Archivo de la categoría: Historia

Fiestas Cristianas en Al-Andalus

El calendario religioso de al-Andalus siempre ha constituido un tema bastante curioso, y cuanto menos peculiar, por las especiales circunstancias sociales y culturales de este rincón occidental del Mundo Islámico.

La interacción cotidiana de los musulmanes de la península Ibérica con los mozárabes 1, uno de los diversos grupos étnicos y religiosos que conformaron desde el principio la sociedad andalusí, así como el inevitable contacto que aquellos siempre mantuvieron con las comunidades cristianas del otro lado de la frontera, tuvo su reflejo en numerosos ámbitos, siendo el de las celebraciones religiosas uno de los más notorios.

Como era de esperar, los andalusíes observaban el cumplimiento de las principales fiestas canónicas islámicas con rigor, al igual que hacían sus correligionarios del resto de la Dar al-Islam –es decir, de las tierras pertenecientes a la Umma o comunidad islámica y que, como tales, están sujetas a la ley musulmana– 2.

Por diversas noticias dispersas en fuentes árabes de todo tipo, sabemos que celebraban la Noche del Destino (Laylat al-qadr), que conmemora la revelación del Corán a Muhammad durante el mes de Ramadán, y la Fiesta de la Ruptura del Ayuno (‘Id al-fitr), que marcaba el final de dicho mes sirviendo de colofón a su obligada abstinencia; asimismo, cada año conmemoraban la ritual Fiesta del sacrificio (‘Id al-adhà) con la tradicional matanza de un cordero, que era cocinado en familia con toda clase de vituallas y frutos secos. Aquellos de tendencia shía vigilaban además la celebración del día de la Asura cada 10 de Muharram, guardando el acostumbrado ayuno 3.

Sin embargo, ciertos días festivos propios del calendario juliano calaron con fuerza en el almanaque musulmán, hasta el punto de que los andalusíes llegaron a asimilarlos con gran naturalidad, aunque sin otorgarles nunca la significación religiosa que realmente comportaban. Entre los festejos más extendidos figuraban, por orden cronológico, el día de año nuevo, Yannayr –fecha en la que los andalusíes celebraban el comienzo del año (ra’s al sana) comprando frutas a imitación de los cristianos y preparando pasteles en forma de ciudades amuralladas, precedentes tal vez del actual roscón de Reyes– e incluso, al parecer, la Nochevieja (Laylat al- ‘ayuz) 4 ; también vigilaban el Nayruz o Nawruz –que, aunque originalmente conmemoraba el primer día del año solar persa, era asociado en al-Andalus con el equinoccio de primavera–, así como el jueves santo –referido en los textos árabes
como “el jueves de abril” (jamis abril) 5–.

Pero lo más sorprendente aún es que celebraban el día de San Juan, conocido en árabe como Mahrayan o Ansara con el que se recibía el solsticio de verano el día 24 de junio, encendiendo hogueras en el campo, dejando las prendas de vestir a la intemperie para que les cayese el rocío de la noche, consumiendo almojábanas 6 y organizando carreras de caballos 7– y, sobre todo, el día de Navidad (Milad ‘Isà) 8 .

Cabe decir que estas dos últimas celebraciones no eran del todo ajenas, en su significación religiosa, a la tradición musulmana; recordemos que esta última reconoce a Juan el Bautista y a Jesús como dos grandes figuras proféticas que están contempladas en varios pasajes del Corán.

Por esta razón, “en el alma del pueblo [musulmán] latía un sentimiento de devoción por ambos, y el contenido religioso de su conmemoración (…) era idéntico para un cristiano que para un musulmán” en cierto modo, como en su día señaló Fernando de la Granja 9.

Sin embargo, tan generalizada llegó a ser la conmemoración de la Navidad entre la comunidad musulmana andalusí que, a partir del siglo XIII, la clase jurídico-religiosa comenzó a temer por los valores espirituales de al-Andalus que, debido a esta práctica herética, podían quedar seriamente corrompidos. Su erradicación por parte de los ulemas no era tan fácil de atajar pues, parafraseando de nuevo a F. de la Granja 10, “tanto ‘Isà como Yahyà eran para ellos [los musulmanes] Profetas venerables. Pero eran, al mismo tiempo, el Hijo de Dios y el San Juan de los Cristianos”.

