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La reina Mavia y los árabes cristianos que luchaban junto a los romanos

Mavia / imagen: Anwar Amin en Behance

Faltaban todavía unos 300 años para la aparición en escena de Muhammad, y la península Arábiga era un lugar escasamente poblado, salvo los oasis del norte o las tierras fértiles del sur, lo que hoy son Yemen Omán.

Durante siglos las tribus árabes se habían ido desplazando hacia el norte y el sur de la península y hacia el próximo y medio Oriente, de modo que había tribus y pueblos árabes repartidos por un amplio territorio que abarcaba desde la India hasta el norte de la Mesopotamia histórica.

Uno de esos grupos de tribus semi-nómadas eran los Tanúkides, quienes originalmente formaban parte de la confederación nabatea, los famosos contructores de Petra, y que procedían del sur de Arabia. En el siglo II d.C. los Tanúkides se extendieron prácticamente por toda Jordania, desde el sur de Siria hasta Irak.

El último rey de los Tanúkides se llamaba al-Hawari y, en el momento de su muerte en el año 375 d.C., hacia ya más de un siglo del levantamiento de Zenobia, la reina de Palmira que consiguió oponerse a Roma con éxito y crear su propio imperio, aunque brevemente. Precisamente habían sido los jefes árabes, a los que Zenobia desdeñaba, quienes facilitaron al ejército romano la entrada y caída de la ciudad. Desde entonces habían luchado en las filas imperiales como foederati, convirtiéndose en la primera tribu árabe en hacerlo.

Al-Hawari no tenía heredero sino solo una hija (según algunas fuentes su esposa) llamada Mavia, que se puso al frente de su pueblo como reina. Estos árabes eran mayoritariamente cristianos, aunque no está muy claro si Mavia también lo era o se convirtió posteriormente.

Lo que se sabe es que habían solicitado a Roma que se les enviase un obispo ortodoxo, pero el emperador Valente que gobernaba la parte oriental del imperio desde 364 y era cristiano arriano, insistía en nombrar en su lugar a un obispo de su misma confesión.

Parece que ese hecho suponía una afrenta lo suficientemente grave como para desatar lo que ocurrió a continuación. Mavia y los Tanúkides se internaron en el desierto al norte de Arabia, establecieron alianzas con otras tribus y comenzaron los preparativos para la guerra.

En la primavera del año 378 d.C. lanzaron su ataque a través de Siria y Palestina, llegando hasta Egipto y derrotando batalla tras batalla a los ejércitos romanos. Según las fuentes Mavia dirigia a su ejército cargando siempre en vanguardia contra el enemigo.

En la retirada empleaban tácticas de guerrilla y se refugiaban en el desierto, con lo cual las legiones no contaban con un punto definido sobre el que organizar un contraataque de represalia. Además, los romanos luchaban en solitario sin fuerzas auxiliares como era habitual, pues era precisamente contra estas fuerzas auxiliares que se enfrentaban ahora.

Valente comprendió que no tenía nada que hacer en aquella situación, máxime cuando los éxitos de Mavia le estaban granjeando la adhesión de cada vez más seguidores. De modo que decidió cortar por lo sano y proponer un acuerdo de paz.

Según los historiadores Rufino y Sócrates de Constantinopla, la condición que Mavia puso para firmar la paz fue que se nombrase obispo a cierto monje ascético llamado Moisés, que vivía en el desierto y gozaba de gran reputación por ser una eminencia por su piedad, fe y milagros. De ese modo Moisés se convirtió en el primer obispo árabe y el cristianismo comenzó a extenderse entre los árabes de Mesopotamia.

Una vez hecho esto la relación de Roma con los Tanúkides se normalizó, hasta el punto que Mavia casó a su hija con el comandante de la guarnición romana. Pero a cambio tuvo que enviar a su caballería a Tracia, para ayudar a Roma en su intento de contener a los godos en su avance sobre Constantinopla. Fracasaron, e incluso el emperador Valente murió en la batalla de Adrianópolis, en agosto de ese mismo año 378.

