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El árabe coloquial, (dialectal) – El árabe dialectal palestino

El sheij Mohsen Ali, excelente profesor de idioma árabe.

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El árabe coloquial, (el dialectal).1

Para poder entender la relación entre el árabe estándar moderno y el árabe hablado es importante entender el concepto de diglosia. Charles Ferguson (1959) 2, el creador del término, define diglosia, (literalmente “dos lenguas”), como la situación que se crea cuando además de los dialectos primarios de una lengua existe otra forma altamente codificada que sirve para entender gran cantidad de literatura muy respetada por los hablantes de la lengua. Además del árabe. Podemos encontrar ejemplos de diglosia en la coexistencia del latín escrito y las lenguas romances habladas como el francés, el italiano o el español. Mientras que el árabe estándar moderno es la forma definitiva de escritura en árabe, existen multitud de dialectos arábigos.

El árabe dialectal, en toda su diversidad, es la auténtica lengua materna de los árabes. Se utiliza en el ámbito doméstico, en la conversación informal entre naturales de una misma área dialectal y en la canción y la poesía populares. Hay diversos dialectos del árabe vulgar o coloquial, pero varían bastante según el lugar de donde procedan sus hablantes. Por un lado, estos dialectos locales pueden ser muy parecidos entre sí mismos. Por ejemplo, los árabes de Jordania, Palestina, Siria y Líbano se entienden entre ellos sin muchas dificultades.

Pero por otro, pueden ser muy diferentes, dificultando de esta manera la comunicación entre los habitantes de algunos países árabes. Un árabe de Levante no puede tener una conversación sostenible en su variante dialectal con un marroquí por ejemplo (Elihay, 2007: 1) 3

Los dialectos del árabe coloquial son generalmente sólo lenguas habladas. Los árabes usan la lengua coloquial en todas sus interacciones diarias, pero si se encuentran en una situación que exige mayor formalidad usarán el árabe estándar moderno. En las partes del mundo donde se habla árabe prevalece las siguiente situación: existe una lengua coloquial, la que se habla normalmente y la que los hablantes aprenden como su lengua materna, y el árabe estándar moderno basado en el clásico o coránico.

La clasificación de los dialectos árabes en función de las regiones geográficas según Nydell (2006)

Estos dialectos difieren del árabe normativo y también lo hacen entre sí en pronunciación, vocabulario y gramática; por lo general, reciben el mismo nombre de las grandes áreas geográficas que lo hablan, así se clasifica como norteafricano, egipcio, y del golfo árabe. 4 Dentro de estas grandes clasificaciones, también hay diferencia entre los hablantes urbanos, rurales y nómadas. Cabe señalar que es imposible vivir en un país árabe y comunicarse con sus habitantes sin saber hablar el coloquial local. (Elihay, 2007: 1)

Clasificación de los dialectos árabes según Xavier Conde. 5
• Árabe Occidental: El Magrebí, El Sahariano Y El Maltés

La zona occidental comprende todo el norte de África excepto Egipto y Sudán. Los dialectos magrebíes están más evolucionados que los orientales, y en ellos las influencias sustráticas son mayores. Distinguimos entre magrebí y sahariano, porque los dialectos hablados en ambas zonas son muy distintos. Los segundos resultan incomprensibles para el resto de la Arabofonía. El maltés evolucionó mucho más independientemente con claras influencias italianas, resultando un idioma semítico pero con infinidad de elementos románicos; es un caso parecido al del inglés, idioma germánico pero claramente marcado por las influencias románicas, (sobre todo francesas).

• Árabe Oriental: El Egipcio, El Levantino El Iraquí Y El Saudí

La zona oriental comprende el resto de la Arabofonía, desde Egipto y Sudán hasta toda la zona asiática de Oriente Medio y la Península de Arabia. Sus dialectos se mantienen más cerca del árabe clásico porque su evolución ha sido menor. Cabe destacar que el árabe egipcio y levantino, (Siria, Palestina, Jordania, Líbano) son casi idénticos, sin apenas problemas de comprensión entre sus hablantes. El árabe iraquí, aún cercano a los dos dialectos anteriores, ya tiene puntos en común con el árabe de la Península Arábiga, donde el habla de Yemen tiene características propias.

