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Rivera Núñez,varias generaciones de calígrafos

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La caligrafía es el arte de escribir con bellos rasgos, denotando en la escritura la personalidad, carácter y talento del que escribe. En mi familia paterna, conozco a partir de mi abuelo Fernando Rivera esta aptitud para la caligrafía, heredada a mi padre y mi hermano. En mi familia materna, está mi madre.

Me exigí conocer estos documentos para dejar constancia a futuras generaciones desde donde viene esta vena caligráfica. Como toda empresa fue difícil sacar de aquellos libros antiguos y ya con polilla las páginas deseadas. Mi tío Carlos, hermano de mi padre, colaboró conmigo y pude obtener tan deseado documento de mi abuelo Fernando.

Mi padre me facilitó el de mi madre, lo tomó de un cuaderno de planes de cuando ella  ejercía su carrera docente. Los rasgos de mi abuelo han quedado plasmados en las cartas de venta u otros documentos que se le encargaban en la alcaldía municipal de mi pueblo, la preciosa letra de ambos debió fascinar a más de alguna autoridad de la época así como lo sigue haciendo ahora con nosotros sus descendientes.

Una definición contemporánea de la práctica de la caligrafía es “el arte de dar forma a los signos de una manera expresiva, armoniosa y elegante” (Mediavilla 1996). La historia de la escritura es una historia de evoluciones estéticas enmarcadas por las habilidades técnicas, velocidad y limitaciones materiales de las diferentes personas, épocas y lugares. (Diringer 1968: 441).

La Caligrafía abarca desde creaciones completamente utilitarias hasta magníficas obras de arte donde la expresión abstracta puede (o no) sobreponerse en importancia a la legibilidad de las letras (Mediavilla 1996). La caligrafía clásica difiere de la tipografía y de la escritura manual no clásica, aunque un calígrafo puede ser capaz de crear todas ellas.

Mi padre es un ejemplo de ello, y es quizás el único en mi pueblo que aún llena diplomas con tinta china, en letra gótica  de forma manual y artística. Sus canutos y plumillas, siguen en vigencia y cada año parecen retomar nuevos brillos en sus manos. Él mismo cuenta que en sexto grado su profesor lo descubrió y le pidió que llenase él mismo su diploma de sexto grado.

Mi madre me contaba que cuando se graduó de profesora, envió una carta para solicitar un puesto en San Pedro Sula y fue su letra la que le dio el pase a ocupar tan ansiado puesto de trabajo en esa importante ciudad de Honduras.

Mi hermano Ovidio, es un abogado que persiste en mantener el cuidado de los rasgos de la letra, sus documentos parecen escritos a máquina, perfectos. Es un verdadero deleite leerlos y apreciarlos en su verdadera dimensión.

La tradición afirma que los caracteres chinos, la forma más antigua conocida de escritura de los existentes hoy en día, fueron inventados por Cang Jie  (hacia 2650 A. C.).

La cultura china concede una gran importancia a la caligrafía. Ésta se fundamenta en la belleza visual de los ideogramas, la técnica de su realización y los preceptos metafísicos de la cultura tradicional china.

La caligrafía occidental se desarrolla mucho más tarde y de forma totalmente independiente. Su origen es el alfabeto latino, con el que en la Edad Media escribían los monjes copistas sobre pergaminos.

Aproximadamente en la misma época la cultura islámica desarrolla su propia caligrafía, basada en el alfabeto árabe, y debido a la prohibición religiosa de representar seres vivos, la convierte en un arte decorativo de amplio uso en la arquitectura.

El bolígrafo primero, y posteriormente las máquinas de escribir y los ordenadores han supuesto la desaparición de la caligrafía de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, es hoy un arte muy vivo, una forma de expresión artística que une la escritura con otras artes plásticas como el dibujo y la pintura y que da lugar a obras de gran belleza plástica, en las que constantemente buscan inspiración los creadores de nuevas tipografías.

La caligrafía está presente a nuestro alrededor en la publicidad, los logotipos de compañías y las etiquetas de muchos productos.

Es un verdadero banquete para nuestra vista, y para los que amamos las letras disfrutar de una forma de escritura que está ligada al talento, al cuidado, al arte a mano. Aún quedan calígrafos, y yo estoy feliz porque varios pertenecen a mi familia.

Por Perla Rivera Núñez (Poeta hondureña)
Con información de Diario Latino

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Reflexiones del cielo, meditaciones en la tierra

El Muvim expone varias de las obras de la artista Wijdan F. Al-Hashemi en la exposición sobre caligrafía árabe.

La princesa desmitifica leyendas sobre el arte árabe. © Levante
La princesa desmitifica leyendas sobre el arte árabe. © Levante

Reflexiones del cielo, meditaciones en la tierra es el título de la exposición que la ha acercado a Valencia como embajadora del arte jordano y también como artista. La muestra, que se exhibe en el Muvim, procede de la Jordan National Gallery y ofrece una panorámica contemporánea sobre la caligrafía árabe convertida en elemento estético y reflexión personal de los artistas. La suya aborda el amor.

Princesa, artista, diplomática, mecenas, impulsora de museos y centros de educación de bellas artes en Jordania…

Nunca me había planteado un porqué al respecto. Sólo hago lo que me da placer y me gusta.

¿Cómo explicaría qué es el arte árabe?

El arte árabe empezó con pasos lentos pero muy seguros. Hasta que comenzó su comercialización por parte del mundo occidental. Las casas de subastas irrumpieron en el golfo Pérsico y subieron los precios del arte para que los artistas tuvieran una ganancia. Pero han llegado al punto de multiplicar por diez el precio de la obra de algunos artista lo que ha hecho que ahora allí no se pueda vender su obra.

¿Cree que es su singularidad lo que atrae a Occidente, o es quizás la búsqueda de una nueva identidad estética?

Ambas cosas. El artista árabe busca su identidad y, al mismo tiempo, mira a Occidente. Hoy en día nadie se puede escapar. La comunicación y la información es absoluta y global. La exposición de Valencia es un ejemplo de búsqueda de identidad de los artistas árabes —la gran mayoría formados en Occidente— a través de la caligrafía.

¿Existe afinidad o cada país de la zona es un mundo por descubrir?

No hay algo que nos identifique en sí a excepción del uso de la caligrafía de forma moderna. Quizás nos diferencie el simbolismo que cada país utiliza. Ese es el caso de los artistas palestinos. Ellos tienen su causa y la llevan siempre en su arte. Por eso también se puede hablar de arte y política. Muchos artistas árabes han tocado de alguna manera la causa Palestina.

Se podría hablar de arte, política y religión o es una mezcla imposible.

Siempre he rechazado la violencia. Creo en la libertad, pero también en que debe tener sus límites a la hora de expresarse. No concibo el uso de elementos religiosos en el arte, ni las burlas. Occidente siempre ha creído que la representación humana estaba prohibida en el arte árabe y no es cierto. De hecho, existen muchas miniaturas que lo representan. Sin embargo, sí es cierto que el artista quiere romper con algunos tabúes y también que existen muchos países que lo han impedido y lo siguen impidiendo. Sólo tenemos que fijarnos en la Primavera Árabe que ha conseguido romper fronteras y eliminar obstáculos.

Esa revolución da la sensación de que en algunos aspectos y países se ha atascado profundamente.

La Primavera Árabe ha traído cosas positivas y negativas. Lo positivo es que ha terminado con muchos regímenes dictatoriales, y lo negativo es que han entrado en el poder de algunos países grupos políticos marcados por el fanatismo religioso, y eso es malo.

Su país también ha estado al borde de algunas revueltas y un sector de la sociedad es muy crítica con la occidentalización del Estado. Las críticas a la reina Rania por los sectores más ortodoxos son conocidos. ¿Ha existido la sensación de miedo en algún momento?

Sensación de revolución no ha habido. Jordania es muy diferente a Libia o a Egipto. El Rey, además, fue muy inteligente y comenzó con las reformas internas dos años antes de que estallaran los conflictos. Quienes han estado en contra del Rey han sido grupos con intereses. Pero Jordania es muy diferente a otros países porque tenemos un alto nivel de educación y es una sociedad culta. No hay apenas analfabetismo comparado con otros países y eso ha ayudado.