El nuevo emperador Teodosio decidió pactar con los godos, favoreciéndolos con puestos en la administración y el ejército imperiales, algo que iba en detrimento de los árabes, a quienes ahora dejaban de lado. Por ello cinco años más tarde estalló una nueva revuelta, aunque esta vez las fuentes nada dicen sobre si Mavia se encontraba al frente o no. Las consecuencias fueron que Roma decidió prescindir de los Tanúkides, y aliarse con una nueva tribu árabe.

Mavia murió en el año 425 d.C. en Anasartha (la actual Kanasir en Siria), al este de Alepo, como atestigua la inscripción instalada en su honor. En cuanto a los Tanúkides, probablemente hoy sean más conocidos por el nombre que les dieron los romanos: sarracenos.

Fueron, según las fuentes, los más fieros guerreros cristianos durante tres siglos, combatiendo al lado de los bizantinos contra los musulmanes (como por ejemplo en la batalla de Yarmuk). Hasta que finalmente, en el siglo VIII, fueron obligados a convertirse al Islam por el califa Al-Mahdi.

Por Guillermo Carvajal
Con información de:La Brújula Verde

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El baúl de la novia – Arte y Ajuar

Al igual que muchos baúles de maderas más blandas provenientes de África del Norte, este baúl de Djerba (Túnez) no está labrado sino pintado. ©Amel Messedi/Dyghet Djerba art et patrimoine/ Caroline Stone

En todo el mundo, durante siglos fue costumbre que las mujeres no solo aportaran dinero al casarse, sino también ropa blanca, su vestimenta personal y joyas.

Casi todas las mujeres, a excepción de las que están en situación de pobreza, llevan consigo los elementos básicos necesarios al formar un hogar. Dar dinero para posibilitar el casamiento de una mujer ha sido considerado un acto caritativo en la mayor parte del mundo musulmán y también en los países cristianos. De hecho, se cree que la tradición de Papá Noel y Navidad se originó con San Nicolás de Myra (actualmente Demre, Turquía), conocido en Occidente como San Nicolás de Bari, que en secreto les daba dinero a las muchachas sin dote.

El valor y el significado de los elementos del ajuar varían notablemente, desde las sábanas y la ropa blanca guardadas tradicionalmente en el último cajón, como en el Reino Unido, hasta el arcón del ajuar característico de América del Norte o los elaborados ajuares adornados con joyas, con bordados y tejidos, con la intención de mostrar las riquezas de la familia o las habilidades de la novia.

En muchos lugares del mundo, los obsequios que se entregan a un nuevo hogar para la novia (que conforman la dote, aunque se denomine o no así) suelen marcar el rumbo del nuevo matrimonio y en ocasiones tienen efecto en su éxito. En el pasado (y aún en algunos lugares actualmente), con frecuencia estos elementos se guardaban en un baúl, tradicionalmente de madera y por lo general se decoraba con la mayor abundancia posible, para demostrar el estatus cuando la novia llegaba a su nuevo hogar. En todo Medio Oriente, donde por tradición las casas no tienen muchos muebles, un baúl así solía colocarse en el espacio reservado a la mujer, donde silenciosamente seguía mostrando un cierto estatus y además servía como mueble.

La forma básica de la mayoría de estos baúles es grande y rectangular. Por lo general, su parte superior es plana (aunque algunos son curvados) para poder usarse como banquillo o mesa pequeña. A veces incluían cajones debajo del compartimento principal y, con frecuencia, ocultaban un compartimento más pequeño dentro de la tapa para guardar objetos valiosos.

Puede ser muy difícil, incluso imposible, determinar si un baúl realmente fue hecho para guardar el ajuar nupcial o para otros fines. Sin embargo, es probable que los que están decorados con mayor riqueza hayan sido baúles para el ajuar nupcial, especialmente los que muestran símbolos de buena fortuna y pinturas en rojo, el color de la celebración, la fertilidad y la sangre.

