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Refugiados sirios en América Latina

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Tienda de dulces árabes regentada por un refugiado sirio en Quito. | Foto ©Esteffany Bravo

Salieron de Siria huyendo de la guerra, pero tomaron un rumbo distinto al de la mayoría. En vez de embarcarse en una peligrosa e incierta travesía hacia Europa a través del mar Mediterráneo, prefirieron montarse en un avión con destino a América Latina. Desde que comenzó el conflicto armado en 2011, más de 5.000 sirios han optado por iniciar una nueva vida en la región.

«Vine a Ecuador porque en este país no me piden visado para entrar», cuenta Wahed, nombre ficticio de un refugiado sirio que pide ocultar su identidad. «Cuando estaba en Siria, pensé en arriesgarme en el mar junto a mi familia para llegar a Europa, como mucha gente ha hecho. Pero luego un amigo que vive en Ecuador me dijo que podía ir a trabajar con él. Por eso vine hasta aquí», explica este hombre de mediana edad y de tez clara procedente de Idlib, una ciudad cercana a la frontera turca en disputa entre el gobierno sirio y diferentes grupos rebeldes.

«Tuve que dejar a mi familia en Siria», manifiesta con pesadumbre. Wahed lleva más de un año en América Latina. Ahora regenta una tienda de dulces árabes en Quito llamada Siria, como su país. «Los hace buenísimos», afirma su amiga libanesa, que ejerce de traductora durante la entrevista.

En los últimos cinco años, al menos 5.413 ciudadanos sirios han llegado a América Latina, según ACNUR. La gran mayoría de ellos, el 87%, decidió solicitar refugio en Brasil. Desde 2013, el gigante regional ha mantenido una política de puertas abiertas hacia los refugiados sirios, concediendo más de 8.000 visados humanitarios.

«Brasil ha tenido un rol muy importante en el tema de derechos de los refugiados en América Latina: no solo porque ha propiciado políticas o cuenta con un sistema de asilo bastante eficiente, sino porque también ha motivado a que otros países de la región promuevan políticas similares», confirma Karina Sarmiento, directora para América Latina de la ONG Asylum Access.

Jalil es uno de los miles de sirios que solicitó un visado humanitario en un consulado brasileño. Lo hizo en Estambul, después de haber sido deportado desde Dubái en su intento por llegar a América Latina. Este ingeniero eléctrico originario de Latakia, en la costa siria, decidió abandonar el país para evitar ser reclutado por un grupo armado. «Elegí venir a Ecuador porque mi hermano lleva 18 años viviendo aquí», describe. Su viaje, que duró un total de 23 días, no fue ni mucho menos un paseo idílico.

«En Dubái no me dejaron pasar por ser sirio»

«Fui en coche a Líbano, donde cogí un avión a Estambul. Desde allí volé a Dubái. Mi viaje tenía que ser desde Dubái hasta Sao Paulo y desde Sao Paulo a Quito. Pero como soy sirio, me pararon en Dubái durante tres días y perdí mi vuelo», recuerda el joven. Compró otro billete para ir de Dubái a Rio de Janeiro, desde allí a Lima y luego a Quito. Pero de nuevo se chocó con la negativa, y vuelta a Estambul. «Tenía papeles y una invitación firmada por el gobierno, pero no me dejaron pasar por ser sirio, por mi pasaporte. Estuve allí siete días en Estambul, fui al consulado brasileño y conseguí un visado.

«Finalmente llegué a Ecuador desde Estambul, pasando por Sao Paulo. Todo esto duró 23 días. Gasté 7.000 dólares porque perdí dos billetes de avión. Pasé mucho sufrimiento, mucho dolor. Todo por ser sirio, por mi pasaporte», continúa Jalil en un inglés entrecortado, salpicado por la rabia de un árabe que se sabe discriminado por otros árabes.

La mayoría de sirios que llegan a América Latina son profesionales de clase media-alta, según Gómez, experta en migraciones internacionales. El viaje desde Siria hasta Ecuador cuesta alrededor de 2.000 euros, mientras que viajar a Europa a través del mar supone un gasto aproximado de 4.000 euros.

En el caso de este sirio padre de tres hijos, Brasil solo fue un país de tránsito en su cruzada por escapar de la guerra. Tuvo que dejar a su familia atrás, dado que no contaba con el dinero suficiente como para pagar el viaje a su esposa e hijos. «He venido aquí para trabajar con mi hermano, necesito dar de comer a mi familia. Ahora les envío dinero todos los meses», desvela Jalil, quien no quiere revelar su verdadera identidad por miedo a que su familia sufra represalias.

Los más de cinco años que ya dura la guerra en Siria se han saldado con un balance catastrófico para la población civil. De los 23 millones de personas que vivían en Siria antes del inicio del conflicto armado, en la actualidad casi 5 millones han tenido que abandonar el país en busca de protección internacional, mientras que casi 7 millones son desplazados internos.

La tradición humanitaria de América Latina

«América Latina ha demostrado a lo largo de su historia una tradición humanitaria de mantener sus puertas abiertas», asegura Sonia Aguilar, directora de comunicación de ACNUR en Ecuador. «Durante décadas, los países han buscado respuestas ante el desplazamiento forzado. Desde la propia experiencia, como demuestra la existencia de la Declaración de Cartagena de 1984, la región mantiene tanto en su acervo legal como en sus prácticas, una orientación hacia la acogida. Y en ese sentido, América Latina ha asumido un compromiso importante para apoyar en una respuesta humanitaria frente a la crisis que viven los refugiados del conflicto en la República Árabe Siria», declara la portavoz de ACNUR.

