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Las mejores fotografías del 2016

Refugiados sirios caminan por un campo con el arco iris de fondo en Idomeni (Grecia), el 7 de mayo de 2016 ©Petros Giannakouris AP

Las mejores fotografías del 2016

Con información de El País

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Una nueva morada para el faraón Tutankamón

Desembalaje en Egipto de la réplica de uno de los plafones de la tumba de Tutankamón, fabricados en Madrid por Factum Arte ©Alicia Guirao
Desembalaje en Egipto de la réplica de uno de los plafones de la tumba de Tutankamón, fabricados en Madrid por Factum Arte ©Alicia Guirao

El más popular de los faraones tiene en el Valle de los Reyes una segunda morada. Una réplica exacta de la tumba, fabricada en Madrid y que puede evitar los daños que el turismo masivo causa a la original. La operación suscita un debate ético: ¿se debe visitar un monumento patrimonio de la humanidad si con ello se le causa daños?.

El problema de replicar una tumba de 3.341 años de antigüedad es que hay que copiarle las arrugas. Porque tres milenios de silencio bajo tierra, únicamente interrumpido en los últimos 90 años por la entrada de los arqueólogos y los ansiosos turistas, conllevan algunos achaques. La pintura se cuartea, el relieve altera los acabados, los colores de apagan… Se trata de la cámara funeraria de Tutankamón, con toda seguridad, el más fascinante hallazgo de la historia de la arqueología, que cuenta ya, en el Valle de los Reyes, junto a Luxor, con una milimétrica copia abierta al público.

La operación de montaje de los plafones en la nueva cámara funeraria ©Alicia Guirao
La operación de montaje de los plafones en la nueva cámara funeraria ©Alicia Guirao

La nueva cámara está incrustada en las arenas del desierto, muy cerca de donde el arqueólogo Howard Carter localizó la original el 4 de noviembre de 1922. La copia ha sido fabricada por la empresa madrileña Factum Arte, en un proceso lleno de imaginación y ambición. La firma tiene sus talleres en un polígono industrial, a un golpe de metro del centro de la ciudad.

El taller de Factum Arte es una extraña mezcla entre Cinecittà y el British Museum, con piezas –siempre copias, pero de fidelidad extrema– por aquí y por allá, en ocasiones a medio elaborar, con manchurrones de tinta o pintura o partes que muestran graciosamente la verdad: poliuretano que todavía no ha sido tratado.

Una persona descansa delante de la réplica de la tumba de Tutankamón, que se encuentra en el Valle de los Reyes, junto a la que fue residencia del descubridor, Howard Carter ©Alicia Guirao
Una persona descansa delante de la réplica de la tumba de Tutankamón, que se encuentra en el Valle de los Reyes, junto a la que fue residencia del descubridor, Howard Carter ©Alicia Guirao

Por aquí, un especialista en cromatología está tratando de dar con el granate exacto para una copia de un retablo medieval; por allá, una impresora gigante de alta resolución expulsa de sus tripas una lámina con un Rubens sencillamente perfecto, y aún en aquel taller, una fresadora está creando para un artista la espiral de una libreta de dos metros. Porque Factum Arte viene a ser el artista del artista; su artesano, productor o bambalinas.

Esta misma nave contuvo meses atrás el calco de la cámara funeraria del mítico faraón, únicamente con el sarcófago, antes de su traslado a Egipto. Aquí fue creada y ensamblada, antes de empaquetarla y enviarla a El Cairo en avión.

Tras una minuciosa operación de escaneado de todos los detalles, Factum Arte ha reproducido la cámara funeraria en sus instalaciones en Madrid ©Alicia Guirao
Tras una minuciosa operación de escaneado de todos los detalles, Factum Arte ha reproducido la cámara funeraria en sus instalaciones en Madrid ©Alicia Guirao

Desde la primavera está abierta al público, junto a la que fue la casa de Howard Carter, a apenas un kilómetro de la original, en una lámina de desierto que fue excavada a pico y pala por varias docenas de obreros locales. La réplica está, como la original, sumergida en las brasas de arena.

Pero mejor ir a los detalles de la réplica. Aunque ya en 1988 la Sociedad de Amigos de las Tumbas Reales de Egipto, a través de su presidente, Theodor Abt, y el egiptólogo Erik Hornung, había comenzado a plantear la posibilidad de crear copias, el origen concreto del proyecto se remonta al año 2001, cuando Factum Arte crea un escáner que lleva nombre de faraón: Seti I.

Su tumba está muy deteriorada, y la compañía creada por Manuel Franquelo, un ingeniero malagueño de telecomunicaciones y artista hiperrealista, radicado en Madrid, y el británico Adam Lowe, también artista y acérrimo defensor de la tecnología para la preservación del patrimonio, propuso fabricar una réplica exacta mediante la tecnología disponible. Lo plantearon al gobierno egipcio, pero la idea se dejó en reposo. Hasta que en el 2008 –y con la intervención de la Unión Europea– se reactivó, pero cambiando de faraón.

Desde noviembre del 2007, la tumba del más famoso de todos, Tutankamón, está abierta al público. Alrededor de mil personas entran en ella cada día, con sus emanaciones de dióxido de carbono, su contaminación de humedad y el polvo que arrastran. Este se posa y no se puede quitar con un aspirador, pues en algunos puntos se merendaría la pintura, ni con un cepillo, por suave que sea, que le sacaría, literalmente, los colores. No son sólo esos agentes. Las propias restauraciones habidas desde 1922 pueden suponer un problema. Lo es, por ejemplo, el uso de palaroid, un tipo de resina termoplástica acrílica utilizada décadas atrás como agente de consolidación, y que tiene una característica que hoy se evita: es irreversible. No puede eliminarse sin causar graves daños a la superficie que protege. “Carecemos de las técnicas de conservación para permitir numerosos visitantes a la tumba original sin alterar su apariencia. Quizás eso algún día exista, pero ahora debemos actuar con precaución extrema y documentando lo que tenemos con gran cuidado”, anuncia Carlos Bayod, un arquitecto que ha intervenido en el proyecto.

Es aspecto final de la copia de la tumba es absolutamente idéntico a la original ©Alicia Guirao
Es aspecto final de la copia de la tumba es absolutamente idéntico a la original ©Alicia Guirao

Son cambios brutales respecto a los 3.000 años anteriores, en los que la morada del faraón ha estado en condiciones de sellado y sequedad extrema. La tumba se está deteriorando y está “mucho peor de lo que parecía”. Así que Factum Arte y el Consejo Superior de Antigüedades (CSA) de Egipto –uno de los organismos más poderosos del país, por su suministro de divisas y control de la principal industria egipcia, dirigido entonces por el célebre arqueólogo Zahi Hawass– rescataron la idea. “No había más remedio que intervenir. La tumba está en un estado crítico de conservación. En algunas porciones de la pared la pintura está desprendida, hay una capa de aire y se aguanta gracias a la rigidez de la pintura”, detalla Bayod.

