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Mdammas egipcio – Puré de habas

Mdammas egipcio

Las habas son de origen persa pero a pesar de ello el mdammas es un plato original de Egipto y Sudán, es sin lugar a dudas uno de los platos más populares de estos países. En Marruecos se conoce como «Bissara».

Por alguna razón desconocida, en Palestina, Siria, Jordania, Líbano e Irak se ha vuelto un plato típico y su modo de preparación ha superado ampliamente el sabor del mdammas egipcio.

Este plato al igual que el hummus no puede faltar en ninguna mesa. Se consume con pan árabe utilizado a modo de cuchara.



Ingredientes
(para 2 personas)

¼ kg de habas moradas, cocidas en casa o en conserva
1 diente de ajo grande
1 cucharadita de sal
2 ramitos de perejil fresco
Zumo de 1 limón
1 guindilla cortada a trocitos muy pequeños
1 cucharada de tahina
1 cucharada de aceite de oliva
1 cucharada de agua

Elaboración

En un mortero de madera o barro, machaque el diente de ajo, la sal y los ramitos de perejil fresco. Añada el zumo de limón, la guindilla, la tahina, el aceite y el agua. Mezcle y remueva todos estos ingredientes con una cuchara, hasta obtener una salsa de uniformidad adecuada. Prepare el mdammas grumoso o el mdammas puré. La única diferencia entre ambos consiste en que el grumoso se consigue si no se machacan del todo las habas ya cocidas en un mortero. Para obtener el mdammas puré, hay que recurrir a la procesadora. Si las habas son de conserva, caliéntelas en una cazuela durante cinco minutos, escúrralas y póngalas en una procesadora, junto con la mitad de la salsa. Bata la mezcla hasta que se convierta en un puré cremoso y consistente. Disponga el puré en un plato hondo y cúbralo con la otra mitad de la salsa. Rocíe con hilillos de aceite de oliva y acompañe con cebolla tierna.

El mdammas se consume, como el hummus, con eish y directamente del plato. Debido a su textura moldeable, el pan árabe sustituye a menudo al tenedor o a la cuchara para tomar alimentos directamente del plato.



La versión Egipcio-Sudanesa

Ingredientes:
(para 2 personas)

¼ kg de habas moradas, cocidas en casa o en conserva
1 cucharadita de sal
1 cucharada grande de aceite de oliva
1 tomate natural cortado en trocitos
Una pizca de pimiento rojo picante
1 pimiento rojo o verde cortado en trocitos pequeños
1 cebolla cortada en trocitos pequeños.

Elaboración:

A diferencia de los árabes asiáticos, los egipcios y los sudaneses cuecen mucho las habas, de manera que no hay necesidad de machacarlas. Escurra las habas y póngalas en un plato. Cúbralas con el resto de los ingredientes y sirva el mdammas acompañado de eish, pan (que significa vida).


Por Salah Jamal

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Blemios – La última tribu de Nubia

Mandulis

Origen de los Blemios

Los blemios, un pueblo nómada originario de la Baja Nubia, (entre la primera y la segunda catarata y las costas del Mar Rojo), cuya antigüedad se remontaba al II milenio a.C.

Fueron los últimos paganos fieles a la religión egipcia. Aún seguirían adorando a Isis y a Mandulis casi dos siglos más hasta que los dioses abandonaron Egipto, cuando el emperador Teodosio mandó cerrar definitivamente los templos en el año 392 d.C, encarcelando a los sacerdotes y trasladando las estatuas sagradas a Constantinopla.

La civilización Blemia fue un reino tribal que existió aproximadamente entre el año 600 a.C. y el tercer siglo d.C., y lucharon contra el Imperio Romano para defender sus tierras en las regiones de Nubia, Kush y Sudan.Las primera referencias indubitables datan del siglo VII a. C., en los registros del Napata, en el reinado de Anlamani (620 a. C. – 600), en el templo de Amón en Kawa, cerca del actual Kerma (Sudán), que los presenta asentados en la Baja Nubia.





La última referencia segura es del 537, relacionada con el cierre del templo de Isis en Philae, por orden de Justiniano I, y su derrota por el rey Silko de Axum, aunque existe una posible mención posterior en 758, en relación al incumplimiento abbasí del baqt nubio, que habría provocado incursiones de blemios en el Alto Egipto.

Durante el Imperio Nuevo Egipcio, los blemios son conocidos como Blehu, según las inscripciones jeroglíficas, en las fuentes egipcias de época de Ramsés I,aunque la referencia es discutida. Los registros del reino de Napata evidencian que en el siglo VII a. C. los blemios estaban asentados en la Baja Nubia, donde se reconocían como súbditos del hegemónico reino de Napata, lo que no evitaba ocasionales expediciones de castigo, como las llevadas a cabo por Anlamani (623 a. C. – 593 a. C.), en el Desierto Occidental. Entre los siglos V a. C. se extendieron por la Alta y la Baja Nubia.

Las incursiones de los blemios debieron ser considerables, dada la existencia de preces de protección en los rituales amónicos egipcios en el siglo VI a. C. en tiempos de Darío I el Grande de Persia. Existen menciones posteriores, a ésta. Además de ésta existen otras menciones posteriores a los blemios, Heródoto habla de su presencia en los confines del Alto Egipto en el siglo V a. C.. También es conocido que el rey Harsiyotef de Napata (404 a. C. – 369 a. C.), se vio obligado a batirlos en la Baja Nubia, para contener la amenaza que suponían. Aunque el enfrentamiento con los blemios continuó en tiempos del rey Nastasen de Napata (335 a. C. – 315 a. C.).

Mapa de Estados Nubios

Los blemios terminaron por desplazarse sucesivamente a las regiones montañosas del desierto oriental del Alto Egipto y la Alta NubiaDurante su período de apogeo, en la época del Imperio Blemio, parece haber evidencias de que al menos una parte de ellos,​ se sedentarizaron. En ese período su capital en Khalābsha durante los siglos III y IV, y en Shimalo (aunque este último nombre podría ser el de Kalābsha en lengua blemia) durante el siglo V. Son el origen del mito sobre un pueblo fantástico de hombres acéfalos conocidos como blemias.

La decadencia del reino de Napata, progresivamente sustituido por el reino de Meroë, lleva a una inicial despoblación de la zona, que hace que en los siglos IV a. C. y III a. C., la Baja Nubia, esté poco poblada, pero en ese período, los blemios se reasentaron en la Baja Nubia, reconociéndose como súbditos del reino de Meroë, que, eran el poder dominante en Nubia y Sudán en ese período, aunque había algunos estado independientes  asociados o dependientes del reino de Meroë.

Cuando en 540 se cierra definitivamente el templo de Isis en Philae, los blemios, se refugian en el desierto. La pista documental de los blemios desaparece, aunque se tiene el nombre de un rey, Bachia y algunos restos arqueológicos datados hasta el siglo VII en torno a su “capital del desierto” Deraheib, ubicada entre Wadi Halfa y el Mar Rojo. Así es como la última mención a los blemios aparece en el 758 cuando los gobernantes abbásidas de Egipto incumplen el baqt nubio, lo que desencadena incursiones blemias.


