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El Hakawati – Una forma muy antigua de narración de Oriente Medio

Con una espada en una mano y un libro de cuentos en la otra, Ahmad al Lahham cautiva a los espectadores que intentan evadirse en una cafetería de Damasco, escuchando historias de reinos lejanos y conquistadores valientes.

Tradición oral

Todas las noches, este sirio se pone un fez rojo (gorro de la época otomana), y se transforma en «hakawati», el tradicional narrador de cuentos árabes en la cafetería Nawfara del casco antiguo de la capital de este país devastado desde hace años por la guerra. «El oficio está en vías de extinción. Soy el único hakawati del casco viejo. Si paro, dejará de haber narradores», lamenta Abu Sami (su nombre artístico).

Encaramado a una silla de madera esculpida, este hombre de 58 años está sentado frente a un grupo de jóvenes que beben té o fuman arguile (pipa popular en Oriente). «Hemos vivido un periodo (de guerra), en el que no podíamos salir mucho, pero el propietario de la cafetería insistió en que los hakawatis sigan contando historias, aunque en realidad éramos sólo dos, él y yo», afirma. «Hoy la situación ha mejorado considerablemente y decenas de personas me esperan cada noche», afirma con orgullo Abu Sami.

Estas citas suelen tener lugar una vez por semana pero durante el mes sagrado musulmán del ramadán son diarias. Los espectadores acuden al local por la noche, después de la comida de ruptura del ayuno, y suelen quedarse hasta el alba.

Relatos atrapantes

Esta noche, los espectadores viajan al siglo XIII, con el relato heroico del sultán Baybars, y luego se dejan transportar por las aventuras del caballero pre-islámico Antar bin Shadad.

Estos mitos teñidos de bravura y acompañados de conquistas se hicieron populares después del estallido de la guerra en 2011, en detrimento de los relatos románticos y de los poemas tradicionales, según Abu Sami.

«Vivimos cada episodio del conflicto, allá donde vayamos. Todos los medios de comunicación hablan de tragedias. Venimos a la cafetería para olvidar, los cuentos del hakawati nos ayudan», afirma Mohamad Dyub, un asiduo cliente de la cafetería.

Este hombre de 49 años siempre se sienta en el mismo sitio, envuelto en el humo del arguile. A veces pide una historia en concreto. Le permite viajar «al pasado para escapar de la realidad». «El hakawati nos da un espacio para respirar», dice.



Mantener viva la tradición

Junto a él, Mohamad Jaafar, de 57 años, cierra los ojos para concentrarse en la voz de Abu Sami. «Desde el comienzo del ramadán, no me pierdo ningún relato del sultán Baybars. Estas historias nos llevan a nuestra historia gloriosa, en comparación con la situación actual».

Las paredes de la cafetería Nawfara están adornadas con mosaicos damascenos del siglo XVII, según su propietario. Los retratos de personajes históricos se codean con la fotografía de un anciano, con túnica blanca y fez rojo: «Abdelhamid al Hawari, el primer hakawati de Damasco nacido en 1885″, se lee en árabe.

El oficio es poco atractivo para los jóvenes, interesados en las profesiones bien remuneradas. Wasim Abdelhay, de 32 años, fue hakawati a tiempo completo pero su situación financiera le obligó a cambiar de empleo y ahora trabaja en una central eléctrica. Con motivo del ramadán, retoma su pasión. Con bombachos negros y cinta blanca alrededor de la cabeza, lee cuentos en un restaurante lujoso de Damasco.

«Antes de la crisis, éramos un grupo grande (de hakawatis), que íbamos a los países del Golfo. Pero a causa de la situación, no podemos viajar más, intentamos preservar la tradición aquí», recalca. «Los que quedan en el país se cuentan con los dedos de una mano».

Con información de  llibres

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El Café en la tradición Beduina – Mucho más que una reunión de amigos

Los beduinos siempre tienen café preparado por si vienen invitados. Pero si el huésped no toma la taza y la coloca en el suelo, significa que necesita pedir un favor especial. En este caso, los beduinos le preguntarán de inmediato “¿qué podemos hacer por ti?”.

Beduinos, los Árabes más antiguos

Los beduinos son un pueblo de diez millones de personas repartidas a lo largo de Arabia Saudita, Jordania, Irak, Libia, Egipto, Palestina, Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. O mejor dicho un conjunto de pueblos, ya que se trata de una sociedad dividida en numerosas tribus y clanes, muy a menudo enfrentados entre sí.

