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Importancia de las obras plásticas en la civilización de los Árabes

Alhambra en Granada

Los restos que nos quedan de la civilización de los Árabes nos permiten reconstituir fácilmente sus partes esenciales, por ser bastante numerosos; y nosotros hemos utilizado la mayor parte de ellos, como obras científicas, literarias, artísticas e industriales, instituciones y creencias.

Entre los elementos de que con más frecuencia nos hemos servido procede designar particularmente las obras plásticas, las cuales bajo su forma tangible hablan claramente al alma, y son la expresión fiel de las necesidades, de los sentimientos y tiempos que las han producido. En ellas se refleja del modo más claro la influencia de la raza y del centro que la ha rodeado. En las obras de una época se puede leer toda esta época, sean cuales fueren aquellas obras. Una caverna de la Edad de piedra, un templo egipcio, una mezquita, una catedral, una estación de camino de hierro, el retrete de una mujer a la moda, un hacha de sílex, una espada de dos manos o un cañón de cincuenta toneladas nos revelan muchas más cosas que una pirámide de disertaciones.

No hay otro medio de describir las obras plásticas de un pueblo que presentarlas; y las fotografías del Partenón, de la Alhambra y de la Venus de Milo nos parecen preferibles a la colección completa de los libros que todos los autores del mundo han llegado a escribir sobre esas cosas.

Penetrados de la importancia que tales documentos tienen para evocar en la inteligencia la fiel imagen de los tiempos que uno quiere resucitar, hemos procurado aumentar considerablemente sus reproducciones.

Cuando se trata de definir formas ninguna lengua tiene palabras capaces de hacerlo; y sobre todo cuando se habla de Oriente, las figuras son necesarias, pues sólo por los ojos puede conocerse esos paisajes, esos monumentos, esas obras de arte y razas diversas que lo animan. El estilo más brillante no dará jamás una impresión comparable a la que produce la vista de las cosas,’y en defecto de éstas, una imagen de ellas.



Pero esos monumentos, esas obras de arte, esos paisajes, esos tipos de raza, esas escenas de la vida íntima buscarse deben en regiones muy lejanas; y si se quiere verlos fielmente reproducidos, sólo puede obtenerse por medio de la fotografía. De ella nos hemos servido con tal objeto. El artista más hábil, trabajando un día tras otro, y añadiendo días a días, no llegaría a producir las perfecciones que aquélla realiza en algunos segundos.

Sólo la fotografía instantánea es capaz de reproducir fielmente los objetos en acción, como una calle animada, un mercado, un caballo galopando, un acompañamiento nupcial y los demás asuntos análogos.

Por G. Le Bon

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Las mejores fotografías del 2016

Refugiados sirios caminan por un campo con el arco iris de fondo en Idomeni (Grecia), el 7 de mayo de 2016 ©Petros Giannakouris AP

Las mejores fotografías del 2016

Con información de El País

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Tras la ruta de Cervantes

molinos_juan_manuel_navia
Los molinos de Juan Manuel Navia

José Manuel Navia considera que Miguel de Cervantes, el personaje real, con frecuencia está “oculto tras la proyección de la figura quijotesca protagonista de su gran creación literaria”. Por ello, tomó sus cámaras fotográficas y, durante 2014 y 2015, recorrió el mismo periplo que el autor de El Quijote de la Mancha, por España, Italia, la bahía de Lepanto en Grecia, Portugal, Orán, Túnez y Argel.

“Yo lo que quería era mirar a Cervantes como un colega, recorrer lo que él hizo pero desde la época actual, con una mirada desde el ahora, y lo visualicé como un trabajo gráfico que nos permitiera narrar su vida fascinante”, dice Navia (Madrid, 1957) a Proceso.

“He querido fotografiar en los mismos escenarios donde Miguel de Cervantes (muchas veces eclipsado por su propia creación, don Quijote) gastó sus días y donde soñó muchos de sus personajes; caminos y lugares que abarcan buena parte de la península ibérica y parte del mundo mediterráneo.”

