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Continúa el enigma de la vasija sumeria encontrada en Bolivia en 1960

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Según la historia convencional la zona que hoy es Bolivia estuvo habitada por algunas antiguas culturas que no tuvieron contacto alguno con otras antiguas civilizaciones de fuera de América. Pero, ¿y si existiera una evidencia que pudiera probar lo contrario?. Esta evidencia existe, se le ha llamado «Fuente Magna» y se trata de una vasija con caracteres cuneiformes, pero el detalle es que esta escritura fue desarrollada en la antigua Sumeria. La gran pregunta es, ¿cómo llegó esto a América?. Aunque las antiguas civilizaciones existentes en ambos puntos del planeta pudieran ser contemporáneas, las separaron muchos kilómetros y el inmenso océano Atlántico.

En el año 1960 un campesino encontró una vieja vasija en Tiahuanaco, antigua ciudad arqueológica un terreno en Chúa, a unos 80 kilómetros de La Paz. El objeto es un gran vaso de piedra, parecido a un recipiente para efectuar libaciones, bautizos o ceremonias purificadoras, que con el tiempo recibió el nombre de «Fuente Magna», uno de los hallazgos arqueológicos más discutidos de toda América.

En este mismo año, el arqueólogo boliviano Max Portugal Zamora, realizó algunos trabajos de restauración en el vaso de piedra e intentó descifrar sin éxito la misteriosa escritura que está tallada en la parte interior. Hasta fines del siglo XX, nadie sabía en realidad de dónde provenía la «Fuente Magna».

Años más tarde, dos investigadores de La Paz, el argentino Bernardo Biados y el boliviano Freddy Arce descifraron los enigmáticos grabados que se encontraban al interior de la vasija y corroboraron que se trataba de un texto en idioma sumerio.

El bajorrelieve que hay en la parte interior del vaso, que puede evocar una rana (símbolo de fertilidad), según algunos investigadores es justamente la representación de Nía, la diosa de los Sumerios. Los otros símbolos que se encuentran a los lados del bajorrelieve y en la parte adyacente a las incisiones sumerias, fueron incisiones sumerias, fueron interpretados como quellca, idioma escrito de la civilización Pukara, pero no han sido aún descifrados.

Una vez descifrados los caracteres cuneiformes y habiendo corroborado su origen sumerio, la pregunta es clara: ¿cómo es posible que haya inscripciones sumerias en un vaso encontrado a miles de kilómetros del lugar de expansión de la civilización sumeria?. Esta incógnita es en la que siguen trabajando los investigadores y arqueólogos.

Esta antigua y enigmática pieza de la arqueología actualmente se encuentra en el Museo de metales preciosos, en La Paz.

CIVILIZACIÓN SUMERIA

Fue una región histórica de Oriente Medio que era parte sur de la antigua Mesopotamia, entre la llanura aluvial de los ríos Éufrates y Tigris. La civilización sumeria es considerada como la primera y más antigua civilización del mundo. El término «sumerio» también se aplica a todos los hablantes de la lengua sumeria.

Aunque la procedencia de los sumerios es incierta, existen numerosas hipótesis sobre sus orígenes, siendo la más aceptada actualmente la que argumenta que no habría ocurrido ninguna ruptura cultural con el período de Uruk (período arqueológico de la historia de Mesopotamia comprendido entre el 3.800 a. C. y el 3.200 a. C.), lo que descartaría factores externos, como podían ser invasiones o migraciones desde otros territorios lejanos.

Con información de: Notimérica

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Miriam,Miguel y un amor que comenzó con unas palabras en árabe

Miriam Saba y Miguel Dueri cuando se casaron en 1951 ©paginasiete
Miriam Saba y Miguel Dueri cuando se casaron en 1951 ©paginasiete

Miguel Dueri y Miriam Saba estuvieron casados durante casi 64 años. Se conocieron en febrero de 1951, en el bazar que Miguel atendía en la calle Evaristo Valle. Un día, la joven, quien radicaba en Cochabamba, ingresó al lugar durante una de sus visitas a la ciudad de La Paz.

Cuando la joven entró a la tienda con su hermano y un amigo común, Miguel quedó impresionado y enamorado de su belleza. Además le agradó su nombre, que era el mismo de su abuela. Por eso, pensó que Miriam también era de Palestina y comenzó a hablarle en árabe, pero la joven no le entendió.

En realidad, ella había nacido en Potosí y vivía en Cochabamba. Sus padres eran los que habían nacido en Palestina. Sin embargo, Miguel permaneció en su intención de conocer a Miriam y los invitó a almorzar en su departamento. A su vez, ella también quedó interesada en aquel joven árabe, más aún cuando descubrió que tenía una gran virtud: la música. Miguel tocaba virtuosamente el violín y, después del almuerzo, interpretó una pieza musical para ella.

Ese primer encuentro fue suficiente para que ambos decidieran mantenerse en contacto, primero a través de cartas y luego con visitas. Para verla, Miguel viajaba a Cochabamba los fines de semana y todos los feriados.

Un año después de haberse conocido, en febrero de 1952, él viajó a Cochabamba para pedir la mano de Miriam y, ese mismo día, casarse con ella por lo civil. Sin embargo, vivieron separados hasta el 11 de octubre de ese año, cuando se unieron por lo religioso en la catedral San Francisco, de Cochabamba. Al día siguiente, ambos viajaron rumbo a La Paz y desde ese día ya no separaron más, hasta el 30 de Julio de 2015, en que el corazón del empresario, radialista y músico Miguel Dueri Antón María dejó de latir.

El también propietario de Radio Panamericana y fundador de la disquera Discolandia murió por la madrugada a los 89 años, a causa de un paro cardíaco.

«Mi papá ha muerto mientras dormía. Ha sido algo sorpresivo, no lo esperábamos, no pudimos despedirnos. Era una persona muy apegada a su familia, siempre nos mantenía unidos y teníamos que almorzar todos los domingos en casa”, contó Henry, hijo de Dueri.

El hijo de Dueri contó que su papá justo antes de irse a dormir la noche del miércoles dijo una linda frase: «Que tus palabras vayan a parar a la puerta del paraíso”. «Mi padre decía muchos dichos y frases”, dijo Henry. Luego, acotó: «Mi papá amaba la música. Durante 56 años ha tocado en la Orquesta Sinfónica, ayudaba siempre a todos los músicos”.

Dueri nació en 1926, en Belén, ciudad palestina ubicada en la región conocida como Cisjordania. Dejó su país natal a los 20 años y llegó a La Paz, donde abrió un bazar en la céntrica calle Evaristo Valle. Ahí comercializaba un sinfín de productos que importaba desde Estados Unidos y países de Europa.

Al mismo tiempo, el músico formaba parte de la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia, como intérprete de violín, instrumento que aprendió a tocar en Belén. En la última parte de su vida, se convirtió en parte de la Asamblea de la Fundación Orquesta Sinfónica Nacional.

«A mí me encanta la música y Miguel tocaba el violín maravillosamente”, comentó su esposa, Miriam Saba, en una entrevista dada a  Página Siete en 2014.

Dueri y Saba tuvieron cinco hijos, a los cuales llamaron Johnny, Henry, Denise, Isabel y Juliette, quienes les dieron 15 nietos.

Además de dedicarse a su familia, Dueri también apoyó la producción musical boliviana y creó Discolandia, en 1958. Inicialmente fue una empresa comercial importadora de discos de vinilo de diversas marcas y de artistas de renombre mundial.

