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Boabdil, Yahya an-Nayyar, Fernando y la caída de Baza y Granada

El traidor Yahya an-Nayyar

Aquel año, por culpa de una sonrisa, mi tío materno tomó el camino del exilio. Por lo menos, así fue como me explicó su decisión muchos años después, cuando nuestra caravana iba por el vasto Sáhara, al sur de Segeimesse, una noche fresca y serena que más que turbar acunaban los lejanos lamentos de los chacales. El yenteculo obligaba a Jali a narrar muy alto su relato y tenía una voz tan tranquilizadora que me hacía respirar los olores de mi Granada natal y una prosa tan hechicera que mi camello no parecía caminar sino a su ritmo.

Hubiera querido repetir cada una de sus palabras pero mi memoria es limitada y mi elocuencia asmática y muchas de las ilustraciones de su historia no volverán a aparecer nunca más, por desgracia, en ningún libro.

«El primer día de aquel año había subido por ha mañana temprano a la Alhambra, no para ir, como de costumbre, al pequeño escritorio del diwan donde redactaba las cartas del príncipe, sino para presentar, junto con algunos notables de mi familia, mis felicitaciones del Ras-es-Sana. El maylis, la corte del sultán, que se hallaba con tal motivo en el Salón de Embajadores, rebosaba de cadíes con sus turbantes, de dignatarios con altos gorros de fieltro, verdes o rojos, de ricos negociantes con los cabellos teñidos de alheña y partidos, como los míos, por una raya hecha con primor.


»Tras haberse inclinado ante Boabdil, la mayoría de los visitantes se retiraban hacia eh patio de los Arrayanes, por donde deambulaban un rato alrededor de la piscina, deshaciéndose en zalemas. Los principales notables se sentaban en los divanes cubiertos de tapices adosados a has paredes de la inmensa estancia, contoneándose torpemente para acercarse, en la medida de lo posible, al sultán o a los visires, con intención de hablar con ellos de alguna petición o de mostrar, simplemente, que gozaban del favor del sultán.

»Como redactor y calígrafo de la secretaría de Estado, de lo que daban fe los rastros de tinta roja que tenía en los dedos, gozaba yo de algunos pequeños privilegios, como el de circular a mi antojo entre el maylis y la piscina y dar, así, unos cuantos pasos en compañía de los personajes que me parecían interesantes para volver a sentarme a continuación, al acecho de una nueva presa. Excelente sistema de recoger noticias y opiniones sobre los asuntos del momento, tanto más cuanto que ha gente hablaba con entera libertad durante el reinado de Boabdil, mientras que en tiempos de su padre miraba siete veces a su alrededor antes de formular ha menor crítica, se expresaba en términos ambiguos, a golpe de versículos y de refrajíes, para poder desdecirse en caso de denuncia. Al sentirse más libres, menos espiados, los granadinos se habían vuelto más duros que el sultán, aún cuando se encontraban bajo su techo, aun cuando habían venido a desearle larga vida, salud y victoria. Nuestro pueblo es despiadado con los soberanos que no lo son.

»En aquel día otoñal, las hojas amarillas estaban más fielmente unidas a su árbol que los notables de Granada a su monarca. La ciudad se encontraba dividida, como desde hacía años, entre el partido de la paz y el partido de la guerra, ninguno de los cuales era partidario del sultán.

»Los que querían la paz con Castilla decían: somos débiles y los rum son poderosos; nos han abandonado nuestros hermanos de Egipto y del Magreb, mientras que nuestros enemigos tienen el apoyo de Roma y de todos los cristianos; hemos perdido Gibraltar, Alhama, Ronda, Marbella, Málaga y otras muchas plazas y, mientras no se restablezca la paz, la lista no dejará de aumentar; las tropas devastan las huertas y los campesinos se lamentan, los caminos no son ya seguros, los negociantes no pueden ya abastecerse, la Alcaicería y los zocos se están quedando vacíos y los precios de los productos suben a excepción de la carne que se vende a un dirhem la libra porque ha habido que sacrificar miles de reses para sustraerlas a las razzias; Boabdil debería poner todos los medios para acallar a los belicistas y llegar a una tregua duradera con los castellanos, antes de que le pongan sitio a la propia Granada.

»Los que querían la guerra decían: el enemigo ha decidido aniquilarnos de una vez por todas y no será sometiéndonos como lo haremos retroceder. ¡Mirad cómo, tras su rendición, han reducido a la esclavitud a todos los habitantes de Málaga! ¡Mirad cómo levanta hogueras para los judíos la Inquisición en Sevilla, en Zaragoza, en Valencia, en Teruel, en Toledo! ¡Mañana, las hogueras se alzarán aquí mismo, en Granada, no sólo para la gente del sabbat sino también para los musulmanes! ¿Cómo impedirlo sino con la resistencia, con la movilización, con eh Yihad? Cada vez que hemos peleado con energía, hemos podido frenar el avance de los castellanos, pero después de cada una de nuestras victorias ha habido entre nosotros traidores que no pretendían más que conciliarse al enemigo de Dios, que le pagaban tributos, le abrían las puertas de nuestras ciudades. ¿No le ha prometido el propio Boabdil a Fernando entregarle un día Granada? Hace ya más de tres años que le firmó un papel en ese sentido en Loja. Este sultán es un traidor. Hay que sustituirlo por un verdadero musulmán, dispuesto a dirigir la guerra santa y que devuelva la confianza a nuestro ejército.

»Hubiera sido difícil hallar un soldado, un oficial, comandante de diez, de cien o de mil, y más todavía un religioso, cadí, notario, ulema o predicador de la mezquita, que no compartiera este último punto de vista, mientras que los comerciantes y los agricultores se pronunciaban más por la paz. La propia corte de Boabdil estaba dividida. De haber seguido sus inclinaciones, el sultán hubiera concertado una tregua cualquiera, a cualquier precio, pues había nacido vasallo y sólo aspiraba a morir tal; pero no podía ignorar la voluntad de su ejército que observaba con impaciencia mal reprimida los combates que otros príncipes de la familia real nazarita dirigían con heroísmo.

