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Tras la ruta de Cervantes

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Los molinos de Juan Manuel Navia

José Manuel Navia considera que Miguel de Cervantes, el personaje real, con frecuencia está “oculto tras la proyección de la figura quijotesca protagonista de su gran creación literaria”. Por ello, tomó sus cámaras fotográficas y, durante 2014 y 2015, recorrió el mismo periplo que el autor de El Quijote de la Mancha, por España, Italia, la bahía de Lepanto en Grecia, Portugal, Orán, Túnez y Argel.

“Yo lo que quería era mirar a Cervantes como un colega, recorrer lo que él hizo pero desde la época actual, con una mirada desde el ahora, y lo visualicé como un trabajo gráfico que nos permitiera narrar su vida fascinante”, dice Navia (Madrid, 1957) a Proceso.

“He querido fotografiar en los mismos escenarios donde Miguel de Cervantes (muchas veces eclipsado por su propia creación, don Quijote) gastó sus días y donde soñó muchos de sus personajes; caminos y lugares que abarcan buena parte de la península ibérica y parte del mundo mediterráneo.”

Lo explica en entrevista luego de recorrer una sala de la sede del Instituto Cervantes, en la calle Alcalá de Madrid, donde cuelga una exposición –desde el 16 de diciembre y hasta el 1 de mayo próximo– con sus fotografías a color de este periplo, muestra que coincide con los actos organizados para el 400 aniversario del fallecimiento de Cervantes.

La exposición se llama Miguel de Cervantes o el deseo de vivir, que viene acompañada con la publicación del libro del mismo nombre con 66 fotografías de la experiencia, editado con la colaboración de Acción Cultural Española, el Instituto Cervantes y Ediciones Anómalas.

Además de licenciado en filosofía, Navia es un reportero abocado más al trabajo documental y con la obsesión del poder que tiene la fotografía y su relación con la palabra, en especial con la literatura.

Al hablar de este trabajo y de su enfoque, trae a la conversación al escritor Vicente Leñero, subdirector fundador de Proceso, a quien conoció y con quien trabajó para una serie de reportajes sobre América.

“Yo trabajo mucho bajo el concepto de territorios literarios, me gusta mucho mirar sobre lo que escribieron otros, me parece más motivador como fotógrafo. Y por eso es que conocí a Vicente.

“Por mi vinculación muy cercana con la revista Semanal del diario El País, donde fui editor gráfico, en 1994 les propuse una serie de reportajes que se llamaron ‘Viaje al Sur’. Entonces fue que trabajé con Vicente Leñero, con Augusto Roa Bastos y con el italiano Antonio Tabucchi, materiales que se publicaron durante ese verano.

“A partir de mi trabajo fotográfico, Leñero hizo un extraordinario texto, una maravilla, sobre México, D.F., otro de Paraguay que escribió Roa Bastos y uno sobre Azores que hizo Tabucchi. Yo a los tres ya los había leído, pero con ese trabajo me di cuenta de cómo los dos territorios, el de la escritura y la fotografía, se complementan a la perfección. Para mí tuvo sentido porque me interesa el lenguaje por venir de la filosofía, pero me gusta la fotografía… la palabra y la imagen son hermanas.”

Bajo esta mística de trabajo, Navia inició en 2003 un encargo editorial para fotografiar el entorno en que vivió y se aventuró El Quijote, en España, cuando se cumplían 400 años de la publicación de la primera parte de la obra de Cervantes. El resultado fue el libro Territorios del Quijote, con 200 fotografías, que documentaron la interpretación de Navia en ese sentido.

“Fue un libro que me permitió viajar durante año y medio por España, por La Mancha, siguiendo la ruta de don Quijote, pero yo siempre miraba más que a La Mancha a Castilla la Vieja, la Castilla del Norte, como la conocemos aquí, porque como no conocemos exactamente el territorio escrito por Cervantes –imaginación pura–. Mi interpretación se correspondía más con Castilla la Vieja.”

Navia se implicó tanto en esta forma de trabajo y en interpretar desde la actualidad la obra de Cervantes, que en 2009 se fue con su familia a vivir a un pueblo manchego, y apoyado por las instituciones con las que ya había trabajado, buscó continuar su andadura.