El origen remoto  se pierde entre las dunas del desierto. Sus raíces están en la Península Arábiga. Se trata de tribus nómadas que van dando tumbos por las arenas. Viven en jaimas que montan y desmontan. Éstas son de pelo de camello o de cabra y protegen tanto del abrasador sol del día como de las gélidas noches.

La tradición del Café

La tradición de preparar el café es una de las tareas más importantes en la comunidad beduina. El proceso de este significativo ritual comienza con el tostado de los granos de café en un sartén sobre el fuego. Según el tiempo de tostado, el café será más o menos fuerte. El segundo paso requiere de una buena molienda,  ayudado por un mortero. El sonido de la molienda invita a los que lo oyen a acercarse a tomar café. El café molido se coloca con agua en el fuego y, una vez que hierva, se vierte en una jarra de cobre en la que se añade cardamomo para darle un sabor especial. Se lleva de nuevo a hervir y, es entonces, cuando comienza la ceremonia de beber el café beduino.

Las tradiciones y los significados que los beduinos conocen perfectamente y son transmitidas de generación en generación a través del relato oral, cuentan con una infinidad de “rituales” cuyo significado debe ser comprendido a la hora de compartir un buen café. Sin esta  enseñanza se puede ofender gravemente al anfitrión.

El anfitrión se levanta sujetando la cafetera con la mano izquierda y las tazas con la mano derecha. La cantidad de huéspedes esperado para beber no define la cantidad de recipientes para el servido, sólo  habrá  dos, máximo tres, tazas para todos. Los huéspedes tienen que quedarse sentados, nada de tumbarse o recostarse porque eso se considera una falta de respeto a él y a su café. El orden en el que estén sentados es indistinto, el café siempre se empieza a servir por la derecha. Sólo si la persona que está más a la derecha le pide al anfitrión que le sirva primero al de la izquierda  puede cambiar el orden.

El café beduino pasa de la mano derecha del anfitrión, que sujeta la taza, a la mano derecha del huésped que la recibe. Debería estar caliente, de hecho, si no lo está es una ofensa a los invitados.

Los invitados no deben dejar  la taza en el suelo, que sería una ofensa para el anfitrión. Ésto, según sus tradiciones, dejarían entrever que se quiere tratar algún problema. Como sólo hay un par de tazas, el café se tiene que beber tan rápido como se pueda para que se siga sirviendo al resto de invitados, siempre en varios sorbos.

Una vez acabado, devolver la taza vacía al anfitrión, y éste  servirá otra taza. Si el invitado no quiere más, tienes que sacudir la muñeca de lado a lado con la taza, el anfitrión la tomará. Dar las gracias se vuelve un problema si el invitado dice “shúkran”, en vez de  “daima”, (el equivalente a “gracias”).

La primera de las tazas es para la hospitalidad. No se puede rechazar. Los beduinos se toman muy en serio el ritual del  café y que alguien lo rechace no está bien visto.



Un contrato de «seguridad»

La segunda es para la espada, que hace referencia a las tradiciones de hace cientos de años. Cuando viajaban, antiguamente, tenían que tener una espada para protegerse de robos, secuestros, para cazar animales y conseguir comida. El invitado se compromete así a  colaborar en la protección de la familia que  sirve el café. Si mientras está con ellos, la familia es atacada, tendrá que luchar a su lado. Si en cambio, es el invitado el que resulte atacado, la familia lo protegerá. De esta manera, con la aceptación de la segunda taza de café, se está pactando un  contrato de “seguridad”.

La tercera es para el estado de ánimo. Tomar la tercera taza es símbolo de importancia, de sabiduría. Una señal de que la reunión es agradable y se está a gusto.

No sacudir la taza después de la tercera taza es una falta de respeto. Pedir una cuarta taza es una ofensa. De querer beber una cuarta taza, debe esperarse a que todos los invitados beban y solicitarla en el momento en que la cafetera  vuelve al fuego. Allí comenzará nuevamente el ritual.

Todos los problemas se pueden solucionar con café. Los momentos en que el café se toma para arreglar el mundo son los únicos en los que se puede beber la cuarta taza sin que sea una falta de respeto.