»En todas las conversaciones de los partidarios de la guerra se repetía un ejemplo elocuente: el de Baza, ciudad musulmana al este de Granada, cercada y cañoneada desde hacía más de cinco meses por los rum. Los reyes cristianos -¡que el Altísimo destruya lo que han construido y construya lo que han destruido!- habían levantado torres de madera situadas frente a las murallas y habían cavado un foso para impedir comunicarse con el exterior a los sitiados. Sin embargo, a pesar de su superioridad aplastante en hombres y en material y, a pesar de la presencia en el lugar del propio Fernando, los castellanos no conseguían vencer y la guarnición efectuaba cada noche salidas mortíferas. Así, la resistencia encarnizada de los defensores de Baza, al mando del emir nazarita Yahya an-Nayyar, excitaba el ardor de los granadinos e inflamaba su imaginación.

»No era por ello grande el regocijo de Boabdil, pues Yahya, el héroe de Baza, era uno de sus más encarnizados enemigos. Hasta reivindicaba el trono de la Al-hambra, en el que ya se había sentado su abuelo, y consideraba al sultán actual como un usurpador.

»La víspera misma del día de año nuevo llegó a oídos de los granadinos una nueva hazaña de los defensores de Baza. Los castellanos, decían, se habían enterado de que en Baza empezaban a escasear los víveres. Para convencerlos de lo contrario, a Yahya se le había ocurrido una estratagema: juntar todas las provisiones que quedaban, exponerlas de forma bien visible en los puestos del zoco e invitar, a continuación, a una delegación de cristianos a ir a negociar con él. Entrado que hubieron en la ciudad, los enviados de Femando se asombraron de ver tal profusión de productos de todas clases y no dejaron de contar el hecho a su rey, recomendándole que no siguiera intentando rendir a Baza por hambre sino que propusiera a sus defensores un arreglo honroso.


»Con unas cuantas horas de diferencia, por lo menos diez personas, en el hamman, en la mezquita y en los corredores de la Alhambra me contaron jubilosamente la misma historia; cada vez, fingí sorprenderme para no ofender a mi interlocutor, para permitirle el placer de añadir su propio grano de sal. Yo también sonreía, pero algo menos cada vez pues me reconcomía la inquietud. Me preguntaba por qué Yahya había dejado entrar en la ciudad sitiada a los representantes de Fernando y, sobre todo, cómo esperaba ocultar al enemigo la penuria que atenazaba a Baza si todo el mundo en Granada y, probablemente también en otros lugares, sabía la verdad y se guaseaba de la artimaña.

»Mis peores temores, proseguía mi tío, iban a confirmarse el día de año nuevo, en el transcurso de mis conversaciones con los visitantes de la Alhambra. Me enteré, en efecto, de que Yahya, «Combatiente de la Fe», «Espada del Islam», había decidido no sólo entregar Baza a los infieles sino también unirse a las tropas castellanas para abrirles el camino de las demás ciudades del reino, principalmente Guadix y Almería y, finalmente, Granada. La habilidad suprema de ese príncipe había consistido en distraer a los musulmanes por medio de una pretendida artimaña para ocultar el auténtico objeto de sus conversaciones con Fernando. Había tomado esa decisión, dijeron algunos, a cambio de una importante suma de dinero y de la promesa de que sus soldados y los habitantes de la ciudad salvarían la vida. Pero había conseguido algo más: al convertirse él mismo a la fe de Cristo, ese emir de la familia real, ese nieto de sultán iba a ser un alto personaje de Castilla. Te hablaré de él en alguna otra ocasión.

Por Amin Maalouf

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Arabismos del Libro de Apeo y repartimiento del lugar de Carataunas

Tomando como base los Libros de Apeo y Repartimiento del Reino de Granada y centrados en el estudio del referido al lugar de Carataunas, hacemos en este artículo un pormenorizado estudio de los arabismos que en este documento se reflejan. Muchos siguen siendo de uso común hoy día, pero otros hace tiempo que cayeron en desuso, en la mayoría de los casos porque la realidad a la que aludían ya es prácticamente inexistente. Algunos de ellos se documentan en este texto por primera vez, adelantándose a veces más de un siglo a la fecha que los diccionarios especializados dan para su primera documentación.

Desde la segunda mitad del siglo XV, el último reducto musulmán que quedaba en al Andalus, el Reino Nazarí de Granada, fue perdiendo terreno ante la pujanza de las armas castellanas. La firma de las Capitulaciones de Santa Fe para la entrega de Granada proporcionó a las dos comunidades, musulmana y cristiana, el marco jurídico necesario para convivir en un mismo espacio geográfico. Se abre con ello un nuevo período en la historia granadina en el cual los musulmanes, denominados mudejares, (derivado del árabe mudayyan= domeñado), van a sentir desde el principio y en constante aumento la presión de los conquistadores en todos los ámbitos y el deseo de manifestar su condición de vencedores sobre un vecino molesto durante siglos.

Esta situación duró hasta el año 1499 en que se produce la rebelión que marca el final de la época mudejar, iniciándose con el nuevo siglo la historia de la Granada morisca que va a durar unos setenta años que no hicieron sino demostrar el drama de una imposible convivencia y que terminó con la guerra y la dispersión de estos moriscos por tierras de Castilla. Esto no quiere decir que en 1571 desapareciera de Granada todo el elemento morisco: algunos prefirieron la esclavitud voluntaria antes que la emigración y bastantes permanecieron camuflados bajo el ropaje de «cristianos viejos», o de moriscos castellanos de otras regiones. Será en 1609, en tiempo de Felipe III, cuando se produzca la expulsión definitiva.

Las tierras y casas que dejaron vacantes los moriscos tras la expulsión se aprovecharon para incentivar la venida de repobladores de otras tierras entre quienes fueron repartidos estos bienes. El reparto se hizo mediante tres fórmulas:

—Por compra. Este instrumento sólo se utilizó cuando los moriscos abandonaban voluntariamente sus bienes raíces.

