La Comunidad musulmana en Argentina – Por Pedro Brieguer y Enrique Herszkowich

Centro Islámico de la República Argentina
Centro Islámico de la República Argentina

El Centro Islámico de la República Argentina

El CIRA fue creado por los primeros inmigrantes musulmanes con el objeto de proporcionar a su comunidad una institución de referencia que se ocupara de algunos problemas sociales o materiales de los recién llegados. Durante mucho tiempo estos inmigrantes sólo podían estar representados por el consulado del imperio otomano, y, como para muchos árabes-musulmanes -súbditos del imperio- la identidad se relacionaba más con una cuestión religiosa que “nacional”, el CIRA tuvo el objetivo de brindar apoyo a la recientemente creada comunidad musulmana.

Pareciera confirmarse que, a pesar de considerarse una institución islámica, el objetivo no era meramente religioso, ya que la construcción de su mezquita, Al-Ahmad, se realizó más de medio siglo después de la formación del Centro. De hecho, hasta 1986, fecha en que se inauguró la mezquita, las oraciones se realizaban en el oratorio del edificio central.

Según Omar Ahmed Abboud, el CIRA es la “institución madre de todos los musulmanes” en el país y la que representa a esta comunidad frente al Estado. Sin embargo, reconoce que algunos líderes shiítas pueden no sentirse representados por el Centro, ya que tienen su propia comunidad. Pero sin aceptar participar de esta lucha por “espacios políticos”, Abboud insiste en que el carácter central de la institución se debe a que el CIRA “habla por todos” los musulmanes, independientemente de la corriente de pensamiento con la cual se identifiquen dentro del Islam. En cuanto a si el Estado también reconoce al CIRA como la institución central, Abboud se muestra despreocupado: “Nosotros no nos planteamos eso”. La institución es la central debido a la “cantidad de gente que representa”. Sin embargo, como ya hemos señalado, prefiere no estimar la cantidad de sus representados. Según Abboud los objetivos actuales del CIRA son similares a los que guiaron a sus fundadores. La prioridad deben ser los aspectos relacionados con el trabajo social, independientemente del credo de aquellos a los que se asista. En cuanto al Islam, el CIRA “no difunde, sino que informa acerca de”. Abboud señala que el término difusión, similar al llamado o dawa, es mal comprendido en occidente como un acto proselitista. “No nos interesa que nadie abrace al Islam”, salvo los que estén realmente interesados. Pero frente a la presencia del Islam en los medios masivos de comunicación, y de los prejuicios en su contra, el CIRA se dedica a informar acerca de “lo que no es el Islam, o acerca de lo que es pero sin responderle a nadie”. Abboud está conforme con esta participación del CIRA, ya que, asegura, el “Islam no es misionero”.



Además de su función de información y las campañas de asistencia social, el CIRA tiene actividades sociales y culturales. Se imparten cursos de idioma árabe, de religión islámica y hasta de cocina árabe. Esto último se debe a una cuestión de herencia cultural, pero no a una identificación de los musulmanes argentinos con lo árabe. En cuanto al idioma, se incluye la enseñanza del árabe coloquial (además del clásico) porque el idioma moderno permite comunicarse en todos los lugares donde haya musulmanes.

La mayoría de los asistentes al CIRA son sunnítas, aunque Abboud afirma que asisten también musulmanes de otras corrientes de pensamiento. “También hay sufís, y hay gente en la Comisión Directiva que es shiíta”. Según él, en Argentina se mantiene la proporción observada a nivel mundial de “92% de sunnítas y 8% de otras corrientes”, lo cual contrasta con opiniones de algunos dirigentes shiítas que sostienen que en el país “la shía es mayoría” 19 . Pero Abboud afirma nuevamente el carácter abierto del CIRA, que representa a los musulmanes argentinos sean sunnítas, shiítas, drusos o alauitas.

Además, “son muy pocos los que pueden sostener ideológicamente un argumento con respecto a la diferencia en sí”. Aunque, obviamente, “aquel que se siente minoritario o impotente trata de marcar la diferencia en pos de mantener su propia identidad”. Según el dirigente, al CIRA no le preocupan esas diferencias, aunque lamenta que “no se puede plantear ninguna conversación si el otro vive planteando diferencias”.

En cuanto al grado de religiosidad de los fieles que asisten a Al-Ahmad, Abboud responde que no es posible establecerlo, en tanto la relación con la religión es individual. En esta reflexión Abboud advierte que uno de los riesgos que enfrenta el Islam desde el siglo XX, también en Argentina, es que los musulmanes “se aferren a la cáscara, es decir, que reduzcan el Islam al corpus de ley”. Si bien ese corpus legal es sumamente rico, eso sólo no representa la esencia del Islam. El problema es que como esa esencia se alcanza en forma individual, y el Islam “no es pastoral”, no es posible determinar si el fiel alcanza o no la “fe pura”.