El proceso abordado por Factum Arte es complejísimo, aunque le ha obligado a desarrollar (¡y abaratar!) nueva tecnología y, sobre todo, a plantear retos deontológicos a las industrias cultural y turística y al propio aficionado a las piedras: ¿debo seguir gozando de un patrimonio cultural con miles de años de antigüedad si mi presencia lo deteriora? El debate es mayúsculo, y más cuando la creación de réplicas no siempre conlleva la protección de las originales. Así está pasando en el Valle de los Reyes.

El Gobierno egipcio no puede permitirse el descenso del interés por visitar la zona que, en mayor o menor medida, implicaría el cierre de la tumba original de Tutankamón; cierre que, en realidad, fue anunciado en enero del 2011, pero que nunca se ha producido. Mientras se escriben estas líneas, ambos recintos permanecen abiertos, lo que permite desde luego un interesantísimo trabajo de comparación. Están a un kilómetro escaso de distancia. ¿Es igual de rica y emocionante la experiencia?

En abril del 2009, el CSA autorizó a Factum Arte, a través de la Universidad de Basilea (porque se exige que sea un centro académico el titular de los permisos), a recrear tres tumbas del Valle de los Reyes: Tutankamón, Seti I y Nefertari. Las dos últimas están cerradas a las visitas por su deteriorado estado de conservación. Una de las premisas de Factum Arte es que toda la información recogida sea puesta a disposición de la comunidad científica, de manera que los formatos de recopilación de datos han sido diseñados para la perdurabilidad y la facilidad de acceso y lectura.

Aquella primavera, los primeros equipos de Factum Arte entraron con sus materiales en los dominios de Tut. La tumba fue grabada en 3D y fotografiada en color con la mayor resolución jamás empleada. Todo ello, en la pequeña estancia con calor infernal que apenas deja un margen para trabajar de 126 centímetros entre el sarcófago y la pared.

En Madrid, un equipo dirigido por Franquelo había creado previamente un escáner, Lucida, pensado para las rugosas superficies en relieve de las tumbas egipcias. Si el reto se hubiera abordado a la primera, en el 2001, posiblemente el coste y la precariedad tecnológica lo habrían hecho inviable. Porque tanto el almacenamiento de datos (¿quién no tiene una memoria externa al PC con una capacidad impensable hace diez años?) como el manejo de los aparatos (una persona basta para manejar Lucida, que es ligera como Nefertiti) han vivido en los últimos años un descenso significativo de sus precios. Por añadidura, Lucida cabe en cualquier sitio, resiste todas las condiciones de trabajo y funciona con baterías.

Otra de las tareas en la morada de Tutankamón fue la toma de fotos. Los equipos montaron una suerte de andamios a una distancia siempre igual de la pared, que con una cámara Canon EOS5DII retrataron… 16.000 veces. Las imágenes ocupan miles de bites.

A partir de ahí, y ya en Madrid, la conservadora de la compañía, Naoko Fukumaru, fue la responsable de que el color de la réplica fuera idéntico al original. Es una tarea más compleja de lo que parece, dado que hay que considerar las condiciones de luz en el interior. Y aunque la tecnología está logrando cada vez más automatismos, la intervención humana es fundamental en esta parte del proceso. Porque no sólo es que haya que comprender cómo se pintó, con qué técnica y pincel, sino que los colores han sufrido las alteraciones del paso del tiempo. Interviene un equipo de ocho ojos, formado por Gregoire Dupond, Pedro Miró, Blanca Nieto y Alicia Guirao.

Entre tanto, en el Valle de los Reyes, decenas de hombres comenzaban a agujerear la tierra, a pico y pala y con máxima atención por si aparecía una estructura oculta, para crear una caja en la que insertar el facsímil. Pero estalló la revolución de la plaza Tahrir, que perjudicó al ritmo previsto para la instalación del acabado.

Bajo el control de Javier Barreno y Pedro Miró, los archivos informáticos que recogieron la información del relieve de la cámara fueron aplicados a una serie de capas de resina, silicona y fibra de vidrio para componer las nuevas paredes. Pero están en blanco. Otro equipo, mientras tanto, se encargó de crear con las fotografías cada una de las mismas secciones de la pared en una impresora plana de alta definición (también diseñada por Factum Arte), que permite imprimir en diferentes capas de color. Lo hace sobre gesso, una lámina elástica y resistente a la vez, capaz de adaptarse como una piel amorosa a la superficie rugosa de la pared de copia, en la que se han hecho coincidir con precisión micrométrica colores y relieves. Si bajo aquella pestaña hay un gránulo de roca, encajará.

Una vez aplicada la piel, al panel se le hace el vacío, para que ambas láminas queden completamente fijadas. Con todos los paneles creados se montó la copia.

En este caso, se hizo tres veces. La primera, en Madrid; la segunda, en el hotel Conrad de El Cairo, para un encuentro internacional entre la Unión Europea y Egipto. Se tuvo que hacer a toda prisa, en menos de una semana, y el ensamblaje concluyó a las 4 de la madrugada: la cita con las autoridades era a las 8. Pero se volvió a desmontar y se almacenó en la capital cairota; el estallido de Tahrir obligó a postergar el montaje en su sede definitiva, que no pudo rematarse hasta el 30 de abril de 2014.

Y allí quedará, para la eternidad, pero a salvo de humedades, calores y flashes.

Ahora, la compañía madrileña tiene permiso para abordar las tumbas de Seti I y Nefertari, pero carece por ahora de financiación. Su idea inicial es transferir la tecnología a Egipto y que todo el proceso, aunque tenga supervisión española, se ejecute al pie del desierto.

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«Veo cosas maravillosas»

Howard Carter (9 de mayo de 1874 – 2 de marzo de 1939)

Howard Carter es el autor de una de las más famosas frases de la historia de la cultura. “Veo cosas maravillosas”, acertó a decir cuando hubo abierto un hueco en la tumba de Tutankamón, el joven faraón fallecido en el año 1327 a.C. La tumba apenas había sido saqueada y contenía el más fabuloso tesoro arqueológico jamás hallado. Carter obtenía el 4 de noviembre de 1922 un premio a su perseverancia, después de insistir para continuar con la búsqueda de la tumba, pero el tesoro era de tal magnitud que hasta el 16 de febrero de 1923 no concluyó el inventario de los objetos de la antecámara. Había miles de objetos, como 46 arcos, 27 pares de guantes o 130 bastones. El conjunto, hoy en el museo de El Cairo, atrae cada año a miles de visitantes, y réplicas del fabuloso ajuar circulan con gran éxito por todo el mundo.

