Archivo de la categoría: Viajes

Lagarto Rojo, el legendario tren a las montañas de Túnez

Entre los trenes clásicos tenemos al Lagarto Rojo. Construido en talleres del norte de Francia a principios del siglo XX (entre 1911 y 1926), y terminado de decorar en Burdeos.

Una vez finalizado fue ofrecido al bey de Túnez, para sus desplazamientos privados entre Bardo, Túnes, Hammam-Lif y La Marsa. Hoy sigue dando servicios, ahora a los turistas en una de las excursiones clásicas para descubrir las montañas del norte de Tozeur.



Después de la independencia de Túnez en 1956 y la proclamación de la República en 1957, el tren pasó muchos años de abandono y decadencia ya que constituía un recuerdo de la época monárquica y colonial.

A partir de 1975 se le bautiza como «El Lagarto Rojo» y recién en 1984, después de su restauración, vuelve a operar como ruta turística.

La ruta del Lagarto Rojo serpentea entre las gargantas del oued Seldja al principio de Metlaoui y permite apreciar paisajes soleados de barrancos salvajes mientras degustamos un té a la menta en uno de sus vagones restaurados en su estilo original del 1900.

Cuenta con seis vagones, incluyendo alguno con techo de cristal, un vagón bar, y realiza excursiones a las montañas que duran aproximadamente 2 horas atravesando profundas gargantas y túneles.



Un agradable paseo nostálgico que nos devuelve a los viejos tiempos en los que los viajes se emprendían con fastuosidad oriental.

Con información de Lezard-rouge

©2020-paginasarabes®

Debes viajar a Túnez al menos una vez en la vida, aquí van 7 motivos

Gran mezquita de Monastir

África es un continente fascinante, con un vasto territorio de 30 millones de kilómetros cuadrados a lo largo del cual se descubren historias y culturas totalmente distintas. En el Magreb, al norte, se encuentra una tierra repleta de contrastes y colores, una tierra que huele a jazmín, a dátil y a té recién hecho, y en el que se pintan los colores: azules del mar Mediterráneo, los dorados en el desierto del Sáhara, los verdes de los oasis y los cobrizos de la cordillera del Atlas, hablamos de la República Tunecina o Túnez.

Esencialmente árabe, Túnez posee una sociedad abierta y moderna que, durante mucho tiempo, le ha permitido ser uno de los destinos turísticos más apreciados por los europeos; hospitalidad, historia, exotismo y paisajes increíbles son los atributos que han atraído a cientos de viajeros. Pero últimamente, el flujo de visitas ha disminuido a causa de la inseguridad, y ante el temor, muchos han preferido evitar el país para ir a otros lugares.



No faltan motivos para viajar hasta aquí: posee historia, paisajes, yacimientos arqueológicos y playas fantásticas, además, es barato y todavía hay más:

Por su rico patrimonio histórico

Vista de los baños de Antonino en las ruinas de Cartago

Su pasado es muy variado: fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes han dejado su legado esparcidos por el territorio: la medina de Susa, el Anfiteatro de El Jem, la gran mezquita de Keruan, pero, a tan solo 20 km de la capital de Túnez, se encuentra un importante hallazgo, el parque arqueológico de Cartago. Una antigua ciudad fundada por los fenicios en el siglo IX a.C. Llegó a tener cerca de medio millón de habitantes y, hoy en día, sus restos romanos se pueden visitar, empezando por el tofet, un santuario dedicado a los dioses Tanit y Bâal Hammon, lugar de culto y de sacrificios.

Luego están las termas de Antonino, los baños más importantes de la época romana del que se conservan la capilla bizantina, la columna ‘frigidarium’ y los sótanos de las termas donde trabajaban los esclavos.

Muy próximo a la colina de Byrsa se encuentra el Museo Nacional de Cartago, uno de los más importantes del país, en la que se expone una valiosa colección de objetos púnicos y romanos: joyas, estatuas, amuletos, máscaras… Y al oeste, se encuentra el anfiteatro romano construido a finales del siglo I del que solo queda su arena y el muro del perímetro.

Por el desierto

Quads por el desierto tunecino del Sáhara

Las inmensas dunas marcan el horizonte del desierto más grande del planeta, el Sáhara, que se extiende por todo lo ancho del norte de África. La parte comprendida entre Túnez y Argelia se la conoce como el Gran Erg Oriental.

