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Mujeres Sirias – El triunfo de la igualdad

El papel de las mujeres en Siria a pesar de la guerra no ha dejado de ser preponderantemente importante para la sociedad toda en medio de un conflicto que ha fortalecido la participación igualitaria en la política y las actividades sociales de ese país.

A pesar del conflicto, Siria no ha dejado de ser uno de los países más avanzados del mundo árabe en lo que a derechos de la mujer se refiere.

Cabe señalar que en el país levantino las mujeres pueden votar desde 1949. La constitución de 1973, además, llama a la igualdad de todos los ciudadanos y cuenta con un artículo que obliga al estado a eliminar todos los obstáculos para el desarrollo de la mujer.

Una de las principales bazas de la política del partido Baaz fue fomentar la integración de la mujer en la educación en un proceso de alfabetización de la población. Así lo remarca en estudio realizado por la Biblioteca del Congreso de EEUU en 1987, el cual señala que para esa década Siria había logrado la plena escolarización de los hombres y la inscripción del 85% de las mujeres en centros educativos. Pocos años después, en 2008, las mujeres llegaron a representar alrededor del 46% del estudiantado universitario, principalmente en grados relacionados con la literatura y la educación.

El gobierno Baaz también ha intentado integrar a las mujeres en el mundo laboral para que tengan una mayor independencia. Tal es así que la tasa de empleo femenino se duplicó entre la década de los 80’s y la de los 2000 según los datos que recoge el Banco Mundial. Estos cambios se han dado principalmente en las ciudades, por lo que en las zonas rurales no ha habido todavía una gran integración de la mujer, que sufre peores condiciones como por ejemplo tener que trabajar más de 15 horas al día.

El sector público es el lugar en el que hay mayor concentración de mujeres; alrededor del 73%. Siguiendo los roles tradicionales de la mujer que todavía se mantienen arraigados en gran parte de la sociedad siria, éstas representan el 63% del profesorado de primaria, el 43% de secundaria y solo un 15% en la universidad. Esta estructura de sociedad se hace más tangible en las áreas rurales, donde debido al colapso del sistema por la crisis, algunos grupos tribales impiden a sus mujeres acceder a los derechos legales que les otorga el gobierno. Esto sucede principalmente en aquellas zonas más conservadoras donde proliferan con mayor facilidad los fundamentalistas islámicos.

Las desigualdades entre ambos sexos en el país generalmente son heredadas de las leyes basadas en la Sharía como por ejemplo son la idea de que lo hombres deben encargarse de las finanzas de la familia o que la mujer solo pueda obtener la mitad de lo que recibe su hermano de una herencia.



Otro de los grandes problemas a los que se está intentando hacer frente en Siria es la inseguridad de la mujer. El gobierno decidió tomar medidas en 2009 después de que las encuestas sacasen a la luz que un 67% de las mujeres habían sufrido algún tipo de violencia física o verbal. Esto forzó un mayor endurecimiento de las penas, pero con el inicio del conflicto en 2011 quedó en papel mojado ya que apenas se aplican.

Hada Half Abás

 

En junio de 2016, Hada Half Abás fue elegida presidenta del Parlamento, convirtiéndose en la primera mujer del país en ocupar un cargo similar. La Unión General de Mujeres Siria, financiada por el gobierno sirio y afiliada al partido Baaz es una de las principales herramientas por la que se apuesta para promover la igualdad de las mujeres. Esta formación nació de la unión de varias organizaciones y asociaciones de asistencia social en 1967 con el objetivo de movilizar a las mujeres y hacer que cuenten con una herramienta para mejorar su nivel educativo, conciencia política en definitiva, prepararse para tener un papel más efectivo en el desarrollo social y económico. Según la presidenta de la Unión General de Mujeres Sirias Soad Bakkur, cuentan con 14 sucursales a lo largo del país, 114 asociaciones y 1850 centros.

