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SISTEMAS DE REGADÍO EN AL-ANDALUS

En la literatura andalusí existen numerosas apariciones y menciones del agua relacionada con lluvia, surtidores, ríos, acequias, norias, albercas, etc. Se desarrolló una gran tecnología en campos como la hidráulica, sistemas de captación, canalización y almacenamiento además de ingenios y mecanismos.

Para Ibn Jafäÿa (1058 – 1139) de Alcira, máximo exponente de la poesía andalusí de jardines, tanto que se le llamó al-Ÿannän (el jardinero), las nubes amamantan a las flores con la lluvia:

«(se ven) en un valle en el que las bocas de las margaritas han mamado el pecho de las nubes de chaparrones generosos»

Abú Ishaq Ibrahim Ibn Jafäÿa nació en el año 450 de la Hégira (1058 de la era cristiana) en la próspera ciudad valenciana de Yazirat Suqr (Alcira) donde realizó estudios gramaticales, religiosos y literarios, sintiendo una fuerte inclinación hacia estos últimos desde muy joven. Tras una formación rigurosa en poesía clásica árabe, se dedicó a la creación de una obra propia, en la que destacó especialmente su tratamiento de los temas de la naturaleza. Este gran poeta lírico desplegó su actividad en el Reino de Valencia (1058-1139). Sorprende la modernidad . con que Ibn Jafaya canta la naturaleza y el paisaje luminoso y colorista de su querida Al-Andalus.

«El jardín era un rostro de una blancura resplandeciente, la sombra una cabellera negra y el agua del arroyo una boca de hermosos dientes».

«El agua del canal adornada de las joyas del rocío, se parecía a un cuello sobre el que los árboles habían abotonado los cuellos de sus camisas»

«En torno a él, una acequia le hace parecer una hermosa ceñida por la cintura».


El desarrollo tecnológico y científico de los musulmanes hispanoárabes les permitió adoptar y adaptar diversos medios y recursos técnicos para la prospección, captación, elevación, almacenamiento, distribución y uso de aguas, que propiciaron el desarrollo del regadío esencial para la agricultura hasta el punto de que fue el motor de una importante revolución agrícola en el siglo XI.

Los musulmanes perfeccionaron inmensamente las técnicas de riego, se convirtieron en los maestros de la técnica hidráulica agrícola, aprovecharon los sistemas de riego romanos que aquí encontraron, y junto a las técnicas orientales que conocían, pudieron lograr un excepcional aprovechamiento del agua, no podemos pasar por desapercibido el hecho del contenido etimológico árabe de las palabras actuales con las que se designan las obras hidráulicas o de riego: sèquia, assut, assarb, sínia, nória, alcaduf, aljub, safareig, martava, tanda, etc..

Los dos sistemas de regadío tradicionales todavía vigentes en la actualidad provienen de la época musulmana, además de las canalizaciones del agua ó acequias, por las que corría el agua de los ríos o de los manantiales, sirviendose de los desniveles del suelo. En la utilización de las aguas fluviales emplearon los azudes o presas, y los alquezares o cortes.

Para sacar el agua de pozos, fuentes, manantiales, o ríos se utilizaron diversos medios: la polea, el torno de mano horizontal, el cigüeñal y las ruedas elevadoras.

A partir del siglo X proliferan por toda la geografía de al-Andalus las norias accionadas por energía hidráulica «naura». se destinaban a la elevación de agua, al manejo de molinos para la industria textil y la fabricación del papel.

En la huerta murciana se utilizaban también unas ruedas elevadoras conocidas como «dawlab» nombre de origen persa. El término «saniya» se destinaba a la noria de sangre, ya conocida por los romanos y también difundida en al-Andalus por los árabes. Se dice que fueron los sirios quienes la trajeron ya en el siglo XIII. Ar-Razí nos habla del sistema de regadío del Segura, muy similar al del Nilo en Egipto.

Para captar aguas subterráneas se utilizaron pozos y, quizá lo más conocido y relevante de las canalizaciones de agua en el mundo árabe, el famoso qanä que consiste, básicamente, en unas galerías subterráneas, perforadas aplicando técnicas de origen oriental, por las que se conduce el agua desde un pozo madre que la capta desde las capas freáticas y que está provista de unos respiraderos o pozos de ventilación cada cierta distancia.

Es una técnica conocida desde muy antiguo en al-Andalus, introducida por los Omeyas, y abundante en muchas zonas de Mallorca, Madrid y Alicante, donde los arquitectos o expertos se servían de los zahoríes (del árabe zuharï) para detectar la localización de las aguas subterráneas.

Lo que posibilitó la utilización de las norias para la extracción de recursos hídricos de los pozos fuesustituir la fuerza motriz del agua por la de las bestias de carga, lo que permitió accionar la máquina sin necesidad de la existencia de agua corriente.


No era fácil construir el mecanismo de rueda y piñón que convierta el movimiento horizontal en un giro vertical. Los carpinteros de al-Andalus construían las dos ruedas con maderas de diferente dureza para que la más débil actuara como fusible de cualquier accidente mecánico y pudiera ser fácilmente sustituida.

Para la distribución del agua de regadío se desarrollaron complejas y extensas redes de acequias que subdividían sucesivamente en conducciones menores en una estructura arborescente hasta llegar a cada uno de los predios que regaban y alcanzar así grandes extensiones de regadío intensivo.

Si la captación se hacía en una corriente de agua, a veces se hacía necesario recurrir al azud para la derivación hacia el canal, acequía o noria que se encargaba de conducir o elevar el agua.

Entre las técnicas agrícolas que exponen los agrónomos andalusíes cabe indicar la destinada a conseguir que corra el agua en una tierra para posibilitar el riego. La técnica consiste en disponer el suelo con una inclinación de acuerdo con una proporción de desnivel determinada, esta proporción se calculaba con una herramienta al efecto.

La clasificación de las aguas que realizaban los tratadistas musulmanes se basa en un criterio de procedencia a partir del cual establecen cuatro grupos diferentes: lluvia, ríos, pozos y fuentes, cada una de ellas con sus propiedades y efectos sobre los cultivos. Sobre el riego de los frutales y las plantas en general se deben tener en cuenta una serie de principios generales y específicos para cada caso.

La clave para aumentar la superficie de regadío era el aprovechamiento óptimo de los recursos existentes, y en esta línea, en las zonas donde los recursos eran más escasos, las aguas de los baños eran reutilizadas después para el riego. Tal es el caso de los baños de Alhama de Murcia, que ya a mediados del siglo XIII servían para regar las tierras de la alquería. Práctica que se ha mantenido hasta el siglo XX.

En cuanto al origenétnico de las instituciones de distribución del agua en los sistemas de regadío, hemos de señalar que en la zona de Xarq al-Andalus (sureste español) también tiene raíces beréberes en algunos casos.

En Castellón, por ejemplo, recogían el agua sobrante de las fuentes de San Vicente de Borriol, del Part de Lucena, de Sueras, de Noguered, y San José en Vall de Uixo, de Ayodar y Fuentes de Ayodar, de Agua Zorrilla en Azuebar, de la Higuera y Santa Cristina en Artana, del Fontanás en Bechí, y de San José en la Llosa, convirtiendo en ricas huertas 2.700 hectáreas de tierra en los términos de esos diez pueblos más los de Chilches, Onda, Artesa, Tales, Alcora y Figueroles.

Todavía se llaman «huertas de los moros», las regadas por una fuente que brota junto al despoblado lugarcillo de Berita en el término de Onda.

De reconocida transcendencia y mucho coste son las canalizaciones subterráneas del cano o sifón y mina vieja, de las que Mr. Jaubert de Passá, después de un escrupuloso e instruido estudio dice «tenían demasiada previsión en sus empresas, para desatender las ventajas que les ofrecían las localidades, y sabían superar los obstáculos con el mayor éxito… Por más estragos que cause la rambla, jamás padece el cano…» deduciendo de todo, con una imparcialidad muy laudable en un extranjero y por añadidura francés, que la teoría del sifón era ya conocida en una provincia de España, ocho siglos antes que se presentara en Francia su descubrimiento como una novedad.

No contentos los labradores musulmanes con haber cruzado las principales llanuras y laderas de acequias, canalejas y regaderas que derramaban en todas direcciones el gérmen más precioso de la fertilidad, que se propusieron, además, aprovechar para la obtención de muchas producciones de huerta, las tierras turbosas o pantanosas de los cuadros próximos al mar y de algún otro lugar del interior, que un exceso de humedad hacía improductivas.

Para ello utilizaron las técnicas de drenaje y desecación que la ciencia moderna aconseja actualmente como mejores o menos costosos; el de zanjas cubiertas y el de cauces al aire libre o sin cubrir.

El primero, más perfecto, lo adoptaron en Alcolea, pueblo fundado por ello, que desapareció sustituido por el actual Villanueva de Alcolea, cuya fértil Hoyada inutilizarían las filtraciones de los montes vecinos, si las manos entendidas y cuidadosas de los musulmanes andalusíes no hubiesen abierto profundas y angostas zanjas de desagüe, tapándolas con lozas en arcos apuntados para sostener encima la tierra cultivable.