Después, se convirtió en un estudio de grabación de música, que se instaló en la calle Sagárnaga, frente a la iglesia San Francisco, en el número 123. El espacio comenzó a operar con grupos y solistas destacados de ese entonces, como El trío oriental, Los cantores del valle y Fermín Barrionuevo, entre otros. La mayoría interpretaba el género de música nacional.

Luego, en 1963, Dueri montó la fábrica de discos. El primer disco se lanzó ese año y fue un simple con la canción Horizontes, un éxito del grupo chileno los Hermanos Arriaga, interpretado por Airto Rau, un joven imitador de gran talento.

A la par de proveer al mercado nacional con los éxitos musicales del momento, la compañía discográfica de Dueri también organizaba festivales de música en busca de talentos que grabaran las canciones de moda.

Con el paso de los años, Dueri logró la llegada a Bolivia de un sinfín de estrellas internacionales de la música como Palito Ortega, Leo Dan, Libertad Lamarque, Los Panchos, Charles Aznavour y Miguel Aceves Mejía, entre otros famosos de las décadas de los años 60 y 70.

El empresario también trajo al mexicano Miguel Aceves Mejía y programó una presentación especial en Oruro y en el distrito minero de Huanuni, donde, prácticamente, se declaró feriado el día de su presentación.

La radio también fue otra de las pasiones del empresario; así, en 1972 se puso al frente de Radio Panamericana. Cada domingo compartía sus opiniones y análisis sobre los temas de coyuntura nacional e internacional con todos los oyentes del país y exterior en el programa Siempre en Domingo.

Además, de su vocación como radialista, Dueri también aportó al desarrollo de la industria hotelera con la creación del Hotel Presidente, ubicado en la zona central de La Paz. También fue propietario, junto a su familia, de criaderos de trucha en el lago Titicaca.

Otra de las facetas de Dueri fue la diplomacia. El empresario fungió como Embajador de Bolivia en los Emiratos Árabes, en 1997, durante la gestión de Hugo Banzer Suárez y Jorge Tuto Quiroga.

Con información de Página Siete

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Quien siembra vientos…

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Quien siembra vientos cosecha tempestades

Israelíes celebran la muerte de niños palestinos con cánticos en Tel Aviv

“Mañana ya no hay escuela, ya no quedan niños en Gaza… Olé, olé, olé…” gritaban en Tel Aviv manifestantes israelíes , en apoyo a las operaciones militares llevadas por la entidad sionista .El registro del video se realizó el pasado sábado 26 de julio durante una concentración en apoyo a los militares israelíes que celebraban los “triunfos de la operación militar”.

Hasta el momento la cifra de muertos tras iniciada la ofensiva Israelí que ya cumple tres semanas, supera el millar de Palestinos en donde cerca del 80% son civiles y 250 representan a niños según cifras de la ONU.

Murió la bebé que fue sacada por cesárea del vientre de su madre muerta tras un bombardeo en la Franja de Gaza.

La niña, a quien se le dio el nombre de su madre, Shimah, había aparecido en un video de la BBC.

La casa de su familia fue blanco de un misil durante un ataque aéreo israelí.

Según el corresponsal de la BBC en Gaza, Ian Pannell, Shimah se encontraba en mal estado de salud y falleció en la mañana de este miércoles.

La pequeña nació en una operación de cesárea de emergencia del cadáver de su madre, que murió el viernes tras un ataque de Israel.

Fuego aéreo destruyó la casa de la madre de Shimah, quien quedó enterrada entre los escombros. A la bebé le quedaban dos semanas para nacer, pero los médicos tuvieron que intervenir al habérsele cortado el suministro de oxígeno.

En ese momento, los doctores advirtieron que la niña tenía 50% de probabilidades de sobrevivir. Shimah tenía cinco días de nacida y fue enterrada al lado de su madre este miércoles.

Bolivia declara a Israel como «estado terrorista» por ataques a Gaza

El gobierno del presidente Evo Morales decidió hoy denunciar (romper) el acuerdo sobre visas de 1972 suscrito con Israel y ubicarlo en la lista 3, que significa que a partir de ahora se le considera un «Estado terrorista».

«Pasar a la lista 3 significa, en otras palabras, que estamos declarando un Estado terrorista a Israel», explicó Morales en un acto público en Cochabamba (centro), tras justificar la decisión en rechazo a los ataques que Israel inició en la franja de Gaza.

El pasado 8 de julio, Israel inició una ofensiva militar en la Franja de Gaza que ha dejado más de mil víctimas civiles, entre ellos mujeres y niños. La determinación obliga a los ciudadanos israelíes a tramitar visas de ingreso a Bolivia, en una medida asumida este miércoles durante una reunión de gabinete como una respuesta al régimen bélico de Israel contra los palestinos. «El Estado boliviano, como pueblo, hemos tomado la firme decisión de denunciar el acuerdo sobre visa con Israel de 17 de agosto de 1972, que se firmó bajo un régimen de dictadura en Bolivia y que permitía a los ciudadanos israelíes ingresar a Bolivia libremente», dijo Morales.

El acuerdo, añadió, garantizaba el ingreso de israelíes a Bolivia «sin ni siquiera tener visa». «A partir de esta denuncia, Israel pasa al grupo de países 3, por lo que está obligado a cumplir los trámites de visa para ingresar a Bolivia con consulta previa a la Dirección Nacional de Migración, que evaluará la pertinencia, la justificación de su ingreso», expuso Morales. Manifestó que el régimen de Israel contraviene las leyes humanitarias internacionales y el derecho a la vida y, por ello, lo declaró como un «Estado terrorista» ante el que Bolivia debe tomar previsiones. Según Morales, Israel no es un garante de los principios de respeto a la vida y a los preceptos elementales de los derechos que rigen la convivencia pacífica y armoniosa de la comunidad internacional.

Palestina agradece la solidaridad de Perú

El embajador de Palestina en el Perú, Walid Abdel Rahim, agradeció la solidaridad del Perú con el pueblo palestino, y el llamado en consulta de su embajador en Tel Aviv, ante la ofensiva militar de Israel contra la Franja de Gaza.

“Quiero expresar a nombre de mi pueblo y de mi gobierno nuestro agradecimiento al pueblo peruano y al presidente Ollanta Humala por esta acción, que creo es una condena a los crímenes de guerra que están ocurriendo en Gaza”, afirmó, en declaraciones a la Agencia Andina.

Indicó que de esta manera, Perú se suma a los gobiernos de Brasil, Chile, Ecuador, Venezuela y Bolivia, que también han optado por esta salida diplomática, preocupados por los continuos bombardeos militares, iniciados el 8 de julio, los cuales han provocado unos 1,200 muertos civiles palestinos, la mayoría niños y mujeres.

“Estamos agradecidos con este gesto de solidaridad, realmente son posiciones en defensa de la paz, en defensa de los civiles que están asesinando en Palestina. Con esta decisión, América Latina demuestra que está a favor de la dignidad de todos los pueblos”, afirmó.

El canciller peruano Gonzalo Gutiérrez *informó que Perú decidió llamar en consultas a su embajador en Israel, *José Salinas, ante la continuidad de la ofensiva terrestre y aérea israelí, así como el lanzamiento de cohetes de algunas zonas de Gaza por parte del movimiento Hamas.