Hay relación entre esta apreciación y el criterio empleado por el profesor Elía para considerar a alguien como musulmán. Según Elía se debería incluir en esta categoría a todo aquel que crea que “no hay Dios más que Dios y Muhammad es su profeta”. Si cree en eso y toma alcohol, asesina o roba, “será el peor de los musulmanes, pero será musulmán”. Este amplio criterio de inclusión, que convierte a la pertenencia casi en una cuestión de conciencia, meramente individual, dificulta aún más la posibilidad de establecer de manera fehaciente la cantidad de musulmanes en la Argentina. Como Abboud también considera que la religión es una cuestión individual piensa que el Sheik es el que tiene la función de guiar, de despejar dudas en cuanto a la fe. Pero no debería, desde su condición de Sheik hablar de política.

Esa es la razón por la cual el CIRA, a diferencia de algunos representantes de instituciones shiítas, no ha tenido mucha participación en los medios masivos de comunicación, a pesar del amplio espacio que éstos otorgan al Islam cada vez que los acontecimientos políticos mundiales lo convierten en noticia. Abboud explica que por lo general, cuando un medio convoca a un líder islámico no es para consultarlo sobre religión, sino para hablar de política, o incluso, para promover una “nota de color” sobre culturas exóticas. Y mientras los religiosos judíos, cristianos y musulmanes pueden encontrar puntos de comunión en la religión, las cuestiones políticas son mucho más conflictivas. Para alejarse aún más de la cuestión “política” Abboud afirma que muchas veces los diferentes centros en los cuales los musulmanes participan tienen que ver, más que con diferencias religiosas, con su barrio de residencia.

En cuanto al Complejo Cultural Islámico Rey Fahd, Abboud considera que cumplirá una función diferente a la del CIRA. Afirma que, a pesar de que está previsto que desarrolle actividades educativas, ya que cuenta, con una gran mezquita, biblioteca, áreas destinadas a jardín de infantes, escuelas primaria y secundaria, salas de conferencias, áreas de deporte y confiterías, etc. no podrá actuar como el representante de la comunidad islámica. La razón -según Abboud- es que la gran mayoría de la comunidad es profundamente argentina, mientras que el complejo está relacionado con una embajada extranjera. Por otra parte, Abboud considera que la construcción del complejo es positiva, ya que “para los musulmanes siempre son necesarias las (nuevas) mezquitas” y embellece la ciudad, además de que “significó una inversión en el país de 50 millones de dólares”.

Abboud mencionó que una de las características de la comunidad islámica que demuestra su integración a la sociedad es el alto porcentaje de “fusiones”, es decir, de matrimonios de musulmanes con no musulmanes. Afirma que no es una preocupación para el Centro, además que, de serlo sería una “preocupación absurda”. En otras palabras, las instituciones islámicas no consideran esas fusiones como problemáticas. En primer lugar, porque la fe islámica es individual, y no tiene que ver con la confesión de los padres. En segundo lugar, porque “eso que sentencia el Profeta de que el amor a la patria es parte de la fe lo tenemos bien clarito”. Parece coincidir en eso con el dirigente de la mezquita shiíta At-Tauhid, Abdul Karim Paz, nacido en Argentina fuera de las comunidades árabe o islámica, quien afirma que los fieles que concurren a su centro tienen una “identidad islámica con características argentinas” 20 .

Ese sentimiento argentino, según Abboud se dio en las primeras generaciones, a diferencia de algunos de los primeros inmigrantes, ya que en los planes de muchos de ellos estaba regresar después de unos años a sus lugares de origen, aunque la mayoría se haya radicado en el país. Es la tercera generación de musulmanes argentinos la que parece más interesada por los temas islámicos. Según Abboud, “la primera generación vino a hacer dinero, la segunda se dedicó a gastarlo, y la tercera, profundamente argentina, decidió volver al Islam”. Esta consideración coincide con la realizada por el profesor Elía, que atribuye este retorno al Islam de la tercera generación al impacto causado por la Revolución Islámica en Irán, en 1979 21 .