Usted, que se mueve en el mundo del arte y tiene una mirada diferente, ¿cree realmente que está en un momento de cambio?

Diría que de incertidumbre. Creo que hay mucho arte conceptual. No soy crítica de arte, pero no todo lo que veo me gusta. También tengo la sensación de que muchos artistas buscan el exhibicionismo, el shock.

¿Y qué le parece que países como Dubái o Emiratos Árabes conformen grandes museos a base de talonario y compren las mejoras obras que salen al mercado como un nuevo reclamo turístico?

Es así, pero no debo opinar.

Ha venido a Valencia con una exposición de caligrafía o lo que es lo mismo la escritura convertida en arte. ¿Es un simple ejercicio estético o una verdadera narración?

Las dos cosas. En mi caso, mi caligrafía habla del amor. Otros hablan de cuestiones políticas o denuncias y críticas sociales. Yo trabajo sobre la idea estética. La caligrafía ofrece una identidad cultural y artística. Pero también he hecho abstracción.

¿Continúa siendo difícil ser mujer y artista?

No. De hecho, de mis investigaciones he descubierto que en el tercer mundo quien realmente hace arte es la mujer porque se queda en casa y dedica su tiempo a crear, a diferencia de Occidente donde la mujer tiene opciones a optar a otros trabajos. En el tercer mundo no existe la obligación de trabajar y las mujeres son más artistas que en Occidente porque están en casa.

¿Cómo ha visto la crisis europea?

Ha sido dura. Pero nosotros también hemos tenido algo de crisis. Nosotros somos un país sin petróleo ni gas.

Por J. R. Seguí

Fuente: Levante

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Papeles en el desierto

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En medio de la ciudad de Tombuctú, al norte de Malí, se alza una casa de color salmón y líneas simples que en la última década ha guardado dentro un trozo de la historia de España. La que escribió y reunió la familia Kati: alrededor de 3.000 manuscritos del siglo XII en adelante entre los que hay desde tratados de ciencia a relatos sobre el exilio en África de decenas de escritores andalusíes. La entrada de los islamistas en marzo pasado ha causado ya estragos en las principales mezquitas de la ciudad y edificios religiosos, así como en tumbas y mausoleos considerados patrimonio mundial por la Unesco.

La biblioteca que gestiona el fondo Kati se llama en realidad José Ángel Valente. La familia dueña de los textos lo quiso así en reconocimiento del apoyo que prestó el poeta gallego a la reunificación y conservación de estos documentos. Valente fue el impulsor de un manifiesto publicado en febrero de 2000 y suscrito, entre otros, por José Saramago, Antonio Muñoz Molina y Juan Goytisolo, para pedir la salvación del fondo. El poeta falleció ese mismo año sin ver el fruto de su empeño, que sí se hizo realidad dos años después, cuando la Junta de Andalucía se sumó al proyecto dándole a la familia Kati lo que necesitaba: un edificio donde, por fin, ordenar y conservar los históricos manuscritos.

Los expertos discrepan sobre el valor del fondo Kati, pero coinciden en que deben conservarse lo mejor posible. “De los 3.000 documentos, la mayoría son hojas sueltas, ni libros”, apunta el escritor e investigador Manuel Villar Raso, que ha viajado en más de veinte ocasiones a Tombuctú y conoció de cerca la historia de la biblioteca. “Yo he visto otras bibliotecas en los alrededores de Tombuctú que son iguales o más importantes. Pero no tienen un edificio como el que le hizo a esta la Junta”, advierte.



Los manuscritos del fondo Kati estuvieron enterrados en aldeas de Malí hasta finales de los noventa

Esa casa salmón de dos plantas con la arena en la puerta pasaría desapercibida en más de un pueblo de la costa andaluza. Pero en Tombuctú es una construcción de primera categoría. Para Villar Raso, “el mejor edificio de la zona”. Para el exministro Manuel Pimentel, que guarda estrechos lazos con este proyecto, es “un buen edificio que aquí sería humilde”. “No creo que ninguna biblioteca de pueblo de España sea tan humilde. Pero para Tombuctú es de clase media alta” afirma Pimentel, que en 2004 publicó el libro Los otros españoles. Los manuscritos de Tombuctú: andalusíes en el Níger, firmado con Ismael Diadié, heredero de los Kati e impulsor definitivo del proyecto de la biblioteca.

Fueron Diadié y su padre quienes, en los años noventa, se propusieron rescatar el legado familiar. Se sabían descendientes de Alí ben Ziryab al Kuti, originario de Toledo que abandonó la ciudad en mayo de 1468. Tras pasar por Andalucía, llegó a Tombuctú llevando consigo los primeros manuscritos de lo que, con los siglos, papel a papel, se convertiría en una ingente memoria escrita de la familia. Desde autobiografías a documentos notariales, transmisiones hereditarias y actas de matrimonio. Cada generación conservó y alimentó la biblioteca con sus propios libros, pero durante el siglo XIX, ante el temor de que la inestabilidad en la zona pusiese en peligro el legado, los fondos se distribuyeron entre miembros dispersos del clan. La mayoría de los manuscritos quedaron ocultos, enterrados en el desierto en aldeas a las afueras de Tombuctú. Los escondieron tan bien, que, durante los años del colonialismo, los franceses los buscaron con mucho interés y poco éxito, hasta el punto de que llegaron a pensar que aquella historia de papeles ocultos bajo la arena era un mito. El Dorado de Tombuctú.

Cuando Ismael Diadié y su padre se propusieron volver a sacar a la luz los fondos tuvieron que recorrer aldea por aldea, preguntar a los parientes lejanos y próximos hasta reunir la mayoría de los manuscritos. Algunos se perdieron y, entre los encontrados, muchos habían resultado dañados por insectos, incendios, inundaciones o una mano humana descuidada. Aun así, lograron salvar 3.000 documentos del siglo XII al XIX, la mayoría escritos en árabe, hebreo y castellano aljamiado (con caracteres árabes).

Según la memoria que redactó la Junta de Andalucía cuando se decidió a participar en el proyecto, de esos 3.000 manuscritos que componen la biblioteca, alrededor de 300 son de autores andaluces, 100 de renegados cristianos, 60 de comerciantes judíos y el resto de temática árabe variada. Hay textos de religión, ciencia, economía, matemáticas, medicina, filosofía o derecho. Y mucha historia condensada. Los escritores que firmaron aquel manifiesto que promovió Valente destacaron que en este fondo se pueden estudiar las migraciones judaicas a finales del siglo XV y comienzos del XVI, la penetración del islam en España, el destino de centenares de familias visigodas tras la caída del reino de Toledo, el exilio en África de miles de escritores andalusíes o la participación de los moriscos y renegados cristianos en los ejércitos de Al Mansur que conquistaron el Imperio de Songhay.

Para Manuel Pimentel, uno de los principales valores de la biblioteca es el camino hecho generación a generación. “Es un fondo realmente importante. Podríamos considerarla como la biblioteca colombina del desierto, se ha ido haciendo durante siglos”, afirma.

El escritor Villar Raso siempre ha sido menos entusiasta con la colección. Cuenta que a finales de 2002, cuando ya estaba terminada, el entonces consejero de Relaciones Institucionales, Juan Ortega, del Partido Andalucista, llevó a un grupo de investigadores para enseñarles el proyecto. Él viajaba en esa expedición. “Ortega me preguntó qué me parecía”, recuerda. “Yo le dije que antes de hacer el edificio tenía que haberse informado del valor de los fondos. Pero se fiaron de lo que les contó Ismael [Diadié]”. La Junta invirtió 120.000 euros para levantar el edificio en un solar cedido por la familia Kati. Andalucía lo impulsó como un proyecto de cooperación: “Una gota de agua en un mar de necesidades”, señalan los informes de la época, en los que se argumentaba que la construcción de la biblioteca podía suponer una “caja de resonancia” que impulsara el interés por la zona.

El acuerdo pasaba también por digitalizar todos los manuscritos que interesaran a la Junta y guardar una copia en la sede de Almería del Centro de Estudios Andaluces, aunque esta parte del proyecto sigue a medias. En realidad, cuando el Partido Andalucista salió del Gobierno, tras las elecciones de 2004 que devolvieron la mayoría absoluta al PSOE, la relación institucional con los Kati se enfrió.