La Unión General de Mujeres Sirias no solo se involucra en el movimiento feminista si no que también tiene posiciones políticas tales como el rechazo de la intervención estadounidense en el país o la ocupación israelí de Palestina y los Altos del Golán.

El aspecto militar sin duda es uno de los puntos en los que resulta más destacable el papel femenino en la sociedad siria. El Ejército Sirio ha intentado fomentar la afiliación a sus filas de mujeres, principalmente en las Fuerzas de Defensa Nacional; milicias locales creadas en 2012 con el fin de defender sus pueblos. “Nos unimos al ejército para proteger nuestra ciudad y nuestra gente. Tenemos los mismos derechos que los hombres para proteger nuestra ciudad. Siria es un país que aboga por la igualdad de género”, declara Jiana Eid, una de las 50 mujeres que decidieron unirse como voluntarios a las FDN a finales de 2017.

Mujeres soldados Kurdas

Su contraparte son las mujeres en el territorio controlado por grupos rebeldes. Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, existen alrededor de 5.000 mujeres en las filas del Ejército Libre Sirio y organizaciones afines de tendencia islamista.

Uno de los principales batallones femeninos se puede encontrar en el Batallón al-Mouminin Aisha, en referencia a la esposa del Profeta Muhammad.

Um Mohamed, líder de ésta unidad que combatió bajo la bandera de la Brigada al-Tawhid en la batalla de Alepo, estableció que todas las mujeres que quisieran alistarse debían formar parte de la comunidad islámica de Alepo, tener buena reputación y cumplir con sus oraciones además de todos los demás deberes religiosos. El uniforme de la brigada son el niqab y una diadema con el tawhid la ilâha ila allâh (no hay más Dios que Dios ‘Allâh’), con el fin de demostrar su compromiso para con el Islam.

En el norte de Siria se encuentran las YPJ; brigadas femeninas ligadas al PYD y su milicia armada YPG. Una de las particularidades del discurso de las YPJ que no se da en los otros bandos es que trata el feminismo de un modo que ha hecho que se ganen el apoyo de gran parte de los izquierdistas occidentales.

Las zonas donde operan éstas brigadas kurdas no son grandes núcleos urbanos, y si las mujeres no hubiesen participado en la lucha contra el Estado Islámico, hay poblaciones que no podrían haber resistido los hostigamientos de la organización terrorista.

Consecuencia de esta amenaza, muchas mujeres se han incorporado a espacios públicos que antes tenían vetados. Sin embargo, estos cambios tienen más que ver con las brigadas y ciertos espacios políticos que con los hogares, donde las lógicas tradicionales patriarcales como lo son el burka o el niqab se siguen imponiendo.



Pero ¿qué ocurrirá en Siria cuando el conflicto termine? La sociedad ha pasado por grandes procesos de cambio y transformación en todos los ámbitos en los últimos años; principalmente tras el inicio del conflicto armado.

El investigador y profesor Pablo Sapag presentaba brevemente la convivencia en el país levantino de la siguiente manera:

La sociedad siria es una sociedad multiconfesional que se rige por un estado aconfesional, que no laico (…) El estado sirio es un estado aconfesional para garantizar la existencia de una sociedad que es históricamente multiconfesional como resultado de la geografía (…) la historia (…). Hasta bien entrado el siglo XVII en Siria el Islam no llega a ser una mayoría relativa en términos cuantitativos.

Es por ello que una de las claves para la reconciliación debe hallarse en la secularidad, la cual ha sido representada por la propia sociedad durante su historia, donde las mujeres independientemente de su religión y etnia han podido convivir sin la existencia de conflictos.

Es innegable que el estatus de la mujer en Siria está pendiente todavía de experimentar mayores cambios que equiparen las definitivamente no solo a nivel jurídico si no a nivel práctico tanto en las urbes con en las zonas rurales tribales. Si bien el futuro es todavía incierto, hay algo evidente, y es que las mujeres van a jugar un papel imprescindible en la reconstrucción del país.

