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El Hakawati – Una forma muy antigua de narración de Oriente Medio

Con una espada en una mano y un libro de cuentos en la otra, Ahmad al Lahham cautiva a los espectadores que intentan evadirse en una cafetería de Damasco, escuchando historias de reinos lejanos y conquistadores valientes.

Tradición oral

Todas las noches, este sirio se pone un fez rojo (gorro de la época otomana), y se transforma en «hakawati», el tradicional narrador de cuentos árabes en la cafetería Nawfara del casco antiguo de la capital de este país devastado desde hace años por la guerra. «El oficio está en vías de extinción. Soy el único hakawati del casco viejo. Si paro, dejará de haber narradores», lamenta Abu Sami (su nombre artístico).

Encaramado a una silla de madera esculpida, este hombre de 58 años está sentado frente a un grupo de jóvenes que beben té o fuman arguile (pipa popular en Oriente). «Hemos vivido un periodo (de guerra), en el que no podíamos salir mucho, pero el propietario de la cafetería insistió en que los hakawatis sigan contando historias, aunque en realidad éramos sólo dos, él y yo», afirma. «Hoy la situación ha mejorado considerablemente y decenas de personas me esperan cada noche», afirma con orgullo Abu Sami.

Estas citas suelen tener lugar una vez por semana pero durante el mes sagrado musulmán del ramadán son diarias. Los espectadores acuden al local por la noche, después de la comida de ruptura del ayuno, y suelen quedarse hasta el alba.

Relatos atrapantes

Esta noche, los espectadores viajan al siglo XIII, con el relato heroico del sultán Baybars, y luego se dejan transportar por las aventuras del caballero pre-islámico Antar bin Shadad.

Estos mitos teñidos de bravura y acompañados de conquistas se hicieron populares después del estallido de la guerra en 2011, en detrimento de los relatos románticos y de los poemas tradicionales, según Abu Sami.

«Vivimos cada episodio del conflicto, allá donde vayamos. Todos los medios de comunicación hablan de tragedias. Venimos a la cafetería para olvidar, los cuentos del hakawati nos ayudan», afirma Mohamad Dyub, un asiduo cliente de la cafetería.

Este hombre de 49 años siempre se sienta en el mismo sitio, envuelto en el humo del arguile. A veces pide una historia en concreto. Le permite viajar «al pasado para escapar de la realidad». «El hakawati nos da un espacio para respirar», dice.



Mantener viva la tradición

Junto a él, Mohamad Jaafar, de 57 años, cierra los ojos para concentrarse en la voz de Abu Sami. «Desde el comienzo del ramadán, no me pierdo ningún relato del sultán Baybars. Estas historias nos llevan a nuestra historia gloriosa, en comparación con la situación actual».

Las paredes de la cafetería Nawfara están adornadas con mosaicos damascenos del siglo XVII, según su propietario. Los retratos de personajes históricos se codean con la fotografía de un anciano, con túnica blanca y fez rojo: «Abdelhamid al Hawari, el primer hakawati de Damasco nacido en 1885″, se lee en árabe.

El oficio es poco atractivo para los jóvenes, interesados en las profesiones bien remuneradas. Wasim Abdelhay, de 32 años, fue hakawati a tiempo completo pero su situación financiera le obligó a cambiar de empleo y ahora trabaja en una central eléctrica. Con motivo del ramadán, retoma su pasión. Con bombachos negros y cinta blanca alrededor de la cabeza, lee cuentos en un restaurante lujoso de Damasco.

«Antes de la crisis, éramos un grupo grande (de hakawatis), que íbamos a los países del Golfo. Pero a causa de la situación, no podemos viajar más, intentamos preservar la tradición aquí», recalca. «Los que quedan en el país se cuentan con los dedos de una mano».

Con información de  llibres

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El Café en la tradición Beduina – Mucho más que una reunión de amigos

Los beduinos siempre tienen café preparado por si vienen invitados. Pero si el huésped no toma la taza y la coloca en el suelo, significa que necesita pedir un favor especial. En este caso, los beduinos le preguntarán de inmediato “¿qué podemos hacer por ti?”.

Beduinos, los Árabes más antiguos

Los beduinos son un pueblo de diez millones de personas repartidas a lo largo de Arabia Saudita, Jordania, Irak, Libia, Egipto, Palestina, Siria, Túnez, Argelia y Marruecos. O mejor dicho un conjunto de pueblos, ya que se trata de una sociedad dividida en numerosas tribus y clanes, muy a menudo enfrentados entre sí.