Pese a su opinión templada sobre el valor de estos documentos, Villar Raso admite que el fondo guarda algunos libros realmente valiosos. Él destaca tres, con los que coinciden casi todos los expertos y que ya fueron resaltados por un informe realizado por el Ministerio de Cultura durante el Gobierno popular de José María Aznar.

El primero de ellos es el Tarik-El-Fettash, un texto del siglo XV conocido como la primera historia de África contada por africanos. José Ortega y Gasset solía referirse a él como “un libro que todo el mundo debería leer”. La escribió un antepasado de los Kati de hoy y existen otras copias de este libro, que se reedita periódicamente, pero algunos expertos que han podido consultar el ejemplar que guarda la familia aseguran que tiene una peculiaridad.

Por alguna razón, en las reediciones posteriores se han eliminado todas las referencias a los andalusíes, que suman varias páginas de las que carece, incluso, el ejemplar que hay en la biblioteca Ahmed Babá, creada por iniciativa de la Unesco en 1973 y donde se conservan casi 20.000 manuscritos.



La biblioteca guarda la primera historia de África contada por africanos. Ortega y gasset lo recomendaba

Los otros dos libros que coinciden en resaltar todos los expertos son un Corán ceutí grabado en oro y las crónicas sudanesas de Es-Saheli, un arquitecto y poeta granadino. Para algunos, el mejor poeta andaluz de todos los tiempos. Peregrinó a La Meca en 1330 y allí coincidió con el emperador Mansa Mussa, que acabó regresando al Níger con una corte de sabios y hombres de letras. A Es-Saheli le encargó en 1327 la construcción de la gran mezquita de Tombuctú, la mezquita de Djingareyber, hecha principalmente de barro y que se convirtió en referente de un estilo arquitectónico que se extendió desde Malí a Burkina Faso.

Y es que la biblioteca andalusí se halla en una zona políticamente inestable. De hecho, dos de los mausoleos de la mezquita de Djingarey han sido destruidos esta semana por los islamistas de Ansar Dine (defensores de la fe), que controlan Tombuctú desde que, en marzo, aprovechando el vacío de poder creado por el golpe de Estado en Malí, se unieron a un grupo de independentistas tuaregs agrupados en el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA). Ansar Dine y sus socios de la rama magrebí de Al Qaeda lograron luego expulsar a los tuaregs y conquistar dos de las ciudades más importantes del norte de Malí: Tombuctú y Gao. En Tombuctú han impuesto la sharía (la ley islámica) y ha quedado prohibido el alcohol, el tabaco y el juego. Las mujeres ya no pueden pisar la calle sin taparse.

“Hasta ahora tú podías ver al borde del río Níger a mujeres de tribus con los pechos al aire y otras tapadas hasta arriba”, cuenta el ex ministro Pimentel. Al margen de la destrucción del patrimonio, de la que ya ha alertado la Unesco, está en peligro la convivencia pacífica de tribus y culturas muy diferentes que, hasta ahora, caracterizaba a esta zona del norte de Malí. “Es una desgracia que estén echando abajo los monumentos, pero, por ejemplo, la mezquita de Djingareyber, al ser de barro hay que reconstruirla casi cada año. Todo el mundo participa en la reconstrucción”, cuenta el periodista José María Arenzana, amigo de Ismael Diadié y que guió una de las visitas de la Junta a Tombuctú. “Pueden derribarla y se volverá a construir. Pero lo que es imposible de reconstruir son esos pegamentos culturales”, advierte.

Los equilibrios en la zona son tan frágiles que los que conocen bien la región temen que esto pueda alterarlos definitivamente. “Lo que están haciendo con estos ataques es una violación espiritual de la sociedad, intentando que pierda toda su identidad”, señala Arenzana. Uno de los ataques que más impacto ha causado dentro y fuera de la región ha sido la destrucción de la histórica puerta de madera de la mezquita de Sidi Yahia, del siglo XV. La tradición decía que esa puerta no se abriría hasta el fin de los días y los islamistas, al echarla abajo, han querido lanzar el mensaje de que ninguna superstición puede estar por encima de Allâh.

Los ataques también han afectado a la mezquita de Sankoré, que como la puerta de Sidi Yahia y la mezquita de Djingareyber, es considerada patrimonio mundial por la Unesco. La de Sankoré, que es además la Universidad de Tombuctú, tenía también una importante biblioteca plagada de manuscritos, pero que ahora están en El Escorial, cuenta Arenzana. La sacó de Tombuctú el sultán de Marruecos, que luego trató de llegar desde Rabat a Tánger por barco, pero fue apresado por unos piratas que se llevaron la biblioteca. Y cuando los piratas estaban de vuelta, un barco español les interceptó y se quedó con los documentos. La biblioteca se depositó en El Escorial, donde un incendio destruyó en el siglo XVII parte de los fondos. El resto se conserva y probablemente, gracias a aquells avatares, se ha salvado ahora de los islamistas.

La incertidumbre es mayor sobre los fondos de la familia Kati. Tienen más contenido histórico que religioso y, quizás por eso, no sea un objetivo de ensañamiento para los nuevos conquistadores de Tombuctú. Por lo tanto, en principio, no corre peligro. Otra cosa es el valor económico. “Los manuscritos valen dinero. En el mundo islámico un manuscrito andalusí del siglo XII o XIII es muy cotizado. Y esto sí les puede interesar”, advierte Manuel Pimentel.

El ex ministro reconoce su inquietud por lo que le pueda pasar al fondo Kati, pero tiene la sospecha, asentada en algo de información de primera mano, de que está a salvo. Ismael Diadié y su familia salieron hace unos días de Tombuctú y se llevaron con ellos parte de los manuscritos. Se han refugiado en otra zona del país y puede que las hojas y los libros que sacaron de la biblioteca estén ahora allí o puede que se hayan vuelto a evaporar escondidos por el desierto. “Es como una maldición. El fondo está en un sitio tan inestable que no consigue unificarse”, reflexiona Pimentel. La maldición del legado de la familia Kati, aunque todos son optimistas

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El ocultamiento del cero en el antiguo Egipto.

“Lo divino está oculto del vulgo conforme a la sabiduría del Señor.” Cleopatra VII

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“En la naturaleza debe estudiarse aquello a partir de lo cual Dios lo creó todo.”
Pitágoras

El lenguaje simbólico empleado por los shemsu em Kemet [1] en cualquiera de las manifestaciones de su cultura, incluyendo la matemática, requiere una segunda lectura dirigida a develar los misterios que han permanecido en silencio durante milenios. La sabiduría de Thot, ciertamente «transmitida “de labios a oídos”, fue custodiada bajo severas disposiciones que incluían el  castigo de aquellos que rompiesen su voto de silencio, por lo cual la iniciación adquirió una profunda connotación simbólica insertada, asimismo, en el “tercer significado” de la escritura jeroglífica, descifrable sólo por los neófitos» [2]   En este empeño deshermetizante, la numerología constituye un pilar fundamental que no puede omitirse si se desea beber de la misma “fuente de la sabiduría” de los egipcios.

Pitágoras, iniciado en estos Misterios, escribió un libro –que se extravió para la historia– sobre la ciencia de los números llamado “Hieros Logos” (La Palabra Sagrada), del que tenemos conocimiento gracias a sus seguidores de la Escuela pitagórica, y en cuyos trabajos está contenida la mayor parte de lo que el Padre de la Numerología legó a la humanidad. Pitágoras llamaba a sus discípulos matemáticos, debido a que sus conocimientos superiores comenzaban precisamente con la doctrina de los números. Esta matemática era sagrada, trascendente, a diferencia de la profana conocida por los filósofos de entonces. “Por medio de los números Dios se revela y muestra la concatenación de las ciencias de la naturaleza” –decía Pitágoras.

Una pregunta común entre los estudiosos de las matemáticas suele ser: ¿quién descubrió el cero? Muchos responderían que hindúes o árabes, otros quizás mencionarían a los mayas. La naturaleza de esta cuestión radica en si alguien en particular tuvo alguna vez la idea del cero, lo que hace prácticamente imposible responderla de manera satisfactoria. El problema pudiera compararse con el origen del progenota, la primera célula primitiva. Nótese que no podría formularse una respuesta viable para este cuestionamiento cuando hablamos desde los marcos teóricos del propio concepto.