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Esta caja de marfil, mostrada a una escala de 2/3 de su tamaño real, fue labrada más o menos en el año 961 D.C. cerca de Córdoba para la hija de Abderramán III. © Victoria and Albert Museum

Además de uno o varios baúles de gran tamaño, con frecuencia la novia llevaba con ella una caja más pequeña para guardar las joyas y el maquillaje. Algunos de los ejemplares más antiguos que sobreviven son también los más delicados que se conocen, como el cofre de marfil de Medina Azahara, cerca de Córdoba en al-Andalus: una caja de tamaño pequeño bellamente labrada que perteneció la hija de Abderramán III y que es posterior al año 961 D.C. Alrededor del borde de la tapa, la inscripción en árabe reza: “En el nombre de Dios, esto es lo que se hizo para la Noble Hija de Abderramán, que la misericordia y la benevolencia de Dios estén con él”.

Algunos pequeños alhajeros de novias siguieron siendo de uso extendido ya avanzado el siglo XX. Desde la India se exportaba mucho un tipo hecho de madera dura, con una tapa de “techo de casa” fabricada con cuatro losas de madera inclinadas, con bisagras y cerraduras de metal. Otro modelo, que solía fabricarse en Damasco y que presentaba incrustaciones de nácar o hueso de camello, históricamente era el favorito de los beduinos más adinerados. También están los cofres provenientes de la región de la frontera entre Irán y Pakistán, denominados makran, que presentan ricas decoraciones en metal y que parecen haber sido hechos con fines de exportación, especialmente a África Oriental.

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La pintura roja que aparece debajo de los broches de metal y placas aplicadas de este baúl de “Zanzíbar”, que data del siglo XIX, indican que probablemente se haya usado para guardar el ajuar de boda. © Christie’s

También existían los grandes baúles para el ajuar nupcial, pero son relativamente pocos los que han sobrevivido. Son mencionados muchas veces en la literatura árabe y también aparecen en los documentos encontrados en la Genizá de El Cairo (Ver recuadro) Al-Maqrizi, historiador de la era mameluca en el siglo XIV, describe los baúles que se ofrecían en el mercado especializado de El Cairo. Algunos eran una combinación de baúl y taht o canapé (como los que aún se hacían en Java a principios del siglo XX). Otros, también llamados muqaddimah, estaban hechos de cuero o a veces de bambú y parecen haber sido usados como cajas para cosméticos.

La decoración de los baúles de ajuar varía según la región, de acuerdo con las preferencias locales y los materiales disponibles. Sheila Unwin, autora de The Arab Chest (El baúl árabe) admite que es difícil determinar la fecha de muchos de los baúles o incluso establecer su procedencia porque no parece haberse escrito mucho al respecto antes de la llegada de los europeos. Genéricamente, se los conoce por una variedad de nombres: mandoos, sanduq y safat son tres de los más comunes. Por lo general, se hace referencia a los tipos más específicos por nombres que remiten a lugares, como Omán, Kuwait, Bahréin, Zanzíbar, etc., pero esto suele vincularse con el lugar en que fueron adquiridos, no fabricados.

La mayoría de los baúles más antiguos provenían de la India, un lugar caracterizado por la abundancia de las maderas, teca y palisandro. Los académicos argumentan que los baúles de los marineros portugueses, un cofre plano con bisagras y esquinas de metal y un candado que cumplía las funciones del pequeño cofre militar moderno, fueron los que inspiraron la idea general, pero las decoraciones fueron una innovación totalmente local. Los baúles indios más elaborados podían incluir cajones en la parte inferior (por lo general tres) y colocarse en un soporte para protegerlos de la humedad y los insectos.