No sólo hizo una segunda parte del primer libro, sino que empezó a pergeñar lo que sería la más reciente de sus obras documentales, que es cazar en imágenes el periplo del escritor Miguel de Cervantes.

“Le propuse este trabajo a las mismas instituciones y les pareció muy bien recorrer la vida de Cervantes pero desde la época actual, y como mi trabajo se circunscribe más en la fotografía de autor, eso me permitió convertirla en una narración en tiempo actual de una vida fascinante y basada en la mejor obra, que es la propia vida de Cervantes, el Cervantes de las llanuras, el de Italia, el de Lepanto, el Cervantes y los moriscos…”

Navia dice: “El reto era enfrentarme sin reservas, una vez más, a la difícil y apasionante relación que se establece entre imagen y palabra, por eso es un trabajo documental subjetivo, no es un trabajo documental al uso mostrando monumentos del siglo XVI o todas esas casas museo donde vivió o por donde pasó Cervantes”.

El tránsito de Navia por Alcalá de Henares, donde nace Cervantes, está registrado con una imagen de la obsesión por los títeres o en Córdova con una fachada salpicada por unas sombras representando la primera migración a esta ciudad andaluza, a donde su padre, cirujano, marcha. Registra la cotidianidad de las calles de Madrid, donde un joven Cervantes, aspirante a escritor, acude a los estudios del maestro Juan López de Hoyos, en la calle de la Villa, o retrata el bar La imaginación de Cervantes en la calle Leganitos, donde vivió la familia del escritor.

Una imagen cotidiana de la gente caminando por Nápoles es el pretexto de Navia para documentar que en 1569 Cervantes, ya al servicio del cardenal Acquaviva, “comprueba en sus carnes lo que luego pondrá en boca de Tomás Rodaja: yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear”. Un año después, se haría soldado.

El autor capta una imagen de las oscuras aguas de la bahía de Lepanto donde en 1571 el arcabucero Cervantes arriba en uno de los navíos de la Santa Liga para enfrentarse a la flota turca, batalla en la que es alcanzado por un proyectil que le deja inutilizada la mano, de donde surge el sobrenombre de Manco de Lepanto.

“La batalla fue en este punto tan sangrienta y horrible que se hubiera dicho que el mar y el fuego no eran sino uno”, rescata Navia en su libro.

Una sobrecogedora imagen humana con máscara en un antiguo callejón de Sicilia le permite recordar que el narrador, dramaturgo y poeta universal no pudo celebrar la victoria en la batalla de Lepanto, porque es conducido a esa ciudad del sur italiano donde tardó seis meses en recuperarse de la lesión. Tras ese tiempo, Cervantes se reincorpora e interviene en episodios bélicos para “recuperar el fuerte de La Goleta, en Túnez, donde por primera vez entra en contacto con el Magreb, el mundo morisco que siempre tendrá presente”.

Al repasar la fotografía en las calles de Argel de dos mujeres musulmanas vestidas con nigab negro y el contraste de una niña menor de edad con vestimenta occidental, Navia recuerda que el tema morisco no sólo estuvo siempre presente en la vida de Cervantes, sino que es un tema actual.

Es en esta ciudad donde Cervantes permaneció cinco años en cautiverio al ser hecho prisionero por unos piratas cuando viajaba en un galeón rumbo a las costas de Cataluña.

–¿Qué pasaba por su mente cuando recorrió estos territorios, sabiendo que Cervantes los recorrió?

–pregunta el reportero a Navia.

–Te pone los pelos de punta saber que ese recorrido fue parte del bagaje que le permitió crear ese mundo literario, pero también dije: Esto es una barbaridad… recordemos que es una época en la que se viaja en galeones a tres nudos, y en mula recorrías cuarenta o cincuenta kilómetros al día, era mucho. Y él va a Roma, cuando sale huyendo muy joven de España, ahí se alista como soldado, se va a Nápoles, y con menos de un año viaja a Lepanto, atraviesa todo el Mediterráneo, primero rodea el sur de Italia, sube a la isla de Corfú, pasan frente a Ítaca y de ahí al Golfo de Corinto, para llegar a Lepanto, donde es herido. Se recupera en Sicilia, participa en batallas en Túnez, es la primera ocasión que toma contacto con África, sin saber qué era lo que le esperaba.