El gobierno peruano, mediante un comunicado difundido por la Cancillería, señala que los recientes acontecimientos en Medio Oriente constituyen “una nueva y reiterada contravención de las normas elementales del derecho internacional humanitario”, y también rechaza el lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza contra Israel.

El embajador Rahim dijo que *Israel *lleva a cabo una ‘masacre’ en Gaza, que no respeta la vida de niños, ancianos y mujeres, y que el objetivo es eliminar todo rastro de vida en los territorios palestinos.

Rechazó el argumento de Israel, en el sentido que sus acciones militares son en defensa de los ataques palestinos, pues señaló que no tienen ningún sustento cuando la mayoría de sus víctimas son mujeres, niños y ancianos.

Ofensiva nocturna del ejército sionista

Más de 100 palestinos murieron durante la noche en la venganza de Israel por las pérdidas de días pasados. La destrucción de la infraestructura imposibilita la vida «normal». La esperanza de un cese al fuego sobrevivió muy poco. Lo que quedaba de la despedazada infraestructura de Gaza fue pulverizada por el ejército israelí en una noche de feroces e incansables ataques perpetrados por aire, mar y tierra.

Quien siembra vientos cosecha tempestades

Estos infames crímenes quedarán permanentemente en la memoria colectiva al acecho de la propia tranquilidad de los usurpadores sionistas quienes jamás quebrantarán la moral de los palestinos. «La ofensa genera en nosotros una especie de privación, de vacío desasosegante, de desvalimiento que es preciso llenar de inmediato . El nombre de ese vacío puede ser «cólera» o «rencor»: el agravio engendra rencor, el deseo incontrolable de venganza nace de la falta de poder, de la impotencia. De hecho, consiste en éso: el vacío que sientes es el de tu impotencia».

Cuidado; porque en la venganza, el débil es siempre el más feroz…

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Egipto: el nacionalismo de los militares y la lucha nacional antimperialista

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Egipto: el nacionalismo de los militares y la lucha nacional antimperialista

En los ejércitos de los países dependientes la resistencia contra el imperialismo y las condiciones sociales hacen aparecer los Marco Antonio Yon Sosa, oficial guatemalteco formado en la Escuela Antiguerrillera de las Américas que dirigió la guerrilla del M19; los Juan José Torres, general que tras reprimir en Bolivia la guerrilla del Che se apoyó en los obreros y campesinos; los Juan Velasco Alvarado, general peruano que aplastó la sublevación indígena en el Cusco y la guerrilla del MIR pero acabó con el poder de los terratenientes, o los militares que se alzaron contra Fulgencio Batista simultáneamente a Fidel Castro. Por supuesto, en algunos ejércitos, como el mexicano, por cada general Gallardo hay mil soldados y cuadros de base que se van con Los Zetas y decenas de generales que se integran al narcotráfico, y en otros, como el colombiano, el chileno o el argentino, esos militares nacionalistas deben buscarse con lupa en la fase actual, ya que las ovejas negras son sólo una expresión del peso relativo de la sociedad sobre las estructuras represivas, y ahí donde la sociedad es aún conservadora o está desorganizada, predomina aplastantemente el peso de las instituciones estatales y no hay margen para esas desviaciones positivas.

En Egipto, muchos observadores destacan que los militares gozan de privilegios como casta, han sido armados y entrenados durante años –desde el derrumbe de la Unión Soviética– por Washington, y son la base de un establishment que tiene dos fuentes de financiamiento, ambas reaccionarias en grado sumo: Estados Unidos y las monarquías del Golfo. Eso es cierto, pero es una fotografía de una sola cara del problema ya que olvida nada menos que la historia egipcia desde el siglo XVIII, con sus gobernantes nacionalistas y desarrollistas como Mohammed Ali, y después con los militares nacionalistas como Gamal Abdel Nasser, que combatieron varias guerras contra Israel, país que sigue siendo una amenaza intolerable para los egipcios y el mundo árabe y, sobre todo, es el principal aliado de Estados Unidos en el Medio Oriente.

El enemigo constante de los militares egipcios es Israel y no el pueblo egipcio ni el radicalismo político en el mundo árabe, y el apoyo estadunidense es apenas tolerado pero nada popular. Por eso el sector castrense está dividido, incluso en el alto mando, entre el deseo de conservar el poder y sus privilegios y, por otro lado, el nacionalismo conservador y la voluntad independentista. En cuanto a las fuerzas armadas en su totalidad, están divididas también transversalmente por el origen popular de sus numerosos efectivos entre los soldados y los suboficiales y oficiales de baja graduación (entre los cuales hay aún nasseristas) y, del otro lado, un pequeño sector de altos mandos corruptos y ligados a Washington y a las monarquías árabes. Las vacilaciones políticas del alto mando se explican pues, en gran parte, por la inseguridad de su base política y social.

Esos altos mandos mal toleran que Qatar quiera imponer con su dinero un gobierno de la reaccionaria y fundamentalista Hermandad Musulmana –que en el pasado realizó atentados mortales contra representantes del ejército– y dividir la sociedad egipcia cuya unidad el ejército pretender preservar (pues incluso entre los oficiales hay muchos cristianos coptos, ya que buena parte de la burguesía egipcia de El Cairo y de Alejandría también es copta). Bajo el impulso de los progresistas reformistas, de los liberales, de los sindicatos, de los nacionalistas, los militares ven, por tanto, como enemigo principal de la modernización del país y de la ola democrática que barre a todos los países de la región al salafismo, al fundamentalismo conservador, y no todavía a una débil izquierda socialista o a los consejos obreros que aparecen en todas las ciudades industriales pero que son fenómenos aún aislados. De ahí que, ante la utilización por la Hermandad Musulmana de las mezquitas y las plegarias de los viernes, esos militares llamen ahora a realizar el viernes mismo una gran manifestación política laica, democrática y reivindicativa, que sin duda llevará a un choque con los salafistas en las principales ciudades.

El apoyo al ex presidente Mursi en el interior y sobre todo en las zonas rurales ha disminuido y, por tanto, hay que excluir que la Hermandad Musulmana pueda derribar al gobierno militar con sus movilizaciones. Un conflicto directo, en las calles, llevaría más bien a una radicalización del laicismo e igualmente del nacionalismo conservador antimperialista del alto mando. También, en la acción callejera, desembocaría en una radicalización del genuino espíritu democrático y antimperialista de la multitud en lucha, la cual hasta ahora ha aceptado de mala gana ser representada por los liberales, como El Baradei, o por los militares. Los sectores populares, en la dinámica actual, podrían ser llevados de este modo a lograr una mayor independencia del ejército y a presentar reivindicaciones económicas para hacer frente a la crisis, la carestía y el desempleo, chocando así con Arabia Saudita y los Emiratos o con Estados Unidos, que sostienen hoy a los militares.