Mapamundi de Hereford
Mapamundi de Hereford

Otras réplicas con tecnología punta

EL MAPAMUNDI DE HEREFORD

Uno de los mapamundis más importantes de la humanidad. Escrito y pintado en una piel hacia el final del siglo XIII, es atribuido a Richard de Haldingham o Lafford. Mide 1,58 x 1,33 m y muestra un mundo con Jerusalén en el centro, con el jardín del Edén en el borde. Está ilustrado con figuras a todo color, con animales y plantas según la mitología bíblica. En enero del 2013, una invitación de la catedral de Hereford generó una copia en alta resolución del mapa, de manera que ahora el público puede contemplarla sin que se dañe el original.

LA SALA BOLONIA DEL VATICANO

Uno de los primeros trabajos relevantes de esta compañía fue la realización de una copia del mapa de Bolonia de la sala del mismo nombre de una estancia privada del Papa, vetada al público, en las dependencias vaticanas. Durante los trabajos de escaneado se descubrió que un paisaje adyacente al mapa estaba en pobres condiciones y se apostó por una restauración digital. Son pinturas ejecutadas bajo la dirección de Lorenzo Sabatini para el jubileo de Gregorio XIII en 1575. Con la copia se puede analizar y estudiar el original sin estropearlo.

LA HABITACIÓN DEL TRONO DE ASHURHASIRPAL II

Los fragmentos están dispersos entre Londres, Berlín, Dresde, Harvard y Princeton. Son paneles en relieve de leones con cabeza humana que fueron extraídos de Nimrud (Iraq) por Austen Henry Layard a mitad del siglo XIX y enviados a Londres en una operación arqueológica que entonces se consideró extraordinaria. En su mayoría están básicamente en el British Museum. Factum ha creado réplicas –algunas se pueden ver aún en sus talleres– de todas las piezas para reunirlas en la Biblioteca Ashurnasirpal en la Universidad de Mosul (Iraq).

LOS CAPITELES DE TUDELA

En enero del 2012, y a petición de la asociación de Amigos de la catedral de Tudela, un equipo de Factum Arte grabó completamente los capiteles de David y los músicos y una parte del capitel de la Virgen de la catedral de esa ciudad navarra. El resultado de la investigación señala que los capiteles se están desmenuzando en arena. La causa puede ser, en parte, labores de restauración que se hicieron en los años cincuenta.

Por Ignacio Orovio
Con información de Magazine digital

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Eduardo Falú, argentino de pulso sirio

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Uno de los más grandes músicos argentinos de todos los tiempos. Eduardo Yamil Falú nació un 7 de julio de 1923 en El Galpón, provincia de Salta. El Galpón es un pequeño pueblo, un antiguo lugar de carreteras hacia la provincia del Chaco, en el que Falú permaneció muy brevemente. Hijo de Juan Falú y Fada Falú, ambos sirios de igual apellido pero no parientes. Atraído por esa curiosa sinfonía, a los 11 años ya tenía entre sus manos una guitarra, propiedad de su hermano mayor, Alfredo. Alfredo tomaba clases con un profesor y Eduardo lo copiaba al pie de la letra, y así sacó sus primeros tonos. A los 14 años se muda de Metán a Salta donde la guitarra termina de conquistarlo para siempre. En Salta conoce a Arturo Dávalos y poco después a Jaime Dávalos, autor de innumerables poemas a los que Falú les pone música.

Se casa con doña Aída Nefer Fidélibus, a quien, cariñosamente, llama Nefer. La vida les da dos hijos: Eduardo y Juan José. Juan José, al igual que su padre, siente una gran afición por la guitarra y el canto.

De estatura sobresaliente, ojos verdes, tristones, inundados de esa nostalgia de árabe acriollado en una tierra que aprendió a amar, casi más que a sí mismo. De esa mirada que fluctuaba entre la interrogación y el asombro se desprendía la bondad y la mansedumbre, y tal vez un dejo de altivez sin desafío, que dejaba al descubierto un alma verdaderamente límpida, frontal y sincera.

Eduardo Falú fue un artista multifacético, aclamado internacionalmente, imposible de encasillar dentro de una sola idea. Guitarrista, cantante consumado y un distinguido compositor. La calidad de su barítona voz fue admirada y amada en el mundo entero.

La trayectoria artística de Eduardo Falú comienza en el ambiente familiar, más tarde se extiende a Buenos Aires para luego conquistar y apasionar a los públicos más disímiles: América, Europa, Rusia, y Japón. Como compositor, no sólo fue el creador de obras modernas folclóricas, sino también de obras clásicas.

En su música se advierte una marcada influencia de las melodías de su provincia natal. Salta tiene ritmos propios: el Carnavalito, el Bailecito, la Cueca y otros derivados de la combinación de la música india y las melodías españolas que acompañaron a los conquistadores. Eduardo Falú ha creado música para más de un centenar de poemas, no sólo de Jorge Luis Borges y Jaime Dávalos, sino también de León Benarós, Manuel Castilla y Alberico Mansilla, entre muchos otros. Hoy podemos decir que Don Eduardo, ese eterno amigo, se ha diluido misteriosamente para pasar a ser parte de todos los corazones que aman el Folclore. (Prof. José de Guardia de Ponté).

Eduardo Falú logró instalar su sello en el folklore argentino. Falleció el 9 de agosto de 2013 a los 90 años. Sus composiciones, la música magistralmente interpretada en la guitarra y su voz profunda lo distinguieron. Su trayectoria lo ubica en referente obligado de la cultura argentina.

Poco después de que Ernesto Sábato publicara su novela Sobre héroes y tumbas (1961) en la que rememora la tragedia final del general Juan Lavalle, unos amigos le sugirieron escribir un texto poético, una especie de oratorio. El encuentro con Eduardo Falú fue entonces providencial. Juntos dieron vida al Romance de la muerte de Juan Lavalle a mediados de la década del 60.

Su Suite Argentina para Guitarra, Cuerdas, Clavecín y Corno fue estrenada y grabada con la Camerata Bariloche, dirigida por Elías Khayat. Esta ciudad contó con su ilustre visita en numerosas oportunidades.

«Mi relación con la guitarra es muy armónica y afectuosa. En el medio siglo que dura, ella y yo aprendimos a tenernos paciencia. Presiento que es un vínculo que seguirá hasta que nos separe la muerte».

La frase inicial da paso a una descripción: desde los once años Eduardo Falú ciñe la cintura de ese sensual instrumento, mágica transmutación del cuerpo de mujer. La guitarra hizo crecer a Falú, es cierto, pero no lo es menos que su espíritu y talento le dieron en la Argentina su mayoría de edad y blasones de clasicismo.

