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Cocina Árabe – Harissa – Salsa picante

La harissa es una salsa picante y especiada de origen tunecino cuyo uso se ha extendido por el norte de África y Oriente Medio. Su utilización gastronómica no se limita a una salsa para acompañar todo tipo de platos en la mesa, también es usada en la cocina como condimento y como ingrediente para la elaboración de recetas tradicionales.

En algunos países del Maghreb, como Argelia y Marruecos la han adaptado a sus gustos. Encontramos algunas variantes que incluyen alcaravea u otras aromáticas y especias para aromatizarla. Sin embargo, en Túnez, la afición al picante es tal, que llegan a utilizar la receta más picante de la harissa incluso en la preparación de distintos tipos de bocadillos.

Hay distintas recetas para hacer harissa, esta que les ofrecemos hoy aquí, es una de las más utilizadas en Marruecos y está aromatizada con alcaravea, comino, cilantro y hierbabuena o menta. También se le ha incorporado ajo.

La harissa se comercializa preparada en establecimientos especializados en productos gastronómicos del Maghreb, pero si se deciden a prepararla en casa pueden ir adaptándola a su gusto. Se conserva cubierta con aceite de oliva dentro de un frasco esterilizado cerrado, hasta 6 meses refrigerado.


Ingredientes

125 gr. de ajíes picantes rojos secos.
10 dientes de ajo.
1 cucharada (sopera) de hierbabuena o de menta.
1 cucharada (sopera) de cilantro molido.
1 cucharada (sopera) de comino molido.
1 cucharadita (de café) de semillas molidas de alcaravea.
100 ml. más una cucharada (sopera) de aceite de oliva  extra virgen.
½ cucharadita (de café) de sal.


Preparación

Escurrir los ajíes e introducir  en un mortero o procesador de alimentos.

Añadir los ajos troceados, 1 cucharada (sopera) de hierbabuena o de menta (según gusto), otra de cilantro molido y otra de comino también molido, 1 cucharadita (de café) de semillas de alcaravea molidas, 1 cucharada de aceite de oliva y ½ cucharadita (de café) de sal..

Moler todo hasta conseguir una pasta muy espesa, casi compacta.

Conservar la pasta en frasco esterilizado cubriendo con una fina capa de aceite de oliva. Conservar refrigerado. Su tiempo de conservación es de 6 meses.


Nota:

Los ajíes picantes, Chiles o guindillas (nombres dados según la región), tienen un sabor picante gracias a la capsaicina. “Pesticida” natural generado por estos frutos para alejar posibles insectos y herbívoros, y hongos que puedan destruir sus semillas.

El motivo de que unos ejemplares piquen y otros no, o de que presenten diferentes niveles de picante, se debe a las condiciones en las que crece el fruto. Perteneciendo al mismo entorno, o incluso a la misma planta, hay frutos que salen más picantes que otros, y es que no todos reciben los mismos nutrientes.

La alcaravea o comino de prado, Carum carvi, efectivamente tiene un gran parecido con el comino, tanto en aspecto como en sabor, aunque su semilla es de mayor tamaño y ligeramente curvada, a diferencia de aquel. Aunque tiene un sabor picante y un aroma parecido más al anís.


Con información de Balansiya


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Myrath, desde Túnez nace una nueva expresión musical

MYRATH (en árabe ميراث, legado)  es una banda de metal con sus orígenes en Túnez.

Lo que comenzó como una banda de adolescentes dedicada a tocar sus versiones de otros grupos se convirtió en una banda relativamente conocida y respetada en la comunidad internacional de progresivo power-metal. Todo comenzó a principios de 2001, cuando el guitarrista Malek Ben Arbia (quien entonces tenía 13 años de edad) y dos de sus amigos de la infancia que vivían en el mismo vecindario, Fahmi Chakroun (batería) y Oualid Issaoui (guitarra), formaron una banda que llamaron Xtazy. Esta banda, como ocurre casi siempre con las bandas adolescentes de metal, tocaba temas de grupos profesionales. Durante sus dos primeros años tocaron sus versiones principalmente de la corriente dead metal, convirtiéndose después en una especie de banda tributo a SYMPHONY X. Durante ese tiempo Xtazy se completó con Zaher ben Hamoudia (bajo) y Tarek Idouani (canto), llegando Elyes Bouchoucha(teclados, canto), un recién graduado del Conservatorio de Túnez, en 2003. Tras interpretar sólo canciones de otros grupos durante cuatro años, la banda adquirió suficiente experiencia para comenzar a escribir su propia música. Así, en marzo de 2005, realizan el demo (sólo en Túnez) «Double Face», una producción independiente con una alineación que incluyó al nuevo baterista Saief Ouhibi, quien se unió a la banda en el verano de 2004.