Esa disposición latinoamericana hacia la acogida de personas perseguidas puede explicarse por la propia historia de la zona. Las dictaduras del Cono Sur y los conflictos en Centroamérica y en Colombia afectaron a miles de personas, que se vieron obligadas a huir de sus países en búsqueda de protección. Como consecuencia, los estados latinoamericanos firmaron la Declaración de Cartagena, un documento clave que amplió la definición de refugiado y permitió que fueran reconocidas como tales no solo las personas perseguidas por su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas, sino también aquellas personas que huían de situaciones de violencia generalizada.

Falta de ayudas

En septiembre de 2015, cinco familias sirias que habían sido reasentadas en Uruguay un año antes, acamparon en una plaza de Montevideo para expresar su deseo de regresar a Líbano. Los refugiados se quejaban del alto coste de la vida y de las escasas ayudas que recibían del gobierno uruguayo, lo que apenas les alcanzaba para vivir.

«Normalmente, los programas de acogida a personas refugiadas en la región no incluyen apoyos. Y, si los incluyen, suelen ser pequeños, como en Brasil y Uruguay, donde se dan ayudas económicas, pero no son tal vez apoyos como se los preveía antes en Europa: alojamiento, un salario o un beneficio por el mes», comenta la responsable de Asylum Access en América Latina.

En sus propias carnes lo está viviendo Ahmed, un joven refugiado sirio que lleva dos años y medio en Ecuador que tampoco quiere revelar su nombre real. «La situación aquí es muy difícil: no puedo estudiar y tampoco hay trabajo por la crisis económica en el país. Además, nadie busca trabajar con refugiados», denuncia este chico de 22 años que se vio obligado a dejar sus estudios de Literatura Inglesa en la Universidad Nacional de Damasco. Ahmed, quien dice tener facilidad para los idiomas, aprendió a hablar español mientras trabajaba en un restaurante de Quito. «Encontré un trabajo en un restaurante, pero me pagaban menos del salario mínimo (366 dólares al mes), la jornada era de 14 horas y no tenía seguridad social. Con lo que gastaba en transporte no me sobraba nada», afirma Ahmed, que llegó a Ecuador junto a sus padres y hermanos después de haber probado suerte en Egipto. En Ecuador, donde residen 10 refugiados sirios y 79 solicitantes de asilo, el estado no aporta ayudas a las personas que buscan refugio. Estos dependen de ONG como HIAS, cuyas contribuciones económicas son irrisorias.

«Tenía sueños, pero la vida me los está destruyendo»

A Ahmed le gustaría continuar con sus estudios en Quito, pero dice no poder porque para entrar a la universidad le exigen superar un examen de español para el que no tiene suficiente nivel. Al no poder estudiar ni trabajar, Ahmed se siente atrapado. No puede volver a su país, pero tampoco ve esperanza en Ecuador. Por eso quiere ser reasentado.

«Es mi última opción. En este tiempo ya debería haber acabado la universidad, pero están pasando los años y no estoy haciendo nada: no estoy trabajando, no estoy estudiando, no estoy apoyando a mi familia», confiesa con voz temblorosa. «Solo espero no llegar al punto de no querer nada de la vida. Cada vez hay que adaptarse a una cosa y a otra cosa y a otra cosa. Tenía sueños, pero la vida me los está destruyendo», concluye.

Aparte de los problemas económicos, las barreras culturales se alzan entre los refugiados y las sociedades receptoras. Sham, una jovial mujer siria que llegó a Quito hace 10 meses destaca que su madre «pasa todo el día en casa, no quiere salir. Se pone el hiyab (velo) y la gente no sabe lo que es, le miran raro y ella se siente mal. Por eso prefiere estar en casa. No habla ni una palabra de español».

Raghida, que huyó de Siria porque el grupo yihadista Jabhat al-Nusra quiso obligarla a convertirse al Islam, plantea que el mayor reto de integración es el idioma. «En Ecuador casi nadie habla inglés, aunque la gente ha sido muy buena conmigo y me ayuda cuando digo algo mal en español», relata la joven drusa. Raghida dio a luz a su hijo poco después de llegar a Quito. Ahora solo quiere aprender español para encontrar un trabajo. «Así podríamos vivir una muy buena vida», sentencia mientras da de mamar su bebé.

¿Por qué América Latina?

¿Por qué hay población siria en América Latina? Esa es la pregunta del millón para Carmen Gómez, profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). No tiene fácil respuesta, asegura, pero entre los principales motivos están las políticas de apertura de varios países de la región. Para el caso de Ecuador, un país al que los ciudadanos sirios pueden entrar sin necesidad de visado, «una de las hipótesis que se baraja es que en los últimos años se generó una imagen pública de apertura de las fronteras del país, de flexibilidad a nivel migratorio y de estabilidad económica que pudo atraer a los sirios», aclara Gómez. A esta imagen puede haber contribuido el caso del fundador de Wikileaks, Julian Assange, al que Ecuador proporciona asilo en su embajada en Londres desde 2012.

No obstante, según Gómez, esta percepción que se tiene del país andino puede ser engañosa. «Últimamente, Ecuador no está proporcionando el estatus de refugiado a la población que viene de Oriente Medio. Esto ocurre por varios motivos, entre ellos el desconocimiento de lo que ocurre en la región y los prejuicios que se tienen hacia los musulmanes», explica.

Según Gómez, «Ecuador está muy centrado en el caso colombiano» y por eso es reticente a facilitar el refugio a personas de otras nacionalidades. Ecuador, el país latinoamericano que alberga a más población refugiada en América Latina, acoge en su territorio a casi 60.000 refugiados colombianos.