“Luego vuelve a Grecia donde escenifica otra de sus hazañas no lejos de Lepanto, en Navarino, entonces tú imagínate, en eso pensaba. A sus treinta y siete años deja el ejército, cobra su paga y por su valentía en la batalla recibe unas cartas de recomendación para un puesto en la administración, pero antes de llegar a Cataluña, frente a las costas de Gerona, una galera de piratas berberiscos lo captura y lo hace prisionero en Argel, donde pasa cinco años en la cárcel, y gracias a la intervención de los religiosos trinitarios que se dedicaban al rescate de cautivos, es liberado.

“Pero yo pensaba durante el viaje que Cervantes debió ser un gran seductor, porque cómo logra que no lo maten cuando intentó escapar cinco veces de su cautiverio. Es una personalidad muy compleja, incluso hay estudiosos que han llegado a afirmar que era homosexual, nada es descabellado. De hecho no tuvo hijos dentro del matrimonio, de su hija se piensa que es de una relación que tuvo fuera de él o bien que era hija de su hermana, pues como antiguamente era común que si la hermana tenía un hijo, lo reconocía el hermano, para que el niño tuviera apellidos.

“Pero regresando a tu pregunta, está claro que yo no traté de hacer un trabajo científico, sino que esa personalidad de él me permitió incursionar más en un trabajo creativo, que me daba mi libertad.”

–Como un personaje eclipsado por su propia obra, como lo refiere, hay pasajes desconocidos de su vida, eso lo hace un personaje más atractivo, ¿no cree?

–Claro, por supuesto, hay muchos pasajes de su vida que son desconocidos. Pero, por otro lado, es un personaje coherente y juega con ese desconocimiento. Para mí, lo define el inicio del Quijote, cuando dice: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Lo que provoca con esa frase, porque todos los pueblos de La Mancha y todos los investigadores han estudiado eso por años, y él mismo da la clave al final, cuando dice “yo no he querido decir cuál es”, como hizo Homero, que nunca dijo donde nació, para que las siete ciudades de Grecia pudieran atribuirse la paternidad, pues aquí igual, cualquier pueblo de la Mancha puede atribuirse la paternidad. Él mismo está jugando con eso. O el hecho de inventarse como narrador homodiegético, al referir que él sólo escribe lo que escribió un autor árabe Cide Hamete Benengeli, que además es moro… eso es un recurso extraordinariamente bien logrado.

“Eso además, con la actual presencia cíclica del tema del islam, me hizo pensar en cómo Cervantes vive la expulsión de los moros de España, en 1610. A él le tocaron esos episodios y por eso está tan presente todo ello en su obra.”

Navia recordaba que Cervantes vio frustradas sus intenciones de “hacer las Américas”, el nuevo mundo al que siempre quiso viajar.

–¿Qué hubiera sido del Quijote si Cervantes logra viajar a América? –se le pregunta.

–Es una idea mía, y de muchos, que hubiera sido diferente. Cuando Cervantes va a Portugal, antes de ir nuevamente a Argelia, va a pedir que lo manden a América. En esa época ir a América era como ir a la tierra prometida y además él estaba en un punto en que quería romper con una vida, con 40 años que no había logrado encarrilar; en ese entonces la perspectiva de vida era muy corta. Pero no lo logró. Al final de su vida, volvió a pedir ser mandado a América, también sin éxito.

“Cervantes no fue un escritor en sus años de juventud, sino ya de avanzada edad. Sus primeras obras no son buenas, y logra llegar a la escritura en la madurez, no como Lope de Vega que con 20 años tenía una brillantez en el lenguaje, en el caso de Cervantes no es así, por eso escribió que no tengo de poeta lo que no quiso darme el cielo. Es claro y es consciente.