Según afirma Unwin, los baúles importados de la India podían clasificarse en cuatro tipos principales. Los tres más importantes eran los más llamativos y buscados: Surat, Bombay y Shirazi. Este último no se fabricaba en Shiraz (ahora en Irán) sino que se encontró en zonas de influencia persa. Todos estaban hechos con teca resistente u otras maderas duras y estaban decorados con diseños de broches de metal y, en ocasiones, con placas de metal cortadas en forma de apliques geométricos o superpuestos, algo que se fue sofisticando con el paso del tiempo.

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Baúl de Turquía o Siria con incrustaciones de nácar ©Dorris Duke Foundation for Islamic Art

Algunos de los baúles más costosos estaban revestidos con alcanfor o sándalo, para proteger el interior de los insectos y para agregar una fragancia deliciosa. En ocasiones los baúles muestran restos de pintura roja, lo que indica su uso para guardar el ajuar, y con frecuencia se colocaban sobre patas de madera separadas y pintadas con franjas. La carpintería de los baúles más delicados incluía de forma inteligente cajones secretos y compartimentos ocultos para esconder tesoros especiales. Este es el estilo de los baúles que posteriormente fueron copiados en toda la península arábiga oriental, especialmente en Omán.

Los baúles Shirazi eran particularmente elaborados, tal como describe Unwin, con “un enchapado de metal grueso colocado de forma dispersa (…) [y] discos en forma de diamante”.” Uno de los raros ejemplos con fechas pertenecía a Sayyida Salme, la hija del sultán omaní de Zanzíbar Said bin Sultan al-Said, que reinó a principios del siglo XIX, y actualmente se encuentra en el palacio del sultán. Salme se casó con un comerciante alemán en 1866 y huyó de Zanzíbar, lo que brinda una fecha probable del baúl. Al casarse adoptó el nombre de Emily Ruete, y su autobiografía, Memoirs of an Arabian Princess (Memorias de una princesa árabe), publicada en 1907, brinda información única acerca de la época.

Otro tipo menos común de baúl provenía de Malabar, en el suroeste de la India. El llamado “baúl de Malabar” está labrado y con frecuencia está hecho de madera de caoba, palisandro, siso u otras maderas duras, y uno de los diseños más usados muestra un vaso central redondo (lota—) con trazos de flores y frutas, en ocasiones uvas y granadas. El diseño muestra influencias portuguesas, aunque ese motivo en particular sugiere fertilidad y buena fortuna, con origen en Europa y hacia Asia Oriental, y es especialmente apropiado para bodas.

La combinación de elementos culturales no se limita a Portugal, la India y el mundo árabe. La forma tradicional de cerrar el baúl era por medio de un pasador, por lo general muy decorativo, y un candado. Mientras que el uso de cerraduras y llaves es una innovación de origen portugués y holandés, hay otro dispositivo de cierre (que utiliza tres anillos y un candado) que proviene de China, al igual que el diseño de algunas de las manijas y bisagras.

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Las alternativas modernas al baúl de ajuar tradicionalmente hecho de madera suelen fabricarse en serie y están hechas de acero galvanizado pintado con esmalte.©Yusuf Metal Boxes

Otra evidencia de diferentes preferencias y tradiciones culturales aparece en la ornamentación. Por ejemplo, los diseños metálicos con incrustaciones de nácar o hueso de camello se originaron en Egipto y Siria durante los siglos IX y X. Este estilo es típico de las clases urbanas adineradas, en tanto la mayoría del resto de la población usaba baúles planos o labrados. Las elaboradas artesanías en madera como la intarsia y la marquetería eran muy populares en todo el territorio otomano, y en el siglo XIX esos baúles se exportaron a Europa, especialmente a Francia. Los baúles, al igual que los juegos de muebles de estilo europeo, se encargaban para bodas. Los patrones tendían a ser extremadamente elaborados, y en ocasiones todo el baúl estaba cubierto de nácar y revestido con maderas aromáticas o brocado de seda o terciopelo.

Por lo general, se hace referencia a los tipos específicos por nombres que remiten a lugares, como Omán, Kuwait, Bahréin, Zanzíbar, etc., pero esto suele vincularse con el lugar en que fueron adquiridos, no fabricados.