En cualquier caso, los sirios que huyen del conflicto armado en su país lo hacen para salvar su vida y asegurar un futuro para ellos y sus familias. Los casos de Wahed, Jalil, Ahmed, Sham o Raghida muestran cómo algunos sirios prefieren buscar refugio más allá de Europa, evitando arriesgar su vida cruzando el mar y viajando a una tierra mucho más lejana y desconocida para ellos. Como afirma Raghida, «cuando Siria esté bien, me encantaría regresar a casa con mi familia». Por el momento, ella y todos los demás tendrán que construir un futuro en América Latina, una región que les ha abierto sus puertas a pesar de no contar con tantos recursos como Europa.

Por Jaime Giménez
Con información de: El Diario

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A diez años de la fundación de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

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A diez años de fundaciónde la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad , una reflexión

El 25 de octubre de este año se cumplirá una década de la conformación, en la ciudad de México, de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Por tal motivo, es importante reflexionar en torno a los orígenes y principios fundacionales, su trayectoria, su situación actual y los retos de la Red hacia el futuro; todo ello, con el propósito de desarrollarla, ampliarla y fortalecerla en el número de capítulos nacionales y sectores que la integran, en las bases mínimas de organización y coordinación, horizontales y democráticas, que han hecho posible su trabajo, y en el tipo de tareas que demandan las nuevas formas de reconfiguración mundial de los sistemas de explotación y dominación del imperialismo encabezado por Estados Unidos, particularmente en América Latina y el Caribe.

Antecedentes y fundación de la Red

La Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad tiene sus antecedentes en las preocupaciones de un grupo intelectuales mexicanos y cubanos, frente a las agresivas iniciativas del gobierno de Bush después de los ataques del 11 de septiembre del 2001, que fueron utilizados como justificación para las invasiones neocoloniales a Irak y Afganistán. De la misma manera, frente a la campaña mediática contra Cuba y su dirigencia revolucionaria, en la que un sector de la intelectualidad -algunos otrora de izquierda, otros debido a su precipitación declarativa antes de informarse en fuentes cubanas sobre los hechos – formuló duras críticas a la decisión soberana del gobierno de la isla de someter a juicio y encarcelar a miembros de la contrarrevolución interna pagada por el gobierno de Estados Unidos, y de juzgar y aplicar la pena máxima a tres participantes en la ola de secuestros de embarcaciones y aeronaves con violencia homicida y derramamiento de sangre, que venía produciéndose en consonancia con los planes desestabilizadores imperialistas. El propósito evidente era estimular una ola migratoria ilegal en masa de Cuba a Estados Unidos, que ofrecería a Washington el casus belli, el pretexto, para atacar militarmente a Cuba. Bajo la consigna de “Iraq hoy, Cuba mañana”, se había organizado en Miami la única manifestación pública celebrada en el mundo en apoyo a la invasión del país árabe.

Ese grupo de mexicanos (y latinoamericanos residentes en México) coincidía con respecto a la escalada de agresión contra la Revolución Cubana, en lo siguiente: 1.- Cuba es el país con más importantes logros sociales en nuestra América y el foco de resistencia principal a la dominación imperialista y a las políticas neoliberales, en una región donde la abrumadora mayoría de los gobiernos habían sucumbido ante ellas, lo que explicaba la prioridad concedida por el parafascista de Bush a la supresión de su régimen social. 2.- El Estado revolucionario cubano había demostrado durante décadas su capacidad para derrotar con mayoritaria adhesión popular y un uso mínimo de la fuerza, las agresiones estadunidenses, y no existía ningún dato objetivo nuevo para pensar en un cambio de esa conducta. 3.- Cuba -con sus virtudes y defectos, pero en todo caso ejemplo de dignidad, soberanía y reserva estratégica del socialismo en América–, es una hermana en peligro y defenderla es defender a toda América Latina de la política de recolonización del continente que ya se acometía a través del ALCA y su antecedente el TLCAN.

Tres hechos vinieron a reforzar estas conclusiones básicas, marcando el punto de giro en la reversión de la campaña mediática en América Latina y en el mundo y propiciando el ya aludido razonamiento más informado por la opinión pública internacional sobre los acontecimientos en la isla. El primero fue el valiente y honesto artículo publicado por Pablo González Casanova el 26 de abril de ese año en La Jornada, en el que develaba el plan de Estados Unidos de invadir a Cuba con el pretexto de los derechos humanos mientras los violaba masivamente en Irak y era promotor de la supresión de libertades y de la extensión de la injusticia social y la opresión en todo el mundo. El intelectual mexicano declaraba su solidaridad irrestricta y la de los “muchos” con la Revolución Cubana y censuraba la errónea actitud asumida hacia ella en ese contexto por el escritor portugués José Saramago; el segundo, las diez demoledoras líneas suscritas cuatro días más tarde por Gabriel García Márquez, también en La Jornada, en las que asentaba: «Algunos medios de comunicación están manipulando y tergiversando mi respuesta a SusanSontang, para que parezca contraria a la revolución cubana. Este es un indicio más de que las muchas declaraciones sobre la situación cubana – aún de buena fe – pueden estar aportando y aun magnificando los datos que los Estados Unidos necesitan para justificar una invasión a Cuba»; el tercero, la declaración en el mismo sentido de un grupo de relevantes intelectuales mexicanos, leída el primero de mayo en la Plaza de la Revolución de La Habana ante más de un millón de cubanos por González Casanova. Endosada por el propio García Márquez, también la apoyaban Miguel León Portilla, Leopoldo Zea y Lisandro Otero y pronto recibió el apoyo de premios Nobel y de destacados intelectuales y personalidades internacionales.