Lo explica en entrevista luego de recorrer una sala de la sede del Instituto Cervantes, en la calle Alcalá de Madrid, donde cuelga una exposición –desde el 16 de diciembre y hasta el 1 de mayo próximo– con sus fotografías a color de este periplo, muestra que coincide con los actos organizados para el 400 aniversario del fallecimiento de Cervantes.

La exposición se llama Miguel de Cervantes o el deseo de vivir, que viene acompañada con la publicación del libro del mismo nombre con 66 fotografías de la experiencia, editado con la colaboración de Acción Cultural Española, el Instituto Cervantes y Ediciones Anómalas.

Además de licenciado en filosofía, Navia es un reportero abocado más al trabajo documental y con la obsesión del poder que tiene la fotografía y su relación con la palabra, en especial con la literatura.

Al hablar de este trabajo y de su enfoque, trae a la conversación al escritor Vicente Leñero, subdirector fundador de Proceso, a quien conoció y con quien trabajó para una serie de reportajes sobre América.

“Yo trabajo mucho bajo el concepto de territorios literarios, me gusta mucho mirar sobre lo que escribieron otros, me parece más motivador como fotógrafo. Y por eso es que conocí a Vicente.

“Por mi vinculación muy cercana con la revista Semanal del diario El País, donde fui editor gráfico, en 1994 les propuse una serie de reportajes que se llamaron ‘Viaje al Sur’. Entonces fue que trabajé con Vicente Leñero, con Augusto Roa Bastos y con el italiano Antonio Tabucchi, materiales que se publicaron durante ese verano.

“A partir de mi trabajo fotográfico, Leñero hizo un extraordinario texto, una maravilla, sobre México, D.F., otro de Paraguay que escribió Roa Bastos y uno sobre Azores que hizo Tabucchi. Yo a los tres ya los había leído, pero con ese trabajo me di cuenta de cómo los dos territorios, el de la escritura y la fotografía, se complementan a la perfección. Para mí tuvo sentido porque me interesa el lenguaje por venir de la filosofía, pero me gusta la fotografía… la palabra y la imagen son hermanas.”

Bajo esta mística de trabajo, Navia inició en 2003 un encargo editorial para fotografiar el entorno en que vivió y se aventuró El Quijote, en España, cuando se cumplían 400 años de la publicación de la primera parte de la obra de Cervantes. El resultado fue el libro Territorios del Quijote, con 200 fotografías, que documentaron la interpretación de Navia en ese sentido.

“Fue un libro que me permitió viajar durante año y medio por España, por La Mancha, siguiendo la ruta de don Quijote, pero yo siempre miraba más que a La Mancha a Castilla la Vieja, la Castilla del Norte, como la conocemos aquí, porque como no conocemos exactamente el territorio escrito por Cervantes –imaginación pura–. Mi interpretación se correspondía más con Castilla la Vieja.”

Navia se implicó tanto en esta forma de trabajo y en interpretar desde la actualidad la obra de Cervantes, que en 2009 se fue con su familia a vivir a un pueblo manchego, y apoyado por las instituciones con las que ya había trabajado, buscó continuar su andadura.

No sólo hizo una segunda parte del primer libro, sino que empezó a pergeñar lo que sería la más reciente de sus obras documentales, que es cazar en imágenes el periplo del escritor Miguel de Cervantes.

“Le propuse este trabajo a las mismas instituciones y les pareció muy bien recorrer la vida de Cervantes pero desde la época actual, y como mi trabajo se circunscribe más en la fotografía de autor, eso me permitió convertirla en una narración en tiempo actual de una vida fascinante y basada en la mejor obra, que es la propia vida de Cervantes, el Cervantes de las llanuras, el de Italia, el de Lepanto, el Cervantes y los moriscos…”

Navia dice: “El reto era enfrentarme sin reservas, una vez más, a la difícil y apasionante relación que se establece entre imagen y palabra, por eso es un trabajo documental subjetivo, no es un trabajo documental al uso mostrando monumentos del siglo XVI o todas esas casas museo donde vivió o por donde pasó Cervantes”.