Etnia de los Blemios

La caracterización étnicas de los blemios es compleja. Ya que al tratarse de un pueblo antiguo en una región donde existen pueblos de varias familias lingüísticas definir su etnia se vuelve muy complicado.​

Se consideran a los blemios como los sucesores de los buka o medjay (medju, en singular), que eran básicamente «nubios» emigrados a Egipto en el segundo milenio y que fueron utilizados como fuerzas policiales, bien como descendientes de los grupos no emigrados, bien como sustitutos en el territorio vaciado. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que algunos «nubios» eran de etnia nilo-sahariana, como atestiguan las inscripciones meroíticas, mientras que el área ocupada por los blemios está ocupada actualmente por pueblos de etnia cushítica. Así mismo, los blemios son considerados, a su vez, los ascendientes de los bejas.

Un punto de vista diferente, de las fuentes clásicas greco-romanas, los considera tribus etíopes, ya que Lybia en sentido amplio se refiere al África que circunda a Egipto. Así mismo existen referencias romanas que los identifican como árabes.

Las creencias religiosas y actividades culturales de los blemios debían ser similares a las de las culturas egipcia, napata y meroítica, dada su fuerte inculturación, pero solo se tienen pruebas de algunas de sus divinidades: Mandulis, que parece ser su dios principal, en Kalābsha.  Ariteñ, “hijo mayor y patrón de Amani”, en la inscripción de Kalābsha. Isis, en el templo de Philae.

Blemios

Blemios, las criaturas sin cabeza

En la actualidad son muy pocos los que creerían en la existencia de criaturas como los Blemios. Sin embargo, tampoco se ha podido explicar cuál fue la causa que llevó a tantos autores antiguos a escribir sobre tales seres. Incluso hay autores de ciencia ficción, por ejemplo, que en sus relatos han planteado la posibilidad de que los Blemios fueran extraterrestres.

Otra posible explicación es que los Blemios no fueran más que seres humanos cuyos hombros se alzaran a una altura desproporcionada debido a una alteración anatómica provocada durante su infancia. Otra de las hipótesis sugiere que, quizás, todo se deba a que la propia vestimenta tradicional de los habitantes de los desiertos, (beduinos y otros nómadas), junto a sus tocados podrían haber dado una impresión equivocada a los antiguos escritores haciéndoles ver, en realidad, a personas sin cabeza.

El término ‘Blemios’ también aparece en la «Geografía» de Estrabón. Este geógrafo griego del siglo I describe a los Blemios no como monstruos extraños, sino como una tribu que habitaba las tierras bajas de Nubia, a lo largo del río Nilo y en dirección al Mar Rojo.

Fue el escritor romano Plinio el Mayor quien relacionó a los Blemios de Estrabón con las criaturas sin cabeza de Heródoto. En su «Historia Natural», Plinio escribe: «los llamados Blemios carecen de cabezas, encontrándose sus ojos y bocas sobre sus pechos». Hay que aclarar que, tal y como también sucede con Heródoto, todo el conocimiento de Plinio acerca de los Blemios está basado en simples rumores. Además, la visión geográfica de Plinio es similar a la de Heródoto: para ambos los extremos del mundo conocido están habitados por extrañas criaturas. Así vemos que Plinio también escribió sobre los Himantópodos, «unas gentes con pies que parecen sandalias, mediante los cuales se desplazan según su naturaleza, con paso serpenteante».

Con información de  Ancient


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El genocidio de Darfur avergüenza a la humanidad

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Saadiya vive en Suleya, en la región occidental de Darfur, cerca de la frontera de Sudán con el Chad. A los 17 años recibió dos balazos en una pierna mientras juntaba leña en el monte y aún espera que alguna organización humanitaria la traslade al hospital de Juneina, distante 80 km, para que reciba atención médica.

Ha tenido suerte, la ayuda rudimentaria que recibió en su aldea impidió que su herida se le infectara pero con el tiempo su problema se agravará y puede quedar inválida. Ella es una estadística más, como los 200.000 muertos y los dos millones de desplazados que ha provocado la cruenta guerra en Darfur, una región de Sudán, desde 2003.

Por estos lados Sudán no es muy popular. Baste con decir que es una guerra como todas las guerras, cada quien defendiendo lo suyo. En este país unos lo tienen casi todo (árabes musulmanes del norte) y los de Darfur casi nada (minoría africana negra, también musulmana revuelta con cristianos), por eso se levantaron en armas, formando el Ejército de Liberación del Sudán(SLA).

Como los del norte ya habían cedido a una rebelión similar en el sur del país y su estado islamista se podía desdibujar, optaron por la limpieza étnica; pero como su ejército tiene muchos negros de Darfur, decidieron armar un tenebroso grupo paramilitar, los Yanyawid, para retomar el control y de paso apoderarse de las mejores tierras.

Nada nuevo para este mundo acostumbrado a tragedias peores y olvidadas. ¿Pero por qué los poderosos se reunieron en Etiopía para tratar de resolver esta crisis humanitaria? ¿Qué hace tan especial a Darfur que obliga a resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, intervención de las grandes potencias, la Liga Árabe, la Unión Africana (UA) y la Unión Europea?

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Petróleo es el nombre del juego

Sencillo, dinero y política. Sudán está bien colocado en la geografía y tiene recursos que los ricos necesitan (exporta 320.000 barriles diarios de petróleo y se estima que puede llegar a tener el 10% de las reservas del planeta). De ahí que haya tantos convidados a la fiesta.

Por un lado se encuentra un grupo que apoya al gobierno musulmán (Francia, China, la Liga Árabe y los musulmanes), el otro, al sur africano (EUA y sus aliados) y uno más, los organismos internacionales (la UE, la Unión Africana y la ONU).

¿Qué hace Francia ahí metida? Aparte de preservar su influencia política, su petrolera Total tiene concesiones en el Sur que aún no ha podido ejecutar por la guerra. Esto ha hecho que desde 2004 tenga tropas apostadas en el Chad, cerca de Darfur, para defender estos intereses.

China anda en las mismas. Necesitada de reservas petroleras seguras para su creciente demanda industrial ha hecho buenas migas con el gobierno sudanés. Dos empresas chinas (China National Petroleum Corporation –CNPC– y Petrodar) operan allí y está invirtiendo en oleoductos para exportar el crudo por el Índico a través de Port Sudan.

Aparte de las afinidades religiosas, la Liga Árabe tiene velas económicas en este asunto. Los TLC abundan por todos lados y Sudán no es la excepción. En 2002 firmó con los Emiratos Árabes Unidos (los más fuertes inversionistas) y Jordania. Arabia Saudita también tiene grandes inversiones. Y todos sabemos que la estabilidad política protege la económica. De ahí el silencio cómplice de los países árabes.

¿Y los Estados Unidos? Votos, fundamentalismo y business los mantienen allí. El electorado negro (11%) que simpatiza con la minoría sudanesa, los evangélicos que defienden las minorías religiosas y los recursos que Darfur tiene de petróleo, cobre y uranio.

Y hay que verlos empujándose, haciendo cuentas alegres (y tristes también), como lo hace la Unión Africana (UA) que quiere conseguir credibilidad, lo mismo que la ONU, a cuyos cascos azules no se les permite la entrada porque según el presidente sudanés se requiere una solución africana, quizás como la de Ruanda: todos muertos.