El origen remoto  se pierde entre las dunas del desierto. Sus raíces están en la Península Arábiga. Se trata de tribus nómadas que van dando tumbos por las arenas. Viven en jaimas que montan y desmontan. Éstas son de pelo de camello o de cabra y protegen tanto del abrasador sol del día como de las gélidas noches.

La tradición del Café

La tradición de preparar el café es una de las tareas más importantes en la comunidad beduina. El proceso de este significativo ritual comienza con el tostado de los granos de café en un sartén sobre el fuego. Según el tiempo de tostado, el café será más o menos fuerte. El segundo paso requiere de una buena molienda,  ayudado por un mortero. El sonido de la molienda invita a los que lo oyen a acercarse a tomar café. El café molido se coloca con agua en el fuego y, una vez que hierva, se vierte en una jarra de cobre en la que se añade cardamomo para darle un sabor especial. Se lleva de nuevo a hervir y, es entonces, cuando comienza la ceremonia de beber el café beduino.

Las tradiciones y los significados que los beduinos conocen perfectamente y son transmitidas de generación en generación a través del relato oral, cuentan con una infinidad de “rituales” cuyo significado debe ser comprendido a la hora de compartir un buen café. Sin esta  enseñanza se puede ofender gravemente al anfitrión.

El anfitrión se levanta sujetando la cafetera con la mano izquierda y las tazas con la mano derecha. La cantidad de huéspedes esperado para beber no define la cantidad de recipientes para el servido, sólo  habrá  dos, máximo tres, tazas para todos. Los huéspedes tienen que quedarse sentados, nada de tumbarse o recostarse porque eso se considera una falta de respeto a él y a su café. El orden en el que estén sentados es indistinto, el café siempre se empieza a servir por la derecha. Sólo si la persona que está más a la derecha le pide al anfitrión que le sirva primero al de la izquierda  puede cambiar el orden.

El café beduino pasa de la mano derecha del anfitrión, que sujeta la taza, a la mano derecha del huésped que la recibe. Debería estar caliente, de hecho, si no lo está es una ofensa a los invitados.

Los invitados no deben dejar  la taza en el suelo, que sería una ofensa para el anfitrión. Ésto, según sus tradiciones, dejarían entrever que se quiere tratar algún problema. Como sólo hay un par de tazas, el café se tiene que beber tan rápido como se pueda para que se siga sirviendo al resto de invitados, siempre en varios sorbos.

Una vez acabado, devolver la taza vacía al anfitrión, y éste  servirá otra taza. Si el invitado no quiere más, tienes que sacudir la muñeca de lado a lado con la taza, el anfitrión la tomará. Dar las gracias se vuelve un problema si el invitado dice “shúkran”, en vez de  “daima”, (el equivalente a “gracias”).

La primera de las tazas es para la hospitalidad. No se puede rechazar. Los beduinos se toman muy en serio el ritual del  café y que alguien lo rechace no está bien visto.



Un contrato de «seguridad»

La segunda es para la espada, que hace referencia a las tradiciones de hace cientos de años. Cuando viajaban, antiguamente, tenían que tener una espada para protegerse de robos, secuestros, para cazar animales y conseguir comida. El invitado se compromete así a  colaborar en la protección de la familia que  sirve el café. Si mientras está con ellos, la familia es atacada, tendrá que luchar a su lado. Si en cambio, es el invitado el que resulte atacado, la familia lo protegerá. De esta manera, con la aceptación de la segunda taza de café, se está pactando un  contrato de “seguridad”.

La tercera es para el estado de ánimo. Tomar la tercera taza es símbolo de importancia, de sabiduría. Una señal de que la reunión es agradable y se está a gusto.

No sacudir la taza después de la tercera taza es una falta de respeto. Pedir una cuarta taza es una ofensa. De querer beber una cuarta taza, debe esperarse a que todos los invitados beban y solicitarla en el momento en que la cafetera  vuelve al fuego. Allí comenzará nuevamente el ritual.

Todos los problemas se pueden solucionar con café. Los momentos en que el café se toma para arreglar el mundo son los únicos en los que se puede beber la cuarta taza sin que sea una falta de respeto.

Todo tiene solución con una taza de café

Tomar un café es algo más que sentarse a hablar en el mundo beduino. Los mayores de las familias, con sus acompañantes, van hasta la familia o tribu con la que existe un problema a tratar. En este caso, el anfitrión no comienza a servir el café por la derecha sino que agita las tazas hasta que los “invitados” señalen al más respetable de los suyos que es al que se sirve primero. Como la reunión es para tratar un problema, el mayor toma la taza con el café y la deja directamente en el suelo. El anfitrión devuelve la cafetera al fuego y pregunta por qué no bebe su café, a lo que se responde con la exposición del problema. Es aquí, con este gesto que se expone el problema por primera vez.

