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Qatar, epicentro de dos guerras: petróleo vs. gas y renminbi vs. dólar


Kuwait ha presentado a Qatar una lista de demandas de cuatro naciones árabes con las que cortó lazos a principios de junio de 2017. En la imagen una mujer qatari camina por las calles de Doha Foto Ap
Se manejan muchas causales –unas rocambolescas, otras muy peregrinas– sobre la ruptura dramática de la coalición de varios países árabes poderosos –encabezados por Arabia Saudita (AS), la mayor potencia económica de la región, y Egipto, todavía la mayor fuerza militar del mundo árabe hoy dislocado– con Qatar, diminuto país (con una superficie de 11 mil 581 kilómetros cuadrados) con el segundo mayor PIB per cápita del mundo (129 mil 700 dólares, detrás del paraíso fiscal europeo Liechtenstein) gracias a ostentar la principal exportación de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) del planeta y a su ínfimo número de habitantes autóctonos (¡11.6 por ciento de la población total de 2 millones 258 mil!), encapsulados por la aplastante mayoría de trabajadores residentes primordialmente provenientes del subcontinente indio.

The Hill asevera que detrás la crisis de Qatar se encuentra la telenovela del pago de un rescate por mil millones de dólares de 26 personajes, con varios miembros de la familia real, que andaban de caza en Irak, secuestrados por Al Qaeda y cuya mitad fue pagada al gobierno de Bagdad (https://goo.gl/jsgnVs).

Otros novelistas británicos con pretensiones geopolíticas, afirman que se trata de una venganza del otrora empresario Trump por el desprecio a sus inversiones inmobiliarias y de casinos mafiosos en Qatar.

Seré más estructural con la profundidad geopolítica de la crisis que ha fracturado al Golfo Pérsico –enfrentando a las cinco potencias regionales del Medio Oriente: por un lado, AS, Egipto (e Israel en forma subrepticia), y por otro, a Turquía e Irán que apoyan a Qatar– sin contar la división interna del Consejo de Cooperación del Golfo cuando Kuwait (con una notable población chiíta de 40 por ciento) y Omán se han inclinado por una plausible cuan elusiva salida diplomática– no se diga la neutralidad de Argelia y Marruecos en el mundo árabe y, sobre todo, en el mundo islámico no-árabe, la ecuanimidad, que no nimiedad, de Pakistán: único país musulmán dotado de 130 bombas nucleares que comparte una frontera de 959 kilómetros con Irán y cuenta con una pletórica población chiíta (20 por ciento) inmersa en sus 200 millones de habitantes de mayoría sunita.

Muchos factores han acercado a la potencia sunnita no-árabe de Turquía con la potencia chiíta persa de Irán cuando destacan su mutuo apoyo a Qatar y su común aversión a la creación de un estado independiente kurdo.

Todavía no redacto las causales estructurales, a mi juicio, cuando ya brilla en todo su resplandor la hipercomplejidad de la grave crisis que enfrentan AS y Qatar que ha puesto de cabeza tanto al mundo árabe como al mundo islámico para el schadenfreude –placer que provoca el mal ajeno– de Israel, cuyo anhelo es balcanizarlos con el fin de prevalecer sola con su máximo de 400 bombas nucleares clandestinas.

El gobierno alemán –usualmente parco y prudente en sus apreciaciones globales– teme la detonación de una guerra regional en el Golfo Pérsico.

No es un asunto menor, que tiene como epicentro a Qatar y coloca en relieve dos simultáneas guerras estructurales: 1. La del petróleo (encabezado por AS) contra el gas (el componente LNG de Qatar) y, 2. La del dólar de EU con el renminbi chino.

Entre las 13 exigencias perentorias, transmitidas por la loable intermediación de Kuwait, que han exigido cuatro países árabes –AS, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin– para que cumpla Qatar en un plazo de 10 días, destaca el alineamiento (sic) militar, político, social y económico (¡supersic!) con los otros países del Golfo y el mundo árabe, en línea (sic) con el acuerdo logrado con AS en 2014.

Más que alineamiento parece más bien la alienación y la capitulación de Qatar.