En marzo de 2006 la banda abre telón para Robert Plant y Adagio en un concierto en el anfiteatro romano Cartago, presentándose ante un público de aproximadamente 7 mil fanáticos de la música rock y del metal. Ese día conocieron a Kevin Codfert (tecladista de Adagio), quien se convirtió en el productor e ingeniero de sonido de la banda. Con el apoyo de Kevin, la adición del experimentado bajista Anis Jouini en septiembre de 2006, y la mejora en las habilidades compositora-ejecutora de Malek Ben Arbia (quien en julio de ese año se había graduado de la prestigiosa escuela francesa de guitarra Music Academy International), la banda se volvió más ambiciosa en cuanto a perseguir una carrera internacional. Lo primero que hicieron fue cambiar el nombre de la banda de Xtazy a MYRATH, grabando el álbum «Hope» en diciembre de 2006, con Kevin Codfert como productor e ingeniero de sonido. El álbum (realizado en 2007 por el Sello francés Brennus Music) fue el punto de partida de MYRATH para alcanzar la crítica internacional, recibiendo numerosas alabanzas y menciones especiales por el mundo entero. Así empezó la historia de esta banda.

Su primer álbum Hope fue lanzado en 2007, el segundo Desert Call en 2010 y su última creación, el álbum Tales of the Sans en 2011.

Sin lugar a dudas esta banda en pleno crecimiento logró fusionar el metal con sus raíces árabes a la perfección creando un nuevo estilo sin precedentes en el género.

Con información de Rock Progresivo

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La Primavera Árabe no fue un fracaso sino una lección

Samir Saul es historiador y especialista en relaciones internacionales en los países árabes, en la Universidad de Montreal.

Después de la “revolución del jazmín” en Túnez, le siguieron los egipcios en sus demandas de democracia y justicia.  Fue el inicio de la primavera árabe .

¿Se puede hablar hoy de fracaso de la primavera árabe y del proceso democrático en la región?

La primavera árabe fue una gran experiencia por el mundo árabe. ¿Fracaso…? Es un poco demasiado brutal como evaluación.  Digamos que no llevó a cabo las promesas. Y para eso hay que realizar algunos análisis profundos para comprender el porqué. Se habla de revolución, pero yo creo que no hubo una revolución sino una gran revuelta espontánea del pueblo contra regímenes dictatoriales. Pero esa revuelta no estaba organizada, planificada, no había un programa ni reflexión sobre lo que seguiría. De manera que cuando esa revuelta se quedó sin dirigentes se produjo un vacío que fue llenado por fuerzas organizadas que no eran responsables de la sublevación. Pienso en los yihadistas o en el ejército en el contexto egipcio.

Es decir, para que haya una revolución, tiene que haber una rebelión y también un programa y dirigentes capaces de tomar el relevo. De llenar el vacío. Y la primavera árabe no dio ese resultado. Al inicio había esperanza de que la rebelión espontánea pudiera producir ese tipo de organización y de dirigentes. Me acuerdo muy bien en febrero, antes de la caída de Moubarak yo decía en los medios que los que manifestaban, los que se rebelaban debían organizarse y elaborar un programa. Pero no lo hicieron. Ni en Egipto, ni en Túnez ni en otros lugares, de modo que los poderes organizados  llenaron el vacío. Ocuparon el lugar.

A eso agreguemos las intervenciones extranjeras, que son un problema mayor en el mundo árabe. Se produjo una desviación de la sublevación con programas y estrategias extranjeras dirigidas a los que llevaron a cabo la rebelión,  las poblaciones que se sublevaron.  Eso resultó entonces en el regreso del poder militar en Egipto, tomó la forma de intervención extranjera muy evidente en Libia y Siria, de modo que hubo un despojo de la rebelión en provecho de programas de estrategia de agendas extranjeras. El resultado no fue el esperado pero fue una experiencia histórica. Ese es el lado positivo que muestra que una población no aceptará eternamente la opresión y es también una lección para el futuro.

