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Las mejores fotografías del 2016

Refugiados sirios caminan por un campo con el arco iris de fondo en Idomeni (Grecia), el 7 de mayo de 2016 ©Petros Giannakouris AP

Las mejores fotografías del 2016

Con información de El País

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La Toma de Túnez y los misteriosos grafitos de San Zoilo

Puerta de entrada a la ermita ©abc
Puerta de entrada a la ermita ©abc

Los goznes chirrían al empujar la pesada puerta de San Zoilo. Son poco más de las seis de la tarde y el sol que aún calienta en Cáseda (Navarra) apenas se cuela a través de las vidrieras de esta ermita gótica del siglo XIV. Aún con esta luz tenue, se aprecian unos trazos negros en los muros. Es un barco, no hay duda, dibujado de forma esquemática, casi como lo haría un niño. Al accionar el interruptor en el bajo coro, las paredes revelan más velas, cañones e inscripciones a ambos lados de la iglesia. Los dibujos sorprenden, aún más en una iglesia «de secano» enclavada entre montes, a unos 140 kilómetros del mar más próximo. No es el Cantábrico, sin embargo, el escenario de esta representación, como ha descubierto el médico y escritor navarro Pablo Larraz Andía con la inestimable ayuda del capitán de navío y miembro de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval de la Universidad de Murcia, Pedro Fondevila.

«Los grafitos de San Zoilo son conocidos desde siempre y se presuponía que eran antiguos, pero quién los dibujó y por qué era un enigma», explica Larraz, que ha investigado concienzudamente los dibujos en los últimos cinco años. Se especulaba con que podía ser una representación de la llegada de Colón a América o un homenaje a los balleneros vascos, incluso que no era más que una gamberrada, antigua eso sí. La llegada a Cáseda de este apasionado por la historia ha arrojado luz en este misterio.

Autor de «Requetés» y otros cuatro libros sobre las guerras carlistas, Larraz encaminó en esta ocasión sus investigaciones hacia los enigmáticos grafitos de San Zoilo. Reprodujo minuciosamente los dibujos con ayuda de luces infrarrojas y el empleo de agua destilada que, sin dañar los trazos, hacía emerger durante breves minutos los pigmentos que el tiempo y las humedades habían dejado casi ilegibles. Así logró identificar hasta 40 grafitos, muchos de ellos desconocidos hasta ahora, realizados con la mezcla de madera quemada y aceite conocida como «negro de humo». En total, 13 embarcaciones, 5 fortificaciones terrestres, 12 figuras humanas y hasta 10 inscripciones en diferentes tipos de letra, todas ellas coetáneas, obra de una misma mano.

 

Larraz recorre la ermita mostrando los detalles de los tres galeones, cinco galeras y otros tantos esquifes, con sus sobredimensionados cañones y sus proyectiles dibujados de forma casi infantil. Se aproxima hasta una de las embarcaciones y señala los trazos de una bandera. «Es la Cruz de Borgoña, el símbolo de los Ejércitos de España durante siglos».

En el bajocoro, el investigador señala un rostro de gran tamaño con turbante y pluma, provisto de un alfanje (una espada de filo curvo) como el de otro guerrero casi borrado a su izquierda y otras de las figuras diseminadas a uno y otro lado de la iglesia. En cinco fortificaciones terrestres se observan almenas triangulares, características de los árabes, y encaramadas a ellas, dos «bastidas» (torres de madera para el asalto de murallas). Otras figuras enarbolan banderolas y cruces cristianas. «No hay duda de que es una batalla de la Cristiandad contra los turcos», explica.

Figuras turcas en el bajo coro de San Zoilo ©Pablo Larraz
Figuras turcas en el bajo coro de San Zoilo ©Pablo Larraz

Dos grandes vítores (anagramas conmemorativas de la victoria) recuerdan a dos «caídos» en la contienda. El nombre de uno de ellos, Baptista, se lee con claridad. No así el otro. «Posiblemente Velasco, pero no se puede asegurar», dice Larraz, que aventura con que probablemente se trate de un nombre italiano.

Sobre ellos, dos inscripciones de gran tamaño llaman la atención. Una de ellas reza «Capitana de Nápoles» a ambos lados del dibujo central hoy muy deteriorado de una embarcación. «Era el buque capitán de la escuadra española de galeras procedente de Nápoles», explica. La segunda es una de las firmas que el autor dejó plasmado en el lugar: «Lubian me fecit» («hecho por Lubián»).



«Un caso único»

¿Qué batalla se narraba y quién era ese Lubián? Pablo Larraz buceó en los archivos en busca de datos con los que completar su puzzle. En el Museo Naval le pusieron en contacto con Pedro Fondevila Silva, «seguramente el mayor experto en galeras del mundo». Fondevila se desplazó desde Cartagena a este pequeño enclave navarro para estudiar los grafitos de San Zoilo. «Es un caso único, no conozco nada similar en ningún otro sitio. Hay otros grafitos de barcos tierra adentro, como en el Palacio de Ambel en Borja, un antiguo convento de la orden de Malta donde hay pintadas unas galeras maltesas, pero son dibujos aislados», señala a ABC.

San Zoilo, en cambio, «es el relato de un hecho». Fondevila está «todo lo que lógicamente puede uno estar seguro» de que reproduce la Toma de Túnez el 21 de julio de 1535, en la que participó una formidable armada cristiana bajo el mando del emperador Carlos I. Los barcos pintados en Cáseda «son galeras de la primera mitad del siglo XVI», de las que bogaban «a tercerol», explica el experto, que identificó uno de las embarcaciones como «el gran galeón portugués que interviene en la conquista de Túnez», al bordo del cual navegaba el infante Don Luis, cuñado del monarca español, que mandaba la flota portuguesa.

