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La eterna interacción de Osiris, Isis y Tifón

No es entonces descabellado que los egipcios sostengan en su mitología que el alma de Osiris es eterna e incorruptible, mientras su cuerpo es repetidamente desmembrado y ocultado por Tifón, e Isis lo busca por todas partes y logra recomponerlo nuevamente. El ser está por encima de toda corrupción, así como de todo cambio.

Plutarco, Iside et Osiride, LIV.



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Proverbio Árabe – Los sentidos

Proverbio Árabe

 

«El ojo se desmiente a sí mismo cuando ama, y el oído cree en los demás cuando odia«.



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Kahwajes (خوادم القهوة الرجال)- Tradicionales servidores de café

Nassib Selman Talih

Kahwajes – (خوادم القهوة الرجال)

Hay algo fascinante en la comunidad de los kahwajes de Líbano, una tradición que sobrevivió durante siglos. Su presencia sorprende a los más jóvenes y transporta a los mayores de vuelta en el tiempo.

La palabra kahwaje viene de kahwi (café, en árabe), es decir, el que hace café. Es una profesión tradicional en muchos países árabes, ya que prepara el café y lo sirve a los clientes. A menudo, los khawajes se encuentran en áreas públicas, mercados callejeros y lugares turísticos, presentando a los transeúntes su delicioso café a cambio de una propina, otra característica de los khawajes: son grandes contadores de historias.

Con su traje folclórico, el sonido de clic de las tazas de café típicas (fanajin), que carga en las manos y el aroma mágico de su café saliendo de la tradicional tetera (dallah), los kahwajes nunca pasan desapercibidos.

Café árabe con cardamomo

Orgullosos de su oficio, pasan horas preparando su café, agregando sus ingredientes secretos a la mezcla. Debe ser por eso que el café de cada kahwaje tiene su propio sabor.



Los tradicionales restaurantes libaneses generalmente contratan un kahwaje para servir una taza de café de cortesía a los huéspedes después de la comida. En ciertas regiones rurales, el kahwaje desempeña un papel importante en las ceremonias de bodas, cumpleaños e incluso en funerales.

La importancia del kahwaje se inserta en la popularización y difusión de la cultura del café en los siglos.

Gran Café – Hassan Jouni

Artistas como el renombrado pintor libanés, Hassan Jouni, capturaron en sus pinturas su esencia dentro de un típico café de Beirut.

En tiempo: el kahwaje más antiguo de Líbano se llama Nassib Selman Talih y sirve café hace 56 años en el restaurante Mosaico, del famoso hotel Phoenicia de Beirut.

Para un país donde el pasado y el presente se entrelazan, y donde el café es inherente a las costumbres locales, el kahwaje es el recuerdo viva de ese pasado cultural de Beirut y también un símbolo de la generosidad y hospitalidad.

Por Lebanon Traveler

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Proverbio Árabe – El camino

Proverbio Árabe

Si encuentras un camino sin obstáculos, probablemente no te lleve a ningún lugar.



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Bachir Magdalani y la negación de sus raíces palestinas

Nazaret a finales del siglo XIX

Refería que Aziz debió huir acompañado de Afife, su joven esposa, y de Yvotyropea la Nativa Guaraní, su leal concubina, a través del Pilcomayo hasta San Francisco y desde ahí hasta Cochabamba, soportando la hostilidad de la selva.

Meses después de haber nacido Chafik, asomó a la vida Said, enseguida, Amín y las dos mujeres, Nadia y Jazmín, esta última causante de que Afife muriera en el parto, mientras sus pensamientos anidaban lejos, en la Palestina de sus padres.

Al morir Afife, Aziz le entregó el cuidado de la parvada a la Nativa Guaraní, dedicada desde hacía mucho tiempo a ser una segunda madre. Ella les enseñó a hablar el guaraní, a amar las cosas sencillas, la selva de horizontes lejanos, el Chaco, a jugar con lanzas y flechas a los varones, como si fuesen guerreros guaraníes de verdad. En las noches, ella o Aziz, alrededor del mate, les referían cuentos de Las Mil y Una Noches, historias de califas, de caballos encantados, de aves gigantes que cruzaban los cielos y mares en menos de un día.