En el futuro hay que pensar políticamente y no solo en términos idealistas. Tiene que haber un programa, una organización que conduzca el descontento popular.

Lo que es difícil de comprender es por qué no había tal programa. Las sociedades ¿no estaban maduras para esos eventos? ¿Qué sucedió?

Justamente no. El problema en el mundo árabe después de la descolonización es que hubo una despolitización de la sociedad. Hubo poderes que se establecieron por la fuerza, por la demagogia, que son los poderes dictatoriales. Y frente a ellos estaban solo los islamistas. Porque los poderes lograron crear un vacío,  evacuar el debate político, la vida política, dejando en el lugar solo a organizaciones de tipo islamistas. Es decir organizaciones que mezclan la religión con la política y que no saben realmente actuar políticamente. Hay que ser claros, los Hermanos Musulmanes resultaron un fracaso total. Tanto en Egipto como en Siria porque fueron incapaces de hacer política en el sentido propio de la política. Mezclan todo con la religión lo que los llevó al fracaso.

El problema entonces es el vacío político.  Durante 30 a 40 años antes de la primavera árabe había solo dos fuerzas que se enfrentaban, los poderes dictatoriales y los islamistas. Y ninguno de los dos practicaba la política. Unos eran la fuerza, los otros la religión. Es por eso ese vacío político que les resultó muy costoso a las poblaciones que se sublevaron.

¿Qué papel jugó la religión en la primavera árabe?

Jugó muy poco. Justamente lo que prometía la primavera árabe era el inicio del retorno a los temas políticos, sociales, económicos, que habían sido relegados desde hace unos 40 años. Era el resurgimiento de preocupaciones terrenas, laicas, materiales y políticas que iban contra dos poderes binares que se encontraban delante de ellos, es decir, las dictaduras  y los islamistas. La sublevación no fue islamista. Los islamistas no hicieron nada para activar ese levantamiento, al contrario, fueron espectadores. Pero se aprovecharon, porque aquellos que abrieron el tema político no lograron concretizarlo. No lograron un cambio de poder, ni proponer nuevas fuerzas políticas al presentar sus aspiraciones. Había una falta de política y esa carencia llevó al fracaso.

Los países occidentales, incluyendo Canadá ¿jugaron algún papel en el fracaso de la primavera árabe?

Sí, porque la primavera árabe atentaba contra los intereses de los países occidentales. Porque esas potencias occidentales no podían admitir que había una revolución en los países árabes. Eran favorables a las dictaduras, de manera que las potencias occidentales  participaron también al despojo de los pueblos árabes, de su revuelta. Esas potencias contribuyeron a llenar el vacío creado por las revueltas árabes llevando al poder a los islamistas. En Siria, el occidente ayuda a los yihadistas, apoya a las milicias organizadas para derrocar al gobierno de Siria. Entonces, el occidente es uno de los problemas, así como las dictaduras y los islamistas.

Con información de  Radio Canadá International

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Pasta Kataifi y Masa Filo – Madres de la repostería Árabe

katafi

Masas básicas, sustento de los postres árabes. Con ellas  se pueden preparar  los postres originales de la repostería de Medio Oriente. La pasta Kataifi, ideal para la preparación del exquisito Knafeh, entre otros. La Masa  Filo básica para la preparación del tradicional Baklawa y los Dedos de novia.

La pasta kataifi es una masa compuesta por fideos muy finos y largos que se utiliza para la elaboración de postres y dulces.

Esta pasta, también llamada kadaif, kadayif, kadaifi, knāfeh, kunāfah o kunfeh, tiene su origen en Medio Oriente, especialmente  en la ciudad palestina de Nablus.

La pasta kataifi es un ingrediente muy utilizado en la repostería de Oriente Medio, y Turquía. Uno de los dulces tradicionales más extendidos es el knafeh.

Se trata de un postre muy típico elaborado con pasta kataifi untada con mantequilla, queso blando y almíbar. A menudo se añade colorante naranja a la parte superior y se cubre la superficie con pistachos picados. En algunos países como Egipto este postre se rellena con frutos secos, azúcar y canela.

Para su elaboración, se prepara una masa a base de harina y agua como en el caso de la pasta filo. Con la ayuda de una máquina o un recipiente con pequeños agujeros, se dejan caer hilos de masa sobre una plancha giratoria caliente. De este modo, los hilos se secan formando fideos muy finos similares al cabello de ángel.