En lugar del cuadro lúgubre que se pretendió pintar de una revolución cubana aislada y condenada por la inteligencia del mundo, emergía una pujante corriente de solidaridad con ella impulsada por las voces de prestigiosos intelectuales y artistas. Ello, claro, no era ajeno a la extraordinaria obra cultural desarrollada en Cuba por la Revolución ni al fluido diálogo del movimiento intelectual cubano con el gobierno de la isla, así como su ascendencia sobre sus pares del exterior. Pero aunque la campaña mediática fracasó y la derecha perdió el debate y por lo tanto coyunturalmente la iniciativa en relación con Cuba, no se podían lanzar campanas al vuelo pues las razones de la agresividad de Washington contra la isla no habían cambiado, como no cambiarán mientras no surja una fuerza capaz de transformar la correlación de fuerzas políticas internas y externas que impidan la permanente amenaza al pueblo soberano y su revolución.

Al regreso de González Casanova de Cuba después del acto del 1º de mayo, donde había sostenido intercambios con Fidel, Abel Prieto y Ricardo Alarcón, pidió convocar a una reunión de un grupo de intelectuales mexicanos con el embajador de Cuba, Jorge Bolaños. Allí, González Casanova planteó que una vez derrotada la reciente campaña mediática contra Cuba, con el apoyo al manifiesto A la conciencia del mundo de una parte muy influyente de la intelectualidad de América Latina y el Caribe, África, Asia, Estados Unidos y Europa, lo que debía seguir -como la mejor manera de defender a la Revolución Cubana- era frenar la política guerrerista y de conquista colonial de la administración de George W. Bush. Argumentó la necesidad y la urgencia de crear un frente internacional que no debiera conformarse con resistir, sino pasar a la ofensiva y proponer formas de organización social y de hacer política alternativas a las hegemónicas. Planteó que los pilares de esa empresa estaban en el movimiento internacional contra la globalización neoliberal y en el que se opuso a la agresión contra Irak, sin excluir a nadie dispuesto a sumarse.

El embajador Bolaños, que había participado en los intercambios con González Casanova en La Habana, manifestó que lo procedente era que un grupo se trasladara a La Habana para discutir estas ideas con una representación de la intelectualidad cubana, señalando la conveniencia de que esta iniciativa fuera acogida y promovida desde México, con el simbolismo de toda su tradición de amistad con Cuba y el hecho de que allí hubiera dado a luz el manifiesto A la conciencia del Mundo, que puede considerarse el documento precursor de la actual Red de Redes En Defensa de la Humanidad. En él se asentaba:

“La invasión a Irak ha tenido como consecuencia el quebranto del orden internacional. Una sola potencia agravia hoy las normas de entendimiento entre los pueblos. Esa potencia invocó una serie de causas no verificadas para justificar su intromisión, provocó la pérdida masiva de vidas humanas y toleró la devastación de uno de los patrimonios culturales de la humanidad. Nosotros sólo poseemos nuestra autoridad moral y desde ella hacemos un llamado a la conciencia del mundo para evitar un nuevo atropello a los principios que nos rigen. Hoy existe una dura campaña en contra de una nación de América Latina. El acoso de que es objeto Cuba puede ser el pretexto para una invasión. Frente a esto, oponemos los principios universales de soberanía nacional, de respeto a la integridad territorial y el derecho a la autodeterminación, imprescindibles para la justa convivencia de las naciones”.

Fue así como a finales de mayo y principios de junio de 2003, se inició una singular reunión, en el Palacio de las Convenciones, entre un grupo de intelectuales mexicanos con unos 40 de los más destacados intelectuales cubanos, presididos por el Ministro de Cultura, Abel Prieto, quien después de hacer una explicación de las razones que nos congregaban invitó a los mexicanos a exponer sus puntos de vista. A ello siguió un rico y fructífero intercambio entre cubanos y mexicanos sobre la coyuntura abierta por la elección de Bush, el atentado del 11 de septiembre y las guerras de Afganistán e Iraq, así como las acciones que se consideró que era necesario realizar para denunciar la magnitud de la barbarie en curso, hacer conciencia sobre la amenaza que constituía para la humanidad e intentar ponerle freno.

Esta reunión se prolongó hasta el día siguiente, cuando en la tarde se sumó Fidel, quien evidentemente ya conocía por Abel el desarrollo del debate anterior. Hizo varias preguntas y algún que otro comentario sobre aspectos muy poco conocidos de la situación internacional, se mantuvo muy atento al debate, en el que hizo algunas precisiones importantes de conceptos, y luego del fin de la reunión, brindó una de sus antológicas pláticas informales, en la cual aportó argumentos y puntos de vista muy importantes sobre los avances que estaban en marcha en América Latina después de la elección de Hugo Chávez. Afirmó, ya en esas fechas, que Chávez era un gran líder no sólo venezolano sino latinoamericano, llamado a desempeñar un papel muy importante en la resistencia a las políticas imperiales y en el impulso a la unidad e integración de América Latina y el Caribe. En la sesión de esa tarde se perfiló la idea de convocar en México a un encuentro internacional de intelectuales “en defensa de la humanidad”, aceptándose ese nombre para la organización que surgiría. El propósito del encuentro sería la constitución de una red internacional de intelectuales, en el sentido más amplio del término, que luchara por los objetivos identificados en el debate de esos dos días.

Al regreso de Cuba, se constituyó un comité organizador, en el que participaban la casi totalidad de los intelectuales que concurrieron a la reunión de La Habana, además de compañeros tan valiosos como Adolfo Sánchez Vázquez, siendo ésta una de sus últimas actividades públicas, misma que desempeñó con la humildad de un militante de filas hasta la celebración del Primer Encuentro de Intelectuales y Artistas por la Humanidad.