Alzado de una pared de la ermita ©Pablo Larraz
Alzado de una pared de la ermita ©Pablo Larraz

«No es una batalla naval, sino una operación de desembarco, porque solo hay enemigos en tierra», continúa el capitán de navío, que relata cómo parte de la escena representa el ataque a la fortaleza de La Goleta, que abrió el camino a la flota cristiana a Túnez. La sublevación de los cristianos que Barbarroja tenía presos en la Alcazaba (unos 20.000 cautivos) facilitó la conquista de la plaza costera. Fondevila cree que esos prisioneros sublevados se corresponden con las figuras que enarbolan cruces en tierra en San Zoilo.

Además, la Capitana de Nápoles estuvo presente en las jornadas de Túnez y no en otras conquistas similares como Orán o Melilla, añade el miembro de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval.

El análisis de este experto reveló un detalle sobre el autor de los grafitos. «Es una persona que ha ido embarcada y que pinta de memoria, pero no un marinero», dice, porque confunde algún elemento en el dibujo, algo impensable en un hombre de mar. También sospecha que pasó por Italia, donde en esos años se empieza a pintar frescos con escenas de batallas.

El linaje de los Lubián

Fue una lástima descubrir que faltaban las hojas sobre Túnez en los papeles de Juan de Rena, donde el hombre fuerte de Carlos V en Navarra y proveedor de la Armada detalla con minuciosidad los pagos de movilización de tropas. A buen seguro que en ellas constaba la relación de los navarros alistados, entre ellos el tal Lubián. También los libros de la iglesia de Cáseda se perdieron.

Escudo de los Lubián
Escudo de los Lubián

Por la caligrafía y las inscripciones en latín, Pablo Larraz sabía que el autor de los grafitos fue una persona culta, que además tuvo que contar con autorización para pintar la escena, empleando además andamiaje o escaleras. Sin embargo, no conocía a nadie en Cáseda con el apellido Lubián. Cuál fue su sorpresa al descubrir en el Archivo General de Navarra que hubo más de 100 procesos protagonizados por la saga de los Lubián. «Es la familia que más ha pleiteado en Cáseda en toda su historia», bromea. Aparecen desde 1439 en documentos como hombres al servicio de la corte de los reyes de Navarra. Los pleitos sirvieron a Larraz para elaborar el árbol genealógico familiar, desde Mossen Miguel de Lubián, alcaide de Eslava que defendió los castillos de Cáseda y Eslava frente a los beamonteses en 1451.

La clave del misterio se encontraba, sin embargo, en el mismo San Zoilo, en una firma con letra bastardilla hecha a vuelapluma que Larraz descubrió en el coro de la iglesia. «Lubián se lee con claridad y la M inicial del nombre también», señala convencido de que se trata del único nombre de la familia que se corresponde con esos datos: «Martín de Lubián». Además coincide en la letra con una firma encontrada por Larraz en un documento de la época.

Todo encaja. Martín de Lubián «fue capellán de los Tercios» antes de ser nombrado «cura y beneficiado de la Iglesia de Santa María de Cáseda, de la que depende la ermita, en 1540», apenas cinco años después de la conquista de Túnez, explica Larraz.

Con sus esquemáticos y expresivos dibujos, quiso conmemorar esta gran victoria de la Cristiandad en San Zoilo, una ermita que debió formar parte de un convento o eremitorio y que fue posada medieval para viajeros y pastores. En el combate representado se intuye un personaje subido a una escala que enarbola una cruz. ¿Un autorretrato de Lubián?

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Túnez 1535. Un memorable día para la Cristiandad

El mismísimo emperador Carlos I se puso al frente de la poderosa armada cristiana que se reunió en Cerdeña en junio de 1535 para «hacer saltar de Túnez a Barbarroja antes que tuviera tiempo de fortificarse, porque si de la Goleta hacía otro Argel, no sólo Sicilia, Nápoles, más también España estaría en jaque», según narra Cesáreo Fernández Duro en su obra «Armada española, desde la unión de los Reinos de Castilla y Aragón».

«En los preparativos se empleó cerca de un año; tales eran ellos, fue el Emperador a ultimarlos en Barcelona, punto de reunión de la flor de la caballería de los reinos», prosigue Fernández Duro, que detalla cómo llegó «el infante D. Luis de Portugal, hermano de la Emperatriz, con un hermoso galeón, 20 carabelas, muchos caballeros y 2.000 soldados. Virginio Ursino, conde de Anguillara, gobernando 12 galeras del papa Paulo III; Aurelio Botigela, con cuatro de la religión de Malta; D. Álvaro de Bazán, con 15 de España; D. Berenguer de Requeséns, con 10 de Sicilia; D. García de Toledo, con seis de Nápoles; Antonio Doria, con cinco que traía por asiento, algunas sueltas de caballeros que las armaron á su costa, como lo hicieron los príncipes de Salerno Visignano Hernando de Alarcón. La llegada de Andrea Doria con 19 fue acontecimiento por la vista de la galera imperial que traía, magnífico vaso esculpido, dorado dispuesto como para morada del César». A estos se sumaban 150 barcos de aprovisionamiento de la armada, así como una multitud de embarcaciones que acompañaban a los ejércitos y en la que se calcula que iban unas 4.000 «enamoradas» pese a la orden real que prohibía el embarco de mujeres.

El 30 de mayo el emperador embarcó en la galera imperial y la expedición salió de Barcelona rumbo a Cerdeña, donde en junio se sumaron las naos de Nápoles. «Pasada muestra general, se contaron 74 galeras 30 galeotas y fustas; es decir, más de cien embarcaciones de remo. De vela, grandes y menores, se acercaban 300; los soldados de infantería 25.000; los jinetes 2.000, de ellos 800 hombres de armas, no entrando en la cuenta los señores con sus criados, los aventureros, ni la gente de mar», continúa Fernández Duro.