El segundo, más fácil, lo practicaron en Torreblanca y Benicasim, Almazora, Mascarell, Almenara, etc., rodeando de anchas y hondas acequias que recogían el agua encharcada.

De este modo crearon las marjales o al-marjales -marchals-, nombre árabe sin equivalente especial y apropiado en latín.

La importancia social y económica del agua exigió, lógicamente, una normativa o regulación jurídica, la prevención o solución de conflictos relacionados con ese preciado y escaso bien, eran de suma importancia para los andalusíes. En al-Andalus, las cuestiones del riego, el reparto y distribución de las aguas formaba parte de lo que en el derecho andalusí se denominaba furü al-fiqh.

El Tribunal de las Aguas de Valencia se remonta a la época Califal de al-Andalus en la Plana en el Campo de Morvedre, en la Huerta Valenciana, en la Ribera del Júcar, en el Pla de Xátiva, y en la Huerta de Gandía el regadío es permanente y se rige por el principio de que es agua es un bien común e inseparable de la tierra.

Las acequias son conservadas por las comunidades de regantes, los cuales se someten a un tribunal de las aguas para resolver los litigios. Esta estructura está documentada en la época musulmana, por ejemplo, en la época Califal está demostrado por un texto del cronista Ibn Hadjdjan publicado por Lèvi-Provençal, el cual nos refiere también que Mubàrak y Mudaffar, los amirís sublevados contra Córdoba en el año 1010 ejercieron el cargo de inspectores de riego del Turia (actualmente más conocido como río Turia).

Sistema que en Valencia imperaba de modo análogo respecto a las aguas de la Vega, con el nombramiento de ocho acequieros (actualmente denominados síndicos) correspondientes a las ocho Acequias que regaba y permitían la distribución de las aguas en la Huerta Valenciana, estos procesos por cuestiones de riegos del principio de publicidad, las vistas se celebraban en el lugar de máxima afluencia de creyentes, en la Mezquita los viernes y en horas determinadas, ya que los juicios orales debían contar con la presencia masiva de testigos y gentes interesadas en el modo en que se instruía, conocía, y sentenciaba.


LITERATURA MÉDICA ISLÁMICA EN AL-ANDALUS

Preparación de un antídoto. Materia Médica de Dioscórides. (Tomado de Fundación el Legado Andalusí)

Los médicos árabes, al describir las enfermedades de los órganos y del cuerpo en su conjunto, la ordenación que adoptan es la alejandrina, es decir, inician su descripción comenzando por las enfermedades de la cabeza (cabello, cerebro, ojo, oído, nariz, boca, garganta, etc.), y terminan con las que afectan a los pies.

Sólo un médico se saltará el orden establecido, el cordobés Averroes (1126-1198), quien dotará a su tratado, Libro de las generalidades de la medicina -Colliget para el mundo latino- de una originalidad, que, como afirman los especialistas, hace pensar en un plan de estudios de una Facultad de Medicina, al distribuirlo en Anatomía y Fisiología, Patología, Sintomatología, Farmacología y Dietética, Conservación de la salud y Terapéutica.

La literatura médica islámica producirá, dos tipos de redacciones:

Unas, que son tratados de higiene o regímenes de salud, que se redactan ya por encargo de una autoridad en particular, ya para el público en general, que recogen las formas de vida adecuadas capaces de proporcionar al individuo la salud durante toda su vida.

Otras, que son extensos tratados de patología, perfectamente estructurados y en los que puede encontrarse desde los fundamentos filosóficos naturales de la medicina hasta las características de todas y cada una de las enfermedades con sus respectivos tratamientos.

Pero generarán además libros de cirugía, oftalmología y farmacología. Valga como ejemplo la obra del médico cordobés Ibn Yulyul, quién además de formar parte del equipo que tradujo en Córdoba el libro de la Materia Médica del persa Dioscórides -obra que se mantuvo como base de la medicina occidental hasta bien entrado el siglo XVIII- compondrá en el año 982, como complemento del mismo, su obra titulada Libro de la explicación de los nombres de los medicamentos simples tomados del libro de Dioscórides, en la página que identifica los nombre griegos de los medicamentos imples, Ibn Yulyul, realiza esta tarea indicando el mayor número de sinónimos posibles conocidos en distintas lenguas, desde el árabe hasta el latín, pasando también por otras como el persa, el siriaco y el hindú.

Y la obra del malagueño Ibn al-Baytar (m. 1248). al-Yami` (Colección de medicamentos y alimentos). Ingente composición ordenada alfabéticamente, en ella se estudian alrededor de 1.400 medicamentos y alimentos extraídos de los reinos vegetal, animal y mineral -de los cuales más de 300 son aportaciones árabes- exponiéndose con todo detalle las cualidades físicas y las funciones terapéuticas de cada uno de ellos; e igualmente, el proceso de ejecución de las recetas, las dosis y sus formas de administración. Considera su autor que la botánica y la farmacología son ciencias de apoyo a la medicina.


Por lo que atañe a la cirugía -como afirma Schipperges- «con la cirugía árabe no sólo se transmitió el conocimiento de amplias partes de la anatomía y de la fisiología, sino también de numerosas especialidades, desde la obstetricia hasta las otalgias, oftalmías y odontología».

La aportación más importante en el campo de la cirugía se debe a otro médico andalusí, al cordobés Abu-l-Qasim al-Zahrawi (926-1013) -Abulcasis para el mundo latino- quien en el libro 30 de su extenso tratado, Tasrif (Libro que permite actuar a quien quiere prescindir de otras complicaciones), ofrece abundantes aportaciones propias.

Consta la obra de tres partes, y en ella trata el autor de la naturaleza del hombre y su temperamento; anatomía, patología, clasificación de las enfermedades, síntomas y tratamiento,higiene, dieta y farmacología, con especial atención a las drogas que se encuentran o utilizan en al-Andalus. La anatomía es desarrollada con gran cuidado por ser disciplina indispensable para el cirujano y en patología se analizan 325 enfermedades.

Con todo, la fama de Abdulcais se debe al libro 30 y último del tratado, que es un completísimo tratado de cirugía que se divide en tres partes: 1) La cauterización con cauterios y con caústicos aplicada a 50 tipos de enfermedades. 2) Intervenciones quirúrgicas. 3) Fracturas, dislocaciones y luxaciones.

El libro está ilustrado con gran abundancia de dibujos de instrumentos quirúrgicos, que le aportan extraordinario valor. Gozaría de gran prestigio en Occidente hasta el siglo XVIII; traducido al latín por Gerardo de Cremona, se convirtió a partir del siglo XII en el fundamento de todos los textos quirúrgicos medievales.

Los escritos que describen y tratan la enfermedad, como las grandes enciclopedias de al-Razi (865-932), Avicena (980-1037), al-Mayusi (m. 983) y de los andalusíes Avenzoar (m. 1162), y Averroes (1126-1198), cuyas obras, el Taysir y el Colliget, son consideradas complementarias por ser la primera un manual que incluye los conocimientos que el médico debe poseer y todos los detalles de la terapéutica práctica; y la segunda, un tratado que versa sobre los principios básicos de la medicina partiendo de las generalidades, puesto que en él se estudian los elementos, las complexiones, y la fisiología y anatomía del cuerpo hasta llegar a las particularidades con el desarrollo de la higiene, los medicamentos, y las causas, los signos y la curación de la enfermedad.

Una vez que estos tratados fueron vertidos al latín, entre finales del siglo XI y finales del siglo XII, se hicieron todos ellos muy famosos y populares. Porque, como afirma García Ballester, «aunque eran escritos extensos, estaban perfectamente estructurados». Y porque en ellos era posible encontrar desde los fundamentos filosófico-naturales de la medicina, hasta la características de todas y cada una de las enfermedades, las formas de tratamiento quirúrgico y el listado alfabético de las medicinas simples con sus características complexionales, y toda una colección de recetas (los llamados Antidotarios) extremadamenteútiles, no sólo porque ya venían preparadas para su dispensación y aplicación, sino porque su composición venía avalada por la autoridad y el prestigio del autor».

La cima indiscutible de la medicina medieval fue El libro del Canon de la medicina de Avicena (980-1037). Esta obra, desarrollada en cinco libros, y divididos a su vez cada uno de ellos en disciplinas, categorías, secciones y capítulos, recoge todo el saber médico de su tiempo, desde la conceptuación de la medicina hasta la toxicología y la dietética. Una vez fue traducido al latín por Gerardo de Cremona antes de 1187, sería la base de la medicina occidental y se convirtió en la indiscutible autoridad a lo largo de todo un milenio.

