegación en el área. Esa red consular sería servida por diplomáticos profesionales, y se preveía reforzarla con tres viceconsulados (Atenas, Artha y Alejandría), atendidos por agentes locales interesados en ello. El proyecto sólo pudo aplicarse en parte, y por el propio Bouligny, designado ministro plenipotenciario de España en el Imperio Otomano, cargo que desempeñó hasta su marcha en 1793.


Para entonces, a falta de cónsules, cuyos nombramientos no parecían justificados en Madrid, habida cuenta el elevado coste de su mantenimiento y los escasos intereses a proteger en sus respectivos distritos, Bouligny había provisto por propia decisión viceconsulados servidos por agentes del país en los puntos mencionados, aparte de Scuttari, Dardanelos, islas Scíes y Filípolis, nombramientos que sí ratificó la Secretaría de Estado en atención al bajo coste del sostenimiento de esas oficinas.

Como puede verse, en principio no fue previsto establecimiento consular alguno en Palestina, dado que la inseguridad de los tiempos hacía técnicamente casi imposible la llegada a los lugares santos del cristianismo de peregrinos españoles por tierra, y por mar no dejaba de ser empeño muy arriesgado. Pero los franciscanos españoles en Tierra Santa no podían quedar sin protección, tanto más por cuanto Bouligny, muy vinculado a ese instituto religioso, detentaba además la representación de la Obra Pía de los Santos Lugares ante el sultán otomano. Por ello, y aduciendo además la necesidad de ofrecer alguna cobertura consular al corto comercio existente en esa región con España, abrió sendos viceconsulados en San Juan de Acre y Haifa. Para este último puerto, que lo era de entrada a Palestina, designó vicecónsul de España al franciscano Gabriel de Lamadrid, procurador de la Obra Pía en Tierra Santa, lo que indica cuales eran, finalmente, los intereses prioritarios a defender e impulsar en la región.

Ambos viceconsulados fueron mantenidos por el hijo de Bouligny, José Heliodoro, encargado de negocios en Constantinopla entre 1793 y 1799, y luego por varios de sus sucesores, si bien rebajados de viceconsulados a simples agencias servidas por vicecónsules honorarios de escasa o nula retribución, y con frecuencia religiosos franciscanos con destino en alguno de los conventos de Palestina. Estos, a sus obligaciones ordinarias, sumaban la atención de los contados buques españoles que se acercaban de tarde en tarde a aquellos apartados puertos, o a los escasos peregrinos de igual nacionalidad que se aventuraban hasta allí.


Como puede verse negocios y religión se hallaban en Palestina estrechamente conectados, lo que por lo demás hasta cierto punto resulta lógico. Pero al final, por extraño azar del destino, los intereses espirituales fueron los que prevalecieron, dado que el comercio con el Imperio Turco nunca alcanzó verdadera relevancia por más que se esforzaran en incentivarlo gente tan experimentada como el menorquín Juan Soler, destacado como encargado de negocios en Constantinopla con esa finalidad expresa, y perteneciente a una conocida dinastía de intérpretes y hombres de negocios (los Soler, Camps Soler, Creux Soler…) resellados como diplomáticos, especializados en los asuntos del Mediterráneo islámico, y que entre 1790 y 1830 acapararon como titulares y subalternos no pocos de los destinos disponibles en la legación y consulados de España en Turquía y sus dependencias.

Con información de Revista AWRAQ

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Umar bin Abdallah y la caída de Gharnata, ocaso de Al-Ándalus

El bautismo forzoso de los musulmanes en 1502, tras la caída de Granada

Umar bin Abdallah meditaba, y las imágenes que acudían a su mente eran tan vívidas que hicieron temblar momentáneamente todo su cuerpo. Recordó el muro de fuego y los sentimientos de aquella noche fría volvieron a él. Lágrimas incontrolables mojaron su rostro y se quedaron atrapadas en su barba. La caída de Gharnata, ocho años antes, había completado la Reconquista. Todo se veía venir y ni Umar ni sus amigos se habían sorprendido, pero los acuerdos de la rendición habían prometido a los fieles, que formaban la mayor parte de la población, libertad cultural y religiosa, una vez reconocido el protectorado de los soberanos castellanos.

