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Empleo, juventud y redes sociales en Oriente Medio y Norte de África

La emprendedora palestina Reham Issam Di'Bas durante su intervención en la mesa redonda 'Los jóvenes y las redes sociales como agentes del cambio y unión en el Mediterráneo'. / Fundación Educación para el Empleo

Trabajo y juventud fueron los ejes de MedEmpleo, el I Encuentro internacional sobre creación de empleo para jóvenes del Mediterráneo, celebrado la semana pasada en la Casa Árabe de Madrid. Este evento, organizado por la Fundación Educación para el Empleo (EuropEfe) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), se convirtió en un foro de debate sobre la situación laboral que atraviesan los jóvenes de los principales países del Norte de África y Oriente Medio (MENA, por sus siglas inglesas), para incentivar su contratación por parte de empresas e instituciones españolas.

Una de las mesas redondas del encuentro se encargó de revisar el papel de las redes sociales como elemento integrador y dinamizador de la juventud. Más concretamente, de discutir sobre su capacidad para movilizar a los jóvenes, ya sea a la búsqueda de empleo o a la protesta, como ha sido el caso de la primavera árabe. El debate fue moderado por el palestino Saro Nakashian, consejero del patronato Educación Palestina para el Empleo, y presentado por la española Alejandra Ortega, responsable de Países Árabes, África y Asia de Comisiones Obreras.

Además, dos representantes instituciones españolas: Ricardo Ibarra, presidente del Consejo de la Juventud de España, y Ruben Urosa, director del Instituto de la Juventud, quien comenzó su intervención pidiendo que se eliminen las connotaciones negativas de la expresión “fuga de cerebros”, pues en el futuro será mucho más habitual la movilidad geográfica de los recién licenciados. Ni la pérdida de talento en España ni la inversión española en educación que aprovecharán otros países parecen preocupar demasiado al responsable del Injuve.

Así, la figura del emprendedor en el mundo árabe se presentó como una de las pocas salidas para unos demandantes de primer empleo (jóvenes de entre 15 y 24 años) que suponen, al igual que en España, más de la mitad de todos los ciudadanos que esperan en la cola del paro.

Representando a los emprendedores de MENA, dos de los 10.000 jóvenes que EuropEfe espera haber formado y asesorado a finales de 2012 en Egipto, Jordania, Marruecos, Palestina,Túnez y Yemen. El primero en hablar fue el jordano Alá Alsallal, creador de la librería electrónicaJamalon.com, más conocida como el Amazon.com árabe. Este sitio web, que Alsallal montó repartiéndose el trabajo de con sus tres hermanos, cuenta ya con más de 150.000 títulos en la lengua de Mahoma. Y lo puso en marcha salvando los que, a su juicio, son los principales obstáculos del emprendedor: una cultura que incentiva el trabajo asalariado y la falta de apoyo institucional, que le llevó a buscar financiación privada. Su sitio web ha recibido hasta el momento  400.000 dólares (unos 300.000 euros) provenientes de bolsillos particulares.

Por su parte, la jovencísima emprendedora palestina Rehan Issam Di’Bas tras su intervención y aclara que, a pesar de lo que pueda parecer por la situación política de su país, el nivel de penetración de Internet es bueno y las nuevas generaciones dominan con bastante soltura el uso de redes sociales.

Issam Di’Bas empezó estudiando para ser ingeniera, una de las profesiones más demandadas en Palestina junto con la de médico, pero poco después descubrió que quería ser periodista. Un trabajo posterior como encargada de redes sociales en una empresa le abrió, según explica, los ojos a un mundo de oportunidades. “En mi caso, las redes sociales han conseguido que me plantee cosas, que ponga en marcha ideas que de otro modo habrían sido impensables para mí”, dice.

La emprendedora prepara un sitio web para gestionar y facilitar el alojamiento de estudiantes, un problema al que se enfrentan los universitarios de aquel país cuando deben desplazarse a otras ciudades para cursar una carrera. ¿Pueden las redes sociales ayudar también a resolver el problema con Israel? “Pueden abrir nuevas vías de diálogo al margen de los cauces oficiales”, responde Issam Di’Bas.

En Palestina, ¿es más difícil ser mujer, ser emprendedora o ambas cosas? “Es difícil ser ambas cosas, pero en mi familia, a pesar de todas las advertencias que me han hecho, al final del día, me apoyan y respetan lo que estoy haciendo”. “Lo importante”, dice, “es romper el ciclo de vida de estudiar, encontrar un trabajo y casarte”.