Su sabor es neutro, por lo que se puede utilizar tanto en la elaboración de postres como para aperitivos y otros platos salados.

Esta pasta puede ser utilizada en muchísimas recetas  y se puede tanto freír como hornear, sin embargo si la cocción de la comida va a ser al horno es conveniente untar la masa con manteca fundida, (manteca clarificada), o aceite, a efectos de hidratarla y lograr su dorado característico, dándole  además una textura crujiente.

Gracias a su flexibilidad, se le pueden dar diferentes formas. La podemos utilizar para crear nidos o cilindros, enrollarla alrededor de otros alimentos, hacer madejas. Puede ayudarnos a mejorar la presentación de nuestros platos y darles volumen.

No se debe dejar mucho tiempo al aire antes de cocinar, ya que se deshidrata fácilmente.



 Ingredientes 
(
para 400 gr de pasta kataifi)

 

200 gr de harina de trigo
4 cdas de semolín
1 cda de aceite de oliva
1/2 cdita de sal
1 cdita de vinagre de alcohol
400cc de agua tibia

Preparación

En un bowl tamizar la harina con la sal, agregar el semolín y revolver para homogeneizar la mezcla.

Colocar el vinagre de alcohol en un vaso con el agua tibia medida.

Agregar mitad del agua al bowl de la harina y luego agregar la cucharada de aceite, e ir revolviendo con la cuchara o batidor de alambre hasta obtener un engrudo consistente. El punto de la masa, debe formar un hilo fino y no cortarse

Cocinar la pasta katafi, para ello se prepara un baño de vapor con agua hirviendo en la hornalla de la cocina y se monta arriba un recipiente de teflón que servirá como superficie para estirar los fideos. Dejar caer la masa en forma de hilos sobre el recipiente caliente hasta que estén cocidos.

baklawa

La masa filo en la cocina

La masa filo es una masa o pasta blanda, fina y transparente como una hoja de papel, elaborada con harina común, aceite, sal y agua. Sus orígenes pertenecen a  Oriente Medio  y se utiliza en especial en la cocina árabe y griega, para repostería y relleno de preparaciones saladas. Puede comprarse o elaborarse de forma casera y se preserva hasta un año congelada.

La masa filo no debe estar nunca o lo menos posible, expuesta al aire mientras no se trabaja con ella, lo que debe hacerse con mucha rapidez, hay que cubrirla siempre con un paño o servilleta.

Puede conservarse herméticamente cerrada, en la nevera o en el congelador. En el primer caso debe sacarse de la nevera unas tres horas antes de trabajar con ella. En el segundo, además, debe estar unas ocho horas antes en la nevera, luego unas 3 horas fuera de la nevera.

Es importante poner capas ligeras de mantequilla derretida y pan seco tostado molido en cada capa de pasta filo.

Para que la masa filo no se humedezca y quede cruda en el interior, los rellenos deben ser bastante secos.

Existe otra pasta muy parecida a la filo pero de origen magrebí y que es más utilizada en nuestras cocinas, es la pasta Brik. Una especie de crepe, una oblea muy hojaldrada, igual que la Malsouka de Túnez, que se ha extendido con gran rapidez. De textura crujiente, una vez rellena y bien frita u horneada, ha logrado deleitar a los paladares más selectos.

Es muy representativa y popular la Malsouka al huevo, un plato típico de la cocina tunecina que se rellena con huevo crudo, picadillo de finas hierbas, alcaparras, atún, cebolla picada y rehogada. Más tarde la pasta se dobla por la mitad y se fríe.

Pero el arraigo de este suculento bocado radica precisamente en la finura de esta pasta, equivalente de la bastella marroquí, que requiere de unas manos diestras y un ánimo templado y laborioso. La técnica por la que se obtiene la misma, a partir de hacer hervir la sémola en agua, es muy delicada y compleja.

Por eso de facilitar las tareas, se encuentran en el comercio hojas de brik fabricadas industrialmente que suplen sin complejo alguno a esta dúctil pasta.



Receta de masa filo

 Ingredientes

 

500 gr. harina
3 cucharadas soperas de aceite de oliva
1 huevo
1 pizca de sal
agua

Elaboración

Mezclar todos los ingredientes y amasar 10 minutos. Se tiene que conseguir una masa elástica (como la pasta de tallarín). Dividir en cuatro y dejar reposar 30 minutos. Extender tan fino como se pueda (como el papel). Dejar secar una hora antes de utilizar.