Ese proceso se sabe cómo puede comenzar pero no cómo puede terminar, ya que el cierre de las billeteras del imperialismo y de las monarquías abriría una espiral de medidas económicas y políticas de retorsión, en parte arrancadas por las masas movilizadas, en parte decididas por los nacionalistas laicos y republicanos en uniforme. Si Mohammed Ali, en el pasado, buscó, a lo Juárez, colocar las tierras en el mercado para modernizar el país con la técnica extranjera; si Nasser intentó, como Perón, una política nacionalista desarrollista burguesa apoyándose en la entonces Unión Soviética, hoy el único apoyo para el cambio es la radicalidad del movimiento de masas. El proceso de cambio tiene hoy una dinámica anticapitalista y antimperialista

Por Guillermo Almeyra

Con información de : La Jornada

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A diez años de la fundación de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

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A diez años de fundaciónde la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad , una reflexión

El 25 de octubre de este año se cumplirá una década de la conformación, en la ciudad de México, de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Por tal motivo, es importante reflexionar en torno a los orígenes y principios fundacionales, su trayectoria, su situación actual y los retos de la Red hacia el futuro; todo ello, con el propósito de desarrollarla, ampliarla y fortalecerla en el número de capítulos nacionales y sectores que la integran, en las bases mínimas de organización y coordinación, horizontales y democráticas, que han hecho posible su trabajo, y en el tipo de tareas que demandan las nuevas formas de reconfiguración mundial de los sistemas de explotación y dominación del imperialismo encabezado por Estados Unidos, particularmente en América Latina y el Caribe.

Antecedentes y fundación de la Red

La Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad tiene sus antecedentes en las preocupaciones de un grupo intelectuales mexicanos y cubanos, frente a las agresivas iniciativas del gobierno de Bush después de los ataques del 11 de septiembre del 2001, que fueron utilizados como justificación para las invasiones neocoloniales a Irak y Afganistán. De la misma manera, frente a la campaña mediática contra Cuba y su dirigencia revolucionaria, en la que un sector de la intelectualidad -algunos otrora de izquierda, otros debido a su precipitación declarativa antes de informarse en fuentes cubanas sobre los hechos – formuló duras críticas a la decisión soberana del gobierno de la isla de someter a juicio y encarcelar a miembros de la contrarrevolución interna pagada por el gobierno de Estados Unidos, y de juzgar y aplicar la pena máxima a tres participantes en la ola de secuestros de embarcaciones y aeronaves con violencia homicida y derramamiento de sangre, que venía produciéndose en consonancia con los planes desestabilizadores imperialistas. El propósito evidente era estimular una ola migratoria ilegal en masa de Cuba a Estados Unidos, que ofrecería a Washington el casus belli, el pretexto, para atacar militarmente a Cuba. Bajo la consigna de “Iraq hoy, Cuba mañana”, se había organizado en Miami la única manifestación pública celebrada en el mundo en apoyo a la invasión del país árabe.

Ese grupo de mexicanos (y latinoamericanos residentes en México) coincidía con respecto a la escalada de agresión contra la Revolución Cubana, en lo siguiente: 1.- Cuba es el país con más importantes logros sociales en nuestra América y el foco de resistencia principal a la dominación imperialista y a las políticas neoliberales, en una región donde la abrumadora mayoría de los gobiernos habían sucumbido ante ellas, lo que explicaba la prioridad concedida por el parafascista de Bush a la supresión de su régimen social. 2.- El Estado revolucionario cubano había demostrado durante décadas su capacidad para derrotar con mayoritaria adhesión popular y un uso mínimo de la fuerza, las agresiones estadunidenses, y no existía ningún dato objetivo nuevo para pensar en un cambio de esa conducta. 3.- Cuba -con sus virtudes y defectos, pero en todo caso ejemplo de dignidad, soberanía y reserva estratégica del socialismo en América–, es una hermana en peligro y defenderla es defender a toda América Latina de la política de recolonización del continente que ya se acometía a través del ALCA y su antecedente el TLCAN.

Tres hechos vinieron a reforzar estas conclusiones básicas, marcando el punto de giro en la reversión de la campaña mediática en América Latina y en el mundo y propiciando el ya aludido razonamiento más informado por la opinión pública internacional sobre los acontecimientos en la isla. El primero fue el valiente y honesto artículo publicado por Pablo González Casanova el 26 de abril de ese año en La Jornada, en el que develaba el plan de Estados Unidos de invadir a Cuba con el pretexto de los derechos humanos mientras los violaba masivamente en Irak y era promotor de la supresión de libertades y de la extensión de la injusticia social y la opresión en todo el mundo. El intelectual mexicano declaraba su solidaridad irrestricta y la de los “muchos” con la Revolución Cubana y censuraba la errónea actitud asumida hacia ella en ese contexto por el escritor portugués José Saramago; el segundo, las diez demoledoras líneas suscritas cuatro días más tarde por Gabriel García Márquez, también en La Jornada, en las que asentaba: «Algunos medios de comunicación están manipulando y tergiversando mi respuesta a SusanSontang, para que parezca contraria a la revolución cubana. Este es un indicio más de que las muchas declaraciones sobre la situación cubana – aún de buena fe – pueden estar aportando y aun magnificando los datos que los Estados Unidos necesitan para justificar una invasión a Cuba»; el tercero, la declaración en el mismo sentido de un grupo de relevantes intelectuales mexicanos, leída el primero de mayo en la Plaza de la Revolución de La Habana ante más de un millón de cubanos por González Casanova. Endosada por el propio García Márquez, también la apoyaban Miguel León Portilla, Leopoldo Zea y Lisandro Otero y pronto recibió el apoyo de premios Nobel y de destacados intelectuales y personalidades internacionales.

En lugar del cuadro lúgubre que se pretendió pintar de una revolución cubana aislada y condenada por la inteligencia del mundo, emergía una pujante corriente de solidaridad con ella impulsada por las voces de prestigiosos intelectuales y artistas. Ello, claro, no era ajeno a la extraordinaria obra cultural desarrollada en Cuba por la Revolución ni al fluido diálogo del movimiento intelectual cubano con el gobierno de la isla, así como su ascendencia sobre sus pares del exterior. Pero aunque la campaña mediática fracasó y la derecha perdió el debate y por lo tanto coyunturalmente la iniciativa en relación con Cuba, no se podían lanzar campanas al vuelo pues las razones de la agresividad de Washington contra la isla no habían cambiado, como no cambiarán mientras no surja una fuerza capaz de transformar la correlación de fuerzas políticas internas y externas que impidan la permanente amenaza al pueblo soberano y su revolución.

Al regreso de González Casanova de Cuba después del acto del 1º de mayo, donde había sostenido intercambios con Fidel, Abel Prieto y Ricardo Alarcón, pidió convocar a una reunión de un grupo de intelectuales mexicanos con el embajador de Cuba, Jorge Bolaños. Allí, González Casanova planteó que una vez derrotada la reciente campaña mediática contra Cuba, con el apoyo al manifiesto A la conciencia del mundo de una parte muy influyente de la intelectualidad de América Latina y el Caribe, África, Asia, Estados Unidos y Europa, lo que debía seguir -como la mejor manera de defender a la Revolución Cubana- era frenar la política guerrerista y de conquista colonial de la administración de George W. Bush. Argumentó la necesidad y la urgencia de crear un frente internacional que no debiera conformarse con resistir, sino pasar a la ofensiva y proponer formas de organización social y de hacer política alternativas a las hegemónicas. Planteó que los pilares de esa empresa estaban en el movimiento internacional contra la globalización neoliberal y en el que se opuso a la agresión contra Irak, sin excluir a nadie dispuesto a sumarse.