La manufactura de estos tipos de incrustaciones era una especialidad de Damasco, aunque para fines del siglo XX había muchos menos artesanos que en el pasado y en su mayoría los encargos llegaban desde la península arábiga. Como consecuencia de los cambios en las tradiciones, las modas y las economías, se hacen muy pocos baúles de ajuar tradicionales y, en cambio, se favorece la fabricación de cajoneras, alacenas y otros diseños más modernos.

En África del Norte es difícil encontrar maderas duras de buena calidad y por eso los baúles de ajuar suelen pintarse, pues las maderas blandas como el pino o la palmera no son aptas para el labrado delicado. Las familias de medios modestos podrían tener un cofre simple decorado con un patrón sencillo, como la fila de arcos que es común en el mundo musulmán, en dos o tres colores. Los daños en las tapas, que incluyen cortes y quemaduras, indican que muchos baúles cumplían diversos fines además de contener bienes valiosos.

La función cultural del baúl de ajuar se destaca en esta obra de arte pública de Al Ain, Emiratos Árabes Unidos, ubicada en una rotonda de tráfico. ©Walter Brian Hall
La función cultural del baúl de ajuar se destaca en esta obra de arte pública de Al Ain, Emiratos Árabes Unidos, ubicada en una rotonda de tráfico. ©Walter Brian Hall

En los hogares adinerados solían tener baúles mucho más grandes, algunos incluso demasiado altos como para sentarse en ellos o como para servir de bancos de trabajo. Muchos mostraban pinturas sofisticadas. El rojo oscuro era uno de los colores de fondo favoritos, y los diseños generalmente incluían flores y plantas estilizadas. Un diseño favorito es un círculo central de gran tamaño con un bol de frutas o un jarrón con flores, ambos símbolos universales de celebración y fertilidad. Otro diseño muestra un par de palomas bebiendo de una fuente, una imagen quizás copiada de los sepulcros de los primeros tiempos de la cristiandad y que en el siglo XIX aún se veía en el campo e incluso era usada en los abrevaderos de caballos. En Túnez los peces son un motivo muy popular: en ocasiones se muestran nadando en un círculo, ya que los peces no solo representan la fertilidad sino que también se considera que atraen la buena fortuna y la protección contra el mal.

Marruecos también tiene una tradición propia de muebles pintados, pero en este caso la norma son los patrones geométricos que con frecuencia hacen juego con la decoración arquitectónica, y el diseño en arco es especialmente popular. Es poco común encontrar piezas antiguas, pero hay una floreciente industria de la reproducción. No obstante, los colores usados tienden a ser más brillantes que los originales. Los baúles tradicionales de Marruecos en ocasiones son curvos en su parte superior, un detalle que probablemente sea el resultado de la influencia española y portuguesa, sobre todo a lo largo de la costa.

Este baúl extremadamente grande, fotografiado en el palacio Azem de Damasco, muestra sofisticadas decoraciones talladas que indican que solo pudo haber pertenecido a unos burgueses. © Age Fotostock/Alamy

A diferencia de África del Norte, donde escasea la madera dura, muy hacia el este, en el valle de Swat en Pakistán, la madera de cedro del Himalaya de buena calidad era tan abundante que se usaba como materia prima para cualquier tipo de objetos, desde edificaciones hasta platos y, por supuesto, baúles. Labrar es una habilidad muy apreciada en la región, y los baúles forman una parte importante del mobiliario de cualquier casa, aunque también en este caso es difícil establecer cuáles han sido hechos para el ajuar nupcial.