Desde Cerdeña, la flota partió de noche y con velas negras para dificultar su seguimiento por las embarcaciones espías del enemigo y se encaminó al norte de África, llegando a la costa tunecina a mediados de junio. Barbarroja había enviado a La Goleta a 80.000 soldados al mando de Sinán Arráez, el Judío, así como un buen número de jenízaros. Los cristianos sitiaron La Goleta y casi un mes después de poner pie en tierra, el 14 de julio, asaltaron por mar y tierra la fortaleza. Fernández Duro señala que se contaron unos 2.000 turcos muertos y el hallazgo en La Goleta de más de 300 piezas de artillería, algunas marcadas con flores de lis francesas (muestra de la traición a la Cristiandad del rey Francisco I de Francia), así como una flota de cien naves, entre ellas 42 galeras.

Al ver que la armada cristina proseguía su avance hacia Túnez, Barbarroja salió a su encuentro, pero fue derrotado. «Vanamente quiso encerrarse en Túnez para hacer necesario otro asedio», continúa el autor de la «Historia de la Armada Española desde la Unión de los Reinos de Castilla y Aragón» antes de relatar que los cautivos de la alcazaba, enterados de la derrota, «rompieron las prisiones, sobreponiéndose la guarnición, asestaron los cañones contra la hueste de Barbarroja desbandada». El argelino logró escapar, pero fue un «memorable día para la Cristiandad el 21 de julio» en el que 20.000 cautivos recobraron la libertad.



Túnez fue entregada por el emperador al rey destronado Muley Hassán, con ciertas condiciones de vasallaje como la de ceder la Goleta, como llave que era del reino. Deseaba continuar y arrasar la madriguera de Argel, pero le aconsejaron cejar en su empeño ante el adelanto de la estación y la escasez de víveres, pensando (erróneamente) que Barbarroja no podría causar daño. El 17 de Agosto la galera del Emperador dio señal de largar velas para dirigirse a Sicilia, mientras las demás volvían a sus lugares de procedencia.

Carlos I se había hecho acompañar por el artista flamenco Jan Cornelisz Vermeyen para que dejara testimonio para la posteridad de las victorias, trabajo que se materializó en la serie de cartones en papel y de tapices de «La Conquista de Túnez». El taller de Willem de Pannemaker fue el encargado de tejer con los mejores materiales estos tapices que se convirtieron en una insignia de la dinastía de los Habsburgo. Se exhibían en las fiestas de la corte, en ceremonias religiosas y en actos de Estado. «La serie fue muy usada por los reyes de España y Felipe V, en 1731, ordenó a la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara de Madrid que tejiese una réplica menos rica, en seda y lana, para conservar los tapices originales de Carlos V, que contaban con hilos de oro y plata. Actualmente dos paños de esta réplica se exhiben en el Palacio Real de Madrid», explican en la Fundación Carlos de Amberes.

Salvo dos tapices desaparecidos en el siglo XVIII, los originales se conservan hoy entre la Real Armería del Palacio de Oriente y los Reales Alcázares de Sevilla. El Kunsthistorisches Museum de Viena exhibe diez de los doce cartones que realizó Vermeyen.

Por Mónica  Arrizabalaga
Con información de ABC

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El Islam y los superhéroes del Golfo Pérsico

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«Defender la verdad, la justicia y el modo de vida americano». Con este lema se presentaba Superman, el primer superhéroe de la historia. Un héroe como los clásicos, pero con poderes extraordinarios y embutido en unas mallas. Nacía así uno de los productos de la cultura pop estadounidense más reconocibles que Kuwait y Emiratos Árabes Unidos están tratando de introducir en sus países.

Desde la década de los treinta las dos grandes editoriales del sector, DC y Marvel, han creado espacios, grupos y personajes a través de los cuales sus superhéroes y superheroínas han defendido los valores made in USA  de los malos del momento. Primero fueron los nazis, luego los chinos y en plena Guerra Fría, los soviéticos. No es casualidad que Superman, Spiderman, Wonder Woman y el Capitán América vistan de azul y rojo, los colores de la bandera estadounidense.

En 2009 Marvel y DC llevaron este proceso de identificación al extremo, registrando el término «superhéroe» en la oficina de patentes de EE.UU. como marca comercial descriptiva estadounidense, independientemente de su tipografía, de la que las ambas eran copropietarias. Incluso llegaron a demandar al autor de un libro para emprendedores en cuyo título se mencionaba la palabra.

El saudí Naif al-Mutawa, editor formado en Nueva York y amante de las historias de superhéroes, tenía claro que serían un éxito en el mundo árabe, pese a su marcado sello estadounidense. En 2005, cuando trabajaba para la editorial de libros infantiles para el mundo árabe Teshkeel en Kuwait , firmó con Marvel el primer acuerdo para publicar -traducidas al árabe- las aventuras de los X-Men, Spiderman o los Cuatro Fantásticos en todo el Golfo Pérsico y Norte de África. Como reconocía el presidente de Marvel International, Bruno Maglione, «este es uno de los mercados que está creciendo más rápido y un paso clave en nuestra expansión a otras regiones». «Los superhéroes de Marvel proporcionan modelos positivos para los niños en todo el mundo, y es muy gratificante poder llevarlos a un público árabe», afirmaba Mutawa entonces.

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Los primeros superhéroes musulmanes: `the 99´

La estigmatización de lo musulmán como integrista o violento que trajo el 11-S le llevó a pensar que un grupo de superhéroes islámicos sería una buena idea. Nacieron así los 99, 50 mujeres y 49 hombres que representan cada una de las virtudes de Allâh en el Corán. «Generosidad, misericordia, sabiduría…valores a los que nadie se opondría, ni siquiera un ateo», explicaba en una charla TED. «Porque quienes usan la religión para fines malvados, se convierten en malas personas con malos mensajes», añadía.

Con la esperanza de «arreglar el Islam desde dentro»,centrándose en los «aspectos positivos de la religión e inculcando una versión pacífica, tolerante y multicultural con el resto del mundo», al-Mutawa creó este cómic con la estética pop estadounidense y los valores islámicos como marco de referencia.