El primer libro de medicina que se redacta en lengua castellana: El sumario de la medicina del médico zamorano, Francisco López de Villalobos, tenga como base esta fuente árabe:la medicina medieval castellana, cuya andadura se inicia a partir de las traducciones de los tratados árabes. López de Villalobos redactó su libro en romance, como hacen los médicos árabes, esto es, divulgar la medicina mediante su composición en verso. Y, de una manera especial, en el léxico que estará todo él salpicado de arabismos.

Una contribución importante a la medicina andalusí fueron también los escritos que sus médicos compusieron sobre la peste negra. Entre ellos destaca el opúsculo redactado por el médico granadino, Ibn al-Jatib que le dio la fama entre los historiadores de la medicina como el último de los grandes médicos andalusíes. En él defendió el punto de vista racional al determinar que la peste era un plaga que se propagaba por contagio y no un castigo divino, lo que significaba una audaz afirmación en una época de rígida ortodoxia.


(Extractos de » LA DEUDA OLVIDADA DE OCCIDENTE. Aportaciones del Islam a la civilización occidental» de Francisco Vidal Castro (coord). María de la Concepción Vázquez de Benito – Fundación Ramón Areces.

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LA LITERATURA AGRONÓMICA EN AL-ANDALUS

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Una de las primeras medidas que adoptaron los musulmanes fue la recopilación y traducción de gran cantidad de textos antiguos sobre agricultura -la mayoría orientales-, y en el siglo X surgió «La escuela agronómica andalusí», que habría de conocer un gran auge durante los siglos XI-XII, en los que se escribieron numerosos tratados de agricultura, plasmándose también las costumbres comerciales agrícolas en los tratados de «Hisba» (de usos y costumbres)».

Ibn al-Awwän ó Abü Zaccaria es el autor de origen andalusí que con más detalle escribió sobre agronomía en su Libro de Agricultura Kitäb al-filäha.

La política unificadora y universalista del Califa Abderrahmán II, cuyo nombre honorífico era: al-Nasir Li-din (el que combate victoriosamente por la religión de Allâh) atrajo numerosas embajadas extranjeras, que acudían a al-Andalus con el fin de pactar o negociar con él. Fue a través de una de ellas, enviada por el emperador Vizancio, que nos llegó un tratado que habría de permitir una extraordinaria evolución en el terreno de la ciencia: el libro de «Dioscórides», y junto a él, envió el emperador a un monje, Nicolás, para que ayudase en la labor de traducción. El emperador de Bizancio no podía haber hecho un mejor y más útil presente al califa. En dicho libro estaban recopiladas la mayor parte de las plantas conocidas y junto a su descripción, una detallada enumeración de sus propiedades farmacológicas y alimenticias.

En el siglo XI surgió en Sharq al-Andalus un nuevo género literario que describía con júbilo los jardines y frutos de la época. El género poético sobre jardines se conoció como rawdiyyat (de rawd, ‘jardines’ en árabe). En él se aludía a los jardines en general, pero existía otro género llamado ‘poema floral’, que se conocía en árabe como nawriyyat, y se refería específicamente a las flores.

 

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Conocidas son las narraciones del poeta Ali ben Ahmad sobre lo que presenciaba en los jardines de la almunia de al-Mansur, en Blansiya/Valencia.

Un poeta famoso en este género fue el valenciano Abu Ishaq Ibrahim Ibn Jafaÿa de Alcira (1058-1138), al que llamaban al-Ÿannán («El Jardinero»), por su dedicación a este tipo de poesías y porque fue especialista en describir flores y jardines. Su obra ha sido citada por el historiador musulmán argelino al-Maqqarí (1591-1634) en su Nafh at-tib min ghusn al-Ándalus ar-ratib («Exhalaciones de perfume de la rama tierna de al-Ándalus»), y analizada por el profesor Hamdán Haÿÿaÿi de la Universidad de Argel en su estudio Vida y obra de Ibn Jafaÿa, poeta andalusí (Hiperión, Madrid, 1992).

Cuántas veces he ido en hora temprana a los jardines:

las ramas me recordaban la actitud de los amantes.

¡Qué hermosas se mostraban cuando el viento las entrelazaba como cuellos!

Las rosas son mejillas; las margaritas, bocas sonrientes, mientras que los junquillos reemplazan a los ojos.

Ibn Hafs al-Yaziri (s. XI)

 

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Ibn Jafaÿa nació en la población de al-ÿazirah (Alcira que significa «la isla») ejercita la predilección de los poetas musulmanes de apelar a este tipo de metáforas y alegorías:

«Ráfagas de perfume atraviesan el jardín cubierto de rocío, cuyas tapias son el circo donde corre el viento…».

«Era un caballo alazán con el cual se encendía la batalla con un tizón de coraje. Sus crines eran del color de la flor de granado; su oreja, de la forma de la hoja de mirto».

«La flor hace pensar en un ojo que, bañado por las lágrimas, se ha despertado; el agua, en una boca sonriente que seduce por el brillo (de sus dientes)».

«¡Oh habitantes de al-Ándalus, qué felicidad la vuestra al tener sombras, ríos y árboles!

«El Jardín de la Felicidad Eterna no está fuera, sino en vuestro territorio; si pudiera elegir es este lugar el que escogería. No creais que mañana entraréis en el Infierno; ¡no se entra en el Infierno después de haber estado en el Paraíso!».

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Los tratados sobre agricultura eran muy completos, con un contenido y una estructura uniformes. Describen los distintos tipos de tierra y formas para modificarla, como nivelarlas para que puedan ser regadas correctamente. Distintos tipos de agua y la conveniencia de uno u otros en función del tipo de tierra y vegetales que se regarán. Abonos según la época, la tierra o las plantas. Los vegetales los estudian por grupos: cereales, hortalizas, frutas, modo de siembra, abonado cultivo, injerto, poda, modo de eliminar plagas, recolección de cosechas y modo de guardar los productos. La importancia que cada uno tiene en la alimentación teniendo en cuenta sus cualidades, composición y sabor, así como sus propiedades curativas o efectos sobre el ser humano, dando incluso recetas culinarias y médicas.

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Jardines, y casas de campo, con indicación de las plantas más adecuadas para ambos casos y dando normas para emplazarlas en la mejor situación, tanto las plantas como las edificaciones. Es frecuente que la parte final de cada obra esté dedicada a los animales domésticos, sus características, cuidados y aprovechamiento, contandose entre tales animales las abejas, como productoras de miel.

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Una de las principales obras agrícolas andalusíes es El Tasrïf, además de un alto valor médico y quirúrgico, interesa en nuestro caso por ser fuente para autores de textos agrícolas posteriores y confirma que la agronomía andalusí tiene sus orígenes en la medicina y en la farmacología. Su autor, Abü-l-Qäsim ibn ‘Abbäs al-Zahräwi, conocido entre los latinos como Abulcais o Albucasis, fue un gran científico de renombre, sobre todo por su obra médica, de gran altura científica, en la que se ocupa de la anatomía, la patología, la higiene, la dietética, la cosmética, la farmacología y especialmente la cirugía.

También hemos de reseñar el Kitäb tafsïl al-azmän wa-masälih al-abdän, escrita alrededor del año 962, coincidiendo con la subida al trono de al-Hakam II, y obra de otro gran personaje, médico y político afamado, e hijo de un cristiano converso Abü-l-Hasan ‘Arïb ibn Sa`ïd al Ktïb¨al-Qurtubï al-Andalisï, conocido como ‘Arïb ibn Sa`ïd. Paradigma de las que vendrán luego englobadas bajo el nombre de Calendarios, fue el Kitäb al-anwä’, tradicionalmente conocido como el Calendario de Córdoba, donde se ofrecen datos de tipo astrológico,meteorológicos, médicos, agrícolas y veterinarios, todo ello ordenado por meses.

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Maymü ‘fi-l-filäha, es el resultado de los conocimientos médicos y botánicos de su autor, Ibn Wäfïd médico de la corte de Toledo y reputado botánico conocido como Abengëfit, Aben Nufit o Abencenif. Ibn Bassäl, de nombre Abü ‘Abd Al.läh Muhammad ibn Bassäl, puede ser considerado como el maestro de la escuela andalusí del siglo XI. Autor de Kitäb al-qasad wa-l-bayän, aunque el texto que ha llegado hasta nosotros no abarca la totalidad de su obra, consta de 16 capítulos que se ocupan de los distintos tipos de aguas, de las tierras y sus propiedades, de los abonos y estiércoles, del conocimiento de las tierras por medio de la vegetación espontánea, de las plantas cultivables y sus cuidados, los árboles sus injertos su poda y tala, el cuidado de las plantas herbáceas, las especias, el regadío, los bulbos y las raíces, verduras, plantas aromáticas, noticias referentes a los pozos, los modos de cuidar la tierra para evitar las plagas, y la conservación de frutas y frutos secos.

No podemos olvidar a Abü-l-Jayr autor del Kitäb al-filäha, de un Calendario andalusí y del Kitäb al-nabät. Ni al descendiente de Witiza, Ibn Hayyäy, perteneció a una rama de la familia visigoda descendiente de Witiza que había emparentado con una familia de origen yemení, él fue el autor de al-Muqni `fil-filäha.