Una frase en árabe en distintos dialectos

El árabe dialectal palestino. 6

El árabe palestino, también llamado árabe coloquial palestino o 3ámeyyah es el conjunto de variedades del árabe dialectal habladas tanto en Palestina como en la diáspora en Jordania, Siria, Líbano y otros sitios, que presentan multitud de rasgos comunes que las diferencian de otros dialectos del árabe. El árabe palestino pertenece a la familia del árabe de Levante, (Nydell, 2006, 217), uno de los principales grandes grupos de variedades orales de la lengua árabe. Este dialecto comparte las características generales de todas las variedades de árabe en cuanto a formación de palabras por flexión interna, tiempos verbales, estructuras sintácticas básicas, (Elihay, 2007: 2).

Pero al mismo tiempo, lleva varias ventajas sobre otros dialectos como el egipcio, el sirio o el libanés, (Elihay, 2007: 2). El acento en el árabe palestino es casi idéntico al del árabe clásico, (caso que no se repite en el coloquial egipcio por ejemplo), mientras las vocales son muy parecidas a las del árabe estándar. Por otro lado el vocabulario palestino es tan amplio que abarca muchas de las palabras comunes de los dialectos vecinos, por ejemplo: lissa / ba3d = aún; zayy / methel = igual o como; bardo / kamán = también. Este fenómeno significa que estudiar el árabe palestino es una herramienta eficaz para comunicarse por Oriente Medio.

Los rasgos fonológicos del dialectal palestino

Por M. Sharab (UGR).


Notas:
  1. Véase también Haak, Martine; De Jong, Rudolf & Versteegh, Kees. (2004): “Approaches to Arabic dialects”. A Collection of Articles presented to Manfred Woidich on the Occasion of his Sixtieth Birthday. Boston: Brill Leiden; Corriente, F. (2008): Manual de dialectología neoárabe / Federico Corriente, Ángeles Vicente (eds.); con la colaboración de F. Abu-Haidar, J. Aguadé… [et al]. Zaragoza: Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo, 2008; Dialectología Arabica. (1995): A collection of articles in honour of the sixtieth birthday of Professor Heikki Palva. Helsinki: Finnish Oriental Society, 1995. ; Ingham, Bruce. (1997): Arabian diversions: studies on the dialects of Arabia. Londres: Ithaca Press, 1997; Mitchell, T. F. (1985): Colloquial Arabic. New York: Hodder and Stoughton; De Leacy O’leary, D.D. (1986): Colloquial Arabic. London: Routdelege & Keagan Paul.
  2. Ferguson, Charles A. (1959): “Diglossia”. Word 15.325-40.
  3. Elihay, J. (2007): The Olive Tree Dictionary, a Transliterated Dictionary of Conversational Eastern Arabic. (Palestinian). Minerva.
  4. Véase Brage González, Francisco Javier (1988): Estudios sobre el vocalismo en los dialectos árabes. González. Madrid: Instituto Hispano-Arabe de Cultura.
  5. Frías Conde, Xavier: “Algunos Paralelismos Evolutivos Entre El Árabe Vulgar Y Las Lenguas Románicas”.
  6. Entre los estudios más destacados sobre el dialecto palestino destacamos los siguientes: Shahin, Kimary N. (2000): Palestinian Rural Arabic (Abu Shusha dialect). 2nd ed. University of British Columbia. LINCOM Europa.; A. Rice, Frank (1998): Eastern Arabic-English, English-Eastern Arabic: dictionary and phrasebook for the spoken Arabic of Jordan, Lebanon, Palestine/Israel and Syria. New York: Hippocrene Books.; Haddad, Elias N. (1909): Manual of Palestinian Arabic. Jerusalem: Syrisches Weisenhaus.; R. L. Cleveland. (1967): “Notes on an Arabic Dialect of Southern Palestine”, en: Bulletin of the American Society of Oriental Research 185 (1967), pp. 43-57; Halloun, Moin (2000): A Practical Dictionary of the Standard Dialect Spoken in Palestine. Bethlehem University. ; Halloun, Moin (2003): Spoken Arabic for Foreigners. An Introduction to the Palestinian Dialect. Vol. 1 & 2. Jerusalem. Bauer, Leonard. (1926): Das palastinishce arabisch. Die dialekte des Städes und des Fellachen, Leipzig; Blanc, Haim. (1953): Studies in North Palestinian arabic, Jerusalem; Frank A. Rice Y Majed F. SA·ID. (1953): Jerusalem Arabic. Georgetown University Press, Washington; Rice y Sa·id. (1960): Eastern Arabic. An Introduction to the Spoken Arabic of Palestina, Syria y Lebanon, Kjayat·s, Beirut; Erkki Salonen, (1979-1980): Zum arabischen dialect von Gaza, 2 vols., Finnish Oriental Society, Helsinki; H, Nahmad y C. Rabin, (1951): Everyday Arabic: conversations in Sirian and Palestinian Arabic, J. M. Dent and sons Lts, Londres.