¿Genocidio?

Los expertos dicen que no. En su momento (2004), la UE advirtió que hay una «matanza silenciosa de amplias proporciones» y la ONU señaló que se trata de actos genocidas que no constituyen genocidio. La importancia de esta cuestión radica en que de ser calificado como genocida el régimen de Sudán, la comunidad internacional está autorizada para intervenir directamente en el conflicto.

Es indudable que esto dañaría muchos negocios. No obstante, la Corte Penal Internacional al parecer está pronta a iniciar un juicio contra los responsables de los crímenes contra la humanidad allí causados. Mientras tanto, la ayuda humanitaria no llega a su destino, las débiles fuerzas de la Unión Africana no pueden hacer nada para impedirlo y los organismos humanitarios son expulsados, acusados de espionaje.

Al resto del mundo le queda un sinigual recurso. Jugar Darfur is Dying, un videojuego gratuito cuyo objetivo es evitar ser asesinado en Sudán. La tercera conferencia de Games for change espera de esta forma que los jóvenes tomen conciencia de las tragedias que vive la humanidad.

A los dos meses de su lanzamiento fue descargado 750.000 veces, un número inferior a los desplazados que atestan los campamentos de refugiados. No sabemos cuántos han logrado ganar el juego, salvando la vida. En el real, 10.000 personas mueren cada mes sintiendo su propio game over.

Por Marsares
Con información de Equinoxio

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Gadafi: abandonó en la cima para volver a la pobreza

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Cada lunes, miércoles y viernes, hacia las cinco de la tarde, este mecánico improvisado se levanta de su cómoda y engrasada silla de escritorio, recoge la docena de cacharros llenos de tuercas y tornillos exhibidos sobre una repisa destartalada y los acomoda como puede dentro del diminuto cubículo de piso de tierra. La tienda de repuestos para motos y bicicletas es una estructura de madera cubierta de chapas oxidadas al igual que el resto de los cientos de puestos que se amontonan unos sobre otros ofreciendo tomates, ollas, zapatos, cigarrillos o carbón, en el mercado de Konyo Konyo, en la ciudad de Yuba, la capital del país más joven del mundo. Luego de guardar el último de los fierros y cuando la sinfonía de gritos, radios y motores ruge aún con rabia, Gadafi cierra la puerta de chapa, pone los candados y emprende la caminata hacia el Natural Production, su gimnasio, el único club de boxeo de Sudán del Sur. Tres veces por semana, bajo la galería de una de las esquinas del edificio colonial, Gadafi entrena junto a un grupo de jóvenes que hasta hace poco desconocía el deporte de los grandes guantes y que hoy sueña con subir a un ring. Ya sea de pantalones deportivos, vaqueros o calzoncillos, la media docena de jóvenes entra en calentamiento moviéndose hacia adelante y hacia atrás, cubriéndose la cara y lanzando puñetazos a rivales invisibles. Mientras Gadafi, con sus botas Nike y unos pantalones satinados que le llegan hasta las rodillas, sube y baja los tres escalones de la galería sin descuidar su cronómetro. Gadafi Gore, como le puso su padre en honor al coronel, otrora líder de la revolución libia, abrió el gimnasio en 2007 junto a Otto George quien además de socio es su coach.

Luego de guardar el último de los fierros y cuando la sinfonía de gritos, radios y motores ruge aún con rabia, Gadafi cierra la puerta de chapa, pone los candados y emprende la caminata hacia el Natural Production, su gimnasio, el único club de boxeo de Sudán del Sur

Un moreno retinto que se ha pasado la vida en torno a los rings y que alcanzó a entrenarse antes de refugiarse en Inglaterra, en el único gimnasio de boxeo que existió en el sur de Sudán antes que se desatara la guerra civil. Hacia el 26 de abril de 1980, fecha en que nació Gadafi, ya se habían producido los primeros enfrentamientos entre las fuerzas del ejército central de Sudán que repondían a los intereses del norte árabe y musulmán y las fuerzas rebeldes del sur de población negra, cristiana y animista. Pero no fue hasta el 1983, con el intento por parte del gobierno central de hacerse con los yacimientos petroleros del sur, y sobre todo por intentar instaurar la ley islámica, que se desató la segunda guerra civil en el país más grande de África. Para ese entonces la familia Gore, perteneciente a la tribu Bari, una de las más de 400 del sur de Sudán, vivía en el barrio de Atlabara a pasos de la avenida de la Universidad por donde a diario pasaban las fuerzas del ejército. Pero al año siguiente, cuando Gadafi ya había cumplido los 4 años y los bombardeos se habían intensificado sobre la ciudad, su padre, quien trabajaba para Naciones Unidas, decidió enviar a su familia a la vecina Uganda. “El viaje nos llevó cuatro días”, recuerda Gadafi, y es que en la década de 1980 en el sur de Sudán no había ni transporte ni carreteras. Su madre junto a sus cinco hijos varones y tres hijas mujeres viajaron lenta y silenciosamente sentados sobre la carga de un camión destartalado. Atravesaron el seco y polvoriento paisaje del Sahel que se iba haciendo más verde a medida que avanzaban hacia el sur y se acercaban a la frontera con Uganda, país donde crecería y se educaría el futuro boxeador. Pasarían más de veinte años para que se firmara la paz del 2005 que pondría fin al conflicto que dejó más de dos millones de civiles muertos y cuatro millones de desplazados. Durante la guerra “era muy peligroso trasladarse”, recuerda. Los caminos estaban cerrados, la mayor parte de la gente no trabajaba y vivía de la ayuda humanitaria. Pero desde que terminó la guerra las cosas están cambiando. “La gente se está adaptando a las costumbres de los inmigrantes” que vienen de Uganda, Kenia o Tanzania a trabajar e incluso “los buses empezaron a llegar hace poco”. Hoy a este exprofesional del deporte le alcanza con llamar a su hermana en Kampala, capital de Uguanda, para que unos días más tarde sus repuestos estén en la terminal de buses de Yuba. Mucho más complicado se le hicieron los 6.900 kilómetros que le separaron de su familia cuando en diciembre de 1999, con 19 años, viajó a Noruega para boxear durante un año para un club amateur. A cambio de competir en la liga noruega y en torneos internacionales que lo llevaron a los preciados rings suecos y daneses, le daban techo, comida y un buen sueldo. Pero “extrañé mucho”, recuerda con una sonrisa melancólica. Ni bien se terminó el contrato, a pesar de que le llovieron propuestas de diferentes países europeos, Gadafi decidió regresar a Kampala y a los cuadriláteros africanos.