Por Pedro de Álzaga

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El Katayef – (Empanadillas Dulces)

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El Katayef – (Empanadillas Dulces)



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Rania de Jordania – La mejor embajadora de las mujeres del mundo árabe – (+ Video)

rania_jordania Rania de Jordaniala Reina más joven del mundo (y muchos dirán que la más bella), nació el 31 Agosto 1970 en Kuwait y allí permaneció hasta que completó sus estudios de segunda enseñanza. Su familia, jordana de origen palestino, quería que su hija conociera la situación de su país, de su cultura, de sus gentes. Por eso, Rania no se marchó a Estados Unidos o Gran Bretaña, como tantas otras jóvenes árabes de buena familia, sino que completó sus estudios superiores en la Universidad Americana de El Cairo.

Con la licenciatura en Administración de Empresas por esta Universidad, la bellísima Rania trabajó en el sector de la banca y de la alta tecnología hasta el momento de contraer matrimonio con el príncipe Abdalá ben Huseín. El 10 de junio de 1993, fecha del enlace, Abdalá no era príncipe heredero, sino su tío, el príncipe Hasan. Sin embargo, cuando el rey Huseín se sintió morir nombró a su primogénito príncipe heredero, título que había perdido en 1965 en favor de su tío.

Así, tras la sentida muerte del rey de los jordanos, el 7 de febrero de 1999, su hijo Abdalá juró como soberano ante las dos cámaras del Parlamento. El 9 de junio fue coronado rey de Jordania, bajo el título de rey Abdalá II. En el mismo acto, el rey concedió a su esposa la Medalla de Huseín ben Alí. Tres meses antes había emitido un real decreto por el que se concedía a su esposa el título de Reina. Y, además, la más joven del mundo.

Desde esta posición, y a pesar de que para Rania la educación de sus cuatro hijos (Huseín, Imán, Salma y Hashem) es prioritaria, esta mujer emprendedora se ha convertido en la mejor embajadora de las mujeres del mundo árabe. Con una excepcional valentía, ligada siempre a una gran inteligencia, la reina hachemita ha sacado en los foros internacionales algunos temas tabúes en su país, tales como la explotación infantil o la situación de la mujer.

Su espíritu solidario -que la hace presidir organizaciones benéficas como la Fundación Río de Jordania (fundada por ella en 1995 para ayudar a los más desfavorecidos de su país) o la Sociedad Jordana de Donación de Órganos- ha sido alabado en los más diversos foros internacionales. Porque sabe que en cada una de sus actuaciones, como cuando habló para el pueblo estadounidense tras los atentados del 11 de septiembre, miles de ojos están posados en ella. Y su imagen externa, de una exquisita elegancia, no es más que la exteriorización del tesoro que guarda dentro: inteligencia y gran corazón.

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Arte moderno en el mundo árabe – Entre la leyenda y la realidad – Wijdan ‘Ali


¿Qué es el arte moderno y cuáles son sus referencias? Estas son preguntas cuyas respuestas dependen de la disposición geográfica, el periodo de tiempo y el ambiente cultural del país en cuestión; de ahí que, para comprender el modernismo en el arte árabe, debamos remontarnos a unos cuantos siglos atrás.

El mundo árabe incluye Argelia, Bahrein, Egipto, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Omán, Palestina, Qatar, Arabia Saudita, Sudán, Siria, Túnez, Emiratos Árabes Unidos y Yemen, y se extiende por Oriente Medio (o el Mediterráneo oriental), la Península Arábiga y el norte de África. Desde mediados del siglo XVI, todas estas regiones formaron parte del Imperio Otomano, con la excepción de Marruecos, el único territorio árabe que no estuvo sometido a la autoridad otomana. Así pues, la influencia turca no se ha hecho sentir en la cultura y el arte marroquíes, los cuales representan una tradición ininterrumpida que se remonta a la España islámica.

Los primeros países árabes de Oriente Medio que adoptaron el arte occidental fueron Líbano y Egipto. Las primeras olas de occidentalización penetraron en Líbano de la mano de los misioneros europeos, quienes abrieron conventos y escuelas misioneras en las montañas e introdujeron la prensa escrita. Fueron los misioneros de Líbano quienes, durante el siglo XVIII, crearon las bases para una vida cultural, social y política centrada en el Cristianismo, lo que dio lugar a un despertar intelectual y artístico. A través de la Iglesia, el estilo gótico se hizo popular en Líbano durante el siglo XVIII, y con el tiempo vio nacer un estilo local de pintura religiosa gótica.

