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Maronitas: Están entre nosotros, pero ¿les conocemos?

©Violaine Martin-UN Geneva-CC

¿Quiénes son y qué influencia tienen los católicos de este rito oriental en el continente americano?.

El mexicano Carlos Slim es un famoso empresario que desde hace años es considerado uno de los hombres más ricos del mundo. Hasta ahí una historia bastante difundida y conocida. Sin embargo, Slim presenta otra característica que por muchos ha pasado desapercibida y que es menos expandida, pues si bien nació en Ciudad de México es descendiente de libaneses y es cristiano maronita, o sea, que pertenece a la rama oriental de la Iglesia católica.

De los 13 millones de cristianos maronitas que hay dispersados en otras regiones del mundo, se estima que 8.9 millones están en América Latina. Una de las comunidades de maronitas más grandes del continente se ubica en Brasil con 5,8 millones de miembros.

América Latina se convirtió en una tierra de esperanza para estos inmigrantes de ascendencia árabe, pero de confesión cristiana, y hasta el día de hoy siguen marcando presencia.

Recientemente, el papa Francisco le encomendó a Fadi Bou Chebel, un sacerdote maronita de origen libanés, construir una diócesis en Bogotá (Colombia) dirigida a la comunidad siria-libanesa-palestina.

“Tengo que preocuparme por los descendientes de la colonia siria-libanesa-palestina para conservar nuestras raíces y nuestra, digamos, espiritualidad oriental, para eso tengo que fundar una diócesis maronita en esta tierra”, señaló a El Comercio de Quito en esa oportunidad.

En ocasión de una visita a Ecuador, este sacerdote maronita pidió rezar por las víctimas del terremoto que afectó el país el 16 de abril de 2016.

“Estoy muy emocionado. Doy gracias a Dios por que nuestra colectividad no quedó cerrada sino que se abrió al país que lo recibió, que esta comunidad ha hecho el bien para la sociedad ecuatoriana; eso es parte de nuestra misión”, agregó.

Bou Chebel se comprometió a seguir visitando el país con bastante frecuencia.

A nuestro lado, pero poco conocidos

¿Pero quiénes son los cristianos maronitas y qué influencia han tenido en el continente? La respuesta es amplia, pero aquí van algunas pistas.

San Marón es el nombre clave. Estos cristianos católicos le deben a él su denominación, pues fue un monje que vivió cerca de Antioquía en el siglo IV –se relacionó con figuras como San Basilio y San Crisóstomo– y es calificado por muchos como un hombre santo, firme y defensor de la fe católica en oriente.

Durante su tiempo había una polémica que dividía a la Iglesia en torno a la figura de naturaleza de Cristo y para mantenerse al margen, Marón se retiró a una zona aislada montañosa y formó una comunidad de fieles, precisamente llamados maronitas.

Luego de la muerte de San Marón (año 410) sus discípulos crecieron en número y formaron el “Convento de San Marón”.

Hacia el año 510, varios miembros de la comunidad sufrieron persecución por temas doctrinales y de parte de quienes no aceptaron la fe católica definida en el Concilio de Calcedonia, llegando incluso hasta a haber mártires.

Con el transcurso de los años, integrantes del pueblo del patriarcado de Antioquía tuvieron que huir a los valles del Líbano donde formaron la Iglesia maronita y san Juan Marón estuvo al frente, siendo el primer patriarca maronita y de todo oriente.

Fue recién en el siglo XVI cuando los maronitas se integraron a la Iglesia católica.

Hoy en día los maronitas están en comunión con Roma, siempre fue fiel y unida al Papa, e incluso actualmente el patriarca maronita se llama Nasrala Butros Sfeir, siendo al mismo tiempo cardenal y por ende “papable”.

Los cristianos maronitas practican el rito oriental, por lo que la liturgia está vinculada a la tradición oriental y emplea el árabe y el arameo (además del español en países de habla hispana), especialmente en la consagración, idioma que hablaba Jesús.

“El rito de la Iglesia maronita tiene una riqueza muy amplia y tradición de la espiritualidad de los primeros padres de la Iglesia, la espiritualidad del ascetismo, del sacrificio para que el cuerpo del ser humano sea purificado por la penitencia, la oración y el silencio”, explica el sitio web de la Iglesia Nuestra Señora del Líbano en México.

Justamente, si bien las principales comunidades están en Siria y Líbano, hay un gran número de emigrantes alrededor del mundo y América Latina es uno de los lugares de mayor refugio para sus creencias y tradiciones.

Fuerte presencia en Argentina, Brasil y México.

No solo Slim es un personaje conocido (hijo de cristianos maronitas) y de origen libanés o ascendencia árabe. En América Latina hay muchos y provenientes de diferentes ámbitos que van desde la cultura hasta la política.

Dentro de este último espectro uno de los más conocidos es el expresidente de Argentina, Carlos Saúl Menem (1989-1999), hijo de sirios (su madre era cristiana maronita). En Brasil, hasta el propio presidente interino Michel Temer es descendiente de libaneses; en este caso, al igual que Slim, también hijo de cristianos maronitas.

¿Sabías que Shakira, la famosa cantante colombiana, también tiene ascendientes libaneses?  ¿Y Ricardo Darín, el reconocido actor argentino ganador de varios premios internacionales? También.

Los ejemplos son muchos y la lista podría continuar.  Pero en cuanto a los cristianos maronitas, en Brasil se encuentra la mayor comunidad.

La eparquía (circunscripción territorial bajo la autoridad de un obispo, sinónimo de diócesis para la Iglesia católica occidental) en ese país data del año 1962.

El primer obispo (o eparca) en Brasil fue Francis Zayek y su particularidad radica en que fue el primero de esta jerarquía nombrado para la diáspora, o sea, fuera del patriarcado maronita en Oriente Medio.

Tomó posesión de la sede de San Pablo, uno de los lugares más influidos por los maronitas en ese país.  Por ejemplo, en esta ciudad la influencia llegó hasta la ciencia y la medicina. Uno de los mejores hospitales del país es el “Sirio- Libanés”.

En Argentina, un claro ejemplo de la presencia maronita es la majestuosidad de la catedral de San Marón en Buenos Aires, lugar muy concurrido por ellos. Fue erigida a principios de siglo con piedras traídas desde  Líbano.

Si bien hace más de 100 años que están presentes en ese país, recién hace poco la comunidad pudo desarrollar esta magnífica obra arquitectónica.  Su obispo emérito es Charbel Merhi, que vive como eremita en  Líbano.

Por otra parte, en Argentina hay un famoso caso, el de Nínawa Daher,  una periodista y abogada católica fallecida en el año 2011 cuya causa se estudia como posible camino para beatificación. Su madre fundó la  Fundación Nínawa Daher -Por una vida digna.

Además, en este país, los miembros de esta comunidad no son ajenos a lo que está sucediendo actualmente en Oriente Medio con los campos de refugiados.

