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Maronitas: Están entre nosotros, pero ¿les conocemos?

©Violaine Martin-UN Geneva-CC

¿Quiénes son y qué influencia tienen los católicos de este rito oriental en el continente americano?.

El mexicano Carlos Slim es un famoso empresario que desde hace años es considerado uno de los hombres más ricos del mundo. Hasta ahí una historia bastante difundida y conocida. Sin embargo, Slim presenta otra característica que por muchos ha pasado desapercibida y que es menos expandida, pues si bien nació en Ciudad de México es descendiente de libaneses y es cristiano maronita, o sea, que pertenece a la rama oriental de la Iglesia católica.

De los 13 millones de cristianos maronitas que hay dispersados en otras regiones del mundo, se estima que 8.9 millones están en América Latina. Una de las comunidades de maronitas más grandes del continente se ubica en Brasil con 5,8 millones de miembros.

América Latina se convirtió en una tierra de esperanza para estos inmigrantes de ascendencia árabe, pero de confesión cristiana, y hasta el día de hoy siguen marcando presencia.

Recientemente, el papa Francisco le encomendó a Fadi Bou Chebel, un sacerdote maronita de origen libanés, construir una diócesis en Bogotá (Colombia) dirigida a la comunidad siria-libanesa-palestina.

“Tengo que preocuparme por los descendientes de la colonia siria-libanesa-palestina para conservar nuestras raíces y nuestra, digamos, espiritualidad oriental, para eso tengo que fundar una diócesis maronita en esta tierra”, señaló a El Comercio de Quito en esa oportunidad.

En ocasión de una visita a Ecuador, este sacerdote maronita pidió rezar por las víctimas del terremoto que afectó el país el 16 de abril de 2016.

“Estoy muy emocionado. Doy gracias a Dios por que nuestra colectividad no quedó cerrada sino que se abrió al país que lo recibió, que esta comunidad ha hecho el bien para la sociedad ecuatoriana; eso es parte de nuestra misión”, agregó.

Bou Chebel se comprometió a seguir visitando el país con bastante frecuencia.

A nuestro lado, pero poco conocidos

¿Pero quiénes son los cristianos maronitas y qué influencia han tenido en el continente? La respuesta es amplia, pero aquí van algunas pistas.

San Marón es el nombre clave. Estos cristianos católicos le deben a él su denominación, pues fue un monje que vivió cerca de Antioquía en el siglo IV –se relacionó con figuras como San Basilio y San Crisóstomo– y es calificado por muchos como un hombre santo, firme y defensor de la fe católica en oriente.

Durante su tiempo había una polémica que dividía a la Iglesia en torno a la figura de naturaleza de Cristo y para mantenerse al margen, Marón se retiró a una zona aislada montañosa y formó una comunidad de fieles, precisamente llamados maronitas.

Luego de la muerte de San Marón (año 410) sus discípulos crecieron en número y formaron el “Convento de San Marón”.

Hacia el año 510, varios miembros de la comunidad sufrieron persecución por temas doctrinales y de parte de quienes no aceptaron la fe católica definida en el Concilio de Calcedonia, llegando incluso hasta a haber mártires.

Con el transcurso de los años, integrantes del pueblo del patriarcado de Antioquía tuvieron que huir a los valles del Líbano donde formaron la Iglesia maronita y san Juan Marón estuvo al frente, siendo el primer patriarca maronita y de todo oriente.

Fue recién en el siglo XVI cuando los maronitas se integraron a la Iglesia católica.

Hoy en día los maronitas están en comunión con Roma, siempre fue fiel y unida al Papa, e incluso actualmente el patriarca maronita se llama Nasrala Butros Sfeir, siendo al mismo tiempo cardenal y por ende “papable”.

Los cristianos maronitas practican el rito oriental, por lo que la liturgia está vinculada a la tradición oriental y emplea el árabe y el arameo (además del español en países de habla hispana), especialmente en la consagración, idioma que hablaba Jesús.

“El rito de la Iglesia maronita tiene una riqueza muy amplia y tradición de la espiritualidad de los primeros padres de la Iglesia, la espiritualidad del ascetismo, del sacrificio para que el cuerpo del ser humano sea purificado por la penitencia, la oración y el silencio”, explica el sitio web de la Iglesia Nuestra Señora del Líbano en México.

Justamente, si bien las principales comunidades están en Siria y Líbano, hay un gran número de emigrantes alrededor del mundo y América Latina es uno de los lugares de mayor refugio para sus creencias y tradiciones.

Fuerte presencia en Argentina, Brasil y México.

No solo Slim es un personaje conocido (hijo de cristianos maronitas) y de origen libanés o ascendencia árabe. En América Latina hay muchos y provenientes de diferentes ámbitos que van desde la cultura hasta la política.

Dentro de este último espectro uno de los más conocidos es el expresidente de Argentina, Carlos Saúl Menem (1989-1999), hijo de sirios (su madre era cristiana maronita). En Brasil, hasta el propio presidente interino Michel Temer es descendiente de libaneses; en este caso, al igual que Slim, también hijo de cristianos maronitas.

¿Sabías que Shakira, la famosa cantante colombiana, también tiene ascendientes libaneses?  ¿Y Ricardo Darín, el reconocido actor argentino ganador de varios premios internacionales? También.

Los ejemplos son muchos y la lista podría continuar.  Pero en cuanto a los cristianos maronitas, en Brasil se encuentra la mayor comunidad.

La eparquía (circunscripción territorial bajo la autoridad de un obispo, sinónimo de diócesis para la Iglesia católica occidental) en ese país data del año 1962.

El primer obispo (o eparca) en Brasil fue Francis Zayek y su particularidad radica en que fue el primero de esta jerarquía nombrado para la diáspora, o sea, fuera del patriarcado maronita en Oriente Medio.

Tomó posesión de la sede de San Pablo, uno de los lugares más influidos por los maronitas en ese país.  Por ejemplo, en esta ciudad la influencia llegó hasta la ciencia y la medicina. Uno de los mejores hospitales del país es el “Sirio- Libanés”.

En Argentina, un claro ejemplo de la presencia maronita es la majestuosidad de la catedral de San Marón en Buenos Aires, lugar muy concurrido por ellos. Fue erigida a principios de siglo con piedras traídas desde  Líbano.

Si bien hace más de 100 años que están presentes en ese país, recién hace poco la comunidad pudo desarrollar esta magnífica obra arquitectónica.  Su obispo emérito es Charbel Merhi, que vive como eremita en  Líbano.

Por otra parte, en Argentina hay un famoso caso, el de Nínawa Daher,  una periodista y abogada católica fallecida en el año 2011 cuya causa se estudia como posible camino para beatificación. Su madre fundó la  Fundación Nínawa Daher -Por una vida digna.

Además, en este país, los miembros de esta comunidad no son ajenos a lo que está sucediendo actualmente en Oriente Medio con los campos de refugiados.

Recientemente lanzaron, en conjunto con la comunidad libanesa en el país, una campaña de apoyo a los refugiados que viven en los campamentos en esa parte del mundo.

“Nos parece que el modo más conveniente para ayudar de forma responsable no es traerlos a un país tan lejano como Argentina, sino brindarles toda la asistencia humanitaria posible en los países donde están refugiados para que puedan vivir de un modo más digno”, expresó Juan Habib Chamieh OMM, administrador apostólico de la eparquía (diócesis) San Charbel en Buenos Aires de los maronitas en la Argentina.

Los maronitas también tienen presencia en México y otros países del continente, un poco menor como Estados Unidos, Canadá, Uruguay e incluso Colombia con el impulso que le quiere dar Francisco.

¿Y en cuanto a la influencia de los maronitas?

Sin lugar a dudas los católicos maronitas que desembarcaron en América Latina dejaron su huella y eso se trasluce en simples ejemplos de personas con descendientes de esa comunidad influyentes tanto en el ámbito político como cultural.

Pero también dejaron su marca  en otros niveles, como en Brasil en cuanto a la medicina, y confirmaron que América Latina fue un lugar seguro para seguir difundiendo sus costumbres y creencias a pesar de las barreras de índole idiomática.

Brasil fue la principal puerta de entrada de los árabes cristianos en el continente durante una fuerte ola de inmigración que hubo a finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX escapando de serios problemas, como la persecución religiosa de las  minorías católicas maronitas a manos del Imperio Otomano.

En el continente no encontraron mayores trabas para su desarrollo personal e incluso laboral. Muchos se dedicaron a lo que más sabían: el comercio y por ahí una de las pistas de su huella.

En tanto, el hecho de que muchos de estos inmigrantes fueran precisamente católicos maronitas a nivel de creencias tampoco les ocasionó mayores inconvenientes, pues la mayoritaria en América Latina también es la católica.

Así pues, los cristianos maronitas pisan fuerte en el continente. Y la historia de acogida parece que continuará, pues América Latina sigue siendo de puertas abiertas y sin mayores trabas legales para muchos que tienen esperanzas en un futuro mejor, máxime con la actual crisis de refugiados que se vive ahora en aquella región tan castigada del mundo.

Por Pablo Cesio
Con información de Aleteia

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Refugiados sirios en América Latina

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Tienda de dulces árabes regentada por un refugiado sirio en Quito. | Foto ©Esteffany Bravo

Salieron de Siria huyendo de la guerra, pero tomaron un rumbo distinto al de la mayoría. En vez de embarcarse en una peligrosa e incierta travesía hacia Europa a través del mar Mediterráneo, prefirieron montarse en un avión con destino a América Latina. Desde que comenzó el conflicto armado en 2011, más de 5.000 sirios han optado por iniciar una nueva vida en la región.