El embajador Bolaños, que había participado en los intercambios con González Casanova en La Habana, manifestó que lo procedente era que un grupo se trasladara a La Habana para discutir estas ideas con una representación de la intelectualidad cubana, señalando la conveniencia de que esta iniciativa fuera acogida y promovida desde México, con el simbolismo de toda su tradición de amistad con Cuba y el hecho de que allí hubiera dado a luz el manifiesto A la conciencia del Mundo, que puede considerarse el documento precursor de la actual Red de Redes En Defensa de la Humanidad. En él se asentaba:

“La invasión a Irak ha tenido como consecuencia el quebranto del orden internacional. Una sola potencia agravia hoy las normas de entendimiento entre los pueblos. Esa potencia invocó una serie de causas no verificadas para justificar su intromisión, provocó la pérdida masiva de vidas humanas y toleró la devastación de uno de los patrimonios culturales de la humanidad. Nosotros sólo poseemos nuestra autoridad moral y desde ella hacemos un llamado a la conciencia del mundo para evitar un nuevo atropello a los principios que nos rigen. Hoy existe una dura campaña en contra de una nación de América Latina. El acoso de que es objeto Cuba puede ser el pretexto para una invasión. Frente a esto, oponemos los principios universales de soberanía nacional, de respeto a la integridad territorial y el derecho a la autodeterminación, imprescindibles para la justa convivencia de las naciones”.

Fue así como a finales de mayo y principios de junio de 2003, se inició una singular reunión, en el Palacio de las Convenciones, entre un grupo de intelectuales mexicanos con unos 40 de los más destacados intelectuales cubanos, presididos por el Ministro de Cultura, Abel Prieto, quien después de hacer una explicación de las razones que nos congregaban invitó a los mexicanos a exponer sus puntos de vista. A ello siguió un rico y fructífero intercambio entre cubanos y mexicanos sobre la coyuntura abierta por la elección de Bush, el atentado del 11 de septiembre y las guerras de Afganistán e Iraq, así como las acciones que se consideró que era necesario realizar para denunciar la magnitud de la barbarie en curso, hacer conciencia sobre la amenaza que constituía para la humanidad e intentar ponerle freno.

Esta reunión se prolongó hasta el día siguiente, cuando en la tarde se sumó Fidel, quien evidentemente ya conocía por Abel el desarrollo del debate anterior. Hizo varias preguntas y algún que otro comentario sobre aspectos muy poco conocidos de la situación internacional, se mantuvo muy atento al debate, en el que hizo algunas precisiones importantes de conceptos, y luego del fin de la reunión, brindó una de sus antológicas pláticas informales, en la cual aportó argumentos y puntos de vista muy importantes sobre los avances que estaban en marcha en América Latina después de la elección de Hugo Chávez. Afirmó, ya en esas fechas, que Chávez era un gran líder no sólo venezolano sino latinoamericano, llamado a desempeñar un papel muy importante en la resistencia a las políticas imperiales y en el impulso a la unidad e integración de América Latina y el Caribe. En la sesión de esa tarde se perfiló la idea de convocar en México a un encuentro internacional de intelectuales “en defensa de la humanidad”, aceptándose ese nombre para la organización que surgiría. El propósito del encuentro sería la constitución de una red internacional de intelectuales, en el sentido más amplio del término, que luchara por los objetivos identificados en el debate de esos dos días.

Al regreso de Cuba, se constituyó un comité organizador, en el que participaban la casi totalidad de los intelectuales que concurrieron a la reunión de La Habana, además de compañeros tan valiosos como Adolfo Sánchez Vázquez, siendo ésta una de sus últimas actividades públicas, misma que desempeñó con la humildad de un militante de filas hasta la celebración del Primer Encuentro de Intelectuales y Artistas por la Humanidad.

El encuentro de México en octubre de 2003 en el Polyforum Siqueiros tuvo varios aciertos importantes. Sus deliberaciones fueron ajenas al abandono de principios irrenunciables de la izquierda crítica, justificado en nombre de una supuesta modernidad por no pocos tránsfugas tras el derrumbe del socialismo eurosoviético y la generalización de la ofensiva neoliberal. La declaración final, publicada íntegramente en La Jornada, llamó a terminar con la globalización excluyente, no a limar sus aristas «más duras», y rechazó la renuncia del Estado al interés público, representada por la liberalización económica, las privatizaciones y los recortes al gasto social.

El documento llamó al imperialismo por su nombre y lo consideró el causante del actual orden hegemónico depredador y militarista que «opera como una máquina de exclusión social» y ha llevado a la humanidad a un «punto crítico que entraña serios peligros». El imperialismo, afirmaba, hace uso instrumental de la democracia: «la apoya en sus aspectos formales si conviene a sus intereses y conspira contra ella si las fuerzas populares llegan al poder por la vía democrática». Como corolario, denunciaba el uso que hacen los gobernantes neoliberales de la democracia «como patente de corso (…) para la entrega de recursos al capital trasnacional». Igualmente, reivindicó el derecho de los pueblos a la rebelión, señalando como ejemplo a la que defenestró en Bolivia «un gobierno totalmente subordinado a Estados Unidos.»

Precisamente por su apego a los principios de la auténtica izquierda, la reunión no fue tampoco una nostálgica y estéril reivindicación de los dogmas de un socialismo alejado del sentir del pueblo. Por eso postuló que «la diversidad es consustancial a la sociedad humana» y denunció el menosprecio del sistema dominante por las culturas y valores de los excluidos, «a menos que sean reducidos a los imperativos del mercado». Subrayó el arraigo popular de la Revolución Cubana y su firme voluntad de construir otro tipo de sociedad como fundamentos para que hubiera podido resistir casi cinco décadas de bloqueo y agresiones.

El rescate del internacionalismo como valor intrínseco de la izquierda recorría el documento, que se manifestó solidario «con los patriotas que -acusados de terroristas- luchan por la libertad de sus pueblos». De este modo, logró la combinación entre la defensa de lo local, -el edificante patriotismo y nacionalismo que identifica a las comunidades,- y lo universal, encarnado por los supremos intereses de la humanidad toda.

La declaración trazó con precisión la postura ética que define el compromiso social de los intelectuales al valorar el trabajo intelectual «que se funda en procedimientos rigurosos y, al mismo tiempo, es sensible a la injusticia del mundo en que vivimos; que aprende de sectores en todas las regiones, naciones y continentes que se levantan contra el orden establecido» y definirse «en favor de la igualdad económica, de géneros, postulando que la dignidad, la libertad y el respeto a la riqueza cultural de la humanidad han de prevalecer sobre el capital».

En el Encuentro se escuchó un mensaje enviado en video desde las montañas de Chiapas por el subcomandante Marcos, y a un Evo Morales, quien viajando expresamente de Bolivia a la reunión sin todavía llegar a la presidencia, afirmaba en su discurso: «La defensa de la humanidad pasa por la eliminación del imperialismo y el neoliberalismo».

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Caminos de Eduardo Mitre

Un recuerdo a la obra del poeta «que está hecha de los rigores y las amplitudes de la soledad y a la vez del gozo de los encuentro»

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Eduardo Mitre añoraba subir por las cuestas del Albaicín granadino, paladeando los nombres árabes de las calles. / Foto: JAVIER SÁNCHEZ / GETTY

Leer poesía es una experiencia táctil; también acústica, y plástica, no sólo visual. Por eso en ella importa tanto lo que ahora tanto se descuida: la tipografía, la tinta, la disposición de cada palabra y cada verso en el blanco de la página. La poesía se toca y entra por los ojos. Aunque casi siempre la lea uno en silencio, incluso cuando no está medida ni rimada, uno escucha la poesía. Uno la escucha, calladamente en la página, dicha por una voz que no se sabe si es la del poeta o la de uno mismo. Uno lee en voz alta el poema o se lo dice de memoria y esa voz no es del todo la suya, como no es y no es del pianista la música que no existiría si él no la tocara. Quizás uno toca el poema al leerlo, incluso cuando lo hace en silencio, en el sentido en que el intérprete toca la partitura. Y ahora que lo pienso, qué raro que en español se diga tocar un instrumento. Como si bastara el hecho simple del tacto para que se revele la música: tocar el piano; ese momento en que el músico posa las manos sobre el teclado, antes de que empiece el sonido.