El tránsito de Navia por Alcalá de Henares, donde nace Cervantes, está registrado con una imagen de la obsesión por los títeres o en Córdova con una fachada salpicada por unas sombras representando la primera migración a esta ciudad andaluza, a donde su padre, cirujano, marcha. Registra la cotidianidad de las calles de Madrid, donde un joven Cervantes, aspirante a escritor, acude a los estudios del maestro Juan López de Hoyos, en la calle de la Villa, o retrata el bar La imaginación de Cervantes en la calle Leganitos, donde vivió la familia del escritor.

Una imagen cotidiana de la gente caminando por Nápoles es el pretexto de Navia para documentar que en 1569 Cervantes, ya al servicio del cardenal Acquaviva, “comprueba en sus carnes lo que luego pondrá en boca de Tomás Rodaja: yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear”. Un año después, se haría soldado.

El autor capta una imagen de las oscuras aguas de la bahía de Lepanto donde en 1571 el arcabucero Cervantes arriba en uno de los navíos de la Santa Liga para enfrentarse a la flota turca, batalla en la que es alcanzado por un proyectil que le deja inutilizada la mano, de donde surge el sobrenombre de Manco de Lepanto.

“La batalla fue en este punto tan sangrienta y horrible que se hubiera dicho que el mar y el fuego no eran sino uno”, rescata Navia en su libro.

Una sobrecogedora imagen humana con máscara en un antiguo callejón de Sicilia le permite recordar que el narrador, dramaturgo y poeta universal no pudo celebrar la victoria en la batalla de Lepanto, porque es conducido a esa ciudad del sur italiano donde tardó seis meses en recuperarse de la lesión. Tras ese tiempo, Cervantes se reincorpora e interviene en episodios bélicos para “recuperar el fuerte de La Goleta, en Túnez, donde por primera vez entra en contacto con el Magreb, el mundo morisco que siempre tendrá presente”.

Al repasar la fotografía en las calles de Argel de dos mujeres musulmanas vestidas con nigab negro y el contraste de una niña menor de edad con vestimenta occidental, Navia recuerda que el tema morisco no sólo estuvo siempre presente en la vida de Cervantes, sino que es un tema actual.

Es en esta ciudad donde Cervantes permaneció cinco años en cautiverio al ser hecho prisionero por unos piratas cuando viajaba en un galeón rumbo a las costas de Cataluña.

–¿Qué pasaba por su mente cuando recorrió estos territorios, sabiendo que Cervantes los recorrió?

–pregunta el reportero a Navia.

–Te pone los pelos de punta saber que ese recorrido fue parte del bagaje que le permitió crear ese mundo literario, pero también dije: Esto es una barbaridad… recordemos que es una época en la que se viaja en galeones a tres nudos, y en mula recorrías cuarenta o cincuenta kilómetros al día, era mucho. Y él va a Roma, cuando sale huyendo muy joven de España, ahí se alista como soldado, se va a Nápoles, y con menos de un año viaja a Lepanto, atraviesa todo el Mediterráneo, primero rodea el sur de Italia, sube a la isla de Corfú, pasan frente a Ítaca y de ahí al Golfo de Corinto, para llegar a Lepanto, donde es herido. Se recupera en Sicilia, participa en batallas en Túnez, es la primera ocasión que toma contacto con África, sin saber qué era lo que le esperaba.

“Luego vuelve a Grecia donde escenifica otra de sus hazañas no lejos de Lepanto, en Navarino, entonces tú imagínate, en eso pensaba. A sus treinta y siete años deja el ejército, cobra su paga y por su valentía en la batalla recibe unas cartas de recomendación para un puesto en la administración, pero antes de llegar a Cataluña, frente a las costas de Gerona, una galera de piratas berberiscos lo captura y lo hace prisionero en Argel, donde pasa cinco años en la cárcel, y gracias a la intervención de los religiosos trinitarios que se dedicaban al rescate de cautivos, es liberado.