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Amores, geopolítica y negocios: los libros sobre Osama Ben Laden

En “Los Bin Laden. Una familia árabe en un mundo sin fronteras”, el periodista norteamericano Steve Coll hace foco en el imperio empresarial creado por Mohammed Ben Laden, un pobre inmigrante yemení¬ que hizo fortuna en la construcción con el patrocinio de la familia real de Arabia Saudita.

Luego la legó a sus más de 20 hijos, entre los que se cuenta a Osama Ben Laden, que mientras mantuvo su condición de criminal más buscado del planeta no opacó la prosperidad de la familia, cuyos negocios siguieron floreciendo impulsados por la suba del petróleo.

El periodista, ganador de un Premio Pulitzer, relata que Osama recibió en 1989 una herencia de 18 millones de dólares en participaciones empresariales y en metálico pero parte de esa fortuna le fue congelada por las autoridades sauditas en 1993, como resultado de sus actividades subversivas.

Otra parte se empleó en sus poco rentables inversiones en Sudán, de donde fue expulsado en 1996, y en subvenciones a diversos grupos yihadistas.

A partir de entonces, el líder de Al Qaeda fue repudiado por su familia y dejó de recibir ingresos provenientes de las empresas del grupo, aunque algunas de las víctimas del atentado a las Torres Gemelas creyeran lo contrario y presentaron una demanda.

Con estos elementos, Coll desmonta una versión difundida por la propia CIA según la cual a fines de los 90 financió con su patrimonio muchas de las operaciones terroristas que llevó adelante la agrupación que lideraba.

Desde un registro más banal, la poetisa Kola Boof, que fue amante de Ben Laden, relata en un texto titulado “Diary Of A Lost Girl: The Autobiography Of Kola Boof” -no editado en español- que el ex líder de Al-Qaeda estaba enamorado de Whitney Houston hasta el punto de tener preparada una estrategia para casarse con ella.

La mujer, que en 1996 compartió parte de su vida con el líder islamista, revela el amor de Osama por la cantante: su intención era gastarse una gran cantidad de dinero para viajar a Estados Unidos e intentar organizar una cita con ella, además de regalarle una mansión que poseía en los suburbios de Jartum.

Según Boof, el líder de Al-Qaeda creía que a la estrella del pop, su esposo Bobby Brown y la cultura norteamericana le habían hecho un lavado de cerebro y por eso planeaba asesinarlo. También detalla que los programas televisivos favoritos de Ben Laden eran “Los años maravillosos”, “División Miami” y “MacGyver”.

Una de las obras más recientes, sobre el ascenso y ocaso de la figura de Ben Laden, es “Fuera de control”, un libro donde el periodista y ex espía ruso Daniel Estulin analiza el accionar de Al-Qaeda y alerta sobre los equívocos y trampas en torno a la llamada “guerra contra el terrorismo”.

Estulin acusa al gobierno norteamericano y al inglés de financiar y apoyar a los grupos islamistas y sus atentados, incluyendo los del 13 de noviembre de 2015 en París, donde murieron 130 personas.

“La llamada guerra global contra el terrorismo se ha convertido en uno de los mayores engaños criminales de la historia moderna”, asegura el autor, para quien el Reino Unido no sólo es el epicentro y el hogar de decenas de las organizaciones islamistas internacionales más sangrientas, sino que “los terroristas afincados en Inglaterra operan amparados por el gobierno y la Corona británicos”.

“La guerra global contra el terrorismo es una invención basada en la mentira y la idea equivocada de que un hombre, Osama Ben Laden, fue más listo que los servicios de inteligencia estadounidenses, dotados de un presupuesto anual de 40.000 millones de dólares. La guerra contra el terrorismo es una guerra de conquista”, sostiene Estulin al comienzo de su voluminoso trabajo, que abarca más de 700 documentos analizados.