El boxeo regresa a Yuba

Las ajetreadas giras europeas ya son un recuerdo lejano y desde que regresó a Sudán del Sur la única competencia de la que participa Gadafi es el Box day. Cada 26 de diciembre, cuando la ciudad de Yuba está colmada de expatriados que regresan para las navidades, en el centro cultural de la ciudad se monta un ring al aire libre que despierta pasiones en la incipiente capital mundial de 250 mil habitantes. Aprovechando la influencia de la tradición británica, el Natural Production celebra el Box Day, festividad de origen medieval celebrada en las excolonias británicas donde antiguamente los nobles organizaban competiciones deportivas y llenaban de regalos a los pobres. Y aunque el Box Day sudanés no tiene el refinamiento de quienes fomentaron el odio entre el norte y el sur, sí cumple con la premisa de regalarle una jornada deportiva a una de las sociedades más subdesarrolladas del mundo. Para esa fecha, unos cuantos discípulos de la treintena que entrenan en el gimnasio son elegidos para participar en alguna de las 12 peleas del torneo en el que participan invitados de los países vecinos. “Desde que estoy en Sudán nunca perdí una pelea”, afirma Gadafi sonriendo con humildad. Y como era de esperar, en los seis años en que se ha celebrado el torneo, hasta el momento ha sido Gadafi, quien llegó a ser el cuarto mejor boxeador de Uganda –país referente del boxeo africano– el que se ha llevado el trofeo para su casa. Ubicada sobre una despareja calle de tierra por donde asoma la veta de la roca sobre la cual está apoyada la ciudad, tras una cerca de ramas de dos metros de altura, se encuentra la antigua y deteriorada casa de los Gore. Junto a esta, dos chozas de barro con techo de paja y piso de tierra, como en las que vive el 95% de los sudaneses del sur, sirven de complemento para alojar a Gadafi, cuatro de sus hermanos y a su padre, a quien no vio por más de 20 años. “Hacía mucho que no teníamos noticias de mi padre, incluso nos habían dicho que había muerto”, afirma. Pero en 2001 un conocido llegó con una foto que reavivó la esperanza. Cuatro años más tarde, cuando se firmó el acuerdo de paz que puso fin a la guerra, Gadafi, quien para ese entonces tenía 25 años, emprendió un viaje a Yuba con la foto de su progenitor. “Tenía que volver para encontrarlo”, dice. Y como por fuerza del destino, ni bien llegó a la ciudad que le vio nacer lo encontró. “Mi padre ya estaba muy viejo”, recuerda. Sin embargo, no se quedó y regresó a Kampala. Trabajó día y noche durante nueve meses hasta que logró juntar el dinero para volver. Esta vez con su madre y seis de sus hermanos. “Al principio fue muy difícil”, rememora el moreno de sonrisa perpetua. Cuando terminó la guerra las condiciones de vida en el sur de Sudán eran muy precarias y al poco tiempo enfermó gravemente de cólera y tifoidea.

El mercado de Nakasero funcionaba como una gran vitrina, y así como se escogían tomates y lechugas también se elegían boxeadores

Durante los primeros años deambuló entre changa y changa hasta que abrió el negocio que hoy le permite ayudar a seis sobrinos, a su madre y a su padre. Cubierto con una desilachada túnica marrón y apoyado en un bastón de madera, el anciano de 82 años camina casi a diario hasta el mercado para escuchar las historias de su hijo y recuperar de esa manera algo del tiempo perdido. “Todo empezó cuando tenía 9 o 10 años, en uno de esos mercados donde por unos céntimos los niños pueden ver películas sentados en el piso”. De repente apareció en la pantalla del antiguo televisor en blanco y negro el campeón mundial George Foreman y Muhammad Alí, disputándose el título mundial en el Congo. A partir de entonces Gadafi no pudo dejar de comprar videos de boxeo. Pero no fue hasta los 15, cuando Loudele, su amigo de toda la vida lo llevó al mercado de Nakasero, que sintió por primera vez la adrenalina del deporte que le cambiaría la vida. Y es que el céntrico mercado con capacidad para más de 30 mil comerciantes es la cantera del boxeo ugandés. A las cinco de la tarde cuando los puestos de frutas, verduras, ropa o electrodomésticos bajan las cortinas, los feriantes más fanáticos se juntan a boxear entre cajones. Nakasero no es solo el único mercado del mundo en el que se ha organizado un festival de boxeo, sino que también es el lugar del cual salieron estrellas como James Lubwama, The African Express, quien en setiembre del 2010 recuperó el título de peso mediano de la Asociación de Boxeo de Estados Unidos. “Yo puedo hacer esto”, le respondió Gadafi a su amigo sin dudar. Y aunque era menor en el resto de los luchadores, a partir de allí nunca dejó de boxear. Todos los días a las cinco de la tarde se iba de la escuela al mercado para imitar los movimientos de los mayores hasta que un año más tarde conoció a Musisi, el couch de un gimnasio del mercado, quien le enseñaría los primeros movimientos.

El inolvidable recuerdo del primer ring

Move, move, move… Bajo la galería del Natural Prodution, y con la respiración acelerada por el repiqueteo de las piernas, Gadafi alienta a los más nuevos que le acompañan como pueden. El exprofesional, que no pierde nunca la paciencia, explica cada movimiento con una tierna sonrisa mientras Kamal Adam, un adolescente de 13 años y el más pequeño del grupo, le observa con admiración. “Mi primera pelea la perdí”, recuerda. Su primer duelo fue a los 16 años en el gimnasio del mercado de Nakasero. Allí no se comparaban los pesos, se elegía al azar y le tocó debutar con un chico más grande y más fuerte. “Tuve miedo”, afirma el exprofesional de los rings, y recuerda como tras la primera paliza de su vida su coach le aseguró que la próxima vez ganaría. El mercado de Nakasero funcionaba como una gran vitrina, y así como se escogían tomates y lechugas también se elegían boxeadores. Al año siguiente, Kiebirege Musa, el entrenador del gimnasio del ejército de Uganda, le ofreció un puesto en el equipo a cambio de techo, comida y 100 dólares mensuales, una propuesta irrechazable. Gadafi no lo dudó y se fue a Bombo, un pueblo a 30 kilómetros de la capital, donde se encontraba el cuartel general del Ministerio de Defensa. “La primera vez que subí a un ring tenía 17 años. Todo se me hacía enorme. Allí arriba cambia todo”, afirma con la mirada fija en una vieja foto. Las tribunas atiborradas de gente y el griterío estremecedor lo intimidaron. Pero ganó, fue la primera de cinco peleas del torneo Junior donde los primeros cuatro, de un total de 50, ascendían de categoría. En menos de un año Gadafi pasó por todos los escalafones hasta llegar a National Open, donde fue seleccionado para entrenar con el equipo nacional ugandés. “Al boxeo hay que dedicarle mucho tiempo porque si no perdés”, explica. Pero aunque este joven de mirada penetrante le dedicó la vida al deporte, nunca pudo competir por la selección de Uganda. Era un refugiado sudanés. “La última pelea amateur fue la más importante de mi vida”, rememora. El estadio de Kampala con capacidad para 7.000 personas estaba colmado para presenciar la semifinal del Campeonato Internacional Nyangineso. Gadafi se enfrentaría a Saku Hassani, uno de los mejores boxeadores ugandeses amateur. “El estadio aclamaba su nombre”, recuerda, “pero en el segundo round lo noqueé”. El árbitro contó hasta siete en un silencio estremecedor. Pero se levantó. Pasaron los cuatro round, se dimitió por puntos y finalmente ganó el más experiente. Sin embargo con esa pelea Gadafi se convirtió en profesional y empezó a hacerse un nombre. Hacía dos años que había regresado de Noruega y había abandonado el equipo militar para defender los colores del club policial de boxeo para regresar a la capital. “Fueron años duros”, recuerda, trabajaba por el día y entrenaba por la tarde para poder mantener el hogar que compartía junto a su novia y su hijo Akram, de 5 años, a quien visita cada vez que vuelve a Uganda. Ahora en Yuba tiene a Noelia con quien lleva tres años de novio y con quien sin embargo no comparte techo. Y es que en Sudán del Sur las parejas no pueden vivir juntas ni tener relaciones sexuales. “Si tu novia se queda contigo vienen a buscarte los parientes para que les pagues. Si no te denuncian y vas preso. Aquí cualquiera te pide 10 mil dólares para que te cases con su hija”, agrega, e incluso las tribus dedicadas al pastoreo aún negocian con ganado. “Yo ya les dije que les voy a pagar poco. Si aceptan me caso y si no, no”. Pero parece que próximamente habrá casorio, y es que hasta en esta región, una de las más aisladas del planeta, las cosas están cambiando. La independencia de Sudán del Sur firmada el 9 de julio de 2011 le abrió una nueva oportunidad a este pueblo, uno de los más sufridos del mundo y lentamente la sociedad ha empezado a cambiar. Sin embargo, los conflictos internos y la disputa con el norte por los yacimientos petroleros fronterizos mantienen latente la amenaza de un nuevo conflicto a tres años de la independencia. A pesar de todo Gadafi confía en su país y junto a su socio ha solicitado la inscripción oficial de Natural Production con lo que en el futuro, quienes representen al país más joven del mundo en competiciones internacionales saldrán de su gimnasio. Los tiempos de los rings africanos han quedado atrás y este exboxeador profesional, quien sacrificó su carrera por regresar a su país, piensa ahora en retirarse e irse al extranjero para convertirse en coach y poder así entrenar a los futuros boxeadores. Sin embargo, antes de colgar los guantes definitivamente “quiero boxear al menos una vez por mi país”. Mientras tanto, todos los lunes, miércoles y viernes Gadafi entrena junto a Otto, Raskorbi, Kamal, Alem y al resto de los jóvenes en el Natural Production. Move, move, move…