Las primeras denuncias al respecto llegaron desde la cercana Ceuta, donde su reputado cadí y alfaquí, Abu l-‘Abbas al-‘Azafi (m. 633/1236) “expresaba (…) su indignación ante el comportamiento de sus correligionarios andaluces que festejaban la Navidad y el Año Nuevo del calendario cristiano, imitando a sus vecinos cristianos”, según indica Rachel Arié 11. Y es que, al parecer, durante estas fechas la vida se paralizaba en al-Andalus hasta el punto de que los musulmanes intercambiaban regalos, organizaban costosos banquetes, interrumpían sus actividades comerciales, se cerraban las tiendas e, incluso, los niños estaban exentos de asistir a las escuelas coránicas 12 . Tal relajación de costumbres se estaba contagiando incluso al Norte de África, especialmente a la ciudad de Ceuta cabeza de puente entre ambas orillas–, razón por la cual hubo que idear una manera de frenar el influjo que las prácticas cristianas estaban ejerciendo en los colectivos musulmanes.

Por Bárbara Boloix GallardoAnaquel de Estudios Árabes 2011

Notas:

1 Sobre la influencia de este colectivo cristiano arabizado residente en al-Andalus, véase el trabajo de HITCHCOCK, Richard, Mozarabs in Medieval and Early Modern Spain: identities and influences. Farnham: Ashgate Publishing Ltd, 2008, así como también la reciente publicación de AYLLET, Cirille, Les «Mozarabes»: islamisation, arabisation et christianisme en péninsule Ibérique (IXe-XIIe siècles), Madrid, Casa de Velázquez, 2010.
2 Sobre este concepto, véase ABEL, A., s.v. “Dar al-Islam”. Encyclopaedia of Islam (en adelante citada como EI2), v. II, 127-128.
3 Sobre las fiestas que se celebraban en al-Andalus, véase el epígrafe “Las Fiestas”, dentro del apartado “Las diversiones” inserto en la obra de ARIÉ, Rachel, España musulmana (Siglos VIII-XV). Tomo III de la Historia de España dirigida por TUÑÓN DE LARA, Manuel. Barcelona: Labor, 1994, especialmente 308-312.
4 Sobre esta celebración de carácter astronómico, véase el excelente trabajo de MUÑOZ, Rafael, “Fiestas de origen meteorológico en la literatura calendárica”, en GARCÍA SÁNCHEZ, E. (ed.), Ciencias de la Naturaleza en al-Andalus, I. Granada: CIS, 1990, 23-41, donde puede hallarse una amplia y documentada información al respecto.
5 Al parecer, este día también constituía una fecha señalada para los musulmanes en otros puntos del Mundo Islámico medieval, por influencia de las comunidades cristianas. Así lo ha demostrado DE LA GRANJA, Fernando, “Fiestas cristianas en al-Andalus (Materiales para su estudio). II: Textos del al-Turtusi, el cadí ‘Iyad y Wansarisi”, Al-Andalus, 35 (1970), 124, tomando como referencia el testimonio del egipcio AL-MAQRIZI, según el cual este día era conocido en Egipto como “el jueves de las lentejas” (jamis al-‘adas), por la costumbre cristiana de consumirlas en puré en dicho día, y en Siria, como “el jueves del arroz” (jamis al-arz) o “el jueves de los huevos” (jamis al-bid).
6 Muyabbanat, suculentas tortas de queso blanco, especialidad de la zona de Jerez (Cádiz), y típicas de al-Andalus, que se servían muy calientes, se espolvoreaban con canela y luego se bañaban con miel, según explica ARIÉ, R. en su Historia de la España Musulmana, 286. Quisiera destacar, como nota curiosa, que, aunque esta especialidad de dulce se sigue consumiendo hoy en día en España, también fue exportada con el descubrimiento del Nuevo Mundo a América Latina, donde en muchos países se sigue hoy en día cocinando.
7 Cfr. DE LA GRANJA, Fernando, “Fiestas cristianas en al-Andalus (Materiales para su estudio). II: Textos del al-Turtusi, el cadí ‘Iyad y Wansarisi”, 127, quien se basa en un texto del Tartib almadarik del cadí ‘IYĀD y en otro compilado por AL-WANSARISI, respectivamente.
8 Cfr. ARIÉ, Rachel, España musulmana, 310-312. He decidido citar todas estas celebraciones cristianas brevemente a modo informativo para justificar el ambiente que propició la implantación del Mawlid en al-Andalus.
9 “Fiestas cristianas en al-Andalus (Materiales para su estudio). I: Al-Durr al-munazzam de al ‘Azafi”, Al-Andalus, 34 (1969), 1-53, especialmente 4-5, de donde he extraído esta cita. Sobre la celebración de las fiestas cristianas mencionadas en al-Andalus, véanse tanto este trabajo como el anteriormente citado “Fiestas cristianas en al-Andalus (Materiales para su estudio). II: Textos del al- Turtusi, el cadí ‘Iyad y Wansarisi”, del mismo autor. Ambas aportaciones son consideradas pioneras y reveladoras en este tema.
10 Cfr. “Fiestas cristianas en al-Andalus (Materiales para su estudio). I: Al-Durr al-munazzam de al-‘Azafi”, 5.
11 España musulmana, 310.
12 Según especifica KAPTEIN, N. J. G., Muhammad`s birthday festival. Early History in the Central Muslim Lands and development in the Muslim West until the 10th/16th Century. Leiden-Nueva York-Köln: Brill, 1993, 81-82.

