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Noche de Dabke – Samir El Sukaría en Espacio San Miguel

En ocasión de concurrir a cenar al Espacio San Miguel, tuvimos el grato placer de disfrutar del show brindado por el querido Samir El Sukaría y la Orquesta Khalil Gibrán.

Degustamos riquísimos platos calientes y fríos y una variedad de postres con el sabor inigualable de la cocina de Oriente Medio, y bailamos con el querido Samo al ritmo de la Khalil Gibrán.

Conozcamos un poco más sobre este joven bailarín cordobés. A continuación una pequeña reseña.


Samir El Sukaria es un joven cordobés, nacido el 8 de julio de 1990, hace 28 años, en la ciudad de Córdoba, Argentina. Accidentalmente argentino y a la vez, orgullosamente argentino, pero ya desarrollaremos este punto.

Activo participante de la Sociedad Musulmana de Córdoba, participante incansable en las actividades de la colectividad árabe en la ciudad, y el más chico de una familia de exponentes religiosos (su padre, Mounif, fue imam de los musulmanes en Córdoba durante más de 20 años), de la gastronomía árabe y, también, de la política.

Samir bailó dabke toda su vida, en fiestas y eventos de la colectividad, propio de un hijo de padre libanés, que se estableció en Argentina en 1975. Hace un tiempo, empezó la formación de dabke en la Sociedad Sirio Libanesa de Córdoba, realizado como hobby con un grupo de amigos. Ese hobby se fue formalizando hasta que algo pasó, un momento donde Samir entendió que el dabke no era solo una danza, que la descripción de arte le quedaba corta, y que, como todo folklore, representa una expresión integral de lo que siente, vive y construye un pueblo.

Mencionamos anteriormente que Samir nació en Córdoba de manera accidental, o más bien por obra del destino, ¿Cómo? Repasemos… La historia de sus padres es típica de inmigrantes. Su madre, Rosa, cordobesa de nacimiento, viaja a Líbano para conocer a la familia de sus padres. Una vez allí, conoció a Mounif, quien se convertiría en su marido y con quien, tiempo después, vendrían a Argentina a conocer la ciudad y la familia. Lo que no sabían, ni planearon, era que justo ese año, 1975, comenzaría una terrible guerra civil en Líbano, motivo por el que la familia se quedaría y se formaría en Córdoba.

Volviendo al presente, llega el momento donde Samir comienza a desarrollar una carrera como solista, después de meses de estudio y asesoramiento de otros maestros, principalmente su gran mentor, Yamil Mustafá, su primer profesor y una leyenda del dabke en Córdoba, el bailarín más importante, al menos, de los últimos 10 años.

Desde ese momento, Samir comienza a abrir sus conocimientos. Se contacta con maestros de Chile, toma seminarios con maestros de la talla de Said Hamdam, Joel Habib Amir Thaleb. En diciembre de 2017, Samir deja el ballet Ikram, (del que formaba parte), y después de muchos meses se vuelve a juntar con su primer maestro, Yamil Mustafá, y con otro bailarín de gran trayectoria, Chibli Bitar, y juntos forman el Ballet Al Sharaf, el cual se instala rápidamente en el mundo árabe en general y del dabke en particular.


A día de hoy, Samir El Sukaria cuenta con escenarios pisados y clases dadas en diversas provincias del país como Córdoba, San Luis, Tucumán, Río Negro y Capital Federal, entre otras, además de ser un referente del dabke en la ciudad de Córdoba y ciudades del interior, tales como Villa Dolores o Justiniano Posse, entre otras.

Junto con el ballet Al Sharaf, comenzaron un segundo año de existencia enorme, siendo convocados para festivales de colectividades en diversas ciudades, brindando espectáculos de manera estable en restaurantes y locales de Córdoba, donde se pueda difundir el dabke, además de dar clases semanales y seminarios por todo el país.

Siempre es un enorme placer ver bailar al querido Samo, el despliegue en cada una de sus coreografías, deja todo en cada show. Los invitamos a verlo en cada oportunidad que tengan.