Penélope del Pilar, desde la misma fecha en que su padre habló de su ascendencia italiana o francesa, empezó a cambiar de amistades y a desconocer a cuanto pariente no tuviese el apellido Magdalani, rehuyendo, además, a los que lo tenían. Una mañana despertó como si en la noche la hubiesen coronado reina; llamó a la mucama y le dijo que le ayudara a calzarse las pantuflas y a ponerse la bata de seda.

«Magdalani, Magdalani, Magdalani»: qué bello sonaba su apellido. Se sentó frente al tocador, rebosante de ideas destinadas a cambiar su existencia por una más acorde a los modelos de la sociedad a la cual soñaba incorporarse. Sabía que más de alguien iba a indagar a fondo sobre el origen de su familia. Habría que disipar dudas, responder a interrogantes legítimos. Entonces, creó su propia versión, que se iniciaba a partir de la información de su padre.



En la biblioteca, a la que entraba sólo raras veces para admirar el efecto decorativo de la empastadura de los libros, encontró un mapa de Italia editado por Rand McNally, y sus ojos se clavaron en el norte, en Lombardía, nombre que le recordaba un suceso, aunque ignoraba de que se trataba. Después se fijó en la ciudad de Mantua. Algo sabía sobre un duque de Mantua, personaje que le parecía protagonista de un lance amoroso en una novela. A partir de estos antecedentes, elaboró un árbol genealógico de estructura complicadísima, donde sus antepasados estaban emparentados con más de algún Papa, con escritores y pintores del Renacimiento.

Andrea, a su vez, urdió otra historia igual de portentosa. Cuando iba a comer donde amigos, en las fiestas a que asistía, en la peluquería o donde la modista, comentaba que un tatarabuelo suyo había sido consejero del rey de Italia, Víctor Manuel II. Y que Cavour se alojaba a menudo en casa de sus parientes, circunstancia que lo llevó a enamorarse de una Magdalani, cuya belleza casi trastorna al político. Al final, la Magdalani de la historia se casó con un príncipe húngaro, quien pudo llegar a ser rey de su país si no hubiese muerto en una epidemia de cólera en el norte de África, adonde llevaba de preferencia a pasear en velero a su joven y bella esposa.

Ni a Chucre ni a Marisol les complacía la conducta de Bachir, su afán antojadizo de buscar ascendientes italianos o franceses, como si fuese vergonzoso ser descendiente de árabes; pese a todo, se callaban y preferían mantenerse ajenos a los devaneos sociales de Bachir y sus hijas, acaso estas últimas las más decididas a cambiar sus relaciones sociales, a borrar de una plumada todo vestigio que las pudiese vincular a inmigrantes pobres, analfabetos, en su mayoría provenientes de los campos.

El bisabuelo de las jóvenes, Aziz Magdalani, no sabía leer ni escribir, aunque para él eso no constituía impedimento serio; tenía la capacidad maravillosa para hacer cálculos matemáticos, discernía por intuición las buenas y las malas noticias cuando le escribían desde Palestina y, a menudo, se valía de la triquiñuela de hacer leer a otros cuanto le interesaba, pretextando que se le habían extraviado las gafas. Afife, también analfabeta, sabía contar maravillosos cuentos e historias —que podían ser verdaderos o falsos—, como si los hubiese leído en libros traídos de ultramar.

Cuantas veces se reunieron las familias de Chucre y Bachir luego del anuncio pomposo de que los Magdalani eran descendientes de nobles italianos o franceses, sólo se hablaba de eso. El asunto, molestaba sobremanera a Jorge, el mayor de los hijos de Chucre, cuyas actividades en la universidad le habían proporcionado fama de revoltoso y agitador, al punto que sus primas Penélope del Pilar y Andrea, lo consideraban un redomado anarquista.

Por Walter Garib

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Proverbio árabe – Nunca discutas

Proverbio árabe

Nunca discutas con un idiota.

La gente puede no diferenciar quién es quién.



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Proverbio Árabe – El beneficio

Los notables planean, los grandes lideran, los héroes conquistan… y los cobardes se benefician.



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