Por lo general, los baúles de Swat descansan sobre patas muy altas que continúan por encima del cuerpo del baúl para asemejarse a esbeltos minaretes. Los bordes superiores e inferiores de los baúles con frecuencia muestran un patrón dentado o fileteado. Al igual que los delicados baúles encontrados en la península arábiga, están hechos con piezas articuladas y no mediante el uso de clavos. La parte delantera de los baúles suele tener dos o más paneles, y habitualmente se abren por medio de una puerta deslizante o con bisagras en el frente y no en la parte superior. La puerta se cierra por medio de un pasador y un candado en lugar de una llave. Generalmente, el diseño labrado es geométrico o muestra guirnaldas estilizadas de hojas y flores, que probablemente simbolicen el disco del sol, y los habituales arcos arquitectónicos. Algunos baúles tienen patrones completamente diferentes en los dos paneles frontales, y algunos expertos sugieren que estos diseños distintos representan a la novia y al novio, aunque no es seguro.

Cabe agregar que los baúles, si bien e usaban ampliamente no eran en absoluto una tradición universal para los objetos del ajuar en todas las culturas islámicas y las regiones con influencia del islam. Por ejemplo, en la región rural de Yemen se preferían los canastos, que son más económicos que los baúles, aunque menos duraderos. Muchas regiones de Indonesia tienen una fuerte tradición de fabricación de recipientes a partir de una variedad de hojas y fibras, y algunas cajas de ajuar hechas de esta forma están trabajadas en diferentes colores y a veces son embellecidas con cauri. Las familias adineradas de Indonesia en ocasiones usaban baúles del tipo de Omán importados a través de sus conexiones comerciales, u otros del tipo colonial holandés, e incluso otros con influencias chinas. Las zonas rurales de Java, en especial, producían magníficos baúles de madera tallada, los grobog—, un estilo diseñado para ofrecer también un canapé. De todas formas, en este caso tampoco es posible saber con claridad cuáles de estos baúles estaban diseñados específicamente para el ajuar.

Las modas, las tradiciones y las expectativas sociales cambian. En Estados Unidos, hace tiempo que el baúl de ajuar cedió su lugar a la “despedida de soltera”.” Los ajuares también han cambiado y con frecuencia simplemente desaparecen, al igual que los baúles. Muy pocos de esos baúles tan bellos y elaborados se siguen haciendo. Y si es así, se usan más para una decoración de interiores neotradicional que como ajuar de bodas. En los lugares en los que aún existen, la escasez de artesanos expertos en el tallado de madera y la abundante competencia de alternativas industriales más económicas posiblemente hayan modificado para siempre el estilo del baúl de ajuar. Cuando aún se usa uno de estos baúles, por lo general se trata de un cofre de acero galvanizado o de hojalata, un cofre pequeño en lugar de un baúl artesanal de madera. Los baúles de metal, que son mejores que los de madera para proteger contra la humedad y los insectos, aún se denominan sanduq ‘arus o “caja de bodas”, y con frecuencia siguen importándose a los países del golfo arábigo desde la India. Sin embargo, en lugar de broches de metal, tallado y marquetería, se pintan con diseños en esmalte que suelen mostrar cúpulas de mezquitas como reminiscencia de los diseños arquitectónicos de los baúles más antiguos, aunque el color rojo sigue predominando.

Es posible que los ajuares de bordados y tejidos ya no estén de moda, pero los baúles son cada vez más buscados porque se han transformado en artefactos artesanales, sociales y poco comunes que pertenecen a un tiempo pasado.

Por Caroline Stone
De “El arte de los baúles de ajuar”
Con información de: Revista Saudí Aramco World

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Mascate:una ópera fastuosa

Interior de la Royal Opera House de Mascate ©F. Carrión
Interior de la Royal Opera House de Mascate ©F. Carrión

Cuando su voz atronó en la inauguración de la Royal Opera House de Mascate, Plácido Domingo quedó impresionado por el templo de mármol italiano y madera birmana que había nacido de la nada en la árida y ardiente capital de un sultanato despojado de tradición musical. Tras cuatro años de singladura, la institución que deslumbró al tenor español es la envidia de los monarcas vecinos, que han decidido invertir sus petrodólares en edificar sus desvelos operísticos.

