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El secuestro que falló por el lujo – Por Robert Fisk

ACHILLE LAURO
El barco se encaminó de vuelta hacia Port Said y, después de dos días de negociaciones, los palestinos aceptaron abandonar el barco a cambio de poder escapar con seguridad, y se les transportó en un avión comercial egipcio a Túnez . El entonces Presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan ordenó que el avión fuera interceptado por aviones F-14 Tomcats, con base en el portaaviones USS Saratoga y llevado a tierra en la base de la OTAN de Sigonella, (Sicilia), donde los palestinos fueron detenidos por Italia después de una falta de acuerdo entre las autoridades norteamericanas e italianas. Al resto de pasajeros del avión,incluyendo el lider del FLP Abu Abbas, se les permitió continuar hasta su destino, a pesar de las protestas de los Estados Unidos. Egipto exigió una disculpa a Estados Unidos por haber desviado el aparato de su itinerario.

El Achille Lauro era un crucero italiano salido del infierno. Bautizado en honor al presidente de la compañía que llegó a ser su propietaria, el barco –su quilla fue levantada en 1939– sufrió una explosión a bordo en 1965, se incendió en 1972, chocó con un carguero en 1975 y volvió a incendiarse en 1981.

Luego, en octubre de 1985, cuando se dirigía al puerto israelí de Ashdod con más de 400 vacacionistas y tripulantes a bordo, fue secuestrado por cuatro palestinos armados cuyo propósito inicial era abrir fuego sobre soldados israelíes al tocar tierra.

El plan salió horriblemente mal. Frente a la costa de Siria los asaltantes perdieron los estribos con quien menos se hubiera imaginado: un anciano pensionista judío estadunidense condenado a una silla de ruedas, Leon Klinghoffer. Uno de ellos lo mató de dos disparos y ordenó a la tripulación tirarlo por la borda con todo y silla.

Cuando el Achille Lauro arribó a Puerto Said y los hombres armados se rindieron por órdenes del líder del Frente de Liberación de Palestina, Abu Abbas, al cual pertenecían, yo estaba junto con muchos otros periodistas en el muelle. Vimos algo horripilante: la sangre de Klinghoffer aún manchaba el costado del barco.

Fue una tragedia, dijeron los palestinos, pero ¿acaso los israelíes no habían enviado a su milicia libanesa asesina a los campos de Sabra y Chatila, tres años antes, en una «operación» en la que hasta mil 700 palestinos fueron masacrados? No era un paralelismo que el mundo estuviera dispuesto a aceptar. El cruel asesinato de Leon Klinghoffer indignó hasta a naciones que habían tratado de apoyar la causa palestina.

En torno al secuestro se tejieron muchas historias míticas. Pero ahora la viuda de Abu Abbas, Reem Nimer, ha escrito su propio relato, próximo a publicarse, de la vida de su marido y del ataque al Achille Lauro. Mujer tan leal a la causa palestina que alguna vez trató de vengar la «traición» del régimen de Assad a los palestinos volando en pedazos el ministerio sirio de defensa, en Damasco –proeza que los rebeldes anti Assad repitieron en forma más espectacular el año pasado–, Nimer revela en su relato nuevos e intrigantes detalles acerca de la travesía fatal del Achille Lauro, y no sólo porque uno de los secuestradores, Bassam Ashkar –quien supuestamente entrenó más tarde a los rebeldes que atacaban a las fuerzas de ocupación estadunidenses en Irak– le dio su propia versión de la historia en Beirut.

En ese tiempo Ashkar tenía apenas 17 años. Abu Abbas concibió el secuestro al contemplar el puerto de Argel. Quedó impactado por lo fácil que sería atacar Israel por mar, más que desde Líbano, Siria o Jordania, y envió a los cuatro palestinos a hacer dos travesías de entrenamiento en el crucero en el curso de 11 meses. Reem Nimer nada sabía de los planes; sólo se dio cuenta de la participación de su esposo al ver un folleto promocional de los cruceros del Achille Lauro en el departamento donde vivían, en Túnez.