La magnifica obra titulada `Umdat al-tabïb fi ma `arifat al-nabät li-kulllabïb pertenece al llamado habitualmente El Botánico Anónimo, por desconocerse su nombre.

Anónimo es también el autor de Kitäb fï tarïb al-giräsa wa-l-magrusät.

El granadino al-Tignarï, geópono al igual que los anteriores, es el autor de Zuhrat al-bustän wa-nuzhat al-adhän.

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El brillante botánico Ibn al-Baytär, llamado el Dioscórides español por Menéndez Pelayo, ha sido el autor de diversas obras, pero solo citaremos su Kitäb al-yämi`li-mufradät al-adwiya wa-l-agdiya donde se refiere a unos 1.400 simples, contados entre vegetales, animales y minerales, cifra que rebasa bastante la de la Materia Médica tenida entonces y siempre como modelo.

Enlazado cronológicamente con él encontramos al más importante de los geóponos andalusíes, Abü Zakariyyä, conocido como Ibn al-`Awwäm, su Kitäb al-Filäha tratado agrícola dividido en 34 capítulos, recoge lo mejor de cuanto se había escrito antes por griegos y árabes, además de incluir muchas ideas propias. Esta obra es de tal calidad e interés que en el siglo XVII el ministro Campomames la consideró útil y necesaria para la agricultura española de aquel tiempo y mandó al franciscano Josef Banqueri que la tradujera al castellano. Posteriormente se publicó, en dos volúmenes en 1802, y en 1988 el Ministro de Agricultura Pesca y Alimentación costeó la edición en facsímil. También existe una versión francesa que se llevó a cabo entre 1864 y 1867.

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En la Escuela de Estudios Árabes de Granada, se conservan 50 folios dobles del manuscrito del Kitäb ibdä `al-maläha wa-inhä`al-rayäha fi usül sinä`at al-filäha, escrito en verso por Ibn Luyün.

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EL TRIBUNAL DE LAS AGUAS EN AL-ANDALUS

En esta Plaza se encuentra la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia en la que se reúnen todos los jueves a las 12.00 desde hace más de mil años el Tribunal de las Aguas. Este tribunal es la institución jurídica vigente más antigua de Europa, y probablemente también la más antigua del mundo.
En esta Plaza se encuentra la Puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia en la que se reúnen todos los jueves a las 12.00 desde hace más de mil años el Tribunal de las Aguas. Este tribunal es la institución jurídica vigente más antigua de Europa, y probablemente también la más antigua del mundo.

El sistema jurídico andalusí fue evolucionando de árabe y la figura del juez supremo o «qädï» fue especializándose cada vez más y se rodeaba de auxiliares o consejeros según las necesidades. Se llegó a dividir la jurisprudencia o «qadä» por ciudades o circunscripción territorial. Las amplias demarcaciones fueron objeto de nuevas nominaciones para áreas más reducidas dentro de la región o «küra», por lo que el «qädï», tal y como recoge la doctrina «mäliki», podía recibir competencias funcionales limitadas a un territorio concreto, e incluso si ésta era excesivamente amplia podía delegarse en otros funcionarios instruidos en la materia.

En Xarq al-Andalus, las acequias eran conservadas por las comunidades de regantes, los cuales se sometían a un tribunal de las aguas para resolver los litigios. Esta estructura está documentada en la época musulmana, por ejemplo, en la época Califal está demostrado por un texto del cronista Ibn Hadjdjan publicado por Lèvi-Provençal, el cual nos refiere también que Mubàrak y Mudaffar, los amirís sublevados contra Córdoba en el año 1010 ejercieron el cargo de inspectores de riego del Guadalaviar (actualmente más conocido como río Turia).

En al-Andalus, las cuestiones del riego, el reparto y distribución de las aguas formaba parte de lo que en el derecho andalusí se denominaba furü al-fiqh. En el reinado de Abderramán III y Al-Hakem, durante los años del Califato de Córdoba, entre los años 929 y 1031 es cuando el Tribunal de las Aguas se define como la institución jurídica que nos ha llegado hasta nuestros días.

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Sistema que en «Balansiya» (Valencia) imperaba de modo análogo respecto a las aguas de la Vega, con el nombramiento de ocho acequieros (actualmente denominados síndicos) correspondientes a las ocho Acequias que regaba y permitían la distribución de las aguas en la Huerta Valenciana.

En el marco general del proceso judicial andalusí frente a la pretensión del demandante oponía sus acciones el demandado. El «häkïm» mediante delegación tenía entre sus competencias vigilar la observancia de los derechos de los regantes, quienes, además, podían denunciar la usurpación de sus derechos de forma inmediata. Respecto al testimonio de los testigos no solo se exigía su honorabilidad, sino también ser expertos en la materia sobre la que debían testimoniar, y sobre todo, ser testigos justos.

Otra de las características de este tipo de procesos era la ausencia de «abogado de parte» (wakil) en sentido técnico, ya que según el tratado de Ibn ‘Abdün los abogados constituían un gran daño en el desarrollo del proceso, puesto que con sus intervenciones transformaban la realidad y disfrazaban la verdad.

La administración de justicia en materia de aguas, tenía lugar en un marco concreto, la Mezquita; en estos procesos por cuestiones de riegos del principio de publicidad, las vistas se celebraban en el lugar de máxima afluencia de creyentes, en la Mezquita los viernes y en horas determinadas, ya que los juicios orales debían contar con la presencia masiva de testigos y gentes interesadas en el modo en que se instruía, conocía, y sentenciaba.

El personaje fluvial sostiene, un gran cuerpo de la abundancia, desbordante de frutos, propio de la antigua emblemática de Valencia y está rodeado de pedestales, en los que aparecen ocho niñas o adolescentes desnudas, con la peineta y peinado de labradora valenciana, cada una de ellas con un cántaro del que emana el agua, y que a su vez representan las ocho acequias del Turia.
El personaje fluvial sostiene, un gran cuerpo de la abundancia, desbordante de frutos, propio de la antigua emblemática de Valencia y está rodeado de pedestales, en los que aparecen ocho niñas o adolescentes desnudas, con la peineta y peinado de labradora valenciana, cada una de ellas con un cántaro del que emana el agua, y que a su vez representan las ocho acequias del Turia.

En aquel entonces las reuniones tenían lugar dentro de la mezquita, pero posteriormente, y ante la prohibición de acceso a la misma de muchos musulmanes que continuaron trabajando en la huerta valenciana, las reuniones fueron trasladadas al exterior, a la puerta de la antigua Mezquita convertida en Catedral..

Por lo tanto, el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia, es la institución más antigua de justicia que existe hoy en Europa. Desde hace más de 1000 años se reúne cada jueves a las 12:00 horas en la puerta de los apóstoles de la catedral de Valencia.

Más tarde en 1238, Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, tras la conquista de la ciudad de Valencia a los árabes, confirma en el fuero XXXV todos los privilegios que disfrutaban las tierras de regadío en tiempo de los árabes:

«…segons que antigament es e fo establit e acostumat en temps de serrahins.»

(…según de antiguo es y fue establecido y acostumbrado en tiempos de los sarracenos)

El paso de los siglos contiene varios intentos de retirar los privilegios del Tribunal de las Aguas, mas, sucesivamente, los acequieros de la huerta valenciana sortearon todas las dificultades. Baste señalar que, a pesar de la abolición de los fueros dictada en 1707, Felipe V, que unificó la legislación, no logró alterar esta institución. Ni los franceses, ni las Cortes de Cádiz que, en 1812, al tratar el arreglo de los tribunales, dispuso el cese de cualquier fuero privativo. La defensa realizada por el valenciano Francisco Javier Borrull, en 1813, pasó a la Comisión de Arreglo de los Tribunales; pero, curiosamente, las Cortes cesaron antes de presentar el informe. Así, el decreto de 4 de mayo de 1814, que restablecía el antiguo régimen, dejó el tribunal en plenitud de funciones.

El río Guadalaviar: Según los arabistas, la traducción de Guadalaviar equivaldría a ‘río blanco´ y se le habría dado este nombre en su curso alto por “lo fragoso del terreno que determina blancor de espumas”.

En la actualidad, desde Teruel a Torrebaja, el río toma el nombre de Turia, y de Torrebaja a Chulilla lo cambia por el de Río Blanco. Definitivamente, desde Chulilla vuelve a denominarse Turia, nombre que conserva hasta su desembocadura en el Mediterráneo por la ciudad de Valencia. Desciende 1.600 metros en los 280 kilómetros aproximados de su recorridod

Este río, fertiliza las 17.000 hectáreas de la llanura costera de Valencia, lo que ha obligado, desde antiguo, a sistematizar los riegos para que nadie careciera de agua y el reparto fuera lo más democrático posible. Del Guadalaviar (Turia), nacen ocho acequias-madre: Quart, Benacher-Faitanar, Mislata, Favara y Rovella, a la derecha, y Tormos, Mestalla y Rascaña, a la izquierda. Las tierras regadas por una acequia-madre, mediante otras más pequeñas, forman una Comunidad de Regantes, cuyos miembros son propietarios del agua de la acequia.