Al llegar a un acuerdo, el anfitrión dirá “bebe tu café” y tomando  la cafetera le servirá de nuevo, hasta las tres tazas.

Las reuniones pueden durar horas. Ninguno de los “invitados” puede aceptar nada de los anfitriones. Llevan su propio agua para beber en el caso de que la necesiten. Si alguno, no sólo el más respetable, bebe algo de los anfitriones se rompe la negociación y hay que volver a empezar desde el principio otro día.

Al igual que en el caso anterior, la taza de café beduino acaba en el suelo. A la pregunta “por qué no bebes mi café” se responde con la petición de la mano. No hay sí, ni no como respuesta. En el caso de que se acepte, el anfitrión dirá: “bebe tu café”.

Hace siglos, cuando había luchas y guerras entre tribus, se servía una cuarta taza. Su significado era que, quien la bebiera, se comprometía a cumplir con una misión de sangre, normalmente matar a alguien de la tribu rival. En el caso de que no lo consiguiera, perdía todo su status en la tribu, desde su familia a sus posesiones, y se convertía casi en un esclavo. Sólo podía recuperar lo perdido si cumplía con su cometido.

Con información de Salta conmigo

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Yemen y su milenaria tradición oral

En ningún otro lugar como en el Yemen la tradición oral ha jugado, y sigue jugando, un papel tan crucial en la reconstrucción y transmisión de los relatos históricos más antiguos de esta zona geográfica. La historia de este país se asienta sobre leyendas y mitos que se han transmitido de forma oral. La escasez de fuentes documentales escritas 1 confiere a la historia antigua yemení una marcada connotación mitológica lo que, a su vez, contribuye a envolver el país en un halo de leyenda. Esta situación, que podría representar un límite desde un punto de vista histórico, supone sin embargo una aportación de valor incalculable en el ámbito del estudio de su tradición cultural.

De hecho, en esta “tierra de donde llegan los mitos” 2 los acontecimientos históricos, los mitos y las leyendas se superponen y se confunden. El Yemen parece ser el lugar donde hunden sus raíces los cuentos tradicionales. Por esta razón se hace imprescindible para nuestro tema referirnos, aunque sea someramente, a este patrimonio cultural, a caballo entre historia y tradición.

Las referencias legendarias sobre el Yemen se fundamentan, en gran medida, en las “leyendas de los antiguos”, un conjunto de tradiciones orales que se ha transmitido de generación en generación, y que se ha desarrollado ulteriormente en los primeros siglos del Islam. Se trata de mitos sobre la fundación, las sagas heroicas y poemas épicos nacionales y tribales, en los que es posible encontrar motivos y elementos maravillosos, presentes en muchos cuentos yemeníes. 3

Incluso a las explicaciones de la etimología del término Yemen suelen rozar con la leyenda. El término árabe yaman 4 significa “lado derecho”, y quizás se refiera a la ubicación del país, situado a la derecha de la Ka’aba o del sol. 5  Según otra interpretación, procedería de la dispersión hacia la derecha, en dirección al sol naciente, de algunas gentes en tiempos de Babel. 6

También podría aludir a la prosperidad del país, ya que de la misma raíz ymn, deriva la palabra yumn 7 que significa precisamente “prosperidad” y quizás le fuera atribuida esta característica por tratarse de un territorio muy fértil. Esta interpretación engarzaría así con la Arabia Felix que utilizaran ya los romanos para referirse a esta parte de la península árabe.

Además, este territorio de la Arabia Felix encajaría con la delimitación de Yemen que se le atribuye al profeta Muḥammad, de quien se dice que una vez subido al monte Tabūk, apuntando hacia el Norte, proclamó: “Todo esto es al–Šām” y apuntando hacia el Sur: “Y todo esto es al–Yaman.” 8

Al hablar de Yemen y de sus leyendas, la primera referencia que nos llega a la mente es la de la reina de Saba, en árabe malikat Saba. No hay fuentes fiables que nos den información sobre ella, 9 no se sabe con exactitud ni su nombre ni de dónde llega ni tampoco cual fue la naturaleza de su relación con el rey Salomón, en árabe Sulaymān.