Metro ochenta y pico de altura,  cuarenta y dos años vivió en Buenos Aires, a donde llegó con César Perdiguero y comunes sueños. Dos hijos, cerca de cincuenta discos grabados en la Argentina y en Europa, centenares de composiciones, miles de conciertos y kilómetros recorridos por todo el mundo, más de un millón de discos vendidos, obras en colaboración con Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, premios, un libro editado en España sobre él. Contabilizar la obra de Falú es aproximarse a la epidermis del fenómeno más universal que ha producido Salta. Esa cuantificación deja de lado, sin embargo, estimar esa madera especial de las que están hechos Falú y su guitarra.

«No, no quiero dejar la guitarra. A los sesenta años Segovia pensó dejarla, pero no pudo. Pienso seguir en esto mientras duren los dedos. Los médicos dicen que lo último que envejece son las manos».

Esas manos están ahí, gesticulando o juntas encima del escritorio. Son largas como el cuerpo, manchadas por el tiempo. El pelo escasea en la cabeza. Las uñas despuntan firmes y ellas, como la mano toda, parecen barnizadas, levemente brillantes.

“No les doy cuidados especiales. Soy descuidado más bien. Cambio las gomas del auto, hago cosas. Si rompo una uña, me embromé, no puedo tocar. Utilizo yema y uña. La cuerda pisa ahí y resbala por la uña: ese es el sonido más redondo porque el sonido de uña sola es muy flaco, y si fuera de yema sola, es muy débil; bonito pero débil. Los callos están durmiendo sobre las yemas. Sin ellos no podría tocar, Segovia los mimaba. Las manos tienen alma, guardan la memoria de años”.

A los once años rasgó por primera vez la guitarra. Le atraía tocarla y a escondidas de sus padres pulsaba la de su hermano Alfredo, quien en rigor de verdad introdujo la música en aquella casa de Metán. Alfredo anduvo luego por la abogacía y Eduardo fue el artista de una familia de cinco hermanos.

«Nací en «El Galpón» pero pronto mis padres nos llevaron a Metán, donde me crié y fui a la escuela».

Falú reconstruye las imágenes de pantalón corto con su hermano Ricardo yendo al río de aguas cantarinas que lamían las caprichosas formas de las piedras, esa lujuriosa vegetación, los cerros voluptuosos.

«Íbamos allá para que tomaran agua los caballos de mi tata. El viejo andaba siempre viajando por Anta, Joaquín V. González, comprando lazos, guardamontes, quesos, cueros de los criollos. Y vendía mercadería. Teníamos un almacén en Metán que olía a lonjas de cuero, a mercadería, a querosén».

La guitarra

No había lujos, decía. Quizá el único, era el paisaje y esa libertad de chicos que continuó a los 9 años en Salta. Allí fue el matrimonio sirio de los Falú.

«Entonces conozco la guitarra. En ese tiempo los peluqueros la tenían y tocaban entre corte y corte. Recuerdo a un señor Odilón Isidoro Rasguido -que luego tuvo mimbrería-; a Corvalán, que tocaba el mandolín; al maestro Díaz, que era pintor de brocha gorda. Y el Payo Solá, el Dúo Gauna-García, eran estrellas».

Guitarra procede directamente del árabe. ¿Alguna cuerda secreta de viejísimos ancestros  se habrá movido en Falú cuando abrazó ese instrumento? Misterio que va más lejos que la coincidencia de orígenes…

«Mi padre no quería que tocara. Por entonces ser músico era el mejor pasaporte para la farra y la vagancia». Falú fue discípulo de sí mismo. «Años después estudié un poco de armonía con Carlos Guastavino. Pero más que todo fue mi intuición la que me llevó a hacer lo que hice», refiere. Fue además su propio maestro. Leyó mucho sobre guitarrística española, a Sor, a Aguado, a Domingo Prats, «comencé a tejer lo popular con lo clásico, a dar otra dimensión a lo folclórico. Algunos dicen que hice un puente entre ambas cosas, esa fue la tarea de toda mi vida».

Su primera escuela estuvo en las «tenidas» de Salta donde circulaban gentes como «El Burro» Lamadrid, los Dávalos, Roberto Albeza, Perdiguero, Manuel Castilla. La casa de los Marrupe era número puesto. También la de César Pereyra Rosas en Tres Cerritos o «en lo Batiti. Era muy lindo. No había avidez de hacer negocios, predominaba el lirismo, la amistad. Nos juntábamos sin pensar que había que trabajar al día siguiente. Era un tiempo de músicos, de poetas».

Con Perdiguero («gran muchacho, ingenioso, con talento creador») escribieron «La tabacalera» alegato social no partidista; «nos levantamos contra las injusticias sociales», explica. Luego vino «Soñando con la cosecha», con Jaime Dávalos y más tarde «Sueño americano» y otras.

«No esperamos que sucediera lo de Malvinas para descubrir que la unidad latinoamericana era fundamental para nuestros pueblos».

No todo fueron protestas. El amor marcó la música y las letras de los temas de Falú.

Una de sus primeras guitarras fue una que mandó a comprar don Gualberto Barbieri en la Antigua Casa Núñez. Mozo aún, Falú propuso enseñar guitarra a los presos de la cárcel salteña que Barbieri dirigía.

«Me tocó enseñar en épocas de Santos Ramírez, que había puesto en jaque a la policía. Hombre duro, correntino y macanudo fuera de sus cosas, que actuaba a dúo con Doroteo Hernández. Allí tuve mi primera guitarra. Aún no había «luthiers» en Salta».

En 1945 llega a Buenos Aires. Gente de Radio El Mundo los había escuchado en Salta y le ofrecieron los micrófonos. Perdiguero se volvió pronto. Buenos Aires era un monstruo intimidante que sólo ofrecía un incierto futuro. Trabajó en «Sagaró», por donde pasaron los hermanos Ábalos, Ariel Ramírez, (Atahualpa) Yupanqui. El folclore recién estaba calando en el público que hasta entonces escuchaba tango, boleros, música extranjera.

En Salta había actuado antes con Lamadrid y con el maestro Lo Giudice en Radio LV 9 todos los días. La primera composición fue el trémolo «La fuga del Sol», de tipo incaico; el primer éxito llegó con «La artillera» y la primera grabación fue en un simple en 1950 con el sello T-K: «La vidala del nombrador» de un lado. Antes, “discos para Buenaventura Luna, con La tropilla de Guachipampa».

Falú comprendió que no bastaba estilizar la música. Tuvo oído para escuchar a los poetas. Con Perdiguero y Dávalos empezaron a transformar las viejas letras de un pintoresquismo ingenuo de color «fiestero» otorgándoles vuelo poético.