«Vine a Ecuador porque en este país no me piden visado para entrar», cuenta Wahed, nombre ficticio de un refugiado sirio que pide ocultar su identidad. «Cuando estaba en Siria, pensé en arriesgarme en el mar junto a mi familia para llegar a Europa, como mucha gente ha hecho. Pero luego un amigo que vive en Ecuador me dijo que podía ir a trabajar con él. Por eso vine hasta aquí», explica este hombre de mediana edad y de tez clara procedente de Idlib, una ciudad cercana a la frontera turca en disputa entre el gobierno sirio y diferentes grupos rebeldes.

«Tuve que dejar a mi familia en Siria», manifiesta con pesadumbre. Wahed lleva más de un año en América Latina. Ahora regenta una tienda de dulces árabes en Quito llamada Siria, como su país. «Los hace buenísimos», afirma su amiga libanesa, que ejerce de traductora durante la entrevista.

En los últimos cinco años, al menos 5.413 ciudadanos sirios han llegado a América Latina, según ACNUR. La gran mayoría de ellos, el 87%, decidió solicitar refugio en Brasil. Desde 2013, el gigante regional ha mantenido una política de puertas abiertas hacia los refugiados sirios, concediendo más de 8.000 visados humanitarios.

«Brasil ha tenido un rol muy importante en el tema de derechos de los refugiados en América Latina: no solo porque ha propiciado políticas o cuenta con un sistema de asilo bastante eficiente, sino porque también ha motivado a que otros países de la región promuevan políticas similares», confirma Karina Sarmiento, directora para América Latina de la ONG Asylum Access.

Jalil es uno de los miles de sirios que solicitó un visado humanitario en un consulado brasileño. Lo hizo en Estambul, después de haber sido deportado desde Dubái en su intento por llegar a América Latina. Este ingeniero eléctrico originario de Latakia, en la costa siria, decidió abandonar el país para evitar ser reclutado por un grupo armado. «Elegí venir a Ecuador porque mi hermano lleva 18 años viviendo aquí», describe. Su viaje, que duró un total de 23 días, no fue ni mucho menos un paseo idílico.

«En Dubái no me dejaron pasar por ser sirio»

«Fui en coche a Líbano, donde cogí un avión a Estambul. Desde allí volé a Dubái. Mi viaje tenía que ser desde Dubái hasta Sao Paulo y desde Sao Paulo a Quito. Pero como soy sirio, me pararon en Dubái durante tres días y perdí mi vuelo», recuerda el joven. Compró otro billete para ir de Dubái a Rio de Janeiro, desde allí a Lima y luego a Quito. Pero de nuevo se chocó con la negativa, y vuelta a Estambul. «Tenía papeles y una invitación firmada por el gobierno, pero no me dejaron pasar por ser sirio, por mi pasaporte. Estuve allí siete días en Estambul, fui al consulado brasileño y conseguí un visado.

«Finalmente llegué a Ecuador desde Estambul, pasando por Sao Paulo. Todo esto duró 23 días. Gasté 7.000 dólares porque perdí dos billetes de avión. Pasé mucho sufrimiento, mucho dolor. Todo por ser sirio, por mi pasaporte», continúa Jalil en un inglés entrecortado, salpicado por la rabia de un árabe que se sabe discriminado por otros árabes.

La mayoría de sirios que llegan a América Latina son profesionales de clase media-alta, según Gómez, experta en migraciones internacionales. El viaje desde Siria hasta Ecuador cuesta alrededor de 2.000 euros, mientras que viajar a Europa a través del mar supone un gasto aproximado de 4.000 euros.

En el caso de este sirio padre de tres hijos, Brasil solo fue un país de tránsito en su cruzada por escapar de la guerra. Tuvo que dejar a su familia atrás, dado que no contaba con el dinero suficiente como para pagar el viaje a su esposa e hijos. «He venido aquí para trabajar con mi hermano, necesito dar de comer a mi familia. Ahora les envío dinero todos los meses», desvela Jalil, quien no quiere revelar su verdadera identidad por miedo a que su familia sufra represalias.

Los más de cinco años que ya dura la guerra en Siria se han saldado con un balance catastrófico para la población civil. De los 23 millones de personas que vivían en Siria antes del inicio del conflicto armado, en la actualidad casi 5 millones han tenido que abandonar el país en busca de protección internacional, mientras que casi 7 millones son desplazados internos.

La tradición humanitaria de América Latina

«América Latina ha demostrado a lo largo de su historia una tradición humanitaria de mantener sus puertas abiertas», asegura Sonia Aguilar, directora de comunicación de ACNUR en Ecuador. «Durante décadas, los países han buscado respuestas ante el desplazamiento forzado. Desde la propia experiencia, como demuestra la existencia de la Declaración de Cartagena de 1984, la región mantiene tanto en su acervo legal como en sus prácticas, una orientación hacia la acogida. Y en ese sentido, América Latina ha asumido un compromiso importante para apoyar en una respuesta humanitaria frente a la crisis que viven los refugiados del conflicto en la República Árabe Siria», declara la portavoz de ACNUR.

Esa disposición latinoamericana hacia la acogida de personas perseguidas puede explicarse por la propia historia de la zona. Las dictaduras del Cono Sur y los conflictos en Centroamérica y en Colombia afectaron a miles de personas, que se vieron obligadas a huir de sus países en búsqueda de protección. Como consecuencia, los estados latinoamericanos firmaron la Declaración de Cartagena, un documento clave que amplió la definición de refugiado y permitió que fueran reconocidas como tales no solo las personas perseguidas por su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas, sino también aquellas personas que huían de situaciones de violencia generalizada.

Falta de ayudas

En septiembre de 2015, cinco familias sirias que habían sido reasentadas en Uruguay un año antes, acamparon en una plaza de Montevideo para expresar su deseo de regresar a Líbano. Los refugiados se quejaban del alto coste de la vida y de las escasas ayudas que recibían del gobierno uruguayo, lo que apenas les alcanzaba para vivir.

«Normalmente, los programas de acogida a personas refugiadas en la región no incluyen apoyos. Y, si los incluyen, suelen ser pequeños, como en Brasil y Uruguay, donde se dan ayudas económicas, pero no son tal vez apoyos como se los preveía antes en Europa: alojamiento, un salario o un beneficio por el mes», comenta la responsable de Asylum Access en América Latina.

En sus propias carnes lo está viviendo Ahmed, un joven refugiado sirio que lleva dos años y medio en Ecuador que tampoco quiere revelar su nombre real. «La situación aquí es muy difícil: no puedo estudiar y tampoco hay trabajo por la crisis económica en el país. Además, nadie busca trabajar con refugiados», denuncia este chico de 22 años que se vio obligado a dejar sus estudios de Literatura Inglesa en la Universidad Nacional de Damasco. Ahmed, quien dice tener facilidad para los idiomas, aprendió a hablar español mientras trabajaba en un restaurante de Quito. «Encontré un trabajo en un restaurante, pero me pagaban menos del salario mínimo (366 dólares al mes), la jornada era de 14 horas y no tenía seguridad social. Con lo que gastaba en transporte no me sobraba nada», afirma Ahmed, que llegó a Ecuador junto a sus padres y hermanos después de haber probado suerte en Egipto. En Ecuador, donde residen 10 refugiados sirios y 79 solicitantes de asilo, el estado no aporta ayudas a las personas que buscan refugio. Estos dependen de ONG como HIAS, cuyas contribuciones económicas son irrisorias.

«Tenía sueños, pero la vida me los está destruyendo»

A Ahmed le gustaría continuar con sus estudios en Quito, pero dice no poder porque para entrar a la universidad le exigen superar un examen de español para el que no tiene suficiente nivel. Al no poder estudiar ni trabajar, Ahmed se siente atrapado. No puede volver a su país, pero tampoco ve esperanza en Ecuador. Por eso quiere ser reasentado.

«Es mi última opción. En este tiempo ya debería haber acabado la universidad, pero están pasando los años y no estoy haciendo nada: no estoy trabajando, no estoy estudiando, no estoy apoyando a mi familia», confiesa con voz temblorosa. «Solo espero no llegar al punto de no querer nada de la vida. Cada vez hay que adaptarse a una cosa y a otra cosa y a otra cosa. Tenía sueños, pero la vida me los está destruyendo», concluye.

Aparte de los problemas económicos, las barreras culturales se alzan entre los refugiados y las sociedades receptoras. Sham, una jovial mujer siria que llegó a Quito hace 10 meses destaca que su madre «pasa todo el día en casa, no quiere salir. Se pone el hiyab (velo) y la gente no sabe lo que es, le miran raro y ella se siente mal. Por eso prefiere estar en casa. No habla ni una palabra de español».

Raghida, que huyó de Siria porque el grupo yihadista Jabhat al-Nusra quiso obligarla a convertirse al Islam, plantea que el mayor reto de integración es el idioma. «En Ecuador casi nadie habla inglés, aunque la gente ha sido muy buena conmigo y me ayuda cuando digo algo mal en español», relata la joven drusa. Raghida dio a luz a su hijo poco después de llegar a Quito. Ahora solo quiere aprender español para encontrar un trabajo. «Así podríamos vivir una muy buena vida», sentencia mientras da de mamar su bebé.