Recientemente lanzaron, en conjunto con la comunidad libanesa en el país, una campaña de apoyo a los refugiados que viven en los campamentos en esa parte del mundo.

“Nos parece que el modo más conveniente para ayudar de forma responsable no es traerlos a un país tan lejano como Argentina, sino brindarles toda la asistencia humanitaria posible en los países donde están refugiados para que puedan vivir de un modo más digno”, expresó Juan Habib Chamieh OMM, administrador apostólico de la eparquía (diócesis) San Charbel en Buenos Aires de los maronitas en la Argentina.

Los maronitas también tienen presencia en México y otros países del continente, un poco menor como Estados Unidos, Canadá, Uruguay e incluso Colombia con el impulso que le quiere dar Francisco.

¿Y en cuanto a la influencia de los maronitas?

Sin lugar a dudas los católicos maronitas que desembarcaron en América Latina dejaron su huella y eso se trasluce en simples ejemplos de personas con descendientes de esa comunidad influyentes tanto en el ámbito político como cultural.

Pero también dejaron su marca  en otros niveles, como en Brasil en cuanto a la medicina, y confirmaron que América Latina fue un lugar seguro para seguir difundiendo sus costumbres y creencias a pesar de las barreras de índole idiomática.

Brasil fue la principal puerta de entrada de los árabes cristianos en el continente durante una fuerte ola de inmigración que hubo a finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX escapando de serios problemas, como la persecución religiosa de las  minorías católicas maronitas a manos del Imperio Otomano.

En el continente no encontraron mayores trabas para su desarrollo personal e incluso laboral. Muchos se dedicaron a lo que más sabían: el comercio y por ahí una de las pistas de su huella.

En tanto, el hecho de que muchos de estos inmigrantes fueran precisamente católicos maronitas a nivel de creencias tampoco les ocasionó mayores inconvenientes, pues la mayoritaria en América Latina también es la católica.

Así pues, los cristianos maronitas pisan fuerte en el continente. Y la historia de acogida parece que continuará, pues América Latina sigue siendo de puertas abiertas y sin mayores trabas legales para muchos que tienen esperanzas en un futuro mejor, máxime con la actual crisis de refugiados que se vive ahora en aquella región tan castigada del mundo.

Por Pablo Cesio
Con información de Aleteia

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Nuestra Señora de Líbano, corazón del país de los cedros

 

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«Tierra de contraste y tierra de contacto, tierra de Oriente, tan próximo a Jerusalén que reverbera con su luz; Tierra de Asia, conquistadora y conquistada, hollada por las grandes migraciones humanas; tierra de Occidente, también, enfrentada de un cabo al otro con el Mediterráneo; Tierra que recuerda haber sido madre de Cartago, antes de ser griega, romana o bizantina»; Tierra que dio a luz los primeros elementos de la cultura humana y donde las obras y los edictos de los grandes jurisconsultos de Beritu –Beirut de hoy- hicieron el derecho romano; Tierra excelente, del lado allá del Jordán, que Moisés pidió a Dios le dejase ver para contemplar las hermosas montañas del Hermón; Tierra cuyas bellezas contaron los poetas del Antiguo Testamento; Tierra santificada al recibir a Cristo en unas de sus más antiguas ciudades, Tiro y Sidón; Tierra por último donde las diversas confesiones religiosas gozan de una convivencia armoniosa y forman un «mosaico», único en el mundo. Ahora bien, esta tierra tan evocadora y tan venerada, es tierra de María. María, siguiendo los pasos de su Hijo, quiso fundar en ella su reino, de amor y de bondad, como Cristo, pisando esta misma tierra, quiso revelarse a los gentiles que vinieron a formar el principal elemento de su reino.

El Líbano, es Tierra y Reino de María por un derecho sagrado y divino que nadie podrá negar. Así el Espíritu Santo llama a su esposa: « ¡Ven conmigo del Líbano, esposa mía, ven desde el Líbano! Desciende desde la cumbre de Amaná desde las cimas del Sanir y del Hermón, desde la guarida de los leopardos» (Cant. 4,8). Y Ella misma clama por la boca del Eclesiástico, diciendo: « «Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en el monte del Hermón» (Eco. 24,13). En esas figuras como en muchas otras los santos Padres atribuyen a María las expresiones que los autores sagrados han querido ver en la Madre del Rey, la Reina del Líbano, la tierra más hermosa que conocían.

Viene la Iglesia continuando la palabra del Espíritu Santo, y se complace en atribuir a María las bellezas del Líbano. Así, el Libro de la Liturgia de las Horas, en la Iglesia latina dice, celebrando una de sus fiestas: «El olor de su vestido es el olor del Líbano». La Iglesia maronita la invoca añadiendo a sus letanías: «Cedro del Líbano ruega por nosotros». Y no faltan textos en todas las liturgias, occidentales como orientales, que abundan en alabanzas similares, repitiendo con las generaciones, la gloria de María.

Ese derecho sagrado de María a reinar sobre la tierra del Líbano, lo reconocieron los siglos, y fue aceptado oficialmente y con gozo por el pueblo libanés, con sus diversas confesiones religiosas, por sus jefes espirituales y civiles, confiriendo, así, a la Reina celestial, el pleno dominio sobre una tierra amparada por su protección y tutela.

No cabe duda, el Líbano pertenece a María. Ella, en efecto, conquistó esa tierra, «quebrantando los altares de los ídolos, derribando los templos de los gentiles y secando las corrientes de sangre de los mártires», convirtiendo así un pueblo pagano del reino de Astarté, en un ejército de cristianos que luchan bajo el estandarte de Cristo. Y como en toda conversión, María era la Mediadora; gracias a Ella queda en Oriente, tierra de la divinidad, «un resto cuyas rodillas no se han arrodillado ante Baal y cuyos labios no le han besado».