Publicado primero en Kuwait en 2006 -tras la aprobación del Ministro de Información- y luego en EE.UU., la historia comienza en 1258 cuando Hulagu Khan, nieto de Gengis Khan, saquea Bagdad. El califa y sus bibliotecarios transfieren todo el conocimiento acumulado en sus libros a 99 gemas, transportadas a Granada. La Reconquista de la ciudad andaluza hace que las piedras se esparzan por todo el mundo. Aquel que encuentre una gema adquiere poderes extraordinarios, vinculados a las 99 cualidades positivas de Allâh. En el cómic -que nunca se llegó a publicar en España- hay combates e intrigas, personajes femeninos, con y sin hijab, pero nadie se pronuncia respecto al conflicto palestino-israelí o a las teocracias de la zona.

«Yihad cultural» para los conservadores en EEUU y «herejía» para los islamistas radicales.

Mutawa intentó llevar al público estadounidense esta historia mediante una serie de televisión para la CNN. Pese a que Obama calificó su iniciativa como «respuesta más innovadora en el diálogo entre Estados Unidos y el mundo árabe», la oposición de grupos conservadores, lo impidió. La periodista Pamela Geller -autora del libro Stop de Islamization of America, a Guide to Resistance-tildó la iniciativa de «una forma particularmente insidiosa de yihad cultural cuyo objetivo son nuestros hijos; una basura para hacer proselitismo». Aunque tampoco lo consiguió, Francia era el siguiente punto de interés para Mutawa.

Pese a que sus superhéroes han inspirado el primer parque temático de esta naturaleza en Oriente Medio y unido sus fuerzas a la Liga de La justicia, en el otro extremo tampoco le han ido bien las cosas al editor de los 99. En 2015 se enfrentó a un juicio por herejía en Kuwait a consecuencia de una durísima campaña en Twitter. Además, ha sido amenazado de muerte por Daesh, según denuncia la Red Internacional de Derechos de los Dibujantes de Cómics, organización que defiende la «libertad de expresión de los dibujantes de viñetas políticas».

La paradójica relación entre cultura pop y países del Golfo no se limita al caso de Naif al-Mutawa. Dubai, la capital de los Emiratos Árabes Unidos, acoge en los últimos años la Middle East Comic-Con. Emulando al popular evento de San Diego, esta cita anual se consolida en la región, y la edición de 2016 contó incluso con la presencia por videoconferencia de Stan Lee. Tratando de atraer un turismo diferente y oportunidades de negocio, los Emiratos Árabes Unidos se presentan como un oasis de tolerancia comparados con la vecina Arabia Saudí. Aunque bajo esta fachada de modernidad y apertura esconden un lado oscuro de abusos políticos y restricciones a la libertad de expresión, como denuncian Ahmed Mansoor, activista de la Primavera Árabe y ganador del premio Martin Ennals de Defensores de Los Derechos Humanos,  Amnistía Internacional  y Human Rights Watch.

Con información de Bez

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Rivera Núñez,varias generaciones de calígrafos

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La caligrafía es el arte de escribir con bellos rasgos, denotando en la escritura la personalidad, carácter y talento del que escribe. En mi familia paterna, conozco a partir de mi abuelo Fernando Rivera esta aptitud para la caligrafía, heredada a mi padre y mi hermano. En mi familia materna, está mi madre.

Me exigí conocer estos documentos para dejar constancia a futuras generaciones desde donde viene esta vena caligráfica. Como toda empresa fue difícil sacar de aquellos libros antiguos y ya con polilla las páginas deseadas. Mi tío Carlos, hermano de mi padre, colaboró conmigo y pude obtener tan deseado documento de mi abuelo Fernando.

Mi padre me facilitó el de mi madre, lo tomó de un cuaderno de planes de cuando ella  ejercía su carrera docente. Los rasgos de mi abuelo han quedado plasmados en las cartas de venta u otros documentos que se le encargaban en la alcaldía municipal de mi pueblo, la preciosa letra de ambos debió fascinar a más de alguna autoridad de la época así como lo sigue haciendo ahora con nosotros sus descendientes.

Una definición contemporánea de la práctica de la caligrafía es “el arte de dar forma a los signos de una manera expresiva, armoniosa y elegante” (Mediavilla 1996). La historia de la escritura es una historia de evoluciones estéticas enmarcadas por las habilidades técnicas, velocidad y limitaciones materiales de las diferentes personas, épocas y lugares. (Diringer 1968: 441).

La Caligrafía abarca desde creaciones completamente utilitarias hasta magníficas obras de arte donde la expresión abstracta puede (o no) sobreponerse en importancia a la legibilidad de las letras (Mediavilla 1996). La caligrafía clásica difiere de la tipografía y de la escritura manual no clásica, aunque un calígrafo puede ser capaz de crear todas ellas.

Mi padre es un ejemplo de ello, y es quizás el único en mi pueblo que aún llena diplomas con tinta china, en letra gótica  de forma manual y artística. Sus canutos y plumillas, siguen en vigencia y cada año parecen retomar nuevos brillos en sus manos. Él mismo cuenta que en sexto grado su profesor lo descubrió y le pidió que llenase él mismo su diploma de sexto grado.

Mi madre me contaba que cuando se graduó de profesora, envió una carta para solicitar un puesto en San Pedro Sula y fue su letra la que le dio el pase a ocupar tan ansiado puesto de trabajo en esa importante ciudad de Honduras.

Mi hermano Ovidio, es un abogado que persiste en mantener el cuidado de los rasgos de la letra, sus documentos parecen escritos a máquina, perfectos. Es un verdadero deleite leerlos y apreciarlos en su verdadera dimensión.

La tradición afirma que los caracteres chinos, la forma más antigua conocida de escritura de los existentes hoy en día, fueron inventados por Cang Jie  (hacia 2650 A. C.).

La cultura china concede una gran importancia a la caligrafía. Ésta se fundamenta en la belleza visual de los ideogramas, la técnica de su realización y los preceptos metafísicos de la cultura tradicional china.