“Es un hombre tan normal, pero también con mucho genio, por eso pienso que si hubiera viajado a América, sin duda, El Quijote sería otro tipo de libro, El Quijote tendría otra perspectiva, bien se hubiera inspirado sobre la conquista o, como yo lo ubico, más cercano a fray Bartolomé de las Casas, hubiera tenido una visión realista y crítica. Él era un hombre de fe, lo que pasa es que dentro de la religión era un estoico cristiano con un gran respeto por el alma humana, y bueno, habría leído a fray Bartolomé de las Casas, sin duda, que era anterior a Cervantes.

“Se hubiera pegado unos viajes geniales. No es que sea un hombre de la gran cultura, por eso su visión era como un hombre de la calle, a él le gustaban las ventas, los caminos, era un jugador empedernido, como una persona cualquiera.”

Es por ello que Navia bromea cuando habla de la reciente búsqueda de los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias, donde murió en abril de 1516, sólo cuatro meses después de publicarse la segunda parte del Quijote (diciembre de 1515).

“Son innecesarias esas búsquedas de huesos, dejemos los huesos para el cocido –dice sonriente– y busquemos más en su obra que es universal o en su vida, que igual es apasionante.”

Para robustecer su dicho, el autor de la exposición recuerda un texto que Cervantes escribió sólo tres días antes de morir, cuando ya estaba muy mal de salud, y eso lo publica su viuda ya como obra póstuma:

El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y con todo llevo la vida sobre el deseo eterno de vivir.

“Lo escribe a cuatro meses de que El Quijote hubiera caído en la playa de Cataluña. Y a punto de morir él mismo… es magnífico. Por eso creo que Cervantes cayó vencido por todo, pero acabó vencedor de sí mismo.”

Por Alejandro Gutiérrez
Con información de :Proceso

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El quinquenio en prisión que inspiró a Cervantes

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De no haber estado cautivo en Argel, quizá nunca hubiera escrito «El Quijote«. Allí Cervantes convivió con gentes de toda raza y condición. No le degollaron porque era valioso: llevaba las cartas de recomendación que recibió tras la batalla de Lepanto, y eso elevaba a 500 escudos el rescate que pagó su familia por él. El periodista recorre los lugares donde estuvo y entra en la cueva en la que se ocultó en una de sus fugas.

El 26 de septiembre de 1575, Miguel de Cervantes viaja junto a su hermano Rodrigo camino de España en la galera Sol tras seis años de servicio en el Ejército. A medio camino, el barco es asaltado por una flota corsaria, mandada por el turco Arnaute Mami. Es conducido a Argel y adjudicado en condición de esclavo a un corsario menor, Dali Mami. Lleva consigo cartas de recomendación que Don Juan de Austria le brindó por su valeroso comportamiento en Lepanto, lo que hace creer a sus captores que se trata de un prisionero notable y fijan por él un rescate de 500 escudos, imposibles de reunir por su familia.

Comienza entonces la etapa más intensa de su vida, toda ella digna de sus propias novelas. Puso en juego su existencia intentando escapar en cuatro ocasiones; en todas falló. Conoció a numerosas personalidades, convivió con piratas, renegados, musulmanes y cautivos. Cuando, pasados cinco años, los padres trinitarios pagan la suma del rescate reunida en parte por su familia, Cervantes se dirige a España con la idea de ganarse la vida como autor de teatro y escritor, decisión que, es posible, jamás hubiera tomado de no haber cumplido esta peculiar condena.

Fue allí, con 28 años de edad, donde Cervantes creció moral e intelectualmente. Hay un antes y un después del cautiverio. Adriana Arraigada de Lassel, cervantista residente en Argel y experta en su cautiverio, cree que en esta ciudad terminó de edificar su personalidad, «su conciencia religiosa y su identidad española».

Sus cinco años en Argel son los más documentados de su biografía, pero a la vez los más controvertidos, ya que si bien se han hallado los escritos en los que figuran la partida de rescate, sus nóminas como soldado y otros datos biográficos, siguen ocultos los detalles sobre su intimidad y espiritualidad. Que renegó de su religión, que mantuvo relaciones homosexuales —en Argel se le han buscado varios novios—, que se planteó no volver jamás a España… Existen multitud de conjeturas sobre su periplo argelino, difuminadas más si cabe por la cantidad de referencias autobiográficas que aparecen en las numerosas obras y personajes ambientados en el filo de la Cristiandad y la Berbería, con los que Cervantes enturbia su propia huella mezclando sus vivencias con la ficción.