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Inmigrantes sirios y libaneses en Argentina-Buscando nuestras raíces

En nuestra publicación “Como buscar datos sobre los ancestros sirios o libaneses”, hacemos referencia a la migración siria y libanesa en el siglo XIX hasta 1950. Quisimos ampliar la información y colaborar con todos los descendientes ávidos de conocer sus raíces y el origen de sus familias. No disponemos de datos específicos que los ayuden en esta búsqueda, no obstante queremos compartir con ustedes los datos emanados del Ministerio del Interior de la República Argentina y otros organismos nacionales que a través de la recopilación de dichos datos, simplifiquen la búsqueda de sus ancestros.

Desembarcar en Argentina

El acto de desembarco consistía en el abordaje de una junta de visita a cada barco que llegaba, a fin de constatar la documentación exigida a los inmigrantes, de acuerdo a las normas, y permitir o no su desembarco. El control sanitario también se realizaba a bordo, por un médico asignado a ese fin. La legislación prohibía el ingreso de inmigrantes afectados de enfermedades contagiosas, inválidos, dementes o sexagenarios.

La revisión de los equipajes se llevaba a cabo en uno de los galpones del desembarcadero destinado a ese fin. Para los emigrantes el viaje comenzaba en el momento en que partían de su pueblo natal para dirigirse a los puertos. La partida solía ser un acontecimiento colectivo, en el que eran protagonistas grupos de parientes y paisanos que se dirigían al exterior de acuerdo a un itinerario prefijado.


Hotel del inmigrante

EL Hotel de Inmigrantes fue construido para recibir, prestar servicios, alojar y distribuir a los miles de inmigrantes que, procedentes de todo el mundo, arribaban a nuestro país. El complejo estaba conformado por diversos pabellones destinados al desembarco, colocación, administración, atención médica, servicios, alojamiento y traslado de los inmigrantes. Un conjunto de edificios, como una ciudadela. Se comenzó a construir en el año 1906, por la empresa Udina y Mosca, según proyecto del Ministerio de Obras Públicas.

En 1990, durante la gestión del Presidente Carlos Saúl Menem, por Decreto n° 2402, fue declarado Monumento Histórico Nacional. Se trata de una construcción de cuatro pisos, de hormigón armado, con un sistema de losas, vigas y columnas de ritmo uniforme, que dio como resultado espacios amplios dispuestos a ambos lados de un corredor central. Íntegramente pintado de blanco, se acentuaba en todos los ámbitos la sensación de amplitud y luminosidad.

En la planta baja el comedor, con grandes ventanales hacia el jardín, la cocina y las dependencias auxiliares. En los pisos superiores los dormitorios. Había cuatro dormitorios por piso, con una capacidad para doscientas cincuenta personas cada uno, lo que significa que en el hotel podían dormir tres mil personas.

A los inmigrantes los despertaban las celadoras, muy temprano. El desayuno consistía en café con leche, mate cocido y pan horneado en la panadería del hotel. Durante la mañana, las mujeres se dedicaban a los quehaceres domésticos, como el lavado de la ropa en los lavaderos, o el cuidado de los niños, mientras los hombres gestionaban su colocación en la oficina de trabajo.

Se habían dispuesto turnos de almuerzo de hasta mil personas cada uno. Al toque de una campana, los inmigrantes se agrupaban en la entrada del comedor, donde un cocinero les repartía las vituallas. Luego ellos se instalaban a lo largo de las mesas a esperar su almuerzo. Este consistía, generalmente, en un plato de sopa abundante, y guiso con carne, puchero, pastas, arroz o estofado. A las tres de la tarde a los niños se les daba la merienda. A partir de las seis comenzaban los turnos para la cena, y desde las siete quedaban abiertos los dormitorios.

Cuando ellos llegaban al hotel, se les entregaba un número que les servía para entrar y salir libremente, y conocer de a poco la ciudad. El alojamiento, gratuito, era por cinco días, por “Reglamento”, pero generalmente se extendía por caso de enfermedad o de no haber conseguido un empleo.