¿Por qué América Latina?

¿Por qué hay población siria en América Latina? Esa es la pregunta del millón para Carmen Gómez, profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). No tiene fácil respuesta, asegura, pero entre los principales motivos están las políticas de apertura de varios países de la región. Para el caso de Ecuador, un país al que los ciudadanos sirios pueden entrar sin necesidad de visado, «una de las hipótesis que se baraja es que en los últimos años se generó una imagen pública de apertura de las fronteras del país, de flexibilidad a nivel migratorio y de estabilidad económica que pudo atraer a los sirios», aclara Gómez. A esta imagen puede haber contribuido el caso del fundador de Wikileaks, Julian Assange, al que Ecuador proporciona asilo en su embajada en Londres desde 2012.

No obstante, según Gómez, esta percepción que se tiene del país andino puede ser engañosa. «Últimamente, Ecuador no está proporcionando el estatus de refugiado a la población que viene de Oriente Medio. Esto ocurre por varios motivos, entre ellos el desconocimiento de lo que ocurre en la región y los prejuicios que se tienen hacia los musulmanes», explica.

Según Gómez, «Ecuador está muy centrado en el caso colombiano» y por eso es reticente a facilitar el refugio a personas de otras nacionalidades. Ecuador, el país latinoamericano que alberga a más población refugiada en América Latina, acoge en su territorio a casi 60.000 refugiados colombianos.

En cualquier caso, los sirios que huyen del conflicto armado en su país lo hacen para salvar su vida y asegurar un futuro para ellos y sus familias. Los casos de Wahed, Jalil, Ahmed, Sham o Raghida muestran cómo algunos sirios prefieren buscar refugio más allá de Europa, evitando arriesgar su vida cruzando el mar y viajando a una tierra mucho más lejana y desconocida para ellos. Como afirma Raghida, «cuando Siria esté bien, me encantaría regresar a casa con mi familia». Por el momento, ella y todos los demás tendrán que construir un futuro en América Latina, una región que les ha abierto sus puertas a pesar de no contar con tantos recursos como Europa.

Por Jaime Giménez
Con información de: El Diario

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EU, el Estado terrorista número uno – Noam Chomsky

 

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Fuerzas kurdas iraquíes avanzaron ayer por la noche a través de la frontera hacia Siria para ayudar a defender la ciudad de Kobani, la cual se ha convertido en el foco de una guerra respaldada por Occidente © Foto Reuters

«Oficial: EU es el mayor Estado terrorista del mundo y se enorgullece de serlo».

Esa debería ser la cabeza de la nota principal del New York Times del 15 de octubre pasado, cuyo título, más cortés, dice así: Estudio de la CIA sobre ayuda encubierta provoca escepticismo sobre el apoyo a rebeldes sirios.

La nota informa sobre una revisión hecha por la CIA a las operaciones encubiertas recientes para determinar su efectividad. La Casa Blanca concluyó que, por desgracia, los éxitos son tan escasos que es necesario reconsiderar esa política.

Se incluye una declaración del presidente Barack Obama de que pidió a la CIA llevar a cabo esa revisión para encontrar casos en los que financiar y proveer de armas a una insurgencia en algún país haya funcionado bien. Y no pudieron hallar mucho. Por eso Obama tiene cierta renuencia a continuar con esos esfuerzos.

El primer párrafo cita tres ejemplos importantes de ayuda encubierta: Angola, Nicaragua y Cuba. En realidad, cada uno fue una importante operación terrorista lanzada por Estados Unidos.

Angola fue invadida por Sudáfrica, que, según Washington, se defendía de uno de los más notorios grupos terroristas del mundo: el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Eso fue en 1988.

Para entonces el gobierno de Ronald Reagan estaba prácticamente solo en su apoyo al régimen del apartheid, incluso violando las sanciones que su propio Congreso había impuesto al incremento del comercio con su aliado sudafricano.

Washington se unió a Sudáfrica en dar apoyo crucial al ejército terrorista Unita de Jonas Savimbi en Angola. Continuó haciéndolo incluso después de que Savimbi sufrió una rotunda derrota en una elección libre y cuidadosamente vigilada, y de que Sudáfrica le había retirado el respaldo.

Savimbi era un monstruo cuya ambición de poder había llevado abrumadora miseria a su pueblo, en palabras de Marrack Goulding, embajador británico en Angola.

Las consecuencias fueron horrendas. Una investigación de la ONU en 1989 estimó que las depredaciones sudafricanas provocaron 1.5 millones de muertes en países vecinos, sin mencionar lo que ocurría en Sudáfrica misma. Fuerzas cubanas finalmente vencieron a los agresores sudafricanos y los obligaron a retirarse de Namibia, la cual habían ocupado ilegalmente. Sólo Estados Unidos siguió apoyando al monstruo Savimbi.

En Cuba, después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el entonces presidente estadunidense John F. Kennedy lanzó una campaña asesina y destructiva para llevar los terrores de la Tierra a Cuba, según palabras del historiador Arthur Schlesinger, aliado cercano del mandatario, en su biografía semioficial de Robert Kennedy, a quien se asignó la responsabilidad de esa guerra terrorista.

Las atrocidades contra Cuba fueron graves. Los planes consideraban que el terrorismo culminara en un levantamiento en octubre de 1962, que daría pie a una invasión estadunidense. Hoy día la academia reconoce que esa fue una de las razones por las que el entonces primer ministro soviético Nikita Jrushchov emplazó misiles en Cuba, con lo que se produjo una crisis que se acercó peligrosamente a una guerra nuclear. El entonces secretario de la Defensa Robert McNamara concedió más tarde que si él hubiera sido un gobernante cubano, habría esperado una invasión estadunidense.

Los ataques terroristas contra Cuba continuaron durante más de 30 años. Desde luego, el costo para los cubanos fue severo. Los recuentos de víctimas, de los que apenas si se oye en Estados Unidos, fueron dados a conocer en detalle por primera vez en un estudio del experto canadiense Keith Bolender, Voices From the Other Side: an Oral History of Terrorism Against Cuba (Voces desde el otro lado: historia oral del terrorismo contra Cuba), en 2010.

El saldo de la prolongada guerra terrorista fue amplificado por un sofocante embargo, que continúa a la fecha en desafío al mundo. El 28 de octubre pasado, la Asamblea General de la ONU avaló, por vigésimo tercera vez, la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. La votación fue de 188 a dos (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones de subordinados isleños de Estados Unidos en el Pacífico.

Hoy día existe cierta oposición al embargo en altos estratos estadunidenses, informa ABC News, porque ya no es útil (citando el libro reciente de Hillary Clinton, Hard Choices). El experto francés Salim Lamrani pasa revista a los aciagos costos para los cubanos en su libro de 2013 La guerra económica contra Cuba.

Apenas si hace falta mencionar a Nicaragua. La guerra terrorista de Ronald Reagan fue condenada por el Tribunal Internacional de La Haya, que ordenó a Estados Unidos poner fin a su uso ilegal de la fuerza y pagar sustanciales reparaciones de daños.

Washington respondió intensificando la guerra y vetando una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a todos los estados –con dedicatoria a Estados Unidos– a observar el derecho internacional.

Otro ejemplo de terrorismo se conmemorará el 16 de noviembre, en el 25 aniversario del asesinato de seis sacerdotes jesuitas en San Salvador por una unidad terrorista del ejército salvadoreño, armada y entrenada por Estados Unidos. Bajo las órdenes del alto mando militar, los soldados irrumpieron en la universidad jesuita para dar muerte a los sacerdotes y a todo testigo, incluidas su ama de llaves y la hija de ésta.

Este suceso culminó las guerras terroristas de Estados Unidos en Centroamérica en la década de 1980, aunque sus efectos aún ocupan las primeras planas, en los informes acerca de los inmigrantes ilegales, que en buena medida huyen de las consecuencias de aquella carnicería y son deportados de Estados Unidos para sobrevivir, si pueden, en las ruinas de sus países de origen.

Washington también ha surgido como el campeón mundial en generar terror. El ex analista de la CIA Paul Pillar advierte sobre el impacto generador de resentimiento de los ataques de Estados Unidos en Siria, que podrían inducir aún más a las organizaciones yihadistas Jabhat al-Nusra y Estado Islámico a reparar su ruptura del año pasado y hacer campaña conjunta contra la intervención estadunidense, presentándola como una guerra contra el Islam.

Esa es ahora una consecuencia familiar de las operaciones estadunidenses, que han ayudado a propagar el yihadismo de un rincón de Afganistán a gran parte del planeta.

La manifestación más temible del yihadismo hoy día es el Estado Islámico, o Isil, que ha establecido su califato asesino en vastas zonas de Irak y Siria.

Creo que Estados Unidos es uno de los creadores claves de esta organización, asevera el ex analista de la CIA Graham Fuller, prominente comentarista sobre aquella región. Estados Unidos no planeó la formación del Isil, pero sus intervenciones destructivas en Medio Oriente y la guerra en Irak fueron las causas básicas del nacimiento del Isil, añade.

A esto podríamos agregar la mayor campaña terrorista del orbe: el proyecto global de asesinato de terroristas lanzado por Obama. El impacto generador de resentimiento de esos ataques con drones y con fuerzas especiales debe de ser bastante conocido para requerir mayor comentario.