En todo aficionado a los libros hay un lector de Braille que empieza a adentrarse en el texto por las yemas de los dedos. Me sucedió hace poco al abrir el paquete en el que venía el volumen de la Obra poética de Eduardo Mitre. La portada austera, de cartulina ligeramente granulada, el papel recio y a la vez dócil de las páginas, la tinta en parte desleída de la viñeta de José Saborit, simple como un caligrama japonés logrado con un solo gesto.

La calidad sensorial del libro ya es una anticipación de los poemas que contiene, el aldabonazo único de alerta de una campana zen, con su resonancia que dura y se va extinguiendo poco a poco en el silencio posterior. La límpida sencillez del diseño y de la tipografía se corresponde con la música quieta y vertida hacia dentro de una poesía que es a la vez meditativa y celebratoria, que está hecha de los rigores y las amplitudes de la soledad y a la vez del gozo de los encuentros, que examina como al microscopio lo pasajero y lo frágil y lo desvanecido y al mismo tiempo se regocija en la materialidad táctil y nutritiva de las cosas, el festín diario del que está hecho lo mejor de la vida. Eduardo Mitre es capaz de escribir tan persuasivamente sobre lo que ya no existe o lo que se escapa de las manos o es del todo inaccesible como sobre el deseo cumplido, sobre las epifanías en prosa de los alimentos, del vino, de la nieve que empieza a caer en silencio tras el cristal de una ventana, en una habitación invernal en la que se cobijan dos amantes felices.

En el recuerdo se superponen conversaciones y lecturas, cartas de la época del correo postal, con matasellos de países diversos y sobres estriados de correo aéreo, paseos lentos por ciudades, barras de bar en mediodías españoles, con el fervor mezclado de los poemas y de los placeres en prosa de las cervezas y las tapas. Conocí a Eduardo Mitre en Granada, hacia finales de los ochenta. Él había ido a la ciudad en un programa de intercambio con estudiantes de Dartmouth, la universidad de Nueva Inglaterra en la que trabajaba entonces. Granada fue para él una etapa decisiva en su complicada biografía de emigraciones personales y heredadas. De su descubrimiento de la ciudad queda el testimonio de uno de sus poemas mayores, El peregrino y la ausencia, que es la continuación y la resonancia de otro escrito años antes, Yaba Alberto, una sobria elegía a la muerte de su padre.

Si, como dice Joyce, la única pregunta que importa acerca de un libro es a qué profundidad en el alma de quien lo escribe se ha originado, esos dos poemas brotan de lo que probablemente es la raíz misma de la identidad de Eduardo Mitre. Su familia emigró de Palestina nada menos que al Altiplano de Bolivia en los años treinta del siglo pasado. Nacido y crecido en la atmósfera peculiar de los casi recién llegados a un país completamente extraño, Eduardo se hizo también viajero muy pronto. El hijo de una familia palestina emigrada a Bolivia fue desde la primera juventud un emigrado latinoamericano en Europa y en los Estados Unidos. Por eso, en su poesía, a la experiencia personal del desplazamiento se le filtra la memoria entre imaginaria y oral del gran viaje inverso de sus mayores.

Su yaba, su padre, le prometía cuando era niño que alguna vez viajarían juntos a la ciudad simbólica de otros orígenes mucho más antiguos, la Granada del esplendor árabe. El destino, escribe Mitre, ata y desata / partidas y llegadas / adioses y recuerdos. Y un día, no por empeño propio, sino por la casualidad de un intercambio universitario, el hijo de aquel hombre que en el Altiplano de Bolivia alimentaba y consolaba sus añoranzas imaginando que veía la Alhambra, y que ya está muerto, se encuentra subiendo por las cuestas del Albaicín, paladeando los nombres árabes en las esquinas de las calles, asomándose por fin a una pequeña plaza desde la cual se ve el castillo de muros rojizos, siempre más prodigioso que en la imaginación o que en las fotografías, el castillo rojo sobre la colina, sobre las barrancas umbrías del Darro, delante del gran telón levantado de la Sierra, con su bruma violeta y sus cimas coronadas de nieve.

El crescendo del poema impresiona más porque la palabra que uno está esperando, el nombre no se dice. En el espacio en blanco donde habría estado la palabra Alhambra lo que estalla es una exclamación, cuando el hijo casi sacude al padre fantasma para intentar que vea lo que él está viendo: ¡Alah Ajbar! Y a continuación un verso tomado del romance antiguo, en el que de nuevo están presentes las torres, el deslumbramiento heredado de otra mirada de cinco siglos atrás: ¡Altas son y relucían!

De ciudad en ciudad, de un país a otro, Eduardo Mitre ha ido construyendo, sin aspavientos ni desánimos, con una persistencia más bien solitaria que es más admirable cuando uno la ha observado a lo largo de muchos años, una voz poética que no se parece a la de nadie. Es una voz tan audible en los versos como cuando habla, con un deje boliviano lento y limpio, y acarrea ecos de otras voces fundamentales de la poesía, muy antiguas y de ahora mismo, en el noble español de Jorge Manrique, Fray Luis, Antonio Machado, Octavio Paz, y en las otras lenguas en las que a Eduardo le ha permitido sumergirse su vocación de lector y su vida errante. Algunos de los grandes poetas americanos que conozco los descubrí gracias a él. Por Nueva York y por Madrid hemos caminado tan embebidos en una conversación sobre poesía como por aquella Granada que a los dos ya se nos queda tan lejos.

Obra poética (1965-1998). Eduardo Mitre. Pre-Textos. Valencia, 2012. 456 páginas. 30 euros.

Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA

Fuente: El País

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Caminos de Eduardo Mitre por ANTONIO MUÑOZ MOLINA se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Saharauis – El exilio permanente

El Sahara Occidental fue conquistado primero por España y, después, por Marruecos. Estas sucesivas ocupaciones tuvieron y tienen efectos directos sobre la vida de las mujeres. Además de la pobreza y la opresión, su propia cosmovisión está amenazada: las abuelas ya no son las jefas de familia ni se protege como antes a las mujeres en caso de divorcio. Fatma El Medi Asma, líder de la resistencia de las saharaui en Argelia, visitó la Argentina y conversó con LasI12 para dar a conocer una historia con muchas más riquezas que el mito occidental de la nada en el desierto.

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Fatma El Mehdi Asma es la presidenta de la Unión Nacional de Mujeres Saharaui. Ella tuvo que huir de Sahara Occidental, su país, cuando tenía siete años, por un camino que duró tres días y fue el más duro de sus 42 años de vida, hasta llegar a un campo de refugiados en Argelia, igual que otras 173 mil personas, principalmente, mujeres y niños/as. Habla en castellano porque España colonizó su país hasta que, sin tregua, fue invadida por Marruecos. Hoy lucha por la independencia de su territorio. Pero también por las condiciones de las mujeres que viven en Sahara, relegadas a la pobreza, a pesar de las riquezas de la región, por la falta de educación y, por lo tanto, de trabajo. No hay una sola universidad en un país que se pretende autónomo, pero Marruecos tilda de provincia.