El encuentro de México en octubre de 2003 en el Polyforum Siqueiros tuvo varios aciertos importantes. Sus deliberaciones fueron ajenas al abandono de principios irrenunciables de la izquierda crítica, justificado en nombre de una supuesta modernidad por no pocos tránsfugas tras el derrumbe del socialismo eurosoviético y la generalización de la ofensiva neoliberal. La declaración final, publicada íntegramente en La Jornada, llamó a terminar con la globalización excluyente, no a limar sus aristas «más duras», y rechazó la renuncia del Estado al interés público, representada por la liberalización económica, las privatizaciones y los recortes al gasto social.

El documento llamó al imperialismo por su nombre y lo consideró el causante del actual orden hegemónico depredador y militarista que «opera como una máquina de exclusión social» y ha llevado a la humanidad a un «punto crítico que entraña serios peligros». El imperialismo, afirmaba, hace uso instrumental de la democracia: «la apoya en sus aspectos formales si conviene a sus intereses y conspira contra ella si las fuerzas populares llegan al poder por la vía democrática». Como corolario, denunciaba el uso que hacen los gobernantes neoliberales de la democracia «como patente de corso (…) para la entrega de recursos al capital trasnacional». Igualmente, reivindicó el derecho de los pueblos a la rebelión, señalando como ejemplo a la que defenestró en Bolivia «un gobierno totalmente subordinado a Estados Unidos.»

Precisamente por su apego a los principios de la auténtica izquierda, la reunión no fue tampoco una nostálgica y estéril reivindicación de los dogmas de un socialismo alejado del sentir del pueblo. Por eso postuló que «la diversidad es consustancial a la sociedad humana» y denunció el menosprecio del sistema dominante por las culturas y valores de los excluidos, «a menos que sean reducidos a los imperativos del mercado». Subrayó el arraigo popular de la Revolución Cubana y su firme voluntad de construir otro tipo de sociedad como fundamentos para que hubiera podido resistir casi cinco décadas de bloqueo y agresiones.

El rescate del internacionalismo como valor intrínseco de la izquierda recorría el documento, que se manifestó solidario «con los patriotas que -acusados de terroristas- luchan por la libertad de sus pueblos». De este modo, logró la combinación entre la defensa de lo local, -el edificante patriotismo y nacionalismo que identifica a las comunidades,- y lo universal, encarnado por los supremos intereses de la humanidad toda.

La declaración trazó con precisión la postura ética que define el compromiso social de los intelectuales al valorar el trabajo intelectual «que se funda en procedimientos rigurosos y, al mismo tiempo, es sensible a la injusticia del mundo en que vivimos; que aprende de sectores en todas las regiones, naciones y continentes que se levantan contra el orden establecido» y definirse «en favor de la igualdad económica, de géneros, postulando que la dignidad, la libertad y el respeto a la riqueza cultural de la humanidad han de prevalecer sobre el capital».

En el Encuentro se escuchó un mensaje enviado en video desde las montañas de Chiapas por el subcomandante Marcos, y a un Evo Morales, quien viajando expresamente de Bolivia a la reunión sin todavía llegar a la presidencia, afirmaba en su discurso: «La defensa de la humanidad pasa por la eliminación del imperialismo y el neoliberalismo».

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Edward J. Snowden – El agente que sacude al espionaje mundial

Los servicios secretos más poderosos del mundo cercan al filtrador que desafió a la inteligencia estadounidense.

Edward J. Snowden
Edward J. Snowden

La historia de Edward Joseph Snowden es la de un joven analista de inteligencia que decidió arriesgarlo todo para denunciar los abusos del espionaje masivo que realizan los servicios secretos de su país. La de un exempleado de la CIA que se asomó a las prácticas irregulares de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y decidió que el mundo debía conocerlas. La de un friki de la informática amante de la cultura japonesa que dejó atrás a su novia y una cómoda vida en Hawai para emprender un viaje peligroso e incierto.

Snowden ha desatado una tormenta mundial exponiendo la fragilidad de la privacidad de nuestras comunicaciones en la era digital, dejando al descubierto a los gigantes de Internet —Google, Facebook, Microsoft—, sacando los colores al presidente Obama, al premier británico Cameron, generando una crisis diplomática entre Ecuador y EE UU, y poniendo en guardia a los más potentes servicios secretos del mundo. Todo, con cuatro ordenadores portátiles, una llave USB y, en la mano, un cubo de Rubik.

Esta es la reconstrucción de la huida del hombre más buscado durante las últimas tres semanas.

Su periplo arranca en Hawai, en mayo, el día en que comunica a su superior en la compañía Booz Allen Hamilton, una de las más potentes organizaciones privadas de espionaje del mundo —muchas de ellas trabajan subcontratadas para los servicios de inteligencia nacionales de los países— que se tiene que ir durante dos semanas para tratar sus problemas de epilepsia.

La fuga de Snowden - ©El País
La fuga de Snowden – ©El País

A su novia Lindsay, con la que lleva cuatro años, le dice que tiene que ausentarse por unas semanas. Lindsay, una chica que practica la acrobacia, ha podido comprobar que, en los últimos meses, Snowden ha estado como ausente, y así lo reflejará en su blog. Pero tampoco tiene por qué extrañarse. Su chico trabaja en el sector de inteligencia.

El lunes 20 de mayo Edward Snowden toma un vuelo que cambiará su vida para siempre. Atrás deja su casa de Waipahu, West Oahu, Hawai. Hace cuatro meses que ha entrado en contacto con la documentalista y periodista independiente norteamericana Laura Poitras. Hace menos de un mes que ha empezado a escribirse, mediante comunicaciones encriptadas, con el bloguero norteamericano del diario británico The Guardian Glenn Greenwald. Una de las filtraciones más importantes de la historia de Estados Unidos se está gestando.