Por Jerónimo Giorgi
Con información de : El Observador

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Los niños perdidos en medio de la violencia en Sudán del Sur

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Reunificar a los niños perdidos en medio de la violencia en Sudán del Sur

UNICEF presenta su Acción Humanitaria para la Infancia (HAC) de 2014. Este llamamiento mundial presenta las necesidades combinadas de quienes viven en las circunstancias más difíciles, ya sea las situaciones de emergencia a gran escala que aparecen en los titulares de todo el mundo o las crisis menos visibles pero no menos urgentes, que ponen las vidas y el bienestar de los niños y las mujeres en peligro. Con el objetivo de proporcionar asistencia esencial a 85 millones de personas, entre ellas 59 millones de niños, el HAC de 2014 es el mayor llamamiento humanitario jamás realizado por UNICEF –2.200 millones de dólares en total– y refleja el creciente impacto de los desastres y las emergencias sobre los niños de todo el mundo.

Debido al desplazamiento a gran escala y la inseguridad en Sudán del Sur, muchos niños han quedado separados de sus familias y sus comunidades. Reunirlos de nuevo es un gran desafío, pero los esfuerzos de UNICEF y sus aliados están haciendo que sea posible.

Lejos de casa, en compañía de extraños que hablan un idioma que ellos no conocen, un pequeño grupo de niños y niñas juegan en medio del polvo en un centro de bienestar infantil en Juba. Son algunos de los cientos de niños perdidos o no acompañados en medio del caos desencadenado por los intensos combates en Sudán del Sur.

Las fuerzas del gobierno rescataron a estos niños en la ciudad de Bor, estado de Jonglei, a unos 200 kilómetros al norte, y los llevaron a Juba. Aquí nadie sabe sus nombres o edades exactas. Los niños hablan muy poco árabe. Algunos hablan murle, una lengua minoritaria. La mayoría apenas habla.

“Nosotros les trajimos aquí. Estaban en un estado miserable, habían sufrido mucho. Era realmente una mala situación, están completamente totalmente traumatizados y enfermos. No sabían siquiera qué hacer y por ello los trabajadores sociales de aquí trabajaron muy duro para ponerles en el nivel en que usted los ve ahora”, dice el Obispo Martin Moga, director de Bienestar Infantil en Juba. “Gracias a la ayuda de UNICEF, nuestro aliado, nos preocupamos por los niños, les damos medicamentos, alimentos y ropa. Reciben un buen baño, y duermen bien”.

Sistema de rastreo

Rastrear sus historias y sus familias es una batalla complicada en un momento en que más de 700.000 sudaneses del sur han quedado desplazados dentro del país, y casi 150.000 han huido a países vecinos.

Aunque el 23 de enero se firmó un acuerdo de cese de hostilidades, muchas familias todavía tienen miedo de volver a casa. Alrededor de 75.000 personas se han refugiado en las bases de la Misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur. Sólo en Juba se ha registrado a 245 niños como separados de sus familias o no acompañados por un adulto.

Las necesidades humanitarias son duras en Sudán del Sur, y los organismos de socorro tienen graves restricciones para distribuir ayuda a los necesitados. Hasta la fecha, UNICEF ha podido llegar a sólo 300.000 de los desplazados internos, menos de la mitad del total. El grave déficit en la financiación, el saqueo generalizado de los suministros y la falta de acceso a todas las zonas afectadas causan graves problemas en la obtención de ayuda para niños y familias.

En el centro de bienestar, UNICEF y la organización asociada Fuerza de Paz han establecido un sistema de localización para reunir a familias como la de Nyawal Rúaj, de 29 años, de Bor, que estaba encantada de haber encontrado a sus dos hijos pequeños gracias al centro.

“Había un tanque grande que disparaba donde nos alojábamos. Até a mis hijos juntos para que no se separaran”, dijo ella. “Luego me fui a la casa a buscar a mi bebé recién nacido y un poco de ropa, y en ese tiempo los dos niños se escaparon, siguiendo a los que huían. Mi marido sigue desaparecido. Pero gracias a esta gente en el centro, por lo menos tengo a mis hijos de vuelta”.

Una cuestión de tiempo

La mayor preocupación para los grupos de protección de la infancia y para UNICEF es que mientras sus familias están buscándolos, los niños no acompañados puedan ser objeto de trata, abuso, adopción ilegal o de que los saquen del país.

“En un período delicado como este, lo que hemos aprendido de todas las situaciones de emergencia en todo el mundo es que una de las cosas que no debemos hacer es sacar a los niños de su comunidad, de su país”, dice Cornelius Williams, Asesor Regional de Protección de la Infancia para África oriental y meridional. “Esto sería romper los vínculos de los niños con sus comunidades, y si encontramos a sus familias, incluso a sus familias ampliadas, les enviamos los niños. Este es un estado que tiene leyes, que rige cómo se traslada a los niños”.

A pesar de los riesgos continuos, el Sr. Williams confía en que los niños y las familias puedan reunirse.

“Es sólo una cuestión de tiempo, con el cese de las hostilidades, con el trabajo que estamos haciendo”, dice. “La mayoría de estos niños estarán de vuelta con sus familias”.