Desde la Argentina, el periodista Víctor Ego Ducrot también se dedicó a la figura del creador de Al-Qaeda: en su libro “Bush and ben Laden S.A.” despliega de hecho una audaz hipótesis sobre los presuntos móviles que ocultaba por entonces la guerra que Estados Unidos libraba en territorio afgano, a la que definía como el primer conflicto bélico global entre grandes corporaciones financieras.

El autor de “El color del dinero” rastrea cómo las grandes corporaciones financieras utilizan a las naciones como brazos armados al servicio de sus intereses y analiza una serie de fenómenos ligados a los atentados del 11 se septiembre de 2001 en Estados Unidos, como llamativos movimientos bursátiles vinculados a las compañías aseguradoras, enormes ganancias especulativas, una gigantesca operación de lavado y el fortalecimiento de la industria armamentista.

“Lo que está en juego es el tráfico de heroína, el petróleo del Mar Caspio y las rutas de gas barato para la Unión Europea, factores cuyo epicentro es Afganistán. Por otra parte, hay escenarios y personajes similares en materia de intereses económicos tanto en la guerra del Golfo como en los ataques de 1998 de Estados Unidos sobre Irak“, sostiene Ego Ducrot en su texto.

Por su parte, en su obra “Qué es Al Qaeda”, el periodista y analista internacional Pedro Brieger afirma que ni George W, Bush ni  Barack Obama, pudieron cambiar la sensación que tienen la mayoría de los árabes y musulmanes de que “hay una guerra contra el islam”.

El libro, publicado por Capital Intelectual, está dividido en cinco capítulos que van desde la importancia de la revolución iraní, en 1979, a Afganistán: un territorio muy codiciado, invadido por los ingleses, los rusos y luego por Estados Unidos, tras los atentados del 11-S.

La saga literaria y documental en torno a la figura de Ben Laden se cierra con “Un día difícil”, que ofrece en primera persona la narración de un miembro de las fuerzas especiales que mataron al líder islamista en un registro cuya mayor aporte es que da cuenta de la cosmovisión de la sociedad norteamericana en torno a la figura que desató una de las peores tragedias de su historia.

Bajo el seudónimo de Mark Owen, este integrante de los SEAL (fuerzas especiales de la Armada estadounidense) publica una narración pormenorizada sobre la trastienda de la muerte de Ben Laden, aunque no aporta ninguna evidencia nueva ni arriesga una hipótesis distinta a las circularon por los medios en los meses posteriores a la operación.

El ex soldado relata que subía unas escaleras hacia el tercer piso de la residencia de Ben Laden, detrás del primer SEAL en la línea, cuando escuchó dos detonaciones amortiguadas por silenciador. Cuando los miembros del equipo llegaron a la habitación, hallaron al jefe de Al Qaeda en el suelo “con sangre y los sesos fuera del cráneo” y a dos mujeres que gritaban aterrorizadas.

El libro llevaba vendidos más de 2 millones de ejemplares cuando desató múltiples controversias durante su publicación, entre ellas una acusación del Pentágono al ex militar por incumplir el compromiso de confidencialidad que había firmado con el organismo

Por Julieta Grosso
Con información de Telam

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Guerra, paz, poesía y reconciliación

Gerry Loose

Paz no es el opuesto de guerra. Empecemos por lo básico. La guerra es un virus que nunca erradicaremos por el uso de la fuerza o por el uso del lenguaje de la fuerza. ¿Cuál fuerza de las armas vencerá a la guerra? Claramente ninguna.

La paz no tiene necesidad de respuestas, dado que es el estado natural de todos nosotros. Donde vivimos armoniosamente, donde una madre alimenta a su bebé sin miedo, donde mujeres transitan caminos tranquilos.

La paz llega cayendo lentamente, como escribió el poeta W. B. Yeats; es otra forma de ser, un camino de paciencia, de compasión y sabiduría, de lento vivir, absolutamente distinto al ritmo y la furia y las instantáneas destrucciones de la guerra.

La poesía, y el lenguaje de la poesía, son un antídoto contra la guerra  –no necesariamente el único–, pero no obstante expresión de una asertiva y positiva fuerza que niega la posición de la guerra y el poder opresivo. Es un pensamiento de punta de diamante con total claridad de visión que paradójicamente se escabulle cuando lo examinamos muy de cerca. Es como algo sobre la periferia de la visión nocturna, que mirado de frente, desaparece. No contiene respuestas directas, pero su vitalidad, su vigor, sostienen un espejo ante la inhumanidad de la guerra y las serenidades de la paz y a aquellas pequeñas luchas diarias libres de las opresiones de los belicistas.