Desde mediados del siglo XIX el medio de transporte hacia los puertos fue el ferrocarril, y los barcos a vela fueron siendo reemplazados por los vapores.

Las migraciones más significativas desde Oriente Medio se dieron hacia finales de 1800.

Muestra itinerante del Inmigrante

Provisión de información sobre la llegada de los antecesores extranjeros al puerto de Buenos Aires. Datos tomados de los viejos libros de arribos de barcos, digitalizados por el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA). Período comprendido entre 1882 y 1950. Se entrega un certificado tipo diploma como recuerdo donde figuran entre otros datos el puerto de origen, barco, edad, profesión, religión, estado civil, etc.

Esta base de datos resulta incompleta ya que no se cuenta con información anterior puesto que, en fechas anteriores a 1882 no se registraban los ingresos de inmigrantes a la Argentina. Además los datos asentados en los libros de los inmigrantes, solo eran registrados en el puerto de Buenos Aires, por lo que no existen datos de los desembarcos en otros puertos como los puertos de Bahía Blanca o los inmigrantes que llegaron desde Medio Oriente a Uruguay que por razones de salud o documentación no podían desembarcar en Buenos Aires, y se trasladaron hacia Argentina desde el paso de Concepción del Uruguay provincia de Entre Ríos.

Es de vital importancia contar con ciertos datos que permitan orientar la búsqueda de los ancestros sirios o libaneses aunque no es una regla exclusiva de estos. Pasos sencillos para todos los descendientes de cualquier país de la liga árabe como de Europa.

Si no cuenta con datos relevantes como nombre del barco con el que arribaron a nuestro país, fechas o documentación, puede ser de utilidad el país, ciudad o región de origen. Otro dato importante es la religión profesante. En los países árabes antiguamente los registros se llevaban a cabo en las iglesias. Nacimientos, bodas y fallecimientos eran asentados en los libros de las iglesias, por lo cual resulta importante saber si el origen de su familia desde el punto de vista religioso pertenecía a la religión Ortodoxa, Melkita, Maronita o al Islam (Chiita, Sunita, Druso, Alahuita), para poder ubicar dichos datos en sus respectivas iglesias o mezquitas.


En Siria

Si bien en la ciudad de Damasco existen datos digitalizados, no se cuenta con documentación antigua por lo que contactarse con la iglesia o mezquita del pueblo o región de procedencia podría ser de ayuda. Un dato para tener en cuenta es el de los apellidos. Si tiene conocimiento que su familia permaneció en un lugar determinado por mucho tiempo antes de emigrar a América, tal vez pueda contactarse con familia en el lugar de origen del emigrado. Es así como por ejemplo para el apellido Saleme y todas sus variantes, es probable encontrar familiares en Damasco y pueblos aledaños. Ésta no es una regla exacta ya que muchas personas con ese apellido migraron en forma interna hacia Líbano, entonces provincia de Siria.

En Líbano

Si el origen de su ancestro es libanés y además cristiano, seguramente haya sido Maronita por lo que recomendamos solicitar datos de la iglesia ya sea en Buenos Aires o en la ciudad o pueblo de origen. En América Latina, UCAL, una asociación civil de promoción de la cultura libanesa, puede ayudarlo con la búsqueda, quienes conjuntamente con la iglesia Maronita y mediante el pedido de datos específicos pueden informarle la región de origen de su apellido libanés y además la posibilidad de obtener ciudadanía libanesa.

Una regla importante a tener en cuenta tiene que ver con las costumbres. Recordemos que el apellido se hereda del padre y la religión también. Es así como un padre maronita tendrá hijos que serán educados bajo esa religión. Por lo tanto el origen de su descendencia será del país de origen de su padre.

Otra característica de nuestro pueblo es la de las bodas realizadas entre miembros de la misma familia. No es poco común encontrar un ancestro con apellido materno y paterno iguales.

Por último, sea cual fuere su lugar de residencia, no dude en comunicarse con los consulados del país. Al pie de esta nota dejamos direcciones para su consulta y deseamos a todos y cada uno de nuestros “paisanos” éxitos en su búsqueda.