Pese a la asfixia en sus únicos 87 kilómetros de frontera terrestre con AS que encabeza un boicot por cielo, mar y tierra –sin contar la pérdida de 13 mil millones de dólares en sus activos bursátiles y la obligada importación de alimentos de Turquía, Irán y Omán–, Qatar cuenta con cartas nada desdeñables: desde sus prósperos Fondos Soberanos de Riqueza (https://goo.gl/Txfs57) –que le han permitido invertir en grandes empresas de Gran Bretaña y Alemania–, pasando por la principal base militar de EU en la zona, hasta la nueva base militar de Turquía.

Alá ha deseado que Qatar comparta geográficamente con Irán su mayor fuente de ingreso de su pletórico yacimiento gasero en el Golfo Pérsico (los contiguos Campo Norte de Doha y el Campo Pars Sur de Teherán) y cuyas transacciones son retribuidas con la divisa china renminbi debido a las sanciones cada vez más asfixiantes de Trump contra la antigua Persia al haber adoptado sin rubor la irredentista política exterior del primer israelí Netanyahu acoplado con el ultraortodoxo judío Jared Kushner, yerno del polémico empresario-presidente.

Tal como pintan las cosas al corte de caja de hoy, se ha gestado la competencia de dos estratégicos oleogasoductos para desembocar en el mar Mediterráneo con mira en el relevante mercado europeo: 1:El de AS-Jordania-Israel, y 2-El de Qatar-Irán-Siria-Turquía.

Ya habrá tiempo para detallar la guerra del petróleo de AS y del LNG de Qatar para centrarme en forma sucinta en el primer centro regional del renminbi en Doha.

Desde hace dos años opera en Qatar un Centro de Compensaciones & Liquidaciones con la divisa china renminbi, según Economist Intelligence Unit, propalado por HSBC (https://goo.gl/xq7jmR), lo cual, a mi juicio, no podía quedar sin respuesta disuasiva por EU que lleva en su conciencia a dos cadáveres conspicuos que intentaron fugarse de los grilletes globales del dólar-centrismo petrolero –el ahorcado iraquí Saddam Hussein, quien se atrevió a formular la permutación de petrodólares por petroeuros,y el libio sodomizado (literal) Muamar Kahadfi quien pretendió lanzar el dinar-oro en lugar de la chatarra del billete verde–, sin contar el extraño accidente aéreo en Rusia de Christophe de Margerie, jerarca de la petrolera gala Total, quien pensaba realizar sus transacciones en petro-rublos en lugar de dólares (https://goo.gl/ZLNH36).

El Centro Renminbi de Qatar es operado por el banco chino ICBC, el mayor del planeta que ayudará en teoría a facilitar los flujos comerciales de China con Qatar y la región.

Hoy las petroleras estatales chinas CNOOC y PetroChina son recipiendarias de las cada vez más crecientes importaciones de LNG qatarí (con la estatal QatarGas,la mayor del mundo), detrás de Japón, Surcorea e India.

La Autoridad de Inversiones de Qatar diversifica sus Fondos Soberanos de Riqueza y ya empezó a invertir en empresas chinas: ICBC, Banco Agrícola de China, Citic Capital (22 por ciento) y Lifestyle International (20 por ciento), mientras la constructora China Harbour Engineering Company y Sinohydro participan en la infraestructura de Qatar que apoyó en forma entusiasta la creación del legendario banco AIIB de patrocinio chino (https://goo.gl/ASe5ho).

El Centro Renminbi de Qatar epitomiza el desplazamiento del dólar en su otrora feudo inexpugnable del Golfo Pérsico, hoy fracturado, cuando se vislumbra la muy riesgosa fase del advenimiento del petroyuan.

¿Dejarán celebrar la Copa Mundial de Futbol en 2022 en Qatar?

Don Alfredo Jalife-Rahme

Por Alfredo Jalife-Rahme
Con información de:La Jornada

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La reina Mavia y los árabes cristianos que luchaban junto a los romanos

Mavia / imagen: Anwar Amin en Behance

Faltaban todavía unos 300 años para la aparición en escena de Muhammad, y la península Arábiga era un lugar escasamente poblado, salvo los oasis del norte o las tierras fértiles del sur, lo que hoy son Yemen Omán.

Durante siglos las tribus árabes se habían ido desplazando hacia el norte y el sur de la península y hacia el próximo y medio Oriente, de modo que había tribus y pueblos árabes repartidos por un amplio territorio que abarcaba desde la India hasta el norte de la Mesopotamia histórica.

