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Cocina Árabe – Harissa – Salsa picante

La harissa es una salsa picante y especiada de origen tunecino cuyo uso se ha extendido por el norte de África y Oriente Medio. Su utilización gastronómica no se limita a una salsa para acompañar todo tipo de platos en la mesa, también es usada en la cocina como condimento y como ingrediente para la elaboración de recetas tradicionales.

En algunos países del Maghreb, como Argelia y Marruecos la han adaptado a sus gustos. Encontramos algunas variantes que incluyen alcaravea u otras aromáticas y especias para aromatizarla. Sin embargo, en Túnez, la afición al picante es tal, que llegan a utilizar la receta más picante de la harissa incluso en la preparación de distintos tipos de bocadillos.

Hay distintas recetas para hacer harissa, esta que les ofrecemos hoy aquí, es una de las más utilizadas en Marruecos y está aromatizada con alcaravea, comino, cilantro y hierbabuena o menta. También se le ha incorporado ajo.

La harissa se comercializa preparada en establecimientos especializados en productos gastronómicos del Maghreb, pero si se deciden a prepararla en casa pueden ir adaptándola a su gusto. Se conserva cubierta con aceite de oliva dentro de un frasco esterilizado cerrado, hasta 6 meses refrigerado.


Ingredientes

125 gr. de ajíes picantes rojos secos.
10 dientes de ajo.
1 cucharada (sopera) de hierbabuena o de menta.
1 cucharada (sopera) de cilantro molido.
1 cucharada (sopera) de comino molido.
1 cucharadita (de café) de semillas molidas de alcaravea.
100 ml. más una cucharada (sopera) de aceite de oliva  extra virgen.
½ cucharadita (de café) de sal.


Preparación

Escurrir los ajíes e introducir  en un mortero o procesador de alimentos.

Añadir los ajos troceados, 1 cucharada (sopera) de hierbabuena o de menta (según gusto), otra de cilantro molido y otra de comino también molido, 1 cucharadita (de café) de semillas de alcaravea molidas, 1 cucharada de aceite de oliva y ½ cucharadita (de café) de sal..

Moler todo hasta conseguir una pasta muy espesa, casi compacta.

Conservar la pasta en frasco esterilizado cubriendo con una fina capa de aceite de oliva. Conservar refrigerado. Su tiempo de conservación es de 6 meses.


Nota:

Los ajíes picantes, Chiles o guindillas (nombres dados según la región), tienen un sabor picante gracias a la capsaicina. “Pesticida” natural generado por estos frutos para alejar posibles insectos y herbívoros, y hongos que puedan destruir sus semillas.

El motivo de que unos ejemplares piquen y otros no, o de que presenten diferentes niveles de picante, se debe a las condiciones en las que crece el fruto. Perteneciendo al mismo entorno, o incluso a la misma planta, hay frutos que salen más picantes que otros, y es que no todos reciben los mismos nutrientes.

La alcaravea o comino de prado, Carum carvi, efectivamente tiene un gran parecido con el comino, tanto en aspecto como en sabor, aunque su semilla es de mayor tamaño y ligeramente curvada, a diferencia de aquel. Aunque tiene un sabor picante y un aroma parecido más al anís.


Con información de Balansiya


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Myrath, desde Túnez nace una nueva expresión musical

MYRATH (en árabe ميراث, legado)  es una banda de metal con sus orígenes en Túnez.