Según la investigación de Nimer, y su entrevista con Ashkar el año pasado, los cuatro hombres se disfrazaron de pasajeros latinoamericanos ricos. Lejos de «sorprender» a los secuestradores, los tripulantes fueron alertados por el olor de gasolina en el barco. “Antes de abordar –escribe Nimer en el manuscrito que me dio hace unos días–, las armas estaban escondidas en el tanque de un automóvil estacionado en territorio italiano. Olían a gasolina, y eso levantó sospechas entre los encargados del mantenimiento. Los cuatro jóvenes palestinos, que sufrían por el mismo olor dentro de sus camarotes, sacaron las armas para secarlas con una secadora de pelo.”

Los tripulantes abrieron la puerta no porque sospecharan, sino porque querían dar fruta de cortesía a los pasajeros. Descubiertos con sus armas, éstos decidieron de inmediato secuestrar el barco.

Abu Abbas dijo más tarde a su esposa que su intención era “llevar a cabo una operación honorable contra el ejército israelí… quería que llegaran a Ashdod, no que lucharan contra los pasajeros a bordo”. Más tarde les gritó a los cuatro: «¿Por qué demonios arreglaron las armas sin echar cerrojo a la puerta primero?»

Pero Reem Nimer tiene otra explicación. “Los jóvenes se acobardaron cuando llegó la hora de morir. Venían de los campamentos palestinos de Jordania y Siria, y nunca en la vida habían visto nada tan lujoso como lo que experimentaron en el Achille Lauro … De la noche a la mañana, esos chicos de la calle se veían tomando champán en fiestas al lado de la alberca, rodeados de hermosas italianas en bikini. Antes… siempre habían sonreído a la muerte, pues nunca vieron un día de confort en su vida… (Ahora), comenzaron a entender que había lujos de los que nunca supieron. De pronto la vida comenzó a tener un significado dulce.”

Hoy eso no importa mucho. Cuando juntaron a los pasajeros, «Klinghoffer hizo tanto ruido a bordo que les metió un susto tremendo a los atacantes. Entraron en pánico, lo mataron y lo arrojaron por la borda».

Es una frase incómoda. ¿En verdad los palestinos estaban «muertos de miedo» (sic) por un anciano discapacitado?

Fue un acto despreciable que no sólo indignó a Occidente –la familia de la víctima demandó a la OLP por millones de dólares–, sino que, según Abbas, «fue un desastre financiero y político para la causa palestina». Ese crimen lo persiguió por el resto de sus días. Y cuando murió bajo custodia estadunidense, en un campo de prisioneros de Bagdad, luego de la invasión de 2003 a Irak, todo lo que el mundo recordó de Abbas fue a un inválido llamado Leon Klinghoffer. A nadie le interesó saber cómo fue que un hombre al parecer saludable murió en manos estadunidenses.

El Achille Lauro continuó haciendo travesías sin pena ni gloria, y en 1994 volvió a incendiarse frente a la costa de Somalia. Esta vez se hundió para siempre bajo las olas.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

Con información de : La Jornada

Nota de la Bitácora : Un judío enfermo es arrojado por la borda del Achille Lauro por un renegado de la OLP. Se trata, incontestablemente, de un acto despreciable. Pero cuando, en represalia, un bombardeo israelí sobre Túnez provoca cincuenta muertos, entre los cuales hubo muchos niños, eso se llama «lucha contra el terrorismo y defensa de la ley y el orden». La prueba está en el adocenamiento casi general de los medios de comunicación cuando se trata de invertir, a favor del sionismo, el sentido de los acontecimientos y se califica de terrorismo la violencia de los débiles y de lucha contra el terrorismo la violencia de los fuertes.

¡ Qué pronto la paz nos sea a todos !

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La ‘bruja’’que trabaja por los derechos de las mujeres en Somalia

'Mamá' Hawa delante de uno de sus centros.|UNCHR/ACNUR
‘Mamá’ Hawa delante de uno de sus centros.|©UNCHR/ACNUR

‘Mama’ Hawa se ríe con fuerza cuando se acuerda de que hace no mucho tiempo la gente de Galkayo (al norte de la provincia central de Somalia) la llamaba ‘bruja’. Era la manera que tenían de reaccionar ante la mujer que a finales de los años 90 empezó a hablarles de cosas tan misteriosas para la cultura somalí como lo injustificable de la violencia doméstica o el drama de la generalizada mutilación femenina.