La sociedad fronteriza de Argelia fue escenario en las obras teatrales Los baños de Argel, El gallardo español, Los tratos de Argel, la novela corta La gran sultana y, especialmente, los tres capítulos de El Quijote donde se narra la historia de El cautivo, que algunos estudiosos consideran como el germen mismo de El Quijote, una historia con entidad propia que pudo haber sido escrita años antes que iniciar su gran novela.

A finales del siglo XVI, Argel, el corazón del Mediterráneo bajo el dominio del Gran Turco, goza de la mayor gloria de su historia. Su puerto guarda la flota de 35 grandes corsarios que, con sus veloces embarcaciones, salen en primavera al asalto de los barcos españoles e italianos. Su población cosmopolita —desde musulmanes, judíos y turcos a todo tipo de pobladores de tránsito— se comunica gracias a una lengua franca. Aislada por tierra, servía de cárcel natural para 25.000 cristianos cautivos que esperan su rescate, alojados en prisiones —conocidas como baños— donde disfrutan de cierta libertad de movimiento.

Siempre se habla de una forma global de la estancia de Cervantes en Argel. Sin embargo, Adriana Lassel identifica tres etapas en el periplo argelino del escritor. «Con la libertad que Dali Mami le deja para moverse por la ciudad, recién llegado a Argel, encuentra a su hermano Rodrigo y toma contacto con muchos compatriotas, no todos ellos esclavos, pues había españoles en la milicia —entre los jenízaros y los mercenarios—, entre los corsarios y los comerciantes que atracaban en el puerto para sus negocios». Así pues, Cervantes pronto contacta con compañeros y planea su primera fuga: la marcha hacia Orán, en compañía de un guía. Los nombres de estos soldados se conocen, eran sargentos, alféreces y algunos caballeros.

Engañado

 La aventura de Orán fue un auténtico fiasco, era imposible recorrer a pie los más de 450 kilómetros entre ambas ciudades, más aún cuando la costa argelina está llena de montañas. No se podía caminar sin más en dirección Este, había que conocer el camino y el guía que había accedido a acompañarles por una cantidad de dinero les abandonó.

La segunda etapa de Cervantes comienza en 1577, en abril, cuando llega a Argel la galera San Pablo, con 269 cautivos, entre los que está el clérigo portugués Antonio de Sosa. Este personaje mantendrá una verdadera amistad con Cervantes, un hombre delicado de salud, teólogo, conocedor de la cultura humanística y de la poesía y que tendrá para el escritor gran influencia. Empieza una amistad entre un hombre de una gran cultura y un joven con inquietudes deseoso de conocer y escribir. «Cervantes tuvo que haber escrito en Argel, esto es seguro, y de Sosa tiene que haber sido su oyente pero, lamentablemente, no hay documentos sobre esto», observa Lassel.

Cultura literaria

 Esta etapa de Cervantes fue muy fructífera en cuanto a su enriquecimiento literario y la afirmación de su fe religiosa (frente a la opción de renegar, que hubiera supuesto su libertad inmediata), pues Antonio de Sosa era teólogo. A Sosa se le atribuye la autoría de La Topografía General de Argel, publicada en 1612, y obra clave para el estudio del cautiverio de Cervantes. Se dice que Sosa se ayudó de libros de geógrafos que habían pasado por Argel, como León, el Africano o Estrabón. «Seguramente viajaba con estos libros cuando fue capturado. En Argel había libros y una cultura literaria, pero se desconoce qué tipo de libros había en las bibliotecas y por eso es muy aventurado qué pudo haber leído Cervantes allí», añade.