©2021-paginasarabes®

El “sultanato de las mujeres”

“El sultanato de las mujeres” tuvo su auge entre 1570 y 1578 .

Los peligros que acechaban a los sultanes no eran pocos; la historia otomana, incluso de la época clásica, está llena de intrigas, luchas palaciegas, complots en palacio contra el sultán, intentos de asesinatos, etc. Esto hizo que los sultanes se transformaran en personas temerosas e introvertidas, muchas veces con miedo al exterior que les rodeaba. En este panorama, el único consuelo que podía encontrar el sultán estaba en su más preciada posesión: el Harén, un lugar que en el palacio real de Topkapı Sarayı ocupaba más de dos tercios de la construcción, repleto de mujeres cuyo único fin era darle placer y herederos al gobernante.

El Harén, que en árabe significa “prohibido”, estaba lejos de ser tan sólo un lugar para el placer sexual del gobernante. Caracterizado comúnmente como el «prostíbulo personal» del sultán, era en realidad un sistema educativo para las jóvenes esclavas y donde incluso se derivaba el sistema educativo para la administración pública y el ejército.

Con el tiempo, se transformó en el único refugio seguro de los gobernantes otomanos. El Harén era el verdadero “hogar” del sultán, e incluso sus esposas y concubinas poseían amplios conocimientos de variados temas.

Algunas mujeres del Harén vieron en esta situación una posibilidad para escapar de ese cautiverio eterno, una ocasión para posicionarse socialmente y una oportunidad para lograr que sus hijos fueran los próximos soberanos.

Lentamente, el sultán cayó presa de intereses creados en lo que él creía que era su hogar.

La primera muestra de esta situación la entregó Solimán el Magnífico. El gran gobernante se enamoró de una esclava eslava llamada Roxelena (o Roxelana). Ella supo ganar su corazón de manera tal que lo hizo olvidarse del resto del Harén.

Roxelena (que algunos señalan que su nombre original era Alexandra Lisowska) se convirtió con el tiempo en la Haseki («favorita») del Sultán. Llamada por Solimán como “Hürrem” («la sonriente» l “la alegre”), en el palacio la llamaban de manera muy diferente: “la Hechicera”, puesto que todos creían que había embrujado al sultán 1.

Roxelena empezó a dominar en la voluntad del gobernante y con su influencia hizo eliminar lentamente a todos sus adversarios de palacio. Se cree que por su acción se ordenó matar a İbrahim Paşa, amigo de la infancia de Solimán y destacado gobernante provincial, y al heredero favorito del Sultán para sucederle, que no era hijo de ella.