Tozeur es la antesala al desierto y la capital de la región de Jerid. Es el último oasis desde el que iniciar la aventura de explorar el desierto a pie, en quad, en camello, 4×4, o a bordo del Lagarto Rojo, un tren clásico, del 1900, que transita entre las montañas al norte de la ciudad. Los impresionantes alrededores han sido escenario de películas tan conocidas como, Star Wars, Indiana Jones o El Paciente Inglés.



Desde allí son accesibles algunos lugares de interés como Matmata, con su famosa arquitectura troglodita excavada en la tierra, Tataouine, un antiguo poblado bereber, o Douz al que se puede llegar atravesando el desierto y pasando por Chott el Jerid, el lago salado más grande de Túnez, un desierto de sal.

Por las playas

Vistas del mar en la localidad tunecina de Sidi Bou Said

Con 1.300 km de costa, 600 son de playa. Antiguos pueblos pesqueros se han convertido en destinos turísticos perfectos para relajarse y disfrutar de los deportes acuáticos. Entre las localidades más conocida se encuentra Sidi Bou Said, con su característico color blanco y azul; Hamamet una área turística de aguas color turquesa y arena blanca, ideal en cualquier época del año.

A pocos minutos de la localidad de Monastir se pueden encontrar increíbles playas rodeadas de espléndidos hoteles, siendo uno de los destinos de buceo con numerosos naufragios y arrecifes para practicar este deporte; la Isla de Yerba es una de las zonas más turísticas llenas de hoteles, restaurantes y cafeterías, con un microclima que permite visitarla fuera de temporada, además, se pueden realizar inmersiones para ver buques militares hundidos y un fondo marino impresionante.

Por los museos

En el museo del Bardo, en Túnez, hay una extensa muestra de mosaicos de los distintos periodos históricos, como las eras islámica, romana, cartaginesa y cristiana

Los yacimientos arqueológicos encontrados han posibilitado constituir galerías y museos en el que exponer su extenso patrimonio como: el Museo Nacional del Bardo, en la ciudad de Túnez, es un palacio museo en la que se expone una colección de mosaicos romanos impresionantes, entre otras joyas.



El Museo del Patrimonio Tradicional de Djerba, en el corazón del zoco de Houmt , recrea los usos y costumbres locales a través de varias salas; el Museo Arqueológico de Chemtou es el resultado de 25 años de excavaciones de la antigua ciudad númida de Simithus; el Museo Arqueológico de Susa, tras el del Bardo, reúne la colección más grande de mosaicos romanos; o el Museo de Mahdia en el que se explica la historia del país en sus distintos periodos a través de los objetos.

Por sus medinas

La medina de Susa en Túnez está llena de puestos de artesanía y cafés

Adentrarse en las estrechas y tortuosas callejuelas cargadas de olor a especias, arguile y té son el mejor modo de conocer la vida cotidiana de los tunecinos. Acceder al corazón de la ciudad, atravesando las tiendas que se agolpan consecutivamente para ofrecer todo tipo de productos, es el lugar perfecto para ver, perderse, y descubrir las interioridades de sus habitantes. No hay que dejar de sentarse en algún café y disfrutar del atardecer.

Por la tradición artesana

Orfebre tunecino decorando un plato

En los mercados se pueden adquirir productos artesanales tradicionales. Típica es la chechia, el sombrero rojo nacional, en el zoco Chawachine se puede adquirir esta pieza. Las joyas tunecinas con más tradición se pueden encontrar en el zoco El Brika.

Los latoneros que producen utensilios culinarios de cobre rojo se encuentran en el zoco Nahas, bellas piezas que se han vuelto a poner de moda, mientras que los herreros se instalaron en Bad Jedid que proporcionan cerraduras, ornamentaciones tachonadas, …En el zoco El Blat se pueden encontrar maravillosos productos de madera, mesas, estantes, cuadros de espejos, pero en cualquier zoco es posible encontrar preciosos productos hechos a mano para tener un recuerdo.

Por su gastronomía

Un plato típico tunecino de tajine con pollo

Túnez, como todos los país del Mediterráneo, utiliza el aceite de oliva, las especias y las verduras, pero también emplea ingredientes algo diferentes a los que conocemos.