La inequidad de la soberanía se complica con la tradición. La cultura marca que las mujeres deben quedarse a cuidar a sus padres. Y si ellas no pueden irse, ni pueden estudiar donde están, no logran capacitarse ni avanzar. Todo complota contra ellas.

Pero son otras mujeres las que luchan por su independencia y por la cosmovisión de su cultura que, lejos de los prejuicios occidentales sobre el Islam, defiende la libertad de las mujeres de casarse y divorciarse, de tener hijos con hombres distintos, les da el lugar de mayor autoridad familiar a las abuelas y protege absolutamente a las esposas (en lo social y económico) frente a un divorcio.

Fatma visitó la Argentina y se reunió con organismos de derechos humanos y las Madres de Plaza de Mayo para pedir apoyo en su reclamo de soberanía. Ella contó su vida a Las/12 en una historia que empieza con una carretera de huidas y partos entre gritos y muerte. Una historia que le pesa. Pero que también ella quiere relatar para construir futuro en ese camino por el que ella quiere regresar a su país cuando sea –nuevamente– un país.

LA RESISTENCIA ESPUMANTE

Ella tiene tres hijos –y otra hija más que murió– y un marido. Estudió en Libia. Pero tuvo que volver al campamento cuando su padre murió para cuidar a sus diez hermanos. Pero no está atada a la penumbra, sino dispuesta a la liberación. De visita por Brasil y Argentina se la ve envuelta en una tela liviana, en una semana porteña de abril que sorprende por no dar lugar a la brisa del otoño, pero que a ella, viniendo del Sahara, la sorprende que se la designe como calurosa. La tela la recubre de cuerpo entero y también su cabeza. El vestido se llama melpha. No luce igual que una occidental y eso se nota, más que en el departamento en el que se aloja, cuando se sale al pasillo o a la calle y, simplemente, estar cubierta marca la diferencia.

Una pregunta clave es si la desnudez occidental nos libera o nos ata a la esclavitud del cuerpo homogénico. Pero, más allá de ese debate, su tela se diferencia de otras burkas, sotanas, polleras, pelucas o coberturas de diferentes interpretaciones de las religiones que judíos, musulmanes y católicos vuelcan como una posible opresión textil sobre sus fieles. La melpha de Fatma no sólo es liviana –como un gran pareo– sino que además sus tonos lilas le dan una vivacidad que, ni siquiera a través del prejuicio del juego de las diferencias, da lugar a verla como una mujer tapada de sí misma.

La liviandad también se acompaña por su amabilidad. Ella está descalza por rito con sus pies pintados de un color morado y apoyados sobre una alfombra. Pero no pide a sus comensales que la sigan. Parecería una decisión de respetar su camino sin exigir que todos los pies anden por su mismo recorrido. Habla un español –su tercera lengua después de árabe y hassania– tan llano que una causa que parece tan lejana como la independencia de Sahara se vuelve cercana, comprensible, tan propia aunque su continente sea Africa y sus vecinos de enfrente sean las islas Canarias.

El territorio que ella defiende y del cual proclama la bandera verde, blanca, negra y roja está conquistado por Marruecos y signado por muros que superan a los ladrillos que ya cayeron en Berlín o que todavía siguen entre Israel y Palestina. Su lugar de exilio es un campamento de refugiados en la frontera del Sahara con Argelia. Pero su raíz común es la conquista de España que terminó en 1975, pero que Marruecos invadió inmediatamente. En ese momento ella huyó a Tinduf. Ahora son 500.000. Tal vez muy pocos para hacer peso. Pero muchos para seguir con el sometimiento.

Su religión es la islámica. Ella cuenta de diferencias. Pero diferencias que tejen orgullos o distinciones. Ninguna frontera infranqueable. También cuenta de las riquezas de su país en pesca, para derribar el mito de la arena infinita, y en minería. “Nuestra riqueza fue nuestra condena a la pobreza”, sentencia Fatma y la sentencia recuerda al destierro que el escritor Eduardo Galeano relató en Las venas abiertas de América Latina, que sin duda ya irrumpió con la lógica del despojo como efecto de la posesión en Oriente y Africa, desde el valor del oro en Potosí –que convirtió a Bolivia en campo de arraso de sus riquezas y de la pobreza de sus habitantes– hasta las actuales peleas por el oro, el gas, el petróleo y el agua que atraviesan la actualidad en la visita en que Fatma visita Argentina. Tan cerca, tan lejos. Tan raro, tan igual.

Es por eso que para acercarse –o mostrar lo cerca que estamos– es que ella viajó hasta Argentina y, ya en la entrevista, las palabras tienen un ritual que las hace desear. Ella acerca a sus comensales el mayor de sus agasajos: un té saharaui: un manjar, una bienvenida, una ronda de afecto, una metáfora.

El té viene con ella. No está procesado, ni elaborado, ni molido, ni puesto en saquitos. Son hebras sin contaminantes que conservan su sabor natural. Pero, en verdad, la pureza no es su distinción. El sabor se asemeja al del té verde. Hasta ahí sus sabores de raíz oriental y nuestros sabores abiertos a volvernos sommeliers en catas podrían suprimir la sorpresa en la garganta. El secreto está en el encanto de las manos. El cobijo de las tacitas. La corriente que produce la infusión beduina en su inquietante ir y venir.

No hay palabras antes del té, ni palabras sin té. El encuentro tiene que ser regado con un sorbo cálido. Ella sirve la yerba en la tetera caliente. Sirve en tres vasos –pequeños, un convite al sorbo más que a un trago largo– y cuenta que la tetera tiene que alcanzar hasta tres reposiciones. Ella vuelca la mezcla. Pero el elixir de su propia cultura no está en lo que se vuelca, sino cómo se vuelca: una, dos, tres veces de un vaso a otro, hasta que el calor y el frío se dejan confundir y se mezclan, hasta que el líquido se mixtura de aromas y texturas y se vuelve espuma. La ceremonia crece hasta volverse suave manjar: bienvenida.

“Está muy mal visto si vas a una familia y no te ofrecen té. Sobre todo la gente beduina que suele trasladarse de un lado a otro en camello y, aunque no tengan comida (también, generalmente, carne de camello), para ellos el té es todo –relata–. Después la persona puede tomar tres vasos. El primero es ‘amargo como la vida’, el segundo ‘dulce como el amor’ y el tercero ‘suave como la muerte’. El té es una forma de mirar la vida.”

Fatma mira la vida desde un lugar que no es el suyo, desde los siete años, cuando huyó de Sahara Occidental, por la invasión de Marruecos, en 1975 y se trasladó hasta un campo de refugiados en un desierto ubicado en Argelia. Desde 1884 su tierra había sido colonia española –nos une ese antecedente histórico–, pero cuando Europa abandonó el poder Marruecos no dejo lugar para la independencia. “La invasión marroquí fue cuando España empezó a retirarse”, apunta.

¿En ningún momento fueron autónomos?

–No nos dieron un respiro. España estaba pasando el fin de la dictadura de (Francisco) Franco, en 1975 y, en ese tiempo de transición, Marruecos aprovechó por un lado y Mauritania, con quien tenemos fronteras por el Sur, por el otro, para invadirnos.

¿España colaboró?