En signo de reconocimiento, los cristianos del Líbano han inmortalizado el nombre de María, construyendo templos dedicados a Ella y consagrando sus vidas para servirla. Más de la mitad de los templos del Líbano son puestos bajo su protección, y existen hoy en el Líbano cerca de mil trescientas iglesias con más de tres mil altares que llevan todos el nombre de Nuestra Señora. Y es muy típico del libanés atribuir a la Virgen nombres que responden a una ansia de los cristianos deseando que María reine sobre toda la tierra de su país y acuda a todas a las necesidades de su existencia. Así, se complace en invocarla con toda sencillez: «Nuestra Señora de la Luz, del Mar, del Viento, del Monte, del Valle, del Campo, de la Selva, del Manantial, de la Roca, de la Sequedad, del Puente, de la Plaza del Barrio, de la Caverna, de las Mamas, de la Siembra, de la Liberación del Ermitaño, de los Desamparados…» Todos esos nombres gustan a María, porque ella quiere atender a todas las necesidades de su pueblo. Además, los libaneses, llenos de confianza en su Reina, y debiendo luchar con todo género de males, han guardado hacia Ella, una devoción intensa y profunda. No hay casi ningún cristiano que no pertenezca a alguna cofradía o a una asociación mariana o que no lleve su escapulario o una de las medallas de la Virgen. Y todos, en todos los detalles de su vida, aún los más pequeños, acudan al santuario de «Mariam», y cada uno según su rito y las costumbres de su región, le implora para remediar sus necesidades: El débil que necesita protección, el desgraciado que pide justicia, el enfermo que desea la salud, el perseguido que busca un refugio, el pastor que pierde una cabra, el obrero que lleva su pesada carga, la madre que ve su hijo en peligro, el padre de familia que teme la pérdida de su cosecha, el pecador que se aproxima su hora, todos claman: “Ya Mariam el Azra” (Oh Virgen María). Y Nuestra Señora aparece en su santuario investida de poder ilimitado…” Todo se hace con Ella y nada sin Ella. Se podría decir una monarquía absoluta que tiene en mano las necesidades de una región…»

Pero los cristianos no acuden a la Virgen solo en sus necesidades temporales, sino que la invocan especialmente cuando su fe está en peligro. De hecho, la persistencia en la fe católica pura, procedente directamente de los Apóstoles, que la mayoría de los cristianos libaneses conservaron, a pesar de las persecuciones atroces que sufrieron, no se explica, atendiendo a la historia, sin la intervención directa y palpable de María. Renan, el célebre escritor y poeta francés que visitó el Líbano a finales del siglo XIX, nos trae un sublime testimonio de esta verdad patente, diciendo: «El culto de la Virgen es muy profundo en la raza del Líbano y forma el mayor obstáculo contra los esfuerzos de los misioneros protestantes en su país. Ellos pueden ceder en todos los puntos, pero cuando se trata de renunciar a la Virgen, algo más fuerte que ellos, los detiene».

La jerarquía eclesiástica en el Líbano, continuando la cadena apostólica de los Patriarcas de Antioquía, primera sede de San Pedro, y conservando así, con toda fidelidad, la fe tradicional de los primeros santos Padres, reconoce, también, con el ejemplo de su vida y con sus exhortaciones a los fieles, a María como Reina del país de los cedros, que acoge en sus entrañas a varios patriarcas, católicos y separados, que pusieron, todos, sus sedes bajo la protección de María. El célebre valle Qannubin, donde los patriarcas maronitas encontraron en sus grutas un refugio seguro contra las persecuciones, es llamado el valle santo «Qadisha», sitio acogedor a los pies de los históricos cedros del norte del Líbano, que evoca toda una historia de heroicos santos, que pasma al espectador, en medio de un trágico e imponente silencio, repitiendo a sus oídos la voz de Dios a Moisés: «Descálzate las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás es tierra santa». Pues allí en esta tierra santa que recibió en sus cavernas y grietas a los jefes de la nación maronita, escapando a la violencia y al filo de la espada, allí donde la providencia y el poder de María aparecieron con todo su esplendor, amparando en los difíciles tiempos de la persecución a patriarcas y obispos que según la expresión del escritor: mencionado Renan «No tenían sino cayados y pectorales de madera pero eran obispos de oro, que ponían la Madre de Dios sobre su sello y se apropiaban los textos bíblicos sobre María y el Líbano, que se consideraban como los representantes de la Virgen en su Montaña y tenían una singular devoción al santuario de Qannubin».

Son famosos, también, los santuarios marianos de Ntra. Sra. De Ain – Terez, de Bzummar, de Charfe, donde tienen su residencia los respectivos Patriarcas católicos de los Melquitas, de los Armenios y de los Siríacos, compañeros de los Maronitas en la lucha para defender su fe y su libertad, bajo la mirada misericordiosa y providencial de María, «Gloria y Reina de nuestra nación, senda de los patriarcas, cedro de nuestra fe y manto para nuestros infortunios», según decía uno de estos patriarcas. No faltó tampoco, la voz de los papas y sus delegados para proclamar a María como Reina del Líbano: No es muy lejano el testimonio de Pío IX, otorgando 150 días de indulgencia a quien rinde homenaje a Ntra. Sra. de la Liberación en Bikfaya, invocándola, «Reina del Líbano, ruega por nosotros». Y todavía permanece viva la memoria de Mons. Duval, el mencionado Delegado apostólico en el Líbano quien decía después de la decisión de construir el santuario Ntra. Sra. Del Líbano en Harissa, centro de peregrinación de todo el Oriente: «Ella aparece de lejos como Reina y protectora del Líbano».

No quedando satisfecho de todas estas manifestaciones de amor y gratitud hacia la Virgen, el Líbano quiso reconocer oficialmente a María como Reina suya. Y en al año 1954 todo el país se conmovió de alegría, cuando el Presidente de la República del Líbano, el Dr. Camille Nemer Chamoun, en presencia del representante de su santidad el Papa Pio XII, el entonces Cardenal Roncalli, futuro Papa y actual Beato Juan XXIII, coronó, en nombre de toda la Nación libanesa, y del modo más solemne, a Ntra. Sra. Del Líbano a Harissa, reconociendo oficialmente un derecho que Dios y la historia de un pueblo habían consagrado.

Esta solemne coronación era un acto extraordinario, en un país donde la mitad de la población no es cristiana. Pero María, Madre de todo el género humano, toma bajo su protección a todos los que acuden a ella; y en un país como el Líbano, donde la diversidad de confesiones religiosas llega hacia el extremo de 18 comunidades de fe, era necesario tener una reina que sea madre.

En realidad, María, Madre tiernísima no ha confundido a nadie que se aproximó de Ella, pidiendo su ayuda. Testimonio de ello, es el Santuario de Harissa, llamado con razón, Lourdes de Oriente, donde sobre el monte, la Reina del Cielo como un cedro del Líbano lució como la estrella de la mañana, enviando sus resplandores a toda la tierra del Oriente, llamando a Ella gentes de toda confesión y de todo país. Allí vemos, entre otros, a las grandes autoridades del país y jefes espirituales de la religión, muchas de las personalidades distinguidas, musulmanes y cristianos, todos vienen para rezar a los pies de su Madre y Reina y vuelven llenos de esperanza y de satisfacción.

Así vemos que el Líbano entero, por sus valles y sus montes, su pueblo y sus jefes, particular y oficialmente, reconoce a María como Reina y Madre suya a la vez. Esa es la característica del Reino de María, que no es a base de fuerzas y de hierro, sino con la misericordia y la ternura de una madre.