La caligrafía occidental se desarrolla mucho más tarde y de forma totalmente independiente. Su origen es el alfabeto latino, con el que en la Edad Media escribían los monjes copistas sobre pergaminos.

Aproximadamente en la misma época la cultura islámica desarrolla su propia caligrafía, basada en el alfabeto árabe, y debido a la prohibición religiosa de representar seres vivos, la convierte en un arte decorativo de amplio uso en la arquitectura.

El bolígrafo primero, y posteriormente las máquinas de escribir y los ordenadores han supuesto la desaparición de la caligrafía de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, es hoy un arte muy vivo, una forma de expresión artística que une la escritura con otras artes plásticas como el dibujo y la pintura y que da lugar a obras de gran belleza plástica, en las que constantemente buscan inspiración los creadores de nuevas tipografías.

La caligrafía está presente a nuestro alrededor en la publicidad, los logotipos de compañías y las etiquetas de muchos productos.

Es un verdadero banquete para nuestra vista, y para los que amamos las letras disfrutar de una forma de escritura que está ligada al talento, al cuidado, al arte a mano. Aún quedan calígrafos, y yo estoy feliz porque varios pertenecen a mi familia.

Por Perla Rivera Núñez (Poeta hondureña)
Con información de Diario Latino

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Las ruinas de Homs inspiran a artistas sirios

Jud Said rodó "Llueve en Homs" en verano de 2014
Jud Said rodó «Llueve en Homs» en verano de 2014

Las adversidades que ha tenido que soportar la ciudad vieja de Homs, desfigurada por bombardeos y combates entre ejército y rebeldes a lo largo de 20 meses, persiguen a los artistas sirios.

En medio de las ruinas, Jud Said rodó «Llueve en Homs» en verano de 2014, tres meses después de la retirada de los insurgentes de este enclave que tanto habían defendido.

«Al principio, se trataba de una obra cerrada entre un hombre y una mujer que se encuentran en un edificio asediado, en frente de una iglesia donde vive encerrado un sacerdote. Pero cuando los rebeldes se fueron de la ciudad, cambié el guión y decidí rodar en el lugar», explica este director de 35 años.

La oposición al régimen de Bashar al Asad llamó a la ciudad de Homs «la capital de la revolución» porque se convirtió en su epicentro en marzo de 2011.

Cuando la revuelta se militarizó, el ejército consiguió retomarla excepto la parte vieja, que quedó en manos de los rebeldes de diciembre de 2012 hasta mayo de 2014.

La película relata los últimos tres meses de asedio a través de la historia de una mujer y de su hermana pequeña. Aprovechan la primera evacuación de civiles en febrero de 2014 para entrar en la ciudad y buscar a su hermano desaparecido. Las dos hermanas sobrevivirán gracias a la ayuda de un cura, que será asesinado.

«Las ruinas son uno de los personajes de la película porque muestran de lo que es capaz el ser humano en cuanto a destrucción y masacres : no sólo de otros seres humanos sino también de nuestra cultura, de nuestro patrimonio», explica Said, laureado con el premio a la mejor película árabe en el festival de El Cairo 2015 por «Esperando el otoño».

Durante 100 días, el equipo vivió en medio de las ruinas de este barrio sin alma.

«Estas ruinas cuentan la memoria de sus habitantes. Con los balcones, las ventanas y las cortinas, todavía se siente la presencia de la gente, hoy desaparecida. No sabemos qué ha sido de ellos: refugiados, quizás muertos», añade el director, que estudió en la escuela francesa de cine Louis Lumière.

Al comentarle que es el ejército el responsable de la mayoría de las destrucciones, responde: «Nosotros, los sirios, somos todos culpables, responsables de nuestras propias desgracias. Poco importa quién ha hecho qué, dónde o cómo. Somos nosotros los que tenemos que encontrar los medios para curar nuestras heridas, del alma y de las piedras».

Traumatizada por todo lo que ha sufrido la ciudad, Yara Issa se expresa a través de la pintura. «Todos mis cuadros están inspirados en la guerra. Gente muerta, explosiones, obuses… utilizo colores fríos que sugieren tristeza», dice esta artista de 26 años.

Yara Issa
Yara Issa

Originaria de Bab Sebaa, un barrio de la ciudad vieja, tuvo que exiliarse a Damasco tras la destrucción de su casa y de «todos los lugares» donde acostumbraba  ir.

El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra, como fachadas acribilladas por balas, edificios derrumbados o apartamentos ennegrecidos por las bombas incendiarias.

«Ya hice tres bodas en estos decorados. Cuando le propuse a una pareja fotografiarse aquí por primera vez, se sorprendió. Al explicar que quiero mostrar que el amor existe a pesar de las ruinas, algunos aceptan, otros no», cuenta el artista.

Ferviente partidario del régimen, este fotógrafo de 22 años acusa a los «terroristas» de toda la destrucción y dice que el ejército cumplió con su deber al tomar el barrio a la fuerza.

Ahora inmortaliza la boda de Hasan Yusef, un oficial de 27 años, con Rana, de 18 años. «He aceptado ser fotografiada en este sitio devastado porque, más tarde, enseñaré la imagen a mis hijos y les diré que, pese a esta tristeza, la vida continúa», explica la novia.

El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra
El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra

Con información de Telemetro

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Exposición Gibran El Profeta – Museo Soumaya, Mérida

Irving Berlín, director de Cultura, agradeció la confianza del Museo Soumaya al permitir su colección sea mostrada en esta capital ©JMRM
Irving Berlín, director de Cultura, agradeció la confianza del Museo Soumaya al permitir su colección sea mostrada en esta capital.A su izquierda,Don Alfredo Jalife-Rahme ©JMRM

La noche de este sábado fue inaugurada en el Centro Cultural Olimpo, en el marco del Mérida Fest 2016, la exposición Gibrán, El Profeta, conformada por las obras y pertenencias personales del destacado artista libanés Gibrán Khalil Gibrán.