Todo esto constituye un registro que hay que contemplar con cierto horror

El libro más reciente de Noam Chomsky es Masters of Mankind: Essays and Lectures, 1969-2013. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge.

© 2014 Noam Chomsky
Distributed by The New York Times Syndicate
Traducción: Jorge Anaya
Con información: La Jornada

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España,colonia de sí misma-Entrevista a Oriol Malló

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Entrevista a Oriol Malló sobre el libro “El cártel español. Historia crítica de la reconquista económica de México y América Latina (1898-2008)”

Oriol Malló es periodista y autor, ha escrito varios textos sobre temas del pasado que marcan nuestro presente y dibujan nuestro futuro. Entre sus nueve libros destacan una aproximación a la guerrilla anarquista en el primer franquismo (La revolta dels Quixots, 1997) o un estudio sobre la relación entre Iglesia y totalitarismo (En tierra de fariseos, 2000). Ganador del premio nacional de periodismo de Cataluña en 1992 por sus reportajes sobre la guerra de Yugoslavia.

Para ir introduciéndonos en la investigación histórico-crítica realizada en el libro “El cártel español”, podrías definir qué propósitos e ideas fundamentales expone. Cuál era la intención a la hora de escribir la obra.

Primeramente era entender por qué en la campaña electoral de México en 2006 el aparato del estado español se volcó claramente con el candidato conservador, Felipe Calderón. Y por qué en aquel momento hasta Aznar vino a México a asentar cátedra sobre los períodos populistas. Inquietaba que tan naturalmente, incluso ante a una candidatura que finalmente no era ni siquiera un desafío al orden social −Manuel López Obrador en el partido de izquierdas− existiera una actitud tan determinada de rechazo por parte de España. En este caso fue la protección de intereses económicos, la posibilidad de que un candidato de izquierdas pusiera en cuestión o investigara mínimo una o dos empresas, o pusiera en cuestión el FOBAPROA (fondo equivalente al banco malo en España), y la forma como los bancos españoles consiguieron la privatización y control de bancos mexicanos.

Esas primeras preguntas pasan luego a la pregunta más profunda de qué es esto de la hispanidad, de qué manera las castas de poder en México se sienten criollas, tienen un “malinchismo” (identificación del extranjero como alguien superior), algo que cualquiera nota al principio. O como Darci Ribero dice, lo que son las capas primarias del poder, basadas en la historia. Cómo y por qué esto tiene tanta fuerza. Y por qué consiguió España tal penetración y poder siendo que su posición económica real en Europa es limitada y colonial. Cómo España siendo una colonia en Europa consigue ser sub-imperio.

Esa es la pregunta inicial que movió toda la investigación a partir sobre todo de los eventos de la campaña de 2006 en México, que fueron virulentos, y donde más o menos se podía observar toda la clase alta que se sentía criolla y malinchista al lado de España y de Estados Unidos. O sea, esas preguntas iniciales que tienen que ver con lo que uno siente cuando llega a un país de América Latina y empieza a descubrir cosas que desde España no se ven.

¿Cuáles son concretamente las acciones de este cártel? ¿Puedes situar algunos ejemplos?

Justamente de lo que se trata es de no ver la consecuencia o la secuela, que es la llegada de empresas españolas a toda América Latina desde Argentina en 1991, cuando empieza el desembarco. Sino por qué ese desembarco. Y ahí me fui dando cuenta de que hay un patrón histórico desde la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, de entender que España siempre quiso volver a su espacio natural, a su espacio colonial o poscolonial.

En el reparto del mundo en 1900, donde Estados Unidos ya tenía hegemonía sobre Latinoamérica, de alguna forma creo que la monarquía española y Alfonso XIII, el abuelo del Rey, entendió en los años 20 del siglo pasado la idea de que por un lado no había que ir contra la doctrina Monroe. La idea de que Estados Unidos era el enemigo de España −que aún puede ser el punto de la Guerra de Cuba− donde podía parecer que en aquel momento pues había una rivalidad, ya no venía al caso.

Otro factor a inicios del siglo XX es que toda América Latina estaba llena de gallegos, es decir, la inmigración de aquellos tiempos era brutal, quienes salían del puerto de Vigo. Cientos de miles partían de allí, fue brutal, en treinta años salió de España más gente que ahora. Pobres que poco a poco se fueron colocando en toda América Latina. Había pues una colonia española como no la hubo en toda la época virreinal. O sea, eso fue una novedad. Gente que luego se fue posicionando en el poder.

Así, Alfonso XIII tenía muy claro la idea de que la doctrina Monroe era buena porque nos protege de los bolcheviques −en los años veinte ya empezaba la Unión Soviética, ya tenía peso el comunismo, ya era real, instalado en Rusia− y por tanto Estados Unidos podía proteger lo que España no podía. Porque el poder del ejército español ya se había acabado en Cuba. Y al mismo tiempo de la protección militar, que se sacaba de Estados Unidos, nosotros teníamos la ventaja de la Iglesia, la religión, la hermandad compartida, y el hecho de que las clases dominantes de América Latina son hispanistas naturalmente. Alfonso XIII nunca fue a América, nunca viajó a América, pero “un borbón” tiene una idea muy clara de cómo funciona el mundo del hispanismo conservador, que él además representaba y simbolizaba. Esa comprensión de que ahí estaba el mercado natural, que podía ser el mercado porque las clases criollas −pese a que hubo unos arrebatos anti-hispanistas a partir de las independencias− entran en el poder, ya dejando el sentimiento del criollo contra el español, (ellos eran también eran españoles en la forma de tratar a las castas inferiores) España era un lugar donde naturalmente coincidían.

Esa operación inicia muy temprano. La primera prueba de que esto era posible la hizo la Real Academia Española, en el año 1919 ya empezaron varios artículos de Jaime Granados en Colombia. Acerca de cómo el español colombiano, que es un español totalmente puro y extraño, que es un invento digamos de la academia española que hacen que la gente hable un español que no tiene nada que ver con el español del que se habla por ejemplo en Venezuela, fuera la imposición de un modelo lingüístico como el que hablan en España. El idioma fue la primera prueba de que se podía controlar América Latina, porque la aceptación de la RAE, de los códigos lingüísticos que venían de España, por todos los académicos locales, con antecedentes en el siglo XIX, ya permitió entender que se podía, que las castas de América ya aceptaban esa nueva relación con la “madre patria”, que sigue siendo madre y no hermana.

Eso ya se observaba por tanto en la lengua. De hecho, en 1892 cuando Cuba aún era colonia española, hubo varios encuentros en Sevilla y en Madrid, filológicos, culturales, y donde todas las repúblicas latinoamericanas vinieron a España. Ni una sola se negó a venir por el hecho de que Cuba fuera colonia española, o sea realmente, esa recuperación de América Latina, ideológicamente, ya estaba hecha.

Poco a poco, a medida a que añadimos más elementos, se llegó al final del siglo XX, años 80 y 90, cuando ya es posible armar una política exterior, con empresas con mucho efectivo, y con la mediación directa de Felipe González con las élites políticas. Las empresas ya sabían el momento en el que los gobiernos Latinoamericanos iban a privatizar, qué iban a regalar, ya sabían cómo entrarle al negocio. Era una larga historia que venía de antes, que el estado no estuviera preparado durante muchos años, eso no quiere decir que un siglo atrás había una línea histórica de recuperación de mercado.

En cuanto a las acciones concretas, en el libro citas el caso del campo energético en Argentina, el caso de la construcción aquí en México o también en Centroamérica. Bueno, igualmente la acción de los bancos como Santander o BBVA. Hay casos concretos de empresas que aprovecharon esos antecedentes que se enmarcan en lo histórico.

De hecho, en el año 1991, que es cuando Menem entra al paquete de leyes de energía en Argentina. Se sabe que un año antes fue a Madrid y plantea a Felipe González [que hoy ocupa puestos en esas empresas a las que enchufó en Latinoamérica] de lo que va a hacer en Argentina y la posibilidad de, a través también de negocios, ofrecer digamos la joya energética de Buenos Aires, además del gas y la telefonía. Que se repartió entre el Cártel de las empresas españolas. Le ofreció Menem en bandeja a F.G. que las empresas españolas de la época tuvieran información privilegiada. Sabían que iba a llegar esa privatización. Esteban Serra, uno de los personajes del cártel, me contó que ya conocían América Latina, había vivido en Bolivia muchos años. Le mandaron para ver qué tal, qué pasaba. Había ya un desembarco de empresas. El grupo que llega a Buenos Aires, se encarga de vender a la matriz española que eso iba a va a funcionar.

Con el dinero que sacan de comprar esas estructuras que le dejan a precio de ganga, entran como cártel reinvirtiendo en todos los demás países de América Latina. Los capitales que van sacando lo reinvierten en Chile, en Brasil, porque a España no llega nada. No se van a España porque hacienda se queda su parte. Luego lo que se hace es reinvertir y evadir al fisco. Pero la primera inversión es lo que permitió las compras a su vez en Chile y Brasil. Así los monopolios empezaron, como Telefónica, y poco a poco el cártel fue subiendo a México. Que tardó mucho más porque el proceso de apertura del mercado mexicano es más complejo por el papel en él de Estados Unidos. Empieza con la época de Zedillo. Son compañías de energía como, Abengoa, Iberdrola, Gas Natural, Endesa.