“Fue una noche emocionante. Tuvimos una personalidad de talla internacional como Plácido Domingo con una producción como el Turandot de Giacomo Puccini”, recuerda Naser Al Tafee, uno de los directivos de la Ópera, desde el lujoso vestíbulo de imponentes pilares, artesonados de madera y deslumbrantes paredes de mármol. “Plácido admiró la acústica y la profesionalidad. El teatro, construido por completo de madera, es único en el mundo”, agrega el funcionario omaní.

La presentación en sociedad de la Ópera, la joya de la corona del pequeño sultanato de Omán, fue un acontecimiento fastuoso. Corría octubre de 2011 y ni siquiera el ambiente de convulsión que recorría el mundo árabe empañó un estreno en el que, además de seducir al artista madrileño, se contrató a unos 350 músicos italianos. Desde entonces la programación no ha decaído. “Han pasado por aquí Andrea Bocelli, Renée Fleming, la orquesta de la BBC o el Mariinsky Ballet. Los mejores músicos, orquestas y ballets del mundo”, presume Al Tafee.

La mole de resplandeciente y cegador mármol blanco, con la fisonomía de los fuertes que pueblan Omán, se extiende por un recinto de 80.000 metros cuadrados. La mitad de la superficie está dedicada a cuidados y frondosos jardines que abrazan al edificio, un capricho personal del sultán Qaboos. El monarca absoluto, hoy un septuagenario de salud quebradiza, fue educado en Reino Unido y es un ferviente amante de la música clásica. “La música clásica es una de sus pasiones junto a la astrología o la política. Su afición ha hecho posible un lugar como éste”, reconoce su compatriota.

Nada ha quedado al azar en su formidable interior ni se ha escatimado un solo rial en su decoración. Celosías de madera (mashrabiya, en árabe), usadas en la arquitectura tradicional árabe, adornan los pasillos que dan al vestíbulo donde se expone la exclusiva colección de instrumentos antiguos del sultán. Las gigantescas lámparas que cuelgan en varias estancias, talladas en Austria, se inspiran en la época mameluca y el mármol de suelo y muros acoge elaboradas filigranas. “Hay también elementos de Al Andalus y de la presencia árabe en el sur de España porque lo consideramos una extensión de nuestra cultura”, señala Al Tafee.

Tampoco falta, entre tanto alarde de finura, la tecnología más puntera. En cada uno de los asientos una pantalla táctil permite al espectador leer los subtítulos y el programa de cada actuación. Y el auditorio es capaz de mudar de teatro, con su foso destinado a la orquesta, a sala de conciertos. “Tenemos 850 plazas para ópera y 1150 para conciertos. Programamos unos 80 espectáculos al año y, como en Europa y Estados Unidos, tenemos que luchar para acercar la ópera al gran público. Organizamos actos gratuitos para escolares y a precios reducidos para familias”, apunta el directivo.

“Se está convirtiendo en un lugar donde gente de todo el mundo se encuentra y disfruta de la experiencia artística”, subraya Al Tafee. El éxito del recinto -cuyo presupuesto total se desconoce- ha animado a los vecinos del golfo Pérsico a plantar cara a los ulemas más pacatos que tildan la más leve melodía como “haram” (pecado) y acariciar el sueño de su propia Ópera. Dubai y Kuwait han anunciado su intención de levantar recintos y Doha cuenta desde 2010 con un centro de artes escénicas.

“Son muchos -admite- los países de la región que están construyendo su ópera. Hemos servido de inspiración para que otras naciones inviertan en cultura, fomenten el talento local y creen nuevos empleos”. Y, con el orgullo desatado, agrega: “La ópera es la culminación de más de 40 años de esfuerzos de su majestad. Desde los años 70 contamos con bandas militares y en 1985 fundamos una orquesta sinfónica de reputación internacional formada íntegramente por omaníes. Ese es su legado”.

Por Francisco Carrión
Con información de El Mundo

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