Con información de : Costa Rica

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EEUU mantiene a Cuba, Irán, Siria y Sudán como países patrocinadores del terrorismo

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EEUU mantiene a Cuba, Irán, Siria y Sudán como países patrocinadores del terrorismo

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha mantenido a Cuba, Irán, Siria y Sudán en su lista de países patrocinadores del terrorismo, una designación que, más allá de consideraciones simbólicas, implica sanciones y limita las relaciones con sus gobiernos.

El Departamento de Estado norteamericano ha hecho público este jueves su informe anual sobre terrorismo –correspondiente a 2012–, en el que hace un repaso por regiones y países de la situación a nivel mundial. El Gobierno de Barack Obama informa, entre otras cuestiones, de bastiones para el terrorismo y de organizaciones violentas.

Dentro de este análisis, Washington incluye a Cuba, Irán, Siria y Sudán como «países patrocinadores del terrorismo» y mantiene para ellos una serie de prohibiciones, incluidos vetos a la venta de armas y a la ayuda económica y controles sobre las exportaciones.

Cuba entró a formar parte de esta lista en 1982 y, aunque «no hay indicios de que el Gobierno proporcione armas o entrenamiento militar a grupos terroristas», Estados Unidos sí considera que da amparo a miembros de organizaciones como ETA o las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Según Washington, más de una veintena de miembros de ETA residen actualmente en Cuba, pese a que las autoridades de la isla «están intentando distanciarse» de este grupo negando ciertos servicios a los etarras, por ejemplo la entrega de documentos para viajes.

En el caso de Irán, Estados Unidos considera que «ha incrementado su actividad vinculada con el terrorismo», hasta el punto de participar en ataques o intentos de atentados en India, Tailandia, Georgia y Kenia. «Irán proporcionó apoyo financiero, material y logístico a grupos terroristas y milicias en Oriente Próximo y Asia Central», advierte Washington.

Otro motivo de «preocupación» para el Departamento de Estado es la industria nuclear iraní, toda vez que considera que la República Islámica «continúa violando sus obligaciones internacionales» y sigue sin suspender sus «actividades de proliferación nuclear» pese a los múltiples llamamientos.

SIRIA

Estados Unidos incluyó a Siria como patrocinador del terrorismo en el año 1979 y, para su informe sobre 2012, ha tenido en cuenta la guerra civil que atraviesa el país, ya que este conflicto ha hecho «todavía más fuertes» las relaciones entre Damasco y determinados grupos.

El Departamento de Estado norteamericano reprocha a Damasco su respaldo al grupo libanés Hezbolá, al que ha dado apoyo tanto político como armamentístico. Asimismo, el presidente sirio, Bashar al Assad, «sigue expresando públicamente su apoyo a grupos terroristas palestinos como elementos de resistencia contra Israel», según Washington.

El informe destaca también la importancia de Siria como elemento clave para la financiación del terrorismo, entre otros motivos por la imposibilidad de seguir el curso del dinero en un país con un «vasto mercado negro». En este sentido, el Gobierno estadounidense informa de que el 60 por ciento de las transacciones se hacen en metálico y de que casi el 80 por ciento de los sirios no utilizan servicios bancarios para sus actividades.

Estados Unidos vigiló «de cerca» en 2012 la localización y la situación de materiales e instalaciones militares considerados susceptibles, «incluido el significativo arsenal de armas químicas». Este arsenal «permanece bajo control del régimen de Al Assad», lo que no evita que, «dada la inestabilidad en Siria», pueda terminar en mano de organizaciones terroristas, explica el Ministerio que dirige John Kerry.

Por otra parte, el Departamento de Estado incluye el caso de Sudán, país catalogado como patrocinador del terrorismo desde 1993. Aunque el país africano es «colaborador» en «ciertos asuntos», Washington lamenta el «resentimiento» y la «desconfianza» que muestran ciertos dirigentes cuando se trata de colaborar con Estados Unidos.

El informe asegura que varios grupos terroristas tienen actividad en Sudán, incluidos algunos vinculados con Al Qaeda, pero salvo la «excepción» del grupo palestino Hamás, el Gobierno de Omar Hassan al Bashir «no parece apoyar la presencia de elementos extremistas violentos».

Con información de : Europa Press

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Con ayuda del Espíritu Santo,tal vez ha llegado por fin la hora de un Papa africano

Paride Tabán, obispo de Sudán del Sur, recibe de «Mundo Negro» el Premio a la Fraternidad 2012.

Paride Tabán, a la puerta de la capilla de los Misioneros Combonianos y «Mundo Negro» en Madrid.@ Ernesto Agudo
Paride Tabán, a la puerta de la capilla de los Misioneros Combonianos y «Mundo Negro» en Madrid.©Ernesto Agudo

La revista «Mundo Negro» entrega hoy, en el marco del 25º encuentro de Antropología y Misión, el Premio a la Fraternidad 2012 al valiente y bienhumorado obispo de Sudán del Sur Paride Tabán (Opari, 1936), por «una vida dedicada a construir puentes de encuentro, diálogo y reconciliación». Aunque su nombre significa «cansado» en árabe, Tabán no ha dejado de trabajar jamás. Durante la larga y cruenta guerra con el gobierno árabe de Jartum no dejó de prestar apoyo moral y material a su pueblo, y de jugarse la vida. Aunque cauteloso (invoca siempre al Espíritu Santo), admite que «tal vez ha llegado por fin la hora de un Papa africano».

Desde que en 2004, a los 68 años, presentara su renuncia como obispo de la diócesis de Torit, que le fue aceptada por el Papa Juan Pablo II, este recién propuesto candidato al premio Nobel de la Paz se ha empeñado en un nuevo proyecto: el Poblado de la Paz del río Kurón. No le cabe duda de que «el futuro de la Iglesia católica está en África». En 1994 recibió el primer Premio a la Fraternidad. Acaba de anunciarse su candidatura al Nobel de la Paz. A pesar de sus 77 años, el obispo se sigue levantando a las cinco de la mañana, dando mil pasos y haciendo 20 flexiones. Todos los días. No aparenta los años que tiene, se le ve vigoroso, y, como siempre, bienhumorado y ágil.

Nos conocimos hace 18 años, cuando Tabán tenía 59 años. Nos volvimos a encontrar ayer en Madrid, muy lejos de Narus, 50 kilómetros al norte de la frontera con Kenia, en la provincia de Equatoria Oriental, entonces en disputa en un Sudán en plena guerra civil, ahora parte del más joven país del mundo, Sudán del Sur (alcanzó la ansiada independencia en 2011, tras un referéndum en el que ganó elsí de forma abrumadora). En aquella época solía recorrer 5.000 kilómetros al mes en coche, atendiendo a las 600.000 almas de la diócesis de Torit, que tiene tres veces la superficie de un país como Burundi. Le conocían como el obispo errante. Los Antonov del Norte solían lanzar bombas sobre poblados sudaneses del sur que servían de refugio a la guerrilla del Ejército Popular de Liberación de Sudán del Sur, aunque el propio obispo estaba entre los objetivos de la aviación norteña.

—¿Son sus relaciones con el Vaticano mejores que la primera vez que nos encontramos, en Narus, en el sur de Sudán, en plena guerra?