El avión en el que se embarca Snowden se dirige a Hong Kong.

“Hace bien eligiendo este destino”, cuenta por teléfono desde Hong Kong Heriberto Araújo, experto en cuestiones de ciberespionaje y autor del libro La silenciosa conquista china. “Es un territorio controlado por China, que no es país amigo de Estados Unidos, pero en el que las leyes funcionan, y de donde no iba a ser fácil sacarle”.

Sarah Harrison, mano derecha de Assange, a las puertas de la embajada de Ecuador en Londres, en junio de 2012. / Carl Court (AFP)
Sarah Harrison, mano derecha de Assange, a las puertas de la embajada de Ecuador en Londres, en junio de 2012. / Carl Court (AFP)

Snowden aterriza en la excolonia británica con una maleta negra y cuatro ordenadores portátiles. Se aloja en el Hotel The Mira, en Nathan Road, una ruidosa calle conocida por sus tiendas, en el distrito de Kowloon.

Durante dos semanas, según contará The Guardian, apenas sale de su habitación, que tiene vistas sobre el parque que da nombre al distrito. Pide que le suban la comida a su cuarto, decorado con un falso cocodrilo, en ese hotel de 250 euros la noche. Lleva poco equipaje consigo. El libro de memorias del expresidente de EE UU Dick Cheney, los ordenadores, algo de ropa y el cubo de Rubik.

Snowden se atrinchera. Coloca almohadas en la rendija de la puerta de la habitación para evitar escuchas. Mayo llega a su fin y se cita por fin con el bloguero de The Guardian Glenn Greenwald.

Las indicaciones que da, según relatará The New York Times, son las siguientes. Greenwald y sus dos acompañantes, la documentalista Laura Poitras y otro redactor de The Guardian, deben acudir a un hotel de Hong Konk y pedir en voz muy alta indicaciones sobre otra zona del hotel. Si todo va bien, en ese momento aparecerá un hombre con un cubo Rubik en la mano.

Greenwald se queda sorprendido. Esperaba encontrarse a un veterano espía. No a un joven de 29 años.

En Ginebra, con la CIA

Por EVA SAIZ

Si hay un punto de inflexión en la carrera de Snowden en los servicios de inteligencia, un momento que lo lleve a cuestionarse la legitimidad de las prácticas de espionaje de Estados Unidos, este se produce en su periodo como agente encubierto de la CIA en Ginebra, en 2007. “Me desilusionó mucho de lo que vi allí acerca del impacto de las acciones de mi gobierno en el mundo, haciendo más mal que bien”, relatará a The Guardian. Mavanee Anderson, que compartió destino con Snowden en esa época, cuenta en un artículo publicado por The Chattanooga Timesque Snowden sufrió “varias crisis de conciencia”.

Durante su estancia en Ginebra, su puesto le permite un acceso casi ilimitado a documentación privilegiada. La tentación de desvelar los secretos a los que tenía acceso le viene de entonces. Su pericia informática, la que le permitió asomarse a las oquedades más profundas de la inteligencia y los secretos de EE UU, arranca en su más tierna infancia.

Snowden pasaba más tiempo delante del ordenador que haciendo los deberes, según cuenta su vecina Joyce Kinsey. Junto con sus amigos de instituto se dedicaba a construir sus propios PC a partir de piezas adquiridas por Internet. En esa época, además del gusto por la red desarrolló su pasión por el manga y la cultura japonesa.

Se crió en Ellicot City, Maryland, a escasos kilómetros del cuartel general de la NSA en Fort Meade. Hasta allí se trasladaron sus padres tras residir brevemente en Wilmington, Carolina del Norte, donde Snowden nació el 21 de junio de 1983. Su padre, Lonnie, era guardacostas. Su madre, Elizabeth, trabaja en los juzgados de Maryland.

Vivía hipnotizado por los ordenadores. No acabó el instituto pero trató de sacarse el título realizando un curso de informática en la Universidad de Anne Arundel, en Maryland, donde tampoco logró terminar la carrera, pero sí obtuvo el título de bachillerato.

En 2003, Snowden escribe en la web de Ars Technica que va a alistare en un cuerpo de élite del Ejército para “liberar a la gente de la opresión” en Irak.

Durante su periodo de formación, Snowden, un joven de ideales firmes, experimenta uno de sus primeros contratiempos: “Todos parecían más interesados en matar a árabes que en ayudar a los demás”, confesará a The Guardian. El joven no tuvo tiempo de ahondar en su desengaño. La fractura de sus dos piernas le impide licenciarse y completar la instrucción.

Ese mismo año, Snowden hace su incursión en los servicios de inteligencia estadounidenses. Como si de una carambola del destino se tratara, él, que se había criado tan cerca de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), consigue un trabajo de vigilante en una de sus instalaciones encubiertas en la universidad de Maryland.

En 2006, se incorpora a la CIA y, de acuerdo con otra de sus entradas en Ars Technica, donde escribía con seudónimo, sopesa la idea de trabajar para el Gobierno en China —sin duda, sus conocimientos de mandarín le ayudan—.

Pero no le destinan a Asia sino a Ginebra, adonde viaja en el año 2007 bajo la tapadera de un puesto de funcionario del Departamento de Estado, como encargado de la seguridad de la red informática.

Ahí, el introspectivo y poco sociable Snowden, amante del ajedrez y la filosofía, empieza a barruntar la idea de exponer lo que ve. Pero la perspectiva de una victoria de Barack Obama en las elecciones le hace posponer sus planes.

En 2009 vuelve a la NSA, que lo traslada a Japón, donde su frustración por la trayectoria en materia de libertades del Gobierno de Obama crece.