Con información de Hogarmanía

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El Seed: «La escritura árabe llega al alma antes que a los ojos»

El artista franco-tunecino, lleva por un mundo un mensaje de paz mediante sus caligraffitis, con los que también busca ser un embajador de la cultura árabe.

En 2012, el artista graffitero el Seed buscaba una pared en la ciudad de Gabes, en Túnez, de donde es oriunda su familia. El minarete de la mezquita de Jara fue el escogido.

«Resulta que el minarete se estaba construyendo desde 1994. Durante 18 años, los 57 metros de cemento habían permanecido grises. Cuando me reuní con el imán y le dije lo que quería hacer me dijo: «Gracias a Dios, por fin llegaste» y me dijo que todos esos años estuvo esperando a alguien que hiciera algo al respecto. No me pidió nada, ni un boceto ni nada de lo que iba a escribir», recuerda el artista, durante una charla TED en la ciudad de Vancouver.

El minarete de la mezquita de Jara, con el mensaje de el Seed

«En cada obra que creo escribo mensajes con mi estilo de caligraffiti, que es una mezcla de caligrafía con graffiti. Uso citas o poesía – explica-. Pensé que el mensaje más adecuado para el minarete para colocarlo en una mezquita debía originarse en el Corán, así que elegí este versículo: «¡Oh, humanidad! Nosotros los creamos a partir de un solo hombre y una sola mujer y los hicimos pueblos y tribus para que pudieran conocerse unos a otros.» Fue una llamada universal a la paz, la tolerancia y la aceptación por parte de los que, por lo general, no tienen una buena imagen en los medios.»

La reacción fue inmediata: el resultado final combinado con el mensaje y las características de su obra no pasaron inadvertidas para la prensa internacional. En los últimos años, el Seed ha pintado sus caligraffitis en diferentes partes del mundo, desde Río de Janeiro hasta Ciudad del Cabo. «Estoy muy orgulloso de mi cultura y trato de ser su embajador haciendo uso de mi arte y espero que pueda romper los estereotipos que todos conocemos con la belleza de la escritura árabe», asegura.



 «Escribir mensajes es la esencia de mi obra. Lo divertido es que, en realidad, incluso la gente que habla árabe necesita realmente fijarse bien para descifrar lo que estoy escribiendo. Pero no hace falta saber lo que está escrito para sentir la pieza. Creo que la escritura árabe llega al alma antes que a los ojos. Tiene una belleza intrínseca que no es necesario traducir. Creo que la escritura árabe le habla a cualquiera. Siempre me aseguro de escribir mensajes relevantes para el lugar donde estoy pintando pero mensajes que tengan una dimensión universal.»

Claro que, en ocasiones, la reacción no es la esperada. En una ocasión en París, en el marco de un evento, alguien le ofreció su pared para pintar. «Cuando vio que estaba pintando en árabe estaba tan enojado, histérico, que pidió que borrara la pared. Una semana más tarde, el organizador del evento me pidió que regresara y me dijo que había otra pared, justo enfrente de la casa de esta persona. Así que este hombre estuvo obligado a ver mi pintura todos los días. Escribí: Abre tu corazón.»

Con información de La Nación

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Sghaïer Ouled Ahmed, el poeta más rebelde de Túnez

Sghaïer Ouled Ahmed, poeta

Fustigó en sus versos al dictador Ben Alí y tras su caída fue perseguido por los islamistas.

Seguramente, no fue casualidad que Sghaïer Ouled Ahmed, uno de los poetas contemporáneos tunecinos más queridos y admirados en todo el mundo árabe, naciera el 4 de abril de 1955, en plena agitación nacionalista, solo un año antes de lograr la independencia de Francia. Ni que el nombre de pila de su madre fuera Tounes (Túnez en árabe). Sus más conocidos poemas fueron los de temática patriótica, como el que empieza con el verso “Nosotros amamos el país como nunca nadie lo ha amado”, que los compositores, Mohamed Mejri y Mouhanned Naser convertirían en un himno de amor a la patria al añadirle melodía.