«No podía subestimarse a la gente. Pusimos poemas dentro de las canciones. Esas letras eran como cantos rodados, andaban de boca en boca, se prendían al recuerdo y el corazón del pueblo. Jaime se tomó algunas licencias poéticas bastante audaces para la época».

Luego, el mundo. La consagración en Buenos Aires, donde sus discos contabilizaban arriba de veinte mil ejemplares por edición, abrieron esa puerta: la Unión Soviética (1959), Estados Unidos, Europa. En el 63, en Japón, donde en cinco años ofrece más de doscientos recitales.

«Después querían que en seis meses diera otros doscientos. Llegué a los ochenta y quedé agotado».

No hay pueblo ni aldea japonesa donde su guitarra no haya tocado las fibras de los nipones. En 1964 en Estados Unidos lo ovacionaron de pie y la prensa de San Francisco destacó no recordar un suceso guitarrístico similar en sesenta años.

Habiendo actuado en los teatros más importantes del mundo, el Colón inclusive, opinaba que éste es más un símbolo de consagración para un concertista de guitarra; un escenario más apto para ópera y ballet.

«El micrófono y la guitarra no van juntos. Todo se desvirtúa si se pone sonido artificial, se prostituye, dice Segovia. En todo el mundo se prefiere el sonido natural».

Con Sábato, Romance de la muerte de Juan Lavalle

Predisponerse a escuchar la obra de Ernesto Sábato y Eduardo Falú anticipa el sentimiento que surge al acceder a una obra maestra. Palabras y música provienen de dos de los exponentes de la cultura argentina que ocupan lugares de privilegio entre los generadores del orgullo de un pueblo.

En una nota destinada a resaltar la contribución del autor de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador a la música popular; René Vargas Vera introduce al lector a pormenores de la creación del Romance de la muerte de Juan Lavalle

Si bien a don Ernesto Sábato se le conoce más como escritor que abandonó la carrera de Física o es admirado como lúcido ensayista o la mayoría de los lectores lo identifica con sus célebres novelas de tono existencialista y filosófico, mucho menos difundido es su rol en la música. Sobre todo en la popular. No por cierto como constructor de sonidos, sino como furtivo poeta.

Poco después de haber publicado su novela Sobre héroes y tumbas (1961), reseña Vargas Vera, unos amigos le sugirieron escribir un texto poético sobre este mismo tema, algo así como un oratorio. Sábato accedió. Y el azar, o mejor aún, la predestinación, quiso que Sábato se encontrara con el eminente compositor y guitarrista salteño Eduardo Falú, a quien le entregó su texto. Esto ocurrió hacia mediados de los años 60. Y les ocurrió algo similar a lo de Félix Luna con Ariel Ramírez cuando escribieron el maravilloso ciclo La Navidad Nuestra.

El disco editado en 1993 por el sello de Iván René Cosentino incluye el relato que el propio Sábato hiciera del proceso creativo. “En pocas y febriles jornadas de trabajo hicimos esto que ahora sale en una nueva edición». Le asistía, expresa el autor de la nota, una poderosa razón literaria-estética: «la perduración del Romancero castellano en el folklore vivo de nuestros pueblos».

Para el Romance de la muerte de Juan Lavalle Sábato escogió mantener la prosa épico-lírica del correspondiente fragmento de la novela, introduciendo las coplas del tipo aún viviente en el folklore de estos países.

«Algunas de esas coplas, como las que rememoran el fusilamiento de Dorrego, las tomé directamente; otras, la mayoría las compuse yo mismo, respetando el espíritu que las caracteriza. De este modo traté de insertar nuestro romance en la gran tradición, adecuándolo sin embargo a la sensibilidad de nuestro tiempo, evitando un lenguaje arqueológico, ya que sólo podemos emocionar mediante la lengua que vivimos”.

Más allá de las enormes satisfacciones que trajo aparejada la experiencia, Sábato rescataba la prueba de que era algo esencialmente legítimo: “prendió en el espíritu de las gentes”. Pero la empresa no hubiera alcanzado ese valor, concluía, “si no hubiera tenido la ventura de encontrar un artista de la sensibilidad, imaginación y virtuosismo de Eduardo Falú. Y una vez más, en esta definitiva versión -porque no tendrá ya otra posibilidad- le quiero expresar no sólo mi admiración, sino su infinita paciencia para soportarme en esta empresa».

Las reflexiones de Sábato encuentran continente a medida en la música del maestro Falú. Muerto ya Lavalle -luchador incansable por la Independencia, agobiado por el sentimiento de culpa que le producía el haber ordenado el fusilamiento de Manuel Dorrego y las luchas intestinas- es su alma la que habla. Elige a quien portará su corazón -conservado tras descarnar su cuerpo en un arroyo- porque es como dárselo a la tierra:

“… esta tierra regada con la sangre de tantos hombres como él. La tierra de esta Quebrada por la que hace ¡tanto tiempo! muchos hombres, como Aparicio Sosa, humildes y pobres, sin pedir nada, ¡sin recibir nada! ofrecieron su vida, únicamente por la libertad».

Referencias:El Tribuno de Salta , Bariloche Semanal,Red Salta,La Nación, SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y compositores de Música).

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Las ruinas de Homs inspiran a artistas sirios

Jud Said rodó "Llueve en Homs" en verano de 2014
Jud Said rodó «Llueve en Homs» en verano de 2014

Las adversidades que ha tenido que soportar la ciudad vieja de Homs, desfigurada por bombardeos y combates entre ejército y rebeldes a lo largo de 20 meses, persiguen a los artistas sirios.

En medio de las ruinas, Jud Said rodó «Llueve en Homs» en verano de 2014, tres meses después de la retirada de los insurgentes de este enclave que tanto habían defendido.

«Al principio, se trataba de una obra cerrada entre un hombre y una mujer que se encuentran en un edificio asediado, en frente de una iglesia donde vive encerrado un sacerdote. Pero cuando los rebeldes se fueron de la ciudad, cambié el guión y decidí rodar en el lugar», explica este director de 35 años.

La oposición al régimen de Bashar al Asad llamó a la ciudad de Homs «la capital de la revolución» porque se convirtió en su epicentro en marzo de 2011.

Cuando la revuelta se militarizó, el ejército consiguió retomarla excepto la parte vieja, que quedó en manos de los rebeldes de diciembre de 2012 hasta mayo de 2014.

La película relata los últimos tres meses de asedio a través de la historia de una mujer y de su hermana pequeña. Aprovechan la primera evacuación de civiles en febrero de 2014 para entrar en la ciudad y buscar a su hermano desaparecido. Las dos hermanas sobrevivirán gracias a la ayuda de un cura, que será asesinado.