Con información de  Descifrando la Guerra

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Día internacional de la mujer – Las mujeres del Islam

Cuando el llanto de un recién nacido sonaba en un casa de Meca, el padre sentía una poderosa sensación de desconcierto, especialmente cuando se le anunciaba que era una niña. No podía imaginar un destino peor.

“Se esconde de la gente a causa del mal de lo que se le anunció, pensando si se quedará con ello a pesar de la vergüenza o lo enterrará. ¿Acaso no es malo lo que juzgan?” (La Abeja, 16:59)


Por ello, se escurría en la oscuridad para enterrar a su hija en una tumba, con el fin de no volver a verla ni escucharla nunca más. Esto sucedía en la sociedad de Arabia antes del 621 d.C, en que se pensaba que a una niña recién nacida no merecía la pena mantenerla con vida. E incluso si vivía, llevaría una vida sin oportunidades. Entonces, en el año del elefante, llegó Muhammad, que la paz sea con él, como una misericordia para todos los mundos y una luz para la humanidad. Hizo que los hombres se dieran cuenta de que tenían que temer un día “Cuando la niña enterrada viva sea preguntada por qué crimen la mataron” *.

* [Alude a la práctica de la ignorancia anterior al Islam por la que algunos árabes enterraban vivas a sus hijas al nacer.] “…y en este día, todo aquel que perpetró este mal, tendrá que rendir cuentas por ello” (El Arrollamiento, 81:8-9)

El Islam llegó como una guía para toda la humanidad y como un catalizador en la vida de las mujeres, transformando su situación de la noche a la mañana. Los derechos de la mujer, un concepto que nunca antes se había escuchado, ni siquiera pensado, se estaba imponiendo y protegiendo. De ser una simple mercancía y un objeto de uso, las mujeres pasaron a tener dignidad y voz.

El Profeta, que la paz sea con él, enseñó que no hay diferencia en la valía de los creyentes en función de su sexo. Ambos tienen los mismos derechos y obligaciones de aprender y de enseñar. Las mujeres tienen la misma responsabilidad que los hombres a la hora de condenar el mal y ordenar hacer el bien. El Islam ha puesto el paraíso bajo sus pies como madres, [de ahí el hadith “El Paraíso está bajo los pies de la madre”]. Son la razón por la que sus padres entrarán en el Jardín, y una parte fundamental de la creencia de sus maridos, quienes, si no las honran, no habrán completado su fe. Fue a través de esta recién adquirida posición que las mujeres se elevaron y dejaron su impronta en la Historia.

Las mujeres musulmanas contribuyeron al legado del Islam como eruditas, juristas, gobernadoras, benefactoras, guerreras, mujeres de negocios, expertas legales y demás. El hogar del Profeta era lo que todos los compañeros tomaban como ejemplo y guía, y en él las esposas tenían personalidad y voz propia. Jadiya, quien era su compañera y confidente, fue una exitosa mujer de negocios que le apoyó moral y financieramente cuando recibió la Revelación; Aisha bint Abu Bakr transmitió grandes cantidades de conocimiento procedente de él y se convirtió en una gran jurista y erudita. El consejo de Umm Salama fue aceptado por el mismo Profeta en el momento del tratado de Hudaibiyah; Hafsa, la hija de Umar ibn Al-Jattab, fue la primera persona en quien se confió el Corán escrito cuando murió su padre.

Eruditas del ‘hadith’

La contribución de las mujeres a la preservación del hadith, o dicho y hecho atribuido al Profeta, ha sido de gran importancia. Un estudio de los textos de hadith nos indica que la mayoría de los primeros recopiladores recibieron muchos de ellos de mujeres que hicieron las veces de transmisoras directas. Ibn Hajar estudió bajo 53 mujeres diferentes, As-Sajawi recibió iyazas (licencias de enseñanza), de 68 mujeres, y As-Suyuti tuvo más de 33 maestras, un cuarto de la totalidad de sus maestros.