Probablemente, tampoco fue una cuestión de azar que el poeta más rebelde del país, el que se atrevió a rechazar la Orden Nacional al Mérito Cultural en 1993 al temido dictador Ben Alí, fuera originario de un pueblo de la provincia de Sidi Bouzid, cuna de la Revolución de los Jazmines. No lejos de su aldea, “en el desértico sur, el sur profundo”, se inmoló en diciembre de 2010 Mohamed Bouazizi, un vendedor de frutas desesperado por una vida sin expectativas ni dignidad. “Una luz que resplandece entre los planetas del sistema solar”, señaló en su homenaje literario al primer mártir de la primavera árabe.

Mientras los políticos y diplomáticos occidentales rendían pleitesía a Ben Alí y los analistas del FMI alababan la estabilidad y el crecimiento económico de Túnez, en los años noventa los versos de Sghaïer Ouled Ahmed ya presagiaban una revuelta que en menos de un mes terminó con una de las más brutales autocracias árabes y cambió la historia de Oriente Próximo. “El viento se anuncia y sus techos son de paja. / La palma de la ira es alta y sus cristales son frágiles”, advertía su pluma ácida.

La noticia de su muerte el pasado 5 de abril sumió a Túnez en un estado de conmoción. Medios de comunicación, políticos, personalidades del mundo de la cultura y simples ciudadanos le han rendido homenaje de formas diversas. Muchos, simplemente compartiendo su poema favorito en las redes sociales. El presidente del país, Béji Caïd Essebsi, ofreció su pésame a la familia del difunto y en un comunicado destacó que Ouled Ahmed “defendió la causa del pueblo tunecino, compartió sus penas y militó por su libertad y dignidad”.

El día antes de su deceso, en la celebración de su 61º aniversario, ya presentía cerca su final. Su último poema, escrito ese mismo día en su lecho de muerte, sonaba a despedida: “No tengo otra tumba / en el más allá / que estas tres sílabas tu-ni-sie”.

Desde hace meses la opinión pública tunecina era consciente de su delicado estado de salud, provocado por un cáncer en estado avanzado. En julio del 2015, un tuit anunció su muerte por equivocación y el rumor corrió como la pólvora por las redes sociales. Él mismo lo desmentiría con un mensaje irónico en su página de Facebook: “Buenos días… Soy yo, Sghaïer Ouled Ahmed”, que acompañó de un vínculo a una canción titulada No quiero reventar. Y es que su furor revolucionario no ahogaba su sentido del humor, que a menudo utilizaba para fustigar al poder. Para muestra, esta ingeniosa frase: “La esperanza de vida de los tunecinos es de dos presidentes y medio”.

En 1984 terminó su primer libro de poemas, pero fue inmediatamente prohibido por la censura por su contenido contestatario. Entonces trabajaba aún de animador cultural en un centro público para jóvenes. Un año después, como castigo por su activismo político, perdería su empleo y optó por emigrar a Francia para estudiar psicología. A mediados de los noventa, en un intento por parte del régimen de congraciarse con los intelectuales de izquierda, le ofrecieron hacer realidad su sueño de más de una década: dirigir un instituto cultural dedicado a difundir la poesía tunecina. No obstante, duró poco tiempo en el cargo.

Ni tan siquiera la caída de la dictadura le alejó definitivamente del clima de amenazas e incertidumbre. Musulmán a la vez que antiislamista, fue acusado de ateo por algunos clérigos fundamentalistas, a los que tildaba con sarcasmo de “embajadores de Allâh”. En agosto del 2012, de las palabras pasaron a los actos, y fue brutalmente agredido en la calle por un grupo de jóvenes salafistas. Pero tampoco ellos le amedrentaron, pues continuó fustigando su intolerancia “con las bombas de la poesía”.

Por Ricard González
Con información de El País

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Hiba Abouk: Cómo saltar por una ventana pintada en la pared

La actriz Hiba Abouk ©Jordi Socias

‘El desconsuelo de los insumisos’ le devolvió el sueño de ser actriz.

Cuando alguien está preso en una mazmorra sin posibilidad alguna de escapar solo existe una forma de sentirse libre. Se pinta con la imaginación en la pared una ventana abierta de par en par en la que se vea un cielo con nubes blancas y un velero navegando un mar azul; hay que encaramarse a esa ventana, abrir los brazos y echarse a volar. Puede que la actriz Hiba Abouk se evadiera así de su cárcel cuando en la adolescencia comenzó a sentirse prisionera en el seno de su propia familia de árabes tunecinos llegados a España en 1976. El padre había sido broker en Francia y siguió trabajando con éxito en Madrid hasta que en 1994 lo perdió todo, incluso la casa de la calle de Arturo Soria de esa ciudad en la que había nacido Hiba, en 1986, la menor de cuatro hermanos.