Todo tiene solución con una taza de café

Tomar un café es algo más que sentarse a hablar en el mundo beduino. Los mayores de las familias, con sus acompañantes, van hasta la familia o tribu con la que existe un problema a tratar. En este caso, el anfitrión no comienza a servir el café por la derecha sino que agita las tazas hasta que los “invitados” señalen al más respetable de los suyos que es al que se sirve primero. Como la reunión es para tratar un problema, el mayor toma la taza con el café y la deja directamente en el suelo. El anfitrión devuelve la cafetera al fuego y pregunta por qué no bebe su café, a lo que se responde con la exposición del problema. Es aquí, con este gesto que se expone el problema por primera vez.

Al llegar a un acuerdo, el anfitrión dirá “bebe tu café” y tomando  la cafetera le servirá de nuevo, hasta las tres tazas.

Las reuniones pueden durar horas. Ninguno de los “invitados” puede aceptar nada de los anfitriones. Llevan su propio agua para beber en el caso de que la necesiten. Si alguno, no sólo el más respetable, bebe algo de los anfitriones se rompe la negociación y hay que volver a empezar desde el principio otro día.

Al igual que en el caso anterior, la taza de café beduino acaba en el suelo. A la pregunta “por qué no bebes mi café” se responde con la petición de la mano. No hay sí, ni no como respuesta. En el caso de que se acepte, el anfitrión dirá: “bebe tu café”.

Hace siglos, cuando había luchas y guerras entre tribus, se servía una cuarta taza. Su significado era que, quien la bebiera, se comprometía a cumplir con una misión de sangre, normalmente matar a alguien de la tribu rival. En el caso de que no lo consiguiera, perdía todo su status en la tribu, desde su familia a sus posesiones, y se convertía casi en un esclavo. Sólo podía recuperar lo perdido si cumplía con su cometido.

Con información de Salta conmigo

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Café blanco, una bebida típica de Líbano

Como sabemos, Oriente se caracteriza por ser un territorio de muchas tradiciones, la mayoría deliciosas e interesantes en lo que se refiere no solo a la gastronomía, sino a la gran variedad de bebidas sanas que nos ha legado desde hace siglos (un buen ejemplo de ello es el , por ejemplo).

¿Qué es el café blanco?

Vale decir que tanto el café blanco como el negro utilizan el mismo tipo de grano para ser producidos. Ocurre que con el café blanco, el proceso de tostado se modifica y por supuesto, se obtiene en el producto un sabor tan particular como llamativo, impregnado de suavidad. De esta manera, el café blanco se distingue del café negro en su proceso de elaboración y por consiguiente, el producto final posee características diferentes.

Existen algunas diferencias ilustrativas que nos permitirán entender lo particular de la bebida y su producción. En el caso del café negro, y dependiendo de la densidad que quisiéramos obtener a la hora del consumo –más fuerte o menos fuerte- los granos de café se tuestan en períodos de tiempo distintos. Más tiempo de tueste, o menos tiempo de tueste, dependiendo el tipo de producto que se quiere obtener. El café blanco, por su parte, se tuesta acompañado de margarina y de esta manera –si bien no llega a ser blanco a pesar de lo que indica su nombre- obtiene una tonalidad más clara.

Entre tantas tradiciones que se reconocen en Oriente y de la misma manera, en Líbano, el consumo de café se erige como una de las más antiguas, acompañando sobremesas desde tiempos inmemoriales. No sólo la gastronomía sino también la variedad de bebidas que allí se toman hacen de Líbano una tierra plural y diversa.

La cocina libanesa –reconocida como una de las más sofisticadas del mundo- , nos dice que para una preparación óptima, al café blanco se le agrega una cucharada de azahar –flor blanca del naranjo o limonero- y de esta manera puede ser elaborado, obteniendo una enorme suavidad.

La preparación del café blanco también obtiene en tierras libanesas una forma particular. Se llenan dos tazas de café y se le agregan dos cucharadas abundantes de azúcar. Al mismo tiempo, dos tazas de agua y 4 cucharadas de azahar. Una vez listo, el café blanco está en condiciones de ser servido y disfrutado por los comensales.

Pero la bebida de café blanco recibe ese nombre tan especial porque, al café común, se le añade una cucharadita de agua de azahar a la hora de ser preparado, convirtiéndolo en una variedad interesante para después de comidas copiosas.

El café arábigo es entonces una variedad sin igual y una propuesta propia de la región. En ese marco, el café blanco libanés se presenta como una exquisita alternativa a cargo de la cocina libanesa.