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A pesar de lo que pueda suponerse,  el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia no es un mero organismo folklórico e inoperante. Nada más lejos de la realidad. La tradición ha legado, desde tiempos remotos, un modelo de justicia que, aún carente de protocolo y de fórmulas jurídicas, sobrevive con plenos poderes para el hombre de la huerta valenciana. Y, aún más allá, pues el conocido simplemente como Tribunal de las Aguas ha sido ejemplo de nuevas instituciones a nivel internacional y mundial.

El Tribunal de las Aguas de Valencia tiene unas características muy propias, respaldadas por la tradición, y que le han permitido sobrevivir a lo largo de los siglos. Estas características son:

La rapidez con que se resuelven los pleitos: Se reúne todos los jueves, a excepción del Jueves Santo y, por lo tanto, trata los problemas de cada semana. Si se demora algún asunto, el plazo máximo es de 21 días.

La oralidad: ya que tanto la denuncia como la defensa, alegaciones, interrogación o preguntas y hasta la sentencia se llevan a cabo verbalmente. El Tribunal opera en lengua valenciana.

Gastos mínimos. El juicio no ocasiona gastos, ya que los Síndicos no cobran. Su trabajo en el Tribunal es parte de sus funciones. El denunciado sólo tiene que pagar la multa que se le imponga por los daños que haya causado y los gastos de desplazamiento de los Guardas.

El Tribunal está formado actualmente por 8 síndicos, uno por cada una de las acequias. Fueron 7 hasta que la acequia de Benager-Faitanar se desgajó de la de Quart. Estos síndicos son elegidos democráticamente entre los labradores regantes de la huerta de Valencia. Las acequias son: Quart, Benager – Faitanar, Mislata, Favara, Rovella, Tormos, Mestalla y Rascanya. Cada una de las 8 acequias principales tiene su Comunidad de Regantes.

Cada acequia está regida por una Junta Administradora con un Presidente o Síndico, los Vocales y los Guardas de la acequia.

Cada 2 ó 3 años las Comunidades de Regantes eligen de entre sus miembros a un jefe de la Junta, a quien se le da el nombre de Síndico. Debe de ser labrador y cultivar sus tierras directamente, las cuales deben de ser de una extensión suficiente como para poder vivir de ellas. También debe de ser reconocido por el resto de los labradores como un ‘hombre honrado’.

El Síndico, como presidente de la acequia, tiene el poder ejecutivo de la misma y una de sus funciones es formar parte del Tribunal de las Aguas.

Los Vocales, labradores también, son elegidos democráticamente de entre toda la Comunidad de Regantes, y se eligen de manera que queden representados todos los tramos de la acequia, desde la parte alta, pasando por el tramo medio hasta el tramo bajo, con el fin de que los intereses de todos los propietarios sean representados y puedan ser defendidos.

El Guarda de la acequia es el empleado que se encarga de que el agua llegue a todos según los turnos de riego y en caso de que haya infracciones o entorpecimientos por parte de algún labrador, es él el que informa al Síndico y a los Vocales para presentar las denuncias ante el Tribunal, cada jueves.

El atandador es el que establece los turnos de riego o tandas y además vigila que se cumplan.

El Tribunal de las Aguas, por lo tanto está formado por los 8 Síndicos, representantes, cada uno de ellos, de cada una de las 8 acequias madre.

Para garantizar la imparcialidad de los juicios El Presidente del Tribunal es el Síndico de la acequia de Rascaña, en la margen izquierda del río Turia, mientras que el vicepresidente es el de la acequia de Favara, en la margen derecha.

También, cuando hay una denuncia, el Síndico de la acequia a la que pertenecen los litigantes no interviene y si el denunciado es de una acequia de la margen derecha, por ejemplo, la sentencia la emiten los Síndicos de las acequias de la izquierda o viceversa.

El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia ha recibido en cuatro ocasiones el beneplácito de Juan Carlos I, cuya firma ha validado su existencia en la Constitución de 1978; en el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana de 1982; en la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985; y en la Ley de Aguas de 1985. Precisamente esta última utiliza en su preámbulo el tribunal valenciano como modelo.

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LA MÚSICA EN AL-ANDALUS

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almuédano, almuecín o muecín realizando la llamada a la oración o adhan desde la torre o alminar de la mezquita

Al Andalus es el nombre con el que se conoció el nuevo Estado Islámico que fundaron los musulmanes en la Península Ibérica, y su zona este se denominó Xarq al-Andalus.

«La música es sin duda una de las artes más hermosas que nos lleva a conocer el sentir de un pueblo, y en la cultura árabe-islámica constituye junto con la poesía una de las formas de expresión más importantes de su civilización. El artista árabe encontró en la música y la poesía esa evasión que le permitiría plasmar el genio que encerraba en su interior, de ahí que su patrimonio musical sea una de las más bellas huellas que ha ido dejando a través de su andadura histórica como un auténtico museo oral. Dentro de este patrimonio, la música andalusí, dadas sus características, es un hecho cultural imprescindible para el conocimiento de la civilización árabo-islámica en su rama hispano-árabe” (CORTES GARCIA, 1996).

El Islam fue el crisol de un arte musical que se plasmó como fruto de una permanente interacción entre árabes, persas, turcos e hindúes.

La ortodoxia islámica es, en principio, muy reservada en su actitud hacia la música. La liturgia islámica la ignora. La mayoría de los teólogos estuvieron francamente contra ella. Sólo fue importante para las órdenes místicas.

Sin embargo, la música forma parte de la práctica islámica.

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Almocrí, especialista en la, ciencia de la recitación coránica

La primera práctica musical del Islam fue y es el adhan «llamada a la oración» a cargo del muecín, al que puede juzgarse por el impacto emocional de voz y su fraseología musical, la realiza en la mezquita antes de cada oración.

La segunda música fundamental del Islam en la mezquita es la lectura o salmodia del Sagrado Corán, labor encomendada a un solista, el almocrí (del árabe muqri’) que emplea una profusa ornamentación. Esta desarrolló la ‘ilm al-qira’a, «ciencia de la recitación».

Otra muy característica del misticismo islámico, es el dhikr (recuerdo, memoria, invocación, alabanzas a Dios). El dhikr es la repetición de alguna palabra laudatoria en exaltación de Dios acompañada o no de movimientos rítmicos, música y danza. Rumí dijo: «El samá’ es el adorno del alma que ayuda a ésta a descubrir el amor, a experimentar el escalofrío del encuentro, a despojarse de los velos y a sentirse en presencia de Dios» (cfr. Eva de Vitray-Meyerovitch: Mystique et poésie en Islam, Djalal Uddin Rumi et l’ordre des derviches tourneurs, Desclée De Brouwer, París, 1972).

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dhikr (recuerdo, memoria, invocación, alabanzas a Dios)

El polígrafo granadino Ibn al-Jatib en una de sus últimas obras la Nufadat al-ÿirab fi ‘ulalat al-igtirab «Sacudida de alforjas para entretener el exilio», Manuscrito de El Escorial Nº 1750, nos relata una recepción en la Al-hamra, ofrecida por el sultán nazarí Muhammad V en 1362, durante la fiesta de inauguración de varias salas de la «fortaleza roja»: «Al acabarse las recitaciones subió de tono el tumultuoso ruido del dhikr, que rebotaba en unas y otras paredes, duplicado por el eco de la nueva construcción».

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Mevleví o Mawiawi, conocidos también como la Orden de los Derviches Giróvagos o Derviches Giradores

Algunas órdenes místicas, como la de los Mawiawi (conocidos como la Orden de los Derviches Giradores), los Derkawas (extendidos por todo el Norte de África muy particularmente) y otras órdenes sufíes, dan mucha importancia a la música.

El canto de los poemas místicos y el baile acompañado por instrumentos musicales es una de las bases de sus métodos de realización espiritual. Los sufíes creían que podían encontrar en la música el eco eterno de la primera palabra.



Deseaban que la música fuese una ayuda en su vocación de armonizarse con el ritmo cósmico y alcanzar la contemplación de la Realidad Divina.

Los teólogos y los doctores de la ley temían la fuerza emotiva de la música. Veían en ella una magia incontrolable, capaz de templar muy sutilmente el corazón del hombre, pero al mismo tiempo suficientemente poderosa para liberar las pasiones más confusas y conducir al hombre a una turbulencia mortal.

Sin embargo, el rechazo de los defensores de la teología no impidió, el desarrollo de la música en la sociedad musulmana.