Alfonso Miranda Márquez, director del Museo Soumaya, declaró durante la inauguración que ésta es la primera vez que las obras de Gibrán abandonan la capital del país y son presentadas en otra sede desde su adquisición.

Durante su intervención, destacó la necesidad de abrogar el centralismo que tanto daño ha hecho en la realidad nacional y resaltó la posición de Mérida como una de las ciudades culturales del país.

La curadora Dania Escalona explicó que la muestra ilustra los distintos exilios de Gibran a lo largo de su vida ©JMRM
La curadora Dania Escalona explicó que la muestra ilustra los distintos exilios de Gibran a lo largo de su vida ©JMRM

«Esfuerzos como éste son de confianza con instituciones sólidas», dijo, reiterando su confianza en la ciudad de Mérida y la tradición cultural de la Península.

«En tiempos francamente de crisis, para ver la realidad medio oriental en un mundo occidental, estos esfuerzos conjuntos sin duda no solamente son vigentes, no solamente valen la pena. Son obligación, son puntos de partida y coordenada para entender la realidad mucho más allá de intereses particulares y mucho más allá de un mundo en guerra… Gibrán nos deja palabras no solamente de esperanza sino también de paz, de hermandad, de respeto y de puentes de comunicación entre realidades que si bien son distintas, también tienen esencias compartidas», dijo.

Mencionó que en 1932 Gibran escribió en una carta a Mary Haskell, su musa y mecenas, que su sueño era que ojalá en algún momento, en alguna gran ciudad, su obra pudiera compartirse y quizá el público la pudiera amar.

«Hoy el sueño de Gibran se hace plausible en Mérida, una latitud tan cercana a toda esta tradición libanesa que rompe y fractura el centro libanés para hablar de exilios, para hablar de identidad y para hablar de universalidad», expresó.

Miranda, presente en representación del Ing. Carlos Slim Helú y la Lic. Soumaya Slim de Romero, destacó que la exhibición incluye un manuscrito inédito del autor.

«Para Fundación Carlos Slim, para Museo Soumaya, estar de nuevo en Mérida es un compromiso para hablar de estos valores trascendentes y universales», agregó Miranda, elogiando la labor del equipo de trabajo del Centro Cultural Olimpo al igual que la suma de voluntades y esfuerzos que han hecho posible la llegada a Mérida de esta exposición al igual que a los equipos del Museo Soumaya, a la curadora de la exposición Dania Escalona Ruiz, al Mtro. Clemente Dávila, museógrafo de la misma y a Romina Muguira, del equipo de comunicación educativa, y demás integrantes del equipo.

El recorrido preinaugural estuvo a cargo de Alfonso Miranda y Dania Escalona ©JMRM
El recorrido preinaugural estuvo a cargo de Alfonso Miranda y Dania Escalona ©JMRM

«No es un artista que hable del pasado», dijo en el recorrido pre inaugural para los medios de comunicación, durante la mañana, destacando las lecciones de vida permanentes impartidas por el poeta, quien habló del pulso y gran sentido del hombre en todas sus pasiones.

Miranda señaló que las pinturas del artista no llevan título ya que Gibran se consideraba a sí mismo mejor pintor que escritor.

El Dr. Irving Berlín Villafaña, director de Cultura del Ayuntamiento de Mérida, reiteró su agradecimiento al Museo Soumaya y a su director.

«Ya nos une una relación por lo menos de dos años y que ha tenido un fruto maravilloso que hemos compartido con los ciudadanos una y otra vez», dijo, recordando la exposición El Cuerpo, presentada el año pasado en el marco del Mérida Fest 2015.

«Este bagaje multicultural que tiene la ciudad es una herencia que debemos mantener, ciertamente, porque hablar la lengua maya es un motivo de orgullo, hablar el español es resultado de la historia y hablar otras lenguas como el chino, el coreano y el árabe nos nutre de sensibilidades diferentes, de pueblos diferentes», expresó el funcionario

«Hoy en día, como decía el maestro Adonis, tal vez lo más importante entre las culturas no es preguntar sobre en qué nos parecemos sino que tal vez sea mejor preguntar en qué somos diferentes, reconocer, apreciar y respetar la diferencia», añadió.

El poeta "Adonis" resaltó la importancia de Gibran en la historia de la cultura libanesa ©JMRM
El poeta «Adonis» resaltó la importancia de Gibran en la historia de la cultura libanesa ©JMRM

El poeta sirio-libanés Ali Ahmad Said Esber, «Adonis«, describió a Gibran como una de las personas que no son hechas por la historia, como la mayoría, porque «hay otras (personas) que crean la historia. Podemos decir en esta perspectiva que Gibran hizo y sigue haciendo la historia de la cultura libanesa en particular y la historia de la cultura árabe en general. La historia en un sentido vertical y no horizontal».

Remarcó que Gibran, primero que todo, es uno pero también es múltiple y plural. Poeta, pintor, novelista y ensayista.

«Es un creador perfecto», dijo, describiéndolo como un símbolo de la liberación y la creatividad.

En representación del alcalde Mauricio Vila Dosal, la secretaria de la Comuna, María Fritz Sierra, agradeció al Museo Soumaya la confianza depositada en Mérida, inaugurando oficialmente la exposición.

También asistieron a la inauguración Roberto Abraham Mafud, Presidente de Cultura Yucatán A.C.; Alfredo Jalife Rahme, académico de la UNAM; Valerie Amador Hurtado, Subdirectora de Innovación Cultural en la Dirección de Cultura; Janette Becil Dájer, Presidenta del Comité de Damas del Club Libanés de Mérida y Marion Lecardonnel Baudet, Directora de la Alianza Francesa de Mérida.

La exposición, que estará en Mérida hasta el 17 de abril, está conformada por 60 piezas e incluye 30 óleos, manuscritos, cartas y objetos personales del artista e ilustra los diferentes exilios a lo largo de su vida.