—Por donación real. Éste era un sistema ampliamente utilizado para recompensar los servicios prestados en la guerra.

—Por reparto reglamentado. Procedimiento aplicado en aquellos casos en que la población morisca se vio obligada a salir y que venía a sumarse a la larga tradición repobladora iniciada con la Reconquista en el norte peninsular y continuada en los siglos XIII y XIV con Fernando III el Santo y después con los Reyes Católicos.

A raíz de la confiscación de los bienes de los moriscos se constituyó un Consejo encargado de custodiarlos cuyas primeras acciones consistían en reconocerlos, señalarlos, deslindarlos y asentarlos en los Libros de Apeo y Repartimiento.

Estos Libros de Apeo y Repartimiento son una fuente de gran valor histórico por la gran cantidad de información que recogen entre sus páginas. En ellos se asientan minuciosamente las operaciones de amojonamiento, distribución, reparto y toma de posesión de las tierras que pertenecieron a los moriscos, por parte de los nuevos pobladores.

La fecha central de esta operación es el primero de noviembre de 1570, momento en que se produce un masivo abandono de las mismas.

El Libro de Apeo y Repartimiento del Lugar de Carataunas que hoy se conserva en el Archivo de la Real Chancillería de Granada es una copia que se terminó de realizar el día de mayo de 1775 del original concluido el 15 de agosto del año 1574.

Las averiguaciones de los bienes raíces las llevó a cabo el Licenciado Jusepe Machuca el 28 de agosto de 1572. El 13 de diciembre de 1573 el escribano Alonso Sánchez tomó posesión, en nombre de Su Majestad Felipe II, de casi todas las haciendas que los moriscos poseían en dicho lugar de Carataunas.

Según consta en las averiguaciones del Licenciado Machuca habían vivido allí cuarenta vecinos todos moriscos. En ese momento estaba despoblado y tenía tan sólo once o doce casas habitables, las demás estaban hundidas aunque con posibilidad de arreglo. Había una iglesia, un horno de pan, una tienda que era del Duque de Sesa y dos molinos de harina de poco valor. No había molino de aceite. La tierra de labor era muy buena para el trigo, la cebada y otras semillas. Abundaban los morales y árboles frutales como higueras, manzanos, castaños, almeces, olivos, almendros, ciruelos, cerezos y perales. También había encinas, viñas y parras.

Para llevar a cabo la repoblación se distribuyeron las tierras y casas en trece lotes o suertes iguales, más tres suertes de ventaja que se adjudicaron a uno de los vecinos que fue el poblador y de las casas restantes se deberían habilitar otras trece para que vivieran en ellas por el plazo de tres años los trece vecinos que habrían de poblar el lugar de Varjal, mientras se construían allí sus casas. Pasados estos tres años las casas quedarían para los vecinos de Carataunas, repartiéndolas entre ellos y pagando a los vecinos de Varjal el precio de las mejoras realizadas.

Estudio de los arabismos

Aceite
Del árabe al-zayt, de igual significación. Según Corominas (vol. I,pp. 31-32), la primera documentación es del año 1251, sin embargo, Teresa Garulo (p. 131) lo adelanta a 1250 en el Lapidario de Alfonso X.

Aceituno
Derivado del anterior, convivió con el nombre latino olivo, con predominio de este último para nombre del árbol, mientras que el arabismo aceituna primaba frente a oliva para designar al fruto. Corominas (vol. I, p. 32).

Acequia
Del árabe al-saqiya, que significa «corriente de agua». Según Corominas (vol. I, p. 33), la primera documentación es del año 1140, mientras que T. Garulo (p. 136) lo adelanta al año 1113 en documentos mozárabes de Huesca.

Albarcoque
Del árabe barqúq dio primero albricoque, como en portugués, de donde albaricoque por anaptixis. La forma albarcoque está sin embargo más próxima al catalán albercoc y según Corominas (vol. I, p. 115), se documenta en textos castellanos a partir de 1330.

Alcatifa
Del árabe al-qatifa «alfombra» o «tapete». En español pasó a significar «alfombra fina» y en lenguaje de germanía se tomó por «seda». Corominas (vol. I, p. 133) lo documenta por primera vez en 1426. Sin embargo, T. Garulo (p. 163) adelanta la primera documentación a 1381? En 1585, López Tamarid daba una segunda acepción de alcatifa como «suelo que se echa en el edificio», acepción que es recogida después por el Diccionario de Autoridades que la da como «Voz de la albañilería. La broza y granzas que echan para allanar el suelo, y enlosarle sobre ella, o el techo para formar el tejado». En este mismo sentido de «capa o torta de tierra que echan en las solerías de las cámaras o sobrados (para sentar ladrillos)» fue recogido también por Eguilaz y Yanguas en su Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental.Según T. Garulo (p. 163) en Alcalá la Real Qaén) se usa como denominación humorística de la cabeza. Ninguna de estas acepciones se corresponde con el significado que esta palabra tiene en nuestro texto, pues en él se refiere a un pedazo de tierra del que se dice que tenía una alcatifa, por lo que pensamos que aquí, en el año 1574, se documenta por primera vez una tercera acepción para designar una especie de chamizo o cobertizo.

Alguacil
Del árabe al-wazir «ministro». En la España musulmana el wazirno era el primer ministro, sino un funcionario subalterno de éste, a menudo el gobernador o corregidor de una ciudad, de aquí que pasase a significar en español «el oficial de la justicia». Según Corominas (vol. I, p. 162), la primera documentación es del año 1075.

Almadraba
Del árabe madraba, hispanoárabe madrába «lugar donde se golpea». El lugar donde se pescan los atunes, y también el cerco de redes que se hace para pescarlos. En segunda acepción, que es la utilizada en el texto significa «tejar», «lugar donde se fabrican tejas y ladrillos». Según Corominas (vol. I, p. 182), la primera documentación es del año 1585 (López Tamarid), pero nuestro texto al ser de 1574 la adelanta once años.