Cuando Endesa es comprada por italianos es el principio del fin del cártel, pues éste se encuentra en decadencia, más después de la crisis de 2008. Pero esto no quiere decir que la gerencia cambie, la alta burguesía es la gerencia. El capital es de Europa del norte, la City, o de Wall Stret, sin embargo la gerencia es española. Como en el grupo PRISA, el capital es de Estados Unidos y francés, pero la gerencia es española. El coyote, es decir, quien le hace el juego a la empresa en América Latina, se entiende con el gerente español. El coyote es el que se encarga de mover contactos. Hay tres niveles; el capital, la gerencia, y el coyote que pone la empresa en América Latina.

Las redes por ejemplo, en México, vienen de asturianos, que tienen la gerencia de Coca-cola en México. Es el caso también de Lala, marca de lácteos, Bimbo, etc. Son grupos en los que sus abuelos eran españoles, identificados con la España más rancia, conservadora, católica. Lo que hace que exista una conexión. Es el caso de la cerveza Corona, Coronita en España. Los dueños acaban siendo igualmente embajadores en España, y de las relaciones hispano-americanas. Los orígenes españoles y de mentalidad hispanista se imponen e incluso son más importantes de lo que pensaba cuando escribí el libro. Es una fuerza brutal de contactos, palancas, enchufes, que van a permitir que el cártel español, en términos de estrategia, sepa por dónde tiene que meter el gol.

El origen de la fuerza de este cártel tú lo basas en un genocidio, cuál, cómo.

Lo colonial en España nunca se entendió. Y el caso fue el de los africanistas. En España se tiene una visión de América muy siniestra. Al indiano que llega de vuelta a Asturias, pues nadie le pregunta de dónde viene su dinero. Todo el mundo sabe que no inventaron nada, sino que algo robaron, o tuvieron una hacienda. No hay una historia bonita detrás del enriquecimiento de América.

Pero nadie hace esa conexión con los africanistas, quienes habían perdido la guerra en Cuba y se quedaron en el norte de África. El norte de África era todavía una colonia. Donde se tenía un manejo del gobierno, traficando con hachís ya en aquella época [recordemos el reciente caso del navío Sebastián el Cano]. Un mundo donde no se tenían que dar explicaciones a nadie. En España nadie quería saber nada de los africanistas, que eran violentos. Donde se confiaba que nunca iban a hacer nada en España. En África tenían regimientos. En contra de los moros. Fue también la guerra contra Abd El Crim que duró veinte años matando con técnicas modernas para acabar con la subversión. Es decir, llevaban 20 años matando gente. Llevaban sin matar apenas pocos años. Desde 1898 hasta 1921. Y su mentalidad era digamos de cruzada, de guerra, y de genocidio. Por tanto lo traían en la sangre y lo aplicaron de una forma inesperada. En España nadie imaginaba eso. Porque también había un racismo implícito, la guerra se hace a los negros en Cuba y a los negros en África, pero no a los españoles. Luego en el 36 ya la cosa no fue así.

De manera que la Guerra Civil se articula con las empresas del cártel durante el franquismo.

De hecho, había la idea de que el franquismo no tenía política para con Latinoamérica. Lo cual no es cierto. El nazismo cayó y Franco quedó aislado. Sin embargo la cultura hispánica se trabajó. En cada país hay el libro de Jara que ahora es doctor y profesor en la Universidad de Chile donde cuenta toda la cultura hispánica en Chile. La mayoría eran abogados, gente de empresa, muy ubicada desde Guatemala hasta Chile con los gobiernos de la época. Eran gente que por más que parecieran vejestorios eran personal ubicado en el poder. Por ejemplo en Chile Jaime Guzmán, presidente del Centro de Cultura Hispánica en Chile. Era gremialista, católico, se convirtió en el hombre de cámara de Pinochet. Para hacer otro genocidio allí. El genocidio del 74 después de destruido Allende. Matar primero, imponer un orden después, como en el franquismo. Para que llegue la democracia que llegó en el 88.

La relación entre el Chile de Pinochet y de la España de Franco está clara. España es el modelo, por eso Pinochet va al entierro de Franco y por eso Jaime Guzmán es el asesor de Pinochet. Luego entonces, el hispanismo que parecía una cosa rancia y antigua seguía estando presente. Y siempre hubo congresos, eventos en Madrid. Eso existió en la época de Franco, también con becas, en cultura, pintura. Igualmente en la Iglesia, con seminarios, comidas, etc. Es decir, el franquismo mantuvo una red cultural. Que luego aprovecharon las empresas que tomaron poder con el franquismo. Que a su vez se había basado en el genocidio en contra de republicanos.

Franco era un modelo de éxito. En los 60 “España ya va bien”, crecía, la industria iba de maravilla. Un modelo de tranquilidad social en donde el orden se impuso. España era un modelo para todo. A partir de los 70. Cuando llegan las dictaduras a América Latina, en España demostraba que la paz se imponía a base de degollar cuellos, después de esto, encima, en los años 80 España ya era democrática, recibiendo los exiliados de América Latina, para que “aprendiesen”, que así funciona la democracia también. De este modo, aprendemos que si en vez de hacer guerrilla, hacemos coexistencia con los poderes fácticos, el exilio vuelve. Eso lo que Felipe González enseñó al exilio Uruguayo, Chileno, etc. Sin ir a palabras tan feas como “expropiar”. Es decir, España fue modelo para el genocidio [de la Operación Cóndor] y fue modelo de transición democrática.

El modelo democrático de Felipe González fue una maravilla. España ya no era la España franquista, era la España de la movida, de la democracia, de la liberación sexual. En España entonces todo el mundo era feliz. Ergo entonces España siempre consiguió estar a la vanguardia de esto.

Otra clave más en las redes de poder fue que durante veinte años Cuba fue “el lugar”, o sea, desde la revolución cubana en 1959 hasta los 80, son veinte años donde Cuba es también una referencia y todo el mundo “se conoce en Cuba”. Digamos España aprovechó las sinergias creadas en Cuba y en México. El boom Latinoamericano, valiéndose del tema cultural, para poner bases para otra parte del cártel, las editoriales. Se creó durante esa época una atmósfera de igualdad con España, de sentimiento solidario, hermana e igual al resto de América Latina. Incluso me acuerdo que yo era joven, de que había una sensación de afinidad cultural absoluta. Entre América Latina y España. Esto se rompe cuando hubo el boom de la España “moderna”, “europea”, “democrática”, cuando entra el euro, bla, bla, bla.

Entonces hay un marco común en Latinoamérica y en España desde donde poder hacer la crítica a la oligarquía española, puesto que las redes coinciden para explotar a España y a América Latina a la vez.

Pero el problema es que si España se conectó durante 15 años. El hispanismo, es una forma de control español, también en la época de Franco. Cuando llegaba algún latinoamericano en los 40 y 50 a España, no necesitaban pasaporte. Porque si llegaba en avión eso quería decir que era rico, y nadie preguntaba nada. El latinoamericano era como el español, hermano, pero eran conservadores, católicos, decentes. También la izquierda se comparte en una comunidad, y no hay sentimientos de superioridad. Cuando eso se rompe, España vuelve al autismo natural, de la matriz imperial. O sea, En general, por norma, yo creo que sigue siendo lo que siempre ha sido, es decir, que Latinoamérica no existe. En el imaginario, sólo existe el pariente, el tío de América. La otra clave es “nosotros somos europeos” y “ellos son sudacas”, que sí existe. Aunque ahora más o menos pueda haber gente que vean las claves de los gobiernos puestos en América Latina, en general, entre la gente, no hay un pensamiento, una reflexión sobre América Latina. Hubo un momento de solidaridad con el Zapatismo, por ejemplo, muy fuerte. En Barcelona me acuerdo muy bien, pero ya en realidad, como algo muy “oenegero”.

Pero, tú dices, estructuralmente en la economía, los latifundios es una forma que coincide en Latinoamérica y en Andalucía y Extremadura. La explotación que pueda hacer la oligarquía de la energía, es la misma que hacen las empresas en la España del tarifazo. Quiero decir, ese cártel, no da tampoco ningún beneficio al pueblo español. Por tanto, es una oligarquía que establece un terreno de explotación tanto en España como en Latinoamérica.

Sí, pero nunca en Madrid se leerá el Excélsior [periódico mexicano]. Eso es ridículo pensarlo. El cártel es lo mismo: hay quién manda. Y El País sí se lee en Latinoamérica. La clave es que España, siendo la cola de ratón que es en Europa, tiene la conexión con América Latina. Son los españoles los que manejan esa relación. España no pinta nada en el nivel colonial internacional. Sin embargo, en el reparto de poderes España tiene la ventaja de sacar réditos. Aunque los españoles no sacan nada, es la oligarquía la que se enriquece.

Incluso en la gestión y no siendo los propietarios del capital. Pero la clave es que al menos la gerencia no se pierde del todo. El capital es gringo, alemán, francés. Pero los gestores son españoles. El poder que da la gerencia, le permite seguir manejando dentro de España como su cortijo. Botín, por ejemplo, tiene a la banca alemana detrás, los Botín no son dueños del Santander, pero garantiza que la deuda española se siga pagando. La gerencia está al servicio de los amos de verdad. Todos estos grupos han dominado y dominan.