Destacan las recetas elaboradas con cuscús, el plato estrella, realizado a base de sémola de trigo con cordero, con pollo o con pescado, y platos como la mechoui, una ensalada tunecina, el lablabi a base de garbanzos, los briks que son empanadas, lameloukhia, un plato hecho de carne de cordero estofada con una deliciosa salsa verde, y los tajines, una especie de quiche gratinada. Por último, los postres como el makhroud –pastelitos elaborados con dátiles– o el buze –crema de sémola cubierta de nueces–, entre muchos otros.

Seguridad

La mayor parte de Túnez es segura a excepción de las fronteras con Argelia y Libia. España ha decidido retirar las restricciones de viaje impuestas al país, pero en la página del Ministerio de Exteriores todavía aparecen ciertas recomendaciones.



Guía práctica

El idioma oficial es el árabe, aunque se habla francés fluido en todo el país.

Para entrar se necesita el pasaporte en vigor y que no caduque en los tres meses siguientes, además de poseer un billete de avión de ida y vuelta No es necesario ningún visado durante los tres primeros meses.

La conexión aérea es directa desde Madrid y Barcelona.

La moneda es el dinar tunecino –un euro equivale aproximadamente a 2,48 dinares tunecinos, y se aceptan las tarjetas de crédito internacionales Visa, American Express, Eurocard y Mastercard.

No se requiere ninguna vacuna para entrar en el país, pero se recomienda contratar un seguro médico.

Por Lidia Bernaus
Con información de La Vanguardia

©2020-paginasarabes®

Santuario de Saydet El Mantara (Ntra. Señora de la Espera) – Líbano

En el sur de Líbano, a la entrada de la aldea de Maghdouche, el santuario mariano greco-católico de Saydet El Mantara (Nuestra Señora de la Espera), es un sitio de peregrinación nacional establecido.

El sitio ha sido reconocido por el Ministerio de Turismo durante varios años, y muchas agencias de viajes ya lo han integrado en sus recorridos bíblicos.

El santuario de Saydet El Mantara es un lugar de peregrinación compartido por todas las comunidades religiosas y uno de los principales lugares turísticos del sur de Líbano. Muchos historiadores creen que la devoción a la Virgen María en Líbano reemplazó el culto a la diosa Astarte, el ícono del culto fenicio.

De hecho, muchos de los santuarios y templos cristianos de hoy en el país se convirtieron de lugares de culto a Astarte, incluido el Santuario de Saydet El Mantara.

Muchos años antes del nacimiento de Cristo, la ubicación del santuario fue elegida como una torre de vigilancia para los sacerdotes de la diosa. La historia tradicional detrás de la historia de Saydet El Mantara afirma que la Virgen María, como mujer judía, tenía prohibido el acceso a algunas ciudades en ese momento.

Las huellas de una carretera romana cerca del santuario sugieren que la cueva probablemente estaba en la carretera que une Jerusalén con Saida, a través de la antigua ciudad romana Cesárea de Filipo y el sitio Panias, ambos ubicados al pie del monte Hermón. En 324 d.C, Santa Elena, la madre del emperador Constantino I el Grande, construyó una capilla dedicada a la Virgen María en el lugar donde actualmente se encuentra la torre y la capilla estaba decorada con un icono de San Lucas.

Debido a las persecuciones religiosas que tuvieron lugar durante el siglo VIII, la entrada a la cueva se ocultó, solo para ser redescubierta accidentalmente en 1726 por un pastor que encontró un altar y un icono de madera.



Desde entonces, se ha convertido en un lugar de peregrinación, y en 1860, la comunidad greco-católica tomó posesión de la tierra y la desarrolló. A principios de la década de 1960, el obispo Basil Khoury hizo construir la capilla hexagonal junto con una torre de 28 m de altura coronada con la estatua llamada «Madonna y niño», del artista italiano Pierrotti.

El santuario está ubicado en la cima de una colina, a la entrada de Maghdouche, con vistas a la costa y a la ciudad de Saida. La cueva y la basílica son accesibles para discapacitados y están abiertas durante todo el año.