La búsqueda del cero ha resultado un dolor de cabeza para los historiadores de las matemáticas que en cierto momento han pasado por alto sus apariciones casi fantasmales, como es el concepto del cero en el antiguo Egipto.Egiptólogos como Borchardt, Petrie y Reisner conocían del jeroglífico nfr en construcciones del Reino Antiguo (…) Scharff y Gardiner sabían que el símbolo egipcio nfr se había usado para representar el resto cero en libros de cuentas. Sin embargo, historiadores de las matemáticas incluyendo a Gillings, probablemente no tuvieron conocimiento del símbolo egipcio para el cero porque este no aparecía en los papiros matemáticos sobrevivientes.



(…) Es cierto que un valor posicional no fue usado (o necesitado) en los “registros contables” del sistema decimal egipcio. Sin embargo, los egipcios usaron un símbolo para al menos dos aplicaciones del concepto cero. En sitios de construcción del Reino Antiguo el jeroglífico “nfr” se usó para marcar el punto cero sobre un número de líneas que sirvieron como guías. Por ejemplo, una serie de líneas niveladoras horizontales fueron usadas en la construcción de la pirámide del Médium en el Reino Antiguo. Las líneas por debajo del nivel cero se marcaron 1 cúbito bajo cero, 2 cúbitos bajo cero, y así sucesivamente. Las líneas bajo ese nivel se marcaban acorde con el número de cúbitos bajo cero. (…) El temprano uso de números dirigidos, donde por encima y por debajo son comparables con positivo y negativo, no debe pasar inadvertido. El mismo símbolo “nfr” fue usado además para expresar el resto cero en una hoja de cuentas  mensual de la dinastía XIII, hacia el 1770 a.C. en el Reino Medio. Semeja una hoja de cálculo de doble entrada con columnas separadas para cada tipo de bienes. Finalmente, el desembolso total se substrajo del total de ingresos de cada columna. Cuatro columnas poseían resto cero, denotados por el símbolo nfr.[3]

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Uno de los motivos por los que pasó inadvertido por tanto tiempo radica en el propio concepto del cero, díganse sus usos. Su valor posicional –que no utilizaron los egipcios por las razones que se expondrán en este texto– es utilizado para indicar un lugar vacío en los sistemas numéricos como el nuestro. Resulta necesario para distinguir dos números como el 5051 y el 551, por ejemplo. El segundo uso del cero es como número en sí mismo (los que vieron Borchardt, Petrie y Reisner en las pirámides y templos del Reino Antiguo).

Existen otros aspectos del cero bien distintos en estos dos usos, a saber, el concepto, la notación y el nombre. El origen del nombre tiene un recorrido histórico bastante accidentado; los hindúes lo llamaron “sunya”, más tarde en árabe se lo llamó “sifr” [4] , pasando al latín como  “zephўrum” y al italiano como “cero”. El término en español fue tomado del italiano sin modificaciones. El vocablo “cifra” –de origen idéntico– sirvió primero para designar al cero, pero después pasó a utilizarse para el resto de los numerales. Resulta interesante el parecido entre el nombre latino y la palabra hebrea “sephira”, o sefirot, que se refiere a las emanaciones de la deidad en la Cábala.

Volviendo al egipcio nfr, según Faulkner [5], significa «de apariencia, bello, hermoso» y «de condición, feliz, bueno, bien», sin olvidar su condición matemática de «cero; nfr n “no”, “no hay”» y «nfr w nivel del suelo, base». Es curioso que los mayas hicieran también una asociación positiva con el concepto del cero, representándolo con una concha, de connotación favorable.

Además del carácter exclusivamente numérico, en la cultura egipcia el cero tuvo una significación esotérica de vital importancia en los Misterios iniciático.

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nfr

El jeroglífico (nfr), es también una abstracción del conjunto de la tráquea, el corazón y los pulmones humanos, que en la anatomía esotérica del iniciado en estos misterios son órganos en extremo relevantes. Valga mencionar la equivalencia del plexo cardíaco con el elemento Aire (presente en pulmones y tráquea) como parte del tetragrámaton AROT-TORA (letra R) que explica Julia Calzadilla en su teoría vertebral y chákrica sobre las construcciones piramidales en el antiguo Egipto:

De conformidad con las 8 “permutaciones” del tetragrámaton básico AROT-TORA, y la equivalencia chákrica del cuaternario inferior y la tríada superior, en la realización de la Gran Obra las diversas partes del cuerpo humano participarían de los “giros” de la “Gran Rueda”, conociendo la identidad de cabeza y pies (Norte y Sur) como plexos solar y anal (sol/tierra, Leo/Tauro) y la ubicación del plexo cardíaco en la zona Este o del Aire (Acuario) y la del prostático en la zona Este o del Agua (Escorpión). [6]

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ib

El símbolo (ib), corazón, es un recipiente «cuya connotación esotérica equivalía al útero o yoni femenino en calidad de “receptáculo del pensamiento y del conocimiento”» [7], y el medio –según el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière en “Los Grandes Mensajes”– indispensable para la autorrealización; limitado en su parte inferior por el plexo solar y superiormente por el plexo faríngeo, delimitando el cuaternario inferior y la tríada superior divina. Además «la cosmogonía derivada de Ptah, piedra angular de la desarrollada filosofía contenida en la Teología Menfita es, por su formulación, un concepto abstracto también relevante en nuestro tema por constituir un antecedente directo de la doctrina del logos que aparece en el Evangelio de San Juan: Ptah, el dios de Menfis fue, por ende, el “corazón” (pensamiento) y la “lengua” (mandato) equivalentes del Verbo cristiano.» [8]

La  teología heliopolitana explica la Creación en términos de emanación –recordemos los sefirots de la Cábala– de la Enéada, los primeros nueve dioses, de los cuales el resto de los nombres [9] se manifiesta. En Heliópolis (Annu), el principio creador o demiurgo es Atum, que significa en principio “todo” y a la vez “nada” (recordemos a Cristo cuando dijo: “Yo soy el alfa y la omega” [10]); representa la totalidad del Universo que es aún amorfo e intangible. Llegados a este punto resulta necesario develar la relación entre el principio creador y el cero, sin dudas marcado por la intención de ocultamiento. En la numerología mística, según el Dr. Ivan Seperiza, el cero «Representa lo absoluto e infinito, lo eterno en potencia que no es un valor pero valoriza todas las cosas, lo que no es una realidad pero sí es el espacio donde la realidad se manifiesta. El cero «0» es el principio viviente en estado latente previo a la Manifestación. Por tanto el cero «0», se refiere a lo que aún no es, pero que puede serlo todo. Su forma más abstracta es la negación, que se afina como negación de todo límite o determinación y se completa como luz o energía infinita.

El cero «0» es la potencialidad como raíz oculta de toda manifestación. Está representado por él circulo, figura auto contenida e infinita al carecer de principio y de fin.» [11] En una de las tres versiones de dicha teología se relata que Atum dio existencia a su propio ser separándose del Nun (las aguas primordiales) y dando lugar a la primera colina, la conocida piedra Benben de forma piramidal relacionada con el ave Bennu [12]. Él entonces “escupe” a la primera divinidad: Shu (el aire, principio masculino) y “expectora” a Tefnut (la humedad, el principio femenino). Estos dos principios antagónicos  son a la vez no excluyentes, puesto que Tefnut, identificada con el León (en la astrología oriental se lo asocia con el sol) representa al elemento Fuego y Shu, simbolizado por la pluma sobre su cabeza, el elemento Agua. En otra versión Atum se crea a sí mismo proyectando su corazón (conciencia), así como a otros ocho principios o nombres: Shu y Tefnut, Geb (Tierra) y Nut (Cielo), y al final a Osiris e Isis, Seth y Neftis. Esta es la Gran Enéada de Heliópolis.