Uno de esos grupos de tribus semi-nómadas eran los Tanúkides, quienes originalmente formaban parte de la confederación nabatea, los famosos contructores de Petra, y que procedían del sur de Arabia. En el siglo II d.C. los Tanúkides se extendieron prácticamente por toda Jordania, desde el sur de Siria hasta Irak.

El último rey de los Tanúkides se llamaba al-Hawari y, en el momento de su muerte en el año 375 d.C., hacia ya más de un siglo del levantamiento de Zenobia, la reina de Palmira que consiguió oponerse a Roma con éxito y crear su propio imperio, aunque brevemente. Precisamente habían sido los jefes árabes, a los que Zenobia desdeñaba, quienes facilitaron al ejército romano la entrada y caída de la ciudad. Desde entonces habían luchado en las filas imperiales como foederati, convirtiéndose en la primera tribu árabe en hacerlo.

Al-Hawari no tenía heredero sino solo una hija (según algunas fuentes su esposa) llamada Mavia, que se puso al frente de su pueblo como reina. Estos árabes eran mayoritariamente cristianos, aunque no está muy claro si Mavia también lo era o se convirtió posteriormente.

Lo que se sabe es que habían solicitado a Roma que se les enviase un obispo ortodoxo, pero el emperador Valente que gobernaba la parte oriental del imperio desde 364 y era cristiano arriano, insistía en nombrar en su lugar a un obispo de su misma confesión.

Parece que ese hecho suponía una afrenta lo suficientemente grave como para desatar lo que ocurrió a continuación. Mavia y los Tanúkides se internaron en el desierto al norte de Arabia, establecieron alianzas con otras tribus y comenzaron los preparativos para la guerra.

En la primavera del año 378 d.C. lanzaron su ataque a través de Siria y Palestina, llegando hasta Egipto y derrotando batalla tras batalla a los ejércitos romanos. Según las fuentes Mavia dirigia a su ejército cargando siempre en vanguardia contra el enemigo.

En la retirada empleaban tácticas de guerrilla y se refugiaban en el desierto, con lo cual las legiones no contaban con un punto definido sobre el que organizar un contraataque de represalia. Además, los romanos luchaban en solitario sin fuerzas auxiliares como era habitual, pues era precisamente contra estas fuerzas auxiliares que se enfrentaban ahora.

Valente comprendió que no tenía nada que hacer en aquella situación, máxime cuando los éxitos de Mavia le estaban granjeando la adhesión de cada vez más seguidores. De modo que decidió cortar por lo sano y proponer un acuerdo de paz.

Según los historiadores Rufino y Sócrates de Constantinopla, la condición que Mavia puso para firmar la paz fue que se nombrase obispo a cierto monje ascético llamado Moisés, que vivía en el desierto y gozaba de gran reputación por ser una eminencia por su piedad, fe y milagros. De ese modo Moisés se convirtió en el primer obispo árabe y el cristianismo comenzó a extenderse entre los árabes de Mesopotamia.

Una vez hecho esto la relación de Roma con los Tanúkides se normalizó, hasta el punto que Mavia casó a su hija con el comandante de la guarnición romana. Pero a cambio tuvo que enviar a su caballería a Tracia, para ayudar a Roma en su intento de contener a los godos en su avance sobre Constantinopla. Fracasaron, e incluso el emperador Valente murió en la batalla de Adrianópolis, en agosto de ese mismo año 378.

El nuevo emperador Teodosio decidió pactar con los godos, favoreciéndolos con puestos en la administración y el ejército imperiales, algo que iba en detrimento de los árabes, a quienes ahora dejaban de lado. Por ello cinco años más tarde estalló una nueva revuelta, aunque esta vez las fuentes nada dicen sobre si Mavia se encontraba al frente o no. Las consecuencias fueron que Roma decidió prescindir de los Tanúkides, y aliarse con una nueva tribu árabe.

Mavia murió en el año 425 d.C. en Anasartha (la actual Kanasir en Siria), al este de Alepo, como atestigua la inscripción instalada en su honor. En cuanto a los Tanúkides, probablemente hoy sean más conocidos por el nombre que les dieron los romanos: sarracenos.

Fueron, según las fuentes, los más fieros guerreros cristianos durante tres siglos, combatiendo al lado de los bizantinos contra los musulmanes (como por ejemplo en la batalla de Yarmuk). Hasta que finalmente, en el siglo VIII, fueron obligados a convertirse al Islam por el califa Al-Mahdi.

Por Guillermo Carvajal
Con información de:La Brújula Verde

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