–El 14 de noviembre de 1975 dividió el país en dos partes. La parte del Norte fue para Marruecos y la parte del Sur para Mauritania. España fue la administradora. En Marruecos mandaba el rey Hassan II, que le prometió a los pobres que iban a tener un futuro mejor en el Sahara y organizó la Marcha Verde. Ellos dicen que son una democracia, pero no lo son. Fue una invasión con más de 600 personas. A la vez, hubo una invasión militar que bombardeó el territorio. En el mismo momento entraron los mauritanos en el Sur y empezó otra guerra. El Frente Popular para la Liberación (Polisario) ya luchaba contra España. Después vino la guerra con Mauritania, que duró hasta 1978, cuando se firmó la paz. Sin embargo, la invasión de Marruecos, con la ayuda de Francia, todavía continúa.

¿Dónde vivís?

–Nosotros vivimos en campamentos del lado de Argelia, en la frontera con Sahara, en Tinduf. Argelia nos acoge, pero también tenemos las oficinas de Naciones Unidas.

¿Por qué no viven en Sahara y resisten desde adentro?

–Marruecos cuando vio que no iba a poder resistir la guerra empezó a construir muros para proteger las ciudades más importantes y no es como el muro de Palestina o de Berlín que son paredes. El muro tiene minas antipersonales que no nos permiten pasar y que les permite a ellos quedarse con la pesca porque Sahara tiene una costa de 1200 kilómetros en el Atlántico y además petróleo, uranio, mucha riqueza… por eso fue invadida.

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La costa del Sahara no tiene nada que ver con el mito del desierto…

–No, el desierto es donde vivimos ahora: en el desierto argelino. Por esa riqueza fuimos obligados a vivir en la pobreza. La riqueza es el motivo de nuestra pobreza. Por eso, nosotros no podemos vivir en nuestro país desde hace más de treinta y siete años.

¿Cuál es la población que está dentro del territorio?

–La población saharaui es el grupo que se quedó y no pudo salir hacia Argelia. Actualmente viven en las zonas ocupadas y, aun estando en su país, son los más pobres. Hay un campamento de 30 mil tiendas y 80 mil personas en la parte más pobre y desértica del territorio en la cual es más difícil de sobrevivir. No hay mucha agua ni acceso a la comida. Ni agricultura, porque es un territorio muy contaminado por las minas antipersonales. Nosotros proponemos que haya un referéndum y que se controlen las violaciones de los derechos humanos. Pero todavía no lo hemos conseguido.

¿Qué sentiste cuando eras niña y te tuviste que ir de tu país?

–Mi generación creció justo en los momentos de la revolución. El frente Polisario se creó en el ’70, cuando yo tenía dos años. Toda mi vida está muy vinculada con la lucha por la liberación. No recuerdo nada que no tenga que ver con eso. Cuando fue la huida hacia el exilio tenía siete años. En mis primeros recuerdos salen forzosamente las imágenes de ese camino porque fue muy duro. Era un viaje que tardó casi tres días y en el que estábamos casi quince personas en una camioneta y sin comida.

¿Cuál fue el sufrimiento particular de las mujeres?

–Es parte de la educación que las mujeres embarazadas no hablen de lo que les pasa. Se nota, pero no suelen hablar de su embarazo, ni de cuántos meses tienen. Tampoco se puede saber nada porque no hay para hacer ecografías. Mi prima era una chica muy tímida, y durante ese viaje estaba a punto de dar a luz. Ella estaba sufriendo. Pero no decía nada. La gente se refugiaba durante el día debajo de los árboles porque el ejército marroquí nos estaba persiguiendo. Una noche la mayoría estaba buscando leña y, de repente, se oyó un grito muy fuerte. Todo el mundo salió corriendo porque creían que el ejército nos había alcanzado. Al rato mi abuela Gabula se acordó de mi prima. Se fueron a buscarla, siguiendo su grito, sólo mujeres, porque entendieron que podía haber dado a luz. A mí no me querían dejar ir porque era niña, pero yo lloraba mucho porque siempre estaba con mi abuela. Y, como no me separaba de ella, me permitieron acompañarlas. Mi abuela me dejó ir y vi a mi prima muy pálida y sangre por todas partes y luego una niñita muy gordita pero muerta. Hicimos una cueva para enterrarla, como dice el rito musulmán, y llevamos a mi prima en una sábana que hacía de camilla.

¿Cómo es su cosmovisión sobre las mujeres?

–La cultura saharaui es muy abierta y respeta mucho a la mujer. Hay muchos refranes que demuestran que un caballero tiene que tener buen trato con las mujeres.

No es que sufren una opresión histórica por ser árabes, sino por la situación política…

–Nosotras queremos conservar los valores sociales de nuestra cultura porque, en el caso del divorcio, por ejemplo, las mujeres saharaui celebran una fiesta para demostrar que ya son libres y que pueden casarse nuevamente. No hay ningún problema en volver a casarse cuatro, cinco o seis veces. A las saharaui les gusta tener muchos hijos.

¿Son polígamos?

–Antiguamente en nuestra sociedad encontrábamos a mujeres que estaban casadas con un mismo marido y que les dejaban sus hijos a las otras, incluso había quienes no sabían quiénes eran sus madres. Algunas abuelas nos hablaron sobre eso, que era muy bonito, pero ya no existe. También nos hablaron sobre el valor de la mujer. El que tiene que pagar para los preparativos de la boda es el hombre y la que se queda con todos los bienes es la mujer. Está muy mal visto que un hombre se lleve lo mínimo cuando se separa. Ahora hay cosas que se están cambiando. Nuestras abuelas si se enfadaban con su marido no les daban la posibilidad de reflexionar. Se iban a lo de sus padres y para que vuelvan les tenían que hacer una gran fiesta que les costaban un esfuerzo enorme a los hombres. Las nuevas generaciones –que estudian en Venezuela, Cuba, Argelia o España– piensan de otra manera y son más tolerantes con los hombres. Esto no les gusta nada a nuestras abuelas. Ellas son muy exigentes. Por ejemplo, este año hemos tenido un caso que para nosotros es una amenaza: un matrimonio se separó y ella se fue con su familia, la casa se quedó vacía y, cuando él se casó de nuevo –en los campamentos de Argelia– la llevó a su nueva mujer. Tuvimos que hablar con él porque para nosotras la casa tiene que quedar para la mujer. Incluso, si ella no está viviendo ahí, pero es su propiedad. Es la cultura saharaui.

¿Qué cambió con el destierro?

–Antes de la revolución las mujeres no tenían participación política. Después se facilitó la participación por el exilio. Los hombres tenían que ir a la guerra y las mujeres debían quedarse en los campamentos y fueron ellas las que formaron los consejos y fueron gobernadoras de campamento, directoras de colegio, lo hicieron todo. Así fue hasta 1991 cuando empezó el proceso de paz. La conclusión fue que las mujeres hicieron todo pero estaban solas. ¿Y cuando los hombres volvían a los campamentos se iban a ocupar de la parte política, pero no de la doméstica? Fue muy importante la reincorporación de los hombres sin poner en riesgo el lugar de las mujeres que ahora ocupan el 34 por ciento de la representación. Lo que hicimos no es nada excepcional: las mujeres en las crisis juegan un rol muy importante. Pero cuando se termina vuelven a su rol tradicional.

¿Qué pasa con las mujeres que siguen viviendo en Sahara?

–Las mujeres son las primeras víctimas. En las zonas ocupadas son víctimas de torturas, de desaparición, de agresiones sexuales, de ser encarceladas porque son ellas las que manifiestan. Tienen sus hijos o sus maridos desaparecidos y son ellas las que levantan la voz.

Por Luciana Peker

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