María, Reina del Líbano, es la única reina poderosa que pudo defender su independencia. A pesar de las innumerables invasiones de los diversos pueblos, el Monte Líbano, patria de los primeros Maronitas que dieron existencia y valor al Líbano, haciendo de sus rocas una tierra fértil, conservaba siempre una relativa independencia que los invasores intentaban en vano abolirla. Llegaba el peligro, un grito a María era suficiente. Los soldados iban a la lucha, llevando su escapulario, recitando sus letanías y rezando en voz alta el rosario. Ahora, gozando el Líbano de su actual independencia, la Virgen sigue siendo la protectora de sus derechos, frente a los enemigos. Cuando la insurrección del año 1958, el país parecía en peligro, el pueblo, fiel a sus costumbres, acudió a María antes que el Estado acudiese a la sexta flota americana, y gracias a Ella el Líbano aseguró la victoria. Y cuando la última guerra civil, que azotó trágicamente al Líbano durante 17 años de sangrientas luchas fratricidas, amenazaba acabar con la existencia del Líbano, la mano mágica y bondadosa de María, la Reina Madre, puso fin al derramamiento de sangre y actualmente, el pueblo libanés busca firmar su plena independencia con habilidad y sabiduría que la Virgen inspira a sus hijos y les ayuda a conservar el Líbano como un oasis de paz y de concordia en medio de una región convulsionada por el odio y la discordia. Tenemos la absoluta confianza que finalmente María encontrará el camino más justo y más conveniente de pacificar la tierra de la región que ella amó con su Hijo.

Así, el Líbano nunca olvidará los favores de María porque a Ella debe su existencia y su fama. La gloria más alta de este país, no es su historia milenaria, con las ciudades de sus riberas, ni los templos de Biblos o de Heliópolis, ni el descubrimiento de la púrpura, o la invención del alfabeto, y del “papirus” (Papel), sino que toda su gloria está en estas palabras de Isaías: «Le será dada la gloria del Líbano» (Is 35 02)

El Líbano, Tierra y Reino de María, lo es y seguirá siendo siempre, y si, por desgracia, Dios permitiera que esa tierra de María cayera en manos de algún enemigo, María seguirá siendo Reina de los libaneses, porque Ella reina en los corazones de sus hijos. Y los libaneses, estén en su patria, o fuera de ella, son siempre los heraldos de María en el mundo; y donde haya un libanés, allí ondea la bandera del Líbano.

Mons. Charbel Georges Merhi

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Por un centro libanés maronita en Mendoza

Un censo y poner en valor la cultura y el idioma árabe son algunos de sus objetivos.

Ayer se celebró el 71ª aniversario de la independencia del la República del Líbano, en la parroquia San Juan Marón, ubicada en Godoy Cruz. ©Los Andes
Ayer se celebró el 71ª aniversario de la independencia del la República del Líbano, en la parroquia San Juan Marón, ubicada en Godoy Cruz. ©Los Andes

Ayer se celebró el 71° aniversario de la independencia de la República de Líbano y uno de los actos que se realizaron en Mendoza para evocar la fecha fue una solemne misa en la parroquia San Juan Marón de Godoy Cruz .

El aniversario patrio fue oportuno para tratar otra vez la intención del cura párroco de ese templo, padre Pedro Chwah, de crear un centro libanés maronita en la provincia.

«La parroquia maronita de Mendoza -explicó Chwah, quien hace 6 años que está en el medio, tiene por obligación fortalecer en cada uno de sus feligreses el sentido de su identidad como maronitas, y propiciar una toma de conciencia de nuestra pertenencia a una diócesis argentina, encabezada por nuestro obispo monseñor Juan Habib Chamieh» (quien reemplazó en el cargo a Charbel Merhi).

El párroco, quien además es superior de la Misión Libanesa de Mendoza, dijo que uno de los aspectos cruciales de la institución que se quiere fundar será efectuar un censo. «Debemos encontrar un perfil de la población maronita en Mendoza para ayudar a entender mejor el tamaño de la comunidad maronita y su distribución geográfica«.

Para encausar las reuniones, las familias de origen y las descendientes fueron invitadas a nominar a sus representantes.

Es difícil saber cuántos libaneses hay en Mendoza. Se sabe que las colectividades más grandes son la italiana y la española, y en la actualidad probablemente le siga la boliviana, pero con menos años de radicación en nuestro suelo. En principio a partir de los ’60. En cambio, la inmigración libanesa comienza a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando una gran cantidad de ciudadanos de la nación del Mediterráneo emigra de su tierra natal buscando escapar de la pobreza, la marginación y los conflictos internos. Muchos vinieron a la Argentina, y en especial a Mendoza.

También se propone revitalizar la educación cultural libanesa, con clases de idioma árabe, grupos de folclore y sesiones de cocina libanesa, entre otras iniciativas.

«La mayor aspiración -añadió el sacerdote- sería llegar a abrir institutos para garantizar que la lengua y la cultura no se pierdan, y para enseñar el espíritu y las tradiciones maronitas a nuestros niños«.

Enseñar el idioma árabe es importante no solo linguísticamente, sino también como ayuda a los niños para comprender los códigos culturales del patrimonio libanés.

Pese al «apostolado abierto» sostenido por Chwah, no todas las personas afines a la colectividad del «país del Cedro» contestaron a la consulta de este diario. Algunas señalaron que querían conocer más sobre la entidad en formación antes de definirse. Otros dieron su opinión.

El vicepresidente de la Unión Cultural Argentino Libanés de Mendoza (UCAL), Aldo José Canaán, no se encuentra en Mendoza y participó en Buenos Aires de la celebración de la independencia, en acto presidido por el obispo maronita en Argentina, Juan Habib Chamieh. Canaán, consultado vía telefónica, manifestó: «Hoy en  Argentina se están creando organizaciones que apoyan a los libaneses y sus descendientes pensando en fortalecer sus lazos con las raíces y encontrar a sus familiares en el Líbano. Desde UCAL le damos la bienvenida a todos aquellos que, con un espíritu amplio y solidario, trabajen en forma positiva por toda la comunidad libanesa en Argentina«.

En tanto, Guillermo Boustani (63) comentó que «es importante ayudar a los más jóvenes a entender y mantener la cultura de la tierra de origen de sus mayores y a conservar el idioma«.

La docente Verónica Naman (52) afirmó que «un centro puede ser aceptable«, al tiempo que se pronunció por un Líbano católico apostólico maronita.

Gestiones por sede de congreso nacional

El presidente de la Sociedad Libanesa de Luján de Cuyo, Daniel Juan, comentó a este diario que se está preparando un congreso nacional del libanismo en Mendoza.

El encuentro, según el dirigente departamental, se produciría entre abril y mayo del año próximo. Comentó que existen conversaciones con la Embajada de Líbano en Buenos Aires y monseñor Habib Chamieh, administrador apostólico de la eparquía San Charbel de los Maronitas en Buenos Aires.

También participa la Fundación Argentino Cristiana Libanesa (Fucal). En Mendoza, la que se encarga de organizar el evento es la UCAL de mayores y la rama juvenil.