«Las ruinas son uno de los personajes de la película porque muestran de lo que es capaz el ser humano en cuanto a destrucción y masacres : no sólo de otros seres humanos sino también de nuestra cultura, de nuestro patrimonio», explica Said, laureado con el premio a la mejor película árabe en el festival de El Cairo 2015 por «Esperando el otoño».

Durante 100 días, el equipo vivió en medio de las ruinas de este barrio sin alma.

«Estas ruinas cuentan la memoria de sus habitantes. Con los balcones, las ventanas y las cortinas, todavía se siente la presencia de la gente, hoy desaparecida. No sabemos qué ha sido de ellos: refugiados, quizás muertos», añade el director, que estudió en la escuela francesa de cine Louis Lumière.

Al comentarle que es el ejército el responsable de la mayoría de las destrucciones, responde: «Nosotros, los sirios, somos todos culpables, responsables de nuestras propias desgracias. Poco importa quién ha hecho qué, dónde o cómo. Somos nosotros los que tenemos que encontrar los medios para curar nuestras heridas, del alma y de las piedras».

Traumatizada por todo lo que ha sufrido la ciudad, Yara Issa se expresa a través de la pintura. «Todos mis cuadros están inspirados en la guerra. Gente muerta, explosiones, obuses… utilizo colores fríos que sugieren tristeza», dice esta artista de 26 años.

Yara Issa
Yara Issa

Originaria de Bab Sebaa, un barrio de la ciudad vieja, tuvo que exiliarse a Damasco tras la destrucción de su casa y de «todos los lugares» donde acostumbraba  ir.

El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra, como fachadas acribilladas por balas, edificios derrumbados o apartamentos ennegrecidos por las bombas incendiarias.

«Ya hice tres bodas en estos decorados. Cuando le propuse a una pareja fotografiarse aquí por primera vez, se sorprendió. Al explicar que quiero mostrar que el amor existe a pesar de las ruinas, algunos aceptan, otros no», cuenta el artista.

Ferviente partidario del régimen, este fotógrafo de 22 años acusa a los «terroristas» de toda la destrucción y dice que el ejército cumplió con su deber al tomar el barrio a la fuerza.

Ahora inmortaliza la boda de Hasan Yusef, un oficial de 27 años, con Rana, de 18 años. «He aceptado ser fotografiada en este sitio devastado porque, más tarde, enseñaré la imagen a mis hijos y les diré que, pese a esta tristeza, la vida continúa», explica la novia.

El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra
El fotógrafo Jaafar Merhi ha decidido inmortalizar a parejas de novios vestidos de fiesta en lugares destrozados por la guerra

Con información de Telemetro

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Tras la ruta de Cervantes

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Los molinos de Juan Manuel Navia

José Manuel Navia considera que Miguel de Cervantes, el personaje real, con frecuencia está “oculto tras la proyección de la figura quijotesca protagonista de su gran creación literaria”. Por ello, tomó sus cámaras fotográficas y, durante 2014 y 2015, recorrió el mismo periplo que el autor de El Quijote de la Mancha, por España, Italia, la bahía de Lepanto en Grecia, Portugal, Orán, Túnez y Argel.

“Yo lo que quería era mirar a Cervantes como un colega, recorrer lo que él hizo pero desde la época actual, con una mirada desde el ahora, y lo visualicé como un trabajo gráfico que nos permitiera narrar su vida fascinante”, dice Navia (Madrid, 1957) a Proceso.

“He querido fotografiar en los mismos escenarios donde Miguel de Cervantes (muchas veces eclipsado por su propia creación, don Quijote) gastó sus días y donde soñó muchos de sus personajes; caminos y lugares que abarcan buena parte de la península ibérica y parte del mundo mediterráneo.”

Lo explica en entrevista luego de recorrer una sala de la sede del Instituto Cervantes, en la calle Alcalá de Madrid, donde cuelga una exposición –desde el 16 de diciembre y hasta el 1 de mayo próximo– con sus fotografías a color de este periplo, muestra que coincide con los actos organizados para el 400 aniversario del fallecimiento de Cervantes.

La exposición se llama Miguel de Cervantes o el deseo de vivir, que viene acompañada con la publicación del libro del mismo nombre con 66 fotografías de la experiencia, editado con la colaboración de Acción Cultural Española, el Instituto Cervantes y Ediciones Anómalas.

Además de licenciado en filosofía, Navia es un reportero abocado más al trabajo documental y con la obsesión del poder que tiene la fotografía y su relación con la palabra, en especial con la literatura.

Al hablar de este trabajo y de su enfoque, trae a la conversación al escritor Vicente Leñero, subdirector fundador de Proceso, a quien conoció y con quien trabajó para una serie de reportajes sobre América.

“Yo trabajo mucho bajo el concepto de territorios literarios, me gusta mucho mirar sobre lo que escribieron otros, me parece más motivador como fotógrafo. Y por eso es que conocí a Vicente.

“Por mi vinculación muy cercana con la revista Semanal del diario El País, donde fui editor gráfico, en 1994 les propuse una serie de reportajes que se llamaron ‘Viaje al Sur’. Entonces fue que trabajé con Vicente Leñero, con Augusto Roa Bastos y con el italiano Antonio Tabucchi, materiales que se publicaron durante ese verano.

“A partir de mi trabajo fotográfico, Leñero hizo un extraordinario texto, una maravilla, sobre México, D.F., otro de Paraguay que escribió Roa Bastos y uno sobre Azores que hizo Tabucchi. Yo a los tres ya los había leído, pero con ese trabajo me di cuenta de cómo los dos territorios, el de la escritura y la fotografía, se complementan a la perfección. Para mí tuvo sentido porque me interesa el lenguaje por venir de la filosofía, pero me gusta la fotografía… la palabra y la imagen son hermanas.”

Bajo esta mística de trabajo, Navia inició en 2003 un encargo editorial para fotografiar el entorno en que vivió y se aventuró El Quijote, en España, cuando se cumplían 400 años de la publicación de la primera parte de la obra de Cervantes. El resultado fue el libro Territorios del Quijote, con 200 fotografías, que documentaron la interpretación de Navia en ese sentido.

“Fue un libro que me permitió viajar durante año y medio por España, por La Mancha, siguiendo la ruta de don Quijote, pero yo siempre miraba más que a La Mancha a Castilla la Vieja, la Castilla del Norte, como la conocemos aquí, porque como no conocemos exactamente el territorio escrito por Cervantes –imaginación pura–. Mi interpretación se correspondía más con Castilla la Vieja.”

Navia se implicó tanto en esta forma de trabajo y en interpretar desde la actualidad la obra de Cervantes, que en 2009 se fue con su familia a vivir a un pueblo manchego, y apoyado por las instituciones con las que ya había trabajado, buscó continuar su andadura.