En Egipto, la invasión de los ejércitos de Napoleón en 1798 sometió repentinamente a la nación al control europeo, convirtiendo al país en el primer territorio árabe en verse expuesto a gran escala a la influencia del arte occidental durante el siglo XVIII. Era la primera vez desde la Cruzadas que una potencia occidental no sólo invadía un país árabe con sus fuerzas militares, sino también con sus intelectuales, artistas, historiadores y escritores. Cuando Napoleón fundó la Academia de Estudios Orientales, dio comienzo la ola de orientalismo occidental y nació el interés de Europa por los logros científicos y literarios de los árabes, junto al interés por sus aspectos militares, sociológicos, políticos y económicos. Por otro lado, la población de Oriente Medio tomó conciencia a gran escala de la civilización occidental.

La pintura de caballete es un fenómeno bastante reciente en el arte árabe. [3] A medida que el genio estético y creativo del arte islámico tradicional se iba debilitando a lo largo del siglo XIX, la cultura árabe cedió cada vez más ante las formas y estilos del arte occidental, el cual se había extendido por el mundo árabe gracias a la superioridad y el dominio de Occidente en el terreno político, económico, científico y militar. El orientalismo occidental alcanzó su apogeo en Europa a mediados del siglo XIX, y varios artistas extranjeros, entre ellos David Roberts [4] y Eugène Fromentin, visitaron Egipto y reflejaron sus costumbres nativas, lugares históricos y paisajes, empleando un estilo artístico tremendamente recargado y romántico. Otros, como Jean-Léon Gérôme, quien residía en El Cairo durante varios meses al año, introdujo en el país la pintura de caballete.

La mejora de los medios de comunicación entre Europa y los países árabes expuso el mundo árabe a las influencias occidentales a un ritmo cada vez mayor y, con el tiempo, permitió la expansión del colonialismo occidental y la difusión del arte y la cultura de Occidente. Desde finales del siglo XIX se produjo un renacimiento artístico en Oriente Medio y el norte de África que finalmente condujo a un cambio radical en la estética y propició una nueva evolución artística en el campo de las artes plásticas.


El príncipe Yusuf Kamal, miembro de la familia real egipcia y un entusiasta mecenas de las artes, inauguró la Escuela de Bellas Artes de El Cairo en 1908. Empleó a artistas extranjeros como profesores, creando así la primera institución del mundo árabe que enseñó arte occidental. Sus primeros estudiantes representaron el núcleo de la generación pionera de artistas árabes modernos. Entretanto, en otros países árabes como Irak y Siria, la pintura seguía confinada dentro de los límites de las tradición otomana.

Sudán se convirtió en una entidad política tras la conquista turco-egipcia de la región en 1821, y los británicos ocuparon el país desde finales del siglo XIX hasta su independencia en 1951. Se trata de una nación con un trasfondo cultural faraónico, africano, copto e islámico. El arte moderno, y en concreto la pintura, es un fenómeno reciente en la cultura sudanesa, el cual apenas comenzó a despuntar en la década de 1940. El arte moderno sudanés se desarrolló a un ritmo acelerado entre 1950 y 1960.

Tras la Primera Guerra Mundial en 1918, el gobierno otomano en el mundo árabe llegó a su fin. En 1919 se había establecido un Mandato francés sobre Líbano y Siria, mientras que Irak, Jordania y Palestina se encontraban bajo Mandato británico, y Egipto se convertía en un Protectorado del Reino Unido. A diferencia de los colonialistas franceses, el principal interés de las autoridades del Mandato británico era formar a funcionarios civiles competentes, de modo que apenas adoptaron medidas para contribuir al desarrollo cultural de los países bajo su control. Así pues, la educación y el mecenazgo artísticos ocuparon un lugar muy bajo en la lista de prioridades británicas en Irak, Jordania y Palestina. Esta es la razón por la cual todos los artistas jordanos y palestinos del periodo posterior a 1950 fueron aficionados autodidactas que practicaban la pintura como pasatiempo. Los movimientos artísticos comenzaron a desarrollarse en ambos países a partir de la década de 1950 y 1960, respectivamente.

La pintura de caballete al óleo se inició en Irak a comienzos del siglo XX, de la mano de un grupo de oficiales que había recibido su formación en las academias militares otomanas de Estambul. Ellos formaron el núcleo que permitió el desarrollo del arte irakí moderno. Este grupo de artistas fue el primero en introducir la pintura occidental en Irak a través de sus propios trabajos, de clases particulares y de la enseñanza en escuelas secundarias. Durante la década de 1930, el progreso en el ámbito cultural comenzó a hacerse notar cuando el gobierno irakí estimuló las actividades artísticas. En 1931, el gobierno, por orden del rey Faisal I, comenzó a conceder becas para estudiar arte en el extranjero y, en 1936, el Ministerio de Educación fundó el Instituto de Música que más tarde, en 1939, se convertiría en el Instituto de Arte.