“Pero yo pensaba durante el viaje que Cervantes debió ser un gran seductor, porque cómo logra que no lo maten cuando intentó escapar cinco veces de su cautiverio. Es una personalidad muy compleja, incluso hay estudiosos que han llegado a afirmar que era homosexual, nada es descabellado. De hecho no tuvo hijos dentro del matrimonio, de su hija se piensa que es de una relación que tuvo fuera de él o bien que era hija de su hermana, pues como antiguamente era común que si la hermana tenía un hijo, lo reconocía el hermano, para que el niño tuviera apellidos.

“Pero regresando a tu pregunta, está claro que yo no traté de hacer un trabajo científico, sino que esa personalidad de él me permitió incursionar más en un trabajo creativo, que me daba mi libertad.”

–Como un personaje eclipsado por su propia obra, como lo refiere, hay pasajes desconocidos de su vida, eso lo hace un personaje más atractivo, ¿no cree?

–Claro, por supuesto, hay muchos pasajes de su vida que son desconocidos. Pero, por otro lado, es un personaje coherente y juega con ese desconocimiento. Para mí, lo define el inicio del Quijote, cuando dice: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Lo que provoca con esa frase, porque todos los pueblos de La Mancha y todos los investigadores han estudiado eso por años, y él mismo da la clave al final, cuando dice “yo no he querido decir cuál es”, como hizo Homero, que nunca dijo donde nació, para que las siete ciudades de Grecia pudieran atribuirse la paternidad, pues aquí igual, cualquier pueblo de la Mancha puede atribuirse la paternidad. Él mismo está jugando con eso. O el hecho de inventarse como narrador homodiegético, al referir que él sólo escribe lo que escribió un autor árabe Cide Hamete Benengeli, que además es moro… eso es un recurso extraordinariamente bien logrado.

“Eso además, con la actual presencia cíclica del tema del islam, me hizo pensar en cómo Cervantes vive la expulsión de los moros de España, en 1610. A él le tocaron esos episodios y por eso está tan presente todo ello en su obra.”

Navia recordaba que Cervantes vio frustradas sus intenciones de “hacer las Américas”, el nuevo mundo al que siempre quiso viajar.

–¿Qué hubiera sido del Quijote si Cervantes logra viajar a América? –se le pregunta.

–Es una idea mía, y de muchos, que hubiera sido diferente. Cuando Cervantes va a Portugal, antes de ir nuevamente a Argelia, va a pedir que lo manden a América. En esa época ir a América era como ir a la tierra prometida y además él estaba en un punto en que quería romper con una vida, con 40 años que no había logrado encarrilar; en ese entonces la perspectiva de vida era muy corta. Pero no lo logró. Al final de su vida, volvió a pedir ser mandado a América, también sin éxito.

“Cervantes no fue un escritor en sus años de juventud, sino ya de avanzada edad. Sus primeras obras no son buenas, y logra llegar a la escritura en la madurez, no como Lope de Vega que con 20 años tenía una brillantez en el lenguaje, en el caso de Cervantes no es así, por eso escribió que no tengo de poeta lo que no quiso darme el cielo. Es claro y es consciente.

“Es un hombre tan normal, pero también con mucho genio, por eso pienso que si hubiera viajado a América, sin duda, El Quijote sería otro tipo de libro, El Quijote tendría otra perspectiva, bien se hubiera inspirado sobre la conquista o, como yo lo ubico, más cercano a fray Bartolomé de las Casas, hubiera tenido una visión realista y crítica. Él era un hombre de fe, lo que pasa es que dentro de la religión era un estoico cristiano con un gran respeto por el alma humana, y bueno, habría leído a fray Bartolomé de las Casas, sin duda, que era anterior a Cervantes.

“Se hubiera pegado unos viajes geniales. No es que sea un hombre de la gran cultura, por eso su visión era como un hombre de la calle, a él le gustaban las ventas, los caminos, era un jugador empedernido, como una persona cualquiera.”