En el siglo X destacan Fatima bint Abdur-Rahman, comocida como as-sufiyyah, por su devoción; Fatima, la nieta de Abu Dawud, recopilador del Sunan; Amat al-Wahid, la nieta del distinguido jurista al-Muhamili; Umm al-Fath Amat as-Salam, la hija del juez Abu Bakr Ahmad; Jumuah bin Ahmad, cuyas clases eran atendidas por reverenciales audiencias. Todas ellas jugaron un rol importante en su tiempo.

Fathima bint al-Hasan ibn Ali Ad-Daqqaq al-Qushayri fue una gran erudita de los siglos XI-XII, conocida no solamente por su devoción y su maestría con la caligrafía, sino también por su conocimiento de los hadices y por la calidad de sus isnads (cadenas de transmisión). Karimah al-Marwaziyyah fue considerada una de las mayores autoridades de Sahih al-Bujari [la principal recopilación de hadices autentificados] su tiempo; Abu Dharr de Herat, uno de los eruditos más prominentes de ese tiempo, le daba tanta importancia a su autoridad en el Sahih al-Bujari, que recomendaba a sus estudiantes estudiarlo solamente a través de ella por la calidad de su erudición. Entre sus estudiantes se encontraron Al-Jatib al-Baghdadi y Al-Humaydi.

Fatima-bint-Muhammad, conocida como as-Shahdah, la escritora, recibió el honrado título de Musnida Asfahan (la gran autoridad en hadith de Isfahan). Fundó un centro de espiritualidad que su marido dotó generosamente. Sus clases de Sahih al-Bujari eran atendidas por multitudinarias audiencias y muchos incluso clamaban falsamente haber sido sus discípulos.

Sitt al-Wuzra fue otra conocida autoridad del Sahih al-Bujari, quien, además de ser una gran erudita en jurisprudencia islámica, daba clases sobre al-Bujari en Damasco y Egipto. De igual forma, Umm al-Khayr Amat al-Khaliq, fue considerada la última gran erudita del hadith en el Hiyaz.

En el siglo XIII, en Damasco, encontramos a Umm al-Darda, una importante jurista entre cuyos estudiantes se encontraba Abdul Malik ibn Marwan, el Califa en aquel momento; solía enseñar hadith y fiqh en la mezquita. Ilyas-ibn-Mu’awiyah, un importante erudito de aquel tiempo y juez de mérito indiscutible, la consideraba superior a todos los demás eruditos del hadith de su tiempo.

Aisha bint Sa’ad bin Abi Waqqas fue una jurista y erudita, maestra del conocido erudito Imam Malik, el fundador de la escuela de jurisprudencia maliki. Sayyida Nafisa, la nieta del Profeta e hija de Hassan bin Ali bin Abu Talib, fue una conocida maestra de jurisprudencia cuyos estudiantes provenían de sitios lejanos, siendo uno de ellos el Imam Shafi’, famoso erudito y fundador de la escuela de jurisprudencia Shafi’. Fue ella quien cubrió sus gastos de educación.


Enseñaban a hombres y mujeres

Es esta una tradición que nos viene de la época del Profeta, la paz sea con él, y de su esposa Aisha, que fue una de las grandes juristas y Sabias del Islam.

Ashifa bint Abdullah fue la primera mujer musulmana nombrada encargada e inspectora del mercado por el Califa Umar Ibn al-Jattab. Amra bint Abdurrahman fue una de las grandes eruditas del siglo XVIII, llegando a ser jurista, Mufti y erudita del hadith. El el tiempo del Califa Umar se la consideraba una gran autoridad en las tradiciones transmitidas por Aisha, la esposa del Profeta, que la paz sea con él. Entre sus estudiantes se encontraban Abu Bakr ibn Hazim, el conocido juez de Medina a quien el califa Umar ibn Abdul Aziz ordenó que recogiera todos los hadices transmitidos por ella.