Fue en la década de 1960 cuando la estética occidental y el arte moderno comenzaron a aparecer en la Península Arábiga, que hoy en día incluye a los estados de Bahrein, Kuwait, Omán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Yemen. Dos factores clave en la difusión del arte occidental en los países del Golfo fueron la introducción de un sistema educativo moderno en la década de 1950, y la concesión de becas gubernamentales a los estudiantes que deseaban estudiar arte en el extranjero.


En el norte de África, el ejército francés conquistó Argelia en 1830 y la convirtió en una parte de Francia, en lugar de una colonia o un mandato. Como madre patria, Francia consideraba que su deber era “civilizar” el territorio y la población recién adquiridos. En 1881, Túnez dejó de ser parte del Imperio Otomano y se convirtió en Protectorado francés hasta su independencia en 1955. En 1882, Eugène Delacroix se transformó en el primer pintor francés en visitar Argelia y Túnez. Un número considerable de orientalistas franceses siguieron sus pasos a partir de entonces, y algunos incluso se establecieron, residieron y trabajaron en el norte de África. En 1923, el Centre d’Art de la ciudad de Túnez fue la primera escuela de arte que abrió sus puertas en el norte de África. Sin embargo, hasta la independencia en 1955, el número de alumnos tunecinos era insignificante si lo comparamos con el de estudiantes extranjeros.

La introducción en Marruecos de la pintura de caballete está relacionada con el periodo durante el cual el país se convirtió en un Protectorado francés (1912) y la costa mediterránea del norte quedó sometida al dominio español. Como en Egipto, fueron los orientalistas quienes introdujeron en Argelia, Túnez y Marruecos la pintura de caballete.

La mayoría de los países árabes obtuvo su independencia del gobierno colonial británico y francés entre el final de la Segunda Guerra Mundial y mediados de los años cincuenta. Aunque el entorno político, económico y social ha provocado desde el siglo XIX la decadencia de las artes tradicionales en el mundo árabe, a su vez ha allanado el camino para el desarrollo de movimientos de arte moderno que incorporan la estética occidental e incluso han tenido éxito a la hora de crear inconfundibles estilos de escultura y pintura, haciendo uso de sus antiguas tradiciones y vinculándolas con las tendencias artísticas internacionales. A mediados del siglo XX, la pintura árabe moderna se había desarrollado basándose en la estética y las normas occidentales; y a finales del siglo XX, en todos los países árabes se habían extendido movimientos de arte moderno que reflejaban su crecimiento artístico y cultural a través de instituciones de arte, actividades artísticas, un número de artistas cada vez mayor y las nuevas tendencias del arte que interactuaban con otros movimientos artísticos en varias partes del mundo.

Temáticas

Un fenómeno interesante del arte árabe moderno es que todos los artistas árabes han experimentado, directa o indirectamente, la tensión y la ansiedad creada por las realidades políticas de la región, y en particular por la ocupación de Palestina. Muchos de ellos comparten una temática común relacionada con los problemas políticos y sociales resultantes de la perdida de una parte de su tierra. Incluso quienes han nacido fuera de Palestina y forman parte de los movimientos artísticos en sus naciones de origen o de acogida han mostrado fuertes vínculos nacionales. Este tema compartido es sin duda único en la historia del arte árabe y ha influido a otros artistas procedentes de países en vías de desarrollo, así como a artistas judíos israelíes, algunos de los cuales han llegado a participar en exposiciones junto a artistas árabe-israelíes y palestinos. Para los palestinos en particular, el arte se ha convertido en un mecanismo emocional de introspección mediante el cual preservan su identidad y dan a conocer su causa en todo el mundo. Otros acontecimientos que han influido en la temática de las obras de muchos artistas árabes son, entre otros, la segunda guerra del Golfo, las sanciones de la O.N.U sobre Irak, el doble rasero que las grandes potencias aplican en el trato a musulmanes y árabes, las guerras civiles, el fundamentalismo, la destrucción del medio,mujeres, la pobreza, los derechos humanos, la superpoblación o la islamofobia. Algunos de los artistas árabes cuyo trabajo gira en torno a estos temas son, entre otros, Nasr Abdul Aziz, Abed Abidi, Nabil Anani, Suleiman Mansour, Mounira Nusseibeh, Leila Shawa y Samia Zaru, todos ellos de Palestina; Abdul Jabbar Ghadban, de Bahrein; Hachemi Azza, de Marruecos; Karima Ben Othaman, de Jordania; Paul Guiragossian, del Líbano; Nazir Nabaa, de Siria; Rachid Koraïchi, de Argelia; o Hamid Nada, de Egipto.