Es por ello que Navia bromea cuando habla de la reciente búsqueda de los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias, donde murió en abril de 1516, sólo cuatro meses después de publicarse la segunda parte del Quijote (diciembre de 1515).

“Son innecesarias esas búsquedas de huesos, dejemos los huesos para el cocido –dice sonriente– y busquemos más en su obra que es universal o en su vida, que igual es apasionante.”

Para robustecer su dicho, el autor de la exposición recuerda un texto que Cervantes escribió sólo tres días antes de morir, cuando ya estaba muy mal de salud, y eso lo publica su viuda ya como obra póstuma:

El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y con todo llevo la vida sobre el deseo eterno de vivir.

“Lo escribe a cuatro meses de que El Quijote hubiera caído en la playa de Cataluña. Y a punto de morir él mismo… es magnífico. Por eso creo que Cervantes cayó vencido por todo, pero acabó vencedor de sí mismo.”

Por Alejandro Gutiérrez
Con información de :Proceso

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La imagen de la guerra

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¿Por qué fotografiar la guerra?¿Es acaso posible, eliminar un comportamiento humano que ha existido desde siempre gracias a la fotografía?.Dadas las proporciones, suena ridículo plantearlo.

Es precisamente éso lo que me motiva. Para mí, la fuerza de la fotografía está en que llama a la humanidad. Si la guerra niega la humanidad, la fotografía podría concebirse como algo opuesto a la guerra.

Es un ingrediente muy potente en el antídoto contra la guerra. Cuando alguien asume el riesgo de ir a la guerra para mostrarle al resto del mundo qué es lo que pasa, está tratando de negociar la paz.

Por éso, los señores de la guerra no aprecian a los fotógrafos.

Aquello que se vive en el frente es extremadamente inmediato. No es la imagen en una revista, a 16.000 kilómetros de distancia, junto a un anuncio de relojes “Rolex”. Lo que ves es dolor sin paliativos, injusticia y miseria.

Si todos pudieran ver por sí mismos, por lo menos una vez, cómo le deja el fósforo blanco la cara a un niño, el inexpresable dolor que causa un sólo disparo, o cómo la esquirla de un obús le arranca la pierna a una persona…

Si todos pudieran ver por sí mismos el miedo y el pesar, sólo una vez, comprenderían que nada justifica que éso le ocurra a una persona, y mucho menos a miles.

Pero todo el mundo no puede ir, y es por éso que van los fotógrafos, para mostrar, para hacer que lo que pasa allí llegue a su fin, para llamar la atención sobre ello.

Para crear imágenes impactantes que contrarresten el efecto de los medios y acaben con la indiferencia. Para protestar y, con esa protesta, hacer que otros también protesten.

Lo peor es que, como fotógrafo, siento que saco provecho de las desgracias ajenas. Esa idea me persigue. Todos los días. Porque sé que si algún día dejo que mi carrera sea más importante que mi compasión, habré vendido mi alma.

La única manera de justificar mi trabajo es respetando a aquellos que sufren. La medida en la que lo logro, es la medida en la que se me acepta, y en la que yo mismo puedo aceptarme.

James Natchwey

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Robert Capa,un desconocido que regresa a todo color

Una exposición en Nueva York descubre imágenes inéditas del fotógrafo de guerra más importante del siglo XX. Famoso por fotos en blanco y negro, como Muerte de un miliciano, también tomó retratos de moda e instantáneas cotidianas llenas de vida.

Seville – ©Robert Capa
Seville – ©Robert Capa

Robert Capa tuvo una vida intensa y quizás demasiado corta. Cámara en mano cubrió cinco conflictos bélicos, siendo su foto más emblemática Muerte de un miliciano, una toma en blanco y negro que muestra a un soldado republicano en el momento exacto en que es alcanzado por una bala. Era 1936 y Capa recién comenzaba a cubrir la Guerra Civil Española. Luego vino la II Guerra Mundial, la guerra entre China y Japón, el conflicto árabe-israelí y la Primera Guerra de Indochina, donde encontró la muerte tras pisar una mina terrestre, en mayo de 1954. Tenía 41 años.