Cómo preparar café blanco:

receta

Ingredientes principales

Cucharadas de café (equivalente a dos tazas) 2 cucharadas de azúcar 4 cucharaditas de agua de azahar 2 tazas de agua

Pasos para preparar el café blanco

  1. En primer lugar prepara el café que más te guste, pero el equivalente a dos tazas grandes.
  2. Cuando el café esté listo, añade una cucharadita de agua de azahar en cada taza de café.
  3. Añade azúcar al gusto.

Con información de Natursan y Amantes del café

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Café con aroma árabe

©Joaquín Hernández Mena

Un ameno recorrido por la aromática ruta del café, desde Yemen, su país de origen, por otros pueblos de la región y del Norte de África, ofreció el Excmo. Bader Al Awadi, embajador del Estado de Kuwait y decano del cuerpo diplomático árabe acreditado en Cuba.

La disertación sobre usos y costumbres árabes en la preparación y consumo de esta bebida universal tuvo lugar en la Casa de los Árabes, donde su director, Rigoberto Menéndez Paredes, recordó que el café fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en diciembre de 2015, y que la explicación de Al Awadi acercó al público cubano a una práctica que constituye un símbolo de proverbial hospitalidad en la cultura, hábitos y tradiciones de algunos pueblos.

El diplomático kuwaití brindó una panorámica de la milenaria historia del café, tipos, formas de cultivo, preparación y maneras de ingerirlo en los diversos países árabes e islámicos, donde el acto posee una liturgia propia  y representa una forma de expresar el compromiso social, la amistad, la fraternidad y el amor.

©Joaquín Hernández Mena

Al Awadi habló de las tres formas de café más populares, el llamado café árabe, el turco y el negro, que es el más conocido en Cuba. Explicó el uso que se le da entre los pueblos de su país natal, donde se mezcla con otras especias aromáticas como el cardamomo, el azafrán, y el clavo de olor, lo que les confiere un color, aroma y sabor característico.

La conferencia del kuwaití contó con el apoyo didáctico de los utensilios empleados, por ejemplo, en el ritual del café entre beduinos. Mostró los pilones, así como algunas de las antiguas y modernas cafeteras atesoradas por la Casa de los Árabes, perteneciente a la Oficina del Historiador de La Habana, utensilios que en algún momento sirvieron para triturar y procesar los aromáticos granos.

©Joaquín Hernández Mena

Habló de las costumbres propias de la cultura árabe de tomar café y brindarlo como gesto cortés a los familiares, invitados o visitas. Para ello existe un grupo de reglas no escritas que se transmiten oralmente y dicen mucho de la hospitalidad, la fraternidad y las relaciones sociales entre los que comparten una taza de café.

La primera taza suele ser la más importante, aclaró Al Awadi, pues si el visitantes la acepta y la toma, predice una charla amena, tranquila, pero si la coloca en el piso sin beberla, significa que trae un problema o solicitud que quiere tratar con el dueño de la casa, que es quien prepara el café.

©Joaquín Hernández Mena

Otra peculiaridad es que mientras el visitante extienda la taza, se le debe servir. Cuando está satisfecho debe sacudirlo de forma peculiar.

Los dátiles y otras golosinas dulces suelen acompañar el consumo del café en esa región y también fueron degustadas con placer por quienes compartieron una tarde de café a lo “beduino”.

La disertación y la ceremonia del café fueron ocasión propicia para recordar la frase de José Martí, el Héroe Nacional de Cuba:

“El café tiene un misterioso comercio con el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera, limpia de humanidades el espíritu, aguza y adereza las potencias, ilumina las profundidades interiores, y las envía en fogosos y preciosos conceptos a los labios. Dispone el alma a la recepción de misteriosos visitantes, a tanta audacia, grandeza y maravilla”

©Joaquín Hernández Mena

Por Juan Dufflar Amel y Yimel Díaz
Con información de Trabajadores

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Cafés: jóvenes saudíes detrás del mostrador

Interior de una cafetería saudí ©Ángeles Espinosa
Interior de una cafetería saudí ©Ángeles Espinosa

La pasión por el café genera autoempleo entre los jóvenes y ayuda a vencer el tabú.

La decisión de Abdullatif Abdullah Alwshigry de ponerse detrás de un mostrador de café conmocionó a su familia. No sólo el joven acaba de regresar de Estados Unidos con un máster en sistemas informáticos, sino que en su país, Arabia Saudí, el sector servicios es cosa de inmigrantes extranjeros. “Es cierto que en nuestra cultura no se espera que hagamos [este tipo de trabajos], pero una vez superada la sorpresa, me han apoyado mucho”, confía orgulloso de haber podido convertir su pasión por el café en un modo de vida.

