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Religión, selección natural y EEUU

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El 19 de abril próximo será el 134 aniversario de la muerte de Darwin. Después de este casi siglo y medio, la evolución por selección natural sigue siendo objeto de muchas resistencias entre gran parte de la población del Estado más poderoso del mundo. La religión es la explicación fundamental de este hecho. Uno de los máximos especialistas en especiación, Gerry Coyne, escribió sin ñoñerías académicas que “la selección natural es revolucionaria y es inquietante por el mismo motivo: explica el diseño aparente de la naturaleza mediante un proceso puramente materialista que no requiere de fuerzas naturales de creación o que guíen el proceso.” Este es el principal motivo por el cual grupos religiosos cristianos se oponen a su enseñanza en las escuelas de EEUU. La historia de este larguísimo proceso, que aún no ha acabado, es a la vez terrorífica y cómica en múltiples aspectos. Pero en cualquier caso no debería desconocerse. Argumentan varias iglesias-secta cristianas (en puridad no hay diferencia substancial cognitiva entre religión establecida y secta religiosa) que deben enseñarse “otras opiniones”. Eso significa a efectos prácticos tener que enseñar el “diseño inteligente” en las escuelas al lado de la evolución por selección natural[1]. Una de las derrotas legales más grandes que sufrieron los partidarios del diseño inteligente, ni mucho menos definitiva, fue la sentencia emitida el 20 de diciembre de 2005 por el juez federal de Estados Unidos, John E. Jones III, por la que se declaraba inconstitucional la intención de un consejo escolar de Dover (Pennsylvania) de que los alumnos de noveno curso de una escuela pública de secundaria estudiasen en la clase de biología el diseño inteligente junto a la teoría evolucionista por selección natural de Darwin. El juez John E. Jones III escribía en esta sentencia: “el hecho de que una teoría científica no pueda dar aún una explicación sobre todos los detalles no debería servir como un pretexto para dar alas, en la clase de ciencias, a una hipótesis alternativa no verificable cimentada en la religión, o para tergiversar las proposiciones científicas bien establecidas.”

Esta batalla permanente contra la evolución por selección natural de los muy influyentes cristianos fundamentalistas de EEUU, es a buen seguro uno de los grandes factores que explican los siguientes resultados de opinión. Gallup viene realizando unas encuestas desde 1982 en EEUU sobre la evolución, el creacionismo y el diseño inteligente. La última hasta ahora publicada es la del año 2014. Las anteriores fueron, además del mencionado año 1982, las de 1993, 1997, 1999, 2001, 2004, 2006, 2007, 2008, 2010 y 2012. Las preguntas siempre son exactamente las mismas:

“¿Cuál de las siguientes afirmaciones está más cerca de su opinión sobre el origen y desarrollo de los seres humanos?

1) Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios guió ese proceso.

2) Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios no tomó parte en ese proceso.

3) Dios creó a los seres humanos en una forma muy similar a la actual en algún momento durante los aproximadamente últimos 10.000 años.”

Los resultados pueden visualizarse muy rápidamente mediante este gráfico:

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Después de estas ya numerosas encuestas que abarcan un período muy considerable de 32 años, es constatable, aunque hay variaciones menores, la permanencia de los resultados. A la primera pregunta contestaron afirmativamente desde un máximo del 40% (año 1999) a un mínimo del 31% (la última de 2014). A la segunda pregunta respondieron afirmativamente desde un máximo del 19% (la última de 2014) a un mínimo del 9% (años 1982 y 1999). A la tercera pregunta respondieron afirmativamente desde un máximo del 47% (años 1993 y 1999) a un mínimo del 40% (año 2010). Para la última encuesta publicada de mayo de 2014, los resultados son, respectivamente: 31%, 19% y 42%. Estos resultados suponen que solamente un 19% responde que sí a “los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios no tomó parte en ese proceso”, y que un 42% cree que “Dios creó a los seres humanos en una forma muy similar a la actual en algún momento durante los aproximadamente últimos 10.000 años”. Si la Tierra tiene, como es sabido, unos 4.600 millones de años, creer que nuestro planeta tiene solamente cerca de 10.000 representa un error de proporciones gigantescas. De una magnitud equivalente a creer que América del Norte tiene un ancho de menos de 10 centímetros, como ha puesto de ejemplo más de una vez Richard Dawkins. Al 42% mencionado hay que sumarle el 31% que opina que “Dios ha guiado” el proceso de evolución. Un contundente 73% contra un pequeño 19%. Una proporción de casi 4 a 1. El 8% que “no sabe, no contesta” ante una pregunta de este tipo uno está tentado a añadirlo al 73%, pero técnicamente no puedo hacerlo y por la tanto permanece el 73% de la población con creencias sobrenaturales frente al 19% de personas que admiten la selección natural para explicar nuestra evolución como especie.