Notas
Muestra Itinerante

Para solicitar la presentación de la muestra itinerante dentro del territorio de la República Argentina, deberán dirigirse al Coordinador del Programa Complejo Museo de la Inmigración: Arq. Sergio Sampedro
• Horarios de Secretaría: Lunes a Viernes de 9: 00 a 16: 00 hs
• Teléfono: (011) 43 17 02 85 – Secretaría
• E-mail: museodelainmigracion@migraciones.gov.ar

Ministerio del interior de la República Argentina

Web: http://www.migraciones.gov.ar/

UCAL Argentina
Unión Cultural Argentina Libanesa

Web: https://www.facebook.com/UcalNacional/

Embajada y consulado de Líbano en Argentina

Web: http://www.ellibano.com.ar

Embajada de Siria en Argentina

Av. Callao 956
1023 Buenos Aires
Argentina teléfono: (011) 4813.2113
+54.11.4813.2113FAX local (011) 4814.3211
+54.11.4814.3211

E-mail: embajadasiriaba@gmail.com

Con información del Ministerio del Interior de la República Argentina



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El Truco – Juego de naipes con impronta Árabe

Cartas Valencianas, edición de 1778. El caballo de copas tiene escrita una típica frase castiza “Ai va”, (“ahí va eso”, “ahí queda eso”, derivado de la expresión épica “¡va!”: ese héroe, etc.).

Nuestro  juego nacional Argentino, el truco, está basado en la mentira, en la capacidad del adversario de aparentar lo que no es y llevar a su contrincante a una trampa.

Malfud, en la “psicología de la viveza criolla”, observó que el truco “es el único juego que permite  al argentino ser en su mundo como él quiere ser”. Existe algo que hay que apuntar con insistencia: los sueños o la ficción, en este mundo compartido, equivalen a la realidad.

El truco es un juego árabe introducido por los moros en España, donde lo llamaron TRUQUE o truquiflor, vocablo de origen portugués, que, casualmente significa “trampa”. En dichos del truco, publicado por la editorial Salerne, se le define como un juego en que la mayor parte del éxito estriba en engañar a los contrarios haciéndoles creer que se tiene tal o cual juego.Son Buenas, se dirá cuando se perdió el tanto y no se canta para que los demás no conozcan el juego. Venga se le pide al compañero para que no juegue una carta alta aunque la tenga.


Estos datos y reglas, están sacados de los principales orígenes del Juego del Truc, árabe musulmán, por lo que se debería escribir TRUK, que es como lo escriben los moros, de quienes lo heredamos.

Si bien su origen es árabe,  llegó a Valencia y las Islas Baleares, pero aquel truk o truch tiene muy poco que ver con el que se juega en el Río de la Plata, en Valencia la variación más común se juega con 22 cartas.

El truco está extendido principalmente en el Río de la Plata, pero se conoce con variaciones en toda Argentina, en Paraguay, en Uruguay, en el sur de Chile y de Brasil. En este caso se juega con una baraja española de 40 naipes y pueden ser 2, 4 y 6 jugadores, aunque existe una modalidad de 3 (gallo), u 8. Lo más frecuente es jugar dos parejas.

Cartas Valencianas, edición de 1778.

El Truc Valenciano

El Dr. José Peris Celda hace referencia del Truc Valenciano detallando con aforismos propios de la época, el encanto de este juego dándole casi  el título de arte, el arte del engaño.

Los castellanos han adaptado la palabra truco para encubrir el engaño, sorpresa o picardía, etc. Es una cosa que nos sorprende de momento, inesperada; cuando saben el secreto, no tiene nada de particular.

Se emplea esta palabra para expresar muchas martingalas. En el Circo, en los efectos teatrales, en la propaganda y nos atrevemos a decir que la mayor parte de la humanidad, vive del truco. Hasta esos grandes inventos destructores que se fabrican para darse miedo unas naciones a otras, de bombas, satélites, desintegraciones cósmicas, pruebas de artefactos H.I.J.K., también debe tener parte de truco aunque revuelvan la atmósfera para darnos algún disgusto.