Un largo paseo marítimo de aproximadamente 4.000 metros cuadrados separa la capilla y la torre. La cueva ha sido restaurada como una capilla de roca y en su entrada hay una estatua de una virgen esperando frente a un pozo. Un sendero en el santuario ilustra los eventos bíblicos, que según la tradición oral se han llevado a cabo en Líbano.

A lo largo de un camino bordeado de romeros y olivos, se conmemoran a través de estelas talladas en piedra. Debajo de la gran basílica, se han construido una sala de usos múltiples y un albergue. En la entrada del sitio, hay espacio para estacionamiento y una tienda con recuerdos y artículos religiosos.

Con información de Lebanon traveler

©2019-paginasarabes®

Napoleón y sus movimientos en Egipto y Palestina

Batalla de las Pirámides (1798)

Al atardecer del primero de julio de 1798, treinta y seis mil soldados, algo más de dos mil oficiales y unas trescientas mujeres entre esposas de militares y prostitutas embarcadas ilegalmente en una de las flotas de guerra más grandes jamás armadas, pusieron pie en las playas egipcias de Alejandría, Rosetta y Damietta. Salvo una reducidísima élite militar, ninguno sabía a ciencia cierta qué esperaba Francia de ellos al otro extremo del Mediterráneo.

Superados los primeros inconvenientes, en sólo veinte días parte de esos efectivos se habían hecho ya con el control del Delta del Nilo y descendían rumbo a El Cairo. Allí vieron por primera vez las impresionantes pirámides de Giza, y bajo sus sombras picudas derrotaron a las poco organizadas hordas de combatientes mamelucos. De esta forma, se ponía fin a tres siglos de dominio otomano en Egipto.



Quien dirigió tan colosal como desconocida operación fue el prometedor y ambicioso general Napoleón Bonaparte. Con la complicidad del ministro de Asuntos Exteriores y del cónsul francés en la capital egipcia, éste planeaba cortar la próspera ruta comercial de los ingleses con Asia, para debilitar así al peor enemigo que tenía Francia por aquel entonces. Napoleón, no obstante, pronto cayó preso de su propia ambición. El almirante británico Horace Nelson localizó y hundió su flamante flota frente a las costas de Abukir el 1 de agosto de aquel mismo año, causando más de mil setecientas bajas y dejándole aislado, sin suministros y a merced de sus enemigos en un territorio hostil y extraño. Pero los franceses resistieron con tenacidad.

Durante los siguientes catorce meses que pasó en tierras egipcias, Bonaparte aprovechó bien el tiempo: fundó un instituto para estudiar el misterioso pasado de aquel pueblo, y puso a trabajar a más de ciento sesenta sabios expresamente reclutados en Francia para exprimir de sus estériles arenas el jugo de una ciencia olvidada y poderosa. Sólo esa acción demostraba que su propósito final en tierras faraónicas no era exclusivamente bélico.

Tal fue la obsesión del general por controlar aquella región del planeta que incluso se adentró en Tierra Santa con la intención de sojuzgarla. Era como si Bonaparte pretendiera emular las hazañas de los primeros cruzados. De hecho, al modo de un templario del siglo XIII, atravesó Palestina de sur a norte, hasta que el 14 de abril de 1799, contra la voluntad de todos los generales que le acompañaban, quiso pernoctar en un pequeño villorrio cercano al lago Tiberiades llamado Nazaret. Jamás —nunca, ni siquiera en su postrer exilio en Santa Elena— explicó el porqué de aquella decisión.

Su campaña militar en los Santos Lugares y Siria fue otro fracaso. Sabía que su carrera amenazaba con desplomarse si persistían las derrotas y los errores estratégicos. Quizá por ello Napoleón asedió Jaffa, la conquistó a sangre y fuego y acabó con las vidas de soldados, mujeres, ancianos y niños sin ningún miramiento. Pero San Juan de Acre —el último reducto de los turcos rebeldes— se le resistió, truncando sus planes de llegar hasta las puertas mismas de Constantinopla, y echando por la borda su secreto deseo de emular las conquistas de Alejandro Magno.