Con la muerte de ambos, Roxelena aseguró la sucesión del trono para su hijo Selim II, un hombre absolutamente incapaz para el cargo, que prefería ver jugar a sus esclavas que discutir las finanzas del imperio. Pese a morir cerca de una década antes que Solimán, las acciones de Roxelena dejaron huellas imborrables en el Imperio.

Por ello, se suele señalar que ella inauguró un período denominado “el sultanato de las mujeres”, que tuvo su auge entre 1570 y 1578, aunque después hubo varias sultanas y concubinas que generaron una situación similar. Las esclavas y las madres de los sultanes ocuparon todos sus artilugios posibles para hacerse cargo del gobierno, siempre de manera subterránea. Algunas, preocupadas para dejar a su hijo mayor como el siguiente gobernante; otras, dedicadas a que el sultán nombrara a sus “favoritos” en puestos de importancia, para así poder dictarles las órdenes a seguir; las menos, realmente interesadas en salvar al Imperio.

Fue casi un siglo de esta nefasta influencia en el gobierno; sin embargo, dejó la puerta abierta para que tarde o temprano lo mismo volviera a suceder. El Harén, desde Roxelena, nunca más fue lo mismo 2.

Por Sebastián Danilo Salinas Gaete

Notas:

1.De hecho, Solimán rompió con ella varias reglas establecidas sobre la relación entre el gobernante y el Harén. Por ejemplo, para evitar problemas de sucesión el Sultán debía sólo tener un hijo con una concubina, evitando tener relaciones sexuales con ella tras haber tenido a su descendiente. Con Roxelena, sólo entre 1521 y 1525 Solimán la dejó embarazada cinco veces, teniendo el último hijo entre ambos en 1531, usando como excusa que otros tres descendientes con otras esclavas habían fallecido en 1521, siendo la forma de compensar y asegurar la continuidad del imperio. Luego, Solimán llegó a liberar a Hürrem Roxelena de su condición de esclava (de hecho, «Hürrem» es una palabra que tiene enormes parecidos con la raíz para decir «libre»), llegando a casarse con ella, en un hecho inédito y que escandalizó a la sociedad otomana de la época, tanto por la procedencia de la esposa como por lo extraño que era la monogamia para un gobernante. Véase Veiga, Francisco. Op. cit. P. 206.
2.Sobre el harén, véase “The exercise of Polotical Power”, un capítulo de un libro de Leslie Pierce llamado The Imperial Harem: Women and sovereignity in tne Ottoman Empire. Oxford University Press. Ozford. 1993. Pp. 229-265. Allí, por ejemplo, se señala cómo las mujeres debían moverse con especial discreción para obtener sus objetivos, ya que cualquier error era utilizado por sus enemigos y enemigas para deshacerse de ellas. Además, se señala que ciertos sultanes fueron demasiado devotos de sus madres, como Murat III.

©2021-paginasarabes®

Galimberti, soldado de Perón y el acercamiento a los países árabes

Rodolfo Galimberti

En el mes de julio de 1972, y gracias a los oficios de Jorge Antonio, Galimberti y Muniz Barreto viajaron a Libia a entrevistarse con el coronel Mohammar el Gaddafi.

Antonio era concesionario de la firma de automóviles Mercedes Benz en África y había provisto al mandatario árabe de la flota de coches oficiales. Galimberti llevó una carta de recomendación de Perón. En ese tiempo, Siria y Libia estaban alineados contra Israel.

No era la primera vez que Galimberti se contactaba con los árabes. En 1971, el líder de JAEN había firmado un manifiesto en el diario Clarín a favor de «los derechos del pueblo palestino» y se comprometió con Saad Chedid, presidente del Centro de Estudios Árabes, a buscar más adhesiones en el seno del movimiento peronista.

En reciprocidad, Chedid concurrió a dar conferencias sobre la problemática de Oriente Próximo a la sede de JAEN. Mantenían una coincidencia básica: la visión del «tercerismo» de Perón y el «tercermundismo» de la OLP. A partir de entonces, por las excelentes referencias que dejaba Chedid en Damasco ante el segundo de Yasser Arafat, Abu Yihad, responsable del aparato militar de Al Fatah, los palestinos empezaron a preocuparse por la suerte de Galimberti, a quien consideraban destinado a desempeñar un lugar protagónico en el futuro «gobierno popular»

En su viaje a Libia, Galimberti se interesó por hacer llegar a la Argentina los proyectiles autodirigidos Sam 7 y entregárselos a Montoneros: aunque todos elogiaban su brillantez en la tarea política, él soñaba con ser el jefe militar de la futura revolución peronista.