La batalla en EEUU contra la evolución por selección natural continúa. Y algunos precandidatos a las próximas elecciones presidenciales, de ganarlas, auguran un futuro negro a la enseñanza de la selección natural, aunque, bien es verdad, esta consecuencia sea una de las menores ante las barbaridades que se desatarían si ganase según quien. Barbaridades más monstruosas aún de las que ya nos tiene acostumbrados EEUU.

[1]  Desarrollo más este punto en «La teoría de la evolución por selección natural o la supervivencia no aleatoria de variantes aleatorias», Sin Permiso, nº 8, 2011, pp. 197-206.

Por Daniel Raventós
Con información de : Attac

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Cinco viajes con cinco leyendas

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Al-Hamra

Ciertos lugares fascinan de tal forma que las leyendas giran a su alrededor, formando parte del encanto de esos rincones del mundo. Cuentan historias en las que dioses, majestades, caballeros, vasallos, princesas y hasta santos escribieron nuestro pasado, siendo los culpables de que el lugar  en cuestión sea exactamente como es.

La magia se extiende sobre palacios, torres, desfiladeros, miradores, faros y templos que acogen fábulas fantásticas de todo tipo. Hoy hablaremos de cinco de esas leyendas con las que descubrir rincones de un encanto mítico.

La Torre de Hércules - A Coruña ©Gtres
La Torre de Hércules – A Coruña ©Gtres

Torre de Hércules (A Coruña)

Situada en un cerro a unos 50 metros de altitud, la llamada Torre de Hércules ostenta el honor de ser el faro romano más antiguo del mundo. Fue construida en tiempos del emperador Trajano, en el siglo II y lleva centenares de años guiando a los navegantes.



Sin embargo, la leyenda dice que no fue entonces sino mucho antes cuando se levantó la gran torre. Y también que no la construyó un arquitecto de Coimbra, sino el mismísimo Hércules, quien vino en busca del gigante Gerión. Con el objetivo de liberar al pueblo del poder del gigante, el héroe griego se enzarzó en una dura batalla contra Gerión y lo venció, después cortó su cabeza y la enterró junto al mar. Para festejar su victoria construyó esta torre, en cuyas proximidades fundó una ciudad a la que llamó Crunia en recuerdo de la primera mujer que habitó la zona, de la cual Hércules se enamoró.

Palacio de Galiana - Toledo ©palaciodegaliana
Palacio de Galiana – Toledo ©palaciodegaliana

Palacio de Galiana (Toledo)

La provincia toledana está llena de leyendas que hablan de su glorioso pasado, de cómo la avaricia de unos acabó cambiando el futuro de otros, de amores, de traiciones, de historias entre judíos, musulmanes y cristianos y un largo etcétera. Entre ellas se encuentra la que narra el origen de la famosa Cueva de Hércules, la de la Casa del Diamantista, la del Pozo Amargo… Y también, la del Palacio de Galiana, la gran mansión de estilo mudéjar que perteneció a la emperatriz Eugenia de Montijo, construida sobre el palacio de recreo del rey taifa Al-Mamún. 

Cuenta la leyenda que el musulmán Abenzaide, enamorado de la princesa Galiana, se batió en duelo contra un cristiano llamado Carlos por quien la princesa suspiraba y que entonces aún nadie conocía como Carlomagno. Así fue cómo murió Abenzaide, en un sangriento torneo a muerte y ante un público partidario del combatiente cristiano, que festejó la victoria porque todos sabían que a quien la princesa amaba era al apuesto príncipe francés.

Desde entonces, el espíritu de Abenzaide vagaba por las almenas del Palacio de Galiana, anunciando a aquel pueblo que algún día se vengaría de ellos. Parece que aquella venganza llegó con Alfonso VI, al que el espectro del musulmán le confió secretos para la conquista de la ciudad. Cuando finalmente logró su propósito, su espíritu dejó de aparecer entre las almenas del palacete.

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Torre de la Malmuerta (Córdoba)

Sobre los restos de una torre musulmana se construyó a principios del siglo XV una torre defensiva que después sirvió como cárcel para nobles. Y aunque se levantó en el cordobés barrio de Santa Marina unos 40 años antes de que ocurriera la tragedia de los comendadores de Córdoba, lo cierto es que la leyenda cuenta que fueron esos hechos los que dieron lugar a la edificación de esta torre.