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Hay un elemento que parece “olvidarse” en cualquiera de las tres versiones que conocemos de la teología heliopolitana. La pista la encontramos en el calendario solar egipcio, compuesto por  tres estaciones (Akhet, Peret y Shomu) y doce meses de treinta días cada uno (Tekhy/Djehuty, Hethert, Ka-her.ka, Ta’abet/Pa-henu-mut, Pa-en-mekher, Pa-en-Amenhotep, Pa-en-Renenutet, Pa-en-Khonsu, Pa-en-Inet e Ipip). Al final del año se encuentran cinco días festivos conocidos como epagómenos, días en los que –según la Leyenda del Cielo y de la Tierra– Nut dio a luz a sus hijos:

Primer día: Wesir (Osiris)
Segundo día: Heru wer (Horus el Viejo)
Tercer día: Seth
Cuarto día: Aset (Isis)
Quinto día: Nebt-het (Neftis)

Hemos aquí encontrado una de las claves de los Misterios iniciáticos: el segundo día está dedicado a Horus el Viejo (no debemos confundirlo con Heru-sa-Aset [13])  el que, según el orden establecido, sería el séptimo [14] principio en manifestarse, sin embargo,  este nombre no aparece listado en la Enéada. ¿Por qué? La respuesta es bien sencilla, y constituye la comprobación de los objetivos de este texto: Heru wer se identifica plenamente con Atum, el principio creador, por lo que podemos ubicarlo al principio o al final. Aquí encontramos uno de los enigmáticos problemas tan frecuentes en otras culturas: Nut es la madre de su padre [15] (Heru wer/Atum), hecho que pudiera parecer una contradicción, pero no lo es.



El ocultamiento del cero como valor posicional –acaso necesario– en las matemáticas egipcias es completamente de índole esotérica. A través de este texto hemos comprobado la identificación del cero con el principio creador  y a una de las emanaciones con Él mismo. La imagen de la Enéada identificando al cero con Heru wer o Atum es la misma que la de la serpiente que se muerde la cola, el Ouroboros, lo que demuestra el por qué de la fusión de estos dos principios, el ocultamiento del cero, y la elevación del número nueve como número mágico [16].

 cero_egipto_clip_image005En el Ouroboros mismo radica otra innegable prueba de estos misterios. La serpiente es en sí misma símbolo del fuego creador y de la sabiduría (los hindúes llamaban a sus sabios “Nagas”, la misma palabra utilizada para serpiente; Cristo aconsejaba a sus discípulos que fueran “sabios como la serpiente”). El Ureus, la cobra sagrada de los faraones, simboliza la iniciación en los ritos sagrados donde se alcanzaba el conocimiento de la sabiduría oculta; su colocación sobre el entrecejo denota que el fuego sexual (en el tantrismo blanco hindú) ha sido sublimado y elevado por la Kundalini, la serpiente ígnea, hasta el chakra del tercer ojo. La serpiente que se traga la cola representa el «círculo del universo», la interminabilidad del proceso cíclico de la manifestación.

Liungman [17] ha asociado al Ouroboros con el símbolo del infinito, cero_egipto_clip_image007el sagrado ocho sacralizado en la Ogdóada de la teología hermopolitana emanada de la sabiduría de Thot.

Solo queda por advertir a los lectores que, al igual que llegó a mí, esta pequeña gota de la sabiduría oculta sea guardada con el mismo recelo que la guardaron nuestros akhu [18] en aquellos tiempos cuando “la fuente del conocimiento era abierta para el silencioso”.

¡Senebty! Sener.

Por  Ivan Rodríguez López


Referencias:

[1] Seguidores de la fe kemética (egipcia).

[2] Calzadilla Núñez, Julia L. La Gran Rueda. Una lectura decodificatoria de la espiritualidad en los misterios del Antiguo Egipto. Inédito. –Se afirma, acertadamente, que los jeroglíficos egipcios tenían un triple significado: a) “hablar” (por su valor fonético, destinado al hombre común, no iniciado); b) “expresar” (por su valor escrito, destinado al escriba); c) “ocultar” (por su valor esotérico, destinado a los sacerdotes, escribas y adeptos).– Notas suministradas por la autora.

[3] Lumpkin, Beatrice. The Mathematical Legacy of Ancient Egypt – A Response to Robert Palter. Manuscrito inédito. National Science Foundation (NSF) y National Science, Technology, Engineering, and Mathematics Education Digital Library (NSDL). Traducción del autor.

[4] Nótese la presencia de la partícula fr en sifr presente también en el egipcio nfr –recordando la naturaleza consonántica de las lenguas semíticas– como una posible apropiación fonética por los pueblos árabes.

[5] Faulkner, R. O. Diccionario Conciso de Egipcio Medio. Versión online en el sitio egiptomanía de Juan de la Torre Suárez. Disponible en Egiptomania

[6] Calzadilla Núñez, Julia. Op. cit. El subrayado es mío.

[7] Calzadilla Núñez, Julia. Op. cit.

[8] Ibid.

[9] Se refiere a las manifestaciones del Dios Único. La religión egipcia es monólatra, no monoteísta como se creía hasta hace poco. El término monolatría fue acuñado por  Erich Winter y Siegfried Morenz en referencia a las concepciones de Dios en el Cercano Oriente, y aplicado al Egipto antiguo por Erik Hornung, Ene Assmann, y otros egiptólogos y estudiantes de religión.  Monolatría es una forma diferente de politeísmo en la que se adora a varias deidades, entendiéndolas como parte de una única fuente divina.

[10] Ap. 1, 8, 10-11.

[11] Seperiza Pasquali, Iván. 1441. Sitio del autor

[12] Benben está compuesto por la repetición del sonido bn, cuyo plural es bnw, lo mismo que en Bennu.

[13] Horus, hijo de Isis.

[14] En términos taróticos, 7 es el número del progreso, la acción independiente y la auto-expresión. El Arcano Mayor 7 expresa, en lo divino, el septenario, la dominación del Espíritu sobre la Naturaleza, en lo intelectual, el imperio y el sacerdocio, y en lo físico la sumisión de los elementos y las fuerzas de la materia al trabajo y a la inteligencia del hombre.

[15] En la religión cristiana, v.g. María es también la Madre de Dios.

[16] Si multiplicamos el nueve por cualquier número –excepto por cero–, del resultado de la autosuma de los dígitos del número resultante siempre obtenemos nueve.

[17] Liungman, Dictionary of Symbols. pág. 266.

[18] Ancestros. Los akhu son los kau (plural de ka, el doble del ba o alma) de nuestros ancestros muertos.


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Vigente legado de Jean Francois Champollion a 180 años de su muerte – (+ Video)

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Jean-François Champollion en tracht egipcio. Pintura al pastel por g. Angelelli, 1828 / 29

El filólogo francés Jean Francois Champollion, quien murió hace 180 años, el 4 de marzo de 1832, por muchos es considerado el padre de la egiptología  por descifrar algunos  jeroglíficos egipcios, por ello es que un centro universitario ubicado en   Pirineos, Francia, lleva su nombre.

Dicha institución está dedicada a difundir y promover las actividades culturales y científicas de Francia, entre sus diversos talleres destaca el de creación literaria ?Jeffchampo?, en el que desde hace tres años, un colectivo de estudiantes escribe obras narrativas, de las cuales se escoge una para que salga publicada bajo el sello editorial de la escuela.

Champollion nació el 23 de diciembre de 1790, en Figeac, departamento de Lot, París, fue el menor de los hijos de Jacques Champollion, y de Jeanne-Françoise, durante la época de la represión de la Revolución Francesa.

Con las escuelas cerradas a causa de los problemas internos de Francia, con un padre ausente debido a sus viajes laborales y con una madre enferma, el futuro egiptólogo fue educado durante sus primeros años escolares por sus hermanos mayores.

Desde pequeño comenzó a destacar sobre el resto de los jóvenes, pues comenzó a hablar latín desde los nueve años, hebreo a los 13 y árabe un año después, lo cual también hizo que se aislara de la sociedad, que lo consideraba anormal.

Debido a sus problemas de conducta intentó ejercer disciplinas como las matemáticas y la ortografía, sin ningún éxito, hasta que sus padres le contrataron un tutor particular y posteriormente, decidieron mudarse a la provincia francesa de Grenoble, para bien del pequeño Champollion.