Aisha bint Muhammad ibn Abdul Hadi fue una erudita de Damasco quien enseñó a muchos conocidos eruditos y que poseía la cadena de transmisión más corta hasta el Profeta Muhammad. Fue maestra de Ibn Hajr al Asqalani, el mayor erudito de su tiempo. Fatima al-Batayahiyyah fue una distinguida mujer de edad avanzada que enseñaba el Sahih al-Bujari en la misma mezquita del Profeta.

En el siglo IX encontramos a Fatima al-Fihriyya, en Fez, Marruecos, quien fundó la mezquita, y primera universidad del mundo, la Qarawiyyin. Esta fue establecida en el año 859 y a través de ella se extendió el uso de los números árabes en Europa. La universidad adjunta a la mezquita es la primera universidad y la más antigua que sigue en funcionamiento. Los estudiantes acudían de todas partes del mundo para estudiar ciencias, lenguas y estudios islámicos.

Fatima de Córdoba fue una bibliotecaria de siglo X que supervisaba setenta bibliotecas con más de 400.000 libros, mientras que las bibliotecas más avanzadas en Europa en ese momento tenían algunos centenares a lo sumo. En el siglo XI encontramos Banafshaa’ ar-Rumiyya, quien restauraba escuelas, puentes y casas para los pobres en Bagdad.

Después de ellas podemos mencionar a Abidah al-Madaniyya, Abdah bint Bishr, Umm Umar Ath-Thaqafiyyah, Zaynab, la nieta de Ali ibn Abdullah ibn Abbas, Nafisah bint al-Hassan ibn Ziyad, Khadijah Umm Muhammad, Abdah bint Abdar Rahman y muchas otras mujeres que sobresalieron dando clases públicas sobre hadith. Abidah comenzó siendo una esclava de Muhammad ibn Yazid. Aprendió un gran número de hadices y relató cerca de 10.000 provenientes de la autoridad de sus maestro, Madani. Cuando fue entregada por su señor a Habib Dahhun, el gran erudito de los hadices en Al-Andalus, durante una visita a Jerusalén, este quedó tan impresionado por su conocimiento que la liberó, se casó con ella y se fueron de vuelta a Andalucía.

Zaynab bint Sulaiman, al contrario que Abidah, fue una princesa. Su padre fue un primo de As-Saffah, el fundador de la dinastía Abasí, y fue gobernador de Basrah, Oman y Bahrain durante el califato de Al-Mansur. Zaynab recibió una cuidada educación y adquirió maestría en los hadices, ganándose una gran reputación, como una de las eruditas más importantes de su tiempo. Muchos hombres acudían a sus clases.

En el siglo XII tenemos a Shuhadah bint Ahmad al-Ibrii, quien estudió en Bagdad con conocidos eruditos del hadith y se convirtió en una gran erudita y jurista. Era conocida como el ‘orgullo de las mujeres’. Zainab bint Kamal enseñó más de 400 libros de hadith en algunas de las más prestigiosas instituciones académicas de Damasco, y mostraba tanta erudición y amabilidad que se ganaba el corazón de todos los estudiantes. También podemos ver a Fathima bint Muhammad al-Samarqandi, una jurista que aconsejaba a su famoso marido sobre las fatwas. Más recientemente, el el siglo XIX, encontramos a Nana Asma’u de Nigeria; una poeta, maestra, erudita y consejera de su padre, el famoso Usman Dan Fodio.

Mujeres gobernadoras

Algunas de las mujeres que sobresalieron como gobernadoras fueron Arwa al-Sulayhi, una mujer Yemení del siglo XI, quien gobernó durante 77 años y que era conocida como “La noble dama”. También destacó la Sultana Shajarat al-Durr, quien tomó control de Egipto tras la muerte de su marido en el siglo XIII.