Desmoralizado, el general regresó a El Cairo para descubrir que, el 15 de julio de 1799, más de quince mil turcos apoyados por los ingleses habían desembarcado en Abukir dispuestos a expulsarle definitivamente de Egipto. El lugar elegido por sus enemigos trajo funestos recuerdos a Napoleón. Pero el 25 de julio sus tropas derrotaron a los mamelucos, vengando en parte el agravio de Nelson.

Bonaparte, embriagado por el éxito, puso de nuevo rumbo a El Cairo, adonde llegó el 11 de agosto, en medio de los calores más fuertes del año. Fue entonces cuando sucedió algo inesperado: mientras ultimaba discretamente su regreso triunfal a Francia, decidió pasar otra noche en un lugar poco recomendable. Esta vez, en el interior de la Gran Pirámide de Giza.



Tampoco explicó nunca el porqué de esta otra decisión. Ni dio demasiados detalles de lo que allá adentro le ocurrió. Sus biógrafos no resolvieron jamás el misterio. Pero después de permanecer la madrugada del 12 al 13 de agosto de 1799 en el vientre del mayor monumento levantado por el hombre en la antigüedad, Napoleón no volvería a ser ya el mismo…

Por J. Sierra

©2019-paginasarabes®

Bellezas de Líbano – Gruta de Jeita

La Gruta de Jeita, unas antiguas cavernas ubicadas al norte de Beirut, concretamente en el Valle de Nahr al-Kalb. Es el paseo más conocido de Líbano y no es para menos, ya que las imágenes del interior son preciosas e impactantes por igual.

Aunque fueron descubiertas en 1836 por William Thomson, un importante físico y matemático, las cuevas ya fueron habitadas en la época de la prehistoria, por lo que se trata de un rincón realmente importante tanto en el ámbito histórico como en el natural, por haberse formado debido a la erosión de la corriente del agua contra la piedra.


El río Nahr al-Kalb nos guía hasta la entrada a la Gruta de Jeita, formada por dos cavernas de piedra caliza que se conectan entre sí. La gruta ubicada en la parte superior es en realidad una galería de pasillos y laberintos repletos de estalactitas y estalagmitas. Esta zona no fue descubierta hasta 1958, coincidiendo con la apertura de la Gruta de Jeita al público.

    • Esta parte superior la podremos recorrer a pie, orientados por un guía que nos explicará los detalles más importantes y curiosos de esta cueva. Aparte de las diferentes formas que toman las rocas, como setas, cortinas o todo tipo de animales, en este rincón se encuentra la estalactita más grande del mundo, que llega a alcanzar los 120 metros de altura. Impresionante.

La gruta inferior, se encuentra ubicada bajo las galerías. En esta zona aumenta la humedad y las temperaturas descienden levemente debido a que hasta este lugar llega el cauce del río Nahr al-Kalb, conocido comúnmente como Dark Lake (Lago Oscuro).

    • Este área solo puede ser visitada si nos subimos a bordo de los pequeños botes con remos que los guías tienen a nuestra disposición. Acompañados por ellos, nos adentraremos en las tranquilas aguas del interior de la Gruta de Jeita y seremos partícipes de uno de los paisajes de Oriente Medio más bellos y espectaculares.

Las majestuosas formas de las estalactitas y estalagmitas se combinan con los colores que las aguas subterráneas reflejan sobre la piedra caliza, dejando a todos los viajeros y visitantes de las cuevas extasiados ante tal alarde de belleza y esplendor.

    • La mejor época para visitar la Gruta de Jeita es en verano, ya que, una vez en el interior de las cuevas, disfrutaremos de agradables temperaturas. Por otra parte, si visitamos la gruta en invierno corremos el riesgo que la cueva inferior, que se ha de recorrer en barca, se encuentre cerrada debido a que el nivel del mar haya subido y sea inaccesible.

Para llegar hasta la Gruta de Jeita, la mejor opción es tomar un autobús desde Beirut, ya que, en apenas 45 minutos, nos dejará en el Valle de Nahr al-Kalb. A continuación, para atravesar dicho Valle y llegar hasta la parte superior de las cuevas, desde donde comenzará nuestro tour, deberemos subirnos a bordo de un teleférico o de un pequeño tren.

Una vez arriba, un guía nos acompañará por el interior de las cavernas. Esta visita guiada, que incluye la caminata a pie a través de las galerías superiores, el paseo en bote por las cuevas inferiores y una presentación audiovisual explicativa de la historia de la Gruta de Jeita y sus características generales.