Se había acordado por escrito y en presencia de testigos que los musulmanes de Gharnata no serían perseguidos y que no se les prohibiría practicar su religión, hablar y enseñar árabe ni celebrar sus fiestas. «Sí -pensó Umar-, los prelados de Isabel se comprometieron a hacerlo para evitar una guerra civil, y nosotros les creímos. ¡Qué ciegos fuimos! Nuestras mentes debían de estar envenenadas por el alcohol. ¿Cómo pudimos creer sus palabras bonitas y sus promesas?»

Como noble de prestigio en el reino, Umar había estado presente en la firma del tratado. Nunca olvidaría la despedida del último sultán, Abu Abdullah, a quien los castellanos llamaban Boabdil, antes de partir hacia las Alpujarras, donde le aguardaba un palacio. El sultán se había vuelto a mirar la ciudad por última vez, había sonreído a la al-Hamra y suspirado. Eso había sido todo. Nadie dijo nada. ¿Es que acaso había algo que decir? Habían llegado al final de su historia en al-Andalus y se hablaban entre si con las miradas: Umar y sus compañeros nobles estaban dispuestos a aceptar la derrota. Después de todo, como Zubayda no se cansaba de recordarle, ¿no estaba la historia islámica repleta de nacimientos y caídas de reinos? ¿No había sucumbido la propia Baghdad a un ejército de analfabetos tártaros? Vidas nómadas, la maldición del desierto, la crueldad del destino condensada en las palabras del Profeta: el Islam será universal o no será nada.


De repente evocó los rasgos macilentos de su tío. ¡Su tío! Meekal al-Malek. ¡Su tío! El obispo de Qurtuba. Miguel el Malek. Aquella cara macilenta en la cual el dolor estaba siempre presente, un dolor que no podían disimular ni la barba ni las sonrisas falsas. Las historias de Ama sobre la niñez de Meekal siempre incluían la frase: «tenía el demonio dentro» o «se comportaba como una espita abierta y cerrada por Satanás». Sin embargo, siempre lo decía con cariño para demostrar qué travieso había sido Meekal, el benjamín y favorito de la familia, un caso similar al de Yazid. Entonces, ¿qué había ido mal? ¿Qué le había sucedido a Meekal para que huyera a Qurtuba y se convirtiera en Miguel?

La voz burlona del viejo tío todavía resonaba en la mente de Umar: «¿Sabes cuál es el problema de tu religión, Umar? Que era demasiado fácil para todos nosotros. Los cristianos tuvieron que insertarse dentro de los poros del Imperio romano, que los forzaba a trabajar bajo tierra. Las catacumbas de Roma fueron su campo de entrenamiento. Cuando por fin vencieron, ya habían construido una gran solidaridad social con el pueblo. ¿Y nosotros? El Profeta, la paz sea con él, envió a Khalid bin Walid con una espada y él conquistó… Oh, sí, conquistó muchos territorios. Destruimos dos imperios, todo cayó sobre nuestros regazos. Conservamos las tierras árabes, Persia y parte de Bizancio, pero en el resto del mundo las cosas se complicaron, ¿verdad? Míranos a nosotros. Hemos estado en al-Andalus durante setecientos años y todavía no hemos podido construir algo que dure. No son sólo los cristianos, ¿verdad, Umar? El problema está en nosotros, en nuestra sangre».