PRISA es lo mismo, los sucesores están vendiéndolo todo. Pero la gerencia sigue siendo de ellos. Aunque sirvan a intereses de Estados Unidos, los que ponen el capital. Y por tanto, serán siempre de segunda. Pero cuidado, en México están los criollos hispanófilos. Que tienen la FEMSA, que es Coca-cola. Hispanomexicanos que están en México. Que son fieles a España, que le da una potencia. Es una España de la alta burguesía, la de siempre, la de toda la vida, la que mató, la que pagó la Guerra Civil. Pero es una red de relaciones que está muy bien compactada. Y que tiene una capacidad de maniobra muy importante, incluso, muchas claves. Cuando ocurrieron tensiones con Venezuela mandaron a Raúl Morodo, un tipo muy listo que siempre de alguna forma calmó a Chávez, y al final acaban haciendo los navíos en Cádiz. O en Cuba, por ejemplo, donde España siempre a base de no apoyar el bloqueo completamente, las empresas tienen un peso impresionante. Hacen de policía bueno. Y se basa en una red que España utiliza como formas de influencia, de imperialismo suave. Que sólo es posible en contextos como Cuba. Queda la alternativa de Miami o Madrid. Si es Miami, esto destruiría a Cuba, por eso también interesa tener la influencia de Madrid. Que no aprueba completamente el bloqueo.

Sin embargo, como dices, el cártel está en decadencia. Crees que eso puede llegar a pasar en España. Que la población española acabe teniendo, digamos, un papel parecido a los gobiernos Latinoamericanos que están expropiándolas, expulsándolas, haciéndolas cotizar más, etc.

Este caso sería peculiar, con el IBEX 35. Las empresas están en decadencia porque algunas están muy mal. Recapitalizadas por otros capitales. Rescatadas. Esta crisis, ha afectado a las cajas de ahorro, que han desaparecido. La banca las ha absorbido. Y nadie ha cuestionado el hecho de que ahora la banca se ha quedado con más de lo que nunca tuvo en España. Si hay un miedo creo que es a Podemos.

Miedo a un cambio que la banca no pueda acabar de controlar. Pero, por un lado hay un resorte importante que es Europa. Primero que no caiga Madrid. Que caigan ayuntamientos, que caigan comunidades autónomas. Pero que no caiga Madrid. O incluso cuestionar la deuda. O aplazarla, idea que también comparte Syriza. Ahí veremos cuál es el margen de acción de un gobierno que no está en el orden habitual. Ahí se verá también el pánico o no. La oligarquía lo que quiere es que esto se mantenga tranquilo. Que pase el tiempo y que se acepte el patrón de crisis habitual. Como en México, donde son ya 30 años de crisis. La crisis se vuelve estable. Por eso Podemos habla de “ventana de oportunidad”, donde la gente piensa en cambiar las cosas.

Todo el mundo sabe que es Alemania quien manda en España. Pero te construían las carreteras. Venían turistas, etc. Todo estaba perfecto. Sin embargo, cuando hablamos de salir del euro, la gente se espanta. Es el discurso de la corrupción, del “que se vayan todos” como en Argentina. Pero cae un poco en Holloway, quien dice que no hay que tomar el poder. O en Foucault, “todo es poder asqueroso” de manea que lo que tenemos que hacer es irnos a casa.

Y también está la idea de que Europa es la solución, que viene también de Franco. La única manera de evitar el populismo en el voto, es que la gente no vote. Y así ha sido en Europa, en donde los ciudadanos no votan nada. El franquismo siempre se vendió a Europa. Para mantener digamos, su poder absoluto, de rentistas. Pero nunca fueron patriotas de nada.

Los que financiaron la guerra en España, por ejemplo el caso de los que llevaban las empresas eléctricas, luego hicieron a Franco que eso no se nacionalizara del todo. Carrero Blanco se quejaba del poco nacionalismo de esas empresas, y de que en el fondo trabajaban también para otros. España no es Turquía, ni México, que mantienen quien más quien menos su soberanía. En España no, las empresas con capitales externos dominan como en un feudo. Por eso Carrero acabó volando por los aires. Nadie, por cierto, podía saber por dónde pasaba Carrero Blanco. En la España de Franco todo estaba controlado. No se hablaba ni en los taxis, todo el mundo sabía todo, los falangistas eran muy pocos pero eran los señores de las pistolas que controlaban todo. Como les hablaras de tú te apuntaban a la cabeza con la pistola. Usaban la pistola para tener poder. El PRI en México fue diferente, nacía de la gente, se volvían corruptos al pasar de los años, pero venían de la gente. En España no. Cualquier falangista sabía que su pistola era su poder y si no te callabas te mataban. Eran colonizadores. Cada uno de ellos se portaba como si estuviera en la colonia.

Todo esto también explica que haya un nacionalismo Vasco, Catalán, Gallego. Si no hubo república hubo sí, una nación fundada con la fuerza de una pistola contra la población. Así ganaron. Se hizo entonces una nueva casta burocrática y criminal que puede llegar a ser peor que la que mata. Pero siempre con la leña, leña, leña, por delante. Eran gente poderosa que tenían claro que había que vigilar a las masas. Igual que en la colonia. Como en Marruecos. Lo importante en el franquismo era saber quién manda y quien obedece. En esa parte España es una colonia de sí misma.

Por Diego Morollón – Estudiante de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Con información de: Rebelión

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El papel del racismo en la ofensiva imperialista

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El pasado 23 de marzo el partido Frente Nacional (FN) logró importantes avances en las elecciones municipales en Francia. Nada sorprendente para quien haya observado un poquito la campaña electoral, en la cual los medios dedicaron una especial y muy elaborada atención al FN, un partido que promueve un rancio chovinismo y el racismo. Los medios audiovisuales y los diarios le dieron mucho espacio al FN, muchísimo más que al Frente de Izquierda (FI), que electoralmente tiene un peso superior o similar al del FN, como destacó Jean-Luc Mélenchon, dirigente del FI.

El resultado de estas elecciones es importante porque confirma la amplia pérdida de confianza de los electores frente a los partidos políticos tradicionales. Los votantes saben por experiencia que esos partidos no cumplen ni cumplirán con lo que prometen porque todos siguen el mismo guión, el elaborado por los organismos de la Unión Europea (UE) para consolidar las políticas neoliberales, o sea los programas de austeridad y desmantelamiento de los aparatos y programas estatales, regionales y municipales. Pruebas de esta situación las encontramos en la elevada tasa de abstención y en la numerosa presencia de listas no identificadas con los partidos tradicionales en estas elecciones municipales.

Pero lo esencial, para este análisis, es el esfuerzo de los medios de prensa del sistema (porque así hay que definirlos) para reforzar en la opinión pública francesa durante la campaña electoral la idea de que el FN iba para arriba, y que en algún momento debería producirse una alianza electoral entre esa extrema derecha de corte fascista con la derecha neoliberal.

Creo que es importante analizar esta fascinación mediática, y por lo tanto de quienes tienen en sus manos las palancas del poder real, por la extrema derecha, por partidos cuya vertiente nacionalista es claramente racista, para tener una imagen completa en este momento histórico desde todos los puntos de vista posibles, porque el sistema neoliberal en su conjunto, en la UE y en Estados Unidos (EE.UU.) y Japón, o sea en los centros del capitalismo avanzado, está completamente atascado en lo económico, en lo social y en lo político.

Y en todo esto el racismo, como el nacionalismo (de pacotilla porque en el sistema neoliberal la soberanía nacional es cosa del pasado), son quizás elementos de importancia para entender la coyuntura actual del imperialismo, incluyendo el caso de Ucrania, entre otros más.

El racismo forma parte del colonialismo y el imperialismo

El racismo es criticado y en algunas de sus manifestaciones es considerado como un delito por los sistemas legales en la mayoría de los países, pero en la práctica cotidiana, en los “sobrentendidos” políticos, sociales y económicos el racismo es moneda corriente, un simple “prejuicio” más, aceptable hasta para quienes no lo practican, y de ninguna manera es visto como un peligro mortal para las sociedades y la humanidad.

Empero, el racismo, como el machismo, es algo más que un prejuicio. En realidad ha sido y sigue siendo un poderoso elemento ideológico al servicio de algún sistema de dominación.

El machismo busca preservar el sistema de dominación patriarcal, para ventaja del hombre y en detrimento de la mujer, por ejemplo, y aun en ese terreno los avances de las últimas décadas son en muchos casos tan sólidos como un castillo de arena, dicen muchas mujeres.

El racismo ha servido desde finales de la Edad Media, desde las cruzadas, de justificativo ideológico, disfrazado según la circunstancia con supuestos valores religiosos o morales, pero al servicio de objetivos bien terrenales, como los de apropiarse de riquezas y conquistar territorios. Y tuvo su papel durante las luchas para la formación de los Estados-naciones en Europa, en muchos casos como fuerza de exclusión para forzar la homogeneidad étnica, lo que explica la triste herencia de guerras y conflictos en el Viejo Continente.

Por ejemplo, hasta no hace tanto tiempo se nos enseñaba en las escuelas de algunos países latinoamericanos que los conquistadores españoles vinieron a América “con la espada y la cruz”. Lo de la espada nunca se explicaba bien por qué razón, aunque al final entendíamos que vinieron a conquistar por la fuerza para llevarse el oro y la plata y dominar los territorios, pero en las imágenes y en los textos se enfatizaba que la cruz representaba la “gran misión” evangelizadora para incorporar a los indios salvajes, porque así se hablaba de nuestras poblaciones amerindias, al reino de Dios, y así “salvarlos”.