Con información de  Viajeros

©2019-paginasarabes®

De la ciudad de Baldach – Caldea

En aquella región, (Caldea), se encuentra la ciudad de Baldach que en las Escrituras se nombra Susis, donde habita el mayor prelado de los sarracenos, que dicen «califa». Se hacen allí paños muy bellos de oro de diversas maneras, e igualmente de seda, asimismo de diversas maneras, a saber, nassit, nac y carmesí.

Baldach es la ciudad más noble de aquella región. En el año de la Encarnación del Señor de MCCL el gran rey de los tártaros Alau la sitió y la tomó por la fuerza, aunque en el interior había más de cien mil jinetes; pero el ejército del Khan era también numeroso a maravilla.


El califa que señoreaba en ella tenía una torre repleta de oro, plata, piedras preciosas y otras maravillas de inmenso valor; pero como era un avaro y no supo aprestar un ejército suficiente ni dio galardones a los soldados que mandaba, por ello sufrió el desastre, ya que el rey Alau tomó la ciudad y prendió al califa, al que ordenó encerrar en la torre de aquel tesoro inestimable privado de bebida y alimento. Y le dijo: «De no haber guardado estas riquezas con avaricia y avidez, hubieses podido salvarte a ti mismo y librar la ciudad. ¡Que ahora te socorra ese tesoro tuyo que amaste con tanta codicia!».

Al cuarto día murió de hambre. A través de la ciudad de Baldach corre un río enorme, por el que se va hasta el Mar Indico, que dista de Baldach dieciocho jornadas; navegan por él mercaderes sin cuento; acaba en la ciudad de Chisi. En medio de Baldach y Chisi se halla la ciudad de Basera, que está rodeada de palmares, en los que hay grandísima abundancia de dátiles afamados.

Por Marco Polo

©2018-paginasarabes®

Tuareg, El hombre azul – Sabiduría de los desiertos

El tiempo es como un río, no se puede tocar dos veces el mismo agua, porque el agua ya pasó y no pasará más…

(Proverbio Tuareg)

No conozco mi edad.

Nací en el desierto del Sahara, sin papeles.

Nací en un campamento de nómadas tuaregs, entre Tomboncton y Gdo. Al norte de Mali.

Fui pastor de camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre.

Hoy estudio Gestión en la Universidad de Montpellier, Francia.

Soy soltero, defiendo a los pastores tuaregs. Soy musulmán, sin fanatismos.

-¡Qué lindo turbante tiene!

Está hecho de finas telas de algodón. Esto,  permite cubrir el rostro en el desierto, sin obstruir la vista y la respiración.

Los hombres azules

Nosotros, los tuaregs, somos llamados “los hombres Azules” por eso. El tejido se destiñe un poco y nuestra piel toma este color azulado.

A través de una planta llamada índigo mezclada con otros pigmentos naturales se obtiene el color azul.  Para los tuaregs, el azul es el color del mundo,es el color dominante: es el color del cielo…. Y de nuestras carpas….

Ser Tuareg

Tuareg significa “abandonado”, porque somos un pueblo nómada, muy antiguo, del desierto. Somos solitarios y orgullosos. Nos llaman también: “los señores del desierto”. Nuestra etnia es Amazigh, (bereber ó bárbaros), y nuestro alfabeto es tifinagh.

Hay alrededor de 3 millones, la mayoría permanece nómade. Pero la población disminuye. ¿Sería necesario que un pueblo desaparezca, para que se sepa que ha existido?…decía un sabio…

Nos ocupamos de los rebaños: dromedarios y cabras, en un reino inmenso y silencioso, es nuestra forma de vivir.

En el silencio del desierto

Cuando uno está solo en este silencio, uno puede escuchar el latido del propio corazón. No existe mejor lugar para estar solo.

El despertar con el sol, y lejos, las cabras de mi padre….ellas nos dan la leche y la carne.  Nosotros las llevamos a dónde hay hierbas y agua. Es así, como hacían los antiguos, y es así, como nosotros lo seguimos haciendo.  Para mí no había otra cosa, y yo estaba feliz así.