Como todas las instituciones islámicas y judías del país, tanto la sede del CIRA, como la mezquita y la escuela cuentan con protección policial durante las 24 horas. Según Abboud a la institución no le gusta tener custodia, aunque debido a la cantidad de delitos comunes (es decir no relacionados con cuestiones políticas) que sufre la sociedad argentina algunos miembros de la comunidad lo ven como algo positivo. Esto es así sobre todo entre los padres de los alumnos que concurren a la escuela que no son musulmanes. Estos padres se acercan porque consideran que se trata de una buena escuela, y la seguridad que les brinda la protección policial es vista como una ventaja más.

El Centro recibe también, sobre todo en su mezquita a recientes inmigrantes musulmanes provenientes de África, sobre todo de Senegal y Ghana. Sin embargo, el CIRA no ha formalizado ninguna gestión frente al Estado para facilitar esta inmigración o la absorción de estos inmigrantes en la sociedad argentina. Según Abboud cuando “alguien tiene una necesidad la tiene que hacer manifiesta, y (estos inmigrantes) no pidieron nada”.

Abboud declara que la existencia de figuras centrales de la política nacional relacionadas de alguna manera con la comunidad islámica no influyó en absoluto en el desarrollo de la institución. Ni el pasado musulmán de Menem ni el mantenimiento de la religión musulmana de Zulema Yoma significó un rédito para la institución, que intenta mantenerse al margen de pronunciamientos políticos. financiamiento del CIRA proviene exclusivamente del aporte de sus donantes privados y, según se infiere de lo dicho por Abboud, el alquiler de algunos inmuebles. No recibe fondos del Estado argentino ni de ninguna embajada extranjera, si bien el CIRA fue relacionado en más de una oportunidad con las embajadas de Arabia Saudí y de Libia. Según Ricardo López Dusil, director de “El Corresponsal de Medio Oriente y Africa” la construcción de la mezquita Al-Ahmad, inaugurada en 1986 y el Colegio Argentino-Árabe, en 1991, fueron financiados -además del aporte de la comunidad local- por los ministerios de Asuntos Religiosos de Arabia Saudí y Libia. 22

Por su parte, el Imam Mahmoud Hussain asegura que el CIRA comenzó a impulsar sus actividades en la década del setenta gracias al aporte material y humano enviado por Libia, debido a las relaciones mantenidas con ese Estado por el embajador argentino Omar Bakir durante las presidencias de Perón y de Menem. 23

La mezquita Al-Ahmad tiene al frente al Sheij Ibrahim Desuque Al Alfi, enviado al CIRA por Al-Azhar Assharif de Egipto. Es de suponer que la presencia de un Sheij egipcio formado en Al-Azhar en una institución financiada en sus orígenes por el régimen wahabbíta responde al intento de representar a la mayoría de la comunidad musulmana.

La posición de Abboud es que, puesto que en el Islam no es necesario que esté presente un sheik para poder rezar, esta función es, más que la de un líder, la de una persona estudiosa capaz de despejar dudas o emitir consejos. En cuanto a que el Sheij Ibrahim sea presentado por “La voz del Islam”, órgano oficial del CIRA (números 43 y 45, 2001) como el “Imam de los musulmanes en Argentina”, Abboud aclara que esa denominación está destinada a los lectores argentinos, y por lo tanto, en el lenguaje que estos lectores comprenden. El Sheij Ibrahim no conoce el castellano, por lo que los sermones deben ser traducidos. Abboud afirma que existen imames nacidos en Argentina, incluyendo al de la mezquita shiíta At-Tauhid, pero ninguno con la formación del Sheij Ibrahim. Abboud no duda en afirmar que se trata de una falta de la comunidad islámica argentina no contar con alguna figura así, sobre todo en estos días de “alta exposición mediática”.




Citas

19 Jozami, Gladys; op. Cit, página 86
20 Idem.
21 Para el impacto de la Revolución islámica en los movimientos político-religiosos ver Herszkowich Enrique, “El islamismo en Palestina: nacionalismo, política y religión”, Terceras Jornadas de Medio Oriente: “Estados Unidos y el Medio Oriente después de la guerra del golfo”, Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de la Plata, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, 9 y 10 de noviembre de 2000.
22 López Dusil, Ricardo; Mercado, Nº 1000. Marzo, 2001.
23 Entrevista al Imam Mahmud Hussain.


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Un comentario sobre “La Comunidad musulmana en Argentina – Por Pedro Brieguer y Enrique Herszkowich”

  1. Buenas noches …estoy buscando a mi abuela materna . Sólo se que puede ser de la comunidad Siria o la Libanesa . Vivio en el año 1949 en la Ciudad de Buenos Aires . No se el apellido de ella .. es una historia muy complicada . Pero si alguien tiene datos se los agradecería. Se que mi madre nació en Constitución en la calle Salta . Gracias Laura Villarreal 3512364585

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