Almagra
Del árabe al-magra, «óxido de hierro más o menos arcilloso que se emplea para hacer marcas, pintar, etc.». Según Corominas (vol. I, p. 183), la primera documentación es de 1278.

Almez
Del árabe al-mayz. Celtis Australis, árbol de la familia de las ulmáceas cuyo fruto es la almeza. Según Corominas (vol. I, p. 191), la primera documentación es del año 1475.

Arroba
Del árabe rubd, pronunciación hispanoárabe del árabe rub’ «cuarta parte» (derivado de arbac «cuatro»). Peso equivalente ala cuartaparte de un quintal. Según Corominas (vol. I, p. 357), la primera documentación es del año 1219.

Azaquefa (En el texto asaquifa)
Del árabe al-saqifa «pórtico», «vestíbulo»,« galería cubierta». Según Corominas (vol. I, p. 432), el significado y el origen de este arabismo son dudosos. No se conocen otros ejemplos que los dos de asaquifa o azaquif a que cita Eguilaz (p. 291) en dos textos granadinos, cuyo contexto no es lo bastante explícito para deducir el significado de la palabra. Este término aparece una sola vez en nuestro texto en el que lamentablemente tampoco resulta explícito el significado(1) Por lo que pueda valer, apuntamos aquí la acepción que de saqifa trae Kazimirski {Dictionnaire Arabe-Frangais, vol. II, p. 1109) como «poyo alargado, ordinariamente delante de una casa, para reposar y acostarse en él», aunque en este caso no se hace alusión a la cercanía de ninguna casa.

Balate
Del árabe balát «camino, calzada». En español pasó a ser el «margen de una parata», el «terreno pendiente, lindazo, etc. de muy poca anchura» o el «borde exterior de las acequias aunque estén en terrenos llanos». Según Corominas (vol. I, p. 470), la primera documentación es del año 1672, pero nosotros adelantamos también la fecha de la primera documentación para este término al año 1574.

Fanega
Del árabe faniqa «saco grande, costal». En español pasó a ser «medida de capacidad para áridos, equivalente a unos cincuenta y cinco litros»; o «espacio de tierra en que se puede sembrar una fanega de trigo». Según Corominas (vol. II, p. 849), la primera documentación es un texto mozárabe del año 1164.

Farda
O alfarda, del árabe al-farda «contribución». Según Corominas (vol.I,p. 150), la primera documentación es del año 1575. Según Dozy (Gloss., p. 108), la variante farda se empleó en el Reino de Granada. Nuestro texto confirma este aserto de Dozy y también adelanta en un año la documentación de este término.

Jofre (En nuestro texto xofre, xorfe y xorfee) Del árabe j/«r/«pendiente escarpada», «peñasco», «dique». En español se usó para designar un «muro de piedra seca». Según Corominas (vol. III, p. 525), la primera documentación es del año 1607 y añade que es palabra muy rara en castellano ya que el Diccionario de Autoridades sólo la documenta en Covarrubias. Nuestro texto adelanta nuevamente la fecha de documentación al año 1574.

Macaver
Derivado del árabe maqáhir«tamha.s», «cementerio». Es término no documentado. Según Corominas (vol. III, p. 735), de dicha voz árabe proceden el término español almacabra «cementerio moro» que aparece una sola vez en Cervantes, y el término macabe documentado por Dozy (Gloss., p. 168) en Almería. Este arabismo ha dejado dos topónimos en Carataunas, uno de ellos en las Huertas del Macabe que es el nombre que se da a unas huertas que hay en el mismo pueblo donde parece que efectivamente se ubicaba un cementerio según se deduce de la aparición de restos humanos en obras realizadas en este lugar en la década de los sesenta. El otro topónimo se aplica a un lugar a la salida del pueblo, cerca del camino de Poqueira, que es llamado El Macabillo. De las cinco veces que este término aparece en nuestro texto hay cuatro en que va acompañado del artículo determinado («el macaver», fs. 22v, 36v, 73r y 74v) y sólo una en que aparece con el artículo indeterminado («un macaver», f. lOv).

Maravedí
Del árabe murdbiti «relativo a los Almorávides» que fueron quienes primero acuñaron esta moneda. En español pasó a ser el nombre de una «moneda española, efectiva unas veces y otras imaginaria, que ha tenido diferentes valores y calificativos». Según Corominas (vol. IV, p. 135), la primera documentación es del año 1127.

Marjal
Del árabe andalusí marya «medida agraria». En español pasó a ser una «medida agraria granadina equivalente a cien estadales granadinos o cinco áreas y veinticinco centiáreas». Según Corominas (vol. III, p. 854), la Academia documenta este término en 1817. Nuestro texto adelanta, pues, la primera documentación al año 1574.

 Taha
Del árabe ía’a «obediencia», «dependencia», «provincia». En español pasó a significar «distrito». Según Corominas (vol. V, p. 375), es palabra sólo empleada con referencia a moriscos y la primera documentación es del año 1548.

Aparte de estos nombres comunes que acabamos de estudiar aparecen en nuestro texto cinco nombres propios que son: Juan el Tolaitolí, Alonso elTaibilí, Juan ellaibilí, MiguelelTaibiKy El Saguer. El denominativo el Tolaitolí hace alusión a la ciudad de Toledo, de donde se supone que procedía. En el momento de la repartición de los bienes que eran de los moriscos vivía en Orgiva y actuó como testigo conocedor de la zona en el proceso de reconocimiento de dichos bienes.

Nota 
1 El texto en cuestión es el siguiente: «por otra parte [linda] con una asa/jifa que está en la suerte de Lorenzo Hernández» (fol. 43r).