Sin la deshumanización implícita en el racismo, que permite ver al otro como un “no-ser”, un subhumano que puede ser maltratado, explotado, esclavizado y al que se puede violar o matar, no habría sido posible, o sea aceptable para los mismos pueblos conquistadores, la extrema brutalidad de las conquistas que sometieron a tantos pueblos y dejaron estelas de decenas o cientos de millones de muertos, decenas de millones de esclavos, y tantas sociedades y culturas aplastadas.

Sin esas conquistas y crímenes tampoco habría sido posible la acumulación del capital, como no lo sigue siendo actualmente si vemos el empeño del imperio neoliberal en conquistar los territorios donde no reina con absoluto poder.

Es por eso que debemos ver el racismo no como algo menor, un “mal residual de la civilización europea” que fue transmitido al resto del mundo, sino como un componente esencial del sistema de dominación del capitalismo, en todas sus etapas, desde las conquistas y el esclavismo hasta el momento actual.

El racismo es mucho más peligroso de lo que creemos cuando es parte de una ideología nacionalista o ultranacionalista al servicio de intereses imperialistas. Sin una ideología que incluya el concepto de superioridad racial, de superioridad social, política, cultural o religiosa que provoque una desensibilización total, no es posible llevar a cabo la “empresa” colonial e imperial.

Ese tipo de ideología es necesaria tanto para lanzar como para justificar la “empresa” colonial e imperial, para crear en el pueblo conquistador las desinhibiciones que permitan llevar a cabo y vivir en la consciencia colectiva con tales atrocidades contra seres humanos, tan humanos y seres como ellos.

Los británicos “aportaron sobre sus hombros la civilización del hombre blanco” a los países de Asia, África y otras regiones, dura “carga” para el hombre blanco, escribió R. Kipling, cuando en realidad lo que hacia el “hombre blanco” era robar todo lo que podía ser robado, destruir o aplastar las culturas y organizaciones sociales existentes para poder explotar a los pueblos, esclavizarlos para servir a los comerciantes y a los intereses de los rentistas, de la burguesía y la aristocracia de Londres.

Los holandeses, portugueses, franceses y belgas no fueron diferentes, en todos los casos hubo matanzas y crueldades indescriptibles para robar y explotar, para esclavizar, lo que no quita que de vez en cuando se escuche en Europa que esos colonizadores llevaron “la civilización y la lengua” a los países que colonizaron.

Cada pueblo conquistador creó su caparazón ideológica para poder ignorar y negar sistemáticamente todo lo que los pueblos colonizados sufrieron en Asia, el Oriente Medio, África, Oceanía, el Caribe y América latina, y también negar que el objetivo de esas conquistas era apropiarse y repatriar las riquezas que podían, y garantizar los flujos de las materias primas que necesitaban sus comercios e industrias y que producían sus esclavos en las plantaciones, como el azúcar en Haití, por ejemplo.

Una tarea necesaria pero incumplida es la descolonización del pensamiento de los pueblos conquistadores e imperialistas. Nada podrá avanzar si estos pueblos no se despojan de esa caparazón demasiado bien conservada -por intereses de clase-, que les impide ver las múltiples, ricas y complejas realidades del mundo actual.

Es en este contexto que es importante reconocer la decisiva importancia que ha jugado el racismo en la sociedad estadounidense, en especial para justificar en lo interno, y hacia el exterior, el “excepcionalismo” del “destino manifiesto”, un invento de los colonos blancos para hacer invisible las matanzas de amerindios y la apropiación de sus tierras, luego la “importación” de esclavos africanos para las plantaciones y más tarde el imperialismo.

El racismo tiene raíces profundas y extendidas en EE.UU., porque en ese país prácticamente fueron exterminados los pueblos amerindios, y los que sobrevivieron fueron segregados en reservas y sometidos a brutales controles de natalidad. Fueron víctimas del eugenismo y del ensayo de métodos genocidas que más tarde Adolf Hitler utilizó para exterminar a judíos, gitanos, eslavos y a los opositores comunistas y socialistas, como revela el importante trabajo del estadounidense Edwin Black, titulado War Against the Weak, eugenics and America’s campaings to create a master race (1).

Y es en EE.UU. donde se desarrolló una impresionante “economía de plantaciones” con esclavos traídos de África, y donde se aplicó un rígido sistema de segregación racial hasta mediados de los años 60 del siglo 20, pero que no ha desaparecido totalmente y sigue siendo practicado hoy día en el terrenos económico, social y político contra los afroamericanos e hispanos.

¿Cómo explicarnos la actual rusofobia en la UE y EE.UU.? ¿Acaso no es eso una forma de racismo destinado a invalidar todo lo que Rusia diga o haga para seguir aplicando las agresivas políticas de la OTAN y convertir a Rusia en un vasallo más del imperialismo?

¿Quién se recuerda del “peligro amarillo”, ese racismo nacido en el siglo 19 para justificar la penetración del liberalismo comercial en China, para que entrara en China el opio que Gran Bretaña producía en India? La rusofobia es un hecho y el “peligro amarillo” una realidad en todas las actitudes del imperialismo contra China, devenida una potencial industrial que no controlan efectivamente.

En Ucrania el racismo de los grupos neonazis (ultranacionalistas según la definición de la prensa comercial) se manifiesta contra los rusos y los ucranianos de habla rusa y religión ortodoxa, y contra los judíos ucranianos.

El racismo es un instrumento para poder justificar la dominación de pueblos enteros. A los árabes no se les discrimina en varios países europeos porque sí ni por su religión, sino para poder seguir justificando todas las acciones pasadas, y en particular las que desde hace un siglo las potencias imperialistas han tomado para apropiarse del Oriente Medio y de sus riquezas, y justificar las que siguen aplicando en el presente con el mismo objetivo.

¿No es racismo que desde las colonizaciones se haya implantado y aun se ejerza por parte de las potencias imperialistas dominantes el principio de castigo colectivo cuando un dominado, sea rebelde o huelguista, ataca a un militar o personero de la fuerza dominante?

¿Por qué se acepta hoy día sin chistar que por un soldado -o civil- herido o muerto de una fuerza de ocupación, sea estadounidense, israelí o de un país de la OTAN, haya una represalia desmedida que provoca la muerte de decenas de oprimidos, generalmente inocentes civiles y muchas veces niños, mujeres y ancianos? ¿Qué es éso sino racismo puro al servicio de la dominación imperial?

Es claro que el sistema imperialista, en sus diversas formas, genera una forma de “excepcionalismo” que sirva de justificativo a todas las atrocidades que desde hace largo tiempo cometen en cualquier parte del mundo.

Racismo y nacionalismo agresivo son ingredientes siempre presentes en el imperialismo, en los del pasado, exitosos o aplastados, y en el actual.

Es por eso que hay que prestar atención a la manera como el imperialismo y sus servidores presentan a los neofascistas o neonazis, como los definen o, para ser más claro, como los banalizan para hacer “razonable” su racismo, signo de que serán incorporados a la ideología dominante para salvar el sistema neoliberal del atascamiento en que se encuentra. Así sucedió en los años 30, recordemos.

1.- Edwin Black escribió varios libros muy importantes, el citado y también “IBM and the Holocaust”.

Montreal, Canadá.

Por Alberto Rabilotta ,  periodista argentino – canadiense
Con información de : Piensa Chile

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Francisco en Brasil: la hora de la verdad

EL Papa visitó Lampedusa, símbolo de la inmigración africana en Europa, homenajeó a quienes "buscaban un lugar mejor pero encontraron la muerte", duro mensaje a la Unión. ©La Nación
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Hoy, en Río de Janeiro, el papa Francisco inicia un viaje de siete días por su América Latina natal, en lo que constituye su primera gira fuera de Roma desde que fue nombrado pontífice, en marzo pasado, en remplazo de Benedicto XVI, quien abdicó. La circunstancia ha generado grandes expectativas, pues representa la oportunidad perfecta para que Francisco presente de manera integral su perspectiva sobre el futuro de la Iglesia católica. Más concretamente, se espera que el ex arzobispo de Buenos Aires dé a conocer los lineamientos generales de un viraje de obvia necesidad en las actitudes tradicionales del Vaticano ante numerosos temas.

Hasta ahora, el Papa apenas ha esbozado algunos deslindes con respecto a las posturas de Roma ante un mundo profundamente desigual, injusto y corrupto; ante las luchas de emancipación de pueblos, mujeres y minorías, y ante las convicciones de libertad y secularidad de las sociedades contemporáneas. Particularmente claro ha sido el mensaje de Jorge Mario Bergoglio contra la frivolidad y el lujo habituales en las altas esferas del catolicismo y su prédica de austeridad. Asimismo, el actual pontífice ha señalado la improcedencia moral de tolerar la miseria y las inequidades características del modelo neoliberal imperante, hasta el punto de llamar a tales fenómenos «las heridas actuales de Jesús».

Una consideración ineludible es que, de seguir por ese rumbo de pensamiento, Francisco terminaría, más temprano que tarde, por confluir con la Teología de la Liberación, ferozmente perseguida por sus dos predecesores inmediatos en el trono de Pedro –Juan Pablo II y Benedicto XVI–, lo que marcaría un viraje histórico en el seno de la Iglesia en materia de pastoral social.