«Cuando empecé los programas educativos y toda la campaña para empoderar a las mujeres y adolescentes, mucha gente decía que mi único objetivo era imponer la cultura occidental», explica ‘mama’ Hawa por teléfono desde esta región de Somalia, donde la inestabilidad le obliga muchos días a permanecer encerrada en su casa. «Sentían que había traicionado nuestra cultura y por eso empezaron a llamarme cosas», declara esta mujer somalí de 64 años, todavía sin abandonar la risa.

Las cosas cambiaron rápidamente cuando las primeras mujeres y jóvenes de Galkayo empezaron a beneficiarse de sus lecciones y en cuestión de poco tiempo la ‘bruja’ dejó de serlo para convertirse en ‘madre’, como se llama en África oriental a las mujeres que instigan respeto. Cosas de la vida, Hawa es la versión árabe para Eva, la primera hembra de la humanidad, la madre de todas las madres. Pareciera que el destino de esta enérgica mujer que lleva 40 años defendiendo los derechos de sus congéneres estuviera escrito hace mucho tiempo.

Recientemente galardonada por Acnur con el premio Nansen del Refugiado 2012, con una dotación de 100.000 dólares, ‘mama’ Hawa ha visto la guerra de frente en muchas ocasiones.

El estallido del conflicto civil somalí, en 1992, le pilló con 42 años, cuando ya tenía media vida hecha y una carrera consolidada gracias a su trabajo en el Ministerio de Educación de Somalia.

Aterrizó en Toronto (Canadá) con lo puesto y con el estigma social que siempre acompaña al refugiado, pero decidió que no se quedaría de brazos cruzados. En el nuevo continente, empezó a trabajar ayudando a la integración cultural a las miles de inmigrantes de la extensa diáspora somalí de Toronto, una de las mayores del mundo, convirtiéndose en lo que ella llama «trabajadora social».

Pero, ‘mama’ Hawa sentía que ese no era su lugar. «Veía las noticias en la televisión sobre Somalia y tenía la certeza de que mi labor tendría más utilidad en mi país, donde el sufrimiento era mayor«, declara esta mujer, que a lo largo de su carrera ha trabajado con estudiantes, analfabetas, madres, refugiadas, desplazadas e incluso mujeres relativamente ricas en Somalia. Cuando le preguntan por su labor, ella responde en alto: «¿Cómo se puede dar poder social, político y económico a las mujeres sin educación? Sin educación estás muerto«.

De nuevo en Somalia, en 1995 levantó los pilares para un centro educativo en la ciudad costera de Kismayo (importante puerto del centro del país), pero en 1999 las milicias invadieron la urbe y arrasaron con todo lo que había en el edificio.

Huyendo de la guerra acabó en Galkayo, donde lleva 14 años ofreciendo educación primaria, secundaria y para adultos de forma totalmente gratuita. Desde entonces, más de 35.000 mujeres y menores se han beneficiado de sus programas en un lugar donde ‘mama’ Hawa recuerda «se podría hacer mucho más si no existiera la inestabilidad permanente». «Uno de los principales retos es la ausencia del imperio de la ley; el gobierno es muy débil. No existe ley ni orden», cuenta a través del teléfono.

Un vacío legal e institucional provocado por el conflicto continuado que ha convertido a los jóvenes somalíes en personas «sin referentes ni modelos sociales, sin aptitudes para la vida, sin oportunidades ni ambiciones», explica ‘mama’ Hawa, que lamenta «el elevado nivel de decadencia moral» que sufre su país, convertido en titulares internacionales debido a la piratería en sus aguas y a los radicales islamistas.

Con el objetivo de combatir el desencanto de las generaciones somalíes más jóvenes, ‘mama’ Hawa ha decidido invertir el dinero de Acnur en la construcción de un centro recreacional con instalaciones como una biblioteca y un centro deportivo además de un dormitorio para alojar a los desplazados que huyen de la violencia en la región meridional del país.

Por Joana Socias
Fuente: El Mundo

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