Dhayfa Jatún, la sobrina y nuera de Salah Al-Din al-Ayyubi, tras la muerte de su hijo, el rey Abdul Aziz, se hizo reina de Alepo y gobernó durante cuatro años. Durante su reinado se enfrentó a las amenazas de los cruzados, Khuarzmain, los mogoles y los selyúcidas. Además de su función política y social, también apoyó la educación en Alepo, donde fundó dos escuelas.

Sitt al-Mulk fue una princesa Fatimí de Egipto, cuyas conocidas dotes administrativas estaban de acuerdo con las leyes islámicas.

La reina Zubayda, esposa del califa del siglo IX, Harun Ar-Rashid, era famosa por sus generosas contribuciones destinadas a construir recursos para obtener agua y casas para los peregrinos hacia Meca. Fue una intelectual que expresaba sus opiniones políticas en público y que patrocinaba a poetas y escritores -aunque no fuesen musulmanes-, a eruditos religiosos y a los necesitados. El famoso pozo de Zubayda, en las afueras de Meca, todavía lleva su nombre.

En India encontramos a Razia Sultana, la única mujer que ocupó el trono de Delhi durante cuatro años en el siglo XIII. Firishta, un historiador del siglo veinte escribió: “Razia era mejor que veinte hijos”.

Hurrem Sultán, también conocida como Roxelana, fue capturada como prisionera en el siglo XVI en las campañas de Crimea durante el reinado de Yazuz Sultan Salim, llevada al palacio otomano y presentada a Sultan Suleiman, quien más adelantes de casó con ella. Fue la fundadora de una gran número de instituciones, entre las que se incluyen el complejo de una mezquita que cuenta con una madrasa, una cocina pública, un hammam para hombres y mujeres, dos escuelas y un hospital para mujeres. También construyó cuatro escuelas en Meca y una mezquita en Jerusalén.

La educación de las niñas era una orden enfatizada por el Profeta Muhammad. Amina fue la reina de Zazzua, una provincia de Nigeria, en el siglo XVI. Cuando tenía dieciséis años se convirtió en la heredera aparente de su madre. Amina eligió aprender las artes militares y se convirtió en la líder de la caballería zazzua. Durante su reinado, que duró 34 años, expandió su territorio hasta los máximos límites que llegó a alcanzar. Se centró principalmente en que los gobernadores locales aceptasen el estatus de vasallos y permitiesen el paso seguro de los comerciantes Hausa. Se le atribuye el mérito de construir fortificaciones de tierra, características de los Hausa. Muchos de los pueblos y ciudades crecieron gracias a estas murallas, que aún hoy son conocidas como las murallas de Amina.

Hubo una familia de mujeres que gobernó Bophal entre 1819 y 1924, siendo la última gobernadora Begum Kaikhursau Jahan. Esta familia era conocida por haber mejorado la líneas de tren, los sistemas de agua, el sistema postal y la líneas de transporte con la vecindad.

Las mujeres musulmanas también se aseguraban de dejar una legado intelectual y académico. Sutayta al-Mahamili fue una matemática que vivió en la segunda mitad del siglo X y procedía de una familia educada en Baghdad. Sobresalió en muchos campos, como la literatura, la ciencia del hadith y la jurisprudencia. Inventó soluciones para muchas ecuaciones que han sido usadas por otros matemáticos y que muestran su aptitud para el álgebra. Fue alabada por historiadores como Ibn al-Jawzi, Ibn al-Jatib e Ibn Kazir.

Mujeres de Al-Andalus

Labana de Córdoba vivió en el siglo X en España y era una experta en matemática, pudiendo resolver los más complejos problemas geométricos y de álgebra conocidos en aquel tiempo. Trabajó como la secretaria personal del califa Omeya Al Hakam II.