La mente de la poesía es la de un principiante. Como la lógica de un niño, hace y deshace preguntas inapropiadas. Por inapropiadas quiero decir preguntas que alcanzan el corazón de aquella lógica por la cual matar se normaliza. El póstumamente publicado Libro de las preguntas de Neruda, como ejemplo, voltea patas arriba nuestras aparentes verdades o a aquellas de nuestros políticos y líderes, de una manera simple y sabia que jóvenes y viejos tienen en común: “Cuán inmenso era el pulpo negro / que oscureció la paz del día?” exige respuestas a muchas preguntas que no habíamos pensado antes.

El papel de la poesía en la paz, entonces, no siempre es directo; a menudo nos permite ver, nos da tiempo para pensar, para investigar; y con aquella indagación poseemos la mente del principiante, con el cuestionar evitamos el pensamiento racional que nos ofrece  sólo soluciones binarias: la mentira que nos ofrecen: que debemos hacerle la guerra al terror, que tenemos que matar a otros por sus transgresiones percibidas.  No arreglas un problema con la mente que lo produjo.

Aquella poesía que le dice la verdad al poder es casi banal ahora, pero es una necesidad. ¿Quién más lo haría sino los poetas?; aunque no los poetas solos. En su Defensa de la Poesía, Shelley escribió que los “poetas son los legisladores no reconocidos del mundo”. Que poderosos y opresores escuchan las canciones y los versos de los poetas es claro cuando examinamos la cantidad de voces que varios regímenes a través del mundo tratan de silenciar con sentencias a prisión, tortura y muerte. Sus palabras son vistas como lo que son: una amenaza al status quo de militancia y despotismo.

Pienso en el poeta palestino Ashraf Fayadh, sentenciado a 8 años de prisión y a 1000 latigazos, a partir de falsas acusaciones de blasfemia en Arabia Saudita, su hogar, dado que el suyo propio ha sido saqueado en actos de guerra. “La poesía es poderosa contra la locura criminal de un estado desquiciado” escribió Margaret Randall sobre su caso. Pienso en otro poeta palestino, una mujer, Dareen Tatour, sentenciada a tres meses de prisión y ahora bajo arresto domiciliario. Su poema (Resiste, pueblo mío, resísteles) traducido al hebreo, fue leído como evidencia en su contra en una corte de Nazaret, donde fue acusada de “Incitación a la violencia contra el Estado”. 

Reflexionemos sobre otros poetas prisioneros en el mundo árabe: Wael Saad Eldien, Adel Labad, Abdulmajid al Zahrani; de mis propios amigos ahora en exilio en Escocia, desde sus propias tierras prisioneros y torturados por “llevar palabras” Ghazi Hussein, Iyad Alhiatly.

Dediquemos un momento a la verdad hablada por el nigeriano Chris Abani, tres veces encarcelado por sus palabras, y una vez en el corredor de la muerte.

Otro momento para el “poeta del pueblo” sudanés, Mahjoub Sharif, prisionero un total de 17 años.

La lista continúa, en el pasado como en el presente, prisioneros o asesinados: Wole Soyinka, Federico García Lorca, Osip Mandelstam, César Vallejo, Ismael Cerna, Armando Orozco Tovar, quienes abandonaron la lucha armada y decidieron promover el cambio social con su escritura: prisioneros muchas veces. No dudo que tú, querido lector, ya estás enfermo con esta lista, pero también podrías añadirte a ella.

¿Dónde entonces va la poesía después de los horrores? ¿Cómo hacen los poetas para trabajar contra estas fuerzas? Son los poetas quienes dan a la tierra su sal, he escuchado decir. Los poetas nos recuerdan los enigmas y bellezas de la existencia, las cosas que no pueden ser compradas o vendidas. Lo que demuestra una y otra vez, no menos por la ira que despierta, que hay otros caminos, que la vida es diversa, que vale la pena celebrar y que el miedo se expulsa con el amor. La poesía es celebratoria.

Hay un uso social para la poesía; oblicuo o directo, hecho por el buen público con aspiraciones culturales. La poesía tiene la energía para sanar. La poesía tiene paisajes enteros como letras, estrellas y hojas, juntas.