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Derviches danzando. Miniatura persa, s. XV. Derviche (del persa: درویش, darvish, «) que significa, literalmente, «el que busca las puertas» y se refiere a una persona que vive una pobreza ascética dedicada al aprendizaje de la religión

En los primeros tiempos del Islam, la música se consideraba como una rama de la filosofía y de las matemáticas. En este campo los creadores y teóricos eran los filósofos. La música desempeñó un importante papel en la corte de los Omeyas, en Damasco, así como en la de los Abásidas, en Bagdad. El Califa Harun Al-Rachid y sus sucesores la protegieron con la misma dedicación que a las ciencias y a las artes.

Gracias a las traducciones al árabe de textos griegos, siríacos, persas y sánscritos, realizadas en la Casa de la Sabiduría de Bagdad, se dan a conocer las teorías musicales de Pitágoras de Samos (580-500 a.C. ), Aristóteles (384-322 a.C.), Aristóxeno de Tarento (350-? a.C.), Nicómaco de Gerasa —Gerasa o Ÿerasa era una de la ciudades de la Decápolis, cuyas ruinas se localizan en el norte de Jordania— (fl. 100 d.C.), y Claudio Ptolomeo (90-128). La concepción griega de la música como como «ciencia de la fabricación de melodías», manifiesta ya en Ishaq al-Mausilí (m. 849), se difunde por todo el mundo islámico y abre el camino a un panorama totalizador de los fenómenos vocales e instrumentales, fundamentando en los principios científicos de la Antigüedad clásica.

Desde el Oriente, donde se desarrolló, la música entró en al-Andalus. Según Averroes fue cultivada en Sevilla con mucha pasión. Los filósofos discutían la estética musical, los efectos de los sonidos sobre el alma humana y su poder de expresión.

La historia ha conservado la memoria de una leyade entera de cantantes y músicos famosos. Mencionemos, sólo como ejemplo, a Abulhasán Ali ben Nafi conocido por Ziryab o también Pájaro Negro (por su tez morena, fluidez de palabra y dulce carácter). Fue discípulo de Isaq al-Mawsili (767-850) y se trasladó a Kairuán y Córdoba durante el califato de Abd al-Rahman II (822-852).

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Ziryab realizó importantes modificaciones en el laúd

Fundador de las distintas tradiciones musicales de la España musulmana, conoció de memoria más de diez mil canciones e introdujo numerosas reformas que modificaron profundamente el arte musical de la época. «Demostró ser un genio innovador en la música», dice Levi- Provencal. «Creó un Conservatorio dónde la música andalusí, al principio fue muy similar a la de la Escuela Oriental, desarrolló su propia originalidad cuya tradición todavía sigue viva en todos los lugares del Occidente musulmán». (E. Levi-Provencal: La civilización árabe en España, París, 1948). Podemos afirmar que creó en Córdoba lo que se puede considerar el primer Conservatorio de Música del mundo islámico.

Ziryab realizó importantes modificaciones en el laúd, al añadirle una quinta cuerda. El laúd antiguo sólo tenía cuatro cuerdas, las cuales según el simbolismo de los teóricos, correspondían a los humores del cuerpo humano, y son, según Julián Ribera, los siguientes: «La primera era amarilla, y simbolizaba la bilis; la segunda, teñida de rojo, simbolizaba la sangre; la tercera, blanca sin teñir, simbolizaba la flema, y el bordón estaba teñido de negro, color simbólico de la melancolía».



La quinta cuerda añadida por Ziryab, representaba el alma, hasta entonces ausente en el laúd; estaba teñida de rojo, y colocada en el centro, entre la segunda y tercera. De este modo el instrumento adquirió grandes posibilidades y mayor delicadeza en la expresión. Julián Ribera narra también que dicho músico inventó el plectro de pluma de águila -costumbre que persiste en la actualidad-, en lugar del acostumbrado de madera.

Ziryab fue también un gran pedagogo. El arabista Ribera, extrae del historiador Ibn Hayyán el siguiente párrafo: «Aún es práctica constante en España que todo aquel que empieza a aprender el canto, comienza por el anejir (recitado en verso), como primer ejercicio, acompañándose de cualquier instrumento de percusión; inmediatamente después, el canto simple o llano para seguir luego su instrucción y llegar al fin a géneros movidos, hasta los hezeches, según los métodos de enseñanza que introdujo Ziryab».

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Ziryab creó en Córdoba lo que se puede considerar el primer Conservatorio de Música del mundo islámico

Fué un innovador en la enseñanza del canto. Su método lo dividía en tres partes o tiempos: «Primero la enseñanza del ritmo puro, haciendo que el discípulo recitase la letra acompañado por un instrumento de percusión, un tambor o un pandero que señalara el compás; segundo, la enseñanza de la melodía en toda su sencillez, sin añadidos de ninguna clase; y tercero, los trémulos, gorjeos, etc., con que se solía adornar el canto, dándole expresión, movimiento y gracia, en lo cual se echaba de ver la habilidad del artista» . Este método se hizo muy popular en España, postergando a los anteriores a él.

Los diversos ritmos y melodías surgidos de la escuela andalusí forjada por Ziryab, como las zambras, pasarían a América con los moriscos y se transformarían en danzas como la zamba, el gato, el escondido, el pericón, la milonga y la chacarera en la Argentina y el Uruguay, la cueca y la tonada de Chile, las llaneras de Colombia y Venezuela, el jarabe de México o la guajira y el danzón de Cuba (cfr. Tony Evora: Orígenes de la música cubana, Alianza, Madrid, 1997, pág. 38). El mismo tango tiene origen flamenco, voz que según el eminente andalucista Blas Infante (1885-1936) proviene del árabe fellahmenghu: «campesino errante». La mayoría de los flamencólogos, incluso un intérprete y compositor de la talla de Paco de Lucía (nacido Francisco Sánchez Gómez, en 1947, en el puerto de Algeciras), y un cantaor de los quilates de Camarón de la Isla (nacido José Monge Cruz, 1950-1992), afirman el origen andalusí-morisco de su especialidad (cfr. Félix Grande Lara: Memoria del flamenco, 2 vols., Espasa Calpe, Madrid, 1987). La música del Islam igualmente tuvo una influencia evidente en la música culta y religiosa de España, Francia e Italia.

Grandes poetas como Ibn Hazm  y el régulo de la taifa de Sevilla al-Mutamid (1040-1095) adoptan en sus obras una concepción platónica del amor , el que se ha denominado amor espiritual, en árabe hubb udhrí; de la tribu mítica de los Bani Udhra, llamados los «Hijos de la Virginidad», que cita Ibn Qutaibah.

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Según Averroes, la música fue cultivada en Sevilla (al-Andalus) con mucha pasión

Asimismo, en al-Andalus el canto mozárabe había suplantado en las iglesias al visigodo. Donde es muy grande la influencia de la música andalusí es en las famosas Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio (1221-1284), rey de Castilla y León. Este repertorio de más de 400 canciones tiene textos en galaico-portugués y presentan la forma de «zéjel». La mayoría de aquéllas narran milagros de María, la Paz sea con ella.

Los textos se conservan con melodías en tres manuscritos del siglo XIII junto con una rica colección de miniaturas que representan intérpretes con instrumentos musicales. Las miniaturas proporcionan un material inestimable para evaluar los alcances de la mencionada influencia: hay laúdes, rabeles, panderos, etc. El islamólogo español Julián Ribera y Tarragó (1858-1934) realizó pormenorizados estudios demostrando el origen islámico de las cantigas. Véase Julián Ribera y Tarragó: La música de las cantigas de Santa María, Madrid, 1922 (trad. al inglés por Eleanor Hague y Marion Leffingwell, Music in Ancient Arabia and Spain, Londres, 1929); La música andaluza medieval en las canciones de trovadores, troveros y minnesinger, Madrid, 1925: Historia de la música árabe medieval y su influencia en la española, Madrid, 1927. Véase también Lutfi Abd al-Abadi: La épica árabe y su influencia en la española, Santiago de Chile, 1964; Francisco Marcos Marín: Poesía narrativa árabe y épica hispánica, Gredos, Madrid, 1971; L. Comton: Andalusian Lyrical Poetry and Old Spanish Love Songs: the Muwashshah and its Kharjah, Nueva York, 1976; Alvaro Galmés de Fuentes: Epica árabe y épica castellana, Ariel, Barcelona, 1978; Julián Ribera y Tarragó: La música árabe y su influencia en la española. Revisión, prólogo y semblanza biográfica por Emilio García Gómez, Mayo de Oro, Madrid, 1985; Linda M. Paterson: El mundo de los trovadores. La sociedad occitana medieval (1100 y 1300), Península, Barcelona, 1997.

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Rabel que aparece en la cantiga 170 de Alfonso X. como se aprecia en la miniatura la tapa es de dos materiales distintos

En cuanto a la teoría, Al-Kindí  fue el primer gran teórico de la música. Como médico, al-Kindí se dio cuenta del valor terapéutico de la música, ya que, según una narración, trató de curar con ella a un muchacho paralítico, tras haber sido inútil la ciencia de todos los médicos ortodoxos. Sólo han sobrevivido cinco de sus quince tratados sobre música, en uno de los cuales se emplea por primera vez la palabra musiqí, en el título. El precedente creado por este filósofo-músico fue seguido por sus sucesores intelectuales. Todos ellos se ocuparon de la música como rama de las matemáticas, consideradas éstas como disciplina filosófica.