En ese lugar surgió su interés por el estudio de los jeroglíficos, que por la época cobró un auge impresionante alrededor del mundo, y presionado por los avances de sus colegas, se apresuró en el cifrado de los mismos, los cuales consideraba necesario entender, traducir e interpretar sin error alguno el copto, capacidad de la que carecían sus cofrades.

El esquema de estudio de Champollion predecía que a través del copto entendería las inscripciones en demótico (una forma abreviada de la escritura hierática), y con la ayuda de la lengua egipcia alcanzaría a descifrar la escritura jeroglífica.

Luego de años de estudio y de superar numerosas trabas, en 1813 logró identificar concretamente 40 signos, así como corregir y ampliar una lista que su amigo Young había publicado con algunas interpretaciones incompletas.

Para 1816 fue expulsado de la universidad, junto con su hermano Joseph-Jacques, con quien siempre trabajó en los jeroglíficos, pero hacia finales de 1821, Jean Francois Champollion había hecho verdaderos e importantes progresos en sus estudios.

Había logrado demostrar que la escritura hierática no era sino una forma más simple y abreviada de la escritura jeroglífica y también se percató de que existían letras homófonas, que podían sonar igual, pero se escribían de dos formas distintas,

Gracias a sus avances, pudo estudiar las inscripciones del templo de Karnak, en Tebas, Egipto, lo que le permitió reconstruir un alfabeto fonético que se podía aplicar a todos los nombres grecorromanos que habían sido escritos en egipcio.

A pesar de ello, aún debía descifrar los nombres egipcios originales, empresa que logró el 14 de septiembre de 1822 y se lo comunicó inmediatamente a su hermano; trece días después, lo hizo de manera oficial en la Academia de Inscripciones de París.

Tras su éxito no faltó quien lo desacreditó, como su ex amigo Young, pero pese a ello, el Museo del Louvre de París lo nombró, en 1826, encargado de la colección egipcia con la que contaba hasta la fecha.

En dicho recinto organizó diversas exposiciones, y dos años después logró cumplir su mayor sueño, visitar Egipto como integrante de una misión, y lo hizo al lado del egiptólogo italiano Ippolito Roselini, al lado de 12 artistas, delineantes y arquitectos.

Jean-Francois Champollion, quien decía de sí mismo «soy adicto a Egipto, Egipto lo es todo para mí», murió el 4 de marzo de 1832, a los 41 años, a causa de diversos malestares en el hígado y en el riñón y a un ataque de corazón.



Con información de  Notimex 

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Universidad de Grenoble

Su suerte volvería a cambiar en 1809 cuando, contando tan sólo con 18 años de edad, publicó su geografía de Egipto, una primera parte de lo que pretendía ser una obra de mayor envergadura. Gracias a esta publicación obtuvo una plaza como profesor de Historia Antigua en la recién fundada Universidad de Grenoble. Jacques-Joseph obtuvo aquel mismo año, y en la misma universidad, una plaza como profesor de Literatura Griega. Ambos hermanos obtuvieron el doctorado.

A pesar de contar con un trabajo estable y digno, seguían teniendo problemas, no sólo de dinero, sino también personales y políticos. En 1813, mientras Jean-François percibía un sueldo miserablemente bajo, lo cual lo obligaba a humillarse dando clase a antiguos compañeros del Liceo a los que en su momento había considerado inferiores a él, y la familia de Rosine Blanc (acaudalados dueños de una fabrica de guantes), la muchacha a la que cortejaba, se negaba a permitir que contrajeran matrimonio, Jacques-Joseph atravesaba problemas con su esposa y su familia.

Ambos hermanos tenían un interés enfermizo y preocupante por la política; confesaban ser abiertamente bonapartistas, eran dolorosamente francos y sinceros, y con frecuencia sacaban de sus casillas a todo aquel que intentara ejercer cierta autoridad sobre ellos. No sabían utilizar la diplomacia y se granjeaban enemistades con mucha asiduidad. Era imposible que pasaran inadvertidos por donde fueran. La mayor preocupación de los hermanos residía en la dificultad de conseguir copias de los jeroglíficos, algo que nunca hubiera pasado en París.

En 1814 los hermanos Champollion seguían faltos de fondos monetarios, Jean-François más que su hermano, mientras que al otro lado del Canal de La Mancha, en Londres, el doctor Thomas Young, erudito, científico, astrónomo, músico, médico y profesor de Filosofía Natural de la Royal Institute andaba falto de tiempo para dedicarse de la manera en que lo hacía Champollion a la piedra de Rosetta. En el tiempo que logró hacerlo, llegó a identificar correctamente al menos cuarenta signos. Champollion trabajó y corrigió la lista que Young publicó. Durante mucho tiempo mantuvieron correspondencia de manera esporádica, tuvieron una amistad bastante superflua que menguó con el tiempo, y en ocasiones llegaron a considerarse acérrimos enemigos y rivales.

Cuando en el año 1814 Napoleón abdicó y partió de Francia hacia la isla de Elba, Luis XVIII subió al trono de Francia. La partida de Napoleón evitó el ataque del ejército austríaco, que le había declarado la guerra a Francia un año antes. Los hermanos Champollion, a pesar de haber criticado en algún momento al régimen de Napoleón, seguían siendo fieles bonapartistas. Uno de sus defectos era que tanto Jacques-Joseph, que consideraba a Bonaparte su héroe, como Jean-François, no sabían mantener sus inclinaciones políticas en secreto. Empezaron a criticar con dureza a la monarquía.

En marzo de 1815 Napoleón volvía de su exilió en Elba a Francia. De camino a París se detuvo un día entero en Grenoble donde conoció a los hermanos Champollion. Tanta fué la impresión que le produjo a Jacques-Joseph que éste tomó la decisión de abandonar a su familia y seguir a Napoleón hacia el norte. Auspiciado por la visita de su héroe Jean-François publicó un artículo que resultó ser un polvorín en su contra. En su escrito se podía leer:

«Napoleón es nuestro príncipe legítimo.»
Champollion, 1815

Con esta cita dejaba bien claro cuales eran sus lealtades en el ámbito político. No pudo elegir momento más inoportuno. Napoleón se embarcó en la difícil tarea de ganar una guerra que tenía perdida de antemano; Waterloo, y de nuevo marchó al destierro. Esta vez a la lejana isla de Santa Elena. Mientras tanto Grenoble, que permanecía fiel al dictador, acabó siendo bombardeada conjuntamente por los ejércitos de Austria y Cerdeña. Jean-François, preocupado por su hermano mayor que se encontraba aún en París, le escribió estás líneas:

«sobre todo sálvate tú…yo no tengo ni esposa ni un hijo.»
Champollion, 1815

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Cuadro que muestra a Champollion, sentado, durante uno de sus trabajos de campo en Egipto. El arqueólogo francés está considerado como el padre de la egiptología.

Muerte

Después de pasar 18 meses de trabajo de campo, disfrutando de la auténtica vida de un arqueólogo, su salud comenzó a resentirse. Volvió exhausto a Francia para completar su obra más grande y ambiciosa, su Grammaire égyptienne (Gramática egipcia). En marzo de 1831 fue nombrado profesor de Arqueología en el College de Francia. No disfrutaría demasiado tiempo de su merecido puesto. Murió el 4 de marzo del año siguiente. Tenía 41 años, sufría de diabetes, padecía tisis, gota, parálisis, tenía enfermo el hígado y también el riñón. Un ataque al corazón acabo con su vida.



Jacques-Joseph quedó destrozado tras la muerte de su hermano menor. En 1836, como homenaje póstumo a su hermano, logró terminar y editar la última obra de Jean-François Champollion; la Gramática egipcia cuya elaboración le había hecho salir del país de las pirámides con el que tanto había soñado.

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Tumba de Jean-François Champollion en Piere Lachaise, París

Museos Champollion

• En su casa en Figeac
• Casa Champollion en Vif, en Isére, antigua propiedad de su hermano egiptólogo

Bibliografía

• 1822, Lettre à M. Dacier relative à l’alphabet des hiéroglyphes phonétiques.
• 1824, Précis du système hiéroglyphique des anciens Égyptiens.
• 1826, Lettres à M. le Duc de Blacas d’Aulps.
• 1827, Notice descriptive des monuments égyptiens du Musée Charles X.
• 1828, Précis du système hiéroglyphique des anciens Égyptiens ou Recherches sur les élémens premiers de cette écriture sacrée, sur leurs diverses combinaisons, et sur les rapports de ce système avec les autres méthodes graphiques égyptiennes.
• 1828-29, Lettres écrites d’Égypte et de Nubie [1]
• 1836, Grammaire égyptienne (Gramática egipcia, obra póstuma)
• 1841, Dictionnaire égyptien en écriture hiéroglyphique (Diccionario egipcio de escritura jeroglífica)

Casi todos ellos editados tras su fallecimiento.