Aisha, hija del príncipe Ahmed de Al-Andalus, quien vivió en el siglo XI, sobresalió en la rima y la oratoria. Sus versos causaban entusiasmo entre los graves poetas cordobeses, y su biblioteca era una de las mejores y más completas del reino.

Wallada, una princesa almohade del siglo XI, era conocida por su conocimiento de la poesía y la retórica, y por sus conversaciones, extraordinarias en cuanto profundidad y originalidad. En las competiciones académicas de Córdoba, la capital que atraía a los más sabios y elocuentes de la Península Ibérica, nunca fallaba en superar, en la prosa y la composición poética, a todos sus competidores.

Al Ghazaniya y Safiyya, las dos sevillanas, eran conocidas por sus genio poético y oratorio en el siglo XI. Safia además era única en la perfección y belleza de su caligrafía.

Miriam, la hija de Al-Faisuli, era conocida por sus logros literarios en todo Al-Andalus. Su agudo ingenio y la sátira de sus epigramas no tenía igual a finales del siglo XI.

En el arte de la caligrafía hay un nombre que surge una y otra vez, el de Thana, una sirviente en la casa de Ibn-Qayyuma. Ibn Qayyuma era el tutor de uno de los hijos del Califa Mansur. Una de las dos que mandó a aprender bajo el mejor calígrafo de su tiempo, Ishaq bint-Hamad, fue Thana, cuyos pupilos dicen que ‘escribió los manuscritos de medidas originales, que no han vuelto a ser igualados’.

Umm-al-Sa’d, en el siglo XI, era conocida por sus familiaridad con las tradiciones islámicas. Al Fihrist-ibn-al-Nadim, un historiador del siglo XVIII, nombra a muchas mujeres con múltiples habilidades. Dos de ellas eran expertas en la gramática, una muy respetada rama de conocimiento relacionada con el uso correcto y completo de la lengua árabe. Una de ellas, en el siglo XI, procedente de ‘las tribus’ era una experta en los dialectos del árabe. Otra conocía las leyendas tribales; una tercera escribió un libro titulado Formas raras y fuentes de los verbos. En un campo diferente, Arwa escribió un libro sobre sermones, moral y sabiduría.

Rasa, un mujer india, fue la autora de un libro sobre el trato médico y cuidado de las mujeres, el libro sigue estando disponible entre los libros de medicina en árabe. Mariyah-al-Qibtiyyah, que era egipcia, escribió sobre la alquimia en el siglo XIII.

Al Ijiliyyah bint al-Ijili al-Asturlabi, siguió el curso de su padre, de quien tomó el nombre el astrolabio, en Alepo, y trabajó en la corte de Sayf-ad-Dawla, uno de los poderosos gobernadores Hamdanin en el norte de Siria.


Mujeres médicos

La Sharia requiere que los musulmanes se preocupen por todas las esferas de la sociedad. Con la llegada del Islam la mujeres pudieron empezar a trabajar como médicos tratando a hombres y mujeres, especialmente en el campo de batalla. El honor de ser la primera enfermera lo tuvo Rufayda bint Sa’ad al-Aslamiyya, quien vivió en el mismo tiempo del Profeta. Ayudó a curar y tratar a los heridos en la batalla de Badr, el 13 de marzo del 625. Aprendió la mayoría de sus habilidades de ayudar a su padre, Sa’ad al-Aslami, quien también era médico.

Al Shifa bint Abdulla al-Quraishiyya al-Adawiyah fue una de las mujeres sabias de su tiempo. Estuvo involucrada en los asuntos de la administración pública y también era médico. Su nombre era Layla, pero recibió el apodo de ‘Al-Shifa’ que significa ‘la que cura’.

Nusayba bint Ka’ab al-Mazneya, puso en práctica sus conocimiento en la batalla de Uhud; Umm-e-Sinan Al-Islami pidió el permiso del Profeta para salir al campo de batalla a ayudar a los heridos y a llevarles agua; Umm Warqa bint Harith, quien participó en la recopilación del Corán, también ayudó en la batalla de Badr.