Pero allí donde la historia no logra dar respuestas, interviene la leyenda. Y la leyenda en este caso es multiforme ya que son muchos y variados los exegetas, místicos, narradores, escritores, poetas y artistas que se han aventurado a narrar sobre este personaje extraordinario, superando todo tipo de barreras culturales y religiosas. 10

En este sentido, se acepta de forma generalizada que los orígenes de la fabulosa reina de Saba se encuentran en Yemen. Sin embargo, mientras que todo el mundo se refiere a ella con el título de reina, los yemeníes mantienen con ella una relación mucho más familiar y la llaman, directamente, por su nombre de pila, Bilqīs.

El renombre de la dama no solo se debe a su belleza e inteligencia sino también a su labor como promotora y protectora de las artes, de la literatura de la religión. Dos son los principales hechos que la leyenda asocia a esta soberana, tan prodigiosa como misteriosa. El primero, haber nacido en un mundo sobrenatural, el mundo de los ŷinn. El otro, citado tanto en la Biblia como en el Corán, relata su encuentro con el rey Salomón y a la naturaleza de su relación con él. Ya que su misma existencia navega entre la historia y la leyenda existen diferentes versiones sobre estos dos acontecimientos. 11

Sobre lo que no parece haber contradicción entre las diferentes fuentes es acerca de los rasgos que adornan su personalidad, es decir, su sabiduría, su astucia y su encanto personal.

Por lo que concierne al primer aspecto, encontramos en los textos diferentes versiones. Por un lado, la reina Bilqīs, nombre que suele atribuírsele en la tradición árabe, sería hija de un rey ḥimyarita y de una ŷinniyya. Así, de acuerdo con el erudito Wahb b. Munabbih, 12 un día se enfrentaron dos serpientes, una blanca y otra negra. La blanca, que era realmente una ŷinniyya, resultó victoriosa gracias a la ayuda del rey ḥimyarita al-Haḏād y su padre, el padre de la ŷinniyya le concedió la mano de su hija al rey al-Haḏād en señal de gratitud, a condición de que no le hiciera preguntas nunca, sobre nada de lo que ocurriera. De este matrimonio nacieron tres hijos que fueron raptados por una perra. En ese momento, al-Haḏād no pudo evitar pedirle aclaraciones a su mujer y de este modo averiguó que la perra era en realidad la nodriza que cuidaba de sus hijos. De estos tres hijos sólo una sobrevivió, Bilqīs, que más tarde se convertiría en la reina de Saba.

La versión de Našwān al-Ḥimyarī, 13 por otro lado, cuenta que el gran rey ḥimyarita al-Haḏād, durante una cacería se topó con un lobo que perseguía a una gacela e intervino para rescatar a la gacela, habiendo primero conseguido hacer huir al lobo. Luego, siguió la pista de la gacela, lo que le condujo a una ciudad extraordinaria habitada por los ŷinn. La gacela que él acababa de salvar no era otra que la hermosísima hija del rey de los ŷinn y de la que inevitablemente se enamoró.

El rey de los ŷinn le concedió la mano de su hija como recompensa y los ŷinn construyeron para los esposos un maravilloso palacio donde más tarde habría nacido Bilqīs. Esta joven estaba dotada de gran inteligencia y fue educada en todas las ciencias, convirtiéndose incluso en la consejera de su padre, el rey y alcanzó fama en todo el reino ḥimyarita por su conocimiento y sabiduría. Al-Haḏād, sintiendo cercano el momento de su muerte, reunió a todos sus consejeros para designar precisamente a Bilqīs como su sucesora, y así llegó ésta a convertirse en la reina de Saba.

El otro acontecimiento, como ya se ha dicho antes, es su legendario encuentro con el rey Salomón. Este hecho no sólo aparece mencionado en los textos sagrados de las tres religiones monoteístas, sino que además ha sido transmitido por las tradiciones judía, etíope, cristiana y árabo–islámica, en cada una ellas con sus distintas variantes. Un elemento permanece sin embargo inalterable en todos los casos: el ingenio y el encanto que se le atribuyen a este personaje.14

Una vez más hay que agradecer a la tradición oral los innumerables testimonios narrativos que nos ha dejado, como es el caso de las “leyendas de los antiguos”. Este material, reelaborado por los comentaristas coránicos y los predicadores religiosos, ha ido dando forma a una riquísima tradición árabo–islámica que es la que, de todas ellas, se ha ocupado en mayor medida de reelaborar el relato de la reina de Saba. El encuentro legendario entre la reina y el rey Salomón, por lo tanto, figura tanto en el Corán 15 como en las Qiṣaṣ al-Anbiyāʾ, Historias de los Profetas, un texto que se encuentra muy cercano a la tradición de los cuentacuentos y que es, a su vez, fuente de multitud de otros textos árabes. 16

Se dice que la reina de Saba gobernaba un estado muy próspero, famoso en todo el Oriente. Tenía un rostro de gran hermosura y estaba dotada de inteligencia y astucia. Bilqīs, que adoraba al Sol, había construido un templo dedicado a su dios. En esa misma época,17 Salomón reinaba en Jerusalén y adoraba al único y verdadero
Dios. El rey, habiendo escuchado las noticias que le llegaban acerca del reino de Saba y de su extraordinaria reina, quiso enviarle a ésta un mensaje para intentar convencerla de que se convirtiera al Islam, la religión verdadera.