—Cuando celebré mi 75 cumpleaños recibí una felicitación de Roma. Pensé que me habían olvidado, pero al ver que me felicitaban me di cuenta de que no me habían olvidado del todo [dice con socarronería mientras ríe con ganas]. Y además estoy recibiendo mis 4.000 dólares de retiro cada año. Mi pensión llega puntualmente y eso tal vez quiera decir algo. Y estoy seguro de que me enviarán una felicitación el año que viene por mis 50 años de sacerdocio.

—¿Ve que hay una nueva sensibilidad hacia África desde Roma o sigue estando muy lejos de entender su día a día?

—Roma es la sede de la Iglesia católica, nuestra madre, y siempre miramos hacia ella no en un sentido material, sino espiritual. Si miráramos hacia ella desde un punto de vista material podríamos pensar que nos han olvidado, pero como miembros de la Iglesia vemos que el Santo Padre reza por nosotros. El Vaticano tal vez debería pensar más en África, porque la Iglesia está floreciendo en este continente, donde hay muchas vocaciones. Puede que la Iglesia católica esté muriendo en otros sitios, pero su futuro está en nuestro continente. Aquí hay esperanza.

—¿Entonces está llegando el momento de un Papa africano?

—Creo que ese es trabajo del Espíritu Santo, no del ser humano. Durante años solo los italianos podían ser Papas. Nuestro modo de pensar no está presente actualmente en Roma. Pero es trabajo del Espíritu Santo. La hora llegará.

—¿Pero quizá deberían llamar la atención del Espíritu Santo?

—Rezaremos. Durante la celebración de un siglo de evangelización en el Sur de Sudán, en el año 2012, le dije al cardenal nigeriano John Onaiyekan: eres un joven cardenal, esperamos que tal vez lleguemos a ver en ti un Papa para África. ¿Nosotros, qué podemos hacer nosotros?, me respondió. Eso es cosa del Espíritu Santo. [Y vuelve a reír con ganas].

—¿Está Sudan por fin en paz?

—Sudán del Sur ya está en paz. Sudán todavía no, porque todavía hay guerra en Darfur, en el estado de Blue Nile, en la parte este del país. Es cierto que ha habido provocaciones para intentar volver a la guerra con Sudán del Sur. Pero nosotros les hemos dicho que ya basta. No queremos volver a la guerra nunca más. Hemos tenido suficiente a pesar de que ellos han bombardeado, han provocado. Pero no vamos a responder como ellos desean.

—¿Fue la separación del norte la única forma de resolver los problemas del mayor país africano?

—Sí, pero no fue una separación, fue un derecho. Porque en realidad incluso desde la época colonial el Sur de Sudán fue tratado como si fuera otro país. Cuando alguien del norte era enviado a trabajar al sur recibía un subsidio especial por tener que vivir allí, como si siguieran trabajando en el norte. Hace mucho tiempo que el Sur de Sudán era otro país esperando por el momento de declarar su independencia, que fue muy difícil. Durante muchos años los sureños eran llamados esclavos. Al menos, gracias a Dios, la libertad, teóricamente, se ha convertido en una realidad. Para África este ha sido siempre un país africano. ¡Que ridículo para un africano que algunos llamaran a nuestro propio país un país árabe! África se siente feliz de contar con un nuevo y fuerte país africano, donde viven no solo tradicionalistas, cristianos y musulmanes, sino que todos se consideran a sí mismos como africanos. A pesar de que la mayoría son cristianos, las otras religiones están reconocidas y cuentan con los mismos derechos.

—¿Fue la creación de Sudán del Sur como un nuevo e independiente país del mundo la consecución de su sueño personal?

—Sí, creo que la gente del sur logró por fin que su dignidad y sus derechos y su cultura fueran reconocidos y respetados, porque hasta entonces no estaban autorizados a practicar su propia cultura, incluso su lengua. Por eso ha sido una gran honor para las gentes del sur haber alcanzado su propia independencia. Ya no son ciudadanos de segunda con respecto a los habitantes del Norte, como ocurría antes. Son iguales. Fue una gran conquista. Y en África es uno de los países que llegó a la independencia sin violencia. Mucha gente pensó que habría conflicto, que habría guerra cuando se produjera la proclamación, y no ha sido así. Fue una celebración absolutamente pacífica a la que acudió gente de todas partes del mundo y no vio ninguna clase de incidente. Algunas ONGs abandonaron el país por temor, pero no ocurrió nada

—Sin embargo, el petróleo de Abiyei oil, los recursos, la confianza mutua… son todavía graves problemas dentro de Sudán y entre el Norte y el Sur?

—Por eso hablaba antes de provocaciones por parte del norte. Abiyei [región petrolífera situada en la nueva frontera trazada entre el norte y el sur, con yacimientos que se extienden a ambos lados de la linde] ha de celebrar todavía su propio referéndum, tomar su propia decisión. Fue la gente de Abiyei la que pidió ser administrada desde Kordofán del sur, por razones de suministro, porque era más fácil obtenerlos desde el norte. Fue el acuerdo de sus jefes. Pero si nos lo piden, nos retiraremos. Por eso Abiyei debe celebrar su propio referéndum. Ellos no son norteños, son sureños, y debían ser administrados desde su propio estado en Wau, en Bar el Gazal, en el sur, que es su propia tierra.

—¿Alguna razón para la esperanza este año y los siguientes para construir un verdadero camino hacia la paz entre ex compañeros de un viejo país? Todavía hay disputas sobre el trazado final de la frontera…

—Tenemos muchas relaciones. Hubo muchos matrimonios entre gente del Sur y del Norte, hay hermanos y sobrinos. Sería natural que tuviéramos relaciones mucho más estrechas con el Norte que con otros países alejados, como Alemania, Francia, España… En cierto modo ellos nos necesitan, como nosotros los necesitamos a ellos, a causa de su acceso al Mar Rojo, y otras cosas. Tenemos muchos recursos que compartir. Durante el tiempo de la colonia todas las industrias, todo estaba en el Norte, el dinero, todo fue al Norte. Hay cosas que nosotros necesitamos de ellos. Puede que continúen las diferencias, pero continuaremos las conversaciones, quizás con el régimen actual, tal vez con un nuevo régimen.

—¿Qué piensa de la decisión del Tribunal Penal Internacional de perseguir al presidente sudanés?

—Prefiero no entrar en esa cuestión, sobre todo ahora que somos un país independiente. Prefiero no opinar sobre el presidente de otro país. Cuando hablamos de la justicia, desde el punto de vista de la Iglesia, no hablamos de diente por diente, ni de ojo por ojo. No es eso lo que la Biblia nos enseña. Esa justicia internacional es distinta de la que yo hablo. Aunque él hubiera hecho algo contra mí yo rezaría por él.

—Como un buen cristiano….

—[Se ríe] Como un buen cristiano.

—Durante muchos años fue conocido como el obispo errante, sin un verdadero techo bajo el que vivir para evitar los regalos que el Norte le enviaba a usted y a su gente en forma de bombas. ¿Se acabó para siempre? ¿Tiene ya un verdadero lugar donde vivir pr fin en paz?