No sólo hizo una segunda parte del primer libro, sino que empezó a pergeñar lo que sería la más reciente de sus obras documentales, que es cazar en imágenes el periplo del escritor Miguel de Cervantes.

“Le propuse este trabajo a las mismas instituciones y les pareció muy bien recorrer la vida de Cervantes pero desde la época actual, y como mi trabajo se circunscribe más en la fotografía de autor, eso me permitió convertirla en una narración en tiempo actual de una vida fascinante y basada en la mejor obra, que es la propia vida de Cervantes, el Cervantes de las llanuras, el de Italia, el de Lepanto, el Cervantes y los moriscos…”

Navia dice: “El reto era enfrentarme sin reservas, una vez más, a la difícil y apasionante relación que se establece entre imagen y palabra, por eso es un trabajo documental subjetivo, no es un trabajo documental al uso mostrando monumentos del siglo XVI o todas esas casas museo donde vivió o por donde pasó Cervantes”.

El tránsito de Navia por Alcalá de Henares, donde nace Cervantes, está registrado con una imagen de la obsesión por los títeres o en Córdova con una fachada salpicada por unas sombras representando la primera migración a esta ciudad andaluza, a donde su padre, cirujano, marcha. Registra la cotidianidad de las calles de Madrid, donde un joven Cervantes, aspirante a escritor, acude a los estudios del maestro Juan López de Hoyos, en la calle de la Villa, o retrata el bar La imaginación de Cervantes en la calle Leganitos, donde vivió la familia del escritor.

Una imagen cotidiana de la gente caminando por Nápoles es el pretexto de Navia para documentar que en 1569 Cervantes, ya al servicio del cardenal Acquaviva, “comprueba en sus carnes lo que luego pondrá en boca de Tomás Rodaja: yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear”. Un año después, se haría soldado.

El autor capta una imagen de las oscuras aguas de la bahía de Lepanto donde en 1571 el arcabucero Cervantes arriba en uno de los navíos de la Santa Liga para enfrentarse a la flota turca, batalla en la que es alcanzado por un proyectil que le deja inutilizada la mano, de donde surge el sobrenombre de Manco de Lepanto.

“La batalla fue en este punto tan sangrienta y horrible que se hubiera dicho que el mar y el fuego no eran sino uno”, rescata Navia en su libro.

Una sobrecogedora imagen humana con máscara en un antiguo callejón de Sicilia le permite recordar que el narrador, dramaturgo y poeta universal no pudo celebrar la victoria en la batalla de Lepanto, porque es conducido a esa ciudad del sur italiano donde tardó seis meses en recuperarse de la lesión. Tras ese tiempo, Cervantes se reincorpora e interviene en episodios bélicos para “recuperar el fuerte de La Goleta, en Túnez, donde por primera vez entra en contacto con el Magreb, el mundo morisco que siempre tendrá presente”.

Al repasar la fotografía en las calles de Argel de dos mujeres musulmanas vestidas con nigab negro y el contraste de una niña menor de edad con vestimenta occidental, Navia recuerda que el tema morisco no sólo estuvo siempre presente en la vida de Cervantes, sino que es un tema actual.

Es en esta ciudad donde Cervantes permaneció cinco años en cautiverio al ser hecho prisionero por unos piratas cuando viajaba en un galeón rumbo a las costas de Cataluña.

–¿Qué pasaba por su mente cuando recorrió estos territorios, sabiendo que Cervantes los recorrió?

–pregunta el reportero a Navia.

–Te pone los pelos de punta saber que ese recorrido fue parte del bagaje que le permitió crear ese mundo literario, pero también dije: Esto es una barbaridad… recordemos que es una época en la que se viaja en galeones a tres nudos, y en mula recorrías cuarenta o cincuenta kilómetros al día, era mucho. Y él va a Roma, cuando sale huyendo muy joven de España, ahí se alista como soldado, se va a Nápoles, y con menos de un año viaja a Lepanto, atraviesa todo el Mediterráneo, primero rodea el sur de Italia, sube a la isla de Corfú, pasan frente a Ítaca y de ahí al Golfo de Corinto, para llegar a Lepanto, donde es herido. Se recupera en Sicilia, participa en batallas en Túnez, es la primera ocasión que toma contacto con África, sin saber qué era lo que le esperaba.

“Luego vuelve a Grecia donde escenifica otra de sus hazañas no lejos de Lepanto, en Navarino, entonces tú imagínate, en eso pensaba. A sus treinta y siete años deja el ejército, cobra su paga y por su valentía en la batalla recibe unas cartas de recomendación para un puesto en la administración, pero antes de llegar a Cataluña, frente a las costas de Gerona, una galera de piratas berberiscos lo captura y lo hace prisionero en Argel, donde pasa cinco años en la cárcel, y gracias a la intervención de los religiosos trinitarios que se dedicaban al rescate de cautivos, es liberado.

“Pero yo pensaba durante el viaje que Cervantes debió ser un gran seductor, porque cómo logra que no lo maten cuando intentó escapar cinco veces de su cautiverio. Es una personalidad muy compleja, incluso hay estudiosos que han llegado a afirmar que era homosexual, nada es descabellado. De hecho no tuvo hijos dentro del matrimonio, de su hija se piensa que es de una relación que tuvo fuera de él o bien que era hija de su hermana, pues como antiguamente era común que si la hermana tenía un hijo, lo reconocía el hermano, para que el niño tuviera apellidos.

“Pero regresando a tu pregunta, está claro que yo no traté de hacer un trabajo científico, sino que esa personalidad de él me permitió incursionar más en un trabajo creativo, que me daba mi libertad.”

–Como un personaje eclipsado por su propia obra, como lo refiere, hay pasajes desconocidos de su vida, eso lo hace un personaje más atractivo, ¿no cree?

–Claro, por supuesto, hay muchos pasajes de su vida que son desconocidos. Pero, por otro lado, es un personaje coherente y juega con ese desconocimiento. Para mí, lo define el inicio del Quijote, cuando dice: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Lo que provoca con esa frase, porque todos los pueblos de La Mancha y todos los investigadores han estudiado eso por años, y él mismo da la clave al final, cuando dice “yo no he querido decir cuál es”, como hizo Homero, que nunca dijo donde nació, para que las siete ciudades de Grecia pudieran atribuirse la paternidad, pues aquí igual, cualquier pueblo de la Mancha puede atribuirse la paternidad. Él mismo está jugando con eso. O el hecho de inventarse como narrador homodiegético, al referir que él sólo escribe lo que escribió un autor árabe Cide Hamete Benengeli, que además es moro… eso es un recurso extraordinariamente bien logrado.