Lo que comenzó como una banda de adolescentes dedicada a tocar sus versiones de otros grupos se convirtió en una banda relativamente conocida y respetada en la comunidad internacional de progresivo power-metal. Todo comenzó a principios de 2001, cuando el guitarrista Malek Ben Arbia (quien entonces tenía 13 años de edad) y dos de sus amigos de la infancia que vivían en el mismo vecindario, Fahmi Chakroun (batería) y Oualid Issaoui (guitarra), formaron una banda que llamaron Xtazy. Esta banda, como ocurre casi siempre con las bandas adolescentes de metal, tocaba temas de grupos profesionales. Durante sus dos primeros años tocaron sus versiones principalmente de la corriente dead metal, convirtiéndose después en una especie de banda tributo a SYMPHONY X. Durante ese tiempo Xtazy se completó con Zaher ben Hamoudia (bajo) y Tarek Idouani (canto), llegando Elyes Bouchoucha(teclados, canto), un recién graduado del Conservatorio de Túnez, en 2003. Tras interpretar sólo canciones de otros grupos durante cuatro años, la banda adquirió suficiente experiencia para comenzar a escribir su propia música. Así, en marzo de 2005, realizan el demo (sólo en Túnez) “Double Face”, una producción independiente con una alineación que incluyó al nuevo baterista Saief Ouhibi, quien se unió a la banda en el verano de 2004.

En marzo de 2006 la banda abre telón para Robert Plant y Adagio en un concierto en el anfiteatro romano Cartago, presentándose ante un público de aproximadamente 7 mil fanáticos de la música rock y del metal. Ese día conocieron a Kevin Codfert (tecladista de Adagio), quien se convirtió en el productor e ingeniero de sonido de la banda. Con el apoyo de Kevin, la adición del experimentado bajista Anis Jouini en septiembre de 2006, y la mejora en las habilidades compositora-ejecutora de Malek Ben Arbia (quien en julio de ese año se había graduado de la prestigiosa escuela francesa de guitarra Music Academy International), la banda se volvió más ambiciosa en cuanto a perseguir una carrera internacional. Lo primero que hicieron fue cambiar el nombre de la banda de Xtazy a MYRATH, grabando el álbum “Hope” en diciembre de 2006, con Kevin Codfert como productor e ingeniero de sonido. El álbum (realizado en 2007 por el Sello francés Brennus Music) fue el punto de partida de MYRATH para alcanzar la crítica internacional, recibiendo numerosas alabanzas y menciones especiales por el mundo entero. Así empezó la historia de esta banda.

Su primer álbum Hope fue lanzado en 2007, el segundo Desert Call en 2010 y su última creación, el álbum Tales of the Sans en 2011.

Sin lugar a dudas esta banda en pleno crecimiento logró fusionar el metal con sus raíces árabes a la perfección creando un nuevo estilo sin precedentes en el género.

Con información de Rock Progresivo

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La Primavera Árabe no fue un fracaso sino una lección

Samir Saul es historiador y especialista en relaciones internacionales en los países árabes, en la Universidad de Montreal.

Después de la “revolución del jazmín” en Túnez, le siguieron los egipcios en sus demandas de democracia y justicia.  Fue el inicio de la primavera árabe .

¿Se puede hablar hoy de fracaso de la primavera árabe y del proceso democrático en la región?

La primavera árabe fue una gran experiencia por el mundo árabe. ¿Fracaso…? Es un poco demasiado brutal como evaluación.  Digamos que no llevó a cabo las promesas. Y para eso hay que realizar algunos análisis profundos para comprender el porqué. Se habla de revolución, pero yo creo que no hubo una revolución sino una gran revuelta espontánea del pueblo contra regímenes dictatoriales. Pero esa revuelta no estaba organizada, planificada, no había un programa ni reflexión sobre lo que seguiría. De manera que cuando esa revuelta se quedó sin dirigentes se produjo un vacío que fue llenado por fuerzas organizadas que no eran responsables de la sublevación. Pienso en los yihadistas o en el ejército en el contexto egipcio.

Es decir, para que haya una revolución, tiene que haber una rebelión y también un programa y dirigentes capaces de tomar el relevo. De llenar el vacío. Y la primavera árabe no dio ese resultado. Al inicio había esperanza de que la rebelión espontánea pudiera producir ese tipo de organización y de dirigentes. Me acuerdo muy bien en febrero, antes de la caída de Moubarak yo decía en los medios que los que manifestaban, los que se rebelaban debían organizarse y elaborar un programa. Pero no lo hicieron. Ni en Egipto, ni en Túnez ni en otros lugares, de modo que los poderes organizados  llenaron el vacío. Ocuparon el lugar.