Por supuesto, soy un poeta, no un tonto. No creo que un poema derrote una bala; pero sí puede afectar el pensamiento del hombre cuyo dedo está sobre el gatillo. Más fácilmente no puede hacerse. He leído mi obra a las puertas de Faslane, hogar de la flota británica de armas nucleares submarinas.  Allí, entre multitudes, hay militares y policías que se detienen y escuchan. ¿Dónde podrían terminar mis palabras en sus cabezas? ¿Cuándo sus amadas se acerquen, temerosas de la oscuridad? He recorrido los sitios de prueba de armas atómicas de los desiertos de Estados Unidos, dejando semillas y sílabas-semillas de paz, y de nuevo, donde aquellas armas fueron usadas en Japón.  No es porque yo sea valiente (no lo soy) sino que soy humano y como todo aquel que he conocido, deploro la guerra y haré lo que esté en mi poder, como persona de paz, como poeta, para hablar contra ella y hacer que la gente se reúna, para actuar en reconciliación.

El activismo es también entonces una forma de poesía; es poesía o puede acompañar a la poesía. Pequeños actos de resistencia, como las canciones de Pussy Riot, como sentarse frente a los tanques y frente a las puertas de las fábricas de armas: estos son reflexivos actos poéticos. Desafían, pero no violentamente.

Este entonces es uno de los propósitos de la poesía al servicio de la humanidad pacífica: crear las condiciones del pensamiento por medio del cual no sólo la paz, sino posiblemente lo resultante, sino también pensamiento y compasión, justicia y reconciliación, puedan empezar.

La justicia tiene que suceder, pero la gracia empieza a través de la reflexión y el perdón. Como poetas sabemos entonces que tenemos que subvertir y las herramientas –las palabras son todo- aquello que tenemos para hacerlo. Es claro que nuestro lenguaje, no el lenguaje de la guerra o el despotismo y la opresión, sino nuestro léxico con su oblicua vista de mente de principiante podría funcionar hacia la reconciliación.

No hay nadie sino nosotros; y aquellos que trabajamos y aquellos que trabajan con nosotros son uno y lo mismo. Walt Whitman:

Reconciliación

Palabra que abarca todo, ¡bella como el cielo!
Más bella que la guerra y sus matanzas, que han de desaparecer absolutamente;
Que las manos de las hermanas Muerte y Noche, incesantemente lavando con suavidad una y otra vez, este mundo mancillado,
… pues mi enemigo está muerto —un hombre divino como yo está muerto—;
Miro donde yace, pálido y quieto, me acerco al ataúd;
me agacho y toco delicadamente con mis labios su rostro blanco en el ataúd.

(Hojas de hierba)

¿Cuál compasiva realidad? Una comprensión de que las guerras son entre hermanos y padres, a menudo llamadas guerras civiles, guerras que han devastado países a lo largo del mundo: Guatemala, Irlanda del Norte, Colombia, Nigeria, Ruanda, la antigua Yugoslavia. Sabemos que tenemos un suelo común con nuestros hermanos, nuestros padres. Nuestras madres y hermanas sufren al máximo.

Hay una paradoja aquí. La poesía de la guerra y del conflicto es algo a lo que la gente reacciona; la poesía que expresa el sufrimiento, expresa las emociones de la gente atrapada en la confusión, precisamente porque tal poesía puede traer sanación, puede ayudar a confortar a los oprimidos. Esto se consigue, no por palabras polémicas o marciales, sino por permitir al pensamiento y al tiempo y al sufrimiento de la experiencia entrar a sanar las heridas: Yo no estoy solo.  Con la fuerza de las palabras y mis camaradas y mis primos y hermanas, hay esperanza. Puede haber perdón y puede empezar el trabajo hacia la reconciliación. Conocemos el poder de los impotentes, el poder de la palabra sola.

Doy testimonio; la poesía puede permanecer a un lado del conflicto y hablar de amor: porque es aquel la sustancia de la poesía, lo que realmente da a la tierra su sal. Mi amiga Maud Sulter, poeta de Ghana y de herencia escocesa, cuando le pregunté qué tipo de poesía escribía, respondió: “Al final, sólo está la poesía de amor. Esa es la que yo escribo”.