“Eso además, con la actual presencia cíclica del tema del islam, me hizo pensar en cómo Cervantes vive la expulsión de los moros de España, en 1610. A él le tocaron esos episodios y por eso está tan presente todo ello en su obra.”

Navia recordaba que Cervantes vio frustradas sus intenciones de “hacer las Américas”, el nuevo mundo al que siempre quiso viajar.

–¿Qué hubiera sido del Quijote si Cervantes logra viajar a América? –se le pregunta.

–Es una idea mía, y de muchos, que hubiera sido diferente. Cuando Cervantes va a Portugal, antes de ir nuevamente a Argelia, va a pedir que lo manden a América. En esa época ir a América era como ir a la tierra prometida y además él estaba en un punto en que quería romper con una vida, con 40 años que no había logrado encarrilar; en ese entonces la perspectiva de vida era muy corta. Pero no lo logró. Al final de su vida, volvió a pedir ser mandado a América, también sin éxito.

“Cervantes no fue un escritor en sus años de juventud, sino ya de avanzada edad. Sus primeras obras no son buenas, y logra llegar a la escritura en la madurez, no como Lope de Vega que con 20 años tenía una brillantez en el lenguaje, en el caso de Cervantes no es así, por eso escribió que no tengo de poeta lo que no quiso darme el cielo. Es claro y es consciente.

“Es un hombre tan normal, pero también con mucho genio, por eso pienso que si hubiera viajado a América, sin duda, El Quijote sería otro tipo de libro, El Quijote tendría otra perspectiva, bien se hubiera inspirado sobre la conquista o, como yo lo ubico, más cercano a fray Bartolomé de las Casas, hubiera tenido una visión realista y crítica. Él era un hombre de fe, lo que pasa es que dentro de la religión era un estoico cristiano con un gran respeto por el alma humana, y bueno, habría leído a fray Bartolomé de las Casas, sin duda, que era anterior a Cervantes.

“Se hubiera pegado unos viajes geniales. No es que sea un hombre de la gran cultura, por eso su visión era como un hombre de la calle, a él le gustaban las ventas, los caminos, era un jugador empedernido, como una persona cualquiera.”

Es por ello que Navia bromea cuando habla de la reciente búsqueda de los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias, donde murió en abril de 1516, sólo cuatro meses después de publicarse la segunda parte del Quijote (diciembre de 1515).

“Son innecesarias esas búsquedas de huesos, dejemos los huesos para el cocido –dice sonriente– y busquemos más en su obra que es universal o en su vida, que igual es apasionante.”

Para robustecer su dicho, el autor de la exposición recuerda un texto que Cervantes escribió sólo tres días antes de morir, cuando ya estaba muy mal de salud, y eso lo publica su viuda ya como obra póstuma:

El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y con todo llevo la vida sobre el deseo eterno de vivir.

“Lo escribe a cuatro meses de que El Quijote hubiera caído en la playa de Cataluña. Y a punto de morir él mismo… es magnífico. Por eso creo que Cervantes cayó vencido por todo, pero acabó vencedor de sí mismo.”

Por Alejandro Gutiérrez
Con información de :Proceso

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Hallan fotografías inéditas de Lawrence de Arabia

Lawrence de Arabia, en una de las fotografías inéditas halladas en PRONI ©efe
Lawrence de Arabia, en una de las fotografías inéditas halladas en PRONI ©efe

La Oficina de Registros Públicos de Irlanda del Norte (PRONI) informó que ha descubierto fotografías inéditas del escritor, arqueólogo y militar Thomas Edward Lawrence (1888-1935), más conocido como Lawrence de Arabia.

El hallazgo se produjo cuando el funcionario Colin Shaw revisaba en los archivos del PRONI en Belfast los documentos del biógrafo del aventurero británico Harford Montgomery Hyde, entre los que figuran 58 instantáneas y notas manuscritas.

Este material formaba parte de la obra de Hyde «Solitary in the Ranks: Lawrence Of Arabia As Airman And Private Soldier» («Solo en las Filas: Lawrence de Arabia Aviador y Soldado»), publicada en 1977.

Con Faysal I de Irak ©efe
Con Faysal I de Irak ©efe

«Hay mucho interés ahora sobre la Primera Guerra Mundial (1914-1918) por los aniversarios, así que estaba fascinado por su distinguida carrera militar», explicó  Shaw en un comunicado de PRONI.

Las aventuras de Lawrence fueron llevadas a la gran pantalla en el filme dirigido por David Lean «Lawrence de Arabia» (1962), en el que le dio vida con una inolvidable interpretación el actor irlandés Peter O’Toole.

Pseudónimos

Lawrence, nacido en Gales (Reino Unido), trabajó como arqueólogo en Oriente Medio antes de unirse al Ejército británico durante la Gran Guerra para promover una rebelión árabe en la región contra un Imperio Otomano en desintegración.

Su misión, entre otras, consistía en persuadir a los insurgentes árabes para que atacasen la línea de ferrocarril de Hejaz, la cual transportaba tropas turcas hasta la actual península arábiga, y luchar junto a estas milicias en operaciones guerrilleras.

Con Winston Churchill ©efe
Con Winston Churchill ©efe

«Tras el fin de esta contienda, Lawrence regresó al Reino Unido y tuvo dificultades para adaptarse a una vida de post-guerra, motivo por el que se alistó en las Fuerzas Aéreas (RAF) bajo el pseudónimo de John Hume Ross y después en el Cuerpo Real de Tanques, donde volvió a asumir otra identidad como T.E. Shaw», indicó la nota.

Entre las nuevas fotografías de Thomas Edward Lawrence, destacan dos en las que está montado sobre la motocicleta «Brough Superior SS100», con la que sufrió el accidente que acabó con su vida en mayo de 1935 en una carretera del condado de Dorset, al suroeste de Inglaterra. Tenía entonces 46 años y, dos meses antes, se había licenciado en el Ejército.

«También he descubierto que Hugh Cairns, el neurocirujano que trató sus heridas tras el accidente de moto, escribió después el ensayo ‘Heridas cerebrales en motociclistas. La importancia del casco’, un trabajo que llevó al Ejército británico a ordenar en noviembre de 1941 que todos sus motoristas llevasen casco», indicó el funcionario.

Shaw recordó que Lawrence rechazó ser nombrado «sir», trabajó para Winston Churchill y, a diferencia de Peter O’Toole, que medía 1,90 metros, él solo alcanzaba 1,65.

Con información de ABC

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Por muy larga que sea la tormenta – Gibrán Khalil Gibrán

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«Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Gibrán Khalil Gibrán

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Por muy larga que sea la tormenta – Gibrán Khalil Gibrán por Páginas Árabes se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://paginasarabes.com/2015/08/15/por-muy-larga-que-sea-la-tormenta-gibran-khalil-gibran.