Por Carmen Romero Funes

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Granada, el corazón manda

Panorámica del bello barrio granadino del Albaicín desde la Alhambra
Panorámica del bello barrio granadino del Albaicín desde la Alhambra

Los pies de la Alhambra de Granada son de agua. Los ríos Darro y Genil ciñen la colina como un barco varado cuya proa son los baluartes que protegen la torre de la Vela y que no se ven porque los árboles los ocultan. Plaza Nueva sería el primer tramo de agua que la Alhambra debería atravesar en el caso de que fuera un navío. Si así fuese, a un lado dejaría la iglesia de Santa Ana, que es mudéjar en la esbeltez de su torre y en la armadura de su interior, y la Real Chancillería, que es un edificio un poco pomposo, no se sabe bien si más próximo al renacimiento o al primer barroco. Al otro lado del barco, a babor, la proa apartaría la cuesta de Gomérez, las casitas de la Antequeruela y las callejas que atajan para llegar hasta el Realejo. Habría, además, como un caminito a estribor que por esta extraña suerte de sueño y alquimia correría paralelo a las aguas del Darro. Conquistada la ciudad, los granadinos cristianos le dieron el nombre de Carrera y edificaron sobre las modestas viviendas musulmanas casonas moriscas y palacetes de estilo renacentista.

Las aguas frías del río horadan el fondo de un valle perfecto con forma de uve que propone un refinado juego de espejos y similitudes. Conforme se asciende por la Carrera, el Darro dibuja sus primeras curvas y sobre su orilla derecha se encarama la colina Sabika, que es el nombre antiguo que recibe el monte donde se recuesta la Alhambra. Por la orilla izquierda, al lado de la calzada empedrada de la Carrera, parten las callejas estrechas que suben hasta el Albayzín como filamentos o venas, o mejor dicho, como redes nerviosas curvas similares a las neuronas de nuestro cerebro que unen, al igual que aquellas, un pensamiento con una certeza, un sentimiento con una duda, una inesperada satisfacción con una mirada. Tomando un poco de altura, entre las vistas que se cuelan por las esquinas de las callejas estrechas y níveas del Albayzín bajo, la Alhambra comienza a mostrarnos sus rostros. A mitad del siglo XIV el historiador árabe Ibn al-Jatib escribió que la Alhambra fue construida de noche, a la luz de las antorchas, cuyos albores rojizos y fantasmales hacían creer a los ciudadanos de Granada que el color de la fortaleza era roja como la sangre. Es una hermosa imagen, una hermosa fantasía.

En la Carrera del Darro, allí donde hace esquina un callejón umbrío que trepa hasta el Albayzín, hay un hotel con cuatro palabras en su fachada del siglo XVI que dice El ladrón de agua. El nombre del hotel evoca una de las partes del libro Olvidos de Granada, de Juan Ramón Jiménez.

El poeta y su esposa Zenobia Camprubí pasearon por esta ciudad los últimos días de junio de 1924 en compañía de la familia Lorca, de Manuel de Falla y otros amigos. Al contrario que de Federico y de Manuel, hay pocas muestras en la ciudad que recuerden a Juan Ramón, a pesar de que fue él quien mejor la pregonó. Olvidos, que es un conjunto de textos escritos desde el simbolismo y la tristeza, ‘recoje’ en su última edición las cartas que Juan Ramón remitió a la familia García Lorca, en especial a Isabelita, la hermana pequeña de Federico. Una de ellas, fechada el 19 de julio de 1924, ya de vuelta en Madrid, contiene ‘frajmentos’ que retratan Granada mejor que ningún otro libro escrito antes y después que aquellas cuartillas. “Granada me ha cojido el corazón. Estoy como herido, como convaleciente”. Y unas cuantas líneas más abajo escribe: “Sí, la impresión de tu maravillosa Granada es en mí triste, tristísima, pero de una tristeza tan atraedora que me trae y me lleva como en una aguja en ella. (…) Tengo que llenarme de Granada hasta la boca”. Aquella “melancolía paralizadora” de la que tanto han hablado los cronistas que han escrito de Granada está resumida mejor que en ninguna otra parte en estas palabras, en el adjetivo triste y en su superlativo tristísima, en los verbos conjugados trae, lleva y llenarme, que son verbos llanos que se escriben cuando uno anda como sin fuerzas, nostálgico de amores, de paisajes y granadas. Juan Ramón, un párrafo antes de dar por terminada la carta, nos eriza el corazón con esta frase: “Luego iremos todos los otoños a Granada a morirnos un poco…”. Y ahí parece querer decirlo todo, no dejar nada para otros folios, dar por sentenciadas las impresiones de aquel viaje del que se llenaría de adjetivos, olores e ‘imájenes’ para siempre. En ese “morirnos un poco” está sintetizado como en ningún otro renglón lo que Granada ha representado.

La carta a Isabelita está fechada el 19 de julio, pero Federico no volvería a tener noticias de Juan Ramón hasta últimos de noviembre cuando recibe otra que en sus primeras líneas dice así: “De Moguer –en julio-, volví, atolondrado, indeciso, a Madrid. Como era de esperar, la nostaljia avivada de Andalucía me venció, y, en agosto, nos fuimos otra vez a Moguer, Sevilla, Córdoba. Y hubiéramos vuelto a Granada, cuyas montañas vimos vagamente desde lo alto de Sierra Morena” (se confunde. En realidad vieron Sierra Mágina, en tierras de Jaén).

Pero no volvieron. En la misma carta Juan Ramón detalla a su amigo que su suegra, la madre de Zenobia, había empeorado de salud y que se hacía precisa la ayuda del matrimonio. Juan Ramón cuenta otros detalles domésticos, sin mucha importancia, y concluye la carta mandando libros, el manuscrito del poema Generalife que dedica a Isabelita y besos para todos.

Federico García Lorca recibió una de esas cartas que parecen poner fin, no a la amistad, pero sí a la visita prometida y anhelada que el viajero siente necesidad de hacer con urgencia cuando abandona la ciudad en la que tanto ha dejado. El recuerdo se desvanece y se evapora. La remembranza a Granada se desdibuja y es entonces cuando cobra sentido el título de su libro Olvidos. De algún modo, Juan Ramón intuyó que al lugar donde has sido feliz no es bueno regresar jamás.