“Me desengañé por completo”, confesará al diario británico.

 

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Estudiantes egipcios traducen al árabe poemas de autores hispanoamericanos

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Estudiantes egipcios de español han traducido poemas de medio centenar de autores hispanoamericanos, reunidos en una selección que tienen previsto recitar en los próximos días tanto en árabe como en español.

La presidenta de la Asociación de Hispanistas de Egipto, Nagwa Mehrez, detalló hoy en una rueda de prensa que más de cincuenta alumnos han elegido y traducido esa poesía de acuerdo a su nivel de español.

De esa forma, los versos del argentino Jorge Luis Borges, el chileno Pablo Neruda, el peruano César Vallejo o el uruguayo Mario Benedetti, entre otros, resonarán entre los próximos días 9 y 10 en las aulas de las universidades de El Cairo y Ain Shams.

Con la colaboración de dieciséis países de habla hispana y cuatro universidades egipcias, el Instituto Cervantes y la Asociación de Hispanistas de Egipto han organizado esa iniciativa para acercar al público egipcio la poesía en español del siglo XX.

Según el director del Instituto Cervantes en el país árabe, Eduardo Calvo, la idea surgió después de escuchar en Argel un poema de Borges dedicado a España que había sido traducido al árabe.

La obra de otros escritores menos conocidos forman parte de la lista, que ha sido confeccionada con las sugerencias de las embajadas de distintos países de Hispanoamérica junto con el criterio de los organizadores.

También se ha incluido la obra de mujeres que destacaron en el ámbito de la poesía, a pesar de las sociedades «extremadamente machistas» en las que vivieron en el siglo XX, como recordó en el acto de presentación el cónsul chileno en Egipto, Diego Araya.

Entre ellas, figuran la chilena Gabriela Mistral, la argentina Silvina Ocampo o la uruguaya Juana de Ibarbourou.

En el caso de España, fueron escogidos para la traducción el poema «Casida del llanto», de Federico García Lorca, y otros dos de los Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre.

Otros poemas previamente seleccionados quedaron finalmente descartados por razones como la dificultad que entrañaba su traducción, lo que ocurrió con los ecuatorianos Alfonso Barrera Valverde y Alfredo Gangotena.

Con información de : El Informador

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Cinta libanesa abre temporada de cine en la Casa de la Cultura Ecuatoriana

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La película libanesa ‘Caramel’ inaugurará la temporada 2012 del cine club de la cinemateca nacional, que comenzará el 18 de enero.

El cine club de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de este año se denomina ‘Tiempo de Cine: Humanos Mosaicos’.

‘Caramel’ (2007), dirigida por la también actriz Nadine Labaki, cuenta las historias de cinco mujeres libanesas que afrontan el amor contra sus tradiciones y la represión sexual. (1)

El valor de la entrada es de USD 2 y USD 1 para estudiantes con carné y adultos mayores.


 (1) Caramel” o “Sukkar Banat” como se titula la película en árabe, gira en torno a las vidas de cinco mujeres libanesas, cada una de ellas bajo el peso de sus propios problemas sociales y morales.

La mayoría de las películas libanesas solían tocar temas que giraban en torno a la guerra civil de 1975 a 1990, que destruyó gran parte del entramado social del país. En una industria cinematográfica que está tradicionalmente dominada por el tema bélico, “Caramel“, una película de la directora libanesa Nadine Labaki, rehuye el conflicto y, en cambio, pone a la luz dilemas sociales a los que se enfrentan las mujeres libanesas.

Caramel elige concentrarse en modernos temas sociales. Su principal escenario es un salón de belleza de Beirut, donde las mujeres hablan con franqueza sobre hombres, sexo, el matrimonio y la felicidad. Sus conversaciones están intercaladas por escenas conmovedoras y cómicas.
El título de la película está inspirado por la mezcla de azúcar, agua y limón usada por las mujeres árabes como método tradicional de depilación y también está protagonizada por Labaki como Layale, una cristiana libanesa de 30 años quien es propietaria de un salón y está involucrada con un hombre casado.
Las mujeres se enfrentan a temas sociales por antonomasia en el Líbano de hoy en día, pero que la sociedad califica como tabú. Un personaje, Nisrine, es una mujer musulmana que está por casarse, pero su futuro esposo no está enterado de que ella no es virgen.
El personaje de Rima es una mujer poco femenina que tiene sentimientos por una cliente atractiva, mientras que Jamale se esfuerza por demostrar que ella todavía es joven. Rose, una costurera de 65 años, sacrifica el amor por cuidar de su hermana anciana.
“Estas son historias que he escuchado, que están inspiradas en personas que conozco y en personas que me contaron sus historias. El modo en que se abordan los temas no es provocativo,” dijo Labaki.
Nadine Labaki dejó su primera marca como directora en el 2000 dirigiendo videos para jóvenes estrellas pop libanesas.

Reparto y personajes

  • Nadine Labaki como Layale
  • Adel Karam como Youssef (El policía)
  • Yasmine Al Masri como Nisrine
  • Joanna Moukarzel como Rima
  • Gisèle Aouad como Jamal
  • Sihame Haddad como Rose
  • Aziza Semaan como Lili (la hermana mayor de Rose)
  • Fatmeh Safa como Siham (misteriosa mujer con el pelo largo al que Rima se siente atraída)
  • Ismail Antar como Bassam (novio de Nisrine)
  • Fadia Stella como Christine
  • Dimitri Staneofski como Charle

    Fuentes: Telégrafo / Entre Todas /

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Los ciudadanos iraníes traen su cultura y tradiciones hasta Quito


Ali Mirjalili se encuentra arrodillado sobre el suelo, en silencio. Durante 17 veces sus manos y frente tocan el piso. Mientras su mirada apunta en la dirección en la que se encuentra la ciudad sagrada de La Meca, en Arabia Saudita.