Con información de Los Andes

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Difunde Keyrouz paz con su voz

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México, D.F.- Canta con devoción en arameo, griego, árabe y hasta en bengalí, igualando con su voz la belleza áurea del Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana, que le sirve de escenario.

Sor Marie Keyrouz (Líbano, 1963), acompañada por músicos y cantantes del Ensamble de La Paz, que ella misma fundó hace tres décadas en Beirut durante la guerra, abre el concierto con su composición Magnificat.

Su voz se conserva tan tersa y potente como hace 30 años, asegura el escritor y sociólogo Carlos Martínez Assad, de ascendencia libanesa.

La monja libanesa transmite su fervor al interpretar Aboun Dbasmayo (Padre Nuestro), Ila Mata ya Sayyidu (¿Hasta cuándo te podré esperar, Señor?) y Ya Sayyida Hayati (¡Oh, Señor de mi vida!), esta última con texto de Rabindranath Tagore.

Como prueba de su dominio vocal canta a cappella una obra de la tradición bizantina Christos Anesti (Cristo ha resucitado) en este concierto dedicado a la memoria de Guillermo Tovar de Teresa (1956-2013).

«Es una extraordinaria voz. Seguramente a todos los que la escuchamos nos lleva a un ánimo de mucha paz, muy a tono con el momento que como familia hemos vivido la pérdida de Guillermo», opina su hermano, Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Con información de : El Golfo

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Uruguay:estudio sobre la inserción social de palestinos y libaneses

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«En la frontera Uruguay-Brasil se está produciendo una re-islamización producto del exilio», afirma Mangana.AP

Poco y nada se conocía hasta ahora sobre la vida e integración social del colectivo árabe musulmán en las fronteras de Rivera y Artigas. Una ambiciosa investigación liderada por la experta en Medio Oriente, Susana Mangana, echa luz sobre el día a día de libaneses y palestinos, y aborda temas tan variados como la vigencia de sus tradiciones, el rescate de historias personales, el arraigo del Islam y la situación de la mujer.

«Necesitábamos documentar historias de vida pero también trabajar sobre la inclusión social de estos colectivos de inmigrantes. Me interesaba fundamentalmente desmitificar o comprobar los rumores y sospechas que siempre se dan en todo aquello vinculado a Medio Oriente y el Islam. Es positivo saber qué colectivo árabe musulmán existe y reside en territorio uruguayo», explicó Mangana a El País.

El Censo no recoge estadísticas sobre religión por lo que no es posible determinar el número de musulmanes en Uruguay.

Por su formación, Mangana incluye en su investigación académica una dimensión política.

En un artículo publicado por la Revista Brasilera de Historia de las Religiones, Mangana señaló que «debiera interesar a los gobiernos tanto de Brasil como de Uruguay, saber quién financia la llegada e instalación de imanes o guías educadores desde Mozambique o Sudáfrica (que ella entrevistó en Quaraí y Santa Ana do Livramento). Y ello porque su visión particular de cómo debe practicarse la fe va a moldear a los musulmanes exiliados, en especial conversos/revertidos y a los que habitan en la frontera, que muchas veces cargan con el sentimiento de lejanía o abandono por parte de centros islámicos instalados en capitales como San Pablo o Río, y por tanto están deseosos -y más receptivos- de consumir este tipo de reeducación en las enseñanzas coránicas». Mangana entrevistó al imán de la mezquita de Santana, Jalil Dinath, maestro de educación primaria en estudios islámicos, quien dijo que su misión «es consolidar a los musulmanes que viven en un ambiente y país no musulmán». El artículo acota que en su caso su salario y viaje son costeados por la fundación Dar Al Ulum Zakariya en Johannesburgo.

«Una vez que estos musulmanes son fuertes serán un imán de atracción para otros, incluidos los conversos», aseveró el imán Jalil.

Consultada al respecto, Mangana aclaró que su investigación es académica y no tiene la intención de «alertar» sino que, por su formación, tampoco puede hacer caso omiso a «ruidos» detectados que pueden ser un problema hacia el futuro.

«Traslado la interrogante porque no quiero quedarme con la incógnita. Puede haber una intención de reeducar a la sociedad musulmana en el exilio, pero ¿quién los financia? Si sabemos quiénes están financiando también sabemos cuál es su ideología, qué visión del Islam tienen. Si es una visión que intenta acoplarse a la sociedad actual o si es una visión rigorista, una interpretación literal del Corán, lo cual creo que para una sociedad occidental, plural y positiva frente a la modernidad como la uruguaya o la brasilera terminaría siendo muy reduccionista», explicó.

Mangana sostuvo que no debe percibirse al Islam en clave de amenaza, pero tampoco es posible desconocer la existencia de grupos que han contribuido a demonizar al Islam y mostrar una imagen «injusta» con «una fe que también profesa enseñanzas y tiende a la búsqueda de la paz».

«No porque yo enseñe sobre el Islam tengo que desconocer que hay ciertos grupos e integrantes de esta fe que sí son una amenaza para nuestro estilo de vida, valores y la convivencia en la región. Es mi deber como académica alertar que se debe estudiar más, no para hacer una caracterización del individuo, sino para conocer los datos reales. De esa manera dejaremos de usar cifras falsas, rumores o dejaremos de alarmarnos cuando se nos alerta de un posible peligro de atentado en territorio uruguayo», opinó.

La experta agregó que, a su consideración, este proceso de reeducación está en una etapa «incipiente». «No estamos diciendo que haya que tener cuidado, simplemente hay que conocer la realidad más a fondo para saber si procede preocuparnos o son simplemente personas que quieren practicar mejor su fe», indicó.

En ese sentido, afirmó que quienes deben velar por la seguridad serían «negligentes» si no se ocupan de conocer quiénes lideran los sermones y qué tipo de sermones se dictan en la frontera. «Hay que aprender de las lecciones en Europa. No debemos esperar a que el problema esté instalado pero tampoco correr cuando se leen en la prensa dictámenes de fiscales de otro país. Hay que conocer mejor la realidad para poder determinar si hay razón para alarmarse o si todo termina siendo falso. Lo mejor es saber qué tenemos en el territorio, no para criminalizar, sino para saber. De pronto lo mejor es formar guías espirituales que hablen nuestro idioma, que sean locatarios y conozcan mejor la sociedad en la que estas colectividades están inmersas. De esa manera no habría necesidad de importar personas que vienen de realidades bien diferentes como Mozambique o Sudáfrica», explicó.

Libaneses: integración total

La investigación académica permitió visualizar que en el territorio uruguayo el colectivo árabe es mayor que el musulmán. Mangana explicó que los árabes que llegaron a Uruguay eran cristianos maronitas libaneses, a diferencia de lo que ocurre en Brasil (Santa Ana do Livramento y Quaraí) donde la mayoría de los inmigrantes son palestinos musulmanes.