A los 7 años me dejaban alejarme del campamento para que aprenda cosas importantes: olfatear el aire, …. algo más que escuchar: desarrollar la agudeza del oído, aprender a orientarse con las estrellas, y dejarse guiar por el camello. Porque,  si uno se pierde, él te lleva siempre donde hay agua.

Ahí, todo es simple y profundo. Hay pocas cosas, y cada una, tiene un inmenso valor.

Ahí, un poquito…casi nada, puede darte mucha felicidad.  Cada cosa es valorada. Sentimos mucha alegría al estar juntos.  Nadie sueña ser… porque ¡YA LO SOMOS!

Desembarco en Europa

Ver las personas correr en el aeropuerto.  En el desierto, cuando uno corre, es porque ya viene una tormenta de arena….¡tuve miedo!…

También vi afiches de mujeres desnudas. Me pregunté: ¿por qué esa falta de respeto hacia las mujeres?.  Después en el hotel, vi la primera canilla de agua: ¡el agua corre fácilmente!…y,….tuve ganas de llorar….

Todos los días de mi vida, mi principal preocupación fue encontrar agua.  Cuando veo el número de fuentes que adornan la ciudad, siento un intenso dolor.

A comienzos del 90, tenía 12 años. Hubo una gran sequía. Los animales morían, nosotros nos enfermamos…. Mi madre murió…. Ella, era TODO para mí. Me contaba historias, me enseñaba cómo contarlas…. Me enseñó a SER YO MISMO.

Una obra de mi Madre

Convencí a mi padre que me permita ir a la escuela todos los días. Para ello, caminaba 15 kms todos los días. Hasta, que un profesor encontró un lugar para mí, donde pude dormir, y una mujer que me brindó un plato de comida.  Comprendí, con el tiempo, y cada vez que pasaba delante de ella, que –esta ayuda recibida- era obra de mi madre…..

Dos años antes de que, el Rallye París-Dakar haya pasado por nuestro campamento, una periodista dejó caer un libro.  Yo lo recogí y se lo dí… Ella me lo ofreció. Era un ejemplar de “El Principito”…Entonces, yo me PROMETÍ poder llegar a leerlo, algún día. Obtuve una beca para venir a estudiar a Francia.

Lo que más extraño acá, es la leche de camello, el calor abrasador, la caminata descalzo en una arena ardiente… Allá, miramos las estrellas todas las noches… Y, cada una, es diferente de la otra.

Las cabras, tampoco son idénticas: son parecidas. Aquí, cada uno mira la televisión.

Ustedes, tienen todo… pero nunca es suficiente; se quejan siempre. En Francia, la gente reclama permanentemente. Atan su vida a deudas bancarias, al deseo de poseerlo todo… luego, y a pesar de ello,  termina resultando: insuficiente. En el desierto, no hay embotellamiento ¿saben por qué? Porque ninguna persona está interesada en adelantarse a otra.

La felicidad de volver a casa todos los días

Todos los días, un poco antes de la puesta del sol, la temperatura baja, pero no es todavía muy fría… Los hombres y los animales lentamente, vuelven al campamento.  Sus siluetas, se entrecortan en un cielo rosado, azul, amarillo, rojo, anaranjado.

Es un momento ¡mágico! Volvemos a la carpa y hervimos agua para el té.  Nos sentamos en silencio y escuchamos el agua hervir. Nos invade la paz…. y nuestros corazones laten al mismo ritmo del agua en ebullición…¡Qué tranquilidad!

Acá, ustedes disponen de relojes, allá disponemos del tiempo….

En la vida de un tuareg, el tiempo no se circunscribe a la referencia señalada por un reloj. Cuántas veces, Ud. Dice: ¡no tengo tiempo!

El tiempo es como un río, no se puede tocar dos veces, el mismo agua, porque el agua ya pasó y no pasará más…

Aproveche cada momento de ésta vida, encontrando el tiempo para vivir…

Ustedes viven diciendo que están ocupados. Entonces, nunca serán libres….

Si dice todo el tiempo: “no tengo tiempo”…. ¡no lo tendrá jamás!

Dejar para mañana, la posibilidad de vivir en espíritu y en verdad, en este río de la vida,  puede convertirse en un paso en falso…

Con información de revista Allah Mahabba 

©2018-paginasarabes®