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El Qanún (cítara pulsada)

El más famoso musicalmente fue al-Farabí. Este eminente filósofo shií sobresalió tanto en la teoría como en la práctica. Floreció en la brillante corte de Saif ud-Daula al-Hamdaní de Alepo. Varias tradiciones nos aseguran que inventó el rabab (rabel) y el qanún (cítara pulsada), aunque es muy posible que se limitara a mejorarlos. De su pluma salieron cinco libros de música, uno de los cuales, Kitabu al-Musiqa al-Kabir «El Gran Libro de la Música», es la obra teórica más importante acerca de la música en el Islam. Fue traducida al francés por el erudito Barón Rodolphe d’Erlanger (1872-1932) y publicada por P. Geuthner, París, 1959. A este ilustre filósofo le debemos el Kitabu al-Musiqui «El Manual de la Música». El autor, cuyo interés por la música procedía de su afán por las matemáticas y la física.

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El tarab (en árabe «arrebato», también «estado extático», «embeleso místico»), que dio origen a la palabra «trovador»

A partir de Pitágoras, al-Farabí desarrolló la parte eminentemente acústica y matemática, partiendo de la cuerda, y una especulación cosmogónica que religa con otro hecho, esta vez una palabra, que luego pasó a al-Andalus; el tarab (en árabe «arrebato», también «estado extático», «embeleso místico»), que dio origen a la palabra «trovador»; tarab se empleaba en al-Andalus para designar el cante.

Al-Farabí fue el primero en dar una explicación científica del sonido y en elaborar las reglas para la construcción de los instrumentos musicales.



El último gran teórico de la música en el Islam fue Avicena. Este médico y filósofo incluyó en sus obras filosóficas, sobre todo al-Shifá «La curación»» y al-Naÿat «La Salvación», largos capítulos sobre música. Su aportación radica en la detallada descripción de los instrumentos usados entonces y en el tratamiento de puntos de teoría musical griega que no se han conservado.

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Laúd árabe en una muestra de arte Abasid

«Partiendo de la escala Sino-Iraní, los árabes estudiaron y establecieron la escala natural. Progresaron mucho en la técnica instrumental y en los instrumentos, el rabel, que tocaron los trobadores, la guitarra, el laúd, el tambor, la pandereta y las castañuelas. Ellos construyeron los primeros prototipos del piano y del órgano modernos. Todos estos instrumentos fueron introducidos en Iberia y en Europa Occidental por lo musulmanes». (J.C. Riesler: La Civilización árabe, París, 1955).

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El jardín de Ziryab: el Emir y sus invitados escuchan al trovador. original andalusi del Periodo Almohade siglo XIII

Los instrumentos musicales musulmanes habían sustituido en la Península, y a través de ella en el resto de Europa, a la exigua variedad y primitivismo de los ya existentes: cítara, dulcémele (santur), guitarra, laúd, pandero, rabel, timbal y muchos otros más.

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El jardín de Ziryab: el Emir y sus invitados escuchan al trovador. original andalusi del Periodo Almohade siglo XIII

Igualmente, de estos se derivarían otros que serían fundamentales en la evolución de la música europea. Por ejemplo, del santur iraní, (llamado santuri por los griegos), —una caja de resonancia trapezoidal poco profunda, provisto de 12 a 18 órdenes de cuerdas metálicas y dos hileras de puentes móviles, que el intérprete ejecuta golpeando las cuerdas a ambos lados de los puentes con ligeros macillos de madera—, surgieron los instrumentos de teclado como el clavicordio o clavicembalo a partir del siglo XV, y el piano a partir del siglo XVIII. Esto no significó que el dulcémele o santur pasara de moda ni mucho menos.

A principios del siglo XVIII, el ejecutor alemán Pantaleón Hebenstreit (1669-1750) estaba arrasando en toda Europa con interpretaciones virtuosísimas en su sofisticado refinamiento del dulcémele percutido, y tuvo tanto éxito en París en 1705, que Luis XIV llamaba a ese instrumento «Pantaleón».

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Del qanún islámico —cítara pulseada que tiene de 50 a 100 cuerdas de metal que el intérprete pulsa o rasguea con plectros colocados en los dedos de las dos manos—, nacieron instrumentos como la cítara austríaca (zither) que hizo famosa el notable compositor e intérprete Anton Karas (1906-1985) con su melodía «El tercer hombre» (The Third Man, 1949), tema central de la película homónima del realizador británico Carol Reed.

Los ritmos de la música islámica como la nuba, con sus cinco movimientos, sus semitonos y variados cromatismos, influyeron a ciertos compositores europeos de una manera llamativa. El francés Camille Saint-Saëns (1835-1921), dotado de una excepcional predisposición para la poesía, la pintura, el teatro, la filosofía y la astronomía, —cofundador junto a Massenet y Bizet de la Société nationale de musique (1874)—, empleó aires magrebíes y andalusíes en muchas de sus realizaciones, como por ejemplo en su ópera «Sansón y Dalila» (1868) y en su «Suite argelina» (1879). Saint-Saëns, luego de un viaje por América del Sur, terminó radicándose en Argel donde falleció.



El Islam también tuvo una gran importancia en la obra de Richard Wagner (1813-1883), aunque no fuese sino por el hecho de que su drama «Parsifal» (1882) es la lucha del ideal cristiano sobre la sabiduría del mundo musulmán. Tal como lo menciona su libreto, el sitio que pone en escena el segundo acto de «Parsifal»: el castillo de Klingsor y el jardín encantado se sitúan en la España islámica.

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El Ministerio de Cultura de Marruecos ha grabado la totalidad de los 14 modos musicales (24 en su origen, uno para cada hora del día) en la versión de grandes maestros

Las descripciones de los jardines andalusíes, de Sevilla y Granada o del Guadalquivir, o la nostalgia de los árabes por Al-Andalus después de la expulsión, se escribieron ya en el árabe clásico (muwasha, forma poética de origen andalusí pero formulada en árabe clásico) en el dialecto andalusí de la época. En la Alhambra de Granada pueden verse, grabados en los muros, esos poemas compuestos por sus autores como resultado de su experiencia en España y cuyos textos, transmitidos por la música andalusí, siguen siendo conocidos por los marroquíes de hoy.

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La sultana disfruta del recital que le ofrecen mujeres instrumentistas y cantoras de al-Andalus

Las primeras dinastías árabes en España llegaron con su propio bagaje cultural que con el tiempo alumbró todo el sistema modal y musical andalusí. El Ministerio de Cultura de Marruecos ha grabado la totalidad de los 14 modos musicales (24 en su origen, uno para cada hora del día) en la versión de grandes maestros.

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Asociación entre Washington y los Hermanos Musulmanes

Dentro de la nebulosa de los Hermanos Musulmanes ¿cuáles son las corrientes vinculadas con los Estados Unidos?
Dentro de la nebulosa de los Hermanos Musulmanes ¿cuáles son las corrientes vinculadas con los Estados Unidos?

 

Asociación entre Washington y los Hermanos Musulmanes

 

Los disturbios que sacuden la región árabe vehiculan elementos del plan de los Estados Unidos para paliar el fracaso estratégico de Washington producido estos diez años pasados y para proteger a Israel antes de la retirada de las GI de Irak en diciembre. Está claro que una parte de los hilos deshilvanados actualmente lo han sido estos dos años pasados en coordinación entre la administración Obama y sus principales asociados internacionales y regionales.

Una de las ideas principales estudiadas los dos últimos años se inserta en el principio de la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y los Hermanos Musulmanes. La experiencia turca ha sugerido un modelo de coexistencia entre la adhesión a la OTAN y las relaciones con Israel y los Estados Unidos, al tiempo que tiene en consideración los sentimientos pro-palestinos de la calle turca, Ankara ha sabido encontrar el justo medio entre el recelo de su base popular respecto del Estado hebreo y las consideraciones estratégicas vinculadas con sus relaciones con la OTAN y los Estados Unidos. Pero sin llegar a tomar iniciativas que modificarían radicalmente las relaciones de fuerzas en beneficio del eje de la Resistencia y el Hezbollah y Hammas.