También parece probable que el Papa formule un mensaje realmente eucuménico que permita superar las confrontaciones causadas con otros cultos, cristianos y no cristianos, por Joseph Ratzinger, quien, al igual que su antecesor Karol Wojtyla, tenía un pensamiento integrista y casi medieval, y veía en el catolicismo romano la única vía legítima de salvación.

Mucho menos claras son las posibilidades de que Francisco sea capaz de asumir actitudes modernas ante la causa de las mujeres, para quienes la Iglesia católica representa una doble opresión: para las religiosas, obligadas a permanecer en un segundo plano y vetadas para ejercer los cargos más rasos –empezando por el sacerdocio–, y para las laicas, para quienes la ortodoxia vaticana ha pretendido perpetuar la opresión y la supeditación a los hombres, y para quienes constituye un factor de imposiciones ideológicas, sociales, afectivas y sexuales. En el mismo sentido cabe dudar de que el pontífice argentino logre superar las inveteradas misoginia y homofobia que caracterizan al pensamiento católico.

Es claro, sin embargo, que, ante la persistente pérdida de feligresías, la dirigencia del catolicismo mundial necesita desesperadamente de un rencuentro con América Latina y con los sectores más desprotegidos –principales bastiones geográfico y social de esa religión– y con los desarrollos civilizatorios de la vida contemporánea, como los avances culturales, sociales y legales en materia de género y derechos reproductivos y sexuales. Francisco es, sin duda, el pontífice mejor situado, en muchas décadas, para operar ese rencuentro, pero nada garantiza que lo logre. Ha de considerarse que los sectores más reaccionarios y corruptos del Vaticano y de las jerarquías eclesiáticas ejercen brutales presiones sobre el Papa para impedir que éste logre imprimir a la institución que encabeza una actitud favorable para los deseos y necesidades espirituales de millones de católicos. Por eso, los escenarios de Brasil serán el sitio y la hora de la verdad para el primer pontífice latinoamericano.

C on información de : La Jornada

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Kairós Palestina: una voz profética que nos interpela desde una tierra oprimida

«¿Podéis ayudarnos a reencontrar nuestra libertad?» .»Hacemos oír nuestro grito desde el sufrimiento de nuestro pueblo bajo la ocupación israelí». La ocupación militar de nuestra tierra es un pecado contra Dios y contra la humanidad.

Kairós Palestina
Kairós Palestina

«Nosotras/os, un grupo de palestinas/os cristianas/os, después de haber rezado, reflexionado e intercambiado ideas, hacemos oír nuestro grito, que surge desde el sufrimiento de nuestro pueblo bajo la ocupación israelí; es un grito de esperanza en ausencia de toda esperanza, unido a nuestro ruego y nuestra fe en Dios que vela, en su Divina Providencia, sobre todos los habitantes de esta tierra. Movidos por el misterio del amor de Dios por todos y del de su presencia divina en la historia de los pueblos y, más particularmente, en esta nuestra tierra, queremos decir hoy nuestra palabra como cristianas/os y como palestinas/os, una palabra de fe, de esperanza y de amor.»

Así comienza el documento Kairós Palestina (KP), que lleva el título: «Un momento de Verdad. Una Palabra de Fe, Esperanza y Amor desde el corazón del sufrimiento palestino». Se trata de una iniciativa que busca llamar la atención de las y los cristianos de todo el mundo sobre los dramáticos impactos que tiene en la vida del pueblo palestino -del cual las y los cristianos forman parte-la ocupación israelí en Tierra Santa.

¿No es hora de escuchar el clamor de quienes sufren violencia y opresión? ¿No es hora de abandonar la indiferencia?

¿Qué es Kairós Palestina y qué se propone?

«En este documento histórico, nosotros las y los cristianos palestinos afirmamos que la ocupación militar de nuestra tierra es un pecado contra Dios y contra la humanidad; y que cualquier teología que legitime la ocupación está muy lejos de las enseñanzas cristianas, porque la verdadera teología cristiana es una teología de amor y solidaridad con los oprimidos, y un llamado a la justicia y la igualdad entre los pueblos.»

Las y los autores de KP son laicos/as, pastores, sacerdotes, un obispo griego ortodoxo y el patriarca latino (católico) emérito de Jerusalén. El grupo ecuménico trabajó durante año y medio para elaborar el documento que fue luego refrendado por las autoridades de las trece denominaciones reconocidas oficialmente como iglesias de Jerusalén, y presentado públicamente en Belén en diciembre de 2009 ante las jerarquías cristianas, contando también con la presencia de líderes religiosos musulmanes y judíos.

La iniciativa KP es también un llamado a que las iglesias y comunidades cristianas de Occidente recuerden que en esa Tierra Santa donde nació el cristianismo, en el corazón de Medio Oriente y del mundo árabe, vive una comunidad cristiana árabe autóctona (no inmigrante), que se considera a sí misma heredera directa de los discípulos de Jesús de Nazaret, y es por lo tanto la comunidad cristiana más antigua del mundo… pero también la más olvidada e incomprendida. Muy pocos cristianos/as en el mundo saben de la existencia de iglesias y comunidades cristianas en Palestina, y menos aún tienen contacto con ellas.

El documento apunta, por un lado, a describir la situación insostenible que viven las/os cristianas/os, como parte inseparable del pueblo árabe originario de Palestina, bajo el régimen israelí de ocupación militar, colonización territorial y apartheid jurídico. La primera parte del documento, justamente, hace una descripción somera de las principales políticas israelíes y sus impactos sobre la población palestina:

– el Muro de separación que fragmenta y aísla a las familias y comunidades;

– las colonias israelíes asentadas en tierras arrebatadas al pueblo palestino (junto con su agua y sus recursos naturales);

– los puestos de control militar desparramados por todo el territorio, que violan la libertad de movimiento de la población palestina y afectan también su libertad religiosa;

– la anexión y judaización violenta que sufre Jerusalén, la Ciudad Santa para cristianos y musulmanes, capital histórica de Palestina, ahora inaccesible para la mayoría de su población (y de donde el cuarto de millón de palestinos/as residentes están siendo expulsados/as permanentemente);

– el complejo sistema de permisos de residencia y ciudadanía, que hace imposible la vida de las familias palestinas, especialmente cuando uno de los cónyuges no tiene documento de identidad israelí;

– los miles de presos políticos que languidecen en las cárceles israelíes (varios cientos de ellos sin cargo ni juicio, inclusive decenas de menores de edad);

– el drama de los miles y millones de refugiadas/os, hacinadas/os en condiciones inhumanas en campamentos dentro y fuera del territorio palestino, que esperan desde hace tres generaciones regresar a los lugares de origen de donde fueron expulsados por las milicias del naciente Estado de Israel, y a quienes hasta hoy se les prohíbe retornar;

– la discriminación sistemática y legal que sufre el millón y medio de población palestina que vive dentro del Estado de Israel;

– la constante emigración, especialmente de jóvenes con alta calificación, debido a la falta de libertad y de oportunidades; este fenómeno se da particularmente entre la población cristiana, y es la causa de su dramática disminución en Tierra Santa.

Por otro lado, el documento se propone desmentir y contrarrestar las versiones falsas que circulan en Occidente, así como las corrientes del llamado cristianismo sionista (muy fuerte en Estados Unidos pero también presente en Europa y América Latina), que pretenden explicar la incesante emigración y disminución de la población cristiana en Tierra Santa como consecuencia de la persecución o el fundamentalismo islámico. KP afirma categóricamente que las razones de ese éxodo no son religiosas, sino directamente derivadas de las políticas israelíes hacia el pueblo palestino, que no hacen distinción entre musulmanes y cristianas/os y les afectan por igual.

Kairós Palestina
Kairós Palestina

¿Por qué ahora?

Según afirma el documento: «Porque la tragedia palestina ha llegado a un punto muerto. Y porque los que tienen poder de decisión parecen gestionar la crisis en lugar de trabajar seriamente por una solución viable, causando desesperanza que se expresa en preguntas como: ¿Qué está haciendo la comunidad internacional? ¿Qué están haciendo los líderes políticos en Palestina, en Israel y en el mundo árabe? ¿Qué está haciendo la iglesia? El tema no es solamente político: se trata de un sistema que está destruyendo seres humanos.»

Y agrega: «Este documento es la palabra de las y los cristianos palestinos al mundo acerca de lo que está pasando en Palestina. Un grito de esperanza anclado en el verdadero amor, fortalecido por la oración y nuestra fe en Dios. Lo dirigimos en primer lugar a nosotros mismos, y a todas las iglesias, cristianos/as y personas conscientes de todos los credos en todo el mundo, pidiéndoles que defiendan la verdad, urgiéndolas a trabajar por una paz justa en nuestra región. Esperamos que las iglesias reciban nuestro llamado y lo apoyen, como hicieron con el documento Kairós Sudáfrica en 1985, y lo conviertan en una herramienta noviolenta en la lucha para poner fin a la ocupación y alcanzar una paz con seguridad y dignidad para cada ser humano en esta Tierra Santa.

¿Qué nos piden las y los cristianos de Palestina?

Es evidente el silencio de la comunidad internacional ante esta realidad, de la que son bien cómplices las comunidades cristianas. A pesar de los claros pronunciamientos de las jerarquías católicas y protestantes, las iglesias como tales no han respondido a la llamada de las comunidades cristianas en Palestina; por ello es importante interpelar y remover las conciencias de la población que asiste pasivamente a este conflicto, siendo ésta una contribución de los cristianos en el mundo. Para esto KP ofrece varias líneas de trabajo.

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