Tras el fallecimiento de Gibran, en 1931, su colección más completa quedó bajo el resguardo de su hermana Mariana, en Nueva York. A su muerte, fue heredada por Khalil Gibran, sobrino y ahijado del poeta, quien completó el fondo y en 2007 lo ofreció a la Fundación Carlos Slim, misma que lo conserva, investiga y difunde en la actualidad.

Según señaló el personal del Olimpo, la exposición estará abierta al público de martes a sábado de las 10 hasta las 19:45 horas y los domingos desde las 10 hasta las 3 de la tarde.

Los visitantes también podrán disfrutar, en la sala 2, la exposición fotográfica «Instrucciones para cruzar una calle» de Humberto Chávez y, en la 1, una de escultura en piedra y en madera producida por artesanos mayas con la guía de artistas de vanguardia de la ciudad.

Durante la mañana, Irving Berlín destacó que cerca de 75 mil personas han disfrutado las cerca de 130 actividades del Mérida Fest, organizado por la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida con motivo del 474 aniversario de la fundación de esta ciudad, cuya oferta durante la última semana destacó a la cultura del Medio Oriente, al igual que las migraciones que han marcado a Yucatán.

El funcionario municipal agradeció la confianza del Museo Soumaya, destacando su vocación didáctica manifiesta a lo largo del país.

Con información de Libertad de Expresión Yucatán

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La importancia de llamarse Picasso

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Cuentan que al nacer le dieron por muerto. Que la comadrona lo abandonó encima de una mesa, para atender a su madre, derrengada por un parto puñetero. Fue entonces cuando Salvador Ruíz, su tío, y también médico, se inclinó sobre él y exhaló el humo de un puro sobre su cara. El recién nacido bramó de furia. Había nacido un genio.

Le bautizaron como Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Mártir Patricio Clito Ruíz y Picasso. Pero al artista malagueño le bastó sólo un nombre para revolucionar y transformar el arte del siglo XX, además de convertirse en el más proteico, y el más poderoso, de los artistas de la primera mitad del siglo XX. Suprimera palabra fue piz, por lápiz. Torpe para la lectura y también para la escritura, era completamente incapaz para la aritmética. El siete no era más que una nariz boca abajo, el tres tumbado unas cejas. Los números no eran conceptos sino formas, para este niño que ya tan temprano se sentía pintor.

Fue su padre, un mal pintor de palomas, quien le inculcó y enseñó el oficio, esa técnica impecable con la que construía y deconstruía formas a su antojo. Años más tarde, cuando las palomas se habían convertido en una de sus señas de identidad y era tan famoso como una estrella de cine, confesaría que las pintaba en agradecimiento a su predecesor. Su vocación por la pintura quedó definida a los 13 años, en el trágico episodio de la muerte de su hermana, Conchita. Enferma de difteria, Picasso ofreció a Dios renunciar a su talento como pintor a cambio de que la mantuviera con vida. Pero el impulso pudo más que la promesa y Pablo Ruiz volvió a pintar. Días después la niña murió. La culpa le acompañó durante mucho tiempo, de ahí que su vida y su obra quedaran, de alguna forma, asociadas para siempre al sacrificio de alguna mujer, y a su ambivalencia hacia todo lo que amaba.

Interpretó la muerte de su hermana como una llamada inapelable del más allá para ser pintor. La superstición, siempre presente en su vida, le convenció de su poder para metamorfosear las formas, de su capacidad de crear, de dar vida al mundo inanimado. Para Picasso, el acto de la creación siempre tuvo un componente de magia y él se erigió en hechicero. Superstición, muerte, sexo y magia fueron los pilares de su obra. “Yo soy Dios, yo soy Dios”, le escuchó decir uno de sus amigos en Barcelona. “Dios tiene un estilo, creó la guitarra, el arlequín, el perro salchicha, el gato, la lechuza, la paloma… Creó lo que aun no existía, igual que hago yo”, le dijo el malagueño a André Malraux. Era un iconoclasta que amaba la tradición. La vulgarizaba al tiempo que la purificaba para hacerla más humana. Presumía de ateo pero era más católico que el Papa, le aseguró Jacqueline Roque, su última mujer, a John Richardson, amigo y biógrafo del artista, quien considera que “la búsqueda del fuego sagrado fue la raíz de sus grandes obras” .

Decía Gertrude Stein que la pintura del siglo XIX se hizo en Francia por franceses, y que la pintura del siglo XX también se hizo en Francia, pero gracias a los españoles. Si bien la afirmación no deja de ser una prueba más de la admiración sin límites que despierta Pablo Picasso, la exposición que se acaba de inaugurar en el Museo Thyssen, Picasso y el cubismo, da fe de la gran relevancia que tuvieron los españoles en el desarrollo del movimiento cubista. Esta pequeña muestra, que pertenece a la colección gallega de arte Abanca y que se podrá visitar, de forma gratuita, hasta el día 13 de diciembre, reúne obras del célebre artista junto a la de sus paisanos cubistas, por aquel entonces asentados en París. Aquellos, también grandes artistas, que decidieron seguir la senda que el maestro malagueño había iniciado y que consiguieron enriquecerla. Tuvieron la suerte de haber compartido escenario, íntimo y profesional, con el mítico andaluz, pero también padecieron la fuerte intensidad de su sombra. De esta suerte, Juan Gris llevó el cubismo hasta sus últimas consecuencias con su rigor, la santanderina María Blanchard  lo humanizó con su dominio del color, el escultor Julio González sentó las bases de un nuevo lenguaje escultórico utilizando de la forja de metal y Manuel Ángeles Ortiz se convirtió en uno de los primeros españoles en interesarse por la abstracción óptica y geométrica derivada del cubismo. También están expuestas las obras de los franceses Georges Braque, artífice del nacimiento del cubismo junto al genio español y siempre injustamente palidecido por la fama de este; Jean Metzinger, unos de los teóricos más activos del movimiento, y Fernand Léger que pretendió reinventar el cubismo sin Picasso.