Al parecer la dirección internacional suprema de la Cofradía de los Hermanos musulmanes ha establecido una asociación con los Estados Unidos para replantear su influencia política y económica en la región árabe. El Egipto post-revolucionario será el terreno que servirá de Test a dicha asociación e intentar perpetuar el modelo turco basado en la coexistencia entre la institución militar y un movimiento islamista así como en el compromiso de la cofradía en el respeto de las constantes vinculadas con la seguridad del Estado hebreo y el acuerdo de Camp David luego de las elecciones presidenciales y legislativas. La alianza entre los Hermanos y los restos del antiguo partido en el poder en el referéndum sobre las enmiendas constitucionales corroboran este nuevo esquema. En lo que se refiere al conflicto israelí-árabe, parece que el plan de paz que los Estados Unidos van a imponer reposa en la iniciativa de Brezinski basada en la abolición del derecho al retorno de los refugiados, el intercambio de territorios entre los Palestinos y el Estado hebreo y en un Estado palestino desmilitarizado. Todo depende de la reelección de Obama por un segundo mandato.

El triunfo de este plan depende de varios factores. Su aceptación por parte de Hammas es esencial. Turquía y los europeos se encargarán de convencer al movimiento palestino con la zanahoria y el bastón.

Pero Siria sigue siendo el principal obstáculo al plan de los Estados Unidos consistente en liquidar la causa Palestina. Debilitar a Damasco y anegar a Siria es una condición necesaria. Tanto más se comprende por consiguiente la convergencia de los papeles entre Arabia Saudita, Qatar y Turquía en la crisis siria. Que los dirigentes de los Hermanos Musulmanes sirios vayan y vengan entre estos tres países llamando a la revuelta contra el régimen de Bachar Al Assad desde Estambul, de Riad o de Doha resulta entonces perfectamente comprensible.

Incluso el Primer ministro saliente de Líbano juega un papel en dicho plan. Un documento revelado por Wikileaks demuestra la posición de Saad Hariri respecto del régimen sirio y de los Hermanos musulmanes. En un cable publicado por el diario libanés Al Intiqad,  Saad Hariri refiere a sus interlocutores: “hay que acabar definitivamente con el régimen sirio”, proponiendo una asociación entre los Hermanos Musulmanes y antiguos responsables del régimen, y agrega que la rama siria de la cofradía “ se asemeja en sus características a los musulmanes moderados de Turquía. Aceptan un gobierno civil e incluso sostienen la paz con Israel «… Saad Hariri refiere a sus interlocutores estadounidenses que él mantiene una sólida relación con el guía espiritual de los hermanos musulmanes en Siria (hoy sustituido) Ali Al Bayanouni e insiste ante los Estados Unidos para que “discutan con Bayanouni. Observen su actitud y verán milagros ».

Todos los medios sirven para hacer pasar este plan incluso si es preciso para ello amenazar la unidad interna de Siria con el riesgo de sumergir al país en una guerra civil. Manteniendo a raya al complot que apunta a desestabilizarla, bajo el pretexto de los derechos humanos y de la libertad, Siria habrá minado una vez más un plan destinado a liquidar la causa Palestina y a perpetuar la hegemonía. Para ganar su apuesta, Bachar Al Assad debe superar el desafío de seguridad y estabilidad que representan los grupos extremistas que hacen estragos en su país. Pero también debe promover imperativamente la planificación de verdaderas reformas políticas, económicas, jurídicas y administrativas modernizando su país.

Siria: de la revuelta a la insurreción armada

Desde el comienzo de la contestación en Siria han sido patentes las primicias de una insurrección armada. Los insurrectos se han infiltrado entre los manifestantes que reclaman reformas con el evidente propósito de provocar a las fuerzas del orden que habían recibido instrucciones estrictas de la Presidencia de no disparar contra los manifestantes pacíficos. Con frecuencia los policías eran enviados sobre el terreno sin municiones a fin de evitar fricciones con los manifestantes que podrían llevar a un baño de sangre.

Que un movimiento de contestación pacífico se haya convertido en insurrección armada ilustra el callejón sin salida en el que se encuentran las fuerzas políticas que organizan las manifestaciones en Siria y que en su mayoría son controladas , financiadas o alimentadas por los Estados Unidos, determinados países europeos, el príncipe saudita Bandar Ben Sultan , Qatar, la coalición libanesa del 14 de Marzo así como por Turquía cuya posición oscila entre la confusión y la ambigüedad.

Este callejón sin salida se explica por la incapacidad de los organizadores de de transformar la contestación en movimiento realmente popular a pesar de los medios financieros y mediáticos gigantescos puestos a su servicio. Las ciudades de Alepo, Raqua, Idlib y sus regiones así como la capital Damasco y, en menor medida, Hassaka y Hama, quedan apartadas del movimiento y, a despecho de todas las proclamas, los habitantes de estas regiones rehúsan organizar manifestaciones hostiles al presidente Bachar Al Assad. En otros lugares la movilización es débil y no congrega más que a unos centenares o todo lo más a miles de personas. Por otra parte, es patente el papel central de los Hermanos musulmanes y de los grupos islamistas extremistas toda vez que las mezquitas se utilizan como punto de reunión y de movilización. Ello ha llevado a decir al célebre poeta Adonis, conocido por su escasa simpatía hacia el régimen sirio, que lo que ocurre hoy en Siria no es una revolución.

La alianza arábigo-occidental es incapaz de propiciar un vasto movimiento de contestación, que queda circunscrito a las regiones rurales y agrícolas sirias. Sin embargo, la enorme máquina mediática funciona al máximo todos los días de la semana para movilizar a la población y los Hermanos musulmanes han debido convocar directamente manifestaciones el viernes 29 de abril sin olvidarse de los sermones semanales con connotación confesional del predicador egipcio qatarí Youssef al Qardaoui.

Las fuerzas que fomentan los disturbios se han inclinado de inmediato por la insurrección militar. Armas y dinero han comenzado a afluir a través de las fronteras de Jordania, de Irak y de Líbano y los servicios de seguridad sirios han incautado importantes cantidades de ellas. A continuación han entrado en liza directamente los grupos extremistas takfiristas [1]. en las mezquitas de Deraa, Homs, y Banias y Lattaquié, llamando al Jihad y enarbolando slogans sectarios con el fin manifiesto de exacerbar las disensiones comunitarias para provocar una guerra civil. Unos 80 oficiales resultaron muertos y cientos de ellos heridos desde el comienzo de los disturbios e igualmente se ha producido un gran número de muertes entre los manifestantes abatidos por desconocidos armados con el objetivo de provocar choques con las fuerzas del orden. De este modo, se instaura un círculo vicioso de muertos- funerales—violencias-muertos, imposible de romper.

Las potencias occidentales, en la cabeza Estados Unidos , desconocen totalmente esta dimensión esencial de la crisis que sacude a Siria. Las mismas concentran su intervención en la necesidad de reformas mediante las cuales esperan obligar al régimen sirio a compartir el poder con las fuerzas sirias que ellas financian y controlan, como los Hermanos musulmanes , Andel Halim Khaddam y con algunas fuerzas liberales marginales y cuyo último objetivo es influir en las opciones estratégicas de Siria basadas desde hace decenios en el apoyo a los movimientos de Resistencia anti-americanos y anti-israelíes. La realidad de lo que ocurre es que los extremistas musulmanes takfiristas combatidos también por Occidente con encarnizamiento desde hace diez años disponen de cédulas activas y bien organizadas en el país . Pero en la política de dos pesos, dos medidas, el terrorismo se considera a veces como un azote por desmoronar y otras veces como una fuerza de cambio.

Nadie en su sano juicio puede dar crédito a las declaraciones occidentales respecto de los derechos humanos y la necesidad de reformas, mientras que el ejemplo de lo que ocurre en Bahrein es palpable. En este pequeño reino Occidente ha embozado políticamente y diplomáticamente el aplastamiento de una revolución pacífica y la ocupación militar de la isla por los países del Golfo. Los Estados Unidos y sus aliados árabes y europeos utilizan a los Hermanos musulmanes y a los grupos takfiristas para someter a Siria y cuando hablan de reformas públicamente ponen bajo el tapete una lista de exigencias semejantes a las que había propuesto en 2003 el secretario de Estado Collin Powell las cuales se articulan en torno a los siguientes puntos: romper la alianza con Irán , terminar con cualquier apoyo a los movimientos de resistencia y aceptar una paz carente de equilibrio con Israel.

Lo que Bachar Al-Assad ha rechazado hace ocho años, mientras que 250000 GI’s estaban concentrados en la frontera, no lo aceptará hoy por motivos de agitación interna, lo que no impedirá la prosecución de reformas políticas, jurídicas y económicas con nuevas decisiones en los próximos días.

Traducción Javier Zugarrondo
Fuente New Orient News (Líbano)

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[1] En el islam, el « Takfirismo » es una forma de intolerancia extrema violenta que se caracteriza por su propensión a anatemizar no solo contra los musulmanes sino también contra ,(e incluso prioritariamente) otros musulmanes . En Siria el takfirismo se ha cristalizado contra los alauitas ( que son abultadamente representados en las instancias políticas y militares) y contra los chiítas, particularmente contra el jeque Mohammad Hussein Fadlalah- 1935/2010), líder espiritual del Hezbollah, asimilando su humanismo y su espíritu conciliador en lo que hace a la democracia o de costumbres en la apostasía.

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