Y así le envió una abubilla 18 que llevaba una carta con su sello en la que la invitaba a visitarle y a adoptar la única y verdadera fe. La reina, a cambio, envió al rey una delegación con muchos y valiosos regalos acompañados, al mismo tiempo, con  una serie de enigmas, para probar la reconocida sabiduría del rey y la veracidad de su misión como profeta. Salomón solucionó todos los enigmas, pero le envió de vuelta todos los regalos valiosos, ya que su auténtica intención era la de convertir a Bilqīs y a su pueblo. La reina, admitiendo que Salomón era un profeta fuera de toda duda, decidió ir a visitarle y rendirle homenaje. El rey, al saber de la inminente visita de la soberana, ordenó a los ŷinn que le construyeran un trono extraordinariamente precioso, así como un palacio para que pudiera alojarse.

Los ŷinn, sin embargo, temían que Salomón pudiese enamorarse de Bilqīs, y que ellos pasaran a ser también esclavos de la reina. Por ello, construyeron el palacio con un suelo de cristal, transparente, por debajo del cual fluía un arroyo. Ellos sabían que Bilqīs tenía las piernas cubiertas de pelos y pretendían con esta maniobra que Salomón pudiera darse cuenta de este hecho y así evitar su enamoramiento.

Efectivamente, en cuanto Bilqīs pisó este suelo, y pensando que era agua lo que allí había, levantó su túnica, dejando al descubierto sus velludas piernas. Él, sin embargo, no se percató de nada, embelesado como estaba por la belleza de su rostro y le dio la bienvenida con gran alegría. Luego la instruyó en la fe islámica y ella se convirtió a la verdadera religión, abandonando así el paganismo. De esta forma fue como él se enamoró perdidamente de ella y se casaron. Cuando Bilqīs se vio obligada a regresar a su pueblo, Salomón les pidió a los ŷinn que construyeran para ella tres palacios en el Yemen, de los cuales el más famoso es el fantástico Palacio de Jumdān en la ciudad de Saná.19

Otro acontecimiento que navega entre la historia y la leyenda es la destrucción de la Presa de Ma’rib.20 En relación con este hecho dice el Corán que Ma’rib era la capital del pueblo Sabeo y que la destrucción del dique fue un castigo por la ingratitud de este pueblo hacia Allâh.21 Esta catástrofe, que aconteció realmente, ha ido enriqueciéndose gracias a las narraciones de los historiadores, narraciones que incluyen varios elementos legendarios. Así, por ejemplo, en una de las versiones más  difundidas, se narra que fue un ratón el que anunció la calamidad. La adivinadora Tarifa, mujer del rey de Ma’rib al-Muzaykiyāʾ, tuvo sueños de destrucción y advirtió señales premonitorias en el comportamiento insólito de tres topos y de una tortuga que se cruzaron en su camino. A su sugerencia, acudió el rey al-Muzaykiyāʾ a visitar este lugar y allí se encontró que un ratón cavaba un hueco en el dique, lo que se interpretó como el anuncio de la inminente catástrofe 22.

La destrucción de la Presa de Ma’rib también habría causado la dispersión de las gentes yemeníes, cuyo abandono de Ma’rib habría causado una inevitable reorganización del cuadro tribal yemení 23.

Asimismo, la fundación de Saná se remontaría a la época de Sem, el hijo de Noé. Cuando Noé envió a sus tres hijos a poblar el mundo tras el Diluvio Universal, Sem, en su viaje hacia el sur, eligió un lugar situado a los pies de una montaña para fundar una nueva ciudad. Apenas empezó a desenrollar su hilo de plomo, un ave tomó este hilo y voló lejos hasta echar el hilo en el sitio en que todavía hoy se halla Saná. Se cuenta que el Ŷabal Nuqūm, que de hecho se encuentra en las afueras de Saná, es la montaña donde el ave robó el hilo a Sem 24.