Durante este periodo, el escritor español protagoniza el segundo intento de fuga. En 1577, aprovechando que su familia paga el rescate de su hermano, da órdenes de comprar una galera que debía llegar desde Mallorca. A la espera, 14 prisioneros se esconden en una cueva junto a la bahía, en unos jardines propiedad del rey Hassan Pachá, el Veneciano. Durante semanas, Cervantes va y viene a la cueva, cuyo paradero sólo conocen el jardinero, que era español, y un melillense apodado El Dorador que les asiste y que, con la galera ya a la vista, será quien les denuncie. «Ninguno de estos cristianos que aquí están tiene culpa de este negocio porque yo solo he sido el autor del plan y les he inducido a que huyesen», confesó Cervantes ante el rey. A pesar de que los intentos de evasión se castigaban con la muerte —suerte que corre el jardinero—, su jugoso rescate despierta la codicia del rey, que se apropia del esclavo y lo confina cinco meses en los baños reales. «Como tuviese guardado al estropeado español, tenía seguros sus cristianos, sus navíos y a toda la ciudad», se dice que comentó el rey cuando le encarceló.



Tras este largo encierro, Cervantes vive un nuevo periodo obsesionado con encontrar la libertad. Por tercera vez lo intentó por medio de un musulmán, enviando unas cartas al general de Orán, Martín de Córdoba, pero fueron descubiertas y el mensajero empalado. «Esta vez se libra de ser apaleado por intercesión de un renegado influyente amigo de Cervantes», aclara Lassel. Este renegado era un poderoso corsario español, Mourad Raïs Maltrapillo, cuya demanda «podía ser una petición o algo más, en función del poder de entonces de la taifa corsaria. Renegado murciano, que mandaba una galera de 22 bancos, posiblemente es la figura notable que inspira el personaje de el renegado en el episodio de El cautivo», añade.

Finalmente, en septiembre de 1579, consiguió la ayuda de un comerciante valenciano, Onofre Exarque, quien aportó el dinero para que otro renegado, Abderramán, comprara una barca para huir, en una historia muy similar a la que se narra en el pasaje de El cautivo, en El Quijote. Para la evasión, Cervantes había contactado con 60 ó 70 caballeros, «lo más florido de Argel», según las crónicas. Pero la información sobre la fuga llega a manos de Blanco de Paz, otro cautivo, ex dominico, que había acusado a Cervantes de «comportamientos deshonestos», y se lo comunica a Hassan Pachá, conocido por su crueldad. Es una incógnita la causa de la enemistad de Blanco de Paz y el escritor, aunque algunos biógrafos hablan de que el primero sentía rencor porque Cervantes no contactara con él para la huida.

Carismático

 Es obvio que, para conocer y convencer a tanta gente y tan diversa, Cervantes tuvo que gozar de un carisma y una simpatía personal. En sus obras, describe a los cabileños, a los jenízaros, a los turcos. Aprendió algo de árabe, que más tarde empleó en sus comedias. En El trato de Argel, habla de representaciones teatrales que se llevaban a cabo en los grandes baños de la ciudad. También, en algún momento tuvo que haber estado en las mazmorras subterráneas, bajo la actual Plaza de los Mártires, lugar donde los franceses pusieron en el siglo XVIII una placa con la leyenda: «En estas mazmorras permaneció Cervantes encerrado cinco años». Y, como esclavo real, debió pasar tiempo en palacio, donde pudo entablar relación con Hassan Pachá, que en las obras de Cervantes no aparece mal parado. «Pudo existir entre ellos un franco cruce de ideas y opiniones. El cautivo repudiando el reniego y defendiendo los valores de la libertad, y el rey, divertido o admirado, considerando que más valía una vida brillante, afortunada y aventurera, que ser un pobre habitante de su país de origen. En los momentos que hablaba con él —en italiano— pensaba que no le quedaba mucho por perder, creyendo que iba a morir. Si hubiera temido a Hassan, éste le hubiera matado», reflexiona Lassel.

En Argel, Cervantes se convirtió en un defensor de la libertad. Como afirma Emilio Sola, otro biógrafo cervantista, «nunca sometió a burla ni a un humor corrosivo ningún concepto o actitud humana de gravedad esencial, como la libertad, la pobreza o la muerte». Doce años después de su marcha, Cervantes pone de nuevo los pies en la Península en septiembre de 1580, en Denia, liberado por los trinitarios Juan Gil y Antonio de la Bella, una vez que entre su familia y los religiosos pudieron reunir  la alta suma del rescate.

Por Jose F. Leal
Con información de El Mundo

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