Hoy, en el centenario de su nacimiento, se creería que sobre el fotógrafo húngaro se ha dicho todo. Pero no. La prueba la tiene Cynthia Young, curadora del International Centre of Photography (ICP) de Nueva York, quien afina detalles de Capa in color, muestra que se abre el 31 de enero y que reúne 125 imágenes en color, muchas inéditas o no vistas hace 70 años, que ofrecen su trabajo para revistas estadounidenses como Life, Collier’s, Holiday y Ladies’ Home Journal. Se trata de fotos alejadas del campo de batalla, más cercanas al glamour, el retrato de moda y la vida cotidiana. Pero, ¿cómo es posible que el fotógrafo de guerra más famoso del siglo XX aún guarde secretos?

“Hay varias razones”, dice Cynthia Young a La Tercera. “La más importante es que muchas de las fotos fueron tomadas en Ektachrome (tipo de película elaborada por Kodak), que es muy inestable y por eso no fue posible revelarlas en los años que siguieron a su muerte. Sólo ahora, en la era digital, fue posible escanear los negativos y trabajarlos digitalmente para obtener los colores originales. En los albores de la fotografía en color, algunos de sus primeros cromos fueron revelados mal en Inglaterra y eso es porque Kodak (de EE.UU.) tenía el control total de los filtros adecuados”, revela.

Capa abrazó el color en 1941. Después cubrió los turbulentos años de la usurpación de Palestina a manos de los sionistas, registrando la llegada de los okupas a Haifa. En toda su carrera, el húngaro alternó el trabajo en color con el blanco y negro, llegando a transgredir incluso el pensamiento de su amigo Henri Cartier-Bresson, con quien fundó la agencia Magnum en 1947, y quien era un acérrimo detractor de la foto en colores. Claro, antes de rechazarla, él mismo la probó, llegando incluso a la portada de la revista Life con una imagen de China. Luego quemaría todos sus negativos a color.

A pesar de que muchos colegas objetaron la calidad técnica del color, Capa insistió. El resultado se aprecia hoy en imágenes llenas de vida. Hay retratos de celebridades, como el pintor Pablo Picasso, jugando en el agua con su hijo Claude, y la actriz Ava Gardner en el set de La condesa descalza, en Italia, en 1954. También hay fotos cotidianas como la de una familia lapona, en 1951, o un día cualquiera de la Plaza de la Concordia, de París de 1952, o un grupo de hombres subidos a un árbol para ver pasar al Sultán Mohammed Sidi en Marruecos, en 1949. “Adoro sus retratos a celebridades e individuos. Tenía un magnífico sentido del humor y del glamour, y con esa mezcla no tomaba a nadie muy en serio. Creo que las mejores son sus últimas fotos tomadas en Indochina, donde el color aporta mucho al dramatismo del lugar”, dice la curadora.

El color no es el único descubrimiento que Young ha hecho de Capa. Investigó también la maleta mexicana, perdida en 1937: tres cajas de rollos recuperados en 2007, con 4.500 negativos de la Guerra Civil Española tomadas por Capa, su pareja Gerda Taro y su amigo Chim (David Seymour).

Teniendo en cuenta ambos hallazgos, ¿usted cree que hay más misterios por descubrir de Capa? Sinceramente, creo que sí. De alguien como él, que tenía una carrera tan extraordinaria y se dedicaba a ella tan seriamente, nunca sabes lo que puede depararnos el futuro.

Por Denisse Espinoza
Con información de La Tercera

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Serie de Ahlam Shibli,fotógrafa palestina,desata protestas en Francia

La galería Jeu de Paume presenta una retrospectiva de Ahlam Shibli - ©Vanguardia/La Jornada
La galería Jeu de Paume presenta una retrospectiva de Ahlam Shibli – ©Vanguardia/La Jornada

«No soy activista. Mi trabajo es mostrar, no juzgar». La frase se lee en un cartel a la entrada de la exposición Foyer Fantôme” (La casa fantasmal) y es de la fotógrafa Ahlam Shibli, a la que la galería Jeu de Paume dedica actualmente una retrospectiva.