Hablé de poesía sosteniendo un espejo ante el opresor. Interesante entonces, que en otras culturas, la poesía es parte de la sanación y de rituales de auto reconocimiento, hechos para vernos a nosotros mismos claramente y que otros puedan verse a sí mismos.  La palabra puede ser parte de elaborados o simples rituales concernientes a música y teatralidad, como en el caso de Pussy Galore, o el de las canciones sanadoras del pueblo Dine en Norteamérica. Cannupa Hanska Luger, un nativo americano nacido en Standing Rock, y un artista del corazón de la protesta contra los oleoductos de Dakota del Norte, ha concebido un espejo real, barato y fácil de ubicar en las manos de quienes protestan para mostrar a la policía militarizada en sus uniformes blindados con sus cañones de agua y balas plásticas y gas lacrimógeno, precisamente como se ven. Esto es lo que yo llamo la acción de la poesía: no violenta, imaginativa y creadora.

Pero encima de todo está la palabra que usamos. Las palabras de la poesía al final cargan más peso, más significado que las palabras de la diplomacia, que son las palabras comunes de resolución de conflictos y reconciliación. Las palabras de la poesía son las palabras que empleamos en nuestra jornada para describir la ternura, para definir la alegría y la placidez. Palabras para construir y complacer, no para desafiar y someter.

Diplomacia es conflicto sin armas. Nuestro vocabulario poético debería cargar lluvia en la tarde, limones en las bocas de las iguanas, paja en el viento del oeste, una bola rodando por la calle, un salmón nadando a contracorriente, un arrullo maternal. Nuestras canciones deben deleitar e iluminar, echar luz y luminiscencia, resplandeciendo con amor por el planeta y nuestras criaturas compañeras. Fue siempre aquel camino. En el principio era la palabra. Nuestros poemas deben encontrar su camino hacia el principio, la mente del principiante, y demostrar que existen caminos hacia adelante y hacia la reconciliación.

Cómo la poesía puede lograr aquello es múltiple y diverso, como las voces enraizadas de la canción, como las llamadas voces del movimiento global del poeta Sam Hamill, Poetas Contra la Guerra. Celebraciones como el espléndido Festival Internacional de Poesía de Medellín, a cargo del poeta Fernando Rendón. Hay muchas formas, como hay muchos poetas.

El poeta escocés Alan Jackson escribió una vez: “Glasgow está llena de poetas/tienen un metro de altura/y todos comen helado” (Parafraseo). Pero son los poetas quienes pueden, como los niños, mirar claramente, hacer simples, reflexivas preguntas más que aquellos que recorriendo las diplomáticas, normales y punitivas rutas hacia la justicia y la reconciliación nunca pensarán en preguntar: están cerrados en la binaria retórica de la oposición. Ondean banderas.

Es la poesía la que puede construir puentes, no muros. Es lo impensable que necesitamos pensar. Si la guerra no puede derrotar a la guerra, y si las acciones judiciales no pueden traer reconciliación, entonces puede ser, sólo puede ser, que el vigor y la íntegra honestidad de la poesía puedan ayudar.

Nosotros, los hacedores de poesía, estamos obligados por moralidad y por tradición a brindar ayuda. Ofrecer palabras que reemplazarán las palabras cansadas que ha habido, para rehacer el mundo en modos nuevamente nombrados; para crear los nuevos mitos de la equidad y la reconciliación. ¿Quién sabe quién puede oír? ¿Quién sabe qué pueden ser los frutos de nuestras canciones?


Gerry Loose es un poeta y activista cuya obra a menudo se encuentra inscrita en parques, jardines, hospitales y otros espacios al aire libre, así como también en galerías y en muchas publicaciones impresas, catálogos y libros.  Sus más recientes libros son: Falla geológica, y Un almanaque de robledos. Otros títulos incluyen: Aquella persona misma –registro poético de un tour a pie por sitios de pruebas nucleares en Estados Unidos, así como en Hiroshima y Nagasaki e Impreso sobre agua, nuevos y selectos poemas. Sus premios incluyen: Hermann Kesten Stipendium, Kone Foundation, Creative Sclotand y la Beca de investigación Robert Louis Stevenson. Es miembro del Pen escocés y fundador y primer director del Centro de Escritores de Escocia.

Ha tenido residencias en varios Jardines Botánicos, incluyendo los Jardines Botánicos de Glasgow y El jardín de las plantas, en Montpellier. Un ejemplo creciente de su escritura-terrestre puede encontrarse en Mynamaki, Finlandia.

Él no hace distinción alguna entre su producción poética y su arma política anti-nuclear, activismo contra la guerra.  Vive en una pequeña isla retirada de la costa oeste de Escocia, cerca de Faslane, sede base de armas nucleares submarinas británicas.


Por Gerry Loose
Con información de Prometeo

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