“He crecido oliendo como mi madre tostaba los granos en casa [para hacer el café árabe mucho más claro], luego en la universidad me aficioné al café negro y empecé a desarrollar interés por el producto y a comprar mis propios granos”, rememora.

Abdullatif (en Arabia suele utilizarse el primer nombre incluso en los ámbitos profesionales) montó The Camel Step, una tienda gourmet de degustación de café, junto a otros dos amigos, en 2014. Pero a diferencia de lo que viene siendo tradicional entre los árabes del Golfo, no se limitaron a poner el dinero y contratar media docena de asiáticos para gestionarla.

Su entrada en el mundo laboral ha coincido con un momento complicado para el reino que ya no puede garantizar puestos de funcionario para la oleada de jóvenes que cada año busca trabajo. Así que las autoridades promueven el autoempleo. A la vez, triunfaba entre los jóvenes urbanos la moda del café. Espresso, americano, con leche o sólo, ese líquido negro empezaba a desplazar a las bebidas tradicionales.

“Hace 20 años no bebíamos café, sólo te o café árabe”, señala Samer al Hashim, copropietaria de Accoustic, una de las cafeterías más acogedoras de la calle Tahlia, en el centro de Riad.

En esa conversión algo ha tenido que ver Gustavo Pérez Figueroa, a quien sus clientes conocen como Mustafa. Este colombiano de familia de cafeteros abrió en 2006 el primer tostadero en Riad, pero no se ha limitado a vender café que importa directamente de su país, sino que transmite su pasión por el producto. Junto a su mujer, Radilca Hernández, ha preparado a 350 baristas, una quincena de ellos saudíes. “Incluidas varias chicas”, apuntan orgullosos.



Sara al Akeel está entre sus preferidas. La joven, recién licenciada en Administración de Empresas, ha desarrollado una especial sensibilidad hacia las notas y los matices de los granos, que impresiona al propio Pérez Figueroa. Ahora busca un inversor que le ayude a hacer realidad su proyecto de café gourmet en el que, explica, “la degustación de una especialidad se convierta en una experiencia”. Y ella estará detrás de la barra para hacerla inolvidable.

En su visión, el cliente elige los granos entre una variedad de procedencias y tuestes, ve cómo se muelen en el momento y puede elegir la forma de infusión: a través de una máquina de espresso, una cafetera francesa o una de las versiones modernas del tradicional café de goteo, que triunfan entre los paladares más exquisitos. “Es toda una filosofía que enlaza con la tendencia del slow food”,señala Pérez Figueroa en referencia al movimiento de consumo alternativo.

“El café está en la cultura árabe; la misma palabra café viene del árabe qahwe”, defiende Abdullatif, mientras atiende a unos clientes. Pasada la sorpresa inicial, aprecian su presencia. De alguna forma sienten que su implicación personal es una garantía de calidad que va más allá del mero negocio.

Por Ángeles Espinosa
Con información de El País

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Turquía y la cultura del café, patrimonio de la humanidad

Las nuevas generaciones turcas re-descubren ahora las minúsculas tacitas de café como el complemento ideal de su tiempo de ocio.

Kahwa 'arabi
Kahwa ‘arabi: Un café árabe, de Guiseppe Signorini (1857-1932)

Un café, por favor. La frase no es demasiado habitual hoy día en el país que inventó la cafetería, pero vuelve a popularizarse entre las jóvenes generaciones turcas, que redescubren las minúsculas tacitas de café como el complemento ideal de su tiempo de ocio.

El espaldarazo que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) le dio a inicios de diciembre, al inscribir formalmente la «cultura del café turco» en su registro de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ha contribuido a darle lustre a una antigua tradición algo marginada en las últimas décadas. Nota de la bitácora: «En rigor de verdad,la cultura del café es árabe,ya que los turcos carecían del preciado fruto que era traído de las «provincias turcas» en su más negro período colonial».

«El café turco crea un espacio de tranquilidad, de intercambio con amigos. Cuando te tomas un café turco con alguien es para tener tiempo, para hablar, no para estar todo el rato en el móvil, como en las cafeterías modernas donde la gente se toma espressos. Es un momento de amistad», explica Marti Gürtuna, una joven abogada.

]La catástrofe para el café vino en 1923, con la derrota del Imperio Otomano y «la pérdida definitiva de las provincias árabes».