La escuela de caligrafía

La caligrafía no sólo simboliza un vínculo con el patrimonio religioso, literario y artístico del pasado, sino que también constituye un presente vivo que continúa estando vigente en la actualidad. Los artistas árabes comprendieron que podrían unir las tendencias del arte moderno con su propia herencia cultural, y así fue tomando impulso el movimiento de recuperación del patrimonio árabe, el cual culminó con el desarrollo de la Escuela de Artes Caligráficas. Los artistas encontraron allí una estética con la cual podían identificarse, y al mismo tiempo compaginar su formación de tipo occidental con su entorno cultural islámico, para alcanzar una identidad artística con la cual desarrollar una nueva personalidad cultural. Muchos son los artistas árabes dedicados a la caligrafía, entre los cuales podemos destacar a Yussef Ahmad, de Qatar; Aziz Amoura, Muhammad al-Jouqi, Nassar Mansour, Muna Saudi y Wijdan, todos ellos de Jordania; Kamal Boullata y Samir Salameh, de Palestina; Taha Boustani, Raad Dulaimi, Issam El-Said y Hassan Massoud, todos ellos de Irak; Ali Omar Ermes, de Libia; Moustafa Fathi y Khairat Saleh, ambos de Siria; Nja Mahdaoui, de Túnez; Ahmad Moustafa, de Egipto; y Maisoon Saqr Qasimi, de los Emiratos Árabes Unidos.


El arte abstracto

El impulso hacia el internacionalismo y la modernización también ha estado presente en el ambiente artístico del mundo árabe, culminando en el arte abstracto, un estilo internacional sin rasgos regionales que se ha convertido en la tendencia más popular entre muchos artistas árabes, tales como Nawal Abdallah, Khaled Khreis, Nabil Shehadeh, Dodi Tabaa y Fahrelnissa Zeid, todos ellos de Jordania; Farid Balkahia, de Marruecos; Ali Ghaddaf, de Yemen; Haidar Khalid y Mahmoud Ubeidi, ambos de Irak; Mohamed Omer Khalil, de Sudán; Abdel Latif Mufiz, de Bahrein; Ayad Nimmer, de Egipto; y Faisal Samra, de Arabia Saudita.


Sin embargo, no se puede trazar una frontera exacta entre los distintos estilos. Por ejemplo, Rachid Koraïchi, Maysoon Qasimi y Samir Salameh relacionan sus trabajos de caligrafía con temáticas nacionalistas y humanitarias, mientras Laila Shawa emplea una mezcla entre caligrafía y graffiti, y las estilizadas composiciones de Hamid Nada se sitúan entre las abstracción y el simbolismo.

El arte árabe moderno transmite al mundo un destello de belleza y autenticidad, a través del cual se pretende dar a conocer la riqueza de la cultura del pueblo árabe.

BIOGRAFÍA RECOMENDADA

– Hashim Cabrera, Islam y arte contemporáneo , Junta Islámica, Navarra, 2009.

– José Miguel Puerta Vílchez, La aventura del cálamo , Edilux, Granada, 2007.

NOTAS.-

[1] Traducción, extracto y adaptación del texto publicado para promocionar la exposición titulada “Between Legend and Reality: Modern Art from the Arab World”, con obras procedentes de la colección permanente del Museo Nacional de Bellas Artes de Jordania. Publicado en Nafas Art Magazine , diciembre de 2003. Disponible online en: http://universes-in-universe.org/eng/nafas/articles/2003/modern_art_from_the_arab_world Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción).

[2] La princesa Wijdan Ali es historiadora del arte y pintora, y actualmente reside en Ammán (Jordania). Fundó e impulsó el Museo Nacional de Bellas Artes de Jordania y la Real Sociedad de Bellas Artes.

[3] La pintura de caballete hace referencia a todas las obras pictóricas realizadas sobre un soporte móvil, ya sea tabla o lienzo. (Nota de la Redacción).

[4] Para más información sobre la figura de David Roberts, véase R. H. Shamsuddín Elía. “ David Roberts: de Granada a Jerusalén ”, revista Alif Nûn nº 47, marzo de 2007. (Nota de la Redacción).

Fuente: kálamo

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