Nunca más volvió. Los años se complicaron y el poeta de Moguer supo una mañana que su amigo Federico había sido asesinado cerca de Alfacar, una madrugada temprano, junto a un maestro de escuela y a un banderillero que tenían nombres de leyenda. Al saber de su muerte, Juan Ramón escribió: “Esta muerte no creída, no querida creer, la muerte que él, niño, no sé cómo ni por qué, se fabricó; la muerte que él estilizó como un romance; que hubiese y no deseado; la muerte que ya… no, que aún no es su muerte”.

Hoy pasea Granada la sombra de los dos poetas. Y sus palabras, aquellos días, la sombra de sus libros, persiguen al viajero que va y viene, perdido a la sombra de la Alhambra, herido de amor en este invierno frío que se cuela por el Valle de Valparaíso hasta el Paseo de los Tristes y más acá.

Por Manuel Mateo Pérez

Escritor y editor, especializado en literatura de viajes, historia del arte y ensayo. Ha trabajado como periodista y guionista de radio y televisión en los principales medios de comunicación españoles. En la actualidad es el director de El Caminante, suplemento de Viajes y Cultura de El Mundo de Andalucía.
Con información de : ctxt

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Presentación:Azahares de Granada de Jordi Verdaguer Vila-Sivill

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Presentación del libro Azahares de Granada de Jordi Verdaguer Vila-Sivill

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Presentación del libro Azahares de Granada de Jordi Verdaguer Vila-Sivill

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El Voluntariado Cultural del Museo de la Alhambra

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José Domingo Lentisco Navarro, de Arqueología, patrimonio y producción audiovisual, me envía para su difusión un video que se ha realizado sobre la Asociación Cultural de Voluntarios del Museo de la Alhambra y su trabajo de divulgación cultural en el Museo de la Alhambra.

El video se titula »Cuestión de perseverancia‘ y está promocionado por el Patronato de la Alhambra y el Generalife.

En él aparecen exponiendo su labor de explicación de las diferentes salas que lo componen 14 Voluntarios del Museo de la Alhambra, de los 22 que lo forman y Purificación Marinetto Sánchez, jefa del Departamento de Conservación y Museos del Patronato de la Alhambra e impulsora de esta idea en 1988.

Los Voluntarios que aparecen en el video son:

  • José González Vílchez.
  • Esperanza Álvarez Coucher
  • Lourdes Ruiz López.
  • Alejandro Hurtado Álvarez
  • Clemente Franco Rubio
  • Matilde Cortés Romera.
  • Dolores Álvarez Almogera.
  • Mercedes Arenas Rosa.
  • Concepción Fernández Durán.
  • Ricardo Altamirano Tapia.
  • Margarita Martín Villanueva.
  • Eugenia Salobreña Torres.
  •  Josefina López Lucena.
  • Manuel Zafra Jiménez.

El equipo de producción ha estado a cargo de:

  • José Domingo Lentisco
  • Carmen Romero
  • Samuel Salazar
  • Malva Rodríguez
  • Jesús Martín.


Breve historia de un palacio cristiano en la Alhambra

Vista aérea de la Alhambra, donde se observan las dos edificaciones cristianas: La iglesia de Santa María de la Alhambra y el palacio de Carlos V.
Vista aérea de la Alhambra, donde se observan las dos edificaciones cristianas:
La iglesia de Santa María de la Alhambra y el palacio de Carlos V.

En 1526, cuando el Emperador Carlos V contrajo matrimonio con Dª Isabel de Portugal, trasladó su corte a las palacios reales de los nazarís en la Alhambra para pasar sus vacaciones en Granada.

El Emperador se instaló en una serie de habitaciones que, desde un año antes de su llegada, se habían habilitado en una zona externa de los palacios nazaríes bajo la supervisión del Marqués de Mondéjar, y la Emperatriz, no considerándolo éste un alojamiento adecuado, se instalaría en el Monasterio de San Jerónimo, quedando la Corte distribuida entre la ciudad y la Alhambra.

Una de las salas del Museo de la Alhambra
Una de las salas del Museo de la Alhambra

Durante esta visita regia, Carlos V expresó su propósito de hacer de la Alhambra uno sus lugares de residencia en un nuevo palacio que proyectó construir y los moriscos de Granada, a partir de las nuevas ordenanzas aprobadas, aceptaron a cambio de obtener determinadas concesiones, sufragar con 80.000 ducados en un solo pago y 10.000 ducados anuales con destino a la construcción del nuevo palacio a erigir en la Alhambra.

La obra se encargaría al arquitecto y pintor toledano Pedro Machuca, que estudió en Italia con Miguel Ángel.

Incensario - El quemador de perfumes, de forma ovoide, procede del convento de las Mercedarias de Madrid
Incensario – El quemador de perfumes, de forma ovoide,
procede del convento de las Mercedarias de Madrid

Desde los primeros momentos en el que los palacios de la Alhambra fueron habitados por los Reyes Católicos, el ajuar que queda fue protegido, reutilizado y disfrutado en la nueva Corte. A lo largo de los siglos, los objetos y restos arquitectónicos conservados se disponían decorando las estancias y también se almacenaban en diferentes espacios del recinto. Posteriormente se fueron reuniendo por conservación aquellos hallazgos procedentes de las excavaciones realizadas en la Alhambra.

El número y calidad de los Fondos del Museo de la Alhambra hace que sea la mejor colección existente de Arte hispano-musulmán y en especial Arte Nazarí.

Comenzó a tener un aspecto de “Museo” a mediados del siglo XIX, catalogado y reunido en diversos sectores de la Alhambra y hacia 1870 se empezaron a catalogar los fondos, instalándose algunos en las habitaciones del Emperador y alrededor de los palacios de Leones y Comares.