A eso agreguemos las intervenciones extranjeras, que son un problema mayor en el mundo árabe. Se produjo una desviación de la sublevación con programas y estrategias extranjeras dirigidas a los que llevaron a cabo la rebelión,  las poblaciones que se sublevaron.  Eso resultó entonces en el regreso del poder militar en Egipto, tomó la forma de intervención extranjera muy evidente en Libia y Siria, de modo que hubo un despojo de la rebelión en provecho de programas de estrategia de agendas extranjeras. El resultado no fue el esperado pero fue una experiencia histórica. Ese es el lado positivo que muestra que una población no aceptará eternamente la opresión y es también una lección para el futuro.

En el futuro hay que pensar políticamente y no solo en términos idealistas. Tiene que haber un programa, una organización que conduzca el descontento popular.

Lo que es difícil de comprender es por qué no había tal programa. Las sociedades ¿no estaban maduras para esos eventos? ¿Qué sucedió?

Justamente no. El problema en el mundo árabe después de la descolonización es que hubo una despolitización de la sociedad. Hubo poderes que se establecieron por la fuerza, por la demagogia, que son los poderes dictatoriales. Y frente a ellos estaban solo los islamistas. Porque los poderes lograron crear un vacío,  evacuar el debate político, la vida política, dejando en el lugar solo a organizaciones de tipo islamistas. Es decir organizaciones que mezclan la religión con la política y que no saben realmente actuar políticamente. Hay que ser claros, los Hermanos Musulmanes resultaron un fracaso total. Tanto en Egipto como en Siria porque fueron incapaces de hacer política en el sentido propio de la política. Mezclan todo con la religión lo que los llevó al fracaso.

El problema entonces es el vacío político.  Durante 30 a 40 años antes de la primavera árabe había solo dos fuerzas que se enfrentaban, los poderes dictatoriales y los islamistas. Y ninguno de los dos practicaba la política. Unos eran la fuerza, los otros la religión. Es por eso ese vacío político que les resultó muy costoso a las poblaciones que se sublevaron.

¿Qué papel jugó la religión en la primavera árabe?

Jugó muy poco. Justamente lo que prometía la primavera árabe era el inicio del retorno a los temas políticos, sociales, económicos, que habían sido relegados desde hace unos 40 años. Era el resurgimiento de preocupaciones terrenas, laicas, materiales y políticas que iban contra dos poderes binares que se encontraban delante de ellos, es decir, las dictaduras  y los islamistas. La sublevación no fue islamista. Los islamistas no hicieron nada para activar ese levantamiento, al contrario, fueron espectadores. Pero se aprovecharon, porque aquellos que abrieron el tema político no lograron concretizarlo. No lograron un cambio de poder, ni proponer nuevas fuerzas políticas al presentar sus aspiraciones. Había una falta de política y esa carencia llevó al fracaso.

Los países occidentales, incluyendo Canadá ¿jugaron algún papel en el fracaso de la primavera árabe?

Sí, porque la primavera árabe atentaba contra los intereses de los países occidentales. Porque esas potencias occidentales no podían admitir que había una revolución en los países árabes. Eran favorables a las dictaduras, de manera que las potencias occidentales  participaron también al despojo de los pueblos árabes, de su revuelta. Esas potencias contribuyeron a llenar el vacío creado por las revueltas árabes llevando al poder a los islamistas. En Siria, el occidente ayuda a los yihadistas, apoya a las milicias organizadas para derrocar al gobierno de Siria. Entonces, el occidente es uno de los problemas, así como las dictaduras y los islamistas.

Con información de  Radio Canadá International

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