Ese mismo mes de agosto Galimberti volvió a Madrid llevando las cintas del acto de Nueva Chicago. Un domingo al mediodía, en el restaurante Moroso, almorzó con Perón, Isabel, López Rega, Cámpora, Osinde, Sobrino Aranda, Abal Medina, Gianola y su nuevo secretario, Raúl Lastiri, casado con una hija de López Rega. Esa semana, el General había convocado a una cumbre con las 62 Organizaciones y el ala «dura» para la replanificación de las líneas de acción del Comando Táctico, con vistas al retorno. Los dirigentes de los gremios «combativos», Julio Guillán y Roberto Digón, hicieron fuerza y también fueron recibidos. Pero España fue la escala de una misión más importante para Galimberti. De allí partió a Líbano, por primera vez.

Perón intuía que si no había elecciones en la Argentina, se iba a disparar una violencia incontrolable y consideraba que lo más conveniente en ese caso era mantener buenas relaciones con los árabes. Galimberti fue al sur de Líbano para recibir adiestramiento militar.

—¿Qué llevo, mi General? —le preguntó.
—Lleve gente suya, no Montoneros. Capacítelos, forme como oficiales a sus hombres de confianza.

Junto al salteño Rodolfo Urtubey —que ofició de traductor en la etapa política del viaje y luego regresó— Galimberti llegó al pueblo de Jalina. También estaban Mario Herrera y «Beto» Ahumada, de gran vocación militar y a la vez uno de los cuadros de mayor talento político, a pesar de su silencio. En base a las recomendaciones que había hecho llegar el embajador argelino en Buenos Aires, Mostefá Lascheraf, Galimberti fue recibido con honores en los campamentos de la OLP. Se adiestró con armas automáticas y tiros con lanzacohetes, y conoció a Abu Yihad, el jefe militar de Al Fatah.

El viaje de Galimberti a Líbano repercutió como un enigma entre los corresponsales madrileños. Un cable de AFP, que publicó La Razón el 23 de agosto, tituló «Un viaje misterioso», dando por supuesto que su destino había girado alrededor de distintos países europeos. Al día siguiente La Opinión consignó una presunta detención suya en el aeropuerto de Lisboa. En Buenos Aires empezaron a correr versiones de su inminente captura cuando llegara al país. «Volveremos separados y por distintas vías», anunció Galimberti. 1

Por M. Larraquy y R. Caballero


Notas:


1.El artículo de La Opinión del 24 de agosto indica: «En núcleos de la juventud peronista aún se comentan las características de la prisión transitoria a la que fue sometido el dirigente juvenil Rodolfo Galimberti cuando regresaba de España. Como se recuerda, al descender en la escala natural del vuelo, en Lisboa, Galimberti fue detenido por la policía portuguesa y trasladado al departamento central de esa fuerza de seguridad. Allí, según la versión que se conoce, fue interrogado durante treinta y seis horas. Galimberti era sospechoso de ser un colaborador del líder opositor de Mozambique, una de las colonias portuguesas del África, cuyo nombre de guerra es Roberto. De acuerdo con la misma versión, durante el interrogatorio estuvo presente un ciudadano norteamericano, presunto miembro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o de un organismo de seguridad militar, pero contrariamente a los primeros rumores sobre el episodio, se afirma ahora que este personaje no intervino activamente en la requisitoria policial, limitándose a observar el procedimiento y a sopesar en silencio las respuestas de Galimberti. Es obvio que el propósito del interrogatorio no puede tener relación con la situación en Mozambique. Las explicaciones varían desde un interés por tomar contacto con el dirigente juvenil hasta —lo que se estima probable— un intento de intimidación». Para su presunta orden de captura en Buenos Aires ver Primera Plana, 29 de agosto de 1972. Esa semana fue encarcelado por el gobierno el ex teniente Julián Licastro, consejero superior del Justicialismo.


©2021-paginasarabes®