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La Escuela de Traductores de Toledo

La Escuela de Traductores de Toledo consiste en una serie de iniciativas culturales desarrolladas desde su reconquista en 1085 por Alfonso VI hasta su máximo esplendor cultural en tiempos de Alfoso X el Sabio

El objetivo era trasladar del arábigo al latín y al castellano todos los textos sobre las disciplinas del conocimiento y del saber que los islámicos habían aportado a la España musulmana, en especial las ciencias; conocimientos que permanecieron ignorados en la Europa cristiana durante la Edad Media.

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La llegada de los musulmanes a la península Ibérica en el año 711, supuso la caída del Reino Hispano-visigodo y, por tanto, el final de la capitalidad de Toledo que fue tomada sin resistencia. Durante el periodo califal, Toledo se embelleció y enriqueció con nuevos edificios, destacando las dos mezquitas, la de Bid al-Mardum, posteriormente convertida en la ermita del Cristo de la Luz, y la mezquita de Tornerías también convertida.

En los siglos de la Reconquista, los habitantes de los reinos cristianos peninsulares son una sociedad inquieta y pujante, que compensa su escasez demográfica con una enorme vitalidad, pero es también una sociedad rudimentaria, de cultura muy limitada, después de que la invasión árabe asolara el mundo visigodo.

En el siglo XII penetró en Al-Ándalus y en Sicilia un aluvión de escritos árabes, judíos y griegos, tratándose de conocimientos traídos de todo el mundo viejo, desde el ámbito grecolatino hasta Persia y Babilonia gracias a la gran extensión del islam. El poder cristiano desea ese saber, reyes y obispos son conscientes de que esos conocimientos, esa ciencia, son imprescindibles para consolidar su liderazgo. Así deciden traducir las obras que los árabes atesoraban al latín.

Estas obras eran, en su mayor parte, de materias científicas, disciplina en la que la civilización árabe poseía amplios conocimientos, tanto importados como propios. Las principales materias a las que se dedicaron fueron la medicina, las matemáticas, la astrología, la astronomía, la magia y la filosofía.

En Toledo se inició este movimiento cultural tras haber sido reconquistado por Alfonso VI de Castilla en 1085 quien estableció un régimen de tolerancia con los antiguos pobladores. A esta ciudad se habían refugiado muchos judíos, y algunos musulmanes, huyendo de almorávides y almohades. Dentro del núcleo urbano había comunidades de cristianos y judíos viviendo pacíficamente bajo dominio musulmán, habiendo adoptado incluso el lenguaje, el estilo de vida y la cultura árabes.

Con el tratado de capitulacón, se concedieron fueros propios a los mozárabes, musulmanes y judíos que la habitaban, leyes que serían respetadas y unificadas en un único fuero en 1118 por Alfonso VII y gracias al cual comenzó uno de los períodos más florecientes de Toledo, sobre todo desde el punto de vista cultural.

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Toledo se había convertido en la «Ciudad de las Tres Culturas«, nombre con el que ha sido bautizada gracias a que musulmanes, judíos y cristianos convivían con sus propias costumbres y en relativa paz durante los siglo XI, XII y XIII. Gracias a ello, surgió en el siglo XII la Escuela de Traductores de Toledo, convirtiendo a esta ciudad en un importante núcleo intelectual a nivel europeo.

Este descubrimiento transformó la vida intelectual al norte de los Pirineos. Los eruditos islámicos aportaron valiosa información en los campos de la medicina, botánica, geografía o farmacología, entre otras ciencias.

El arzobispo de esta sede, el cisterciense francés, Raimundo de Sauvetât, también canciller de Castilla durante 1126-1150, fue quien a principios del siglo XII impulsó la traducción y la edición de las obras arábigas. Su labor fue continuada por sus sucesores, especialmente por Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247), nacido en Puente la Reina (Navarra), y que había estudiado en París, introduciéndose posteriormente en la corte de Alfonso VIII como cronista; componiendo Historia arabum, Historia hunnorum, Historia ostrogothorum, Historia romanorum e Historia gothica o De rebus Hispaniae. El siglo XII es también el siglo de esplendor de las filosofías árabe y judía, y el XIII el de las traducciones de los comentarios de Averroes a Aristóteles.

Aquella iniciativa agrupó a muchos traductores, pero no puede hablase de una escuela, porque los traductores no estaban centrados en una institución concreta en la que hubiese una relación profesional entre sus miembros, tratándose más bien de un movimiento. Los europeos serán asesorados por mozárabes (cristianos que conocen el árabe y que vivieron en Al-Ándalus), judíos y árabes. Son los pioneros del renacimiento intelectual del XII.

El trabajo se organizaba en equipo mediante una cadena de traducciones sucesivas. El arzobispo encargaba a los mozárabes de Toledo, cristianos que entendían el árabe, las traducciones del árabe al romance (al castellano antiguo), a su vez, los clérigos de la catedral toledana, que conocían el latín, traducían del romance al latín. Igualmente, los judíos de Toledo traducían del árabe al hebreo y del hebreo al latín.

Durante la segunda mitad del siglo XII, Domingo Gundisalvo y su colaborador Juan Hispano dirigieron la Escuela de Traductores de Toledo, que adquirió fama internacional, incorporándose el arabista italiano Gererdo de Cremona, los ingleses Daniel de Morlay,Alejandro Neckham y Alfredo de Sareshel, y otros como Abelardo de Bath o Rétines.

Las traducciones continuaron hasta finales de este siglo y comienzos del XIII gracias a la labor de Marcos de ToledoRodolfo de Brujas, el italiano Platón de Tívoli, o el escocés Miguel Scoto.

El filósofo segoviano Domingo Gundisalvo fue arcediano de su ciudad natal, discípulo de Juan Hispano y del médico Ibrahim ibn Dawud. Juan Hispano le enseñó árabe, por lo que tradujo la Metafísica de Avicena, De anima de Avicena, Fons vitae de Ibn Gabirol, De intellectu de Alkindi, Liber de scientiis de Alfarabi, Las tendencias o las opiniones de los filósofos de Algaceletc; siempre en colaboración con Juan Hispano, que traducía del árabe al castellano, y Gundisalvo del castellano al latín. Gundisalvo fue el primer pensador occidental que sufrió la influencia de escritos árabes, y agente decisivo en la incorporación de estos escritos al mundo latino. Sus escritos principales fueron De divisione philosophiae, De inmortalitate animae, De processione mundi, De unitate et uno y De anima.

El maestro Juan Hispano o Hispalense fue un judío converso, de nombre Ibn Däwüd. Fue autor de más de treinta y siete traducciones y obras originales. Compuso un Tractatus de anima, el Liber de causis, elLiber de causis primis et secundis, una física y una metafísica. Las doctrinas de Avicena constituyeron el fondo de su doctrina.

La fama de la ciencia musulmana fue puesta de relieve por Daniel de Morley, quien abandonó Inglaterra en busca de amplios conocimientos y se trasladó a París, donde sólo encontró maestros vacíos. Allí supo que Toledo era el gran foco difusor de conocimientos científicos de los árabes, y no dudó en marchar a esta ciudad castellana para aprender de los mayores sabios del mundo.

Hasta muy entrado el siglo XII Aristóteles sólo era conocido por su Logica vetus y Logica nova, y un siglo después Avicena y Averroes difundieron sus obras de física, biología, zoología, psicología y política. A través de la Escuela de Traductores de Toledo penetró la cultura griega en Occidente: las obras de Al Kindi, Al Farabi, Algacel, Aristóteles, Platón, Euclides, Galeno, Ptolomeo, Alejandro de Afrodisia, Ibn Gabirol, Qusta ben Luca y Temistio.