Existen también multitud de personajes y acontecimientos históricos y legendarios que han pasado a formar parte de la literatura épica árabe más destacada y que están arraigados en el sur de Arabia y, por lo tanto, en Yemen. Entre ellos, por ejemplo, la primera parte del ciclo épico de los Banū Ḥilāl, 25 una larga narración en prosa intercalada con poemas que se desarrolla en Yemen. En los valles alrededor de los desiertos yemeníes vivían los príncipes hilalíes antes de su migración hacia Egipto debido a una prolongada sequía. 26

Especialmente ligado al Yemen se encuentra igualmente el personaje de Sayf Ibn ḏi Yazīn, 27 un rey yemení descendiente de la dinastía himyarita del siglo VI y protagonista de la homónima sīrat. Con sus hazañas heroicas lideró la guerra contra de los aksumita de Abisinia que en aquel tiempo habían invadido el país.

Es cierto que en Yemen el pasado sigue, de alguna manera, todavía muy presente. Muchos acontecimientos muy antiguos, reales o fruto de la leyenda, se cuentan como si hubiesen ocurrido ayer o anteayer, imbricándose tan estrechamente con la realidad cotidiana que se acaba confundiendo lo histórico y lo legendario. Como, por ejemplo, las hazañas de los ya citados antiguos reyes himyaritas de Arabia del Sur 28 o el ciclo épico de los Banū Hilāl,29 anteriormente citado, que todavía sobrevive en la tradición oral. 30

A todo ello se une el hecho de que, a lo largo de su historia, el Yemen ha sido dominado por innumerables pueblos, civilizaciones, reyes, etc. con sus respectivas culturas y creencias, de cuyas aportaciones ha ido enriqueciéndose hasta convertirse, también en el imaginario colectivo de otros pueblos árabes, en un país donde ocurren hechos extraordinarios y maravillosos. Aunque también es un país donde viven seres demoníacos, tremendos, que en los cuentos reciben el nombre de ŷinn, ŷarŷūf o duŷra. 31

Además, no hay que olvidar que, en los tiempos antiguos, como ya se ha dicho, este país se había ganado ya el nombre de Arabia Félix. La Arabia meridional fue la zona de producción de incienso por excelencia. Una vez extraído el incienso, era transportado en camellos y asnos hacia el norte atravesando el Yemen, Arabia Saudí y Petra hasta llegar al puerto de Gaza, en Palestina.

El incienso y las demás mercancías viajaban por tierra y por mar alcanzando así el resto de la Arabia, África, India y Asia. Acompañando al incienso, a los camellos, a los asnos y a los barcos, viajaban también los comerciantes, y con ellos, sus relatos, cuentos, poemas, canciones, refranes, además de sus creencias y tradiciones. En medio de este trajín comercial, los cuentos se iban modificando y se enriquecían de forma continua con nuevos elementos de las más variadas tradiciones, dando lugar a un vasto patrimonio, rico y muy variado.

Esta tradición oral sigue muy presente en la vida cotidiana. Los trabajadores que, a diario, se reúnen en las calles de las urbes esperando encontrar trabajo, suelen matar el tiempo contando relatos. Como proceden de todas partes de Yemen, traen junto a sus herramientas de trabajo, un tesoro de historias orales: poemas, proverbios, canciones y versos. Relatan cuentos acerca de profetas, reyes, sultanes y gente común mezclando, como ya hemos mencionado, hechos históricos con elementos ficticios y maravillosos.

También las reuniones cotidianas para mascar qāt 32 son un buen momento para escuchar y narrar historias, así como las reuniones familiares con ocasión de matrimonios, celebraciones y otras fiestas religiosas.

Por Angela Antonia Piccolo – Universidad Autónoma de Madrid.


Notas:

1 Luqmān, Ḥamza A., Asāṭīr Min Tārīk̲ Al-Yaman, [Leyendas de la historia del Yemen] Dār al-Masīra, Bayrūt, 2ª edición, 1988, pág. 3 y ss.; Ansaldi, C., Il Yemen Nella Storia E Nella Leggenda, Sindicato italiano arti grafiche, Roma, 1933, pág. 45 y ss; Burrowes, Robert D., Historical Dictionary of Yemen, Scarecrow Press, Lanham, 2010, pág. 23.
2 Daum, W., Märchens aus dem Jemen, Diederich, Köln, 1983, pág. 223.
3 Canova G., Fiabe e leggende yemenite, Franco Muzio Editore, Roma, 2002, págs. 12–13.
4 Ibn Manẓūr, Lisān al–ʿArab, Dar Sader, Beirut, vol., 13, pág. 458 y ss.
5 Grohmann, A. “Yaman” en The Encyclopedia of Islam, Brill, Leiden, 1960-1991, vol. XI, pág. 270 y ss.
6 Idem.
7 Ibn Manẓūr, op.cit., vol., 13, pág. 458.
8 Grohmann, A., “Yaman” en Enc. of Islam, op.cit., vol. XI, pág. 271. Sobre el concepto de Yemen véase también Bashear, S., “Yemen in Early Islam: An Examination of Non-Tribal Traditions”, en Arabica, vol. 36, 1989, págs. 327–361.
9 Abbott, N., “Pre-islamic Arab Queens”, en The American Journal of Semitic Languages and Literatures, vol. 58, n.1, University of Chicago Press, Chicago, 1941, pág. 1 y ss.
10 Canova, G., Ṯa’labī – Storia di Bilqis regina di Saba, Marsilio Editore, Venezia, 2000.
11 Abbott, N., op.cit., pág. 1.
12 Wahb b. Munabbih – Ibn Hišām, Kitāb at-tīŷān fī mulūk Ḥimyar [El libro de las coronas de los reyes de Ḥimyar], Markaz aldirāsāt wa-al-abḥāt̲ al-yamaniyyaẗ, Saná, 1979, pág. 26.
13 Našwān, ibn Saʿīd al-Ḥimyarī, Mulūk Ḥimyar wa aqyāl al–Yaman. Al Qaṣīda al–ḥimyariyya [Los Reyes de Ḥimyar y los príncipes de Yemen. Oda ḥimyarida], Dār al-ʻawdah, Bayrūt, 1978, pág. 127. También véase Ansaldi, C., op.cit., págs. 57-59.
14 Canova, G., Ṯaʿlabī…, op.cit., pág. 23.
15 El Corán, Azora XXVII, 20–40.
16 Canova, G., Ṯaʿlabī…, op.cit., págs. 24-26.
17 Sobre la contemporaneidad de los dos reinados, como sobre muchos aspectos, hay opiniones discordes. Véase, por ejemplo Luqmān, Ḥamza A., op.cit., pág. 43 y ss.
18 La abubilla, en árabe hudhud, es un ave especial para los árabes y está dotada según ellos de una agudeza visual proverbial. El Profeta Muḥammad prohibió que se le diera muerte. Canova, G., Ṯaʿlabī…, op.cit., pág. 33.
19 Para más información sobre la reina de Saba y el Rey Salomón, véanse además de Canova, G., Ṯaʿlabī…, op.cit., así como también Ansaldi, C., op.cit., págs. 67-76; Hanauer, J. E., Folk-Lore of the Holy Land, Moslem, Christian and Jewish, Sheldon Press, London, 1935 y Luqmān, Ḥamza A., op.cit., pág. 43 y ss.
20 Māʾrib es una ciudad situada al este de Saná y fue capital del reino Sabeo. La presa fue construida por los Sabeos, probablemente alrededor del siglo VI a. C., para suministrar agua a los cultivos. A lo largo de los siglos, la presa fue reparada muchas veces, pero su colapso definitivo llegó en el siglo VI d. C., el siglo en que nació el Profeta Muhammad. Müller, W.W., “Mārib”, en Enc. of Islam, op.cit., vol. VI, pág. 559 y ss.
21 El Corán, Azora XXXIV, 16-17.
22 Amaldi D., “Erano rossi i topi che distrussero la diga di Ma’rib?”, en AA.VV., Oriente Moderno, Istituto per l’Oriente, Roma, 2005, vol. 85, n. 2-3, págs. 247 – 254.
23 Ibid, págs. 248 – 249.
24 Han, C., From the land of Sheba – Yemeni folk tales, Interlink Books, Northampton, MA, 2005, pág. 11.
25 Connelly, B., Arab Folk Epic and Identity, Berkeley, University of California Press, 1986, págs. 119 y ss.; Saqqāf, ʿAbd A. A.-R., Qiṣṣat Banī Hilāl: Al-sīrah Al-Hilālīyah Al-Shaʿbīyah Bi-Al-Yaman, [La historia de los Banū Ḥilāl: Biografia popular hilalí del Yemen], Ṣana’a, Maṭabi’ al-Tawjīh, 2010; Fanjul, S., Literatura popular árabe, Editora Nacional, Madrid, 1977, pág. 132 y ss.
26 Canova, G., «Una Ricerca Fra I Banū Hilāl Di Wadi Marḫa (Yemen)», en Quaderni Di Studi Arabi. 11 (1993), 193-214.
27 Canova, G., “Gli Studi Sull’epica Popolare Araba”, en Oriente Moderno, n. 57, 1977, págs. 211-226.
28 Wahb b. Munabbih – Ibn Hišām, op. cit., págs. 37 y ss; Nashwān, ibn Saʿīd al-Ḥimyarī, op. cit., págs. 148 y ss.
29 Connelly, B., op.cit., págs. 26 y ss.