«La integración de los libaneses es casi absoluta. Podemos hablar de asimilación cultural. Han perdido prácticamente todo vestigio de su cultura de origen salvo un recuerdo nostálgico, básico, además de conservar algunos platos típicos. Pero han perdido el idioma, el conocimiento de la historia de su propia familia, de cómo llegaron sus ancestros al país y cómo era su vida en el Líbano», explicó Managana. Dijo que esto se diferencia de lo que ocurre en la frontera brasileña donde predominan los palestinos y jordanos musulmanes que tienen un mayor celo por mantener su cultura, religión, idioma y que más allá de su integración y respeto hacia el país en el que viven no se casan con las criollas.

Religión, identidad y la mujer

MESTIZAJE

-«Libaneses drusos llegados a Quaraí logran un sincretismo entre su religión de origen y el catolicismo que profesan sus esposas o hijos. Musulmanes que aún orientando su cama hacia La Meca en Artigas, se casan con criollas y abandonan la práctica de su fe o mutan a católicos por pragmatismo. Hijas que adoptan el velo e indumentaria musulmana aunque sus madres no lleven velo o hiyab y católicos insatisfechos o evangélicos decepcionados que se convierten al Islam y reniegan de sus vidas anteriores. Por otra parte, se advierte un mayor grado de respeto a la ortodoxia musulmana en la frontera, quizá como vehículo para reivindicar su especificidad individual o por temor a perder sus raíces y religión. Sin embargo, algunas prácticas y costumbres adoptadas por las generaciones de jóvenes palestinos nacidos en suelo brasilero denotan mayor rigor religioso que cuando sus padres o abuelos abandonaron Palestina».

LA MUJER

-«Según las entrevistadas musulmanas, la mujer sería más respetada dentro de esta religión que fuera de ella porque es la base de la religión al explicarla a los miembros de la familia. Dicen casarse con otra persona con esas creencias porque sería difícil convivir con otra que tomara alcohol, comiera carne de

cerdo, etc. Mención aparte merece la decisión adoptada por Zohra Hanini (líder vocacional de las musulmanas de Santana do Livramento y alrededores) en cuanto a la vida académica y la mujer musulmana. Zohra de 27 años nacida en Santana, se graduó en Derecho pero no ejerce. Nadie le prohibió ejercer su carrera, pero ella tomó esa decisión por ser incompatible con su religión ya que un abogado no diría siempre la verdad para defender a su cliente. Tampoco se le prohibió trabajar, pero decidió ocuparse de su hogar y familia, educar a su hija y dedicarse a la enseñanza del idioma árabe y la fe a través de Internet. Las otras entrevistadas musulmanas trabajan en tiendas de ropa o de ramo general.

RELIGIÓN

-La religión se convierte en un incentivo para estos musulmanes, como un cordón umbilical que da sentido a una vida que a veces sin ser truncada es vivida como en distintos niveles. Se produce un desdoblamiento de la personalidad: son un poco brasileros, un poco uruguayos, un poco incrédulos, un poco desorientados y finalmente revertidos a su fe original. Así un viaje a la Meca se convierte en un jalón en sus vidas y experimentan «el milagro» de la fe y vuelven sabiendo hablar árabe. De repente sienten que han encontrado su camino y su lugar en la vida. Esto provoca la reflexión sobre cómo era su integración a la sociedad previo a este suceso. Su especificidad identitaria estaba sumergida y tras experimentar ese milagro, sale a flote y reivindican con mayor fuerza su fe, la cual dota de sentido sus vidas en el exilio. Los musulmanes más jóvenes se enorgullecen de mostrar sus rasgos diferenciadores y en ese sentido el Islam es un elemento clave». * Tramos de la investigación.

PERFIL

Susana Mangana | Arabista

Directora del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Facultad de Ciencias Empresariales y responsable de la Cátedra de Islam y Mundo Árabe de la Facultad Católica. Habla inglés, árabe, francés y portugués. Residió muchos años en Medio Oriente, donde desempeñó funciones para la embajada de España. Obtuvo la licenciatura en Economía y Filología Árabe en la Universidad de Londres. Integró la delegación del ex presidente Tabaré Vázquez como traductora en sus dos giras por Medio Oriente.

Por Gonzalo Terra
Con información de El País

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Los kataeb,esbirros al servicio del sionismo en Sabra y Shatila

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Los kataeb,esbirros al servicio del sionismo en Sabra y Shatila

Aquí, en las ruinas de Chatila, ya no queda nada. Algunas mujeres ancianas, mudas, se esconden rápidamente tras una puerta en la que hay un trapo blanco clavado. Algunos fedayines muy jóvenes, a algunos de los cuales reencontraré en Damasco.

La elección que hacemos de una comunidad concreta, sin contar la nativa, se opera por la gracia de una adhesión irracional, no es que la justicia no intervenga, pero es que esta justicia y la defensa de toda una comunidad se hace en virtud de una atracción sentimental, incluso sensible, sensual; soy francés, pero francamente, sin racionalismos, defiendo a los palestinos.

Tienen el derecho puesto que los amo. ¿Pero los querría si la injusticia no hiciera de ellos un pueblo vagabundo? Casi todos los edificios de Beirut, en lo que aún se llama Beirut Oeste, están tocados. Se resquebrajan de distintas formas: como un milhojas chafado entre los dedos de un king-kong monstruoso, indiferente y voraz; otras veces los tres o cuatro últimos pisos se inclinan deliciosamente siguiendo un pliegue muy elegante, un pliegue libanés del edificio.

Si la fachada está intacta, dad la vuelta a la casa, las demás caras del edificio están acribilladas. Si ninguna de las cuatro caras tiene fisuras, la bomba soltada por el avión ha caído en el centro y ha hecho un pozo de lo que era el hueco de la escalera y el ascensor.

Nosotros acusamos a Israel de las masacres de Chatila y Sabra.

En Beirut Oeste, tras la llegada de los israelíes, S. me dice: “Había caído la noche y debían de ser las siete. De pronto un gran ruido de chatarra, de chatarra, de chatarra. Todo el mundo, mi hermana, mi cuñado y yo corremos al balcón. Noche muy negra.



De vez en cuando destellos a menos de cien metros. Sabes que frente a nuestra casa hay una especie de puesto de mando israelí: cuatro carros, una casa con centinelas ocupada por soldados y oficiales. La noche. El ruido de chatarra que se aproxima. Los destellos: algunas antorchas luminosas. Y 40 ó 50 niños de doce o trece años que golpean cadenciosamente pequeños bidones de hierro, con piedras, con martillos o con otras cosas. Gritaban muy fuerte y acompasados:

Lâ ilâh illâ Allah, Lâ Kataib wa lâ yahud (‘No hay más Dios que Dios, no a los kataeb, no a los judíos’)”.

H. me dice: “Cuando viniste a Beirut y a Damasco en 1928, Damasco estaba destruido. El general Gouraud y sus tropas, destacamentos de tiradores marroquíes y argelinos, habían arrasado y devastado Damasco. ¿A quién acusaba la población siria?