Se tradujo la Fons Vitae de Avicebrón, la metafísica de Avicena, las matemáticas de Euclides, la astronomía de Ptolomeo, la medicina de Hipócrates y Galeno. De igual manera se reciben saberes propiamente musulmanes como la aritmética, el álgebra, la astronomía y la medicina de Raschid y Avicena. Con estos autores no solo llegan obras, sino también el método, el razonamiento.

El 47% de las obras traducidas eran de cálculo y cosmología; el 21% de filosofía; el 20% de medicina; un 8% de religión, física y ciencias naturales, disciplinas que en esta época estaban muy relacionadas; sólo un 4% de las traducciones se ocupaba de química y ciencias ocultas, por eso Toledo fue también el centro cultural de la magia.

EDIFICIO UTILIZADO PARA TRADUCCIONES DURANTE EL REINADO DE ALFONSO X

 Posteriormente aparecieron otras ciudades que se dedicaron a traducir textos del arábigo y del judío al latín: Sevilla, Tarragona, Burgos, Murcia, Tarazona, etc. Hubo muchos traductores, muchas traducciones y un efectivo trasvase de la cultura acumulada por el islam a la civilización cristiana.

En la región del Ebro Roberto de Kétène y Hermann el Dalmata tradujeron el Corán al latín, a petición de Pedro el Venerable, abad de Cluny. En Tarazona, bajo la dirección del obispo Miguel, se tradujeron obras de astronomía, matemáticas, astrología, alquimia y filosofía por Hugo Sanctallensis, Roberto de Ketten, Herman el Dálmata, Pedro de Toledo y el sarraceno Muhammad.

En Burgos Juan Gundisalvo, de nuevo, el obispo García Gudiel, el cristiano Juan González, y el judío Salomón tradujeron varias obras de Avicena. Más tarde continuaron su labor en Toledo al ser nombrado arzobispo García a finales del siglo XIII.

En Tarragona Hugo de Santalla tradujo obras de geometría, meteorología y aritmética. También tradujo obras científicas Juan de Sevilla, y el monje Gerberto de Aurillac, futuro papa Silvestre II, viajó a Córdoba para estudiar en su madrasa (universidad) y conseguir manuscritos árabes.

Es verdad que las obras de los clásicos grecolatinos no habían desaparecido en la Europa medieval, pero aquellas copias eran raras, pocas veces completas y, con mucha frecuencia malas. Por el contrario, el movimiento iniciado por Raimundo permitió una difusión prácticamente generalizada del saber oriental en Europa. Y así fue como el patrocinio de los reyes y obispos cristianos permitió dar un impulso cultural sin precedentes.

Un solo ejemplo: el sistema decimal y el invento del número cero e infinito es de origen indio; fue un persa, Al-Khuwarismi, quien recogió de los indios el sistema decimal en su Libro de los guarismos; ese libro fue difundido a su vez en el mundo islámico hasta Córdoba; en Toledo fue traducido al latín.

Del mismo modo, el Canon de Avicena o el Arte de Galeno se generalizaron en las universidades europeas.El papel se usaba ya en la España del siglo XI, introducido por los árabes, que a su vez lo habían tomado de China. El libro de papel más antiguo que se conserva en Occidente es un misal toledano del siglo XI.

TRADUCTORES EN LA CORTE DE ALFONSO X

 Años más tarde, durante el último tercio del siglo XIII el rey Alfonso X el Sabio impulsó una intensa actividad cultural. Toledo había alcanzado uno de los periodos de mayor esplendor, convirtiéndose en la capital europea de la cultura.

Se trasladaron allí los restos de la biblioteca de Al Hakam II, cuyos fondos fueron traducidos. Para entonces, no sólo se traducía al latín sino de manera definitiva también al castellano y al francés. Como ejemplo preclaro es la obra árabe Libro de la Escala, que recoge una serie de leyendas relativas a un viaje recorrido por Mahoma en el infierno y el paraíso. Aquella obra fue traducida al castellano por Alfonso X antes de 1264, y posteriormente por Buenaventura de Siena, quien la tradujo al francés y al latín. Dante se inspiró en esta traducción al francés para establecer la base argumental de su Divina Comedia.

Y no sólo se recopilaba y se copiaba, sino que también se creaba mucha obra original en todas las materias (medicina, filosofía, cosmografía, etc.). Un ejemplo eminente es el Libro de las Tablas Alfonsíes. Alfonso X había mandado instalar un observatorio astronómico en el castillo toledano de San Salvador; a partir de las observaciones realizadas, se calcularon esas Tablas Alfonsíes, un completo tratado de Astronomía que todavía tres siglos más tarde admiraría Copérnico.

LAS SIETE PARTIDAS DE ALFONSO X

 Alfonso X el Sabio fue un rey de huella muy discutible en lo político, pero como promotor cultural no tuvo parangón: no había disciplina que no le interesara (las ciencias, la historia, el derecho, la literatura); él mismo dirigió las traducciones y revisaba su trabajo. Y, sobre todo, él fue quien impulsó las dos grandes compilaciones historiográficas que la España medieval nos dejó: la Estoria de España y la Grande e general Estoria.

El propósito de Alfonso X lo dejó escrito: “Donde por todas estas cosas, yo, don Alfonso, después que hube hecho juntar muchos escritos y muchas historias de los hechos antiguos, escogí dellos los más verdaderos e los mejores que supe; e hice también hacer este libro, y mandé poner en él todos los hechos señalados tanto de las historias de la Biblia como de las otras grandes cosas que acaecieron por el mundo… Todos los grandes hechos que acaecieron por el mundo a los godos y a los gentiles y a los romanos y a los bárbaros y a los judíos y a Mahoma, a los moros de la engañosa fe que él levantó, y todos los reyes de España, desde el tiempo en que Joaquín casó con Ana y que Octavio César comenzó a reinar, hasta el tiempo que yo comencé a reinar, yo, don Alfonso, por la gracia de Dios, rey de Castilla.”

De manera que la llamada Escuela de Traductores de Toledo, que en realidad no era una escuela sino un movimiento de cultura promovido por los reyes cristianos y por los obispos durante la Reconquista, consiguió enriquecer la cultura Occidental al incorporar los conocimientos que los árabes habían copiado y conservado de otros, aportando los suyos propios.

A lo largo de toda la Edad Media el núcleo urbano fue aumentando, adquiriendo en el siglo XIV el Privilegio de Ferias y pasando a ser, un siglo después, una de las principales productoras de Castilla de paños, actividad que se sumó a las ya existentes de acuñación de moneda, fabricación de armas e industria de seda. El colectivo que más ayudó a dicho desarrollo económico fue el de los judíos.

Fuente: Revista Cultura y Ocio

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En Maracena (Granada) se enseña árabe a los niños marroquíes para que no olviden su lengua materna


El Ayuntamiento de Maracena, Cruz Roja y la Asociación Dar el Farah (Casa de la Alegría) han puesto en funcionamiento clases de árabe que se dirigen, principalmente, a los más pequeños, con el objetivo de que no olviden su lengua materna y puedan emplearla de forma correcta.

Pese a que estas clases nacen de la demanda concreta de este colectivo están abiertas a cualquier ciudadano o ciudadana de Maracena que esté interesada en aprender esta lengua, ha informado el Ayuntamiento de Maracena.

«El objetivo del desarrollo de estas clases es el interés por la comunicación intercultural, trascendiendo de esta manera las fronteras culturales, raciales y religiosas», ha aclarado la edil de Bienestar Social, Ana Belén Molina.

Según el alcalde, Noel López, «la comunidad marroquí que convive en nuestro municipio viene manifestando la necesidad de aprendizaje y conocimiento de su lengua materna, especialmente para que sus hijos la utilicen de acuerdo a la norma y no la conozcan tan solo de la mano de la comunicación con sus progenitores».

«Una vez más debemos agradecer su implicación a Cruz Roja que realiza una importante labor social en nuestra localidad así como a la implicación de las asociaciones de Maracena, que generan diversidad y enriquecimiento cultural», ha afirmado el primer edil.

Las clases se van a desarrollar según está previsto todos los lunes y jueves a las 18,00 horas y la inscripción es totalmente gratuita.

Fuente: Europa Press

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