Dicen los libros musulmanes, que tenían los moros una baraja entera. Pero en un descuido, la cogieron los chiquillos para jugar a guerras y recortaron los reyes, caballos y sotas, designando el as de oros como símbolo  y el de copas para premio de los campeonatos. Claro está quedaron nada más que las blancas.

Disgustados los moros al ver que no podían hacer partida de brisca, idearon otro juego y de allí nació el TRUC, Truch o Truk, que es una expresión.

Y con las blancas se apañaron, porque a los moros siempre les ha pegado por lo blanco. En fin, sea verdad o mentira, lo cierto es que entre las muchas cosas buenas que heredamos de ellos, el noble, leal, distraído y elegante JUEGO DEL TRUC es una de las mejores. Y  ha echado tantos arraigos en la tierra valenciana y se juega tan re-que-te-bien, que no nos vengan con pókeres, golfos, bridges, tresillos, julepes, etc., pues donde haya una partida de Truc que se quiten los demás.

No queremos decir con esto que despreciemos los nombrados, ya que todos son dignos de nuestro respeto, pero así como con estos se han de buscar combinaciones de reyes y caballos, de ases, doses y treses; escaleras, parejas y muchas cavilaciones, en el Truc con cuatro cartas que tienen valor y solamente 26 en total, se hacen centenares de combinaciones que no las tienen los demás. A cada uno lo suyo.

José Peris Celda, (Valencia, 1958)



Los huecos en la parte superior e inferior de la línea que enmarca las cartas de la baraja española (pintas) indican el palo del naipe. Una línea sin huecos indica “oros”; un hueco es “copas”, dos “espadas” y tres “bastos”.

El juego de los Rioplatenses

Su origen hispánico lo entronca con nuestras raíces más antiguas, siendo su presencia una constante a lo largo de la historia.

Hilario Ascasubi ha empleado sus incidencias y su espíritu en El Truquiflor (c. 1839), y más tarde ha pintado en el capítulo LV de Santos Vega o los Mellizos de la Flor (1872), el bullicio de las partidas:

“…juego en el que eran capaces / de asustar al mesuro diablo, / con los gritos que se daban / al calentarse trucando, / o al echarse un contraflor”.

Para el Borges anterior al 30 – el mismo que reiteradamente lo menciona en El truco, Fundación mitológica de Buenos Aires, Isidoro Acevedo y Barrio Norte– su “mitología criolla y tiránica” ha sido la cifra de todo un mundo y de un estilo vital, cifra que le ha permitido, como afirma en una nota de 1943 a sus Poesías, “aplicar el principio leibniziano de los indiscernibles a los problemas de la individualidad y del tiempo”.

Dice Borges en Evaristo Carriego (1930):

“Cuarenta naipes quieren desplazar la vida. En las manos cruje el mazo nuevo o se traba el viejo: morondangas de cartón que se animarán, un as de espadas que será omnipotente como don Juan Manuel, caballitos panzones de donde copió los suyos Velázquez. El tallador baraja esas pinturitas. La cosa es fácil de decir y aun de hacer, pero lo mágico y desaforado del juego -el hecho de jugar- despunta en la acción. 40 es el número de los naipes y 1 por 2 por 3 por 4… por 40, el de maneras en que pueden salir. Es una cifra delicadamente puntual en su enormidad, con inmediato predecesor y único sucesor, pero no escrita nunca. Es una remota cifra de vértigo que parece disolver en su muchedumbre a los que barajan.

Así, desde el principio, el central misterio del juego se ve adornado con otro misterio, el de que haya números. Sobre la mesa, desmantelada para que resbalen las cartas, esperan los garbanzos en su montón, aritmetizados también. La trucada se arma; los jugadores, acriollados de golpe, se aligeran del yo habitual. Un yo distinto, un yo casi antepasado y vernáculo, enreda los proyectos del juego. El idioma es otro de golpe. Prohibiciones tiránicas, posibilidades e imposibilidades astutas, gravitan sobre todo decir”.

Con información de Acá nomas


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