Yo:
—Los sirios acusaban a Francia de la destrucción y las masacres de Damasco.

Él:
—Nosotros acusamos a Israel de las masacres de Chatila y Sabra. No carguemos estos crímenes sobre la espalda de sus sicarios, los kataeb. Israel es culpable de haber introducido en los campamentos dos compañías de kataeb, de haber dado las órdenes, de haberlos animado tres días y tres noches, de haberlos pertrechado, de haberles dado de beber y de comer, de haber iluminado el campamento por la noche”.

De nuevo H., profesor de historia. Me dice:

“En 1917 el golpe de Abraham se repitió, o si prefieres, Dios era ya la prefiguración de lord Balfour. Dios, decían y dicen todavía los judíos, ha prometido una tierra de miel y de leche a Abraham y a sus descendientes, mientras que este territorio no pertenecía al dios de los judíos (estas tierras estaban llenas de dioses), este territorio estaba poblado por los cananeos, que también tenían sus dioses, y lucharon contra las tropas de Josué hasta robarles el célebre arca de la alianza sin la cual los judíos no hubieran obtenido la victoria. Gran Bretaña en 1917 todavía no poseía Palestina (esa tierra de miel y leche), puesto que el tratado que le concedía el Mandato todavía no había sido firmado”.

—Begin pretende haber venido al país…

—Es el título de una película: Una ausencia tan larga. A ese polaco, ¿lo ves heredero del rey Salomón?

En el campamento, tras veinte años de exilio, los refugiados soñaban con su Palestina, nadie osaba saber ni decir que Israel la había arrasado de cabo a rabo, que en el lugar del campo de cebada hay un banco, una central eléctrica en el lugar de una viña trepadora.

—¿Cambiaremos la cerca de la granja?
—Hará falta reconstruir una parte del muro junto a la higuera.
—Todas las cacerolas estarán oxidadas: habrá que comprar bayetas.
—¿Por qué no ponemos también electricidad en la cuadra?
—Ah, se acabaron los vestidos bordados a mano: me darás una máquina de coser y una de bordar.

Las masacres no se perpetraron en silencio y en la oscuridad. Alumbrados por los cohetes luminosos israelíes, los oídos israelíes estaban, desde el jueves por la tarde, a la escucha en Chatila.

La gente mayor de los campamentos de refugiados vivía miserablemente, quizá también en Palestina, pero la nostalgia funcionaba allí de un modo mágico y podía quedar presa de los desgraciados encantos de los campamentos. No es seguro que esta parte de los palestinos los deje con añoranza. En este sentido, una extrema miseria es adictiva. El hombre que la haya conocido, al mismo tiempo que la amargura habrá conocido una alegría extrema, solitaria, incomunicable. Los campamentos de refugiados de Jordania, adosados a pendientes pedregosas, están desnudos, pero en sus periferias hay desnudeces más desoladas: barracones, tiendas agujereadas habitadas por gente cuyo orgullo es luminoso.

Negar que el hombre puede ligarse a miserias visibles y enorgullecerse de ellas y que este orgullo es posible porque la miseria visible tiene por contrapeso una gloria escondida, supone desconocer el alma humana.

La soledad de los muertos, en los campamentos de Chatila, era más sensible porque tenían gestos y poses de las que no se habían preocupado. Muertos de cualquier forma. Muertos abandonados. No obstante, en el campamento, a nuestro alrededor, flotaban todos los afectos, las ternuras, los amores en busca de palestinos que ya no responderán.

Qué fiestas, qué juergas han tenido lugar allí donde la muerte parecía participar de la bacanal de los soldados ebrios de vino, ebrios de odio, y sin duda ebrios de alborozo por complacer al ejército israelí, que escuchaba, miraba, animaba, reprendía.

—¿Cómo comunicárselo a los parientes que se han ido con Arafat confiando en la promesa de Reagan, de Mitterrand, de Pertini, de no tocar a las poblaciones civiles de los campamentos?

¿Cómo decir que han dejado masacrar a los niños, a los ancianos, a las mujeres, y abandonado los cadáveres sin oraciones? ¿Cómo informarles de que se ignora dónde están enterrados?



Las masacres no se perpetraron en silencio y en la oscuridad. Alumbrados por los cohetes luminosos israelíes, los oídos israelíes estaban, desde el jueves por la tarde, a la escucha en Chatila. Qué fiestas, qué juergas han tenido lugar allí donde la muerte parecía participar de la bacanal de los soldados ebrios de vino, ebrios de odio, y sin duda ebrios de alborozo por complacer al ejército israelí, que escuchaba, miraba, animaba, reprendía. No he visto al ejército israelí escuchando y mirando. He visto lo que hizo.

Al argumento: “Qué ganaba Israel con asesinar a Bechir: entrar en Beirut, restablecer el orden y evitar el baño de sangre”.

—¿Qué ganaba Israel con la masacre de Chatila?
Respuesta: “¿Qué ganaba con entrar en Líbano? Bombardear durante dos meses a la población civil: expulsar y destruir a los palestinos. ¿Qué que quería ganar en Chatila? Destruir a los palestinos”.

Mata hombres, mata muertos. Derriba Chatila. No está ausente de la especulación inmobiliaria que se hará en el terreno: vale cinco millones de francos antiguos el metro cuadrado de terreno arrasado. Pero ¿cuánto valdrá limpio y saneado?…

Escribo en Beirut donde, tal vez debido a la vecindad de la muerte que todavía aflora, todo es más verdadero que en Francia: todo parece suceder como si, cansado, abatido de ser ejemplar, de ser intocable, de explotar lo que cree haber llegado a ser: la santa inquisitorial y vengativa Israel hubiera decidido dejarse juzgar fríamente… (J.G)

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La cultura árabe presente en todo el mundo

La cultura árabe presente en todo el mundo - Entrevista con el Dr. Carlos Martínez Assad
La cultura árabe presente en todo el mundo – Entrevista con el Dr. Carlos Martínez Assad

En entrevista, a propósito de su libro «Los cuatro puntos orientales», Carlos Martínez Assad, doctor en Sociología; afirmó que «no hay un lugar al que uno volteé en el planeta, donde no se esté viendo algún impacto de cualquier expresión cultural que tenga que ver con  el mundo árabe musulmán».

Señaló que la cultura árabe está tan presente y posicionada en todo el mundo, a través de las diferentes manifestaciones artísticas como el teatro, la danza, la música, las artes visuales, la literatura y la gastronomía.

«Identificamos la música, esos ritmos que ahora los jóvenes bailan en varias partes del mundo aunque no hablemos árabe, solo se habla de la negativo y de otras expresiones que tienen algo de positivo, como la comida que podemos degustar en todas partes.