Nudaybah bint al-Harith, también conocida como Umm al-Athia, ayudaba con los heridos en las batallas y proveía a los soldados con agua, alimentos y primero auxilios; incluso hacía circuncisiones.

Líderes políticas

El relato más cercano de una erudita actual, que dedicó su vida al Islam, es el de Zainab al-Ghazali. Nació en 1917 en Egipto y estuvo relacionada al principio con los Hermanos Musulmanes. Su padre la animó a convertirse en una líder islámica citando el ejemplo de Nusayba bint Ka’ab al Muzaniyya, una mujer que luchó junto al Profeta en la batalla de Uhud. A la edad de diecinueve años fundó la Jama’at al-Sayyidat al-Muslimaat (Asociación de mujeres musulmanas), que contaba con tres millones de miembros cuando fue disuelta por el gobierno en 1964. Hasan al-Banna la invitó a unir su asociación con su movimiento de los Hermanos Musulmanes, oferta que rechazó para mantener su autonomía.

Sus clases semanales atraían a cerca de cinco mil personas. Además de ofrecer clases a las mujeres, la asociación tenía un orfanato, asistía a familias pobres, mediaba en disputas familiares y tenía una publicación periódica. Pasó una larga temporada en la cárcel en la que fue sometida a numerosas dificultades y escribió un libro que fue traducido al inglés como ‘El retorno de la faraona’. Murió el 3 de agosto de 2005 con 88 años.

El Dr. Akram Nadwi, autor contemporáneo de una obra de 40 volúmenes sobre la mujeres eruditas en el Islam, Al-Muhaddizat, sacó a la luz en su investigación muchas eruditas y sus logros, que en la mayoría de los casos están hoy olvidados. Su idea era desmontar la visión acerca de la supuesta sumisión de la mujer en algunos países de mayoría musulmana:

“En un principio creí que habría unas 30 o 40 mujeres, pero a medida que la investigación continuaba, la cuenta seguía aumentando hasta que me di cuenta de que tenía no menos de 8.000 notas biográficas de mujeres que habían jugado un rol importante en la preservación y avance de las tradiciones y ciencias islámicas desde el tiempo del Profeta, que la paz sea con él. Estas mujeres no eran, ni mucho menos, mediocres en comparación con los hombres, y de hecho, muchas excedieron a sus contemporáneos masculinos. Estas eran mujeres excepcionales que no solo participaban en la sociedad, sino que ayudan a que esta se reformase. Una de las cosas más impactantes era su calibre intelectual y el reconocimiento que recibieron por ello”.

Por Zaynab Aliyah
Con información de Young Muslim Digest

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Sherezade – Por Eduardo Galeano

Sherezade es uno de los relatos de la antología Mujeres, el último libro del escritor Eduardo Galeano, fallecido a los 74 años en Montevideo. La obra (Siglo XXI) se publica esta semana en España.

Sherezade
Sherezade

 

Sherezade

Por vengarse de una, que lo había traicionado, el rey degollaba a todas.

En el crepúsculo se sacaba y al amanecer enviudaba.

Una tras otra, las vírgenes perdían la virginidad y la cabeza.

Sherezade fue la única que sobrevivió a la primera noche, y después siguió cambiado un cuento por cada nuevo día de vida.

Esas historias, por ella escuchadas, leídas o imaginadas, la salvaban de la decapitación. Las decía en voz baja, en la penumbra del dormitorio, sin más luz que la luna. Diciéndolas sentía placer, y lo daba, pero tenía mucho cuidado. A veces, en pleno relato, sentía que el rey le estaba estudiando el pescuezo.

Si el rey se aburría, estaba perdida.

Del miedo a morir nació la maestría de narrar.


Con información de El País

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