30 Todavía en la actualidad, este poema épico es lo que más se sigue cantando y representando frente al público. Reynolds, D.F., Arab Folklore: A Handbook, Greenwood Press, Westport, Connecticut, 2007, pág. 53. Sobre la épica árabe véase también Lyons, M C., The Arabian Epic: Heroic and Oral Story-Telling, Cambridge, Cambridge University Press, 1995.
31 Canova, G., Fiabe e leggende…, op.cit., pág. 17.
32 Khata aedulis es el nombre oficial de una planta estimulante que los yemeníes suelen mascar y almacenar en la boca. Es tradición en Yemen reunirse por la tarde para masticar qāt y charlar sobre lo más variados temas en compañía. Se trata de un verdadero evento social, si bien se disfruta de forma separada para hombres y mujeres y se celebra cada día en casas privadas a las que cada asistente debe llevar su propia porción de qāt. Los comerciantes lo mascan en sus propias tiendas, y los que trabajan en su mismo lugar de trabajo, incluso en los coches si son taxistas o pasajeros. Se cuenta que tres cuartas partes de los adultos yemeníes suelen mascar qāt cada tarde, después de comer, y que se gastan hasta un tercio de sus ingresos en la compra de esta sustancia. El acto de masticar o mascar en compañía promueve la interacción interpersonal, disuelve los obstáculos sociales que existen en la sociedad yemení y representa un medio más apto que cualquier otra droga para la socialización. Aun en los casos en que el consumo de qāt constituye una carga económica extraordinaria, la presión social es tan fuerte que se sigue consumiendo. No hay que olvidar que cualquiera que voluntariamente decidiera substraerse a este rito se vería etiquetado como “marginado social”. En fin, el qāt es casi un estilo de vida y parece controlar la vida de los yemeníes, toda vez que ellos focalizan su atención sobre la compra de qāt ya a partir del final de la mañana hasta la media tarde. El escritor Abdul–Karim Al–Razihi se expresa de la forma siguiente sobre el asunto: “El qāt es el opio de nuestro pueblo. Es el Imam verde que gobierna nuestra república. Es la llave de todas las cosas y es central en cada uno de nuestros eventos sociales. Es lo inexplicable que lo explica todo.” (en Milich, L. y Al-Sabbry M., “The “Rational Peasant” vs Sustainable Livelihoods: The Case of Qat in Yemen”, en Developmente- Society of International Development, 1995 http://ag.arizona.edu/~lmilich/yemen.html, último acceso 15 de febrero 2015.) A pesar de ser una antigua tradición yemení muy arraigada en la cultura, representa también un obstáculo muy importante para el desarrollo sostenible del país ya que los yemeníes gastan una cantidad muy considerable de tiempo e ingresos en qāt y hay quién llega a afirmar que “no puede haberse un desarrollo en Yemen mientras esta planta continúe ocupando el 90% del tiempo libre de los yemeníes” (ídem). Sobre los anteriores y los múltiples aspectos relacionados con el qāt, así como los efectos sobre la salud, su carga en la economía del país y su papel en la agricultura, existen muchos estudios y publicaciones. Entre otras véase, por ejemplo, Varisco, D.M., “On the meaning of chewing: the significance of qat (Catha edulis) in the Yemen Arab Republic”, en International Journal of Middle East Studies, vol. n.18, n. 1 (feb. 1986), págs. 1 – 13; Rodinson, M., Esquisse D’une Monographie Du Qāt, Paris, Societé Asiatique, 1977; Chelhod, J., “La societé yemenite et le kat”, en Objets et Monds, 12 (1972), n.1, pág. 19; Kennedy, J. G. The Flower of Paradise: The Institutionalized Use of the Drug Qat in North Yemen, Dordrecht, D. Reidel Pub. Co, 1987; Gatter, Peer, Politics of Qat: The Role of a Drug in Ruling Yemen, Weisbaden, Ludwig Reichert Verlag, 2012. En árabe véanse los varios artículos de diferentes autores publicados por el Markaz al-Dirāsāt waal- Buḥūṯ al-Yamanī, [Centro de estudios e investigación yemení], Al-qāt Fī Ḥayāt Al-Yaman Wa-Al-Yamānīyīn: Raṣd Wa-Dirāsāt Wa-Taḥālīl. Ṣana’a, [El qāt en la vida de Yemen y de los yemeníes: observación, estudios y análisis] al-Markaz, 1982.


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