Si, si, tío Meekal, quiero decir, Miguel. El problema también está en nosotros, ¿pero cómo puedo pensar en eso ahora? Lo único que veo es el muro de fuego y detrás de él la cara triunfal de ese buitre, celebrando su victoria. ¡Maldito Cisneros! Ese execrable fraile enviado a Gharnata por órdenes expresas de Isabel. La diablesa mandó aquí a su confesor a exorcizar sus propios demonios. Debía de conocerlo bien, pues él sabia exactamente lo que ella deseaba. ¿No puedes oír su voz? «Padre -susurra en tono de falsa piedad-, Padre, me preocupan los infieles de Gharnata. A veces siento la necesidad apremiante de crucificarlos para que tomen el sendero del bien.»

¿Por qué envió a Cisneros a Gharnata? Si estaban tan seguros de la superioridad de sus creencias, ¿por qué no confiaron en el juicio de sus creyentes? ¿Has olvidado por qué enviaron a Jiménez de Cisneros a Gharnata? Porque pensaban que el arzobispo Talavera no estaba haciendo bien las cosas. Talavera quería ganarnos con discusiones. Aprendió árabe para leer nuestros libros de erudición y ordenó a sus clérigos que hicieran lo mismo. Tradujo su Biblia y su catecismo al árabe y de ese modo se ganó a algunos de nuestros hermanos. Pero no muchos, por eso enviaron a Cisneros. Ya te lo conté el año pasado, mi querido tío obispo, pero tú lo has olvidado. ¿Qué habrías hecho si, en una acción realmente inteligente, te hubieran nombrado arzobispo de Gharnata? ¿Hasta dónde habrías llegado, Meekal? ¿Hasta dónde?

Yo estuve presente en la reunión donde Cisneros intentó vencer a nuestros qadis y eruditos en una discusión teológica. Deberías haber estado allí. Una parte de ti se habría sentido orgullosa de nuestros sabios. Cisneros es listo, es inteligente, pero aquel día no pudo vencemos.

Cuando Zegri bin Musa le respondió punto por punto y fue aplaudido incluso por algunos clérigos del propio Cisneros, el prelado perdió la compostura. Afirmó que Zegri había insultado a la Virgen María, cuando lo único que hizo nuestro amigo fue preguntar cómo era posible que ésta siguiera siendo Virgen después del nacimiento de Isa. Sin duda sabrás ver la lógica de la pregunta, ¿o acaso tu teología te impide reconocer los hechos probados?

Nuestro Zegri fue conducido a la cámara de tortura y castigado con tal brutalidad, que accedió a convertirse. En ese momento, nos retiramos, pero antes tuve oportunidad de ver un peculiar destello en los ojos de Cisneros, como si acabara de descubrir que ésa era la única forma de convertir a la población.

Al día siguiente, se ordenó que todos los ciudadanos salieran a la calle. Jiménez de Cisneros, que Allâh le castigue, declaró la guerra a nuestra cultura y a nuestro estilo de vida. Ese mismo día vaciaron nuestras bibliotecas y construyeron una enorme muralla de libros en Bab al-Ramía. Prendieron fuego a nuestra cultura, quemaron dos millones de manuscritos. La historia de ocho siglos se destruyó en un solo día. Sin embargo, no lo quemaron todo. Al fin y al cabo, no eran bárbaros, sino mensajeros de otra cultura que querían imponer en al-Andalus.  Sus propios sabios les rogaron que salvaran trescientos manuscritos, casi todos relacionados con temas médicos, y Cisneros accedió, porque hasta él tuvo que reconocer que nuestros conocimientos de medicina superan con creces a los de los cristianos.


Ése es el muro de fuego que veo todo el tiempo, tío, y que llena mi corazón de temor por nuestro futuro. El mismo fuego que quemó nuestros libros un día destruirá todo lo que hemos creado en al-Andalus, incluyendo esta pequeña aldea construida por nuestros antepasados, donde tú y yo jugábamos en la infancia. ¿Qué tiene que ver ésto con las victorias fáciles de nuestro Profeta y la rápida propagación de nuestra religión? Todo eso sucedió hace ochocientos años, y el muro de libros ardió el año pasado.

Por Tariq Ali

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