Todo comenzó cuando Fernando Alonso de Córdoba, uno de los caballeros más ricos e influyentes de la ciudad, quien sospechó que su esposa, Beatriz de Hinestrosa, le engañaba. Fue entonces cuando urdió un plan para asesinarla y acabar también con quien creía su amante, Jorge de Córdoba y Solier, primo de Don Fernando y comendador de Cabeza del Buey en la Orden de Calatrava.



El plan incluía asesinar igualmente al hermano de Jorge, también comendador, a su amante y a varios criados que Don Fernando consideraba traidores porque pensaba que le habían ocultado el romance. Según la leyenda, aquella infidelidad nunca llegó a ocurrir y cuando el caballero se dio cuenta de que todo estaba en su cabeza, se arrepintió de sus actos y pidió perdón al rey Juan II, quien le ordenó construir la torre como expiación por sus crímenes. De ahí el nombre de la mal-muerta.

La Ermita de San Bartolomé - Cañón de Río Lobos ©pablo_cabezos
La Ermita de San Bartolomé – Cañón de Río Lobos ©pablo_cabezos

Cañón de Río Lobos (Soria y Burgos)

Para los amantes de los espacios naturales únicos, el profundo cañón que recorre más de 25 kilómetros de las provincias de Soria y Burgos es un regalo con todas las letras, cuyas rocas alojan más de 100 millones de años de historia geológica. En medio de ese espectacular paraje se encuentra el castillo templario de Ucero y una ermita única, levantada en el corazón de la garganta. Este templo fue bautizado como la ermita de San Bartolomé y es la protagonista de una popular leyenda.

Cuenta que el apóstol Santiago iba cabalgando sobre su caballo huyendo de los invasores musulmanes cuando saltó desde lo alto de uno de los farallones del cañón que rodean la ermita. Los cascos del caballo dejaron sus huellas sobre la piedra y la espada de Santiago cayó al suelo, quedando clavada en un lugar y revelando que allí debería levantarse un templo. Es el sitio exacto donde se encuentra la actual ermita de San Bartolomé, que según dicen está enclavada en un lugar equidistante de los dos puntos más septentrionales de la geografía peninsular, los cabos de Creus y Finisterre, en el llamado Omphalos, el centro del mundo.

Vista de la Alhambra - Granada ©carsten_volkwein
Vista de la Alhambra – Granada ©carsten_volkwein

La Alhambra (Granada)

La magia de este lugar no pasa desapercibida para nadie. Prueba de ello es que se cuentan decenas de leyendas relacionadas con la pequeña ciudadela andalusí construida dentro de la propia ciudad de Granada. Formada por un espectacular conjunto de palacios y jardines que fue declarado Patrimonio de la Humanidad hace más de tres décadas, uno de sus espacios más conocidos, el Patio de los Leones, esconde una historia legendaria.

La protagonista es la princesa árabe Zaira, que viajó con el que creía que era su padre a Al-Andalus y se alojó en la Alhambra. A la princesa le encantó aquella ciudadela, sobre todo el patio iluminado donde pasaba la mayor parte del tiempo. Por eso no le importó demasiado que tuviera prohibido salir de palacio. Pero pasaba el día sola, sin nadie con quien hablar. Hasta que un joven saltó los muros de la ciudadela y apareció en el patio donde estaba Zaira porque se sintió atraído por ella.

La princesa le pidió que se marchara: si su padre o alguno de los once hombres que le acompañaban se enteraban de que estaba allí, sería castigado. El joven Arturo le hizo caso, pero a los pocos días volvió y fue sorprendido por el rey, quien lo encerró en las mazmorras hasta que llegara el alba, momento en que planeaba ejecutarlo.



La princesa lloraba su desgracia cuando casualmente encontró el diario de su supuesto padre y lo abrió por una página escrita cuando ella era aún muy niña. En ella decía: “Ya he matado al sultán y a su consorte real. De la princesa Zaira me he apiadado”. Entonces Zaira reunió al rey y a sus 11 hombres y preguntó si eso era verdad, a lo que contestaron que sí. La princesa, llena de rabia, cogió entre sus manos el talismán que su madre le había colgado del cuello cuando nació y con la furia de un león miró a todos los que le rodeaban. Entonces, aquel talismán liberó su maleficio y convirtió al rey y a sus 11 hombres en leones de piedra, los mismos que hoy custodian la fuente del lugar que se conoce como el Patio de los Leones.

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Por Beatriz González
Con información de Voz Populi

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