«Es algo muy distinto del café espresso europeo, que se bebe para mantenerse despierto», cree.

Precisamente las prisas de la vida moderna han dejado la costumbre turca algo arrinconada: como gran parte de sus colegas, Gürtuna toma un café instantáneo por la mañana «porque el café turco no se puede tomar con prisas».

Pero no renuncia a él: «Intento al menos una vez al día tener un rato para sentarme, tomarme un café turco, beber el vaso de agua y comerme algún dulce: todo eso forma parte de la ceremonia».

La primera cafetería de Estambul abrió en 1544, popularizando así entre las clases urbanas una bebida tradicional en Etiopía y Yemen. Un siglo más tarde, el hábito se extendió, a través de Venecia, por toda Europa y empezó a ser sinónimo de debate intelectual, reunión social y tiempo libre.

La catástrofe para el café vino en 1923, con la derrota del Imperio Otomano y «la pérdida definitiva de las provincias árabes», desde donde se ¿»importaba»?,(¿acaso lo pagaban?),el preciado grano. (En verdad,saludaban con sombrero ajeno,trajeron el maravilloso grano de sus saqueos a tierras árabes).

El fundador de la República Turca, Mustafa Kemal Atatürk, ideó una solución para impedir que la joven nación se arruinase comprando café al ahora enemigo: introdujo el té, dado que este arbusto, a diferencia del cafeto, sí puede plantarse en Turquía.(Sería bueno la UNESCO reconociera al los turcos por el té y a los árabes por el café).

Desde entonces, la auténtica bebida popular turca, la que se toma a todas horas, es el té -poco variado: nunca ha perdido su sabor de posguerra- mientras que el café, varias veces más caro, quedaba relegado a las clases más ricas y a menudo a reuniones de hombres tradicionales.

Por eso proliferan las cadenas anglosajonas en Estambul: «Las mujeres vamos a las cafeterías de estilo americano o europeo, no porque el café sea mejor sino para ir solas con nuestro portátil, o con nuestro amante: allí te puedes besar. En las típicas cafeterías turcas no puedes», resume la escritora turca Buket Uzuner.

Es lo que está cambiando. «Llevamos tres años y medio abiertos, y vienen jóvenes, mayores, chicos, chicas. No hay un perfil concreto, y es una tendencia en pleno aumento», señala el camarero de la cafetería Kurukahveci en el barrio Kadiköy de Estambul, que sólo sirve bebidas tradicionales turcas.

El café, molido muy fino, es puro, y no se mezcla con especias como ocurre en los países árabes.

La tendencia también ha llegado a las tiendas, donde la oferta de café turco solía ser muy limitada y ahora se encuentran nuevas marcas, aunque la tienda histórica de Kurukahveci Mehmet Efendi cerca del puente de Galata de Estambul -lleva abierta 142 años- sigue siendo objeto de largas colas de quienes prefieren su café recién molido.

Porque el café turco es también una ceremonia del hogar. «Hay que hacerlo despacio», explica Gürtuna: «Se echan dos o tres cucharaditas de café y un poco de azúcar al ‘cezve’, un cazo de latón o cobre con largo asa, se añade agua, se remueve y se pone a fuego muy lento, necesariamente de gas, no una placa eléctrica, que calienta demasiado rápido».

«Cuando sale la espuma, se echa un poco a las tazas para que esté bien repartida -la espuma es fundamental para un buen café- y el resto vuelve al fuego hasta que hierva y se reparte», agrega.(En verdad,café árabe)

Es una ceremonia tradicional importante: «Cuando un chico visita por primera vez a la familia de su novia, ella suele hacer café para todos, pero en la taza de él pone sal en lugar de azúcar. Si aún así él se bebe el café, entonces es que la quiere», sonríe Gürtuna.

El rito no termina acabado el café: es costumbre darle la vuelta a la taza para leer los posos y predecir el futuro, un hábito llamado ‘fal’.

«No sólo lo hacen las señoras mayores, sino todo tipo de personas, también los jóvenes; tengo algunos amigos que lo saben hacer realmente bien», señala Eylem Yanardagoglu, profesora universitaria.

También Yanardagoglu suele desayunar con té o café soluble. «Pero tengo mi ‘cezve’ en casa y me gusta tomar café turco con mi madre. Es un rato relajado, charlamos, y al final le suelo pedir que me lea los posos. Un café turco con mi madre es casi como una sesión de psicoterapia», asegura.

Por Ilya U. Topper
Con información de Inter Economía

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