«Al igual que de la medicina, la cual fue algo posible gracias a los descubrimientos que hicieron los árabes en diferentes momentos», dijo el Premio Biblos al Mérito 2013, ó que el hecho de que esta cultura se encuentre tan presente en todo el mundo, tiene que ver con el aspecto emocional.

«Pues en particular, el mundo árabe musulmán ha dado mucho de qué hablar, incluso desde el siglo XIX cuando los pintores europeos se imaginaban como era ese oriente de mujeres sensuales y de danzas voluptuosas y desde ahí comienza a generarse una idea de un mundo que también puede aportar esas formas de comportamiento … «, dijo.

Martínez Assad destacó también que México se enriqueció con la migración árabe; libaneses maronitas, sirios …

«Existe una presencia fuerte en México de estos grupos de tal manera que siempre se hacen presentes, sobre todo en los últimos 100 años de nuestra historia», refirió.

De acuerdo con el autor, la migración árabe, en particular la de religión musulmana, ha llegado a una escala que alarma a los gobiernos europeos.

«‘Los cuatro puntos orientales’ pretende ser una visión amplia de los últimos 10 años del mundo árabe musulmán y lo que ha impactado  en otras regiones del mundo».

«Es un libro que pretende cubrir un espectro muy amplio de los procesos políticos sociales y culturales que se desarrollan en esa región, una especie de hincapié en que se trata de acabar con los estereotipos que se tienen en Occidente cuando se habla del mundo árabe musulmán» , dijo.

Afirmó que  «el número creciente de migrantes en la actualidad, es brutal y parece que va a superar las movilizaciones que ha tenido la humanidad en cualquier otra época de su historia».

Martínez Assad invita a aproximarse al mundo árabe más allá de los prejuicios antislámicos del presente y del encono surgido tras el ataque a las Torres Gemelas de Estados Unidos.

«Prevalece en Occidente estereotipo de los árabes»

Carlos Martínez Assad tomó el espíritu del Julio Cortázar que escribió el Libro para Manuel, esa historia en la que un hombre decide recortar y pegar las noticias de periódico sobre el acontecer cotidiano, en un afán de dejar testimonio de la época que él vivía como herencia para su hijo. El sociólogo e historiador que es investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México decidió recuperar toda la historia actual de Medio Oriente en un sólo libro: Los cuatro puntos orientales. El regreso de los árabes a la historia.

La tarea fue de arranque ambiciosa pero central, decidió hablar de las artes, problemáticas y retos de los pueblos árabes e insistir en el rol que pueden tener la cultura y la civilización en los conflictos en torno al mundo árabe; escribió así este libro publicado por Océano y la UNAM, en el que quiere dejar testimonio de nuestro tiempo y crear un espacio de diálogo y conversación entre los lectores de Occidente y los pueblos de Oriente, en especial, los árabes musulmanes.

En el libro que se presentará este 26 de junio a las 19 horas, en el Auditorio del Museo Soumaya de la colonia Ampliación Granada, Martínez Assad abordó el tema desde las diferentes perspectivas, claro, desde la política, la economía y la geopolítica, pero dándole un lugar especial a la cultural, a la literatura, el cine y la música, que son medios ideales para escuchar al otro.

Siempre están las guerras

Este es un descubrimiento ya viejo, de alguien que se llamaba Carlos Marx y que decía “no hay sociedad sin conflicto, eso es algo que sociológicamente está claro y uno lo puede entender, nunca justificar. Pero finalmente cuál es la diferencia entre nuestros conflictos y los que se viven en estos países de Medio Oriente, son muchas las diferencias, sin embargo, tenemos tantos miles de muertos en México ¿en guerra?, casi como en Siria en estos más de dos años con los enfrentamientos entre grupos rivales.

¿Somos sociedades en conflicto?

Las sociedades están en conflicto pero no nada más allá, también las vivimos aquí en Occidente, aunque sí tienen diferentes causas, distintas consecuencias, pero creo que esos son los hechos desde que decidimos desafiar a Dios y quisimos construir la Torre de Babel y darnos cuenta de que eso es imposible. Por eso la idea en este libro es demostrar y acabar con la falsa idea que priva en Estados Unidos y en el Occidente de que “si les llevamos la democracia las cosas se resuelven”, cuántos países democrátricos y no democráticos han tenido guerras y conflictos realmente muy fuertes, así es que no es cierto que la receta sea única y que la tenga necesariamente Occidente; los españoles pensaron, “si cristianizamos a los indios las cosas se resuelven”, no sucedió así.

¿Su mirada es total e inclusiva?

Es la totalidad con herramientas de sociólogo, de historiador, tuve que recurrir a los datos de la economía, la cultura, incluso de demografía, de disciplinas que uno quisiera manejar mejor, pero todo esto lo tiene que ir supliendo ante la basta información y tratar de establecer un discurso coherente que cumpla con el objetivo propuesto, en este caso, mi objetivo muy claro es intentar quitar el estereotipo que prevalece en Occidente de lo que es el mundo árabe, mostrarlo con su riquísima historia, con los elementos culturales que le dieron sentido a civilizaciones sin las cuales no existiríamos como existimos ahora y culturalmente aceptar que hay esas partes virtuosas aunque también existen algunos problemas que caracterizan a esos diferentes países y generan procesos muy complicados como todas las guerras.

Todo este islamismo radical presente ha hecho que los medios internacionales se solacen y presenten a los islamistas como bárbaros, pero son grupos que tenían civilizaciones, difícilmente podríamos pensar cómo sería nuestro mundo sin la escritura, sin el papel para escribir, que todo esto fue confeccionado en estos países, sin los libros de filosofía que los árabes salvaron y que luego fueron traducidos, la medicina, incluso si vamos más allá, La Biblia que fue producida en ese espacio que ahora visualizamos casi como países menores de edad.

¿En qué momento se separaron las historias de Oriente y Occidente?

Al hablar de Medio Oriente estamos hablando de espacios territoriales porque finalmente yo como escritor estoy citado en México independientemente de los viajes que haya podido realizar, justamente ese mundo tan distante con las nuevas tecnologías se ha acercado muchos más, ahora podemos saber que está sucediendo en Siria como en otro momento hablamos sobre lo que está sucediendo en Libia, en Irak, todo lo que va cambiando nuestra interpretación del mundo árabe, pero creo que en este momento las distancias se acortan.

¿Nos falta mirar al otro?

El mundo siempre se ha definido por la idea que tenemos del otro, el que no es como uno, eso hace que lo construyamos y le demos un rostro que no es fiel, que tenemos diferencias, desde el título es una provocación porque los cuatro puntos orientales ya no son norte, sur, este y oeste, sino que ahora siempre se nos atraviesa oriente en las manifestaciones político sociales, así como en las culturales, como la expulsión y el desplazamiento no sólo de Medio oriente, también de África hacia Europa, que está resignificando los espacios conocidos hasta ahora.

Con información de : El Universal

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