Pese a que se encuentra lejos de su hogar, Irán, este es un ritual que lo repite con disciplina, cinco veces al día, durante todo el año. Lo hace en la mañana, al mediodía, durante la tarde, al caer el sol y al llegar la noche. “Agradezco a Dios por todo, eso me da paz y tranquilidad”, dice convencido.

El líder espiritual iraní, de 36 años, viste una túnica crema y un turbante blanco en la cabeza. Alto, delgado, de piel morena y con una gran barba. Reza sin zapatos. “Es para tener contacto con la tierra”, cuenta. El ambiente donde cumple este rito es una mezquita que ha sido adaptada dentro de un amplio salón.

Ahí hay serenidad, silencio y olor a incienso. Las paredes se encuentran cubiertas de telas que contienen leyendas sagradas, en dorado, y en una de las esquinas se hallan los libros del Corán, los textos sagrados del Islam, que para los musulmanes contiene la palabra de Dios (Allah), que fue revelada a Muhammad (BPD). También hay el libro ‘Las llaves del paraíso’, que contiene súplicas, letanías y salutaciones.

Esta mezquita se levanta en un amplio salón, localizado al fondo del patio trasero del Centro Islámico Cultural. Este lugar abrió sus puertas hace un año y está ubicado en el norte de Quito, en el sector del Quito Tenis. Mirjalili llegó hasta la Mitad del Mundo para promover un acercamiento cultural entre Irán y Ecuador. Pero no vino solo: juntó a él llegaron también su esposa y tres hijos: Fátima, Rucaye y Mohamad.

Reconoce que para el Islam la familia es un pilar fundamental dentro de la vida. A sus hijos les enseña desde pequeños a respetar los preceptos básicos de su religión: respeto y amor al prójimo. “Tengo 30 hijos”, dice, bromeando, pues en este centro se ha adaptado una guardería que ofrece el servicio gratuitamente a los niños de entre uno y dos años que viven en el sector.

En ese sitio está Raquel Tabango, quien cubre su cabello con una túnica ploma. Ella es ecuatoriana, pero se acercó al Islam mediante la lectura y la guía de una musulmana. Sostiene que la imagen que la gente occidental tiene del islamismo es malentendida. “Cuando me acerqué por primera vez tenía temor”. Cuenta que había escuchado sobre lapidaciones, abusos contra la mujer, mas cuando conoció a la gente islámica descubrió que eran personas profundamente espirituales y entregadas a su religión.

Otra ecuatoriana que acogió la religión Islámica es María Sol Estrada, quien también cuida a los pequeños en la guardería. En su caso, el acercamiento se produjo porque su hermana se casó con un árabe. Ella admira que en esa cultura, la política y la religión van armónicamente de la mano. “El Corán propone normas para el ciudadano, para la unión familiar y para el Estado”, dice.

Actualmente, 30 niños se benefician de este espacio alegre lleno de color, donde las risas e inocencia de los niños también alimentan el espíritu de Ali. Él recuerda que cuando llegó al país tuvo un poco de incertidumbre por la mala imagen que tienen en Occidente de los musulmanes. No obstante, reconoce que al llegar recibió el cariño y la compresión de los ecuatorianos, quienes siempre han respetado sus costumbres y tradiciones. Entre estas, un profundo respeto a la mujer; a ellas las saluda sin contacto físico, solo con una venia. “El cuerpo de la mujer es como un templo y hay que respetarlo”, dice.

Además, reconoce que el idioma no fue un obstáculo, pues él domina el persa, árabe, inglés, español y turco. Según datos de la Embajada de Irán, un promedio de 500 iraníes residen en el Ecuador, siendo Guayaquil y Quito las principales ciudades. Ali explica que son pocos los compatriotas que vienen al Ecuador, principalmente por la distancia. Dice que aquellos que han venido lo hicieron por ofertas laborales o por estar unidos a algún ecuatoriano, mas no por huir del Régimen de Irán.

La principal actividad a la cual se dedican sus paisanos es al comercio y a la gastronomía, al tiempo que sostiene que será un deseo de los persas ver al Presidente de su país. Esto debido a que hoy llega Mahmud Ahmadinejad al Ecuador, en medio de críticas de algunos sectores . No obstante, Ali defiende la democracia de su país y considera que la mala imagen que tienen es por una campaña negativa, impulsada por un partido político extremista. No niega que tiene la esperanza de que el Presidente los visite. “El pueblo musulmán busca la paz y la tranquilidad” .

Pero hay algo de Ecuador que no es positivo: la inseguridad. “Mi país es más seguro, uno anda en la calle con billetes en mano y no ocurre nada”. Para él, un sistema de justicia estricto, la unión de la gente y el respeto por el otro son factores claves. Con pros y contras está agradecido con el Ecuador y con su gente. Por ahora no sabe cuánto tiempo permanecerá en el país, sin embargo, siempre estará agradecido con este sitio y su gente, quienes los han aceptado como son.

La educación infantil

Antes de entrar a una mezquita se deben cumplir dos reglas: entrar descalzo y las mujeres ocultar el cabello. La educación mixta no es bien vista en el Islamismo. Niños y niñas estudian por separado. Ali Mirjalili nació en Qom, una ciudad cerca de Teherán con 7 000 años de historia. Su hijo estudia en la escuela Simón Bolívar de Quito, sector de La Alameda. El principal negocio de comidas al que se dedican los persas es la venta de shawarma.

 Por Paúl Zamora M

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