La familia no era muy religiosa. Hacía el Ramadán, celebraba la fiesta del cordero y poco más, aunque también trataba de cumplir con algunos ritos cristianos para integrarse en nuestras costumbres sin abandonar las suyas, de modo que Hiba, siendo española, creció sin tener claro a qué cultura pertenecía. A los cuatro años ingresó en el Liceo Francés donde había alumnos de varios países, allí recibió durante 14 años una educación exquisita, y sin sentirse discriminada se dio cuenta muy pronto de que la falta de libertad la hacía distinta de sus compañeros. El riguroso control, que durante su adolescencia ejerció sobre ella la familia, llegó a ser insoportable. Sus hermanos la tenían sometida a una férrea vigilancia. Estaban pendientes de cualquier paso que diera, con quién hablaba, quiénes eran sus amigas. Apenas podía salir de casa y si lo hacía tenía que recogerse a una hora muy temprana, no podía usar perfumes ni pintarse los labios, ni quedarse a dormir en casa de alguna compañera. Era impensable que pudiera tener amigos.

El miedo a sus hermanos la obligó a llevar una doble vida. Hiba comenzó a dibujar su propia ventana azul en la pared de esta cárcel familiar. Primero con 12 años tuvo un amigo secreto, Julián el Gordo, con quien descubrió la verdadera fraternidad y con 17 vivió una pasión, también clandestina, con un compañero que después sería director de cine. A escondidas leía a Camus, Voltaire, Sartre y a Simone de Beauvoir, pero la ventana se le abrió de par en par cuando en el Liceo la profesora Isabelle Truchet la animó a hacer teatro. Sin que su familia se enterara, el escenario le servía para escapar, incluso de sí misma, siendo la Gimena de El Cid de Corneille, la seductora adolescente de La noche de la iguana, y otros personajes de Molière y de Genet hasta alcanzar el papel de protagonista en Antígona, de Anouilh.

Aunque soñó que ese pudiera ser su camino, al terminar el instituto dudó entre preparar el ingreso en la Escuela Superior de Arte Dramático o matricularse en Filosofía y Letras. Finalmente, optó por estudiar Filología árabe en la Universidad Complutense de Madrid. Era una manera de hacer inmersión en su cultura, de tener presentes a los suyos y de encontrar los medios para quererles a pesar de todo, pero antes debía dar el salto definitivo por la ventana abierta.

Huída de casa

El 30 de octubre del 2004, al cumplir los 18 años, se fue de casa. Sabía que esa decisión la iba a mantener muy alejada de su familia, de sus costumbres, del olor de su hogar y que, sin duda, la persecución de los hermanos se redoblaría hasta llegar al terror, pero Hiba estaba dispuesta a afrontar el desafío. Como necesitaba dinero para seguir los estudios se empleó de camarera en un bar de la calle Echegaray donde conoció y se enamoró de un gitano llamado Antón, que tocaba el cajón en un cuadro flamenco, y con el que convivió cuatro años. Al final lo tuvo que dejar, y no porque después de una reyerta en que a un primo suyo le pegaron un tiro en la pierna con el estrés se quedara calvo, sino simplemente porque no le gustaba leer. Después trabajó de niñera, dio clases particulares de francés, distribuyó publicidad en los buzones y en las aceras. En medio de esta lucha por sobrevivir cayó en sus manos, como una revelación, el libro de Malika Mokkedem El desconsuelo de los insumisos,que le devolvió el sueño de ser actriz. Se presentó a las pruebas de la Escuela Superior de Arte Dramático en septiembre del 2007, con 20 años, aprobó con muy buena nota, y decidió dedicarse en cuerpo y alma al teatro.

Comenzaron a llamarla para trabajar en películas y series de televisión. Mientras rodaba El Príncipe, que le dió fama, se licenció por fin en Filología árabe. Era el primer título universitario que entraba en casa, algo que nunca pudieron haber imaginado sus padres y hermanos ya por fin reconciliados. Ahora, Hiba Abouk vive en París. El talento y el éxito unidos a su extraordinaria belleza la mantienen a salvo de cualquier rechazo radical, cristiano o islámico. He aquí una actriz árabe española, que un día pintó una ventana azul en el muro y a través de ella echó a volar.

Por Manuel Vicent
Con información de El País

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