—Bueno, paz no significa que no haya guerra, que no haya disputas, que no haya trabajo duro que hacer. Eso no significa que haya paz. Además de todo eso tú has de permanecer tranquilo y a gusto, eso significa paz para mí. En Kurón yo tengo un espacio para vivir que es más o menos como esta salita [en la sede de la revista «Mundo Negro» y los padres combonianos, donde reside durante su estancia en Madrid], con un baño pequeño y una cama. No necesito nada más.

—Pero ya ha dejado su vida errante…

—He dejado mi vida errante con la gente. Los noruegos me han preguntado qué ha pasado con nuestro cuartel general en Torit donde está la sede de la diócesis de la que Tabán era obispo hasta que se jubiló]. Les dije: están allí. Pero ellos, los de ayuda noruega, dijeron: siendo usted un hombre de Dios, ¿nos está diciendo la verdad? Porque tenemos fotos que muestran que han crecido árboles dentro de las casas. Sí, los árboles están allí, les dije. Pero cuando regresen a Torit verán que lo importante no son los edificios, es la gente. La gente es ahora la que se encarga de la administración de Torit, y del Sur. La gente que vosotros habéis formado. Esos son los nuevos edificios. Y cuando el año pasado celebramos 40 años de presencia en el sur de Sudán la gente bailó para ellos. No son los edificios los que bailarán con vosotros, será la gente. Y ellos admitiron al fin: está bien. No son los edificios. Es la gente.

—En 2004, fundó el Poblado de la Paz, donde intentó recrear Neve Shalom/Wahat as-Salaam (Oasis de paz, en hebreo y árabe), cerca de la carretera que une Tel Aviv con Israel, donde familias palestinas e israelíes tratan de vivir juntas a pesar del conflicto. ¿Qué es Kurón?

—Kurón es un oasis de paz en medio del desierto. Es una estrella caída del cielo en medio del desierto. Pero cuando llegas allí verás que hay luz. Tú puedes caminar quinientos kilómetros y no encontrar nada. Pero en un determinado momento encontrarás esta luz, este oasis de paz. No muchos edificios, pero sí tenemos un puente sobre el río, que une dos provincias y que tiene un gran significado. Antes de ese puente no podías caminar ni un kilómetro sin encontrarte con una tribu hostil.

—Los otros.

—Los otros. Tenías miedo. Cuando construimos el puente hubo gente que dijo que estábamos abriendo la puerta a los enemigos. Ahora, todos los que solían llamarse unos a otros enemigos se llaman hermanos, amigos. Creamos talleres, un campo piloto, un teatro en el que mostrábamos cómo vivían los pastores (cuando llovía, morían; ahora bailan; y al verlo lloran), un equipo de fútbol para fomentar la paz en el que juegan miembros de tribus que antes estaban enfrentadas. Hemos establecido lazos entre gentes de la frontera con Etiopía y de las regiones de Equatoria Oriental, en Sur Sudán, gentes de diferentes tribus de pastores: toposa, murle, jie, kachipo, buya, nyangatom, turkana, y muchos otros. Todos ellos se llaman ahora hermanos. Antes se llamaban nyemoi, enemigo, en toposa. Ahora se llaman dopai, amigo, hermano. Ahora hablan entre ellos. La gente ha creado su propia policía comunitaria, no hay ejército ni policía.

—¿Les han enseñado a confiar unos en otros?

—Les hemos enseñado a confiar unos en otros y a resolver sus problemas. Ahora están trayendo a miembros de las tribus nuer, dinka y otros seis condados, diez de cada tribu, para ver cómo hacemos en el Poblado de la Paz de Kurón, en Sudán Meridional, Sudán de Sur. La ONU nos está ayudando a traerlos en helicóptero para que aprendan a hacer la paz entre ellos. Entre el 8 y el 10 de febrero habrá un encuentro con todos ellos para enseñarles a hacer la paz y trabajar juntos. Por eso tengo que estar allí para hablarles. Como había sido el obispo de todos ellos durante la guerra confían en mí. Doctor John dice, no hay que llevar a la gente a la ciudad, hay que llevar la ciudad a la gente.

—¿Está preocupado del avance del radicalismo islámico en países como Malí, Nigeria y Sudán hacia el sur de África?

—Me parece que estamos viendo una especie de cruzada, igual que hicimos nosotros, los cristianos, con las cruzadas. Pero una religión basada en la guerra no puede ser una verdadera religión, sería un monstruo. Una religión que intenta extenderse mediante la fuerza es un monstruo. Quienes hacen eso intentan utilizar a los jóvenes que no saben historia, deberían aprender del pasado, de la historia.

—¿Comparte la idea de que era necesaria una intervención militar en Malí, y con tropas francesas?

—No lo sé. Creo que si se trata de algo temporal, tal vez. Pero no lo sé. Si se puede encontrar un camino, mejor. A veces hemos vemos a quien golpea, pero no al que es golpeado. Tenemos que sentir piedad por ambos. Tenemos que encontrar la manera de arreglar las cosas, además de atender a los que sufren ver por qué son arrogantes los arrogantes. Hay una herida en esas personas, y debemos encontrar el camino para curarles. Hay heridas entre los fundamentalistas, como hay también heridas entre quienes son sometidos por ellos. Por eso tenemos que rezar a Dios para que nos ayude a encontrar el mejor camino.

—¿Ha sido su vida como imaginaba cuando ingresó en el Seminario Menor de Okaru para convertirse en sacerdote?

—No podía haber imaginado cómo iba a ser mi vida. Fue mucho mejor. Nunca pudimos pensar que las cosas iban a ser como fueron. De todos modos, nosotros hacemos nuestros planes, pero Dios tiene los suyos. Y los que prevalecen son los planes de Dios. Y cómo terminará, todavía no lo sé. Pero estoy satisfecho de que Dios me llamara a Okaru, sin que yo supiera muy bien qué buscaba. [En el libro «Mons. Paride Tabán, constructor de paz en Sudán», una suerte de autobiografía redactada por Alberto J. Eisman a partir de largas conversaciones con el obispo, que acaba de publicar la editorial Mundo Negro,se dice que lo primero que le atrajo fueron las elegantes sotanas blancas de los misioneros. Pero una vez en el seminario recibió la llamada del sacerdocio]. El año pasado cumpliré 50 años como sacerdote y volveré a Okaru, que fue la cuna de muchos sacerdotes. Y espero celebrar allí ese aniversario.

—¿Quién es Paride Tabán?

—Está sentado delante de usted. Es un instrumento de Dios para la gente, para su gente. Hubo un conflicto por la propiedad de la tierra entre los acholi y los madi [Tabán es madi]. Cuando, como obispo, me preguntaron de quién era la tierra, dije que había nacido en el lugar, que allí había crecido, que allí me había educado, me había hecho obispo, pero que no sabía de quién era la tierra. Y cuando huyeron a Uganda, les pregunté, quién te acompañó, quién te ayudó, quién te bautizó. Tú, tú, tú. Podríais hacerle la misma pregunta a Jesús. Él nació en Belén, pero no sabría decirte de quién es la tierra. Dios creó la tierra para la gente. Ahora vivo entre los toposa reconciliando a las diferente tribus. Y no sé quién soy. Soy el siervo de Dios, eso es todo lo que sé de mí mismo.

Por Alfonso Armada
Fuente: ABC

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