El cubismo tuvo su laboratorio en uno de los inhóspitos y destartalados estudios de la rue Ravignan, en Montmartre, a quien el poeta Max Jacob bautizó como el Bateau Lavoir, por su similitud con los barcos lavaderos amarrados en el Sena. La oscura decrepitud del edificio era inversamente proporcional a la brillantez y el ingenio de sus habitantes y visitantes; pintores, escritores, poetas, anarquistas y matemáticos. Allí vivieron Picasso, Modigliani, Juan Gris, Kees Van Dongen, Brancusi, Max Jacob y André Salmon, entre otros.

Picasso llegó a París por primera vez en 1900, pero no fue hasta 1904 cuando se instaló de forma permanente en Montmartre. Fue en el invierno de 1907 cuando después de intensos y angustiosos meses de trabajo dio por finalizada su primera gran obra, cuyo nombre original fue El Burdel de Avinyó, por un prostíbulo de una calle de Barcelona, hasta que André Salmon se lo cambió. Estas cinco inquietantes prostitutas, de mirada inquisidora, hechas de rasgos negroides y contornos trabajados a hachazos, que expresan como ninguna obra lo había hecho antes, ni lo hizo después, la ansiedad sexual, estaban destinadas a convertirse en un símbolo de la modernidad. La obra acababa con una forma de pintar vigente durante quinientos años, cuestionaba la conquista renacentista en la que se había apuntalado la historia el arte, la perspectiva. El efecto que produjo el cuadro, tanto por su fealdad como por su intensidad, fue tal que Picasso no se atrevió a mostrarlo en público hasta 9 años más tarde. «Picasso ha estado bebiendo trementina y escupiendo fuego», dijo Braque después de ver la obra.

En Las señoritas de Avignon está la simiente de lo que poco más tarde llegaría ser el cubismo. Se dice que fue una respuesta a la arcadia idílica y colorista de Matisse, el único pintor vivo a quien Picasso consideraba tanto un maestro como un rival. “El color debilita”, decía el español, “lo que importa es la forma”. También está presente la relación con la escultura africana, el arte ibérico, El Greco y Cezanne, influencias que compartían casi todos los componentes del grupo cubista y que él fue capaz de adaptar a su propio universo.

Sería muy injusto hablar de cubismo sin hablar de Georges Braque, a quien le debe tanto como a Picasso. Durante seis años fueron inseparables, llegado el momento en que era muy difícil identificar qué obra era del francés, en busca la belleza, y cuál del español, en busca de la expresividad. “El temperamento de Braque era límpido, preciso y burgués”, escribió el marchante y coleccionista Wilhelm Uhde, “el de Picasso, sombrío, excesivo y revolucionario”. Fue de la combinación de estos temperamentos tan distintos de donde brotaron las primeras obras cubistas. Juntos se atrevieron a cuestionar nuestra forma de observar la realidad, representando todos los puntos de vista posibles al mismo tiempo. “Abandonamos el color, la emoción, la sensación y todo cuanto había sido introducido en la pintura por los impresionistas, para buscar de nuevo una base arquitectónica en la composición, intentando a la vez hacer de ella un orden”, diría Picasso.

Parece ser que Picasso puso fin a su colaboración con Braque con la siguiente frase: “Braque es mi mujer”. Picasso seguiría su camino en solitario, siempre más cercano a los escritores que a los pintores. Recordaba Jacques Cocteau en una entrevista, que la primera vez que Picasso le llevó a visitar los estudios de sus amigos pintores del barrio de Montparnasse, pudo oír el ruido de cadenas: «Escondían los cuadros ya que uno podía averiguar cómo se pintaban los árboles otro las pipas o las cartas. Temían enseñar sus cuadros porque Picasso captaba rápidamente lo que veía y luego lo pintaba mejor que ellos». Fueron tiempos de gran camaradería pero también de grandes recelos. La venta de una obra suponía la subsistencia.

Su relación con los pintores cubistas españoles fue cordial a la vez que distante. Juan Gris, su vecino del Bateau Lavoir, nunca negó su admiración por el artista, compartieron los mismos marchantes, Kahnwailer y Leonce Rosenberg, pero la tendencia a teorizar del madrileño y el escrupuloso rigor de sus obras creaba una barrera infranqueable entre los dos artistas. Quizás fuera Gris quien introdujo a Picasso a la cántabra María Blanchard, y aunque su relación no ha sido aún documentada, se sabe que el pintor admiró el talento de esta mujer, quien despojada de cualquier connotación sexual, debido a su deformidad, logró que se la tomase en serio en un mundo dominado por los hombres. Más estrecha fue su relación con Julio González. Trabajaron juntos entre 1928 y 1931, paso fundamental tanto para la trayectoria escultórica de Picasso, como para la maduración artística de González. El también andaluz Manuel Ángeles Ortiz conoció al malagueño a través de Manuel de Falla, su relación se fundamentó tanto en la afinidad de su carácter como en su interés por el cante jondo.

“El cubismo no es una semilla ni un feto, sino un arte que está fundamentalmente relacionado con la forma, y, una vez que una forma ha sido creada, esta existirá por sí sola, viviendo su propia existencia.”, diría Picasso poco antes de abandonar el cubismo.

Nunca fue fiel a un solo estilo, quizás sea esta la característica que mejor le definió, como tampoco nunca fue fiel a una sola mujer, cada ruptura con cada una de sus parejas suponía un cambio en su pintura. Su capacidad de estar constantemente reinventando, destruyendo, recuperando, absorbiendo, creando en definitiva, su propio universo sin ningún otro objetivo que expresarse a sí mismo, fue su firma. Nadie como él consiguió estar tan pegado a la tradición y rechazarla tan fuertemente al mismo tiempo. Fue aquel artista en que ineludiblemente todos los artistas, a lo largo del siglo pasado buscaron una u otra referencia. Prácticamente todos los movimientos que lo integraron estuvieron influidos por él. “Yo no busco, encuentro”, decía, y así fue como encontró la eternidad.

Por Gloria Crespo Maclennan
Con información de :CTXT

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