Pila de Almanzor - Esta pila, procedente del palacio de Almanzor, en Córdoba, fue reutilizada en la Alcazaba de la Alhambra
Pila de Almanzor – Esta pila, procedente del palacio de Almanzor, en Córdoba,
fue reutilizada en la Alcazaba de la Alhambra

Ya en los primeros años del siglo XX la Comisión de Monumentos, encargada de dirigir la restauración de la Alhambra, encomienda al arquitecto Ricardo Velázquez Bosco la terminación del palacio, trabajo que continuó en 1923 Leopoldo Torres Valvas procediendo, entre otras reformas estructurales, a techar parte del edificio. Transcurrida la guerra civil las obras se reanudaron bajo la dirección del arquitecto Francisco Prieto.

El Museo de la Alhambra ocupa el ala Sur de la planta baja, distribuyéndose en siete salas temáticas.

Una de las salas del Museo de la Alhambra
Una de las salas del Museo de la Alhambra

Creado en 1870, en 1862 pasó a denominarse Museo Nacional de Arte Hispano-Musulmán. En 1994 se modificó su denominación, trasladándose a su ubicación actual.

El espacio y la instalación expositiva fue diseño del arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade.

El Museo Arqueológico de la Alhambra se crea en 1940, en 1962 pasó a denominarse Museo Nacional de Arte Hispano-musulmán y desde 1994 quedó adscrito al Patronato de la Alhambra y el Generalife, con el nombre Museo de la Alhambra.

Historia de unos voluntarios en la Alhambra

 

Los Voluntarios del Museo de la Alhambra
Los Voluntarios del Museo de la Alhambra

El Programa de Voluntariado Cultural, creado en 1998 por Purificación Marinetto Sánchez, Jefa del Departamento de Conservación y Museos de la Alhambra, acoge a un número de 22 miembros que cubren su servicio todos los días en el que el Museo está abierto desde las 10 de la mañana hasta las 13’30.

Se está ofreciendo un servicio diario en el que se explica la Exposición Permanente a cualquier persona, grupo o escolares que lo deseen en español, y también en francés e inglés.

Lo que en un primer momento surge como una primera experiencia de divulgación de los fondos expuestos, poco a poco ha supuesto un servicio estable que ya es solicitado por visitantes a los que se lo han recomendado amigos y profesores que han conocido la actividad y repiten la experiencia años sucesivos.

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El horario de su actividad se da todos los días de 10 h. a 13 h. para cualquier visitante que lo solicite en pequeños grupos y con reserva prioritaria a grupos de escolares o adultos, previa solicitud.

El programa de “Guías voluntarios en el Museo de la Alhambra” se considera una actividad consolidada en el Museo desde 1998, habiéndose creado la Asociación de Voluntarios Culturales de la Alhambra.

Una asociación de Voluntarios Culturales en la Alhambra.

Fotografía de un encuentro en Granada de los Voluntarios Culturales de Museos
Fotografía de un encuentro en Granada de los Voluntarios Culturales de Museos

La Asociación de Voluntarios Culturales del Museo de la Alhambra acoge a un número de 20 miembros.

En 2012 se instituye la Asociación con los miembros del Programa de Voluntarios del Museo de la Alhambra que se inicia en 1998, como miembros de la “CEATE” en su programa “Voluntarios Culturales Mayores para enseñar los Museos de España”.

Como reconocimiento de la labor que realizan, han tenido el reconocimiento público con el “Premio Extraordinario del Imserso 1998” y posteriormente el “Premio Júbilo 2000”.

La actividad diaria de los voluntarios se desarrolla mediante visitas guiadas:

Reserva prioritaria a grupos previamente concertados y por orden de solicitud.

Dos domingos al mes, los dos centrales, existen una serie de conferencias temáticas sobre la Alhambra y el mundo musulmán.

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Fuentes:

Consejería de Educación, Cultura y Deporte.
El Patronato de la Alhambra y el Generalife
José Domingo Lentisco Navarro, arqueólogo.
Granada, guía histórica e histórica de la ciudad, de Antonio Gallego Burín.
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Por ©Bruno Alcaraz Masáts

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Granada: Ignorancia o mal gusto

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán - Boulevard de la Constitución, Granada
Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán – Boulevard de la Constitución, Granada

Ninguna de las estatuas recientes que ocupan las calles de Granada pasará a la historia. A la historia del arte contemporáneo, claro. Porque, en la historia mundial de la fealdad, algunas de ellas tendrán asegurado un lugar honorífico. Y para comprobarlo bastaría mirar, sólo durante unos segundos, el mamotreto dedicado al Quijote en la rotonda de la avenida de Cervantes o esa pedestre tarta de mármol infumable que nos agrede la vista sin piedad cuando venimos de la estación de autobuses. Y me ahorro referirme al desventurado catálogo de personajes ilustres que, presididos por una terrorífica careta del Gran Capitán, adornan con su tristeza irremediable el paseo de la Constitución. Me temo que nadie vendrá a Granada para ver nuestras estatuas más recientes. Tal vez resida ahí la causa de que muchos viajeros que visitan la Alhambra o el Albaicín no se plantee ni por un momento pasear por Granada: habrán oído que, si se tropiezan con alguno de esos engendros a los que tanta devoción le profesa la actual concejalía de cultura del Ayuntamiento de Granada, las alucinaciones y las pesadillas están aseguradas.

En las calles de Amsterdam (también en las de Berlín) hay algunas magníficas esculturas de Henry Moore; en Chicago están las de Picasso o Miró; incluso en Aracena (Huelva), en la plaza de San Pedro y alrededores, hay un Museo de Arte Contemporáneo al Aire Libre con valiosas esculturas, entre otros, de Francisco Barón, Pablo Serrano o Teresa Eguibar. Y la gente viaja sólo para ver esas obras de arte. Y los vecinos de todos esos lugares, sin necesidad de viajar a ningún sitio, pueden disfrutar o emocionarse contemplando en plena vía pública algunas de las esculturas más hermosas de la historia del arte. Pero en Granada no es así: en las esculturas recientes de Granada predomina la falsificación estética, el compadreo, la falta de criterio. Tampoco es tan raro: en otros ámbitos de la vida cultural del municipio también impera el mal gusto o la ignorancia. Y, además, sin freno de ninguna clase; por ejemplo, muy pronto se inaugurará otra nueva escultura inclasificable, esta vez en el paseo del Violón. Tan inclasificable y atolondrada que, en el rótulo ya instalado en su base para describirla o justificarla, aparece (según me dicen) alguna escandalosa falta de ortografía, como poner Federíco (García Lorca), sí, Federíco, con acento en la í. Cuánto desastre.