El texto, que comienza con el título «Avertissement» (advertencia), fue retirado tras sonadas protestas. El museo tuvo que cerrar parcialmente debido a alarmas de bomba y la directora fue amenazada de muerte.

La retrospectiva de la fotógrafa palestina, inaugurada a finales de mayo, reúne seis series, entre ellas la polémica Death: 68 fotografías de guerrilleros palestinos que murieron en su lucha contra Israel.

Shibli fotografió carteles en los muros de Nablus, la mayor ciudad de Cisjordania, donde se encuentran varios campamentos de refugiados palestinos.

Amenazas

Con Death, la fotógrafa quería mostrar cómo los guerrilleros fallecidos siguen vivos en los espacios abiertos y en la memoria de la población.

La serie ya se había mostrado en otros museos. El más reciente fue el Macba, de Barcelona. Sólo en París ha desencadenado protestas. En una carta a la ministra francesa de Cultura, Aurélie Pilippetti, el Consejo de Instituciones Judías en Francia (CRIF) acusó al museo de «enaltecer el terrorismo».

El consejo critica sobre todo los textos que acompañan la obra, en los que la artista utiliza el término «mártires» para calificar a los terroristas kamikazes.

Desde entonces, a la entrada de la exposición puede verse el cartel en el que la fotógrafa explica que las instantáneas a color y en blanco y negro no son propaganda ni sirven para el enaltecimiento del terrorismo.

Sin embargo, ha habido amenazas contra el museo y la directora. A mediados de junio, la asociación France-Israel convocó una manifestación ante el centro y exigió el cierre de la muestra, previsto para el 1º de septiembre.

«La censura ha vuelto», titulaba la prensa francesa cuando el perfil de Facebook de la galería Jeu de Paume fue cerrado ya en marzo. El museo publicó allí una foto en blanco y negro con motivo de la exposición Laure Albin Guillot (1879-1962), l’enjeu classique.

En la imagen se veía a una mujer desnuda. Únicamente su genital estaba cubierto con una toalla blanca. Según el museo, la página de Facebook estuvo cerrada 24 horas. Más tarde, el pecho de la mujer se cubrió con una raya negra.

La prohibición de publicar fotos de desnudos es parte de las normas de la red social estadunidense. «No distinguir entre una obra de arte y una imagen con carácter pornográfico no sólo es dudoso, sino sobre todo una peligrosa mezcla», reaccionó entonces la galería.

En otoño de 2012, el Instituto parisino del Mundo Árabe retiró una videoinstalación del artista marroquí Mounir Fatmi en la que aparecía el escritor Salman Rushdie durmiendo, con un reloj de fondo. El artista quería mostrar el silencio de los intelectuales árabes tras la fatwa (condena a muerte) contra el autor indo-británico, por cuya cabeza el líder revolucionario iraní, el ayatolá Jomeini, ofreció un millón de dólares.

Como explicó en aquel momento el artista a los medios, el clima generado tras la película Innocence of Muslims, que desató fuertes protestas en varios países árabes, había derivado en la autocensura del museo.

Sólo una semana antes, Fatmi debió retirar del festival cultural Le Printemps de Septembre, en Toulouse, su instalación Technologica ante la presión de la comunidad musulmana. Por un problema técnico, los versos del Corán no se podían proyectar sobre una fachada, sino en el suelo; una mujer caminó encima sin darse cuenta. «Lo que más me desconcierta es que pase en Francia y no en el Magreb o en Arabia Saudí», decía el artista.

Con información de Vanguardia

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Mezquita Al Zulfa en Seeb – Oman

Mezquita Al Zulfa en Seeb - Oman
Mezquita Al Zulfa en Seeb – Oman

 

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