Por José Carlos Rosales

Con información de : Granada Hoy

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Google rinde homenaje a García Lorca

doodle-lorca
El famoso buscador rinde homenaje al genial poeta de la «Generación del 27» en el 115 aniversario de su nacimiento

Un 5 de junio, pero de 1898, nacía en Granada Federico García Lorca, quizá el poeta más influyente y popular de la literatura española del siglo XX, al que hoy Google rinde homenaje con su último doodle.

A lomos de un caballo, un hombre y una mujer cruzan un bosque que conduce al internauta a la búsqueda del nombre de este autor de obras como Romancero gitano o Poeta en Nueva York, emblema de la Generación del 27.

El 115 aniversario de este gran poeta y dramaturgo también se celebrará en su ciudad natal, donde hoy volverá a sonar su histórico piano con motivo del programa conocido como ‘Cinco a las cinco’, que organiza la Diputación de Granada. Será a las 21,00 horas en el Museo-Casa Natal del poeta, en Fuente Vaqueros (Granada), donde el instrumento, recuperado ex profeso, será tocado por el pianista Antonio Camarero que acompañará con música de Manuel de Falla la lectura de poemas de García Lorca y de Antonio Carvajal en la voz de Juan Carlos Friebe.

Precisamente antes de esta actuación musical, Carvajal, Premio Nacional de Poesía por ‘El girasol flotante’, recibirá el Pozo de Plata, con el que se reconoce anualmente a aquellas figuras que se han destacado en la difusión del universo lorquiano.

Ya a las 21,30 horas, tendrá lugar la inauguración de la exposición ‘Patrimonio Lorquiano. La Colección de Fuente Vaqueros’, acto tras el que se ofrecerá la tradicional limonada con hierbabuena a los asistentes.

Además, desde este martes ya puede disfrutarse en la misma casa natal de la exposición ‘Un poeta reunido’, que toma su nombre del artículo publicado por Antonio Gallego Morell en 1955 en ABC sobre la primera edición de las ‘Obras Completas’ de García Lorca, y recoge todo el material que atesorara Arturo del Hoyo en la preparación de esta publicación. Esta documentación ha sido donada por el investigador Aitor Larrabide a la Casa Natal de Fuente Vaqueros.

En la muestra se encontrarán documentos del propio Lorca como manuscritos, dibujos, fotografías y partituras, y además otros de amigos de Federico que también han enriquecido el patrimonio que tiene la Diputación Provincial en el Patronato García Lorca, según señalaba en la rueda de prensa de presentación del ‘Cinco a las cinco’ el diputado provincial de Cultura, José Antonio González Alcalá.

El balcón abierto en Nueva York

«Si muero, dejad el balcón abierto», escribió Federico García Lorca en su poema «Despedida». Ayer, la comunidad cultural de Nueva York, entre ellos la cantante Patti Smith, y los poetas John Giorno y Tracy K. Smith, se asomaron a su obra y a su vida desde la Biblioteca Pública de la ciudad.

Coincidiendo con la muestra «Back Tomorrow / Federico García Lorca / Poet in New York», los versos del granadino volvieron a sonar en la ciudad donde Lorca «con nosotros y como nosotros, encontró un nuevo principio», dijo desde el comisario de la exposición en la víspera del 115 aniversario del nacimiento del poeta, según recoge Efe.

Sobre principios y finales versó el acto de homenaje al autor de «Yerma» o «La casa de Bernarda Alba» en el teatro, pero en Nueva York, ante todo, poeta. Y si todo arrancaba con «Las morillas de Jaén» sonando como en 1930 con la voz de La Argentinita, se bajaba el telón con el espíritu punk de Patti Smith plegada al romancero gitano.

«Los telones se cierran pero están abiertos (…) Un tiro. Un muerto. Ese no es el final de nuestro poeta», dijo la cantante, quien interpretó acompañada por una simple guitarra la canción «Wing» y «Beneath the Southern Cross», entrelazadas con el poema de «Navidad en el Hudson» o sus recuerdos en Granada, cuando vio la guitarra española de García Lorca.

Antes que ella habían pasado por el escenario y reconocido la influencia que el poeta español había jugado en sus obras varios literatos. Philip Levine, ganador del «National Book Award» en 1991, lo recordaba a través de los poemas que le dedicó su compañero Rafael Alberti.

O la ganadora del Pulitzer, Tracy K. Smith, que embrujada por el «duende» de García Lorca había titulado con esta palabra algunos de sus versos, que leyó ante la audiencia para más tarde recitar a dúo junto a Paul Muldoon nuevas rimas y el poema «Muerte».

La ruptura de la solemnidad llegó gracias a John Giorno, que a las influencias poéticas lorquianas sumaba también una vida rodeado de Andy Warhol, William Borroughs o Robert Mapplethorpe, además de la propia Patti Smith. Aunque dijo que quería leer su poema «Lorca, Please Help Me», reconoció que se lo había dejado en casa y desembocó en una divertida performance en la que recreaba un discurso políticamente incorrecto para su 70 cumpleaños.

Y en un acto consagrado a los versos del poeta fusilado durante la Guerra Civil el 19 de agosto de 1936, por fin se escuchó el español de la mano de su sobrina, Laura García Lorca, quien eligió, entre otros, el «Poema del joven», para volver a recitar aquello de «quiero morirme siendo / siendo amanecer / quiero morirme siendo / siendo ayer».

 Con información de: ABC

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